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AGUARRÁS - Master

El documento explora el aguarrás como disolvente de pinturas y utiliza esta metáfora para reflexionar sobre la memoria, la identidad y el paso del tiempo. A través de una serie de fragmentos poéticos, se abordan temas de nostalgia, la lucha interna del ser humano y la búsqueda de autenticidad en un mundo caótico. La narrativa se entrelaza con imágenes vívidas de la vida cotidiana y la transformación personal.

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AGUARRÁS - Master

El documento explora el aguarrás como disolvente de pinturas y utiliza esta metáfora para reflexionar sobre la memoria, la identidad y el paso del tiempo. A través de una serie de fragmentos poéticos, se abordan temas de nostalgia, la lucha interna del ser humano y la búsqueda de autenticidad en un mundo caótico. La narrativa se entrelaza con imágenes vívidas de la vida cotidiana y la transformación personal.

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AGUARRAS

E L C O L O R E S C O N D I D O D E L A S C O S A S

EN CASO DE INTOXICACIÓN LLAME URGENTEMENTE


AL CENTRO NACIONAL DE INFORMACIÓN TOXICOLÓGICA
915 620 420
24 Horas

escuela de letras libres 2009


“El principal uso del aguarrás ha sido siempre
como disolvente de pinturas”
de Wikipedia

“Qué error tan viejo y burdo nuestra fe en lo aparente”


de Alberto Porlan
aguarrAs 5

SI DICEN DE la memoria
que es exclusiva del hombre.
Si comentan de ella
que nos distingue.
Si cuentan que somos mayores
cuando a nosotros llega.
Entonces señores,
recuerden en su memoria
que prefiero seguir siendo una perra.
aguarrAs 7

COMO HOJA DE guillotina caen el día, la noche,


los cafés, las ensaladas,
los óvulos, las canciones.

Y es así porque nuestra civilizada maestra


expone, delicada, su pescuezo, a cada instante.
Y es eso lo que aprenden los niños,
a agachar la cabeza.

Menos cuando consiguen pararse


entre el aire frío y caliente
o cuando en clase de manualidades
experimentan, por ejemplo,
con aguarrás.
aguarrAs 9

ERA UNA CALLE linda, bordeada de árboles que


anaranjaban el amanecer de los otoño-invierno y que en
primavera seducían de blancoazahar. Calle barrio, calle
tribu, calle de líneas opuestas: a un lado las casas de
balcones ritmados, de cierros señoriales, de zaguanes y
escaleras elegantes, pisos de interminables pasillos con
enormes habitaciones, espaciosas cocinas y lujuriosas
alacenas; del otro, bloques de estrechos pisitos y
escasas habitaciones que trataban de ocultar la falta de
nobleza de los materiales con los que estaban
construidos, encalando de colores vivos sus fachadas.
Acera soleada que achicharraba las azoteas en las siestas
de Agosto hasta en una ocasión chumascar los pajaritos
que Ángel, el vecino del segundo, el padre de maripili y
maricarmen, criaba con deleite de ornitólogo.
Esta era mi mano, en la acera de los menestrales:
empleados de la compañía eléctrica, fontaneros, obreros
de la electro-mecánica o del ferrocarril, auxiliares de
todas las profesiones y la familia del principal del nº 6 de
difícil catalogación formada por una pareja de mujeres
de mediana edad, gordas y hermosas, señora y criada que
reñían sin cesar mientras que el marido señoreaba su
tipo en todos los hoteles y antros de la ciudad hasta que
se le acababa lo que les había sacado tras la última
reconciliación.
aguarrAs 10
Mis emociones permanecían en aquel piso bajo, con
tres ventanas a la calle, patio interior, cuarto de baño y
cocina que se abría al patio vecinal. Patiocajón de paredes
grisoláceas chorreadas de tendederos, repiqueteadas de
grillos en verano y cagarcias de pájaros todo el año.
Y allí arriba estaba la azotea que trataba de velar por
razones de seguridad emocional.
…allí arriba, en aquella azotea, un ayer más velado
que olvidado, hacia más de veinte años que coloreada de
granas de los primeros primores, alumbrada del azul de las
llegadas, enjaretada del primeramor, lo esperaba. Llegaba
de dónde llegan los caballeros, de sus batallas. Hacía la
mili en Cerro Muriano. Subió a la azotea en un pispás
desparramando testosterona cuartelera, subió para
agarrarla y rozarla y entremeterla en sus ganas y en las de
ella, temblaban, se aceleraban, se equivocaban en la cuenta
de los besos y volvían a empezar -¡Se habían prometido
tantos en esas cartas interminables que se escriben en las
siestas!- ¡Se tenían tantas ganas!...Se tenían eso.
Hoy igual que ayer, lo esperaba. En la azotea,
enlucida de lilas de los primeros volveres, encendido el
cielo del teñido azulón de la segunda vez, enlucida del
únicoamor, lo esperaba. Llegaba de dónde llegan los que
huyeron, de su empleo, de su familia, de todo lo demás.
Subió acelerando la prisa, recargándose del deseo de su
recuerdo, subió para temblar en su mirada, para enredarse
en abrazos y tomarse el tiempo de prenderse en su olor y
susurrarle los deseos acumulados y, a besos, a caricias se
les fue desvelando el amor. Se tenían eso… ƒ
aguarrAs 11

