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Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional

Entre Mercante y Aloé: el diario El Argentino de La Plata y las elecciones de gobernador de 1951
Claudio Panella
Actas de Periodismo y Comunicación, Vol. 5, N.º 3, noviembre de 2019
ISSN 2469-0910 | http://perio.unlp.edu.ar/ojs/index.php/actas
FPyCS | Universidad Nacional de La Plata
La Plata | Buenos Aires | Argentina

Entre Mercante y Aloé: el diario El Argentino de La


Plata y las elecciones de gobernador de 1951

Claudio Panella
[email protected]
orcid.org/0000-0001-9475-8661
---
Centro de Estudios en Historia/ Comunicación/ Periodismo/ Medios
Facultad de Periodismo y Comunicación Social
Universidad Nacional de La Plata | Argentina

Este trabajo aborda el proceso electoral que culminó en el acto comicial del 11 de
noviembre de 1951 en el cual fue reelecto el general Juan Perón como presidente
de la Nación y electo el mayor Carlos Aloé como gobernador de la provincia de
Buenos Aires, desde la óptica del diario El Argentino de La Plata. Este periódico, que
respondía políticamente al gobernador Domingo Mercante, brindó a sus lectores un
tratamiento periodístico que transitó entre el natural apoyo a la gestión gubernativa
de éste con la inevitable cobertura de los actos del candidato a sucederlo,
perteneciente al mismo partido politico, pero enfrentado a su persona. Y que
además, se sabía, tenía como misión una vez electo, cuestionar severamente tanto
su obra de gobierno como a su grupo de colaboradores. Se observarán en el
desarrollo del trabajo cuáles fueron los ejes argumentativos que esgrimió el diario
para apoyar las candidaturas oficiales y a la vez defender la gestión de Mercante,
como así también qué tratamiento otorgó en sus páginas a la oposición
antiperonista.

El Argentino, un diario platense


El Argentino de la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, fue un
diario de interés general que se editó por casi sesenta años, entre 1906 y 1965, un
período temporal extenso donde brindó a los lectores platenses una mirada de la
actualidad local y provincial que, obviamente, también se extendió al acontecer
nacional. En total se publicaron 20.689 ediciones, a las que hay que sumar algunas
más producto de una fugaz reaparición entre 1972 y 1973. Debió competir, en todo
ese tiempo, con el tradicional diario de la ciudad, El Día, nacido en 1884 y que
todavía se publica.
El Argentino fue fundado por el político y periodista Tomás R. García (1861-1917),
que en esa empresa fue acompañado por Jacob Larrain, Natalio Gil, Pedro R.
Quiroga y Norberto J. Casco. El diario apareció el 1º de agosto de 1906 y en su
editorial inicial daba a conocer a sus lectores sus propósitos, que pasaban por la
defensa del autonomismo, tanto de la ciudad como de la provincia. Se sentía
partícipe de un «movimiento popular» que era consciente de la necesidad que tenía
la capital provincial de contar con un gobierno propio –en ese momento la
municipalidad de la ciudad no era autónoma-, «desligado por completo de las
agrupaciones partidistas». Planteaba asimismo que el crecimiento incesante de la
ciudad de Buenos Aires constituía un serio peligro para la vida autónoma de la
provincia «y concluirá por extinguirla si no se pone dique a su influencia absorbente
y dominadora». Sólo se podía revertir esta situación, se decía, «a través de la unión
de todos los habitantes» de la provincia, «en el propósito trascendental de hacer
del sufragio una verdad». Condenaba el diario, de esa manera, las artimañas del
fraude «que todo lo pervierten y conculcan» (El Argentino, 1/8/1946. Edición
Extraordinaria, p. 2). Su tirada inicial fue de 3.000 ejemplares diarios -la de El Día
era de 4.369- (Katz, 2004: 118). En este sentido, y como medio de prensa
independiente, le cupo al diario platense la definición de actor político, propuesta
por Raúl Borrat, en la medida en que actuó en función de los objetivos de lucrar e
influir (Borrat, 1989: 9). Influir sobre los gobiernos de turno, los partidos políticos,
el parlamento, los grupos de interés, los movimientos sociales, las instituciones y,
por supuesto, sobre la opinión pública. En otros términos, fue poseedor de una
línea política que lo expresó, lo identificó y, a la vez, lo diferenció de otros
periódicos.
Cuando García falleció lo sucedió en la dirección del diario su sobrino, Ramón T.
García (1889-1969), cuya conducción se extendió por casi treinta años. En ese
tiempo, la situación que había motivado el origen del periódico en parte había sido
superada y reemplazada por otras realidades a las que no fue ajeno por cierto: en
1930 por caso, El Argentino, como la mayoría de los diarios del país, apoyó el
derrocamiento del gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen (Díaz, 1996). Durante
la década siguiente, se identificó con los gobiernos conservadores y, en la
coyuntura electoral de febrero de 1946, con la Unión Democrática, engrosando de
esa manera el amplio espectro de medios gráficos antiperonistas.
Poco después, la dinámica política que imprimió el naciente peronismo a todos los
aspectos de la vida argentina, incluida la de los medios de comunicación, repercutió

