RECUERDOS ENCUBRIDORES
Deben su conservación no a su contenido propio sino a un vínculo asociativo (enlaces verbales,
palabras puente) con otro reprimido.
Son un sustituto por desplazamiento a lo largo de una asociación superficial.
Aparece el asombro por conservar un recuerdo indiferente, o por el olvido de un nombre, se trata
de unas formaciones del inconsciente.
De los recuerdos de infancia no poseemos la huella mnémica real y efectiva, sino una elaboración
posterior de ella. Por lo tanto, los recuerdos de infancia son universalmente recuerdos encubridores.
El logro de la memoria solo puede aparecer con los recuerdos fallidos.
No es simple infidelidad de la memoria, la memoria es tendenciosa
Recuerdos de infancia y recuerdos encubridores.
Dice Freud he podido demostrar, en un punto inesperado, la
naturaleza tendenciosa de nuestro recordar.
Partí de un hecho llamativo: entre los mas tempranos recuerdos de
juna persona, a menudo parecen haberse conservado los
indiferentes y accesorios, en tanto que en la memoria del adulto no
se encuentra huella alguna de impresiones importantes, muy
intensas y plenas de afecto.
Los recuerdos indiferentes de la infancia deben su existencia a un
proceso de desplazamiento son el sustituto, en la reproducción de
otras impresiones de efectiva sustantividad cuyo recuerdo se puede
desarrollar a partir de ellos por medio de un analisis psíquico, pero
cuya reproducción directa esta estorbada por una resistencia.
Puesto que deben su conservación, no a su contenido propio, sino a
un vinculo asociativo de su contenido con otro, reprimido, tienen
fundados títulos al nombre de “recuerdos encubridores”, con el cual
los he designado.
Relación temporal entre el recuerdo encubridor y en contenido por
el encubierto.
Es esta: el contenido del recuerdo encubridor pertenecía en ese caso
a uno de los primeros años de la infancia, mientras que la vivencias
de lo pensaba que el subrogaba en la memoria, y que habían
permanecido casi inconscientes, correspondieran a años posteriores
de esa persona.
Denomine atrasador o retrocedente a ese tipo de desplazamiento.
Se consolida en la memoria como recuerdo encubridor una
impresión indiferente reciente, que solo debe ese privilegio a su
enlace con una vivencia anterior, cuya reproducción directa es
estorbada por unas resistencias. Estos serian recuerdos encubridores
adelantadores o avanzados.
Lo esencial que la memoria cuida se sitúa aquí, en el orden del
tiempo, detrás del recuerdo encubridor.
Por último, aun un tercer caso posible: que el recuerdo encubridor
no se enlace con la impresión encubierta solo por su contenido, sino
también por su contigüidad en el tiempo, este seria el recuerdo
encubridor simultaneo o contiguo.
Freud opina que tomamos muy a la ligera el hecho de la amnesia
infantil, la falta de recuerdos sobre los primeros años de nuestra vida
y erramos no considerándolo un raro enigma.
Es muy probable que el olvido de la infancia pueda proporcionarnos
la clave para entender aquellas amnesias que, según nuestros más
nuevos discernimientos, están en la base de la formación de todos
los síntomas neuróticos.
Los recuerdos de infancia de los individuos llegan con total
universalidad a adquirir el significado de unos recuerdos
encubridores y de ese modo cobran notable analogía con los
recuerdos de infancia de los pueblos, consignados en sagas y mitos.
Quien haya hecho indagación anímica en cierto numero de personas
con el método del psicoanálisis, habrá recopilado en ese trabajo
abundantes ejemplos de recuerdos encubridores de todo tipo.
Ahora bien, comunicarlos se vuelve en extremo difícil por la ya
elucidada naturaleza de los vínculos de los recuerdos de infancia con
la vida posterior, para que un recuerdo de infancia se pudiera
apreciar como un recuerdo encubridor, a menudo haría falta
exponer la bibliografía entera de la persona en cuestión.
Freud pone ejemplos, pone el ejemplo de un hombre que sufre de
grave inhibición en su vida amorosa, y tiene ahora mas de 40 años,
es el mayor de 9 hermanos. Tenia 15 años cuando nació su hermano
menor, pero afirma a pie juntillas que nunca noto un embarazo de su
madre.
Bajo la presión de mi incredulidad, le acudió el recuerdo de haber
visto cierta vez a la edad de once o doce años que la madre
apresuradamente se aflojaba el vestido frente al espejo.
Y ahora, sin compulsión, agrega este complemento: acababa ella de
volver de la calla y la aquejaron unos inesperados dolores de parto
Ahora bien, el aflojarse el vestido es un recuerdo encubridor del
parto.
En otros casos volveremos a tropezar con el uso de tales palabras
puentes.