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La finalización interior

una lectura filosófica de “El milagro secreto”

Francesca Rao

En el cuento El milagro secreto, Jorge Luis Borges nos presenta a Jaromir Hladík, un escritor checo
condenado a muerte por el régimen nazi. A punto de ser ejecutado, Hladík eleva una súplica
desesperada a Dios: pide un año más de vida para poder concluir su obra inconclusa, un drama
titulado Los enemigos. La súplica es escuchada, y en el instante exacto en que las balas van a
alcanzarlo, el tiempo se detiene para todos salvo para él. Durante ese lapso que no dura ni un segundo
cronológico, pero se prolonga mentalmente durante un año completo, Hladík logra concluir su obra en
silencio, sin escribir una sola palabra1.

Este relato, en apariencia fantástico, excede con creces los límites del género al que podría pertenecer.
Borges, como es habitual en su literatura, no nos entrega únicamente una historia sobre lo sobrenatural
o sobre la fe, sino que se sirve de estos elementos para reflexionar sobre los misterios del tiempo, la
conciencia y el sentido de la creación. El milagro al que alude el título no consiste en salvar al
protagonista de la muerte física, sino en otorgarle la posibilidad de terminar su obra mediante un acto
de introspección absoluta. El verdadero milagro es, en definitiva, la realización interior, una
experiencia profundamente subjetiva y carente de validación externa.

En este sentido, el tiempo suspendido adquiere una dimensión simbólica: deja de ser una sucesión
cronológica para convertirse en una experiencia psicológica, casi espiritual. Borges desarma la
linealidad del tiempo histórico y propone una temporalidad subjetiva, íntima, en la que el acto de
creación adquiere un valor trascendental. El año concedido a Hladík no es vivido en el mundo, sino en
la mente, en ese espacio donde el pensamiento se vuelve más real que la propia realidad2.

Asimismo, el cuento pone en tensión las ideas de fama, posteridad y reconocimiento, tan presentes en
la tradición literaria occidental. Hladík no escribe para ser leído, no busca inmortalizarse en las
bibliotecas del futuro. Su única aspiración es concluir lo que empezó, darle forma y cierre a su
proyecto creativo. De este modo, Borges parece sostener que la verdadera obra de arte no requiere de
un lector externo: su existencia se justifica en el acto mismo de ser concebida. En palabras del
narrador: “Dios le concedió el tiempo para que pudiera terminar su drama, y ese drama, secreto para
todos, fue perfecto3”..

El texto también sugiere que la creación artística se encuentra íntimamente ligada a lo sagrado. La
detención del tiempo, el aislamiento del protagonista, la entrega total a su obra, remiten a una

1
Borges, Jorge Luis. Ficciones. Buenos Aires: Editorial Sur, 1944. En el cuento, se
especifica que “el universo físico se detuvo” y solo Hladík continúa existiendo en su
conciencia.
2
Esta concepción del tiempo guarda relación con ideas de San Agustín, quien en
Confesiones sugiere que el tiempo no es una realidad objetiva, sino una experiencia del
alma.
3
Borges, Jorge Luis. El milagro secreto, en Ficciones. El narrador aclara que nadie fue
testigo de la obra, pero que, sin embargo, fue completada con perfección.
experiencia mística, casi religiosa. No es casual que Borges incluya, hacia el final del cuento, una
alusión a un “mapa de la India” que parece abarcar la infinitud del mundo, evocando así un símbolo
de lo inabarcable y lo divino4. Este símbolo conecta con una concepción de Dios como una
inteligencia que otorga revelaciones personales, silenciosas, y profundamente significativas, más allá
del espectáculo de los milagros visibles.

En suma, El milagro secreto es una poderosa metáfora sobre el acto creador, la soledad del artista y la
dimensión espiritual de la realización personal. Borges invita al lector a cuestionar las nociones
habituales de éxito, tiempo y trascendencia. El cuento, breve pero profundamente filosófico, plantea
que el destino final del ser humano no depende de su legado externo, sino de su capacidad de
consumar, en silencio, su destino interior.

