Capítulo 61
La Responsabilidad Civil
Federico Torrealba Navas
1. Definición [arriba]
La responsabilidad civil es la obligación de prevenir y reparar daños y perjuicios1.
La Constitución Política en su artículo 41, enuncia el principio de reparación plena del
daño:
“Ocurriendo a las leyes, todos han de encontrar reparación para las injurias o daños que
hayan recibido en su persona, propiedad o intereses morales. Debe hacérseles justicia
pronta, cumplida, sin denegación y en estricta conformidad con las leyes.”
La norma constitucional reenvía a las fuentes legales: “ocurriendo a las leyes…en
estricta conformidad con las leyes”. No obstante, el artículo 41 ha sido objeto de
aplicación directa, para suplir o corregir la normativa legal.
Ejemplos de aplicación directa del artículo 41 de la Constitución Política:
1. En el caso Gutiérrez vs. Corporación Mega Súper2, la Sala Primera de la Corte fundó,
sobre el artículo 41 de la Constitución, la nueva clasificación tripartita de los daños
indemnizables, que le da autonomía a los daños a la persona, que comprenden los daños
a la integridad psicofísica.
2. En el caso Chavarría Álvarez y Serrano Álvarez vs. Agroindustrial del Grano, Sociedad
Anónima3, la Sala Primera de la Corte encuentra, en el artículo 41 de la Constitución,
el asidero positivo para la responsabilidad por el hecho de las cosas.
2. Responsabilidad civil y responsabilidad penal [arriba] 4
Las relaciones de fondo5 entre la responsabilidad civil y la responsabilidad penal se rigen
por el principio de independencia sustantiva. En virtud de que las condiciones de
aplicación de uno y otro tipo de responsabilidad jurídica son distintas, bien puede ocurrir
que un mismo hecho genere ambos tipos de responsabilidad, o solamente uno de ellos,
o ninguno. Se puede, en efecto: 1. Condenar o absolver en lo civil y en lo penal; 2.
Condenar en lo penal y absolver en lo civil; o 3. Condenar en lo civil y absolver en lo
penal.
Por ejemplo:
• En materia penal las tentativas son punibles. Si una persona comete un delito en
grado de tentativa, sin que se lleguen a consumar daños indemnizables, habría
responsabilidad penal sin responsabilidad civil.
• Los delitos contra el honor son dolosos. Si una persona difama a otra por
imprudencia, habría responsabilidad civil sin responsabilidad penal.
El principio de independencia sustantiva de las responsabilidades civil y penal tiene
algunas excepciones. La principal de ellas la constituye la responsabilidad civil ex delicto
penal. Hay algunas disposiciones especiales de responsabilidad civil que únicamente se
aplican cuando el hecho dañoso califica, a su vez, como delito penal. La mayor parte de
dichas disposiciones se ubica topográficamente en el cuerpo de reglas de responsabilidad
civil del Código Penal de 1941, aún vigente.
Especialidad de las reglas de responsabilidad civil ex delicto penal6: Si bien algunas
disposiciones de responsabilidad civil ex delicto penal simplemente reproducen el
derecho común, como el principio de reparación integral del daño contenido en las
cláusulas generales responsabilidad ex delicto civil7 y de responsabilidad civil por
incumplimiento de obligaciones8, el encuadramiento de un hecho en un tipo penal y la
consecuente aplicación de las primeras pueden implicar consecuencias especiales. Por
ejemplo, si el gerente de una empresa, por incumplimiento de sus obligaciones
laborales, le causa daños a su patrono, está obligado a reparar integralmente los daños,
en virtud del derecho común de la responsabilidad civil contractual (u obligacional). Si
el mismo hecho llega a originar una condenatoria contra el gerente por administración
fraudulenta9, la consecuencia civil, a priori, sería idéntica en lo que concierne al
nacimiento de la obligación de reparar integralmente los daños y perjuicios, basada en
las reglas de responsabilidad civil ex delicto penal. Sin embargo, ambos tipos de
responsabilidad difieren en cuando a sus plazos de prescripción negativa: Si la
responsabilidad civil contractual por incumplimiento de obligaciones laborales prescribe
en un año a partir de la terminación de la relación laboral, la responsabilidad civil ex
delicto penal prescribe en diez años a partir del hecho.
La responsabilidad penal presupone una acción típica, antijurídica y culpable. En la
materia penal, campea el principio nullum crimen sine culpa (no hay delito sin culpa).
La responsabilidad penal es subjetiva: Debe establecerse un juicio de culpabilidad.
Puede haber responsabilidad penal sin daño, v.gr., en las tentativas.
En contraste, bien puede haber responsabilidad civil sin culpa, en la responsabilidad
objetiva. La responsabilidad civil es atípica: las cláusulas generales de responsabilidad
civil son suficientemente amplias para cobijar hechos inéditos, no previstos por el
legislador.
La responsabilidad penal se asigna en proporción al grado de culpa. A mayor grado de
culpa, mayor o más gravosa la sanción. La responsabilidad civil se asigna en proporción
a la magnitud del daño. Si en la responsabilidad penal la atención se centra en la
culpabilidad del responsable, en la responsabilidad civil el foco de atención se desplaza
hacia la extensión y la gravedad del daño irrogado al damnificado. 3. Condiciones de
la responsabilidad civil [arriba]
a) Condiciones generales:
Para el surgimiento de dicha obligación, se requiere la conjunción de tres condiciones
generales:
• Un factor de atribución, que puede ser subjetivo, objetivo, directo, indirecto,
contractual o extracontractual;
• Uno o varios daños indemnizables; y
• La relación causal entre el factor de atribución y el daño.
b) Condiciones específicas:
En ciertos casos se requiere, además, la acreditación de algunas condiciones específicas,
que integran la fattispecie del respectivo régimen de responsabilidad.
Por ejemplo, para la aplicación del régimen especial de responsabilidad establecido en
el artículo 35 de la Ley 7472, se exigen ciertas condiciones específicas de carácter
subjetivo: El damnificado directo ha de ser un consumidor; el responsable, un
interviniente en la cadena de introducción al mercado del bien o servicio: productor,
proveedor, comerciante.
4. Clasificación de los regímenes de RC según el tipo de factor de atribución [arriba]
En atención al factor de atribución, los regímenes de responsabilidad civil se clasifican
en:
• Subjetivos (por culpa) y objetivos (sin culpa);
• Por hecho propio (responsabilidad directa) o por hecho ajeno (responsabilidad
indirecta);
• Contractuales y extracontractuales; y
• Obligacionales y extra obligacionales.
5. Responsabilidad civil subjetiva [arriba]
a) Concepto civil de culpa:
La responsabilidad civil subjetiva se basa en la atribución de culpa. La culpa, en el
Derecho Civil, consiste en una valoración negativa de la conducta de un sujeto, que
abarca un amplio espectro de conductas reprochables, desde el dolo hasta la simple
imprudencia. El juicio de valor resultante en la atribución de culpa, se produce por el
contraste entre la conducta histórica del agente y el marco deóntico (o modelo de
deber-ser) que le era exigible. El modelo de deber-ser se integra, en primer término,
con el deber genérico de no dañar a otros, también denominado como el debido deber
de cuidado –que deriva del principio neminem laedere o alterum non laedere de los
antiguos romanos–. Activamente, el sujeto debe adoptar, en cada circunstancia de la
vida, las medidas de prevención y precaución que, en circunstancias similares, adoptaría
la persona normalmente prudente y diligente. Pasivamente, el sujeto debe abstenerse
de conductas que transgredan los dictados de la prudencia. Los antiguos romanos
acuñaron el parámetro del bonus pater familias, arcaísmo del cual aún quedan residuos
en nuestro Código Civil10, y del bonus vir, o buen comerciante. Los anglosajones hablan
del reasonable man. En la actualidad la nomenclatura tiende a la inclusión de género:
la persona normalmente razonable y prudente.