SON CASI LAS nueve. Aún no hierve el café. No se


oye al cartero. Y ya la nota rebelde de un bandoneón
quebrado inunda los poros, remueve cajones, en fin,
mece al olvido. Me asomo al espejo y en lugar de una
mueca, me devuelve el reflejo de tiempos pasados. Ecos
de otra mirada. Lugares en los que el filo de la navaja
palpaba a ciegas el surco de su camino y la noche, altiva
y despeinada, regentaba tabernas con suelo de cáscaras y
barro prensado. Las mañanas, insomnes, de cabello
rojizo y lengua destemplada, dejaban paso a un mediodía
de cielo desnudo, pero vestido de tango, adormidera
seca, pupilas menguantes. Luego, metralla... silencio.
Silencio estridente que aturde de callar tanto. Aullidos de
cristal tras ventanas cerradas. Lengua exiliada del tacto.
Cuerpo sepulcro con reliquias de plomo y manos de
esparto. Perdido lo humano, nos queda la bestia y
comenzar de nuevo. Ahora, de las ruinas levanto
castillos. Ladrillo a ladrillo, tendón a tendón. Ningún
material es nuevo pero el orden es mío. Y de ese tiempo
que fue o, quién sabe, nunca ha sido, sólo guardo un
cuarto pequeño, en lo más profundo, donde a veces
juego a la pelota, contemplo al abuelo o me acomodo en
una esquina y me dejo llevar, por algo, no sabría decirlo,
que recuerda a la nostalgia de lo no conocido.
Extiendo la espuma.
Me afeito. ƒ
aguarrAs 13

PARA OTRA PERSONA aquello hubiera sido sólo una


leve insinuación, sin embargo, aunque casi lo había
olvidado, el sabía que era una petición en toda regla, era
la forma de pedir en que lo hacía su madre.
Así que cuando la oyó susurrar el deseo que
acunaba cada noche, sólo pudo sentarse y esperar
pacientemente a que llegara triunfal con uno de los
muchos álbumes, con las fotos familiares, que dormían
en los estantes de la habitación del fondo.
El abanico de grises y blancos que habitaba en sus
hojas lo catapultó dentro de sí mismo. Un vértigo
abismal se apoderó de él al sumergirse en el atroz vacío
insondable de sus últimos 51 años. Non se reconocía.
¿Quién era ese extraño personaje que contemplaba
las fotografías? Ese ser frío y distante que fue
forjándose a través de los acerados despachos. ¿Cómo
se había convertido en lo que nunca quiso ser?
No pudo recordar cual fue la primera vez que se
desmembró hasta acabar así, completamente mutilado,
ni en qué momento sus alas no se abrieron para que el
aire fluyera entre sus plumas.
Ciertamente ese no era él. Non podía ser.
Ansioso buscó las manos de su madre, y cuando se
enlazaron con las suyas reconoció la tibieza del magma
que las alimentaba pero no así el tacto leñoso de sus
sarmentosos dedos. ƒ
aguarrAs 15

SOY EL SUJETO número 1975 y tengo una misión


bien definida. Las pautas que debo presentar son
claras y me esfuerzo al máximo para sacar el mayor
índice de conclusiones. Mi tarea de hoy consiste en
encontrar en el menor tiempo posible una ruta de
escape, pero antes preparo mis reflejos, mi resistencia
y mi velocidad en la rueda de entrenamiento. Me
encuentro algo más agotado que la tarde anterior, así
que debo hacer bien visibles esos síntomas ante mis
examinadores, si queremos que el ejercicio dé buenos
resultados. Soy consciente de la importancia de los
mismos; también de sus consecuencias. Mis atributos
físicos han disminuido y el pelo comienza a escasear,
espero que tomen buena nota de todos estos datos.
Tras lo que denomino el "laberinto variable" me
espera una pequeña recompensa, me pongo en
marcha: derecha, todo recto, derecha, izquierda... mi
visión se va deteriorando a medida que avanzo, debo
hacer algo para que capten esta nueva debilidad.
Mientras dejo atrás una delgada línea de sangre logro
llegar a mi destino. Estoy orgulloso de mis logros, he
conseguido llegar marcando los túneles ya visitados. Sé
que mi esfuerzo salvará millones de vidas. Soy el
sujeto número 1975, pero prefiero que me llamen por
mi auténtico nombre: rata de laboratorio.
aguarrAs 16

