S
M Carlos Justo Sierra
Breve historia
de Campeche
Fideicomiso Historia de las Américas
Serie Breves Historias de los Estados de la República Mexicana
Carlos Justo Sierra
Breve historia
de Campeche
Pocas historias de Campeche resumen de
manera tan precisa y acertada el proceso
de surgimiento, formación y
consolidación de este estado.
Esta Breve historia de Campeche
logra reunir, en pocas páginas, el pasado
y presente de una de las entidades más
ricas del país. A través del texto se
adivina la exuberancia y prodigalidad de
la tierra campechana.
Con objetividad y datos verdaderamente
curiosos, muchos hasta hoy desconocidos,
el autor consigue presentar una excelente
síntesis de la vida de la entidad, desde la
época de los cacicazgos hasta los años
actuales.
De los primeros tiempos, se propone una
visión no sólo arqueológica sino también
religiosa y costumbrista. La conquista
aparece como un acontecimiento complejo
en el que vencedores y vencidos adquieren
dimensiones reales de valor, fortaleza y
entrega. La etapa colonial está definida
por dos aventuras inevitablemente
ligadas y profundamente características
de la esencia campechana: la piratería y
el amurallamiento de la ciudad. De la
mano de éstas podemos recorrer la
formación del territorio de El Carmen y la
explotación de uno de los recursos
naturales más valiosos de la zona: el palo
de tinte.
Después de una pacífica independencia,
Campeche se vio envuelto en una de las
más crueles guerras internas del país: la
Guerra de Castas; sus causas, desarrollo
(pasa a la segunda solapa)
Sección de Obras de Historia
Fideicomiso Historia de las Américas
Serie Breves historias de los estados de la República Mexicana
Coordinada por
Alicia Hernández Chávez
Coordinador adjunto
Manuel Miño Grijalva
Breve historia de Campeche
CARLOS JUSTO SIERRA
BREVE HISTORIA
DE CAMPECHE
EL COLEGIO DE MÉXICO
Fideicomiso Historia de las Américas
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
MÉXICO
Primera edición: 1998
El autor agradece especialmente
a la licenciada Karla Berrón Cámara
su colaboración en la publicación de esta obra
Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra
—incluido el diseño tipográfico y de portada—,
sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico,
sin el consentimiento por escrito del editor
D. R. © 1998, Fideicomiso Historia de las Américas
D. R. © 1998, El Colegio de México
Camino al Ajusco, 20; Pedregal de Santa Teresa; 10740 México, D. F.
D. R. © 1998, Fondo de Cultura Económica
Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14200 México, D. F.
ISBN 968-16-5493-5
Impreso en México
PRESENTACIÓN
L FIDEICOMISO HISTORIA DE LAS AMÉRICAS nace de la idea y
E la convicción de que la mayor comprensión de nuestra his
toria nos permitirá pensarnos como una comunidad plural de
americanos y mexicanos, al mismo tiempo unidos y diferenciados.
La obsesión por caracterizar la historia exclusivamente como na
cional desdibuja el hecho de que la realidad de México es más
compleja y pluridimensional y de que, por lo tanto, la dimensión
regional es parte sustantiva de ella. El desarrollo histórico de cada
una de las regiones mexicanas, desde su primer poblamiento has
ta su plena configuración como estados soberanos en la República
Mexicana, nos muestra hasta qué punto nuestro pasado y nuestro
presente se han caracterizado por una convivencia plural en la co
munidad nacional.
El Colegio de México promueve y encabeza este proyecto que,
como los otros de esta colección, fue patrocinado por el gobierno
federal. El estímulo de esta serie nace de la idea de Luis González
y del interés mostrado por Miguel de la Madrid H., director general
del Fondo de Cultura Económica, quien hizo posible que se suma
ran esfuerzos académicos e institucionales con el apoyo generoso
de los gobiernos de cada entidad federativa. El Fideicomiso Histo
ria de las Américas dio forma a esta idea y elaboró, con historia
dores de distintas instituciones, las obras que hoy presentamos.
Confiamos en que sean recibidas con interés por el público.
Al personal del Fondo de Cultura Económica debemos el exce
lente cuidado de nuestras publicaciones. En especial, mi recono
cimiento a Lucía Guzmán de Malo y a Alejandro Ramírez Flores.
Alicia Hernández Chávez
Presidenta
Fideicomiso Historia de las Américas
7
LLAMADA GENERAL
STA SERIE de Breves Historias de los Estados de la Repúbi-
E ca Mexicana, que entregan a la opinión pública dos institu
ciones culturales de gran prestigio, obedece al proposito de dar
a conocer la vida y milagros del México plural y desconocido, o
si se quiere, de los múltiples estilos de vida que se juntan en
una nación cinco centenaria, ahora de dos millones de kilóme
tros cuadrados y noventa millones de habitantes.
Como es del dominio común, constituyen al llamado México
plural de fines del siglo xx: 32 unidades político-administrativas
muy mentadas, 56 etnias indígenas que tienden a desaparecer,
200 regiones o cotos económicos y 2 400 comunidades que reci
ben los nombres de municipios, patrias chicas, terruños o ma-
trias. Las etnias, generalmente pobres y al margen del desfile na
cional, reciben la atención de antropólogos y demás científicos
sociales. Las regiones rara vez se vuelven interesantes para los
estudiosos de la vida económica. De los municipios se ocupan
muchas veces cronistas improvisados y sentimentales y muy
pocos historiadores con título. De los estados, hay numerosas
monografías que suelen ser frutos de la impovisación, las prisas
y los gustos políticos, que no del espíritu de objetividad y otras
cositas.
Los volúmenes de la colección que aquí y ahora lanza el Fon
do de Cultura Económica y El Colegio de México se proponen
recoger historias profesionales, hechas con rigor científico y sim
patía y escritas sin bilis y en el lenguaje de la tribu. El elenco de
autores está formado por profesionales de la historia u otra cien
cia social, oriundos y vecinos del estado que estudian y escri
tores de obras serias y legibles.
La doctora Alicia Hernández Chávez, al frente del elenco au-
toral, con sabiduría, gracia y cuchillito de palo, ha conseguido
9
10 LLAMADA GENERAL
reunir una treintena de textos de dimensiones decentes, de
alrededor de 200 páginas cada uno, bien documentados, que
narran, definen y ubican los sucesos históricos de que se ocu
pan y que logran mantener despiertos y aun regocijados a sus
lectores.
Es normal que la gran mayoría de las entidades políticas
llamadas estados se ocupen de las llegadas y salidas de goberna
dores, de golpes y pactos entre políticos, de disputas por el
poder y acciones administrativas del gobierno estatal. En el caso
presente se agregan a pensamientos y conductas políticas —no
sólo para estar a la altura de los tiempos que corren— acaeceres
ambientales, económicos y de cultura. En definitiva, se propo
nen historias que abarcan todos los aspectos de la vida: la glo-
balidad de las sociedades investigadas.
Aquí se juntan historias de estados diferentes, hechas con el
mismo patrón metodológico y dirigidas a todos los públicos lo
cales. Se ha partido de la seguridad de que los pobladores de
cada estado quieren saber las virtudes y las proezas de su enti
dad federativa y los vicios y desgracias de los estados vecinos.
Se esperan lectores que ya han superado la etapa de la letra que
se adquiere con sangre, que piden diversión en la lectura. Tam
bién aspira a servir de buen modo a niños, adolescentes y jóve
nes enclaustrados en escuelas, colegios y universidades.
Luis González
PRÓLOGO
A INVESTIGACIÓN PARA EL CONOCIMIENTO de las diferentes
1 á etapas históricas de Campeche presentó el problema inicial
de que el actual estado no existía propiamente como una entidad,
sino que la región que más adelante se conoció con ese nombre
estuvo integrada, antes de la Conquista, por varios cacicazgos
con distintas denominaciones, en la jurisdicción de la península
de Yucatán. Conforme sucedieron la conquista, el poblamiento y
la delimitación de villas y pueblos, el territorio de Campeche fue
adquiriendo sus límites naturales hasta constituirse como un dis
trito del estado de Yucatán a principios del siglo xix; a partir de
una determinada influencia política y cultural basada en la tradi
ción, se fue configurando la relación de este territorio con sus ve
cinos, desde los tiempos de la civilización maya hasta 1857 en
que el antiguo distrito convino con Yucatán sus límites, surgiendo
el nuevo estado de la Federación.
Se tuvo cuidado en separar los asuntos, hasta donde fue posi
ble, de cada entidad, aunque la Conquista y la Colonia tuvieron
que compartirse necesariamente; esto se explica fácilmente como
consecuencia del mayor tiempo que los españoles dedicaron a la
ocupación, fundación y poblamiento de Champotón y Campe
che, situados en el litoral, y décadas más tarde a la Isla del Car
men. Los acontecimientos de la época colonial resultan precisos
porque los hechos fundamentales fueron la actividad de los pira
tas primero y la construcción de fortificaciones, después. Conse
cuentemente, el hilo conductor de la historia de Campeche está
identificado con la importancia de las poblaciones costeras; el
desarrollo de los grupos indígenas, en su mayor parte, se redujo a
un lento avance en las haciendas del interior bajo condiciones
impuestas por los criollos, dueños de ellas.
Campeche y Mérida fueron el eje de las coordenadas político-
n
12 PRÓLOGO
económicas de la península; un gobernador de la provincia, un
teniente de rey en el puerto; los comercios marítimos importan
tes, junto a la explotación del palo de tinte, fueron polos dinámi
cos hasta la creación de la república, modificación libertaria que
puso en celo a los grupos políticos que surgieron para luchar por
el poder y la cauda de negocios particulares.
Toda la etapa que culmina con la creación del estado ha procu
rado ceñirse a la jurisdicción local más o menos preestablecida;
los años que van de 1857 a 1910 tienen fuentes de estudio con
cretas, y resulta interesante saber que fue hasta el siglo xix cuan
do viajeros extranjeros y algunos hombres de la región comenza
ron a descubrir la impresionante cultura maya que se encontraba
dispersa en el interior de la región y oculta en las selvas, o poco
menos que destruida en las planicies, jornadas vigentes hasta los
días actuales.
Mayores dificultades se encontraron para reconstruir la etapa
revolucionaria, sobre la que únicamente existen dos libros; para
el periodo posterior a 1920 hubo necesidad de recurrir a periódi
cos por ser casi nula la existencia de estudios específicos sobre
aquellas administraciones, salvo lo que publicó Héctor Pérez Mar
tínez en los años de 1940 y siguientes; pero, por ejemplo, escritos
relativos a las condiciones del estado de 1943 a 1959 son difíciles
de encontrar; no hubo personas que escribieran memorias o rela
tos con cierta uniformidad de criterios alrededor de las acciones
de época; sí existen artículos en periódicos, revistas y folletos que
nutren los últimos 50 años; la hemerografía fue un auxiliar valioso
para acercarnos al problema chiclero, a la pesca y al petróleo. La
imagen de los gobernantes está en la penumbra de lo inédito, son
espacios que deben completarse.
Para las últimas décadas, algunos libros y documentos hicie
ron posible acercarnos a los temas políticos, económicos y socia
les, así como a los sucesos contemporáneos, de tal manera que
en la brevedad se advierta la importancia del tiempo transcurri
do en la existencia del estado de Campeche.
Octubre de 1997
I. ESPLENDOR MAYA
Territorio arqueológico
NHUALCO, PALABRA, LETRA A LETRA, geografía vocal cuyo
O ritmo podría semejar el primer verso de un poema náhuatl
recogido por el padre Garibay, significa historiográficamente la re
presentación imaginaria tolteca de la configuración de las tierras
costeras de un largo litoral, entre las que se encuentra Campeche.
Así, de tan remota imagen, se comprende la noticia de algunos
cientos de inmigrantes que llegaron a poner pie en aquel territo
rio. Del testimonio escrito por el padre Torquemada surge el mito,
en los devotos del Quetzalcóatl del altiplano, de que bajo el am
paro de las voces ocultas de sus deidades despoblaron la tierra
habitada para sobrevivir en la naturaleza y superar su aniquila
miento; viajaron unos al Norte y otros al Oriente, donde poblaron
Campeche y Guatemala.
La cultura maya tiene una recia unidad —que no es posible
fracturar en su contexto— por todo aquello que se refiere a ori
gen, evolución y decadencia; así, tampoco se le puede separar
del vasto espacio geográfico enclavado en el Petén —tierras altas
de Guatemala—, Quintana Roo, Yucatán, Chiapas, Campeche y
Tabasco. En estos lugares, los mayas, como un árbol de profun
das raíces, se asentaron, florecieron y dejaron descendientes, mis
mos que, herederos de los antiguos cacicazgos o provincias exis
tentes, años más tarde se integraron al territorio arqueológico del
actual estado de Campeche. El testimonio de especialistas en la
materia es impresionante:
Su origen se encuentra en las profundidades del misterio y también
en el misterio permanece la caída de su singular y esplendorosa cul
tura. Mayas los llaman los eruditos, pero entre ellos se conocían por
13
14 ESPLENDOR MAYA
otros nombres, en su mayoría ya perdidos. Durante cerca de quince
siglos florecieron en agrestes e inhospitalarias zonas de Mesoaméri-
ca. Entre los años 200 y 900 d.C., le dieron forma a una magnífica civi
lización de suntuosas pirámides y espléndidos palacios. Tal periodo
clásico terminó en repentino colapso. Las ciudades fueron abandona
das, la población disminuyó drásticamente y la selva cubrió los impo
nentes monumentos.
Existen numerosos vestigios arqueológicos como testimonio de
que Campeche estuvo poblado antes del inicio de la era cristiana;
destacan objetos cerámicos y restos de construcciones ubicadas
en sitios como Río Bec, Xpuhil y Tixchel. Tampoco podría omi
tirse que los olmecas contribuyeron a la formación de las culturas
zapoteca y maya.
Conviene señalar que todas las construcciones mayas tienen un
mismo origen humano y no por ello dejan de presentar desigual
dades, no sólo como consecuencia de los diferentes años en que
fueron construidas, sino también por la relación con los diversos
caciques o dioses predominantes.
Particularmente, el eminente estudioso de esta región Román
Piña Chan ha determinado-que la cultura maya se distingue en el
lapso conocido como Horizonte Clásico (200 a 900 años d.C.) por
la construcción de centros ceremoniales que no siempre tienen el
mismo tamaño o estilo, sea por la bóveda de piedras saledizas o
un arco falso; la devoción por las estelas con inscripciones ca-
lendáricas; la cerámica pintada en varios colores y el carácter teo
crático de su sociedad; la numeración y escritura jeroglífica, el
calendario y las observaciones astronómicas; el desarrollo de las
artesanías y el arte, el comercio intensivo, la religión avanzada;
estos y otros factores culturales le imprimieron el sello de una
verdadera civilización.
Los cacicazgos que se encontraban en el territorio del estado
de Campeche eran conocidos con los nombres de Ah Canul, Can
Pech o Ah Kin Pech, Chakamputún, Tixchel y Acalán. Ah Canul
tenía como principal población a Calkiní, cuyo nombre maya sig
nifica cuello del sol. De conformidad con el documento conocido
con el nombre de Códice de Calkiní, la población fue fundada
ESPLENDOR MAYA 15
por Tzab Canul, quien era el mayor de nueve hermanos del linaje
que gobernaba ese cacicazgo; el lugar elegido para su fundación,
después de acaecida la destrucción de Mayapán en 1441-1443,
fue bajo la sombra de una frondosa ceiba o yaxché, árbol sagrado
de los mayas; al lugar lo llamaron Tuc-ca’an o rincón del cielo, y
se encontraba cercano al pozo Halim. Como poblaciones impor
tantes podemos citar: Maxcanú, Opichén, Halachó, Bécal, Poc-
boc, Hecelchakán y Nunkiní.
La nominación del cacicazgo de Can Pech o Ah Kin Pech, con
la población destacada del mismo nombre, proviene de los voca
blos can, serpiente, y pecb, garrapata; estas palabras parecen re
ferirse a uno de sus templos construido sobre una plataforma en
la que se encontraban diversas esculturas de serpientes con una
garrapata en la cabeza, a manera de animales totémicos; otra ver
sión señala que significa el Señor Sol Garrapata. Como lo pronun
ciaron los españoles, Kan Pech, quiere decir: lugar de serpientes y
garrapatas; sus poblaciones principales fueron Yaxcab, Samulá,
China, Tixbulul (Lerma), Tixmucuy y Hampolol; se considera que
su fundación tuvo lugar hacia la tercera centuria de nuestra era.
Uno de sus adoratorios estaba erigido en el mar, semejante a un
islote, pero cerca de la costa. Respecto a éste como edificación se
ha reseñado que:
[...] en Campeche hallaron un edificio dentro del mar, cerca de tierra,
cuadrado y grabado todo, y que en lo alto estaba un ídolo con dos
fieros animales que le comían las ijadas, y una sierpe larga y gorda de
piedra que se tragaba un león; y que los animales estaban llenos de
sangre de los sacrificios.
Desde luego que esta descripción del padre Landá no deja de
tener imaginación y es probable que al referirse al león, que nun
ca existió en la Península, quería más bien describir al jaguar o
puma que sí son animales de la región.
En la población sucedió lo siguiente, según Díaz del Castillo:
[...] lleváronos a unas casas muy grandes, que eran adoratorios de sus
ídolos y bien labradas de cal y canto, y tenían figurando en unas pa-
16 ESPLENDOR MAYA
redes muchos bultos de serpientes y culebras grandes y otras pintu
ras de ídolos de malas figuras y alrededor de uno como altar, lleno de
gotas de sangre, y en otra parte de los ídolos tenían unos como a ma
nera de señales de cruces, y todo pintado, de lo cual nos admiramos
como cosa nunca vista ni oída [...]
La figura de la serpiente estuvo asociada al ídolo que encon
traron los españoles en el lugar donde se castigaba a los malhe
chores. Es notoria la predilección de los mayas por la serpiente,
especialmente por la de cascabel, y no es fortuito que en alguna
ocasión se les haya llegado a considerar como el pueblo de la ser
piente.
Cacicazgo de Chakamputún, que significa sabana del pacífico
o del hombre tranquilo, con la población del mismo nombre y
otras importantes como Ulumal, Haltunchén y Sihochac. Cham-
potón toma su sitio en el pasado peninsular en virtud de que se le
consideró el lugar por donde penetró la inmigración tolteca o de
los itzaes; asimismo se le consideró el sitio por donde se alejó
Kukulcán, habiéndose erigido un monumento en su costa para
perpetuar aquella despedida. Hubo una época, dice un cronista
español, que cada día salían más de dos mil canoas a pescar y
volvían cada noche; seguramente debido a ello, en una isla artifi
cial que se encontraba a un cuarto de legua de la costa, había diez
o doce gradas en alto sobre la superficie del agua, y sobre ellas
una torre considerablemente alta de piedra bien labrada que esta
ba llena de ídolos. En ese sitio honraban y celebraban a su dios
de la pesquería; en aquella torre tenían colgadas muchas cabezas
secas de grandes pescados.
El cacicazgo de Tixchel comprendía el poblado del mismo nom
bre, el de Chekubul y laguna de Términos, entre otros.
Cacicazgo de Acalán, que significa lugar de canoas y que di
cen formaba el mismo con Tixchel, como lo afirma Ignacio Rubio
Mañé, señalándose que comprendía Itzamkanac, donde Cortés
ejecutó a Cuauhtémoc; sobre esta comarca conviene agregar que
Hernán Cortés ofreció una descripción: “[...] estaba rodeada de
esteros, y todos los mercaderes de ella salían en canoa a la bahía
de Términos para sus contrataciones con Xicalango —lugar que
DE CAMPECHE
OS ARQUEOLOGICOS
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ESPLENDOR MAYA 17
han dicho diversos autores que operaba a semejanza de un puer
to— y Tabasco”. O sea, agrega Piña Chan, que comprendía buena
parte del drenaje del Río Candelaria con varios poblados por su
ribera y uno de ellos como Itzamkanac, que se ha interpretado
que deriva de Itzam, cuyo significado es lagarto, se sugiere asi
mismo una relación con la deidad Itzamná o cielo, que se repre
sentaba en forma de un monstruo serpentino con atributos de
caimán. Se ha dicho que en esta región, sin pruebas de conspira
ción, murieron Cuauhtémoc y el señor de Tacuba, Tetlepanquet-
zal. Antes del sacrificio fueron inducidos a orar por sus almas bajo
el aliento del clérigo Juan el Mercenario (28 de febrero de 1526).
Descripción de las regiones
Por otra parte, las evidencias arqueológicas han dividido a
Campeche en seis regiones fundamentales, sin límites precisos,
que han sido llamadas: Petén, Río Bec, Los Chenes, Puuc, Edzná
y la de los ríos y lagunas.
Petén
Comprende los asentamientos de: Balakbal: Significa lo que esta
ba oculto; conjunto de edificios construidos sobre una gran
plataforma y otro grupo levantado sobre una pequeña pero alta
terraza; data de alrededor del año 406 d.C. Altamira: Tres o cua
tro grupos de edificios dispuestos alrededor de patios o plazas.
Uxul: Significa el fin; varios grupos de edificios dispersos, pero
distribuidos alrededor de plazas; algunos restos ofrecen la fecha
del año 622 a 672 d.C. Calakmul: Significa la ciudad de las dos
pirámides adyacentes; zona amplia en la que se distinguen con
juntos de construcciones que alcanzan el número de 972 estruc
turas; de entre ellas, unas 300 se distinguen por su techo de bóve
da, y otras por su carácter palaciego. Se observan restos de una
muralla de longitud sorprendente de la que solamente se ha me
dido un tramo de 200 metros: tiene dos metros de ancho y, en al-
18 ESPLENDOR MAYA
gunos puntos, hasta seis de alto. El doctor Piña Chan ha estimado
que fue un importante punto urbano integrado por edificios de
bidamente planificados y orientados; ciudad con funciones civiles
y religiosas, actividades políticas sujetas a una administración y,
desde luego, actividades comerciales. Fue Calakmul un lugar de
residencia, con habitaciones calificadas como de élite y una zona
adyacente de chozas rectangulares.
El esplendor de las ruinas mayas ha provocado las sorpresas
más singulares acerca de un espacio donde transitó el ser huma
no. Howard La Fay hizo hace algunos años una descripción del
lugar denominado Becán que, en el siglo xx, despierta una posi
tiva impresión de lo que sucedió centurias atrás en cuanto al am
biente; vale la pena considerar este relato porque de alguna ma
nera refleja el carácter, el vigor y la tenacidad de los constructores
mayas:
Durante toda una tarde exploró el foso de Becán, de dos kilómetros
de circunferencia, bajo la gruesa cortina de floresta tropical. Pocos ra
yos de sol penetran la sombra abrumadora y al nivel del suelo no co
rre brisa alguna. El sudor perlado cae desde el cuero cabelludo hasta
los talones, en cuestión de minutos uno queda totalmente empapado
en sudor. Mi cuaderno se volvió un trapo mojado y el sudor de mi
mano manchaba las palabras mientras escribía.
Las temperaturas que privan en la región son altas y, en conse
cuencia, rigurosas, y si a ello se agrega la variedad de insectos y
alimañas, más se recrudecen los padecimientos, de tal modo que
el cronista antes citado no pudo menos que advertir:
Las culebras se ocultan en las sombras, las garrapatas infestan la ve
getación y las ramas caídas causan avalanchas de hormigas. Si uno se
apoya en un árbol para sostenerse y por casualidad éste es una pal
mera escoba, de apariencia inofensiva, termina con espinas incrusta
das en la mano. La noche trae hordas de mosquitos y un calor húme
do y sofocante. Un hombre prudente deberá revisar sus zapatos
antes de ponérselos por si acaso hubiera alacranes. El bosque tropi
cal me pareció un ambiente totalmente hostil. Una de las muchas
ESPLENDOR MAYA 19
paradojas de la historia maya es que esta civilización haya llegado a
tal punto de prosperidad en un medio ambiente como éste.
En ese lugar se han descubierto 120 estelas con inscripciones
que van del 623 a 810 d.C.; también se afirma que su floreci
miento tuvo lugar entre el 500 y el 900 d.C. A fines de 1996 se
localizó la tumba de quien podría haber sido uno de sus más dis
tinguidos gobernantes: Yukom Yich’a K’ak que quiere decir: Ga
rra de Jaguar. La Muñeca o Xamantún: Planificación parecida a
la de Calakmul; las estelas rescatadas dan fechas que abarcan del
700 al 889 d.C. Oxpemul: Significa tres cerros y en consecuencia
está ubicada en lo alto de una colina; grupo de construcciones
distribuidas alrededor de plazas; se ha considerado que datan de
los años 731 a 830 d.C. El Palmar: Zona que se observa deteriora
da, pero aún conserva basamentos piramidales que alcanzan has
ta 36 y 43 metros de alto; por estelas descubiertas se ofrecen
fechas que van de los años 711 a 884 d.C.
Río Bec
Comprende las zonas denominadas: Río del Roble: Se extiende
sobre varios kilómetros y comprende diversos grupos de edifica
ciones dispersas dentro del municipio de Hopelchén; en los edifi
cios con fachadas decoradas de piedra y estuco puede verse un
mascarón estilizado, reminiscente del dios Chac o de la Lluvia;
uno de los restos arqueológicos señala la fecha de 731 d.C. El
nombre se debe al explorador Maurice de Perigny, quien informó
acerca de ella en 1908. Hormiguero: Tomó su nombre de una
aguada que los lugareños bautizaron de esa manera. Sitio de va
rios edificios ordenados alrededor de plazas; se encontraron mas
carones. Channá: Significa la pequeña casa. Okolbuitz: Zona en
la que destacan dos grupos de edificios, un conjunto asociado a
una extensa terraza, y a corta distancia un pequeño cuadrángulo
rodeado de estructuras. Becán: Significa barranca; el foso reco
rre un perímetro de aproximadamente 1890 metros. Fue cavado
20 ESPLENDOR MAYA
en roca caliza y de trecho en trecho se interrumpe por un puente,
formándose así siete entradas a la ciudad.
Este lugar fue excavado por el doctor Joseph W. Ball de la San
Diego State University, quien en uno de sus largos informes
apuntó datos interesantes como el señalamiento de que el foso
había sido realizado durante el segundo o tercer siglo a.C. —Piña
Chan refiere que se construyó entre los años 200 y 600 d.C., con
profundidad de cinco a diez metros y ancho de 16— y que ro
deaba Becán; este hecho fue significativo pues lo hizo considerar
que los mayas, tipificados como personas tranquilas y devotas,
conocían la guerra desde hacía tiempo, señalando, además, que
se habían encontrado depósitos de huesos y de restos quemados,
los cuales sugirieron que la población había sido atacada alre
dedor del año 450. Payan: Significa primero, zona de montículos
dispersos. Xpuhil: Significa lugar donde hay materia o pus; se
compone de varios grupos de edificios aislados y entre ellos una
torre que alcanza los 20 metros de altura. Culucbalom: Significa
hombres sentados que platican, por los motivos que aparecen en
la decoración de uno de los edificios; es un sitio de reducidas
dimensiones. Peor es Nada: Lugar donde se encuentran varias
estructuras que ostentan típicas torres ornamentales. Pecbal: Sig
nifica lugar de las garrapatas; zona extensa que tiene varios con
juntos de estructuras agrupadas pero independientes. Chicanná:
Significa donde aparece el agua, y aunque son restos de una ciu
dad de orden secundario, sus edificios no carecen de ele
gancia. Balankú: Significa templo del jaguar y es de reciente
hallazgo; en 1991 se observó en este sitio un piso de estuco mo
delado y policromado que curiosamente fue rescatado cuando
vecinos de poblados cercanos descubrieron y denunciaron a los
saqueadores.
Los Chenes
Comprende las regiones de: Hochob: Significa lugar de las
mazorcas de maíz; las ruinas forman un solo grupo, sobresalien
do templos y palacios. En julio de 1894 Gustavo Martínez Alomía
ESPLENDOR MAYA 21
las visitó; posteriormente publicó una descripción en la que ex
plicaba que la tesis de Stephens sobre que el sitio estaba habitado
cuando llegaron los españoles no es correcta. Martínez Alomía se
apegó a los razonamientos del barón Friedrichsthal, quien sugi
rió, entre otras cosas, que ya había residentes cuando arribaron
los conquistadores, y que en el palacio central destacaban dos
enormes caras de piedra que representaban personajes indígenas
muy diferentes a los de entonces. El Tabasqueño: Zona parecida
a Hochob que tiene una plaza rectangular circundada por edifi
cios. Dzibilnocac: Significa la casa abovedada y pintada y se si
túa a poca distancia de la población llamada Iturbide; pequeña
zona arqueológica constituida por una serie de edificios aislados
pero que cuenta con un templo-palacio. Como fecha de sus co
mienzos se ofrece el año 500 a.C. Xtampak: Tiene una construc
ción rectangular de tres pisos escalonados; dos estelas registran el
año 751 d.C. Dzehkabtún: Significa mano de moler; tiene varios
núcleos de construcciones en torno a algunas plazas. Dzibiltún:
Zona con diversas construcciones.
Puuc
Integra los asentamientos de: Cbunhuhu: Significa lugar del ár
bol hunub; entre sus construcciones se distingue el edificio prin
cipal llamado El Palacio. Xculhoc: Significa pies truncos; también
consta de una estructura principal conocida como El Palacio de
las Figuras. Almuchil: Quiere decir lugar de sapos jóvenes; la zo
na tiene varios edificios deteriorados, no obstante se distingue
una construcción con figuras de estuco. Tantah: Significa rodea
do por la planta tab, consta de varias edificaciones. Itzinté: Su
nombre viene de la planta itzinté; tiene diversas construcciones.
Xcalumkín: Conocida también como Holactún; zona de varios
edificios en los que se encontraron piedras que se remontan a los
años 730 a 820 d.C.
22 ESPLENDOR MAYA
Edzná
Significa la casa de los gestos o visajes, es una de las zonas ar
queológicas más importantes de Campeche y sus ruinas se
extienden sobre más de un kilómetro de largo, comprendiendo
varios conjuntos esparcidos por el monte. En esta región se
encontraron 19 estelas cuyas fechas abarcan del 672 al 810 d.C.
Durante siglos permanecieron ocultas entre la vegetación, y no
fue sino hasta 1927 que Nazario Quintana Bello hizo pública su
existencia; en 1928 Federico Mariscal realizó y publicó los
primeros esquemas. Héctor Pérez Martínez planteó el cambio de
la palabra Etzná por Edzná, puesto que en la lengua maya no
existía el vocablo etz sino el de edz, que significa gesto hecho con
la nariz; posteriormente el señor Millet Cámara ha investigado
que el lugar era denominado Itzná, lo que significa la casa del
brujo. Los arqueólogos Alberto Ruz y Raúl Pavón Abreu efectua
ron los primeros trabajos formales de exploración en 1943, con
cluyendo al señalar la extensión del centro ceremonial, las carac
terísticas del Edificio de los Cinco Pisos, el juego de pelota y la
estructura denominada nohol na o casa grande, desde entonces
y hasta ahora han proseguido los estudios y labores de redes
cubrimiento, en los que han colaborado los refugiados guatemal
tecos.
Región de ríos y lagunas
Comprende: Carrizal: Con edificios destruidos. Mocú: Montícu
los de poca altura deteriorados.
La Costa
Abarca las subregiones de: Jaina: Significa casa en el agua, cen
tro ceremonial construido artificialmente sobre un islote pegado a
la línea del litoral; una piedra labrada registra el año de 652 d.C.
El lugar cobró fama por haber sido una necrópolis en la que se
enterraba a personas locales y de sitios vecinos, lo mismo en po-
ESPLENDOR MAYA 23
sición flexionada que dentro de grandes tinajas o urnas funera
rias, acompañadas de ofrendas para la otra vida. Xicalango: La
zona presenta varios sitios de habitación prehispánica como los
llamados Zapotal, Punta Gorda y Aguacatal, entre otros. Los Gua-
rixes: Montículos aislados hasta de ocho metros de altura, situa
dos en el extremo septentrional de Isla del Carmen. Tixcbel: Zona
habitacional, según los cimientos encontrados. Champotón: Po
cos datos arqueológicos, pues incluso del llamado templo de Ku-
kulkán, en el islote o río, se conservan pocas piedras. Campech:
Se han encontrado restos de pisos de estuco, algunos cimientos y
cerámica. Pustunich: De ese lugar se conoce la figura de un ena
no jorobado. Las Ruinas: Pirámides y plataformas de casas. El Ti
gre: Importante zona que cuenta con una gran plaza ceremonial;
por su extensión este lugar podría ser Itzamkanac, o capital de la
antigua provincia de Acalán. Cilvituk: Ruinas que se encuentran
en una isla, en medio de la laguna del mismo nombre.
Nedzcaán
Significa cerca del cielo y se encuentra en los límites de la reserva
de la biosfera de Calakmul; fue descubierta en 1993 por el ar
queólogo Florentino García Cruz, quien ha descrito una parte de
sus edificios. Al año siguiente, el arqueólogo Ramón Carrasco ini
ció el levantamiento planimétrico de los tres grupos arquitectóni
cos que componen el sitio; los trabajos de investigación realiza
dos desde 1996 han dejado al descubierto ocho de los 90 edificios
del lugar. Por otra parte, el avance en los estudios ha hecho posi
ble determinar que el tiempo de ocupación se inició hacia el año
100 d.C. En las excavaciones efectuadas se han encontrado ruinas
de dos juegos de pelota, uno de los cuales presenta dos crujías o
cuartos y otra habitación más donde se supone que se realizaban
actividades masculinas (por haberse encontrado flechas, pulido
res, cuentas y puntas); en una de las otras se encontraron objetos
propios del uso femenino, como ollas, fogones y malacates.
24 ESPLENDOR MAYA
Cualidades y usos tradicionales
Un día, inesperadamente, esta grandiosa civilización cayó con el
crepúsculo. Morley, de la Institución Carnegie de los Estados Uni
dos, comenta que los arqueólogos han discutido si las ciudades
fueron abandonadas repentinamente o si los habitantes prolon
garon su residencia en ellas, viviendo en circunstancias más pri
mitivas, “perdido el más fino aroma de su cultura”. Morley consi
dera que poco después de haberse erigido el último monolito en
cada centro ceremonial, todos fueron abandonados y la gran ma
yoría de los habitantes se trasladó a otra parte.
¿De qué vivían los mayas? realizaban jornadas agrícolas sem
brando maíz, calabaza y frijol, fundamentalmente, sin despreciar
aves, antílopes y la gran variedad pesquera de ríos, lagunas y
costa. La siembra se realizaba por el sistema de roza o milpa; para
las faenas agrícolas contaban con el bastón plantador o palo con
la punta endurecida al fuego, dependiendo, en el desarrollo de la
acción, de las lluvias o de las inundaciones periódicas; el maíz na
ció en el Mayab constituyendo un elemento vital y símbolo de
adoración.
Se ha considerado que, lejos de realizar prácticas agrícolas
primitivas, usaban técnicas avanzadas; así se ha expresado el pro
fesor B. L. Turner II de la Universidad de Oklahoma. Otros estu
diosos también han encontrado terrazas a escala en laderas de
cerros, o bien plataformas que hacían posible el cultivo en áreas
inundables durante ciertas épocas del año, aprovechando la llu
via; según Turner, de esta manera se practicaba una agricultura
intensiva capaz de sostener la vida de una población numerosa.
Su conocimiento en esta materia los llevó a construir un sistema
hidráulico a través de un largo canal que llegaba cerca del centro
ceremonial de Edzná.
Ejercieron el comercio; por ejemplo, en Tixchel hacían diversas
clases de cuchillos, anillos, devanadores y otros objetos utilizan
do carapachos de tortuga; también realizaban finos abanicos o
mosqueadores de plumas. Xicalango fue centro comercial impor-
ESPLENDOR MAYA 25
tante; los mexicanos, refiere Piña Chan, tenían una guarnición de
gente armada en Xicalango que recolectaba los tributos para
Moctezuma II, principalmente cacao; otro producto estimable en
el comercio fue la sal, dedicándose a su explotación algunos gru
pos costeros de Campeche. Río Lagartos, Celestún, Sisal y El Real
fueron salinas conocidas, de tal manera que José María Regil ha
señalado: “[...] desde Río Lagartos hasta Punta Desconocida, la
ciénaga deja entre ella y la playa una ceja de tierra cubierta de
salinas: lo son en efecto del Río Lagartos, siguen de Chuburná y
luego la de Celestún, entre ese puerto y el de Campeche”. La
intensa explotación de esas salinas cubría las necesidades de va
rios lugares y en consecuencia había tráfico considerable hacia
Tabasco, Chiapas, Guatemala y Honduras.
Los mayas crearon y pusieron en práctica el número cero varias
centurias antes de que los árabes introdujeran su uso en Europa.
El cero estaba representado por un símbolo que semejaba el di
bujo del ojo humano. Agustín Aragón y Leyva sostuvo que Europa
llegó al conocimiento del cero hasta el siglo xi, mientras que los
mayas lo inventaron hacia el siglo v; y no sólo su concepto y su
símbolo, sino también su valor según su posición en las cifras, (es
un valor efectivo que completa decenas a la derecha y convierte
en décimos a un dígito cualquiera, si se coloca a la izquierda).
Por otra parte, fue notable el uso que hicieron de sus dos ca
lendarios: el ritual o sacerdotal y el civil o astrológico. El primero
les servía para llevar la cuenta del tiempo y fijar sus fiestas reli
giosas y vaticinios, y el segundo para anotar los hechos memo
rables y contar sus épocas y edades. El año del calendario ritual
se llamaba Haaby era de 365 días; un ciclo de 52 años se llamaba
Katún. Al respecto señala La Fay que durante la Edad Media
europea, los mayas practicaban una astronomía tan precisa que
su antiguo calendario era igual de perfecto que el que nosostros
utilizamos actualmente; trazaban el curso de los cuerpos celestes
y, ante el asombro de los fieles, los sacerdotes predecían los
eclipses solares y lunares. Con sólo un error de 14 segundos por
año calculaban el camino de Venus, planeta falaz que lo mismo
es estrella de la mañana que del atardecer.
26 ESPLENDOR MAYA
Los terrenos que cubre la geografía de Campeche se encuen
tran poblados de numerosas especies de árboles y arbustos, co
mo la caoba y el palo de tinte, que los mayas conocieron con el
nombre de ek; el guayacán, árbol de madera durísima, que años
después los europeos aprendieron a usar para hacer barcos resis
tentes al oleaje; el canisté, el cedro, el ciricote, el zapote o árbol
del chicle y demás. El henequén fue una fibra útil que los luga
reños denominaron con el vocablo tsootquis que hoy deformado
es sosquil; durante algún tiempo fue cultivo exclusivo de la re
gión, hasta que en 1834 fueron sacados por el puerto de Campe
che, subrepticiamente, algunos vástagos de la planta y transporta
dos a la península de la Florida, donde prosperaron, y de ahí se
propagó a otros muchos lugares.
En lo que se refiere a otras especies, el achiote lo empleaban
como planta tintórea y preciado condimento de la cocina regional,
pues ofrece un grato sabor y otorga un vivo color a los alimentos.
El tabaco se cultivó e incorporó al herbolario medicinal; se abona
esta versión con el conocimiento en su lengua de la voz xigar,
que significa aspirar o chupar, verbo que utilizaban para designar
el acto de aspirar el humo del tabaco al ser fumado. No se pue
den olvidar los frutos como el zaramullo, el caimito y el marañón.
A todo lo que se comerciaba hay que agregar los objetos de
concha de carey, de la que hacían collares y pulseras. El cacao y
el chocolate son planta y bebida de origen maya; aunque sus
nombres provienen del náhuatl cacábuatl y xocóatl, la palabra
maya con que se designaba al grano es cacau, derivada de la voz
más antigua chacahuaa. Cacahuate es palabra de origen maya;
los aztecas formaron su voz tlalcacábuatl que significa cacao de
tierra porque el cacahuate se saca de dentro de la tierra, mientras
que el cacao es fruto aéreo. También en aquellas tierras se origi
nó el chile; el nombre de su deidad cósmica, Zak Tzyiz, se deriva
de ak = hierba y tzir = picar Siguiendo esta relación, dice García
Rivas:
En la antigüedad, en el encantado reino maya, en la tierra de los fai
sanes, los venados y los colibríes, el Ixmucane, como un dios alqui-
ESPLENDOR MAYA 27
mista, había mezclado y probado toda clase de alimentos, inventan
do hasta nueve atoles distintos, para descubrir en el maíz la sustancia
que permitiría al género humano subsistir a pesar de los terremotos,
las inundaciones o la erosión de las tierras taladas.
La caña de azúcar se producía en una región de Campeche, a
tal grado que en 1549, poco tiempo después de la Conquista,
Francisco de Montejo, el Adelantado, instaló un ingenio en Cham-
potón.
Barbacoa es una palabra de origen maya y consiste, como en
parecida forma se sigue haciendo en el Camino Real de Campe
che, en lo siguiente: para el cocimiento a fuego indirecto, los ma-
yás colocaban la carne de venado en el espacio interno de un
hoyo cavado en la tierra a propósito, cuya base era llenada de
brasas de leña, y sobre éstas colocaban planchas de piedras que se
calentaban; sobre las piedras ponían la carne del animal que de
bía cuecerse y lo cubrían todo con hojas frescas y mantas.
Para relatar algún aspecto de la fauna, puede mencionarse que
el guajolote o pavo de monte fue visto por la gente del Viejo
Mundo, cuando Francisco Hernández de Córdoba llegó a Cam
peche y Champotón en 1517; seguramente también en esa u otra
campaña posterior observaron el armadillo o huech y el oso hor
miguero. Entre otros animales que se distinguieron por esos lo
meríos, se cuenta el jaguar o panthera onca, que es un felino de
talla grande y constitución robusta, de coloración amarilla a ocre,
con un patrón definido de rosetas negras y una mancha oscura en
el centro; es el único felino americano capaz de rugir, ya que tie
ne el cartílago hioideo bien desarrollado.
Si bien es cierto que los españoles descubrieron poblaciones
de origen maya, como Campeche y Champotón, en el litoral del
Golfo de México, también lo es que la cultura de sus pobladores
quedó inédita porque su búsqueda estaba orientada hacia las
riquezas materiales y, al mismo tiempo, porque la mayoría de las
ciudades había sido abandonada y cubierta por la selva, cuando
no derrumbada por la fuerza del tiempo y el olvido. No fue sino
hasta el siglo xix que viajeros y arqueólogos descubrieron ciuda-
28 ESPLENDOR MAYA
des, templos y estelas. Un caso relativamente reciente es el de
Cyrus Lundell, quien el 29 de diciembre de 1931, trabajando para
las compañías chicleras, descubrió casualmente las ruinas de
Calakmul; en marzo de 1932, en Chichén Itzá, se lo comentó al
doctor Sylvanus G. Morley de la Institución Carnegie, quien poco
después diría:
Calakmul rebasa nuestras más vastas expectativas. Contiene una
enorme cantidad de estelas, 103 en total, con esculturas de figuras y
jeroglíficos, muchos más monumentos esculpidos que cualquier otra
ciudad maya conocida [...] el sitio es de una extensión enorme y de la
mayor importancia arqueológica.
II. AMANECER DE LA CONQUISTA
Litoral desde el puente de mando
O FUE PRODUCTO DE LA CASUALIDAD al arribo de los espa
N ñoles al litoral peninsular; existe información del encuen
tro entre mayas y europeos en el último viaje de Cristóbal Colón
—1502— navegando por aguas de Honduras; ahí se encontraron
una canoa tripulada por comerciantes que, como otros, transita
ban las aguas de esos mares desde Campeche, incluyendo tam
bién las vías fluviales. En este acontecimiento notorio para el
futuro, fue también importante la presencia de un grumete, quien
en años posteriores demostraría su experiencia desde el puente
de pilotos. Se llamaba Antón de Alaminos.
El tiempo de los pueblos tiene la luz del alba y los reflejos del
crepúsculo; los péndulos de un destino diferente aparecieron en
1509, cuando naufragó el castellano Valdivia y recalaron en la pla
ya de la sobrevivencia Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero,
partícipes de un episodio peninsular que fecundó el mestizaje.
Años más tarde zarpó de las costas de Cuba, en ruta de aventura, la
nave con bandera española capitaneada por Francisco Hernández
de Córdoba, con 110 hombres de mar y tierra. Quebrando las
tranquilas aguas de un mar desconocido, proyectándose las mira
das en el horizonte incógnito, impelida la voluntad de los hom
bres por el calor de la audacia, llegaron los españoles a la penín
sula de Yucatán en febrero de 1517. Al pisar por primera vez, en
aliento de conquista, la tierra original de los mayas, se presintió la
honda diferencia de dos pueblos, premonición del irremediable
enfrentamiento entre los que arraigaban un sentimiento de poder
y riqueza —conceptos primordiales en toda aventura— y los que
empuñaban la emoción tradicional de sus costumbres, vocación
teológica y de sobrevivencia en el ámbito de su geografía original.
29
30 AMANECER DE LA CONQUISTA
En el sitio que llamaron Cabo Catoche se plantó el pendón de
la conquista; entonces, los caracoles indígenas resonaron provo
cando ecos de exaltación guerrera y vigilia permanente. Sorpresa,
silenciosa convivencia en los encuentros donde las señas fueron
palabras de un desconocido idioma, los hombres de uno y otro
continente presintieron los aires violentos que rasgarían los días
futuros; las dimensiones de la ambición conquistadora dilataron
las pupilas peregrinas ante el exuberante paisaje como el calcá
reo perfil de los edificios que estaban en la tierra nueva. Extasia-
dos ante la naturaleza, estimulados en el propósito de opacar a su
tacto el brillo del oro, los españoles prosiguieron en la ruta sin
límite conocido; pocos días después avistaron un poblado sem
brado en la costa, desembarcaron cautelosamente y poniendo pie
en tierra descubrieron Ah Kin Pech. Este acontecimiento tuvo
lugar el domingo 22 de marzo de 1517 y, de acuerdo con el día
del calendario religioso, denominaron a la población San Lázaro;
después se fueron derrotando por el litoral hasta llegar a Cham-
potón, donde la bonhomía local que hasta entonces habían cono
cido se tornó en recibimiento agresivo; una reseña nos dice:
[...] al aclarar el nuevo día, vieron cómo se dirigían escuadrones sobre
ellos, lanzándoles sus flechas. Hirieron a más de 80, entre los que es
tuvo Hernández de Córdoba, a quien dirigían especialmente sus fle
chas con el grito de ¡halach huinic! ¡halach huinic! [otro cronista seña
la que los vocablos eran: al calachuni, al calachuni] que parece ser
significaban ¡al jefe! ¡al jefe!; los españoles tuvieron que abrirse paso a
tajos y mandobles, alcanzando sus barcas a duras penas, y como to
dos trataban de subir al mismo tiempo muchos se hundían. Hubo
bastantes heridos, especialmente el capitán, que recibió doce flecha
zos. Murieron 55 hombres y dos más fueron secuestrados por los na
turales de Champotón, cinco más murieron posteriormente a bordo
de los barcos a consecuencia de las heridas.
Los conquistadores regresaron a la isla de Cuba y en La Habana
fallecieron tres soldados más; el propio capitán Hernández de
Córdoba desembarcó maltrecho y pocos días después murió en
Espíritu Santo, lugar donde tenía su residencia; desconocidos los
AMANECER DE LA CONQUISTA 31
antibióticos, las infecciones por herida resultaron incurables y
causa irremediable de muerte; desde entonces los conquistadores
conocieron a Champotón como “Bahía de la Mala Pelea”, pe
netrando a las páginas de la historia el cacique que guió a los
mayas al éxito en aquel combate: Moch Couoh.
Los españoles volvieron a cruzar por la bahía en 1518, esta vez
bajo el mando del capitán Juan de Grijalva. Con las prevenciones
a causa de la batalla anterior, ahora pasaron de largo y no fue sino
tiempo más tarde que en un desembarco rechazaron el coraje in
dígena en la orilla de la playa y con bajamar. En esos días la re
gión padecía una enorme mancha de langosta, plaga que se mez
cló en la lucha ocasionando que los españoles creyeran, en cierto
momento, que eran flechas y se pusieran a cubierto de los fleche
ros; otras veces, suponiendo que eran langostas, no se prevenían
de las flechas. Señala Cogolludo que perecieron tres soldados, 60
resultaron heridos e incluso el capitán recibió varios flechazos
perdiendo dos dientes; llegaron a la población abandonada por
los mayas y sin perseguirlos ni encontrarlos en los montes aleda
ños, a los tres o cuatro días se reembarcaron. Años después, en
1530, fueron recibidos con hostilidad y combatidos nuevamente
en 1537; este encuentro entre los dos pueblos fue definitivo: hubo
una batalla nocturna por iniciativa de los mayas; no hubo vence
dor ni vencido, pero siguieron los días de hostigamiento y nega
tiva de conceder provisiones. Planteándose el momento crucial,
Cogolludo refiere que los indígenas atacaron con gran denuedo y
los españoles se defendieron con desesperación, y a pesar de que
eran numerosos los muertos por parte de los mayas, éstos siguie
ron empujando a los enemigos hacia la playa para obligarlos a
embarcarse. Conseguido este propósito, se burlaron de los espa
ñoles; actitud que provocó de nueva cuenta el desembarco de los
soldados, quienes finalmente consiguieron la victoria. Sin embar
go, la conquista no se había consolidado.
Aparte de los hechos referidos solamente a Champotón, es ne
cesario revisar otros sucesos para recapitular los acontecimientos;
lo cierto es que el oleaje de la invasión había comenzado.
El 10 de febrero de 1519 salió de Cuba la tercera expedición
32 AMANECER DE LA CONQUISTA
española, esta vez bajo el mando de Hernán Cortés, quien ya no
se detuvo en las poblaciones antes descubiertas, sino que llegó
hasta Veracruz, donde inició los días memorables de la conquista
de las tierras del altiplano.
En la segunda y tercera expediciones, formaron parte de la tri
pulación Alonso de Ávila y Francisco de Montejo, llamado éste a
ser, poco tiempo después, el promotor principal de la conquista
de Yucatán.
En la consecución de sus propósitos, Montejo tuvo que realizar
las gestiones burocráticas establecidas por el sistema monárquico
español, de tal manera que el 8 de diciembre de 1526 le con
cedieron los privilegios sustentados documentalmente para las
acciones de conquista y colonización; asimismo, le otorgaron el
título de Adelantado de Yucatán. En junio de 1527 zarpó de San
Lúcar de Barrameda, España, hacia el Caribe, primero, y después,
a bordo de tres embarcaciones y con un ejército de hombres aci
cateados por la esperanza, ante la aventura incierta, a Yucatán.
San Bernabé, el filo de la navaja
La primera incursión que tuvo éxito para el Adelantado fue la de
Santa María de la Victoria, Tabasco, en el año de 1529; dicha
expedición empujó los días iniciales de la conquista, y como van
guardia uno de sus capitanes, Alonso de Ávila, consiguió llegar a
Champotón con un grupo de soldados.
En las rondas del descubrimiento y la conquista, Montejo tuvo
el trauma salamantino; es difícil encontrar una población a la que
dejara de bautizar con el nombre de su lugar de origen: Salaman
ca. Regó por toda la península el nombre, queriendo perpetuar
perpetuándose: cercano a Xcaret fundó Salamanca de Xelhá, Sa
lamanca de Xamanhá, después Salamanca de Champotón y Sala
manca de Campeche, entre otras.
Padre e hijo —los dos Montejo— alcanzaron a la vanguar
dia establecida en Champotón en 1530, pero sucedió que el Ade
lantado enfrentó problemas oficiales relacionados con sus fun-
AMANECER DE LA CONQUISTA 33
ciones y privilegios, lo que puso al filo del fracaso la conquista de
la región; solamente la intervención de su amigo Juan Lerma,
quien le proporcionó valiosa ayuda proveyéndolo de alimentos y
otros elementos indispensables, lo hizo seguir en su empeño. Sin
dejar de ser hostilizado llegó a Campeche en 1531, designando al
lugar como Salamanca de Campeche; poco después, sostenida
una tranquilidad ficticia entre españoles y mayas, éstos se lanza
ron al ataque y aquéllos apenas pudieron salvar la vida; en la re
friega el Adelantado alcanzó una herida en la pierna, abierta por
un flechazo; fue capturado y sólo una valerosa carga del jinete
Blas González lo arrancó de sus custodios. Corrió la sangre inscri
biéndose la fecha del 11 de julio de 1531 como un episodio cono
cido con el nombre de “batalla de San Bernabé”; sin embargo, la
pacificación no se conseguía; por todas estas vicisitudes, el Ade
lantado se fue a Chiapas para desempeñar otra misión, dejando a
cargo de su hijo Francisco de Montejo, el Mozo, el intento final;
recogió nuevos recursos, agrupó soldados y ordenó a Montejo el
Sobrino, junto con Lorenzo Godoy, que recorriera el camino des
cuidado, y fue de esa manera como regresaron a la Bahía de Mala
Pelea, donde en 1537 fundaron San Pedro de Champotón.
Ya establecido, el pequeño grupo de conquistadores no vio
surgir la riqueza por ninguna parte, de tal manera que su existen
cia, además de precaria, era incierta, condicionada por la escasa
colaboración de los pobladores; en consecuencia, la deserción de
algunos soldados no se hizo esperar. Parecidas circunstancias
agobiaron a la pequeña guarnición que estaba en Campeche al
mando de Gonzalo Nieto; además, Montejo el Mozo había sido
llamado por su padre a Chiapas y luego fue a la capital del virrei
nato.
Similares acontecimientos padecieron los cinco clérigos que
iniciaron la conversión de los indígenas al cristianismo; de hecho,
fray Jacobo de Testera y fray Lorenzo de Bienvenida, entre otros,
se retiraron de la región. Sin embargo, y así los hechos, sustentan
do un irremediable destino, sobrevivieron debido a que Montejo
el Mozo llegó con nuevos contingentes, y siguiendo las instruc
ciones de su padre estableció otra vez en Campeche la base de
34 AMANECER DE LA CONQUISTA
operaciones para que sirviese “de entrada a la Provincia y como
puerto principal”. Fue así que el 4 de octubre de 1540 se fundó la
primera villa hispana de la península con el nombre de San Fran
cisco de Campeche; también fue la primera en tener cabildo y
ostentar un templo católico, que no fue el de San Francisco extra
muros, como se ha creído, sino el de Nuestra Señora de la Con
cepción en la plaza principal de la localidad.
Cuando el Adelantado perdió la gubernatura de Chiapas, trazó
itinerario hacia la Península, y pasando por Tabasco desembarcó
el 25 de diciembre de 1546 en Campeche, donde ya lo esperaban
su hijo, su sobrino y otros capitanes. Encontrándose en ese lugar
tuvo conocimiento de una sublevación indígena ocurrida en las
inmediaciones de Valladolid; rápidamente organizó una fuerza de
combate con españoles e indígenas bajo la responsabilidad de su
sobrino y la envió al lugar de los hechos logrando sofocar la rebe
lión. Fue así como prácticamente quedó concluida la conquista
de la vasta región.
Es necesario referir que cuando el Adelantado llegó a Campe
che a fines de 1546, se hizo cargo del gobierno que venía des
empeñando su hijo y, posteriormente, pasó a Mérida, donde go
bernó hasta el 13 de mayo de 1549, día en que se dispuso su
expulsión del cargo por orden del juez de residencia, licenciado
Blas Cota, enviado por la Audiencia de los Confines. El Adelanta
do tuvo necesidad de viajar a la capital de la Nueva España para
enfrentarse a la burocracia, pero al no arreglar la cuestión tuvo
que ir a España para gestionar, inútilmente, que se le restituyese
en el mando. Finalmente, falleció en la ciudad de su nacimiento:
Salamanca, cuya denominación paseó por todo el sureste con la
inquietud de nombrar poblaciones como la que habría de recu
perarlo en su muerte el 8 de septiembre de 1553; dejó, sin embar
go, las raíces de una familia crecida en tierras peninsulares. Por
otra parte, debe quedar claramente asentando que la valerosa
conquista de Yucatán no solamente fue obra del Adelantado,
sino también de su hijo Francisco Montejo y de León, el Mozo.
AMANECER DE LA CONQUISTA 35
Siglo xvi: tiempo radical
Umbral y proceso de la Conquista, de la cual ha dicho Gallen
Kamp:
Así comenzó la supremacía española en el Nuevo Mundo. En Yuca
tán, miles de mayas fueron puestos en encomienda y se les impuso
tributo; con implacable formalismo se dedicaron a desarraigar la cul
tura y las tradiciones, destruyendo edificios y templos, esculturas,
etc.; instruyeron a los indígenas en la religión cristiana y se les ense
ñó el español, para registrar asuntos que preocupaban o interesaban
a los conquistadores; y la civilización maya fue destruida y borrada
del escenario de los sucesos humanos, quedando relegada al olvido.
El siglo xvi aparece como tiempo radical, son años de transfor
mación, cuando el mestizaje inicia su tránsito, incluyendo el posi-
cionamiento de los mayas, quienes en su vasallaje se resistieron a
la conquista total, y refugiándose en su lengua, contuvieron el
embate del idioma español, sucediendo lo inesperado: la lengua
maya penetró con usos, costumbres y vocablos, obligando, desde
entonces, a que la comunicación verbal tenga que emplear térmi
nos de raíces indígenas. Es desde entonces que se emplea el
mayañol, es decir, frases con palabras de la lengua maya y del
idioma español.
En 1547, terminados los tiempos necesarios para el asenta
miento, la Capitanía General de Yucatán se dividió en cuatro dis
tritos: el de Mérida, el de Valladolid, el denominado Salamanca de
Bacalar y el de San Francisco de Campeche, comenzando este úl
timo a delimitar su jurisdicción. Su plaza principal fue el centro de
la antigua población y de la nueva villa española, asentada a una
milla del pueblo indígena que entonces fue llamado Campechue-
lo por los conquistadores, y hoy corresponde al barrio de San
Francisco. El centro de la villa fue poblado por españoles, el ba
rrio de San Román fue destinado a los aztecas que acompañaron
a Montejo, y el de Santa Ana fue habitado por negros y mulatos
que participaron en la conquista; en este sentido, es preciso seña-
36 AMANECER DE LA CONQUISTA
lar que el puerto fue enriqueciendo su fuerza comercial al habili
társele para el desembarco de esclavos negros.
Un suceso notable fue la llegada, el 5 de enero de 1545, de
Bartolomé de las Casas, obispo de Chiapas, Campeche y Yucatán,
quien arribó acompañado de 40 sacerdotes dominicos. La recep
ción no careció de simpatía por parte de los pobladores, y el
padre residente Francisco Hernández, frente al puerto, entabló
una plática con los frailes que le acompañaban y censuró los abu
sos de los españoles para con los naturales; el relato del clérigo
permite conocer el medio físico que su mirada contempló:
El lugar de Campeche era de 500 casas de indios y cerca de él estaba
una villa de españoles de hasta trece vecinos [...] Venían también mu
chas canoas de indios desnudos con sólo los mástiles que es una faja
con que se cubren, y como era la primera vez que los padres veían
gente de aquella librea causóles algún horror. Algunos principales
que allí se hallaron, que eran bautizados, tenían camisa y greguescas
de manta de algodón y un paño de manos revuelto al cuello con una
punta sobre el pecho al lado del corazón y la otra a la espalda que le
corresponde. Sacaron los indios al señor obispo y a los religiosos a
tierra con gran contento [...1 entreteníanse los padres como nuevos
en la tierra en saber algunas cosas de ella, y teniendo por muy cierto
que toda aquella fue antiguamente mar, y que retrayéndose las aguas
del centro del océano, dejaron aquella parte descubierta [...1
Fenómeno que data de hace siglos y que conocemos como va
ciante, es decir, cuando el mar se retira de la playa más de mil
metros y deja al descubierto tierra que, en los años modernos,
permitió sanear y construir avenidas, edificios y casas.
La transformación no sólo no fue lenta, sino que los aconteci
mientos se presentaron con rapidez, a tal grado que para el 12 de
febrero de 1549 se tasaron los pueblos en la audiencia de Santiago
de Guatemala: a beneficio de la Corona española se fijó a Cam
peche 630 mantas, 400 gallinas, 3 arrobas de miel y 100 de pesca
do seco; más adelante, en 1643, la villa citada tendría como tribu
to 1652 mantas y tres piernas, entendiéndose por cada manta
cuatro varones casados u ochos personas, según dijo Cogolludo.
AMANECER DE LA CONQUISTA 37
El ámbito económico de Campeche se explicó al Consejo de
Indias en 1664 en los términos siguientes:
[...] que la provincia de Campeche en la estimación es la tercera en las
Indias que no produce oro ni plata, que se conserva con sus frutos y
a maniobras de los naturales, que tiene una gran trabazón su comer
cio con toda la Nueva España e islas del dominio de V.M. mediante la
contratación del palo de Campeche (o de tinte) que se cría allí sil
vestre, que en la labor y corte de él consiste el alimento de aquellos
naturales, que en cambio de este género les llevan de otras partes de
las Indias el cacao y otros frutos de que se necesita para su sustento y
vestuario, que de España los llevan asimismo el vino, el aceite y otros
géneros que se cambian en trueque del palo
El puerto resultó deslumbrante y dinámico por las actividades
propias de su privilegiada situación, en la ruta del comercio marí
timo, pero también los pueblos del interior desempeñaban jor
nadas habituales: en Tinún, Bolonchén, Sacabchén y Champotón
se cultivó tabaco, caña de azúcar, añil y grana, aunque también
había maíz y arroz, así como explotación salinera.