¿Cómo se completa el marco deóntico? La diligencia de la persona normalmente
razonable y prudente, puede ser un estándar muy indeterminado. A priori, se podría
pensar que el marco deóntico se habría de integrar con base en preceptos extraíbles de
las fuentes escritas oficiales: leyes, reglamentos, etc. Sin embargo, pueden hallarse
directivas de deber-ser en otras fuentes. En efecto, el marco deóntico se nutre no sólo
de fuentes escritas, sino también de otros estándares, cánones y preceptos morales y
técnicos. Por ejemplo, para determinar si un comerciante ha incurrido en actos de
competencia desleal, el juez debe elaborar un marco de deber ser con referencia a los
usos honestos del comercio11. Para determinar si un cirujano ha incurrido en mala
praxis, el juez debe informarse sobre las prácticas y el cuerpo de conocimientos que,
intersubjetivamente, se consideraban como integrantes de la lex artis en la época de
los hechos.
b) El principio de no graduación de la culpa civil:
En materia de responsabilidad civil subjetiva, rige el principio de no graduación de la
culpa civil, conforme al cual el efecto de la responsabilidad civil es la obligación de
reparar integralmente el daño causado, con abstracción del grado o la gravedad de
culpa. “Es necesaria una culpa, pero basta una culpa cualquiera”12.
Por consiguiente: Dado un daño estimado en 100, la responsabilidad es la misma,
independientemente de si el agente actuó con dolo o con mera imprudencia. A la luz de
este principio, la culpa civil no se clasifica –como en el Derecho Penal– en función de su
gravedad (levísima, leve, grave, dolosa, etc.). Este principio se aprecia en el artículo
1045 del Código Civil, donde se establece un efecto idéntico para conductas con distinta
carga valorativa negativa: “Todo aquel que por dolo, falta, negligencia o imprudencia,
causa a otro un daño, está obligado a repararlo junto con los perjuicios.”
El principio de no graduación de la culpa civil tiene algunas excepciones fragmentarias,
en las que, a mayor grado de culpa, mayor la medida de la responsabilidad.
Ejemplos de excepciones al principio de no graduación de la culpa civil:
1. El incumplimiento doloso de una obligación puede implicar la ruptura del límite
cuantitativo de la cláusula penal, en los casos en los que el daño efectivo sea mayor al
importe de la multa13.
2. La infracción dolosa de un derecho de propiedad intelectual ajeno da lugar a
indemnizaciones predeterminadas superiores a las que corresponden a infracciones por
negligencia, impericia o imprudencia14.
3. Los funcionarios públicos sólo responden personalmente frente a los administrados
en las hipótesis de culpa grave15.
4. El propietario que edifica o siembra en su propio terreno con materiales ajenos
responde por los daños y perjuicios irrogados al dueño de los materiales únicamente
cuando ha procedido de mala fe16.
6. Tipología de culpas generadoras de responsabilidad civil [arriba] Estudiaremos
seguidamente las siguientes especies de culpa:
• La culpa in eligendo
• La culpa in vigilando
• La culpa in contrahendo
• El abuso del derecho; y
• El dolo
a) Culpa in eligendo:
La culpa in eligendo consiste en haber delegado una función en una persona no apta.
La culpa al elegir es una modalidad de responsabilidad indirecta o por hecho ajeno: el
elector responde, frente al damnificado, por los hechos culpables del elegido.
El derecho común de la culpa in eligendo extracontractual se encuentra en el párrafo
tercero del artículo 1048 del Código Civil:
“El que encarga a una persona del cumplimiento de uno o muchos actos, está obligado
a escoger una persona apta para ejecutarlos y a vigilar la ejecución en los límites de la
diligencia de un buen padre de familia; y si descuidare esos deberes, será responsable
solidariamente de los perjuicios que su encargado causare a un tercero con una acción
violatoria del derecho ajeno, cometida con mala intención o por negligencia en el
desempeño de sus funciones, a no ser que esa acción no se hubiere podido evitar con
todo y la debida diligencia en vigilar.”
Se le reprocha al culpable el haber creado condiciones de riesgo para terceros. La culpa
in eligendo consiste en la creación culpable de un riesgo causalmente vinculado a la
realización del daño. A contrario: De haberse elegido a una persona capaz, el daño no
se hubiera producido. El sujeto culpable in vigilando no quiere el resultado, pues, si lo
hubiere querido, su responsabilidad sería directa.
b) Culpa in vigilando:
La culpa in vigilando consiste en no haber supervisado o fiscalizado adecuadamente la
conducta del delegado. El derecho común de la culpa in vigilando consta en el párrafo
tercero del artículo 1048 del Código Civil, recién citado supra.
Al igual que la culpa in eligendo, la culpa in vigilando es un régimen de responsabilidad
subjetiva indirecta por el hecho culpable del delegado. Es preciso, para la actuación de
este régimen, acreditar sendas culpas y sus respectivas conexiones causales con el daño
indemnizable: la culpa del delegante y la culpa del delegado, ambas situadas como
antecedentes causales del daño producido.
Ejemplo: En el caso Chaves Arrieta et al contra el Estado y otros17 (conocido como “el
accidente de Bagaces”), tanto el Tribunal de Juicio de Guanacaste como la Sala Tercera
de la Corte Suprema de Justicia tuvieron por acreditada la culpa in vigilando del Estado.
Se le reprochó al Estado no haber fiscalizado la debida ejecución de un contrato de
licitación pública para el transporte de estudiantes. El día del accidente, los pasajeros
viajaban en un vehículo con desperfectos mecánicos, distinto al establecido en el
contrato licitatorio y conducido por un chofer sin licencia.
c) Culpa in contrahendo:
La culpa in contrahendo es la vulneración nociva de deberes jurídicos durante la fase de
tratativas de un negocio jurídico.
Durante la fase precontractual, las partes gozan de libertad: El comerciante puede
decidir no comprar. La novia puede decidir no casarse. El paciente puede decidir no
operarse. No obstante, durante esa fase las partes también están sujetas a diversos
deberes jurídicos. Entre ellos:
• El deber jurídico de no dañar a otros (neminem laedere); 18
• El deber general de buena fe19;
• El deber de observar una conducta consistente (la llamada doctrina de los actos
propios: venire contra factum proprium nulli conceditur); • El deber de brindar cierta
información a la contraparte20; y
• La prohibición general de abuso del derecho21.
La vulneración de los citados deberes durante el período prenegocial puede implicar,
siempre que se causen daños a la otra parte, el nacimiento de la obligación de
responsabilidad civil extracontractual o aquiliana. Los casos más comunes de este tipo
de responsabilidad –denominada culpa in contrahendo– derivan de la ruptura
injustificada o intempestiva de negociaciones; del aprovechamiento sin
contraprestación de información intercambiada a lo largo de la negociación; o de la
formulación de propuestas incitativas a la acción.
d) Abuso del derecho:
El abuso del derecho consiste en el ejercicio anormal o antisocial de un derecho
subjetivo.
La prohibición del abuso es un principio general del derecho. Pero, además, es un factor
de atribución de responsabilidad civil subjetiva, tanto resarcitoria como preventiva.