COSMOS DEBE SITUARSE entre la B y la D. Coloco


con cuidado el volumen en su lugar correspondiente.
Todos deben estar en su sitio, el orden es primordial: las
letras de la tapa deben leerse de arriba hacia abajo y
todas las encuadernaciones deben orientarse a la
derecha. También debo situar en esta estantería Cien mil
leguas de viaje submarino. Al fin terminé con ella, ya
está completa, avanzo dos pasillos hacia la izquierda,
siempre mirando hacia el suelo, sin pisar las rayas de las
baldosas. Aquí pertenece el tomo Eldest, entre la D y la
F... este ejercicio diario crea pequeñas descargas de
adrenalina en mi organismo, haciéndome sentir
satisfecho, relajado, este don especial no lo posee
cualquiera. Coloco el volumen en su lugar
correspondiente, el título se sigue de arriba a abajo, la
portada mira a la derecha. Mientras saboreo el aroma de
las páginas de cada libro que contiene esta estantería voy
citando frases memorizadas de cada uno de ellos, el
secreto se basa en la costumbre, en la asiduidad, en la
meticulosidad. Los cito a todos, por orden alfabético... a
todos menos a uno, es el único que no me atrevo a leer
más de una vez. Su título: "El flautista de Hamelín"
aguarrAs 17

PREPARO LA SOLUCIÓN, introduzco el ungüento en


un recipiente y coloco en un plato la cantidad que estimo
voy a necesitar para no desperdiciar todo el contenido. Me
atavío con la bata, hundo el extremo del bastoncillo en la
mezcla y comienzo mi tarea.
Al rascar un diminuto fragmento de moho que consigo
detectar con la lámpara infrarroja de aumento observo
sorprendido el tono diferente de esta parte del óleo, y a
medida que voy avanzando, el color grisáceo oscuro que
predominaba en el retrato se va volviendo sonrosado. Para
mayor asombro, las facciones que presenta van
adquiriendo expresión humana, incluso logro adivinar una
barbilla bajo el hocico del animal. Sin dejar de destapar sus
capas froto el sudor que comienza a recorrer mi rostro,
muy parecido por cierto al que voy desvelando. Sin duda
se trata del retrato de un hombre, escondido tras el
mamífero; sus líneas sobrias van asomando bajo los
bigotes del roedor.
Cuando finalizo el trabajo dejo caer el bastoncillo al
suelo y me aparto dando unos pasos hacia atrás para mirar
el cuadro en su totalidad: tiemblo ante la veracidad de
trazos, tiemblo ante la versatilidad de claroscuros, tiemblo
ante mi propio reflejo.
aguarrAs 18

Sin pensarlo me despojo del mono de trabajo y corro


hacia uno de los servicios del final de la galería de arte,
instintivamente me aproximo lo más posible a la pared. Entre
jadeos roncos me apoyo en un lavabo y me enjuago el sudor
que impera en mi frente, la noto peluda. Alzo la mirada hacia
el espejo, observo cómo la diminuta nariz que sobresale se
mueve de manera divertida a gran velocidad. En un delirio
repentino me miro el trasero buscando una nueva extremidad.
¿Acaso no existen las ratas de biblioteca? pues en este caso
habrá que añadir las de museo. ƒ
aguarrAs 19

LLEGO A ESTAS alturas de mi vida


Pulido de pavones y charoles
Cargado de pamemas y pamplinas
Con unas cuantas capas de colores,
Con unas cuantas capas de rutina.
Cubierto ya este lienzo que me tapa
Este blanco sudario mal manchado
Que me dibuja ausente la mirada
Que me bosqueja un rostro demacrado,
Llego a estas alturas de mi vida
Lacado, tras lacado, y tras lacado.

Y no siento que no entiendan estos trazos


Que entrecruzan coloridos las esquinas
Y no siento que no entiendan lo enmarcado,
Las pinturas que chorrean por encima,
Lo que siento es que el barniz se haya secado.

Aguarrases quiero que me limpien


Estas capas mal pintadas que me tapan,
Que me ahogan, que me cubren,
Que me quiten este peso que me tara.
Quiero salir del fondo de este lienzo
Y deciros cara a cara lo que siento
Lo que pienso, lo que vivo, lo que llevo,
Porque he muerto ya mil veces por lo menos.
aguarrAs 20

Quiero deciros con la boca rebosante de palabras


Que esta verdosa pátina perenne me la quedo
Para cubrir con ella los recuerdos
Que no quiero, que no quiero, que no quiero.

Aguarrases caigan por mi lienzo


Y que impregnen el total de mis desdichas
Y una espátula radiante y afilada
Llegue al hueso con la más dulce caricia.
Aguarrases quiero que me libren
De este lastre que inmiscible me retiene,
De estas capas que me plasman a esta tela,
De esta vida de materia y bagatelas…
Que me tiene, que me tiene,
…que me tiene.
aguarrAs 21

TODO ERA CAOS y confusión en la Memoria en


aquellos tiempos en que ocurrió. La Anarquía parecía
haber ganado la ardua batalla en la que tantos años se
había mantenido, luchando sin dar cuartel y con una
fiereza inusitada, contra el orden que pretendía imponer
el Pensamiento. La Sinrazón llegó a tomar el mando
después del humillante destierro al que había sido,
forzosamente, conducido el Sentido común.
De nada sirvieron las denodadas revueltas
protagonizadas por el Juicio y la Experiencia, ni las
apelaciones a la razón que con tanto ahínco efectuó el
Conocimiento. También la Imaginación hizo todo lo que
estaba en su mano por conseguir un mínimo de paz.
Todo fue inútil.
El Sueño y la Ilusión, juntos, hicieron oídos sordos a
la llamada insistente de la Esperanza. La Creencia se
tornó en Escepticismo, divorciándose para siempre de su
estimable compañera la Fe. El Prejuicio, el Miedo y la
Intolerancia camparon a sus anchas entre una neurona y
otra, llegando a dominar una mente que daba ya muestras
de una enfermedad degenerativa e incurable.
También la Apariencia, esa arpía corrupta, aprovechó
el desorden instalado para apoderarse del ingenuo Ego y
aguarrAs 22

