¿QUIÉN ES ESTE ANUNCIADO?
Buenos días, Dios les bendiga y guarde. Hoy quisiera hablarles del
nacimiento más importante de la humanidad. Pero antes, quiero decirles
que el día en que yo nací, mis padres fueron al hospital, mi madre entró
embarazada y salió conmigo en los brazos. Al llegar a la casa hubo una
celebración. Esta fue la narración de mi nacimiento. Sin embargo, vemos
como el nacimiento de nuestro señor Jesucristo está marcado por
eventos, sucesos, que lo hacen completamente diferente al resto de
nacimientos.
En el libro de Mateo, escrito entre los años 80 y 90 d.C. se muestra a
nuestro Señor como rey, por eso deja ver detalles que indican la
legitimidad de Jesús como rey. Uno de esos detalles se encuentra en el
capítulo 2, donde se muestra en una escena uno de estos eventos
particulares. Veamos qué dice:
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron
del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los
judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y
venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda
Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los
escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le
dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú,
Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes
de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo
Israel”. Mateo 2:1-6 RVR60
Así comienza la narración, en que representantes de un reino llegan a
ofrecer presentes y un mensaje de felicitación de parte de un rey a otro
rey.
Ellos llegaron a donde naturalmente tenían que llegar, ya que estaban
buscando un rey recién nacido, y los reyes nacen en los palacios, llenos
de lujos. Así que ellos llegaron a Jerusalén. Es muy probable que hayan
venido de Babilonia, a unos 900km al oriente, que en ese entonces
estaba gobernada por el imperio parto. Si es así, entonces estos sabios
pertenecían a la corte real, y eran quienes aconsejaban al rey en todos
los aspectos, pertenecían a una casta, a una tribu, que ejercía el
sacerdocio desde hacía miles de años, y practicaban ciertas actividades,
tales como el estudio de los astros, ocultismo, magia, adivinación,
sueños, entre otras cosas.
Su viaje pudo tardar un par de semanas, ellos salieron apresuradamente
de su reino, debido a que contemplaron en el firmamento, una señal,
una estela, la señal de que nacería un rey. Pero es común que nazca un
rey. Pero ¿qué tenía este rey de especial que movió a los sabios de un
reino, y motivó al rey de ese reino a enviar a sus emisarios a Jerusalén?
¿Qué de particular tenía este nacimiento que movió a todo este séquito
de personas, con escoltas, camellos, presentes hasta Jerusalén?
Ellos tenían información desde hacía siglos, que nacería un rey, pero uno
fuera de serie, diferente a los demás. A su vez, 400 años antes de esto,
el pueblo de Israel estuvo en cautiverio en babilonia, y un joven que
había sido traído cautivo, llamado Daniel, ganó confianza con el rey,
quien le nombró jefe de sabios, dándole mucha autoridad en su reino.
Quizás Daniel pudo dejar información acerca del nacimiento de este
gran rey, pero todo parece indicar que desde hacía muchos siglos ya
ellos sabían. ¿Como llegaron a saberlo? a través de la contemplación, los
astros, los sueños o visiones, y esta información fue transferida por
generaciones.
Al llegar a Jerusalén, nadie esperaba esto, el rey herodes se perturbó
¿Quién era este que moviliza a un reino? Así que herodes consultó a sus
sabios, quienes conocían la ley y los profetas, y sus sabios citaron al
profeta miqueas, diciendo que este gran señor nacería en belén, pero no
como algo que estaba sucediendo en ese momento, ellos se lo dijeron
como algo que pasaría en un futuro. Que vendría un rey, que traería
liberación, la paz duradera y verdadera, la justicia. Nadie estaba
esperando el nacimiento de este rey, pero estos paganos si lo estaban
esperando, lo habían contemplado durante siglos como algo que
sucedería. Al ver la señal en el cielo, partieron en seguida para
Jerusalén. Herodes les recomendó que fueran a belén, y mientras iban
volvieron a ver la estela y se regocijaron. Llegaron a belén con una
caravana enorme, buscando un nacimiento reciente. Pareciera que en
ese pueblo los nacimientos no eran muy comunes, así que dieron con la
familia de este gran rey que había nacido hacía poco. Trajeron saludos
del rey, trajeron presentes, seguramente conversaron un rato, y maría y
José atesoraban esto en sus corazones y reafirmaban el gran
compromiso adquirido con Dios.
