0% encontró este documento útil (0 votos)
83 vistas198 páginas

Arriaga Guillermo - 21 Gramos

Cargado por

diana noticias
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
83 vistas198 páginas

Arriaga Guillermo - 21 Gramos

Cargado por

diana noticias
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

GUILLERMO ARRIAGA

21 gramos
¿Cuánto pesa la vida?

Para Mariana y Santiago con todo mi amor.

Ed. Verticales de Bolsillo, 2007


------------------------------------------------

1. INT. CUARTO CRISTINA - DÍA

Es una habitación de clase media alta, arregla-


da con buen gusto. Ropa de hombre y mujer se
encuentra desperdigada por el cuarto. Sobre
una silla cuelga una chamarra de cuero y en el
piso se halla tirado un vestido color azul plomo.

Cristina (34), delgada, piel suave, duerme


boca abajo desnuda, semitapada por las sába-
nas, apenas iluminada por la luz de un farol
que entra por la ventana.

A su lado Paul (41) desnudo, mirada profun-


da, facciones fuertes, el cabello revuelto, está
sentado fumando sobre la orilla del colchón,
contemplándola con tristeza.

Acaricia su espalda apenas recorriéndola con


los dedos sin dejar de mirarla. Cristina se in-
quieta y cambia de posición sin despertarse.

Paul se inclina sobre ella y besa suavemente su


hombro desnudo. Se endereza, se lleva la mano
a la cabeza, se soba la frente y se queda pensa-
tivo mirándola.

FADE OUT

ENTRA CARTÓN

21 GRAMOS

2. INT. CAFETERÍA - NOCHE

Abre a una cafetería pintada de blanco con si-


llones rojos. Sobre las paredes están colgados
cuadros con los productos que ofrecen: maltea-
das, refrescos, hamburguesas.

En una de las mesas se encuentra sentado Mi-


chael (37), un hombre con rostro agradable y
relajado, vestido de manera informal, junto con
sus hijas: Laura (5) y Katie (4), dos niñas con ex-
presión de ser regañadas muy poco.

Laura sorbe con el popote su malteada de cho-


colate

MICHAEL.
-No sorbas, mi amor...

LAURA
-¿Por?
MICHAEL
-Porque se oye mal.

LAURA
-¡Pa! Si lo más sabroso es lo que queda hasta
abajo.

Vuelve a sorber. Michael mueve la cabeza en


un gesto de desaprobación suave. Mira su reloj.

MICHAEL
-Apúrenle, que mamo nos coi esperando.

Katie empieza a soplar con su popote haciendo


burbujas

KATIE
- Mira, pa, un volcán...

MICHAEL

- Está muy bonito tu volcán, pero acábate tu


malteada para ya irnos con mami.

La niña deja de soplar y lengüetea la orilla del


vaso para chupar lo que derramó. El padre
sonríe condescendiente.

3. INT. SALA DE REHABILITACIÓN - DÍA

Varias personas se encuentran sentadas en


círculo en una típica sesión de rehabilitación
por drogas y alcohol.
En el grupo se halla Cristina, alta, de mirada
intensa, que parece haber estado en guerra lar-
go tiempo y por fin se halla en camino de en-
contrar la paz. Habla ante la mirada atenta de
los demás.

CRISTINA
- Anoche estaba viendo La Cenicienta con mis
hijas y de pronto, Laura, la mayor, me preguntó
por qué ni la Cenicienta, ni la Bella, ni Ariel, te-
nían mamá y carajo, tenía razón: no hay mamás
en Disneylandia. Ellas saben lo de su abuela, qiie
yo fui una niña sin mamá. Y se mueren del miedo
de perderme y no sé qué decirles porque a mí
también me da un miedo de la chingada... Un
puto miedo a perder el control, a acabar otra vez
en un hospital muñéndome de sobredosis.

Se queda meditabunda unos segundos. Se ve


que le duele lo que está contando, pero que no
va a llorar.

- Mi madre me hizo una falta terrible y cómo


me encabroné cuando se la tragó el cáncer. Se
me fue cuando más la necesitaba. Y ahora veo
a Michael y a mis hijas, que me adoran y los
adoro, y sé que no les puedo fallar, de verdad
no puedo...

Calla. Parece querer decir algo más, pero se li-


mita a sonreír con dolor.

4. INT. HABITACIÓN CENTRO RELIGIOSO - DIA

Jack (35), bien rasurado, delgado, correoso,


con entradas en la frente y facciones lobunas.
Viste camisa de manga corta y pantalones de
mezclilla azul.

En su antebrazo izquierdo se halla tatuada la


frase "Cristo te ama" y en el derecho un ideo-
grama chino, símbolos de runas y una estrella
sobre el dorso de la mano derecha. En el cuello
lleva tatuado un pequeño corazón.

Se halla sentado en una silla de madera en un


cuarto apenas adornado con una reproduc-
ción barata de un cuadro de caza renacentis-
ta. A un costado se halla un viejo refrigerador.

Frente a él se encuentra sentado un muchacho


(17) flaco, moreno, también con algunos ta-
tuajes. Juegan ajenga en una mesa.

Jack saca una pieza, la coloca hasta arriba y la


torre se tambalea un poco.

JACK
- Piensa bien cuál vas a sacar.

MUCHACHO
- Yo siempre pienso, cabrón.

JACK
- No, no piensas: esta vez no te metieron al
bote porque todavía no cumples dieciocho,
pero para la otra vas a valer madres, Te toca.

El muchacho saca una maderita y la torre se


derrumba.

- Ya ves: no pensaste.

El muchacho su queda analizando su derrota.


Jach so pone de pie, saca un jugo de naranja
del refrigerador, sirve dos vasos y le entrega
uno al muchacho.

- Robar te da lana y puedas traer carros pa-


drotones y viejas bien buenas, pero dime, ca-
brón ¿qué chingados vas a hacer sí robando le
metes un plomazo a una mujer embarazada o a
un viejito? ¿Eh? ¿Sabes qué pasa? La culpa te va
a chupar hasta los huesos.

Le da un trago a su jugo y vuelve su mirada al


muchacho, que lo escucha con fastidio.

- No, robar carros no vale la pena, creer en


Cristo, sí...

Señala el tatuaje de "Cristo te ama» sobre su an-


tebrazo. Se pone deptey camina bacía la ven-
tana.

- Ven

El muchacho llega junto a él. Jack señala una


camioneta Ford Lobo doble cabina, plateada,
nueva, estacionada en la modesta calle en que
se encuentra el centro religioso.

- ¿Ves esa camioneta? Es una chulada, ¿no?


MUCHACHO
-Sí, está muy chida.

Jack saca un llavero y oprime el control de la


alarma. La camioneta suena el claxon y en-
ciende las luces.

JACK
-Me la gané en una rifa de Wal-Mart...

MUCHACHO
-¿Neta?

JACK
-Neta. Pero no fue suerte. Fue Cristo el que
quiso que yo tuviera esa camioneta...

MUCHACHO
(Mofándose)
-No mames, te la has de haber robado...

JACK
-Cristo me la dio, es él quien da y quita...

MUCHACHO
-Cuál, le valemos madres... Dios no debe sa-
ber ni que existo.

JACK
-Dios sabe hasta cuándo se mueve un cabe-
llo en tu cabeza...

Aprieta de nuevo el botón de alarman La ca-


mioneta vuelve a sonar un bocinazo y a en-
cender las luces.

5. INT. SALA DE TERAPIA INTENSIVA - DÍA

-Paul, barba crecida, cabello un poco largo,


que viste una bata blanca, se encuentra semi-
sentado en una cama en la sala de terapia in-
tensiva de una clínica modesta.

-Se halla conectado a un respirador, con una


sonda de suero en el brazo izquierdo y unos
electrodos en el pecho. En un monitor brinca
una discontinua linea verde.

PAUL
(Voice over)
-Con que esta es la antesala de la muerte, es-
tos tubos ridículos, estas agujas que me hinchan
los brazos...

Voltea a ver a su alrededor. Al igual que él hay


varios enfermos graves, la mayoría con sem-
blante moribundo.

-¿Que hago en este club de los precadáve-


res? ¿Qué tengo que ver con ellos?

Mira hacia una anciana gorda cuya respiración


infla y desinfla un globo de caucho a su lado.

-Con ella y los tumores cancerosos que le


pudren el estómago.

Luego voltea a ver un hombre joven con la ca-


beza vendada.
-... o con él que se cayó borracho de un ter-
cer piso...

Cierra los ojos.

-Ya no sé cuándo comenzó todo...

Abre los ojos.

-... ni cuándo va a terminar.

Voltea a ver a sus compañeros.

-Dicen que todos perdemos 21 gramos en el


momento exacto de nuestra muerte. Todos: 21
gramos. Lo que pesan cinco nickels apilados, lo
que pesa un colibrí, una barra de chocolate...

Detiene su mirada en una joven mujer (26),


inconsciente.

-¿Quién perderá primero sus 21-gramos?


¿Ella, que está en coma?

Paul mira demudado el espectáculo de la pre-


muerte.

- ¿O yo?

6.-INT. BAÑO MOTEL DE CARRETERA - DÍA

Cristina, vestida con shorts negros y camiseta,


se encuentra en el descuidado baño del motel.
Un foco pelón cuelga del techo, moteado de ex-
cremento de mosca. Se escucha el agua fu-
gándose en el depósito del excusado. Un espejo
descascarado se halla arriba del lavabo percu-
dido. Baratas cortinas floreadas cubren la re-
gadera.

Abre una mochila y saca una pequeña bolsa


con cocaína. Con una corcholata saca una
poca y la aspira. Se sienta sobre la tapa del ex-
cusado, traga saliva y se lleva las manos a la
cabeza.

7. GINECÓLOGO INT. SALA DE REVISIÓN


CONSULTORIO - DÍA

Mary (38), de mirada vigorosa y dulce, está re-


costada sobre una plancha de revisión gineco-
lógica, con las piernas abiertas sobre los estri-
bos. Un ginecólogo la ausculta junto con una
enfermera. Termina y la mira a los ojos.

GINECÓLOGO
-Puede vestirse.

8. INT. CONSULTORIO - DÍA

Mary está sentada frente al ginecólogo en un


consultorio bien montado pero no demasiado
lujoso. El médico revisa unos estudios.

GINECÓLOGO
-¿Desde hace cuánto ha tratado de embara-
zarse?

MARY
-Año y medio. (Preocupada) ¿Tengo algo?

El médico voltea a verla y tarda en dar su res-


puesta.

GINECÓLOGO
-Me temo que sí. Su útero y sus trompas se
encuentran muy dañados. Al parecer tuvo una
infección severa que fue mal cuidada. (Pausa)
¿No se la habían detectado antes?

MARY
-Algo me habían dicho, pero.

Mary se ve apesadumbrada. Voltea a ver al mé-


dico.

-¿Cree que pueda tener hijos?

GINECÓLOGO
-Podemos intentar una cirugía, señora, pero
aun asi hay pocas posibilidades.-

Mary baja la cabeza, desalentada. El médico se


levanta y se sienta en el borde del escritorio.

-Perdón que le pregunte esto, pero es abso-


lutamente necesario que me conteste la verdad
¿le han practicado alguna vez un aborto?

-Mary piensa su respuesta y asiente lentamente.

MARY
-Sí.
GINECÓLOGO
-¿Alguna razón?

Mary vuelve a quedarse pensativa.

MARY
- Me embaracé cuando ya me había separado
de mi esposo y yo pensé que...

GINECÓLOGO
(Incómodo)
-Me refería a razones médicas.

Mary se avergüenza y agacha la cabeza.

MARY
(Musitando)
-Mi esposo se está muriendo

GINECÓLOGO
-¿Perdón?

MARY
-Paul, mi esposo, se está muriendo y quiero
tener un hijo suyo.

Mary se queda mirando un punto fijo. El médi-


co se sienta en la silla contigua a la de ella.

GINECÓLOGO
-Puedo operarla y esperar a que se embara-
ce en unos tres o cuatro meses.

MARY
(Sonriendo con ironía)
-Le queda un mes de vida, a lo más.

El médico la mira sin saber qué decir.

9 EXT. PATIO CENTRO RELIGIOSO - DÍA

Jack y el muchacho se despiden con un ade-


mán en el patio del centro religiosos, que parece
de una vieja escuela primaria. El mucbacbo sale
corriendo a unirse a un grupo de jóvenes como
él que juegan una cascarita de basquetbol.

El reverendo Jobn (48), vestido con una especie


de filipina negra, rubicundo, pelirrojo, patillas
largas y sin bigote, se le acerca mientras mira
al muchacho.

JOHN
-¿Cómo te fue?

Jack menea la cabeza mirando al muchacbo


jugar.

JACK
-Mal, este chavo seguro acaba refundido en
el bote.

JOHN
-Ten paciencia, con una oveja de cada mil
que rescates... ya la hiciste...

Caminan bada la salida y llegan a la puerta.


Los alcanza un gordo de pelo largo. Palmea a
jack en la espalda y se detienen.
GORDO
(a JOHN)
-Buenas, reverendo. (A Jack) ¿Qué onda,
pinche Lobo? ¿Vas a hacer tu fiesta de cumplea-
ños el miércoles?

JACK
-Clarines, en mi casa.

GORDO
-Va...

El Gordo parte. Jack y John salen.

10. EXT. CALLE CENTRO RELIGIOSO - DÍA

JACK
-Nos vemos al rato.

JOHN
-Nos vemos...

Se despiden de mano. Jack camina bacía su


camioneta, desactiva la alarma con el pulsa-
dor y se sube.

11. EXT. CASA JACK -DÍA

La Ford Lobo de Jack se estaciona frente a una


modesta casa, una construcción barata de un
piso en una zona de clase obrera.

Varios niños se encuentran jugando en la ban-


queta, entre ellos Gina (7) y Freddy (9), los hi-
jos de Jack. Marianne (29), su esposa, atlética,
una streetwise con cierta clase, observa a sus
hijos sentada en una silla de plástico blanca.

Jack baja del coche y Freddy sale corriendo ha-


cia él.

FREDDY
-Papi

Jack lo carga y le da un beso. Marianne llega


hasta él junto con Gina, quien, mas reservada,
se abraza las piernas de su padre.

MARIANNE
-Hola, mí amor.

Se saludan con un beso.

FREDDY
-Pa, ¿vamos a ir a comprar un perro?

MARIANNE
-Freddy, ya quedamos en que perro no.

FREDDY
-¿Por qué no? Tú dijiste...

MARIANNE
-Porque tu hermana tiene asma y el pelo del
perro puede hacerle daño.

FRBDDY
-A ella, a mi no.

JACK
-No y ya no se discute más.

FREDDY
-Aunque sea un hámster.

JACK
-Ya veremos.

FREDDY
-Conste, pa.

-Jack le soba la cabeza y abrazado de Marian-


ne se encamina hacia la casa.

12. EXT. ALBERCA MOTEL DE CARRETERA - DÍA


Paul está sentado en un vetusto sillón de alber-
ca, de esas cuyo respaldo está formado por
cuerdas de plástico entrelazadas. Su rostro está
sucio de polvo y sudor.

Absorto mira hacia una alberca vacía, llena de


ramas, bojas secas y tierra. Atrás de él se divi-
san las habitaciones de un polvoriento motel de
carretera en el desierto. A lo lejos se escucha el
canto de una huilota.

Cristina (vestida como en la esc. 6 en que se


pone el pericazo) lo descubre y se dirige hacia
allá. Llega y se para frente a él. Paul se cubre el
entrecejo con la mano para protegerse del sol
que vibra a espaldas de Cristina.
CRISTINA
-¿Dónde estabas?

Paul no le dice nada. Saca un revólver de su


cintura, abre el cilindro y extrae tres casquillos
percutidos, los coloca sobre la cubierta de cris-
tal de una mesa de fierro pintada de blanco.
Cristina examina azorada uno de los casqui-
llos.

-¿Lo mataste?

Paul asiente con la cabeza. Cristina palidece y


se mesa los cabellos con la mano izquierda.
Ambos en silencio.

13. INT. PASILLO CARCEL- DÍA

Jack camina por el pasillo de una cárcel gran-


de escoltado por dos custodios. Varios reos se
burlan de él a través de los barrotes.

REO 1
-¿Qué pasó? ¿Cristo ya no te quiere?

REO 2
-No que no Lobito. Volviste, puto.

Jack no les hace caso. Su expresión seria, re-


concentrada, contrasta con la algarabía de los
demás.
Llegan a una celda. Uno de los custodios la
abre y con una seña de su mano lo invita a
pasar.

CUSTODIO 1
-Bienvenido a casa, cabrón.

Jack lo mira con coraje. Entra y cierran la reja.

14. INT. ALBERCA TECHADA - NOCHE.

Dentro de la alberca nadan pausadamente tres


o cuatro personas. Por el carril cuatro llega na-
dando a toda velocidad Cristina. Por el tres,
unos metros más atrás, viene su hermana Clau-
dia(27), delgada y parecida a ella.

CRISTINA
-Te gané.

Claudia se quita también la goma y los gogles.

CLAUDIA
-De churro.

Cristina le echa agua a los ojos.

CRISTINA
-Aprende a perder.

Se sonríe confiada. Empieza a sonar un celu-


lar. Cristina sale de la alberca. Va hacia una
silla, toma una toalla, se seca las manos y abre
una maleta.
Cuando saca el celular, este ha dejado de so-
nar. Cristina mira la pantalla y vuelve a guar-
dado. Claudia la alcanza y se sienta en la silla
contigua, respirando agitada.

CLAUDIA
-¿No quieres ir al jacuzzi un rato?

CRISTINA
-No puedo, Michael y las niñas ya me deben
de estar esperando.

CLAUDIA
-OK, te veo después.

Claudia se levanta y camina hacia un lado de


la alberca. Cristina se enreda con la toalla,
coge su maleta y cuando se dispone a irse,
Claudia la llama.

-Cristina...

Cristina voltea.

15. INT. SALÓN GRANDE CENTRO RELIGIOSO - TARDE

Hombres y mujeres con pinta de pecadores en


salvación se batían participando en un oficio
religioso que John conduce. Entre ellos se en-
cuentran Jack y su familia, vestidos como en la
esc. 11 en la que Jack llega a su casa.

Dentro del salón no hay imágenes religiosas, sólo


una gran cruz de madera. No hay bancas, ape-
nas doce sillas metálicas colocadas en los extremos
en las cuales están sentadas dos o tres ancianas.

Todos repiten al unísono las palabras de John

JOHN
-Jesús es nuestra esperanza...
TODOS
-Jesús es nuestra esperanza...
JOHN
-Jesús es nuestra luz,..
TODOS
-Jesús es nuestra luz...
JOHN
-Jesús es perdón...
TODOS
-Jesús es perdón...
JOHN
-Jesús es el agua que sacia nuestra sed...
TODOS
-Jesús es el agua que sacia nuestra sed...

Jack repite las frases muy clavado. Marianne


mirándolo con fastidio, apenas las farfulla en
voz baja.

16. INT. RECÁMARA DEPARTAMENTO PAUL- DÍA/TARDE

Paul se halla recostado sobre la cama viendo


noticieros de televisión en un departamento
bien arreglado, pero sin pretensiones. Se ve
muy flaco, con unos diez kilos menos, jodido,
con tez muy pálida.

Respira por un tubo de oxígeno conectado a la


nariz, que parte de un tanque de color verde
montado sobre ruedas.

Se sienta sobre la cama con dificultad y apaga


la TV. Se acomoda la bata y se pone de pie cui-
dando de no enredarse con el tubo. Se dirige al
baño jalando el tanque.

17--INT. BAÑO CASA PAUL - DÍA/TARDE

Entra al baño y cierra la puerta con seguro. So-


bre el espejo hay varias fotos de niños y sobre el
lavabo un patito de plástico. Paul lo mira y lo
vuelve a poner en su lugar.

Se agacha y abro las puertas bajo el lavabo. Es-


cudriña entre papel del baño, toallas femeni-
nas, jabones, champús, encuentra un bote de
plástico. Lo toma y se sienta sobre el excusado.

Abre el bote. Dentro boy un cigarro y un en-


cendedor. Paul retira el tubo de la nariz y
prende el cigarro. Aspira hondamente y exhala
una bocanada de humo con gran placer.

Se escuchan ruidos, Paul aguza el oído, le da


una larga chupada al cigarro, abre la ventana
y lo arroja fuera.

MARY
(Off screen)
-Mi amor, ya llegué...

Con las manos trata de sacar el humo por la


ventana.
18.-INT. SALA DEPARTAMENTO PAUL - DÍA/TARDE

Mary {vestida como en la esc. 8 donde visitó al


ginecólogo) acomoda un portafolio y unos pa-
peles sobre la mesa de la sala.

PAUL
( Off screen)
-Hola.

Mary pega un brinco, asustada.

MARY
-Menso, me asustaste.

Paul sonríe, respirando agitado por el esfuerzo


de llegar hasta ahí. Ella se acerca a darle un
beso.

-¿Cómo te sientes?

PAUL
(Irónico)
-De maravilla...

A Mary la respuesta no parece caerle en gracia.


Percibe algo en él y se acerca a olerlo.

MARY
-¿Fumaste otra vez?

Paul se encoge de hombros. Ella se molesta.

-¡Carajo, Paul! Si se dan cuenta quehas esta-


do fumando te van a quitar de la lista de tras-
plantes. ¿Que no lo entiendes?

Paul resopla, burlón. Ella comienza a hurgar


dentro de los cojines del sofá y no halla nada.
Busca en otro sillón y encuentra un bote igual
al que Paul abrió en el baño.

PAUL
-Si no fumo me vuelvo loco, estoy hasta la
madre de estar aquí encerrado.

MARY
-Te prefiero loco que muerto.

Rompe en pedazos el cigarro.

-No sé cómo chingados los consigues.

19. INT. PASILLO CÁRCEL - DÍA

Todas las celdas están vacías, con excepción de


la de Jack, quien se baila sentado inmóvil sobre
su camastro.

El jefe de celadores pasa junto a la celda y se di-


rige hacia uno de sus subordinados.

JEFE DE CELADORES
-¿Sigue sin salir a comer?

CELADOR
-Lleva tres días a pura agua. ¿Le traigo algo?

JEFE DE CELADORES
-No, déjalo que se muera de hambre.
20. INT. CUARTO DE MOTEL- NOCHE/AMANECER

En el piso del cuarto de motel de carretera (el


mismo donde Cristina se metió el pericazo en
la esc. 6) se halla tirado Paul con un balazo
en el pecho. Está descalzo y su camiseta empa-
pada de sangre.

Cristina está agachada sobre él tratando de


reanimarlo. Se voltea hacia Jack, quien está
parado en un extremo de la habitación, con el
antebrazo rasgado y cubierto de sangre coagu-
lada y golpes en el rostro y en él cuerpo.

CRISTINA
-Llama una ambulancia.

Jack se queda inmóvil, pasmado.

(Gritando)
- Llama una ambulancia, carajo.

Jack se queda Inmóvil unos segundas más. Al ver


que Jack no hace nada, Cristina agarra a Paul de
las axilas y empieza a arrastrarlo fuera del cuar-
to dejando una gran línea de sangre en el piso.

Jach parece recobrarse de su estupefacción y


corre a ayudarla.

