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Gestión de emociones en mujeres cristianas

El documento aborda la sensibilidad emocional de las mujeres y la importancia de gestionar estas emociones a través del Espíritu Santo. Se enfatiza que las emociones, aunque necesarias para amar a Dios, deben estar alineadas con la verdad de la Palabra de Dios para evitar que nos dominen. Además, se recuerda que Dios está presente en nuestro sufrimiento y que cada circunstancia dolorosa puede obrar para nuestro bien.
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Gestión de emociones en mujeres cristianas

El documento aborda la sensibilidad emocional de las mujeres y la importancia de gestionar estas emociones a través del Espíritu Santo. Se enfatiza que las emociones, aunque necesarias para amar a Dios, deben estar alineadas con la verdad de la Palabra de Dios para evitar que nos dominen. Además, se recuerda que Dios está presente en nuestro sufrimiento y que cada circunstancia dolorosa puede obrar para nuestro bien.
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Por lo general, las mujeres somos personas altamente sensibles.

Nuestras emociones a
lo largo del día son una locura.
Nuestras reacciones y emociones influencian cómo actúo, cómo trato a los demás,
cómo me relaciono con Dios, y cómo me veo a mí misma.
Recuerda que tus pensamientos influyen en tus emociones y acaban influyendo en tus
acciones.
Las EMOCIONES son una parte muy importante y fuimos creadas con ellas.
Antes de la caída (pecado de Adán y Eva), nuestras emociones nos llevaban a disfrutar
aún más de Dios y estaban en armonía con nuestra mente. El pecado rompió esa
armonía y desde entonces luchamos con nuestras emociones.
No debemos dejar que las emociones nos dominen.
Debemos someternos a la ayuda del Espíritu Santo, para someter nuestras emociones
a Él mismo. Y lograr juntamente con Su ayuda, que nuestras emociones estén
equilibradas.
¿Cómo lo hacemos?
Hay emociones que son según la carne (según nuestros malos deseos), y sólo nos
alejan de Dios. Estas emociones pueden surgir al creer mentiras y dejar de confiar en
todo lo que sabemos de Dios que es verdad.
“Pero, si el Espíritu de Dios vive en ustedes, ya no tienen que seguir sus malos deseos,
sino obedecer al Espíritu de Dios.“ Romanos 8.9
El Espíritu Santo que vive en nosotras debe ayudarnos a gestionar los pensamientos
que nos llevan a las emociones. El Espíritu es nuestra ayuda para gestionar las
emociones para la gloria de Dios y para disfrutar de una vida plena.
Nuestro corazón es el eje central de nuestros pensamientos, emociones y acciones. Lo
que amamos acaba determinando qué pensaremos, cómo reaccionaremos y cómo
viviremos.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” Proverbios
4.23
De nuestro corazón puede fluir la vida abundante y eterna que ya tenemos en Cristo, o
podemos vivir una vida distorsionada basada en mentiras y en emociones negativas
que no agradan a Dios.
Necesitamos las emociones para amar a Dios en respuesta a su amor por nosotros. Son
una parte importante en nuestra expresión de un amor genuino y radical por Él.
“Jesús dijo: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda
tu mente.” Mateo 22.37
Pero las emociones pueden ser peligrosas si no están acompañadas de una mente
saturada de la Palabra de Dios.
Dios es quien finalmente nos ayuda en el proceso de gestionar nuestras emociones
¿Qué herramientas nos da?
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de
dominio propio” 2 Timoteo 1.7
Nos da el poder que viene de Él, para poder vencer la tentación, el desánimo y
cualquier cosa que nos aleje de Él.
Nos da dominio propio, para poder tener cuidado de qué entra en nuestra mente y
corazón, que a la larga influirá en nuestras emociones.
Nos da amor, para que Él sea nuestra máxima fuente de gozo profundo y duradero,
superando toda prueba o aflicción.
Rindamos a Jesús nuestras emociones, en vez de convertirnos en siervos de ellas.
Tristeza
Vivir momentos tristes no es algo que nos agrade.
Momentos en donde alguien te lastima o alguien cercano fallece, se acabó tu
noviazgo/matrimonio, o simplemente las cosas no resultan como esperaste…
A veces la tristeza no es tan clara, tal vez luchas con una desesperanza que no se va
Quiero que sepas que no existen dos personas que vivan la tristeza de la misma
manera.
Algunos la disfrazan con: Enojo, un trastorno alimenticio, problemas de sueño,
aislamiento social, pensamientos negativos, adicciones, problemas físicos, etc.
¿Qué dice la Biblia sobre esto?
“El SEÑOR oye a los suyos cuando claman a él por ayuda; los rescata de todas sus
dificultades. El SEÑOR está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a
los de espíritu destrozado. La persona íntegra enfrenta muchas dificultades, pero
el SEÑOR llega al rescate en cada ocasión. Pues el SEÑOR protege los huesos de los
justos; ¡ni uno solo es quebrado!” Salmo 34.17-20
En la Biblia también encontramos un versículo que dice: “Jesús lloró” (Juan 11.35). Esto
ocurrió cuando su amigo Lázaro murió. Jesús tenía un vínculo especial con Lázaro y sus
hermanas, Marta y María. Al enterarse de la muerte de Lázaro, viajó a su casa para
estar con ellas. Cuando Jesús ve a sus amigos llorando, siente su dolor. Aunque sabía
que resucitaría a Lázaro, se conmueve por el sufrimiento de María y el impacto de la
muerte, llorando con ella.

Nuestras debilidades no frustran ni toman por sorpresa a Dios. Él está trabajando


precisamente en las cosas que parece que nos están destruyendo.
Dios promete a sus hijos que Él se asegurará de que cada circunstancia, incluso la más
dolorosa obre para bien
“Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo
aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8.28)

No olvides que:
 Dios te escucha cuando lo llamas
 Jesús sufrió dolor y tristeza al igual que tú. Él te comprende!
 Dios promete estar con nosotros en el sufrimiento.
 Dios promete que tiene para nosotros un propósito bueno en el que trabaja
incluso en nuestro dolor.

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