III. ATAQUES DE LA PIRATERÍA
Halcón de los mares
A REGIÓN DE CAMPECHE, aquella que se encuentra entre el Río
-Lrf Champotón y el de San Pedro —este último establece el lí
mite con Tabasco—, fue de suma importancia por los árboles de
maderas preciosas que se levantaban sobre lomeríos, planicies y
pantanos, así como en las orillas de los ríos y lagunas. La historia
de la riqueza maderera está relacionada con las incursiones fili
busteras, principalmente de ingleses y holandeses; verdad o le
yenda, por sus hechos crearon un espacio de aventura y horror,
temeridad y sacrificio. Cuando los filibusteros se hacían de un
gran botín, adquirían una pequeña embarcación y un cañón; una
correría afortunada producía otras veinte naves; si eran un cente
nar, se les creía mil. Era difícil escapar de ellos y mucho más se
guirlos; eran aves carnívoras que se hallaban en todas partes
y después se retiraban a lugares inaccesibles; sorprendieron y sa
quearon las ricas ciudades de Chagra, Maracaibo, Veracruz, Pana
má, Puerto Rico, Campeche, Santa Catalina y los suburbios de
Cartagena.
Uno de los filibustierres nombrado L’Olonois penetró hasta las
puertas de La Habana solamente seguido por 20 hombres; ha
biéndose retirado enseguida a sus canoas, el gobernador envió
en su persecución un buque de guerra con soldados y un verdu
go. L’Olonois se hizo dueño del buque y mandó le quitaran la ca
beza a los soldados españoles, enviando de regreso al verdugo
con el gobernador (se dice que este L’Olonois fue capturado y
devorado por los salvajes en Panamá años después). Se ha llega
do a comentar que si los piratas hubieran tenido una organiza
ción parecida a su desmesurado valor, habrían podido fundar una
poderosa nación en América; les faltaron mujeres, pero en lugar
38
ATAQUES DE LA PIRATERÍA 39
de robar y casarse con sabinas, como se dice lo hicieron los roma
nos, las mandaron traer de la Salpetriére de París y no hubo gene
ración. Eran más crueles con los españoles de lo que los israelitas
lo fueron con los cananeos; se habla de un holandés llamado
Rock que puso a muchos españoles en el asador y obligó a que se
los comieran sus camaradas; las expediciones fueron siempre ope
rativos de ladrones y jamás campañas de conquistadores.
Bajo estas generalidades, a partir de 1564 —cuando ya habían
comenzado los ataques piratas a las naves españolas y a las po
blaciones de la costa— se estableció la Capitanía General de Yu
catán, y fue el señor Luis de Céspedes y Oviedo el primero en
ostentar el título de gobernador y capitán general, quien consi
deró la necesidad de fortificar la villa de San Francisco de Cam
peche.
La piratería tenía una razón económica, no era únicamente un
impulso de grupos o agrupamientos de salteadores. España había
creído obtener para sí, por disposición del papa Alejandro VI, la
exclusividad de los recursos originados en los territorios conquis
tados; si acaso, estuvo conforme con que Portugal dispusiera de
la misma fortuna. Inglaterra, Francia y los Países Bajos no se con
formaron con la disposición vaticana, por demás parcial para sus
intereses y ambiciones, y no la acataron porque, al igual que es
pañoles y portugueses, necesitaban esos recursos tanto para sus
mercados como para las jornadas comerciales.
Los países europeos, principalmente Inglaterra, no tenían colo
nias productivas, de tal manera que únicamente se les presenta
ban dos opciones: la emigración o la obtención (violenta o pacífi
ca) de los elementos necesarios para sus manufacturas e industria.
Inglaterra, ínsula progresiva, se hizo poderosa en el mar desarro
llando una importante fuerza naval, lo que le permitió obtener
recursos externos que fortalecieron su estructura social. A pesar
de esto, muchos de sus habitantes se inclinaron hacia la piratería
y el contrabando; sin distinción de clases, la marinería de prácticas
ilegales y violentas fue un recurso ocupacional. Francis Drake, en
una de sus expediciones al Caribe contó con apoyos tan impor
tantes como los que da a conocer el siguiente relato:
40 ATAQUES DE LA PIRATERÍA
[...] la reina Isabel le confió dos de sus mejores naves: el Arot, de
doscientas toneladas, y el Bonaventure, de seiscientas. Contribuye
ron además los mercaderes ingleses con varias embarcaciones, en
tre ellas el galeón Leicester de cuatrocientas y otras más como el 77-
ger, el Minion, el Swallow y el Primrose. Drake escogió como nave
almirante el Bonaventure, por ser la mejor artillada y de mayor ta
maño.
Sin embargo, las tareas se ocultaron en cuanto al consentimien
to oficial, y la piratería fue alentada como una dinámica privada;
el oro y la plata fueron las riquezas que despertaron mayor am
bición, pero también el palo de tinte, ya que la industria inglesa,
en lo relativo a la manufactura textil, dependía de los colorantes
naturales que únicamente se producían en las tierras tropicales.
En lugar de adquirir esa materia por el camino comercial con Es
paña, prefirieron abastecerse de ella por su particular iniciativa;
todo ello implicó años de ejercicio de la práctica pirata, hasta que
otros países legitimaron la posesión de islas y territorios en el
Caribe.
Campeche, único puerto de altura, tuvo conocimiento de lo que
le esperaba en materia de conflictos de mar y tierra cuando los
piratas la atacaron por primera vez en 1557; en esta fecha, se pre
sentó un grupo de ellos que abordó un barco entrando al puerto.
Años más tarde, hacia 1561, hubo piratas de distintas nacionalida
des que desembarcaron en Campeche; los habitantes defendieron
la plaza y recuperando lo robado lograron ahuyentarlos. Entre los
ingleses que se dedicaron a la piratería tenemos a sir Richard Co-
randville, William Hawkins, John Hawkins —hijo del anterior— y
conocido por los españoles como Juan de Aquines, y finalmente
Francis Drake, Halcón de los Mares, compañero de John; ambos
se dedicaron a viajar llevando esclavos que capturaban en África,
para venderlos junto con otras mercancías en los puertos del Ca
ribe; en 1568 atacaron Campeche y San Juan de Ulúa.
Principal refugio pirata en el Caribe fue Isla Tortuga, a donde
se regresaba después de los asaltos para derramar el producto de
lo robado: bebidas embriagantes, mujeres, tahúres, profesionales
ATAQUES DE LA PIRATERÍA 41
de la trampa los esperaban, de tal manera que las riquezas cam
biaban rápidamente de manos.
Estos acontecimientos no permitían que la población se des
arrollara con tranquilidad y a menos de dos décadas de su funda
ción, Campeche vivió una colonización difícil de prever, protago
nizada por piratas ingleses, quienes llegaban buscando explotar
el palo de tinte; ocuparon por primera vez la Isla de Tris —más
tarde Isla del Carmen— el 26 de octubre de 1558. La sonda de
Campeche, que era por naturaleza la más abrigada y tranquila,
fue convertida en la más peligrosa por obra de los piratas. Los
más conocidos fueron en su mayoría de origen británico, como
por ejemplo William Parker, Henry Morgan, Jacobo Jackson (lla
mado conde de Santa Catalina) y Mansvelt; también hubo pira
tas de otras nacionalidades, como Diego el Mulato, oriundo de La
Habana; Cornelio Jol Pie de Palo, holandés; Bartolomé, portu
gués; Rock Brasiliano, holandés; François L’Olonois o Juan David
Ñau el Olonés, francés; Laurent Graff Lorencillo, flamenco; Lewis
Scott; Gramont, francés; Van Horn, holandés; Abraham, holandés;
Joseph Cornélius, holandés; Isaac Hamilton; John Bold; Vander
Brull; Barbillas. Francis Drake fue de todos ellos el más famoso,
quizá por haber nacido predestinado: vio la primera luz en el
mar, gozó de él por sus peripecias y murió de vómito negro, na
vegando; su cadáver fue arrojado al océano.
No puede dejar de citarse que las bases o refugios para la delin
cuencia marítima estuvieron en Jamaica, para los ingleses, y en
Isla Tortuga, cerca de Haití, para los franceses. Los navios utiliza
dos para estas correrías han sido caracterizados con el nombre de
carraca o buque mercante entre los portugueses, patache o barco
de vela de dos palos, galeón de dos o tres cubiertas, aparejado
con tres palos y de popa redondeada; bergantín de tres palos,
ligero para la huida, urca o embarcación ancha de una sola cu
bierta y fragata que podía ser ágil. El armamento conveniente
constaba de mosquetes, cuchillos, dagas, cañones, arcabuces,
lanzas y rodelas, espadas y ballestas. A bordo de estas naves y
con esa clase de armas los filibusteros cruzaron el mar de las An
tillas, el canal de Yucatán, la Florida, el mar Caribe, la sonda de
42 ATAQUES DE LA PIRATERÍA
Campeche y la laguna de Términos, creando además un estilo
especial en su vestido y arremetiendo al amparo de la bandera
que izaban, misma que ostentaba una calavera.
Asaltos cercanos
De entre estos grupos se desprendió un barco pirata que en 1559
recorrió la costa de Campeche asaltando los navios que pasaban
por el litoral; en 1561 otro buque de origén francés llegó a Cam
peche sorprendiendo a las embarcaciones que estaban fondeadas,
asaltando y quemando casas de la villa (noche del 17 de agosto).
Este acontecimiento tuvo lugar en la época en que Diego Quijada
apenas se había instalado en el gobierno peninsular en Mérida;
existió un relato del propio don Diego, pero el que la historiogra
fía ha podido recoger es el de Bautista de Avendaño, alcalde ma
yor de Veracruz, en carta al rey el inmediato 28 de septiembre: a
San Francisco de Campeche llegaron 30 franceses salidos de tres
navios que andaban en la costa; robaron y quemaron de noche;
los habitantes con temor y alboroto huyeron al monte, donde es
tuvieron hasta el momento en que se dieron cuenta de que los
salteadores se iban con lo robado, que era todo lo que ellos te
nían, además de cinco mujeres. No queriendo permitir la huida se
embarcaron en pequeños botes hasta 15 vecinos y ótros tantos
soldados que habían llegado un día antes de la Florida; éstos al
canzaron a los piratas matando a 15 de ellos y apresando a otros
cinco; los demás llegaron al mar y en el batel que tenían se fueron
a sus naves, abandonando todo lo robado; los detenidos dijeron
que eran cinco los navios que andaban al corso y después de la
confesión fueron ahorcados. El hecho fue alarmante y el gober
nador Quijada tomó la decisión de ir a Campeche acompañado
de una fuerza de auxilio, diciendo: “Hice alarde y reseña de ar
mas y dejé bandera y tambor”. Nombró caudillo y otros oficiales
de guerra; desfilaron 25 arcabuceros y algunos piqueros y rodele
ros, todos diestros en tomar las armas y útiles en tiempo de nece
sidad. Éstos fueron los dos primeros ataques conocidos que casi
Mapa 2. Rutas de piratería.
44 ATAQUES DE LA PIRATERÍA
coincidieron con el establecimiento de los piratas en la Isla de
Tris; su estancia en este lugar no fue casual, pues la región isleña
contaba con numerosos accidentes geográficos y diversas salidas
al mar desde la laguna, lo que les concedía un sitio seguro y es
condite estupendo.
Para 1573 ya se tenía conocimiento de que los salteadores se
encontraban establecidos en laguna de Términos, y Dampier,
quien visitó la región en 1675, afirmó que en aquel entonces
había cerca de 250 piratas entre ingleses, irlandeses y escoceses;
dice Bolívar que estos hombres de la laguna, como se les llama
ba, se asentaron en grupos pequeños no mayores de 10. Cons
truían sus casas con troncos de arbustos y techos de huano; sus
lugares preferidos eran las pequeñas lagunas o ensenadas donde
estuviesen más cerca de la madera.
Campeche fue puerto agobiado por la codicia del pirata; para
ser marino se necesitaba ser valiente, pero para ser pirata había
que ser valiente como el más denodado de los marinos. Un pirata
era un renegado de la tierra, a la que sólo había de volver para
asaltarla o, vencido y prisionero, para ser llevado a la horca. Los
corsarios no eran piratas formalmente, porque obraban con
autorización y dependencia de un Estado para atacar otra entidad
enemiga. Los piratas o filibusteros, por el contrario, no dependían
de nación alguna, recorrían los mares por su propia cuenta; esta
ban calificados como ladrones de mar, de antemano estaban con
denados a muerte. John Hawkins, al frente de los barcos Unión,
Jesús de Lubeck, El Ángel, el Swallow y el Judith que llevaba a
bordo a quien sería el famoso Halcón de los Mares, Francis Dra-
ke, llegó a Campeche en 1568 y apresó un navio en que llegaban
el señor Agustín de Villanueva y dos frailes. Éstos fueron los pro
legómenos de otros días que seguirían preñados de sobresaltos,
en los que se comunicaba a las poblaciones la necesidad de edu
carse en el plantel del valor para salvaguardar la vida y la existen
cia de las familias.
Por el año de 1573 volvió la inquietud, relativa a la necesidad
de la guardia costera nombrándose vigías que, ubicados en la
proximidad de las poblaciones, tenían la misión de permanecer
ATAQUES DE LA PIRATERÍA 45
atentos para avisar cuando descubrieran velas sobre el horizonte.
Las fuerzas de tierra carecieron de organización, hasta que se
supo de la captura de Santo Domingo por parte de los ingleses
(aproximadamente en 1586); entonces se alistaron las milicias y
se pasó revista general, a pesar de lo cual nada sucedió en esos
momentos. El acecho requería de su espacio.
Los asaltos no tenían distancia, sino más bien proximidad entre
unos y otros: antes de finalizar el siglo xvi, el 21 de septiembre de
1597, William Parker desembarcó sigilosamente por el barrio
de San Román. En complicidad con un vecino de nombre Juan
Venturate, asaltó y saqueó a la población, pero ésta, al recupe
rarse de la sorpresa, lo obligó a huir. Venturate, capturado, tuvo
como destino el ser descuartizado; por su parte, William Parker
llevó a cabo una incursión violenta y audaz, pues primero deslizó
frente al puerto su navio de gran porte, un patache y un lanchón,
como amenaza que mantuvo por varios días, hasta que, logrando
la confianza de los pobladores en el sentido de que era una inti
midación, desembarcó obligando a los campechanos a refugiarse
en el convento de San Francisco. Ahí se fueron reuniendo hasta
que decidieron defenderse, bajo el mando de Pedro de Interián;
los campechanos se enfrentaron a los piratas en las callejuelas de
la ciudad, trabándose la lucha cuerpo a cuerpo con mosquetes y
espadas. Finalmente Parker ordenó a sus hombres que se retiraran
rumbo a la playa para alcanzar el navio abordando sus botes; el
repliegue se convirtió en huida, dejando el botín y al cómplice en
tierra, pero logrando salvarse. Los perseguidores, estimulados por la
victoria, organizaron el seguimiento en el mar ayudados por otra
embarcación enviada por las autoridades de Mérida; los dos barcos
españoles dieron alcance a los piratas, y la fragata al mando de
Alonso de Vargas Machuca capturó el patache que, custodiado, fue
llevado al puerto de Campeche. Parker no cedió en coraje, siguien
do a distancia a las embarcaciones españolas para recuperar el
patache. No consiguió su propósito a pesar de haber vigilado la
costa por más de 15 días, porque cuando se acercaba, los dispa
ros de la artillería lo obligaban a tomar distancia; fue así que desis
tió, abandonando la intención y a algunos piratas aprehendidos.
46 ATAQUES DE LA PIRATERÍA
En el mes de agosto de 1633 aparecieron navegando frente a
Campeche 10 navios que se creyeron mercantes hasta que izaron
la bandera propia de los bucaneros; holandeses, franceses, ingle
ses y algunos portugueses, eran los tripulantes que obedecían al
llamado Pie de Palo y a Diego el Mulato. Desembarcaron por la
parte de San Román cerca de 500 hombres que avanzaron sobre
el centro de la población; enfrentaron las primeras defensas reci
biendo fuego de mosquetes y artillería. En esta batida perdieron
la vida 25 hombres, pero durante la réplica cayó herido de muerte
el capitán Domingo Galván Romero, quien era padrino de bauti
zo de Diego el Mulato en Cuba. La lucha se llevó a cabo en calles
y plazuelas hasta que los piratas quedaron dueños de la villa y los
españoles se retiraron al convento de San Francisco. Los bucane
ros saquearon las casas de los principales vecinos, intentaron in
fructuosamente un rescate de 40 000 pesos y huyeron llevándose
algunos prisioneros y robándose de paso las trozas de palo de
tinte que flotaban en la playa, esperando ser cargadas por otros
navios. Pie de Palo murió poco tiempo después de este asalto, al
naufragar sus barcos frente a las playas de Cuba.
Diego el Mulato fue un personaje que Justo Sierra O’Reilly in
corporó a la novelística peninsular al publicar la breve novela
El filibustero en el periódico Museo Yucateco, donde refirió bajo
el anagrama de José Turrisa la leyenda del episodio amoroso
entre el corsario y una joven campechana, quien terminó los últi
mos días de su existencia perturbada de sus facultades mentales
al descubrir que el personaje de su afecto había asesinado a su
padre.
A través de los siglos, los hechos piráticos, además de tener re
percusiones políticas, influyeron en la literatura regional; junto a
Sierra O’Reilly está el poeta yucateco José Antonio Cisneros, autor
de un drama histórico que tituló Diego el Mulato, escrito que le
valió popularidad y gloria tratándose el mismo asunto que en
El filibustero. El drama de Cisneros conserva la misma fisonomía
que la novela de Sierra, excepto al final. Diego el Mulato tiene un
lugar especial en los relatos, pues hubo cronistas que designaron
a Campeche como su lugar de origen, aunque otros, como Pérez
ATAQUES DE LA PIRATERÍA 47
Martínez, citando a Tomás Gage —autor de un libro sobre via
jes—, refiere que era habanero, a pesar de haber residido algunos
años en la ciudad de las murallas; el autor antes citado refirió:
Este mulato habiendo sido maltratado por el gobernador de Campe
che, al servicio del cual estaba, y viéndose desesperado, se arriesgó
en un barco y se puso al mar, donde encontró a algunos buques ho
landeses que esperaban hacer alguna presa. Dios quiso que abordase
felizmente estos buques donde él esperaba encontrar más favor que
entre sus compatriotas; se entregó a ellos y les prometió servirles fiel
mente contra los de su nación que lo habían maltratado, y aun azota
do en Campeche [...]
En 1635 los piratas persiguieron un navio cuando estaba próxi
mo a desembarcar un nuevo gobernador de la provincia. Jackson
saqueó Champotón en 1644 ante la imposibilidad de desplegarse
en Campeche; amagó con una poderosa escuadra de 13 navios
bien armados y 1 500 hombres. El entonces gobernador Enrique
Dávila Pacheco acudió al puerto, donde organizó las fuerzas para
evitar la invasión, uniéndosele tripulantes de los navios de la flota
que había arribado procedente de Cádiz. En Champotón, desierto
porque sus pobladores ya sabían de la proximidad de Jackson,
los piratas desembarcaron y se aprovisionaron de carne de res,
saqueando parroquias, aprehendiendo a algunos indígenas y sor
prendiendo a los frailes Antonio Vázquez y Andrés Navarro. Ha
biendo consumado su misión y navegado a Cuba, tres navios tro
pezaron en Cayo Arcas y los otros nueve zozobraron en medio de
una tormenta.
Juan Canul renovó la tradición de la marinería con un hecho
singular cuando, en julio de 1654, preparando sus arreos de pes
ca se hizo a la mar rumbo al Morro. Encontrándose en esta faena
con varios compañeros y sin prestar mayor atención, vio acer
carse un navio; cuando éste se encontaba ya junto a sus frágiles
embarcaciones, Canul y sus compañeros se dieron cuenta de que
era un barco pirata. Desde luego que cayeron prisioneros, y ha
biendo sido subidos a bordo, sintieron real la posibilidad de ser
vendidos como esclavos en algún lugar de las Antillas; con valor,
48 ATAQUES DE LA PIRATERÍA
temiendo un futuro trágico, atacaron a cuchillo a los bucaneros
cuando se proveían de alimentos en Dzilam. Habiendo matado al
capitán, sujetado a algunos piratas y dejado en tierra a otros, Ca-
nul y los suyos regresaron con la nave a Campeche, donde fueron
recibidos con alegría. La fragata se incorporó a la patrulla de la
costa y a Canul se le concedió el grado de capitán; además, con
servó las ropas de un pirata que, se cuenta, usaba en celebracio
nes especiales.
En 1661 una flotilla dirigida por filibusteros al mando de Henry
Morgan robó el cargamento de dos fragatas que acababan de arri
bar al puerto; tardíamente se habían comenzado las obras de
defensa y sólo en 1656 se levantaron las primeras fortificaciones
en San Román, a la orilla del mar, también llamadas fuerza de San
Benito; también se erigieron la del Santo Cristo de San Román,
complemento de la anterior, y el baluarte de San Bartolomé. En
1659 piratas ingleses al mando de Christopher Ming sitiaron el
puerto, desembarcaron y durante cinco días se dedicaron al sa
queo, tomando rehenes y llevándose 14 navios. El 9 de febrero de
1663, con Mansvelt al frente, otro grupo de piratas saqueó casas y
desarticuló las débiles fortificaciones, no sin antes mostrar su ca
rácter impetuoso y cruel, pues se ha dicho que hasta entonces
nunca antes se había matado con tanta sangre fría.
Hubo grupos de filibusteros que atacaron hasta dos veces en
un mismo año. Tal fue el caso de Bartolomé, quien en 1663 des
embarcó próximo a Campeche, y aunque quemó una hacienda,
sus hombres se vieron obligados a huir por las fuerzas del capitán
Maldonado, quien jefaturaba a 200 infantes españoles y 600 in
dios flecheros. En la acción se apresó al pirata, cuya astucia le
permitió escapar, en hazaña de increíble imaginación y entereza.
Después de esto, repitió sus ataques. Las poblaciones del Golfo
de México y el mar Caribe eran itinerario imprescindible para sus
amenazas y saqueos; cuando no sorprendía una población, ataca
ba otra, efectuaba rápidos desembarcos o en altamar se lanzaba
al abordaje y robo de naves españolas. La gravedad de los suce
sos y la incapacidad de las instancias burocráticas eran elementos
que acentuaban el desorden: en 1671, las cortes españolas infor-
ATAQUES DE LA PIRATERÍA 49
marón al virrey de la Nueva España que el comercio del palo de
tinte había aumentado considerablemente en Europa, haciéndole
saber, además, que los piratas estacionados en la laguna de Tér
minos vendían más quintales de madera que los que se exporta
ban por Campeche, motivo adicional para fortalecer la idea de
expulsarlos.
Roberto Chevalier reúne la audacia, el valor y el destino de la
conversión. Originario de los reinos franceses, apareció en Amé
rica como un hombre con cualidades para escapar de cárceles y
presidios; como ave de rapiña al acecho tuvo en la isla de Térmi
nos una presa apetecible a la que atacó, hartando sus bodegas de
palo de tinte. Un buen día desapareció de las rutas usuales de los
bucaneros y no se supo más de él; sin embargo, el talento del in
vestigador J. Ignacio Rubio Mañé descubrió en el Archivo del
Museo Arqueológico e Histórico de Yucatán la verdadera per
sonalidad de un hombre descendiente “de personas recomen
dables, conforme refiere la voz pública, no sólo por su eximia
probidad, sino también por su casta ilustre de la primera nobleza
bretona”; así fue como después de ausentarse del medio de la
aventura en 1667, surgió Alberto Caballero, principal actor en el
altar de la parroquia de Campeche al momento de contraer matri
monio con Inés Salgado, hija del sargento mayor de la villa y
puerto; procreó numerosa familia y fue designado artillero del
castillo de San Benito, en Mérida; la nominación provocó deli
beraciones y estando por decretarse la revocación, Alberto Caba
llero presentó un documento firmado por el rey validando que
podía disfrutar de los privilegios de su nombramiento, por lo
que ocupó y desempeñó el cargo hasta su muerte en 1716.
En 1667 la flotilla que dirigía Lewis Scott desembarcó en Cam
peche, villa que saqueó por tres días y dejó en ruinas. En 1672
Laurent Graff, también conocido como Lorencillo, bajó por la
playa de San Román y el 31 de marzo quemó el astillero y dos fra
gatas; sin atreverse a penetrar a la plaza, regresó a sus barcos y en
el mar detuvo un navio procedente de Veracruz al cual robó un
valioso cargamento y 120000 pesos en barras de plata; después,
amagó Tabasco y el ls de abril robó e incendió el pueblo de
50 ATAQUES DE LA PIRATERÍA
Champotón. En 1678 Lewis Scott también saqueó Campeche du
rante tres días habiendo robado no solamente plata, y otros obje
tos de valor, sino que en su retirada se apoderó de un barco car
gado y destinado para salir pronto hacia Veracruz.
La crónica de este asalto informa que los malhechores no fue
ron molestados en sus acciones, si bien se les escapó una fragata
que estaba en franquicia, así pudo marear sus velas y escapar. El
robo fue tremendo, pero lo que más consternó a la provincia fue
que el enemigo se llevó cautivas a más de 200 familias, entre ellas
un centenar de niños, por todos los cuales pidió considerable
rescate.
Lo anterior volvió a plantear con más formalidad la necesaria
fortificación de la ciudad. El ingenioso Martín de la Torre fue el
autor intelectual de la obra; señaló la importancia del amura-
llamiento para que Campeche volviera a tener la supremacía en la
exportación del palo de tinte, ya que para entonces había sido
desplazado por la isla de Términos, desde donde se comerciaba
con los ingleses de Jamaica y con los traficantes de Isla Tortuga.
El año de 1685, precisamente el mes de julio, fue dramático: Lau-
rent Graff y Agramont, contando con cerca de un millar de hom
bres, no solamente atacaron Campeche y permanecieron en ella
varios días, sino que también se desplazaron hacia los ranchos
Multunchac, Ebulá, Castamay, Chibik, Uayamón, Kobén y los
pueblos de Chiná, Santa Rosa, Samulá y Tixbulul (Lerma). El des
pliegue de más de una decena de navios y cerca de 1 300 hom
bres fue un acto no sólo vandálico sino una invasión de las más
temibles y tan impune que les fue posible robar villas, estancias y
poblados del interior, llevándose no únicamente riquezas y las
acostumbradas maderas, sino también productos agrícolas con
los que llenaron sus bodegas.
Todavía en 1692, otros siete buques piratas amagaron Campe
che, pero más tarde se fueron a la isla de Jaina, donde capturaron
algunas embarcaciones que transitaban por aquel lugar; el 18 de
enero de 1708 Barbillas, procedente de la Isla de Tris y al mando
de cuatro embarcaciones, desembarcó y quemó Lerma; estuvo al
acecho frente a Campeche y pudo apresar el bajel en que llegaba
ATAQUES DE LA PIRATERÍA 51
Fernando Meneses Bravo a hacerse cargo de la provincia y por
cuya familia pidió un rescate que hubo que cubrir.
Fue así como Campeche padeció durante 128 años las incur
siones de estos malhechores, cuya declinación comenzó en 1713,
cuando España e Inglaterra firmaron los Tratados de Madrid y de
Utrecht, que confirmaron a Inglaterra los derechos sobre las islas
y territorios concedidos en el anterior Tratado de Madrid de 1670.
La piratería no fue solamente una serie de acontecimientos, sino
que estableció una cultura posible de rastrear en las construc
ciones de casas y edificios, en la historia, en la literatura del siglo
xix, incluyendo la poesía, cuentos y leyendas del siglo xx; son nu
merosas las obras que tratan este tema, como la de Pedro F. Rivas,
El caballero del águila, donde habla de que algunos piratas, trafi
cando con mercancías, operaban el contrabando; Eduardo V. Az-
nar escribió El tesoro del pirata, y Mario Abril, Don Rodrigo de
Córdova; Nazario Quintana Bello se apoyó en Barbillas para es
cribir Doña Inés de Saldaña, y así otros escritores. Recientemente
Humberto Herrera Baqueiro publicó un ensayo sobre Diego el
Mulato cuyo final es, obviamente literario y sugiere que el pirata
defendió la honra de una dama poniéndola a salvo de las cana
lladas de un caballero andante:
IV. AL ABRIGO DE LA MURALLA
Proyectos iniciales
OS POBLADORES NO SIEMPRE ESTUVIERON dispuestos a refu-
L á giarse en el convento de San Francisco cuando los piratas
atacaban; sus voces solicitaron una protección sólida como con
secuencia del tránsito de los filibusteros. Las baterías, baluartes,
castillos y el lienzo de la muralla respondieron a las necesidades
más apremiantes de San Francisco de Campeche para sobrevivir y
sostener una colonización primaria que iba organizando su carác
ter social y su estrategia comercial. No es extraño, entonces, que
el gobernador Luis de Céspedes se dirigiera, en el año de 1565, a
la Corte de Madrid solicitando autorización para dar principio a la
fortificación del puerto.
Carlos de Luna y Arellano, mariscal de Castilla, comenzó a le
vantar las primeras fortificaciones con un gasto de 2 500 pesos, en
una administración que transcurrió del 11 de agosto de 1604 al 29
de marzo de 1612. Sin embargo, el proceso de defensa no llevaba
el mismo ritmo que el de los ataques y desembarcos de los piratas
que asolaban por mar y tierra, de tal manera que la primera re
seña de las defensas militares es obra del sargento mayor Pedro
Frías Salazar, según se infiere del testimonio que Agustín de Arce
signó en 1656, cumpliendo las órdenes del gobernador Francisco
de Bazán; se dijo entonces que la primera fuerza era la llamada
San Benito, a orillas del mar, que constaba de dos terraplenes, de
los cuales uno de ellos, hacia abajo, tenía 16 troneras para la
artillería, colocadas en cuatro frentes: campaña, mar, villa y pla
yas. De San Benito salía una trinchera de cal y canto que iba a ter
minar en el baluarte de San Román, que se distinguía por 13
troneras para montar artillería en todos los frentes; la razón pri
mordial de aquella fuerza, la trinchera y el baluarte era obstruir el
52
AL ABRIGO DE LA MURALLA 53
camino que conducía a la campaña de Lerma, por donde había
atacado el enemigo en ocasiones anteriores. Hacia el sudeste
estaba la fuerza conocida con el nombre de la Eminencia, con 15
troneras por las cuales podía operar la artillería en todos los
frentes; además, se contaba con la fuerza vieja y el baluarte de
San Bartolomé, las dos con troneras para artillería; todo ello hizo
decir al gobernador Bazán: “Han quedado las más perfectas y
bien acabadas de cuantas hay en las Indias”. Este funcionario de
la Colonia hizo observaciones en 1657 para renovar en unos
casos y reforzar en otros las fortificaciones, como por ejemplo el
levantamiento de una fuerte muralla que, saliendo de San Benito,
cubriera todo el frente de la playa.
Se realizaron varias obras para defensa de la población resul
tando criterios diferentes y controversias, como cuando el go
bernador Campero dijo al monarca, en 1662, que las cons
trucciones no servían para presidiar el lugar ni para defender el
puerto, en virtud de que se equivocaron al situarlas en donde no
era posible defender los bajeles fondeados en la bahía. No tardó
en presentarse la prueba de fuego, y el saqueo padecido en la vi
lla en 1663 estremeció a toda la península; el gobernador y
capitán general de Yucatán, Juan Francisco de Esquivel, ordenó
un detallado reconocimiento, ya que las fortificaciones habían
sido desmanteladas por los bucaneros. Deseando prevenir futu
ros daños, dispuso el atrincheramiento de las bocacalles y la forti
ficación con artillería de la entrada de San Francisco. Relata Cal
derón Quijano que en las trincheras, que eran dobles, se ordenó
la colocación de pedreras y cañones. También, y para guardarse
de los acosos exteriores, se dispuso la retirada, a tres leguas al
interior, de los indios de Champotón y que los caminos de dicho
pueblo a Campeche se cerraran para formar monte espeso, ce
gándose al propio tiempo los pozos y aguadas, y retirando cinco
leguas adentro las labores y milpas de maíz y las estancias de ga
nado vacuno. “Tal era el panorama de pánico y desolación que
sucedía en Yucatán a una irrupción pirata.”
De todos los proyectos, uno resultó singular: cuando Rodrigo
Flores de Aldana, consejero de Indias, propuso en 1671 la cons-
54 AL ABRIGO DE LA MURALLA
trucción de otras seguridades y abrigos, como la edificación de
un castillo en la bahía, a media legua de distancia sobre un banco
de arena; a su cuidado se pondrían los bajeles de alto bordo y las
fragatas, ya que estos barcos no podían cargar cerca de tierra por
el escaso fondo, y lejos de ella eran fácil presa del enemigo. La
propuesta recuerda San Juan de Ulúa, que corresponde a la mis
ma idea.
Proyectos e incipientes obras no fueron impedimento para el
arrojo de los piratas, que en 1678 volvieron a cargar sobre la villa,
y en consecuencia el gobernador Layseca y Alvarado propuso al
rey en 1680 la circunvalación de la localidad sosteniendo que mu
rándola quedaría asegurada, consiguiendo la tranquilidad de los
vecinos, quienes en muchos casos apenas escuchaban un tiro de
arcabuz, abandonaban sus hogares, encontrándolos saqueados a
su regreso, aun cuando no hubiera asalto enemigo. Por otra par
te, también adujo que se beneficiaría el seno mexicano, pues
Campeche era el principal refugio de los barcos necesitados de
reparación y “el mejor astillero de América por la calidad de sus
maderas”.
Martín de la Torre, ingeniero militar, fue el precursor de la obra,
cuyos propósitos explicaba en el Discurso sobre la planta de la
fortificación de que necesita la ciudad de Campeche en la pro
vincia de Yucatán en el año de 1680. La Corona aprobó el estu
dio pero la muerte se llevó a De la Torre, autor de la célebre frase:
“Los lugares sin fortificación son como cuerpos sin alma”. Las
obras avanzaron lentamente bajo la responsabilidad del inge
niero Jaime Franck, conocedor de la materia como residente de
las obras de San Juan de Ulúa.
Todo ello resultó en vano cuando los bucaneros llegaron otra
vez a la población en 1685, de manera que se hizo necesario
proseguir con los trabajos; así, el 3 de enero de 1686, en presen
cia del gobernador y de otras autoridades, así como de parte de la
población, se abrieron las cepas que dieron cabida a los primeros
cimientos de la muralla; a fines del siglo el tesorero, Pedro Ve-
lázquez, informó al rey que se habían terminado siete baluartes y
sus cortinas, faltando solamente uno y 30 varas del lienzo “que no
AL ABRIGO DE LA MURALLA 55
se habían acabado por falta de medios”. Pocos años después,
informa Sierra O’Reilly, el 26 de febrero de 1690, desembarcaron
30 piezas de artillería, y consta que en la primera década del siglo
xviii, Campeche, con su gran muralla y sus diversos baluartes, era
una plaza fuerte, inexpugnable, de más de 100 cañones, sólo
emulada en el continente por Cartagena de Indias.
Línea amurallada
La construcción de la muralla duró aproximadamente 18 años, o
sea de 1686 a 1704, cuando quedó cerrado el recinto con el último
baluarte urbano, que fue el de Santiago, según la fecha que se ins
cribió en el dintel de su puerta de entrada. El espesor de la mura
lla fue, en la base, de 2.60 m, y su altura media de 8.40 m. Sotelo
Regil ha comentado que difícilmente hubo una plaza fuerte en la
que los humildes hubiesen estado mejor protegidos que en Cam
peche; en efecto, fuera del hexágono amurallado, con sus ocho ba
luartes angulares, la villa estaba resguardada algunos kilómetros al
oriente por tres castillos llamados San José, en plena serranía (ter
minado en agosto de 1793); San Matías, a la orilla del mar bajo las
baterías del anterior, y San Lucas, junto al estero del barrio de San
Francisco. Por el oriente hubo tres castillos llamados San Miguel,
en la serranía; San Luis, a la orilla de la playa, en el camino a Lerma
y bajo las baterías del anterior, y San Fernando, que fue convertido
en el Cementerio General en el año de 1848.
Las construcciones aledañas merecen un mayor comentario, ya
que también significaron parte del esfuerzo integral de defensa,
sin detenerse en los gastos para la edificación de cada una de
ellas y la movilización de hombres para transportar los materiales
sólidos, pesados, que exigían. Si las obras concluidas en 1704
tenían defectos, fue la ocasión de corregirlos, no en la obra de la
muralla, pero sí en los exteriores. El general de brigada e inge
niero militar Juan José de León y Zamorano fue el autor y director
de los trabajos, cuyo primer beneficio fue aumentar el radio de
acción de la plaza. Estas construcciones, calificadas como baterías
56 AL ABRIGO DE LA MURALLA
de costa y fortines, daban al mar, siempre considerando que era
la parte frágil del lugar. Destacaron en su tiempo como un ver
dadero adelanto, y se consideraba que su estructura había sido
inspirada por el francés Montalembert. No se establecieron en
otros países sino años después de erigidas éstas. Entre las innova
ciones están, en San José, el foso; en San Luis, nueve cañoneras
en tres frentes de ataque y el cuarto frente, orientado hacia tierra,
era posible cerrarlo por medio de un trazado seudobastionado
para defender la puerta de entrada, que se distinguía por una ma
ciza puerta con puente levadizo, lanzable sobre el foso que, ro
deando la obra, debió haber tenido aproximadamente cuatro me
tros de ancho y tres de profundidad.
Los fuertes colocados en la serranía que rodea al puerto fueron
obras características en su época, calificados como de buen gusto
por la arquitectura de sus escarpas, adornadas con lo que se co
noce como “nidos de golondrina”, especie de garitones en salien
te del lienzo que servían para la vigilancia del interior del foso.
Resulta tan importante la construcción de la línea amurallada
que las descripciones, planos y referencias contribuyen al conoci
miento de una ciudad y una población que se ha distinguido en
el curso de las centurias por esos dos pilares sembrados en el
campo del tiempo y la distancia: piratería y murallas. Precisamen
te en el año de 1704 llegó el ingeniero de nacionalidad francesa
Louis Bouchard de Becour —que, a la muerte de Franck, fue el
sucesor en Ulúa— para proseguir la tarea en Campeche. Remitió
a la Corona de España una detallada descripción de los proble
mas en la fortificación de la villa, afirmando que debido a que los
trabajos no estaban bien terminados era necesario continuar una
larga serie de mejoras, entre ellas la terminación de un foso que
se alimentaría con el agua que se encontraba a poca profundidad
ya que no había una considerable diferencia entre la altura del
agua y el nivel del mar.
El ingeniero francés sustituido por José de Castro, tesorero de
la Real Hacienda, describió en 1708 las mejoras. Fue en el año
de 1766 cuando se hizo otra relación más completa de la plaza de
Campeche, formulada por el ingeniero Juan de Dios González,
AL ABRIGO DE LA MURALLA 57
encargado del puerto, así como también del presidio que se cons
truía en laguna de Términos. En la descripción se afirma que San
Francisco de Campeche se encontraba completamente amuralla
da con ocho baluartes, 91 cañones, murallas y cortinas, todo ello
dispuesto en forma hexagonal e irregular, con varias puertas de
acceso a la plaza. Contaba adema * con un cuartel principal que
tenía capilla, atarazanas o almacén para pertrechos de marina y
un cuartel de pólvora. En resumen, tenía todo lo necesario para
repeler el filibusterismo, aunque, a decir verdad, la desaparición
de los piratas se anticipó a la terminación de las obras de defensa,
ya que éstas generalmente se encontraban obstaculizadas por
trámites burocráticos, las grandes distancias para resolver con
prontitud y pocos recursos económicos, cuando no humanos, o
bien por el deceso en unos casos y en otros el retiro —a diferen
tes menesteres— de los ingenieros. Conviene señalar que en
1705 ya estaban terminados los lienzos de la muralla que ligaban
los ocho baluartes que circundaban la plaza: San Carlos, Santa
Rosa, San Juan, San Francisco, San Pedro, San José, Santiago y
Nuestra Señora de la Soledad. Para 1786, en el plano topográfico
de la plaza de Campeche figura el recinto amurallado con todos
sus lienzos de muralla y las cuatro puertas.
Aparte de las piezas de artillería que llegaron en 1690, en 1739
y 1740, las constantes dificultades bélicas en Europa obligaron a
la Corte de Madrid a disponer el envío de 88 cañones de grueso
calibre de hierro y bronce, algunos de los cuales fueron de
matrícula francesa; todavía en 1795, 1808 y 1827, se aumentó el
armamento, llegándose a tener más de 200 cañones para montar
en las cañoneras.
Fue una larga tarea: las obras de protección se extendieron más
allá de la villa, y en el pueblo de Lerma se construyó una torre en
1680 que se destruyó en 1880 y que Calderón Quijano describió
como de una simplicidad común y pocas condiciones estéticas,
demostrando que no se había realizado de acuerdo con “las más
adelantadas directrices de la arquitectura abaluartada”; así mismo,
en el curso del siglo xvn, se construyó un reducto o fuerte en
Champotón, con características similares a las de Lerma.
58 AL ABRIGO DE LA MURALLA
Mérito y memoria de las fortificaciones
El desarrollo de esta historia fue el sustento para que el monarca
español Carlos III expidiera, el le de octubre de 1777, el título de
ciudad a la antigua villa de San Francisco de Campeche. Poco
después se dispuso la distinción de un escudo heráldico, no sin
antes haberse estudiado tres propuestas, en las que se jugó con
las figuras de los baluartes y los galeones que Herrera Baqueiro
ha señalado con acierto que nos hacen evocar tiempos idos, de
duelos y abordajes, de comercio marítimo con ultramar; de palo
de tinte y cera; de fábrica de barcos construidos con madera dura
y preciosa (jabín, guayacán, chacté, cedro rojo y caoba rubia) del
maderamen del Santísima Trinidady del Santa Ana, construidos
por carpinteros de ribera para la marina de guerra de España. El
primer buque, insignia de la Armada española, era el más grande
del mundo en ese entonces y el más sólido; los frescos de la
batalla de Trafalgar atestiguan la participación de las dos naves.
En el escudo alternan dos castillos almenados en campo de gules
y dos galeones españoles en campo de azur, todo ello orlado con
el cordón de San Francisco y la Corona Real.
Los últimos servicios prestados por la muralla fueron la defensa
de la plaza en la guerra contra los franceses, que culminó el de
rrumbe del imperio de Maximiliano en 1867; desde entonces
quedó en el más completo abandono; a pesar de ello, el viajero
parisino Desiré Charnay escribió a fines del siglo xix:
Campeche, que andando el tiempo llegó a ser la ciudad más rica de Yu
catán, fue saqueada muchas veces por corsarios ingleses y franceses, y
para evitar estas devastaciones, casi periódicas, se le tuvo que ceñir de
una gruesa muralla, con la cual los habitantes pudieron vivir más tran
quilos [...] El aspecto de Campeche difiere del de Mérida; la entrada tor
tuosa de los arrabales, las fosas con sus puentes levadizos y sus muros
le dan la apariencia de una plaza fuerte, de la cual se muestra orgullosa.
En junio de 1893 principió el derrumbe de la muralla, cuando
dispusieron la abertura de un boquete frente al cuartel federal
AL ABRIGO DE LA MURALLA 59
para darle vista al mar. Así, la falta de imaginación y de visión del
futuro, por parte de autoridades y pobladores, consintieron la
paulatina demolición de una parte del lienzo y de la puerta del
muelle o de mar. La apertura de calles y el establecimiento de lí
neas tranviarias también impulsaron el derrumbe de otras partes.
Un hombre quiso mutilar la historia: el coronel Fernando Lap-
ham. Raúl Pavón ha imaginado que en los rostros de los testigos
se dibujó un rictus de tristeza, menos en el de quien calzaba botas
y ceñía reluciente espada. Se oía el eco lúgubre de los golpes del
acerado zapapico rompiendo las piedras de las antiguas murallas,
aquellas marcadas por las cicatrices de 1824, cuando peleó el co
ronel José Segundo Carvajal; las que en 1839 resistieron el empu
je de las tropas de Sebastián López de Llergo; el lienzo que en
1842 participó en la huida que emprendió la columna expedi
cionaria mexicana bajo el fuego de sus 200 cañones; las que desa
fiaron a la flota francesa en 1862 y expulsaron a los imperialistas
en 1867; esta presencia se hirió en aquella ocasión desgraciada.
Joaquín Baranda dijo en 1909: “La muralla fue el orgullo de los
campechanos y, como hoy ha caído por exigencias de la civiliza
ción y de la higiene, los campechanos viejos se han emocionado
profundamente a la vista de lo que, en su concepto, ha sido una
verdadera profanación”.
V. LAGUNA DEL CARMEN
Tardía colonización
A ISLA Y SUS LUGARES ALEDAÑOS fueron significativos en la
L t ruta del descubrimiento. Eran los días finales de mayo de
1518 cuando los españoles llegaron a bordo de cuatro navios a
puerto deseado —Puerto Real o Isla Aguada—. Al frente de aque
lla expedición iba Juan de Grijalva y, como experimentado piloto,
Antón o Antonio de Alaminos, prohombre de la navegación que,
al registrar en sus cartas de rumbo la Isla de Tris, de Términos, dio
a entender que era el límite de la tierra por ellos descubierta. La
abreviatura Tris se hizo usual en los mapas y cartas de navega
ción, dando nacimiento a un lugar memorable por los aconteci
mientos futuros, ya que la colonización de la isla sólo se logró
años más tarde de la fundación española de San Pedro de Cham-
potón en 1537 y San Francisco de Campeche en 1540. Después
de estos momentos iniciales de la Colonia, fueron piratas los que
llegaron en 1558 a refugiarse, primero, para después aprovechar
se de los recursos naturales de la Isla de Términos.
Capturada como refugio seguro y convertida en base para dife
rentes ataques por mar y tierra, la Isla de Tris parecía estar des
tinada a cumplir las funciones que desempeñaba Jamaica, en
poder de los ingleses desde 1655, o la Isla Tortuga, que domina
ron los franceses; es decir, puerto de avituallamiento de las naves
corsarias.
Laguna o Isla del Carmen tiene, junto con la porción territorial,
una historia singular por diferentes motivos, entre ellos, que los
españoles la descubrieron pero no la conquistaron ni la co
lonizaron; en tanto que los piratas la hicieron guarida y residencia
mientras se luchaba por tierras vecinas y se poblaban otros
lugares de la región. Su colonización española formal surgió casi
60
LAGUNA DEL CARMEN 61
dos siglos después del viaje de Hernández de Cordoba y Grijalva
a estos lugares. En consecuencia, los bucaneros sentaron en
aquella región sus reales, y cuando no atacaban buques comer
ciales que pasaban cerca del lugar, se dedicaban al corte del palo
de tinte para enviarlo a Europa. Eran hombres de gran fortaleza
física, considerando que el trabajo que realizaban, por delictivo
que fuera y eficazmente productivo, lo ejecutaban en condiciones
sumamente difíciles, pues las temperaturas que soportaban en la
selva o junto a ríos y pantanos superaban regularmente los 35
grados, además de la humedad y el elevado número de insectos,
como el chaquiste, sin dejar de lado la amplia variedad de víboras
y arácnidos. Seguramente muchos de ellos perecieron por el ve
neno de la naturaleza en que se desenvolvían más que por el
fuego de los arcabuceros.
Otra explicación histórica sobre la tardía colonización de la isla
fue su ubicación: en la zona más escondida del Golfo de México,
en la frontera con las tribus indígenas mayas y tabscoobs, e inme
diata a la región ístmica de Tehuantepec, unida a su extraordina
ria riqueza maderera, pero, por ello mismo, seguro refugio de los
bajeles que se dedicaban a su tráfico, por lo que siempre se cons
tituiría en objeto de ambición de otros países.
Los problemas de la Colonia seguían en tierra firme, con una
colonización lenta y difícil. Se avanzaba tan despacio que, por
ejemplo, el 4 de septiembre de 1663, durante el gobierno provin
cial de Francisco Esquivel y de la Rosa, llegaron noticias valederas
de que Isla de Tris se encontraba en poder de los pirata. Tuvieron
que pasar dos lustros para que se hiciera algo al respecto: el 14 de
agosto de 1672 se tomó una decisión y salió del puerto de Vera-
cruz una primera expedición hacia la isla con la intención de
arrojar al mar a los piratas que se habían posesionado de ella; sin
embargo, en octubre de 1673 la expedición regresó con la no
vedad de no haber podido desalojarlos. Los tropiezos, con el con
siguiente desánimo, no caían en el olvido, de tal manera que en
el año de 1680 el alcalde de San Francisco de Campeche, Felipe
González de la Barrera, puso en operación lo que podemos lla
mar la segunda expedición, que entonces arrancó del puerto
62 LAGUNA DEL CARMEN
murado y llegó a Laguna, donde incendiaron estancias, casas y
madera tintórea; pero la expulsión fue temporal, pues cuando los
soldados se concentraron en la plaza de donde habían salido,
los piratas regresaron nuevamente a sus acostumbradas faenas.
Con todo, el hecho fue considerado tan notable que el rey con
cedió al alcalde el título nobiliario de conde de la Laguna.
Desde luego que las características de la región no eran nada
hospitalarias, y a ello hay que añadir la distancia, que se cubría
normalmente por agua, y que exigía meses y meses para ir de un
sitio a otro. Además, el poblamiento de la península transcurría
lentamente, y tuvieron que pasar poco más de dos décadas para
que enviara una tercera expedición para sacar a los piratas de la
Laguna. A fines del siglo xvn se encontraban unas 600 personas
arranchadas en Términos y Puerto Real, pues desde 1686 un nú
mero considerable de piratas regresó a la isla, reiniciando el hos
tigamiento a pueblos de Tabasco y saqueando el de Usumacinta.
Los españoles se hicieron cargo de la iniciativa y el virrey Gálvez
apoyó a las provincias de Tabasco y Yucatán, que en 1690 recon
quistaron temporalmente el lugar, pero no se establecieron. Asi
mismo, el virrey envió al ingeniero Jaime Frank para estudiar la
posibilidad de fortificar la isla; pero éste opinó que no era conve
niente, pues al existir varias entradas a la isla, los contrarios po
dían sorprender a los soldados y fortificarse.
Es el capitán Francisco Fernández quien vence la resistencia pi
rata alrededor de los años 1703-1704 con un buque guardacostas,
seis canoas y 184 hombres bien provistos y armados. Apresó un
centenar de forajidos ingleses y destruyó instalaciones y embarca
ciones, pero se retiró del lugar por falta de apoyos financieros. En
este hecho hay detalles que es conveniente destacar: detuvo 100
ingleses y nueve negros, se apoderó de una urca pequeña carga
da de palo de tinte, un patache de construcción británica con 800
quintales de palo de Campeche, un bergantín español, robado
antes por los piratas, y otro construido en San Román; también se
apoderaron los victoriosos expedicionarios de una balandra, me
dio centenar de canoas, útiles para diferentes desplazamientos;
buena cantidad de jarcia y miles de quintales del palo ya cortado
LAGUNA DEL CARMEN 63
y listo para embarcarse. Hicieron prisioneros nada despreciables,
como Isaac Hamilton, judío londinense cuya misión era embarcar
el tinte con destino a Nueva Inglaterra; Guillermo Haven, natural
de Jamaica, y John Elliot, londinense enlistado en Jamaica en
las filas de la piratería. Botín y prisioneros fueron trasladados a
Campeche, y los últimos remitidos a la capital de la Nueva
España. Tienen que transcurrir otra vez varios años para que en
1707 —cuarta tentativa— el gobernador de Tabasco, Pedro Mier y
Terán, enviara fuerzas para sacar a los piratas de la isla. Tienen
éxito, pero se repiten las circunstancias: al dejar el lugar, regresan
los piratas. Fue la época en la que Barbillas se asentó en la isla y
desde ahí capturó barcos y desmanteló bodegas de otros navios.
Es decir, mientras no se estableciera un grupo de habitantes, la
región cambiaría de posesión con relativa facilidad.
Se vieron regresar los barcos ingleses en 1710, y en su recorri
do hundieron una galeota guardacostas. Se hizo imposible admi
tir eventualidades en la cuestión de la laguna de Términos, de tal
manera que el alcalde mayor de Tabasco, Juan Francisco Medina
y Cachón, propuso una estrategia de desalojo en la que parti
ciparían barcos de la Armada de Barlovento, con base en Vera-
cruz, y las fuerzas navales de Tabasco y Campeche. Los buques
seleccionados en Campeche para la expedición fueron: la fragata
Nuestra Señora de la Soledad, propiedad del alcalde Angel Rodrí
guez de la Gala; la fragata de Andrés Benito, la balandra de Se
bastián García, dos galeotas guardacostas y varias piraguas para
el servicio de los buques. Mérida y Campeche aportaron de sus
cajas reales la cantidad de 7 945 pesos para la compra de comes
tibles, pertrechos de guerra y carena de las embarcaciones. Los
movimientos preliminares estaban en operación cuando tuvieron
que suspenderse: llegó a Campeche el marino Agustín Toledo,
procedente de Laguna, advirtiendo que se encontraban en la isla
tres fragatas inglesas, una de ellas con 20 cañones, otra de 16 y la
última con 10; además, dos bergantines sin artillería estaban
preparados para pedir ayuda a Jamaica. Finalmente, la quinta ex
pedición partió de Campeche el 7 de diciembre de 1716, al man
do del sargento mayor del presidio de Veracruz, Alonso Felipe de
64 LAGUNA DEL CARMEN
Andrade; los piratas fueron nuevamente derrotados, pero esta vez
las fuerzas triunfadoras no se retiraron, sino que establecieron en
la isla una guarnición. El desalojo, señala Calderón Quijano:
[...] es una página ciertamente gloriosa de la historia española en
América. Con notable inferioridad numérica, llevó a cabo un ataque
naval contra los ingleses, logrando su apresamiento casi total y obli
gándolos a abandonar los buques y el contrabando, dentro de unas
condiciones extremadamente benévolas.
El presidio del Carmen
Después de esa victoria, se inició la rápida construcción de una
estacada para la defensa. La planta del presidio o fuerte se cons
truyó con simplicidad; los planos respectivos señalan que la edifi
cación era perfectamente cuadrada y regular, y que tenía baluar
tes en sus ángulos.
Poco después, y casi acostumbrados a la réplica, más de un
centenar de bucaneros quisieron retomar el territorio, pero vale
rosamente fueron rechazados, con la respuesta contundente de
“hombres, balas y pólvora suficiente para defenderse”; además, la
construcción del presidio estaba concluida. En el combate falle
ció el sargento mayor Andrade. Desde entonces nunca más vol
vieron los bucaneros, quienes estuvieron en posesión de la isla
por cerca de 150 años, explotando sus recursos y atacando na
vios. Sin duda que los ingleses expulsados son los que pasaron a
la vertiente opuesta —Belice— a continuar su oficio de trafican
tes y contrabandistas, almácigo de estos halcones de los mares.
En celebración del día de la victoria, 16 de julio de 1717, se fundó
la villa del Carmen, nombre de la festividad religiosa de ese me
morable día, consagrado a la Virgen del mismo nombre.
Años después, en 1747, Enrique Díaz Pimienta hizo una des
cripción del cuartel, diciendo que por el lado exterior del polígo
no tenía unas 300 varas, siendo todo él de estacas o palizadas
plantadas sobre el terreno, de ocho pies de alto; la artillería aso
maba por las aberturas.
LAGUNA DEL CARMEN 65
Se estableció el presidio o cuartel y poco a poco fueron llegan
do pobladores que se dedicaron a la explotación maderera. La re
lación documental de Prieto la describió en 1758 en los siguientes
términos: “La mayor parte son manglares, sobre las orillas de su
circunstancia; lo demás del terreno abunda de cedros, jabines, bí-
cacos, guayos, palmeras, cocos, y otras especies de menor consi
deración”. La obra de defensa contaba a mediados del siglo xviii
con una guarnición de 174 hombres y la estacada clavada en tie
rra, unida y sostenida por dos fajas de madera, interior una y ex
terior la otra. Dentro de ella estaba la capilla de la Virgen del Car
men, situada como a 200 pasos del presidio, con la iglesia de
Jesús de Nazareno y una población de 1 450 personas. La relación
de Prieto señala al lado opuesto de la entrada principal de la
Laguna, en tierra firme, la existencia de dos pueblecitos llamados
Palizada y Sabancuy. También advierte la situación de cuatro
vigías y, después de recomendar la erección de la fortaleza de
piedra, habla de la actividad de los habitantes, dedicados sólo a
la pesca y al tráfico interior, ponderando la importancia de la
riqueza forestal.
Hubo varios intentos para que la fortaleza tuviera mayor con
sistencia, entre éstos la designación, en 1756, de un responsable
de los trabajos, el ingeniero francés Gaspar de Courselle, quien
llevó a cabo una serie de trabajos preliminares, lo que muestra la
seriedad con que se consideraba esta cuestión. De Courselle le
vantó primero el plano de la laguna de Términos (en la que se
podía desembarcar por toda la costa norte de la isla y por la Boca
Nueva, pudiéndose transportar artillería contra el castillo; la isla
no podía mantener un cuerpo de tropa para combatir al enemigo,
pues apenas producía el suficiente maíz para la guarnición y el
pueblo) y después presentó el plano del castillo, que era una sim
ple estacada a raíz de suelo. En el proyecto se notaba un cuadra
do perfecto, de 200 varas de polígono exterior, con cuatro baluar
tes y puesto dentro y en el mismo centro del fuerte de la estacada.
Se proyectaba en el interior del recinto una habitación casa del
gobernador y sus dependientes. Por otra parte, aunque conside
raba suficientes los fuegos proyectados, no excluía la posibilidad
66 LAGUNA DEL CARMEN
de una batería a barbeta y una plataforma o batería circular en el
frente, que miraba al mar. Con respecto al agua, bastaba hacer
aguadas o pozos, ya que era excelente. Consideraba que la pie
dra podía obtenerse en un pueblo de indios —abandonado por
los ingleses en su huida— que se denominaba Tixchel. Además,
De Courselle incluía una relación de las dimensiones de todos y
cada uno de los baluartes y cortinas proyectados, así como de las
puertas que daban acceso al presidio y el calibre de la artillería de
la que pensaba dotarlo.
La defensa era una preocupación natural desde el amago costa
nero de los bucaneros; los proyectos y propósitos son la medida
de la angustia y el temor. De Courselle no pudo iniciar ningún tra
bajo y su proyecto pasó al ingeniero Agustín López de la Cámara,
quien no lo aprobó y formuló otro distinto. Para el efecto llegó al
Carmen el ingeniero Juan de Dios González, quien reconoció el
terreno y, el 27 de abril de 1763 presentó al virrey sus considera
ciones sobre la isla, señalando fertilidad, bocas, navegabilidad y
estado del presidio: mencionaba los cinco incendios sufridos por
éste en 42 años de erigido, y recomendaba, en consecuencia, su
construcción en mampostería, que nunca llegó a feliz término.
Civeira Taboada señala:
Después de tanto razonado proyecto, en la Isla del Carmen nunca se
llegó a la ansiada fortificación de fábrica y mampostería. La edifica
ción de madera debió seguir muchos años todavía; y es fácil fuera la
base de la llamada Batería de Guerrero, situada en el mismo lugar
que el Presidio del Carmen, y levantada en 1838 por el comandante
militar José del Rosario Gil.
De villa a territorio
En 1821 la ciudad sufrió el amago pirata de la goleta Circasiana,
y poco antes del bongo Imposible; estas circunstancias hicieron
que en diferentes años su defensa contara con una compañía
de infantería permanente con la fuerza de 100 plazas, otra de
LAGUNA DEL CARMEN 67
caballería y tres compañías de milicia activa que componían la
Quinta División del Norte, aumentando, además, con un destaca
mento de artillería que, al mando de un oficial, con la fuerza de
20 hombres, se trasladaba armado desde Veracruz, hasta que
arreglado el ejército nacional se compuso la guarnición con un
batallón activo guardacosta designado a la isla por la ley del 20
de agosto de 1823, compuesto de 600 plazas, una compañía de
infantería permanente de 120 plazas, creada por ley del 20
de diciembre de 1826, y un piquete de caballería de un oficial y
20 hombres, destinados por decreto del 16 de mayo de 1829, con
un destacamento de un oficial y 20 artilleros de la plaza de Cam
peche que se relevaba anualmente.