Preceptúa el artículo 22 del Código Civil:
“La ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial de éste. Todo acto u
omisión en un contrato, que por la intención de su autor, por su objeto o por las
circunstancias en que se realice, sobrepase manifiestamente los límites normales del
ejercicio de un derecho, con daño para tercero o para la contraparte, dará lugar a la
correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales o
administrativas que impidan la persistencia en el abuso.” 22
Se puede ejercer abusivamente un legítimo derecho. No es que el abutente pierda el
derecho. Simplemente en el caso concreto la ley no ampara su conducta.
Como factor de atribución de responsabilidad civil, el abuso del derecho es una especie
de culpa. Se contrasta la conducta histórica del agente con un modelo de deber-ser: el
ejercicio normal del derecho.
Ejemplos:
1. El acceso a la justicia es un derecho fundamental. Sin embargo su ejercicio abusivo
es fuente de responsabilidad civil. En el caso Gamboa Asch v. Argüello Chaverri23 acotó
la Sala Primera de la Corte: “…el accionado planteó una denuncia penal, con el objeto
de impedir el avance de un juicio ejecutivo, teniendo conocimiento que los hechos
fundamento de la denuncia eran insubsistentes, y que al someter al denunciado a un
proceso penal, se le ocasionaría daño moral. Evidentemente incurrió el demandado, con
tales conductas en abuso de derecho.”
2. En los contratos pactados por tiempo indefinido, cualquiera de las partes puede
darlo por terminado unilateralmente a voluntad (ad nutum), dando un preaviso
razonable. Esto se conoce como el derecho a la denuncia o resiliación. En el caso
Distribuidora Anderson v. El Gallito Industrial24 la Sala Primera de la Corte consideró
que la demandada había incurrido en abuso del derecho por haber roto un contrato con
un preaviso excesivamente corto, de tres meses: “Le asiste razón al casacionista al
argüir (…) que el plazo de preaviso es desproporcionado y contraría la buena fe
contractual. Ello se confirma al analizar detenidamente algunas características del
contrato que vinculaba a los litigantes. De conformidad con el elenco de hechos
probados, el señor Anderson Englehardt desarrolló personalmente desde -cuando menos-
1970 y hasta 1986, la distribución exclusiva de los productos Gallito (Hecho Probado a),
labor que abarcaba los distritos 01 a 04 del cantón de Montes de Oca y 01 a 03 del cantón
de Curridabat. Luego de 1986, la relación comercial continuó en forma idéntica a través
de Distribuidora Anderson S.A., merced a la cesión de derechos realizada por el señor
Anderson, a favor de la sociedad, situación conocida por Gallito. La relación negocial
fue calificada como un contrato continuo, no escrito, de distribución exclusiva, sin
sujeción a plazo determinado, según el cual, Gallito, en una zona geográfica
determinada, sólo podía distribuir sus productos por medio de la Distribuidora y ésta no
podía abarcar otras áreas distintas, ni estaba facultada a distribuir productos diferentes,
similares o competitivos de terceras personas. Debía utilizar el material publicitario
suministrado por Gallito, ocuparse de la manutención de exhibidores de productos,
acatar disposiciones en cuanto a ventas, ajustarse a la lista de precios y tenía autorizado
un porcentaje de descuento para el detallista. La Distribuidora gozaba de una línea de
crédito, y descuentos de un 15% sobre los productos que compraba, siendo ese,
justamente, su margen de ganancia. (Hechos b y c). No estaba facultada a ampliar su
actividad distribuyendo productos diversos a los suministrados por Gallito S.A., ni podía
ampliar su mercado fuera de los distritos asignados, por lo cual, su nicho de mercado
era cautivo, estático y sin posibilidades de crecimiento. Amén de lo anterior, las
relaciones entre los contratantes se caracterizaron por ser altamente satisfactorias y
eficientes, con incrementos importantes en los porcentajes de ventas y no fue
acreditada la menor insatisfacción de parte de Gallito durante la vigencia de la relación
de distribución. Por el contrario, según consta en autos, las relaciones comerciales
siempre se desarrollaron dentro de los mejores términos. Atendiendo a la longevidad de
la relación contractual, la accionante contaba con toda una estructura organizacional
destinada a atender a cabalidad cada una de sus obligaciones. Por consiguiente, no era
anticipable la eventualidad de la finalización intempestiva de los vínculos negociales,
menos aún, con los altos resultados de ventas obtenidos. Así las cosas, considerando las
posibilidades reales de crecimiento del negocio, la exclusividad que debía seguir en
cuanto al producto distribuido y la zona que podía abarcar –obligaciones negativas que
le impedían diversificar la actividad o ampliar el mercado–, el plazo de aviso previo a la
terminación unilateral de las relaciones es arbitrario y desproporcionado, por lo cual, se
cometió abuso de derecho y fue contrariada la buena fe contractual con el proceder de
la demandada”.
3. En el caso Avilés vs. Tajul25, el actor solicitó, entre otros extremos, condenar al
demandado por el ejercicio abusivo de su derecho de transformación de la propiedad,
al edificar una tapia divisoria de seis metros de altura que le bloqueaba la vista
panorámica. El accionado contrademandó, y pidió se ordenara la demolición de una
terraza y de un balcón construidos por el actor en su casa, por contravenir las distancias
legales. La Sala Primera avaló la decisión de los tribunales de instancia: Se ordenó la
destrucción de la terraza y el balcón a costa del actor reconvenido, y se declaró que el
demandado reconventor había ejercido abusivamente su derecho, al edificar una tapia
de seis metros. Se dispuso en consecuencia que, tomando en cuenta que la vivienda del
vecino tenía una vista panorámica, la tapia no podía sobrepasar los tres metros de
altura. La sentencia de la Sala Primera ofrece un ejemplo de cómo el abutente no pierde
el derecho, pero la ley no ampara el abuso. De paso, el fallo enuncia una regla de oro:
“No es posible repeler un acto ilegal con un acto abusivo”. Se lee: “[S]i bien es cierto,
el actor incurrió en un acto ilegal, al construir un balcón, una terraza y abrir una ventana
con vista a su finca, sin respetar la distancia mínima requerida por la ley, lo anterior no
justifica la construcción de una tapia de seis metros de alto como lo ha pretendido,
porque ello al margen de las construcciones ilegales antes dichas, más que procurar
exclusivamente su privacidad, le causaría un daño a su vecino al quitarle la vista
panorámica a aquel inmueble, la cual posee gracias a la ubicación geográfica con que
cuenta, lo que refleja un ejercicio abusivo del derecho de la demandada, como lo señaló
el Tribunal. Es indispensable tener presente que no es posible repeler un acto ilegal con
un acto abusivo, como lo intentó la sociedad demandada, ello solo es posible a través
de las vías legales establecidas para esos fines. Debe observarse que en todo caso, al
acogerse parcialmente la reconvención, se le impuso al actor la obligación de cerrar o
demoler las edificaciones que realizó contraviniendo el ordenamiento jurídico.” e) Dolo:
El dolo es un concepto jurídico indeterminado que expresa un juicio de valor con intensa
carga negativa sobre la malicia, la intención dañina o el desdén por el derecho ajeno
manifiestos en la conducta activa u omisiva de un sujeto26. La culpa grave en ocasiones
se equipara al dolo (culpa lata dolo aequiparatur). Dolo civil y dolo penal:
El concepto civil de dolo es más amplio que el penal. El dolo penal es típico y sólo se
predica respecto de la conducta de una persona física –al menos en nuestro medio–. El
dolo civil es atípico y puede ser cometido por cualquier sujeto, sea persona física o
jurídica.
El dolo en el derecho común de la responsabilidad aquiliana:
En el Derecho común de la responsabilidad civil extracontractual, el dolo es un hecho
generador de responsabilidad civil plena e integral27.