Seguramente, José, el padre de Jesús pudo haber recordado la fila de
profetas que hablaron de estas cosas: Por un lado, el rey David, que era
su ancestro, 1000 a.C. decía: "He sido derramado como aguas, y todos
mis huesos se descoyuntaron. Mi corazón fue como cera, derritiéndose
en medio de mis entrañas... Como perros me han rodeado, me ha
cercado cuadrilla de malignos. Horadaron mis manos y mis pies.
Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes".
(Salmo 22:14-18). Estas palabras se consideran profeticas de lo que le
sucedería a nuestro señor. Miqueas (800 a.C.) dijo que nacería este rey:
"Tú, Belén, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me
saldrá el que será Señor en Israel, y Sus salidas son desde el principio,
desde los días de la eternidad" (Miqueas 5:2). Daniel en sus 70 semanas
también anunció este reino futuro, “piedra cortada sin manos de
hombre” (Dan 2:34, 45). (Zacarías 11: 13). (Amós 1:2). (Hab 3:3-5).
Isaías dijo: "El Señor mismo les dará señal: He aquí que la virgen
concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará Su nombre Emanuel".
Si continuamos retrocediendo no menos de 4.000 años atrás en el
tiempo, podemos encontrar cómo se conformó la nación que pariría a
este gran rey, a partir de Abraham, Isaac y Jacob.
Viajando en el tiempo muchos siglos más, podemos ver que ya hacía
falta este libertador, este grandioso rey en el mismo comienzo, en el que
Adán recibe la instrucción más clara y sencilla de entender, pero que no
pudo cumplir, porque en su corazón se había anidado el pecado, su
corazón terminó envaneciéndose, al punto de no querer cumplir
órdenes, por sencillas que fueran, así que se reveló contra su creador, se
ensoberbeció, y la prueba de esto es que comió de algo que
expresamente había sido instruido a no probar. Desconfió de que Dios
cumpliría su palabra, perdió su conexión con él, y la concretó al comer.
Esta desconexión con su creador fue la muerte de Adán, nunca más
pudo comunicarse directamente con su creador. Pero pensó que en su
descendencia vería reivindicado su nombre, pero su primer hijo lo hizo
peor aún que él, cuando egoístamente, envidiosamente, lleno de ira y
odio, asesinó a su propio hermano. Dice el libro de Romanos 5:12,17:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el
pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto
todos pecaron”, “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte,
mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la
abundancia de la gracia y del don de la justicia”. Es decir, un solo
hombre abrió la puerta al pecado y reinó la muerte, pero por un solo
hombre también se ofrece salvación y vida. Y este hombre es este rey
que nació hace 2000 años atrás.
Qué se espera
En tiempo de los profetas se esperaba liberación de las injusticias de
reyes corruptos.
En tiempo de patriarcas se esperaba la conformación de una nación
próspera, duradera, gobernada en justicia plena y paz. Sobre la base de
promesas de Dios.
En tiempos de Adán se esperaba de una reconciliación con el creador, y
acabar con la impiedad reinante. Se esperaba perdón.
Los sabios de oriente, esperaban encontrar a un rey en un palacio, con
lujos de rey, con un séquito de sirvientes, en una hermosa cuna. Ya que
se trataba del rey esperado por miles de años, anunciado como el más
grande de los grandes, señalado por las estrellas del cielo.
En tiempos de Jesús, ellos esperaban la liberación nacional, y la
instauración de un sistema de paz y justicia social, ya que padecían de
extrema pobreza, altos impuestos y enfermedades. Ellos clamaban, oh
ven bendito Emanuel.
En nuestros tiempos se espera un planeta libre del hambre, de guerras,
de la muerte injusta, de esclavitud, de injusticias, de la brecha social, del
caos, de la explotación de la gente y los recursos naturales.
Todas las generaciones han esperado algo de parte de Dios, y Dios se ha
manifestado de diferentes modos, pero la gente no le ha visto y no le
quiere ver, porque Él les exige compromiso, obediencia, entrega. El
mundo va de mal en peor, pero este rey, ha venido a ofrecer salvación
en el presente y salvación de la ira futura, por medio de la reconciliación
con Dios, a través del perdón, por medio de su sangre.
Aquellos que hemos creído, seguimos clamando, oh ven bendito
Emanuel, pero no como en aquel entonces aquella nación clamaba, oh
ven bendito Emanuel. El señor ha de volver por segunda vez a instaurar
su reino de justicia y paz duradera. Y esto debe anunciarse con
insistencia.