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Caso de Conflicto Escolar

El caso de Nicolás, un niño de cinco años con problemas de conducta en un colegio concertado, refleja la influencia de su entorno familiar y escolar en su comportamiento violento y disruptivo. A pesar de los esfuerzos de la docente por implementar estrategias de refuerzo positivo y mejorar la convivencia en el aula, la falta de atención y límites en casa por parte de su madre contribuyen a la perpetuación de estas conductas. Se concluye que es crucial que la madre asuma un papel más activo y autoritario en la educación de Nicolás para reforzar los aprendizajes y mejorar su comportamiento.

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Caso de Conflicto Escolar

El caso de Nicolás, un niño de cinco años con problemas de conducta en un colegio concertado, refleja la influencia de su entorno familiar y escolar en su comportamiento violento y disruptivo. A pesar de los esfuerzos de la docente por implementar estrategias de refuerzo positivo y mejorar la convivencia en el aula, la falta de atención y límites en casa por parte de su madre contribuyen a la perpetuación de estas conductas. Se concluye que es crucial que la madre asuma un papel más activo y autoritario en la educación de Nicolás para reforzar los aprendizajes y mejorar su comportamiento.

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CASO DE CONFLICTO

ESCOLAR
Conflictos en los centros educativos

MÁSTER DE RESOLUCIÓN DE CONFLICOS EN EL AULA


Profesora: Ángela Serrano
ALUMNA: MARTA SÁNCHEZ MATALLÍN

26 DE DICIEMBRE DE 2020
CASO DE CONFLICTO ESCOLAR
Durante la realización de las practicas de Magisterio Infantil conocí el caso de Nicolás.
Nicolás es un niño de cinco años, pertenece a un municipio de la Comunidad Valenciana
llamada Puerto de Sagunto y nació en dicha localidad. El menor está cursando el tercer
curso del segundo ciclo de infantil en un colegio concertado. Como podemos
comprobar, proviene de una familia con un nivel socioeconómico medio-bajo y la
persona que se encarga de su educación es su madre, por ello se trata de una familia
monoparental, ya que la persona adulta a cargo del menor decidió ser madre soltera. La
madre del menor tiene turnos de trabajo de muchas horas y a penas puede hacerse
cargo del niño, por lo que Nicolás se queda a comedor y extraescolares del centro.
Puesto que se trata de un centro con jornada partida, por la tarde viene a recogerle una
cuidadora, la cual se encarga de hacer los deberes con el, de la higiene y de la
alimentación, y en muchas ocasiones también se encarga de la cena y de cenar con él,
ya que la mayoría de las veces su madre llega a casa a la hora de dormir.
Por tanto, podemos observar que el adulto a cargo del menor pasa largas horas fuera
de casa, por lo que una persona externa se encarga de su educación cuando la madre
no está.
Esta situación familiar se ve reflejada en el centro, ya que nos encontramos con un niño
violento. Nicolás siempre juega a peleas en los momentos de ocio, vemos como no trata
bien el material, ya que no lo cuida y siempre acaba rompiendo algún objeto del aula y
también materiales de sus compañeros. En clase no atiende, casi siempre está hablando
o molestando a algún compañero y a veces interrumpe la clase contando alguna
anécdota para que todos sus compañeros se rían. Falta el respeto en muchas ocasiones,
tanto a la maestra como a sus compañeros y cuando le castigas su conducta no mejora,
parece que no le moleste estar castigado. Además, su nivel académico es bastante más
bajo que el resto de los compañeros, por lo que cabe destacar que presenta dificultad
en el lenguaje, ya que no posee un vocabulario rico acorde con su edad.
Finalmente, cabe añadir que este menor no sabe controlar sus impulsos, ya que cuando
se enfada tiende a pegar a sus compañeros, en vez de solucionar el problema
dialogando. Además, hay veces que estos impulsos de violencia vienen dados sin razón
aparente.