El dolo rompe el tope de la cláusula penal:
En el Derecho común de la responsabilidad civil obligacional, el dolo da pie a la
reparación integral del daño aunque se hubiere pactado lo contrario28, v.gr., a través
de una cláusula penal. Es muy conocido el aforismo conforme el al cual “el dolo rompe
el tope de la cláusula penal”, aplicable tanto en el ámbito civil29 como en el
mercantil30.
El dolo futuro es indisponible:
El dolo futuro es indisponible, tanto en sus condiciones de aplicación como en sus
efectos. De conformidad con el artículo 701 del Código Civil, quien incurra en dolo
“queda siempre obligado a indemnizar los daños y perjuicios que con él ocasione aunque
se hubiere pactado lo contrario”.
Incumplimiento doloso de una obligación pecuniaria:
El incumplimiento doloso de una obligación pecuniaria –por ejemplo, por medio de
enajenaciones simuladas–, da pie a la reparación integral, si los daños y perjuicios
efectivamente causados son mayores al quantum de los intereses aplicables. Se aplica
aquí, lo que hemos denominado la teoría del doble hecho generador de responsabilidad
civil31, conforme al cual, en la hipótesis citada, concurren, en cabeza del deudor, dos
hechos generadores de responsabilidad civil: la falta de pago de la obligación y la
conducta dolosa.
En el Laudo CCA-19-12-200232 se esboza la posible ruptura del tope demarcado por los
intereses, ante el eventual incumplimiento doloso de tal obligación: “Por ser una deuda
dineraria, y al no haberse alegado el dolo contractual, los daños y perjuicios derivados
del incumplimiento deben limitarse al pago de los intereses estipulados en el contrato
(vid artículo 706 del Código Civil y sus concordantes del Código de Comercio; (Sentencia
de la Sala Primera de la Corte Suprema de Justicia Nos. 320-90 y 340-90).”
En el ámbito especial de la propiedad intelectual, el dolo da pie a penas privadas:
En el Derecho especial de la responsabilidad civil por infracción de derechos de
propiedad intelectual, el dolo da pie a la aplicación de penas privadas de origen legal33;
las cuales pueden sustituir alternativamente a la reparación de los daños y perjuicios.
El dolo no se presume, pero se puede probar por presunciones:
El dolo no se presume34, pero ello no implica que no pueda ser probado mediante
presunciones, las cuales constituyen un medio de prueba35.
El dolo en la fase prenegocial:
Durante las tratativas pre negociales, incurre en dolo quien deforma u oculta los datos
relevantes disponibles, que podrían influir en la decisión de contratar de la contraparte.
También incurre una forma especial de dolo, llamado reticencia dolosa, quien calla
debiendo hablar. Durante las tratativas, el dolo también se manifiesta en la conducta
insidiosa y manipuladora –v.gr., la conducta de quien se aprovecha deliberadamente de
las debilidades de otro–.
El dolo nocivo incurrido en la fase pre negocial puede originar dos clases de
responsabilidad civil: extracontractual o contractual, según el caso.
Responsabilidad civil extracontractual: Si el negocio no llega a formarse, o si el negocio
se anula por el vicio del consentimiento originado en el dolo36, la responsabilidad civil
es extracontractual. La víctima del dolo tiene derecho a una indemnización del interés
contractual negativo, cuyo modelo de cálculo se construye sobre un escenario de
ausencia de contratación.
Responsabilidad civil contractual: Si el negocio llega a formarse a pesar del dolo, y la
parte afectada elige no ejercer la acción de anulación, la responsabilidad del autor del
dolo es contractual. La víctima del dolo tiene derecho a la indemnización del interés
contractual positivo, cuyo modelo de cálculo se construye sobre un escenario de
normalidad: la utilidad que la víctima hubiera extraído de contrato en cuestión si su
contraparte no hubiera actuado con dolo, o si sus representaciones hubieran sido ciertas.
Ejemplos:
1. En la fase precontractual de un contrato de arrendamiento, el arrendante le asegura
al inquilino que en el local se puede establecer un establecimiento de lavado de
automóviles. Tal promesa es falsa, pues el arrendante ya tiene conocimiento de que
dicho uso del suelo no es permitido. El inquilino le cree a arrendante y suscribe el
contrato. Acto seguido procede a acondicionar el local y realiza una inversión de 10
millones de colones. Dos meses después de la inauguración del lavacar la Municipalidad
clausura el establecimiento por su contradicción con el plan regulador. El inquilino
demanda y obtiene la anulación del contrato por el dolo del arrendante. En tal caso
tiene derecho al interés contractual negativo, que comprende: los costos hundidos (o
perdidos) en la remodelación y las utilidades que hubiera obtenido de haber dedicado
su inversión y su esfuerzo empresarial a otros proyectos distintos del lavacar en
cuestión37.
2. Supongamos que en el ejemplo anterior, el inquilino elige, como es su derecho, no
ejercer la acción de anulación del contrato, sino reclamarle al arrendante la
responsabilidad civil contractual por el incumplimiento de sus promesas. En tal caso,
tendría derecho al interés contractual positivo, que sería, en ese caso, las utilidades
netas que el negocio del lavacar le hubiera generado durante todo el plazo del
arrendamiento, de haber sido ciertas las representaciones del arrendante; es decir, de
haber sido cierto que en el local en cuestión podía operar un establecimiento de lavado
de vehículos.
El dolo en la fase de ejecución del contrato:
Durante la ejecución, incurre en dolo quien incumple pudiendo cumplir, o quien
incumple para dañar.
Ejemplo: En el Laudo CCA-22-09-200538 se fijó, a favor del actor, una indemnización de
US$100.000 (cien mil dólares estadounidenses) por concepto del daño moral subjetivo
irrogado a raíz del incumplimiento doloso de un contrato de due diligence para la
adquisición de un grupo de empresas. El daño moral subjetivo consistió en la frustración
experimentada por el potencial comprador de una empresa a raíz de la conducta
incongruente de los potenciales vendedores, quienes, luego de haber suscrito un
contrato en el que manifestaban su intención de vender, se rehusaron a entregarle la
información prometida para el due diligence y omitieron comunicar oportunamente al
comprador su cambio de parecer, o su verdadera intención (una de las partes
demandadas reconoció que nunca tuvo intención de vender, sólo le interesaba oír
ofertas y promover una redistribución interna de la titularidad accionaria). Razonó el
Tribunal Arbitral: “Respecto a este daño moral, el Tribunal estima necesario hacer una
prudente, razonable y armónica cuantificación de este daño, en consideración a la
dimensión económica del negocio…” (…) “Ha quedado demostrado, que el señor
(potencial comprador) requirió la entrega de esos estados financieros, como se había
pactado. Pero, también está probado que los demandados, con total desprecio de la
buena fe y transparencia, no sólo no los entregaron, sino que ni siquiera por cortesía
tuvieron la preocupación de informarle oportuna y verazmente al señor (potencial
comprador) que no se los entregarían, en razón de que deseaban abortar la continuidad
del proceso pactado. Esta actuación omisa de los demandados constituye un grave
incumplimiento de una obligación que este Tribunal considera claramente de naturaleza
contractual y, por tanto, vinculante para ellos.” (…) “… [L]os codemandados no
remitieron con la formalidad, solemnidad y oportunidad que se requería, una
comunicación formal al señor…, como resulta exigible y propio de hombres de negocios
guiados por un extremo estándar de diligencia. Tampoco, como beneficiarios
potenciales del depósito, se preocuparon los codemandados por remitir al depositario
instrucciones precisas para que se liberara en beneficio del señor ... la suma que él
había depositado, de tal manera que pudiera valorar la conveniencia y legitimidad de
retirar ese depósito, para su beneficio. Pero este Tribunal también considera una
conducta abiertamente grosera en perjuicio del actor, el hecho de que esos estados
financieros no se entregaron. La prueba testimonial refleja a pesar de lo que consignaron
en la Carta de Intenciones, que los vendedores nunca tuvieron tal intención de vender
acciones, al menos al actor. // “Entonces, sí considera este Tribunal atendible este
reclamo al considerar que la falta de entrega de los estados financieros auditados fue el
resultado de una conducta dolosa, de mala fe y de falta de transparencia negocial de
los demandados.”
