Resumen: LA APORTACIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL DEL
INTERACCIONISMO SIMBÓLICO: UNA REVISIÓN HISTÓRICA
El interaccionismo simbólico según varios autores como: Álvaro, Garrido, Collier,
Minton y Reynolds consideran a este como la corriente más influyente en la psicología social.
El interaccionismo simbólico entendiénde al individuo como miembro activo de una
comunidad social que interpreta símbolos.
Herbert en 1937 acuñó el término “Interaccionismo simbólico”: Si la conducta de las
personas se halla vinculada al significado que tengan las cosas, lo que signifiquen las cosas
para el sujeto va a depender de su interacción social con otros actores de su entorno y, en
definitiva, de los significados aprendidos en su experiencia social interactiva (Blumer, 1937).
Por medio del manejo interno de símbolos, las personas llegan a definir conductas y
situaciones, les atribuyen significados. Es así como también creamos nuestra realidad. Se
considera al individuo como un procesador de datos, o más preciso decir un interpretador de
estímulos. Nuestra sociedad se constituye de tejidos o interacciones simbólicas, persona con
persona. Encontramos dos grandes influencias del interaccionismo simbólico: por un lado, la
idea de John Dewey, acerca del pensamiento como instrumento de adaptación y producto de
la interacción;luego a George Herbert Mead, con su noción de emergencia del yo a partir del
orden social y en el marco del simbolismo, usado para la comunicación interpersonal.
Se amplía un poco más desde la perspectiva de Dewey en la cual el pensamiento es una
función mediadora e instrumental que ha evolucionado para servir a los intereses de la
supervivencia de los humanos (Westbrook, 1993). El pensamiento por consiguiente tiene una
base social sostenida en convenciones y creencias, por lo que no sería adecuado concebir la
mente como algo esencial y exclusivamente individual. La comunicación es clave para
entender el pensamiento, ya que éste se expresa desde el habla y es la comunicación la que
permite la interacción. Nacemos en una sociedad ya constituida con costumbres, tradiciones,
convenciones, lengua, instituciones. Esto configura su subjetividad, lo cual posibilitará la
intersubjetividad, es decir, el desarrollo del pensamiento de cada individuo dentro de las
diferentes interacciones sociales.
George Herbert Mead por otro lado afirma que la persona emerge de la interacción social a
través, fundamentalmente, del lenguaje y en la forma de interacción simbólica. Él explicó
cómo se desarrolla la autoestima y la noción de uno mismo se originan, se mantienen y se
modifican a través de la interacción social. Todos tomamos roles en la sociedad el
aprendizaje de la conducta apropiada de cada uno de estos roles supone una interiorización de
la sociedad dentro del individuo. La esencia de la comunicación humana, afirma Mead
(1934/1993), es la capacidad de la persona para anticipar las respuestas que cada acto suyo
provocará en los demás. Surge así el rol del otro que es representado por aquellas personas
que ocupan roles relevantes en la vida de una persona −padres, educadores, grupo de iguales.
Éste será un elemento clave en el proceso de socialización, pues facilitará el aprendizaje de
roles y de la noción de uno mismo, al generalizarse los puntos de vista del otro.
Algunas de las características del Interaccionismo simbólico son: los seres humanos viven en
un ambiente simbólico, así como lo hacen en un ambiente físico, y adquieren mediante
procesos sensoriales conjuntos complejos de símbolos. La diferencia de los seres humanos
con respecto a otras formas de vida radica en que los humanos tienen la habilidad de
aprender, recordar y comunicar simbólicamente. Los símbolos aprendidos son abstracciones
mentales con significado, tales como palabras, ideas o actos. Los juicios de valor son
definiciones aprendidas de atracción o rechazo hacia algo, o bien, creencias sobre el valor e
importancia de diferentes fenómenos. Los seres humanos deciden que hacer y que no a partir
de los símbolos que han aprendido en interacción con otros y de sus creencias sobre la
importancia de estos significados. Las personas son reflexivas y en su introspección crean,
gradualmente, una definición del self. Se distinguen diferentes partes en el proceso de
percepción del self. Una distinción se basa en el self físico, referido al cuerpo y a sus
múltiples propiedades, y el self social, referido a lo que uno es con relación a la sociedad, a
subunidades de sociedad y a personas especialmente próximas. Los seres humanos no
responden al ambiente tal y como es físicamente, sino tal y como se percibe a través de
procesos simbólicos. El niño no es ni bueno ni malo por naturaleza. Por esa razón el niño
comienza siendo asocial hasta que se convierte plenamente en un ser social. La sociedad
precede a los individuos. Las sociedades están compuestas de culturas, las cuales están
integradas en conjuntos de significados y valores. La sociedad y el hombre son lo mismo. Las
personas experimentan tensión cuando encuentran incongruencias y conflictos en su
interacción, pero no es una condición de las inclinaciones naturales del individuo ni entrar en
conflicto con la sociedad, ni vivir en paralelo a ella. El interaccionismo simbólico busca
significados en la interacción de los individuos y los grupos, en los símbolos utilizados y en
cómo los cambios de símbolos cambian el comportamiento de las personas. A partir de los
años sesenta del siglo XX, fructifican diversos desarrollos surgidos desde las bases teóricas
propuestas por Herbert Blumer y George Herbert Mead. Pueden diferenciarse tres
ramificaciones en la orientación del interaccionismo simbólico: el acercamiento estructural,
el interaccional y el microinteraccionista. Estas tres ramificaciones se caracterizan por la
importancia diferencial que otorgan a los diferentes elementos implicados en la interacción
simbólica.