21. EXT. ESTACIONAMIENTO MOTEL- NOCHE/ AMANECER


Jack y Cristina sacan a Paul, sangrante.

22. EXT. CASA CRISTINA - DÍA

Paul está parado frente a la casa de Cristina,


en una zona residencial de clase media alta.
Toca el timbre repetidas veces pero nadie le
abre.-

Da dos pasos para atrás, abarca la casa con


una mirada y se va.

23. EXT. CAMPO DE GOLF - DÍA

En una orilla del campo se hallan estacionados


carritos de golf sobre los cuales varios caddies
charlan sentados.

Jack llega cargando una bolsa de palos. Va ves-


tido de blanco, como todos sus compañeros,
pero a diferencia de ellos lleva puesta una pla-
yera de manga larga.

Jack coloca pesadamente la bolsa junto a uno de


los carritos. Uno de sus compañeros se burla de él.

CADDY 1
-¿Qué pasó? ¿Te pesan mucho los palos?

Jack sonríe y se lleva una mano a la entre-


pierna.

-Nomás me pesa éste, por si quieres ayudar-


me a cargarlo.
La respuesta provoca las carcajadas de los
otros caddies. Uno de ellos señala una hielera
rebosante de cervezas.

CADDY 2
-Chíngate una cerveza.

Jack abre la hielera, hace un lado las cervezas,


saca una coca-cola del fondo, la abre y brinda
con ellos.

JACK
-Por todos los hoyos del mundo.

Al (50), un hombre moreno y robusto, llega a


la zona.

CADDY 3
-Al, ¿no quieres una chela?

Al niega vehemente con la cabeza. Se dirige


hacía Jack y se para frente a él.

AL
-El jefe quiere hablar contigo.

24. INT. OFICINA JEFE CADDIES - DÍA


Jack se encuentra sentado frente al escritorio
de Brown (40), el jefe de caddies, quien lleva
lentes gruesos, corbata corriente y camisa azul
con manchas de sudor en las axilas.

JACK
(Alterado)
-Sé que todavía no soy eJ mejor caddy, pero le
estoy todas las ganas. Estoy aprendiendo, Brown,
te lo juro, no te voy a hacer quedar mal...

BROWN
-No es eso Jack, lo que pasa es que algunos
socios se quejaron de tus tatuajes.

Jack le muestra la manga larga de su camisa

JACK
-Traigo manga larga; no se me ven.

Brown se levanta y le señala el tatuaje en el


cuello.

BROWN
-¿Y ese? ¿También te lo tapa la manga o vas a
empezar a ponerte bufandas?

Brown mira por la ventana y señala a unos ju-


gadores.

-Mira Jack, este es un club en el que viene


gente diferente a ti y a mí. ¿Entiendes, verdad?

Jack se ve dolido.

JACK
-Brown, ya no tomo, no robo, no me meto
nada. ¿Por qué me corres?

BROWN
-Yo sé qué estás limpio, por eso te busqué y
te contraté, pero ésta es una decisión del conse-
jo de administración y si no la acato me chingan
a mi. (Pausa) Conseguí que te pagaran una
buena liquidación, en la caja tienen el cheque.

Jack parece no creerlo. Se mesa los cabellos y se


pone de pie aparentemente tranquilo. Brown le
extiende la mano para despedirse. Jack sólo la
mira, despectivo.

-Trata de entenderme

De pronto, Jack saca un putt de una bolsa co-


locada en una esquina y amenaza con romper
un par de cuadros de golfistas vestidos a la
usanza antigua.

Broten se queda impávido, esperando a que


termine de descargar su rabia. Jack no rom-
pe ios cuadros, avienta el putt y sale azotan-
do la puerta de cristal, que por fortuna no se
rompe.

25.-INT. CUARTO LAVADO, CASA CRISTINA - DÍA


Cristina está sola frente a la lavadora. Fuma
nerviosa con los ojos llorosos y bebe repetidas
veces de una botella de vodka. Sobre la lavado-
ra hay dos bolsas negras.

Toma una de las bolsas, suspira hondo y la


abre. Saca una falda de niña, ensangrentada,
la misma que vestía Katie en la esc. 2. La ex-
tiende, la mira con dolor y la echa a la lava-
dora.

Sigue sacando prendas de Katie y en cada una


Cristina parece quebrarse, pero no llora. El te-
léfono comienza a sonaar, pero ella no hace
neda por detenerlo.

Al final saca unos tenis azules con agujetas ro-


jas. Los contempla largamente. Los pone a un
lado y se cubre el rostro con la mano izquier-
da. El teléfono no deja de sonar.

26. EXT. PROCESADORA HUMUS - DÍA

En una gran procesadora de humus en medio


del desierto, Jack recoge tierra negra con una
pala y la deposita sobre unos sacos. El polvo ne-
gro cubre el ambiente y Jack se ve sucio.

Varios trabajadores laboran a su alrededor sin


hacerle caso.

27 INT. CUARTO DE HOSPITAL - DÍA/TARDE


Paul se halla acostado sobre una cama con el
torso descubierto. Una gran cicatriz corre por
su pecho.

El doctor Rothberg (50), de cabello rojizo, ro-


busto, lo ausculta, A su lado se halla Dolores
(60), la enfermera, una mujer de ojos muy
azules, rubicunda, maternal.

ROTHBERG
-¿Tienes alguna molestia?

PAUL
-Me duele mucho la cabeza.

ROTHBERG.
-Es normal, tienes la presión baja. Te vamos
a inyectar algo para que te sientas mejor.

Dolores saca una jeringa y prepara la inyec-


ción.

-Te traje lo que me pediste.

De un maletín extrae un frasco de cristal den-


tro del cual flota un corazón. Azorado, Paul
mira el frasco que el médico sostiene frente a él.

PAUL
-¿Es mi corazón?

Rothberg asiente y se lo entrega. Paul lo con-


templa, anonadado. Agita el frasco. El corazón
se mece lentamente dentro del bote, rebotando
contra las paredes de cristal.

28. INT. AUTOMÓVIL PAUL, PROCURADORA


DE HUMUS DESIERTO - DÍA

Paul y Cristina recorren una carretera a la orilla


del gran desierto. A lo lejos se ven estacionados
varios camiones. Varios trabajadores, entre ellas
Jack cargan el camión con los sacos de humus.

CRISTINA
-¿Cuál es?

PAUL
-El de la camiseta blanca.

Cristina mira a Jack mientras el carro avanza.


29- EXT. ORILLA CARRETERA - CONTINUO

Jack ve pasar el carro y cruza su mirada con la


de Cristina, quien lo ve con rabia. Los ve se-
guirse de largo, toma un saco, lo carga y lo de-
posita en el camión.

30. INT. AUTOMÓVIL PAUL, DESIERTO - CONTINUO

Paul acelera y deja atrás los camiones, Cristina


respira con la baca abierta, muy nerviosa.

PAUL
-¿Estás bien?

Se vuelve a mirarlo fijamente.

CRISTINA
-Lo voy a matar... lo voy a matar...

Paul avanza un poco más. Detiene el auto,


abraza a Cristina y la acaricia con ternura
Ella se deja, respirando agitada.

(Susurrando)
- Tenemos que matarlo... por
favor

31. INT. CASA JACK - DÍA


La casa de Jack es muy modesta. En la sala hay
pocos muebles, adornada con cuadros baratos
de Wal-Mart: floreros, barcos que rodean una
gran fotografía a color de Jack y su familia re-
cibiendo las llaves de la Ford Lobo frente a un
Wal-Mart.

Un ventilador de piso, descompuesto, se halla


en una esquina: En medio bay un televisor de
los primeros que tuvieron control remoto.

Jack y su familia están sentados en el comedor,


tomados de las manos mientras él pronuncia
una oración de gracias.

JACK
-Gracias señor por mantenernos juntos, por
llenarnos de amor y por darnos estos alimentos.
Amén.

TODOS
-Amén.

Se sueltan de las manos y Marianne comienza


a servir.

JACK
(A Marianne)
-Me corrieron del club.

Marianne deja en el aire la cuchara con la que


sirve.

MARIANNE
-¿Por lo de siempre?

Los niños comienzan a pelear.

GINA
-No agarres de mi pan.
JACK
(A Marianne)
-Me imagino que sí.

MARIANNE
-¿Y ahora qué vamos a hacer?

JACK
-Ya conseguiré algo.

Los niños siguen peleando. De pronto Freddy le


pega a Gina en un brazo. Ella se queja de in-
mediato.

GlNA
-Ma, Freddy me pegó en el brazo.

MARIANNE
-Freddy, estáte en paz.

GINA
-Ma, me duele.

Jack deja sus cubiertos sobre la mesa, molesto.

JACK
-¿En qué brazo te pegó?

GINA
-En este.

JACK
-Pon tu otro brazo
MARIANNE
-Jack, no empiece.

JACK
-Ponlo y deja que tu hermano te pegue.

MARIANNE
-Jack, no.

JACK
(A Marianne)
-Si alguien te abofeteare en la mejilla dere-
cha, preséntale también la otra... (A la niña,
que duda). Ponlo.

Ella obedece y pone su brazo.

(A Freddy)
- Pégale.

El niño duda.

-Que le pegues.

El niño le pega y Gina suelta un grito de dolor.


Marianne mueve hacia atrás su silla y se para
de la mesa, enojada. Va hacia su hija, la toma de
la mano y se la lleva.

Freddy se queda asustado. Jack se le queda mi-


rando y le suelta un tremendo zape en la nuca.

-En esta casa no se pega.

Le vuelve a dar otro zape.


-¿Entendido?

Se gira para seguir comiendo sus espaguetis.

32. INT. RECÁMARA PAUL - NOCHG

Paul está recostado en la cama, conectado al


tanque de oxígeno, leyendo una revista. Mary,
de espaldas a él, se desviste.

Mary se pone un camisón y se sienta frente a


un espejo a peinarse. Deja el cepillo a un lado y
se vuelve hacia Paul.

MARY
-El viernes que entra pídele a Lupe que se
quede a dormir. Yo no puedo quedarme por-
que invité a cenar a mi casa a los gerentes de la
empresa.

PAUL
-Corrí a Lupe.

MARY
-¿La corriste? ¿Por qué?

PAUL
-No sé, no me gusta que me hagan sentir
como un invalido.

MARY
-No chingues, Paul. ¿Y ahora quién te va a
cocinar? ¿Quién va a limpiar? ¿Quién te va a cui-
dar? ¿Quién?
PAUL
-Yo puedo hacerlo solo.

Mary cierra los ojos, desesperada.

MARY
-No puedo más, Paul, de verdad: no puedo.

Mary se lleva la mano a la frente y se talla, do-


lida. Él se levanta y con dificultad camina ha-
cia ella. Se sienta junto a su lado en el banco y
la abraza. Ella se queda quieta.

Después de un rato, juguetonamente, Paul em-


pieza a besarte el cuello, le baja el sostén y le
acaricia un seno.

-¿Qué haces?

PAUL
-¿Qué va a ser?

Ella le quita la mano.

MARY
-Te puede hacer daño. Además necesito que
tú...

Se queda en silencio unos momentos, pensati-


va. Lo mira a los ojos.

-Fui a una clínica de fertilidad.

Paul suspira en desaprobación.


PAUL
-¿Otro médico? Mary, eso ya lo hablamos.

MARY
-Este es un especialista. Me dijo que si me
operan puedo embarazarme en tres meses. Ne-
cesitas donar esperma y luego...

Paul la suelta de la mano y se para de la


cama.

PAUL
-Mary: no.

MARY
-Yo me podría hacer cargo de él.

PAUL
-Sí, pero yo ya no. No, de verdad, no. ¿Cuál
es el caso?

Se quedan callados. Mary estira su mano y


toma la de Paul. Lo jala hacia ella.

MARY
-Es lo que más quiero en el mundo. Hazlo
por mí, por favor.

PAUL
-¿Para qué quieres tener un hijo mío? Me es-
toy muriendo, Mary...

MARY
-Por favor...
Paul se lleva la mano al entrecejo y ya no dice
nada.

33. EXT. CASA CRISTINA - DÍA


Paul se encuentra estacionado/frente a casa de
Cristina, vigilante. Hace calor y Paul suda.
Mira su reloj. Ella no sale. Baja del carro y se
limpia el sudor de la frente.

Cristina sale cuando él está un poco distraí-


do. Cristina cruza por la acera y pasa junto a
Lucio (20), un muchacho salvadoreño, flaco,
quien lava un carro con una cubeta.

LUCIO
-Buenos días, señora Cristina.

CRISTINA
-Buenas, Lucio.

Paul observa cómo Cristina se aleja por la


calle.

34.-EXT. CALLE - DÍA

Paul la sigue discretamente a unos metros de


distancia. Cristina se mete a un supercito. Paul
también.

35. INT. SUPERCITO - DÍA


Ella saca unos yogures de los refrigeradores.
Luego recorre los pasillos y toma una botella de
vodka. Paul la observa con detenimiento.
Cristina se dirige a la caja a pagar. Paul toma
una caja de Zucaritas y se forma detrás de ella.

No deja de escrutarla: la nuca, la espalda, el


pelo, las manos.

Toca el turno a Cristina. La cajera le cobra.

CAJERA
-¿Es todo?

Cristina asiente.

-Ochenta y cinco cincuenta.

Cristina paga, toma su compra y sale. Paul la


mira irse.

(A Paul)
-¿Es todo?

56. EXT. CALLE - DÍA


Paul sale con su compra. Ve a Cristina alejan-
dose. Saca un cigarro, lo prende y la ve perder-
se a lo lejos.

37. INT. SALA DE CASA DE JACK -NOCHE

Marianne se encuentra en la sala de su casa


rodeada de invitados variopintos: ex reos (en-
tre ellos el gordo de la esc.9) vendedores de
puerta en puerta, jóvenes conversos, mujeres
con el pelo pintado y elt reverendo John.

Sobre las mesas hay botellas de refresco, papas fri-


tas, cacahuates, pero no hay alcohol y apenas una
muchachita escuálida y pálida fuma un cigarro.

La casa parece demasiado pequeña para tan-


tos invitados. Y Marianne se nota incómoda.
Va de un grupo a otro, casi sin hablar con na-
die. Agobiada entra a la cocina.

38. INT. COCINA - NOCHE


Tres personas platican dentro. Frente a la estu-
fa se halla Trish (40), delgada y elegante, que
viste pantalón de mezclilla y una camiseta ne-
gra y menea una sopa en un caldero. Al ver a
Marianne se gira hacia ella.

TRISH
-Esto ya está listo.

Marianne toma una cuchara y lo prueba.

-¿Qué onda con mi hermano? ¿A qué hora


piensa llegar?

MARIANNE
-Quedó de estar aquí o las ocho.

Salen de la cocina las otras personas y sólo que-


dan ellas dos. Trish mira a su alrededor y com-
prueba que nadie las observa. Se agacha y de
debajo del fregadero saca una cerveza abierta
Se la muestra a Marianne.

TRISH
-Corona ciento por ciento pura.
Se la da a Marianne, quien se vuelve para dar-
le la espalda a la puerta, le pega un trago y
hace cara de asco.

MARIANNE
-Está tibia

TRISH
-¿Prefieres pasarte la noche tomando limo-
nada?

Marianne sonríe cómplice, hace la finta de de-


volvérsela y vuelve a darle un tragao. Las dos se
atacan de risa.

39. INT. PASILLO CASA CRISTINA. NOCHE.

Cristina entra a la casa cargando una maleta


deportiva. Viste pants y lleva el cabello mojado.
La casa es acogedora, con fotografías familia-
res de Míchael ella y sus hijas. Paredes de la-
drillo, varias plantas. Se para en el quicio de la
escalera.

CRISTINA
-Michael, niñas, ya llegué

Nadie contesta. Deja la maleta a un lado y


sube las escaleras.

40. INT. PASILLO CASA CRISTINA - CONTINUO


Recorre el pasillo. Calla para ver si escucha vo-
ces: nada.
CRISTINA
-Katie, Laura, ¿dónde están?

Abre una puerta y se ve un cuarto de niñas.

41. INT. CUARTO NIÑAS CASA CRISTINA - CONTINUO


Entra al cuarto. Prende su celular para escu-
charlas mensajes. Mientras lo hace empieza a
recoger el tiradero de sus bijas y acomodar el
cuarto.

PADRE
(Off screen)
-Hija, a ver si comemos la semana que en-
tra... llámame...

Pulsa un botón para escuchar el siguiente.

MICHAEL
(Off screen)
-Mi amor, ya vamos para la casa. Si necesitas
que compre algo en el camino llámame al ce-
lular.

Ella camina par el cuarto arreglando mientras


escucha. Se detiene a acomodar unas muñe-
cas. En el celular se oyen voces

LAURA
(Off screen)
-Pa, pa... un gato...

MICHAEL
(Off screen)
- Cuidado, mi amor, no lo vayan a tocar, Lau-
ra, déjalo... Bueno, mi amor, te veo en la casa...

Cristina pulsa unos botones, cuelga y sale del


cuarto.

42. INT. COCINA CASA CRISTINA - NOCHE

Entra a la cocina. Abre la maleta y saca la toa-


dla y el traje de baño (los que usó en la esc. 14)
y los extiende sobre una silla.

Abre los armarios y saca cuatro platos. Co-


mienza a poner cuatro lugares para la cena en
la mesa del desayunador.

Suena el teléfono. Cristina contesta mientras


acomoda los platos.

CRISTINA
-Bueno... sí, soy yo...

Conforme escucha va cambiando la expresión


de su rostro.

-¿Cómo? ¿Dónde?

43. INT. AUTOMÓVIL REVERENDO JOHN - NOCHE

John conduce un viejo Valiant Duster. A su


lado va Marianne. Ambos en silencio, algo in-
cómodos.

A lo lejos se percibe un grupo de curiosos ilumi-


nados intermitentemente por la torreta de una
patrulla.
Pasan lentamente por el lugar. La gente arre-
molinada no permite ver qué pasa. Un zapato
de niña se encuentra unos metros más allá.

Jobn se estaciona unos metros más allá y abre


la portezuelas.

JOHN
-Quédate aquí, no tardo.

Baja y Marianne se queda en el auto, respiran-


do nerviosa.

44. INT. CONSULTORIO MÉDICO - DÍA/TARDE

Paul, a quien se le ve muy mal, se halla senta-


do en una silla de ruedas y conectado a un pe-
queño tanque de oxígeno. Se halla junto con
Mary frente al ginecólogo.

GINECÓLOGO
-¿Están seguros que lo quieren hacer?

MARY
(Se apresura a contestar)
-Seguros.

GINECÓLOGO
-Aunque la opere con éxito, la inseminación
artificial no siempre funciona.

MARY
-No importa, queremos intentarlo.
El médico señala una puerta y le habla a
Paul.

GINECÓLOGO
-Por favor, pase por acá.

Mary le da un beso a Paul, quien en su silla de


ruedas se dirige hacia la puerta.

45 INT. CUBÍCULO - DÍA/TARDE

Paul entra. El mçedico lo mira, serio.

GINECÓLOGO
Se trata de tener un hijo, Paul. Y en su con-
dición, usted sabe, es probable que no le llegue
a conocer.

PAUL
-La vida tiene que seguir, ¿no es cierto?

El ginecólogo suspira en desaprobación. De un


cajón toma un recipiente metálico y un guante
de látex y se los entrega.

GINECÓLOGO
-Necesita ponerse este guante para evitar la
contaminación del esperma. Procure que todo
caiga dentro.

De un archivero, saca un Playboy y lo pone


frente a Paul.

-Por si necesita inspiración,


El médico sonríe picaro y sale. Aún solo a Paul
parece avergonzarle la situación en la cual se
encuentra. Se baja la bragueta y hojea la revista.

46. INT. RECEPCIÓN URGENCIAS HOSPITAL - NOCHE

Cristina entra al hospital y deprisa camina ha-


cia la recepción. Se planta frente a la mujer
que atiende.

CRISTINA
-Señorita, me avisaron que mi esposo y mis
hijas tuvieron un accidente y me pidieron que
viniera para acá.

RECEPCIONISTA
-¿Cuáles son los nombres de sus familiares?

CRISTINA
-Michael, Katherine y Laura Beck.

Cristina está nerviosa e impaciente. La mujer


teclea en la computadora y mira el monitor
unos instantes. Se vuelve hacia Cristina con
cierto resquemor.

RECEPCIONISTA
-Permítame un momento.

La recepcionista se dirige hacia una oficina


con paredes de vidrio. Punto de vista de Cristi-
na, que la mira llamando por teléfono.
Llegan el padre de Cristina (65), alto, barba
crecida, canoso, rostro ajado y cierto parecido
a ella, y Claudia, su hermana. Al verlos llegar
Cristina abraza a su padre.

PADRE
-¿Qué pasó, hijita?

CRISTINA
-No sé, no me han dicho.

Claudia se acerca a ella y te acaricia el cabello.

CLAUDIA
-Todo va a salir bien, hermanita...

La recepcionista regresa.

RECEPCIONISTA
-En un momento la atiende el doctor Jones,
el subdirector del hospital. Por favor, espérelo
en la sala de espera del cuarto piso.

Cristina la agarra del brazo con cierta violen-


cia.

CRISTINA
-Dígame que le pasó a mi familia.

La mujer la mira, asustada. Señala hacia la


sala de espera.

RECEPCIONISTA
-Por favor, espere al doctor Jones.
Cristina trata de decir algo más, pero su padre
la toma suavemente del codo, y la lleva a la sala
de espera.

47. INT. SALA CASA JACK - NOCHE

Las invitados pululan en la sala. El gordo, ro-


deado de un pequeño grupo, cuenta un chiste
que Marianne escucha recargada en el quicio
de la puerta de la cocina.

GORDO
-¿Saben cuál es la pregunta más importante
para tener sexo seguro? (Pausa) ¿A qué horas
llega tu marido?

Varios sueltan la risotada. Alaríanne ríe discre-


tamente. Se oye un ruido de automóvil y Ma-
rianne voltea hacia la cocina.

48.-INT. COCINA CASA JACK - NOCHE

Trish se asoma por la ventana y ve llegar la


Ford Lobo plateada de Jack.

TRISH
-Ya llegó el rey de Roma.

Marianne se para Junto a Trish y también se


asoma.

MARIANNE
-A ver con qué sale.

Se retira de la ventana, va hacia la estufa y


prende una de las hornillas. Luego pone un
sartén encima del fuego.

-¿Qué hace?

TRISH
-No sé, sigue ahí sentado.

Marianne camina hacia la puerta que da al


exterior. Abre la puerta y sale.

MARIANNE
(A Trish)
-No dejes que se queme el arroz.

49. EXT. CALLE CASA JACK - NOCHE

La camioneta sigue con las luces encendidas.


Matianne toca en la ventanilla. Jack la baja; se
le nota desolado.

MARIANNE
-¿Son las diez de la noche, ¿sbes? ¿Qué pre-
texto vas a inventar? ¿Que había mucho tráfico?
¿O que estabas "evangelizando" cuando todos
los de la congregación te están esperando desde
hace dos horas? Es tu cumpleaños, ¿te acuerdas?

El mantiene la vista sobre el tablero, sin res-


ponder. Marianne se inclina hacia él, molesta.

-¿Qué te pasa? ¿Tomaste?