Sin embargo, el gobierno del país no tenía una idea clara de la
ubicación geográfica de la isla, a tal grado que Iturbide, por dis
posición del 2 de septiembre de 1822, hizo depender al Carmen
del estado de Puebla. En agosto de 1823, queriendo corregir este
error, se dispuso que se incorporara a la jurisdicción de Tabasco;
pero en agosto de 1824 regresó a Yucatán. Se le concedió el título
de villa por disposición gubernativa del 2 de octubre de 1828, con
su respectivo escudo: un león posado sobre la isla que es devora
do por el águila; alrededor lleva la siguiente leyenda: “La Laguna
por Yucatán y ambas por la República Mexicana”.
En el año de 1841 se concedió a la villa del Carmen, por decre
to de 26 de octubre, la categoría de puerto de altura por la im
portancia de su comercio marítimo. También participó en las
vicisitudes nacionales, pugnas entre federalistas y centralistas, y
conflictos bélicos. Siguiendo el destino de la península, cuando
ocurrió la escisión de la República Mexicana en la década de
1840, se inclinó por la separación y por la neutralidad; en 1846,
en la guerra contra los Estados Unidos, siguió el criterio que había
adoptado el 8 de diciembre de ese mismo año el Ayuntamiento
de Campeche: sin ser ajeno a la presión popular, en una reunión
se pronunció por un aplazamiento de la reincorporación hasta
que el gobierno nacional se mostrara estable. Señala el historia
dor Bolívar que el Carmen fue ocupada por fuerzas estaduniden
ses al mando del comodoro Perry, quien hizo el trazo de la Parro-
68 LAGUNA DEL CARMEN
quia; las autoridades del estado se pusieron en contacto con las
fuerzas de ocupación. Luis Ramírez Aznar nos ha hecho saber
que, desde que pidieron la neutralidad, el grupo político de San
tiago Méndez había establecido comunicación con el comodoro
Perry a través de un enviado especial, llamado José Robira, de
nacionalidad española, criado en los Estados Unidos y avecinda
do en el Carmen; el propio Méndez había visitado al comodoro
en el puerto de Veracruz. La neutralidad de Yucatán fue aceptada
a condición de facilitar la ocupación de la Isla del Carmen, que
sería base estadunidense en la región por su importancia. Robira
presidió una junta popular en la que los vecinos pidieron al co
modoro Perry que no se retirara de la isla cuando se firmara la
paz entre los Estados Unidos y México, sino hasta que el Supremo
Gobierno estuviese en condiciones de atender la seguridad y de
fensa del Carmen. Esta exposición, firmada el 5 de junio de 1848,
aludía a la propia beligerancia entre los dos países, así como a la
Guerra de Castas que tenía a la península en estado de alarma:
Ahora que la guerra de los bárbaros ha hecho tantos progresos y que
a consecuencia de ellos fluye diariamente a esta isla una inminente
inmigración, que ésta no trae consigo más que el hambre devoradora
y la más lamentable indigencia: los exponentes suplican continúe la
ocupación militar de esta isla, mientras el gobierno de México pueda
enviar fuerzas a ocuparla y defenderla, quedando los productos lí
quidos de las rentas aduanales a beneficio de la desventurada penín
sula de Yucatán.
A partir de 1848, debido a la guerra social, se incrementó la po
blación del Carmen y de Sabancuy; el Partido contaría 12 352 ha
bitantes en el año de 1852, sumados los establecidos en Palizada.
La villa del Carmen se incendió en los días del 16 al 18 de mar
zo de 1850. El guano de los techos, el clima y la debilidad de las
construcciones propició que éstas fueran barridas por el fuego,
tragedia cuyo origen resultaba sospechoso. Pero la población
sobrevivió y tres años más tarde se planificó con el impulso de la
autoridad ejercida por el general Tomás Marín.
LAGUNA DEL CARMEN 69
El incendio dejó en la miseria a quienes habían sido prósperos
comerciantes; un ejemplo es la desaparición de la empresa Pre-
ciat y Gual, que perdió mercancías por 10000 pesos y edificios
que se calcularon con un valor de 30 000 pesos; o la casa MacGre-
gor, que desapareció al reducirse a cenizas tres edificios que te
nían un costo de 20000 pesos,; Domingo Trueba perdió en mer
cancías y edificios 56000 pesos. Otros tuvieron la suerte de no
perder en el incendio la totalidad de sus bienes, y se salvaron dos
de las más importantes comercializadoras de palo de tinte: Benito
Anizán y Victoriano Nieves. Esteban Paullada salvó también su
patrimonio.
Poco tiempo después, en noviembre de 1853, únicamente la
región que comprendía la isla fue declarada territorio federal;
posteriormente, su jurisdicción se amplió el 15 de julio de 1854,
extendiéndose desde Punta Varaderos hasta el río San Pedro y
San Pablo, en la costa. El Ayuntamiento de Campeche, a moción
del regidor Francisco Estrada Ojeda, acordó recomendar al Supe
rior Gobierno de la península hacer todos los esfuerzos posibles
para reincorporar al estado el territorio del Carmen; el gobierno
de Yucatán solicitó al Congreso Constituyente de 1856 la restitu
ción de aquella parte separada y, después de algunas discu
siones, se reintegró a la entidad peninsular.
Sin embargo, es preciso aclarar una situación que paralizó in
quietudes políticas; Sierra O’Reilly se ocupó en su momento de
poner los puntos sobre las íes, recordando que en las décadas an
teriores Campeche había sido cuna, fuente y raíz de la población
del Carmen, y que todo ello se hacía a un lado para recibir el cali
ficativo majadero de ciudad amurallada miserable y caduca; sólo
el espíritu de partido e intereses impulsó aquel desprendimiento,
auspiciado por el dictador Antonio López de Santa Anna, cuyos
propósitos fueron, durante 27 meses de su régimen, fraccionar
los grandes estados de la nación para imponer más fácilmente el
yugo y la influencia del poder centralista.
La población, antes de formar parte del estado, ya había logra
do integrar su personalidad: de entre los barrios más característi
cos se encontraban El Guanal, que fue poblado por familias de
70 LAGUNA DEL CARMEN
Palizada, Atasta y Campeche; el barrio delJesús, el de Tila, funda
do por familias yucatecas que llegaron huyendo de la Guerra de
Castas; la Puntilla, de pescadores; el Salitral, cercano al arroyo
de los franceses, y el de Fátima, para sólo citar algunos.
VI. EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE
Riqueza silvestre, primer recurso
OS ANTIGUOS MAYAS conocieron y aprovecharon las cualida-
L é des del palo de tinte, árbol silvestre que distinguieron con el
vocablo ek; desde entonces su presencia influyó en la historia de
la región de Campeche, pues fue un recurso que despertó ambi
ciones, causó beligerancias, provocó enfrentamientos y caracteri
zó la zona de los ríos, dándole fama internacional bajo el nombre
de palo de Campeche. De este palo negro se aprovecharon los in
dígenas para teñir mantas, de lo cual tomaron conocimiento los
españoles para hacer el mismo uso, llevándolo en cantidades
considerables a la península ibérica. Una crónica relativa a esta
época señala que cuando los españoles conquistaron la región
peninsular, descubrieron grandes cantidades de palo de tinte, al
que también denominaron palo de Campeche; así, en lugares
donde había ciénagas o en sitios húmedos, encontraron árboles
de “diez brazos de alto y el grueso de una pipa, que podían pro
ducir hasta cuarenta o cincuenta quintales de madera tintórea”.
Como anteriormente no había sido explotado, su desarrollo era
considerable, y en aquellos tiempos su aprovechamiento hubiera
exigido numerosos hombres, navios y muchos años, desde Tér
minos hasta Cabo Catoche.
El palo de tinte es una especie propia de las leguminosas, cata
logada científicamente con el nombre de Haematoxylum campe-
chianun. En una información cursada al rey de España en 1565,
Diego Quijada escibió:
También se ha dado a Vuestra Majestad noticia del palo de los tintes
que descubrió Marcos de Ayala a quien por Cédula se ha dado facul
tad para que use de él diez años. Hay de esto tanta cantidad que to-
71
72 EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE
das las costas de estas provincias, Yucatán y en la de Tabasco y Nueva
España que se pueden cargar cada año todas las carracas del mundo.
Madera dura negruzca —dice un cronista—, de olor agradable,
que se aplica principalmente para colorear de encarnado; fueron
los piratas quienes divulgaron su existencia cuando se estable
cieron en la Isla de Términos, ya que en las tierras aledañas se
producía un tinte de mejor calidad. Con el tiempo, el puerto del
Carmen ocupó el primer lugar como exportador de la especie
maderera de la cual se extraían tinturas de uso generalizado en la
industria textil europea. Fue el producto más importante durante
la época colonial y hasta fines del siglo xix, y por su demanda los
ingleses, sobre todo, ocuparon por varios años tierras novohispa-
nas en la laguna, hasta que fueron expulsados, pero continuaron
la explotación en las selvas de Belice, sin olvidar que en Tabasco
también se ocuparon de cortar ese recurso, principalmente en los
municipios de Jonuta, Tenosique, Emiliano Zapata, Macuspana y
Centla.
La aparición y crecimiento del palo de tinte se caracteriza por
una amplia red acuática, incluidas ciénagas y pantanos. Los ríos
más conocidos en la región son el Chumpán con 92 km, origina
rio de las sabanas del Candelaria; Mamantel, con una extensión
de 96 km, fue navegable algún tiempo hasta el Pital, y el Candela
ria, que se forma con los ríos San Pedro y el Caribe, y corre desde
Guatemala hasta la laguna de Términos, desembocando en el
Golfo de México por la Boca de los Pargos; hasta 1870 no se
conocía su origen, y quienes llegaron a transitarlo refirieron su
abundancia de maderas a la vera de su curso, así como una varie
dad de animales para la caza, aves de notoria rareza y muchos
insectos y reptiles, al igual que el Chumpán, que viene del sur
hacia la laguna de Términos y los ríos Palizada, San Pedro y San
Pablo, que se desprenden del Usumacinta. El Palizada es el más
caudaloso, y recorre una distancia de 121 km por todos los acci
dentes geográficos; se consideró navegable de un extremo a otro
por embarcaciones menores de 50 toneladas; en sus riberas se
encontraban establecimientos de corte de palo, maderas, labran-
EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE 73
zas y cría de ganado; los pastos naturales en las orillas eran con
siderados inmejorables para la ganadería.
También hay importantes lagunas, como las de Penlao, Las
Cruces, Atasta, del Pom, Silvituc, Chan, Pancaliente, Salsipuedes,
Misteriosa y otras. El Río Chumpán desemboca en la laguna por la
Boca de Balchacá; el Río del Este, pequeño, deriva del Palizada;
el Río del Vapor, igualmente corto, vierte sus aguas en la laguna
de Las Cruces, tributaria de la de Términos. Otras lagunas son Las
Piñas, Chibojá Grande y Chibojá Chico; y entre los arroyos están
La Concepción, Limonar, San Román, San Joaquín, Salsipuedes,
El Tambor y Pejelagarto. Vadillo López refiere que “los bosques
de palo de tinte se encontraban en los sitios donde las tierras eran
bajas y anegadizas, superficies donde se estancaba el agua, y en
las orillas de los ríos donde la playa es borrada por la intrincada
vegetación que se transformaba de manglar en arboleda imper
ceptiblemente”. En consecuencia, a estos lugares solamente se
podía llegar por la vía fluvial o marítima. Un viajero inglés anotó
el rústico procedimiento: los taladores trazaban una vereda por la
cual cargaban los troncos hasta las márgenes de los ríos; de ahí
pasaban a los campamentos donde se almacenaban cientos de
toneladas, para después hacerlos llegar al Carmen, o directamen
te a embarcaciones de gran calado, que los llevarían a las colo
nias inglesas al norte de la Nueva España o a países europeos.
El palo no requería siembra ni cultivo, pues crecía y se des
arrollaba de manera silvestre en tierras bajas y anegadizas, por lo
que no obstaculizaba la agricultura, ya que tales terrenos no eran
aprovechables para ese propósito. De la parte más seca y dura
del tronco se extraía la sustancia para teñir de color rojo. El pro
cedimiento para el colorante, consistía en hervir la madera en
grandes calderas hasta producir una especie de jugo, que se con
centraba en una pasta azulosa y oscura, o negra, que se utilizaba
para teñir las telas; sin embargo, en esta empresa lo que se expor
taba eran los troncos, es decir el recurso sin procesar.
Era un riqueza, cierto, pero un dolor de cabeza para los gober
nantes: en 1671, Fernando Francisco de Escobedo escribió al rey
de España, haciendo varios señalamientos, entre ellos, que la
74 EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE
población no pasaba de 1300 españoles en un litoral de aproxi
madamente 300 leguas de longitud, siendo la más importante la
ubicada en Campeche. En consecuencia, los ingleses tenían libre
el corte del palo en Términos, las islas de Santa Ana, Cozumel y
Mujeres, con tal importancia económica que era mucho más de lo
que salía del mencionado puerto; además, en las faenas de tala
tierra adentro apresaban indígenas y españoles para utilizarlos
como esclavos.
Las condiciones favorables para el desarrollo del palo de tinte
obligaron al gobierno español a establecer diversas medidas para
regular el comercio y evitar la circulación ilegal; tal preocupación
se explica al considerar que hubo una época en la que la expor
tación rebasó la cifra de un millón de quintales. Solamente por lo
que corresponde a Tabasco, entre 1784 y 1800 se enviaron a Ve-
racruz 44481 quintales (cada quintal equivale a 46 kilogramos).
Es necesario señalar que esta riqueza natural provocó la aparición
de propietarios de grandes extensiones de tierra y el endeuda
miento de trabajadores, fueran inmigrantes, nativos o mestizos, a
quienes se les imponía el trabajo forzado desde entonces hasta
finales del siglo xix.
En 1750, en virtud de que el presidio dependía del virreinato
en lo judicial y en lo administrativo, se ordenó hacer el comercio
del palo por cuenta de la Real Hacienda, con el propósito de
competir con las actividades de los ingleses en Beljce y Hon
duras, por lo que la mercancía se llevó en considerables canti
dades a Veracruz y a La Habana (por ese motivo se favoreció con
importantes concesiones a un llamado Juan de la Isla). Se esta
blecieron relaciones estrechas con los pueblos del Usumacinta, y
dice Arias Solís que tal vez a ello se deba la fundación de ciertas
poblaciones que fueron lugares de depósito, como el pueblo de
San Joaquín de la Palizada, fundado en 1772 según Memoria del
gobernador del presidio en 1792.
Un caso que muestra los problemas que se presentaron es el de
Manuel Franco, vecino del presidio del Carmen, quien en 1788
pidió tierras realengas —de las cuales se hallaba en posesión—,
nombradas de Atasta unas, y las otras Las Piñas. Los linderos de
EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE 75
las primeras eran la cabeza del llamado arroyo del Inglés, por el
sudoeste, las tierras de Alejandro Ehuan, por el sur, la laguna de
•Enfrente, y por el norte, una montaña que, incluyendo un popal,
lindaba con San Pedro y San Pablo. De las segundas el límite era
propiamente el Río de Las Piñas. Dice Franco:
[...] y aunque en el mes de mayo dé 1787 hice delación de ellas al se
ñor Gobernador de este Presidio y no habiendo tenido resuelta algu
na se introdujo Manuel Quintana en las nominadas tierras haciendo
suspender a mis criados el corte del palo de tinte y aún robándome
cantidad de este fruto [...]
De esta manera principió este litigio por tierras que terminó en
1812: Franco acreditó que desde 1784 el virrey de Nueva España
le había expedido licencia para el corte de la madera tintórea,
pero las tierras habían sido invadidas por Manuel Quintana, que
ejerció la tala. Los testigos de Franco señalaron que era verdad
que el señor Zapata, socio de Quintana, habría ofrecido al dueño
de un buque, de nombre José Rafael Hernández, tres barcadas de
dicho palo. Más de dos décadas llevó este asunto de las inva
siones de tierras, para explotar, como si fueran minerales, la ri
queza de la tierra: el llamado palo de tinte. El litigio llevó al señor
Franco a la pobreza primero, y a la muerte después.
LOS AÑOS DORADOS
La explotación, así en los años coloniales como en las primeras
décadas del siglo xix, estuvo regulada por el Reglamento de Mon
tes para el presidio del Carmen y su distrito, fechado el 25 de
septiembre de 1795. Las condiciones portuarias tuvieron diversas
nominaciones conforme las políticas del gobierno de México en
los años posteriores a la Independencia. Si tres siglos fueron im
portantes en las jornadas de explotación, el árbol silvestre enri
queció a muchas familias de abolengo empresarial en el Carmen
durante el siglo xix. Era impresionante la exportación a lugares
tan lejanos como Inglaterra, Francia, Alemania, Génova, Holanda,
76 EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE
Sarda, España, Dinamarca, Noruega, Suecia, Bélgica, Rusia, Ná-
poles, Portugal y otros sitios como los Estados Unidos. Solamente
en el Partido del Carmen existían en 1852 los siguientes ranchos
de palo de tinte: Santa Gertrudis, propiedad de Victoriano Nieves;
Tomo Largo, de Genovevo Rosado; San José del Este, de Victo
riano Nieves; El Naranjal, de Antonio Barrera; El Popistal, de Pedro
Acal; Santa María, de Pedro Moreti; San Francisco, de Manuel
Galera; San Joaquín del Este, de Julio Mesange; Saltos de Agua,
de Enrique Pauling; San Isidro Chumpán, de Antonio Barrera; El
Pom, de Víctor Góngora; Salsipuedes, de Tomás Aznar Pérez; La
Encantada, de Pilar Sánchez; San Antonio Chiquibul, de Antonio
Barrera; El Salvaje G, de Gregorio Payán; Balchacá de adentro, de
Pilar Sánchez, y Chibojá, de Francisco Puch. No todas las fincas
fueron propiedad de mexicanos, algunas pertenecían a extranjeros.
La prosperidad llegó a ser de tal importancia que el Carmen tuvo
12 muelles, ocupados por barcos de vela de 400 a 800 toneladas,
y otros tantos anclados esperando turno para hacer sus operacio
nes. En su momento también llegaron enormes vapores de hasta
4 000 toneladas que cargaron maderas de cedro y de caoba.
Hubo intentos de procesar el palo de tinte, como el primer
ensayo que puso en práctica en Mérida un francés de apellido
Chovot entre los años 1816 a 1820; sin embargo, fue en 1828
cuando el proceso adquirió características comerciales: un decre
to fechado el 30 de octubre de ese año concedió el monopolio de
la materia colorante a Pedro José Guzmán, quien adquirió en los
Estados Unidos los aparatos necesarios para conseguir el extrac
to. El hacendado Simón Peón también tuvo una maquinaria para
el mismo efecto, que instaló en la hacienda Tankuché. En 1875 se
estableció en el Carmen una fábrica de extractos, fundada con ca
pital belga y francés, pero, al igual que las otras empresas, no
tuvo éxito, aunque obtuvo el primer generador de corriente eléc
trica, que se empleó después para el alumbrado.
Se puso atención al recurso en diferentes formas, y a efecto de
un mejor desarrollo de su comercio de exportación, el 27 de julio
de 1858 el Ejecutivo apoyó la instalación en Carmen de una lla
mada Junta de Progreso.
EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE 77
En medio del tránsito de barcos y la marinería, se originó una
palabra que alcanzó uso internacional en lugares de reunión so
cial o tabernas. Lucas de Palacio refiere que mientras los barcos
llenaban sus bodegas, la tripulación satisfacía su sed con algunos
vinos o licores sin mezclar, pero algunos pedían draks, una bebi
da compuesta cuyos ingredientes se revolvían con una cuchara
de metal, la cual comenzó a sustituir un tabernero con raíces del
gadas, finas y lisas, provenientes de una planta que se llamaba
“cola de gallo”; cuando los ingleses lo supieron dejaron de pedir
draks y comenzaron a ordenar cock-tails. La palabra se popula
rizó primero en las islas británicas, después en los muelles de los
puertos estadunidenses hasta que se hizo común en todo el mun
do. La crónica termina así: “La palabra cock-tails vio su luz pri
mera en ese pintoresco puerto, Campeche, de donde han des
aparecido para siempre los veleros ingleses y los verdaderos
lobos de mar, en una humilde taberna donde empleó para sus
bebidas la raíz de una planta un cantinero”.
En 1861, en la zona productora, el estado de Campeche conta
ba con 37 haciendas y 23 ranchos, dedicados fundamentalmente
al cultivo de caña de azúcar y a la ganadería; hacia el sur peninsu
lar, en torno a las poblaciones de el Carmen y Palizada —panta
nos y ríos— crecía con exuberancia el palo de tinte, en un paraje
al que solamente se podía acceder por vía fluvial o marítima. El
recurso natural estimuló ambiciones que cancelaron la produc
ción de café, cacao y arroz, ya que los habitantes eran engancha
dos para irse a los tíntales con la promesa de mayores sumas de
dinero.
En los años formativos del estado de Campeche la configura
ción del terreno exigía variantes en el aspecto agrícola. En 1868
en el Partido de Champotón siguió fomentándose el cultivo de la
caña, arroz, maíz, tabaco y henequén; su producción era reduci
da por la falta de brazos y la inseguridad por los sirvientes en
deudados. Cuando se fracasaba en las cosechas, la explotación de
maderas y palo de tinte compensaba las pérdidas; sin embargo,
fue descendiendo la actividad, aunque aún en 1886 estaba sujeta
a derechos fiscales del municipio y del estado. El 7 de agosto de
78 EXUBERANCIA DEL PALO DE TINTE
1894 el gobernador hizo notar en su informe que, de los produc
tos más importantes con que se contaba, el palo de tinte era el
que ocupaba el principal renglón en materia de exportación. La
Ley de Hacienda del 9 de diciembre de 1895 consideró como
ingreso el corte de la tintórea, y no podía ser de otra manera ya
que en 1896 alcanzó el máximo volumen con un millón de quin
tales, es decir unas 46 000 toneladas.
El palo de tinte resintió también los conflictos internacionales
y, en consecuencia, internos; por ejemplo, el gobernador Aznar y
Cano dijo el 7 de agosto de 1906 que la guerra ruso-japonesa de
1904, al cancelar los mercados más consumidores de palo de tin
te, había reducido la exportación, produciéndose una baja en los
ingresos de la entidad. Restablecida la paz en Oriente en 1905,
volvió a exportarse, produciendo ingresos al erario por razón del
impuesto respectivo, “a pesar de las dificultades que en los mer
cados de consumo crea la tremenda crisis política y económica
por la que actualmente atraviesa el Imperio Ruso”. El dramático
final se apunta el 7 de agosto de 1909 cuando el gobernador alu
dió al precio, que iba a la baja con desesperante firmeza, y con
cluyó “...continúa en situación tan desastrosa que no paga ni los
gastos de producción”. A modo de comparación, mencionaremos
que las exportaciones fueron, en primer lugar, las maderas finas,
con recaudación de 1827832 pesos; chicle en marquetas, 815713
pesos; y el palo de tinte, 103 713 pesos.
La industria europea había requerido del mencionado recurso
natural, pero aparecieron los productos químicos, que sustituye
ron la madera tintórea, y vino la consecuente baja de precios y el
comercio opulento del palo de Campeche desapareció en los pri
meros años del siglo xx; además, la guerra europea que inició en
1914 paralizó la navegación.
Durante su explotación, los dueños de los ranchos tintóreos,
los comerciantes y exportadores fueron los únicos beneficiados,
ya que los trabajadores del campo estaban sujetos al cruel sistema
de servidumbre, y los del muelle no tuvieron garantías en mate
ria de salud o accidentes de trabajo.
VIL LA PROVINCIA DISPERSA
Actividades paralelas
OS SIGLOS DE LA COLONIA reunieron el territorio que con-
L á formaban los Partidos —denominación política— del Cami
no Real, Bolonchencahuich, Sacabchén, Laguna de Términos y
Campeche. En conjunto, establecen la problemática enunciada
en los capítulos anteriores, pero también hubo otras actividades,
aunque la vida de la población criolla y mestiza giraba fundamen
talmente alrededor del puerto amurallado, único habilitado du
rante la Colonia para realizar movimientos comerciales. Ahí, en
Campeche, se registró el crecimiento del sector mercantil —inte
grado por inmigrantes vascos, asturianos, gallegos y catalanes lle
gados, en su mayoría, durante el siglo xvm—, que no sólo apro
vechó el privilegio comercial del puerto y las riquezas naturales
de una parte del territorio, sino que también participó en otras di
ligencias. Montejo el Adelantado fue el primero en sembrar caña
en Champotón, marcando con ello el principio del desarrollo de
las haciendas. Como en la península no había fundos mineros
que explotar, la economía de la región se sustentó especialmente
en el trabajo de los nativos, dirigidos por los españoles en el sis
tema de encomiendas que dotaba a cada conquistador de una
porción de tierra, junto con los naturales que la habitaban. A cam
bio, éstos recibían protección e instrucción religiosa. Todo estaba
montado para dar la apariencia de amor y caridad, cuando en rea
lidad el sistema era una forma de abuso que tuvo a los indígenas
esclavizados en su propia tierra. Al encomendero solamente le in
teresaba incrementar su riqueza material, por lo que obligaba al
maya a dar el máximo de su rendimiento aun a costa de su ani
quilamiento.
En otro contexto, diremos que desde 1650 existía un varadero
79
80 LA PROVINCIA DISPERSA
en el barrio de San Román, y que poco después hubo otro en San
Francisco. Numerosos barcos que navegaban en diferentes mares
fueron construidos en esos astilleros de la ciudad de Campeche, y
ya dijimos que uno de ellos peteneció a la flota española que in
tervino en la batalla de Trafalgar, donde también estuvo el joven
marino Pedro Sáinz de Baranda. El crecimiento del lugar ocurrió
entre los años de 1765 a 1811, aunque de tiempo atrás habitaban
en el barrio del Cristo Negro carpinteros de ribera, calafates y
otros artesanos dedicados a la construcción naval. Para 1811 ha
bía aproximadamente 3 000 personas dedicadas a la marinería y a
la construcción naval; fue tan importante que en 1803 la matrícula
campechana contaba con 229 embarcaciones: 21 mayores (fraga
tas y bergantines) y el resto menores (canoas, bongos y goletas).
En 1811 el número de embarcaciones había crecido a 366, de las
que 14 fueron de parte mayor y las otras de menor tonelaje.
Al lado del comercio, la construcción naval y el palo de tinte, la
explotación salinera completaba la riqueza de la región durante
la Colonia. Las salinas se formaban con el flujo y reflujo del mar,
que formaba charcos evaporados naturalmente con la intensidad
del sol. Hacia el año de 1765 empleaban entre 300 y 400 trabaja
dores, que laboraban de marzo a junio. La sal se exportaba, pero
también era remitida a centros mineros nacionales, o bien utiliza
da para la salazón de pescados. En ese año se produjeron aproxi
madamente 9 500 fanegas.
En su mayor parte, la arquitectura colonial tuvo carácter religio
so, como el convento de San Francisco, edificado donde se llevó
a cabo la primera misa en tierra firme de América. En 1545 recibió
la visita del obispo Bartolomé de las Casas. Al año siguiente se
erigió en cal y canto. En 1562, en una de las habitaciones, nació
Jerónimo, nieto de Hernán Cortés, quien fue bautizado en ese
mismo lugar. En 1597 fue refugio de los campechanos, quienes se
organizaron y sacaron de la población a los filibusteros de Wil-
liam Parker. En 1633 sirvió de asilo a los pobladores atacados por
los piratas apodados Pie de Palo y Diego el Mulato.
Otra construcción, también de corte colonial, pero dedicada a
diferente actividad, fue el Cuartel de Dragones que se encontraba
LA PROVINCIA DISPERSA 81
en el barrio de Guadalupe y que durante siglos alojó a diversas
fuerzas armadas. Al comenzar el siglo xix se encontraba deteriora
do, por lo que se emprendieron varias diligencias para que fuera
reparado; la primera fue un oficio que le dirigió el comandante
Francisco de Flota al teniente de rey Juan José de León en el que
le decía que la caballería del destacamento a su cargo se hallaba
enteramente inútil, pues los soldados y caballos no tenían la ade
cuada salud como lo había encargado el rey. En consecuencia, el
teniente de rey le ordenó al capitán del Real Cuerpo de Inge
nieros, José Segundo Carbajal, que pasara a reconocer el cuartel y
presentara un informe del costo de las reparaciones. En abril de
1818, el cuartel fue reparado y salvado.
El santuario o ermita de San Román, situada a corta distancia de
la playa en Campeche, ofreció acoger al Santo Cristo, que llegó
en 1565 traído de España a Veracruz y de ahí al puerto, a iniciati
va del comerciante Juan Cano de Coca Gaitán. Fue tallado en
Civita Vecchia, puerto del mar Tirreno cercano a Roma. El erudi
to perfecto Baranda Berrón escribió una hermosa página al res
pecto, que señala que el Señor de San Román ha presidido —rue
go, amor y perdón— la vida toda de la ciudad murada, donde no
hay rincón en el que no aliente el pasado con la presencia indefi
nible de su extraño perfume. El Cristo sanrománico, a través de en-
fervorecidas plegarias, ha sabido de huracanes, de plagas y de
pestes, de invasiones de piratas, corsarios y filibusteros, de ase
sinatos, incendios y saqueos, de guerras y tragedias y, en fin, de
todos los dolores campechanos. Y también supo de alegrías y
contentos y de fiestas rumbosas que alegraron todos sus septiem
bres perfumados “con el suave aroma del estreno” de las mozas
garridas. “Tu sólo nombre, Señor de San Román, nos llena de
recuerdos campechanos. Y es con los recuerdos con que cons
truimos las esperanzas.”
La Catedral tuvo un origen modesto en 1540 como humilde
choza dedicada a la Purísima Concepción, hasta que muchos
años después se inició la construcción del nuevo edificio. La
obra, refiere Cogolludo, quedó inconclusa en 1650 por falta de
recursos. Se continuó, habiendo sido bendecida por fray Pedro
82 LA PROVINCIA DISPERSA
Reyes Ríos de Lamadrid, el 14 de julio de 1705, y 53 años después
se le trazó la extensión permanente y se construyó la torre del
mar, a la que se dotó de campanas; casi se terminó en 1760. El 25
de julio de 1835 el obispo de Yucatán, José María Guerra, consa
gró la parroquia. Diez años después, el cura Gregorio Jiménez
amplió el presbiterio, construyó el altar mayor y colocó el már
mol, el cual se conserva. Permaneció con una torre hasta que el
citado Jiménez construyó la del sur. Por bula del papa León XIII,
el 24 de marzo de 1895 quedó integrada la Diócesis de Campe
che, y en cumplimiento de ella el obispo de Yucatán, Crescencio
Carrillo y Ancona, el 28 de julio siguiente, hizo la declaración que
le concedió a la antigua parroquia el rango de catedral.
En 1588 ya funcionaba el convento de Calkiní, del cual señaló
Ciudad Real que:
[...] está terminado con su claustro superior e inferior, dormitorio y
celdas; el primer piso es arcado pero la parte superior de las celdas es
de madera con techos planos y todo es pequeño aunque con mezcla
de piedra y mortero. Este convento no tiene iglesia pero en su lugar
hay una capilla anexa... alta y fuerte, construida con piedra y mortero
y está cubierta con bóveda llana de media naranja... está en un gran
patio y tiene cuatro capillas (posas) una en cada esquina, y todo esto,
con el convento, está situado sobre un Ku o Muí de los antiguos.
Pueblos del interior
Hecelchakán, del maya bec’el, “partida”, y chak’an, “sabana”. El
mayólogo Martínez Paredes confirmó que el verdadero nombre
maya de esta población es Hec’el Chak’an, de hec’el, “rama-
bifurcación, dividirse en dos una cosa, ahorquillarse”, y chak’an
“sabana”, es decir, el camino que iba a la ciudad de Campeche
se bifurca en esta población para ir hacia la sabana, y de allí se
tomaba el rumbo a Guatemala. En el censo de población de 1789-
1795 figura Hecelchakán con 1418 hombres y 1708 mujeres.
Además, tenía en forma permanente 75 soldados como guarni
ción perteneciente a las Milicias Disciplinarias Blancas. En mate-
LA PROVINCIA DISPERSA 83
ria educativa, el pueblo contaba con un maestro autorizado, que
había comenzado su docencia en 1780. En la zona de Hecel-
chakán había haciendas de maíz y ganado.
En Hopelchén se cultivaba caña dulce, maíz, frijol, algodón,
higuerilla y otros frutos de consumo regional. En 1861, en las
siete municipalidades del antiguo distrito de Campeche se loca
lizaban 37 haciendas y 23 ranchos.
Entre los pueblos más afamados del interior de Campeche figu
ra el que originalmente se denominó Bolonchenticul, que signifi
ca bolón, “nueve”, y ch’een, palabra maya que los frailes apli
caron a la española “pozo”, por antonomasia, ya que los mayas
no conocían propiamente esas excavaciones que los españoles
hicieron para encontrar agua (en la obra de Landa, Relaciones de
las cosas de Yucatán, se advierte que los mayas no sabían hacer
pozos y que aprendieron a hacerlos después de la Conquista).
Ahora bien, como la palabra ch’een quiere decir silencio, enton
ces resultó que esas perforaciones de pozos fueron denominadas
bol ch’een por los mayas, que quiere decir “agujero silencioso”. Si
una persona suelta una piedra y acto seguido pega la oreja a la
boca del pozo, no escuchará nada; así, hasta la fecha, si se le pre
gunta a un nativo cómo se llama el pozo, contestará hol ch’een.
Entonces, Bolón Ch’een quiere decir “nueve pozos”.
A Bolonchenticul le fue suprimida la partícula ticul y se deno
minó Bolonchén de Blengio en ocasión de haber sido cuna de un
sacrificado en la revolución de 1910. Años después, el 22 de sep
tiembre de 1955, se le nombró Bolonchén de Rejón, por haber
cobijado el nacimiento del jurista Manuel Crescencio Rejón. Como
en otras poblaciones del interior, su problema fue de índole agríco
la y, en consecuencia, la actividad era cuestión de tener tierras.
Para citar un ejemplo, señalaremos que Julián Molina, vecino de
Bolonchenticul, pidió el 20 de octubre de 1818 que se le vendie
ran unas tierras junto al rancho Kayek, ya que las suyas necesita
ban ampliarse para hacer prósperas las siembras de caña dulce.
La petición le fue concedida después de llenar todos los requisi
tos burocráticos con el cacique, escribanos, testigos, el protector
de naturales, el gobernador e intendente de Yucatán, el juez es-
84 LA PROVINCIA DISPERSA
pañol del pueblo de Dzitbalché y el promotor fiscal de la Real
Hacienda.
Un informe de la Capitanía General fechado en 1790 decía
respecto a Bolonchenticul:
[...] tiene de indizuelos y vecinos para enseñar, inclusive sus ranchos,
ochocientos veinte indios, y ochenta de vecinos de las otras castas; se
halla con dos maestros de escuela, que lo son don Luis Najar y don
Esteban Vera, sujetos ambos de competente instrucción [...]
Creció rápidamente. Según descripción de Francisco Martínez
de Arredondo en 1840, por estar rodeado de colinas, su clima era
extremadamente caluroso, pero su vista presentaba un cuadro
pintoresco, ya que los edificios se encontraban construidos a las
faldas y en las cimas de los cerros, y otros ocupaban algunas lla
nadas hermosas denominadas kankab. Había 5 000 habitantes en
el área del pueblo y aproximadamente 3 000 en los ranchos y en
los establecimientos de caña, que era la tarea principal; sus pobla
dores eran de carácter tenaz, como los de Hopelchén y Dzitbalchén,
y más trabajo habrían realizado si no hubiera sido por la escasez
de agua. El viajero inglés John L. Stephens fue al lugar en 1841 y
escribió casi un cuadro de costumbres, aunque estaba en realidad
más interesado por la gruta cercana de Xtacumbilxunaan:
A poco andar llegamos a los suburbios del pueblo y entramos ya bas
tante avanzada la tarde, por una espaciosa calle decorada de casas de
guano a derecha e izquierda. Los indezuelos retozaban en medio del
camino y los indios que volvían ya de sus tareas rústicas se estaban
columpiando en sus hamacas en el interior de las cabañas a poco
más nos encontramos con un vecino que, rodeado de varias perso
nas, estaba sentado en la puerta de su casa tocando una guitarra. Tal
vez era una escena de indolencia y abandono; pero al mismo tiempo
lo era de paz, quietud y regocijo, comodidad y economía.
Agregó que era una actitud diferente a lo visto en pueblos de
Centroamérica, donde embriaguez, hostilidad, desconfianza y ba
ladronadas eran comunes. En 1845 Sierra O’Reilly también escri-
LA PROVINCIA DISPERSA 85
bió elogios sobre los pobladores, trabajando constantemente
para sobrevivir a los obstáculos de la naturaleza, como la falta de
agua. Alrededor del pueblo se sembraba arroz, caña de azúcar y
hortalizas. En 1894 Gustavo Martínez Alomía visitó las poblacio
nes de los Chenes y advirtió, como antes lo hizo Stephens, sobre
las ruinas mayas que existían en la región.
Calkiní significa: cal, “garganta”; y kin, “sacerdote”, más i, “la”;
o sea: “la garganta del sacerdote”. Hopelchén es ho, “cinco”, y
ch’een, “pozo”: “cinco pozos”. Yaxché es el nombre del árbol co
nocido como ceiba; yaaxché significa “árbol verde”.
Dzitbalché puede significar “pieza de madera escrita”, pero
también es necesario considerar que el balcbé es una planta que
sirvió a los mayas para preparar una bebida ceremonial; enton
ces, puede aceptarse como “lugar donde se escancia el balché”.
José Tiburcio Cervera escribió en 1872 que el pueblo de Dzit
balché existía antes de la conquista de la península y que debe su
nombre a un vegetal cuya planta se llama pitarrilla, que en maya
se dice balché; con el tiempo se vició el nombre. La pitarrilla es
un árbol que cultivaban los naturales porque su corteza les servía
para hacer un licor fermentado con el cual hacían ofrendas y liba
ciones en sus ceremonias religiosas; la flor de aquella planta se
describió como bella y capaz de figurar en los mejores jardines.
No podemos soslayar la presencia de las autoridades militares
a principios del siglo xix: el Batallón de Castilla, Real Cuerpo de
Artillería, Batallón de Milicias Disciplinados, Segunda División
de Pardos Tiradores; Guardacostas del Seno Mexicano —al man
do del capitán de fragata Ciríaco Ceballos— y los barcos Salta,
Volador, Alerta y Felicidad.
La parte interior era un mundo diferente al litoral. El clima, las
comunicaciones, la escasa población, todas estas circunstancias
hicieron que el espacio interno fuera territorio maya y que en la
costa se radicaran lós españoles y los criollos.
VIII. DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
Una Independencia pacífica
ON EL INICIO DEL SIGLO XIX la jurisdicción de Campeche
C aceptó renovadas influencias, de acuerdo con un tiempo
social que comenzaba a ser diferente del pasado inmediato. Los
prolegómenos en otros lugares de la Nueva España se desarrolla
ron en un ambiente diferente, es decir, rápidamente y con vientos
intranquilos; en la península de Yucatán sucedieron de otra ma
nera. Los colegios franciscanos fueron receptores iniciales de ideas
novedosas provenientes de Europa a través de impresos. Miem
bro connotado en esta corriente fue Pablo Moreno, quien desde
1802 hizo públicos los conceptos racionalistas. Maestro de filoso
fía cuya personalidad comprendió en términos cabales Lorenzo
de Zavala al decir que había sido el primer hombre en atreverse a
introducir la duda sobre las doctrinas más respetadas por el fana
tismo, encabezó con el capellán José María Velásquez al grupo
denominado sanjuanista, ya que se reunían en la ermita de San
Juan en Mérida. A esta agrupación de tendencia liberal se asocia
ron personajes destacados en la sociedad, como Andrés Quintana
Roo y el propio Zavala, entre otros. Se inclinaron por la supresión
del servilismo indígena, las obvenciones parroquiales y otros pri
vilegios. Los sanjuanistas enfrentaban a un grupo opositor, contra
rio a los principios que sustentaban, conocido con el nombre de
rutinero, proclive a la conservación del sistema monárquico y,
desde luego, a la sobrevivencia de los privilegios coloniales.
Los intereses de los grupos políticos se avivaron al advertir la
llegada de cambios y oportunidades de aprovecharlos. No de otra
manera se podría comprender la presión de los sanjuanistas en
1812 para que se adoptara la Constitución liberal de Cádiz, expe
dida el 18 de marzo, y se designara Diputación provincial, ade-
86
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 87
más de que llevaron al campo de la polémica la interrupción de
las obvenciones parroquiales que los indígenas entregaban al
clero. Sin embargo, cuando en 1814 volvió al trono Fernando VII
y se desconoció el código, los sanjuanistas fueron perseguidos y
encarcelados.
En Campeche la situación nunca fue tan violenta, si bien es
cierto que el franciscano Juan José González expresaba desde la
cátedra del Colegio de San José ideas radicales que lo identifi
caron como sanjuanista. Se definieron las dos tendencias que
poco a poco irían entrando en el palenque de la rivalidad. Los
sacrificios de Hidalgo y Morelos, la persecución realista en contra
de los hombres afiliados a la libertad y la independencia estuvie
ron lejos de la región, pero no por ello dejaron de conocerse y
despertar sentimientos de simpatía o desacuerdo. Pero los tiem
pos comenzaban a ser diferentes y la política se alejaba de las
rígidas fórmulas coloniales.
El año de 1820 fue crucial por el cambio de sistema político, ya
que ante la resistencia de las autoridades sujetas a la Corona espa
ñola, los sanjuanistas movieron los resortes populares para obli
gar a la jura y publicación de la Constitución de Cádiz el 8 de
mayo, y reunir al Ayuntamiento que había sido electo en 1812 y
después despojado de sus funciones. Se aludió en el acta respec
tiva que era llegado el tiempo de la jura de la Constitución con
forme a los deseos monárquicos. Los asistentes acordaron que se
procediera a la observancia, para cuya ceremonia fue colocado
en la mesa un Santísimo Crucifijo, y con misal se inició el acto y,
en el orden prescrito por la Constitución, prestaron juramento los
concurrentes. Casi inmediatamente el teniente del rey Juan José
de León fue destituido a consecuencia de representar intereses
contrarios al constitucionalismo. Esta primera etapa culminó al
proclamarse la independencia el 17 de septiembre de 1821 en la
ciudad de Campeche, como consecuencia inmediata del Plan de
Iguala. Las rivalidades de partido no llegaron a fracturar la autori
dad existente, ya que se dispuso “que continuarán regenteando
sus empleos y autoridades, las mismas personas que los desem
peñaban”.
88 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
La región y sus pobladores fueron aceptando de buen grado
los cambios, lejos del estruendo de las armas realistas o del cañón
de Cuautla de Amilpas; ajenos casi al sacrificio de Allende y al fu
silamiento de Mina. La distancia, que añadía lentitud a las comu
nicaciones, hizo posible que los cambios políticos se efectuaran
con cierta parsimonia.
Poco después comenzaron los enfrentamientos de rutineros y
sanjuanistas con motivo de la llegada a la península de Melchor
Álvarez como delegado del Imperio de Iturbide. Pero este proble
ma y otras diferencias que fueron poco a poco calando en las
conciencias de los pobladores de las dos principales ciudades se
desvanecieron aparentemente en 1823 con la caída de Iturbide.
Cuestiones de intereses económicos desvirtuaron las tendencias
políticas, republicanas y federales, como fue el caso de la guerra
con España en la que la península de Yucatán sostuvo un criterio
diferente al no querer participar, debido a que su comercio prin
cipal era con la isla de Cuba, posesión española. En términos for
males, la Constitución Federal de 1824 estableció el estado de Yu
catán con las jurisdicciones territoriales que tradicionalmente le
habían correspondido con Campeche y el Carmen.
Todas las divergencias entre los grupos de Campeche y Mérida,
mayores unas, menores otras, estimularon a los diputados Joa
quín Casares y Armas, Escalante y Marín a presentar en la sesión
del Congreso General del 6 de septiembre de 1824 una proposi
ción para que se dividiera la península de Yucatán en dos enti
dades, una con la denominación de Mérida, y otra con el nombre
de Campeche. Nunca se presentó a discusión, pero el plantea
miento abrió el juego en la mesa de los intereses económicos y
políticos, y aparecieron líderes y caudillos de una y otra parte que
originaron crisis y discusiones entre federalistas y centralistas,
como, por otra parte, ocurría en todo el país.
Las transformaciones en la vida social partieron de los grupos
que se fueron formando alrededor de aspiraciones financieras y
ambiciones comunes de alcanzar el poder político en una etapa
distinta de la acostumbrada. La ideología había sido, casi en todo
tiempo, de perfiles liberales, como correspondió a un puerto de
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 89
vida y trabajo constante, como era el de Campeche. Conflictos
que trastornaron el país, en Yucatán estaban resueltos, como la
desamortización de bienes eclesiásticos, que se ejecutaron desde
1782 bajo la directriz del obispo Piña. En 1813 se abolieron los
servicios de los indígenas y en 1820 se cerraron 25 conventos de
religiosos menores observantes de san Francisco. La extinción
de fueros y la tolerancia eran signos de un tiempo abierto y me
nos rígido. Entonces tanto ahí como en Campeche, vinculada a
Yucatán por lazos fuertes, como se demostró en los problemas de
piratería y amurallamiento, únicamente quedaron inclinaciones e
inquietudes políticas, y las sogas de donde cuelgan anhelos no
siempre legítimos.
Diferencias políticas
El gobierno federal de Guadalupe Victoria consiguió terminar su
cuatrienio constitucional con cierta tranquilidad, y esa situación
repercutió en los estados. Pero cuando se inició la violencia de
facciones, también sacudió a Campeche. La guarnición militar a
cuyo frente estaban Ignacio de la Roca y José Segundo Carvajal
levantó un acta el 6 de noviembre de 1829 para admitir el centra
lismo y segregar Yucatán hasta que se adoptase generalmente el
referido sistema federal. Asonadas y motines fueron el ritmo cons
tante en la península: gobernadores y comandantes militares se
pasaban la estafeta creando un ambiente de incertidumbre con el
pretexto de respaldar corrientes ideológicas que ocultaban los in
tereses económicos de prominentes ciudadanos de Campeche y
Mérida. En noviembre de 1832 Roca y Carvajal fueron desplaza
dos por el jefe de la guarnición de Mérida, Sebastián López de
Llergo, y el de Hecelchakán, Francisco de Paula Toro, quienes
reconocieron a las autoridades locales de corte federalista derro
cadas en 1829. En el año de 1833 se efectuaron elecciones, de las
que resultaron los líderes Juan de Dios Cosgaya y Santiago Mén
dez como gobernador y vicegobernador, respectivamente; pero
poco tiempo después, en 1834, los desplazaron y alcanzó la gu-
bernatura Francisco de Paula Toro, quien el le de septiembre de
90 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
1835 admitió otra vez el sistema centralista, que habría de derrum
barse al año siguiente. El general Toro fue un personaje en Cam
peche no solamente por sus andanzas en la política, sino porque
realizó mejoras materiales que los habitantes recordaron durante
mucho tiempo, entre ellas (y que ha sobrevivido) se encuentra el
teatro que lleva su nombre, elegante escenario de actos culturales
y de la vida política de la entidad. El teatro se inauguró en 1834, y
se han presentado obras como Orestes o Agamenón vengado,
zarzuelas, óperas y bailes como el que Parish Robertson describió
en 1849:
El Teatro de Campeche, tan bonito como cualquier teatro de cual
quier ciudad provinciana de Europa, lo convirtieron en un espléndi
do salón de baile para atraer a todas las bellezas campechanas [...]
toda la hilera de palcos bajos la llenaba la élite, la flor y nata de Cam
peche, además había sillas en el propio salón para los danzantes. To
das vestían a la europea.
A partir de 1838, en la vorágine militarista, empezó a discutirse
con mayor insistencia la corriente política afín al federalismo, lo
que vino a dificultar las relaciones del estado con el ejecutivo
centralista. Además, en 1840 se levantó el general Santiago Imán,
que contó con apoyo de grupos simpatizantes de la corriente fe
deral. La rebelión de Imán tuvo como resultado que, ocupado
Valladolid, se firmara un documento que restablecía la Constitu
ción de 1824. Al recibir, entre otras, la adhesión de la guarnición
de Mérida, admitió la exigencia de separar Yucatán del gobierno
central hasta el restablecimiento del federalismo. Secundado el
movimiento, tuvo éxito y regresaron como gobernador y vice
gobernador Cosgaya y Santiago Méndez, que habían sido derro
cados en 1834. El Congreso estatal declaró la vigencia de la Cons
titución de 1824 y la separación de Yucatán de la república. Con
las nuevas elecciones Santiago Méndez se elevó a la gubernatura
y siguieron las negociaciones para reincorporar el territorio a la
nación, lo que significa que las fuentes de la soberanía no alimen
taron una postura ni de rivalidad ni tan definitiva que no consi
derara la unión al país. Se trató de una controversia de partidos
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 91
más que de ideologías. Así, se llegó a la trágica década de 1840,
cuando las cuestiones públicas se agitaron todavía con más fuer
za, como los acontecimientos que continuaron; y después de la
independencia se suprimió la partícula San Francisco de su nom
bre, y en cambio se le concedió el título de Heroica el 2 de sep
tiembre de 1834 en reconocimiento al pueblo campechano por su
esfuerzo en apoyo de la Constitución y el federalismo. El 8 de
septiembre de 1840 se le otorgó la facultad de hacer anteceder las
palabras Muy Heroica y Liberal.
La Constitución de 1841 tenía notables innovaciones, como el
juicio de amparo. En 1842 Santa Anna, dictador versátil, conminó
a la región a la reincorporación, dejándose sentir vientos de gue
rra: como no se llegó a una conciliación, los líderes Méndez en
Campeche y Barbachano en Mérida establecieron las medidas ne
cesarias para enfrentar a las tropas centralistas que en agosto de
1842 ocuparon el Carmen y avanzaron sobre Champotón, Seyba-
playa y Lerma con 1 300 hombres y cuatro barcos de guerra y tres
transportes, todos al mando del general Juan Morales. El sitio a
Campeche inició con una fuerza que ya entonces se dijo que com
ponían 4000 hombres; el cerco se prolongaría por varios meses.
Refiere Joaquín Baranda que la verdadera campaña por Yucatán
se inició en Campeche. Toda la suerte quedó al abrigo de sus mu
rallas, y la guerra contra las tropas de México se hizo popular y en
tusiasta, de manera que blancos e indígenas unieron fuerza y áni
mo para combatir a quienes consideraban invasores. Figuró entre
los defensores de la plaza Cecilio Chi, quien años después acau
dilló a los mayas en la Guerra de Castas, que a su grito se inició el
30 de julio de 1847.
Hubo momentos de epopeya y de oscuridad, como por ejem
plo la traición del general Pedro Lemus hacia los peninsulares
cuando hizo fracasar una posible victoria en la Eminencia. En fe
brero de 1843 se libró una batalla en Chiná, donde muertos y he
ridos no justificaron la acción, pues la conjugación de valor y
denuedo de ambas partes las privó de la victoria, pero ahí mismo
se escribió un hecho memorable cuando el 3 de febrero el ejército
mexicano acampó para interrumpir las comunicaciones con las
92 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
fincas productoras de víveres. El coronel López de Llergo, jefe de
las fuerzas campechanas, le ordenó al teniente coronel Manuel
Oliver que con 500 hombres y dos piezas de artillería los fuera a
combatir en la noche. El guía que marcaba la ruta de Oliver con
los batallones 16 y el ligero permanente se extravió de tal manera
que desorientado condujo mal a los campechanos, quienes de im
proviso se dieron cuenta de que se encontraban sobre los bordes
de las trincheras del enemigo. Era el amanecer del 4 de febrero y,
pasada la sorpresa de los dos bandos, entraron en lucha cuerpo a
cuerpo. Después de algunas horas de combate Oliver dispuso la
retirada, abandonando una pieza de artillería cargada de metralla.
Los soldados mexicanos persiguieron a los que se retiraban y fue
ron hacia el lugar donde estaba el cañón, pero antes de que lle
garan a la pieza abandonada fueron vistos por el joven Esteban
Paullada, quien rápidamente regresó para prender la mecha, lo
cual hizo que los perseguidores se lanzaran a la tierra para defen
derse del fuego. Pero la mecha no cumplió su fin y los soldados
volvieron a ponerse en pie para atacar con bayoneta calada. En
esos momentos Paullada disparó su carabina sobre el oído del ca
ñón, ardió la estopa y el estruendo cobró sus víctimas, entre ellas
el mismo comandante Andrade de las fuerzas mexicanas. López
de Llergo recibió en el campamento a los soldados con hachones
y toques de fanfarria, y Paullada se hizo acompañar del cañón
como trofeo a su temeridad. La autoridad dispuso que .en la recá
mara del cañón se grabara la inscripción El Paullada. Finalmente,
las tropas mexicanas capitularon en el lugar conocido con el
nombre de Tixpehual, cerca de Mérida, el 9 de mayo de 1843.
Hubo designación de comisionados que llegaron al acuerdo, en
tre otros, de reincorporar Yucatán a la república. El 14 de diciem
bre de ese año convinieron la reanexión y otros puntos respecto
al régimen interior, comercio, aranceles y demás asuntos nece
sarios para la continuación de la vida política y económica de
Yucatán.
Violaciones y desacuerdos hicieron de la reintegración del es
tado una ficción, y éste volvió a invocar la soberanía estatal, de
modo que el 8 de diciembre de 1846 se produjo una rebelión en
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 93
Campeche. La reintegración volvió a posponerse durante el con
flicto contra los Estados Unidos.
Llegó un momento en que el gobierno estatal aceptó la reincor
poración a la república sobre bases federalistas, siempre y cuan
do se respetaran los convenios de 1843. Pero el estado no par
ticipó en los conflictos de México con los Estados Unidos, ya que
la posición de Campeche como puerto comercial importante lo
hacía vulnerable a un enfrentamiento bélico. Por esto el 8 de di
ciembre de 1846 el Ayuntamiento se pronunció por el aplaza
miento de la reincorporación, acontecimiento que finalmente
tuvo efecto en 1848.
Guerra de Castas y bipartidismo
El desorden administrativo, la lucha de los grupos por el poder
político, la defensa de intereses particulares —que llegaron inclu
so a destacar la neutralidad en la guerra entre México y los Es
tados Unidos— y la explotación de los indígenas en el campo
fueron circunstancias que, presentes por cerca de tres décadas,
alentaron el levantamiento de los naturales en contra de los blan
cos. La explosión social aconteció el 15 de enero de 1847 en Va
lladolid y en julio en Tepich, donde la crueldad escribió en la his
toria una verdadera página trágica. Asesinatos y destrucción de
poblaciones alarmaron a los poderosos grupos de criollos y mes
tizos que dominaban la península desde Campeche y Mérida; en
la primera región, la invasión indígena penetró la zona conocida
como los Chenes.
Los naturales pusieron un coraje inaudito en sus avances, acaso
fastidiados no solamente por el trato rudo e injusto de autorida
des y hacendados, sino también por el incumplimiento de la pro
mesa de dotarlos de tierras. Destacaron en particular las procla
mas levantiscas de Santiago Imán en 1836 y en diciembre de
1846. Llegaron a representar peligro en 1848, cuando estuvieron a
punto de ocupar el puerto amurallado y la capital emeritense.
Dice al respecto Negrín:
94 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
El efecto general de la guerra fue desastroso; extensas áreas de culti
vo fueron destruidas, pueblos enteros desaparecieron, el Estado se
vería obligado a solicitar ayuda extranjera a cambio de ofrecer la so
beranía yucateca y, en fin, se inició el vergonzoso tráfico de mayas a
La Habana en calidad de esclavos.
Los acontecimientos fueron tan alarmantes que el gobierno es
tatal, ante la indiferencia del gobierno nacional (que remitía men
sualmente 80000 pesos para el sostenimiento del ejército de 600
hombres que, en 1849, operaba en San Luis Potosí al mando del
general Bustamante, y se mostraba negligente en socorrer a Yuca
tán con 15000 pesos para atender las exigencias de esa ominosa
guerra en la que tenían comprometidos a más de 16000 hombres
en campaña), hizo que el gobernador Barbachano firmara un con
trato con el coronel White, residente de Nueva Orleáns, para que
contratara con cargo a los recursos de Yucatán, y además ofre
ciéndoles tierras a voluntarios o mercenarios que pelearan en
contra de los indígenas. Entre 500 y 600 mercenarios llegaron por
Sisal y fueron incorporados a las tropas yucatecas, pero su com
portamiento fue desordenado, sin disciplina, y su desempeño pro
vocó que meses después fueran regresados a Nueva Orleáns, ha
biéndoles cubierto sus haberes. La medida se justificó ante la
necesidad de terminar lo más pronto posible la guerra con los lla
mados bárbaros. Ante la visible falta de tropa, la opinión solía es
tar de acuerdo en que participaran soldados de otros países como
auxiliares de los peninsulares.
La crueldad campeó en la Guerra de Castas, ejercida lo mismo
por blancos que por indígenas; no se distinguió edad ni sexo.
González Navarro, en un libro sobre la materia, explica que, por
ejemplo, los comandantes hicieron negocio al hacer trabajar a
los prisioneros en sus haciendas y a las mujeres en las casas de
familias acomodadas de Mérida y Campeche. Los huérfanos fue
ron parte del botín. En otros casos los indios eran ahorcados y
los soldados a caballo arrastraban sus cadáveres. Los mayas en
frentaron con valor la desgracia y marchaban con paso firme al
patíbulo, donde “ellos mismos se acomodaban la soga al cuello
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 95
y esperaban la muerte sin derramar una lágrima ante sus ver
dugos”.
En 1849 descendió el peligro para las principales poblaciones
blancas, que recibieron numerosos refugiados del interior. La Gue
rra de Castas elevó considerablemente la población del Carmen, a
donde huyeron familias del Camino Real. Otras buscaron abrigo
en Estados Unidos y Cuba y algunas más se fueron a radicar al
territorio británico de Belice, del cual se opinaba en aquellos días
que había sido por más de dos tercios de siglo un foco inmundo
de contrabando, y durante la Guerra de Castas proveedor de ar
mas y municiones a los pueblos sublevados, lo que hacía imposi
ble la terminación de la contienda. Los mayas se replegaron, pero
fueron perseguidos hasta principios del siglo xx.
La alternancia en el poder entre mendistas —fuertes en Campe
che— y barbachanistas —poderosos en Mérida— prosiguió alen
tando discordias y disidencias, además de seguir propiciando las
diferencias entre centralistas y federalistas que en la década de
1850 acaudillaron Mariano Arista, Antonio López de Santa Anna y
Juan Álvarez, quien con la Revolución de Ayuda del 1Q de marzo
de 1854 abrió el campo a la Reforma, lo que repercutió en Cam
peche como aviso inminente de la creación del estado del mismo
nombre.
El bipartidismo alternante en el gobierno resultó fatal. Tanto
Santiago Méndez como Miguel Barbachano pusieron en marcha
el péndulo federalismo-centralismo, economía-política y las cir
cunstancias no sólo no los favorecieron, sino que alentaron la
anarquía y la desarticulación regional.
Todos estos problemas obligaron a soluciones radicales. Al am
paro de las ideas renovadoras que impulsó la revolución de Ayu
da con la expulsión del equipo del general Santa Anna del gobier
no y la aparición de los liberales que enarbolaron la bandera de la
Constitución Política de 1857, en Campeche se inició el cambio
generacional de hombres y políticas.
96 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
La consolidación cultural
Las ráfagas de ideas revolucionarias, vientos del cambio político,
no hubieran podido presentarse sin contar con medios de infor
mación, de divulgación del pensamiento e inquietudes sociales.
Era necesario apoyar por escrito lo que se decía de palabra. Se
hizo imprescindible propagar los hechos, y la libertad de impren
ta significaba una jornada en el avance social. Un liberal llamado
Francisco Bates hizo realidad el proyecto de establecer una im
prenta en la capital peninsular, con lo que en 1813 salió a la circu
lación el primer periódico, El Aristarco, cuyo redactor fue preci
samente Lorenzo de Zavala. Al haber cumplido su objetivo, abrió
un cauce para la aparición de otros medios informativos: El Mis
celáneo, El Redactor Meridiano y algunos más que alegraron el
palenque de la polémica escrita.
Páginas de política, documentos oficiales, correspondencia, edi
toriales, columnas de acuerdo con las necesidades del momento
y las circunstancias, pero conforme avanzaron los años del siglo
xix también fueron sintiéndose vacíos que era necesario llenar,
como por ejemplo el de la cultura, la pasada y la de esos momen
tos, de manera que se emprendió la tarea de rescate que iba a
sustentar la personalidad de la sociedad peninsular. Ese toque
publicitario, acompañado de excepcional sensibilidad, fue capta
do por Justo Sierra O’Reilly, quien en 1840, a sus 36 años de edad,
empezó a dedicar parte de su tiempo a consultar archivos de la
época de la dominación española, anotar relatos que le fueron
ofrecidos por ancianos venerables, manuscritos inéditos y otros
antiguos documentos, y comenzó a publicar la riqueza de este
bagaje en el periódico que fundó con el nombre de El Museo
Yucateco, editado en el puerto de Campeche entre 1841 y mayo
de 1842; Antonio Canto López apuntó al respecto:
El Museo Yucateco fue un periódico de divulgación científica, artísti
ca, literaria e histórica, con el tema yucateco como motivo principal;
reprodujo manuscritos, leyendas y documentos curiosos; describió
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 97
costumbres regionales y aportó serios estudios biográficos. Hizo lite
ratura en el mejor sentido de la palabra, tanto en prosa como en ver
so, y fue un orgulloso campeón de las excelencias del arte y la civili
zación mayas.