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Tras la presentación del caso, podemos comprobar que estamos ante un conflicto que
altera la convivencia y el bienestar del aula y para poder llevar a cabo una solución ante
este, tendremos que analizar dicho caso.
En primer lugar, debemos afirmar que nos encontramos ante un niño con problemas de
conducta, ya que el niño tiene una serie de conductas problemáticas en las que
podemos observar una cierta dificultad a la hora de adaptarse a las normas de
convivencia y comportamiento del centro escolar y que por tanto alteran el buen
funcionamiento del aula.
Algunos de estos comportamientos son la disrupción, ya que el niño rompe
continuamente con el trascurso de la clase y lo hace de manera intencionada, lo que
obliga a la maestra a interrumpir la clase, una situación que puede llegar a afectar el
nivel de atención de los demás miembros del aula.
Como bien nos dice Uruñuela, la disrupción se considera como uno de los problemas
más comunes en las aulas. Este problema de conducta, como podemos observar en el
menor se caracteriza por la realización de conductas inapropiadas como hablar cuando
explica el profesor y esto a su vez, puede suponer un problema académico para el
alumnado, ya que no nos permite continuar con la explicación de los nuevos
conocimientos, ni reforzar los que ya sabíamos. Este aspecto lo vemos reflejado en el
menor, porque lleva un pequeño retraso en cuanto a la adquisición de contenidos.
Además, este alumno nos está propiciando un clima tenso de aula, ya que se crean malas
relaciones interpersonales entre este y los demás compañeros lo que nos impide en
muchos casos plantear actividades innovadoras que supongan más alteraciones en el
aula.
Aunque esta disrupción en la mayoría de las ocasiones esté ligada con los estilos
docentes, en este caso el estilo docente no está asociado al comportamiento del menor,
ya que encontramos a una docente tolerante y con autoridad. Por tanto, podemos decir
que se trata de profesional que da cariño y confianza a sus alumnos, es flexible,
democrática y da pie al dialogo y conversación en el aula. A su vez, esta se hace respetar
a todos sus alumnos, por lo que estas disrupciones no estarían ligadas a una falta de
autoridad del docente.
Para poder resolver este aspecto, la docente a llevado a cabo una serie de propuestas
metodológicas, tales como refuerzos positivos.

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Estos refuerzos se llevan a cabo a partir de una economía de fichas, donde la docente
le explicó una serie de ítems a conseguir, y si durante la semana conseguía cumplir estos
ítems propuestos recibiría una recompensa no material (elogios, ser el encargado o
ayudante…). Otra dinámica empleada fue la llamada varita de la palabra, solo quien
tuviera esta varita podía intervenir en el aula, de modo que los alumnos solicitarían la
palabra pudiendo hablar cuando la docente les concediera la varita.
También se empezó a dar más atención a las conductas positivas, de manera que estas
quedaban más resaltadas y las negativas quedaron en un segundo plano.
Además de estos planteamientos, algunas soluciones propuestas fueron los mensajes
individuales con el alumno, silencio del profesor ante momentos de disrupción, llamar
la atención de forma seria y breve, mostrar gestos y miradas que indiquen corrección de
la conducta… entre otras.
Continuando con algunos problemas de conducta destacables en el menor encontramos
la indisciplina, ya que como podemos observar en este caso, Nicolás no cumple las
normas de clase. El menor interrumpe en el turno de los demás, no respeta a los
compañeros, no atiende en clase, no hace la tarea… entre otras.
Para finalizar este punto, otro problema de conducta que hemos podido observar en el
menor es la violencia. Esta violencia la vemos reflejadas en diversos ámbitos durante el
horario escolar, como por ejemplo en sus dibujos, ya que todos están relacionados con
temas bélicos y siempre colorea de color negro. Por otro lado, podemos ver su
agresividad con los compañeros, ya que es muy impulsivo y resuelve los conflictos con
la violencia, ya no solo física, si no también verbal. Además, en ocasiones es agresivo
con los demás sin un motivo aparente y disfruta rompiendo los materiales y
manualidades del resto de sus compañeros.
En el caso de las actitudes violentas, podrían convertirse en un futuro en algo más
importante si no se actúa de manera inmediata, ya que conforme el menor crezca este
tipo de violencia podría ser mucho más grave y llegar a convertirse en un problema de
acoso escolar en el aula.
A continuación, abordaremos los factores de riesgo que actúan ante este caso y que por
tanto favorece la aparición de este tipo de situaciones.
En primer lugar, encontramos los factores de riesgo escolares donde algunas políticas
educativas que no llegan a sancionar de manera adecuada este tipo de conductas.