Jack niega con la cabeza. Marianne se le acerca.


-¿Volviste a tomar?

Jack traga saliva y comienza a hablar en voz


baja.

JACK
-Atropellé a un hombre y dos ninas.

MARIANNE
(Atónita)
-Me estás diciendo mentiras, ¿verdad?

JACK
-Venía vuelto madre para llegar a la cena, di
la vuelta muy rápido y ellos iban a cruzar la ca-
lle y...

A Jack se le hace un nudo en la garganta y no


puede, continuar. Ella camina hacia el cofre.
Está abollado y manchado de sangre.

Con su índice derecho, Marianne toca la san-


gre y se la lleva a los ojos, como si quisiera com-
probar que es de verdad. La palpa con los dedos
y horrorizada voltea a ver a Jack, quien apenas
se distingue en la oscuridad.

50. INT. AUTOMÓVIL PAUL- NOCHE/AMANECER

Jack va manejando nervioso Cada vez que un


trailer o camión pasa junto a él, da un volantazo.

En el asiento trasero va Cristina. En su regazo


lleva recargada la cabeza de Paul, cuyo torso
va cubierto de sangre. Ella le acaricia repetidas
veces la frente.

51.-INT CUARTO DE HOSPITAL - DÍA/TARDE

Paul está sentado, conectado a varios electro-


dos con el torso desnudo.

Rothberg y Dolores están frente a él y, a sacado,


Mary le toma la mano.

ROTHBERG.
-Respira hondo.

Paul obedece. Rothberg mira en un monitor.

-Muy bien, vas muy bien.

Dolores va hacia él y comienza a quitarle los


electrodos, mientras Rothherg apunta algo en
una libreta.

PAUL
-Mi nuevo corazón, ¿de quién era?

Rothberg deja de escribir y se vuelve a verlo.

ROTHBERG.
-Por normas del hospital no puedo decírtelo,
como tampoco le hemos dicho tu nombre a la
familia del donante.

PAUL
-Necesito saberlo, de verdad.
ROTHBERG
-No vale la pena. Ese corazón es el tuyo aho-
ra. Eso es lo único que debe importarte. ¿De
acuerdo?

Mary se vuelve a verlo.

MARY
-¿Ya ves? Es mejor que no sepas.

Paul se vuelve a verla con cierta dureza

52.lNT. SALA DE ESPERA - NOCHE

Cristina, su padre y Claudia aguardan en si-


lencio. El doctor Molina (49), que aún viste pi-
yama quirúrgica y el doctor Jones (60), que vis-
ta bata blanca, pantalón de casimir y corbata,
se acercan acompañados de una enfermera.

En cuanto llegan Cristina se pone de pie.

DOCTOR JONES
-¿Señora Beck?

CRISTINA
(Ansiosa)

-Doctor, ¿qué le pasó a mi familia?

Con un gesto de su mano el médico los invita a


sentarse.

DOCTOR JONES
-Señora, atrepellaron a su esposo y a sus hijas.
A su esposo tuvimos que operarlo de emergencia.

Se vuelve hacia el otro médico.

DOCTOR MOLINA
-Su esposo sufrió fractura múltiple de cráneo
y fue necesario remover varios coágulos cere-
brales. Ahora estamos tratando de estabilizarlo.

A Cristina le golpea la noticia. Toma aira.

CRISTINA
-¿Cómo va a salir?

DOCTOR MOLINA
-Estamos haciendo lo posible.

CRISTINA
-¿Y mis hijas?

Ambos médicos se ven uno al otro. Se hace un


silencio. El doctor Jones mira a Cristina a los
ojos.

DOCTOR JONES
-A su hija mas chica la trajeron aquí con una
hemorragia severa. Si hubiera llegado sólo quin-
ce minutos antes... ella se hubiera...

Al doctor Jones le cuesta trabajo continuar. A


Cristina le comienza a temblar la mandíbula li-
geramente. El doctor Jones parece cobrar valor.

-Lamento informarle que sus dos hijas falle-


cieron en el accidente.
Cristina aprieta los dientes y de pronto se de-
rrumba y comienza a sollozar cubriéndose el
rostro con las manos.

CRISTINA
-No es cierto, no, no...

Su padre no atina si abrazarla o sólo mirarla.

-No, no, no... ¿Dónde están mis hijas?

DOCTOR MOLINA

-Ya se están haciendo cargo de los cuerpos,


las van a llevar a...

El discurso parece fuera de lugar y el médico


calla.

DOCTOR JONES
-Lo sentimos mucho, señora... (Al padre) Te-
nemos que regresar a atender al señor Beck,
con su permiso...

-Los médicos se levantan y se retiran. Con un


gesto le indican a la enfermera que se quede.

-Cristina no para de llorar y se abraza a su her-


mana.

53- INT. SALA CASA JACK - NOCHE

En la sala el gordo se pone a cantar.


GORDO
-Queremos cenar, cenar, cenar...

El resto de los invitados lo secundan, entre ellos


John

TODOS
-Cenar, cenar...

Trish los mira desde la puerta de la cocina y


vuelve su mirada hacia afuera.

54. EXT. CASA JACK - NOCHE

Marianne está parada frente a la camioneta


que sigue con las luces encendidas. Trish los ve
por la ventana y sale.

TRISH
-¿Qué pasó?

Marianne se queda mirando las palomillas que


revolotean alrededor de los faros de la camioneta.

MARIANNE
-Jack atropelló a un hombre y unas niñas.
Cree que los mató.

TRISH
-Ay, Dios, no puede ser.

MARIANNE
-Llama a John sin que nadie se dé cuenta y
encárgate de que todos se vayan.
TRISH
-¿Qué pasó?

MARIANNE
-Tú haz lo que te digo.

55. INT. CAFETERÍA CLUB DEPORTIVO - DÍA/TARDE

Cristina nada flotando boca arriba, con de-


jadez, en la alberca, Paul la observa desde el
ventanal de la cafetería, bebiendo un vaso con
leche.

56. INT. ALBERCA TECHADA - DÍA/TARDE


Cristina sale de la alberca. Toma una toalla y
se seca.

57. INT. CAFETERÍA CLUB DEPORTIVO - DÍA/TARDE


Paul la observa atento.

58- INT. CASETA CADDIES CLUB DE GOLF - DÍA/TARDE


Jack está de pie frente a unos casilleros (vestido
como en la esc. 49 donde llega a confesar que
atropelló) Está sacando su ropa y varios obje-
tos que guarda en una maleta.

El Caddy 1 está sentado en una banca, obser-


vándolo.

CADDY 1
-Si quieres ce consigo una cita en el Club Vis-
ta Real, conozco ai jefe de caddies.

JACK
-No, gracias, cabrón. Yo me las arreglo,
Jack cierra el casillero y se acerca al otro caddy.

-Gracias por todo. Nos estamos viendo

El caddy se pone de pie. Se despiden golpeando


puño con puño.

59. EXT. ESTACIONAMIENTO - DÍA/TARDE

Comienza a atardecer. Varios tordos cruzan rumbo a unos palmares. Jack se


encamina hacia su camioneta.

La abre y avienta su maleta dentro. A lo lejos


Brown lo descubre y se acerca.

BROWN
-Quiubo...

Jack se vuelve a verlo, receloso.

-¿Qué haces aquí?

JACK
-Vine a recoger mis cosas.

Jack se dispone a subir a su camioneta. Brown


da dos pasos y se recarga junio a la porte-
zuela.

BROWN
-Yo no te corrí, Jack. Yo por mí no te corría
nunca...

JACK
-¿Juras por Dios que no tuviste que ver?

BROWN
-No creo en Dios.,.

JACK
-Pues deberías...

Brown se afloja la corbata. Jack sigue viéndolo


con recelo.

BROWN
-Te invito a una cerveza.

JACK
-Ya no tomo.

Brown se ríe y lo palmea en la espalda.

BROWN
-Pues deberías... vamos, hombre, sólo un
par de cervezas. Flace mucho que tú y yo no
platicamos.

Jack no le responde. Lo mira aún con recelo.

-Ándale, vamos, y te llevo a un lugar donde


a la mejor puedo conectarte para una chamba.
¿Cómo ves?

Jack lo piensa unos segundos.

JACK
-Vamos, pues.
60. INT. SALA DE ESPERA HOSPITAL - NOCHE
El doctor Jones llega solo a la sala. Cristina está
sentada en medio de su padre y Claudia, con-
solándose.

DOCTORJONES
-Señora...

Los tres alzan la mirada. El médico se sienta en


un sillón frente, a ellos, quienes lo miran expec-
tante.

DOCTOR JONES
(Extremadamente serio)
-Señora, hicimos todo lo posible por salvar
la vida de su esposo pero se presentó muerte
cerebral y...

Cristina cierra los ojos de dolor.


DOCTOR JONES
-Lo siento mucho...

Toma aire. Parece querer decir algo más y no


atreverse. Cristina no deja de llorar. El médico
parece tomar valor.

-Quisiera pedirle algo y sé que puedo pa-


recerle imprudente, pero tenemos un paciente
muy grave y queremos pedirle que autorice la
donación del corazón de su marido.

PADRE
-¿De qué está hablando?

DOCTOR JONES
-El paciente necesita de urgencia que...

CLAUDIA
(Interrumpiéndolo, enojada)

-¿No podría hablar de esto en otro momento?

DOCTOR JONES
-Me temo que no. Este es el «momento» pre-
ciso en que podemos trasplantar el corazón.

Cristina se separa de su padre y mira al médi-


co con furia.

CRISTINA
-¿De qué chingados habla? Mi marido toda-
vía no se muere y ya piensa destazarlo, ¿quién
se cree?

DOCTOR JONES
-No tengo otra opción, señora... Si no es
ahora el paciente puede morir... (Pausa, expec-
tante) Por favor, se lo ruego...

Ella clava la cabeza en el pecho de su padre y


este, con la mirada, les hace saber a los médi-
cos que él la convence.

61. INT. CUARTO PAUL - NOCHE


Paul y Mary duermen. De pronto se escucha
un sonido agudo e insistente. Ella se despierta,
sobresaltada y enciende la luz

MARY
-Paul, Paul... el beeper...
Paul abre los ojos, somnoliento, sin entender
qué sucede, Mary lo busca desesperada. Alza
unos libros, desdobla unas camisas. Lo loma,
oprime unos botones y lee en la pantalla.

-Paul... Paul... es un aviso del hospital.

Va al teléfono y marca un número. Espera un


momento.

-Señorita, hablo de parte del señor Paul Ri-


vers.

Pasan unos segundos. Mary se ve muy preocu-


pada.

-Sí, señorita, me queda claro. ¿Cuándo tengo


que llevarlo? Sí, entiendo.

Cuelga y se vuelve hacia Paul.

-Vámonos, tienen un corazón.

62. INT. PASILLO HOSPITAL - NOCHE


Unos enfermeros conducen a Paul sobre una
camilla. Mary camina a su lado, apretándole
la mano.

Llegan a la zona de quirófanos. Abren las


puertas y detienen la camilla para que Mary se
despida.

MARY
-Suerte, mi amor.
Se agacha a besarlo. Se separan y ella intenta
una sonrisa.

Los camilleros ingresan a Paul y se cierran las


puertas abatibles. Mary se queda sola en el pa-
sillo. Se da la vuelta y parte.

03. INT. RECEPCIÓN URGENCIAS HOSPITAL -


NOCHE

Se dirige hacia la sala de espera. A unos metros


de ella pasa caminando Cristina, completa-
mente deshecha, tomada del brazo de su padre
y Claudia a un lado,

Mary los mira pasar y va a sentarse al mismo


sillón donde Cristina recibió la noticia fatal.

64. INT. CAFETERÍA CLUB DEPORTIVO - DÍA/TARDE

Cristina está sentada a una mesa bebiendo un


jugo de naranja. Paul (vestido igual como en
la esc. 56, donde la vio salir de la alberca) se le
acerca.

PAUL
-Hola.

Cristina, ensimismada, se vuelve a verlo con


extrañeza.

CRISTINA
(Hosca)
-Hola.
Paul señala su hombro izquierdo.

PAUL
-¿Te duele el hombro?

CRISTINA
-¿Por?

PAUL
-Abres demasiado la brazada y haces pa-
lanca al jalar el agua. Si metes más pegado el
brazo (hace el movimiento) te deslizas mejor.

CRISTINA
(Seca)
-Gracias por el consejo.

Paul señala una silla.

PAUL
-¿Me puedo sentar?

CRISTINA
-Ya casi me voy.

Una mesera llega y pone un sandwich frente a


Cristina.

PAUL
-Mientras te lo acabas, ¿sí?

CRISTINA
-No, quizá para la otra.
PAUL
(Decepcionado)
-Está bien... Nos vemos...

Se da media vuelta, pero a los pocos pasos se re-


gresa.

-¿Sabías que comer sola te puede provocar


grave daño en los ríñones?

Cristina no puede evitar una sonrisa. Paul in-


clina la cabeza en señal de despedida y parte.

65. EXT. CALLE - NOCHE


Michael va caminando con sus hijas (van ves-
tidos exactamente igual que en la esc. 2). Toma
su celular y marca un número.

MICHAEL
-Mi amor, ya vamos para la casa. Si necesitas
que compre algo en el camino llámame al ce-
lular.

Laura descubre un gato blanco a unos metros.

LAURA
-Pa, pa... un gato...

MICHAEL
(Sin dejar el celular)
-Cuidado, mi amor, no lo vayan a tocar...
Laura.

El gato pasa a un lado y las niñas se vuelven a


verlo.
-Bueno, mi amor, te veo en la casa.

Cuelga. Lucio, lava un coche con un par de


cubetas. Michael y sus hijas se cruzan con él.

LUCIO
-Buenas noches, señor Beck.

MICHAEL
-Buenas noches, Lucio... El sábado no se te
olvide ir a lavar mi carro.

LUCIO
-No señor, no se me olvida.

Michael y sus hijas continúan su camino. Lau-


ra se le queda mirando a Lucio, quien le son-
ríe.

66.-INT. PASILLO HOSPITAL - NOCHE


Se abre una puerta. Sale Paul. Va vestido con
una bata de paciente, arrastrando un tripié ro-
dante del cual cuelga un suero que lleva co-
nectado al brazo izquierdo.

Cruza el pasillo silencioso y vacío.

67. INT. ISLA DE ENFERMERAS - CONTINÚA


Llega a una isla de enfermeras, donde ningu-
na atiende. Mira a un lado y hacia el otro. No
hay nadie.

Entra a la isla y abre un archivero. Lo revisa.


Parece no encontrar nada. Lo cierra y abre
otro. Se hedía revisando cuando escucha una
voz de mujer a sus espaldas.

DOLORES
(Off screen)
-Esas son las fichas de los niños que nacie-
ron en el hospital en marzo.

Paul voltea y se topa con Dolores, la enfermera.

-Y en el otro archivero están las fichas de los


que nacieron en agosto.

Paul se queda inmóvil al saberse sorprendido.

-¿Quiere un consejo?
(Pausa)

-No averigüe más. Se va a evitar muchos pro-


blemas, créame.

PAUL
-¿Y si quiero buscarme problemas?

DOLORES
-El que busca la verdad merece el castigo de
encontrarla y tenga por seguro que en este hos-
pital no vamos a decírsela. (Pausa) Ahora vaya-
se a dormir, que necesita descansar.

Paul sale de la isla, un poco avergonzado.

68. INT. CUARTO CRISTINA - NOCHE

Cristina está sola en su cuarto, bebiendo. Una


botella de vodka y un litro de jugo de naranja
están sobre el buró.

Cristina se ve triste y borracha. Toma el teléfo-


no y marca un número.

CRISTINA
-Bueno, ¿se encuentra Ana?

Voz HOMBRE
(Off screen)
-Un momento.

69.-INTERCORTE INT. BAR - NOCHE


En un bar hip, de moda, el barman, que con-
testó el teléfono, le grita a una mujer.

BARMAN
-Ana, Ana... tienes llamada...

Ana (36) llega a contestar. Es una mujer que se


ve rocanroleada, atlética, enfundada en un
pegadito traje de lycra.

ANA
-Bueno... bueno...

70. INTERCORTE INT. CUARTO CRISTINA -


NOCHE
Cristina oye a Ana contestar y, nerviosa, cuelga.

71. INT. SALA CASA JACK - NOCHE


La sala se ve vacía y sucia, con botellas y vasos
de plástico tirados por todo el lugar. Trish reco-
ge el tiradero.
Se escuchan ruidos. Trish va asomarse por la
ventana y ve a John y Marianne llegar en el Va-
liant Duster.

72. EXT. CASA JACK - NOCHE


Marianne desciende del auto. Trish la alcanza.

TRISH
-¿Qué pasó?

Marianne voltea a verla, un poco ida.

MARIANNE
-¿Lograste que se fueran los invitados?

TRISH
-Sí, les dije que tu papá se había puesto en-
fermo y que tú y Jack habían salido a verlo.

MARIANNE
-¿Y Jack?

TRISH
-En el cuarto de los niños.

Marianne camina hacia la casa.

73- INT. CUARTO NIÑOS CASA JACK - NOCHE


Marianne abre la puerta cuidando de no ha-
cer ruido, una luz tenue ilumina la habita-
ción . Jack está sentado en medio de las camas
de sus hijos, observándolos, taciturno.

Marianne se para frente a él. Al sentirla, Jack


alza la cara y la mira a los ojos.

JACK
-¿Fuiste?

Ella asiente. Se agacha y se recarga en sus rodillas.

-¿Se murieron?

Marianne asiente de nuevo. Jack hace una ex-


presión de dolor. Mira a Gina, quien duerme
plácidamente.

-Mañana me entrego a la policía.

MARIANNE
-Dice John que nadie te vio, nadie. No tienen
las placas, ni el modelo del coche. Es más: un
imbécil asegura que los atropelló un taxista.

Jack quita a Marianne de sus rodillas y se pone


de pie.

JACK
-¿Qué harías si le hubiera pasado lo mismo a
nuestros hijos? Dime: ¿qué harías?

Marianne se levanta también y lo encara.

MARIANNE
-No es el caso: no nos pasó a nosotros.

JACK
(Alzando la voz)
-No, no nos pasó a nosotros. Me pasó a mí,
entiende: a mí. Yo vi a esas niñas muriéndose,
Y me fui...

Los niños se remolinean en sus camas, inquie-


tos por las voces. Jack sale del cuarto.

74. INT. SALA CASA JACK - NOCHE


Cruza por la sala ante la mirada atónita de
John y Trish. Entra asu cuarto seguido por Ma-
rianne.

75. INT. CUARTO CASA JACK-NOCHE

MARIANNE
-¿Qué ganas con entregarte?

JACK
-Es mi deber.

MARIANNE
-Tu deber está con nosotros, tu familia.

JACK
-Mi deber es con Dios.

Jack la esquiva y se mete al baño.

MARIANNE
-Jack, por favor.

Ella se recarga en la puerta, desconcertada,

76. INT. COCINA CASA CRISTINA - DÍA/TARDE


Cristina está parada frente al horno. Mete un
pastel y ajusta las perillas. Se ve contenta, rela-
jada.

KATIE
-Mami, ¿ya le pongo los chocolates?

Sentadas en el desayunador están Laura y Ka-


tie preparando un pastel. Sobre la mesa aún se
ven restos de harina regada, cascaras de hue-
vo. Laura bate en un cuenco.

CRISTINA
-Sí, conejita, y luego le revuelves.

Katie vacía unos chocolates dentro de una olla


y empieza a revolverle con una cuchara de
madera. Laura deja a un lado el batidor.

LAURA
-Ya me cansé, mami.

CRISTINA
-A ver, te ayudo.

Cristina se sienta y la niña se sienta en su re-


gazo. Entre ambas toman el batidor y empie-
zan a revolver la masa.

LAURA
-¿A qué horas va a llegar mi papi?

CRISTINA
-No tarda en pasar por ustedes.

Cristina sigue batiendo con Laura, mientras


Katie termina de adornar el pastel.
11. INT. COMEDOR CASA PAUL - DÍA
Un pastel en forma de corazón se encuentra en
el centro de la mesa, El merengue está adorna-
do con la palabra "Bienvenido" en rojo.

Una pala pastelera corta un pedazo. Se abre la


cámara y descubrimos a Paul sentado en la ca-
becera y a Mary cortando el pastel. Varios amigos
lo rodean y algunos niños corretean alrededor.

Mary le sirve un gran trozo a Paul. Este se lleva


un pedazo a la boca.

AMIGO 1
-¿No te prohibieron andar de tragón?

PAUL
(Salpicando migajas de pastel)
-Tengo que recuperar el tiempo perdido, ¿no?

AMIGO 2
-Pero no los kilos, luego te van a tener que
hacer liposucción.

Los invitados ríen. Paul levanta un vaso con agua.

PAUL
-Salud por los que creyeron que no me iba a
morir.

TODOS
-Salud.

Paul abraza a Mary.


PAUL
Salud en este que es el primer día de mi
nueva vida.

TODOS
-Salud.

Chocan sus copas y beben. Al terminar Mary


toca con un cuchillo en su copa.

MARY
-Yo también quiero anunciarles algo.

El resto de los invitados callan. Una mamá de-


tiene a uno de sus hijos que corre a un lado.

-Quiero decirles que... Paul y yo vamos a ser


papás.

Paul la mira, estupefacto. Los demás con sor-


presa. Una amiga se apresura a felicitarla.

AMIGA 1
-Qué guardadito te lo tenías.

MARY
-Bueno, vamos a ser papas, pero no sabe-
mos cuándo. Me voy a operar y luego con inse-
minación artificial vamos a tratar...

AMIGO 1
-¿Con inseminación artificial? (A Paul) ¿Qué,
con el método natural ya no puedes?
Estira su dedo y hace la seña de que va hacia
abajo. Su esposa lo jala del brazo.

ESPOSA
-Alan...

Paul fuerza una sonrisa y voltea a ver a Mary,


irritado.

78. INT. VELATORIO - DÍA


Cristina se halla rodeada de varías personas:
su padre, Claudia, sus suegros, tías, amigos.

En medio de la sala de velación se encuentran


tres ataúdes: uno de adulto y dos blancos, pe-
queños, para, niños.

PADRE
-¿Quieres que te traiga de comer?

CRISTINA
-No tengo hambre.

PADRE
-Necesitas comer algo.

Cristina niega con la cabeza. El padre la toma


de la mano.

-Cuando eras chica y murió tu madre pensé


que no iba a poder sobrevivir, sentía que el
mundo se me caía encima y que nunca iba a po-
der salir adelante, pero la vida sigue, hija...

Cristina lo mira con dureza y lo suelta de la


mano.

CRISTINA
-¿Sabes qué pensé cuando se murió mi
mamá? No entendía por qué podías reírte de
nuevo, por qué podías platicar con los demás,
por qué podías jugar con nosotras. Y no papá,
es mentira, la vida no sigue...

Se levanta molesta para irse a sentara otro lado.

79. INT. BOLICHE - DÍA


El investigador (55), barba de candado, calvo,
se encuentra de pie frente a una línea de boli-
che con una bola. Se encarrera, se desliza y
suelta la bola. Hay dos pinos al final de la due-
la. Sólo tira uno de ellos.