El periódico, que era por entregas mensuales, publicó, entre
otros títulos Profetas sobre el Chilam Balam, la profecía del sacer
dote Patzin Yaxun Chan y la de Nahau Pech. El afán de Sierra
O’Reilly por divulgar la historia regional lo llevó a incluir frag
mentos de la obra del padre Diego López de Cogolludo. Publicó
asimismo Teogonia de los antiguos indios e Importancia de un
Museo de Antigüedades; tradujo a John Lloyd Stephens, publicó
la biografía de Pablo Moreno y la de Lorenzo de Zavala; leyendas
como La tía Mariana, que se refiere a una aventura del pirata
Lorencillo, así como la novela histórica Elfilibustero. En esa tarea
periodística, que alcanzó renombre en su tiempo, también co
laboraron el poeta José Antonio Cisneros, quien escribió un dra
ma histórico sobre Diego el Mulato, y Vicente Calero Quintana. El
Museo Yucateco fue el pilar sobre el que se levantó el edificio de
la literatura peninsular.
El Registro Yucateco fue el segundo periódico que fundó Sierra
O’Reilly, y puede considerársele como una continuación del ante
rior, solamente que éste se editó en Mérida entre 1845 y 1849.
Tuvo una destacada planta de colaboradores, entre los que pode
mos mencionar a Andrés Ibarra de León, Francisco Calero, Juan
Pío Pérez, José Cadenas, Manuel Barbachano y Rafael Carbajal.
En el segundo volumen se explicó una de las razones de su publi
cación: “[...] relativo a Yucatán; porque hemos cuidado que nues
tro periódico tome por objeto la historia antigua, los monumentos
célebres, y los grandes hombres de una patria que tan acreedora
es a nuestro aprecio”. Fueron cuatro volúmenes en los cuales
destacaron la novela Un año en el hospital de San Lázaro y la
Galería biográfica de los obispos de Yucatán.
De 1848 a 1850 Sierra O’Reilly publicó en la ciudad de Cam
peche el periódico noticioso y mercantil El Fénix, que dio a cono
cer la novela La bija del judío, así como infinidad de artículos
98 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
sobre temas de actualidad, como los relativos a la Guerra de Cas
tas, edificios (como el titulado “El hospital de San Lázaro”), cues
tiones internacionales como la referente a Belice, trabajos exten
sos como el que se refirió a los indios de Yucatán, y reflexiones
sobre el establecimiento británico.
Posteriormente vino la publicación del último de los periódicos
de Sierra, que se tituló La Unión Liberal, y que se comenzó a pu
blicar en la ciudad y puerto de Campeche el 14 de diciembre de
1855, como órgano oficial del gobierno de Yucatán, que tenía su
residencia en Mérida, y a cuyo frente estaba don Santiago Mén
dez. El redactor propietario de La Unión Liberal era el propio
Sierra O’Reilly. Por las características del bisemanario, su conteni
do fue principalmente de índole política, y tuvo secciones como
Parte Oficial, en la que se daban a conocer circulares y decretos
tanto del gobierno nacional como del de Yucatán. En otra colum
na, titulada Noticias Nacionales, se proporcionaban noticias al pú
blico bajo los rubros de Avisos, Documentos Públicos, etcétera.
La publicación de La Unión Liberal se inició a cuatro meses de
consumado el triunfo revolucionario de Ayuda y alcanzó 170 nú
meros, en dos tomos. Salía los martes y viernes, impreso por José
María Peralta. El título Unión Liberal sirvió de programa al “pe
riódico político”, como desde un principio lo anunció el redactor
propietario. En las páginas del bisemanario no se pierde de vista
el recto criterio que lo alimentaba, y al que Sierra O’Reilly le im
primió un sentido liberal y de unión, tan necesario para amorti
guar los efectos de la Reforma.
El interés del doctor Sierra por Yucatán no escapó al sentido
público en las páginas de La Unión Liberal, advirtiéndose en sec
ciones como las siguientes: Ley de Imprenta, Catastro, Importación
de Maíz, Noticias Nacionales, Contribuciones, Errores Económi
cos, El Congreso, Agonía de la República, Sentimiento Religioso,
La Hacienda de la República, La Reacción, Fuerzas Latentes, Pa
tentes de Navegación, Moneda Lisa, Naufragio, Marcha Social, ór
denes, El Cementerio, Guardia Nacional, Nuevas de la República,
Las Reformas, La Guerra Social, que se refiere a la Guerra de Cas
tas que hacía nueve años asolaba a la península; Situación de
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 99
Yucatán; Los Bárbaros, en que relata la matanza de 200 familias
de blancos realizada por los indígenas sublevados de Yucatán;
Sesiones del Congreso, Federación, etcétera.
El 20 de mayo de 1856 aparecieron firmados los editoriales de
La Unión Liberal, en ausencia del redactor propietario, por José
R. Nicolín. La firma de Justo Sierra apareció nuevamente en la pu
blicación del viernes 13 de junio del mismo año.
Como se ha visto, diversos temas de carácter social, político y
económico fueron tratados en el periódico. Resalta una serie de
artículos referentes al problema del territorio del Carmen, en los
cuales su autor defendió con energía los derechos y la pertenen
cia de dicho territorio al estado. El primer escrito sobre esta mate
ria fue publicado el martes 24 de junio de 1856. Bien fundado el
derecho de Yucatán sobre la Isla del Carmen, “adyacente natu
ral”, Sierra exhortó al Congreso General Constituyente de 1856-
1857 a que revocara los decretos separatistas de Santa Anna,
como al fin se logró, pues en la sesión del 17 de diciembre de
1856 el Congreso acordó que se reincorporara nuevamente la Isla
del Carmen al estado de Yucatán.
El periódico El Heraldo de la ciudad de México hizo suyas las
opiniones de Sierra sobre el territorio del Carmen. Más adelante
estos 12 artículos fueron reunidos y publicados en un libro, princi
palmente por las consideraciones históricas que contienen. Tam
bién se publicaron varios fragmentos de la obra Lmpresiones de
viaje a los Estados Unidos de América y al Canadá, del propio
Justo Sierra O’Reilly, como los relativos a Mr. James Buchanan,
William L. Marcy y Fremont, políticos estadunidenses. Otro frag
mento titulado Tamanny Hall, varios artículos sobre Mr. Huges,
obispo de Nueva York, relativos a la paz de Guadalupe Hidalgo.
Asimismo, publicó varios informes extensos que en su carácter de
agente de Fomento remitió al Ministerio respectivo acerca del
bajo de Los Alacranes y sobre la conveniencia de hacer un arsenal
naval en Campeche.
El último número de La Unión Liberal vio la luz pública el 28
de julio de 1857, cuando se despidió desde sus páginas la figura
del procer yucateco. En el umbral de la escisión de la península,
100 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
comenzó a publicarse El Espíritu Público, estandarte de una ge
neración que ingresó en el terreno de una política que había so
portado tribulaciones y errores.
En ese periodo, que va de la Independencia a la creación del
estado, la cultura no solamente fue asunto de periódicos, si bien
la diversidad de temas publicados permitió divulgar hechos que
habían permanecido ocultos, así como también hubo una parte
importante para la cultura de la región, como fueron las descrip
ciones de viajeros nacionales y extranjeros. Una de las primeras
contribuciones en los años que siguieron a la Independencia fue
la Memoria de la Secretaría de Guerra, presentada al Congreso
de la Unión en 1822 y que hizo una descripción del estado de las
fortificaciones, pero también resulta insoslayable la disposición
del presidente Guadalupe Victoria, que en 1825 dispuso la reim
presión de la obra Derrotero de las Islas Antillas, de las costas de
tierra firme y de las del seno mexicano, que hacía detallada men
ción de las características del litoral que correspondía a Campe
che, comenzando por Jaina; la importancia del texto radica en
que da a conocer las condiciones de navegación que durante si
glos privaron en el puerto, como se advierte al meditar sobre el
siguiente fragmento:
Fondeadero de Campeche: Desde el río de San Francisco continúa la
costa al SO. la distancia de 12 millas hasta punta de los Morros: en
ella se ven primero el castillo de San Josef; después la ciudad de
Campeche; a ésta sigue el castillo de San Miguel; a éste la población
de Lerma; a ésta una punta de costa algo saliente al mar llamado del
Mastín, después de la cual está la de los Morros: todo este frontón
de costa, que es el fondeadero de Campeche, se descubre bien desde
las cinco brazas; pero es tan aplacerado que las cuatro brazas se cogen
a 15 millas de la tierra, y las dos y media brazas a cuatro millas: con
siguiente a esto fácilmente se percibe que el dicho fondeadero no
exige práctica ni advertencia alguna para tomarlo, pues en llegando
al braceage proporcionado al calado de la embarcación se deja caer
el ancla, quedándose enmedio de la mar, resultando un trabajo pesa
dísimo para la carga y descarga de las embarcaciones; pues aun las
que pueden aproximarse más a tierra, quedan a cuatro millas de ella;
DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA 101
y para disminuir un tanto este trabajo, y proporcionar que las embar
caciones menores vayan y vengan de tierra a la vela, se procura dar
fondo al O. de la población. En este fondeadero, aunque enteramen
te descubierto a los vientos N. y NO., que en su estación soplan con
gran fuerza, no hay nada que recelar, pues no levantándose mar de
consideración, se mantienen las embarcaciones al ancla con bastante
seguridad.
En realidad el siglo xix es una etapa de redescubrimiento, ya
que por una parte las autoridades nacionales comenzaron a pu
blicar notas de observación geográfica o del estado de algunas
regiones del país; por la otra, mexicanos y extranjeros comenza
ron a viajar por el territorio y fueron publicando sus impresiones.
De los primeros en llegar al lugar que nos ocupa fue Federico de
Waldeck, ciudadano francés que en 1834 se refirió a los subterrá
neos en Campeche. Este viajero, que había nacido en Praga, ha
sido criticado en virtud de que en algunas páginas de sus obras se
dejó guiar más por la fantasía que por la realidad; sin embargo, es
necesario reconocer que la difusión que hizo de la región des
pertó la curiosidad de otros personajes, entre ellos el inglés John
L. Sthepens. Waldeck se refirió a la ciudad, las calles y los barrios;
sobre el muelle dijo que era bueno y bien fabricado, pero que no
podían atracar embarcaciones con un calado superior a dos y me
dios pies, y las de seis se anclaban a una legua del muelle; pero a
pesar de esas dificultades era un puerto donde se hacían navios.
Waldeck observó la hechura de una goleta de 100 pies de quilla
que fue botada de lado con la ayuda de un ingenioso aparato. Se
dio cuenta de la solidez de las embarcaciones por la madera em
pleada, que era de la mejor que existía en ese entonces para la
marina. Asimismo se refirió a las murallas, al clima, al teatro Toro,
a la población en el puerto de blancos y mestizos. Notó muchos
habitantes que padecían estrabismo, lo cual atribuyó a corrientes
de aire y al excesivo color blanco con que se pintaban las casas,
que causaba una reflexión solar intensa que rebotaba en fachadas
y en el empedrado calcáreo y también blanquisco. Trató del co
mercio, la caza, la vestimenta, las costumbres.
102 DE LA TRANQUILIDAD A LA VIOLENCIA
El viajero alemán Emmanuel Von Friedrichsthal recorrió estos
lugares en 1841; poco antes que él fue el mexicano Isidro Rafael
Gondra, quien escribió en 1837 Campeche visto desde el mar, pá
ginas con una descripción literaria de las murallas y los baluartes,
de los frutos de tierra y mar; un párrafo es el mejor testimonio de
su emoción:
Tan bella perspectiva se mira terminada por un mar de plata, donde
el sol hace brillar sus rayos de oro entre el variado matiz de los más
bellos colores al tiempo de esconderse en el ocaso, mientras que por
otro lado tersas sus aguas cual cristal transparente, remedan a un es
pejo en que se ven pintados a la vez el claro oscuro del fondo y el
azulado espacio, donde el astro de la noche reverbera sus luces débi
les hasta que apagados los fulgores del crepúsculo de la tarde, se
presentan como duplicados de las olas al cielo.
Todo esto abrió el conocimiento de una región de la cual ya
había noticias, pero ceñidas al ámbito comercial o de navegantes.
Estas crónicas tuvieron más alcance, ya que, publicadas en libros
y revistas, hicieron conocer las raíces indígenas, coloniales y con
temporáneas de Campeche. Isidro Rafael Gondra escribió otras
notas en 1849, mismo año en que llegó procedente de Mérida
William Parish Robertson, quien también imprimió sus opiniones
desde el camino de tierra.
IX. CREACIÓN DEL ESTADO
Antes que vencer quisieron convencer
ANTIAGO MÉNDEZ Y MIGUEL BARBACHANO, hombres que
S condujeron los asuntos públicos durante poco más de 20 años,
llegaron al ocaso del poder a causa del triunfo de la Revolución
de Ayuda en 1855, durante el último gobierno dictatorial de Anto
nio López de Santa Anna. Una generación había venido reflexio
nando no únicamente en el acontecer diario, sino también en las
aulas del Colegio de San Javier y en el Colegio de San Miguel de
Estrada, así como en el desempeño menor de cargos en la adminis
tración pública. La encabezaban Pablo García y Montilla y Tomás
Aznar Barbachano; atrás de ellos otros jóvenes, quienes, todos
juntos, formaron la generación que se rebeló en contra del orden
impuesto y consumaron la creación del estado de Campeche.
Las dificultades mayores se presentaron en 1857 a causa de irre
gularidades en la elección del gobernador del estado, Pantaleón
Barrera. Pablo García, que entonces tenía 33 años y había sido
electo diputado, abandonó la sala de sesiones del Congreso local
en Mérida en el mes de julio, argumentando falseo del proceso
electoral. Enseguida comenzaron las sublevaciones en diferentes
poblaciones, principalmente del distrito de Campeche, pidiendo
que se convocara a nuevos comicios; las fuerzas militares per
siguieron a los sublevados, pero aplacados unos, aparecieron
otros. La noche del 6 de agosto de 1857 varios campechanos
agrupados alredor de García y Pedro Baranda se apoderaron de
los baluartes de Santiago y la Soledad, así como de la maestranza
de artillería. Al sucederse las negociaciones solicitaron la destitu
ción del Ayuntamiento de Campeche por su filiación mendista,
así como la del administrador de la Aduana y otras condiciones
no del todo justificadas. Poco después, el 9 de agosto, se desco-
103
104 CREACIÓN DEL ESTADO
noció en el acta de esa fecha al Congreso y al gobernador Pan-
taleón Barrera, por falta de libertad en las elecciones. Cesaron al
Ayuntamiento y nombraron a otras personas. Pablo García fue
designado jefe político y militar, y comenzó a recibir adhesiones
de otros lugares del distrito. Envió circulares a funcionarios fede
rales pidiéndoles su opinión; el titular del Juzgado de Distrito,
Justo Sierra O’Reilly, respondió —sin dejar de hacer valer su cali
dad de empleado federal—:
[...] soy republicano de buena fe [...] creo que la acción reguladora
de la sociedad sobre sí misma pertenece a ésta de pleno derecho y
profeso el dogma de la soberanía del pueblo [...] estoy persuadido
de que el pueblo por sí, o por medio de sus representantes, puede
cambiar su situación cada vez que lo tenga por necesario [... ]
Como las pasiones no distinguen el bien del mal, en la revuelta
asaltaron su domicilio y destruyeron la biblioteca, con lo que se
vio obligado a cambiar su residencia a Mérida. La turba no dife
renció cualidades morales ni méritos intelectuales, solamente su
po que era yerno del poderoso político Santiago Méndez.
Creció el apoyo y el nuevo líder tomó decisiones rápidas. Como
jefe político y militar de Campeche, asumió la responsabilidad de
hacer conocer al presidente de la República, Ignacio Comonfort,
la orientación del movimiento del 7 de agosto. En ese sentido, se
dirigió a él con fecha 12 de agosto de 1857 y le dijo que lo aconte
cido en Campeche tenía el apoyo popular, ya que representaba la
inconformidad por los manejos de la aduana, así como de di
ferentes ramos del gobierno.
Las dificultades entre pronunciados y autoridades del estado
fueron alejándose de una conciliación inmediata y se pidió la re
nuncia del gobernador Pantaleón Barrera. Éste envió fuerzas mi
litares jefaturadas por el coronel Manuel Cepeda Peraza, quien
llegó a establecerse en Tenabo, y el 8 de septiembre conminó a
García a modificar su actitud de rebeldía. Como éste se negó, se
suscitaron algunos enfrentamientos sin resultado definitivo. Ba
rrera renunció al gobierno; lo sustituyó Martín F. Peraza y cesaron
CREACIÓN DEL ESTADO 105
las hostilidades, mas no la crisis, en cuyo transcurso fue tomando
fuerza la necesidad de dividir la península.
Refiere un autor de la nueva generación que cuando se levan
taron las barricadas en la ciudad murada, su primera preocupa
ción fue establecer un periódico que sirviera de cauce y divulga
ción a sus ideas. Así fue como nació El Espíritu Público, órgano
liberal que comenzó a dirigir Santiago Martínez Zorraquín.
Las acciones de García para unificar en agosto de 1857 la deci
sión del rompimiento con Yucatán, así como la adhesión al Acta
del día 9, no fueron fáciles y tuvo que ejercer la autoridad que os
tentaba. En consecuencia, el día 19 se dirigió al jefe político del
Carmen pidiéndole que no impidiera la libre manifestación de los
laguneros, de quienes él tenía conocimiento que deseaban ad
herirse a su proyecto. Le advirtió que para proteger la libre expre
sión había instruido al capitán Andrés Cepeda Peraza para que
con las fuerzas a su mando desembarcara en Las Pilas y, acercán
dose a la población, diera oportunidad a los habitantes para que
expresaran sus opiniones. No dejó de ser ésta una medida de pre
sión por lo que días más tarde, gracias a Nicolás Dorantes y Ávila,
García se enteró de que contaba con el apoyo de los laguneros. El
hecho no fue pacífico, ya que hubo víctimas: murieron en el mar
co de la proclamación Jerónimo Castillo y Santiago Brito, quien se
había resistido a los objetivos de García. Igualmente, Pablo Gar
cía separó de la jefatura política del Carmen a José del Rosario Gil
y envió desde Campeche a José García y Poblaciones, a quien
también concedió la comandancia militar del partido; es decir, no
quiso correr el riesgo de que alguna región se opusiera a los de
signios que el grupo quería alcanzar.
García, enterado del rumor de que Santiago Méndez estaba en
el Carmen buscando embarcarse para ir a Veracruz y de ahí a Mé
xico, sospechó que informaría equivocadamente al presidente
Comonfort, por lo que dispuso que le impidieran abordar algún
navio. Para movilizarse por el litoral, requisó temporalmente el
paquebote Arrogante y el bergantín goleta Unión, cuyos dueños
eran empresarios del puerto. Quienes no simpatizaron con el mo
vimiento fueron detenidos, como fue el caso del doctor Gregorio
106 CREACIÓN DEL ESTADO
Sauri en Champotón. El 11 de septiembre de 1857, Pablo García
ordenó al comandante de la columna volante:
Por la mañana al rayar el día en cualquier punto donde se encuentre
la fuerza del mando de usted, dispondrá que a presencia de ella se
les dé 50 palos a Hilario López y otros tantos a Hipólito Jardines; des
pués de este acto, bien asegurados, los remitirá en el momento para
esta plaza custodiados por la fuerza de la Compañía Echavarría y al
mando del Teniente Manuel González.
Este castigo se debió a que los citados, junto con los cabos Lu
ciano Casanova, Joaquín Ribón y Luis Veram, habían promovido
voces subversivas; en consecuencia, también estos tres fueron
condenados a recibir una paliza igual.
Otros ciudadanos que, aunque pacíficos, habían tenido algún
nexo con Santiago Méndez fueron arraigados por disposición del
26 de septiembre. García ordenó al alcalde del pueblo de Lerma
que, en virtud de una solicitud de los vecinos del barrio de San
Román y teniendo la necesidad de conservar la tranquilidad pú
blica, era necesario notificar a Raymundo Nicolín, Eleuterio Mén
dez, Justo Sierra y José María Castillo “que a las tres de la tarde
deben hallarse sin causa ni pretexto en esta ciudad, en sus casas,
dando aviso de su llegada”. No quería dejar un cabo suelto y mu
cho menos si no se era adicto a su movimiento. Impuso présta
mos a los comerciantes y enroló en sus filas a un buen porcentaje
de los sirvientes de las haciendas. Su estrategia era congruente
con la política que deseaba hacer prevalecer, como en el caso de
los peones. Así, en un documento del 28 de septiembre, le dice al
jefe político de Seybaplaya:
Necesario es que los dueños de dichos establecimientos tengan pre
sente que la salud pública es la primera ley, que el carácter de los sir
vientes de un predio no borra la cualidad de ciudadanos ni exime a
nadie de las obligaciones que tiene para con su patria; que el servicio
va a prestarse solamente durante la necesidad que no puede durar
sino pocos días, y que es un rasgo muy marcado del más miserable y
punible enemigo negarse a concurrir a la defensa del honor del país
y de las libertades públicas por el mezquino interés particular.
CREACIÓN DEL ESTADO 107
Tan enérgica disposición parecía obedecer al encuentro con un
enemigo irreconciliable; además, García determinó que si el ha
cendado no hiciere caso, debía ser aprehendido y remitido a la je
fatura política. No dejó más que un camino y una sola dirección:
la independencia del distrito, aunque las medidas tocaran los lí
mites de la rudeza.
De agosto a diciembre de 1857 numerosas poblaciones se adhi
rieron a la proclama de García y Barrera dejó la gubernatura en po
der de Martín F. Peraza. Por todo ello, no fue casual que en abril
de 1858 hubiera un consenso mayoritario para la creación del
nuevo estado. Ciertamente Yucatán no estaba de acuerdo, pero la
prudencia se impuso en el conflicto y se consideró que la re
pública había iniciado el camino de la Reforma a los acordes de la
guerra civil y que únicamente el gobierno legítimo, a través de los
supremos poderes, expediría la solución final, cuando se diera
por concluida la lucha entre conservadores y liberales. En conse
cuencia, el 3 de mayo de 1858 se firmó el Convenio de División
Territorial, que entre otros puntos estipulaba los respectivos a lí
nea divisoria, obligaciones en la guerra contra los indígenas, im
puestos y aranceles; se publicó en la ciudad de Campeche con la
solemnidad del caso el 15 de mayo. Consecuencia inmediata del
Convenio fue la expedición de un documento de cuatro puntos
por el cual la Junta Gubernativa del Distrito de Campeche e Isla
del Carmen declaró tener la voluntad de erigirse en estado, reco
nociendo como gobernador a Pablo García y estableciendo que
la designación de comandante recaería en Pedro Baranda; ade
más nombraron un Consejo de Gobierno que se integraría con
cinco miembros. Así quedó, en el terreno de la controversia re
gional, solucionado un problema tan antiguo como la república
misma; sin embargo, la legalidad federal imponía condiciones di
ferentes a la manera como se manejó la cuestión, ya que no esta
ban cumplidos los requisitos señalados en la Constitución de 1857,
que en el artículo 43, al referirse a las partes integrantes de la Fede
ración, no reconocía a Campeche sino como parte del estado de
Yucatán; es decir, era imprescindible una reforma constitucional.
García envió al presidente Juárez, al puerto de Veracruz —resi-
108 CREACIÓN DEL ESTADO
dencia del gobierno liberal—, toda la documentación pertinente
para la institución y funcionamiento de una entidad consolidada
de hecho. Se le respondió que los papeles serían remitidos al cuer
po legislativo constitucional tan luego como se instalase, en vir
tud del desfasamiento gubernamental por causa de la Guerra de
Reforma; el presidente Juárez admitió los sucesos, pero los condi
cionó a la respuesta del Congreso. Frente a esto, el gobernador
García se apresuró a enviar a principios de 1859 una comisión
que se acreditase cerca del presidente Benito Juárez, para referir
le la cuestión campechana. Llegó a Veracruz encabezando la mi
sión Federico Duque de Estrada, y aunque fue admitida la repre
sentación, el Ministerio de Gobernación lo invitó a que expresara
el objetivo de su viaje, el cual sintetizó en cinco puntos: la apro
bación del acta del 9 de agosto de 1857, con lo cual García tácita
mente pedía su reconocimiento como guía político y militar; la
aprobación de los actos de gobierno emanados del movimiento
del 7 de agosto, dando a entender que se admitieran los procedi
mientos para financiar sus acciones (recursos federales que se to
maron de las aduanas y préstamos a particulares). Los otros pun
tos se dirigían a la destitución y designación de funcionarios de
los ramos de Hacienda y Militar. El 29 de abril de 1859 el ministro
de Gobernación, Melchor Ocampo, respondió en términos de la
política que imponían las circunstancias, pues seguramente no
deseaba abrir un frente nuevo en materia de controversia consti
tucional, y le respondió a García con un acuerdo preliminar, ad
mitiendo conformidad en lo que no se opusiera a la Constitución,
y siempre y cuando no se vulneraran las facultades del Congreso
de la Unión. Fue una sanción, pero condicionada.
El momento político y los sucesos de la Guerra de Reforma ali
viaron las preocupaciones de Pablo García, ya que la paz nacio
nal y la reunión del Congreso iban a requerir de un par de años
para su consolidación. Estas circunstancias providenciales le ofre
cieron un tiempo valioso para que emprendiera una tarea de agol
pamiento en lo político y de adelanto en el gobierno. Expidió una
Ley Orgánica para la Administración Pública el 25 de mayo de
1858; declaró día de festividad pública el 7 de agosto para esta-
CREACIÓN DEL ESTADO 109
blecer una conciencia cívica irrefutable; en junio de 1859, firmó
con el estado de Tabasco un convenio de mutuo auxilio a fin de
preservar las instituciones liberales; en abril de I860, realizó un
levantamiento de actas en barrios de la ciudad para que él osten
tara el mando político y militar, de modo que Pedro Baranda que
dara nulificado. Así comenzó el distanciamiento entre aquellos
personajes. Joaquín Baranda fue desterrado en 1862 como conse
cuencia del rompimiento.
No todos los días fueron de paz: el joven líder necesitó enfren
tar los problemas de la Guerra de Reforma pero además dio una
atención constante a los asuntos públicos, ya que a mediados de
1859 Pantaleón Barrera, el ex gobernador enemigo, impulsó un
movimiento en Hopelchén que pedía la reincorporación de Cam
peche a Yucatán; no obstante, fracasó y García siguió en el man
do político y militar.
A fines de I860 fueron derrotadas las fuerzas de la reacción y el
gobierno del presidente Juárez expidió en Veracruz la convocato
ria para la elección de presidente de la República y diputados al
Congreso de la Unión. Este documento se publicó en Campeche
acompañado de otra convocatoria: la de elección de constituyen
tes locales, con la misión principal no sólo de elaborar un docu
mento de tal importancia, sino la de presentar un escrito que sola
mente era facultad de los estados que legalmente eran parte de la
Federación. Fue, a no dudarlo, otro golpe de audacia; las princi
pales funciones de la asamblea fueron hacer oír su voz ante el
Congreso de la Unión y las legislaturas de los estados, para el re
conocimiento de Campeche como estado de la Confederación y
expedir su Carta Constitucional y leyes orgánicas, ello en un pla
zo de cuatro meses.
La fórmula legal
En 1861, antes de que se iniciaran las sesiones del II Congreso
Constitucional de la República, Campeche dio un paso adelante
al instalarse la Asamblea Constituyente el 2 de marzo. Iniciados
los trabajos el día 3, comenzaron a redactar y expedir el Regla-
110 CREACIÓN DEL ESTADO
mentó del Congreso, de cuya exposición de motivos se encarga
ron los diputados Santiago Carpizo y José García Poblaciones. En
la reunión del 14 de marzo se nombró a los miembros de la Comi
sión de Constitución: Domingo Duret, Rafael Carvajal y José del R.
Hernández, quienes presentaron un proyecto el siguiente 20 de
abril, el cual se comenzó a discutir. Fue aprobado y promulgado
el día 30 con la debida solemnidad. Aquella Constitución fue me
morable, no solamente por haber establecido la organización y el
adecuado funcionamiento del aparato administrativo, judicial y
legislativo, sino porque también fue una realización de tal fuerza
política y moral que hizo difícil a las autoridades de la Federación
desconocer este documento fundamental, que elevaba a Campe
che a la categoría de estado. En lo general, los artículos, clasifica
dos en 19 secciones, estuvieron acordes con la doctrina de la Carta
Federal del 57. En el artículo segundo establecieron que la enti
dad estaría integrada por los partidos —ahora municipios— del
Carmen, Champotón, Campeche, Hecelchakán y Bolonchenticul.
El Congreso Constituyente —primero de Campeche— finalizó
sus actividades en octubre de 1861 con la expedición de un Ma
nifiesto:
Muchos obstáculos ha encontrado a su paso para poderse constituir
con arreglo a las reformas federativas. La larga lucha entre la libertad
y el despotismo, entre la legalidad y la usurpación, ha retardado nues
tra entrada a la era constitucional [...] Cierto es que la Asamblea Na
cional no ha legalizado con su reconocimiento nuestra creación; mas
esto no debe inquietarnos. El hecho de nuestro ser, la justicia de nues
tra causa y el espíritu ilustrado y recio del Congreso de la Unión, nos
garantizan la legalización de nuestra existencia política.
Controversias y veredicto constitucional
La división territorial ocasionó discrepancias locales que se mani
festaron en la prensa, aunque le correspondía la responsabilidad
al Congreso de la Unión del pronunciamiento definitivo. Los pe
riódicos de la ciudad de México acogieron artículos remitidos en
CREACIÓN DEL ESTADO 111
favor y en contra de la creación de un nuevo estado. La dirección
del problema se puso en manos, como correspondía, de los dipu
tados federales que resultaron electos en 1861, cuyos nombres se
publicaron el 10 de febrero: por el primer distrito electoral, Tomás
Aznar Barbachano, propietario y, suplente, Rafael Dondé; por el
segundo, Juan Carbó, propietario, y, suplente, Joaquín Gutiérrez
de Estrada. Sin embargo, conforme a la ley electoral vigente las
diputaciones de Campeche eran el cuarto y el quinto distritos del
estado de Yucatán, y no primero y segundo de Campeche. Esta
cuestión fue la primera dificultad, pues el 30 de mayo de 1861 se
aprobaron sus credenciales; y en la sesión del 1Q de junio Aznar
Barbachano solicitó a la asamblea la rectificación de la mención
que se hacía de su persona como diputado por Yucatán, cuando
lo era por Campeche. De inmediato el diputado Suárez Navarro
señaló que la Constitución Federal no reconocía al estado de
Campeche, por lo que no había lugar a la corrección solicitada.
Aznar Barbachano replicó que la separación de Campeche era un
hecho consumado que el gobierno mismo había reconocido en
distintas ocasiones, y, a mayor abundamiento, indicó que los re
presentantes populares no lo eran del estado, sino del pueblo del
distrito que les había otorgado el voto. También dijo que ya que
no se le reconocía como diputado por Campeche, no se dijera
que lo era por Yucatán.
Aznar Barbachano no esperó mucho tiempo para obtener res
puesta. La Secretaría de la Cámara procedió a dar lectura al dicta
men de la Comisión de Poderes por el que se aprobó su elección,
pero como representante por el estado de Yucatán. Nuevamente
subió a la tribuna Suárez Navarro para decir que el gobierno no
tenía facultad constitucional para admitir nuevos estados en la
Federación y expuso que la erección del de Campeche había sido
obra del gobierno conservador de Félix Zuloaga. El presidente de
la Cámara, Gabino Bustamante, dio por terminada la discusión y
se aprobó el acta de la sesión del 30 de mayo de 1861, por la que
la diputación campechana pertenecía formalmente a la represen
tación yucateca. En la sesión del 5 de julio, los diputados Aznar
Barbachano y Carbó hicieron una proposición, también suscrita
112 CREACIÓN DEL ESTADO
por las diputaciones de Chiapas, Tabasco y Oaxaca, solicitando se
erigiese en estado el distrito de Campeche, iniciativa que fue turna
da a la Comisión de Puntos Constitucionales. Parecidas gestiones
siguió realizando la diputación de Campeche para agrupar sim
patías en busca de un dictamen favorable. Pero la representación
yucateca, formada por los diputados Nicolín, Suárez Navarro y Arre
dondo, hacía gestiones diferentes, y en la sesión del 19 de julio
presentó una proposición para que se hiciera una proclamación
declarando anticonstitucional y violenta la escisión de Campeche
del estado de Yucatán. Consecuencia de todo lo anterior fue que
en la sesión del 30 de julio, al nombrarse la diputación permanen
te con un representante por cada estado, se excluyó a Campeche.
El segundo periodo de sesiones ordinarias se inició el 30 de
agosto de 1861. Para ese entonces el Ministerio de Gobernación
tenía en su poder una obra compilada por Aznar Barbachano y
Carbó: Memoria sobre la conveniencia, utilidad y necesidad de
erigir constitucionalmente en estado de la confederación mexi
cana al antiguo distrito de Campeche. Fue un trabajo de carácter
histórico y esencia política sobre las diferencias que desde la
época colonial habían tenido los dos estados, sustentado en 59
documentos. Tuvo tendencia orientadora, aunque tampoco fue
tomado como testimonio único, por lo que el secretario de Go
bernación, Francisco Zarco, solicitó el 9 de marzo de 1861 al ge
neral y diputado Juan Suárez y Navarro que formulara un estudio
sobre el problema peninsular según tres consideraciones: la esci
sión, las causas de los frecuentes cambios políticos y la venta de
indígenas a Cuba como esclavos. El siguiente 12 de abril Suárez
entregó al ministro Zarco un Informe sobre las causas y carácter
de los frecuentes cambios políticos ocurridos en el Estado de Yu
catán y medios que el gobierno de la Unión debe emplearpara la
unión del territorio yucateco, la restauración del orden constitu
cional en la Península y para la cesación del tráfico de indios
enviados como esclavos a la isla de Cuba. Fue un punto de vista
diferente, pero que tampoco satisfizo al gobierno de la Federa
ción, pues lo estimó como unilateral. Por ello, en un intento de
agotar las fuentes de consulta, el Ministerio de Gobernación pidió
l.,„„il,,.!
brio oe Decaer.
Mapa 4. Plano del estado de Campeche, 1861 (H. Fremont, México).
CREACIÓN DEL ESTADO 113
el 12 de julio de 1861 la opinión de la Legislatura de Yucatán, la
que respondió el 2 de agosto reprobando el reconocimiento, pues
además de que Campeche no reunía el censo poblacional que
exigía la Constitución, no era conveniente una decisión favorable
por la Guerra de Castas y no existían tampoco las rentas suficien
tes para el sostenimiento de dos entidades.
Gobernación remitió el voluminoso expediente el 31 de agosto
al Congreso, haciendo saber a los diputados que el Ejecutivo no
había reconocido la erección de Campeche en estado ni a los que
lo representaban como autoridades.
Las discusiones no se limitaron al intercambio de escritos y do
cumentos, sino que también en la prensa de la capital de la Repú
blica aparecieron artículos, correspondencia y documentos. Por
ejemplo, el periódico El Movimiento dio cabida a una serie de co
laboraciones escritas por Juan Carbó en favor de Campeche; El Si
glo XIX reprodujo el informe redactado por el general Juan Suá-
rez y Navarro y difundió el 30 de octubre de 1861 un remitido de
Anselmo Cano sobre las dificultades que sostuvieron por el man
do político Agustín Acereto y Liborio Irigoyen, así como las inten
ciones del primero de derrocar a García. El Siglo XIX, pendiente
de toda cuestión política, publicó el 20 de noviembre una carta de
Francisco M. de Arrredondo sobre las desgracias padecidas a con
secuencia de la guerra civil y la de castas, que con estilo sutil de
cía que mucho había contribuido a la desgracia de la península la
escisión del distrito. Le respondieron en la misma publicación el
25 de noviembre, acusándolo de un ciego espíritu de localismo,
odio contra Campeche y de haber publicado un tejido de pala
bras huecas y de hechos inciertos, injurias y calumnias a los habi
tantes de Campeche. Arredondo respondió calificando a Tomás
Aznar de ambicioso y provocador. En el mismo El Siglo XIX, Az-
nar justificó su conducta en esa polémica diciendo que la había
seguido sólo “porque creo que el correctivo de los abusos de la
prensa, es la prensa misma”.
Arredondo se expresó con ligereza de la vida de hombres dis
tinguidos de la península de Yucatán. Tomás Aznar puntualizó
los hechos:
114 CREACIÓN DEL ESTADO
El que en nada los ayudó entonces, no tiene derecho a evocar hoy su
memoria, mucho menos para ponerlos en ridículo. El pueblo campe
chano los ama, porque peleó con ellos, y sobre todo, nunca olvidará
a Ocampo y Lerdo, que comprendieron bien la cuestión entre Yuca
tán y Campeche, y sirvieron siempre de apoyo. Respeto la memoria
del Dr. Sierra, y lamento su pérdida, grande, irreparable, para la lite
ratura y las ciencias, pero rechazo con indignación la injuria que se
hace a Campeche, atribuyéndole su muerte. Todo mundo sabe que
una enfermedad constitucional minó su existencia, y le abrevió los
días de una manera inevitable [...]
La discusión pasó del salón de sesiones a las hojas de la prensa,
con lo cual el asunto obligó a una solución que no podía demo
rarse, en medio de la invasión extranjera.
El 5 de diciembre de 1861 la Comisión de Puntos Constitucio
nales presentó una exposición de motivos redactada por los di
putados Ignacio Altamirano, Ignacio Mariscal y Manuel Romero
Rubio, señalando que habían estudiado con detenimiento todos
los documentos aportados así como la situación real de las dos
entidades y, en consecuencia, presentaban un proyecto de ley
que pedía la conversión en estado de la Federación del distrito de
Campeche, con los límites que tenía.
Concluyeron la discusión y la incertidumbre legal. Lo que si
guió fue el formulismo jurídico de legalización para que las legis
laturas estatales ratificaran la disposición. El dictamen no fue dis
cutido en ninguna sesión, pero fue básico para la expedición del
decreto del 19 de febrero de 1862 del presidente Juárez que re
conoció el nuevo estado. Juárez procedió de esa manera en vir
tud a la Ley del 11 de diciembre de 1861, que le confirió amplias
facultades en todas las ramas de la administración pública sin
más restricciones que la salvación de la Independencia, la con
servación de las instituciones políticas y las Leyes de Reforma. El
decreto definitivo, ya que se había obtenido la sanción de la ma
yoría de las legislaturas de los estados, fue un cumplido legal y
tuvo el carácter de ratificación. Se expidió el 29 de abril de 1863,
con lo que terminó el largo itinerario que se había propuesto al
guna vez en el Congreso Nacional en una sesión de 1824.
CREACIÓN DEL ESTADO 115
Por su parte, la Constitución del estado de Yucatán expedida el
21 de abril de 1862, al mencionar las partes de su territorio no se
refirió al distrito escindido, sino únicamente a los partidos de Mé-
rida, Ticul, Maxcanú, Valladolid, Tizimín, Espita, Izamal, Motul,
Tekax, Peto, Sotuta, Bacalar y Cozumel, de lo que se sigue que ya
aceptaba la separación de Campeche. El dictamen del 5 de diciem
bre de 1861, que reiteramos nunca fue discutido, tenía de alguna
manera esa prevención implícita, pues aunque el proyecto se pre
sentó sujeto a deliberación, consideraciones económicas deter
minaron que fuera remitido a las legislaturas de los estados para
que ofrecieran su dictamen, es decir, prácticamente se consideró
discutido.
Bosquejo poblacional
Los primeros cronistas refieren haber visto miles de indígenas en
el litoral peninsular, pero disminuyeron en forma radical con la
llegada de los españoles y la Conquista. Por ejemplo, hay referen
cias de que cuando llegó Cortés a Tixchel vivían casi 10000 putu-
nes, que en tres décadas disminuyeron 60%. Cuando otros fueron
sacados de Itzamkanac y trasladados a Tixchel, a la entrada de la
laguna de Términos, únicamente sobrevivían 1100 personas. Con
estos datos debemos entender que sufrieron una exterminación
cercana a 90%. Atasta es otro ejemplo, ya que al comienzo de la
Conquista tenía una población de 18000 habitantes, que en poco
más de 50 años desaparecieron. Para citar ejemplos, sólo después
de 1717, comenzando por el Carmen, fue creciendo la población
a tal grado que en 1772 se fundó Palizada.
En 1545, cuando el obispo Bartolomé de las Casas llegó a Cam
peche, vivían algo más de 1 500 personas entre indígenas y espa
ñoles. Para fines del siglo xvi se contaban unos 80 vecinos españo
les y criollos que eran encomenderos, comerciantes y marinos.
En 1784 ya eran 18000, población que descendió en 1861 a 15674;
estos datos corresponden sólo a la ciudad. Para constituir el es
tado, Pablo García la hizo ascender a 82 000 almas, aproximada
mente.
116 CREACIÓN DEL ESTADO
El 25 de junio de 1859, en el marco federal, se expidió la Ley de
Nacionalización de Bienes Eclesiásticos por la que pasaban al do
minio de la nación los bienes clericales. Con ese apoyo legal, por
decreto del 26 de octubre de 1859 se estableció el Instituto Cam
pechano en sustitución del Colegio de San Miguel, que, con la so
lemnidad del caso, se inauguró el 2 de febrero de 1860. Se dedicó
a la enseñanza de fundamentos de la religión, historia sagrada,
ampliación de doctrina cristiana y principios de moral cristiana;
perfección en idioma castellano; perfección en aritmética, álgebra
y geometría; geografía y cosmografía; dibujo lineal, historia, prin
cipios de mecánica, pilotaje, farmacia, medicina y jurisprudencia.
X. CONSOLIDACIÓN Y OCASO
Invasión francesa y restauración republicana
N JULIO DE 1861 SE SUSPENDIERON LOS PAGOS correspon
E dientes a la deuda externa. Una coalición de Inglaterra, Fran
cia y España invadió el territorio nacional por el puerto de Vera-
cruz. Luego de negociar con el gobierno, España e Inglaterra se
retiraron, pero Francia, con Napoleón III, comenzó la guerra y el
avance del ejército expedicionario. El 12 de abril de 1862 el presi
dente Juárez dirigió una memorable comunicación al gobernador
Pablo García para indicarle el rumbo de su política y la colabora
ción que esperaba de las autoridades y del pueblo campechano,
“pues ha llegado el momento de probar a Francia y al mundo en
tero, que somos dignos de ser libres y capaces con nuestros solos
recursos, de defender nuestra nacionalidad e independencia”.
A partir de ese momento los acontecimientos se acercaron a Cam
peche. Empezaron con un pronunciamiento alentado por las in
trigas de un corto número de individuos en Isla del Carmen, de
modo que la marina invasora comenzó a dominar aquella parte
del litoral con la colaboración del general Tomás Marín, de filia
ción conservadora y monárquica. El 28 de febrero de 1863 el co
mandante Hocquart, al mando del buque Grenade, envió una
comunicación al gobernador García asegurándole que si hostili
zaba a el Carmen, población protegida por la bandera francesa,
recibiría represalias. No fue muy lejos por la respuesta, que le dio
García el 12 de marzo, rechazando las amenazas y advirtiéndole
que cualquier acción sobre el Carmen estaba sostenida por el de
recho, así como por su deber de defender la integridad territorial
de Campeche, posición que también dio a conocer al comandan
te de la cañonera L’Eclair. Los marinos franceses se dedicaron a
detener embarcaciones, ir hacia las salinas para apropiarse de
117
118 CONSOLIDACIÓN Y OCASO
barcos campechanos y bombardear en junio de 1862 la ciudad
amurallada, con el único propósito de hacer daño. Igualmente,
García le reclamó que hubiera tomado como rehén al hijo del
mensajero para asegurarse de una respuesta, lo que aceptaba con
el natural deseo de ver libre a su compatriota.
El Grenade dejó la rada zarpando rumbo a sotavento. En el in
terior, Puebla cayó después de un prolongado sitio, iniciándose el
recorrido trashumante del gobierno liberal. A fines de 1863 Cam
peche comenzó a padecer un bloqueo por mar y un asedio por
tierra por parte de tropas imperialistas; pero las defensas se man
tuvieron en su puesto, a pesar de que el 16 de noviembre desem
barcaron los franceses en Champotón y se apoderaron del fortín
de costa San Antonio en horas de la madrugada. El general Pedro
Celestino Brito, jefe de la guarnición, avisado de la emergencia,
salió del cuartel agrupando a un pequeño número de soldados y
se fue al muelle, punto en el que avanzaba una lancha enemiga
que, armada de una pieza de artillería, arrojaba granada y metra
lla. Rompiendo el fuego sobre la embarcación la hizo retroceder y
se resguardó en el fortín. Brito organizó guerrillas que dispuso en
los sitios conocidos con los nombres de Monjas, la esquina de El
Molina y el paso La Bodega, desde donde atacaron a los invaso
res. En un momento ordenó el toque de diana, que aumentó la
intrepidez de los guardias nacionales, quienes se arrojaron sobre
los franceses y los obligaron a reembarcarse. Brito exaltó el valor
de los soldados de la Guardia Nacional, que no permitieron que
50 enemigos se apoderaran de Champotón.
El ejército expedicionario francés avanzaba por el centro del
país hacia el Norte. En la península, por una parte, los conserva
dores cercaban Campeche y, por la otra, la escuadra invasora con
sus cañoneras Magullan, Brandon, Fleche y L ’Eclair barría de plo
mo el litoral. Sin mayor esperanza las fuerzas nacionales capitu
laron el 22 de enero de 1864 a bordo del vapor Brandon, frente a
Campeche. El documento fue firmado por Georges Charles Cloué,
capitán de navio, comandante de las fuerzas navales, el general
Felipe Navarrete, comandante en jefe de la División de Operacio
nes de Yucatán —mexicano imperialista—, y Pablo García, go-
CONSOLIDACIÓN Y OCASO 119
bernador y comandante general del estado de Campeche. Las con
diciones comprendían la apertura del puerto. Armas, municiones
y establecimientos públicos se entregaron a Cloué, quien garantizó
la vida de los habitantes. Cuatro embarcaciones que armó García
y que tiraron contra las tropas yucatecas (El Oriente, La Faustina,
La Gloria y La Rafaela) eran de propiedad privada y se devolvie
ron a sus propietarios después de que participaron en una opera
ción organizada por el comandante Cloué. Sin embargo, el 25 de
enero se notificó a García y a otros correligionarios una orden
de expulsión para La Habana, hacia donde fueron embarcados en
un paquebote. Después de 13 días de navegación llegaron a su
destino y publicaron un opúsculo titulado Campeche y la Inter
vención, en cuyas páginas denunciaban la violencia empleada en
su contra por Cloué, el despojo de la artillería de bronce sustraída
de la plaza amurallada, así como la complicidad de Felipe Nava-
rrete, titulado gobernador y comandante general de Yucatán.
Después de casi un año en La Habana, Pablo García fue autori
zado por el comisario imperial José Salazar Ilarregui a regresar
para dedicarse a trabajos mecánicos y para atender una familia sin
recursos. No fue dejado en paz. El 13 de agosto de 1866 Antonio
Muñoz, apodado el Chelo, se pronunció por la república en el ba
rrio de Santa Ana, extramuros de la plaza; García fue arrestado.
Con todo, logró huir hacia el barrio de San Román, rumbo a Ta-
basco. Cruzando tierras de pantano y selva llegó con el coronel
Gregorio Méndez, quien le ofreció una pequeña fuerza y recursos
de guerra para regresar a combatir al imperio. Retornó por Paliza
da, donde incrementó la tropa y se embarcó rumbo a el Carmen,
donde fue perseguido por algunos vapores que, sin conocer los
rumbos, fueron distraídos y hechos encallar. De esta manera los li
berales de García establecieron su campamento en el rancho Bal-
chaká. Durante un mes aumentaron sus fuerzas y prosiguieron en
la ruta de Champotón hacia los barrios de la capital, donde se
atrincheraron desde diciembre de 1866. Otro grupo llegó a Calkiní,
cuya población no pudo arrebatar al enemigo, pero sí vencieron
en Hecelchakán. Ahí cedieron tropas al general republicano Ma
nuel Cepeda Peraza para batir poblaciones de Yucatán.
120 CONSOLIDACIÓN Y OCASO
En la media noche del 31 de mayo de 1867, una columna de
200 hombres inició el acoso a la plaza amurallada bajo el mando
del general Pedro Celestino Brito. Escalaron el lienzo y se apode
raron de los baluartes de San José y San Pedro, cuyos ocupantes
se rindieron; el fuego se generalizó sobre los brazos de la mura
lla. Fueron cayendo los baluartes de la Soledad, San Carlos y San
ta Rosa, hasta que el enemigo se rindió el 1- de junio, sujeto a la
generosidad de los vencedores. En el mar, la escuadrilla también
se rindió, esquivando de esta manera el abordaje que había dis
puesto el capitán de puerto Vicente Capmany, aquel que años
más tarde murió bajo el embrujo del famoso telegrama porfiriano
de “¡Mátalos en caliente!”. La república se restauró en Campeche.
Poco después, el 3 de julio de 1867 el gobernador Pablo García
despidió a los soldados y marinos que hicieron la campaña contra
el imperio. Santiago Martínez Zorraquín evocó los momentos
trágicos de la neutralidad que los cubrió de amargura en 1846,
pero entonces “al anuncio de la guerra nos aprestamos a ella, y la
sangre campechana ha corrido noble y profusamente derramada
en toda la Península, desde Jonuta hasta Cabo Catoche”.
Vuelven las disidencias políticas
La guerra había terminado, el país juarista buscaba no el vendaval
de la violencia, sino el tiempo de paz para la organización y el
progreso. De alguna manera estos propósitos, no menos impor
tantes, lograron consolidarse en Campeche en los años del go
bierno de Pablo García. Los imperialistas nombraron al Instituto
Campechano, Instituto Literario de Campeche o Instituto de San
Miguel de Estrada, pero finalmente recibió su título original de
1859- No dejó de presentarse la controversia con el clero repre
sentado por el obispo de Yucatán, pero el Instituto inició un ser
vicio liberal que lo ha iluminado de prestigio y renombre. El tiem
po dio la razón a García, a quien debe acreditársele también el
hecho de haber declarado, en noviembre de 1868, obligatoria la
enseñanza primaria. Dispuso la organización del ramo de justicia
CONSOLIDACIÓN Y OCASO 121
con el ánimo de crear nuevos ordenamientos codificados en ma
teria penal y de procedimientos penales, y adoptó el Código Civil
que formuló Justo Sierra O’Reilly en 1859. Otras empresas para
beneficio de la administración pública fueron, si acaso, sola
mente intentos de favorecer la producción agrícola, afectada en
la región de los Chenes por los rebeldes indígenas, en cuyo com
bate pereció el 13 de mayo de 1868 el coronel Leandro Domín
guez, quien se había distinguido como republicano en la lucha
contra los franceses.
El momento de la libertad fue también el de la disidencia. El
año de 1867 fue la llamada de atención para que se iniciara el mo
vimiento de grupos políticos en la búsqueda del poder: García,
Carbó y Aznar Barbachano con sus aliados, y los hermanos Pedro
y Joaquín Baranda con una renovada generación de jóvenes.
Al banquillo de los acusados
El 13 de diciembre de 1867 el Congreso local declaró gobernador
constitucional a Pablo García para el siguiente cuatrienio, y vicego
bernador a Tomás Aznar Barbachano, pero si estos dos personajes
alcanzaron el poder absoluto, no fue igual en las elecciones para
el Congreso Federal, donde comenzó a germinar un problema.
Fueron electos diputados federales Joaquín Baranda y Rafael Don-
dé. El primero se vio precisado a salir de Campeche en los años del
pleno poder de García, pero ya tenía prestigio como integrante
del partido liberal, al igual que Rafael Dondé, distinguido abogado
colaborador del juarismo. Baranda expresó desde la tribuna, du
rante la sesión del 7 de febrero de 1868, que debía concederse
amnistía a quienes habían servido al imperio. Este dicho iba a sos
tenerlo poco después.
Se desataron inconformidades en materia electoral, los grupos
se enfrentaron: el gobierno de García contra los adictos a Baran
da. En mayo de 1869 a Joaquín Blengio se le destituyó como pre
sidente del Ayuntamiento de Campeche, acusado de haber colabo
rado con las autoridades imperialistas. Igual cargo se hizo a los
122 CONSOLIDACIÓN Y OCASO
diputados electos para el Congreso local Pedro M. Berzunza y
José y Antonio García Poblaciones, señalados inhábiles para el
cargo de elección popular. La cuestión fue haciéndose cada día
más beligerante, y el gobernador García denunció ante el Con
greso local a los magistrados José Robira, Domingo Duret, Ma
nuel Olivier y José I. Rivas como también invalidados para de
sempeñar los cargos; casi todos ellos habían colaborado con
García antes de 1864, y ahora le volvían la espalda aliándose a los
hermanos Baranda. En respuesta, acusaron al gobernador de vio
laciones constitucionales. Al aparecer el 2 de junio de 1869 la
convocatoria para las elecciones al Congreso de la Unión, las disi
dencias crecieron. Se comenzó a publicar el periódico La Discu
sión, que se pronunció por un programa diferente al del perió
dico oficial El Espíritu Público. En las elecciones se postularon
candidatos contrarios entre sí, como Joaquín Baranda y Juan Car-
bó. Por irregularidades se nulificaron las elecciones en uno de los
distritos y se jugaron estrategias federales, pues llegaron a la V Le
gislatura Federal nuevamente Rafael Dondé y Joaquín Baranda,
pero electos, el primero por un distrito de Morelos y el segundo
por Tlalpan, Distrito Federal. Por Campeche fueron el general Ale
jandro García —medio hermano de Baranda— y Juan Carbó, cuya
elección fue recusada con diferentes cargos que la Comisión de
Poderes no encontró fundados. Con ello, los contrincantes esta
ban identificados. Las diferencias se fueron a las páginas de los
periódicos. En octubre de 1869 El Siglo XIXconcedió espacios en
sus páginas a este problema local, creando expectación y levan
tando opiniones agriamente contrarias.
La materia constitucional, por lo que refería al sistema de go
bierno, fue motivo de planes, pronunciamientos y enfrentamien
tos de grupos sociales durante 60 años del siglo xix. Al resolverse
el conflicto de Reforma y después de la restauración republicana,
se hizo necesario dar vigencia y respeto a sus estipulaciones, para
no caer nuevamente en el desorden. Así, tanto el presidente de la
república como la Cámara de Diputados —en su papel de Poder
Legislativo (no había Cámara de Senadores)— estaban preocupa
dos por la aplicación de la ley fundamental. En los meses que si-
CONSOLIDACIÓN Y OCASO 123
guieron a 1867 se incorporaron a la asamblea distinguidos juristas
y otros hombres de carácter público interesados en el respeto a la
Carta Magna como principio de orden y avance democrático; sin
embargo, no faltaron diferencias y actitudes marginales entre los
grupos políticos. La acusación formulada en contra de Pablo Gar
cía no es un caso único de confrontación y rencores que deri
varon hacia un juicio de responsabilidad, sino que encuentra sus
raíces en el procedimiento del juicio de residencia, que actúa
como instrumento idóneo de amparo y protección tanto de las
personas como de las haciendas, y al que se sometió el propio
Hernán Cortés.
No por casualidad Ramos Arizpe dijo que “no puede haber li
bertad civil, ni libertad personal, mientras ambas no dependan
única y exclusivamente de la ley”. Las Cartas de Cádiz acogieron
la tradición y, según lo ha señalado el doctor en derecho José Ba
rragán, la residencia o juicio de responsabilidad se constituciona-
lizó y adoptó como el mejor instrumento para proteger y amparar
a los particulares contra cualquier acto de arbitrariedad. Estos
conceptos se incorporaron a la Constitución de 1857 y fueron la
medida aplicada a los transgresores de estos principios, como
nuestro Pablo García. Los orígenes de su acusación los encontra
mos en 1868, en el proceso seguido al gobernador de Jalisco,
Antonio Gómez Cuervo, por las actas de responsabilidad después
de haber mandado decapitar, en la plaza principal de Guadalajara,
a cinco facinerosos acusados de plagio, a pesar de que habían
conseguido amparo. La acusación fue sostenida en el Congreso
por los legisladores jaliscienses Robles Martínez, Moreno y Angu
lo. La sección primera del Gran Jurado lo encontró culpable de
infracción a la ley general del 30 de noviembre de 1861 (primera
ley de amparo) y de la Constitución. Gómez Cuervo no era indi
viduo vulgar, sino un defensor de la patria que había luchado con
tra los invasores franceses y combatido a los traidores. Organizó
las ramas de la administración local y estableció el crédito del es
tado después de muchos años de desorden hacendario. El defen
sor Lancaster Jones aludió a razones políticas, que no valieron en
favor de su defendido, quien cargó con el veredicto de culpable.
124 CONSOLIDACIÓN Y OCASO
En el curso del debate sobre Gómez Cuervo intervino un tribu
no campechano que en ese momento representaba un distrito del
estado de Tabasco: Juan Sánchez Azcona, que iniciaba su carrera
y que en 1869, representando a Chiapas por el distrito de Chilón,
sería miembro de la sección del Gran Jurado; hecho notable, pues
fue cuando se acusó al gobernador de Querétaro, Julio Cervantes,
de haber desconocido y atropellado el Poder Legislativo de la en
tidad. Dicha infracción no podía pasar inadvertida, pues hubiera
sido permitir a los gobernadores el derecho de remover libre
mente y a su antojo a los diputados designados por el voto popu
lar. Cuando Sánchez Azcona subió a la tribuna, expuso la tesis
que también le aplicaría a García:
Cuando una nación se halla, como la nuestra, en vía de organización,
debe ver con el mayor interés todo aquello que pueda afectar más o
menos directamente a su régimen interior imprimiendo a sus institu
ciones determinado carácter. El cumplimiento exacto del Código Fun
damental y de las leyes que organizan la aplicación de los principios
consignados en él es la base sobre la que debe descansar todo siste
ma político para que tenga las condiciones esencialísimas de estabili
dad y firmeza, y la responsabilidad de los altos funcionarios oficiales
es la garantía más eficaz del cumplimiento de las leyes.
Así quedó abonado el terreno para la tercera acusación, en una
asamblea con experiencia en el curso de las denuncias por viola
ción a preceptos constitucionales.
Como no hubiera conciliación, la acusación se formalizó en el
Congreso de la Unión, V Constitucional, que el 10 de mayo de
1870 se erigió en Gran Jurado para conocer la causa instruida en
contra de Pablo García, gobernador de Campeche. Firmaron la
demanda quienes antes lo habían acompañado en la formación
de la entidad, ocupando diferentes cargos en el primer gobierno:
Fernando Duque de Estrada, Joaquín Blengio, Antonio García Po
blaciones y Marcelino Castilla, entre otros. Adujeron atentados
contra las garantías individuales y violación de varios artículos
constitucionales. La primera sección del Gran Jurado, analizando
los puntos de la acusación, lo declaró culpable. Las palabras de
CONSOLIDACIÓN Y OCASO 125
Juan Sánchez Azcona fueron lapidarias: “[...] el juicio de respon
sabilidad contra un funcionario público interesa no solamente a
las personas que lo acusan, no solamente al estado que goberna
ba, sino a toda la nación que se complace en saber que la justicia
puede bajar a los gobernantes de la silla del poder, para sentarlos
en el banquillo de los acusados”.