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en El Argentino, que fue vendido por la familia del fundador en agosto siguiente a
un grupo empresario ligado al nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires,
Domingo Mercante. A partir de ese momento, el diario brindó decidido apoyo a la
obra gubernativa mercantiana y a la proyección política del gobernador, acentuando
en sus ediciones algunas características gráficas como los títulos a toda página, un
lenguaje claramente laudatorio y abundante material fotográfico. La dirección del
mismo, hasta 1950, fue ejercida por el periodista y escritor Armando Cascella
(1900-1971) (Pulfer, 2020: 3), a quien sucedió Juan Ignacio Cendoya, un periodista
de larga trayectoria en el periódico.

Perón-Mercante: de la amistad política al enfrentamiento


De todos los dirigentes que integraron los elencos gubernativos del peronismo a
partir de 1946, sin dudas fue el coronel Domingo A. Mercante el que tuvo mayor
presencia política (Rein y Panella, 2013: 215-242). Había conocido a Perón en
Mendoza en 1942, donde ambos estaban destinados en la División de Tropas de
Montaña, momento en que dio comienzo una amistad personal, pero además, y
sobre todo, una sociedad política decisiva para el surgimiento y consolidación del
peronismo como fuerza política. Al año siguiente, ya en Buenos Aires, Perón y
Mercante formaron parte del Grupo Obra de Unificación (GOU), una logia nacida en
el seno del Ejército cuyos integrantes tuvieron activa participación en el golpe de
Estado de 1943 y en el gobierno surgido del mismo. Cuando Perón fue designado
titular del Departamento Nacional del Trabajo, que de inmediato transformó en
Secretaría de Trabajo y Previsión, Mercante se convirtió en su mano derecha y nexo
para articular contactos con dirigentes y movilizar el apoyo de las organizaciones
obreras al gobierno. En ese sentido, el futuro gobernador bonaerense estrechó
lazos con los gremios ferroviarios, la Unión Ferroviaria y La Fraternidad, de singular
peso político en el gremialismo nacional. Cuando los sucesos de octubre de 1945,
Mercante se mostró leal a Perón, lo que le fue reconocido por la multitud reunida en
la Plaza de Mayo el día 17, que coreó un estribillo que se escucharía en los meses
siguientes con asiduidad: «Con Perón y con Mercante la Argentina va adelante»
(Luna, 1971: 292).
Mercante sucedió a Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión, aunque
permaneció en ese cargo por poco tiempo, pues fue designado por el Partido
Laborista como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires de las
fuerzas peronistas para las elecciones de 24 de febrero de 1946. Elegido por la
ciudadanía para el cargo, llevó a cabo una gestión gubernativa que puede ser
conceptuada como progresista y eficiente, rica en realizaciones materiales,
ejecutado por colaboradores competentes. Dicha obra fue uno de los pilares

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fundamentales en los que se asentó el prestigio de Mercante, tanto dentro como
fuera del peronismo, a tal punto de llegar a ocupar el tercer lugar en el firmamento
partidario después de Perón y Evita. Ésta lo llamaba «el corazón de Perón» y aquel
lo definió como «ejemplo de gobernante peronista» (Rein y Panella, 2013: 215). No
extrañó entonces el acompañamiento de ambos en su campaña para ser reelecto
como gobernador en marzo de 1950.
Pero a partir de allí la relación entre el gobernador y el presidente se fue enfriando:
sus encuentros públicos, antes frecuentes, se hicieron cada vez más esporádicos, la
figura de Mercante comenzó a ser silenciada de la prensa oficial, nombres
destacados del entorno presidencial acentuaron las críticas hacia su persona, el
Partido Peronista provincial fue intervenido para restarle poder, y hasta la propia
Evita comenzó a dudar de su lealtad al líder. Si bien ni Perón ni Mercante nunca
hicieron pública esta ruptura, que con los meses se convirtió en definitiva –en 1953
este último sería expulsado de las filas partidarias-, es altamente probable que la
percepción del Presidente de ver al único peronista que podía cuestionar su
liderazgo selló la suerte política del gobernador y del grupo dirigente que lo
acompañaba. La persona encargada de materializar la depuración de
«mercantistas» del movimiento peronista fue el mayor Carlos Aloé, a quién Perón
designó candidato a gobernador para suceder a Mercante. Aloé era un hombre de
probada lealtad al Presidente y a la vez de nulas aspiraciones políticas, lo que lo
convirtía en candidato ideal para llevar adelante los destinos de la provincia más
importante del país. Ya en el ejercicio del gobierno, Aloé puso en práctica lo que no
pocos esperaban de él luego de ser electo gobernador (Rein y Panella, 2013: 11-
28).