El hombre se voltea y con su puño derecho pega


en la palma de su mano izquierda.

INVESTIGADOR
-¡Carajo!

Va a sentarse. Sus amigos se burlan de él, pero


él no les hace mucho caso. Ve llegar a Paul.

PAUL
-¿Señor Donneaud?

El investigador se levanta a saludarlo.

INVESTIGADOR
-Señor Rivers, muchas gracias por venir, pero
no pude cancelar esta cita.
Señala a sus amigos y suelta una carcajada. Le
da un trago a su cerveza y lo lleva hacia una
pequeña mesa. Se sientan.

-Por favor, siéntese. ¿Cuándo dice que lo


operaron?

PAUL
-El dos de mayo. Me imagino que el hombre
que me donó su corazón murió ese día o el an-
terior.

Uno de sus amigos hace una chuza y se vuelve


a mirarlo, presuntuoso. El investigador levanta
su cerveza y brinda con él. Se vuelve hacia
Paul.

INVESTIGADOR
-Es trabajo duro, amigo. Los hospitales nun-
ca sueltan ese tipo de información, les tienen
pavor a las demandas.

Le da un sorbo a su cerveza y se limpia el bigote.

AMIGO 1
-Te toca.

INVESTIGADOR
-Cambia mi turno, ahorita voy. (A Paul) Le va
a salir en 5000 más viáticos, pero le garantizo la
investigación. Necesito un anticipo de 2.000.

PAUL
-Un poco caro, ¿no?
INVESTIGADOR
-Le voy a investigar hasta que marca de cal-
zones usaba ese hombre.

PAUL
-No traigo dinero, pero le puedo mandar un
cheque a su oficina.

El investigador sonríe y señala a su alrededor.

INVESTIGADOR
-El mundo es mi oficina y esto... (le muestra
un celular) es mi secretaria. Deposítemelos ma-
ñana en esta cuenta.

Saca una pluma, escribe en un papel y se lo da


a Paul, quien lo lee para guardarlo. El investi-
gador bebe de su cerveza.

-Oiga, ¿qué se siente al tener el corazón de


otro?

Paul sopesa su pregunta.

PAUL
-Mejor que algunos con su cerebro propio.

Al investigador le hace gracia la respuesta. In-


clina su cerveza hacia él.

INVESTIGADOR
-Salud.

Paul devuelve el brindis inclinando su cabeza.


80. EXT. CASA JACK- NOCHE

Marianne está frente a la Ford Lobo manchada


de sangre. Debajo de ella se encuentra una cu-
beta con agua.

Saca una jerga majada y empieza a tallar la


sangre con fuerza. Limpia y limpia, hasta que
se deja caer abatida sobre el cofre.

81. INT. COMEDOR CASA PAUL - DÍA/TARDE

Sobre la mesa del comedor se ven restos de pas-


tel y platos sucios. Mary, vestida como en la
esc. 77, se levanta mientras Paul la mira senta-
do en una silla.

MARY
-Yo creo que Louise se está poniendo muy
gorda, ¿no crees?

Paul no contesta. Se limita a verla recoger los


platos.

-Desde que la dejó Robert no para de comer.

Mary apila los platos, voltea y descubre a Paul


mirándola.

-¿O tú la ves bien?

PAUL
-¿Por qué dijiste lo de los hijos?
Mary se sorprende por la pregunta.

MARY
-Quería compartir con ellos nuestros planes.

Paul se para y camina hacia ella.

PAUL
-Tú lo dijiste: "nuestros planes». La gente no
tiene por qué andarse enterando de intimidades.

MARY
-¿Qué tiene? Ellos son nuestros mejores ami-
gos.

PAUL
-Tú y yo ni siquiera lo hemos hablado.

Mary deja de recoger.


MARY
-¿Ah no? Yo creí que ya estaba más que ha-
blado.

PAUL
-Las cosas cambiaron, Mary. Tenemos que
pensarlo mejor.

MARY
Yo no tengo nada que pensar... Yo ya tomé
mi decisión... (Apunta hacia unos vasos) ¿Me
ayudas con los vasos?

Carga los platos apilados y los lleva a la cocina.


Paul la mira entrar y luego empieza a recoger
los vasos.
82. INT. SALA CASA CRISTINA - DÍA/TARDE
En la sala se encuentran Cñstina, Claudia, su
padre y varios familiares más. Se respira un
denso silencio. Más que hablar, las personas cu-
chichean.

Cristina se halla sumida en un sillón, vestida


de negro. Se levanta y va hacia la cocina. Clau-
dia la mira partir con suspicacia.

83. INT. COCINA CASA CRISTINA - DÍA/TARDE

Cristina entra a la cocina. Toma una botella


de tequila que se halla en una mesa junto a bo-
tellas de brandy, refrescos y hielos. Se sirve en
un vaso y bebe.

Claudia entra y se la queda mirando.

CLAUDIA
-Llévatela leve.

Cristina, retadora, apura todo el contenido y


vuelve a servirse ante la mirada de desaproba-
ción de su hermana.

CRISTINA
-Yo sé lo que hago.

Claudia da dos pasos hacia ella y la mira a los ojos.

CLAUDIA
-Cris, nos avisaron que hoy por la mañana se
entregó el culpable. Él mismo llamó a la policía.
Se llama Jack Jordan... (Pausa) Dijeron que ne-
cesitas ir a presentar tu denuncia. Si quieres, te
acompaño.

Cristina se vuelve a verla con una mirada au-


sente.

CRISTINA
-No voy a hacer nada.

CLAUDIA
-El tipo es un ladrón que se ha pasado la mi-
tad de su vida en la cárcel. ¿Vas a dejar que al-
guien como él quede libre?

CRISTINA
-¿Qué quieres que haga? (Pausa) Yo ya no pue-
do más.

CLAUDIA
(Dolida)
-Atropelló a Michael, a tus hijas...

CRISTINA
-Ya por favor... No te metas.

Cristina bebe un trago.

CLAUDIA
-¿Que no me meta? También era mi familia,
eran mis sobrinas, yo tuve que reconocer sus
cadáveres, yo fui las que las vio muertas. Tienes
que hacer algo.

CRISTINA
-¿Para qué? Nada me las va a devolver.

Se le nota abatida, desesperada. Mira a su her-


mana y de golpe apura el resto de la bebida.

84. INT. RESTAURANTE - DÍA


Es un restaurante pretencioso y de mal gus-
to, donde comen algunas familias claseme-
dieras, El investigador está sentado en una
mesa.

Paul lo encuentra cuando está apunto de mor-


der un sandwich. Se levanta al verlo y con un
gesto lo invita a sentarse.

INVESTIGADOR
-¿Cómo le va, amigo?

PAUL
-Bien.

INVESTIGADOR
-¿Quiere un poco?

Le muestra el sandwich y Paul niega con la ca-


beza. El investigador toma su portafolio y saca
un fólder.

-El hombre que le dio su corazón se llamaba


Michael Beck. Tenía 37 años, era arquitecto y
estaba casado.

Saca unas fotocopias del fólder.

-Esta es la autorización que firmó su esposa,


Cristina Williams, para la donación del órgano y
esta es copia del dictamen médico. Aquí tiene el
teléfono y la dirección de la viuda, por si le in-
teresa.

Le extiende los papeles y Paul los revisa.

PAUL
-¿De qué murió Michael Beck?

INVESTIGADOR
-Fue una tragedia. Un tipo llamado Jack Jor-
dan lo atropelló junto con sus dos hijas el dos
de mayo a las ocho y veinte de la noche.

Le extiende un recorte de periódico cuyo titular


dice "Un loco acaba con una familia". Debajo
aparece la foto del cadáver de una de las niñas
cubierto por una sábana.

-Ese Jordan está cabrón. Ha entrado y salido


de la cárcel desde los 16 años. La última vez lo
encerraron porque en un asalto se le fue un tiro
y le pegó a una mujer embarazada que camina-
ba por ahí. La mujer se salvó de milagro, pero él
enloqueció de culpa y se puso a pegar las pare-
des de su celda hasta romperse las manos. Salió
libre apenas hace dos años.

Paul toma el recorte y lo mira. Palidece y co-


mienza a respirar con dificultad. El investiga-
dor se asusta.

-¿Se siente bien?


Paul se lleva la mano al corazón, oprimiéndo-
se, como si quisiera calmar algo dentro de sí.

-¿Quiere agua?

Paul levanta la mano en señal de que se en-


cuentra mejor.

85- EXT. CANCHA DE BASQUET ESCUELA - DÍA

Varios niños y niñas de la edad de Katie y Lau-


ra están parados en fila. Sus rostros son serios y
dolidos.

Algunas mamas se encuentran detrás del sa-


lón. En medio se hallan Claudia y Cristina, am-
bas vestidas de negro y con lentes oscuros.

Una fotografía de Katie y otra de Laura se en-


cuentran al frente sobre un escritorio.

Un sacerdote (50), cabello cano, lentes, vestido


con traje oscuro, habla frente al grupo.

SACERDOTE
-Katie y Laura se han ido y es difícil explicar-
nos por qué. ¿Por qué dos niñas tan lindas tu-
vieron que irse tan pronto? Y nos enojamos con
Dios y con toda la razón. Yo mismo estoy eno-
jado con él, porque nos las arrebató así. Pero
debemos de confiar en que ahora ellas están a
su lado, que él las llamó para llenarlas del amor
infinito que sólo él puede darles...

Claudia llora quedamente. Algunas mamas


también. Cristina, sin llorar, se mantiene im-
perturbable.

86. EXT. AULA PATIO - DÍA

Claudia y Cristina están en medio de un pa-


tio. Algunas mamas se acercan a darle el pé-
same.

MAMÁ 1
-Cristina, lo siento mucho.

Abraza a Cristina. Otra mujer llega a abra-


zarla.

MAMÁ 2
-Lo que se te ofrezca, cuenta conmigo.

Los niños se retiran enfila hacia sus salones,


Cristina le susurra a Claudia en el oído.

CRISTINA
-No tardo.

87.-INT. BAÑO ESCUELA - DÍA

Cristina está parada frente al espejo del baño.


Se quita los lentes oscuros y se contempla un
rato. Abre su bolsa, saca una bolsita con cocaí-
na y con la tapa de un bolígrafo toma una
poca y la aspira.

Vuelve a mirarse en el espejo. Detrás de ella


descubre a una niñita de cinco años que la ob-
serva en silencio.
Cristina se vuelve hacia ella. Cruzan miradas
unos segundos sin decirse nada.

Una maestra con delantal se asoma por la


puerta.

MAESTRA
(A la niña)
-Tracy, apúrale, que ya van a cerrar la puerta.

La niña toma de la mano a su maestra y sale


sin dejar de cruzar su mirada con la de Cris-
tina.

88. INT. COCINA CASA PAUL - NOCHE

Paul entra a la cocina y enciende la luz. Va


hacia el refrigerador, saca un litro de leche y se
sirve en un vaso.

Mary entra y se recarga en la pared.

MARY
-¿Podrías llegar a saludar?

Paul se vuelve a verla.

PAUL
-Perdón, creía que estabas dormida.

Se acerca y la besa en la mejilla. Ella recibe el


beso fríamente.

MARY
-Son las once de la noche, Paul. ¿Puedo sa-
ber qué hiciste hoy?

PAUL
-Cosas, dar la vuelta...

MARY
-Me tenías preocupada. El doctor dijo que te
la llevaras leve. No sabía si te había pasado
algo.

PAUL
-Estoy bien, no pasa nada.

Da un trago a su leche y de su bolsa saca una


fotocopia doblada en cuatro. La extiende sobre
el lavabo.

-Ya sé de quién era el corazón. Era un arqui-


tecto...

Mary mueve la cabeza en desaprobación.

MARY
-¿Qué ganaste con investigarlo?

JACK
-Dejó una viuda...

MARY
-¿Para qué te metes en esos rollos?

PAUL
-Necesito saber quién soy ahora.
MARY
-No creo que ese sea el camino.

PAUL
-¿Entonces cómo?

MARY
-Que lo busques conmigo. Que veamos jun-
tos para adelante, no para atrás.

Se quedan callados un largo rato.

-Te recuerdo que mañana a las once tene-


mos cita con el ginecólogo...

Da media vuelta y se va. Paul la mira partir be-


biendo su leche.

89- EXT. BAR - NOCHE

Jack y Brown salen del bar, Se quedan parados


en la banqueta. Broum se ve ligeramente ebrio,
Jack no.

BROWN
-Pinche Jack, es tu cumpleaños y ni siquiera
te tomaste una cerveza conmigo. Nunca hay
que confiar en alguien que no toma.

JACK
-Y nunca hay que confiar en los pendejos
que dicen esas mariconadas. (Pausa) Te invito
a mi casa, tengo fiesta.
BROWN
-No, pinche fiesta, han de ser puros aburri-
dos como tú.

JACK
-Vieras que no.

BROWN
-Nel, yo paso.

Jack ve el reloj en la muñeca de Brown, lo vol-


tea para ver la hora.

JACK
-Puta, es tardísimo, me tengo que ir ya. Nos
vemos...

BROWN
-Te llamo después para lo de la chamba.

JACK
-Oye, Brown, deberías.

BROWN
-Sí, debería.

Se despiden pegándose puño con puño y Jack


camina deprisa hacia su camioneta.

90. EXT. DESIERTO - DÍA


Paul camina deprisa como un autómata por
una vereda. Lleva un revólver en las manos (el
mismo de la esc. 12 en la que habla con Cristi-
na en la alherca vacía).
Se detiene en la orilla de la carretera. Guarda
el revólver en su cintura y se apoya en el tron-
co de un mezquite. Se le ve mal: pálido, tem-
bloroso.

Toma aire y con dificultades prosigue su ca-


mino.

91. INT. CONSULTORIO - DÍA


Mary y Paul están sentados frente al ginecólo-
go. Paul se ve completamente recuperado.

GINECÓLOGO
(A Mary)
-¿Podría usted operarse el lunes?

Mary voltea a ver a Paul, quien aprueba con la


cabeza.

MARY
-Sí.

PAUL
-¿Qué porcentaje real hay de que Mary se
embarace?

GINECÓLOGO
-No puedo arriesgar una cifra. Fue demasia-
do el daño provocado por el aborto anterior. Lo
practicaron sin higiene y eso...

PAUL
-¿Qué aborto?

Paul suelta la mano de Mary y se vuelve a ver-


la, turbado. Mary ve con ojos de pistola al mé-
dico.

92. INT. PASILLOS CONSULTORIOS - DÍA


Paul está furioso parado frente a los elevado-
res. Oprime el botón de "baja", Mary se halla
detrás de él.

MARY
-Te puedo explicar.

PAUL
-¿Explicar qué?

MARY

-H-a-y u-n-a e-x-p-1-i-c-a-c-i-ó-n.

PAUL
-¿Para qué hiciste todo el numerito de la in-
seminación artificial, de las fotos de bebés de
nuestros amigos por todos lados, de los jugue-
tes, del cuarto de los niños, de los nombres que
podríamos ponerles? ¿Para que? ¿Para tirarlos
por el excusado? (Pausa) Hace mucho tiempo
que tú y yo no tenemos nada que ver.

MARY
-¿Ah sí? ¿Y por qué no me dijiste eso cuando
estabas enfermo? ¿Eh? ¿O esperabas que alguna
de tus noviecitas viniera a cuidarte?

PAUL
-Tú regresaste porque quisiste, no me lo
eches en cara ahora.
MARY
-Regresé a cuidarte porque te amo.

PAUL
-¿O porque te estabas quedando sola?

Esto parece humillar seriamente a Mary. Las


lágrimas se le agolpan en los ojos y baja la mi-
rada.

-Perdón.

Se abre un elevador vacío, pero Paul no entra. Se


cierra y ellos se quedan ahí parados.

-Mary, lo nuestro ya no daba para más. Esto


del hijo, de la inseminación, no son más que
parches para algo que ya está acabado.

MARY
-No está acabado si le echamos ganas y te-
nemos un hijo.

Paul la mira a los ojos.

PAUL
-Cuando pudimos no quisiste tenerlo. Ya ol-
vídalo.

MARY
-Estábamos separados. ¡Carajo! Ahora es dis-
tinto.

PAUL
-Sí, sí es distinto, por eso.

Una pareja sale de un consultorio, pasa detrás de


ellos, los miran discutir y van hacia los elevadores.

MARY
-Sólo sabes pensar en ti.

PAUL
-Sí. Y ahora más que nunca.

Se abre un elevador. Mary entra y él se queda


afuera.

93- INT. PASILLO CASA CRISTINA - DÍA/TARDE


Cristina está parada frente a la puerta del
cuarto de sus hijas (el mismo de la esc. 41). Se
dispone a entrar y no puede. Se queda aga-
rrando la manija.

No abre la puerta. Se recarga en ella y respira


hondo unos segundos. Traga saliva y se va de
ahí.

94. INT. PASILLO CÁRCEL - DÍA


John recorre un pasillo escoliado por dos cela-
dores. Un reo se le acerca y hace una ligera re-
verencia. John devuelve el gesto tomándolo de
los hombros.

JOHN
-Hace rato que no hablamos, ¿eh? Te veo ma-
ñana a las once.

REO
-Sí, reverendo.

John continúa su camino y llega hasta la celda


de Jack. John entra y lo encuentra acostado so-
bre la cama, inmóvil, con los ojos abiertos mi-
rando el techo.

95. INT. CELDA JACK - DÍA


Al oírlo entrar, Jack se vuelve a mirarlo. Débil,
se incorpora y se sienta sobre el catre.

JOHN
-¿Cómo estás?

Jack no le responde. John se sienta junto a él.

-Me dijeron que no quieres comer.

Jack clava su mirada en el piso.

-Jack, Cristo no vino a quitarnos el dolor,


sino a darnos fuerzas para soportarlo.

JACK
-Cristo quiso este dolor para mí.

JOHN
-Él no tuvo que ver, fue un accidente.

Jack levanta la cabeza y lo mira a los ojos.

JACK
-No, no fue un accidente. Cristo me eligió
para esto...
John se pone de pie y se recarga contra una
pared.

JOHN
-Pídele a Cristo que te tenga misericordia.

JACK
-Si fue un accidente, ¿por qué tengo que pe-
dirle su misericordia? (Pausa) "Tendré misericor-
dia de quien yo quiera tenerla, y me apiadaré de
quien yo quiera apiadarme." Romanos 9,15.

JOHN
-Es un pecado tu soberbia...

Jack comienza a perorar desenfrenadamente.

JACK
-"Los cobardes y los incrédulos, los abomina-
bles y homicidas, los fornicarios y los hechice-
ros, los...

JOHN
-Escúchame Jack, escúchame...

JACK
-... idólatras y todos los mentirosos...

JOHN
-Cristo vino a salvarnos, no a condenarnos...

JACK
-... tendrán su parte en el lago que arde con
fuego y azufre." Apocalipsis 21,8.
John le señala el tatuaje de "Cristo te ama" en
su antebrazo.

JOHN
-Cristo-te-ama, pero también sabe castigar a
los soberbios como tú.

JACK
-"Yo reprendo y castigo a los que amo." Apo-
calipsis 3,19.

Se quedan en silencio unos momentos.

-Cristo me traicionó...

JOHN
-Deja de decir chingaderas o te vas a ir al in-
fierno.

JACK
-Este es el infierno, e.ste...

JOHN
-Estás condenando tu alma, cállate ya y pí-
dele perdón a Cristo.

JACK
-Hice todo lo que él me pidió, cambié, le en-
tregué mi vida y me traicionó..,

John parece ofenderse gravemente. Sus ojos se


encienden y apenas puede contener la rabia.
Pero Jack le sostiene la mirada, con ojos aún
más llameantes.
-Él puso esa camioneta en mis manos para
cumplir su puta voluntad. Él hizo que matara a
esas niñas y no me dio fuerzas para quedarme y
salvarlas.

John lo encara, enojado, perdiendo el control.

JOHN
-No blasfemes, cabrón. Cristo no tuvo nada
que ver...

JACK
-Ni un solo cabello se mueve en tu cabeza
sin que Dios lo sepa... (Le apunta con su índi-
ce) Y eso me lo enseñaste tú...

John queda desarmado. Jack se sienta en el ca-


tre y ya no le hace caso.

96. EXT. CALLE BAR - NOCHE

El auto de Cristina se detiene frente a un bar.


Un valet se acerca a ella, le abre la puerta y le
entrega una contraseña. Cristina se dirige al
bar.

El carro de Paul llega también frente al bar.


Baja y otro valet le entrega una contraseña.

97. INT. BAR - NOCHE

Es el mismo bar de la esc. 69. Está lleno, con


clientela que raya entre los 27 o 28 años. Cris-
tina, esquivándolos, llega a la barra y llama
un cantinero.
CRISTINA
-Dame un Absolut solo, por favor.

El cantinero se lo sirve. Ella se lo toma de un


trago y con un gesto de su mano le pide que le
vuelva a servir. El cantinero obedece y se lo
llena.

-¿Sabes dónde está Ana?

El cantinero señala unas mesas al fondo.

CANTINERO
-Allá la encuentras.

98. PUNTO DE VISTA BAR - CONTINUA


Desde el fondo del bar, Paul ve cómo Cristina
va hacia una mesa, en la cual está Ana con
otras personas. Al verla llegar, Ana se para y la
abraza con gusto. Hablan de algo que Paul no
escucha.

Ana toma del brazo a Cristina y la impele a se-


guirla.

99. INT. BAÑO MUJERES BAR - NOCHE


Ana y Cristina entran. Una muchacha está
arreglándose frente al espejo. Ana se le queda
mirando, desafiante. La muchacha se apresu-
ra y sale.
Ana cierra con seguro y se voltea a ver a Cristina.

ANA
-Mi Cristi, mi Cristi, la desaparecida Cristi, no
lo puedo creer. Como en los viejos tiempos,
¿verdad?

Cristina asiente con una sonrisa maquinal.


Ana se impulsa para sentarse sobre el lavabo y
pone su bolsa a un lado.

-¿Qué fue de ti? ¿Por fin te casaste con el


bombón que trajiste aquella vez?

CRISTINA
-Sí.

ANA
-¿Y salió bueno para el acostón?

Cristina no contesta, se limita a tragar saliva.


Ana la mira, risueña.

-¡Ay! Hombres, hombres... Cómo nos hacen


sufrir...

Se sonríe y abre su bolsa.

-Viniste en el mejor momento, tengo dulces


de todos los sabores y colores.

De su bolsa saca un surtido de drogas que co-


loca en hilera sobre el lavabo. Alguien toca a la
puerta.

-Está ocupado.

Dejan de tocar y Ana señala cada bolsita.


-Polvos mágicos, speedies González, mota
orgánica de Kentucky y lo nuevo de lo nuevo:
R-2.

Ana saca una bolsita con unas pastillas y se


baja del lavabo.

-Esto está de moda, te van a poner de poca ma-


dre. Con dos que te tomes te vas directa al cielo.

Cristina examina escéptica las pastillas.

CRISTINA
-No me gusta meterme químicos.

ANA
-Cristi, tú no eres así. ¿O qué? ¿Ya te ablan-
daste? Pruébalas ahorita, por cuenta de la casa y
si no te gusta no te lo llevas. ¿Va?