El acercamiento estructural; Stryker (1964, 1980) enfatiza el papel de la sociedad en la
determinación de los roles sociales, proponiendo que las estructuras significantes sociales
definen límites, barreras y facilidades para la interacción.
El acercamiento interaccional; Ralph Turner matiza la idea estructuralista acerca de cómo los
roles aprendidos a través de la socialización son transferidos a los actores desde la estructura
social, y enfatiza, por su parte, la importancia de la participación de estos actores (Turner,
1970).
El acercamiento microinteraccionista: Pretende examinar la forma en que los individuos se
presentan a sí mismos ante los demás en las situaciones ordinarias de la vida, así como el
modo en que tratan de controlar la impresión que de ellos se formarán los otros.
Existen otros enfoques afines con el interaccionismo simbólico: la fenomenología social, de
la etnometodología y de la etogenia. En la fenomenología social Schütz y de Husserl asume
que, puesto que las personas construyen sus propios mundos sociales, estos mundos pueden
tener una multiplicidad de significados, dependiendo del observador. Los presupuestos de la
vida cotidiana, según Schütz, están en lo que Husserl llamó: actitud natural, esto es, la actitud
originaria y normal de la gente frente al mundo y sus objetos. La intersubjetividad implica
que lo que aparece como real sale de la interacción, al tiempo que es construido e
interpretado por los sujetos participantes. Los significados intersubjetivos se comparten
dentro de un conjunto de actores, bien se trate de un grupo social concreto −un grupo
cultural, religioso, profesional− o de la sociedad en sentido amplio.
Por otro lado tenemos la perspectiva etnometodológica desarrollada por Harold Garfinkel. Se
basa en 2 propuestas esenciales: La consideración de que no existe una separación entre la
ciencia social y el sentido común. Los hechos sociales, desde esta perspectiva, no existen de
forma separada a la práctica cotidiana, lo cual cuestiona el concepto de los hechos sociales
como objetos estables que imponen formas de comportamiento social. Finalmente la idea de
que las personas operan de forma activa y propositiva, utilizando las formas y procedimientos
que les convienen y resultan eficaces en su vida social cotidiana. La problemática básica que
afronta la etnometodología gira en torno a tres cuestiones nucleares: la teorización sobre la
acción social cotidiana, la naturaleza de la intersubjetividad y la construcción social del
conocimiento. Aunque la etnometodología ha sido criticada por su subjetivismo y su falta
de precisión conceptual, como indica Ibáñez (1990), no es que esta perspectiva recoja
descripciones subjetivas de la realidad, sino que se consideran estas descripciones como
constitutivas de la misma realidad social.
Finalmente tenemos la Etogenia: Su característica principal es de que analiza los significados
sociales y psicológicos, usando como método de investigación la observación descriptiva en
los escenarios naturales de la actividad humana. En primera instancia se hace una crítica
fuerte tomando en cuenta estos puntos: No se puede concebir a los seres humanos como
organismos determinados por leyes explicativas universales, sino como agentes guiados por
regularidades. La conducta social debe ser entendida como acciones mediadas por
significados y no como respuestas a estímulos. Las acciones pueden ser interpretadas en
términos de razones y no de causas. La persona es un agente productor de información y no
un procesador de la misma. la etogenia es el estudio de las vidas humanas tal y como las
personas las viven en la realidad, no en el extraño y empobrecido mundo de los laboratorios,
sino en la calle, en las casas, en las tiendas, en los cafés o en las salas de conferencias, lugares
donde la gente, verdaderamente, interactúa.