7. Responsabilidad civil objetiva [arriba]
La responsabilidad civil objetiva prescinde del requisito de la culpa. A falta de culpa, la
responsabilidad se apoya en otros criterios morales: por ejemplo, se considera justo y
equitativo que quien se beneficia económicamente de una actividad lícita, pero
riesgosa, asuma el costo de la reparación de los daños irrogados a terceros en el
desarrollo de dicha actividad. Tal noción, de justicia distributiva, subyace en la máxima
romana ubi emolumentum, ibi onus: Quien percibe el beneficio, soporta la carga. Uno
de los principales factores de atribución de responsabilidad objetiva –aunque no el
único– es la noción de riesgo creado. Si un sujeto crea un riesgo no culpable en el
ejercicio de una actividad lícita, asume por su cuenta la materialización de dicho riesgo.
Obsérvese que no se reprocha a la persona haber creado el riesgo –porque si se le
reprochara, ya no estaríamos en presencia de una responsabilidad objetiva sino
subjetiva, que incluye, naturalmente, la creación culpable de un riesgo–. En la
responsabilidad objetiva por riesgo creado, se trata de un riesgo lícito, socialmente
deseable. Por ejemplo, el riesgo creado por una empresa de transporte público. La
actividad de transporte público satisface un interés general. Aun así, es riesgosa. El
principio es que si dicho riesgo se llega a materializar en la lesión o muerte de una
persona, o en daños a la propiedad de terceros, el explotador de dicha actividad –ubi
emolumentum– ha de asumir la reparación o indemnización de los daños –ibi onus–. Como
puede apreciarse, la responsabilidad civil objetiva es una técnica de traslado de riesgos,
desde la esfera jurídica de la víctima, hacia la esfera jurídica del civilmente
responsable. Por ello es que la responsabilidad civil está estrechamente ligada a otra
técnica de traslado contractual de riesgos, como lo es el contrato de seguros. Mediante
un contrato de seguro de responsabilidad civil, el potencial responsable le traslada al
asegurador, quien a su vez lo dispersa en un colectivo39, el riesgo del eventual
surgimiento de obligaciones indemnizatorias en cabeza del asegurado.
8. Responsabilidad civil directa e indirecta [arriba]
En la responsabilidad civil directa, el obligado responde por sus hechos personales.
En la responsabilidad civil indirecta o por hecho ajeno, el obligado responde por los
daños causados por otro sujeto. La responsabilidad indirecta puede ser subjetiva –se le
reprocha al responsable no haber cumplido los deberes que le eran exigibles al elegir o
vigilar a otro (culpa in eligendo, culpa in vigilando)–; u objetiva –el principal responde
sin culpa por el hecho dañoso de otro–.
A su vez, la responsabilidad objetiva indirecta puede ser: por el hecho culpable del otro;
o bien por el hecho no culpable de otro. La Administración Pública responde
objetivamente por el hecho culpable de sus servidores40. En cambio, el padre de familia
responde por los hechos dañosos no culpables de sus hijos de tierna edad. Cabe observar
que la responsabilidad objetiva por hecho culpable ajeno termina consolidándose en una
responsabilidad subjetiva, en la medida en que, necesariamente ha de quedar
establecida la existencia de una culpa –acaso anónima41– conectada causalmente al
daño.
9. Responsabilidad contractual y extracontractual [arriba]
La responsabilidad civil contractual deriva del incumplimiento o de la defectuosa
ejecución de una o varias obligaciones de un contrato válido.
La responsabilidad extracontractual –también llamada aquiliana o delictual– deriva del
incumplimiento de deberes jurídicos u obligaciones extracontractuales.
La responsabilidad precontractual –también denominada culpa in contrahendo– deriva
del incumplimiento de deberes u obligaciones durante la fase de tratativas de
contrato42. Este tipo de responsabilidad es, usualmente, una especie del género
“responsabilidad extracontractual”, especialmente cuando las negociaciones se frustran
o el contrato se invalida. Sin embargo, si el contrato llega a perfeccionarse, la parte
afectada puede decidir mantener el contrato y, simultáneamente, reclamar la
indemnización de los daños y perjuicios originados la falta precontractual.
Por ejemplo: En la fase de tratativas para la venta de un vehículo, el oferente le asegura
al potencial comprador que el motor está en perfectas condiciones, pues recientemente
fue objeto de una reparación general. Ya perfeccionado el contrato, el comprador
descubre que tales declaraciones precontractuales del vendedor no eran ciertas y que
se requiere una cuantiosa inversión para que el motor quede en condiciones óptimas,
tal y como lo aseguraba el vendedor. El comprador puede elegir mantener el contrato y
reclamarle al vendedor, por vía de responsabilidad civil por dolo, el pago de los daños y
perjuicios, que pueden consistir en las sumas necesarias para ajustar el motor al estado
prometido. De este modo, el comprador logra, por vía de responsabilidad civil, el
aseguramiento del interés contractual positivo, es decir, los beneficios económicos que
esperaba obtener del contrato.
10. Cláusulas de limitación o exoneración de responsabilidad civil [arriba]
En general, son válidas y eficaces las cláusulas contractuales de limitación o exoneración
de responsabilidad civil, salvo: 43
• En materia de daños a la persona, a causa de la indisponibilidad de los derechos de la
personalidad44.
• Que se trate de condiciones generales en contratos de adhesión45.
• Que sujete la obligación a una condición potestativa (“cumplo…si quiero”), privándola
de fuerza vinculante46.
• Que el deudor incurra en dolo47.
11. Responsabilidad civil obligacional y extra obligacional [arriba]
La responsabilidad civil obligacional deriva del incumplimiento o de la ejecución
defectuosa de obligaciones, en general, sean éstas de origen contractual,
extracontractual, cuasicontractual o legal.
La responsabilidad civil extra obligacional deriva del incumplimiento de deberes
jurídicos genéricos, como el neminem laedere (no dañar a otros), la buena fe, la
prohibición del abuso del derecho, el venire contra proprium factum (deber de
comportamiento coherente), etc.
12. Clasificación de los regímenes de RC según el contenido de la obligación [arriba]
En atención al contenido de la obligación resarcitoria, los regímenes de responsabilidad
civil se clasifican en:
• Integrales
• Limitados
• Tasados
• Punitivos
13. Regímenes de reparación integral [arriba]
En los regímenes gobernados por el principio de reparación integral, la indemnización
aspira a ser equivalente al daño. De conformidad con el principio de reparación integral
del daño, el damnificado tiene derecho a ser colocado, en la medida de lo posible, en
una posición equivalente a la que estaría de no haber acaecido el evento dañoso48. Este
principio tiene aplicaciones positivas y negativas: Positivas: deben tomarse en cuenta
todos los efectos nocivos del hecho en la esfera jurídica del damnificado. Negativas: la
indemnización no puede pecar ni por defecto (caso en el cual se produce una infra
indemnización) ni por exceso (caso en el cual se produce un enriquecimiento sin causa).