Perón presidente
La elección de renovación presidencial del mandato iniciado el 4 de junio de 1946
fue fijada por el Poder Ejecutivo Nacional para el día 11 de noviembre. Confluyeron
allí dos elementos que no existieron cinco años antes: por un lado, la posibilidad de
que el presidente pudiese presentarse a su reelección en virtud de lo dispuesto por
la Constitución Nacional sancionada en 1949. Por el otro, el que por primera vez
podrían sufragar –y ser elegidas- las mujeres, de acuerdo a la ley de derechos
políticos promulgada en 1947.
La candidatura de Perón estaba fuera de toda duda, no así la de quien lo
acompañaría en la vicepresidencia, hasta que la Confederación General del Trabajo
(CGT) propuso a Eva Perón para el cargo. De este modo, la central obrera organizó
un magno acto público que se llevó a cabo el 22 de agosto de 1951 en la Av. Nueve
de Julio de la Capital Federal, denominado Cabildo Abierto del Justicialismo, donde

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se esperaba que la Primera Dama aceptase la nominación. Ese día el diario tituló a
toda página «Vivirá hoy el país momentos trascendentes de su evolución histórica.
Proclamará el pueblo su fórmula: Juan Perón-Eva Perón». Y con fotografías de
ambos una nota –«La hora solemne del clamor popular»-, en donde se explicaba
las razones por las cuales la ciudadanía debía apoyar dicha fórmula gubernativa,
que pasaba fundamentalmente por la necesidad de continuar y profundizar lo
realizado en favor de los sectores populares desde 1946 (El Argentino, 22/8/1951,
p. 1). En las páginas interiores, dos grandes avisos, uno de la CGT y otro del
Partido Peronista provincial invitaban a sus afiliados y simpatizantes a concurrir al
acto (El Argentino, 22/8/1951, p. 3 y 7). En la jornada siguiente, como todos los
periódicos del país, el diario platense dio por aceptada la candidatura por parte de
Evita: «Quedó consagrada ante la decidida voluntad del pueblo la fórmula
presidencial de la patria: Perón-Eva Perón», título debajo del cual publicó una gran
fotografía panorámica de la multitud congregada en la reunión (El Argentino,
23/8/1951, p. 1). Una semana después sin embargo, se daba a conocer la renuncia
de Evita a la nominación, que el diario obviamente reflejó en su portada: «Renunció
Eva Perón a su candidatura a la vicepresidente de la Nación y en su lugar fue
designado el doctor Quijano» (El Argentino, 1/9/1951, p. 1), es decir quien venía
acompañando en ese cargo a Perón desde 1946. El diario publicó también
fotografías de los candidatos y de Evita junto al texto en el que explicaba su
decisión.
A partir de ese momento El Argentino brindó apoyo incondicional a la reelección del
presidente, lo que se podía verificar en el seguimiento exhaustivo que hizo de las
actividades oficiales del mismo hasta el momento de la elección, siempre
acompañadas de grandes titulares, conceptos elogiosos y fotografías. Así, informó
sobre una reunión que mantuvo el primer mandatario con candidatos a intendentes
peronistas de la provincia de Buenos Aires; la presentación del libro La razón de mi
vida; la celebración de un nuevo aniversario del 17 de octubre, y la inauguración de
la Ciudad Estudiantil entre las principales (El Argentino, 4/10/1951, p. 1; 16/10, p.
1; 18/10, p. 1; y 28/10, p. 1).
En este marco, la designación de los candidatos a gobernadores y vice, diputados y
senadores nacionales correspondió al Consejo Superior del Partido Peronista; en la
provincia de Buenos Aires, la decisión recayó en el mayor Carlos V. Aloé para la
gobernación, que por entonces era el Secretario Administrativo de la Presidencia de
la Nación, y por el Dr. Carlos Díaz para la vicegobernación, quien en ese momento
se desempeñaba como diputado nacional. El Argentino anunció a toda página la
nominación –«Aloé-Díaz es la fórmula del peronismo para la provincia»-, con
fotografías de ambos y una muy medida información en donde se mencionaba la