El momento fundacional del socioconstruccionismo o construccionismo social fue la
publicación en 1973 del artículo de Kenneth Gergen “La psicología social como historia”,
donde plantea que los fenómenos estudiados por la psicología social se hallan supeditados a
las condiciones históricas y culturales en las que se generan.
Siguiendo a Gergen (1997), el construccionismo social puede describirse, de
forma genérica, atendiendo a las siguientes características:
Interés por dilucidar los procesos que las personas utilizan para describir, explicar o
responder al mundo en el que viven.
Adopción, como forma de investigación social, de las descripciones y
explicaciones que las personas hacen del mundo que les rodea.
Posición de escepticismo ante todo lo dado por sabido, tanto en las ciencias como en la vida
corriente.
Consideración del carácter plenamente histórico y cultural de todas las
producciones sociales, desde las producciones cotidianas hasta el mismo
pensamiento científico.
Consideración del lenguaje y lo simbólico como conformadores inter-subjetivos de realidad.
Para el socioconstruccionismo, los términos que las personas usan para comprender el mundo
son “artefactos sociales”, productos de intercambios entre la gente e históricamente situados.
El psicólogo social se torna indispensable para analizar críticamente las bases sobre las que
descansa el conocimiento social, pero también el conocimiento físico, el natural, el histórico
o el económico, puesto que todo conocimiento científico incluye una construcción social de
la realidad.
Desde el socioconstruccionismo la investigación empírica en la ciencia social no es
abandonada, sino que, como señala Gergen (1997), sus metas son revisadas de tal manera que
sus resultados puedan estar más directamente relacionados con problemas reales de la
sociedad, provocando diálogos sociales y culturales, desafiando a los conocimientos
tradicionales y proporcionando conocimiento relevante para las necesidades de las personas.
Análisis: LA APORTACIÓN A LA PSICOLOGÍA SOCIAL DEL
INTERACCIONISMO SIMBÓLICO: UNA REVISIÓN HISTÓRICA
Debo admitir que esta es de las lecturas más fructíferas hechas a lo largo de mi
carrera. La manera de cómo vivimos en una sociedad de símbolos y el significado que le
atribuimos me parece contundente. Tan eficaz para entender comportamientos, pensamientos
y aún más el personaje que asumimos en este caso el rol. Parece que no somos simples
antenas recibiendo un mensaje, nosotros también podemos reinterpretar e inclusive cambiar
ese significado dato. Puede parecer confuso pero por ejemplo cuando doy talleres a
adolescentes en riesgo o con problemáticas sociales utilizo el siguiente ejemplo: Nuestro
comportamiento está delimitado por lo que conocemos (símbolos), estos símbolos nos
produce emociones y por ende comportamientos. Un beso es un símbolo claro, pero este
símbolo para algunos significa amor, significa te amo, significa te cuido me importas. El
símbolo va a depender de la edad también y el contexto. En Francia se dan 2 besos cuando se
saludan, en latinoamérica por lo general uno. Retomando el análisis podemos señalar que el
autor claramente no separa la psique de la sociedad. Es decir nosotros pensamos también
condicionados por las reglas que dicta la sociedad. En Costa Rica desgraciadamente hemos
llegado a normalizar la violencia y el crimen. Es decir, ya no reaccionamos, no nos
inmutamos con la cantidad de asesinatos diarios. Este símbolo que podríamos decir la métrica
de muertes ya no nos altera es decir un 10 o un 2 en una estadística no nos mueve nada. El
simbolismo que tenía la violencia ha cambiado y la hemos normalizado.
Es imposible no hablar de prejuicios cuando hablamos de símbolos. Según donde nacimos
nuestra cultura y aún más importante la familia. Es fascinante como nuestros padres moldean
nuestra visión del mundo. Podríamos decir que son las gafas por las cuales observamos el
mundo. En un hogar lleno de lineamientos religiosos podríamos decir que casi todo es pecado
o malo. Seguidamente cuando crecemos en entornos violentos también actuamos y
justificamos nuestras acciones según el grado de violencia. Ojo por ojo es si acaso la frase
más emblemática para ilustrar el comportamiento en entornos áridos. Mafias, sicariato y
barrios marginales operan muchas veces con este mandamiento si me la haces la paga. Vemos
como el simbolismo de falta de respeto es muy diferente a un entorno más literado donde por
lo general se habla, se llega a un consenso. Ligado a lo que representan los símbolos es aún
más complejo como la formación de la autoestima está estrictamente ligada a esto. Nuestra
imagen se forma de lo que vemos a nuestro alrededor, del entorno por ende de los símbolos.