En materia de daños extra patrimoniales, donde es imposible configurar una ecuación
aritmética entre daño y reparación, la reparación cumple una función de satisfacción
sustitutiva. En tales casos, el juez fija la indemnización con arreglo a criterios de
razonabilidad y proporcionalidad.
El principio de reparación integral es el principio de base, de derecho común. Este
principio se exceptúa en los regímenes de responsabilidad limitada, tasada y punitiva.
14. Regímenes de reparación limitada [arriba]
El principio de reparación integral se exceptúa, en ciertos casos, por la ley o por
convenio. Por ejemplo, en materia de responsabilidad estatal por funcionamiento lícito
y normal, la Administración responde por el daño emergente, no por el lucro cesante49.
Mediante acuerdo de partes, puede limitarse anticipadamente la responsabilidad del
deudor, cuando están de por medio derechos patrimoniales disponibles.
15. Regímenes tasados [arriba]
En los regímenes de responsabilidad tasada, el quantum indemnizatorio se encuentra
predefinido por la ley o por convenio. Por ejemplo, en materia de responsabilidad civil
por el libramiento de un cheque sin fondos, la ley establece, como indemnización fija
de daños y perjuicios, el 25% de la suma no cobrada50. En el plano contractual, las
partes pueden pre tasar indemnizaciones por medio de cláusulas penales51.
16. Regímenes de responsabilidad civil punitiva [arriba]
Los daños punitivos –rectius, las indemnizaciones punitivas- persiguen disuadir o castigar
ciertas conductas socialmente indeseables52. De manera excepcional, la ley estatuye
este tipo de indemnizaciones. Por ejemplo, en materia de infracción de derechos de
propiedad intelectual, donde la indemnización puede implicar, además de la reparación
del daño, la expropiación privada del beneficio del infractor; o, alternativamente,
multas privadas que se calibran, no en función de la magnitud del daño efectivo, sino
en atención al grado de culpa53. También pueden fijarse por convenio, por medio de
cláusulas penales. Por ejemplo, las multas por atraso en la entrega de obras
constructivas. Las multas, aún fijadas convencionalmente, no pueden ser abusivas.
RESPONSABILIDAD EXTRACONTRACTUAL
Nos toca estudiar ahora, aunque en forma somera, la culpa extracontractual o aquiliana. Hemos
visto que tradicionalmente ésta se opone a la culpa contractual. Si bien es cierto que tanto una
como otra dan origen a una indemnización de daños y perjuicios en la contractual tal cosa
sucede como consecuencia del incumplimiento del deudor de la obligación contraida. En
cambio, en la extracontractual el deudor es responsable de un hecho culpable o delictuoso que
acarrea un perjuicio al acreedor, sin que exista un vinculo juridico preexistente.
En tal sentido, la responsabilidad contractual es la que previene de la violación de un contrato;
implica indemnizar al acreedor el perjuicio que le causa el incumplimiento de las obligaciones
que emanan del mismo o su cumplimiento tardio o imperfecto art. 1427 C. La responsabilidad
delictual o cuasidelictual civil proviene de un delito o cuasidelito civil, es decir, de un hecho
ilicito, intencional o no, que ha inferido injuria o daño a la persona o propiedad de otro.
Esta responsabilidad no deriva de la inejecución de una obligación preexistente, ninguna existe
entre la victima y el autor del daño, y si la hay, ésta se produjo al margen de ella y no resulta de
su infracción. Así, el vendedor que no entrega oportunamente la cosa vendida y viola de este
modo la obligación de entregar que le impone el contrato de compraventa, incurre en
responsabilidad contractual. El que hiere a otro deliberadamente o sólo por imprudencia, incurre
en responsabilidad delictual, en el primer caso, y cuasidelictual, en el segundo, porque, al causar
el dafio, no violó ninguna obligación preexistente. (Arturo Alessandri de la responsabilidad
extracontractual en el derecho civil chileno).
El mismo autor, al distinguir ambas responsabilidades se expresa: "Mientras la responsabilidad
contractual supone una obligación anterior, se produce entre personas ligadas por un vinculo
juridico preexistente a cuya violación sirve de sanción. La responsabilidad delictual o 7
cuasidelictual supone la ausencia de obligación, se produce entre personas juridicamente
extrañas, 3 por lo menos en cuanto al hecho de que deriva, y es ella la que crea la obligación de
reparar el 4daño. La responsabilidad delictual o cuasidelictual es, por lo mismo, fuente de
obligaciones; con anterioridad no existia entre las partes, ninguna obligación con la cual se
relacione el hecho que la genera. No ocurre otro tanto con la responsabilidad contractual, que
sólo viene a ser la sanción impuesta por la ley al incumplimiento de una obligación anterior, uno
de los efectos del contrato. De ahí por qué el art. 1437-1308 Código Civil salvadoreño menciona
a los delitos y cuasidelitos.
entre las fuentes de las obligaciones y no hace igual cosa con la responsabilidad contractual,
Esta distinción entre estas dos responsabilidades, que la generalidad de los autores acepta, es
vivamente combatida por Planiol. En su concepto, ellas son idénticas, porque ambas crean una
obligación, cual es de reparar el dafño causado, ambas suponen una obligación anterior, que en
la responsabilidad contractual nacería del contrato y en la responsabilidad delictual o
cuasidelictual, de la ley, y en ambas la culpa está constituida por un mismo hecho, la violación
de esta obligación. Disentimos de tan autorizada opinión. Es efectivo que la culpa, sea
contractual o extracontractual, consiste en un hecho ilicito, pero no es verdad que ambas
consistan en la violación de una obligación anterior. Si es asi en la responsabilidad contractual,
que deriva precisamente de la inejecución de las obligaciones emanadas del contrato, no
sucede lo mismo en la responsabilidad delictual o cuasidelictual, en que ningún vinculo juridico
media entre la victima y el autor del daño, Tanto es así que Planiol, para poder fundar su teoria,
necesita suponer que la responsabilidad delictual o cuasidelictual proviene de la violación de
una obligación legal preexistente, que seria la de no causar dafño a otro.
Pero la ley no ha precisado esta obligación en parte alguna y, en todo caso, no podría dársele el
sentido específico que en derecho tiene la voz obligación, pues antes de que exista el hecho
ilicito no es posible hablar de acreedor y de deudor, ni de relación juridica entre personas
determinadas. El hecho de que ambas responsabilidades lleven consigo la reparación del daño
causado, tampoco conduce a negar su diferente naturaleza, porque en la responsabilidad
contractual, aquella no tiene por única causa el hecho culpable o doloso del deudor que violó su
obligación, sino también y muy principalmente el contrato.
Precisamente porque el deudor lo infringió, debe indemnizar los perjuicios asi ocasionados. La
responsabilidad contractual es la sanción impuesta por la ley a esa infracción; es uno de los
efectos que la ley atribuye a las fuerzas obligatorias del contrato. En la responsabilidad
delictual o cuasidelictual, en cambio, no existe ningún vinculo juridico entre la victima y el autor
del daño, y si llegare a haberlo, el hecho ilicito nada tiene que ver con él. Y es de la realización
de este hecho, y únicamente de él que nace la obligación de reparar el daño. Henri y León
Mazeand sin llegar, como Planiol, hasta la asimilación completa de ambas responsabilidades,
pues reconocen que hay entre ellas diferencias secundarias establecidas por el propio
legislador, que no es posible desconocer, sostienen, sin embargo, que no existe entre ambas la
diferencia fundamental antes señalada, porque tanto la responsabilidad contractual como la
responsabilidad delictual o cuasidelictual crean una nueva obligación, la de reparar el perjuicio
causado por la inejecución del contrato, en el primer caso, o por el delito o cuasidelito, en el
segundo. Según ellos, la responsabilidad contractual daria origen a una nueva obligación que
vendria a sustituir a la primitivamente estipulada, que se extinguiria: Habria algo asi como una
novación. Esia tesis no parece tampoco muy exacta. Desde luego no la es cuando la
indemnización es simplemente moratoria; en tal caso, ésta lejos de sustituir a la obligación en
mora, concurre con ella. En seguida, no es efectivo que el incumplimiento de una obligación
contractual cree otra en su reemplazo, la obligación es la misma; lo único que ocurre es que
ésta pasa a producir uno de los efectos que la ley le atribuye como consecuencia de la fuerza
obligatoria del contrato.