crear todo un mundo, para sí misma, perdido en vacuas


etiquetas, rótulos incomprensibles y máscaras
multicolores, terminando por conducir así a la derrotada
Memoria: por parajes sombríos e inhóspitos donde nada
era lo que parecía y todo lo aparente carecía de valor.
Y fue entonces, durante aquellos tiempos convulsos,
cuando el Recuerdo, que hasta el momento se había
mantenido al margen del conflicto, decidió tomar partido
de forma más decidida y resolutiva. Su imparcialidad
absoluta le impedía saber, en aquellos momentos de
incertidumbre, cómo le saldría la jugada que se disponía a
realizar; aún a riesgo de empeorar más la situación, se
aventuró en su cometido hasta sus últimas
consecuencias.
Comenzó convocando una asamblea general donde se
decidiría el futuro inmediato de la Memoria que los
albergaba. Dada la simpatía que causaba a todos, nadie
puso reparos en acudir, aunque muchos dieron claras
muestras de reticencia, sobretodo los que se encontraban
a gusto con la situación existente. En ella expuso, con
manifiesta convicción, su intención de poner fin al
desacuerdo reinante entre las partes contrarias.
Pero conforme fue presentando el pliego de
condiciones que había preparado con antelación, el
descontento entre todos ellos fue creciendo sin remedio.
Nadie se mostraba dispuesto a rebajar ni uno solo de los
aguarrAs 23

derechos que se había auto-otorgado en perjuicio de los


demás; así que, paulatinamente, y sin cesar en sus
protestas, todos fueron abandonando el lugar por temor a
acabar desahuciados por la fuerza, dada la firmeza que
mostraba el Recuerdo en cada una de sus aseveraciones.
Y ocurrió que la Memoria se fue quedando, poco a
poco, más y más desierta, más y más tranquila, hasta llegar
a lograr una calma absoluta en el momento en que
pareció estar vacía por completo...
O al menos así lo creyó el Recuerdo. Pero cual
fue su sorpresa al descubrir, al fondo del todo, donde
apenas podía llegar su amplia mirada, una sutil presencia,
casi invisible, transparente más bien, y que hasta entonces
había pasado desapercibida incluso para él, que todo lo
veía.
Al acercarse con sigilo, comprobó que parecía dormir
profundamente. Quedó atónito por la belleza y la paz que
emanaba de ese ser angelical, surgido casi de la nada. Pero
la magia pronto se rompió; de repente, sin previo aviso, la
criatura se levantó de un salto, sobresaltada y muy
aturdida.
–¡Pero qué es este silencio ensordecedor, qué ocurre
aquí! –exclamó asustada, pues precisamente, lo que la
mantenía en ese letargo eterno del que acababa de
despertar, era el ruido estridente que constantemente
reinaba en la Memoria desde tiempo remotos.
–¿Quién eres? –preguntó el Recuerdo aún embriagado
aguarrAs 24

por tan sublime presencia–. Un momento, tu cara me


suena de algo, creo haberte conocido en un pasado muy
lejano. Pero.... tu nombre... tu nombre se me escapa del
todo. ¿Cuál es tu nombre pequeña?
–¿Mi nombre? –dijo algo desorientada–. ¡Ah..., mi
nombre! Sí... mi nombre es Inocencia. ƒ
aguarrAs 25

DESPUÉS DE TANTOS años me tropiezo con tu


misma carita de fiesta.
Se agolpan ahora los recuerdos de aquel año tan
caótico en que te conocí y se entremezclan con otros, más
tardíos, de soledad teñida de libertades.
No sé si ha sido porque hoy los árboles se
desperezan en las plazas como rememorando ese día,
pero me ha sobrevenido otra vez como un revuelo de
palomas, un rumor de sábanas bailando al son del levante,
una caricia de soles juguetones, una marejada de sueños.
Es cierto que no había venido precisamente a verte y
son otras las personas que nos acompañan. Un poco
hemos cambiado, pero te he reconocido. Hueles igual que
siempre, como si una cascada de naranjas hubiera brotado
en la playa, y sigues llevando tu misma carita de fiesta. ƒ
aguarrAs 27