Si yo me percibo como una persona tonta probablemente en mi entorno el simbolismo de
inteligencia es inexistente y mis actos son considerados tontos. Esto desgraciadamente está
directamente ejercido por la familia en más específico las figuras de cuido. Si cada uno de
mis errores fue señalado pues el sistema de creencias de dicha familia es que un error es para
ser señalado. Ese podría ser el símbolo de error así lo interpretan. Tenemos otras familias
donde un error simboliza oportunidad, proceso de ajustes y aún más positivo la prueba de que
se está tratando de hacer algo. Porque para cometer un error se debe de intentar algo. Quien
no intenta nada no comete errores. Aquí el simbolismo es completamente otro. Esta
autoestima formada en los primeros años de vida también nos va a indicar el rol que debemos
de asumir en la sociedad. Este rol está completamente relacionado a nuestro comportamiento
y lo que se espera. Se espera que el doctor sepa las partes del cuerpo claro está, que sea capaz
de decirnos qué enfermedad tenemos y cuál es el tratamiento adecuado. Este doctor vivirá en
una barrio determinado, tendrá una marca y año de carro determinado. Es decir es ya debe
adquirir o más bien ser una persona que muchas veces no es la que realmente el o ella desea.
Podríamos teorizar que mucho de la tristeza y el sentimiento de no pertenecer se debe a esta
incapacidad de asumir el rol que se espera. Hablemos de lo que se espera de un hombre o una
mujer. Que el hombre sea proveedor, fuerte, viril, que sea un diestro amante y que nunca
llore. Por otra parte la mujer que sea sumisa, que ande siempre arreglada y presentable y
sobre todo que obedezca lo que dicta su pareja. Estos roles sabemos son causa de mucho
descontento social y aun así los seguimos reproduciendo. Es decir el simbolismo imperante
no es cuestionado, no hay capacidad de volver a analizar y sobre todo resignificar lo que
conocemos como hombre y mujer.
Una de las frases que más me caló de la lectura fue la siguiente: “La esencia de la
comunicación humana, afirma Mead (1934/1993), es la capacidad de la persona para
anticipar las respuestas que cada acto suyo provocará en los demás”. Me parece formidable
para ejemplificar lo que es la empatía y sobre todo el verdadero propósito de la
comunicación. Es la capacidad también de querer entender de dónde viene el otro, el
contexto, su historia y sobre todo su propio sistema de símbolos. Es increíble que
evidentemente no tomamos esto en cuenta. Hemos vivido en un piloto automático desde los
salones de clases donde la comunicación era hablar, leer y escribir pero nunca nos dijeron
comprender, empatizar y aún más respetar. Nuevamente los juicios de valor entran en juego
acá. Vemos a los demás según se nos enseñó a ver. Pensamos lo que pensamos según cómo
crecimos y la sociedad que nos tocó. El concepto de Dios no es el mismo en España que en
Japón. La muerte no se vive igual en México que en Rusia.
Esto no es ajeno al ambiente o más bien el ambiente no es ajeno a nuestro simbolismo. Una
sociedad o ciudad ruidosa produce individuos alterados, acelerados y sobre todo
compulsivos. Un ambiente pacifico, con sol y mucho verde produce personas tranquilas,
reflexivas e inclusive más alegres. Todo comienza a tener más fundamento a nivel
psicológico y social y por qué comprender sociedades más turbias implica analizar sus
características peculiares desde los olores, ruidos y colores de sus ciudades hasta la mezcla
étnica ya sea si hay roces o no. Si tratamos de mezclar todo esto para obtener una única
sociedad nos encontramos ante el dilema de qué es lo correcto o más bien cuál es el símbolo
ideal. De aquí que como futuros psicólogos abogamos no solo por la subjetividad de los
individuos sino también por una intersubjetividad. Mi opinión puede afectar tu percepción del
mundo y viceversa. Esto por que como mamíferos también deseamos pertenecer a un grupo
para sobrevivir. Aún hoy en día el ideal de familia perdura aunque su estructura ha sufrido
cambios como los perrijos o gatijos para llamar como hijos o hijas a animales domésticos.
¿Qué pasa con las personas solteras por ejemplo? ¿Acaso la sociedad exige que tengan pareja
por que es un símbolo de estabilidad, de amor, que hay algo bueno en ti? Creo que estas
preguntas a raíz del estudio del interaccionismo simbólico hacen que mis horizontes como
profesional se amplíen y aun mas tenga muchos mejores argumentos para explicar el actuar
de una sociedad o individuo.