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positiva repercusión que había tenido la noticia en Junín, ciudad de la que era
oriundo Díaz y en la cual había vivido parte de su juventud Aloé (El Argentino,
19/9/1951, p. 1).
Desde esa designación pasaron ocho días hasta que los candidatos se entrevistaron
con el gobernador Mercante, lo que fue informado de modo escueto por el diario,
sin registro fotográfico. Sin embargo, las consideraciones hechas por El Argentino
más allá de la comunicación oficial no dejan de interesar pues marcaron la tónica
del desarrollo que adquirió la campaña electoral del peronismo en Buenos Aires. En
efecto, la entrevista había tenido «una inmediata y lógica repercusión en los
ámbitos políticos y legislativos», lo cual llevó a numerosos dirigentes a la Casa de
Gobierno. «Esto dio lugar a la formación de corrillos –prosiguió el diario- en los que
se comentó animadamente la visita», asignándosele trascendencia en cuanto que
ella podría significar «el primer paso para la iniciación de la campaña proselitista en
todo el territorio bonaerense». No obstante ello, aclaraba el matutino: «debemos
señalar que a pesar de estos comentarios, no fue posible obtener una información
concreta sobre lo tratado en la entrevista dada la reserva que mantuvieron sobre el
particular el coronel mercante y el ministro de Gobierno» (El Argentino, 27/9/1951,
p. 1). Lo concreto fue que no hubo ningún tipo de coordinación, en verdad ni
siquiera de contacto, entre las actividades del gobernador y sus ministros, que
incluyeron actos, giras e inauguraciones de obras públicas, y los actos y
concentraciones encabezadas por el candidato a sucederlo. En otras palabras, cada
uno hizo campaña por su lado y con objetivos diferentes: Mercante para demostrar
lo positiva que había sido su gestión en beneficio de los bonaerenses, y Aloé para
acceder al mando de la provincia con el mayor apoyo electoral posible.

Mercante: obras y realizaciones de gobierno


Inclusive antes del inicio de la campaña proselitista, y mucho más durante su
desarrollo, El Argentino se comportó ante sus lectores como si el candidato a
gobernador fuese Mercante y no Aloé. Efectivamente, el seguimiento de las
actividades de aquel, de sus giras por el interior de la provincia, de la inauguración
de obras públicas, fue permanente, con crónicas detalladas y positivas,
encabezadas por títulos convincentes y un notable despliegue fotográfico que se
hizo extensivo inclusive a varios de sus ministros.
El fin de estas recorridas por distintas ciudades y localidades rurales del interior de
la provincia era tomar contacto con representantes gremiales y de entidades de
bien público para escuchar, de primera mano, planteamientos y reclamos varios a
los cuales el gobierno podía satisfacer. Así sucedió en Lobos, Las Flores –«El pueblo
de Las Flores expuso sus problemas a Mercante» decía el título en primera plana-, y

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Tapalqué (El Argentino, 21/10/1951, p. 1; 23/10, p. 1; y 25/10, p. 1). Otro tanto
ocurrió en el poblado rural de Gardey, en el partido de Tandil, lugar en el que «una
crecida cantidad de vecinos le exteriorizó renovadas demostraciones de simpatía y
adhesión»; y donde aprovechó el mandatario para anunciar la expropiación por
parte de su gobierno del campo «Alchourrón», de 1500 hectáreas, para ser
subdivido en 40 lotes que se entregarían a campesinos para sembrar papa y maíz
(El Argentino, 30/10/1951, p. 1). Similar anuncio hizo el gobernador en la localidad
de San Miguel, municipio de Lobería, donde anunció la expropiación de la estancia
«San Miguel», de una superficie de 7185 hectáreas, que se parcelarían en 57 lotes
para ser adjudicados «de conformidad a los enunciados postulados por la doctrina
justicialista, a auténticos trabajadores del campo» (El Argentino, 31/10/1951, p. 1).
Estas acciones llevaron al diario a publicar un editorial titulada «Subdivisión del
campo», en donde se ponderaban estas y otras expropiaciones que se habían
hecho en los últimos meses, y otro denominado «Cunden las colonias», en el que
se saludaba que estas medidas derivaban en la creación de colonias agrícola-
ganaderas, lo cual hacía realidad «el principio de la fórmula peronista», que era «la
tierra tiene que ser de quien la trabaja» (El Argentino, 19/8/1951, p. 3 y 9/11, p.
3).
La inauguración de obras públicas por parte del gobierno tuvo su eje principal en la
construcción de edificios escolares en el marco de la ejecución del Plan Integral de
Edificación Escolar. El diario informó entre julio y octubre de la terminación de
escuelas en los distritos de La Plata, San Martín, Bahía Blanca, Tigre y Magdalena.
Fotografías de las mismas y una detallada descripción de sus características –aulas
calefaccionadas, agua caliente central, baños para la higiene infantil, obras
murales- mostraban al lector la labor llevada a cabo en ese sentido por la
administración mercantiana: «La idea inicial manifestada públicamente por el
gobierno bonaerense de dignificar la función escolar comenzando por dotarla de
lugares adecuados para desarrollarla, se ha concretado y se continúa llevando
adelante para bien de generaciones futuras» (El Argentino, 21/10/1951, p. 1).
Relacionado con lo expresado, el gobierno logró la sanción por parte de la
Legislatura de una nueva Ley de Educación y del Estatuto del Docente.
Correspondió al ministro de Educación, Julio César Avanza, exponer sobre los
beneficios de este último, que según explicó el funcionario, en su elaboración «se
había tenido exclusivamente en cuenta el interés del maestro», en lo que era un
cuerpo legal destinado a brindar « estabilidad, permanencia y organicidad a las
normas relativas al ejercicio de la función docente». Destacaba asimismo que se
había consultado a los gremios docentes para su redacción y que el Estatuto se