En 1870 la Cámara se distinguía por el juicio y la razón política
en sus debates, y así como se había declarado culpables a los go
bernadores Gómez Cuervo y Cervantes, le tocó su hora a Pablo
García, señalado como el hombre que había pronunciado el ne
fando “Yo lo quiero”, apotegma de la tiranía. Los cargos que se le
hicieron fueron principalmente cuatro:
1) Por haber condenado a algunos prisioneros de guerra a dos
años de obras públicas, sin formalidad alguna de juicio, invadien
do las atribuciones del Poder Judicial e infringiendo, en conse
cuencia, el artículo 50 de la Constitución;
2) por haber atentado contra la legislatura del estado, electa
por el pueblo, y contra el Tribunal Superior del mismo, atacando
en su base el sistema representativo popular que están obligados
a adoptar los estados según el artículo 109 de la Constitución;
3) por haber violado las garantías individuales, reduciendo a
prisión a varios ciudadanos sin cumplir los requisitos legales, in
fringiendo así los artículos 16, 19, 20, 21 y 29 de la Constitución; y
4) Por haber desobedecido con insistencia los mandamientos
de amparo de la justicia federal, con notoria infracción de la Cons
titución y de la ley orgánica del artículo 102 de la misma, promul
gada el 20 de enero de 1869-
Respecto al primer cargo, el acusado reconoció haber sometido
a esa pena a los indígenas prisioneros en la Guerra de Castas. En
cuanto al segundo, se sustentó en que había declarado infidentes
a los diputados electos Blengio, García Poblaciones y Berzunza,
entre otros, y que disolvió la legislatura y formó otra con los dipu
tados suplentes. A ese hecho el Tribunal Superior de Justicia le
negó legitimidad, y entonces el gobernador redujo a prisión a los
magistrados. En el tercer caso, destituyó de la presidencia munici
pal al doctor Joaquín Blengio y lo redujo a prisión. Las actuacio-
126 CONSOLIDACIÓN Y OCASO
nes judiciales aludieron a la sentencia de la Suprema Corte de Jus
ticia, que en uno de los considerandos dice: “[...] que según apa
rece del expediente, la orden de prisión de Blengio no fundó ni
motivó la causa legal del procedimiento, la falta de cuyos requisi
tos importa la violación de una garantía [...]”, y en la parte resolu
tiva se leyó: “la justicia de la Unión ampara y protege al C. Joa
quín Blengio contra la violación del artículo 16 de la Constitución
General de la República, cometida en su persona por el Ciudada
no Gobernador del Estado”.
Aquella generación política, no por joven sin espolones, atacó
sin misericordia a García. Únicamente su viejo compañero Juan
Carbó habló en su favor, ya que el acusado renunció al derecho
de nombrar abogado defensor y prefirió uno de oficio, seguro de
que los hechos justificaban una autenticidad autoritaria. Voz soli
taria cuyo eco resonó entre el silencio de los legisladores cuando
Carbó señaló que había en la presentación de los hechos rivalidad
y odio y evocó la actitud de García en contra de los imperialistas,
así como el rescate de más de un centenar de indígenas que ya es
taban a bordo de un buque español en la rada de Sisal, para ser ven
didos como esclavos en Cuba en 1861. Hizo una apreciación final
a la que los hechos posteriores no dejaron de conceder alguna ra
zón: “Hoy sucede en Campeche que unidos, algunos de estos y
otros adversarios con los infidentes y algunos jóvenes ilusos, ex
plotan los disgustos por las aspiraciones personales no satisfechas”.
La discusión concluyó con el dictamen de culpabilidad del go
bernador por transgredir los artículos 19, 20, 21 y 50 de la Carta
Federal. El expediente, de acuerdo con los procedimientos esta
blecidos, señaló el 14 de junio para que el reo se presentase en la
capital, a lo cual se negó admitiendo que “bastaba leer sus descar
gos para persuadirse de su inocencia y reconocer la fragilidad del
veredicto de culpabilidad”. El 23 de junio la Corte lo mandó redu
cir a prisión, excepto que pagara una fianza. Se le pidió que nom
brara defensor, y el 13 de julio designó al abogado yucateco Ma
nuel Peniche. El 16 de agosto el Supremo Tribunal se erigió en
jurado de sentencia y dictó la suspensión de sus derechos activos
y pasivos de ciudadano por 18 meses.
CONSOLIDACIÓN Y OCASO 127
El creador del estado de Campeche, el hombre que separó el
distrito más importante del estado de Yucatán, se vio en la para
doja de ser defendido en la Cámara por la diputación yucateca y
en la Corte por un renombrado jurista de Yucatán. El ls de junio
de 1870 dejó la gubernatura y al día siguiente el vicegobernador
Aznar Barbachano se hizo cargo del Ejecutivo. García se refugió
en Mérida hasta el día de su muerte.
XI. EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
Baranda I
NTRE 1857 Y 1870, LOS HECHOS POLÍTICOS en Campeche eran
E como un juego de la fortuna. Los hombres participaron en
un lance que, aparentemente seguro, al final resultó incierto; pero
las circunstancias hicieron afortunado a Pablo García y quitaron
del medio a Santiago Méndez. El grupo creador de la entidad, dis
gustado con los Baranda, no tardó muchos años en sufrir las re
presalias cuando el joven Joaquín, de no más allá de una treinte
na de años convertido en influyente liberal, orador y abogado de
empuje, sacó del territorio a los fundadores del mismo; promovió
el juicio de responsabilidad que bajó del gobierno estatal a Pablo
García e impidió que el vicegobernador se levantase con el poder,
desconociéndolo a través del Congreso local del 19 de junio de
1870, en que se declaró a Salvador Dondé gobernador interino.
El campo de la política estatal quedó libre pues Dondé proce
dió a gestionar nuevas elecciones para que se concluyera el perio
do de García, que debía terminar el 15 de septiembre de 1871. No
hubo duda de quién sería el candidato: Joaquín Baranda, a quien
le dispensaron el requisito de edad señalado por la Constitución,
pues exigiéndose 35 años para ostentar el cargo, le disculparon
cuatro años y medio que le hacían falta. El 11 de diciembre los
comicios le favorecieron y el 6 de enero de 1871 llegó a tan eleva
do cargo un gobernador joven que ya había sumado méritos que
hacían vislumbrar la consolidación de un grupo de poder. Inspi
rado en la frase “El gobernante que se aísla, ni cumple con su de
ber, ni puede contar con el apoyo de la opinión pública”, Baran
da se dedicó a recorrer la entidad no solamente para conocer los
problemas, sino también para ser conocido y establecer alianzas
con los hombres influyentes de las diversas regiones, ya que pocos
128
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 129
meses más tarde se convocaría a nuevas elecciones para cubrir el
cuatrienio del 15 de septiembre de 1871 a igual fecha de 1875.
El porfirismo no logró seducir a diversos grupos, y el pronun
ciamiento de La Noria provocó cierta rebeldía en el Carmen y Bé-
cal, donde intentaron volver a instalar en el gobierno a Pablo Gar
cía. El peligro hizo necesario suspender las garantías individuales
el 28 de noviembre, pero la revuelta no prosperó y los motines
fueron controlados, según anunció desde Calkiní el propio go
bernador Baranda el 26 de diciembre. Las cuestiones políticas eran
preponderantes, pero otros acontecimientos también ocurridos
en ese lapso tuvieron más adelante repercusiones económicas,
como por ejemplo el hecho de que Sixto y Pedro García llevaran
al estado, procedente del Petén, la semilla de jipi que producía la
paja para los sombreros que comenzaron a tejer su fama interna
cional. Al mismo tiempo, en las tierras del Camino Real se comen
zó a poner mayor interés en el henequén, que ya había adquirido
importancia en los mercados extranjeros. En 1873 se dijo que esta
planta de la península estaba promoviendo su nombre en el ex
tranjero y que su producción estaba estimulando el comercio en
Mérida. Los hacendados se preocupaban por propagar su cultivo,
por lo que no sería difícil que en años subsecuentes el partido de
Calkiní se beneficiara de las ganancias que producía, que si bien
es cierto que eran importantes, también había que esperar un tiem
po considerable para que la producción se lograra. Consecuente
mente, se llevó a cabo del 5 al 20 de mayo de 1875, y por primera
vez en el estado, la Exposición de Productos Agrícolas, Industria
les y de Arte en la ciudad de Campeche.
Baranda era un joven político capaz de saber hacia dónde iban
a soplar los vientos nacionales, y tuvo la satisfacción de disfrutar
las mieles del poder. También cultivó las ciencias jurídicas y edu
cativas, y daba la impresión de que se estaba preparando para de
sempeñar la responsabilidad que le asignó el Porfiriato: secretario
de Justicia e Instrucción Pública durante más de tres lustros. En su
segundo periodo gubernamental consolidó la codificación y expi
dió en 1874 la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, y se apre
suró a reglamentarla para que pudiera practicarse y no quedara,
130 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
como otras leyes, sin aplicación, convertida apenas en una decla
ración de principios teóricos irrealizables. La empresa fue difícil
por obra de la ignorancia, pues no faltó quien, aduciendo el amor
paternal, se resistiera, por creer que la autoridad iba a sustituir un
cariño que únicamente al padre correspondía brindar, pero “una
escuela en cada lugar en que haya más de 100 habitantes es el
mejor monumento que pueda legar a sus sucesores la administra
ción presente al terminar su existencia constitucional”.
Como culminación de su obra, el 25 de octubre de 1875 Ba
randa estableció la Escuela Normal de Profesores de Instrucción
Primaria.
La tercera malhadada gubernatura
No teniendo impedimento alguno, en 1875 Joaquín Baranda co
menzó su tercera gubernatura, que debía terminar el 15 de sep
tiembre de 1879- Sin embargo, ya no eran los mismos tiempos:
Benito Juárez había fallecido y Sebastián Lerdo de Tejada no las
traía todas consigo; Porfirio Díaz acaudilló otra revolución al am
paro del Plan de Tuxtepec, y en 1876 el pueblo campechano fue
gobernado con decretos sustentados en facultades extraordinarias
y suspendidas las garantías individuales. La revolución influyó en
el área, ya que, en tierras de Tabasco, Pedro Baranda combatió a
los tuxtepecanos con guardias nacionales y marinos campecha
nos. El bando revolucionario ganaba combates a las tropas del
gobierno de Lerdo y, queriendo poner a salvo sus lealtades, Yu
catán con Eligió Ancona y Campeche con Joaquín Baranda se
asociaron para sostener en la península el gobierno de Lerdo. Ba
randa quiso ser más enfático y el 26 de diciembre de 1876 decretó
la soberanía del estado, sin perjuicio de volver más adelante a for
mar parte de la Federación, aduciendo que no renegaba de los
principios liberales y de la Reforma, sino que deseaba poner a
salvo de la anarquía esos postulados. Con todo, la guarnición de
la plaza se pronunció en favor de Díaz, y el jefe de las fuerzas fe
derales, general Juan B. Zamudio, la secundó el 3 de enero de
1877, y concedió a Baranda 24 horas para reconocer a Porfirio
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 131
Díaz. Pero aquél, rehusándose, cedió el gobierno del estado al
jefe de las armas, general Pedro Celestino Brito, quien a pocos
días fue sustituido precisamente por Zamudio.
Se convocó a elecciones para gobernador y resultó electo el li
cenciado Marcelino Castilla, pero no para concluir el periodo de
Baranda, sino que por declaración del Congreso local, para todo
el cuatrienio, disposición del todo irregular. Así, Castilla inició su
mandato el 29 de abril. Sus actividades políticas se orientaron a la
conciliación, como cuando el 7 de agosto de 1878 dijo que “el go
bierno ha abierto las puertas del Estado a todos los que antes se
hallaban fuera de él por asuntos políticos”. A pesar de sus esfuer
zos, fue criticado en los medios políticos, y sus medidas provoca
ron disgustos y más condiciones de intranquilidad, de manera
que renunció el 18 de octubre de 1880, lo que reavivó la polémi
ca en torno a que, habiéndose tergiversado el orden constitucio
nal en lo relativo a los periodos de elección, debía declararse acé
fala la gubernatura. Como interino del Ejecutivo se nombró al
presidente de los Tribunales Superiores de Justicia, licenciado Pru
dencio Pérez Rosado, quien convocó a nuevos comicios para el
14 de noviembre de 1880, en los que resultó electo Arturo Shiels
para el lapso del ls de diciembre inmediato al 16 de septiembre
de 1883, emparejando el periodo de cuatro años. Shiels definió
sus responsabilidades como la tarea de unificación y reconcilia
ción de todos los campechanos, y con ese objeto expidió dos de
cretos el 10 de octubre de 1882 declarando beneméritos al gene
ral Pedro Baranda, en uno, y al licenciado Pablo García, en otro,
ambos vivos y enemigos irreconciliables.
¿Quién era Pedro Baranda? En 1848, a los 24 años de edad, se
incorporó a la lucha contra los insurrectos mayas y, después de pa
sar casi inadvertido en algunos cargos públicos, fue electo diputa
do al Congreso Constituyente de 1856-1857. Así, firmó el Código
Federal, cuyas tesis alimentaron la conciencia liberal de muchos
mexicanos. Participó en la fundación del estado de Campeche,
pero poco tiempo después se disgustó con Pablo García y Tomás
Aznar, y se fue desterrado a Tabasco. En febrero de 1863 comba
tió y venció a los imperialistas en el rancho San Joaquín, entre las
132 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
poblaciones de Jonuta y Palizada. En junio de ese año estuvo en
la defensa de San Juan Bautista (hoy Villahermosa). Cuando co
menzaron los días difíciles para los liberales, Baranda se fue a
Oaxaca primero y después a la línea de Sotavento, con su medio
hermano el general Alejandro García. En 1866 fue agente republi
cano en los Estados Unidos y adquirió armamento para el ejército
del señor Juárez. Regresó a Sotavento y participó en varios com
bates en Veracruz, en marzo de 1867. General, ganó prestigio y
representó a Orizaba, Córdoba y Zongolica en la Cámara de Dipu
tados. El 11 de noviembre de 1868 sus participaciones militares y
públicas le fueron reconocidas cuando el municipio de Orizaba lo
declaró Benemérito. Impulsó la creación del estado de Morelos y
fue el primer gobernante en organizar la entidad constitucional
mente, razón por la que se le hizo ciudadano morelense. En 1872
volvió a representar a un distrito de Veracruz en la Cámara de
Diputados. Legislador por varios estados, fue militar y político in
fluyente que supo capotear las transiciones políticas. Sus méritos y
actividades lo hicieron un hombre cuyo consejo era casi obligado.
En cuanto a Shiels, como primer gobernador originario de ciu
dad de El Carmen, tuvo una gestión acertada, y algunas de sus me
didas se plantearon por primera vez. Aparte de la colonización,
que referimos en el siguiente capítulo, inició los trabajos para abrir
un camino que conectara las rancherías ubicadas sobre las orillas
del Río Candelaria y algunas poblaciones del partido de Cham-
potón, zonas olvidadas por más de un siglo. Su experiencia isleña
lo había convencido de que la navegación comercial era impres
cindible y solicitó, con visión singular, que el gobierno federal
procediera a la canalización de los ríos Candelaria, Palizada y
Champotón. Declaró también obligatoria la enseñanza de la mu
jer, y fundó escuelas de niñas en Hopelchén y Seybaplaya.
Baranda II
En 1880 el general Porfirio Díaz cedió la presidencia a Manuel
González, lo que dio ocasión a la reincorporación a la vida públi-
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 133
ca de Joaquín Baranda, después de su forzado retiro luego de su
oposición al movimiento de Tuxtepec. El destino volvió a sonreír
le, ya que en 1881, cuando se desempeñaba como magistrado de
circuito con residencia en Mérida, renunció para ocupar el sitial
de senador de la República por el Distrito Federal, escaño del que
tuvo que separarse, favorecido por la fortuna, para ocupar la Se
cretaría de Justicia el 15 de septiembre de 1882. Iba de salto en
salto apoyado en la pértiga del poder cuando en junio de 1883 se
efectuaron las elecciones para renovar el Ejecutivo de Campeche,
y resultó electo por cuarta ocasión, para el cuatrienio del 16 de
septiembre de ese año a la misma fecha de 1887. No renunció al
Ministerio de Justicia, sino que solicitó una licencia para hacerse
cargo del gobierno de Campeche y, ya en plena euforia de po
der, el 15 de noviembre de 1883, a dos meses de haber vuelto al
Palacio, regresó a Justicia nombrando interino a Juan Montalvo,
con quien tenía cercano parentesco.
Las elecciones del 5 de junio de 1887 favorecieron al licenciado
Pedro Montalvo, hermano de Juan; sin embargo, un quebranto en
su salud obligó a que con premura se convocara a elecciones para
el 4 de septiembre, en las que salió electo el doctor José Trinidad
Ferrer para el cuatrienio de 1887 a 1891. Como Ferrer no mostró
la docilidad que esperaban los grupos de poderosos, éstos no de
jaron de criticarlo y él, avizorando días con problemas, prefirió la
renuncia y se retiró a la vida privada. El Congreso declaró interino
a Onecíforo Durán —previa consulta con los Baranda— y otorgó
la ciudadanía campechana al general tamaulipeco Joaquín Z. Keer-
legand para que, ya habilitado con los requisitos necesarios, ocu
para la gubernatura hasta 1891. Durante su régimen nació la explo
tación del recurso natural que volvió a dar renombre internacional
a Campeche. El 7 de agosto de 1890, en el informe tradicional dijo:
Me parece oportuno llamar la atención a esta H. Cámara sobre la ne
cesidad de dictar las disposiciones convenientes para desarrollar en
el estado la industria que tiene por objeto la extracción del chicle,
que se implantara recientemente en el Partido del Carmen. Promete
ser en breve tiempo una de las más importantes de la localidad.
134 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
Fue el comienzo de una empresa que florecería por más de sie
te décadas.
Por la interminable influencia del secretario de Justicia, de nue
va cuenta otro amigo fue designado gobernador constitucional
para el periodo de septiembre de 1891 a 1895: el coronel Leoca
dio Preve, quien expidió el decreto del 16 de octubre de 1892, de
clarando que en lo sucesivo la capital del estado se denominaría
Campeche de Baranda, en memoria del general Pedro Baranda.
En materia de economía, informó que en 1891 el palo de tinte
seguía siendo la principal exportación, junto con el chicle, sobre
el cual expidió una disposición impositiva el 13 de noviembre
de 1893:
Los que introduzcan a esta capital, a el Carmen, a Champotón o a Pa
lizada, chicle extraído de los montes del estado, pagarán a las ofici
nas recaudadoras de Hacienda respectivas una contribución de cua
tro centavos por cada kilo.
Métodos semejantes se usaron para elegir a Juan Montalvo para
el lapso de 1895 a 1899, quien sólo alcanzó a añadir, el 28 de no
viembre de 1896, a la villa de Bolonchenticul el genitivo “de Mon
talvo”, para hacer honor a su propia familia. No tuvo tiempo de
realizar mayores obras, ya que falleció el l2 de diciembre de 1898.
Como gobernador interino se designó a Carlos Gutiérrez Mac
Gregor, quien luego ganó las elecciones para el periodo de 1899
a 1903, pero inesperadamente el ministro Baranda tuvo dificulta
des con el poderoso secretario de Hacienda, José Ives Limantour,
y cayendo de la gracia del dictador cesó su influencia en Campe
che. En consecuencia, el 2 de abril de 1902 el Congreso aceptó la
renuncia de Gutiérrez MacGregor y designó en escrutinio secreto
como gobernador interino a José Castellot, quien de inmediato
comenzó a desmantelar el edificio barandista cancelando el 7 de
agosto el decreto que había dispuesto que la capital del estado se
denominara Campeche de Baranda, y asimismo dispuso que Bo-
lonchén de Montalvo retomara su antiguo nombre de Bolonchen-
cahuich. El 23 de agosto de 1902 se reivindicó la memoria de uno
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 135
de los fundadores del estado, declarándose Benemérito al licen
ciado Tomás Aznar Barbachano por iniciativa de Manuel A. Lanz.
Durante todo el siglo xx ha habido diferendos territoriales con
Quintana Roo, siempre sujetos a discusiones y controversias. La
historia se inició cuando el régimen de Porfirio Díaz puso aten
ción a la riqueza silvícola de aquella alejada región, la menos po
blada, y pensó que por ser el confín de la rebeldía maya y por
donde los ingleses de Belice se dedicaban al contrabando, era ne
cesario crear un territorio federal, de manera que el gobierno con
trolara directamente la región y evitara, de paso, cualquier intento
separatista. Fue así como el Congreso de la Unión expidió el de
creto del 24 de noviembre de 1902 que afectó la jurisdicción de Yu
catán. Desde ese momento surgió el llamado punto “Put”, lugar
que probablemente fue en su origen el nombre de una vivienda
de cierta importancia y dio la referencia para establecer nominal
mente el vértice de la intersección de los estados de Yucatán y
Campeche y el territorio de Quintana Roo. Campeche admitió las
cosas sin mayores comentarios.
Castellot se desempeñó poco tiempo como interino ya que al
convocar a elecciones para cumplir constitucionalmente el perio
do de Gutiérrez, en septiembre de 1903, él mismo resultó electo.
Su informe del 7 de agosto cerró el ciclo iniciado en 1870, y en
dos materias importantes para la entidad —agricultura y educa
ción— fue terminante. De la agricultura, señaló los elementos
que la mantenían postrada, con lo cual puso de manifiesto el fra
caso de todo lo intentado, entre otras cosas la falta de agua para
la irrigación oportuna y suficiente. Las gestiones de los gobiernos
con la participación de las juntas de agricultura para alentar la in
migración agrícola no consiguieron ningún resultado positivo. El
jornal reducido y pagadero en plata no fue aliciente para los tra
bajadores, y las condiciones higiénicas de los campos no atraían a
los hombres de otras latitudes.
Chicle, henequén y maderas, explotados por unos cuantos pri
vilegiados o por empresas extranjeras, aseguraban un futuro poco
halagüeño. La propia Aduana Marítima de El Carmen, incluyendo
los puntos de Isla Aguada y Palizada, informó en 1903 que sólo
136 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
había esperanzas de prosperar en la agricultura y el comercio. La
primera se consideraba incipiente, pues hacían falta brazos y ca
pital. De las especies prometedoras, solamente el coco rendía al
gunos resultados, y se calculaba que en la isla podían existir más
de un millón de plantas. El administrador Montero Souza insistió
en la instalación de las compañías extranjeras para la madera, sin
darse cuenta de que era entregar la riqueza en manos diferentes
de las nacionales.
Otro fracaso fue la educación. El gobernador Castellot señaló
que las escuelas primarias, montadas a la antigua, regidas de for
ma rutinaria y con los antiguos métodos escolares que la pedago
gía racional condenaba, no podían ofrecer resultados. El censo de
1895 arrojó una población de 89000 habitantes, de los cuales sólo
sabían leer y escribir 15441. El censo de 1900 mostró que de una
población de 86 546 habitantes, únicamente sabían leer y escribir
15909, lo que demostraba, según Castellot, que “la instrucción
pública no puede ser más deplorable, que se ha perdido lastimo
samente el tiempo y es necesario hacer grandes esfuerzos y ver
daderos sacrificios para salir de tal situación”.
A su parecer, el error fue sostener escuelas superiores, prepara
torias y profesionales sin estar en condiciones de montarlas dig
namente y dedicando para su sostenimiento esfuerzos y recursos
que, destinados a la instrucción primaria que era obligatoria, hu
bieran producido mejores resultados.
Obras navales y cultura marina
La tradición de la marina y los hombres de mar siempre ha tenido
bandera y escudo en Campeche, a resultas de siglos de esfuerzos.
En 1650, durante la época del gobernador de la Provincia de Yu
catán, García Valdés de Osorio, conde de Peñalva, se instaló el
primer astillero, en la costa correspondiente al barrio de San Ro
mán. Campeche tuvo el privilegio de ser una de las pocas pobla
ciones en América española que fabricaba sus propias embarcacio
nes. Recordemos también que a la batalla de Trafalgar fueron dos
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 137
con nuestra matrícula, así como que la mayor parte de los navios
que acosaron a los piratas con sus pesados galeones y carracas
fueron los pataches y las fragatas que se botaron en la playa san-
romanera. Los carpinteros de rivera utilizaron preferentemente el
árbol maderero llamado jabín, tan famoso por su resistencia que
dio nacimiento a la copla:
Le dijo el clavo al jabín:
aquí dejarás el rabo;
y el jabín contestó al clavo:
para sécula sin fin.
El patrón de carpinteros y calafates es san José, a ese gremio se
debe el inicio de su iglesia.
Al consumarse la Independencia, fijándose impuestos a buques
extranjeros se favoreció a los nacionales, de tal manera que la
marina mexicana prosperó, pero, cuando en 1837 se expidió un
arancel contrario, no solamente decayó la actividad, sino que fue
motivo de revoluciones y discusiones en el Congreso de la Unión.
Entre 1827 y 1831 se construyeron, solamente en el astillero, 14
embarcaciones mayores, además de la multitud de naves peque
ñas dedicadas al comercio de cabotaje. De 1832 a 1836 se fabrica
ron 19 buques mayores con 1844 toneladas, y ya abolidos los de
rechos diferenciales, de 1842 a 1846 se construyeron cinco buques,
y de 1847 a 1853 apenas seis, lo que da una idea del colapso. De
bido a ello, las diputaciones de Campeche y Tabasco presentaron
en febrero de 1868 un proyecto de ley sobre derechos diferencia
les para revertir la decadencia de la marina nacional. El diputado
Juan Sánchez Azcona señaló en la sesión del 26 de octubre que
esta cuestión se debía “a los tratados arrancados a nuestra inexpe
riencia y a nuestras críticas circunstancias por las naciones extran
jeras”. En la sesión del 15 de abril de 1873, el diputado Pedro
Salazar presentó y defendió en la tribuna el proyecto de que se
volviera a establecer el astillero, con objeto de reparar todas las
embarcaciones que en el Golfo fueran propiedad de la nación, así
como para la construcción de buques guardacostas y de guerra.
138 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
El estado de crisis perduró hasta 1881, cuando el presidente de
la República, general Manuel González, expidió el decreto que
dispuso la instalación de un astillero en el puerto de Campeche,
en un lugar inmediato al pueblo de Lerma. Fue así como, por in
dicación formal del gobierno estatal, se adquirieron terrenos para
ese efecto y se nombró responsable al capitán de corbeta Laurea
no Batista. La maquinaria que sería utilizada para el arsenal llegó
el 14 de marzo de 1881 a bordo del buque inglés Cuaco. El 30 de
septiembre de ese año se botó el dique flotante Pedro Sáinz de
Baranda y el 14 de octubre se inauguró el arsenal naval Porfirio
Díaz. El dique no pudo prestar los servicios requeridos, y por de
creto de 1888 fue trasladado a Coatzacoalcos.
La educación en la materia quiso dejar de ser sólo práctica y
buscó establecer la continuidad escolar. Este esfuerzo preñado de
ilusiones, fatiga y fracasos comenzó en 1771, cuando el Cabildo
quiso instituir la primera escuela náutica, proyecto que no pros
peró. En 1818 el comandante José de Argüelles propuso tal esta
blecimiento, pero no se instaló hasta que Luis Cañas, piloto de la
armada española, consiguió iniciar unos cursos en 1824, que con
cluyeron casi al año. Todo ello provocó que el Congreso del estado
estableciera una cátedra de náutica, pero una escuela propiamen
te dicha no se abrió hasta 1841, y en el año siguiente se trasladó la
cátedra al Colegio de San Miguel de Estrada, donde funcionó irre
gularmente, luego de aprobarse su programa cuando‘San Miguel
se transformó en el Instituto Campechano. Al fin, debido al con
notado marino Ángel Ortiz Monasterio, jefe del entonces Depar
tamento (Secretaría hoy) se fundó, casi al mismo tiempo que la de
Mazatlán, la Escuela de Náutica de Campeche, bajo la dirección
del capitán Manuel Batista Massa. Se clausuró, dice Pérez Galaz,
en 1894, habiendo sido el último director Higinio Canudas.
Reivindicación o revancha
Llegaron los vientos contrarios. Para pagar la deuda política que
se tenía con Pablo García el Hacedor, se eligió gobernador a su
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 139
hijo Luis García Mezquita para el periodo constitucional de 1903 a
1907. Desde luego, hizo justicia por iniciativa propia, expidiendo
el ls de septiembre de 1904 el decreto que declaró día festivo el 27
de enero y de duelo el 31 de julio de cada año, fechas del natali
cio y fallecimiento de su padre. Pero Luis García no pudo comple
tar el cuatrienio, pues murió el 15 de junio de 1905. Para completar
el tiempo de su gobierno se designó al hijo del otro procer funda
dor, el doctor Tomás Aznar y Cano.
Los ramos de la economía no avanzaban, únicamente los tradi
cionales. Acaso por ello la educación era promovida vigorosa
mente, y en el poco tiempo que tuvo el gobernador García creó
la Academia Normal de Profesores, por considerar que “la fun
ción docente del Estado no puede ser fructuosamente ejercida
sino por medio de un órgano especial adaptado al ejercicio de
esa función: el maestro”.
Para agosto de 1905 funcionaban 72 escuelas primarias, de las
cuales 38 eran sostenidas por el estado, 33 por los municipios y
una con recursos de una fundación privada. También entonces se
inició la exploración de una riqueza marítima de suma importan
cia, aunque el rastreo preliminar fue en tierra. Así, el 26 de marzo
de 1906 se ratificó en todas sus partes el contrato celebrado entre
el gobierno del estado y la empresa S. Pearson and Son, Limited,
para la exploración y explotación de carburos de hidrógeno y sus
derivados que pudieran existir en el subsuelo. Este documento de
referencia es un antecedente histórico de primer orden.
Aznar y Cano terminó el periodo inconcluso de Luis García y
tuvo la ocasión de ser electo para el siguiente, de 1907 a 1911- El
medio político nacional comenzaba a agitarse; además, la situa
ción de la entidad era crítica, tanto que el 7 de agosto de 1909
Aznar y Cano anunció, no sin algún dramatismo:
La baja de precio de nuestros principales artículos de exportación, el
henequén y el palo de tinte, se ha sostenido con desesperante firme
za. Ultimamente se ha notado un pequeño ascenso en el precio del
henequén en rama; pero este ascenso, en nuestro concepto, es debi
do más bien a una combinación de carácter mercantil temporal, que
140 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
a una ampliación en la demanda del artículo, que sería la convenien
te y la que daría estabilidad y solidez al precio deseado. En cuanto al
palo de tinte, continúa en situación tan desastrosa, que no paga ni los
gastos de producción.
Tan difícil panorama local, junto con las circunstancias políticas
nacionales, llevó al doctor Aznar y Cano a presentar ante el Con
greso una licencia indefinida para separarse del cargo, solicitud
que fue aceptada el 9 de agosto de 1910, encargándose el gobier
no interino a José García Gual. Ahí se terminaron las reivindica
ciones y don Tomás enfiló su carruaje por el pedregoso Camino
Real rumbo a Mérida, donde se fue a ejercer su profesión.
Ruidos y silencios camerales
Los acontecimientos políticos no sólo se limitaron al dinamismo y
las complicidades de la localidad, sino que la historia del estado
también ocupó un lugar en el escenario nacional, y particularmen
te en el Congreso de la Unión, es decir, la Cámara de Diputados,
pues en 1870 aún no se reinstalaba el Senado. Marginados García
Montilla y Aznar Barbachano del gobierno, lo mismo sucedió con
su grupo de simpatizantes, y, en consecuencia, las cuestiones lo
cales adquirieron un matiz diferente, que influyó necesariamente
en las elecciones para diputados federales. A mediados de 1871
resultaron electos Alejandro García, propietario, y Pedro Salazar,
suplente, por el primer distrito; por el segundo resultaron pro
pietario Pedro Baranda y suplente Marcelino Castilla. Pero como
Baranda, por vecindad, había sido electo también por un distrito
de Veracruz, optó por representar a este último y dejó el puesto de
Campeche a Castilla. Por su parte, Alejandro García solicitó licen
cia, lo que dio la oportunidad a Pedro Salazar de participar en va
rios debates. La diputación propuso que se destinara al Instituto
Campechano un auxilio de 25000 pesos en bienes nacionalizados,
para instituir las cátedras de Ingeniería y Agricultura. También el
26 de abril el diputado Castilla solicitó a la asamblea que no deja-
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 141
se ingresar en la Cámara al diputado yucateco Manuel Cicerol, ya
que había sido acusado del delito común de revolucionario y
trastornador del orden público; tiempo después cambiarían las
circunstancias.
En septiembre de 1873 comenzó a sesionar la VII Legislatura
Federal, en la que también se advirtió la influencia del goberna
dor Baranda, pues resultaron electos por el segundo distrito Pedro
Baranda y por el primero Rafael Dondé, quien optó por represen
tar a Morelos. Fue así como el suplente Marcelino Castilla regresó
a la Asamblea; sin embargo, en los cuatro periodos de sesiones
no se presentaron iniciativas o proyectos. Lo mismo sucedió en el
VIII Congreso de 1875 con los propietarios José I. Rivas y Anasta
sio Arana, quienes poco tiempo más tarde regresaron a Campeche,
cuando ocurrió la revolución de Tuxtepec, que triunfo en 1877. Sus
periodos concluyeron y comenzaron a aparecer políticos ajenos
al estado, nombrados para las curules sin importar su origen. De
esta manera forzada, los diputados Pablo Pantoja y Eugenio Esco
bar terminaron el lapso de los anteriores. El barandismo se replegó
y, en consecuencia, el IX Congreso tuvo por diputados a Antonio
Castilla y Eugenio Escobar, quienes optaron por el silencio. El
X Congreso inició sesiones en septiembre de 1880 y fueron dipu
tados nuevamente Antonio Castilla y Manuel Cicerol. A partir de en
tonces, empezó a verse con mayor frecuencia que los legisladores
no necesariamente eran originarios de la entidad, que desde 1882
habían cobrado dietas por Campeche muy diversas personas:
Julio Zárate, José Patricio Nicolín, Manuel Peniche, Nicolás Urce-
lay, Román S. de Lascuráin, Diego Pérez Ortigosa, Francisco Gon
zález de Cosío, Melesio Parra, José Aréchiga. Algunos de ellos re
pitieron varias ocasiones la mascarada electoral y usufructuaron
la representación campechana. Esta situación de recomendados
de los porfiristas Creel, Joaquín Casasús y Justino Fernández so
brevivió hasta junio de 1912, cuando en el régimen de Francisco I.
Madero, el Poder Legislativo —diputados y senadores— volvió a
requerir la autenticidad de la representación. Llegaron al Congre
so como diputados Salvador Martínez Alomía y Juan Zubarán,
propietarios; y sus respectivos suplentes José Ferrer MacGregor y
142 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
Francisco Perera Escobar. El senador propietario fue Manuel Gu
tiérrez Zamora y el suplente Eduardo Berrón Barret.
Con el presidente Madero se rompió la costumbre de entregar
la Cámara de Diputados a individuos ajenos a cada estado. Aque
llos malos manejos también se habían dado en el Senado desde
1876, con algunas excepciones: Pedro Baranda, Rafael Dondé y
Juan B. Zamudio (1875-1878), los dos primeros originarios del es
tado, y Pedro Celestino Brito y Juan Sánchez Azcona (1878-1880).
Pero a partir de entonces se había hecho más abierta la imposi
ción de legisladores ajenos al terruño, como fueron Ignacio T. Chá-
vez, Agustín R. González, Mariano Ortiz de Montellano, Genaro
Raigosa, Manuel González Cosío, Juan Terrazas y Julio Zárate.
Recuento cultural
Antes de concluir el siglo xix Campeche ya había tomado su lugar
en las páginas de la cultura. En ese sentido, es preciso considerar
la silueta de un personaje que Dzib Cardoso llamó “legendario de
contornos imprecisos”, que llegó a la Nueva España en 1598 y es
cribió un Poema al Yucatán, sobre casi todo lo que pudo obser
var en tierra y mar. Citamos los tres primeros versos:
Un amigo muy del alma
a quien estoy obligado
a servir con toda mi vida
porque soy su aficionado,
me rogó, con grandes veras,
que pueda estar muy pagado
de la gente de Campeche y
de su nobleza y trato,
le compusiera una loa
y en ella fuese loando
lo mucho que hay que loar
en sus vecinos honrados,
[...I
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 143
No son de ninguna manera escasos los relatos y las descripcio
nes de un lugar cuna de juristas, poetas, ensayistas y literatos. Jo
sé María Alpuche Infante, de ideas políticas por las que fue perse
guido en la época republicana de principios del siglo xix, publicó
sus trabajos en El correo de la Federación, El Águila y El Federa
lista. Ajusto Sierra Méndez se le recuerda con las leyendas Sirena
y Playera. Al historiador Serapio Baqueiro Preve le debemos un
ensayo histórico en torno a la península. Manuel Barbachano y
Tarrazo escribió El museo yucateco y El registro yucateco con el
seudónimo de don Gil de las Calzas Verdes; sus poemas se publi
caron en 1864 en la revista El Salón Literario. Pantaleón Barrera
fue periodista y autor de relaciones históricas, como Los misterios
de Chan Santa Cruz, firmado con el anagrama de Napoleón Tre-
barra; Joaquín Blengio alternó la ciencia médica con la poesía;
Rafael Carvajal, amigo y discípulo de Sierra O’Reilly, fue autor de,
entre otras leyendas, la titulada Un sacerdote y un filibustero en el
siglo xvii; José Tiburcio Cervera fue historiador; Miguel Duque de
Estrada y Leclerc, poeta y periodista; fueron notables los Cantar-
cillospopulares de Pablo J. Araos, que forman cuadros de costum
bres, popular y clásico el dedicado a Campeche:
En la patria del cazón,
del pámpano y del cangrejo,
se vive y se llega a viejo
lleno de satisfacción,
Campeche, por tu bahía eres
del pobre el contento,
que halla en tu mar alimento
sabroso y en demasía.
No he visto en ti todavía
que al hombre cause aflicción;
aquí cualquier corazón
da al indigente la mano,
porque ¿quién no es campechano
en la patria del cazón?
144 EL DESQUITE DEL INFORTUNADO
Agreguemos a este grupo de hombres dedicados a la cultura a
Felipe Pérez Alcalá, quien llegó por el mar al puerto y escribió un
párrafo irrepetible:
La linda ciudad se fue extendiendo lentamente en la orilla y como en
batalla [...JA nuestros pies el apacible Golfo. A los lados pintorescas
playas. Y hacia adelante la ciudad con su muralla, sus torres y sus
edificios, recostada en la fresca ribera como una voluptuosa nereida,
y reclinando su cabeza, sus pies, y uno de sus brazos en la pendiente
de los cerros.
Así era Campeche en 1874, con el prestigio educativo del Insti
tuto, además de una Sociedad Científica, una Sociedad Filarmóni
ca, otra intitulada La Fraternidad Campechana, otra Progresista de
Artesanos y una distinguida Lonja Campechana. La Sociedad Cien
tífico Literaria alentaba entre la gente el estudio de las ciencias;
además publicaba la revista La Alborada; la Sociedad Filarmónica
procuraba el adelanto en las bellas artes, impartía una cátedra de
declamación y auspiciaba el periódico La Armonía. Los artesanos
se proponían establecer un banco de avío. Aparte, circulaban los
periódicos La Discusión, que se ostentaba como oficial, y La Es
peranza, de características literarias.
Se ocuparon de la ciudad y la población personajes como Desi
ré Charnay y, más adelante, José Vasconcelos y Luis G. Urbina. El
16 de septiembre de 1899 se estrenó en el Teatro Toro el Himno
de Campeche, cuyos autores fueron, de la letra, Enrique Novelo,
y de la música, Leandro Caballero. Desde entonces se interpreta
en ceremonias o actos solemnes. Copiemos los primeros y los úl
timos versos:
Liberales heroicos y patriotas
Que nacisteis a orillas del mar,
Del guerrero clarín ya las notas
Para siempre podéis olvidar.
EL DESQUITE DEL INFORTUNADO 145
Por ti son en el mundo llamados
Liberales y heroicos tus hijos,
Que al librarte de males prolijos
Sus hazañas el mundo admiró.
Si otra vez en la lucha te hallares
Defendiendo tu suelo y tu nombre,
En cada hijo tendrás siempre un hombre
Que derrame su sangre en tu honor!
XII. CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA
Legislación parcial
OS HECHOS HISTÓRICOS DEL AMPLIO PERIODO de 1857 a 1910
L á no sólo fueron políticos, también fueron años de injusticia y
penurias que alcanzaron a la parte más sensible de una sociedad
unas veces indiferente y otras brutalmente parcial. Desde luego,
los problemas que afrontó la agricultura tienen sus antecedentes
en el territorio común de la península, y se caracterizan por el
profundo cambio que sufrió la región —con sus peculiaridades
locales— en el momento de la llegada de los conquistadores espa
ñoles, quienes despojaron al indígena maya de su legítima pro
piedad y lo redujeron a una esclavitud no disimulada. Las diferen
cias sociales y económicas suscitaron luchas constantes entre unos
y otros, que culminaron en la Guerra de Castas en 1847, que des
quició cualquier vestigio más o menos estable de la agricultura
regional. Diferencias irreconciliables entre españoles, sus descen
dientes y la familia indígena. Cuadro dramático que Sierra O’Reilly
describió como una dificultad casi insuperable, debido al abierto
rechazo de ambas razas a mezclarse, a causa de los medios pres
critos por la ley y la religión. Se levantó un muro invencible entre
las dos sociedades y apareció una especie de extravagante aris
tocracia, hija de las absurdas pretensiones de nobleza de algunas
familias que se envanecieron de carecer de sangre indígena.
Además del injusto reparto de la propiedad rural, la tradicional
servidumbre por deudas hizo estallar la lucha fratricida. Los años
que se sucedieron fueron de desolación, hambre, horas inter
minables de pobreza y violencia que se extendió hasta el año de
1901 y que devastó la agricultura regional, como lo apuntó Tomás
Aznar Barbachano, agente de la Secretaría de Fomento en la ciu
dad de Campeche en 1852. Antes de 1847, en Los Chenes, “región
146
CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA 147
conocida como la montaña”, se encontraron magníficas tierras
vírgenes, adecuadas en especial al cultivo de la caña de azúcar.
Como eran baldías, fomentaron la aparición de multitud de ran
chos, pero cuando se desbordó la sublevación en 1848 y se detu
vo apenas a siete leguas de Mérida y a dos de Campeche, la agri
cultura perdió cuanto había conquistado. El desastre agrícola fue
causado por el odio entre unos y otros.
Después de la Intervención francesa la lucha persistió y el go
bernador García destacó fuerzas armadas para sofocar las rebelio
nes indígenas. En agosto de 1867 Joaquín Baranda escribió un
artículo cuyas líneas hablan por sí mismas:
No hay cosa que respire más lástima que la presencia de un indígena.
Con su cabeza baja, con su cabeza compungida, sus brazos cruzados,
se presenta queriendo besarle la mano a aquel con quien habla, in
vocando siempre el nombre de Dios y jurando a cada palabra. ¡La
mentable humillación! Al contemplar a esos seres desgraciados he
mos reflexionado. Éstos son los que nos hacen la guerra; éstos son
los que nos hacen tanto daño; éstos que se arrastran como culebras
son los que después vienen a insultarnos y a despedazarnos.
Un legislador, queriendo mitigar la situación, logró que se apro
bara el 3 de enero de 1868 la suspensión de los trabajos sin retri
bución a que se obligaba a los sirvientes de las haciendas y que
se denominaban lunes col. Se comenzó a estudiar una Ley Agraria
que, después de discusiones en el Congreso local de Campeche,
se expidió el 3 de noviembre con el nombre de Ley para el Servi
cio de los Establecimientos de Campo, que establecía que los sir
vientes de campo, jornaleros y asalariados quedaban protegidos
por condiciones contractuales. Pero al tratar de los sirvientes
adeudados, consideró que los menores podían ser obligados a
trabajar en la finca por cuenta de los adeudos de sus padres. Ade
más, determinó medidas para que no salieran de la finca donde
estuvieran concentrados y, si se fugasen, fueran detenidos por
cualquier autoridad o ciudadano, castigados en trabajos de obras
públicas y devueltos después al hacendado. “Los gastos erogados
148 CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA
en la aprehensión de los sirvientes prófugos serán pagados por
los propietarios a cuenta del sirviente”.
Esta protección a los intereses de los dueños de las fincas gene
ró una especie de esclavitud bajo el pretexto del fomento agríco
la. El gobierno de Baranda quiso enterarse en 1871 de los resulta
dos de la ley citada y solamente Marino Durán tuvo la fortaleza de
pronunciarse en contra, pidiendo reformas para variar las condi
ciones desfavorables al sirviente. En efecto, siendo jefe político
de Champotón, señaló el 23 de febrero que los sirvientes habían
alimentado la riqueza de los propietarios y que, además, la ley
daba margen no solamente a la desmoralización sino también a la
fuga; que atacándose la garantía constitucional de servir a quien
mejor le pareciera, el peón estaba encadenado por el sistema de
la deuda y por ella condenado a servir en la miseria, además de
que era sometido a la pena de azotes. La protección a los hacen
dados y a la producción agrícola obligó a la observancia de dis
posición tan parcial, que siendo reconocida por gobernantes, no
se atrevieron a modificarla. La represión legal fue todavía más
allá. Los códigos civil y penal otorgaron garantías a los finqueros
en sus procedimientos, y el de Procedimientos Criminales autori
zó a que se estableciera un sistema policiaco dentro de las hacien
das, de modo que el encargado o mayordomo tenía funciones de
amo y policía, en cuya virtud era usual que los hacendados justi
ficaran por la vía penal arbitrariedades como las que practicaba el
dueño de la hacienda Yax, que tenía la costumbre de propinarle a
la peonada de 25 a 150 latigazos. En la historia de las leyes de
Campeche, 1879 fue una vergüenza por la legitimación del escla-
vismo, como lo demuestra un solo ejemplo: la fracción i del ar
tículo 24 del Código de Procedimientos Criminales señalaba que
la Policía Judicial se ejercía en el estado por los mayordomos y
administradores de las fincas rurales que estaban a su cargo. Fue
la revolución de 1910 la que acabó estas imposiciones.
CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA 149
Angustia colonizadora
A los problemas anteriores se añadían otras circunstancias casi
paralelas, como el que en la región tropical de la república exis
tían riquezas agrícolas que no se aprovechaban por dos principa
les motivos: insalubridad y falta de comunicaciones. Así era la si
tuación de Campeche en la segunda mitad del siglo xix: algunos
de sus nativos diseminados por la guerra, y otros extinguiéndose
en las haciendas. Ante una agricultura exigua, algunos empeza
ron a considerar la colonización. El primer paso se produjo por
iniciativa del diputado Pedro A. Lara, quien logró que el Congre
so decretara el 2 de septiembre de 1875 la promoción de inmi
grantes para la región de Bolonchén, y que se pagara un peso
mensual a todo el que proviniese de otro punto fuera del estado
o de los cantones pacíficos del sur y se radicara en ese partido.
Esta medida estimuló a los vecinos de la población de Iturbide,
quienes en una reunión acordaron entregar a cada familia que se
avecindase una casa de zacate y barro —con la capacidad sufi
ciente para contenerla— con un solar propio en el fondo de la
población. Primero la ocuparían como propiedad del municipio y,
transcurridos dos años, se les escrituraría en propiedad. Los nue
vos habitantes —decían los de Iturbide— estarían exentos de car
gas vecinales y de toda clase de medidas impositivas. La política
de colonización quiso incorporar grupos de población del extran
jero y también de otros estados, pero los trastornos políticos impi
dieron la continuidad del proyecto y sólo en 1880 volvió a tratarse
el tema, al llegar a Campeche la noticia de que varios hacendados
yucatecos habían contratado la inmigración de 100 chinos proce
dentes de California para las fincas peninsulares. Asimismo, en
marzo de 1881 se supo que habitantes de Canarias estaban dis
puestos a emigrar por la mala situación que pasaban en las islas;
las primeras familias de esta procedencia llegaron a Yucatán en
septiembre de 1881.
150 CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA
Frágiles realizaciones
Todos estaban interesados en la colonización, debido a la cons
ciente necesidad de aumentar la producción en el campo. Las
inquietudes no tenían únicamente carácter oficial, también des
pertaron el interés de algunos propietarios de fincas rústicas que
por su cuenta y riesgo el 13 de diciembre de 1881 firmaron con
trato con un enganchador para que enviara colonos procedentes
de Oaxaca, con las facilidades de vivienda y excepciones fiscales.
En junio de 1882 se publicó que Leandro Regil y compañía ha
bían contratado en Islas Canarias a 400 familias que se establece
rían en el estado, arribando en el inmediato mes de octubre. En
mayo del citado año, Rafael Portas Martínez había ofrecido al go
bierno federal ceder de 12 a 16 leguas de su hacienda San Anto
nio Pom para los propósitos referidos. Siguieron publicándose
iniciativas, permisos y premios, pero los ya famosos canarios no
llegaban. El TI de febrero de 1883 Portas Martínez comunicó al
Ministerio de Fomento el ingreso de 14 personas a la Colonia
Portas de Pachaiché.
Pero esas tareas de colonización fueron insuficientes, además
de que faltaba una política paralela en favor de los peones ave
cindados, que al no existir siguió provocando malestares sociales,
como a fines de marzo de 1885, cuando se sublevaron los sirvien
tes de la finca Pacbaicbé y mataron al administrador José María
Regil Pascual. Apenas las autoridades conocieron el suceso, pu
sieron a la Guardia Nacional del Partido de Champotón a disposi
ción de las autoridades judiciales para la aprehensión de los suble
vados. En los años anteriores ya se habían presentado situaciones
similares, como la insubordinación de los sirvientes en la finca Xi-
bulché y en la hacienda Multuncbac, y otras que se sucedieron
posteriormente. No fue por nada que Genaro Raigosa haya dicho
que los bajos salarios, aunados a la servidumbre por deudas, te
nían al peón en una situación peor que la del esclavo, pues los
sistemas de trabajo en las haciendas, lo mismo el peonaje que la
aparcería, seguían ajustados a moldes coloniales. En el sistema de
CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA 151
peonaje, el más extendido e inhumano, continuaban los salarios
de hambre, los castigos corporales y las tiendas de raya.
Pero los buenos propósitos y el reconocimiento de las injus
ticias no cambiaron la situación. Por su parte, la inmigración no
logró los índices esperados y, en 1893, el gobernador Leocadio
Preve apenas pudo informar que habían llegado a la entidad un
poco más de 800 colonos; a mediados de la década de 1890 co
menzó a correr la idea de que era preferible la autocolonización.
La discusión ocupó tiempo y espacio en los periódicos, como por
ejemplo el artículo de Luis Silíceo: “Cuán humano y patriótico se
ría primero colonizar a los millares de indígenas que viven sin pan
y sin hogar, en vez de contratar por decenas a individuos de otras
naciones que tan caro cuestan al tesoro”.
Se tenía conciencia del problema, pero no había verdadera vo
luntad de solución por parte de los hacendados. Las iniciativas
oficiales llamaron la atención sobre el poco avance agrícola con
seguido bajo esas condiciones. El propietario de todas maneras
veía crecer su fortuna, de modo que no le importaban las condi
ciones económicas y sociales de los peones. Una muestra más de
esta indiferencia se dio en 1899, cuando el gobernador Carlos
Gutiérrez requirió a varios personajes para formar una junta con
sultiva de agricultores que habría de evaluar las dificultades. Gutié
rrez deseaba mayor producción y no hizo a un lado el problema
real, es decir, la falta de los más elementales principios de justicia
entre dueños y sirvientes, con jornales equitativos y deberes y
obligaciones recíprocas; pero las condiciones tradicionales de ex
plotación y discriminación fundaban la riqueza de los hacenda
dos y no era posible eliminarlas con juntas o consejos en los que
sólo tomaban la palabra los beneficiados. Así, en 1902 se insistió
en la contratación de inmigrantes martinicos y japoneses.
LOS YAQUIS Y CONFLICTOS ADICIONALES
Ante la dificultad de estimular la producción del campo, el gober
nador José Castellot tuvo la ocurrencia de dirigirse al gobierno de
152 CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA
Díaz para pedirle los prisioneros que el ejército había hecho en
una batalla sonorense en contra de la tribu yaqui, para dedicarlos,
como desterrados, a las labores del campo. Así, llegaron en 1902
165 yaquis, entre hombres, mujeres y niños, que fueron distribui
dos entre los principales hacendados, comprometidos a poner en
marcha un proceso de aclimatación. Pero después del largo viaje
del norte al sureste, muchos pequeños llegaron sólo a morir. Dijo
también Castellot que había tratado de entusiasmar a los finque-
ros campechanos para que participaran en el ensayo de inmigra
ción japonesa que se había puesto en práctica en Yucatán y que,
a pesar de su insistencia, no se llevó a cabo por el temor de los
propietarios campechanos, quienes prefirieron aguardar los re
sultados de una prueba limitada en el estado vecino.
A principios de junio de 1904 ocurrió un choque sangriento en
tre trabajadores huastecos de la finca Chilib. Al concluir sus con
tratos no los quisieron liquidar y ellos, negándose a proseguir en
esas condiciones, salieron rumbo a la capital del estado. El ma
yordomo armó a otros sirvientes para ir a detenerlos y, al encon
trarse en el camino de Esperanza a Nachejá, se trabó una lucha,
con el resultado de varios heridos y el castigo de los trabajadores.
En la finca San Pablo del partido de Champotón hubo conflictos
entre huastecos y jamaiquinos, como también entre los sirvien
tes de la hacienda Haltunchén. El 7 de agosto de 1906 el gober
nador Aznar y Cano dijo las palabras que confesaban el fracaso
del proyecto:
Quedan en pie los dos grandes problemas de que depende el porve
nir de nuestra agricultura: la inmigración y la colonización agrícola.
Mientras la iniciativa particular no los tome a su cargo y aporte los ca
pitales que son necesarios, seguiremos lamentando la irregularidad
de las cosas sujetas a la contingencia de las lluvias y las dificultades
del trabajo agrícola sometido a la mala costumbre de la deuda.
CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA 153
Caminos de hierro
En 1851, Justo Sierra O’Reilly publicó en Campeche Impresiones
de un viaje a los Estados Unidos de América y al Canadá, en el
que describía el desarrollo y la construcción de ferrocarriles. Des
de esos momentos se grabó en la mente de algunos personajes
ese sistema de transporte, y así como la cuestión agrícola fue un
escenario de injusticia y la colonización una quimera, los ferroca
rriles se convirtieron en un sueño acariciado por décadas. Ésta es
su historia preliminar.
En septiembre de 1880 dio principio la gestión contractual en
tre el gobierno estatal y la Secretaría de Fomento para la construc
ción de una vía de ferrocarril entre las ciudades de Campeche y
Calkiní, con dos prolongaciones: una hacia Lerma y otra a un pun
to de la frontera con Yucatán. Las gestiones se aceleraron al cele
brarse un contrato para construir la línea Mérida-Calkiní. En marzo
de 1881 las primeras gestiones se había concretado y la noticia
causó en Campeche emoción y regocijo, realizándose numerosos
festejos. En Calkiní celebraron el acontecimiento con repique ge
neral y cohetes, pues ya se veía cercano el día en que el silbato
anunciara la llegada de una nueva época iluminada de actividad y
progreso. Seguidamente se presentaron proyectos por parte de
grupos empresariales para obtener la concesión. Uno de ellos fue
el de los señores Castellot, Gutiérrez y Compañía, Manuel Cam
pos Díaz y Andrés Ibarra; otro, el de los señores José Méndez Es
trada, José Ferrer Molina, Zaldívar y Castillo, así como Eduardo
Berrón, grupo que ofrecía más ventajas que su competidor, por lo
que los primeros retiraron su propuesta. El gobierno de Shiels im
puso ciertas obligaciones económicas que espantaron a los em
presarios y éstos retiraron la propuesta, por lo que el proyecto
quedó suspendido. En consecuencia, el 24 de marzo de 1881 el
Congreso autorizó al Ejecutivo a que contratara un empréstito no
superior a los 80 000 pesos para la vía férrea y su telégrafo de la
capital a Calkiní, con el ramal a Lerma.
154 CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA
Hacia el pueblo de Lerma
Victoriano Nieves, hombre de empresa y filántropo, recibió en el
Carmen al gobernador Shiels y pactaron un préstamo de 40000
pesos para iniciar el proyecto ferroviario. El capital fue puesto a
disposición del gobierno, que designó al ingeniero Fremont di
rector de las obras, para que por iniciativa oficial iniciara los tra
bajos.
En el desarrollo del proyecto no dejaron de citarse las dife
rencias de Joaquín Baranda con el gobierno local; se decía que
había hecho correr la versión de que a él se debía la cuestión del
ferrocarril, cuando la iniciativa fue de Marcelino Castilla. Además,
Baranda publicó en el periódico La Opinión Pública algunos ar
tículos atacando los proyectos. Con todo, poco a poco se fueron
haciendo los trabajos de terracería y se dejó en manos de los em
presarios Castellot, Gutiérrez y Compañía, Marcelino Castilla,
Eduardo Berrón y José Méndez Estrada, entre otros, el traspaso
del contrato. El 5 de mayo de 1882 se terminaron los cuatro kiló
metros del ramal a Lerma y hubo una ceremonia con los consa
bidos discursos. Casi al mismo tiempo se programó el primer riel
en Tenabo, donde empezó a construirse la línea hacia Calkiní.
Tiempo Largo
A fines de mayo arribó al puerto de Campeche el paquebote Ma
ría Luisa procedente de Jamaica, con 54 colonos contratados
para los trabajos ferroviarios; en junio llegaron otros 76 jamaiqui
nos. A fines de 1882 el único propietario de la compañía era José
Méndez Estrada, quien liquidó a los demás accionistas luego de
adquirir la concesión para construir la línea urbana de San Lázaro
a la Plaza de la Independencia. A fines de 1883 ya funcionaba la
vía Campeche-Lerma, y se había permitido el tráfico provisional
entre Tenabo y Pomuch, servicio por tracción animal en los dos
tramos. Sin embargo, y a pesar de todo el entusiasmo, en 1886 se
CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA 155
paralizaron los trabajos por falta de las subvenciones federales.
Por otra parte, hubo personas, como Salvador Dondé, que pro
yectaron vías urbanas, y el 12 de agosto de 1883 arrancó el tranvía
de la plaza principal de Campeche hacia el barrio de San Francis
co y la Ermita. También hubo concesiones que no se realizaron,
como el ferrocarril Salto del Burro^y Salto Grande, en el rumbo
de la Candelaria, o bien el tramo Campeche-Tixmucuy. Tampoco
progresaron los trabajos en la vía principal, y a mediados de
1889 José Méndez Estrada traspasó el contrato a los señores Sixto
García, Miguel Peón y Alfredo Domínguez Peón, empresarios
del ferrocarril Mérida-Calkiní, quienes para apresurar las obras
trajeron 100 braceros cubanos. A pesar de los esfuerzos econó
micos y humanos, el tiempo transcurría sin que se pudiera termi
nar la vía entre los dos estados, hasta que por fin el 3 de junio de
1898 Augusto L. Peón telegrafió al gobernador de Campeche, se
ñor Montalvo, para decirle que el día anterior habían quedado
enlazados los dos estados con la terminación del tramo de Ha-
lachó a Bécal, y con él la línea Campeche-Mérida. A fines de julio
llegó a Campeche Joaquín Baranda, secretario de Justicia, y el
día 28 se inauguró el servicio del ferrocarril con la presencia del
gobernador de Yucatán, general Francisco Cantón, y otros fun
cionarios.
Se calculó que se gastó en las obras millón y medio de pesos.
Los principales accionistas de la compañía fueron don Miguel
Peón, que residía en la ciudad de México, José Domínguez Peón,
Augusto L. Peón, Alfredo Domínguez y otros, todos ellos yucate
cos. Augusto L. Peón fue el director de la empresa desde 1892, su
perintendente Roberto Cárdenas, ingeniero Mariano Brito y con
tratista de muchas obras Rosendo Castillo.
El primer concesionario de la vía Campeche-Calkiní fue José
Méndez, quien construyó solamente 34 kilómetros. En los últimos
años de la construcción, como hemos visto, se adelantaron mu
cho los trabajos. En 1898 la compañía poseía siete locomotoras,
20 armones, 32 furgones y 16 carros de pasajeros. Recorría la vía
una extensa zona agrícola en ambos estados. La distancia del Fe
rrocarril Peninsular partiendo de Mérida era la siguiente:
156 CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA
Estado de Yucatán
km
Mérida 0
Umán 16
Chochóla 33
Cholul (hacienda y paradero de combustible) 37
San Bernardo (hacienda) 50
Maxcanú 58
San José (hacienda) 72
Halachó 77
Estado de Campeche
Bécal 84
Calkiní 92
Dzitbalché 98
Pocboc 108
Hecelchakán 116
Pomuch 121
Tenabo 133
Esperanza (paradero provisional) 149
Campeche (término de la vía) 172
Concluido el ferrocarril Campeche-Calkiní-Mérida, se procedió
al trazo de nuevas vías, como el proyecto del Ferrocarril Cam
pechano, que inició Fernando Carvajal Estrada en 1900. Al res
pecto se dijo que si bien la idea era transportar más rápidamente
los productos de sus haciendas, también mejoraría la situación
agrícola y, por ende, la economía de la región de los Chenes. La
intención original era construir la siguiente ruta: Campeche, Chi-
ná, Uayamón, Pocyaxum, Tixmucuy, Pich, Hopelchén, Bolon-
chenticul. En 1904 se concluyó el primer tramo de 10 kilómetros,
hasta Chiná, que se puso en servicio por tracción animal mientras
era posible utilizar maquinaria de vapor. En 1908 se terminó el
tramo hasta Uayamón, 29 kilómetros, obra principalmente reali
zada por Carvajal, empeñando sus propios recursos. En esos años,
aparte del transporte de pasajeros, llevó a la capital maderas pre
ciosas, henequén, maíz y frijol.
