EL ESTILO DE PALESTRINA
Las obras de Palestrina representan la perfección del estilo sacro y reflejan el ideal
contrarreformista. Su estilo se refleja en sus 104 misas, entre las que 51 son de imitación, 34 de
paráfrasis, casi todas sobre un canto llano. 8 misas utilizan el cantus firmus, algunas pocas son
canónicas y 6 misas, como la del Papa Marcelo, son de libre composición.
Su estilo melódico se parece al del canto llano, con frases amplias, ritmos variados y líneas
melódicas elegantes y las voces solían ir por grados conjuntos y si había saltos de más de 3era
se usaban grados conjuntos en la dirección contraria. Su contrapunto sigue las normas de
Zarlino, en las que las frases melódicas independientes coinciden en acordes consonantes en
cada tiempo menos si hay retardos, también permitía disonancias si se abandonaban con notas
de paso o auxiliares. Una de sus figuras más usadas es la cambiata, que suaviza disonancias
con saltos de tercera descendente hacia consonancias. La música de Palestrina evocaba
serenidad gracias a las frases ligeramente diatónicas y el tratamiento suave de las disonancias,
aunque parezca que tenga un vocabulario limitado de armonías consigue gran variedad
mediante distintos posicionamientos de diferentes notas, esto muestra que Palestrina puede
crear variedad a partir de las mismas armonías.
Palestrina acentuaba plas palabras para que fuesen entendidas, solía poner una nota por cada
silaba, aunque en Agnus Dei, De tiene un largo melisma, en movimientos con textos más largos
compuso pasajes homofónicos para ser entendidos, esto creo contraste entre piezas más largas
y otras más cortas que utilizaban polifonía imitativa.
Palestrina componía cada nueva frase con combinaciones diferentes de voces y reservaba las 6
voces para los momentos importantes.
El ritmo de la polifonía del siglo XVI incluía tanto los ritmos de las voces individuales como el
colectivo de las armonías en cada tiempo de un compás, en cada voz variaban las duraciones
por lo que no se encontraban dos compases semejantes rítmicamente. Palestrina utilizaba las
sincopas para unir las frases, cada frase comenzaba medio tiempo fuerte antes, después de que
cadencie la frase anterior, manteniendo el movimiento hacia delante. Por todos estos rasgos su
música era considerada el culmen de la música sacra.