La intrusa

narración, poder y patriarcado en Borges

Francesca Rao

En el cuento La intrusa, incluido en El informe de Brodie (1970), Jorge Luis Borges expone con
crudeza una historia de fraternidad, deseo y violencia, enmarcada en una sociedad patriarcal donde los
vínculos afectivos están atravesados por códigos de honor y poder. Los protagonistas, los hermanos
Nilsen, comparten la posesión de una mujer, Juliana, y esta situación, insostenible dentro del rígido
esquema afectivo entre ellos, culmina en un acto extremo: uno de los hermanos decide asesinar a la
mujer para preservar el vínculo fraterno5.

La complejidad narrativa del cuento radica en su estructura polifónica. Tal como señala la cita en
análisis, Borges alterna distintos niveles de discurso: el del narrador testigo que reconstruye lo que
oyó, el de los protagonistas y, en ciertos momentos, su propio punto de vista. Esta multiplicidad de
voces construye una distancia entre los hechos y su interpretación, y deja al lector la tarea de
completar el sentido. La ambigüedad con la que se relatan los eventos invita a pensar que Borges no
ofrece una visión unívoca, sino que permite vislumbrar las tensiones entre lo narrado y lo implícito6..

Juliana, en esta historia, no es un personaje con agencia. No habla, no opina, no actúa de manera
decisiva: es presentada como un objeto en disputa. Su función narrativa se limita a desestabilizar el
vínculo simbiótico entre los hermanos, quienes mantienen una relación cerrada, casi ritual, donde la
figura femenina representa una amenaza a ese orden. El conflicto no se articula en torno al amor
romántico, sino alrededor de la posesión y del poder. Su presencia, más que deseada, parece

4
El mapa de la India mencionado hacia el final funciona como símbolo de lo infinito y lo
misterioso, una imagen recurrente en Borges para representar lo divino o lo inabarcable.
5
Borges, Jorge Luis. El informe de Brodie. Buenos Aires: Emecé, 1970. En el cuento, se
menciona explícitamente que “Cristián la degolló con el cuchillo de Norberto”, lo que
confirma que el asesinato no fue producto del impulso, sino una decisión consciente y
pactada.
6
La narración en primera persona de un testigo que reconstruye lo sucedido añade una
capa de ambigüedad, ya que nunca se accede directamente a la voz de los protagonistas ni
a la de Juliana.
insoportable. Como expresa uno de los hermanos: “No era para nosotros7, frase que sintetiza la lógica
de exclusión que rige la historia.

Esta exclusión no se limita a Juliana: se extiende a toda posibilidad de vínculo que rompa la lógica del
pacto masculino. El gesto final, el asesinato, no es un crimen pasional, sino un acto de reafirmación
fraternal. En este sentido, el cuento puede leerse como una representación simbólica de la violencia
estructural del patriarcado: el orden social se mantiene mediante la eliminación de aquello que lo
amenaza. La mujer, aquí, no es sujeto, sino catalizador de una tragedia que pone en evidencia los
valores más oscuros de una masculinidad cerrada sobre sí misma.

Borges, fiel a su estilo, no emite juicios morales explícitos. Sin embargo, al construir un relato donde
el horror se despliega con naturalidad y donde la víctima carece de voz, deja abierta la posibilidad de
una lectura crítica. La frialdad de la narración, su aparente neutralidad, genera un contraste
perturbador con la brutalidad de los hechos. Esa distancia irónica permite que el lector cuestione los
valores que rigen la acción de los personajes, sin necesidad de que el narrador intervenga de forma
directa8].

Así, La intrusa se convierte en un espacio de reflexión sobre los límites de la fraternidad, la posesión
de los cuerpos y la violencia como mecanismo de control. Borges nos ofrece una historia sencilla en
su trama, pero profundamente compleja en sus implicancias simbólicas y éticas. El cuento pone en
escena un universo donde la mujer es marginada no solo de los relatos, sino de la posibilidad misma
de existencia plena. Y es precisamente esa omisión la que permite cuestionar los fundamentos del
poder y las relaciones humanas en un mundo gobernado por lógicas excluyentes.

7
Borges, La intrusa. Esta frase resume la lógica de exclusión que atraviesa la historia: la
mujer no forma parte del “nosotros” masculino.
8
Este procedimiento narrativo es característico del estilo borgiano: en lugar de juzgar,
plantea las condiciones de posibilidad para que el lector lo haga. El efecto es más
inquietante por la ausencia de una condena explícita.

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