Cristina toma dos pastillas, mira a Ana y coge


otras dos. Se toma las cuatro pastillas y se las
pasa con agua de la llave. Ana levanta las
cejas.

-Esa es mi Cristi. Nomás ponte buza con el


chupe, ¿en? No te me vayas a quedar del otro
lado del cielo.

Cristina la mira despectivamente. Toma la bol-


sita de cocaína y un puño de pastillas y las
guarda en su bolsa.

100. INT. BAÑOS CÁRCEL - NOCHE


Los baños están decorados con azulejo verde y
blanco percudido. Hay una fila de regaderas
sin separadores. Un reo gordo, con un tatuaje
de águila en la espalda, se ducha bajo una
nube de vapor.

Jack está sentado descalzo sobre una ban-


ca frente a las regaderas. Viste camiseta blanca
sin mangas y el pantalón del uniforme de pri-
sión. Mira taciturno el agua que escurre hacia
la coladera.

El reo termina de bañarse y comienza a secar-


se. Mira a Jack, quien sigue inmóvil.

REO
-Apúrale, que a las ocho pasan lista.

Jack no le hace caso. El reo se cubre con la toa-


lla y camina hacia los vestidores. Jack lo mira
partir. Se pone de pie y jala una banca hacia la
fila de regaderas.

Se para sobre la banca, anuda una manga de


su camisa al tubo de la regadera y luego la otra
a su cuello. Suspira, patea la banca y queda
balanceándose bajo la regadera.

Su cuerpo comienza a desguanzarse cuando


de pronto el tubo se rompe. Jack cae de sentón.

El otro reo, al escuchar el ruido, entra rápida-


mente al baño. Encuentra a Jack tirado sobre las
baldosas, mojándose con el agua que brota del
tubo roto y con la camisa amarrada al cuello.
Al descubrir al gordo que lo mira consternado,
Jack empieza a reírse solo.

101. EXT. BAR - NOCHE

Cristina sale del bar con un vaso en la mano.


Se le ve muy pasada y muy borracha. Tamba-
leándose llega al puesto de los valet parking y
entrega su boleto.

Se para sobre la banqueta a esperar su auto,


Paul sale y la observa a unos metros de dis-
tancia.

Un valet llega con el auto y le abre la puerta.


Ella se dispone a subir y el valet la detiene de
un brazo y le señala el vaso que lleva en la
mano.

VALET
-Señorita, no puede llevarse el vaso...

CRISTINA
-Quítate...

VALET
-Señorita, usted no puede manejar en esas
condiciones.

CRISTINA
-¿A ti qué te importa, idiota?

Cristina lo empuja y se sube. Cierra con unpor-


tazo. Mete el acelerador y arranca. El valet se
quita para no ser arrollado.

El carro de Cristina avanza veinte metros y va


a subirse contra la banqueta. Los valets y Paul
corren hacia ella.

La encuentran recargada sobre el volante, mal-


diciendo en voz baja. Un valet mete la mano
por la ventana abierta y abre la puerta. Cristi-
na se vuelve hacia él, furiosa.

-Quítate, animal...
Suelta un golpe que el valet esquiva. Paul se in-
terpone.

PAUL
(Al valet)
-Permíteme... (A Cristina)Cristina, si quieres
yo te llevo a tu casa.

Cristina se le queda mirando con ojos vi-


driosos.

CRISTINA
-¿Tú quién chingados eres?

PAUL
-Tu amigo del club.

Varios valets rodean el auto.

CRISTINA
-Diles a estos pendejos que se larguen.

Paul les pide con una seña de su mano que se


retiren. Poco a poco los valets se alejan.

PAUL
-No puedes manejar así.

CRISTINA
-¿A ti qué te importa?

Una patrulla cruza la siguiente cuadra y él se


la señala.

PAUL
Te van a arrestar, Cristina. Déjame mane-
jar... por favor.

Cristina ve pasar la patrulla y suspira. Mira a


su alrededor: hay curiosos y valets examinán-
dola. Está demasiado pasada y borracha como
para protestar y dócilmente se corre hacia el
asiento del copiloto.

102. INT. COCHE DE CRISTINA - MOMENTOS


DESPUÉS

Paul maneja. Ella va dormida profundamente


a su lado.

Llegan a casa de Cristina. Paul busca en la vi-


sera el control de la puerta eléctrica. L,o oprime
y la puerta se abre. Mete el auto.

103- INT. AUTOMÓVIL/GARAJE - NOCHE


Paul apaga el auto. Cristina no se despierta. Paul
hace hacia atrás el asiento del copilotoy la deja
semiacostada. Se quita su chamarra verde olivo,
la hace bolita y se la pone en la cabeza como
almohada.

La contempla unos segundos y le hace una pe-


queña caricia en la frente. Luego quita las lla-
ves del encendido y las esconde bajo el tapete.
Oprime el control de la puerta.

104. EXT. GARAJE - NOCHE


La puerta eléctrica comienza a cerrarse. Paul
corre para salir y la puerta se cierra.

105. INT. CUARTO CÁRCEL - DÍA


Marianne está sentada en un cuarto con una
mesa y tres sillas, iluminado por un polvorien-
to foco pelón de 60 watts. Es un lugar sin ven-
tanas, oscuro, frío.

Llega Jack escoltado por dos custodios y se sienta


frente a ella. Los custodios se retiran a la puerta.

MARIANNE
-¿Cómo estás?

Jack se encoge de hombros.

JACK
-¿Y los niños?

MARIANNE
-No dejan de preguntar por ti. (Pausa) Les
dije que habías salido de viaje.

JACK
-¿Por qué no les dijiste la verdad?
MARIANNE
-¿Para?

JACK
-Mentir es pecado, Marianne.

Se quedan callados unos segundos. Marianne,


nerviosa, se moja los labios antes de continuar.

MARIANNE
-Vendí la camioneta para poder pagarle al
abogado.

JACK
-Yo no le pedí ningún abogado.

Marianne resopla, exasperada. Abre su bolsa,


saca las calificaciones de sus hijos y las coloca
sobre la mesa.

MARIANNE
-Son las calificaciones de los niños. A Gina le
fue muy bien, pero Freddy reprobó en con-
ducta. (Pausa) Los niños te necesitan. Yo te ne-
cesito.

JACK
-No debo salir de aquí.

MARIANNE
-¿Quieres que tus hijos pasen otros cinco
años sin ti? ¿Eso quieres?

JACK
-Dios así lo dispuso.

MARIANNE
-Hace cuatro años no creías en nada y ahora
todo tiene que ver con Dios.

Jack le clava la mirada. Ella no se intimida,


Te prefería como eras antes.

JACK
-¿Antes? Antes era un hijo de puta. ¿Ese es el
que prefieres?

MARIANNE
-Al menos ese eras tú, ahora no tengo ni la
más puta idea de quién eres.

Marianne se levanta y se encamina hacia la


puerta. Antes de salir se da media vuelta.

-La vida tiene que seguir Jack, con o sin


Dios...

Sale entre los dos policías que custodian la puerta.


Jack se acoda sobre la mesa y se soba la cabeza.

100. EXT. PASILLO MOTEL CARRETERA -


DÍA/AMANECER
Cristina, vestida con shorts y una camiseta ne-
gra, está recargada sobre el barandal del pasi-
llo. A lo lejos se ven las luces de los autos que
pasan por la carretera. Está a punto de ama-
necer.

Ella bebe largos tragos de una botella de tequi-


la. Saca una bolsita de plástico, la abre: hay
varias pastillas de R-2. Toma cuatro y se las
pasa con un trago. Y se da la vuelta para en-
trar al cuarto.

107. INT. CUARTO MOTEL CARRETERA -


DÍA/AMANECER - CONTINUO
Cristina se sienta sobre la cama. Mira a Paul
dormido y le acaricia la frente con ternura. Da
un último trago a la botella de tequila. La deja
sobre el buró casi vacía, se acuesta y cierra los
ojos.

108. EXT. CALLE - DÍA


Un Malibú 93 se encuentra estacionado sobre
una calle en un barrio de clase baja. Paul lle-
ga en su auto y se estaciona detrás.

Desciende del auto. Abre la puerta del Malibú y


entra.

109. INT. MALIBÚ - DÍA


Dentro del Malibú se encuentra el investigador.

INVESTIGADOR
-Quiubo.

PAUL
-Quiubo. ¿Consiguió lo que le pedí?
El investigador extrae de su saco un papel do-
blado en dos.

INVESTIGADOR
-Jordan vive en un motel de paso perdido en el
medio de la nada. Al parecer un compa suyo
de la cárcel es de por allá. Ahí viene el teléfono
del motel y su ubicación.

PAUL
-Lo encontró en chinga, ¿en?

INVESTIGADOR
-Pan comido, amigo. Sólo cosa de checar las
llamadas.

Le muestra un recibo telefónico donde viene


subrayado en amarillo un teléfono. Saca unas
fotografías de ficha policial de Jack y se las
muestra.

Estas son fotos de Jordan, son recientes, de


ahora que estuvo en la cárcel.

Paul las examina y las guarda.

PAUL
-¿Y de lo otro?

El investigador mira hacia ambos lados de la


calle. Abre la guantera y saca un trapo rojo
que envuelve un objeto.

Lo pone sobre el asiento y lo extiende. Dentro


viene un revolver Smith & Wesson calibre 38 (el
mismo de la esc. 12 en que Paul le muestra a
Cristina los casquillos percutidos) y ocho balas
doradas.

INVESTIGADOR
-Es una pistola limpia, sin registro.
Paul trata de abrir el cilindro pero no puede. El
investigador le pide la pistola con un gesto de la
mano. Hábilmente abre el cilindro y coloca las
balas dentro.

Cierra el cilindro y deja la pistola cargada.

-Para disparar no tiene más que amartillarla.

l.e muestra el modo en que debe hacerlo, luego


la desamartilla y le devuelve la pistola cargada.

-Listo... ¿Es para matar al tipo este?

PAUL
-No, es nomás por las dudas.

INVESTIGADOR
-Si lo mata no diga que yo se la vendí.

Paul saca un sobre y se lo da al investigador.


Este lo abre, cuenta el dinero y se lo guarda en
la bolsa del saco.

-Quedamos entonces.

Paul esconde el arma entre sus ropas y baja del


auto.

110. INT. SATA DE REHABILITACIÓN - DÍA


Cristina se encuentra en una sesión de rehabi-
litación. El grupo escucha a una mujer (48),
flaca y desagradable, que habla emocionada,
al borde del llanto.
FLACA
-Fueron meses terribles. Mi esposo ya ni si-
quiera me tocaba. Y yo me sentía sola y fea y
donde mejor me sentía era cuando iba a fiestas
y podía tomar y hacer chistes y divertirme...

Cristina la escucha con fastidio. Se nota incó-


moda,

-Y no me importaba que mi esposo se enoja-


ra, porque él tenía sus rollos y yo los míos y en-
tonces conocí a...

Cristina mira ausente hacia ambos lados y sú-


bitamente se detiene. Camina hacia la puerta y
sale.

111. INT. SALA CASA JACK - DÍA


Marianne camina por la sala con una jaula
con un hámster dentro. Detrás de ella la sigue
Freddy, quien va encorajinado y Gina, que se
ve enferma, moqueando y con los ojos llo-
rosos.

FREDDY
-Mami, no lo regales...

MARIANNE
-Su pelo le hace daño a tu hermana. ¿No ves
cómo está?

FREDDY
-Sí, pero no lo regales.
GINA
-Sí, ma, no lo regales.

Marianne se voltea hacia Gina, como no cre-


yendo lo que dice. Camina hacia la puerta que
da al patio trasero, la abre y sale. Sus hijos la
siguen de cerca.

112. EXT. PATIO TRASERO CASA JAC.K - DÍA


Marianne, decidida lleva el hámster fuera.

FREDDY
-Si quieres lo rasuramos para que no tenga
pelo.

Marianne se voltea hacia él, con un dejo de


sonrisa.

MARIANNE
-Corazón, no... entiende... les voy a comprar
una rana a cada uno... ¿OK?

GINA
-Me dan miedo las ranas...

MARIANNE
-Bueno, una tortuga...

FREDDY
(Molesto)
-Tú no quieres al hámster porque nos lo re-
galó mi papá y tú ya no quieres a mi papá por-
que se fue.

Marianne, consternada, se vuelve hacia Freddy.


MARIANNE
-Deja de decir estupideces.

Avienta la jaula con el hámster y se mete a la


casa. Sus hijos, pasmados, la siguen corriendo.

113- INT. VESTÍBULO CLUB DEPORTIVO -


DÍA/TARDE
Llueve torrencialmente en la calle. Cristina,
que viste pants, tenis y carga una maleta de-
portiva, está parada en la puerta del club y sale
de vez en vez a mirar la calle, encontrándose
con un tránsito del demonio.

Toma su celular y marca un número.

CRISTINA
-Señorita, hace una hora que llamé pidién-
doles un taxi... Sí... San Vicente 46, por favor.

Cuelga molesta.

PAUL
(Off screen)
-Hola.

Cristina voltea y se topa con Paul, quien, fu-


mando, le sonríe con confianza, como si se co-
nocieran de antes. Cristina se le queda miran-
do, como si quisiera reconocerlo.

CRISTINA
-Hola.
Paul señala el cielo plomizo.

PAUL
-No creo que vaya a dejar de llover. (Pausa)
¿Traes carro?

CRISTINA
-No, pero no tarda mi taxi.

Lo que dice parece absurdo. Ningún auto


avanza entre el tránsito desquiciado y el tre-
mendo chaparrón.

PAUL
Si quieres, te puedo llevar a tu casa.

Cristina lo observa, dubitativa. Se asoma a la


calle con la esperanza de que llegue el taxi por
ella. Sólo halla carros avanzando con exaspe-
rante lentitud.

CRISTINA
-No, gracias.

Vuelve a asomarse. Paul se para junto a ella.

PAUL
-Yo fui el que te llevó a tu casa la semana pa-
sada. Yo manejé tu carro.

Cristina se azora un poco. Lo mira de hito en


hito, para terminar de reconocerlo.

CRISTINA
(Un poco avergonzada)
-Perdón, pero no me acuerdo de nada.

PAUL
-Te dejé mi chamarra...

Cristina y él se quedan mirando, hasta que ella


baja la mirada.

CRISTINA
-Sí, qué pena. Mañana te la traigo...

PAUL
-De verdad, te puedo llevar.

CRISTINA
-No, gracias, no tarda mi taxi.

Vuelve a estirar su cabeza para asomarse. De


pronto Paul se arranca a perorar.

PAUL
-Fui boy scout de niño, estuve en el cuadro
de honor en la secundaria y gané el segundo
lugar en un concurso de música en la prepara-
toria. A los quince años compré mi primer Play-
boy. He fumado veinte cigarros de mota y me
he peleado en la calle nueve veces, de las cua-
les sólo perdí dos. Creía en Santa Claus de niño.
Ya no creo, pero mantengo la esperanza de que
algún día me vuelva a traer regalos. Me llamo
Paul Rivers, tengo 41 años y soy maestro uni-
versitario en matemáticas avanzadas. Sé que de
niña te enseñaron a no aceptar favores de ex-
traños, pero ahora sabes de mí lo que casi nadie
sabe. Por lo tanto, ya no soy un extraño. ¿Te
puedo llevar a tu casa?

Cristina queda entre divertida y aturdida por


la súbita alocución de Paul, quien la mira es-
perando una respuesta.

114. INT. AUTOMÓVIL - DÍA/TARDE


Suben al automóvil, empapados. Cristina se sa-
cude el cabello y pone su maleta en el piso del
asiento trasero. Ella mira el cenicero: está lleno
de colillas y abre la ventana. Paul le extiende
la mano.

PAUL
-Me presento de nuevo: soy Paul Rivers.

Cristina se la estrecha.

CRISTINA
-Cristina Beck.

PAUL
-Mucho gusto, Cristina Beck.

Paul arranca. Cristina comienza a relajarse.

115. EXT. MOTEL DE CARRETERA - DÍA/ATARDECER


El camión que recoge a los pizcadores se orilla
junto al motel de paso. De un brinco Jack salta
la puerta de la caja y cae al piso. Da dos golpes
y el camión parte.

Jack cansado y sucio, ve alejarse al camión y se


dirige hacia el motel.
116. EXT. PASILLO MOTEL DE CARRETERA -
DÍA/ATARDECER

Jack recorre los pasillos del motel. Se abre la


puerta de un cuarto y sale Paul. Se topan fren-
te afrente. Cruzan miradas y Paul se turba.

JACK
-Buenas tardes.

Jack continúa su camino y Paul lo mira hasta


que entra a su cuarto, cinco habitaciones más
allá.

117. EXT. CASA CRISTINA - DÍA/ATARDECER


Paul estaciona el auto frente a casa de Cristi-
na. Aún chispea un poco y no tarda en ano-
checer.

118. INT. AUTOMÓVIL PAUL - DÍA/ATARDECER

CRISTINA
-Gracias.

PAUL
-De nada.

De la guantera Paul saca papel y pluma y ano-


ta un número.

-Este es el número de mi celular, por si acaso.

Ella guarda el papel en el bolsillo de sus pants.


Toma su maleta del asiento trasero y cuando se
dispone a bajar Paul la detiene del codo.
-Te invito a comer mañana.

Ella mira la mano de Paul y él la suelta.

CRISTINA
-¿Para?

La pregunta saca de balance a Paul, pero res-


ponde rápido.

PAUL
-Para que no te vayan a doler los riñones por
comer sola.

Cristina sonríe: hay algo en ese hombre que la


desarma.

-¿Está bien Lawrence mañana a las dos? Que-


da cerca de aquí.

CRISTINA
-OK, nos vemos.

Cristina baja y cierra la puerta.

119- INT. CARRO PAUL - DÍA/ANOCHECER


Paul va manejando, Se pone el alto. De pronto
un dolor le hace llevarse la mano al corazón.
Respira con dificultad. Abre la portezuela y
apenas le da tiempo de vomitar.

Se enciende el "siga". Los automóviles de atrás le


tocan el claxon. Paul termina de vomitar. Cie-
rra la puerta y pone las manos sobre el volante.
El conductor de atrás está furioso, pitando,
Paul mete velocidad y arranca.

120. EXT. CALLE - NOCHE (CONT. ESC. 65)


Laura descubre un gato blanco a unos metros.

LAURA
-Pa, pa... un gato...

Las dos niñas se acercan a él.

MICHAEL
-Cuidado, mi amor, no lo vayan a tocar...
Laura, déjalo...

El gato pasa a un lado y las niñas se vuelven a


verlo.

-Bueno, mi amor, te veo en la casa.

Cuelga. Lucio lava un coche con un par de cu-


betas. Michael y sus hijas se cruzan con él.

LUCIO
-Buenas noches, señor Beck.

MlCHAEL
-Buenas noches, Lucio... El sábado no se te
vaya olvidar ir lavar mi carro...

LUCIO
-No, señor, no se me olvida...

Michael y las niñas continúan su camino. Lau-


ra se le queda mirando a Lucio, quien le sonríe.

Michaely las niñas se alejan y Lucio continúa


lavando el carro. De pronto una Ford Lobo pla-
teada cruza la calle a gran velocidad. Lucio la
mira y luego prosigue su trabajo.

Se escucha un rechinido de frenos y un fuerte


golpe. Lucio alza la mirada, estupefacto. Des-
pués de unos segundos sale corriendo hacia de-
lante, tirando una cubeta al hacerlo.

121. EXT. EXPLANADA CÁRCEL - DÍA/MAÑANA


Al pie de la escalinata aguarda Marianne. Vis-
te unos vaqueros, una blusa holgada y trae
puestos lentes oscuros.

Por la puerta principal aparecen Jack y John.


Jack luce cansado, con la barba crecida, des-
peinado. Se detiene a mirar al mundo al cual
regresa libre. El sol le da de frente y con su
mano forma una visera para ver mejor.

Marianne divisa a Jack, se quita los lentes, sube


la escalera y llega hasta él. Jack la mira breve-
mente y pasa junto a ella, sin hacerle caso.

Ella cierra los ojos, furiosa, humillada.

MARIANNE
(Mascullando)
-Hijo de puta.

JOHN
-Se le va a pasar, Marianne.
Jack se sigue de frente sin aminorar el paso.
John corre, lo alcanza y lo detiene.

-¿Adonde vas?

Jack no le contesta y sigue su camino. John


vuelve a interceptarlo.

-Tus hijos te hicieron un pastel. Te están es-


perando.

122. PUNTO DE VISTA EXPLANADA CÁRCEL -


CONTINUA
Marianne los observa hablar a lo lejos, sin es-
cuchar lo que dicen. John deja a Jack y pasa
junto a ella rumbo al coche.

JOHN
-Ya lo convencí, va a venir con nosotros.

MARIANNE
-Es un pinche cabrón de mierda...

John se detiene y se le acerca.

JOHN
-Cristo le va a enseñar el camino para...

MARIANNE
-¿Cristo? ¿Qué chingados tiene que ver Cristo
aquí, John? Ya déjanos en paz con eso, ¡carajo!

Marianne se da la media vuelta y se va hacia el


carro.
123. INT. CONSULTORIO DOCTOR ROTHBERG - DÍA
Rothberg revisa preocupado unas ecocardio-
grafías. Paul lo observa, expectante.

PAUL
-¿Pasa algo malo, doctor?

ROTHBERG
(Serio)
-Tu cuerpo está rechazando el corazón que
te trasplantamos. Por eso te duele la cabeza y
has vomitado tanto.

PAUL
-Pero ya pasaron seis meses y me había sen-
tido más o menos bien.

ROTHBERG
-A veces sucede, a veces no. Cada cuerpo
reacciona diferente.

Paul parece no creerlo, se le nota muy turbado.

PAUL
-¿Y si me cambia de medicinas?

ROTHBERG
-Voy a serte sincero: el corazón que traes
pronto va a dejarte de funcionar. Necesitas in-
ternarte hasta que tu condición se estabilice y
esperar otro corazón.

A Paul la noticia lo devasta. Se lleva la mano a


la frente y se la talla, desesperado.
PAUL
-¿Quiere que espere otro corazón?

ROTHBERG
-No hay otra...

PAUL
-No puedo volver a estar encerrado en un
pinche cuarto esperando a que otro se muera...
No puedo...

ROTHBERG
-Estás al borde de una insuficiencia cardiaca.
Te puedes morir más pronto de lo que crees.
Dos meses, a lo más.

Paul se para y lo mira directamente a los ojos.

PAUL
-Júreme decirme la verdad. ¿Si me interno
me puedo salvar?

ROTHBERG
-No te lo puedo asegurar, pero si no lo haces
te estás condenando a una muerte terrible: tu
corazón no va a dar para más y vas a morir asfi-
xiado. Es una muerte del carajo, Paul, no te la
puedes imaginar. Por lo menos aquí podemos
ayudarte a...

PAUL
(Interrumpe bruscamente)
-¿A morirme mejor? ¿A eso me van a ayudar?
No, doctor, para eso prefiero morirme afuera...
124. INT. AUTOMÓVIL JOHN - DÍA
John maneja, Jack va a su lado y atrás va Ma-
rianne, quien mira por la ventanilla. Van en
silencio, tensos.

JACK
-¿Cuánto le pagaron al abogadito?

