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Por Qué Nos Enojamos

El enojo es una emoción intensa que surge de la incomodidad y la percepción de injusticia, y puede ser gestionado adecuadamente al ceder el control a Cristo. La ira se diferencia del enojo en su manifestación explosiva, y es importante reconocer sus fuentes, como el orgullo y el egoísmo, para poder manejarla. Para resolver el enojo, es esencial reconocer el problema, arrepentirse y reconciliarse con los demás, evitando que estos sentimientos no resueltos dañen nuestras relaciones y nuestra espiritualidad.
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Por Qué Nos Enojamos

El enojo es una emoción intensa que surge de la incomodidad y la percepción de injusticia, y puede ser gestionado adecuadamente al ceder el control a Cristo. La ira se diferencia del enojo en su manifestación explosiva, y es importante reconocer sus fuentes, como el orgullo y el egoísmo, para poder manejarla. Para resolver el enojo, es esencial reconocer el problema, arrepentirse y reconciliarse con los demás, evitando que estos sentimientos no resueltos dañen nuestras relaciones y nuestra espiritualidad.
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¿Por qué nos enojamos?

¿Sabemos cuál es la causa de nuestro enojo?


¿Qué nos pasa cuando vemos tantas situaciones en la vida que nos pone mal? ¿Tanto
abandono, niños maltratados, tanta violencia, situaciones injustas? ¿Qué nos pasa en nuestro
interior frente a estas circunstancias?
¿Cómo podemos manejar nuestra ira y enojo de manera correcta?
Que es enojo: es una emoción negativa e intensa que va desde una irritación leve a furia.
Tanto el enojo como la ira son emociones frecuentes como respuesta al estrés. La pérdida de
control, la preocupación por no poder satisfacer las necesidades básicas puede contribuir a
estos sentimientos.
Tienen su origen en el desagrado o en la incomodidad, y a menudo está vinculado a la
percepción de injusticia. Y a veces algunas creencias personales, como la idea de que siempre
nos suceden cosas malas, también pueden alimentar el enojo.
Identificamos la ira sin mayores problemas cuando ocurre en el otro, pero cuando gana
nuestro corazón, a veces no nos damos cuenta.
La primera idea popularmente aceptada es que la ira y el enojo son pecado, pero no
necesariamente es así, porque Dios ha puesto dentro de nosotros la parte emocional que
incluye estos sentimientos. El tema es como los gestionamos ante las adversidades.
La ira es como un fuego, que cuando es usado bien, nos puede dar calor en un día frio, pero
cuando este fuego no está bajo control puede llegar a ser un fuego destructivo y arrasar con
todo.
¿Qué cosas enojaban a Jesús?
La palabra dice: Cuando Jesús entró en la ciudad de Jerusalén, fue al templo y empezó a sacar
a todos los que estaban vendiendo y comprando cosas. Derribó las mesas de los que
cambiaban dinero de otros países por dinero del templo, y también tiró los cajones de los
que vendían palomas. 13 Y les dijo: «Dios dice en la Biblia: “mi casa será llamada: ‘Casa de
oración’.” Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.» (Mateo 21.12-13)
En base a esto podemos decir que las cosas que enojaban a Jesús era ver lo santo convertido
en profano, la adoración transformada en un negocio personal, esto sin dudas despertaba su
ira.
La diferencia entre ira y enojo puede marcarse en que el enojo es más gradual, que se van
acumulando presiones hasta que no se pueden soportar más, y esto es lo que lo hace más
duradero. En cambio, la ira viene de repente y es más explosiva en su manifestación.
Fuimos creados como personas con características propias como el intelecto, las emociones y
la voluntad. Esta es la imagen de Dios en el hombre. Pero la caída en pecado daño estas
características, que en Dios se mantienen perfectas. En la caída las emociones sufrieron un
cambio radical y descontrol; donde nos resulta difícil controlarlas y muchas veces ellas nos
controlan a nosotros. Y podemos reaccionar de mala manera con otras personas en vez de
atacar el problema o el pecado en cuestión.
El gobierno y control de las emociones, se puede realizar cuando cedemos el Señorío a Cristo,
que es quien puede someterlas y dirigirlas de manera adecuada y dándonos dominio propio.