CAMPO SILENTE, MONTAÑA VIOLENTA 157
Para el año de 1910, el estado de Campeche contaba con 302.7
kilómetros de vías férreas, sin incluir la parte que correspondía al
ferrocarril de Campeche a Mérida de la compañía de los Ferroca
rriles Unidos de Yucatán, que era orgullo de los dos estados, pues
las líneas férreas habían sido construidas por campechanos y yu
catecos con capital peninsular al cabo de muchos años; fue moti
vo de grandes sacrificios y trabajos múltiples.
XIII. PORTADA REVOLUCIONARIA
Transición y huertismo
A PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XX estremeció la vida política:
1 se derrumbó Baranda, comenzó a sonar la voz disidente del
general Bernardo Reyes y empezó la carrera de oposición de Joa
quín Clausell, quien aparte de su trabajo pictórico, colaboró en
periódicos de oposición y se adhirió desde 1893 al principio de
no reelección, lo que le ocasionó persecuciones y constantes in
gresos a la cárcel de Belén. Se le abrieron de ocho a diez proce
sos y por órdenes de un juez fue perseguido. Siempre se carac
terizó por rebelde, y en Campeche se le recordaba por haberse
opuesto a que al nombre de la ciudad se le agregara “de Baran
da”; con este precursor revolucionario se inició el movimiento
que, si bien es cierto no estaba radicado en Campeche, no por
ello dejó de sentirse.
Rafael Zubarán Capmany es otro pionero. Trabajó con José
Peón de Valle, Manuel Calero, Benito Juárez Maza y Diódoro Ba
talla en la organización del Partido Democrático. Acompañando
a Luis Cabrera y Juan Sánchez Azcona, colaboró en las páginas de
El Partido Democrático, que aunque no alcanzó su propósito
de derrocar a Porfirio Díaz, sí contribuyó a despertar conciencias
que se manifestaron en el transcurso de la Revolución de 1910.
Poco después, Calixto R. Maldonado fue perseguido y encarcela
do en Yucatán por apoyar la causa maderista al lado de José Ma
ría Pino Suárez. En junio de 1909 Francisco I. Madero visitó Cam
peche y entusiasmó sobre todo a los jóvenes, pues los adultos
estaban indiferentes o comprometidos. Félix F. Palavicini escribió
que la ciudad amurallada era “un cementerio de espíritus”. A Ma
dero lo acompañaron en un mitin nocturno en el Circo Teatro Re
nacimiento Manuel Castilla Brito, Calixto R. Maldonado, Urbano
158
PORTADA REVOLUCIONARIA 159
Espinosa, José de Jesús Cervera y Joaquín Mucel, entre otros,
quienes formaban parte del Club de Simpatizantes de Madero. Esta
gira hizo que aumentaran los problemas del gobierno de Aznar y
Cano. A mayor abundamiento del retrógrado sistema de las jor
nadas agrícolas, se prosiguió haciendo efectivas las disposiciones
de la Ley de Reemplazos para el ejército, amenaza constante de
descontentos y humillados.
Digamos de paso que el Circo Teatro, construido en un terreno
contiguo a la plazuela de San Francisco por la sociedad de Ceno
bio Inclán y Rafael Alcalá Hernández, fue destruido por un incen
dio. En 1912 Alcalá lo volvió a levantar en mejores condiciones,
con una construcción sólida y elegante que reunía las comodi
dades y garantías de seguridad. Dijo un cronista que su orna
mentación interior era exquisita y sujeta a las exigencias del buen
gusto. Describió su aspecto exterior como imponente.
Las luces y bengalas del Centenario no lograron ocultar comple
tamente los sucesos políticos en 1910. En mayo se expidió el Plan
de Valladolid, impreso contra el gobierno de Yucatán, en el que
se denunciaban las condiciones sociales imperantes en el estado.
Los autores Maximiliano Bonilla, José Crisanto Chi, Juan Mota
Pool y José Candelario May se alzaron en armas, pero fueron so
metidos por las autoridades. A pesar de ello, lograron impresio
nar a la opinión pública de Campeche, ante lo cual la prensa ofi
cial de Aznar quiso desvirtuar el movimiento. El 7 de agosto el
gobernador mandó sofocar un motín que por motivos electorales
se produjo en Tenabo. Alarmado por los presagios de la revolu
ción, Aznar pidió licencia el 9 de agosto de 1910 y se retiró de las
responsabilidades del gobierno. Lo sucedieron cuatro mandata
rios interinos: José García Gual, recomendado de Joaquín Casa-
sús y que fue sustituido el 25 de mayo de 1911 por el licenciado
Gustavo Suzarte, de filiación revolucionaria, embajador en Cuba
y que contrajo matrimonio en Campeche con Elisa Méndez Lanz.
Entregó el gobierno, también con carácter de interino, el 16 de
junio al doctor Román Sabás Flores, para que el inmediato día 27
fuera sustituido por el licenciado Urbano Espinosa, del grupo ma
derista, quien dejaría el puesto a Manuel Castilla Brito el 16 de
160 PORTADA REVOLUCIONARIA
septiembre, no sin antes haber sido reconocida su función elogio
samente por el propio señor Madero.
El 2 de julio de 1911 fue electo para el cuatrienio siguiente Ma
nuel Castilla Brito, hijo de Marcelino, pero con las ramas del nue
vo árbol revolucionario, como lo anunció el Periódico Oficial al
decir que la regeneración política derivada de la Revolución pro
ducía sus puntos saludables bajo la sombra del sufragio efectivo.
Quedó derrotado Carlos Gutiérrez MacGregor, representante de
los intereses tradicionales. También participaron Manuel García
Gual y Eulogio Perera Escobar.
El 15 de septiembre de 1911, por las vías de Ferrocarriles Uni
dos de Yucatán, llegaron a la estación de Campeche Francisco I.
Madero y José María Pino Suárez, candidatos a la presidencia y a
la vicepresidencia de la República, para testimoniar la toma de po
sesión del gobernador Manuel Castilla Brito. En carros especiales
del nuevo tranvía urbano, fueron a Lerma para asistir a un banque
te. Al día siguiente, día 16, se trasladaron en el Ferrocarril Campe
chano a la finca de campo Uayamón, propiedad de Fernando
Carvajal Estrada, donde asistieron a un almuerzo. En la noche con
currieron a la ceremonia y, desde uno de los balcones del Palacio
de Gobierno, Madero pronunció un discurso en el que menciona
ba que dos años atrás había visitado Campeche con el ánimo de
sembrar la semilla de la democracia. Recordó una dictadura ene
miga del pueblo y favorecedora de los intereses extranjeros, situa
ción que cambiaría para que los ciudadanos encontraran en sus
gobiernos el respeto a los derechos políticos y a los derechos del
hombre. Se refirió a la necesidad de que volviera al estado la gran
deza que había tenido en tiempos pasados y de la cual eran testi
monio los hermosos edificios que contempló. No se le escaparon
las circunstancias deprimentes de la economía: “rica y próspera
en otras épocas y ahora pobre, debido a la tiranía, debido a ese
pulpo de la dictadura que chupaba las riquezas naturales”.
No hubo batallas, tampoco enfrentamientos. El maderismo fue
aceptado como una transición ineludible. El gobernador Castilla
reconoció públicamente la inclinación por la renovación y cuan
do hubo amenazas de violencia se interpusieron los postulados
PORTADA REVOLUCIONARIA 161
pacíficos de una sociedad aliada “de la legalidad y de la integri
dad de la patria, contra la ambición política y el crimen vulgar”.
Se hizo necesario prestar atención a las frágiles e injustas rela
ciones del hacendado con el peón; pero el gobernador Castilla no
se atrevió a actuar y prolongó la situación. Sólo alcanzó a decir, el
7 de agosto de 1912, que era urgente resolver la cuestión de los
peones, que o se satisfacían las aspiraciones de los terratenientes
con desprecio constitucional —de la libertad individual—, o se
cumplía la ley fundamental aun en perjuicio material y pasajero,
de los hacendados. Señaló que todos sabían que se había creado
una situación difícil y anormal entre terratenientes y jornaleros,
que en ese momento se encontraban frente a frente en abierta y
latente hostilidad recíproca. Insistió en que por legítimos que fue
ran los intereses del gremio de los hacendados, se estaba en la dis
yuntiva de apoyarlos ciegamente, incluso a riesgo de reducir a la
desesperación al proletariado de los campos, o bien atender las
justas pretensiones del labriego y respetar su libertad individual
conciliada con los intereses de aquéllos. Castilla Brito se pronun
ció por lo imposible en esos momentos, es decir por que coexis
tieran basados en la equidad, en la justicia y en el recíproco interés.
En febrero de 1913 la sociedad campechana se estremeció al
enterarse de que, iniciada la Decena Trágica, había llegado a la
capital de la República, procedente de Oaxaca, el general briga
dier Manuel Rivera con un batallón auxiliar y un escuadrón de ca
ballería, tropas supuestamente leales a Madero. Rivera llegó de
masiado tarde; fue conducido preso a la Comandancia Militar y
ahí supo de la muerte de Madero y Pino Suárez. Poco después
llegó a Campeche una llamada “Comisión de Paz” procedente de
ciudad de El Carmen, que había sido encomendada por el presi
dente usurpador Victoriano Huerta a Emeterio de la Garza Jr.
En el Senado, el representante de Campeche Manuel Gutiérrez
Zamora tuvo la suficiente hombría para no temer la ira del traidor,
y el 24 de febrero presentó la propuesta de que se suspendiera la
sesión y se enlutara la Cámara durante tres días por la muerte de
los señores Madero y Pino Suárez. La propuesta se aprobó sin dis
cusión. También subió a la tribuna para impugnar un documento
162 PORTADA REVOLUCIONARIA
enviado a la Cámara por Victoriano Huerta: el despacho de gene
ral de división en favor del de brigada Manuel Mondragón, quien
se desempeñaba en ese momento como Secretario de Guerra y
Marina. El nombramiento reconocía que el general fue el inicia
dor y organizador principal del movimiento que derrocó al go
bierno maderista, pues era jefe de la fortaleza de la Ciudadela, así
como de las tropas que tomaron parte en su defensa durante los
10 días que duró el bombardeo y los combates contra fuerzas del
gobierno. Gutiérrez Zamora advirtió que esas consideraciones es
taban lejos de la serenidad que exigía la situación política de la
nación, y protestó en contra de los términos en que estaba conce
bido. Explicó que había que proceder a su discusión, ya que los
dictámenes no debían rechazarse únicamente cuando fueran ile
gales sino también cuando fueran inmorales, y sin detenerse en la
personalidad del ascendido, dijo: “El gobierno del señor Madero
¿era un gobierno legal? Sí lo era. El que toma las armas para de
rrocar un gobierno ¿comete un delito? Sí lo comete. Y si esa ac
ción es meritoria para ascender, el Senado sancionará un delito”.
Defendió el acuerdo de la comisión José Castellot, a quien vol
vió a responder el senador campechano, pero la asamblea apro
bó la resolución por 28 votos contra 13, entre estos últimos los de
Belisario Domínguez, Ignacio Magaloni y Jesús Flores Magón.
Cuando llegó a los 38 años, Francisco S. Carbajal y Gual ya ha
bía sido secretario general de Gobierno en Campeche y en Tabas-
co, senador y ministro de la Suprema Corte de Justicia. En 1911
participó en los tratados de Ciudad Juárez. No empuñó las armas
de la revolución, pero supo desempeñarse con firmeza cuando
fue electo presidente del Alto Tribunal y el 19 de febrero de 1913
convocó a un pleno extraordinario de ministros, para informarles
que había recibido de Victoriano Huerta la comunicación de que
había asumido el Poder Ejecutivo. En la discusión sostuvo que la
Suprema Corte no podía aceptar el carácter con que Huerta diri
gía la nota y que no debía dársele respuesta. No se admitió la
postura de Carbajal y la mayoría decidió aceptar la comunicación,
con lo que sellaron un destino que se cumplió cuando la revolu
ción triunfó y los expulsó del Poder Judicial. A Carbajal le corres-
PORTADA REVOLUCIONARIA 163
pondió entregar el gobierno a la Revolución y marchar hacia el
destierro.
El gobernador Castilla Brito no decidía su filiación por el Plan
de Guadalupe, firmado por Venustiano Carranza, gobernador de
Coahuila, el 26 de marzo. Llegaron a Campeche los legisladores
Salvador Martínez Alomía y Juan Zubarán, y le aconsejaron que
tomara una decisión rápida, cosa que al fin hizo el 10 de junio de
1913: se levantó en armas en contra de Victoriano Huerta y en fa
vor del Plan de Guadalupe. Contó con el apoyo del batallón Aqui-
les Serdán; buscando una entrevista con Venustiano Carranza, se
fue a Belice y de ahí a Nueva Orleáns, acompañado de Agustín
Urdapilleta, quien había sido secretario general de Gobierno du
rante su gestión. Al llegar a los Estados Unidos fue encarcelado y
después dejado en libertad, de modo que pudo encontrarse con
Carranza, aunque no llegaron a ningún acuerdo. Entonces buscó
a Francisco Villa, pero finalmente se unió a Maytorena en Sonora.
Como éstos rompieron con Carranza, Castilla se fue a los Estados
Unidos de 1916 a 1922. Quiso en vano regresar a México al ampa
ro de la revuelta delahuertista, pero al final se fue a radicar a Cali,
Colombia, donde ejerció su profesión de abogado hasta su muer
te en 1942.
Al mando de los rebeldes estaban los coroneles Pedro Alfaro y
José María Blengio, acompañados por dos jóvenes que tiempo
después alcanzaron renombre: Felipe [Link] y Fernando
Angli Lara.
A Castilla lo sustituyó en el Ejecutivo Felipe Bueno, quien era
presidente del Tribunal Superior de Justicia y cuyo puesto ocupó
Manuel Rojas Morano. El 4 de julio el general huertista Manuel
Rivera desembarcó del cañonero Sinaloa y, previa unción de la
ciudadanía campechana, fue declarado gobernador interino. Cuan
do Castilla se fue rumbo a Belice, levantó de camino alguna peo
nada que realizó actos de guerrilla, hasta que en noviembre de
1913, después de actuar en la región de Champotón y Bolonchén,
se rindieron las fuerzas rebeldes que comandaban José Babio Du-
foó y Pedro Alfaro Cáceres.
José María Blengio, maderista desde la revolución de 1910, fue
164 PORTADA REVOLUCIONARIA
de los que siguió a Castilla Brito en junio de 1913, junto con sus
dos hijos de 22 y 19 años, hasta la frontera, y regresó con otros
compañeros a la guerrilla. Cerca del pueblo de Iturbide fue apre
hendido y, después de un consejo sumarísimo, fusilado con sus
dos hijos. Fernando Minet fue a los límites con Guatemala y de ahí
se internó en la región de Champotón. Después de un combate
por el rumbo de la finca de San Dimas, cegado por los disparos
de una ametralladora, fue detenido y fusilado sin formación de
causa en Champotón.
Los más significativos encuentros ocurrieron en la ranchería El
Pital, situada en las márgenes del Río Mamantel. Los rebeldes de
rrotaron a los federales el 6 de agosto de 1913- Se enfrentaron
otra vez el 21 de agosto en Sac-Akal, en el municipio de Champo
tón, donde perecieron más de 300 hombres de las dos partes.
Pero el encuentro definitivo fue en Chunchintok, donde los rebel
des fueron derrotados y, replegándose a Xcanhá el 30 de octubre,
iniciaron los trámites de rendición.
Rivera se hizo elegir, en las condiciones irregulares de enton
ces, gobernador constitucional en febrero de 1914, para concluir
en septiembre de 1915. En agosto de 1914 el propio Periódico
Oficial publicó en su editorial que el pueblo campechano no de
seaba su retiro y que, si era una obligación, podría tener la seguri
dad de que se llevaba el reconocimiento de todos. El 4 de sep
tiembre, días antes de la llegada de los carrancistas, solicitó
licencia y dejó el gobierno en manos del licenciado Eduardo Hur
tado Aubry.
El gobierno preconstitucional
Joaquín Mucel Acereto, joven revolucionario, había trabajado en
favor de Madero en la ciudad de México junto con otros estudian
tes de ingeniería. Colaboró inicialmente con los hermanos Váz
quez Gómez y el ingeniero Robles Domínguez. Al triunfo de Ma
dero, él, junto con otros estudiantes, empezó a recibir instrucción
militar y fue considerado teniente asimilado en caso de emergen
cia. Instalado Huerta en el gobierno, Mucel participó en conspira-
PORTADA REVOLUCIONARIA 165
ciones, al lado del grupo que encabezó el diputado oaxaqueño
Edmundo Pastelín. Realizó propaganda subversiva e hizo acopio
de armas y parque ayudado por los hermanos López Guerra, con
tando con la simpatía de algunos oficiales del Ejército Federal,
como Negroe, Miranda, Abreu, Antúnez y otros. Denunciada la
conspiración, la policía los persiguió para recogerles las armas y el
parque escondido en una casa de las calles de Allende y Perú y
en otra de la Santa Veracruz. Fueron aprehendidos y sacrificados
algunos miembros, entre ellos el mismo diputado Pastelín. Mucel
logró abandonar la capital y, perseguido por los sicarios de Huer
ta, huyó a Córdoba, pasó por Coatzacoalcos y por Tapachula fue
a Puerto Barrios, en Guatemala, embarcándose hacia Nueva Or-
leáns. Fue a San Antonio de camino a Piedras Negras, donde se
presentó directamente con el Primer Jefe del Ejército Constitu-
cionalista, quien después de conocer sus actividades lo graduó
como capitán segundo. Más tarde se incorporó a las fuerzas re
volucionarias de Lucio Blanco en Tamaulipas. Elaboró los títulos
que fueron entregados a los campesinos en el memorable reparto
de tierras en Los Borregos.
Estuvo presente en las operaciones sobre las poblaciones de
Reynosa, Méndez, San Fernando, Jiménez, Padilla y Güemes, ata
cando a las tropas del general Luis Caballero en Ciudad Victoria.
Participó en el combate de Garza Valdés, donde puso en fuga a
las fuerzas federales del general Rubio Navarrete. Participó en
otras ocasiones hasta que entró con Carranza en la capital de la
República el 15 de agosto de 1914. Designado coronel, gober
nador preconstitucional y comandante militar de Campeche, viajó
acompañado del mayor Eleuterio Ávila, quien iba con la misma
misión a Yucatán, ambos escoltados por las tropas del general
Alberto Carrera Torres. Se embarcó en Coatzacoalcos en el vapor
Tebuantepec rumbo a Progreso, pasó por Mérida y en la noche
del 9 de septiembre asumió el gobierno de Campeche a la edad
de 27 años. Se negó a recibir el puesto de manos de Eduardo
Hurtado, ya que las disposiciones revolucionarias desconocieron
a los servidores del huertismo. Asumió el cargo en un acto pura
mente castrence, atestiguándolo los tenientes coroneles Eutiquio
166 PORTADA REVOLUCIONARIA
C. Torres y Pedro Rosales; el general Carrera Torres lo declaró go
bernador preconstitucional. Mucel organizó una fuerza militar lo
cal, desconoció las disposiciones del anterior mandatario, disol
vió el Congreso y, cumpliendo con los propósitos revolucionarios,
expidió el Decreto número 6 del 22 de septiembre de 1914, que
declaró nulas las deudas de los peones y canceladas las opro
biosas cartas de cuentas. Hizo valer la Constitución y otorgó a los
sirvientes de campo la más amplia libertad para cambiar su resi
dencia, con lo que se terminó la disimulada esclavitud. Baltasar
Dromundo escribió:
Cada generación tiene su rumbo y cada rumbo exige su propia ge
neración. En el dintel del siglo xx se formó la vorágine de un nuevo
anhelo de justicia social. Era el sueño de los trabajadores espoliados
y de los peones acasillados de las haciendas; era el nuevo evangelio
de los hombres y el catecismo de los tristes.
El gobernador Mucel regularizó la administración de justicia,
reorganizó la educación y aplacó la rebelión del Cuartel de Arti
llería. Leal a Carranza, negó la participación del estado en la Con
vención de Aguascalientes.
Entre los hechos más sobresalientes de carácter revolucionario
se cuenta la rebelión del coronel Abel Ortiz Argumedo, que se
inició cuando desconoció al gobernador designado por los cons-
titucionalistas, general Toribio V. de los Santos, y terminó por asu
mir un carácter separatista. El Camino Real fue el escenario, ya
que las tropas leales se replegaron a Bécal y después a Hecelcha-
kán, donde se reforzaron con elementos de la brigada Mucel y
desde ahí impidieron el avance del enemigo. Al llegar el general
Salvador Alvarado, designado jefe militar de la región del Sureste,
Mucel inspeccionó sus fuerzas en Hecelchakán e informó a Alva
rado de la situación. Dispuso que se pusieran a sus órdenes fuer
zas, armas y municiones que se habían adquirido en los Estados
Unidos con fondos estatales, por conducto de Rafael Zubarán.
Organizó el servicio médico de la brigada Mucel, utilizando como
enfermeras a las profesoras de la entidad y a otras señoras de la
PORTADA REVOLUCIONARIA 167
sociedad campechana. Estos servicios fueron dirigidos por el ma
yor Arturo Baledón Gil.
El 10 de mayo de 1915 el general Alvarado ya se encontraba en
la línea de combate y expidió una circular a los propietarios de
fincas para que se abstuviesen de dar abrigo a los disidentes, ya
que serían pasados por las armas y decomisados sus bienes. Des
pués hubo combates el 14 y 15 de marzo, y el propio general Al-
varado escribió que participaron la brigada Mucel, los batallones
jefaturados por el coronel Ricardo López, coronel Manuel F. Ló
pez, mayores Ramón Millán y Martín Helenes para cortar la retira
da del enemigo en Dzitbalché. El 14, “al romper el día”, se puso
en marcha la columna del general Toribio V. de los Santos, con
fuerzas del general Ramón Sosa Torres, para atacar Xueleb y la
retaguardia de Pocboc como ala izquierda. El ala derecha, que
atacó la hacienda de San Juan, estuvo al mando del general Heri-
berto Jara. La brigada del centro, al mando del propio general Al-
varado. El batallón Tabasco quedó a las órdenes del general Er
nesto Aguirre Colorado; el Serapio Rendón a las del mayor Félix
Meza, y la artillería al mando del mayor Enrique Negroe. La caba
llería del teniente coronel Kelly formó la reserva. El enemigo ocu
paba Pocboc, las haciendas Blanca Flor, Xuelin y San Juan. El
fuego se rompió a las siete de la mañana. El primero en entrar en
acción fue el general Jara, y 10 minutos después el centro y el ala
izquierda. A las nueve horas, el general Alvarado recibió el parte
de que el mayor Velasco había dado muerte, en duelo personal a
pistola, al traidor Abraham Rodríguez, quien se negó a unirse a
los constitucionalistas. Después de un ligero tiroteo, se presentó
el teniente Robles con las fuerzas de Garcilazo, para ayudar a ren
dir al resto de la fuerza. Los españoles y ex federales que figura
ban como jefes fueron pasados por las armas en el acto. A esa
misma hora el general De los Santos asaltó las posiciones de Xue
lin, derrotó al enemigo y le tomó cerca de un centenar de pri
sioneros. A continuación ocupó Pocboc y causó a los contrarios
considerables bajas. La lucha duró hasta las cinco de la tarde,
cuando las tropas tocaron la diana en las posiciones del enemigo,
que tuvo 450 muertos y 622 prisioneros. Los restos de la columna
168 PORTADA REVOLUCIONARIA
argumendista, que inicialmente se había calculado en 3 000 hom
bres, huyeron y se dispersaron por Calkiní y otros rumbos.
Poco después sobrevino el combate de Halachó, donde el ge
neral Alvarado se enfrentó con 500 sublevados que estuvieron al
mando del coronel de ingenieros Jacinto Brito. En el enfrenta
miento los constitucionalistas coparon un tren en la estación San
José y aprehendieron a los doctores Efraín Gutiérrez y Arturo Ero-
sa Casares y a unos jóvenes apellidados Ponce y Alcocer. Estos
dos últimos y el capitán Solaborde fueron fusilados. Se llegó hasta
el centro de Halachó combatiendo y, alrededor de las cinco de la
tarde, se capturó a la brigada Comercio integrada por adolescen
tes yucatecos. El general Toribio V. de los Santos ordenó al te
niente coronel Millán que fusilara a los estudiantes, entre ellos a
Julio Molina Font y Aurelio y Adolfo Gamboa. Otros se salvaron
por la llegada del general Alvarado, quien ordenó al general Jara
que suspendiera las ejecuciones (le señaló un roble del que pen
dían algunos muchachos y le dijo que semejaba “un arbolito de
Navidad”). El 19 de marzo Salvador Alvarado ocupó Mérida y se
hizo cargo del gobierno.
En estas circunstancias, la responsabilidad del joven gobernan
te Joaquín Mucel, ascendido a general de brigada por su partici
pación en la campaña, fue poner orden en los ramos de la admi
nistración pública, además de establecer el municipio libre y la
Comisión Local Agraria, con la que inició el repartimiento y el es
tudio de restitución de terrenos, como aquella de mediados de
1916 cuando los vecinos de Champotón pidieron el reconoci
miento de las tierras que se les había concedido por merced real
del 9 de marzo de 1564. Los acontecimientos tuvieron un desarro
llo más o menos acorde con los propósitos de la Revolución, por
lo que al convocarse al Constituyente de 1916-1917 se eligió como
diputados propietarios a Juan Zubarán y Herminio Pérez Abreu
—políticos conocidos nacionalmente—, y en las suplencias a Fer
nando Galeano y Enrique Arias Solís. Ningún representante cam
pechano firmó la Carta Magna en Querétaro, pues desempeñaban
comisiones del Primer Jefe o los suplentes mostraron poco interés
en asistir a un lugar entonces tan distante del estado, donde esta-
PORTADA REVOLUCIONARIA 169
rían tan lejos de la familia que debían sostener. Aquella omisión,
vista en nuestros días actuales solamente con carácter cívico, ja
más se ha tratado de reparar, si bien la Constitución local de 1917
estuvo enraizada en los principios del Código Fundamental.
La Constitución local de 1917 fue la segunda del estado y con
templó ocho municipios que se organizaron de la siguiente ma
nera: Hecelchakán se dividió para que apareciera Calkiní; lo mis
mo sucedió con Campeche, para dar lugar a Tenabo. Bolonchén
sufrió modificaciones, ya que como cabecera municipal se desig
nó a Hopelchén, con lo cual cambió de nominación; asimismo
adquirió una considerable porción de terreno de Seybaplaya, con
lo que contó con una área importante de la frontera con Guate
mala. Seybaplaya dejó de ser cabecera para que esa denomina
ción correspondiera a Champotón. Carmen cedió terreno para
que Palizada tuviera calidad de municipio.
Por ser lagunero...
El 16 de febrero de 1917 se promulgó la convocatoria para las
elecciones de los poderes federales. Efectuadas en el mes de mar
zo, los resultados en el estado se inclinaron por Venustiano Ca
rranza como presidente; senadores propietarios Francisco G. To
rres y Manuel Ferrer Montero, y suplentes Enrique Arias Solís y
Herminio Pérez Abreu; diputados propietarios Juan Zubarán y Ju
lio Zapata, y suplentes Francisco Perera Escobar y Francisco M.
Paoli. Asimismo, en las elecciones para gobernador constitucio
nal triunfó Joaquín Mucel para el periodo de 1917 a 1919- El Par
tido Liberal Independiente pidió la nulidad aduciendo que había
nacido en Tampico; se salvó el obstáculo con el argumento de
que, si bien era cierto, Mucel era hijo de padres campechanos y
había pasado su niñez en Ciudad del Carmen. Fue el principio de
una escaramuza de partidos y de intereses económicos que no
tardó en trasladarse a la ciudad de México. El 14 de agosto la Co
misión Instructora del Gran Jurado dio lectura a la acusación por
violaciones constitucionales que contra Mucel hicieron León F.
170 PORTADA REVOLUCIONARIA
Gual, José Carrillo, Perfecto Ongay, Joaquín Pachén y otros, por
que había presionado con la fuerza pública para elegirse gober
nador de Campeche siendo nativo de otro estado.
León F. Gual, que había sido contrincante de Mucel, fue el arie
te local; en la Cámara de Diputados ya se dejaban sentir las acti
vidades de los amigos del general Alvaro Obregón —como Juan
Zubarán y Jesús Urueta— en contra del presidente Carranza y co
laboradores. El dictamen puesto a discusión hizo que el Congreso
local escribiera en protesta al federal diciendo que no se podía
poner en tela de juicio la declaración de validez de la elección y
que aquella Cámara pretendiera convertirse en revisor de los ac
tos de la Legislatura estatal, pues ese procedimiento atacaba a la
soberanía del estado. El 3 de noviembre de 1917 se presentó el
dictamen reformado, señalando que Mucel debía ser acusado
ante el Senado por haber aceptado la declaración de la Legislatu
ra Local que lo designó gobernador del estado no siendo nativo
ni vecino durante los cinco años anteriores, por haber preparado
su elección y aceptado el cargo. Se leyeron documentos en favor
y en contra hasta que el diputado Julio Zapata redujo la cuestión
a rivalidades entre ciudad de El Carmen y Campeche. Dijo que era
una persona estimada en Laguna y que las diferencias eran por
que todos los gobernantes siempre habían salido de Campeche:
[...] no se me diga que nació en Tampico o Chalchiconlula; me im
porta muy poco; nosotros reconocemos a su familia como lagunera;
fue reconocido como estudiante lagunero, después fue reconocido
como revolucionario lagunero y ahora es reconocido como gober
nador procedente de Laguna, y esto escuece mucho a la ciudad de
Campeche [...]
El dictamen se aprobó y pasó al Senado de la República, donde
jamás fue puesto a discusión. Así terminó el caso Mucel, mas no
las diferencias políticas, que en el Senado ocasionaron otra esca
ramuza el 26 de noviembre de 1917, cuando se presentó la elec
ción de senador de Francisco Field Jurado, propietario, y Sal
vador Martínez Alomía, suplente. Field Jurado era colaborador
PORTADA REVOLUCIONARIA 171
cercano de Mucel, mientras que Martínez Alomía simpatizaba con
el grupo del general Obregón. El debate giró en torno a la acusa
ción de que Field había sido huertista, por haber ocupado el car
go de secretario de juzgados, y que entonces debía reconocerse
como propietario a Martínez Alomía. Después de discusiones
agresivas la elección se declaró nula.
Mucel realizó una política fundamentalmente agraria. Solamen
te entre 1916yl918 entrego 18814 hectáreas de tierra, con lo que
el estado ocupó el cuarto lugar de la República en este sentido.
Terminó su gestión el 15 de septiembre de 1919- El Plan de Agua
Prieta expulsó al general Mucel de la dirección del Colegio Mili
tar, del que se retiró con las memorias de su filiación carrancista
en 1920.
De alguna manera, Mucel quiso solidificar un grupo político,
para lo que alentó la participación política de Francisco Field Ju
rado, Julio Zapata, Enrique Arias Solís y Arturo Baledón Gil, entre
otros, que no sobrevivieron a los caudillos de Sonora. El 16 de
septiembre de 1919 se inició el gobierno de Arias Solís, que debía
concluir la misma fecha de 1923. Lapso aparentemente tan corto,
desde el principio estuvo lleno de acontecimientos; no estuvo ni
siquiera un año Arias en el poder, ya que debido al pronuncia
miento de Agua Prieta el 15 de mayo de 1920 asumió el gobierno
con carácter de provisional Eduardo Arceo Zumárraga, a quien
semanas más tarde reemplazó Gonzalo Sales Guerrero; sin em
bargo, la rápida movilidad de los grupos consiguió que el 3 de
enero de 1921 la diputación permanente de la entidad de nuevo
designara gobernador provisional a Eduardo Arceo, pero como
políticos sumados a diferentes intereses estorbaban la tranqui
lidad, el 16 de febrero la Cámara declaró gobernador constitu
cional a Enrique Gómez Briceño, quien protestó el día 18. Renun
ció el 11 de agosto y se designó provisional a Guillermo Ferrer
Vega, quien convocó a elecciones, las que se efectuaron en no
viembre. El 23 se declaró electo a Ramón Félix Flores para termi
nar el periodo que originalmente correspondía a Enrique Arias
Solís.
XIV. UN “FACTOTUM” Y EL SOCIALISMO
Un ángel de poder
a CORRIENTE POLÍTICA QUE SIMPATIZABA con el general Ál-
L i varo Obregón atacaba en el Congreso de la Unión a los le
gisladores cercanos al presidente Carranza, o bien a otros perso
najes políticos, como sucedió con el gobernador Mucel, también
leal a éste. Si en esa ocasión no pudieron enjuiciarlo, más adelan
te consiguieron expulsar al gobernador Arias Solís, amigo de Mu
cel, cuando el 23 de abril de 1920 triunfó el Plan de Agua Prieta.
Los obregonistas se habían movilizado en Campeche desde el mes
de marzo, bajo el liderazgo de Ramón Félix Flores y con la partici
pación de José del C. Hernández, Fernando Angli Lara y Ulises
Sansores. El 18 de mayo apareció publicado en el Periódico Ofi
cial un decreto firmado en el cuartel de la Comandancia Militar
por el cual Manuel Madrigal, titular de la misma, justificándose
como investido de facultades accidentales en virtud del Plan de
Agua Prieta, declaró gobernador civil con carácter de provisional
al doctor Eduardo Arceo Zumárraga.
Los conflictos derivados del asesinato del presidente Carranza
no se resolvieron seguidamente, como era obvio, de manera que
la política del estado se llevó al plano federal, en el que influyen
tes campechanos, como el secretario de Industria, Rafael Zuba-
rán, y los senadores Francisco Field Jurado y Joaquín Lanz Galera,
consiguieron que la asamblea declarase desaparecidos los pode
res de la localidad y designara gobernador provisional a Gonzalo
Sales Guerrero el 9 de julio de 1920. Al mismo tiempo, iniciaron
trabajos de politización socialista y agrupamiento partidario Ra
món Félix Flores y Ángel Castillo Lanz, entre otros, y la situación
en el estado se alteró otra vez. En enero de 1921, con la interven
ción del ejército federal y la anuencia del general Plutarco Elias
172
UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO 173
Calles, secretario de Gobernación, se destituyó a Sales Guerrero y
se nombró gobernador provisional al doctor Eduardo Arceo Zumá-
rraga, con la principal responsabilidad de convocar a elecciones,
que, llevadas a cabo el 31 de enero de 1921, dieron como triunfa
dor a Enrique Gómez Briceño, cuya declaratoria como goberna
dor constitucional se publicó el 19 de febrero, para el periodo
que debía terminar el 15 de septiembre de 1923. Pero éste se me
tió en problemas por un crédito manejado con la estrategia equi
vocada, y los acontecimientos sociales y políticos lo obligaron a
renunciar el 11 de agosto de 1921. La Legislatura declaró provisio
nal a Guillermo Ferrer Vega, quien convocó a nuevas elecciones.
En los comicios del 6 de noviembre resultó favorecido el carismá-
tico y buen orador Ramón Félix Flores, quien, declarado gober
nador constitucional, asumió el cargo el 23 de noviembre. Se dijo
de parte de las “clases laborantes” y ofreció democracia, reparto
agrario, educación racional, laica, obligatoria y gratuita; expropia
ción por causa de utilidad pública, autonomía e independencia
con respecto al centro; creación de escuelas granjas, respeto y
apoyo a las organizaciones de trabajadores y el rescate de las tra
diciones, cultura y lengua mayas.
En ese tiempo surgió de nueva cuenta el problema de los lími
tes. En septiembre de 1922 el ingeniero Manuel Medina, de la Se
cretaría de Agricultura, repitió que el sitio denominado Put fue
probablemente en su origen una vivienda de cierta importancia
que hizo posible establecer la intersección entre los estados de
Yucatán, Campeche y el territorio de Quintana Roo; pero que lue
go de una minuciosa investigación, así como del estudio en docu
mentos de archivo, descubrió que el punto nunca había sido mar
cado físicamente. Ahí recomenzó el problema.
La situación política de Campeche a partir de 1920 obligó a de
finir posturas y a determinar quién sería el líder después de Flo
res. Por ello, en 1923, al renovarse el ejecutivo local, los emparen
tados partidos socialistas de Yucatán y Campeche establecieron
una estrategia coordinada. Refiere Javier Romero que surcaron las
aguas temperamentales de Felipe Carrillo Puerto para salvar el
nombre de la nave adecuada, y el personaje señalado fue Fernán-
174 UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO
do Angli, lo cual no admitieron los socialistas campechanos. Para
no provocar una escisión, optaron por hacerle saber con discreción
al presidente Obregón de la selección de Carrillo Puerto. Como
no le pareció al caudillo sonorense, respondió por telégrafo: “En
México hay gobernadores de Estado. No existen gobernadores de
estados”; es decir, opina Romero, que Carrillo Puerto impusiera
en Yucatán pero no en Campeche, donde el que decidió fue Ra
món Félix Flores. Después de lograr el consenso, eligieron como
candidato a Castillo Lanz. La Constitución local exigía una edad
mínima de 25 años cumplidos el día de la elección, pero el desig
nado tenía 24, como él mismo reconoció. Días más tarde se can
celó el requisito, y como la Carta Federal únicamente establecía
como requisitos la ciudadanía mexicana por nacimiento y ser na
tivo de la entidad, el camino quedó limpio de cualquier obstácu
lo, pues había nacido en Champotón. Así, Castillo Lanz llegó al
poder, cuyas riendas sostuvo un poco más de tres lustros.
Electo para el periodo del 16 de septiembre de 1923 al 15 de sep
tiembre de 1927, apenas comenzaba su encargo cuando el 12 de
diciembre, días después del estallido de la rebelión de Adolfo de la
Huerta en Veracruz, el coronel José María Vallejo, jefe de la guar
nición, adhiriéndose al movimiento, encabezó la sublevación del
batallón. Al amparo del desorden fueron asaltados varios comer
cios, se introdujeron en las oficinas con violencia y mientras to
maban en su poder el Palacio de Gobierno, el líder del partido,
Ramón Félix Flores, y el gobernador Castillo Lanz tuvieron que
huir, el primero disfrazado de carbonero y el segundo de mestiza.
El coronel Vallejo se ostentó como gobernador y comandante
militar del estado, de tal suerte que le correspondió celebrar el
centenario del natalicio de Pablo García, el 24 de enero de 1924.
Poco después, los rebeldes recibieron como gobernador de Cam
peche al abogado tabasqueño Rodolfo Brito Foucher, quien en
abril siguió la ruta de la huida rumbo a Guatemala, ya que el mo
vimiento fracasó y se desataron días y noches de “cuchillos lar
gos”, cuando numerosos militares que se involucraron en la re
vuelta fueron ejecutados. Castillo Lanz retomó sus oficinas el 19
de abril y dio comienzo a una serie de actividades en materia de
UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO 175
obras, así como de fomento agrícola. Promovió el establecimien
to de una sucursal del Banco Nacional de Crédito en esa materia,
introdujo maquinaria para fortalecer los trabajos, estimuló el culti
vo de la caña de azúcar, prosiguió el reparto agrario y, en 1924,
suscribió la escritura constitutiva de la sociedad cooperativa He-
nequeneros de Campeche. En la ciudad de México, el senador
Francisco Field Jurado, viril paliceño, se opuso a los Tratados de
Bucareli y fue asesinado por no ceder en el empeño de abanderar
la soberanía.
Con todo, la pobreza de la entidad seguía siendo notoria. Ya en
1910 se había hecho público el fracaso de los proyectos económi
cos, a lo que es preciso añadir una década de revolución y, para
ese momento, ideas socialistas y fortalecimiento de grupos políti
cos con ansias de poder. Todo esto provocó el éxodo de familias
hacia otros lugares donde tuvieran alguna esperanza de prosperi
dad. Fueron años de despoblamiento; los jóvenes se fueron a la
capital de la República o a Mérida, con lo que familias tradiciona
les dejaron para siempre el terruño. Hoy en día, por ejemplo, ya
no existen en el Carmen los apellidos Girón de la Cabada o Co
rrea Delgado. El Demócrata, queriendo ofrecer un elogio de cada
entidad, en enero de 1926 sólo pudo publicar un suplemento con
un rarísimo trabajo de Girón sobre los prosistas, y acerca de agri
cultura se tuvo que ocupar del casi extinto palo de tinte, que más
que un cultivo era un recurso natural. Los otros cultivos eran po
bres, no había minería, tampoco industria, sólo una maltrecha vía
férrea y una capital con 17 000 habitantes. Se dijo que las condi
ciones culturales no podían definirse concretamente por lo disím
bolo de la población; el idioma era casi ininteligible para los extra
ños, ya que “es una rara mezcla de maya y castellano” (mayañol).
El viajero Frederick L. Hoffman publicó en el Boston Herald de
ese año: “Pocas son las personas que, abandonando el camino
trillado, se dirigían a la encantadora e histórica ciudad de Campe
che, el puerto abandonado y olvidado de México”.
176 UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO
Divisiones políticas
Para el periodo de 1927 a 1931 resultó electo otro miembro del
Partido Socialista, Silvestre Pavón Silva. Hombre calificado de or
gulloso, apegado a la élite más que al pueblo, estimuló disturbios
y rivalidades con sus compañeros de partido, como cuando con
el decreto del 7 de junio de 1928 denunció a los diputados Ma
nuel Silva, Javier Illescas, Armando G. Zamora, Víctor Marina, Joa
quín Rodríguez y Asunción Martínez de abandonar sus cargos de
elección popular. Igualmente, expidió el decreto del 16 de junio
de 1928 por el que procedió en contra del diputado por Cham-
potón, Benjamín Romero Esquivel, por abandono de la Secretaría
General de Gobierno, y en otro del 19 de junio señaló que había
lugar a proceder contra Romero Esquivel por el delito de abando
no. En el Excélsior del 13 de octubre de 1997, Javier Romero re
cordó acontecimientos conflictivos entre el gobernador y el Par
tido Socialista Agrario: “Aquel Pavón, hombre de pocas pulgas
(ya desahuciado por el Presidente de la República, Portes Gil), al
grito de ¡váyanse al carajo!, remitió al Congreso un legajo de li
cencias por el resto del cuatrienio”.
Las dificultades se convirtieron en crisis, y a fines de 1928 se
designó a Pedro Tello Andueza gobernador interino. El 20 de di
ciembre, el Periódico Oficial publicó que se aceptaba la renuncia
de Tello y se designaba a Ramiro Bojórquez. El día 29 se publicó
otro decreto por el que se aceptaba la renuncia de Pavón Silva y
se nombraba sustituto constitucional al mencionado Bojórquez
para terminar el periodo. Destaca en la gestión del último la ley
del 11 de octubre de 1929, que prohibió el sistema de quemas,
que destruía por incendio los plantíos de henequén así como
otras sementeras. En materia educativa estableció la Escuela de
Jurisprudencia, anexa al Instituto Campechano, e instituyó la Es
cuela Normal Rural de Hecelchakán.
El 2 de junio de 1931, antes de concluir el cuatrienio, se conce
dió licencia al titular por 107 días y se designó gobernador susti
tuto interino a su hermano, el diputado Fausto Bojórquez Castillo.
UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO 177
Finalmente concluyó el periodo. Por disposición publicada el 12
de septiembre de 1931, se declaró recinto oficial el Teatro Toro
sólo para el acto de protesta de Benjamín Romero Esquivel, elec
to para el periodo de 1931 a 1935. Todos estos acontecimientos
tuvieron serias repercusiones entre los socialistas, pues si unos
llegaron al gobierno, otros se sintieron desplazados y no dejaron
de fomentar intrigas que sembraron hondas rivalidades.
Para Campeche fueron años desastrosos, y no solamente por el
despoblamiento y la pobreza, sino también debido a que las
ambiciones políticas descuidaron cualquier intención de mejoras,
como escribió el periodista Carlos Noriega Hope:
Para el que, en rápido viaje, conozca toda una rica región que muer
de la Península, la visión de Campeche contrastará fuertemente con
la de Tabasco y Yucatán. Mientras Tabasco semeja vivir a punto de
oxígeno, debido al dinamismo de sus habitantes, y Yucatán tiene el
claro prestigio del triunfador, Campeche es una incrustación del pa
sado, que parece descentrada, fuera de tono dentro de la riqueza y la
actividad de la Península. Parece mentira, dentro de la vida mexica
na, que pueda en estos años encontrarse una ciudad atrasada dos
centurias de la marcha urgente de los siglos.
Dos años más tarde llegó otro extranjero, el doctor Siegfried
Askinasy, quien también se impresionó con la pobreza de la ciu
dad y su grandioso pasado. A diferencia de los comentaristas an
teriores, presintió que algún día la ciudad adormilada despertaría
para emprender un nuevo camino; dijo en 1930:
Cuando un viajero llega a la capital de Campeche, la primera impre
sión que le sobrecoge es la miseria y completa decadencia, la mayo
ría de las calles están escabrosas y completamente destruidas, con
charcos donde se estanca el agua de las lluvias. Las casas con muros
sucios y descascarados de color indefinible y hasta negro como si hu
biese sufrido un incendio, miran como la cara de un lazarino [...1 Al
ver todos esos vestigios de decadencia y pobreza adquiere uno la im
presión de que esta ciudad está muerta, muerta sin resurrección. Y
muerta, además, después de un pasado de prosperidad y riqueza [...]
178 UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO
Pero no mueren países dotados de recursos naturales tan abundantes
como de los que dispone Campeche. A pesar de su innegable miseria
actual, es una región tan rica que le bastan unos cuarenta años de
buena conjetura económica mundial y de buena política administrati
va local para dilatar el ánimo y restablecerse de su decadencia.
Así como Pavón Silva dejó el gobierno y se fue de Campeche
para nunca volver, Bojórquez, el de los 107 días de permiso, to
mó la misma decisión, no precisamente por iniciativa personal, y
salió de la entidad, sin develarse los motivos, a radicar en Mérida
y ya no regresar. Ni siquiera su hermano Fausto, quien cubrió los
tres meses faltantes del periodo, pudo desmentir una ola de ru
mores. Este gobierno quedó marcado de hechos trágicos, como,
aparte de los anteriores, el asesinato de Ulises Sansores, fundador
del Partido Socialista Agrario, presidente municipal, presidente
de la Liga Central de Resistencia, en fin, connotado político del
Grupo Champotón que mandaba en Campeche.
Para el siguiente periodo, de 1931 a 1935, el Partido Socialista
Agrario impulsó sin controversias la candidatura de Benjamín Ro
mero Esquivel. Después de una gira peculiar por trimotor a el
Carmen, en tren para el Camino Real, en lancha por los ríos, en
canoa hacia las poblaciones de la costa, en cayuco por algunas
partes del Río Candelaria o Chumpán, o por los Chenes en bolán,
una especie de carruaje jalado por muía, se encontró un estado
con tesorería vacía. Político de cepa partidista desde 1920, partí
cipe también en controversias, no se alejó de la línea que lo había
caracterizado, de manera que dispuso, entre otras cuestiones, que
todas las autoridades incluyeran en las leyendas de sus sellos ofi
ciales la palabra “socialista”. Impulsó el cooperativismo y, a tono
con la época pero sin el radicalismo de Garrido Canabal en Ta-
basco, expidió la Ley Reglamentaria de Cultos, que señaló para su
ejercicio un máximo de tres ministros.
En 1931 Gregorio y Ausencio Sansores, en supuesta venganza
por la muerte de su hermano Ulises, asesinaron en el centro de la
ciudad al presidente municipal de Campeche, Víctor Vázquez
Marina, descrito por Javier Romero como “político hábil, leal al
UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO 179
partido, buen orador, aclimatado en Campeche pero nacido en
Chiapas”. El periodista, evocando sus pláticas y recuerdos, anotó
un argumento de justificación que acaso se esgrimiera: “¿No pudo
ser la pistola de Víctor la que se disparó al intentar defenderse en
la refriega?”.
De conformidad con los tiempos, el 19 de noviembre de 1932
el gobernador eliminó la nominación religiosa de algunos lugares
tradicionales y cambió el nombre de los barrios de San Román,
San Francisco, Santa Ana, Santa Lucía y la plazuela de San Martín
por los de Vicente Guerrero, Pablo García, Tomás Aznar, Leandro
Domínguez y 7 de agosto.
En las últimas épocas del vigoroso Partido Socialista Agrario de
Campeche, todavía pudo figurar uno de sus fundadores: Eduardo
R. Mena Córdoba, quien había transitado por varias diputaciones
federales y fue rescatado por el líder Ángel Castillo Lanz para la
presidencia municipal de Payo Obispo, hoy Chetumal, región
que llegó a ser parte del estado. Luchó contra la candidatura de
Fernando Anglí Lara, personaje radical al estilo de Tomás Garrido
y con particular prestigio, a quien ganó el puesto para el cuatrie
nio de 1935 a 1939- Lo más relevante fue la continuidad del apo
yo a las pequeñas industrias y a algunos ramos que florecieron
años después, como la prima equivalente a las contribuciones
para el establecimiento de una planta empacadora de mariscos,
que primero se quiso establecer en Real de Salinas pero que en
marzo de 1938, al localizar un lugar con más operatividad, situó
en terrenos del municipio de Champotón. No faltaron las cuestio
nes políticas espinosas, como se advierte en el Periódico Oficial
del 2 de junio de 1938, donde se hizo público que el Congreso
erigido en Gran Jurado declaró que había lugar a proceder en
contra del diputado Mateo Ek, representante de Tenabo, por los
delitos de usurpación de atribuciones y sedición. Pero sobre todo
las diferencias en la política nacional entre el presidente Cárdenas
y el general Calles fracturaron el poder del líder socialista Ángel
Castillo Lanz, quien dejó de ser el que decidía e incluso fracasó
poco después, en 1940 y 1943, cuando quiso volver a ocupar una
curul en el Congreso Federal. En 1939 terminó su liderazgo y se
180 UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO
mantuvo por años en la Contaduría Mayor de Hacienda de la
Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Era una sombra
apenas advertida en Campeche cuando llegaba a visitar a su hija.
El eco del tunkul
Al margen de la sucesión de conflictos, permanece el árbol gene
roso de las tradiciones. Poco antes de desembarcar los españoles
en 1517, asomados en la borda escucharon por el rumbo de la
costa ruido de tambores, atabales y trompetas: se trataba de tun-
kules y zacatanes. Años después, fray Diego de Landa escribió
que los mayas tenían recreaciones que representaban con carác
ter y elegancia, utilizando atabales pequeños:
[...] que tañen con la mano, y otro atabal de palo hueco (tunkul) de
sonido pesado y triste, que tañen con un palo larguillo con leche
de un árbol puesta al cabo y tienen trompetas largas y delgadas, de pa
los huecos, y al cabo de unas largas y tuertas calabazas; y tienen otro
instrumento (que hacen) de tortuga entera con sus conchas, y sacada
la carne, táñenlo con la palma de la mano y es su sonido lúgubre y
triste.
Las tradiciones subsistieron en los siglos posteriores a la Con
quista, aunque se fueron transformando, como la melodía de los
Xtoles que divulgó Baqueiro Foster y Silvestre Revueltas aprove
chó en La noche de los mayas; un fragmento dice:
Coneex, coneex palexen,
Vamos, vamos jovencitos,
xicubin, xicubin okotic,
vamos, vamos a bailar,
cet cun séex cimac olal
igualemos la alegría
tu Kinilob poztaanbil
en los días del carnaval.
UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO 181
En el siglo xix ya se había asimilado la tradición española de ro
mances, seguidillas y fandangos, más otras canciones y danzas de
la época. Es probable, señala Baqueiro Foster, que cuando se ge
neralizó su ejecución con orquesta, las vaquerías hayan llegado a
la cumbre de su expresión, concurriendo a ellas indios, mestizos
y criollos. Baqueiro recordaba en la segunda década del siglo xx
que, al pasar por Hopelchén, era natural que escuchara en las va
querías sones supervivientes del fandango español, entre los que
recordaba haber oído las Angaripolas, los Aires, el Torito o el Ja
rabe Gatuno. También existe noticia de que en 1926 se tocaban
en Campeche danzones y pasos dobles. Las vaquerías se verifica
ban principalmente en los pueblos del interior.
Las canciones populares también tuvieron en aquellos años su
importancia. La nostalgia ha rescatado la composición de Emilio
Pacheco Presentimiento, que nació en 1924 y fue divulgada por
Guty Cárdenas. Antonio Juan Aznar escribió que alcanzó popula
ridad en 1928, y un cronista lo llamó “el mejor bolero de 1929”.
Tan popular como Pacheco ha sido José Narváez Márquez, quien
dio a sus composiciones un marcado acento local y un profundo
sentimiento: La novia del Mar, Ciudad del Carmen, Las torres de
Catedral y numerosos temas regionales que lo hicieron un autor
de fama y consideración. Alejandro Lexo Casanova, Gonzalo R.
de la Gala, Emilio B. Rosado y un número considerable de músi
cos y autores han dado vigor a las tradiciones de Campeche.
No olvidemos las fiestas de carnaval, que llegaron a la penínsu
la en 1582. Durante los días consagrados al festejo, en las pobla
ciones del interior se practicaban ceremonias y danzas que evo
caban épocas prehispánicas o también, en las poblaciones del
litoral, bailes de raíces europeas. Se advierte la influencia afroan-
tillana representada por las comparsas de negros, cuyos títulos
son representativos: por ejemplo, en Dzitbalché: los negritos del
manglar; en Champotón: los negros de Corazal; en ciudad de El
Carmen la no menos famosa Guaranducha; en Lerma: la negra
Tomasa. Las fiestas se complementaban con bailes de disfraces,
paseos en carruajes y embarcaciones alegóricas.
Desde el siglo xix se practicaba el cantar de la lotería campe-
182 UN “FACTÓTUM” Y EL SOCIALISMO
chana, formado de cartones con personajes y objetos del conoci
miento popular que se jugaba en ferias o en las reuniones de ami
gos. En 1895 el empresario José María Evia, para promover los
cigarros que elaboraba en La Esperanza, repartió cartones y 90
litografías que se conocieron como Lotería Casera Campechana.
Una tradición singular son los barriles que contienen agua de
lluvia para consumo humano y que se vendía en diversas medi
das porque la extraída de pozos o aljibes resultaba dura o dema
siado salina. La tracción animal era indispensable para esta prácti
ca comercial, que en Campeche se ejercía por barrios y callejones.
A estos últimos dedicó Luis Alvarez Barret un pequeño libro.
XV. NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO
Parteaguas político
N el Año DE 1939 APARECIERON SIGNOS diferentes a los
E esperados en el ámbito de la política nacional. El Partido
Nacional Revolucionario realizó un intento de hacer flexible la
nominación de sus candidatos para las gubernaturas; por lo que
correspondió a Campeche, se llevó a cabo una selección interna
entre el doctor Héctor Pérez Martínez, el coronel Carlos Góngora
Gala e Ignacio Reyes Ortega. Hacia dentro del partido se dividió
el magisterio entre Pérez Martínez y Góngora Gala. Por otros rum
bos, la gente de Castillo Lanz apoyó a Reyes Ortega. Sin embargo,
quien había sido poeta, historiador, periodista y político —de 33
años de edad— resultó el abanderado del pnr para el que sería el
último cuatrienio, del 16 de septiembre de 1939 a 1943.
El arribo de Pérez Martínez a Campeche fue un proceso difícil,
ya que una parte del poderoso Bloque Magisterial apoyó la pre
candidatura de Góngora, respaldado por Anglí Lara y el general
Francisco J. Mágica, poderoso secretario de Estado en el gobier
no de Lázaro Cárdenas; los huestes de Angelito—callistas en des
gracia— se movilizaron en el Camino Real en favor de Reyes;
otros se pronunciaron en contra, por creer que el joven intelec
tual fracturaría las condiciones hegemónicas.
En un Diario del autor de Juárez, el Impasible que Silvia Moli
na incluyó en una de sus obras, transcribe un párrafo en cuyas lí
neas hace hablar al doctor Pérez Martínez:
Tomé posesión del gobierno del estado de Campeche el día 15 de
septiembre de 1939, habiendo contendido en la lucha electoral con
Ignacio Reyes Ortega y Carlos Góngora Gala. El primero fue un com
pañero de diputación en el Congreso Federal. Reyes Ortega estuvo
183
184 NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO
rodeado del viejo grupo de Castillo Lanz: gentes que no han trabaja
do nunca; que han vivido de saquear el erario del estado.
Vale la pena señalar que el citado erario era de los más raquíti
cos en el país, ya que apenas alcanzaba un presupuesto anual de
aproximadamente 500000 pesos.
Unidad Nacional fue el lema que Pérez Martínez empleó para
sacudir una economía en laxitud. Su gobierno fue un parteaguas,
ya que emprendió la apertura de caminos, fundó instituciones,
fomentó la cultura y con todo ello consiguió para el estado una
imagen de ingreso a la modernidad con un renovado discurso.
Rafael Vega Alí señaló: “Era evidente que los campechanos esta
ban hartos de cacicazgos y cotos de poder que caracterizaron un
largo periodo de inestabilidad política y que sumieron al estado
en el atraso y el abandono”.
Creó el Archivo Público, cuyas funciones se orientaron a la re
colección, clasificación, conservación y difusión de todos los do
cumentos que pudieran contribuir de alguna manera a la forma
ción o el esclarecimiento de la historia nacional y local. Instauró
el Seguro del Maestro, fomentó la construcción de viviendas po
pulares y fue el primer gobernante que se ocupó de esta cuestión
de beneficio social.
Publicó varios libros de historia local, como una Bibliografía
y un Catálogo de documentos para la historia de Yucatán y
Campeche. Promovió la imagen del estado en la Feria del Libro
que se llevó a cabo en la capital de la República. El gobierno
enfrentó pobreza e inmovilidad, por lo que tuvo que hacer ante
salas en las Secretarías de Estado para poder impulsar el desarro
llo de la región que, por esas mismas condiciones, parecía estar
en el olvido y en uno de los últimos lugares, comparada con otras
entidades.
Dejó en su Diario un testimonio del itinerario que como go
bernador tuvo que recorrer para lograr que el gobierno federal
comprendiera los problemas de la localidad, y ello en una etapa
nacional progresista y a pesar de que el mandatario era conside
rado “joven intelectual de izquierda, honesto y laborioso, inteli-
NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO 185
gente y dinámico”. Con estos atributos, no tan generales por cier
to, enfrentó situaciones como la siguiente:
Llegar a Cárdenas es obra de romanos. Para franquear las puertas de
ben distribuirse propinas y dádivas. Empleadillos del tres al cuatro,
oficiales irresponsables constitúyense, de por sí, en carceleros, y el
respeto a las dignidades y los puestos, se ha perdido completamente.
He visto a un secretario de estado rogar como un quídam a un te
niente; a gobernadores hacer antesala como cualquier pedigüeño.
El general Manuel Ávila Camacho llegó en campaña electoral a
Campeche y los vínculos de amistad entre uno y otro crecieron y
el gobernador recibió promesas de ayuda económica. También
se empeñó en hacer efectivo el acuerdo del 15 de mayo de 1940,
firmado por el presidente Cárdenas, para que se recuperaran tie
rras que, perteneciendo a Campeche, estaban en jurisdicción de
Quintana Roo. Así se incorporaron terrenos y poblaciones como
Icaiché, Haltún, Noh Sayab, Masapich, Xkanhá y Chualuc, lo que
se tradujo en importantes recursos madereros y del chicle.
El oro chiclero, segundo recurso
El producto laborioso del corte de la madera tintórea en la penum
bra de la selva y la niebla de los pantanos hizo circular durante
más de un siglo una riqueza volátil en las manos de hombres que
la derramaron alegremente en poblaciones como la del Carmen;
pero también hubo explotación humana y a pesar de ello, por
sobre esa experiencia, los salarios iluminaron las festividades en
la capital del estado y en Laguna. Todo esto ocurrió de nuevo
cuando los chicleros dejaban el hato para consumirse en una es
plendidez momentánea y circunstancial. En efecto, el sangrado
del zapote fue también, durante muchos años, una riqueza natu
ral de los bosques de Campeche.
En la década de 1880 se llamó la atención sobre esa nueva acti
vidad, tan importante que el gobernador Joaquín Keerlegand ad
virtió al Congreso local de la necesidad de dictar disposiciones
186 NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO
convenientes para desarrollar la industria chiclera que había sur
gido en el partido del Carmen. Reflexión tardía, como había su
cedido con otros recursos de la pródiga naturaleza, pues los ma
yas conocieron y masticaron el chicle porque, además de producir
mayor salivación, servía para limpiar los dientes. Lo nombraron
sicté, y al árbol yaa.
En cuanto a los primeros pasos para su industrialización, re
fiere Federico Heuer que en uno de sus numerosos destierros, el
dictador Antonio López de Santa Anna se fue a radicar a Nueva
York, donde entabló amistad con el señor James Adams, al que le
llamó la atención observar que el general masticaba un pequeño
objeto elástico, de color pardo y que desprendía en pequeños
trozos de una pasta mayor. Cuando Santa Anna regresó a México
le dejó al señor Adams el producto. El estadunidense tuvo la idea
de agregar al chicle color y sabor, con lo que inició el consumo de la
goma de mascar, que fue con el tiempo una industria valuada en
millones de dólares.