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había sancionado «por el voto favorable de todos los sectores políticos, lo que
prueba sus virtudes» (El Argentino, 6/10/1951, p. 3).
En materia sanitaria, se inauguraron el Instituto de Recuperación y Orientación del
Inválido de Adrogué, Centros de Higiene Materno Infantil en Lobería, Tandil, San
Nicolás y Bolívar, y Unidades Sanitarias en Coronel Dorrego y Bolívar. En los actos
respectivos representó al gobernador el ministro de Salud Pública, Carlos
Bocalandro. De la inauguración en la ciudad serrana por caso, el diario publicó que
el ministro hizo referencia a la significación que para la madre y el niño tenía el
establecimiento que dejaba librado al servicio público para agregar luego que el
gobierno provincial «inspirado en la elevada doctrina justicialista del general
Perón», no descansaría hasta ver todo el territorio bonaerense cubierto de Centros,
ya que en ellos estribaba «la seguridad sanitaria del futuro país» (El Argentino,
15/10/1951, p. 3).
En el marco general de la campaña, El Argentino no dejó de valorizar otros
aspectos y temas de la acción gubernativa de Mercante, como por ejemplo el
fomento del turismo. En el editorial «La obra de turismo social», el diario recordaba
los criterios en la materia formulados por el gobernador al comienzo de su gestión,
los que se canalizaban a través de la Dirección de Turismo y Parques. Y dejaba
constancia de sus satisfactorios resultados:
Masas obreras, estudiantiles, profesionales, forman las renovadas filas de
viajeros que, en días de semanas libres de las obligaciones habituales, dan un
sentido integral, saludable y provechoso a sus descansos, a favor de facilidades e
incentivos proporcionados en cada época del año por los organismos del turismo
oficial (…) Estas proporciones alcanzadas por el desarrollo del turismo
representan uno de los altos y plausibles exponentes de la extraordinaria obra de
justicia social cumplida en la provincia por el coronel Mercante, dentro de los
planes nacionales del general Perón (El Argentino, 23/10/1951, p. 3).
Finalmente, una referencia obligada a la obra edilicia mercantiana, sobre todo por
su presencia en el imaginario de los habitantes de la capital provincial, fue la
República de los Niños, cuya construcción concluyó durante la campaña electoral.
Levantada en la cercana localidad de Gonnet, fue un emprendimiento arquitectónico
original y de magnitud sorprendente, cuyo carácter pedagógico y lúdico tuvo por
objeto educar a los niños en la vida cívica para forjar de ese modo a los ciudadanos
del futuro. Fue, también, el aporte de la provincia más importante del país a la
Nueva Argentina liderad por Juan Perón y Eva Perón (Panella, 2013). El Argentino,
acorde a la intención del gobierno de dar a conocer la obra, realizó un seguimiento
de los últimos tramos de su construcción en los meses previos a su inauguración.
Se publicaron en total 23 notas con más de 40 fotografías alusivas, a través de las
cuales se describían positivamente sus características edilicias, objetivos, sentido y

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funciones para su pleno disfrute por parte de niños y niñas. En la primera de las
mencionadas, se explicaba que la República se construía a través del Instituto
Inversor, entidad dependiente del ministerio de Hacienda provincial, «por
inspiración del coronel Mercante». Se estaba trabajando «febrilmente» para
concluir los edificios más emblemáticos, como la Casa de Gobierno, la Legislatura y
el Palacio de Justicia, además de los cuarteles de policía y bomberos, estación
ferroviaria y campo de deportes. Del mismo modo, se enfatizaba que los niños que
concurrirían a su disfrute « aprenderán el arte de gobernar y sabrán prepararse
para ser gobernados con arreglo a las exigencias de la auténtica democracia».
Seguía explicando la nota que aquellos “como jugando” adquirirían nociones útiles
para su futuro con «conciencia clara de sus derechos y de sus deberes para con la
sociedad que integran». Concluía la explicación recordando que con la República «el
principio rector del general Perón» referido a los niños «ha sido magníficamente
interpretado por el coronel Mercante», fruto de la cual era la República una
«benemérita concepción que honra a la Provincia» (El Argentino, 6/7/1951, p. 3).