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A veces, estos problemas de conducta son asociados a la edad, es cierto que algunas
situaciones son fruto del nivel madurativo de los niños y es complicado detectar cuando
un conflicto es producto de la edad o puede llegar a ser un problema más grave en
edades más avanzadas, ya que si abordamos el conflicto y resulta ser producto de la
edad, podríamos estar etiquetando al alumno, pero si nos confundimos y existe un
problema más grave, podríamos estar fomentando estas conductas en el menor y llegar
a convertirlas en problemas más graves. Por tanto, el centro juega un papel fundamental
a la hora de detectar este tipo de situaciones.
La inconsistencia en intervención de la mala conducta puede reforzar y agravar el
problema, por ello es muy importante analizar la situación y detectar las actuaciones
necesarias para abordar el problema. Otro de los riesgos escolares es la ausencia de
atención a la diversidad, ya que cabe la posibilidad que no estemos atendiendo de
manera individualizada las necesidades de cada niño y por tanto podríamos estar
fomentando estas conductas. También podemos encontrar cierta vulnerabilidad
psicológica por parte del profesorado y una carencia de la metodología adecuada, de
manera que el docente no consigue controlar la clase y en muchos casos, cuando se dan
situaciones de esta magnitud muchos docentes tiendan a callar y no hacer participes a
los demás miembros de la comunidad educativa de este tipo de situaciones. A esto es lo
que llamamos la ley del silencio y suele darse a causa de la confusión o temor que pueda
estar viviendo el profesor. Finalmente, para concluir los factores de riesgo escolares, en
muchas ocasiones los docentes pueden estar confundidos y no tener suficientemente
claro cual es su función en este tipo de situaciones, por tanto, hay veces que no saben
como actuar.
Teniendo en cuanta nuestro caso, la docente llevó a cabo algunas actuaciones que
hemos nombrado anteriormente, como la economía de fichas, refuerzo de las acciones
positivas y no destacar tanto las negativas, pequeñas charlas individuales con el menor
y también con la familia, dinámicas para conseguir la atención activa de todos los
alumnos en general y de Nicolás en particular… entre otras.
Esta docente era muy flexible y cariñosa, pero a su vez ejercía la autoridad en los niños.
A pesar de todos sus esfuerzos, Nicolás hacia caso omiso a todos sus castigos y dinámicas
para mejorar su comportamiento, por esta razón decidió tener una reunión con la
madre. De esta manera la docente pudo recoger más información sobre este caso y
también hablar sobre todas aquellas actuaciones realizadas en el aula para que fueran

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también trasladadas al ámbito familiar, ya que si solo son llevadas en el aula pero en
casa no se lleva a cabo ningún tipo de actuación, toda la labor docente no servirá de
nada.
Tras la entrevista con la madre pudimos comprobar que esta pasaba muy poco tiempo
con el menor y que durante dichas horas, el menor no recibía ningún tipo de castigo tras
las malas conductas de este. Por tanto, estas conductas eran reforzadas con afecto, ya
que a la madre le entristecía reñirle tras estar tan poco tiempo con él.

En segundo lugar, nos encontramos con los factores de riesgo familiares, en el caso de
Nicolás, nos encontramos con un familiar permisivo e indulgente, ya que su madre se
encarga de darle todo al menor y de no exige nada. El adulto de referencia pasa pocas
horas junto al pequeño y por ello, no quiere que ese rato sea conflictivo, por lo que evita
dichos conflictos dándole cariño al niño y recompensado de esta manera las conductas
conflictivas. Por tanto, la madre no establece límites ni normas al menor y las malas
conductas son reforzadas. Por ello, Nicolás se niega a cumplir las normas establecidas
en el aula y se comporta de manera inadecuada. En este caso, si en casa no se lleva a
cabo una educación adecuada que se complemente con todo lo abordado en clase,
todos los esfuerzos serán en vano. A pesar de todo ello, es cierto que existe una buena
comunicación y vinculación afectiva entre madre e hijo.

Finalmente, encontramos los riesgos socioculturales. Estos riesgos están destacados por
unos modelos carentes de valores positivos, una presencia de contenidos violentos en
la televisión y redes sociales o violencia familiar, embellecimiento de la violencia y efecto
de des-sensibilización.
Respecto al caso que estamos analizando, Nicolás no vive en un entorno familiar
violento, ya que tiene una relación de afecto con el adulto de referencia, el cual no
ejerce ningún tipo de autoridad. Cabe añadir que, tras la entrevista con la madre
pudimos comprobar como el niño tiene un exceso de televisión y tecnologías en general,
por lo que es posible que en algún momento vea programas o dibujos que no estén
acordes con su edad. Además, podemos encontrar un embellecimiento de la violencia
provocado por algunos programas televisivos y por la propia madre, ya que le
recompensa todos los actos violentos que el niño expresa en casa. También
encontramos una falta de valores positivos en el ámbito familiar, ya que su madre no

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ejerce la autoridad y por ello, no trasmite al niño los valores necesarios para que este
lleve a cabo una buena convivencia social con sus iguales, tanto en el ámbito educativo
como en el ámbito familiar.

Para concluir, tras el análisis de este caso, podemos observar que el niño tiene una falta
de atención por parte de su figura de apego, ya que la mayoría del tiempo está en el
colegio y por las tardes con su cuidadora. Por tanto, apenas pasa unas horas con él y casi
siempre suelen verse solo para dormir, por lo que el niño quiere llamar la atención en la
escuela y por ello lo hace a través de conductas disruptivas, ya que sabe que de esta
manera le prestaremos atención.
Tras estas conclusiones cabe destacar la importancia de realzar todas aquellas
conductas positivas que tenga el niño y evitar centrarnos en todos aquellos aspectos
negativos, para que de esta manera intente llamar la atención mediante conductas
adecuadas. Además, cabe destacar la importancia que tiene la madre, ya que deberá de
ejercer su papel de autoridad y llevar a cabo en casa todas aquellas acciones que se
realicen en el centro. De esta manera todos aquellos aprendizajes del colegio se verán
reforzados en casa y así podremos mejorar la conducta del menor.

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