Cuando es pecado la ira y el enojo? Cuando atacamos a las personas y carecemos del equilibrio
perfecto entre la ira y la misericordia.
La única manera de lograr ese equilibrio es ser dominado por el Espíritu Santo, que sea Dios
obrando en mí. En este punto es necesario reconocer por que surge la ira y el enojo en
nosotros. Acá podemos analizar tres fuentes:
- La fuente del orgullo. Cuando decimos no estoy errado, siempre tengo la razón, nunca
me equivoco.
- La fuente del egoísmo. Mis intereses son los únicos que importan.
- La fuente del control. Hace que quiera tener el poder y control en cada situación para
ser la figura central. Yo manejo las cosas. Cuando pierdo el control, entonces, me
molesta.

Cómo podemos tratar el problema de la ira y el enojo?


Algunas personas tienen la tendencia de expresarse con fuertes reacciones acompañadas de
palabras hirientes, que lastiman a los demás. La Biblia nos dice en Proverbios 15.1, cómo
responder a las reacciones de este tipo: “La blanda respuesta quita la ira; más la palabra
áspera hace subir el furor.” Otra versión dice: “La respuesta amable calma el enojo; la
respuesta grosera lo enciende más” (Proverbios 15.1)
En una situación de ira, el 10% es lo que nos sucede, pero el 90% es como reaccionamos ante
ello. En consecuencia, es necesario tomar la recomendación de Santiago: Por esto, mis amados
hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la
ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Será por eso que tenemos dos oídos y una sola boca?
Esto que nos dice: no actuar en reacción inmediata, sino esperar pacientemente, pensar y
responder en sabiduría sin atacar a la persona sino al pecado.
Es posible airarse, es decir enojarse, sin que llegue a ser un pecado. La cuestión pasa por el
tiempo que convivo con el enojo, porque este va creciendo, presionando dentro de nosotros,
hasta que da a luz pecados consecuentes. No puedo permitirme que este día termine, sin
llegar a resolver el asunto por el cual estoy enojada.
Si hago esto le estaría dando lugar al diablo, le estaría dando un espacio, un punto donde
apoyarse y entrar, una especie de permiso. “Si se enojan, no cometan el pecado de dejar que
el enojo les dure todo el día. Así no le darán lugar al diablo.” Efesios 4.26
También notamos que estos sentimientos no resueltos, traen tristeza al Espíritu Santo y por
ende entristece a Dios.
Fijemos la atención en aquellas cosas que debemos hacer para resolver estas situaciones.
Debemos decidir quitar lo que no sirve de nuestras vidas, esa es nuestra responsabilidad. No
podemos esperar que Dios lo haga por nosotros. El ya hizo lo que prometió, por gracia nos dio
la salvación en Cristo, nos hizo sus hijos, pero a nosotros nos corresponde vivir como tales.
Dejando de lado todas aquellas cosas que nos alejan de su presencia. Debemos sacar toda
amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia, nada de eso debe estar presente
en un hijo de Dios, porque depende de nosotros lo que quitemos de nuestra vida, no podemos
darle cabida.

¿Cómo lo vamos a hacer?


1- reconocer que tenemos un problema con el enojo y la ira. Jamás vamos a resolver un
problema si no reconocemos que lo tenemos. Si no lo hacemos nunca seremos libres y
seguiremos viviendo en esclavitud. Para reconocer cual es la fuente de nuestro
problema debemos examinarnos a nosotros mismos, es por mi orgullo, por mi egoísmo
o por mi falta de control? Nosotros sabemos la respuesta, seamos sinceros con nosotros
mismos.
2- Arrepentirnos ante Dios. No alcanza con la compresión mental del asunto, sin
transformación, sin cambio de mentalidad nos quedamos corto, nos quedamos a mitad
de camino.
3- Reconciliarnos con nuestro hermano. Como el Señor nos enseñó. Colosenses 3:13
Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera queja contra
otro. De la manera que Cristo os perdono, así también hacedlo vosotros.

Repara los daños


Muchas veces la ira y el enojo causan daños de diferentes tipos. Y a veces no alcanza
con pedir perdón. Necesita tiempo para curarse de las heridas ocasionadas, cuidados,
paciencia, ternura y amor.
Cuando va pasando el tiempo uno empieza a preguntarse por que me enoje tanto? Por
que me deje llevar por la ira por semejante tontería? La respuesta es que somos
humanos, si comenzamos nuestros días con Dios y su Palabra, interesados en otros,
tendremos la actitud necesaria para ser libres de estos sentimientos.

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