La zona principal donde crece el árbol conocido con el nombre
de chico zapote está precisamente en Campeche y Quintana Roo.
El chicle era recuperado por incisiones hechas en la corteza del
árbol —que crecía de manera silvestre— y después era sujeto a
un proceso de cocción; el árbol requería de abundante lluvia. En
1930 se calculó que la extensión de terreno explotable era de
2 360346 hectáreas. Fue en el estado de Veracruz donde por pri
mera vez se extrajo el producto, por lo que no es extraño que
Santa Anna, originario de aquella región, lo acostumbrara.
Campeche fue durante muchos años el principal productor y
exportador de chicle, hasta que se debilitó el mercado después
de la segunda Guerra Mundial, en virtud de la aparición de susti
tutos químicos del producto. En 12 años, de 1930 a 1942, sola
mente la aduana de Campeche manejó 13 925 000 kilos de látex, y
la del Carmen 8715 000 kilos.
Esta riqueza natural alentó una raquítica economía y sostuvo
las necesidades del erario, al grado de que la Ley de Hacienda de
1895 consideró de manera especial su explotación. La revolución
trastornó las recaudaciones, como puede observarse en la si-
NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO 187
guíente relación: Derechos del henequén en 1919: 176463 pesos;
en 1920: 67817 pesos; en 1921: 29790 pesos. Derechos del chi
cle en 1919: 109529 pesos; en 1920: 154851 pesos; en 1921:
92868 pesos. Derechos sobre maderas en 1919: 5873 pesos; en
1920: 1659 pesos; en 1921: 2 456 pesos. Derechos sobre el palo
de tinte en 1919: 84 pesos; en 1920: 1966 pesos y en 1921: 1488
pesos. Lo anterior también muestra el efecto de las crisis políticas;
además, para el aprovechamiento del chicle nadie había aprendi
do de las desventajas de una explotación irracional y sujeta a fluc
tuaciones internacionales. Los primeros beneficiados fueron los
extranjeros de las compañías, como Campeche Timber and Fruit
Co., que trabajaba en la finca San Pedro; Laguna Corporation,
dueña de El Pital y terrenos adyacentes que representaban in
mensas extensiones; Mexican Gulf, Land and Lumber Co., dueña
de las fincas San Gabriel, San Rafael y Esperanza; P.A. Hearst,
que explotaba la finca de San José de Aguada Seca, y Pennsylva-
nia Company, que trabajaba en la finca Mocú. En 1921 su produc
ción bastó para garantizar un empréstito, junto con otros derechos,
por un millón de pesos, negocio que ocasionó serios problemas
al gobierno de Enrique Gómez Briceño, ya que las compañías ex
tranjeras suspendieron el contrato a precio fijo de los trabajadores
del chicle, lo cual en la práctica dejó sin trabajo a cerca de 800
braceros, que podían provocar conflictos en las poblaciones; ade
más, al reducirse la producción, los ingresos caían considerable
mente. Éste fue uno de los muchos conflictos en turno, sin olvidar
las operaciones ilícitas de las empresas para evadir los impuestos
sacando el chicle por Belice.
Durante el gobierno de Castillo Lanz (1923-1927) Campeche
fue el primer productor de chicle en la República y respaldó el es
fuerzo de pequeños empresarios, como la subvención que se
concediera a José María Evía el 24 de abril de 1923, para que es
tableciera una fábrica de chicle para mascar en la ciudad de Cam
peche con el nombre El Zapote. El producto fue objeto de diver
sas disposiciones, como la Ley del Impuesto sobre Producción de
Chicle del 4 de abril de 1939. También declaró de utilidad pública
la inamovilidad de los equipos de trabajo para la extracción de
188 NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO
chicle y el ls de junio de 1940 y el 9 de junio de 1942 hizo lo mis
mo con la industria del mismo.
El gobernador Pérez Martínez planteó una estrategia correcta
en esta materia. Silvia Molina recuerda que Héctor tenía el ánimo
exaltado y quería, si no resolver, sí aminorar la pobreza de Cam
peche. El presupuesto tenía que alimentarse regulando la indus
tria del chicle, ya que se litigaba sobre terrenos en los límites con
Quintana Roo; además, el gobierno federal subsidiaba a los ex
portadores de la materia, y éstos habían encontrado la manera de
no pagar a los trabajadores un precio justo. El chicle de Cam
peche se vendía a 117 pesos el quintal, y el del territorio a 240; en
consecuencia, el gobernador propuso a la Secretaría de Econo
mía suspender los subsidios para obligar a los contratistas a entre
gar la diferencia entre el precio de venta del contrato y el que
realmente recibían. Deseaba esos recursos para destinarlos al
Banco Chiclero, pero fue desechado el proyecto. Él siguió presio
nando hasta que consiguió que el gobierno federal retirara los
subsidios de exportación, lo que dio como resultado que el Banco
de Comercio Exterior recibiera aproximadamente 50000 dólares,
fondo que devolvería a la entidad para obras de comunicación
carretera y apertura de pozos para agua. Los problemas surgie
ron, como siempre, al tocar los intereses de compañías, contratis
tas y políticos.
Opulencia de la selva
Los bosques parecían de una riqueza interminable. Fue tanta la
importancia del zapote, que entre 1939 y 1943 la producción chi-
clera representó 60% del presupuesto estatal. Las veredas para la
explotación bordeaban un paisaje que a muchos les recuerda La
Vorágine de José Eustacio Rivera. Ramón Beteta fue cronista de
estas regiones. La naturaleza parecía enferma o atormentada, es
cribió, seguramente sorprendido, al observar que las raíces salían
desesperadas en busca de sustento, se arrastraban sobre las pie
dras calizas, estériles, y se ocultaban entre las grietas en su afán
por mantener la vida de los árboles. Beteta recorrió la zona en
NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO 189
1929 maravillado del ambiente de sapos y mariposas, enredade
ras y juncos, árboles y palmeras, así como reptiles prontos para
atacar sin aviso y que le recordaron el dicho de un chiclero: “La
nauyaca es un animal triste y arrastrado al que se ofende no qui
tándolo de sufrir”. Escuchó referir que una vez preparábase un chi
clero para ascender a un zapote, cuando vio en el árbol un hoyo
que le pareció extraño. Rascó con el dedo e inmediatamente sin
tió la herida en la mano. Iba a escarbar con su machete para ave
riguar lo que era cuando vio salir del hueco una nauyaca. Enton
ces, ante el peligro inminente, recordó que el mejor remedio
contra la mordida de la serpiente, según las creencias de esos
rumbos, era comerse un pedazo del animal, así que, agarrándola
con ambas manos, le clavó los dientes, mientras la nauyaca se
revolvía furiosamente para morderlo a su vez. Al atardecer del día
siguiente encontraron los otros chicleros del hato un cuadro es
pantoso: junto a un árbol de zapote yacía el chiclero muerto y en
roscada en uno de sus brazos, con los colmillos aún clavados en
él, se veía una gruesa serpiente, muerta también.
La riqueza de la goma del zapote tuvo su precio. Si las mone
das de oro circularon como en días de fiesta, cuando el jornalero
después de ocho meses llegaba a una población importante, tam
bién pagó con el rostro mutilado por la temible mosca chiclera, o
arropado para mitigar el escalofrío del paludismo. El chiclero, in
dio, mestizo o blanco, fue un personaje audaz, enemigo del árbol
y de la selva, de los que, sin embargo, sobrevivía.
La sociedad los admiraba y los temía; los comerciantes los ex
plotaban en el ruido del fandango y la embriaguez; la selva los
atacaba: ya fuera la mosca, ya el fantástico grillo blanco —que
producía abscesos monstruosos y podredumbre de partes del
cuerpo—, o ya el colmoyote —cuyas larvas les devoraban el ner
vio óptico dejándolos ciegos—. Fueron los agentes de una rique
za que desapareció en los años siguientes.
Se recuerda en las charlas tradicionales que en los meses de
enero a junio, periodo conocido como época de secas, en ciudad
de El Carmen se recibía a la chiclerada. Enrique Alba Calderón,
popular isleño, literato y periodista, escribió una estampa:
190 NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO
[...] daba pena verlos caminar con sus orejas y narices carcomidas por
la llamada mosca chiclera, manchada su piel por el vitÍligo, el rodador
y el tábano. Iban rumbo a la piquera o el toldo con sus pantalones an
chos y sus camisas chillonas, sombrero texano con alas descomunales.
Con buen dinero, circulaban por las calles de la ciudad activan
do el comercio. Cuando se les terminaba concluía el jolgorio y se
incorporaban al trabajo en algunas fincas cocoteras. En la tempo
rada de lluvias, a partir de junio, volvían ser “enganchados” y,
algunos de ellos, acompañados de sus familias, se internaban en
la selva. Poco después de 1942, la etapa del chicle terminó para el
Carmen; declinó la explotación de maderas, la producción de co
pra, la fabricación y reparación de embarcaciones, y la pobreza
preparó el terreno para un nuevo gremio, el de los cooperativis
tas pesqueros, con su contraparte: los armadores.
La huella de los sexenios
Héctor Pérez Martínez fue el último en gobernar cuatro años; las
reformas constitucionales ampliaron el tiempo de gobierno dos
años más. La sucesión se vino encima y, alguno por no estar en
condiciones políticas para el cargo, otro —el maestro Alberto
Trueba Urbina— por enfrentar la oposición del gobernador y uno
más con méritos y simpatía —Pedro Guerrero Martínez—, pero al
que no favorecía ser primo hermano del gobernador, nadie pare
cía adecuado para el puesto. Pérez Martínez se alejó de Campe
che, dejando su huella de cambio y esfuerzo y la sepultura del
grupo adversario. Hizo política institucional como funcionario en
la Secretaría de Gobernación, de la que fue titular en 1946 y de
cuya época se cuenta la siguiente anécdota: en una reunión con
diplomáticos, la esposa de un embajador le dijo estar sorprendida
por su nombramiento, ya que como escritor esperaban verlo en la
Secretaría de Educación. Pérez Martínez respondió que segura
mente el presidente Alemán sabía que era hombre de letras, pero
había confiado más en sus mañas.
NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO 191
Como ninguno de los candidatos dejaba satisfecho a quienes
podían decidir, el presidente Manuel Ávila Camacho recordó a un
joven funcionario que, cuando visitó la entidad en jornadas elec
torales, despertó su simpatía y confianza. Resolvió que sería el
adecuado para inaugurar el primer sexenio en Campeche y se
hizo candidato al joven de 34 años Eduardo J. Lavalle Urbina
(1943-1949), de profesión abogado y entonces procurador gene
ral de Justicia. Con tales antecedentes, fue un gobernante proclive
a expedir ordenamientos para fijar las actividades de la adminis
tración, tales como leyes orgánicas, de expropiación, protección
a la industria y a la inversión de capitales. Se recuerdan los tra
bajos emprendidos para el abastecimiento de agua potable y
alcantarillado en la capital. Fue un sexenio sin disturbios, guiado
por el carácter conciliador y afable y la agilidad mental que siem
pre distinguió al licenciado Lavalle Urbina, quien recurría a las
bromas sin abusar de su simpatía. Puso atención a las tareas edi
toriales y patrocinó el primer Diccionario biográfico, histórico y
geográfico, de Juan de Dios Pérez Galaz, así como la Cronología
maya, de Raúl Pavón Abreu. Alentó la segunda época del Repro
ductor Campechano, que dirigió Rafael Perera Castellot, y patro
cinó la edición de los poemas del hombre inspirado en el suave
vuelo de las garzas: Manuel García Jurado.
El periodista español Juan Rejano, emigrado a México, visitó
Campeche en septiembre de 1943 y publicó una imagen apacible
pero que comenzaba a señalar una mejor situación que la de los
años veinte y treinta. Le recordó las poblaciones de España, como
Toledo, Málaga o Cádiz. Las fachadas de las casas, algunas pin
tadas con azules pálidos, despertaron su nostalgia por Córdoba.
Calificó a la ciudad como poseedora de un aire entre andaluz y
castellano:
[...] pero de lo andaluz quedó, aquí, algo más que el eco del color y
del trazado de la arquitectura; quedó el eco de esa alma clara, de ese
ángel que gravita sobre las torres humanas de Andalucía. Otros pue
blos de América han recibido también su herencia. La de Campeche
fue la alegría de corazón y la generosidad de espíritu. En esta heren-
192 NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO
cia, claro está, puso, un día, su mano lo indígena. Y, de esa unión, jus
tamente, nació lo campechano [...]
Le sucedió en el gobierno el licenciado Manuel J. López Her
nández (1949-1955), candidato del recién organizado Partido Re
volucionario Institucional. Su obra consistió fundamentalmente
en celebrar algunos empréstitos para fomentar el cultivo del maíz;
expidió una ley para la protección de los monumentos históricos,
favoreció con exención de impuestos a la Compañía Industrial
Maderera, fomentó el cultivo del arroz, proyectó obras para el
abastecimiento de agua potable en ciudad de El Carmen y dictó
medidas de protección para la industria apícola en Hecelchakán y
en la capital de la entidad. En la parte educativa, impulsó la ley
que estableció la secundaria de Calkiní, la Normal de Profesores
en el Carmen, la secundaria de Champotón y la Ley Orgánica del
Instituto Campechano.
Por otra parte, creó el Comité Estatal de Caminos Vecinales. En
servicios sociales, inició la construcción en la capital de casas
para trabajadores al servicio del estado, formó la Comisión del
Henequén, así como la Dirección Estatal de Turismo. La explota
ción maderera fue desmedida y los bosques casi desaparecieron.
Cátedra por gobierno
Al cabo del sexenio, el catedrático universitario, doctor en dere
cho Alberto Trueba Urbina (1955-1961), apoyado por la ctm que
ya dirigía el líder obrero Fidel Velázquez, sustituyó a López
Hernández e inauguró una época singular y, desde luego, contro
vertida. Utilizó imaginación y palabras, ya que no dispuso de un
presupuesto que le permitiera la realización de grandes obras.
Hombre de letras, patrocinó ediciones históricas. A él se debe el
intento de establecer un medio informativo local, con el propósi
to de que no circulara la información del estado en las páginas de
un periódico impreso en la ciudad de Mérida; así consiguió que
se fundara El Espíritu Público, con el mismo nombre que utiliza-
NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO 193
ron para su periódico los fundadores del estado a mediados del
siglo xix. También expidió la Ley Orgánica de la Universidad de
Campeche, a la que dio la autonomía, y emprendió las jornadas
para ganarle tierras al mar y sanear la bahía, donde drenajes y de
sechos, en la canícula, envenenaban el aire de la ciudad. La obra
fue en principio criticada y objeto de innumerables sátiras, pero
el tiempo la justificó, ya que en esa zona se edificaron casas, ho
teles y edificios sobre 231 200 metros de terrenos que se denomi
naron Campeche Nuevo.
En 19.58 señaló como problema demográfico el que en la gran
extensión territorial de 56 067 kilómetros cuadrados, la población
fuera apenas de 150000 habitantes. Con todo, era el mayor pro
ductor de maíz en la península y comenzó a elevar su captación
apícola, que ascendió a 3 600 000 kilogramos de miel de la mejor
calidad. El chicle agotó los bosques, pero los recursos marinos
comenzaron a ser importantes. El final de su gobierno terminó de
manera inusual, pues, inconforme con la designación de su suce
sor, el coronel José Ortiz Ávila, se negó a estar presente en la ce
remonia de transición y, días antes del 15 de septiembre de 1961,
llevándose documentos oficiales, se fue a Mérida y ahí abordó
un avión comercial de Pan-American rumbo a los Estados Uni
dos. Entregó el cargo el secretario general de gobierno, José Dzib
Cardoso.
El escándalo tuvo eco nacional, fue un acontecimiento sor
presivo y probablemente único. Trueba regresó a México a las
pocas semanas y, en una rueda de prensa, explicó que su ausen
cia no implicaba ninguna violación constitucional, que se había
llevado los documentos oficiales con el objeto de que no fueran
alterados y usados en su contra. Recordó que el presupuesto que
manejó fue de los más pobres del país, de 6000 000 al principio y
8000000 al final, sin aumento de impuestos. Molesto, tempera
mental, añadió que la maldad empleada en su contra era eviden
te, y que no había dispuesto de los sueldos de los empleados pú
blicos, como comprobó la Legislatura del estado; todo era causa
de políticos perversos. Las diferencias con su sucesor ocuparon
durante varios años las columnas de algunos periódicos, en los
194 NUEVA GENERACIÓN, DIFERENTE RUMBO
que sostuvo una frase que se aplicaba a sí mismo y repetía con
frecuencia: “el poder marea”. Finalmente se desvaneció el hecho
y el maestro volvió a su cátedra de derecho laboral, para recor
dar una frase de Romain Rolland: “He luchado... he sufrido... he
creado”.
XVI. AÑOS DE RENOVACION
Impulso modernizador
tronando el cielo campechano con su velocidad supe-
A u rior al del sonido, el jet leardfo\i\ó una estela en el cielo por
encima de la ciudad amurallada; de la nave descendió el coronel
José Ortiz Ávila (1961-1967) para iniciar otro parteaguas en el
siglo xx, ya que sacudió a la entidad del marasmo en el que esta
ba inmersa. El coronel, que había sido diputado federal, apareció
en las páginas de los periódicos cuando en una sesión retó a due
lo de pistola a un legislador del Partido Acción Nacional, quien
tuvo que ser rescatado por su familia del recinto legislativo de
Donceles. El problema con el doctor Trueba Urbina también mar
có su llegada.
Los avances de su gobierno permitieron conocer una nueva
cara del estado, una que no gustó a todos. Entre los cambios reali
zados citemos los de las comunicaciones terrestres; los sistemas
eléctricos que beneficiaban a Campeche y a El Carmen se exten
dieron a otras poblaciones para sumar una red de conducción de
836.8 kilómetros y 1098.5 kilómetros de distribución. De tres sis
temas de agua potable, en el sexenio se alcanzaron 96, y el riego
también consiguió importantes logros. En materia de población
los adelantos no fueron rápidos ni frecuentes, si se considera que
en 1900 se estimó en 86542 habitantes, casi los mismos que en
1860. La población llegó en 1966 a los 218 565 habitantes, que
principalmente se ubicaban en las grandes ciudades de la costa.
La industria forestal de la época aprovechaba fundamentalmente
caoba, cedro, guayacán, jabín, chacá, granadillo, jobo, pich, puk-
té, ciricote, chechem, machiche, bojón, maculis y zapote, y aún
en 1966 el chicle produjo, en 29 ejidos y una cooperativa, más de
495319 kilos.
195
196 AÑOS DE RENOVACIÓN
Cuando terminó su periodo, el gobernador Ortiz Ávila señaló
que en materia de obras se construyeron más de 3 000, con una
inversión superior a los 660 millones de pesos. La flota pesquera
la aumentó de 256 embarcaciones a 492, más 45 que se encontra
ban en fase terminal, lo cual hizo que se duplicara la captura de
especies marinas.
En materia agraria, en el lapso de 1917 a 1961 los campesinos
se vieron beneficiados con una superficie de más de un millón de
hectáreas. En el gobierno del coronel Ortiz Ávila se hizo un repar
to superior a los 2.5 millones de hectáreas, con lo que se favore
ció a poco más de 30000 campesinos en “el mayor reparto de
tierras en la historia de la entidad”. Retomó el viejo problema de la
colonización, que había fracasado en el siglo xix; organizó la lle
gada de 10000 campesinos de otros estados, sin tierras disponi
bles, y empezó a establecer colonias en la región de los ríos, las
cuales comenzaron a prosperar. Reconoció que el chicle y la ex
plotación maderera dejaron de ser fuente de importantes recursos
y prefirió estimular los plantíos de henequén y sisalana, 110000
mecates que elevaron la economía de la región del Camino Real.
El henequén se distribuyó principalmente en terrenos de las po
blaciones de Tenabo, Pomuch, Concepción, Sahcabchén, Calkiní,
Nunkiní, Tancuché, Bécal, Pocboc, Hecelchakán, además de vi
veros; los plantíos de sisalana en Castamay, Nilchí, Tikimul, Ca-
yal, Suctuc, Ich-Ek, entre otros.
Estimuló también la apicultura y la convirtió en un producto de
exportación, principalmente para Alemania. La industria apícola
resurgió como resultado de una nueva estrategia, ya que anterior
mente los productores dependían de las maniobras especulativas
de los exportadores de Yucatán, lo cual hacía variar la calidad del
producto y, en consecuencia, causaba un derrumbe en el precio
internacional. Así, se organizó la Unión de Apicultores para elimi
nar intermediarios y organizar en forma racional la producción y
el mercado. Se encontró que, técnicamente, todo el estado era ade
cuado para la apicultura; sin embargo, la calidad y el color de la
miel variaban según las flores del lugar. Las principales regiones
apícolas fueron Escárcega, Champotón, Camino Real y Los Chenes.
AÑOS DE RENOVACIÓN 197
En 1966 trabajaban 2 000 apicultores que produjeron ocho millo
nes de kilos con un valor de 12 millones de pesos. Se inauguró una
planta beneficiadora llamada Miel de Abeja de Campeche, S.A.
Ortiz Ávila fundó la Universidad del Carmen y la Universidad
del Sudeste, con un buen conjunto de edificios para albergar Prepa
ratoria, Comercio, Ingeniería y Técnicas Especializadas, Medicina,
Odontología y Enfermería, en calidad de escuelas, y como facul
tad, la de Derecho, aparte de oficinas administrativas y biblioteca.
Al inicio de su gobierno disponía de un presupuesto poco ma
yor a los cuatro millones de pesos. Al término, se había elevado a
más de 116 millones. Aquí se podía aplicar la lógica que pregona
ba el gobernador de Tabasco, Carlos A. Madrazo: “entre más obras
realice o ejecute un gobierno estatal o municipal, mayor será el
beneficio para la población y mayor el presupuesto que aportará
la Federación”.
Ortiz Ávila afirmó durante su sexenio que nada hizo de mala
fe, y que si cometió errores nunca fueron motivados por la mal
dad, el rencor o el abuso; además, dijo, nunca descendió a la dia
triba, ni flageló a nadie, y mucho menos a quienes, “equivocados
al interpretar nuestra conducta, se consideraron nuestros adversa
rios”. Construyó el edificio de los poderes con helipuerto y fuen
tes, alumbrado, avenidas y parques: dio una fisonomía a veces
demasiado moderna a una ciudad que dormía, junto al mar, so
ñando en el paso de los años.
La ciudad fue distinguida con las innovaciones del arquitecto
Joaquín Álvarez Ordóñez, pero utilizó un estilo que rompió el es
pacio de la historia y la costumbre. Una autora moderna lo ha sa
bido decir:
[...] fuentes, plazas, el Palacio de Gobierno, la Cámara de Diputados [...]
construcciones que ni son joyas arquitectónicas ni tienen nada que ver
con la atmósfera ni con el ambiente ni con la arquitectura campecha
nos. Sus motes lo dicen todo: el platillo volador, el sandwich.
Dispensó por todas las poblaciones fuentes, monumentos y
avenidas, de las que pueden señalarse por su singularidad la
198 AÑOS DE RENOVACIÓN
fuente del camarón en ciudad de El Carmen, la plaza Moch Cuoh
en Campeche —hoy desaparecida— y la plaza Noh Bee en He-
celchakán. Entregó el gobierno, se caló los anteojos verdeoscuros
que usó el César americano Douglas MacArtur y que puso de
moda en Campeche, donde era característico verlo con ellos, he
redó la costumbre a quien pudiera adquirirlos, subió al jet lear,
dio una vuelta aérea por la ciudad y se alejó hacia otros rumbos
dejando la inquietud de que acaso, en el futuro, se bautice alguna
calle: a la memoria de los lentes Ray-Ban.
Manjares gastronómicos
No se puede soslayar el renombre de la comida tradicional cam
pechana, pues ha filtrado su prestigio y gusto más alia de los
límites estatales. La inmigración y los navegantes hicieron po
sible en Campeche confeccionar guisos que forjaron para la coci
na regional una fama poco común. Las especies y artículos eu
ropeos, combinados con productos regionales, han originado
deliciosos bocados: igual el aceite español que el queso ho
landés, otras variedades han distinguido la infinidad de combina
ciones con peces, mariscos o aves del lugar. En septiembre de
1967 un banquete de inauguración del gobierno de Carlos San-
sores Pérez mostró a los invitados —sin ser muestra culinaria—
más de 135 platillos diferentes. Refiere un escritor —que también
fue gobernante en 1942— que una comida sin mayor solemnidad
en el Instituto Campechano inició con un plato de cangrejos al
natural, prosiguió con ensalada de camarones, para continuar
con una sopa de cabeza de chema, un pámpano a la cazuela, un
pavo del monte en escabeche y algunas postas de esmedregal
frito. Los tradicionales frijoles fueron el preámbulo de dulces
como el camote con coco; el agua de horchata, el aparentemente
inofensivo chile habanero y la naranja agria fueron estimulantes
auxiliares.
Dijo Pérez Martínez que el pámpano poc cbuc tiene un sabor
que fortalece cualquier imaginación. El tamal de corvina asciende
AÑOS DE RENOVACIÓN 199
a categorías insospechadas y nos describe otros bocados que
deleitaron el paladar del más rústico comensal:
Hay un platillo de los más exquisitos: el cazón, de la familia de los es
cuálidos, rinde una carne blanca, suave, deleitosa. Se come fresco
(hervido con sal y adornado con una salsa a base de manteca, jitoma
te, cebolla y chile habanero). Cuando la pesca del cazón ha sido
cuantiosa, los pescadores lo abren y asan, entonces se come frito,
desmenuzado. Si está muy viejo, molido, se llama “tiquinipat”, o bien
cortado en trozos regulares y simplemente hervido con su correspon
diente adobo. Lo más clásico del cazón es el “pan de cazón”; sobre
una tortilla a la que previamente se levanta la epidermis, se pone una
delgada capa de frijoles colados, buena ración de cazón frito y la sal
sa de marras en abundancia para humedecer bien la masa de maíz. Y
que hagan su elogio quienes han tenido el gusto de comerlo.
Silvia Molina, que nunca ha dejado de advertir las peculiari
dades de la comida campechana, refiere en uno de sus libros que
cuando llegaba la hora de la comida, su estómago comenzaba a
dilatarse ante:
[...] el milagro de los tamales colados, de los panuchos, de los tacos
rellenos de camarón, del papadzul, del queso relleno, de los cangre
jos moros, de las jaibas en chilpachole, del pulpo entomatado, del ca
zón frito, del pámpano empapelado, pargo en makum, cochinita pi-
bil, del kol del pavo del monte, del tzanchac, del chocolomo
acompañando —off course— con un aguardiente de frutas. Y al final
el premio del más comelón: dulce de ciricote, de nanche, de mara-
ñón, pasta de chicozapote, helado de mamey.
La modernidad de Campeche no sólo se encuentra en las cons
trucciones, sino también en el gusto por una cocina que, siendo
de antaño, hoy tiene talento y prestigio. Ha escrito la señora Mo
lina: “La fama de nuestra cocina se debe no sólo a la variedad de
los ingredientes sino al temperamento juguetón y apasionado
de las mujeres y de los hombres que hicieron del ritual de la coci
na su propia expresión”.
200 AÑOS DE RENOVACIÓN
Disfrutar de tan grande variedad es un quehacer natural. Se
cuenta que los hombres asistían, canasta en mano, al mercado en
horas tempranas en el Carmen y Campeche, y lo hacían para que
la familia, las señoras, no fueran a ser secuestradas por algún pi
rata recién desembarcado. Otros dicen que lo anterior es mentira,
que al campechano le gusta elegir la comida que preparará su es
posa o su familia. Lo cierto es que abundan los recetarios im
presos, como el de Josefina Fernández de Robidoux, Secretos de
cocinas carmelitas. También es verdad que hay numerosos plati
llos que se guardan en secreto, en la memoria de cocineras de al
tos vuelos, que los ponen a la mesa sólo cuando se trata de aga
sajar a invitados o familiares.
El campo se transforma
Haciendo gala de enorme popularidad, saludando dentro de la
multitud a cada campechano por su nombre, llegó el senador
Carlos Sansores Pérez, primero como candidato del Partido Revo
lucionario Institucional y luego como gobernador electo para el
sexenio 1967-1973.
“Viejas luchas”, “hombre de partido”, eran palabras habituales
en sus charlas y diálogos que mostraban su idiosincrasia. Al decir
“viejas luchas”, retomaba —como herencia insoslayable en la
provincia— el esfuerzo político de su padre, que si bien comenzó
en la época de la Revolución, fue en Campeche más de forma
ción partidista que armada; sin embargo, en el campo de la vigo
rosa transformación ideológica, adquirió relieve y singularidad al
edificar las tesis que debían de ser programa del Partido Socialista
y que animaron, por un lado, al impetuoso tabasqueño Tomás
Garrido Canabal y, por el otro, al yucateco carismàtico Felipe Ca
rrillo Puerto. En la tierra marinada, las empresas socialistas tam
bién adquirieron carácter y motivaron acciones que dinamizaron
el pequeño ambiente regional. A la distancia de los años, parece
una lucha entre amigos, unos demagogos y otros rivales en un es
cenario popular y rural, jacobinos inmersos en las aguas proce-
AÑOS DE RENOVACIÓN 201
losas del camino hacia el poder. En tres lustros significativos,
como los de 1920 a 1935, participaron entre otros Angelito Cas
tillo Lanz, Fernando Anglí Lara, Benjamín Romero Esquivel y Uli-
ses Sansores, este último víctima de un asesino.
Sansores Pérez nació en Champotón, junto al río y frente al
mar, ribera y costa. El hombre guardó para su indubitable destino
la raíz de su progenie; con estirpe se nace, el destino se forja.
Al decir Carlos Sansores “viejas luchas”, ponía en movimiento
el recuerdo de las jornadas de su padre, la dura etapa de su niñez
huérfana. Evocando aquellos hechos que impusieron una marca
de fuego en su vida, explicaba el perfil de la orfandad como pro
ducto de un enfrentamiento político, pero que moralmente tam
bién lo victimó: “viejas luchas” significó tormentas, diferencias y
el motor que lo llevó a la lucha por el poder. También fue premo
nición de las diferencias terminales con un presidente de la repú
blica que lo hicieron retirarse a la vida privada.
En Hecelchakán, sabana de cubierta rojiza, y los Chenes, de
aridez pedregosa donde una que otra aguada calman la sed de las
comunidades mayas, alguna vez se escuchó la palabra del can
didato al gobierno. Recorriendo Dzibalchén respondió a la emo
ción que sus habitantes pusieron para recibirlo, aun con la pobre
za por la que era notorio que pasaban. Él sentía esos temblores
que caracterizan la emoción. Recordando alguna vez su desam
paro, se vinculó a la población en mitin: “Los que crecemos en el
infortunio tenemos una coraza contra el dolor, contra la desespe
ranza, y con el escudo de mi niñez desamparada yo he luchado
para que mi pueblo alcance una vida mejor”.
La improvisación era una característica del orador, y tenía fra
ses afortunadas que animaban a la concurrencia. En una ocasión,
en Becanchén, animó a la concurrencia diciéndole que cuando
atendiera asuntos oficiales en el edificio de los poderes segura
mente afirmaría: “El que aquí gobierna puede tener enemigos,
pero él no es enemigo de nadie”.
Con estas maneras y formas hábiles desarmaba a quienes ha
cían correr los rumores de que sería vengativo en el ejercicio del
poder en cuanto pudiera perjudicar a los adversarios.
202 AÑOS DE RENOVACIÓN
Su gobierno estuvo lleno de anécdotas y numerosos comenta
rios. Sus amigos recibieron favores, porque el señor gobernador
Sansores reconoció lealtades, pero esa condición de su sensibili
dad no lo obligó a compartir la administración. Un buen día se le
acercó uno de esos viejos luchadores formados en las filas de la
negritud, solicitándole ayuda. Dispuso que le otorgaran un per
miso para explotar cierta cantidad de pies cúbicos de maderas
preciosas. Cuando aquél se vio con la concesión en sus manos,
con timidez ignorante le dijo que no sabía qué hacer con el docu
mento, pues no era dueño de madererías o aserradero alguno,
por lo que para él no tenía sentido que le otorgase un escrito de
esa naturaleza, pues qué iba a hacer con el oficio. Fue preciso
que le abrieran los ojos en el sentido de la dirección del favor
concedido; la respuesta a su interrogación fue: “¡Véndelo p...!”
Con tesis populistas, como señalar que había hecho un esfuer
zo para que se creciera armoniosa y equilibradamente, pues nada
duradero podía construirse sobre la miseria de los demás, lo cier
to es que, si Ortiz Ávila cambió la fisonomía de las ciudades, San
sores Pérez trabajó sobre el campo. Una de sus directrices fue la
colectivización; decía que si los problemas del campo fueran fáci
les de resolver, los campesinos lo harían por sí mismos, sin la
ayuda de nadie. Criticó la orientación henequenera y prefirió esti
mular el corte de maderas para aserradero. También puso interés
en el fomento de la siembra de arroz, que pasó de 14000 tonela
das en 1967 a 40000 en 1972, con la apertura de nuevas tierras en
Champotón. Ayudó a la reconstrucción de la zona arqueológica
de Edzná y a su alrededor se abrieron 240 000 hectáreas para cul
tivo. Sembró la inquietud de publicar un periódico que se editara
en la capital del estado y diera información local, para dejar de re
cibir noticias del que se editaba en Mérida. Años más tarde, cuan
do ya no era gobernador, pero sí líder de la Cámara de Diputa
dos, dispuso la publicación de 20 pequeños volúmenes de historia
y literatura que se conocieron como los “libros verdes” y que con
el tiempo constituyeron rarezas bibliográficas.
No concluyó el periodo constitucional y a principios de 1973 lo
sustituyó el licenciado Carlos Pérez Cámara por algunos meses,
AÑOS DE RENOVACIÓN 203
ya que Sansores vino al Distrito Federal para hacer campaña
como diputado federal por el 26 distrito electoral, puesto que lo
llevó a ser presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Dipu
tados y líder de la XLIX Legislatura.
Hacia la cultura jurídica
A partir de 1917 se distinguió como ministro de la Suprema Corte
de Justicia Santiago Martínez Alomía, quien tuvo la costumbre de
presentar tesis debidamente fundadas y sobresalió como fogoso
orador en defensa de sus ponencias. Agustín Urdapilleta Pérez
tuvo larga experiencia como consejero en los días de trastornos
políticos en Campeche; además, sirvió a la Revolución como pro
curador de Justicia Militar. Después, al instalarse el Alto Tribunal
en junio de 1917, fue designado ministro. Larga experiencia, ejer
cicio público constante, talento reconocido, fue la culminación
de su carrera. Elias Monges López, Enrique Osorno, Antonio Cap-
poni Guerrero siguieron en riguroso escalafón; también Pedro
Guerrero Martínez, de quien Perfecto Baranda dijo un día: “si tra
táramos de resumir en una palabra la virtud característica de su
obra y su vida, insalvablemente se tendría que decir que es la de
‘honestidad’ ”.
Luis Felipe Canudas Orezza fue también miembro del Poder Ju
dicial. Por sus tesis y discusiones el ministro Alfonso López Apari
cio expresó su admiración hacia el hombre que supo entregar su
vida al servicio de la trinidad eterna, constituida por los valores
del bien, la verdad y la belleza, sintetizados en la suprema idea de
la justicia. Jorge Carpizo, José Trinidad Lanz Cárdenas, Renato Sa
les Gasque y Juan Pérez Abreu alargan la nómina de los juristas
campechanos.
Sin lugar a dudas, Campeche ha sido una entidad proclive al
desarrollo de las humanidades. Es probable que tanto por su geo
grafía interior —es decir la planicie, el bosque y la selva— como
por su paisaje de coloridas aguas —mar, ríos, lagunas y esteros—,
sus hijos e hijas hayan orientado su vocación hacia el cultivo del
204 AÑOS DE RENOVACIÓN
pensamiento en sus más variadas formas; de ahí que en la edu
cación, la abogacía, el periodismo y la literatura, el estado campe
chano sea un exponente importante en el conjunto de la Re
pública Mexicana.
No podemos dejar de citar al jurista Rafael Dondé Preciat, que
fue ministro del pleno por la Suprema Corte de Justicia, ni al polí
tico Joaquín Baranda Quijano. Justo Sierra Méndez, a pesar de ha
ber perdido uno de sus primeros juicios frente a un trampista,
llegó al máximo Tribunal. Hubo ocasión en que un colega lo salu
dó diciéndole: “Buenos días, ministro sin título”, y Sierra, hombre
de buen humor y rapidez mental, le respondió: “Buenos días ¡títu
lo sin ministro!” En el siglo xx han sido nombrados jueces de dis
trito Enrique Arias Solís, que fue gobernador del estado, y Perfec
to Baranda MacGregor.
En la Corte de Justicia también estuvieron por un breve tiempo
Manuel Gual Vidal, quien fuera secretario de Educación Pública;
Carlos Monges Caldera, secretario del Juzgado de Distrito en Ciu
dad Juárez, Chihuahua, y José de Jesús Dzib Cardoso, quien se
desempeñó como secretario del ministro Rafael Matos Escobedo.
El maestro Alberto Trueba Urbina trabajó en el juzgado de distrito
en Mérida. No es posible pasar por alto a algunos otros que sir
vieron en el Poder Judicial del fuero común con una calidad pro
fesional que ha hecho que su memoria perdure; tal es el caso de
los magistrados Adalberto Galeano Sierra, Raúl Carrancá y Trujillo
y María Lavalle Urbina. Podríamos seguir mencionando a muchos
campechanos; sin embargo, estos nombres bastan como testimo
nio de la presencia del estado en la judicatura federal.
XVII. UNIDAD SIN RIESGOS
DOS CANDIDATOS Y UN GOBERNANTE
ARA PRINCIPIOS DE 1973 no había más que dos candidatos
P para sustituir a Carlos Sansores: los licenciados Carlos Pérez
Cámara y Rafael Rodríguez Barrera, pero al cambiar el escenario
nacional y pasar Sansores a la Cámara de Diputados, se designó
interino a Carlos Pérez Cámara. Rafael Rodríguez Barrera, que se
había destacado como diputado federal, inició su campaña para
cubrir el periodo de 1973 a 1979. Ocupó la tribuna cameral con
constancia, de tal manera que cuando llegó a Campeche a los 36
años era un político con experiencia, como se advierte cuando
señaló en un discurso que la tarea del gobernante persigue siem
pre el conocimiento de las aspiraciones de su pueblo, y que para
conocer la esencia de la ciudadanía es necesario proyectarse lim
piamente ante la opinión colectiva, mostrando voluntad no sólo
de atender al pueblo, sino precisamente de convivir con él, alen
tar el optimismo atacando la desesperanza, compartir los éxitos
obtenidos, mantener un ambiente de verdad.
Sostuvo durante su campaña electoral propósitos de unidad y,
a ejemplo de la campaña electoral de Luis Echeverría en 1971, el
Cbel —sobrenombre afectivo que significa güero— recorrió du
rante los primeros ocho días de su campaña, a principios de 1973,
634 kilómetros en el municipio de Campeche por rutas de pavi
mento, terracería, brecha o línea férrea. En otras visitas, como la
del municipio de Calkiní, viajó por el mar litoral, y en el munici
pio de Palizada y el Carmen por vía fluvial y caminos de vereda o
herradura. Si Ortiz Ávila remodeló poblaciones y Sansores Pérez
se ocupó en particular del campo, Rodríguez Barrera, aparte de
dedicarse a ambos, puso atención en las colonias, aquellos cen
tros de población que habían comenzado a fundarse en el sexe-
205
206 UNIDAD SIN RIESGOS
nio de Ortiz Ávila y que ya para entonces habían crecido en po
blación y necesidades de servicios. Así, dijo el 7 de agosto de 1979
que nuestra democracia no era espectacular porque las obras que
se habían entregado al pueblo eran modestas, pero todas habían
cumplido un objetivo y una intención: eran útiles y satisfacían ne
cesidades que ya no podían seguir aplazándose.
El TERCER RECURSO: LA PESCA
Si primero fue el palo de Campeche y después el chicle, no faltó
la bondad de la naturaleza para los tiempos en que aquellos ele
mentos comenzaron a faltar o se volvieron raquíticos en una eco
nomía que necesitaba revitalizarse. Los años de la época maya se
dedicaron a la riqueza del mar, tan apreciada por los indígenas,
quienes incluso le consagraron monumentos. Los colonizadores
no solamente se ocuparon de su captura, sino que la aprovecha
ron para que fuera causa impositiva, al mismo tiempo que fuente
de alimentos. La riqueza pesquera durante la Colonia y los años
republicanos fue explotada en las costas del Pacífico, principal
mente en el Golfo de Cortés, donde perlas y ballenas despertaron
ambiciones, al grado de que de 1846 a 1848 concurrieron a la cap
tura de los grandes mamíferos 32 fragatas estadunidenses, cuatro
francesas y dos holandesas, que mataron 338 ballenas. El litoral de
Campeche no poseía esa riqueza, pero en 1852 José María Regil y
Alonso Manuel Peón descubrieron que los recursos eran abun
dantes, entre otros, por la población de bufeos —delfines— y ti
burones, “especie monstruosa de cazón que anda en acecho de
su presa alrededor de los buques y acercándose a vista de tierra
suele también dejar a familias en llanto y orfandad”.
A mediados del siglo xix se hizo el primer recuento de la rique
za pesquera en aguas campechanas, de especies cuyo alto valor
todavía no se descubría y otras que se han extinguido. Los auto
res citados señalaron la existencia del lobo o puerco marino en
Isla Arena; el lagarto, caimán o cocodrilo tenía su asiento princi
pal en el Río Champotón. Peces innumerables de especies no cía-
UNIDAD SIN RIESGOS 207
sificadas “hacían imposible el hambre”; citaron el “zaque”, peque
ña sardineja; el bucay, pejepluma, corcovado, roncador, pámpa
no, robalo, esmedregal, que “no sólo cubre la mesa de los ricos,
sino que sirve también de inextinguible materia a las salazones
del pescador”; cazón, lisa, sierra y tortuga, siendo la de carey muy
notable en la Laguna de Términos. Igualmente había en abundan
cia ostión, cangrejo, jaiba, caracol, calamar y langosta. En 1895 al
realizar otra evaluación, Alfonso Luis Velasco contó: bonito, an
guila, bagre, bobo o perca negra, caballito de mar, cabrilla, curvi-
na, dorado, mantarraya, mero, mojarra, peje espada, raya, sabalo-
te, esturión, tintorera y trucha. Crustáceos como asela, branquipo,
camarón, camaroncillo, cochinita, charal de mar. Moluscos: alme
ja, argonauta bucarda y pulpo; y por supuesto el peje lagarto en
el río Palizada.
Todos estos elementos demuestran la antigua fama de la rique
za de la sonda de Campeche; pero su explotación comercial tardó
más de un siglo, pues alcanzó su máximo desarrollo entre 1977 y
1982. Después sus índices descendieron radicalmente por la crisis
económica, entre otras razones. Esta fuente ha sido parte de la
vida de la población desde hace siglos; de ella, Federico de Wal
deck, uno de los primeros viajeros —descubridores a principios
del siglo xix—, dijo que el terreno no era fértil para las legum
bres, pero a cambio el pescado era abundante y por consiguiente
barato.
Las costas campechanas siempre se han caracterizado por su
riqueza y variedad de productos pesqueros. La población posee
una verdadera tradición tanto en lo relacionado con la captura de
especies, como en la preparación para su consumo. Cuando el
conquistador español arribó a tierras campechanas se encontró
con actividades pesqueras organizadas y hasta con una deidad de
la pesca que era adorada por los moradores de la región y que es
taba instalada en un islote frente a Champotón.
A pesar de la abundancia de productos pesqueros, esta activi
dad se desarrolló muy lentamente y sólo en estos últimos 20 años
alcanzó importancia como primera industria del estado. Las cau
sas de su tardío desarrollo fueron las siguientes:
208 UNIDAD SIN RIESGOS
Primera. La explotación del palo de tinte, el chicle y las made
ras preciosas fueron actividades de importancia que constituye
ron la ocupación fundamental del pueblo campechano. El alto
valor comercial de estos productos justificaba que el grueso de la
población encontrara en los recursos forestales su medio princi
pal de subsistencia.
Segunda. La falta de vías de comunicación hacía imposible la
captura de productos pesqueros en gran escala, por carencia de
mercados consumidores.
Tercera. El camarón (especie de las más abundantes en la zo
na) no había alcanzado el alto valor comercial que tuvo a partir
de 1946.
En efecto, cuenta Roberto Bolívar Cetina que en 1937 fondeó
un barco japonés de nombre Sapporo Maru frente a la barra de
Isla Aguada, con la misión de conocer lo que sucedía 40 millas a
la redonda. Pero el comienzo de la Guerra Mundial impuso un
tiempo de silencio y peligro y no fue sino 10 años más tarde
cuando aparecieron los primeros barcos estadunidenses en lagu
na del Carmen. Los pobladores les relataron que el Sapporo Maru
había investigado el camarón blanco gigante, cuya captura inicia
ban, y ya para 1948 había flotas extranjeras en el Carmen. Luego
aparecieron la especie rosada y el camarón café, de valor interna
cional. Escribe Bolívar:
Los primeros años de pescar camarón en la sonda de Campeche fue
ron duros: los suelos estaban sucios; por tal motivo se tenía que le
vantar el equipo cada hora. No aparecía el nailon, la seda, y en lugar
de la cadena espantadera como hoy se usa, se utilizaba plomada; la
maniobra había que hacerla con el barco atravesado, pues se usaba
un solo equipo. En fin, fue duro el comienzo. Nadie de los armadores
aquellos hicieron gran fortuna como la hicieron los que posterior
mente fueron los dueños de las flotas que siguieron creciendo hasta
convertirse en una industria poderosa.
La sonda de Campeche es famosa en el mundo por su variedad
y abundancia de productos pesqueros. Llanamente explicada, es
una porción marítima ubicada al sur del Golfo de México, en los
UNIDAD SIN RIESGOS 209
límites de los estados de Veracruz y Tabasco hasta una línea per
pendicular a Cabo Catoche, al comenzar el mar Caribe. Su abun
dancia de productos pesqueros se debe a que, por causa de las
corrientes marítimas ciclónicas, las aguas cambian de constante
posición, lo que origina una abundante oxigenación gracias al
fenómeno de la fotosíntesis. La oxigenación de las aguas es abso
lutamente necesaria para la vida de los seres marinos.
También la temperatura del agua es ideal en la sonda de Cam
peche, pues fluctúa entre 17° y 19° centígrados en la parte orien
tal, y entre 23° y 29° en la occidental. La composición del fito
plancton y demás elementos orgánicos del agua de mar se ha
estudiado de manera incompleta; sin embargo, se sabe que pue
den encontrarse sustancias peptinas, humus, aminoácidos, hidra
tos de carbono, vitaminas, etc., que hacen posible la abundante
vida marina. La Laguna de Términos es un vivero natural de pro
ductos pesqueros, cuya explotación irracional ha ocasionado el
desequilibrio general de muchas especies marinas. El ostión se
produce abundantemente en la laguna, y el camarón y varias es
pecies de escama encuentran albergue extraordinario en sus
primeras etapas de vida. En consecuencia, permitir la captura de
camarón en la laguna es atentar en contra de la riqueza funda
mental de la sonda.
En 1970 la pesca se efectuó con 800 embarcaciones cuya capa
cidad fluctuaba entre tres y 50 toneladas. Las estadísticas regis
traron 22 congeladoras y empacadoras de productos pesqueros,
cuatro astilleros, una escuela práctica de pesca y dos estaciones
de biología.
Los pescadores realizaban sus actividades en dos formas: como
permisionarios libres y organizados en sociedades cooperativas.
Los pescadores libres carecían de capital y de fuentes de financia-
miento adecuadas para realizar una explotación en mayor escala.
Las cooperativas pesqueras tenían vicios de origen muy arraiga
dos que llevaron a la necesidad de cancelar unas, y a otras, fue
urgente otorgarles un financiamiento más amplio a fin de que
también pudieran salir del estancamiento en que se llegaron a en
contrar en algunos momentos. Por las razones económicas seña-
210 UNIDAD SIN RIESGOS
ladas, estos pescadores difícilmente aprovecharon la tecnología
moderna para sus actividades.
En conclusión, se dijo en 1971 que en el estado de Campeche
existían riqueza marítima, elementos humanos y materiales sufi
cientes para efectuar una sistemática pero racional explotación.
La importancia de los recursos pesqueros estimuló la imagina
ción de algunos personajes de la localidad. Por ejemplo, Nazario
V. Montejo Godoy escribió en 1914 unos versos que hacen entrar
en escena a un gran minero de especies de la sonda. El poema
Fiesta aguada es popular en la capital del estado y permite acer
carse al buen humor del autor, así como conocer un sinnúmero
de nombres de peces que con el tiempo han desaparecido del vo
cabulario popular y de las redes, chinchorros y atarrayas.
El periodo 1976-1982, dijo Rodrigo Moya, “puede llamarse en
justicia el sexenio de la pesca”, ya que antes la actividad se redu
cía de hecho a la captura del camarón. Las dificultades económicas
de orden mundial y las propias del país detuvieron la rapidez con
que se avanzaba en esa materia.
XVIII. DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA
LOS ÚLTIMOS LUSTROS
ESDE el AÑO DE 1920 no se había producido un cambio de
D gobierno que no estuviera tocado por dificultades o male
dicencias; amigos aparentes a la hora de la decisión rompían nor
mas o pronunciaban palabras de ira o inconformidad. Las cosas
fueron distintas en 1978. Cuando se esperaba la nominación de
Fernando Rafful para sustituir a Rodríguez Barrera, resultó que el
secretario de Pesca prefirió seguir colaborando con el presidente
López Portillo en lugar de ir a la ciudad de las murallas. Al cabo
de un tiempo de especulaciones y expectativas se conoció el
nombre del candidato del Partido Revolucionario Institucional: el
ingeniero Eugenio Echeverría Castellot (1979-1985), procedente
de la oficina del Comité Administrador del Programa Federal de
Construcción de Escuelas en el Estado de México, con residencia
en Toluca. Por lo inesperado no hubo disputas en los medios po
líticos, de modo que aquel hombre de 61 años llegó sin más al
edificio de los poderes. Se cuenta que cuando el secretario de
Gobernación Jesús Reyes Heroles supo el nombre del candidato,
le dijo al presidente López Portillo: “No conozco a ese señor”, a lo
que el presidente respondió: “Pero yo sí, y eso basta”. Escribe el
historiador contemporáneo Vega Alí:
¿De dónde diablos sacó Echeverría Castellot el apoyo para ser gober
nador de Campeche, si entonces no era más que un empleado fede
ral de tercer nivel, dedicado a construir escuelas en el Estado de Mé
xico? Lo cierto es que entre López Portillo y Echeverría Castellot
había una vieja y poco conocida relación, muy circunstancial si se
quiere, pero afianzada después por relaciones familiares que siempre
influyeron en el ánimo del presidente.
211
212 DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA
La transición fue apacible y cordial, avalada con la presencia
del presidente López Portillo, hecho que sólo se había visto en
1911, cuando el presidente Madero llegó a Campeche a la toma
de posesión de Manuel Castilla Brito.
El signo de aquel gobierno fue la construcción de carreteras y
programas de desarrollo agropecuario en comunidades rurales.
Comenta Alí: “Tal vez no logró la unidad que esperaba, pero de
trabajar no paró un solo día”. Hizo numerosas obras, entre ellas el
espectacular puente Isla Aguada-Puerto Real, llamado de la Uni
dad, que comunicó a isla del Carmen con la tierra continental y
eliminó la tradicional y molesta “panga”. La producción de arroz
alcanzó considerable importancia y empezó la difícil etapa de
convivir con el petróleo.
En agosto de 1984 el gobernador señaló como objetivo el pago
de la deuda pública, la autosuficiencia alimentaria y la reubica
ción de poco más de 3 000 refugiados guatemaltecos para que no
corrieran peligro por los problemas políticos en su país. Alentó la
unidad en momentos de crisis económica nacional, y en lo estatal
dijo que el presupuesto ascendía a 20 000 millones de pesos; en
tregó obras por más de 2 200 millones de pesos a los ocho mu
nicipios. Aumentó la producción de maíz, sorgo y soya, así como
la producción pesquera, lo que hizo posible la autosuficiencia ali
mentaria.
Oro NEGRO: CUARTO RECURSO NATURAL
En 1982 el Carmen empezó a ser más citada por la producción
petrolera que por sus notables recursos pesqueros. La flota de
captura camaronera comenzó a desintegrarse. Se repitió el ciclo
que fracturó al palo de tinte y las maderas preciosas, como tam
bién al chicle. Después del camarón y la pesca, surgieron el pe
tróleo y su industria, de convivencia tan difícil.
A principios del siglo, la compañía Pearson realizó investiga
ciones en tierra firme que no dieron ningún resultado concreto.
Era el mar el que tenía reservada otra riqueza. Rudesindo Canta-
rell, dueño de un barco pesquero, descubrió la zona petrolera
DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA 213
más importante de México. Antes de morir en Isla Aguada, en ma
yo de 1997, contó que en el año de 1961 operaba en el golfo de
Campeche:
en una ocasión después de tres días, bajó hacia el Sur. Como a
eso de las diez de la mañana, cuando hacía calma, vi algo que pare
cía una mancha de aceite en el mar. Por un momento pensé que po
día ser de otro barco. La verdad no le tomé mucha atención. Andu
vimos como a unos treinta metros de distancia del manchón y ahí
fondeamos. Por la noche nos pusimos a pescar y volvimos a ver la
mancha, que era como de 100 metros de largo. Cinco días después,
ahora sí me llamó mucho la atención hasta que me acerque. Vi una
burbuja, luego otra y otra. Entonces les grité a los demás: ¡Vengan a
ver esto, creo que es petróleo!
El propio Rudesindo señaló que guardó silencio por algunos
años, no muy seguro de que su descubrimiento fuera trascenden
tal, pero entre dudas y reflexiones creyó haber visto algo impor
tante para el país, y en un viaje a Veracruz le confió a un amigo
petrolero sus observaciones, y éste le dijo que fuera a las oficinas
de Pemex en Coatzacoalcos. No le creyeron, pero tres años más
tarde, en marzo de 1971, llegaron técnicos buscándolo y Cantarell
los llevó al lugar. Así se enteró de la enorme reserva energética
que había descubierto. En 1976 comenzó el auge del petróleo, que
en ese entonces tenía importancia y precio internacional. En ese
año se terminó el pozo Chac 1, quedando así instalada la primera
estructura. A ella siguieron otras como Akaly Noboch, que consti
tuyen lo que ahora se conoce como Complejo Cantarell.
A partir de entonces, el presidente López Portillo confió en que
la pesca y el petróleo de Campeche eran la abundancia eterna
para México. Los dos recursos se fomentaron y desarrollaron casi
paralelamente hasta que una gran conflagración los puso frente a
frente: el Ixtoc. En 1979 apareció una gacetilla en La Jornada
refiriendo, sin darle mayor importancia, un accidente en un pozo
petrolero en el Golfo de México. Conforme fueron pasando los
días se reveló el verdadero problema: nadie podía apagar el
pozo. Expertos y técnicos de renombre fueron a el Carmen y de
214 DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA
ahí a la zona de desastre. Aviones, barcazas, buques recogedores
de petróleo, perforación de pozos de alivio, todos los recursos
para detener el millón y medio de barriles que se derramaban so
bre el mar. Se utilizaron dispersantes químicos, lo que no evitó
que en Puerto Isabel, Texas, cerca de Brownsville, se comenzaran
a vender souvenirs que decían contener petróleo del Ixtoc. El re
dactor de la revista especializada Técnica Pesquera escribió:
Lo único que está fuera de duda es que, sea cual sea la magnitud de
esos efectos, tarde o temprano se restablecerá el equilibrio ecológico
en la zona afectada. Casi todos los investigadores coinciden en que la
naturaleza tiene una enorme capacidad para reponerse de los efectos
de una perturbación y recuperar sus condiciones originales.
La prensa mantuvo la alarma y no cedió en las constantes pre
guntas a las autoridades de la Secretaría de Pesca sobre el daño
que causaría a la fauna marina, hasta que se sostuvo más o menos
el siguiente diálogo: “Tú has visto en revistas o documentales lo
que sucede cuando en la selva se produce un fuego o cualquier
otro siniestro?” “Sí”, respondió el periodista. “Bien, se observa que
los antílopes, elefantes, jirafas, aves y hasta reptiles huyen del pe
ligro”. “Cierto”, dijeron los reporteros. “Pues bien, igual sucede en
el fondo marino y cerca del Ixtoc; los crustáceos, como el cama
rón y los peces, no se han quedado estáticos junto a la presión
con que expulsa aceite el pozo hacia la superficie, sino que tam
bién han huido del peligro las especies del fondo marino; por eso
no es fácil decir qué daño o mortandad ha causado el Ixtoc”. El
silencio, por lo sorpresivo de la respuesta, hizo que los periodis
tas dejaran de insistir a este respecto por unas semanas.
Ciudad de El Carmen se convirtió en 1979 en una población
desquiciada por los efectos del petróleo. Hoteles sin habitaciones
para alquilar, precios que se dispararon inesperadamente, alqui
leres tan caros como en Hollywood, calles y escarpas deshechas a
causa del rodamiento de gigantescos remolques cargados de ma
quinaria y equipo, desenfrenado y artificial encarecimiento de los
predios urbanos y rurales, explosión demográfica que ocupó has-
DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA 215
ta las tierras pantanosas, servicios municipales sobrecargados, au
mento en el consumo de bebidas alcohólicas y, como consecuen
cia, más delitos y prostitución. Amarguras y resentimientos fueron
algunas de las consecuencias de la inesperada presencia de
Pemex y de las compañías perforadoras, que utilizaron la antigua
Isla de Tris como base para sus operaciones en los yacimientos
submarinos de la sonda de Campeche. Se presentía que de algu
na manera afectaría a la pesca y a los pescadores.
El accidente del Ixtoc, dijo Rodrigo Moya, sirvió para poner de
manifiesto un hecho: que el vertiginoso desarrollo de la industria
petrolera mexicana —particularmente la explotación de yaci
mientos marinos— podía colocarla en curso de colisión con otra
importante industria, la pesquera, fuente de divisas y de ocupa
ción para decenas de miles de personas.
Un derrumbe paralelo
En 1980 comezó una década trascendental para todo el mundo,
pero particularmente para México, donde la riqueza petrolera se
presentaba más como una interrogante que como una esperanza
de solución. Se recordó que la industria alimenticia se encontraba
en manos extrañas, lo que fundaba la importancia de desarrollar
la pesca dentro de rigurosos cánones nacionalistas, para evitar
que, en la medida en que avanzara, quedara dominada por el ca
pital exterior. En 1982 ocurrió la crisis internacional que derrum
bó los precios del petróleo y arrastró al sector pesquero. Sin em
bargo, el gobierno del estado prosiguió sus labores tratando de
diversificar su economía y sortear, hasta donde fuera posible, los
problemas.
La concordia sexenal
Abelardo Carrillo apuntó dos problemas al inició de su gobierno
(1985-1991): la agricultura continuaba practicándose en condicio
nes de temporal, a excepción del arroz, al que se apoyó con tec-
216 DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA
nología y mayor infraestructura. En cuanto al petróleo, la em
presa no era una ínsula en el estado, de la cual solamente se sabía
por sus efectos en la inflación y en los desórdenes urbanos, sino
que esperaba una mayor respuesta participativa. Hacia el final de
su gestión, consiguió 43 000 millones de pesos como apoyo adi
cional a las participaciones que recibía la entidad, cuyo mar pro
ducía 70% del total nacional de crudo y 30% del gas.
En 1986 sobrevino otro descenso en el precio del petróleo que
dañó la economía, pero se prosiguió trabajando en la reparación
del puente Isla Aguada-Puerto Real, la carretera Palizada-Carmen
y en un ambicioso programa de vivienda popular.
En otros órdenes, el 14 de julio de 1990 se formalizó la creación
del municipio de Escárcega con área de influencia de 3 786 kiló
metros cuadrados, así como una población de más de 55000 ha
bitantes; comprendía también 44 ejidos, dos colonias y más de
385 ranchos.
En ese año Campeche tuvo participaciones fiscales del orden
de 149926 millones y creció la actividad arrocera, mas no así la
pesca. El gobernador Carrillo Zavala señaló el evidente deterioro
de la flota camaronera, así como la insuficiencia de embarca
ciones para la captura de escama. Finalmente en 1991 se hizo
público el proyecto de la construcción del puente isla del Car
men-Península de Atasta, que afianzaba la unión de la isla con
tierra firme por esos dos extremos.
Imagen cultural
En estos últimos 90 años el ejercicio de la literatura no ha sido fá
cil para numerosos ensayistas y poetas, más que por otra cosa,
por la carencia de medios. En este siglo hubo muy pocas publica
ciones (en algunos años ninguna), mucho menos revistas litera
rias y ni pensar en suplementos culturales. Esta situación llevó al
silencio, y para siempre, a inspiraciones como las de los jóvenes
carmelitas Juan J. Correa Delgado y Juan Girón de la Cabada, a
pesar de que este último empeñó capacidad y esfuerzo para pu-
Mapa 5. Mapa político administrativo de Campeche, 1997.