Se vuelve hacia Marianne esperando una res-


puesta.

-¿Cuánto cobró ese pinche mono?

Marianne sigue sin responderle. John entra al


quite.

JOHN
-Lo suficiente.

JACK
-¿Cuánto es lo suficiente?

MARIANNE
(Con fastidio)
-Lo suficiente para que mis hijos se acuerden
de tu pinche jeta. (Pausa) Y si sigues con tus
preguntas idiotas me bajo en la próxima esqui-
na...

Jack ya no dice nada, se voltea y lo tres vuelven


a quedar en silencio.

125- INT. SALA CASA JACK - DÍA


Freddy y Gina están dibujando en el piso. Es-
cuchan un ruido y se abre la puerta. Ambos
niños alzan la cabeza. Jack entra a la casa.
Gina corre a saludarlo. Freddy se levanta y re-
traído se va a un rincón,.

GINA
-Papi... Papi...

Jack se agacha a besarla. De reojo observa a


Freddy que tiene la mirada clavada en el piso.

-¿Qué nos trajiste de tu viaje?

JACK
-Un beso.

GINA
-¿No me trajiste un regalo?

Vuelve a agacharse para besarla. Gina le mues-


tra un pastel que está sobre la mesa.

-Te hicimos un pastel.

JACK
-Gracias, mis amores.

Marianne interviene.

MARIANNE
-Freddy le untó el betún...

Jack se vuelve hacia su hijo.

JACK
-¿No vas a venir a saludarme?

El niño camina hacia Jack sin mirarlo, lo


abraza fríamente y vuelve a retirarse.

Marianne le señala unos dibujos en la pared

MARIANNE
-Freddy te los dibujó.

Tímidamente, Freddy mira a su padre y luego


vuelve a bajar la mirada. Gina le muestra otros
dibujos pegados en la puerta.

GINA
-Y yo te dibujé esos.

Jack los mira, conmovido.

JACK
-Gracias, hijos.

Se le hace un nudo en la garganta.

GINA
-Papi, ¿qué te pasa?

JACK
-Nada, hijita, nada...

Le acaricia la cabeza. Trata de sonreír y no


puede. Se da media vuelta, busca a Marianne,
la abraza y clava su rostro en su hombro.

126. INT. RESTAURANTE LAWRENCE - DÍA


Paul y Cristina están sentados en un restau-
rante chic, muy contemporáneo, con grandes
ventanales abiertos y mesas en la terraza que
da a la calle. Apenas hay tres mesas ocupadas.

Su mesa está justo en la frontera del restauran-


te interior y la terraza con el gran ventanal
abierto.

Paul bebe vino tinto y Cristina tiene un vaso de


vodka con hielo en la mano. Se le ve un poco
achispada. En la mesa se encuentran platos
con restos de sus postres.

CRISTINA
-¿Matemáticas avanzadas? ¿De eso das clase?

PAUL
-Sí, de eso.

Cristina le pega un largo trago a su vodka. Él la


observa beber.

CRISTINA
-¿Y qué les enseñas?

PAUL
-Que los números no son fríos, que los nú-
meros expresan la vida. Que los números a ve-
ces son un orden, a veces un caos. Que hay un
número oculro en cada acto de la vida, en cada
manifestación del universo, que hay un núme-
ro que grita por decirnos algo. Que un nú-
mero...
Paul, que se ha icio emocionando con cada pa-
labra, se detiene de súbito y mira a Cristina.

-¿Te estoy aburriendo?

CRISTINA
-No, para nada...

PAUL
-Les enseño que un número es siempre la
puerta de un misterio más grande que nosotros
y que no hay misterio más grande que el en-
cuentro de dos personas... ¿Conoces a Eugenio
Montejo?

CRISTINA
-No, ¿quién es?

PAUL
-Un poeta venezolano, mi poeta favorito.
Tiene un poema que dice: «La tierra giró para
acercarnos, giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño».

Se queda serio, meditando. Se vuelve a verla.

-Son tantas las cosas que tienen que pasar


para que dos personas se encuentren. (Pausa)
De eso tratan las matemáticas.

Paul saca un cigarro y lo enciende. Rápida-


mente un mesero se les acerca.

MESERO
-Perdón, pero no se puede fumar en esta área.
Paul señala el ventanal abierto por el cual sale
el humo.

PAUL
-Pero si todo el humo se va, además no hay
nadie.

MESERO
-Lo siento, señor, sólo es posible fumar en la
terraza.

PAUL
(A Cristina)
-¿Te importa si nos cambiamos de mesa?

CRISTINA
-No.

Se cambian a la mesa contigua en la terraza


que da a la calle, llevando sus vasos de vino. El
mesero vuelve a entrometerse.

MESERO
-Perdón, pero por ordenanza municipal no se
pueden beber bebidas alcohólicas en la terraza.

Paul cierra los ojos como diciendo "no es posible".

PAUL
(A Cristina)
-Hay misterios más grandes que nosotros.

Se voltea hacia la anterior mesa y bebe de su


vino, se voltea otra vez y da una fumada en la
terraza. Cristina se ríe, divertida.

127.-EXT. RESTAURANTE LAWRENCE - DÍA


Se dirigen hacia el auto de Paul. Cuando él se dis-
pone a abrir la puerta, Cristina se queda pensativa.

CRISTINA
-¿Te importa si nos vamos caminando?

128.-EXT. CALLE - DÍA


Caminan por la calle. Es un día nublado y Cris-
tina lleva las manos metidas dentro de su abrigo.

PAUL
-¿Cuántos años llevas nadando?

CRISTINA
-¡Uff! Años.

PAUL
-¿No te aburre?

CRISTINA
-No, al contrario. Es lo que mejor me hace
sentir. El día que no nado me siento perdida y si
no nadara... (Pausa, medita) ... yo creo que me
volvería loca.

Se vuelve a verlo y le sonríe con tristeza.

PAUL
-¿Llegaste a competir alguna vez?

CRISTINA
-Sí, cuando estoy segura de ganar,
Ambos sonríen. Llegan a la casa.

PAUL
-Nos vemos.

CRISTINA
-Gracias por la comida.

Se despiden con un beso en la mejilla. Cristina


se dispone a entrar y de pronto se gira hacia él.

-¿No quieres pasar? Y de una vez te devuelvo


tu chamarra.

129. ÍNT. CUARTO MOTEL - DÍA/TEMPRANO


Paul está sentado vestido sobre la cama miran-
do a Cristina dormir (vestida con shorts negros
y camiseta como en la esc. 106 en que bebe te-
quila), La acaricia pero ella sigue súpita.

Paul se levanta y mira sobre el lavabo la bote-


lla de tequila casi vacía. Luego vuelve a mirar
a Cristina dormida, toma el revólver, lo escon-
de en su cintura y sale.

130. INT. AUTOMÓVIL PAUL/MOTEL CARRETERA - DÍA


El automóvil de Paul se halla aparcado en el
estacionamiento del motel, mirando de frente
hacia las habitaciones.

Paul, vigilante, fuma con la ventanilla abierta


y suda copiosamente. En su regazo se halla el
revólver Smith & Wesson calibre 38. Abre el ci-
lindro, checa que las balas estén en su lugar y
vuelve a cerrarlo.

Por el parabrisas ve que Jack sale de su cuarto.


Rápidamente guarda el arma en la cintura.
Deja que Jack se aleje unos pasos y baja del
vehículo.

131. EXT. CARRETERA - DÍA


Jack camina por la orilla de la carretera. Paul
lo sigue a unos diez metros de distancia. De
sübilo aviva el paso, saca la pistola y decidido
le apunta en la cabeza.

Jack voltea y se sorprende.

PAUL
-Camina para allá.

Señala una brecha hacia el desierto. Jack se


queda quieto. Paul le coloca la pistola frente a
los ojos.

-Dale para allá, hijo de la chingada.

Vuelve apuntar hacia la brecha.

-Y pon las manos en la nuca.

132. EXT. PARAJE SOLITARIO DESIERTO - DÍA


Arriban a un paraje solitario. Jack camina con
las manos detrás de la nuca. Paul no deja de
apuntarle. Le indica un lugar en medio de dos
mezquites. Ambos se ven sumamente nerviosos.

PAUL
-Párate ahí.

JACK
-No traigo dinero.

PAUL
-Cállate.

Jack traga saliva. El sol destella entre los ar-


bustos.

JACK
-¿Vas a matarme?

Paul le apunta directamente al rostro.

PAUL
-¡Cállate, carajo! (Pausa) Arrodíllate y quíta-
te los zapatos.

Paul parece a punto de explotar. El revólver le


tiembla en la mano. Suda, está pálido.

JACK
-¿Me arrodillo o me quito los zapatos?

PAUL
-Quítate los zapatos.

Jack se quita un zapato y con la mano Paul le


hace la seña de que lo aviente a un lado. Jack
lo hace. Paul toma el zapato y lo avienta lejos.

Jack comienza a quitarse el otro zapato.


-Ese no, déjatelo... Arrodíllate y pon las ma-
nos en la nuca.

Jack obedece.

-No debiste hacerlo, ¡carajo! N-o d-e-b-i-s-t-e.

Jack alza la mirada, Paul no cesa de apuntarle.

JACK
-¿Hacer qué?

PAUL
-No me veas.

Se ve tenso, a punto de disparar. Jack baja la


cabeza.

JACK
-¿Qué quieres?

Paul no le responde. Jack alza la cabeza y lo


mira a los ojos. Paul se pone más nervioso.

PAUL-
-Cierra los ojos... ¡Ciérralos, chingados!

Jack no obedece. Paul se agacha, toma un


puño de tierra y se lo avienta a los ojos. Jack los
abre y los cierra con dificultad.

-Que los cierres.

Súbitamente Paul extiende el brazo y dispara


tres veces.
133. INT. CUARTO CASA JACK - DÍA/TARDE
Jack está sentado sobre la cama vestido como
en la esc. 121 en que sale de la cárcel. Marian-
ne frente a él, se agacha y lo besa en la boca. Se
aparta y se despoja de su blusa y su sostén. Tie-
ne un pequeño tatuaje en el hombro izquierdo.

Ella empieza a desabotonarle la camisa y a be-


sarlo en el cuello con cierta ansiedad.

MARIANNE
-Te extrañé, te extrañé mucho...

Ella se excita cada vez más. Jack, en un princi-


pio distante, se calienta, le quita los pantalones
a Marianne y se desnuda.

Pone a Marianne boca abajo y empieza a co-


gérsela con cierta dureza y sin ninguna conce-
sión amorosa. Ella parece estar en la frontera
entre disfrutarlo y sufrirlo.

De pronto Jack se detiene, la abraza por atrás y


se suelta a llorar Ella se voltea para besarlo,
pero él no para de llorar.

JACK
(Casi sin poder articular palabra)
-Ella me miró a los ojos.

MARIANNE
-¿De qué estás hablando?

JACK
-Una de las niñas que maté, me miró a los
ojos y quiso decirme algo y yo no hice nada por
ayudarlas...

La abraza con fuerza, como si fuera a romper-


la, llorando. Ella llora con él.

134. INT. SALA CASA CRISTINA - DÍA


Paul y Cristina pasan a la sala. Él entra con ti-
midez.

CRISTINA
-¿Quieres tomar algo?

PAUL
-No, gracias.

CRISTINA
-Bueno, al menos un vinito.

PAUL
-Te acepto un café.

CRISTINA
-¿Con azúcar?

PAUL
-Sí, con dos de azúcar.

Cristina sale. Paul recorre la sala con la mira-


da. En una mesa descubre una fotografía de
Michael y Cristina abrazando a sus hijas. La
toma y la examina. Sus ojos se detienen en el
rostro de Michael.
Suspira y pone el retrato en su lugar Es eviden-
te que verlo lo ha puesto mal.

Cristina entra con un café en una mano y un


vodka en la otra. Lo halla pálido y descompues-
to. Deja las bebidas sobre la mesa.

CRISTINA
-¿Te sientes bien?

PAUL
-Me mareé un poco.

CRISTINA
-¿Quieres que te traiga algo?

Paul se pone de pie.

PAUL
-Perdón, pero me siento mal. Creo que me-
jor me voy. Necesito recostarme.

CRISTINA
(Desconcertada)
-Está bien.

Otra vez el semblante de Cristina es hosco. La


partida súbita dePaulparece romper el encanto.

135. INT. VESTÍBULO CASA CRISTINA - DÍA


Están parados frente a la puerta.

PAUL
-¿Podríamos vernos otro día?
CRISTINA
(Agresiva)
-¿Para qué?

Paul traga saliva y se vuelve a mirarla a los ojos.

PAUL
-Me gustas mucho Cristina. Hace tiempo que
alguien no me gustaba tanto como me gustas tú.

Cristina se turba y un poco avergonzada aga-


cha la cabeza.

CRISTINA
-Soy una mujer casada, ¿sabes?

PAUL
-Me lo imagino.

Paul trata de levantarle la cabeza tomándola


de la barbilla, pero Cristina se quita.

CRISTINA
-Adiós.

Paul no sabe qué decirle. Ahora el desconcerta-


do es él.

PAUL
-Adiós.

Sin darse la mano se despiden con un suave


movimiento de cabeza. Paul da media vuelta y
sale.
136. INT. CENTRO RRLIGIOSO - DÍA/ATARDECER

-La congregación se halla reunida en un oficio.


Entre ellos se encuentran Jack y su familia.

JOHN
-Jesús es nuestra esperanza...

TODOS
-Jesús es nuestra esperanza...

Jack apenas murmura las frases de vez en cuan-


do. Algunos miembros de la congregación suel-
tan espontáneos «amén» como en la escena 15.

MIEMBROS DE LA CONGREGACIÓN
-Amén... Amén...

JOHN
-Jesús es nuestra luz...

TODOS
-Jesús es nuestra luz...

Varios de los presentes voltean a ver a Jack y


cuchichean. Él descubre algunas miradas in-
discretas, entre ellas la del muchachito de la
esc. 4 con quien jugó a jenga y que lo observa
algo burlón.

JOHN
-Jesús es el agua que sacia nuestra sed...

TODOS
-Jesús es el agua que sacia nuestra sed...
MIEMBROS DE LA CONGREGACIÓN
-Amén... Amén...

JOHN
-Jesús es perdón.

TODOS
-Jesús es perdón.

Jack los mira de reojo y trata de rezar, sin lo-


grarlo.

137. INT. CONSULTORIO GINECÓLOGO -


DÍA/TARDE
Mary está sentada frente al escritorio del médi-
co, quien la observa reticente.

GINECÓLOGO
-¿Está completamente decidida?

Mary asiente.
-¿Su marido está de acuerdo?

Mary se queda pensativa y tarda en dar su res-


puesta.

MARY
-Sí, sí lo está.

GINECÓLOGO
-La opero este jueves, a las siete de la maña-
na; por favor, venga en ayunas...

Comienza a escribir una receta.


-... y vaya tomando esto, una cada doce ho-
ras...

Le extiende la receta. Mary la toma y maqui-


nalmente la guarda en su bolsa.

138. INT. CUARTO MOTEL DE CARRETERA - NOCHE


Cristina duerme vestida con una camiseta y
unos shorts. Se escucha alguien que tose y res-
pira agitado. Cristina despierta y se sienta en la
cama. Descubre que la luz del baño está en-
cendida.

139- INT. BAÑO CUARTO MOTEL DE CARRETERA -


NOCHE
Se levanta y va hacia el baño. Encuentra a
Paul sentado en el piso, recargado contra la
pared de azulejos, tosiendo y respirando con
dificultad. Se ve pálido, desguanzado.

Cristina se acuclilla frente a él, preocupada.

CRISTINA
-¿Que te pasa?

Paul se moja los labios resecos. Le cuesta hablar

PAUL
-Me siento muy mal, me está llevando la
chingada.

Cristina le quita el sudor de la frente con una


caricia. Mira en el excusado tres colillas.

CRISTINA
-Estás fumando demasiado. No creo que sea
bueno para tu corazón.

PAUL
-Esto no tiene nada que ver con el cigarro.

Cristina no responde. Sigue acariciándole la


frente, un poco ansiosa. Le toma una mano y
comienza a besársela.

CRISTINA
-Te llevo a un doctor, ahorita, si quieres...

Se nota muy angustiada y amorosamente le


besa repetidas veces la frente. Paul la abraza.

PAUL
-Se me va a pasar...

Se quedan abrazados sobre el piso del baño.

140. INT. CASA JACK - DÍA/ATARDECER

Jack, Marianne y Freddy ven la televisión en la


sala, mientras Gina hace dibujos sobre la mesa
de centro.

MARIANNE
(A Jack)
-Llamó Brown para decirte que te tiene una
chamba de caddy en el club WD.

JACK
-Mañana voy.
Vuelven al programa de televisión. Gina termi-
na un dibujo y se lo enseña a su padre.

GINA
-Mira, papi, dibujé un zoológico.

Jack lo ve. La niña se para junto a él.

-Esas son las cebras y esos los leones.

FREDDY
-¿Cómo le haces para dibujar un zoológico si
nunca has ido a uno?

GINA
-Los veo en la tele.

JACK
-Ya, no peleen... (A Gina) Está muy bonito.

Gina regresa a la mesa a dibujar.

MARIANNE
-También llamó el abogado, para recordarte
que tienes que ir a firmar el lunes.

Jack asiente mientras mira la televisión. Gina,


sin levantar la vista del cuaderno, le pregunta
a su padre.

GINA
-Papi, en la escuela dicen que tú mataste a
unas niñas y a su papá. ¿Es cierto?

Los dos contestan al unísono una respuesta


contraria.

MARIANNE
-No.

JACK
-Sí.

Ambos se miran unos segundos. Freddy deja de


ver la televisión para observarlos.

FREDDY
-Sí, sí los mató.

Las palabras de su hijo turban a Jack. Por un


momento no sabe qué decir.

MARIANNE
-Fue un accidente, hijita.

Jack la mira con dureza. Gina se queda pensa-


tiva unos segundos y continúa haciendo sus di-
bujos. Jack sin hacer gran alharaca, se levanta
y se mete a su cuarto.

141. INT. CUARTO DEPARTAMENTO PAUL -


NOCHE

Paul y Mary duermen. Empieza a sonar un


ruido. Ambos se despiertan amodorrados. Paul
prende la luz, se levanta, tantea entre su ropa
y saca el teléfono celular.

PAUL
-Bueno...
(Nadie contesta)

-Bueno...

CRISTINA
(Off screen)
-¿Paul?

PAUL
-Sí, ¿quién habla?

CRISTINA
(Off screen)
-Cristina.

Paul se ofusca y sale del cuarto.

142. INT. SALA DEPARTAMENTO PAUL - NOCHE

CRISTINA
(Off screen)
-¿Te desperté?

PAUL
-No, no importa.

Mary sale, se recarga en una pared y lo es-


cucha.

CRISTINA
(Off screen)
-¿Podrías venir a mi casa?

PAUL
-¿Te pasa algo?
CRISTINA
(Off screen)
-No, sólo quiero que vengas.., (Pausa) Si
puedes, si quieres...

Paul mira un reloj de pared. Marca las dos de


la mañana.

PAUL
-Voy para allá.

Cuelga y se queda con el celular en la mano. Se


dirige hacia su cuarto. Mary lo sigue.

143. INT. CUARTO DEPARTAMENTO PAUL -


NOCHE
-Paul toma su ropa y se empieza a vestir.

MARY
-Son las dos de la mañana. ¿En qué o con
quién andas metido?

PAUL
-No tardo.

Termina de vestirse, coge una chamarra y se


encamina hacia la puerta. Mary lo intercepta.

MARY
-¿Adonde vas?

PAUL
-Ya te dije que no tardo.
MARY
-¿Exactamente adonde y con quién vas?

Paul no le responde. Ella lo encara.

-Creí que después del trasplante ibas a cam-


biar.

PAUL
-Y yo creí que si llegabas a embarazarte tam-
bién. Pero ya ves: ninguno de los dos cambió.
Regreso al rato.

Paul no dice más, elude a Mary y sale.

144. INT. RECÁMARA JACK - NOCHE


Marianne duerme. Jack está parado junio a la
cama, vestido con pantalón de mezclilla y una
chamarra de cuero. Se agacha y la besa en la
frente. Ella se remolinea.

Jack la contempla unos segundos, toma una


pequeña maleta colocada en la puerta y sale.

145. INT. SALA CASA JACK - NOCHE


Jack deja la maleta en el piso y se queda mi-
rando en la oscuridad la fotografía donde reci-
be la camioneta.

Se da media vuelta y camina hacia la puerta


trasera. Abre y sale. Regresa con una jaula con
un hámster dentro.

146. INT. RECÁMARA HIJOS CASA JACK - NOCHE


Jack entra al cuarto y pone la jaula en el buró
que hay en medio de las dos camas. Va hacia
la cama de Gina. La encuentra destapada. La
cubre y la besa en la mejilla.

Luego hace lo mismo con Freddy. Le da un beso


y parte.

147. EXT. CASA JACK - NOCHE


Jack sale de la casa llevando la pequeña maleta.

148. EXT. CLÍNICA RURAL - NOCHE/AMANECER


Jack se estaciona a toda prisa frente al letrero de
urgencias. Se baja y abre la puerta trasera. Paul
está desangrándose sobre el regazo de Cristina.

Un médico muy joven y vigilante se acercan.

JACK
-Ayúdenos...

MÉDICO JOVEN
(Asustado)
-¿Qué le pasó?

JACK
-Tiene un balazo en el pecho.

MÉDICO JOVEN
-¿Cuánto tiempo tiene de.,.?

Cristina, desde dentro del coche, suplica.

CRISTINA
-Puta madre, se está muriendo...
El médico observa a Paul, moribundo.

MÉDICO JOVEN
-Voy por una camilla.

Corre hacia el hospital. El vigilante se asoma


dentro del coche. Cristina lo mira y no dice
nada. Acaricia la cabeza de Paul, quien bo-
quea con hondos ronquidos.

De pronto Jack se vuelve hacia el vigilante.

JACK
-Yo le disparé,

El vigilante saca su pistola y amaga a Jack.

VIGILANTE
-Dé vuelta y ponga las manos detrás de la
nuca.

Jack obedece. Cristina mira atónita a Jack. Sin


dejar de apuntarle con su arma, el vigilante
toma su radio.

-Atención base, atención... llamen a la poli-


cía... es urgente...

149- EXT. CASA CRISTINA - NOCHE


Paul toca el timbre. Abre Cristina, se le nota
medio borracha. Paul se saca un poco de onda
al verla así.

150. INT. VESTÍBULO CASA CRISTINA - NOCHE


Paul entra al vestíbulo y cierra. Se quedan
viendo un momento sin hablarse. A ella se le
percibe muy ansiosa.

PAUL
-Hola...

Cristina no le contesta. En su cabeza parecen


bullir las palabras y no encuentra el modo de
decirlas.

-¿Estás bien?

Ella lo mira a los ojos, baja por un momento la


mirada y vuelve a mirarlo.

CRISTINA
-Me dejaste pensando todo el día, ¿sabes?
Desde hace meses no he querido hablar con
nadie y a ti casi ni te conozco y ya necesito ha-
blar contigo. (Pausa) Y hay una cosa que por
más vueltas que le doy no entiendo: ¿por qué
me dijiste que te gustaba?