Aloé, el candidato designado


La campaña electoral del candidato oficial fue corta –comenzó el 18 de octubre-,
anticipada por el diario con un título en primera plana: «Iniciárase en breve la gira
proselitista de Aloé y Díaz», el que fue acompañado por conceptos positivos hacia
los candidatos, quienes desde sus tribunas explicarían al pueblo «el programa a
desarrollar desde el gobierno, que será fiel reflejo de las ansias populares, ya que
estará inspirado en el justicialismo del general Perón y de la señora Eva Perón» (El
Argentino, 7/10/1951, p. 1).
Resulta interesante hacer referencia a la conferencia de prensa que brindaron los
candidatos a poco de iniciar su campaña, la que fue cubierta por el periódico y
brindada a sus lectores. Luego de expresar que «ante todo debemos ganar las
elecciones», las palabras del mayor Aloé dejaron en claro cuál era su misión:
Mi acción en Buenos Aires se limitará, leal y estrictamente, a consolidar la
doctrina justicialista en todos los órdenes de las actividades bonaerenses. Vale
decir en aplicar en todos mis actos de gobierno las enseñanzas de Perón y el
ejemplo de Perón y Eva Perón. Para esto me ha elegido el partido y eso es lo
que el pueblo quiere (El Argentino, 16/10/1951, p. 1).
Más adelante, en lo concerniente a la acción de gobierno propiamente dicha, y
luego de reiterar que lo primero era «ganar las elecciones», Aloé hizo especial
hincapié en abordar lo que entendía eran los «problemas del campo». De allí que
prometía hacer efectiva «la política agraria de Perón», lo que suponía entregar la
tierra para quien la trabaje, el fomento del cooperativismo agrario, la asistencia
técnica al agricultor, el fomento de la vivienda rural y la mecanización de las

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actividades agrícolas (El Argentino, 16/10/1951, p. 1). Llama la atención que lo que
proponía el candidato era lo que venía realizando Mercante desde su 1946.
También Aloé prometió ocuparse del problema vial para dar salida rápida a la
producción, de la provisión de servicios sanitarios (cloacas, desagües), y de la
industria, que sería estimulada en cuanto a la utilización de materia prima de
origen agropecuario, para lo cual además era «decisiva y fundamental» la acción
financiera coordinada entre la Nación y la Provincia. Finalmente, el candidato a
gobernador dijo que los trabajadores de la provincia, agrupados «en la entidad
madre», la CGT, «encontrarán en mí el compañero y el gobernante que solo
buscará dentro de la doctrina justicialista la felicidad a que tuenen derecho todos
los seres humanos que día a día trabajan heroicamente para la Patria, para Perón y
para Eva Perón» (El Argentino, 16/10/1951, p. 1).
El programa de actos proselitistas de los candidatos contemplaba una primera gira
visitando las ciudades de Azul, Bahía Blanca, Tres Arroyos y Mar del Plata; una
segunda haciendo lo propio en General Villegas, Trenque Lauquen, Pehuajó y
Mercedes; la tercera a Nueve de Julio, Chivilcoy, Pergamino, Junín y San Nicolás; y
la última a La Plata y el Gran Buenos Aires.
La modalidad de los actos era similar en cada destino: siempre los candidatos eran
recibidos por las autoridades municipales, los candidatos a legisladores provinciales
o nacionales, los representantes de la CGT local y los dirigentes partidarios de las
ramas masculina y femenina, cuyos locales visitaban Aloé y Díaz. En algunas
ciudades estos eran recibidos por caravanas de automóviles –la de Mar del Plata fue
estimada en 150 vehículos-. Los actos se llevaban a cabo en lugares amplios,
siempre con nutridas y entusiastas concurrencias que vivaban largamente a Perón y
Evita, como en Trenque Lauquen, que fue calculada en más de 4.000 personas.
Los mismos se iniciaban con la entonación por parte de los presentes del Himno
Nacional, a los que le seguían las marchas partidarias «Los muchachos Peronistas»
y «Evita Capitana», para luego leer el locutor de turno las Veinte Verdades
Peronistas, como en Bahía Blanca y Pehuajó por caso. Seguidamente hacían uso de
la palabra referentes locales para cerrar la reunión los candidatos a vicegobernador
y a gobernador, con este último pidiendo a los presentes vitorear a Perón y Evita
para concluir sus exposiciones expresando su lealtad a los mismos y prometiendo
llevar a cabo una gestión inspirada en la doctrina justicialista (El Argentino,
18/10/1951, p. 3; 19/10, p. 1; 20/10, p. 1; 21/11, p. 1; 22/10, p. 1; 23/10, p. 1;
24/10, p. 1; 27/10, p. 2; 28/10, p. 2; 29/10, p. 2; 30/10, p. 3; 31/10, p. 1; 1/11,
p. 1; y 3/11, p. 2).
El Argentino informó casi diariamente, no pocas veces en primera página, sobre
todos los actos de los candidatos llevados a cabo en estas ciudades, acompañando

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las crónicas oficiales con fotografías en la mayoría de los casos –aunque no de gran
tamaño-, desde una óptica favorable pero medida. Es de notar que no hubo notas
editoriales dedicadas a la campaña y ninguna entrevista le fue realizada por el
diario a los integrantes de la fórmula oficialista.