El autor citado siguiendo a la mayoría de los tratadistas, señala las principales diferencias ente
ambas responsabilidades, en los siguientes términos: "Esta diferente naturaleza de ambas
responsabilidades explica y justifica que el legislador las haya reglamentado separada y
distintamente, en términos que las reglas establecidas para una son inaplicables a la otra. Así,
mientras la responsabilidad contractual está reglamentada en el titulo 12 del libro IV del C.C., al
tratar de los efectos de las obligaciones, la responsabilidad delictual y cuasidelictual lo está en
el titulo 35 del mismo libro dedicado a los delitos y cuasidelitos. De aqui provienen numerosas
diferencias que se observan entre ellas, algunas de las cuales son tan evidentes que aún los
propios autores que niegan la dualidad de responsabilidades se ven forzados a reconocer esas
diferencias. Con razón ha dicho la Corte Suprema que las obligaciones contractuales no pueden
confundirse con las que afectan a los autores de un delito o cuasidelito, que tienen caracteres
especiales.
Estas diferencias son: 1°.) En cuanto a la capacidad: Esta, en materia delictual y cuasidelictual,
es mucho más amplia que en materia contractual. 20.) En cuanto a la graduación de la culpa:
En materia contractual, la culpa admite graduaciones; se distingue la culpa lata o grave, la culpa
leve y la culpa levisima. Por lo tanto, no toda culpa del deudor lo hará incurrir en responsabilidad.
Ello dependerá de la clase de culpa de que sea responsable y sólo habrá lugar a su
responsabilidad si no ha empleado la diligencia o cuidado a que el contrato lo obligaba. En
materia delictual y cuasidelectual, en cambio, la culpa no admite graduación; toda falta de
diligencia o cuidado, por levisima que sea, engendra responsabilidad. 3°.) En cuanto a la
constitución en mora: Si en materia contractual es menester constituir en mora al deudor para
que pueda demandársele indemnización de perjuicios, a menos que la obligación sea de no
hacer, en cuyo caso aquella se debe desde el momento de la contravención, en materia
delictual y cuasidelictual esa constitución en mora es innecesaria, porque en ella, como ha
dicho la Corte Suprema, el perjuicio resulta de la sola existencia del hecho y su autor esta en
mora de indemnizar el daño de pleno derecho. 4.) En cuanto a la extensión de la reparación. En
materia delictual y cuasidelictual, la reparación es compleja: Comprende todo el daño sufrido
por la victima, inclusive el moral. En materia contractual, el deudor sólo es responsable de los
perjuicios que se previeron o pudieron preverse al tiempo del contrato, salvo que pueda
imputarsele dolo, en cuyo caso responde aún de los imprevistos; el daño moral no es
indemnizable, a lo menos en el estado actual de la jurisprudencia. En otros términos, el art.
1558 C.C., 1429 del Código Civil salvadoreño sólo es aplicable en materia contractual. Esto se
explica facilmente. Las partes, al contratar, han podido prever los daños que el incumplimiento
del contrato podia causar, esta previsión, en cambio, no puede tener cabida tratándose de un
delito o de un cuasidelito. 5.) En cuanto a la solidaridad: Si un delito o cuasidelito ha sido
cometido por dos o más personas, cada una de ellas responderá solidariamente del perjuicio
causado (art. 2317) art. 2068 Código Civil salvadoreño, en tanto que los diversos codeudores de
una obligación contractual no responden solidariamente, a menos que asi se haya estipulado o
lo disponga la ley. 6.) Pero la principal y más importante diferencia que existe entre ambas
responsabilidades, aunque negada por eminentes autores, es la que dice relación con el peso
de la prueba.
Tratándose de la responsabilidad contractual, el acreedor sólo debe probar la existencia de In
obligación, no necesita acreditar que su incumplimiento proviene de culpa del deudor, ésta
queda demostrada por el solo hecho de ese incumplimiento. Es el deudor que pretende
liberarse de responsabilidad quien deberá probar que el incumplimiento de la obligación no le
es imputable, sea acreditando el caso fortuito o la fuerza mayor que hizo imposible su
ejecución, o que empleó en ella la debida diligencia o cuidado.
Se ha fallado, por eso, que si un viajero sufre un accidente durante el viaje a consecuencia del
choque del vehículo en que viajaba con otro, no necesita probar la culpa de la empresa que lo
transportaba para que ésta deba indemnizarle el daño sufrido; es la empresa quien debe
justificar la existencia de un hecho que la exima de culpabilidad, o sea, que empleó en la
ejecución del contrato de transporte la debida diligencia y cuidado y que si el accidente se
realizó, fue por un caso fortuito del que no era responsable; en defecto de esta prueba, será
condenada a reparar el daño.
En materia de responsabilidad delictual o cuasidelictual, en cambio, es la víctima que reclama la
correspondiente indemnización quien debe probar el hecho doloso o culpable que imputa al
demandado, salvo que la ley presuma la culpabilidad de éste; a falta de esta prueba, la demanda
será rechazada. Incumbe probar las obligaciones a quien las alega, en este caso, la de
indemnizar el daño causado nace precisamente del delito o cuasidelito que invoca el
demandante. En consecuencia, la imposibilidad de establecer exactamente la causa del dafio
proveniente de un hecho ilicito perjudicara a la victima, que deberá soportar esa daño por si
sola, en tanto que la imposibilidad de establecer la causa del incumplimiento de una obligación
contractual favorecerá al acreedor, pues ello significaria que el deudor no habría acreditado su
irresponsabilidad.
Sobre el tema que nos ocupa, el autor Alvaro Pérez Vives se expresa en los siguientes términos:
"Al analizar las fuentes de las obligaciones expusimos una nueva clasificación, inspirada por la
forma como los hermanos Mazeaud, Savatier, Demoque y otros expositores han contemplado
el problema de la responsabilidad civil, y por la tendencia innegable en algunos de ellos de
acercar la responsabilidad contractual a la extracontractual, destacando la presencia de reglas
comunes, pese a que la una se genera en un acto juridico y la otra en un acto ilicito.
Si, como lo han expuesto los hermanos Mazeand, la fuente inmediata de la responsabilidad
contractual no es el acto juridico mismo sino la culpa o el dolo esto es, el incumplimiento, por
una de esas dos causas del deudor, es preciso concluir que los efectos de ese incumplimiento,
en cuanto producen la obligación de indemnización a cargo de dicho deudor, son diferentes de
los efectos de la obligación que nace del acto jurídico. Más aún, al sustituir la indemnización
compensatoria al objeto de la obligación primitiva, la responsabilidad civil surge aquí no sólo
como una fuente nitidamente distinta del acto juridico, sino perfectamente antitética. En efecto,
si el nuevo objeto es diferente del anterior, si éste queda descartado, mal puede aseverarse que
la obligación originaria, cuyo objeto ha desaparecido, subsista.