Paul se acerca y le acaricia el cabello. Ella se


quila.

-Respóndeme, porque no me pareció nada


que me lo hayas dicho. Nada.

Cristina parece apunto de quebrarse. Sus mo-


vimientos son atropellados. Cambia su mirada
de un lugar a otro.

-No puedes llegar a una mujer sin conocerla


y decirle que te gusta. N-o p-u-e-d-e-s. No sabes
lo que ella vive, lo que ella siente.

Cristina se detiene y cierra los ojos. Farfulla


algunas frases ininteligibles en voz baja. Paul
se acerca y vuelve a acariciarle el cabello.
Cristina se deja. Abre los ojos y lo mira fija-
mente.

-No estoy casada, ¿sabes? No estoy nada en


este mundo. Simplemente no estoy...

Cristina no puede más y abatida se abraza


a él. Paul le acaricia la cabeza tratando de
tranquilizarla. Ella alza la cara y se separa li-
geramente de él. lo mira unos segundos, le-
vanta las manos y empieza a besarlo en la
boca.

Paul no sabe si responder o no al beso, pero se


deja llevar. Los besos pasan a un faje y sin de-
jar acariciarse se recargan en la pared.

Cristina lo besa con desesperación, un poco


descontrolada. Paul se aparta de ella y le coge
las manos. Cristina trata de volver a besarlo,
pero él la detiene.

PAUL
-Cristina, quiero que sepas algo.

Cristina aún agitada por la excitación, trata de


acercarse, pero Paul le vuelve a marcar el alto.

-Cristina, escúchame.
Cristina se hace hacia atrás, dispuesta a escuchar.

-A mí me trasplantaron el corazón de Michael.

Cristina lo mira, desconcertada.

-Me lo trasplantaron el dos de mayo en el


hospital San Jorge...

El rostro de Cristina comienza a endurecerse.

CRISTINA
(En voz baja)
-Lárgate de mi casa.

Paul trata de tomarle la mano y ella se zafa.

PAUL
-Cristina,., yo traté de...

Ella lo mira con rabia.

CRISTINA
-Cómo te atreviste a venir... Lárgate.

Paul trata de decir algo más, pero Cristina le


suelta un derechazo en la quijada que él no
puede esquivar. Ella trata de volver a golpearlo,
pero él le detiene las manos.

PAUL
-Estoy aquí por algo, ¿no entiendes?

Cristina se suelta con violencia.


CRISTINA
-¿Por qué no me lo dijiste antes? ¡Carajo! ¿Poi-
qué?

Paul se pone de pie también y la confronta.

PAUL
-Cristina... tú...

Ella lo empuja hacia la puerta.

CRISTINA
-Lárgate pendejo... Lárgate,.. Me das asco.

Lo sigue empujando. Paul alza las manos dan-


dose por rendido. Abre la puerta y sale.

-Cristina cierra con un portazo, se recarga en la


pared y comienza a llorar desconsolada.

151- INT. OFICINA MINISTERIO PÚBLICO RURAL -


NOCHE
Jack se encuentra sentado en una silla metálica
en una pequeña oficina. Se halla esposado
frente al sheriff (37), y vigilado por dos policías.

SHERIFF
-¿A qué hora fueron los hechos?

JACK
-Alrededor de las siete de la noche.

SHEBRIFF
-¿Cuál era su relación con el señor Paul Rivers?
JACK
-Yo no lo conocía. Él me buscó para amena-
zarme de muerte.

SHERIFF
-¿Y usted qué hizo?

JACK
-Nada. Él se fue.

SHERIFF
-¿Y luego?

JACK
-Fui a buscarlo.

SHERIFF
-¿Para?

JACK
-Matarlo antes de que él me matara.

SHERIFF
-Entonces ¿usted le disparó?

JACK
-Sí, señor.

El sheriff se pone de pie y ojea rápidamente


unos papeles,

SHERIFF
-Su versión contradice la versión de la seño-
ra Cristina Williams.
Jack se le queda mirando sin decir nada.

152. INT. CUARTO CASA CRISTINA - DÍA


Cristina se despierta por la luz que entra por la
ventana. Está dormida vestida con el mismo
vestido color plomo de la esc. 150, cuando co-
rrió a Paul de su casa.

Perezosamente, se incorpora y se sienta sobre


la cama. Ve el reloj: las 7.02. Se lleva la mano
a la cabeza y se soba la frente como si tuviera
una gran cruda.

Se levanta y va hacia las cortinas para cerrar-


las. Al hacerlo descubre el carro de Paul esta-
cionado frente a su casa.

153. EXT. CASA CRISTINA - DÍA


Cristina sale de la casa, lleva puesto el vestido
color plomo, descalza. Se la ve demacrada, con
los ojos hinchados.

Se dirige hacia el carro de Paul. Escudriña por


la ventana y lo encuentra dormido dentro. Se
aleja unos pasos y vuelve a asomarse.

Con los nudillos toca en el cristal. Paul no despier-


ta. Ella insiste. Paul se restriega los ojos y quita el
seguro de las puertas. Se le ve mal, cansado, sucio.
Ella abre y se sube.

154. INT. CARRO PAUL - DÍA

PAUL
-Buenos días.
Cristina aún está enojada, confundida, doli-
da. Se queda callada un largo rato.

CRISTINA
-¿Para qué me buscaste?

PAUL
-Porque necesitaba hacerlo.

Se voltea hacia él, mirándolo con dureza.

CRISTINA
-No sabes cómo me emputa que me bus-
quen por lástima.

PAUL
-No, no fue por eso...

CRISTINA
-¿Entonces por qué?

Se quedan en silencio un rato.

PAUL
-Estuve enfermo, Cristina, muy enfermo. Me
estaba muriendo cuando recibí el corazón de
Michael... Él me salvó la vida.

Para un momento. Del tablero del auto toma


una cajetilla de cigarros, saca uno y lo encien-
de. Abre la ventanilla y expele el humo en el
frío aire de la mañana.

-Busqué por todos los medios saber quién


me había dado su corazón. Hasta contraté un
investigador. Y así me enteré quién había sido
Michael y cómo murieron él y tus hijas. No sa-
bes cómo me dolió la forma en que recibí este
corazón.

Vuelve a quedarse pensativo. Cristina lo escu-


cha callada.

-No podía dormir, no podía dejar de pensar


que tenía que dar algo a cambio por este cora-
zón. Varias veces toqué en tu casa, buscándote.
De algún modo quería ayudarte, agradecerte
lo que había recibido. Pero no te encontré. El
día que te vi me atrajiste demasiado, de verdad.
Y ahora ya no puedo dejar de estar cerca de ti...
No puedo...

Se le nota muy conmovido. Cristina mira al


piso y luego vuelve su mirada a él.

CRISTINA
-Me asustas, ¿sabes?

PAUL
-No tienes por qué. (Se señala el pecho) Ten-
go buen corazón...

Se sonríe con tristeza. Callan largo rato. Paul


toma la mano izquierda de Cristina y la coloca
en su pecho.

(Bromeando)
-Este corazón nunca ha deja-
do de quererte.
Vuelve a sonreír, ahora con más tristeza.

-Yo también estoy muy asustado.

Cristina lo mira con sorpresa: es un hombre


que hace y dice cosas extrañas. Abre la mano y
pone la palma sobre el pecho de Paul. Lo siente
unos momentos y luego recarga su oído.

Escucha unos momentos y comienza a llorar


suavemente. Paul la abraza y con delicadeza
la besa en la frente. Luego baja los labios y la
besa en la boca.

155- INT. DEPARTAMENTO PAUL - DÍA/TARDE


Mary se encuentra sola sentada en la sala, tris-
te, meditabunda. Se pone de pie y abre un ar-
mario. Saca el frasco deformol en el cual flota
el corazón. Lo mira a contraluz. El corazón re-
bota contra las paredes de cristal.

156. INT. RECÁMARA CRISTINA - DÍA/TARDE


Paul y Cristina están desnudos sobre la cama,
besándose. En la silla está la chamarra de cue-
ro de Paul y en el piso el vestido color plomo de
Cristina (el mismo de la esc. 1 con la cual ini-
cia la película).

Ella lo mira a los ojos y le acaricia el rostro. Co-


mienzan a hacer el amor. Ella lo abraza con
fuerza y empieza a llorar. Llora y llora, estre-
meciéndose.

Paul se percata de su llanto. Se separa de ella y


la contempla llorar. Trata de decirle algo pero
ella lo jala y lo besa llorando, mientras siguen
haciendo el amor.

157. INT. COMEDOR CASA JACK - DÍA/TARDE


Marianne está haciendo la tarea con sus hijos
en el comedor.

MARIANNE
(A Gina)
-¿Cuánto da cinco por siete?

Gina empieza a hacer cuentas con los dedos.

-Piénsalo, no cuentes con los dedos.

Gina deja de hacerlo con los dedos pero se ve


que busca algo con que contar.

Suena el teléfono y Marianne se para a la sala


a contestar.

-Bueno...

Nadie contesta, se oye un radio que toca músi-


ca Tex-Mex.

158. INTERCORTE INT. RECEPCIÓN MOTEL


CARRETERA - DIA/TARUE
Jack se halla llamando por teléfono parado
frente al despintado mostrador de madera del
motel. La recepción es modesta, con sillones raí-
dos y copias de cuadros cursis.

Una mujer flaca (50) y con el pelo pintado, escu-


cha música en el radio sentada en un banco al
otro lado del mostrador, Jack escucha a Marianne.

MARIANNE
(Off screen)
-Bueno... bueno...

JACK
-Marianne...

MARIANNE
(Off screen)
-Jack, ¿dónde estás?

JACK
-Estoy donde debo de estar...

MARIANNE
(Off screen)
-¿Estás bien?

Se hace un largo silencio. Jack tarda en res-


ponder.

JACK
-No puedo ver a mis hijos a los ojos, no pue-
do verte a ti a los ojos.

MARIANNE
(Off screen)
-Jack, los niños te quieren, yo te quiero. Va-
mos a donde tú estés.

JACK
-No, lo que pasó tenía que pasar y lo que
pasa tiene que pasar.

MARIANNE
(Off screen)
-¿Qué?

JACK
-Dios escribe contra nosotros y nada pode-
mos hacer por borrarlo. No podemos escapar
de él.., No podemos...

Se empieza a escuchar un llanto al otro lado


del teléfono.

MARIANNE
(Off screen)
-Jack... ¿De qué estás hablando?

JACK
-Dios se ríe de nosotros y nos aprieta con sus
manos y nos quema...

MARIANNE
(Off screen)
-Jack, por favor...

JACK
-Está en sus manos, no en las mías...

Jack cuelga la bocina del antiguo teléfono color


crema y se queda pensativo, respirando agi-
tado.

159. INT. PASILLO CLÍNICA RURAL -


NOCHE/MADRUGADA
Cristina se encuentra sentada sobre una hilera
de asientos de plástico color naranja en una
clínica rural, sencilla, con poca gente.

Una doctora con bata blanca se le acerca,

DOCTORA
-¿Familiar del señor Paul Rivers?

Cristina se pone de pie.

CRISTINA
-¿Cómo está?

DOCTORA
-Estamos haciendo lo posible por salvarle la
vida. Ya le llamamos a una ambulancia para lle-
vario al hospital. (Pausa) Por ahora nos urge
conseguir sangre B positiva.

CRISTINA
-Soy O positivo, ¿sirve?

160. INT. CUBÍCULO CLÍNICA RURAL - NOCHE/


MADRUGADA
En un cubículo pequeño, Cristina se encuentra
sentada con el brazo izquierdo estirado hacia
una enfermera (32), quien prepara la aguja de
extracción.

ENFERMERA
-¿Ha tenido anemia o alguna enfermedad in-
fecciosa como hepatitis o VIH?

Cristina niega con la cabeza. Observa cómo la


enfermera anuda la liga en su brazo

-¿Se encuentra bajo tratamiento médico o hay


algo que le impida donar sangre?

Cristina tarda en responder. La enfermera, al


ver que no contesta, detiene el procedimiento y
la mira a los ojos.

CRISTINA
-No.

ENFERMERA
-¿Segura?

CRISTINA
-Sí.

ENFERMERA
-Cierre y abra el puño vanas veces.

Cristina lo hace y la enfermera introduce la


aguja dentro de la vena y se empieza a llenar
de sangre el frasquito.

161. INT. CUARTO CRISTINA - DÍA (INICIO ESC. 1)


Paul y Cristina están acostados en la cama. En
la habitación se encuentra desperdigada la
ropa de ambos como en la esc. 1.

Paul se despierta y mira a Cristina dormida a


su lado. Se sienta sobre el colchón y prende un
cigarro. Encima del buró de su lado descubre
un libro, un esluche de lentes y un reloj de pul-
sera de hombre.
Es obvio que ese era el buró de Michael. Toma
el libro. Es Cruising Paradise de Sam Shepard.
Lo hojea y descubre una foto polaroid de Mi-
chael y Cristina abrazados y sonrientes.

Paul la examina y la coloca de nuevo entre las


hojas. Cierra el libro. Toma el estuche y saca los
lentes. Se los pone, mira con ellos y los vuelve a
poner en su lugar.

Abre el cajón del buró. Dentro descubre una


pequeña bolsita de plástico con cocaína y unas
pastillas R-2. Prueba la cocaína mojándose un
dedo. Deja la bolsita en su sitio y cierra el cajón.

Se vuelve hacia Cristina y con tristeza contem-


pla su espalda desnuda. Con uno de sus dedos
la recorre sin dejar de mirarla.

Cristina se inquieta y cambia de posición sin


despertarse. Paul da una bocanada y se lleva
la mano a la cabeza, preocupado.

162. INT. AGENCIA MINISTERIAL - TARDE


Jack se encuentra sentado frente a un escritorio
vacío. Llega el sheriff, se sienta y pone unos pa-
peles sobre el escritorio.

SHERIFF
-Queda libre por falta de pruebas.

JACK
-Ya confesé.
SHERIFF
-Su versión de los hechos no concuerda con
nuestra investigación, ni con la declaración de
la señora Williams.

Le extiende un acta.

SHERIFF
-Firme ahí.

Jack toma el papel y lo firma.

JACK
-¿Y si de verdad soy culpable?

SHERIFF
-No será la primera vez que suceda... Puede
irse.

163- INT. COMEDOR CASA CRISTINA - DÍA


Cristina, Claudia y su padre comen. Se les nota
tensos.

PADRE
(A Cristina)
-¿Me pasas el puré, por favor?

Cristina se lo pasa. Claudia intercepta el platón.

CLAUDIA
(Al padre)
-Yo te sirvo.

Claudia mira con reproche a su hermana y le


sirve a su padre.
PADRE
-Fui al cine la semana pasada a ver Once
Upon A Time In America...

CLAUDIA
-¿Qué tal?

PADRE
-Muy buena, es un clásico. Qué bueno que
la reeslrenaron. Por cierto, en el cine me en-
contré a Elizabeth, les manda saludos.

CLAUDIA
-¿Qué Elizabeth?

PADRE
-Mi amiga del trabajo, ¿se acuerdan?

Cristina, ausente de la charla, alza la mirada


hacia su padre.

CRISTINA
(Sarcástica)
-¿Tu amiga? Yo creo que era más que una
amiga, ¿no, papá?

PADRE
(Molesto)
-Era sólo mi amiga.

CRISTINA
-Es que como tantas veces se quedó a dormir
en tu cuarto, ella y ¿cómo se llamaban las otras
seis "amigas" que también se quedaban a dor-
mir contigo?

CLAUDIA
-No le hables así a mi papá.

CRISTINA
-Sólo estoy diciendo la verdad.

CLAUDIA
-Mi papá no tuvo la culpa de quedarse solo.

PADRE
-Hija, no te metas.

CRISTINA
-¿Quieres decir que yo tengo la culpa de lo
que me pasó?

Claudia se la queda mirando fijamente.

CLAUDIA
-Ni tú ni mi papá. Pero Jack Jordan, que sí es
el culpable de todo, mañana sale libre. Y eso sí
no parece importarte.

CRISTINA
-Me vale madres ese tipo.

CLAUDIA
-No te valdría si supieras qué hizo ese hijo de
la chingada la noche del accidente.

CRISTINA
(Turbada)
-¿De qué estás hablando?
CLAUDIA
-Sabrías de qué estoy hablando si al menos
hubieras leído la declaración de Lucio, ese mu-
chachito que a veces te lava los coches y que
fue el único testigo del accidente.

PADRE
-Ya Claudia, no tiene caso.

CRISTINA
-No hubo testigos.

CLAUDIA
-¿Ah no? Sigúete escondiendo Cristina, sigue
emborrachándote, dragándote, hasta que la rea-
lidad se te cuele como humedad y te termine
masticando en pedacitos...

PADRE
Ya basta... ya...

Cristina se queda impávida. Claudia la mira


con dureza, consciente de que acaba de obte-
ner una victoria moral largamente esperada.

164. INT. SALA CASA PAUL - DÍA/TARDE


Paul entra a la casa. Va vestido con la misma
ropa de la esc. 150 en que se fue a ver a Cristi-
na. Ve una maleta en la sala y varias cosas de-
sacomodadas. Escucha ruidos en su cuarto y
va a ver.

165. INT. CUARTO PAUL - DÍA/TARDE


Paul se para en el quicio de la puerta y en-
cuentra a Mary guardando su ropa en otra
maleta. Ella voltea a ver rápidamente a Paul y
continúa con su labor.

PAUL
-¿Qué haces?

Mary no le responde, concentrada en su tarea.


Termina de doblar una blusa y se vuelve a verlo.

MARY
-Te perdiste demasiados días, ¿no crees? No
tienes madre, cabrón.

Paul se queda mirando la ropa sobre la cama,


como si ahí encontrara una respuesta y se vuel-
ve a mirarla.

PAUL
-Mary, no quiero pelear, quiero que las cosas
terminen bien.

MARY
-¿Para ti terminar bien es largarte unos días?
(Pausa) Sólo esperaste a curarte para mandar-
me a la chingada.

PAUL
-Mary, esto ya no da para más.

MARY
-¿Ah no?

Mary va hacia el clóset y saca un montón de


ropa que mete sin doblar en la maleta.
-Te apuesto que todo hubiera sido distinto si
hubiésemos tenido un hijo.

PAUL
-Ese no es el problema.

Mary se vuelve a verlo, retadora.

MARY
-Claro que ese es, pero lo voy a resolver a mi
manera. Me voy a operar y me voy a inseminar
para tener un hijo tuyo, cuente o no contigo...

PAUL
-¿Para qué, Mary?

MARY
-Porque quiero.

PAUL
-Mary, no te autorizo a que lo hagas.

MARY
-¿Ah no? Tengo copia de tu autorización fir-
mada para disponer de tu semen.

Cierra la maleta y la carga hacia la puerta.

-¿Me das permiso?

Paul no la deja pasar.

PAUL
-¿Qué vas a ganar?
MARY
-Tener lo que quiero. Tú decidirás si me bus-
cas después o no.

Va hacia la puerta. Paul se hace un lado y ella


pasa de largo.

166. EXT. CALLE - DÍA


-Lucio está lavando un coche. Cristina llega y se
para junto a él. Lucio se voltea a saludarla.

LUCIO
-Buenos días, señora.

Cristina no corresponde al saludo. Se le queda


mirando fijamente.

CRISTINA
-Lucio, ¿tú viste el accidente en que murió mi
familia?

LUCIO
-Sí, señora.

CRISTINA
-¿Por qué nunca me lo dijiste?

LUCIO
-Creí que usted lo sabía. Le dije todo lo que
vi a la policía.

Lucio, nervioso, empieza a limpiar compulsiva-


mente un espejo lateral.
CRISTINA
-¿Qué fue lo que pasó?

Lucio traga saliva y comienza a hablar miran-


do al piso.

LUCIO
-Ellos iban a cruzar la calle cuando una ca-
mioneta...

Lucio se detiene, le cuesta trabajo proseguir.

-El tipo les pegó durísimo y se bajó a ver qué


había pasado. Su esposo y Katie todavía esta-
ban vivos. Yo le dije al tipo que los ayudáramos.
Pero se quedó ahí sin hacer nada y luego corrió
a su camioneta y se fue dejándolos tirados en la
calle.

A Cristina le duele oírlo. Apenas puede res-


pirar.

-Traté de ayudar a Katie, pero empezó a ge-


mir muy feo. Grité pidiendo ayuda, pero no
hubo nadie y salí corriendo a llamar a una am-
bulancia, pero no encontré ningún teléfono y
corrí y corrí hasta que encontré un señor con un
celular y yo...

(Pausa, no puede más)

-Hice lo que pude, se lo juro...

La mandíbula le tiembla. Cristina estira su mano,


lo acaricia ligeramente, se da media vuelta y
pane conteniendo el llanto.

167. EXT. CALLE CAFETERÍA - DÍA/TARDE


Cristina recorre la calle donde se encuentra la
cafetería de la esc. 2 donde acudieron Michael
y sus hijas por última vez.

Se detiene frente a la entrada de la cafetería y


con las manos hace sombra para ver el interior.

168. INT. CAFETERÍA - DÍA/TARDE


Se encuentra semivacía, con sólo algunos co-
mensales. Contrasta con la algarabía de la no-
che del accidente.

169- EXT. CALLE CAFETERÍA - DÍA/TARDE


Cristina, muy afectada, se retira de la puerta y
mira hacia la calle. Comienza a caminar.

170.-EXT. ESQUINA ACCIDENTE - DÍA/TARDE


Cristina llega a la esquina donde atrepellaron
a su familia. Mira hacia un lado y hacia el
otro. Baja de la banqueta y se acuclilla sobre
el pavimento. Lo loca suavemente con la mano.
Cierra los ojos y se lleva la barbilla al pecho.

Se levanta y abre los ojos. Gente camina a su alre-


dedor: un hombre pasea a su perro, una abuela
camina de la mano con su nieta, los autos pasan.

171.-INT. CUARTO CRISTINA - DÍA/TARDE


Cristina está sentada sobre la cama. Toma su
celular y marca una tecla. Comienzan a escu-
charse sus antiguos mensajes recibidos.
PADRE
(Off screen)
-Hija, a ver si comemos Ja semana que en-
tra... Llámame...

Oprime un botón y escucha el mensaje siguiente.

MICHAEL
(Off screen)
-Mi amor, ya vamos para la casa. Si necesitas
que compre algo en el camino llámame al celular.

LAURA
(Off screen)
-Pa, pa... un gato...

MICHAEL.
(Off screen)
-No lo vayan a tocar, Laura, déjalo... Bueno,
mi amor, te veo en la casa...

Cristina respira hondo. Marca una tecla y


vuelve a escuchar.

MICHAEL
(Off screen)
-Mi amor, ya vamos para la casa. Si necesitas
que compre algo en el camino llámame al celu-
lar...

LAURA
(Off screen)
-Pa, pa... un gato...

MICHAEL
(Off screen)
-No lo vayan a tocar, Laura, déjalo,.. Bueno,
mi amor, te veo en la casa...

Cristina agacha la cabeza, descansa el celular


sobre su muslo y comienza a llorar queda-
mente.