Banco Nuevo
I »Cayo Nuevo
Simbologia
Banco Inglés
MUNICIPIO X
£ Transbordador
DECALKINÍÑunkini'*BÍtal , Aeropuerto
Santa Cruz» • □ CALKINI ESTADO h h h im Puente
»Ex-Hacienda - DE
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San Pablo MUNICIPIO
Pixtum* Carrillo Puerto DE CHAMPOTÓN
X Ley Federal de la Reforma Agraria
Sabancu?x «Xbacab
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MUNICIPIO Alvaro Obregón Kilómetros
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San Antonio ESCARCEGA □
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+4- 4- J 4- ** REPÚBLICA DE GUATEMALA
DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA 217
blicar Sol de Provincia en la década de los años veinte. Por enci
ma de las dificultades, fue conocida la obra de Juan H. Brito, así
como la del poeta de las garzas, Manuel García Jurado.
Tierra-ciudad, paisaje-marino, silueta-selva, alas-cielo, fueron
elementos que vitalizaron la obra literaria de campechanos y de
escritores de otras entidades, como el reconocido español Fran
cisco Villaespesa, que en 1919 escribió el largo poema Las ciuda
des de México, que dedica a Campeche tres sonetos. Citemos el
primer cuarteto:
Como los puertos de mi Andalucía
tienes un cielo azul, claro y sereno,
y un mar espejeante, en cuyo seno
todo adquiere esplendor de pedrería.
En un recuento breve no es posible citar a todos los que han
escrito poesía, pero no podemos dejar de mencionar a algunos,
como Brígido A. Redondo, autor de ensayos, artículos y numero
sos poemas, además de participante de la antología Sonetario,
publicada en 1996. Rafael Blengio Pinto, Daniel Cantarell, José
Felipe Castellot, Eduardo Hernández Capetillo, Humberto He
rrera Baqueiro, Manuel Lanz Peña, Carlos McGregor Giancinte
—quien publicó más de 25 libros de poemas y fue ganador de
numerosas flores naturales de oro en diferentes concursos—, Adal
berto Muñoz Ávila, José Narváez Márquez —autor de canciones
de popularidad regional—, Radamés Novelo Zavala, Rafael Pere-
ra Castellot, Eduardo Perera Castillo, Alfredo Perera Mena —quien
también conquistó flores de oro y ejerció el periodismo—, Pedro
Rodríguez Palmero, Fernando Sánchez Mayans y Ramón Iván
Suárez Caamal.
Aparte del Sonetario, esfuerzo valioso de recuperación de Brí
gido A. Redondo, debemos citar los dos volúmenes del Parnaso
Campechano que se deben a Ramón Trejo Bernés y que amplia
ron el género de los trabajos poéticos, ya que no se limitaron a
los sonetos.
Leyendas, novelas, ensayos, trabajos literarios y costumbristas
218 DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA
como los de Juan de la Cabada, Manuel Lanz Cárdenas y Luis Ál-
varez Barret han enriquecido las letras del estado.
Los AÑOS ACTUALES
El año de 1990 trajo la inquietud de una sucesión. Entre los pre
candidatos locales figuraban Sales Gutiérrez, Jorge Salomón Azar,
Carlos Pérez Cámara y otros con menores posibilidades. El pri
mero de ellos realizó una enérgica tarea de acercamiento con la
población, así del litoral como del interior. Poseía un prestigio ob
tenido en el curso de cerca de tres décadas de trabajo en la admi
nistración pública federal. El tercero había desarrollado una am
plia carrera pública de estatura local y nacional. Sin embargo,
Jorge Salomón Azar era amigo cercano de Luis Donaldo Colosio,
secretario de Sedesol y después candidato a la presidencia de la
República, con quien había compartido aulas en el Tecnológico
de Monterrey. Fue el candidato del Partido Revolucionario Insti
tucional (1991-1997). Durante su gestión se publicaron libros so
bre la historia del estado que se distinguieron por su calidad edi
torial y contenido. Puso interés en la realización de proyectos
productivos apícolas, forestales y de recuperación patrimonial en
los sitios arqueológicos de Calakmul, Becán, Chicanná, Balankú e
Xpujil. En 1996 destacó la producción de maíz y arroz, que en
conjunto representó 71% del total de la agrícola. En materia fores
tal, ese año se alcanzaron 34111 metros cúbicos de especies ma
derables y 401 toneladas de especies no maderables, como el chi
cle. En lo que se refiere a la producción pesquera, se alcanzó la
cifra de 39161 toneladas con valor comercial de 489 millones de
pesos.
De los diferentes datos acerca de la superficie de Campeche,
los más confiables son los de 1997, que incluyen al recien
te municipio de Calakmul, creado por ley de 31 de diciembre de
1996 y en vigor desde el ls de enero siguiente. La superficie del
estado es de 56858.84 kilómetros cuadrados, divididos en 10 mu
nicipios en las siguientes proporciones:
DESARROLLO Y POLÍTICA DE CONVIVENCIA 219
Calakmul 16805.80
Calkiní 1 966.57
Campeche 3410.64
Carmen 13 134.89
Champotón 6088.28
Escárcega 3706.70
Hecelchakán 1331.99
Hopelchén 7460.27
Palizada 2071.70
Tenabo 882.00
La población asciende a 642 506 habitantes, de los cuales cerca
de 60% se localiza en los municipios de Campeche y el Carmen.
Sus límites son con los estados de Yucatán, Quintana Roo y Ta-
basco, además de Belice y Guatemala —única entidad de la Re
pública que limita con dos países—. Su litoral tiene una extensión
de 523 kilómetros en el Golfo de México; el mar territorial es de
7905 kilómetros cuadrados; la plataforma continental de 51000
kilómetros cuadrados; las aguas continentales son de 19000 hec
táreas, y las lagunas costeras cuentan con 156000 hectáreas.
Hay principalmente dos tipos de climas: cálido húmedo con
abundantes lluvias en verano y cálido subhúmedo con lluvias en
verano. En la parte económica, 0.84% de la superficie está de
dicada a los siguientes cultivos: maíz, arroz, caña de azúcar, na
ranja y algodón. La ganadería se divide en tres rubros: bovinos,
porcinos y ovinos, con un inventario de 658368, 146221 y 31 559
cabezas, respectivamente. En lo forestal, según datos de 1995, se
registró una producción maderable de 11 595 milllones de pesos
y una producción de chicle de 211 toneladas equivalentes a 6330
millones de pesos. En ese mismo año la pesca tuvo un valor de
538882 millones de pesos, con un volumen de 41162 toneladas.
Las principales especies capturadas fueron: camarón, jaiba, pul
po y sierra. La sonda de Campeche es el área más importante en
la producción nacional de barriles de petróleo crudo, y si en 1991
representó 71.2% de la producción nacional, en 1996 ascendió a
74.6 por ciento.
CRONOLOGÍA
800-200 a.C. Primeros asentamientos de pobladores que
practicaban una incipiente agricultura, así co
mo la producción de cerámica, que data en el
caso de Campeche del periodo Preclásico.
200 a.C.-900 d.C. Los mayas dieron forma a una civilización de
suntuosas pirámides y espléndidos palacios.
El periodo Clásico terminó en repentino co
lapso. Las ciudades fueron abandonadas, la
población disminuyó drásticamente y la selva
cubrió los monumentos.
Periodo conocido como horizonte Clásico Ma
ya, se distingue por la construcción de centros
ceremoniales, inscripciones calendáricas, so
ciedad de carácter teocrático, numeración, ca
lendario, observaciones astronómicas, comer
cio y religión.
Predominio de los cacicazgos conocidos con
el nombre de Ah Canul, Can Pech, Chakampu-
tún, Tixchel y Acalán.
1517 Primer contacto de los españoles con los indí
22 de mar. genas de Campeche. Francisco Hernández de
Córdoba, quien capitaneaba una expedición
formada por 110 hombres, toca tierra firme en
el lugar que ostentaba el nombre Ah Kin Pech
y que es bautizado como San Lázaro.
26 de mar. Batalla entre los conquistadores del capitán
Francisco Hernández de Córdoba y los lugare
ños de Potochán o Champotón. Los conquista
dores son derrotados y llaman al lugar “Bahía
de la Mala Pelea”.
221
222 CRONOLOGÍA
1518 Nueva expedición de Juan de Grijalva, Fran
5 de abr. cisco de Montejo, Pedro de Alvarado y Alonso
de Ávila a la tierra de los mayas. Llegan a una
isla que llaman Santa Cruz, en conmemora
ción del día en que fue descubierta. Su nom
bre era Cozumel.
Mayo Llegan españoles a bordo de cuatro navios a
Puerto Real o Isla Aguada. Al frente de la ex
pedición van Juan de Grijalva y Antón de Ala
minos, quienes para fines de registro designan
a ese lugar con el nombre de Isla Tris, término
que se hizo usual en los mapas y cartas de
navegación.
1526 Francisco de Montejo inicia las gestiones buro
8 de dic. cráticas ante el sistema monárquico español
para que se le concedan los privilegios de la
conquista y colonización de la península. Se le
otorga el título de Adelantado de Yucatán.
1527 Montejo el Adelantado sale de Sanlúcar de Ba-
Junio rrameda a bordo de tres embarcaciones con
un ejército de hombres con rumbo a la penín
sula de Yucatán.
1529 Llega a Santa María de la Victoria, Tabasco,
Francisco de Montejo el Adelantado. Es la pri
mera expedición exitosa.
1531 Francisco de Montejo el Adelantado funda la
llamada Villa Salamanca de Campeche. Más
adelante Campeche es escogido como puerto
de entrada para la Conquista.
11 de jul. Se lleva a cabo en Villa Salamanca de Cam
peche una cruenta batalla entre españoles y
mayas. Los campechanos ganan la Batalla y el
episodio es conocido como la Batalla de San
Bernabé.
1537 Montejo, el Sobrino, junto con Lorenzo Go-
doy, funda San Pedro de Champotón.
CRONOLOGÍA 223
1540 Campeche se constituye en la primera villa
4 de oct. hispana de la península. Fue fundada por
Francisco de Montejo, el Mozo, con el nombre
de San Francisco de Campeche.
1545 Llega a la península el obispo de Chiapas,
5 de ene. Campeche y Yucatán, Bartolomé de las Casas,
acompañado de 40 sacerdotes dominicos, y se
celebra en el convento de San Francisco, edi
ficación de Campeche, la primera misa en tie
rra firme de América.
1547 La capitanía general de Yucatán se divide en
cuatro distritos: el de Mérida, el de Valladolid,
el de Salamanca de Bacalar y el de San Fran
cisco de Campeche.
1549 Francisco de Montejo el Adelantado es susti
13 de mayo tuido como gobernador de Campeche por dis
posición de juez de Residencia, licenciado
Blas Cota, enviado por la Audiencia de los
Confines de la Nueva España. Montejo muere
el 8 de septiembre de 1553, en Salamanca.
1557 Los piratas atacan por primera vez Campeche.
1558 Aparecen los piratas ingleses, que tienen
26 de oct. como propósito explotar el palo de tinte. Ocu
pan por primera vez la Isla de Tris, más tarde
llamada isla del Carmen.
1561 Un buque pirata de origen francés llega a
17 de ago. Campeche y sorprende a las embarcaciones
que estaban fondeadas, asaltando y queman
do las casas de la villa.
1562 En una de las habitaciones del convento de
San Francisco en Campeche nace Jerónimo,
nieto de Hernán Cortés, quien es bautizado
ahí mismo.
1564 Se establece la capitanía general de Yucatán y
el señor Luis de Céspedes y Oviedo recibe el
nombramiento de primer gobernador y capi-
224 CRONOLOGÍA
tan general. Fue el primero en considerar la
necesidad de fortificar la Villa de San Francis
co de Campeche.
1565 El mercader Juan Cano de Coca Gaytán trae
desde Veracruz a Campeche una imagen a la
que le atribuyen milagros: el Cristo de San Ro
mán, imagen predilecta de la devoción de los
campechanos y en particular de los marinos.
El gobernador Luis de Céspedes se dirige a la
Corte de Madrid y solicita la autorización para
dar inicio a la fortificación del puerto.
1597 El corsario William Parker desembarca en el
21 de sep. barrio de San Román y en complicidad con un
vecino de nombre Juan Venturate asalta y
saquea la población. Los lugareños se apres
tan a su defensa y Venturate, capturado, es
descuartizado.
1604 Carlos de Luna y Arellano, mariscal de Castilla,
11 de ago. comienza a levantar las primeras fortificacio
nes con un costo de 2 500 pesos.
1633 Llega a las costas de Campeche una escuadra
Agosto de 10 embarcaciones de bucaneros holande
ses, ingleses y franceses, comandados por el
pirata Pie de Palo, filibustero acompañado por
Diego el Mulato. Desembarcan con 500 hom
bres en el barrio de San Román, saquean casas
y roban las trozas de palo de tinte.
1644 La villa de Campeche es amenazada por el lla
mado conde de Santa Catalina, cuyo verdade
ro nombre es Jacobo Jackson. Sin embargo,
pasa de largo para dirigirse a Champotón, sitio
que saquea.
1652 En los astilleros de San Román es botado el
primer buque de 400 toneladas y poco des
pués otra embarcación de 650. Harían viajes a
Veracruz y Cádiz.
CRONOLOGÍA 225
1659 Christoper Ming, con marinos y piratas ingle
ses, sitia San Román. Desembarca y durante
cinco días se dedica al saqueo, toma rehenes y
se lleva 14 navios.
1661 Una flotilla dirigida por filibusteros de Henry
Morgan no desembarca en las costas de Cam
peche, pero roba el cargamento de dos fraga
tas que estaban por arribar al puerto.
1663 Otro grupo de filibusteros, a las órdenes de
9 de feb. Mansvelt, saquea casas y desarticula las débi
les fortificaciones.
1663 El gobernador y capitán general de Yucatán
Juan Francisco de Esquivel, ordena un detalla
do reconocimiento a las murallas, ya que las
fortificaciones habían sido desmanteladas por
los bucaneros.
1667 Una flotilla de filibusteros dirigida por Lewis
Scott desembarca en Campeche, lo saquea por
tres días y lo deja en ruinas.
1671 Las Cortes españolas informan al virrey de la
Nueva España que el comercio de palo de tinte
había aumentado considerablemente en Euro
pa, y que los piratas estacionados en Laguna de
Términos venden más quintales de madera
de la que exporta Campeche, motivo por el cual
se fortalece la idea de expulsarlos de la isla.
1672 Laurent Graff, conocido como Lorencillo, des
31 de mar. embarca en la playa de San Román, donde
quema el astillero y dos fragatas, deteniendo
un navio procedente de Veracruz, al que roba
su cargamento.
1678 El pirata Lewis Scott saquea Campeche duran
te tres días, llevándose plata y otros objetos de
valor. En su retirada se apodera de un barco
cargado de mercancía que se dirigía a Veracruz.
1685 Los piratas Laurent Graff y Agramont, acompa-
226 CRONOLOGÍA
ñados de un millar de hombres, atacan no so
lamente Campeche, donde permanecen varios
días, sino también los ranchos aledaños, que
saquean y queman.
1686 En presencia del gobernador y otras autorida
3 de ene. des, se abren las primeras cepas para la cons
trucción de las murallas. A finales del siglo el
tesorero Pedro Velázquez informa al rey de Es
paña que han sido terminados siete baluartes
y sus cortinas, y que faltan solamente un ba
luarte y 30 varas de lienzo, que no han sido
concluidos por falta de recursos.
1686-1704 La construcción de la muralla dura aproxima
damente 18 años. Queda cerrado el recinto
con el último baluarte urbano, el de Santiago.
El espesor de la muralla es de 2.70 metros y su
altura de 8.40 metros.
1690 Justo Sierra O’Reilly informa que fueron com
26 de feb. pradas y desembarcadas treinta piezas de arti
llería y más de 100 cañones para que sean
instalados en las murallas.
1708 El pirata Barbillas, procedente de la Isla Tris y
18 de ene. al mando de cuatro embarcaciones, desembar
ca y quema Lerma. Había estado al acecho
frente a las costas de Campeche, pudiendo
apresar a la embarcación en la que llegaba
Fernando Meneses Bravo para hacerse cargo
de la provincia y por cuya liberación pide un
rescate que hay que cubrir.
1765 Se considera que el comercio, la construcción
naval, el palo de tinte y la explotación salinera
son las actividades más importantes de la re
gión campechana.
1717 Se funda la villa con el nombre del Carmen, el
16 de jul. día de la festividad religiosa consagrado a la
virgen del mismo nombre.
CRONOLOGÍA 227
1772 Se funda el pueblo de San Joaquín de la Pali
zada, según el gobernador del presidio.
1777 El monarca español Carlos III otorga el título
1 de oct. de ciudad a la antigua Villa de San Francisco de
Campeche, como reconocimiento a su presti
gio naval y su comercio marítimo.
1802 Pablo Moreno, maestro de filosofía, encabeza
y funda con el capellán José María Velásquez
el grupo denominado sanjuanistas, agrupa
ción de tendencia liberal a la que se asocian
Andrés Quintana Roo y Lorenzo Zavala, entre
otros partidarios de la supresión del servilismo
indígena, las obvenciones parroquiales y otros
privilegios de la colonia.
1802 Nace una agrupación contraria al grupo san-
juanista llamada de los rutineros, quienes pre
gonan la conservación del sistema monár
quico y la sobrevivencia de los privilegios
coloniales.
1803 La matrícula de la flota naval de Campeche es
tá compuesta por 229 embarcaciones: 21 ma
yores (fragatas y bergantines) y el resto meno
res (canoas, bongos y goletas).
1811 El número de embarcaciones de Campeche ha
crecido a 366, de las cuales 14 son mayores y
el resto de menor tonelaje. La marinería está
compuesta aproximadamente por 3 000 perso
nas dedicadas a la construcción.
1813 El liberal Francisco Bates establece una im
prenta en la capital peninsular y comienza a
circular el primer periódico, El Aristarco. Lo
renzo de Zavala es el redactor. Aparecen otros
periódicos, como El Misceláneo y El Redactor
Meridiano.
1820 Los sanjuanistas proclaman la jura y publica
8 de mayo ción de la Constitución de Cádiz. Casi inmedia-
228 CRONOLOGÍA
tamente el teniente del rey Juan José de León
es destituido de su cargo por representar inte
reses distintos al constitucionalismo.
1824 Por primera vez se propone al Congreso gene
6 de sep. ral la separación de la península de Yucatán
en dos entidades, una con la denominación de
Mérida y otra con la de Campeche. Presentan
la propuesta los diputados Joaquín Casares y
Armas, Escalante y Marín, y, aunque no pasa a
discusión, es el inicio del juego de intereses
económicos y políticos en la península.
1828 Por disposición gubernamental, se le concede
2 de oct. el título de Villa a el Carmen y el escudo de un
león posado sobre la isla, devorado por un
águila. Alrededor lleva la siguiente leyenda: La
Laguna por Yucatán y ambas por la República
Mexicana.
1841 Por decreto se le concede a la Villa del Carmen
26 de oct. la categoría de puerto de altura, debido a la
importancia en el comercio marítimo.
Se expide la Constitución de 1841, con impor
tantes innovaciones, como el juicio de amparo.
Se funda en el puerto de Campeche el periódi
co el Museo Yucateco a cargo de Justo Sierra
O’Reilly. Es una publicación de divulgación
científica, artística, literaria e histórica.
1843 Se firman los tratados de reincorporación de
14 de dic. Yucatán a la república, así como los puntos de
acuerdo sobre el régimen interior, comercio,
aranceles y demás asuntos necesarios para la
continuación de la vida política y económica
de Yucatán.
1845 Se funda el segundo periódico de Justo Sierra
O’Reilly, denominado el Registro Yucateco,
considerado la continuación del anterior. Se
edita en Mérida y circulará hasta 1849.
CRONOLOGÍA 229
1847/30 de jul. Se inicia en Yucatán la Guerra de Castas.
1848 Justo Sierra O’Reilly inicia la publicación en la
ciudad de Campeche del periódico noticioso y
mercantil El Fénix, primero dedicado a temas
de actualidad, como los relativos a la Guerra
de Castas, Belice y los indios de Yucatán.
1854 Isla del Carmen es declarada territorio federal
15 de jul. y luego ampliada su jurisdicción, desde Punta
Varadero hasta el río San Pedro y San Pablo en
la costa.
1855 Aparece el último de los periódicos de Justo
14 de dic. Sierra, La Unión Liberal, publicado en el puer
to de Campeche como órgano oficial del go
bierno de Yucatán con residencia en Mérida.
Sobrevivirá hasta julio de 1857.
1856 El gobierno de Yucatán solicita al Congreso
Constituyente la incorporación al estado del
territorio del Carmen, lo que consigue después
de un debate.
1857 Un grupo de campechanos encabezados por
6 de ago. Pablo García y Pedro Baranda se apodera del
baluarte de Santiago y la Soledad, así como de
la maestranza de artillería. Los inconformes
solicitan la destitución del ayuntamiento de
Campeche del gobernador Pantaleón Barrera
por su filiación mendista, así como la del ad
ministrador de la aduana. El 9 de agosto es
designado Pablo García como jefe político y
militar.
1858 Se firma el Convenio de División Territorial
3 de mayo entre Yucatán y Campeche que estipula, entre
otros puntos, los respectivos a la línea diviso
ria, obligaciones en la guerra contra los indí
genas, impuestos y aranceles. Es publicado en
la ciudad de Campeche el 15 de mayo.
18 de mayo Se expide un documento de cuatro puntos por
230 CRONOLOGÍA
el cual la junta gubernativa del distrito de
Campeche e isla del Carmen declara tener la
voluntad de erigirse en estado, reconociendo
como gobernador a Pablo García y como co
mandante militar a Pedro Baranda.
1861 La Comisión de Puntos Constitucionales del
5 de dic. Congreso de la Unión presenta una exposición
de motivos redactada por los diputados Igna
cio Altamirano, Ignacio Mariscal y Manuel Ro
mero Rubio, previa al proyecto de ley que pi
de la conversión en estado de la federación del
distrito de Campeche, con los límites que tiene.
El número de pobladores que cita Pablo Gar
cía para constituir el estado de Campeche as
ciende a 82 000 almas aproximadamente.
Julio México suspende los pagos de la deuda exter
na, provocando el disgusto de España, Ingla
terra y Francia que en coalición invaden el te
rritorio nacional, por el puerto de Veracruz.
Francia, con Napoleón III, comienza la guerra
y avanza el éjercito expedicionario.
1862 El presidente Benito Juárez expide un decreto
19 de feb. que le da la facultad y el reconocimiento al
nuevo estado de Campeche, y que es ratifica
do el 29 de abril de 1863.
Junio Con el inicio de la invasión francesa, la caño
nera L’Eclairse dedica a detener y apropiarse
de barcos campechanos. Asimismo, es bom
bardeada la ciudad amurallada.
1863 La marina francesa invade isla del Carmen con
28 de feb. la colaboración del general Tomás Marín, de
filiación conservadora y monárquica. En tanto,
desde el buque Grenade, el comandante Hoc-
quart le envía un mensaje amenazador al go
bernador Pablo García en el que le advierte
que si hostiliza a los pobladores de isla del
CRONOLOGÍA 231
Carmen —protegida por la bandera france
sa— recibirá represalias.
1863 Campeche comienza a padecer un bloqueo
Noviembre por mar y tierra y el asedio de las tropas impe
rialistas. También desembarcan los franceses
en Champotón y se apoderan del fortín de
costa San Antonio en horas de la madrugada.
El general Pedro Celestino Brito, jefe de la
guardia nacional, exalta el valor de los solda
dos mexicanos que no permitieron que 50
enemigos se apoderaran de Champotón.
1867 La república es restaurada y los franceses ex
1 de jun. pulsados del territorio nacional. El gobernador
de Campeche Pablo García despide a los sol
dados y marinos que hicieron la campaña con
tra el imperio.
13 de dic. El Congreso local del estado de Campeche
declara gobernador constitucional a Pablo
García, para un periodo de cuatro años, y
nombra como vicegobernador a Tomás Aznar
Barbachano.
1869 Joaquín Blengio es destituido como presiden
Mayo te del Ayuntamiento de Campeche, acusado
de haber colaborado con las autoridades im
perialistas francesas. Se inicia la división de
grupos políticos.
1870 Pablo García, creador del estado de Campe
1 de jun. che y hombre que separó al distrito más im
portante del estado de Yucatán, deja la guber-
natura por disposición y al día siguiente el
vicegobernador Aznar Barbachano se hace
cargo del Ejecutivo. Pablo García se refugia en
Mérida hasta el día de su muerte.
1871 Se abre el proceso de nuevos comicios y es
6 de ene. electo gobernador del estado de Campeche
Joaquín Baranda.
232 CRONOLOGÍA
1874 Se expide en el estado de Campeche la pri
mera Ley de Instrucción Primaria Obligatoria,
que se reglamenta para aplicarse de manera
práctica.
1876 El gobernador de Campeche Joaquín Baranda
26 de die. decreta la soberanía de la entidad, separán
dose de la Federación. No reconoce el Plan de
Tuxtepec.
1880 Da inicio la gestión contractual entre el go
Septiembre bierno estatal y la Secretaría de Comercio para
la construcción de una vía de ferrocarril entre
las ciudades de Campeche y Calkiní con dos
prolongaciones: una hacia Lerma y otra hacia
la frontera de Yucatán.
14 de nov. Se convoca a nuevos comicios en Campeche,
en los que resulta electo gobernador Arturo
Shiels, quien ejerce una política de unificación
y reconciliación de todos los campechanos.
1882 Shiels expide dos decretos que declaran bene
10 de oct. méritos al general Pedro Baranda y al licencia
do Pablo García, ambos enemigos irreconcilia
bles.
Arturo Shiels fue el primer gobernador origi
nario de ciudad del Carmen. Sus principales
logros fueron declarar obligatoria la enseñanza
de la mujer e instituir escuelas para niñas en
Hopelchén y Seybaplaya.
1890 El gobernador de Campeche, doctor José Tri
7 de ago. nidad Ferrer, propone dictar disposiciones
para el desarrollo de la industria y extracción
del chicle en el estado.
1892 El coronel Leocadio Preve, gobernador consti
16 de oct. tucional, expide un decreto que cambia el
nombre de la capital por el de Campeche de
Baranda, en memoria del general Pedro Ba
randa.
CRONOLOGÍA 233
1894 En su informe, el gobernador hace resaltar
7 de ago. que el producto de más importancia en el
estado es el palo de tinte, ya que en esos años
ha ocupado el principal renglón en materia de
exportación.
1898 Se informa al gobernador de Campeche que
3 de jun. han concluido los trabajos de construcción del
ferrocarril, con lo que quedan enlazados los
estados de Campeche y Mérida, siendo inau
gurado el servicio.
1899 Se estrena en el Teatro Toro el Himno de
16 de sep. Campeche. Son autores Enrique Novelo, de la
letra, y Leandro Caballero, de la música. Des
de entonces se interpreta en ceremonias o ac
tos solemnes.
1902 Para reivindicar la memoria de uno de los fun
23 de ago. dadores del estado de Campeche, se declara
benemérito al licenciado Tomás Aznar Bar-
bachano, por iniciativa de Manuel A. Lanz.
24 de nov. El Congreso de la Unión expide un decreto
que afecta la jurisdicción fronteriza de Yuca
tán, antigua referencia para delimitar los esta
dos de Yucatán y Campeche, así como el terri
torio de Quintana Roo.
1910 Se expide el documento denominado Plan de
Mayo Valladolid contra el gobierno de Yucatán, en
el que se denuncian las condiciones sociales
imperantes en esa entidad.
1911 Visitan Campeche por vía de los Ferrocarriles
15 de sep. Unidos de Yucatán los señores Francisco I.
Madero y José María Pino Suarez, candidatos a
la presidencia y vicepresidencia de la repú
blica.
1913 Son asesinados el presidente Francisco I. Ma
Febrero dero y el vicepresidente Pino Suárez durante
la Decena Trágica.
234 CRONOLOGÍA
1914 Se expide un decreto que declara nulas las
22 de sep. deudas, cartas o cuentas de los peones y hace
valer los preceptos de la Constitución, otor
gando a los sirvientes del campo la más am
plia libertad para cambiar su residencia.
1917 Se promulga la convocatoria para las eleccio
16 de feb. nes de los poderes federales. Los resultados
en el estado se inclinan por Venustiano Ca
rranza como presidente de la república.
Se convoca a elecciones para gobernador
constitucional del estado de Campeche. Resulta
electo Joaquín Mucel.
1920 Se publica un decreto firmado por el coman
18 de mayo dante militar de Campeche Manuel Madrigal,
quien se dice investido de facultades en virtud
del Plan de Agua Prieta, y declara gobernador
civil con carácter provisional a Eduardo Arceo
Zumárraga.
1923-1927 En este periodo Campeche es el primer pro
ductor de chicle en la república y subvenciona
a pequeños empresarios como José María
Evia, para establecer una fábrica de goma de
mascar en la ciudad de Campeche con el nom
bre de El Zapote.
1932 De acuerdo con los tiempos, se cancela la
19 de nov. denominación religiosa de algunos lugares y
se suprime el nombre de los barrios de San
Román, San Francisco, Santa Ana, Santa Lucía
y la plazuela de San Martín, para imponerles
los de Vicente Guerrero, Pablo García, Tomas
Aznar y Leandro Domínguez.
1939 El Partido Nacional Revolucionario (pnr) convo
ca a la nominación de sus candidatos para go
bernador. Resulta electo Héctor Pérez Martínez.
1940 El presidente Lázaro Cárdenas firma un acuer
15 de mayo do mediante el cual se recuperan tierras que
CRONOLOGÍA 235
pertenecieron a Campeche y estaban en juris
dicción de Quintana Roo, incorporándose te
rrenos con importantes recursos madereros y
de chicle, además de las poblaciones de Icai-
ché, Haltum, Noh-Sayab, Masapich, Xkanhá y
Chualuc.
1961 Rudesindo Cantarell, dueño de una embarca
ción pesquera que operaba en la región, des
cubre la zona petrolera más importante de Mé
xico en el Golfo de Campeche. Diez años más
tarde se iniciará la exploración y explotación
del recurso.
1971 Se considera que el estado de Campeche po
see riqueza marina y elementos humanos y
materiales suficientes para llevar a cabo una
sistemática y racional explotación.
1976 Se termina la construcción del pozo Cbac 1 y
se continúan otros con nombres mayas como
el Akal y Nohoch. Ambos constituyen lo que
ahora se conoce como el Complejo Cantarell.
1977 La sonda de Campeche es considerada mun
dialmente la zona más importante por su va
riedad y abundancia de productos pesqueros.
1977-1982 La sonda de Campeche alcanza en el periodo
su máximo desarrollo pesquero. Después su
rendimiento descenderá drásticamente debido
a la crisis económica nacional e internacional.
Se considera a ese periodo como el sexenio de
la pesca.
1979 Se produce el derrame del pozo petrolero de
nominado Ixtoc en la sonda de Campeche, de
graves repercusiones ecológicas y económicas.
1979-1985 Se construye el puente Isla Aguada-Puerto Real,
llamado de la Unidad, que comunica isla del
Carmen con tierra continental.
1982 Se considera a ciudad de El Carmen como una
236 CRONOLOGÍA
de las regiones de mayor importancia en cuan
to a producción petrolera y recursos pesqueros.
Se produce una crisis internacional de petró
leo. La caída de los precios afecta también al
sector pesquero de la región.
1990 Se formaliza la creación del municipio de Es-
14 de jul. cárcega con una área de influencia de 3 786 ki
lómetros cuadrados.
1991 Se inicia el proyecto de construcción del puen
te isla del Carmen-Península de Atasta, que
une a la isla con tierra firme.
La sonda de Campeche representa una de las
áreas más importantes en la explotación del
petróleo con 71.2% de la producción nacional.
En 1996 ascenderá a 74.6%.
1991-1997 Se lleva a cabo el programa de rescate de fa
chadas del centro histórico de la ciudad de
Campeche y el proyecto de reconstrucción
de su recinto amurallado.
1996 El Congreso Constitucional del estado de Cam
31 de dic. peche decreta la creación del municipio de
Calakmul, conformado por un total de 114 lo
calidades.
1997 Se construye el puente el Carmen-Zacatal con
una inversión de 140 millones de pesos.
BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
En el proceso de investigación consultamos obras generales
sobre la península de Yucatán, pues convivieron de 1540 a 1857
el estado del mismo nombre y el distrito de Campeche, y nume
rosos libros son comunes, como es el caso de la Enciclopedia Yu-
catanense en nueve volúmenes, edición del gobierno de aquella
entidad (1977). Como autor cercano a los hechos del siglo xix y
que pudo consultar material de archivos e impresos hoy de difícil
acceso, Joaquín Baranda Quijano publicó en 1907 el primer volu
men de Recordaciones históricas (cnca, 1991), y en 1913 el segun
do, obra promovida por su hijo Perfecto Baranda McGregor. Con
una visión más cercana a los años actuales, Luis F. Sotelo Regil
editó en dos volúmenes Campeche en la historia, que llega hasta
fines del siglo xix, salvo una mención a los límites de Campeche
con Quintana Roo en 1939, tercer estado que a partir de 1902 co
menzó a compartir la península (edición del autor, 1963-1964).
Alejandro Negrín Muñoz escribió Campeche. Una historia com
partida, que es un bosquejo de la historia campechana desde la
etapa colonial hasta 1919. El volumen se complementa con otros
dos que contienen una compilación de artículos y autores dife
rentes bajo el título Campeche. Textos de su historia, escrito que
sustenta documentalmente la investigación (Instituto Mora, 1991).
Finalmente, hemos dispuesto del trabajo de Juan José Bolívar
Aguilar titulado Monografía del estado de Campeche (Universi
dad Autónoma del Carmen, 1996). Un auxiliar en la consulta ge
neral fue la obra con anexo de Michel Antochiw titulada Historia
cartográfica de la Península de Yucatán (Gobierno de Campe
che, 1994).
Han sido fundamentales los trabajos de Héctor Pérez Martínez
y Juan de Dios Pérez Galaz, Bibliografía del estado de Campeche
(Gobierno de Campeche, 1943) que constituye el material nece-
237
238 BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
sario para emprender cualquier investigación. El texto citado abrió
un campo inadvertido hasta entonces. Una continuación de esta
obra es la Bibliografía contemporánea del estado de Campeche
que compendió con acuciosidad y talento Silvia Molina (Gobier
no de Campeche, 1996). Completa un largo periodo participando
de las aportaciones culturales de más de 50 años. No por breve es
menos valioso el trabajo de Alejandro Negrín, Campeche. Biblio
grafía comentada (Instituto Mora, 1990).
Al lado de los libros consultados para realizar el esquema ge
neral de la obra, es necesario mencionar la colección que dirigió
Sierra Brabatta entre 1967 y 1972 que sirvió para alimentar pre
cisamente un empeño editorial como el que hoy se emprende. El
nombre de cada uno de los trabajos editados bajo el patrocinio
del gobernador Carlos Sansores Pérez es, de Sierra Brabatta: Cam
peche. Imagen de una ciudad. Batalla de Champotón en 1517
(1967); de Rogelio Rivera Mena, una selección de artículos: Sem
blanza de un periodista: Héctor Pérez Martínez (1968); de José
Antonio Calderón Quijano: Las murallas de Campeche (1968), se
lección de una obra mayor; de José Dzib Cardozo, un estudio
preliminar sobre el archivo de la Jefatura Política y Militar: Docu
mentos para el estudio de la revolución del 7 de agosto de 1857
(1968); de Miguel Civeira Taboada: Crónicas de la Isla del Car
men (1968); de Francisco Martínez de Arredondo, John L. Step-
hens, Justo Sierra O’Reilly, Gustavo Martínez Alomía, José Felipe
Castellot y José T. Cervera: Xtacumbilxunaan. Dzitbalché. Bécal
(1968); de Luis Álvarez Barret: El maestro Beauregardy la educa
ción en Campeche (1969); Carlos McGregor Giancinti: Raíz, resa
ca y celaje de Campeche (1969); de Miguel Civeira Taboada: Do
cumentos para la historia de la Isla del Carmen (1969); de Agustín
Yáñez, Silvio Zavala, Andrés Ituarte y Alfonso Reyes: Justo Sierra
(1969); como compilación documental: Perfil histórico de Cbam-
potón (1969); de Román Piña Chan: Campeche antes de la Con
quista (1970); de Luis Álvarez Barret: El Campeche desconocido
(1970); de Eloísa Ruiz Carvalho de Baqueiro: Tradiciones, folklo
re, música y músicos de Campeche (1970); una reunión de testi
monios: Visión histórica de la Iglesia de San Francisco (1970);
BIBLIOGRAFÍA COMENTADA 239
una selección de documentos: Juan Carbó. Político y periodista
(comp. 1970); discursos como legislador y documentos del archi
vo diplomático: Juan Sánchez Azcona. Tribuno, legislador y di
plomático (comp. 1970); intervenciones compiladas del periódico
del Congreso de la Unión: Diputaciones de Campeche en el Re
cinto Constitucional, 1857-1872 (1972).
Finalmente, en lo general también fueron de utilidad el Dic
cionario geográfico, histórico y biográfico de Campeche, de Juan
de Dios Pérez Galaz (Gobierno de Campeche, 1979), y las dos
ediciones que publicó Sierra Brabatta del Diccionario biográfico
de Campeche (Gobierno de Campeche, 1991; Ediciones de la
Muralla, 1997).
Román Piña Chan es uno de los más recios estudiosos de la ar
queología de los mayas. Sus obras son imprescindibles para cual
quier investigación en ese sentido: Arenas del tiempo recupe
radas (Gobierno de Campeche, 1992) y Edzná. Guía de la zona
arqueológica ah) . De Joaquín Martínez Rosado: Breve Historia
de la arqueología en Campeche (Universidad de Campeche,
1990). Ilustrativo resultó el ensayo “Los Mayas, los hijos del tiem
po”, que se publicó en National Geographic (Washington, 1975).
De Charles Gallen Kamp: Los Mayas (Hermes, 1959). El trabajo de
Sylvanus G. Morley, maestro en la materia, apareció en el tomo n
de la Enciclopedia Yucatanense. Finalmente citaremos el ensa
yo de Arturo Gómez, “Campeche en la Conquista y Colonización
del Mundo Maya” (Revista de Historia de la Fac. de Filosofía y
Letras, unam, 1993-94).
Los años de la Conquista atañen al impacto de los descubri
mientos, y como fuentes para su investigación se distinguen por
la amplitud de la crónica y la historia letrados y eclesiásticos,
como fray Juan de Torquemada: Monarquía indiana (Chávez
Hayhoe, 1943); fray Diego de Landa, verdugo de la cultura: Rela
ción de las cosas de Yucatán (Robredo, 1938); fray Antonio de
Remesal: Historia general de las Indias (Guatemala, 1932); Igna
cio Rubio Mañé: Notas y acotaciones a la historia de Yucatán, de
fray Diego López de Cogolludo (Academia Literaria, 1957), y la
obra ineludible de Bernal Díaz del Castillo: Historia verdadera de
240 BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
la conquista de la Nueva España, tomo i (Espasa Calpe, Madrid,
1942). A lo anterior debemos agregar el libro al que Agustín Yá-
ñez hizo la introducción, selección y notas: Crónica de la Con
quista (unam, 1993).
Difícilmente las historias generales y los libros de crónicas elu
den el asunto de los piratas, pero debemos señalar como obras
fundamentales, desde luego, la de Héctor Pérez Martínez: Pira
terías en Campeche, siglos XVI, XVII y XVIII (Corunda, 1994).
Como estudio con una visión más amplia, la obra de Juan Juárez
Moreno: Corsarios y piratas en Veracruz y Campeche (Sevilla,
1972). Román Piña Chan escribió Campeche durante el periodo
colonial (Gobierno del Estado, 1987); de Juan de Dios Pérez
Galaz: Piratas y corsarios en los mares de México y del mundo
(Panorama, 1992), y el artículo “Filibustierres”, que consultamos
en el periódico Indicador Federal de la Hemeroteca Nacional de
la ciudad de México, edición del 14 de julio de 1825.
Es necesario no perder de vista que algunas obras son comple
mentarias en uno y otro capítulo, como es el caso de piratas y
murallas. Sobre el último asunto mencionaremos la obra de José
Antonio Calderón Quijano: Historia de las fortificaciones de Nue
va España (Sevilla, 1953), así como el trabajo del ingeniero militar
Miguel Sánchez Lamego: La vida histórica de las fortificaciones
de Campeche, sobretiro del “Boletín” de la Sociedad Mexicana de
Geografía y Estadística (1932).
Para el capítulo sobre el Carmen, por la importancia del lugar,
existe una numerosa bibliografía de mención obligada en las re
laciones peninsulares o de la entidad. Consultamos los trabajos
de Justo Sierra O’Reilly: La cuestión del territorio del Carmen
(J. M. Peralta, 1856) que fue publicado por entregas en el periódi
co La Unión liberal que se editaba en Campeche; Arturo Shiels:
El partido del Carmen que publicó el “Boletín” de la Sociedad
Mexicana de Geografía y Estadística (1870); un primer esfuerzo
integral fue el que realizaron varios autores en una modesta edi
ción mimeográfica que patrocinó el Liceo Carmelita: Ensayo
histórico de ciudad del Carmen (1958); esfuerzo notable ya que
contiene noticias históricas, económicas, de flora y fauna, fue el
BIBLIOGRAFÍA COMENTADA 241
libro que integró Juan Nicolau Acal bajo el título de Álbum car
melita (1910), y que fue precisamente publicado para la con
memoración del Centenario de la Independencia. No dejamos de
advertir el no por sencillo menos valioso folleto de Leopoldo Cer-
vera Certucha: Fichas históricas de Ciudad del Carmen (1961);
de igual modo citaremos la edición de Juan José Bolívar: El terri
torio del Carmen. Sus orígenes y repercusión en el estado de Cam
peche (1979). La hemerografía es numerosa, pero podemos citar
el documento “Exposición que el vecindario de la Villa del Car
men dirige al Comodoro Perry, pidiéndole que no desampare
esta Isla”, en El Monitor Republicano de la capital de la república
del 16 de junio de 1848; “Aduana Marítima de la Isla del Carmen”,
información correspondiente a 1903 publicada en El Informador
de Campeche el 15 de junio de 1973; de José Ignacio Rubio Mañé:
“Ocupación de la Isla de Términos por los ingleses” que apareció
en las páginas del Boletín del Archivo General de la Nación (to
mo XXIX, 1953). Debemos agregar que Miguel Civeira Taboada
asumió con seriedad y especial atención el tema de El Carmen, y
aparte de los trabajos citados anteriormente, se debe considerar
el folleto La Isla y su Héroe (Municipio del Carmen, 1973) y Do
cumentos de la Isla del Carmen, conferencia en la Academia Na
cional de Historia y Geografía (1977).
Son obras fundamentales para el árbol del tinte dos libros edi
tados en el mismo año: La región del palo de tinte: El Partido del
Carmen, Campeche, 1821-1857, estudio de Claudio Vadillo López
(Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, 1994), que solamente se
ocupa de un periodo; y de Carlos Enrique Ruiz Abreu, Señores de
la tierra y el agua (Universidad Juárez de Tabasco, 1994). Tam
bién fue un buen auxiliar fue el libro de José Antonio Calderón
Quijano: Belice, 1663-1821 (Universidad de Sevilla, 1944).
Para los primeros años del siglo xix, resultaron de obligada
consulta las historias generales citadas al principio, pero también
se consultaron los dos volúmenes de Francisco Álvarez: Anales
históricos de Campeche. Raza y tierra, la Guerra de Castas y el
henequén, de Moisés González Navarro (El Colegio de México,
1970); la Constitución Federal de 1824, tomo 11 de Crónicas (Co-
242 BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
misión para el Sesquicentenario, 1974); de Luis Maldonado Vene-
gas “La evolución del federalismo en América y sus nuevas pers
pectivas” que se publicó en la revista Quorum (Cámara de Dipu
tados, mayo de 1997). Igualmente consultamos los artículos de
Miguel Civeira Taboada “El cuartel de dragones en 1817” (El In
formador de Campeche, julio de 1971), “Viajero en el Real Cami
no: Hecelchakán” {El Informador de Campeche, febrero de 1973),
“Viajero en el Real Camino: Bolonchenticul” {El Informador de
Campeche, mayo de 1973). Los artículos de Justo Sierra O’Reilly:
“Los bárbaros” {El Fénix, agosto de 1849), “Incendio en Belice”
(El Fénix, septiembre de 1856) y Páginas Escogidas del mismo
Sierra O’Reilly (unam, 1996). Además, de Humberto Herrera Ba-
queiro “El escudo de Campeche” (4 de octubre. Revista Conme
morativa, febrero de 1990) y “¿Dónde está el Paullada?” {Deslin
de, diciembre de 1992).
La creación del estado y los 50 años que siguieron tienen una
bibliografía extensa, en la que deben señalarse los dos títulos fun
damentales para la discusión como fueron los presentados al
Congreso de la Unión en 1861: de Tomás Aznar Barbachano y
Juan Carbó: Memoria sobre la conveniencia, utilidad y necesi
dad de erigir constitucionalmente en Estado de la Confederación
Mexicana el antiguo distrito de Campeche (Cumplido 1861 y
Campeche, 1957); de Juan Suárez y Navarro Informe sobre las
causas y carácter de los frecuentes cambios políticos ocurridos en
el estado de Yucatán (Cumplido, 1861 y Ediciones de la Muralla,
1979). De Francisco Álvarez son los documentos en el segundo
volumen de Anales históricos de Campeche, que cubren el perio
do de 1861 a 1910 (Colegio de San José de Artes y Oficios, Méri-
da, 1912). El libro de Sierra Brabatta cubre de 1857 a 1960: Acción
Gubernamental en Campeche (Talleres de Impresión de Estam
pillas y Valores, 1972).
El gobierno del fundador del estado y sus consecuencias se in
forman en trabajos como el de José Dzib Cardoso: Pablo García
Montilla, de carácter biográfico (sep, 1967) y el reciente folleto,
una reimpresión de Santiago Martínez Alomía: Lie. Pablo García
y Montilla (Gobierno del Estado, 1995). En fuentes hemerográfi-
BIBLIOGRAFÍA COMENTADA 243
cas consultamos el artículo “Pablo García, el Hacedor” (El Infor
mador de Campeche, agosto de 1971) y el libro de Sierra Brabatta
en torno a la Intervención francesa: Documentos sobre la Inter
vención y el Imperio en Campeche, Chiapas, Oaxaca, Puebla,
Tabasco, Veracruz y Yucatán (Secretaría de Hacienda, 1966) y
Alejandro García. Procer de la República (Gobierno del Estado,
1973). Documentos de Juan Sánchez Azcona y Joaquín Baranda
aparecen reunidos en: Pablo García en el banquillo de los acusa
dos (Ediciones de la Muralla, 1979).
El largo periodo de la influencia de Joaquín Baranda, que se
extendió de 1870 a principios del siglo xx, está documentado en
las colecciones de periódicos oficiales de Campeche: El Espíritu
Público (1857-1869), La Discusión (1870-1875), La Nueva Era
(1881) y Periódico Oficial (1889-1910). Una investigación en el
Diario de los Debates de la Cámara de Diputados le permitió a
Sierra Brabatta integrar el libro: Campeche en la Legislatura Fede
ral. 1857-1914 (Gráficas Galeza, 1960). También encontramos
descritas sus obras en el trabajo de Alberto Valdés Inchausti: Pe
dro Baranda. General y político de la república (sep, 1967).
Son muy útiles el folleto titulado Notas de Economía Regional.
Agricultura, Colonización y Vías Férreas. 1857-1910 (edición
limitada de la Secretaría de Hacienda, 1966) y de Fausta Gantús:
Ferrocarril Campechano. 1900-1913 (Gobierno del Estado, Uni
versidad de Campeche, Instituto de Cultura, 1996).
En lo que se refiere a Campeche, la revolución mexicana tiene
dos vertientes: la participación de los hombres originarios del es
tado con Venustiano Carranza y Alvaro Obregón, y los sucesos en
la región. En este último aspecto, cuenta con las siguientes fuentes:
de Francisco Álvarez, el tercer volumen de los Anales históricos
de Campeche 1911-1916 (Gobierno del Estado, 1977); de Sierra
Brabatta: Campeche en la Revolución, que es la primera relación
y acopio documental sobre el tema (Editorial Ah Kin Pech, 1961), y
el más reciente trabajo de José Alberto Abud Flores: Campeche.
Revolución y movimiento social (inehrm, Universidad de Campe
che, 1992).
Los años del Partido Socialista Agrario, que comprenden de
244 BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
1920 a 1939, se han nutrido fundamentalmente con las memorias
de Javier Romero que se encuentran en una serie de artículos pe
riodísticos que publicó cada ocho días bajo el título general de “La
historia es un folletín” (Jueves de Excélsior, 28 de marzo a 7 de no
viembre de 1991). No hay libros concretos sobre los personajes
de esa época o los sucesos que enfrentaron; informes oficiales o
artículos dispersos han permitido reconstruir esa etapa. La fuente
tradicional es, sobre todo, 100 Años de Lotería Campechana, in
vestigación, recopilación y documentación de Diana Pozos Lanz
y Juan Carlos Saucedo (Gobierno del Estado, 1995). Además con
sultamos por Internet los archivos históricos de la uacam (1997).
De 1939 a 1991, por lo que se refiere a las sucesiones guberna
mentales, fue de provecho la consulta de los artículos semanales
de Rafael Vega Alí en su columna “Jaque Mate” (Novedades de
Campeche, enero a julio de 1996). Es importante el libro de Silvia
Molina: Imagen de Héctor (Cal y Arena, 1992) sobre el gobierno
de Pérez Martínez. Por lo que se refiere al chicle, el trabajo testi
monial de Ramón Beteta: Tierra del Chicle (Editorial México Nue
vo, 1951) es ilustrativo. Con noticias y notas económicas, también
fue útil el de Federico Heuer La Industria del chicle (s.p., 1945).
La biblioteca Miguel Lerdo de Tejada de la Secretaría de Hacienda
conserva numerosos artículos, noticias y reportajes sobre la resina
del zapote, organizados en numerosas carpetas por años. Asimis
mo, consultamos las carpetas que guardan noticias y artículos so
bre la gestión de Alberto Trueba Urbina.
La primera vez que se publicó una memoria debidamemte pre
sentada y documentada sobre las jornadas de trabajo, fue la que
dio a conocer la tarea sexenal del coronel José Ortiz Ávila: un
grueso volumen con fotografías a color y una relación del avance
de cada uno de los ramos públicos; dirigió la edición Miguel
Messmacher: Campeche. Análisis Económico-Social (1967). Un
resumen de la obra de gobierno de Carlos Sansores Pérez se debe
al periodista Cirino Pérez Aguirre, en Novedades (9 de agosto de
1972). En lo que se refiere a Rafael Rodríguez Barrera, consulta
mos la nota relativa al sexto informe que apareció en Excélsior
(9 de agosto de 1979).
BIBLIOGRAFÍA COMENTADA 245
Las ediciones sexenales contienen información sobre las tareas
relizadas y, en ese sentido, el libro Campeche. Abelardo Carrillo
Zavala 1985-1991, ha sido imprescindible para acercarnos a los
datos que corresponden al sexenio de la concordia. En lo refe
rente al sector pesquero, la revista mensual que dirigió el escritor
y periodista Rodrigo Moya: Técnica Pesquera es una fuente de
primer orden (1976-1982). El aspecto industrial se encuentra en el
folleto Productos Pesqueros Mexicanos en Campeche (Ediciones
Mundo Marino, 1982). Un trabajo reciente, aunque parcial, ya que
únicamente se ocupa de la industria camaronera, es el de Luis
Fernando Leriche Guzmán: Isla del Carmen. La historia indecisa
de un puerto exportador. 1947-1982. (Gobierno del Estado, Uni
versidad del Carmen, Instituto de Cultura, 1995). La información
para la época actual se encuentra en el Atlas del estado de
Campeche (Gobierno del Estado, 1997).
Existe un considerable número de ediciones sobre los siglos xvi
al xix, pero lo que corresponde a Campeche tiene carencias nota
bles, apenas suplidas por trabajos literarios específicos sobre de
terminada materia, o bien las páginas de periódicos y revistas re
gionales.
ÍNDICE
Presentación............................................................................... 7
Llamada general........................................................................ 9
Prólogo............................................................................................ 11
I. Esplendor maya..................................................................... 13
Territorio arqueológico............................................................ 13
Descripción de las regiones................................................... 17
Petén, 17; Río Bec, 19; Los Chenes, 20; Puuc, 21; Edzna, 22; Región
de ríos y lagunas, 22; La Costa, 22; Nedzcaán, 23
Cualidades y usos tradicionales......................................... 24
II. Amanecer de la Conquista............................................... 29
Litoral desde el puente de mando...................................... 29
San Bernabé, el filo de la navaja......................................... 32
Siglo xvi: tiempo radical..................................................... 35
III. Ataques de la piratería......................................................... 38
Halcón de los mares............................................................ 38
Asaltos cercanos.................................................................. 42
IV. Al abrigo de la muralla...................................................... 52
Proyectos iniciales............................................................... 52
Línea amurallada.................................................................. 55
Mérito y memoria de las fortificaciones............................ 58
V. Laguna del Carmen ...................... 60
Tardías colonizaciones......................................................... 60
El presidio del Carmen......................................................... 64
De villa a territorio............................................................... 66
247
248 ÍNDICE
[Link] del palo de tinte.......................................... 71
Riqueza silvestre, primer recurso.................................. 71
Los años dorados.............................................................. 75
VIL La provincia dispersa........................................................ 79
Actividades paralelas........................................................ 79
Pueblos del interior........................................................... 82
VIII. De la tranquilidad a la violencia.................................. 86
Una independencia pacífica............................................ 86
Diferencias políticas........................................................ 89
Guerra de Castas y bipartidismo...................................... 93
La consolidación cultural.................................................. 96
IX. Creación del estado........................................................... 103
Antes que vencer quisieron convencer......................... 103
La fórmula legal.................................................................. 109
Controversias y veredicto constitucional...................... 110
Bosquejo poblacional..................................................... 115
X. Consolidación y ocaso..................................................... 1Y7
Invasión francesa y restauración republicana................ 117
Vuelven las disidencias políticas...................................... 120
Al banquillo de los acusados............................................ 121
XI. El desquite del infortunado............................................ 128
Baranda I........................................................................... 128
La tercera malhadada gubernatura................................... 130
Baranda II........................................................................... 132
Obras navales y cultura marina...................................... 136
Reivindicación o revancha............................................... 138
Ruidos y silencios camerales............................................ 140
Recuento cultural.............................................................. 142
XII. Campo silente, montaña violenta.................................. 146
Legislación parcial........................................................... 146
ÍNDICE 249
Angustia colonizadora................................................... 149
Frágiles realizaciones...................................................... 150
Los yaquis y conflictos adicionales................................ 151
Caminos de hierro............................................................ 153
Hacia el pueblo de Lerma............................................ 154
Tiempo largo..................... 154
XIII. Portada revolucionaria............................................... 158
Transición y huertismo................................................... 158
El gobierno preconstitucional...................................... 164
Por ser lagunero............................................................... 169
XIV. Un factótum y el socialismo......................................... 172
Un ángel de poder......................................................... 172
Divisiones políticas......................................................... 176
El eco del tunkul............................................................ 180
XV. Nueva generación, diferente rumbo............................. 183
Parteaguas político......................................................... 183
El oro chiclero, segundo recurso................................... 185
Opulencia de la selva...................................................... 188
La huella de los sexenios............................................... 190
Cátedra por gobierno...................................................... 192
XVI. Años de renovación......................................................... 195
Impulso modernizador................................................... 195
Manjares gastronómicos............................................... 198
El campo se transforma................................................... 200
Hacia la cultura jurídica................................................... 203
XVII. Unidad sin riesgos......................................................... 205
Dos candidatos y un gobernante................................... 205
El tercer recurso: la pesca............................................... 206
XVIII. Desarrollo y política de convivencia............................ 211
Los últimos lustros......................................................... 211
250 ÍNDICE
Oro Negro: cuarto recurso natural............................... 212
Un derrumbe paralelo.................................................. 215
La concordia sexenal..................................................... 215
Imagen cultural.............................................................. 216
Los años actuales........................................................... 218
Cronología................................................................................. 221
Bibliografía comentada........................................................... 237
Este libro se terminó de imprimir y encuader
nar en el mes de octubre de 1998 en Impreso
ra y Encuadernadora Progreso, S. A. de C. V.
(iepsa), Calz. de San Lorenzo, 244; 09830 Mé
xico, D. F. Se tiraron 3 000 ejemplares.
FIDEICOMISO
✓ HISTORIA DE LAS AMÉRICAS
Series Ensayos y Estudios
Bataillon, Claude: Espacios mexicanos contemporáneos
Carmagnani, Marcello: Federalismos latinoamericanos: México, Brasil,
Argentina
Hernández Chávez, Alicia: La tradición republicana del buen gobierno
--------- : Anenecuilco, memoria y vida de un pueblo
--------- (coord.): Presidencialismo y sistema político. México y los Esta
dos Unidos
--------- (coord.): ¿Hacia un nuevo federalismo?
Marichal, Carlos (coord): Las inversiones extranjeras en América Lati
na, 1850-1930. Nuevos debates y problemas en historia económica
comparada
Miño, Manuel: La protoindustria colonial hispanoamericana
Murilo de Carvalho, José: La ciudadanía y su desenvolvimiento en
Brasil
Rodríguez O., Jaime E.: La independencia de la América española
Romano, Ruggiero: Coyunturas opuestas: la crisis del siglo xvii en Eu
ropa y América
--------- , Moneda, seudomoneda y circulación monetaria en las
economfias de México, 1732-1822
Trabulse, Elias: Ciencia y tecnología en el Nuevo Mundo
Zapata, Francisco: Autonomía y subordinación en el sindicato lati
noamericano
Serie Hacia una nueva historia de México
Carrasco, Pedro: Estructura político-territorial del Imperio tenochca. La
Triple Alianza de Tenochtitlan, Tezcoco y Tlacopan
López Austin, Alfredo, y Leonardo López Luján: El pasado indígena
Serie Hacienda Pública
Carmagnani, Marcello: Estado y mercado. La economía pública del li
beralismo mexicano, 1850-1911
Zebadúa, Emilio: Banqueros y revolucionarios: la soberanía fi
nanciera en México, 1914-1929
Cárdenas, Enrique: La hacienda pública y las políticas de presupuesto,
1929-1958
--------- , La hacienda pública y la política económica, 1950-1994
Izquierdo, Rafael: Política hacendaría del desarrollo estabilizador,
1958-1970
Ortiz Mena, Antonio: El desarrollo estabilizador: Reflexiones sobre una
época
Serie Breves Historias de los Estados
Aboites, Luis: Breve historia de Chihuahua
Cavazos Garza, Israel: Breve historia de Nuevo León
Martínez Assad, Carlos: Breve historia de Tabasco
Meyer, Jean: Breve historia de Nayarit
Monroy, Isabel y Tomás Calvillo: Breve historia de San Luis Potosí
Muriá, José María: Breve historia de Jalisco
Flores Olague, Jesús, et al.: Breve historia de Zacatecas
Rendón, Ricardo: Breve historia de Tlaxcala
Rojas, Beatriz y Salvador Camacho: Breve historia de Aguascalientes
Romero, Miguel: Breve historia de Colima
(viene de la primera solapa)
y consecuencias se abordan y explican en
el contexto histórico en que incidieron.
Dado el estrecho vínculo histórico de
Yucatán con Campeche, el surgimiento y
consolidación de este último como estado
de la federación mereció especial atención.
La revisión que se hace de este proceso es
detallada y precisa, incluyendo tópicos
como los relacionados con el campo y los
proyectos de “colonización ”, así como el
ferrocarril y su desarrollo.
Campeche no fue ajeno a la turba
revolucionaria. Sus hombres supieron
encamar los verdaderos valores
revolucionarios viviendo de cerca la
experiencia socialista de Yucatán. Incluso
la antirreligiosidad de la época encontró
eco entre ellos.
Sierra muestra cómo, una vez
consolidado el nuevo régimen, la
abundante tierra campechana fue
escenario de la explotación de productos
básicos para su economía que, al igual
que el palo de tinte, habrían de significar
desarrollo y prosperidad: chicle, especies
marinas y petróleo. Así, la modernización
y transformación del estado se han debido
en gran parte a la explotación de esos
recursos.
Desde sus raíces, Campeche ha sido
rescatado por CarlosJusto Sierra, quien
con agudeza, frescura y versatilidad nos
presenta la visión quizá más completa de
esta tierra siempre fértil, siempre fuerte.
En la portada: Campeche en el siglo xix.
Dibujo de la colección particular de CarlosJusto Sierra.
El Colegio de México
Fideicomiso Historia de las Américas
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