En este sentido, afirmaciones como la contenida en el art. 1731 C.C. art. 1542 C. Civil
salvadoreño, son inexactas. No es, propiamente hablando, que la primitiva obligación subsista,
aunque varia de objeto. Lo que pasa es que tal obligación viene a ser sustituida por una maeva,
surgida del incumplimiento del deudor. Lo que las partes quisieron, lo que pactaron mediante el
contrato, fue un objeto claro y preciso. Ellas no entendieron ligarse de manera directa al pago
de una indemnización. Lo que el acreedor persiguió al contratar fue obtener el objeto de la
obligación del deudor. Para que nazca esa nueva obligación, la de reparar, y para que el objeto
de ésta se sustituya al de la obligación primitiva, ha sido menester que se produzca un
fenómeno no querido por las partes al contratar, que es justamente la negación del contrato, el
incumplimiento del deudor, fuente de la nueva obligación.
Ani, el deber de indemnizar se presenta como el producto de la responsabilidad civil en que
incurrió el deudor, al quebrantar sus obligaciones contractuales. Y si esto es asi, como lo
demostramos anteriormente no hay razón para continuar mezclando el estudio de la
responsabilidad civil contractual con el análisis del acto juridico, sino que debe hacerse
separadamente. Más, como quiera que existen razones poderosas, que alli expusimos, para
examinar de manera comparativa y casi simultánea las dos clases de responsabilidad en
mención, es conveniente hacerlo en un gran capitulo que las contenga a ambas. Y nada mejor
que sea en éste denominado por nosotros "De la responsabilidad civil como tercera fuente de
las obligaciones".
Ya el Código alemán ha consagrado una serie de reglas comunes al resarcimiento del daño
(articulos 249 y siguientes), y los pandectistas han elaborado la teoria general del resarcimiento
o del id quod interest, tesis acogida en Italia por De Cupis, aunque rechazada por el Código Civil
de 1942, que siguió las huellas del francés y del antiguo Codigo Civil italiano de 1965.
Cosa similar pasa con la responsabilidad "precontractual y con la responsabilidad
postcontractual Siendo como son, zonas aledañas a la responsabilidad contractual y a la
extracontractual; presentándose la primera, como una categoría intermedia entre aquellas dos
clases de responsabilidad civil, y la segunda, como una prolongación de relaciones
contractuales cumplidas, como una situación que ya no cabe precisamente dentro del contrato,
pero que sobreviene justamente porque hubo un contrato y éste se cumplió, bien nitida es la
conveniencia de examinar estas dos subcategorias de la responsabilidad civil de modo
comparativo con la contractual y la simplemente aquiliana bajo un mismo acapite".
Los hermanos Mazeaud, en concreto sostienen: Que la inejecución o la mala ejecución de las
obligaciones que emanan de un contrato origina un nuevo vinculo de derecho: La obligación del
deudor, autor del daño, de reparar el perjuicio causado, distinta de la que directamente produce
el contrato de cumplir lo pactado. Esta nace de la voluntad común de las partes, la otra existe
fuera de ellas: A su pesar, el que no ejecuta el contrato se hace deudor de daños y perjuicios;
contm su voluntad es obligado a reparar el perjuicio sufrido.
Algunos autores propugnan que el criterio de apreciación de la culpa debe ser el que la ley
establece para ello en los delitos y cuasidelitos, pues si la obligación inicial nacida ex contractu
o ox lege, es extinguida por la pérdida o la imposibilidad de su objeto, la obligación de reparar el
perjuicio, que entonces nace, no es ya la deuda primitiva, emanada del contrato, cuasi contrato
o ley, sino una obligación que tiene su fuente de los articulos 2065 y 2080 C. Con tal criterio se
llega a sostener que la expresión: Responsabilidad contractual es una forma viciosa, una forma
errónea de lenguaje y que la responsabilidad es necesariamente delictual.
En nuestro sentir, con tal criterio no se enfoca el problema acorde con la realidad de las cosas,
además de que se hace caso omiso de las normas legales que regulan las relaciones juridicas
derivadas del contrato. Si bien es cierto que la no ejecución del contrato crea una obligación
distinta de la que nace del contrato mismo, no se puede perder de vista que entre estas dos
obligaciones existe una vinculación estrecha: La una se sustituye a la otra, la segunda, nace
cuando la primera se extingue, como expone don Luis Claro Solar no se puede prescindir de
esta diferencia al determinar los principios de la responsabilidad contractual, corno no lo ha
prescindido el legislador.
El Código Civil salvadoreño confirma tal aserto, desde luego que sujeta a la responsabilidad
contractual y extracontractual reglas especiales. Sin embargo, no debemos olvidar el concepto
juridico de culpa es uno, poco importa que se le examine respecto al cumplimiento de una
obligación contractual o fuera de tal relación: En definitiva significa falta de diligencia o cuidado.
En ese sentido creemos según el sentir de la mayoria de los tratadistas, que no es correcto
sostener que hay dos clases de culpa, que implicaria distinto origen. En realidad de verdad, lo
que varia son las reglas a que se está sometida la culpa contractual que difieren de las que
rigen la culpa aquiliana, por la distinta situación juridica en que se encuentra la persona
culpable y la persona perjudicada por su culpa.
En definitiva, nos parece que nuestro Código Civil sigue el criterio tradicional, es decir, considera
la culpa contractual cuando existe un vinculo preexistente y la culpa extracontractual al
referirse al delito y cuasi delito civil como fuente de obligaciones que se concreta, al igual que la
contractual, en una indemnización de daños y perjuicios, sin que exista un vinculo preexistente
Concretando: Culpa contractual (contrato, cuasi-contrato, la ley) obligación preexistente, culpa
extracontractual (delito, cunsi delito) incide en un hecho delictuoso sin vinculo preexistente.
De conformidad con nuestro Código Civil, he aqui las principales diferencias entre ambos
institutos: En la contractual, se requiere la capacidad legal correspondiente, en la
extracontractual no se necesita tener la capacidad general. Art. 2070 C y siguientes; cuando son
varios los que concurren en la culpa contractual, por regla general, no existe solidaridad, art.
1397 No. 3°. С.
En cambio en la misma situación dentro de la culpa extracontractual existe solidaridad según el
art. 2068 C.; en cuanto a la prueba ya hemos visto que en la culpa contractual de acuerdo con el
art. 1418 Inc. 3º C., el incumplimiento de la obligación se presume culpable, principio que
confirma el art. 1541 C., de tal suerte que es el deudor, quien tiene que establecer por los
medios legales que obró con la diligencia o cuidado que le exige el contrato celebrado.
Al contrario, en la extracontractual como es una fuente de obligaciones, el acreedor tiene que
probar la culpa y el daño que le ha causado el deudor, Art. 1569 C. In contractual, según la
utilidad que reporta el negocio juridico a las partes admite graduación, grave o lata, leve y
levísima, Art. 42, 1418 Inc. 1º. C; en la extracontractual no existe tal graduación, sea grave, leve
o levisima si se ha inferido un daño al patrimonio o a la persona del acreedor, el deudor está
obligado a indemnizarlo; la prescripción de las acciones que emanan de la cuipe
extracontractual, según el art. 2083 C., prescriben en tres años.
En cambio la indemnización de daños y perjuicios que emana de la culpa contractual está
sujeta a las reglas generales, diez años la acción ejecutiva y veinte años la acción ordinaria,
2254 C, y por último, para que el deudor incurra en indemnización de daños y perjuicios por
incumplimiento de la obligación se requiere que se encuentre en mora. Art. 1428 C lo que no
sucode con in indemnización proveniente de un delito o cuasidelito civil.