RECUERDO QUE... al principio fue la DUDA; alguien la


sembró en mi conciencia. Y la DUDA creció conmigo.
Así, al pasar los años, la DUDA ocupaba mi universo.
Era alimentada con rasgadas declamaciones, cíclicos ruegos,
inútiles exclamaciones, dolientes arrepentimientos y
cánticos. Inspirados en el magenta y el pan de oro de los
exquisitos hospitales de almas. La adornaron de mantos
bordados, de policromos seres con ojos vidriosos, que
lloraban sin lágrimas, que sangraban sin sangre.
La DUDA olía a humedad, a cirio encendido, a
gladiolos y claveles...; olía a naftalina, a madera apolillada... a
los alientos exhalados por las monjas en sus rezos...
Recuerdo la sutil y persistente enseñanza de la oración;
necesaria compañía en la espera arrodillada del
advenimiento de un espíritu. Mágico guía en la vertiginosa
espiral de la inmunda existencia humana.
Nada de aquello dibujó la certeza.
Busqué al maravilloso ilusionista, al virtuoso
tramoyista, y esperé que cualquier viento, en cualquier
momento, me transportara hacia latitudes desconocidas...
Debió de pesar demasiado mi lastre; la cera consumida,
la humedad, el aire enrarecido, el agua putrefacta de las
aguarrAs 28

flores... Debieron de pesar demasiado tormentas y


hogueras.
Aquellos viejos zapatos aprisionaron mis pasos...
hasta el instante en que el olvido me devolvió a la orilla
del comienzo... en el cual sembré... hace poco tiempo...
una DUDA. ƒ
aguarrAs 29

CERRÉ LA PUERTA despacio, sin hacer ruido, casi


conteniendo el aire para no despertar a la bestia que
dormía en algún rincón de aquella casa, y cuando me
aseguré de que no se oirían mis pasos, corrí sobre la
hojarasca seca de aquel oscuro bosque como diablo
huyendo del exorcismo.
Ya le había advertido en muchas ocasiones mi
necesidad vital de desprenderme de él si no pretendía
volverme loca, y como respuesta obtuve siempre más
de lo mismo; que si jamás regresarán los que más he querido,
que si ya no volveré a ser la misma, que si todo era mejor tiempo
atrás.
Aquella noche me armé del valor alimentado por la
furia de los años perdidos, y sin parar de correr, como si
forjara con mi alarido un impulso para echar a volar
grité deshilachando los hilos de mi garganta; “¡Hasta
nunca maldito recuerdo!”. ƒ
aguarrAs 31

EL SUEÑO LE había sido más esquivo que de costumbre


y desde mucho antes de que la mañana madurase en su
alcoba, se encontraba sumido en la preparación meticulosa
de aquello que en los últimos meses había sido el recurrente
de sus profundas reflexiones. La dura tarea dadas sus
particulares circunstancias, avivaron los insufribles dolores de
sus huesos haciéndole buscar un tímido alivio en la vieja
mecedora.
La amarga soledad en tan trascendentales momentos, era
el precio a pagar para proteger a quienes le habían ayudado.
Tan notables ausencias entristecían la habitación que
utilizaba como único reducto de la casa, tras la muerte de su
mujer.
Leyó con detenimiento una vez más las instrucciones -
no debía cometer ningún error - tras lo cual las convirtió en
mínimos pedazos. Este acto clandestino, hizo que la
memoria cumpliendo con su incumbencia, le trasladara a los
tenebrosos tiempos en los que liberticidas de distinto pelaje
le limitaron los vuelos antes de que desplegara sus alas.
Hoy, después de tantos avatares, esos viejos conocidos,
seguían en su atalaya, dispuestos a decidir sobre su destino si
la tardanza en actuar le hacía caer en sus siniestras redes.
Mientras tanto, los vendedores de sueños y promesas
aguarrAs 32

permanecían sin atreverse a contradecir el mandato del


fundamentalismo, permitiendo que muchos derechos se
eternizaran en el útero de la historia.
Después de garabatear un directo y lúcido manifiesto
con el que ajustó cuentas con los saboteadores del
progreso, con gesto cansino levantó a modo de brindis la
copa que guardaba para las grandes ocasiones,
consumiendo a continuación hasta la última gota del
verdoso brebaje. Era la culminación digna de su larga
vida, su más supremo acto de libertad. ƒ
aguarrAs 33

ANDABA YO PERDIDO en un arcano poblado, allá por


la Sierra Nevada de Santa Marta, cuando un Mamo
Arhuaco me contó una terrible historia que modificó mi
conciencia para siempre.
Mientras preparaba un ungüento de hierbas, que cocía
en una vieja marmita de cobre estucada de verde por el
oxido acumulado en sus paredes, comenzó a relatar sobre
un hombre que vendió su alma al diablo por robar la
juventud de aquellos inocentes a los que mataba sin haber
llegado ninguno siquiera a cumplir la veintena. Trataba de
esta forma, dilatar al máximo su inevitable entrada en el
más ardiente de los infiernos, haciéndolo con la indolencia
del que lo ha perdido todo, incluso su alma. La marmita
borboteaba y la cocción desprendían un fuerte olor
producto de las de esencias que las plantas lentamente
iban destilando. De repente, el agua hirviendo salpicó en el
fuego produciendo un chisporreo que en absoluto
desconcentró al viejo hechicero, que con su cara entre el
humo seguía removiendo su potingue y versando
distendidamente. - El pacto se produjo en lo alto del cerro
del alguacil, donde un gran temblor desgarró la faz de la
montaña y de su herida fluyeron inmensos ríos de lava
candente que corrían colina abajo. Una de las cláusulas del
diabólico contrato, consistía en que aquel hombre, por
cada inocente degollado iría cubriendo su perverso cuerpo
con nuevas capas de juventud robada y así como si de una
aguarrAs 34