La oposición, apenas visible


La oposición política que competía electoralmente contra el peronismo, integrada
por radicales, socialistas, conservadores y comunistas, fue referenciada
mínimamente por El Argentino. La designación de candidatos y los principales actos
proselitistas de éstos fueron consignados en pequeños espacios, sin
acompañamiento fotográfico y relegados la mayoría de las veces a las páginas
interiores del diario aunque, eso sí, resaltando los incidentes que ocurrieron en
algunos de ellos.
El primer partido que eligió sus representantes a presidente y vice fue la Unión
Cívica Radical, que proclamó la fórmula Ricardo Balbín-Arturo Frondizi, en la
convención realizada en la ciudad de Avellaneda, sobre la cual el diario dijo que se
realizó en un «ambiente de calma», exteriorizándose en los discursos pronunciados
por los convencionales las posturas intransigente y unionista (El Argentino,
6/8/1951, p. 3 y 7/8/1951, p. 1). Consignó asimismo el periódico las elecciones de
las fórmulas del Partido Socialista, integrada por Alfredo Palacios y Américo Ghioldi
y del Partido Demócrata Nacional, formada por Reynaldo Pastor y Vicente Solano
Lima (El Argentino, 24/9/1951, p. 3 y 15/10/1951, p. 3), aunque nada publicó de la
presentada por el Partido Comunista, cuyos candidatos eran Rodolfo Ghioldi y Alcira
de la Peña.
En el ámbito de la provincia de Buenos Aires, El Argentino informó que la junta
provincial de la Unión Cívica Radical, atento a que se había presentado una sola
lista para las elecciones internas de candidatos a gobernador y vice, resolvió
proclamar para dichos cargos a quienes encabezaban aquella, Crisólogo Larralde y
Ricardo Rudi (El Argentino, 2/10/1951, p. 3). Respecto del Partido Demócrata
Nacional, dio a conocer que por «unanimidad» de todos los presidentes de comité
de distrito de la provincia se resolvió sostener la fórmula Benito de Miguel- Eduardo
Rojas (El Argentino, 16/9/1951, p. 1). Nada dijo el diario de los integrantes de las
fórmulas de los partidos Socialista y Comunista.
A nivel local, El Argentino dio cuenta de la elección interna de la Unión Cívica
Radical para elegir candidatos a diputados nacionales y senadores y diputados
provinciales en representación de la sección Capital, donde se enfrentaron la lista
Verde, de los intransigentes, y la lista Rosa, de los unionistas, detallando los

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resultados en cada una de las circunscripciones en que estaba dividida la capital
bonaerense (El Argentino, 8/10/1951, p. 2).
De los actos proselitistas realizados por las fuerzas opositoras, se dieron a conocer
en forma escueta algunos del interior y la Capital Federal y los que se hicieron en la
ciudad de La Plata. Tal fue el caso del llevado a cabo por el radicalismo en la Plaza
Constitución de aquella «ante numeroso público», y donde luego de entonarse las
estrofas del Himno Nacional hicieron uso de la palabra en forma sucesiva los
dirigentes Santiago del Castillo, Crisólogo Larralde, Amadeo Sabattini, Francisco
Rabanal y los candidatos Frondizi y Balbín. La reunión concluyó «sin que sus
participantes fueran molestados» (El Argentino, 14/9/1951, p. 3). En La Plata
informó el diario de actos radicales, demócratas, socialistas y comunistas (este en
Berisso), que se desarrollaron también con normalidad. Lo contrario sucedió en el
último de ellos antes del antes del comicio al proclamarse la fórmula radical «ante
una concurrencia numerosa» en la esquina de 7 y 47 - incluyó una fotografía de la
misma-, oportunidad en que hablaron los candidatos a gobernador y a presidente.
Una vez concluida la reunión, un grupo de participantes pretendió dirigirse a la
Casa Radical, situada cerca de allí, siendo impedida esta acción por la policía, que
debió arrojar gases lacrimógenos con el saldo de varios contusos (El Argentino,
10/11/1951, p. 4). No fue la única concentración opositora que concluyó con
violencia, tal como el diario se encargó de narrar para conocimiento de sus lectores
con lujo de detalles. Por caso, consignó otro acto radical en la Plaza Constitución,
que concluyó con dieciséis heridos, producto del intercambio de pedradas de los
manifestantes a la policía, gases lacrimógenos arrojados por esta, y disparos de
armas de fuego efectuados por desconocidos (El Argentino, 9/11/1951, p. 2). Peor
resultado tuvo un acto comunista realizado en la plaza Sáenz Peña de la ciudad de
Paraná, cuando pasaron por el lugar «dos camiones cuyos ocupantes tuvieron
gritos hostiles» hacia los asistentes, produciéndose a partir de allí un intercambio
de disparos con el saldo de una persona muerta (El Argentino, 1/11/1951, p. 1).
Finalmente, en la edición del día de la elección, el diario publicó por primera vez en
toda la campaña pequeñas fotografías con los rostros de los integrantes de las
fórmulas opositoras a nivel nacional y provincial, con excepción de las
correspondientes al partido Comunista (El Argentino, 11/11/1951, p. 3).