172. INT. CUARTO JACK MOTEL CARRETERA -


DÍA/TARDE
Jack está sentado sobre la cama, solo en el
cuarto, borracho, desolado. Bebe una botella
de ron barato (vestido igual que en la esc. 132,
en que Paul le disparó).

Varios objetos lo rodean: fotos de sus hijos, de


Marianne, una pequeña cruz, un vaso sucio.

Deja la botella sobre una mesa y se observa en


un espejo. Mira en su antebrazo izquierdo el
tatuaje de "Cristo te ama". Lo examina larga-
mente.

Toma una navaja. La abre, respira hondo y co-


mienza a tallar el tatuaje tratando de quitárse-
lo. Sangra profusamente, pero no para hasta
quedar con el antebrazo destrozado.

Avienta la navaja. Estira el brazo izquierdo y


deja que la sangre escurra al piso.

173. INT. CUARTO CASA CRISTINA - DÍA


Cristina y Paul están acostados desnudos sobre
la cama. Él dormido, ella despierta mira sin ce-
sar hacía el clóset medio abierto, en donde se
vislumbra ropa de hombre: camisas, un saco
azul, un par de zapatos, una chamarra de ga-
muza.

Se la ve turbada, aun así besa con mucha ter-


nura a Paul en la mejilla.

174.-INT. COCINA CASA CRISTINA - TARDE


Paul se está lavando las manos en el frega-
dero.

PAUL
-¿Quieres algo de comer? Puedo preparar
algo rápido, una pasta o una ensalada.

Cristina no le contesta. Paul se seca las manos


y sale.

175.-INT. SALA CASA CRISTINA - DÍA


Entra a la sala y descubre a Cristina exten-
diendo una línea de cocaína sobre la mesa de
centro.

PAUL
-Cristina, por favor, deja eso...

Cristina no le hace caso y aspira con fuerza.


Comienza a extender otra línea. Paul se acer-
ca y la coge con suavidad del hombro.

-Cristina, no...

Cristina mueve el hombro para quitarse la


mano de Paul. Se agacha para aspirar y Paul
vuelve a detenerla.
-Tú no necesitas eslo.

CRISTINA
-Tú qué sabes lo que necesito o no.

Aspira la cocaína, cierra los ojos, pasa un mo-


mento, se levanta y sale.

176. INT. CLÍNICA RURAL-DÍA


Cristina está sentada en la seda de espera, la
enfermera que le sacó sangre en la esc. 160 lle-
ga a verla.

ENFERMERA
-Señora, ¿me permite un momento?

Cristina, muy cansada, asiente lentamente, la


enfermera se sienta junto a ella.

CRISTINA
-¿Ya salió Paul de la operación?

ENFERMERA
-No, todavía no... (Pausa) Señora, no pudi-
mos trasfundir su sangre al paciente.

CRISTINA
-¿Por?

ENFERMERA
-En su sangre detectamos altos niveles de
sustancias prohibidas... Creo que está tomando
riesgos muy altos.
Cristina la mira retadoramente.

CRISTINA
-Ese es mi problema, ¿no?

ENFERMERA
-En su estado le sugiero que se abstenga de
usar esas sustancias.

CRISTINA
-¿Qué dijiste?

ENFERMERA
-Usted está embarazada. ¿No lo sabía?

CRISTINA
(Turbada)
-¿Está segura?

ENFERMARA
-Confirmado por laboratorio.

Cristina se llena la mano al entrecejo. La enfer-


mera se levanta y la mira, compasiva.

-Tiene que cuidarse, señora. Nosotros le avi-


samos cuando el señor Kivers salga del quirófa-
no...

La enfermera sale. Cristina se queda sola, mi-


rando desconsolada el piso.

177. INT. COCINA CASA CRISTINA - DÍA/TARDE


Atardece. Cristina está sentada en la mesa del
antecomedor, acodada, con las manos cu-
briéndose el rostro.

Paul llega y se sienta a su lado. La observa sin de-


cirle nada. Estira su mano y le acaricia una sien.

Cristina se mueve para quitarse la caricia, se


queda mirando un punto fijo y comienza a ha-
blar casi en susurro.

CRISTINA
-Katie se pudo haber salvado...

Paul no parece entender de qué está hablando.

PAUL
-¿De qué me hablas?

CRISTINA
-Katie estaría viva ahorita, pero él la dejó ti-
rada en la calle. Dejó a los tres tirados como ani-
males...

Empieza a llorar quedamente. Paul trata de


consolarla acariciándole el cabello, pero ella
vuelve a quitarse.

-Katie estaría aquí conmigo... Al menos ella


estaría conmigo... Y ese maldito se largó y la
dejó morirse en la calle... Y yo no he podido en-
trar al cuarto de mis hijas, no he podido...

Se desmorona sobre la mesa. Paul no sabe qué


hacer.

-Yo estoy en una cárcel y ese hijo de puta


está caminando por las calles...

PAUL
-¿Desde cuándo está libre?

Cristina no le responde. Se lleva la mano al en-


trecejo y sin levantar la cara empieza a decir
en voz baja.

CRISTINA
-Voy a matarlo...

PAUL
(Pasmado)
-¿Qué dijiste?

Cristina alza la cara y se le queda viendo fija-


mente.

CRISTINA
-Voy a matar a Jack Jordan. (Alzando más la
voz) De verdad voy a matar a ese hijo de puta...

Paul la toma de los hombros para tranquilizarla.

PAUL
-No digas eso, al rato que se te baje...

Ella se sacude para quitárselo y se levanta con


violencia.

CRISTINA
-¿Que se me baje qué? ¿Eh? ¿Que se me me
baje qué?
Paul no sabe qué decir. Cristina lo mira con fu-
ria.

PAUL
-Ya pasó...

CRISTINA
-¿Ya pasó? Mi marido y mis hijas muertas y ¿ya
pasó? (Pausa) Este dolor te pone de rodillas y no
deja levantarte nunca... Nunca... ¿Dónde me meto
para esconderme de este dolor? ¿Dime dónde?

Paul trata de abrazarla para calmarla, pero


ella se quita y le señala el corazón con el índice.

-Tenemos que matarlo. Tú se la debes a Mi-


chael. Tienes su corazón, estás en su casa, co-
giéndose a su mujer, sentado en la misma silla
donde él se sentaba... Tú también tienes que
matarlo, se la debes...

PAUL
-No, Cristina, así no.

CRISTINA
-¿Entonces cómo? ¿Cómo, carajo?

Se talla la cabeza con las dos manos y se vuel-


ve a verlo.

-Katie se murió con agujetas rojas.

PAUL
(Desconcertado)
-¿Qué?
CRISTINA
-Odiaba las agujetas rojas y me pidió que le
comprara unas agujetas azules y nunca le com-
pré unas azules y llevaba agujetas rojas cuando
la atrepellaron... y se murió viéndose sus pin-
ches agujetas rojas.

Se derrumba y comienza a llorar desesperada.

-Hay que matarlo, por favor, hay que matar-


lo. Yo ya no puedo seguir de rodillas frente a
este dolor...

Paul la abraza y la acaricia para calmarla.

PAUL
(En voz baja)
-stá bien... Está bien...

178. EXT. PARAJE SOLITARIO DESIERTO - DÍA


Desde una perspectiva de cámara abierta des-
cubrimos a Paul y Jack en el paraje solitario
de la esc. 132. Jack está arrodillado y Paul le
apunta a la cabeza.

PAUL
-No debiste hacerlo, ¡carajo! N-o d-e-b-i-s-t-e..,
Jack alza la mirada. Paul no cesa de apun-
tarle.

JACK
-¿Hacer qué?

PAUL
-No me veas.

Se ve tenso apunto de disparar. Jack baja la ca-


beza.

JACK
-¿Que quieres?

Paul no responde. Jack alza la cabeza y lo


mira a los ojos. Paul se pone más nervioso.

PAUL
-Cierra los ojos... ¡Ciérralos, chingados!

Jack no obedece. Paul se agacha, toma un


puño de tierra y se lo avienta a los ojos. Jack los
abre y los cierra con dificultad.

-Que los cierres.

Paul extiende la pistola hacia Jack, quien aga-


cha un poco la cabeza resignándose a morir.

Paul dispara a un lado los tres balazos. Jack


queda tembloroso, asustado, respirando agi-
tado.

-Asesino, dejaste dos niñas tiradas en la ca-


lle... Las dejaste morirse como perros... Debí ha-
berte matado...

Paul se ve muy exaliado, nervioso, asustadí-


simo.

-Quiero que te largues ahora mismo, que ni


siquiera recojas tus cosas en el motel...

JACK
-Si no ¿qué? ¿Me vas a matar?

PAUL
-No, pero te va a venir a matar otro y si no
otro más... Lárgate ya.

Baja la pistola. Se da la media, vuelta, y se va


dejando solo a Jack, quien, arrodillado en el
desierto, comienza a llorar.

179- EXT. DESIERTO - DÍA (CONT. ESC. 90)


Paul va caminando pistola en mano. Se le ve
mal. Se detiene y se lleva una mano al cora-
zón. Hace un gesto de dolor. Trata de avanzar
otros pasos y vuelve a detenerse.

Respira con dificultad. Trata de continuar y no


puede. De pronto empieza a vomitar con arca-
das violentas.

180. INT. CUARTO DE HOSPITAL - DÍA


Mary está sentada sola y apesadumbrada sobre
una cama en el cuarto, vestida con un batán
blanco.

Entran dos enfermeras empujando una camilla.

ENFERMERA 1
-¿Lista?

Mary asiente. La enfermera 2 le señala la ca-


milla.
ENFERMERA 2
-Se recuesta en la camilla, por favor.

Mary se levanta y se dirige hacia la camilla.

MARY
-¿Cuánto cree que dure la operación?

ENFERMERA 2
-Unas tres horas...(Pausa) ¿Quién la va
acompañar?

Mary suspira y tarda en responder.

MARY
-Nadie, vine sola.

La enfermera se la queda mirando. Con una


seña de su mano le indica que suba a la cami-
lla. Mary sube y se recuesta. Las enfermeras
abren la puerta y la sacan.

181. INT. SALA DE ESPERA CLÍNICA RURAL -


DÍA/TARDE
Atardece. Unas cuantas personas de origen hu-
milde se hallan en la sala. Cristina está de pie
mirando por una ventana hacia el desierto.

Jack, con el brazo vendado, entra vacilante, se


acerca a Cristina, quien no deja de mirar por
la ventana y separa junto a ella sin hablarle.
Quedan un rato en silencio.

JACK
-Perdón...

Ella se vuelve a mirarlo sin decirle nada.

-Perdóname, por favor...

Ella lo mira unos segundos más y vuelve los


ojos al desierto. Jack se acerca medio paso más.

-No ha habido una sola noche, una sola, en


que pueda dormir, un solo minuto en que no
piense en ellos.

Se le corta la voz. Cristina se voltea a mirarlo


con resentimiento.

CRISTINA
-Dejaste que se murieran tirados en la calle.
No hiciste nada por ayudarlos.

JACK
-No pude hacer nada y tuve miedo, mucho
miedo.

Jack está al borde del llanto, desesperado.

-Perdóname. Si pudiera te cambiaba mi vida


por la de ellos...

Cristina comienza, a llorar sosegadamente, sin


aspavientos.

CRISTINA
-Tu vida no me sirve... no me sirve de nada,
(Pausa) Llévale tu vida a otro lado, si te sirve
a ti.

JACK
-Perdóname, por favor... Ya no sé qué más
hacer.

Cristina se vuelve a mirarlo.

CRISTINA
-Perdónate tú. Yo ya no tengo nada que
ver contigo, no quiero volver a verte nunca
más.

Jack quiere agregar algo, pero ella le da la es-


palda y se va de ahí, dejándolo solo ante los
campesinos, que lo miran de reojo.

182. INT. BAÑO MOTEL DE CARRETERA -


DÍA (CONT. ESC. 6)
Cristina, vestida con shorts negros y camiseta,
está en el baño. Saca una pequeña bolsa con
cocaína. Con una corcholata saca una poca y
la aspira. Se sienta sobre la tapa del excusado,
traga saliva y se lleva las manos a la cabeza.

Suspira, se pone de pie y sale del baño.

183. EXT. MOTEL - DÍA


Cristina recorre los pasillos buscando a Paul.
Lo avista a lo lejos, sentado sobre los viejos sillo-
nes de cuerda de plástico frente a la alberca
vacia del motel, A lo lejos se escucha el canto de
una huilota.

Camina hacia allá. Llega y se para frente a él.


Paul se cubre el entrecefo con la mano para
protegerse del sol que vibra a espaldas de Cris-
tina.

CRISTINA
-¿Dónde estabas?

Paul no le responde. Saca un revólver de la


cintura, abre el cilindro y extrae tres cosquillas
percutidos. Los coloca sobre la cubierta de cris-
tal de una mesa de fierro pintada de blanco.
Cristina toma azorada uno de los casquillos y
lo examina.

-¿Lo mataste?

Paul asiente con la cabeza. Cristina palidece y


se mesa los cabellos con la mano izquierda.
Ambos en silencio.

-¿Por qué no me despertaste?

Paul no le contesta. Se limita a mirar hacia el


horizonte.

-¿Y el cuerpo?

PAUL
-Nunca lo van a encontrar...

CRISTINA
-Quiero verlo muerto... Quiero verle la pin-
che cara de muerto...

A Cristina le tiembla la mandíbula. Paul se levan-


ta y se va sin decirle nada. Cristina se queda sola
junto a la alberca vacía, casi al borde del llanto.

184.- INT. CUARTO MOTEL - DÍA


Paul llega al cuarto. Se sienta sobre la cama. Se
le nota mal, pálido, respirando con dificultad.
Toma una cajetilla de cigarros y saca uno. Lo
enciende y lo empieza a fumar con ansiedad.

Comienza a toser. Cierra los ojos y vuelve a


darle una fumada al cigarro. Entra Cristina y
se sienta junto a él. Lo toma de la mano y se la
acaricia. Lo abraza y lo besa.

CRISTINA
-Perdóname... Perdóname... Te amo...

Lo besa en la boca.

CRISTINA
-Vamonos a la casa... vamonos de aquí.

Paul niega con la cabeza.

PAUL
-No, me siento muy mal...

Vuelve a toser y se recuesta en la cama. Ella lo


acaricia, preocupada.

185. INT. CUARTO MOTEL - NOCHE/AMANECER


Paul duerme. Cristina despierta, observa el te-
cho. Se le advierte intranquila. Tocan a la puer-
ta. Cristina se asusta. Despierta a Paul tocán-
dole el hombro.
CRISTINA
(Susurrando)
-Hay alguien fuera.

Paul despierta. Vuelven a tocar. Paul le hace la


seña de que no hable. Respirando con dificultad,
toma el revólver y va a asomarse cautelosamente
por la ventana. Mira afuera: no hay nadie.

Abre la puerta. Voltea hacia un lado: nadie.


Cuando voltea hacia el otro alguien lo empuja
hacia dentro. El empellón lo hace trastabillar y
se golpea contra una mesa.

Jack (vestido como en la esc. 172, donde se ras-


gó el antebrazo, que aún lleva sangrante)
irrumpe en el cuarto.

JACK
(Retador)
-¿Me querías matar, cabrón?

Cristina enciende la luz.

(Gritándole a Paul)
-A mí nadie me amenaza, pendejo.

Empuja de nuevo a Paul.


-Dispárame, maricón.., Ándale, dispárame...

Lo empuja otra vez y se abre de brazos, retador,

-Dispárame...
Cristina empieza a gritarle a Paul.

CRISTINA
-¿Por qué no lo mataste? ¿Por qué?

Paul se vuelve a mirar a Cristina, pero Jack lo


empuja.

-No lo mataste, cabrón...

JACK
-Mátame pendejo...

CRISTINA
-Mátalo, mátalo...

JACK
-Te faltan huevos, cabrón.

CRISTINA
-Dispárale...

De una manotazo, Jack le tira la pistola y le


pega un cabezazo en la cara que lo noquea.
Paul cae al piso.

Jack se vuelve hacia Cristina.

-Mataste a mi familia, asesino...

Cristina coge la lámpara del buró y se la lanza.


Jack abre los brazos y recibe el golpe sin in-
mutarse.

Cristina se enfurece y agarra el atizador junto


a la derruida chimenea falsa y comienza a gol-
pearlo con furia. El primer golpe Jack lo sopor-
ta, pero el segundo en la cabeza lo hace tam-
balearse.

Paul trata de incorporarse, pero no puede. Des-


de donde está comienza a gritarle a Cristina.

PAUL
-No, Cristina, no, lo vas a matar...

CRISTINA
-Hijo de puta, hijo de puta...

PAUL
-Déjalo, déjalo...

Paul cada vez más pálido y débil, empieza a


respirar con mucha dificultad viendo como
Cristina sigue golpeando encolerizada a Jack,
quien cae de rodillas.

-No, Cristina, no...

Cristina parece dispuesta a asestarle un golpe


mortal en la cabeza. Paul jala aire con la
boca: se asfixia. Su rostro denota un gran do-
lor. Se ve apunto de desvanecerse, de morir.

Trata de gritarle a Cristina, pero ya no tiene


fuerzas. Tirado en el suelo ve como ella empuña
el atizador para matar a Jack. Toma la pistola,
con dificultad se la lleva al pecho y se dispara.

Cae fulminado por el disparo, que entra arriba


del corazón y sale despedazando el hombro.

Cristina cesa su ataque y mira estupefacta a


Paul tirado. Se hace un gran silencio. Cristina
deja caer el atizador y corre hacia, él. Se aga-
cha tratando de reanimarlo.

Jack se incorpora y mira atónito la escena. Cris-


tina se voltea hacia él como en la esc. 20.

CRISTINA
-Llama una ambulancia...

Jack se queda inmóvil, pasmado.

(Gritando)
-Llama a una ambulancia, carajo.

Jack se queda inmóvil unos segundos más. Al


ver que Jack no hace nada, Cristina toma a
Paul de las axilas y empieza a arrastrarlo Jue-
ra del cuarto dejando una gran línea de san-
gre en el piso.

Jack parece recobrarse de su estupefacción y


corre a ayudarla.

186.-INT. AUTOMÓVIL - NOCHE/AMANECER


(CONT. ESC. 50)
Paul va con los ojos abiertos sobre el regazo de
Cristina en el auto que avanza a toda veloci-
dad. Su pecho manchado de sangre. Los ruidos
se escuchan lejanos, las voces distantes. Todo
pierde perspectiva.
FADE OUT

187.-INT. SALA DE TERAPIA INTENSIVA CLÍNICA


RURAL - DÍA
De nuevo Paul en la sala de terapia intensiva
de la esc. 5, rodeado de los mismos pacientes
moribundos.

PAUL
(Voice over)
-¿Cuántas vidas vivimos? ¿Cuántas veces te-
nemos derecho a morir?

Voltea a su alrededor. Mira, a la vieja cancero-


sa, al hombre vendado que lo mira asustado.

PAUL
(Voice over)
-Perdemos 21 gramos al morir...

188. INT. CAFETERÍA - NOCHE


(LA MISMA DE LA ESC. 2)
Michael está parado frente a la caja registrado-
ra, pagando. Katie está a su lado, tomada de su
mano, mientras Laura camina hacia la puerta.

MICHAEL
Laura, no te vayas a salir.

La niña sonríe a su padre y regresa con él.

PAUL
(Voice over)
-¿Cuánto cabe en 21 gramos?
189.-EXT. BAR - NOCHE (MISMO DE LA ESC. 89)
Jack se despide de Brown frente al bar. Con el
control activa los seguros eléctricos de la Ford
Lobo plateada y abre la puerta. Sube.

190.-INT. FORD LOBO PLATEADA - NOCHE


Cierra la puerta, arranca y parte.

PAUL
(Voice over)
-¿Cuánto se pierde?

191.-INT. ALBERCA TECHADA - NOCHE


(MISMA DE LA ESC. 14)
Cristina se enreda con la toalla y coge su maleta.

CRISTINA
(A Claudia)
-Yo te llamo.

Cuando está presta a salir, Claudia la llama.

PAUL
(Voice over)
-¿En qué momento perdemos 21 gramos?

CLAUDIA
-Cristina.

Cristina voltea.

-No, nada...

Claudia sonríe. Su hermana le manda un beso


y prosigue su camino.
PAUL
(Voice over)
-¿Cuántas cosas se van con esos 21 gramos?

192. EXT. SALA CASA JACK - NOCHE


Jack, con la barba, crecida, sucio, vestido con
vaqueros y camiseta, llega a la puerta de su
casa. Mete la mano debajo de un tapete, saca
una llave y abre. Entra.

193- INT. CASA JACK - NOCHE


Jack entra y se para en el quicio de la puerta de
su cuarto. Marianne está leyendo. Alza la mi-
rada y lo descubre observándola. Se miran am-
bos en silencio.

PAUL
(Voice over)
-¿Cuántas se ganan?

194.-INT. SALA DE INSEMINACIÓN - DÍA


Mary está sobre una cama con las piernas
abiertas. El ginecólogo toma un inseminador,
recoge un poco de semen de Paul del frasco que
vimos en la esc, 45 y se dispone a introducirlo
en la vagina de Mary.

195.-INT. PASILLO CASA CRISTINA - DÍA/TARDE


Cristina está parada frente a la puerta cerrada
del cuarto de sus hijas. Se le nota un ligero em-
barazo. Abre la. puerta y entra.

196. INT. CUARTO HIJAS CASA CRISTINA -


DÍA/TARDE
El cuarto de las niñas está arreglado como el
día en que murieron. Varias muñecas se en-
cuentran recargadas sobre las almohadas.

Cristina va a sentarse en la orilla de una las


camas, en un lugar parecido al cual Jack se
sentó en el cuarto de sus hijos el día que mató a
las niñas.

Cristina toma una de las muñecas y la observa


largamente.

PAUL
(Voice over)
-¿Cuántas se ganan?

197. INT. SAI.A DF. TERAPIA INTENSIVA CLÍNICA


RURAL - DÍA
Paul mira el reloj en la pared: las 12.36- Luego
mira a la joven mujer inconsciente.

PAUL
(Voice over)
-21 gramos... El peso de cinco nickels apila-
dos, el peso de un colibrí, de una barra de cho-
colate... ¿Cuánto pesan 21 gramos?

Sonríe levemente y cierra los ojos. Se escucha


una alarma. Las enfermeras se apresuran a
atenderlo.

198. EXT. CARRETERA DESIERTO - DÍA


El sonido de la alarma se liga a una carretera
vacía en el desierto. El sol cae a plomo. Jack
(vestido como en la esc. 181 en que le pide per-
dón a Cristina y con el brazo vendado) cami-
na por la carretera.

No pasa ni un carro. A lo lejos se ven unos zo-


pilotes comiendo algo sobre el pavimento.

Se acerca y descubre que están devorando una


liebre atropellada. Espanta los zopilotes y se
acuclilla para observarla liebre.

Tienta el pecho del animal, lo acaricia y lo con-


templa largamente. Toma la liebre de una de
sus patas y la jala hacia la orilla. La pone sobre
el acotamiento. De pronto descubre un ruido
entre los matorrales.

Voltea y descubre un coyote. Sus miradas se


cruzan unos segundos hasta que el coyote
se aleja trotando.

Jack lo mira perderse entre los matorrales.

FADE OUT

FIN

También podría gustarte