víbora se tratase, por cada año transcurrido se desprendería de


una de ellas.
El brebaje iba tomando consistencia, y el Mamo
interrumpió su historia por un momento, junto las palmas de
sus manos y las elevó hacia el cielo, inclinó su cabeza hacia
adelante y practicó el rito de la oración, luego relajó sus brazos
suspirando profundamente. -El plan parecía perfecto, sin
embargo aquel ruin hombre, además de malvado era un
completo iluso, sin haber reparado ni por un momento en que
como todo trato realizado con oscuras artes, aquel tendría un
negro desenlace. Y así una fría noche de invierno, el cazador
fue cazado, siendo encerrado en la más oscura de las
mazmorras, en el más recóndito y gélido lugar existente en
toda la tierra. Y allí los años fueron pasando, las capas de
juventud robada fueron cayendo una tras otra y aquel malvado
hombre fue lentamente envejeciendo. Y debajo de aquellas
adolescentes capas no existía madurez, debajo de la tersura no
habían arrugas, porque no existía siquiera piel, ni corazón, ni
huesos, ni recuerdos, ni pensamientos.... ni siquiera su espíritu,
pues lo había vendido en lo alto de aquel ardiente cerro en
medio de aquella maldita noche.
El ungüento estaba preparado, y el Mamo comenzó a
verterlo en pequeñas orzas de barro, por detrás se le acercó un
niño que al ver la sucia y vieja marmita con las enormes capas
de oxido, le preguntó con voz de asombro “¿Mamo porqué no
tiras el viejo tiesto y utilizas uno nuevo?”. Él contestó: “Bajo
el sucio óxido está el brillante metal..... si fundiera la vieja
marmita, aún quedaría cobre suficiente para hacer una
totalmente nueva”. ƒ
aguarrAs 35

VEO LA CULMINACIÓN de mi destino,


me siento esclava de mis más oscuros pensamientos.
Busco pasatiempos absurdos
que me ayuden a no recordar,
quiero dejar atrás el pasado y el presente.

Palabras y recuerdos me golpean continuamente,


me ayudan a comprender la fragilidad de mi tiempo.
Me disfrazo y finjo ser sin existir.
Me desgarro por dentro
mientras esbozo una sonrisa que regalo a los demás.

Se me pasa la vida,
se me pasa la esperanza de que algún día
una lluvia de aguarrás arrastre este pesar
y me devuelva la dicha
que un día perdí.
aguarrAs 37

¿QUÉ EXTRAÑOS MECANISMOS desatan los nudos


gordianos de nuestras neuronas? Un perfume, una
imagen, un sonido, una palabra… llaves que liberan las
escondidas vivencias de nuestra lejana infancia. Aguarrás.
Pienso aguarrás y veo un mostrador de madera gastada
más alto que yo. Por debajo del mismo casi puedo sentir
ascendiendo los misteriosos remolinos de aromas de
pinturas, disolventes y otros ancestrales productos del
hogar y de limpieza. Me envuelven y secuestran mi
pituitaria mientras mi madre pide dos bolsas de Saca
celeste para pintar el comedor.
España limita al norte con el mar Cantábrico. La
Droguería Inglesa limita al norte con los infranqueables
pirineos de su inmenso mostrador. Tras el mismo dos
dependientes con manguitos de tela color garbanzo se
dan buena traza haciendo cucuruchos de papel para la
sosa cáustica, o trajinan con latas de Zotal, cajitas de
Cucal con pitorro de pato, tarros de aceite de linaza,
cajitas de cartón cilíndricas de ZZ, bolitas de añil…
Yo mientras desde mi peana inversa, esa que hace
que recordemos las cosas de la infancia desde arriba pero
como desde abajo, como las ven los niños. Así disfrutaba
yo del ajetreo. Hoy al evocarlas se me invaden las fosas
nasales, y puedo ver un cartel multicolor con un elefante
bañándose en un barreño de tinte rodeado de un arco iris
aguarrAs 38

de cintas y disfruto del papel de golosina asignado a los


rombitos de champú Sindo dentro de los tarros redondos
de cristal sobre el mostrador.
Digo aguarrás y la palabra hace su papel. De un
plumazo decapa mis vivencias de toda una vida hasta
llegar a esos días, a la madre de los recuerdos. Y me sitúo
de nuevo en la Droguería Inglesa jugando junto a mi
madre con una bolsa de plástico. Veo la bolsa y la huelo.
A jabón lagarto huele. Y juego con ella, y huele tan bien
que la huelo por dentro metiendo la cabeza. Y veo delante
de mí el culo de mi madre enturbiándose tras el plástico, y
me río. Pero la risa de un niño se alimenta de aire, y la mía
no iba a ser menos. Y allí dentro huele bien, a jabón
lagarto huele, pero no hay aire. Y ya no me río, porque
intento respirar y a la bolsa se le planta ponerse
cautivadora, y me cautiva con su vacío, y el culo de mi
madre sigue ante mis ojos igual de difuso. Me intento
quitar la bolsa pero mis pulmones ansiosos tienen más
fuerza que mis manos atrayendo a la bolsa. Y me asfixio.
Y no puedo gritar, ni puedo usar el arma preferida de un
niño ante la intransigencia de una mamá de compras: mi
llanto. Y le doy dos manotazos a su turbio culo, y me dice
sin mirar: “Ya está bien Alinandito, que estoy
comprando”. Y no puedo más, y el jabón Lagarto que
bien huele, pero yo me asfixio. Intento tirar del plástico
de nuevo pero mi boca es una chupona, como la boca de
un pez pegada al cristal de una pecera. ¿Qué hago? ¿Me
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desmayo o no me desmayo? Le intento dar otro
manotazo al culo difuso de mi madre, pero me fallan las
fuerzas. Entra una mujer en la droguería, es una vieja.
Todas las viejas van de luto, y yo sólo puedo ver tras el
plástico su luto difuso. Y la vieja va y dice muy tranquilita:
“Este niño se está asfixiando… ¿No? Y el culo difuso de
mi madre desaparece y se trasforma en la cara difusa de
mi madre. Imagino lo que ella ve. Ve unos labios
morados muy abiertos con forma de boca de pez pegada
a una pecera de plástico. Y grita. Grita mucho, pero yo
me sigo asfixiando. Intento gritar, o llorar… o yo qué sé.
Y mi madre me zarandea, y se asusta más, y me asusta
más a mí. Y de nuevo dudo: ¿Me desmayo o no me
desmayo? Y miro difusamente hacia el mostrador. Y una
imagen borrosa con manguitos color garbanzo se eleva
sobre los pirineos del mostrador. Y le veo desde abajo
difusamente. Está blandiendo su mano con un dedo
amenazante, como si yo fuera el continente americano y
él Colón. Y desde allí arriba, de rodillas sobre el
mostrador, sin bajarse siquiera, como le hubiera gustado
rematar sus obligaciones al mismísimo Curro Romero, me
acerca el dedo hasta el aromático plástico que censura mi
existencia y da un golpe certero y digital en el centro de la
diana morada de mis labios y... ¡Flop!. Y respiro, por fin
respiro. De repente una corriente de aire efluviada de
aguarrases, colorantes, tintes, linazas, tinturas y añiles me
invade los pulmones aposentándose en sus recovecos,
como cuando entrábamos en tropel en la sesión de tarde
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del cine almirante a ver los combois. Y acomodo mi flequillo


mojado sobre mi frente sudorosa haciendo que la bolsa
caiga al suelo junto a mis pies. Y la miro desde arriba. A
jabón lagarto huele. ƒ
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COMO CADA AÑO, Raúl había desplazado a toda la


familia a la vieja casa del litoral para pasar la nochevieja
con su anciana madre, que se resistía a abandonar esa
casona que tantos recuerdos encerraba para ella. La
mañana de Año Nuevo, se levantó temprano con la
intención de dar su acostumbrado paseo hasta la playa y
recorrerla a lo largo, era casi seguro que no encontraría a
nadie que le distrajera en sus pensamientos.
Eran aproximadamente 8 kilómetros de recorrido, lo
cual entre ida y vuelta, parándose a tomar un ligero café
en el único bar que sabía por otros años que abría esa
mañana, le llevaba poco más de 3 horas, de forma que a
su regreso, la casa ya empezaba a mostrar la actividad
típica de esa fecha mientras se preparaba la majestuosa
comida a la que asistían tradicionalmente todos los
miembros de la familia. Esa era otra buena razón para
aprovechar la caminata y desengrasar los excesos
navideños.
Cuando salió a la calle se percató de que una fina
lluvia que le había pasado desapercibida, parecía querer
desanimar a los viandantes, pero Raúl, bien pertrechado
en su chubasquero nuevo y su sombrero de piel
plastificada, no se dejó amedrentar, sino que más bien, al
contrario, pensó que eso reduciría todavía más las
probabilidades de encuentros con conocidos.
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Ese paseo, desde hacía muchos años, lo aprovechaba
Raúl para hacer inventario de su vida, repasar los
acontecimientos que parecían importantes y aquellos
otros que, quizás con menos enjundia, acudían siempre a
su memoria. Eran de todo tipo, los había amargos,
penosos, dolorosos y otros alegres, festivos, dichosos,
pero él tenía que recordar ambos, porque ya había
comprobado que, si sólo se ocupaba de los segundos, los
otros le martillearían el cerebro durante días aquejados del
olvido.
Empezó a caminar con paso firme, ni rápido ni lento,
él podía pensar bien a ese ritmo, estaba acostumbrado. La
lluvia no tardó en provocar un goteo desde el ala de su
sombrero que escurría por sus mejillas y a lo largo de su
cuerpo. Pensó que cada gota era un recuerdo desgranado,
que duraba lo que tardaba en su recorrido e intentó
acompasar ambas acciones a fin de que el recuento de su
vida tuviera un determinado ritmo.
Con la experiencia adquirida de otros años, decidió
repasar primero los recuerdos profesionales, de esa
forma se los quitaba de en medio y luego, ya entrado en
faena, se podía ocupar mejor de los familiares e íntimos
que eran los que más le interesaban.
Dedicó breves momentos para cada trabajo y cada
posición que había ocupado, recordando compañeros y
anécdotas señaladas (su veinticinco aniversario en la
empresa, su aventura de juventud con Maite, la abogada,
que tantos quebraderos de cabeza le había ocasionado,
etc.). Después dio un repaso a las posesiones que había
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ido adquiriendo, casas, coches, confort... Su matrimonio y
los hijos ocuparon el siguiente periodo de reflexión, estos
últimos siempre le traían algún recuerdo semienterrado de
cuando eran críos, este año se recreó en la operación de
Miguel, su primogénito, que tanto les preocupó pues
apenas tenía 30 días de vida y que sin embargo, ni siquiera
había dejado una cicatriz en el cuerpo de ese atlético
joven en el que se había convertido.
Ahora le tocaba el turno a su familia, su padre
fallecido hace tanto tiempo, sus abuelas, porque nunca
conoció a sus abuelos, su única hermana, con la que,
quizás por ser 6 años mayor que él, no mantenía un
contacto muy estrecho. Al llegar a este punto tomó nota
de que debería intensificar la relación, y se lo propuso
como un objetivo del nuevo año.
Ya había llegado a la playa y todavía le restaban los
recuerdos con los que más disfrutaba, aunque era cierto
que a veces le costaba llegar a ellos, eran los recuerdos de
su infancia y juventud, su etapa escolar llena de
sobresalientes obligados por su condición de becario en
un colegio de pago, sus éxitos deportivos, sus amigos, el
primer viaje sin familia al prohibido Torremolinos de los
años 60, las vacaciones estivales, su primer amor, su
primera decepción, su primer encuentro sexual, su
servicio militar. Le gustaba que acudiesen así, sin orden
cronológico y sin ser llamados, que fluyesen desde su
interior.
Cuando se quiso dar cuenta, se encontraba al borde
del mar, respiró profundamente la brisa y encaminó sus
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pasos al cercano café, donde después de haber servido los
típicos churros a los trasnochadores de nochevieja, le
podían ofrecer ahora un humeante elixir que le ayudara a
cerrar sus pensamientos hasta la próxima ocasión.
Sentado en un rincón del bar, hizo memoria de
cuantos años llevaba practicando esta costumbre de
comenzar el año con el paseo matutino y sus recuerdos.
Estaba absorto en sus pensamientos, cuando, de pronto,
la puerta del aseo situada a su espalda, se abrió de golpe y,
sin tiempo de reacción apenas, un crío de cuatro o cinco
años de edad se abalanzó sobre sus rodillas gritando
“Venga papá, ya nos podemos ir a casa”. A continuación,
enrojecido por su error, miró a su alrededor y descubrió a
su auténtico padre ocupado con la máquina del tabaco y,
con la misma velocidad, corrió a enredarse en sus piernas.
Raúl, una vez superado el sobresalto, recordó algo
que le había pasado inadvertido, él también había
realizado ese paseo con su hijo hace años, y cuando él
mismo era un chaval acompañó a su padre algunas
mañanas de año nuevo, y su padre le comentó haber
hecho lo mismo de la mano de su abuelo.
Se sorprendió de no haber recapacitado antes en esos
recuerdos, pagó la cuenta del café, se colocó de nuevo su
sombrero y se marchó caminando lentamente bajo la
lluvia. Ahora había descubierto que todavía tenía muchas
más cosas que inventariar, aquellas que le unían
inexorablemente con su pasado, tenía que quitar las
telarañas de su mente y pensó que nada mejor que la
lluvia de ese día para limpiarlas. ƒ
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SI TODO VA bien
Brindaré una copa de rocío por el fin de nuestro pasado

Sacaré del pozo del olvido las caricias de las orillas, la risa de
los peces y los sapos

No lloraré más por ti…

No quiero más la lluvia salobre de tus lágrimas

Mi piel de olas serenas no volverá a ser magullada por tu


escorrentía

No fluiré por tus cauces empedrados que lapidan a la risa


No volveré a saber más de ti

Ni de tus guijarros viejos que buscan, tercos, arroyos nuevos

Me quedaré a ras de agua.


AGUARRÁS el color escondido de las cosas
es una obra colectiva compuesta por los integrantes de la
Escuela de Letras Libres,
y su edición ha sido auspiciada por la
Escuela Municipal de Artes (E.M.A.)
de la Casa de Cultura de Chiclana de la Frontera.

AGUARRÁS el color escondido de las cosas


ha contado con la generosa colaboración del diseñador Paco Abad,
que ayudó con las cubiertas y se sumó así a esta aventura.

AGUARRÁS el color escondido de las cosas está difundido bajo


copyleft por lo que queda totalmente permitida la reproducción
total o parcial de los textos con cualquier sistema mecánico y/o digital,
siempre que sea sin fines lucrativos y citando la fuente original.

AGUARRÁS el color escondido de las cosas se editó en torno al cuarenta de


mayo de 2009 en los talleres de los maestros copisteros de MultiXero.

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