La jornada electoral y sus resultados


El Argentino del 11 de noviembre tituló en primera plana «Suspéndese el estado de
guerra interno durante la fecha», expresión que fue seguida de conceptos emitidos
por el ministro del Interior, Ángel Borlenghi, en reunión efectuada sobre el
desarrollo de la campaña proselitista el día anterior con periodistas nacionales y

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extranjeros. Borlenghi afirmó allí que todos los partidos políticos habían llevado
adelante sus respectivas campañas «con amplias garantías» y con «absoluta
libertad y orden» (El Argentino, 11/11/1951, p. 1). Y para respaldar dicho
argumento enumeraba los actos públicos autorizados en la Capital Federal por el
gobierno: 292 del Partido Peronista y la CGT, que fueron realizados en su totalidad;
479 de la Unión Cívica Radical, de los que llevó a cabo 339, lo que para el ministro
constituyó «una vieja táctica antidemocrática de los partidos opositores, pues con
ella copan los principales lugares de la ciudad, impidiendo que otros partidos lo
puedan ocupar» (El Argentino, 11/11/1951, p. 1). El Partido Comunista realizó 212
de los 419 autorizados y el Partido Socialista 16 de 166.
Aparecieron en esa primera página cinco fotografías: las de Perón y Quijano –«
encarnan una aspiración revolucionaria y social»-; las de Aloé y Díaz -«prestigiosos
militantes del movimiento de la Revolución Nacional»-; y la de Eva Perón -«
Abanderada del Justicialismo»-, acompañada esta última de consideraciones acerca
del voto femenino que por primera vez se ejercía en el país, obtenido gracias a su
lucha (El Argentino, 11/11/1951, p. 1).
En el editorial, titulado «Jornada decisiva», el diario destacaba la importancia que
para el ciudadano tenía el ejercicio del voto, que en el momento, a diferencia de
otros que había tenido el país, era respetado. Hizo referencia a la significación que
tuvo la ley Sáenz Peña y lo negativo que había sido su incumplimiento. Sin
mencionarlo, instaba al lector a emitir su voto en favor del oficialismo, sin olvidar
hechos recientes que habían perturbado la vida cívica, como el levantamiento del
general Benjamín Menéndez ocurrido pocas semanas atrás y, con más énfasis, la
necesidad de no volver a épocas signadas por el fraude electoral de la década del
’30:
Razones espirituales y de honda raíz y de perdurable influencia hacen que
nuestro país tenga un acendrado respecto por el veredicto de las urnas, cuando
no se halla viciado de nulidad. De ahí la repulsa que mereciera el insólito
movimiento frustrado y de ahí también el repudio con que se volviera
anteriormente la espalda a los partidos del fraude sistematizado (El Argentino,
11/11/1951, p. 3).
Dos grandes avisos publicitarios del oficialismo aparecieron también en la edición
de ese día, uno del Partido Peronista Femenino de la Provincia de Buenos Aires y
otro del Partido Peronista masculino provincial, distrito La Plata. En el primero se
decía: «La mujer argentina, en el día de su derecho cívico defenderá las conquistas
del justicialismo apoyando a los candidatos del movimiento peronista», junto a una
fotografía de Evita y un listado de locales partidarios para consulta de las afiliadas
(El Argentino, 11/11/1951, p. 2). El segundo rezaba: «Su voto hoy libre constituye
el arma que consolidará definitivamente las conquistas sociales del justicialismo.

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Apoye: Perón-Quijano, Aloé-Díaz», también acompañado con un fotografía del
general Perón y una nómina de locales partidarios (El Argentino, 11/11/1951, p. 4).
La portada del día siguiente a las elecciones estaba encabezada por el título
«Anticipan los primeros cómputos del escrutinio que el pueblo argentino votó la
reelección del General Perón», seguido de la crónica que el diario hizo del acto
eleccionario, ponderando la corrección y el orden de los sufragantes, la
reproducción de los primeros cómputos en el país, la provincia de Buenos Aires y La
Plata, todo ellos junto a fotografías que mostraban las filas de votantes a la espera
de sufragar y de soldados custodiando las urnas, que se sumaron a la mencionada
crónica, que se extendió por las páginas interiores (El Argentino, 12/11/1951, p. 1,
2 y 4). Debe destacarse además que en la portada publicó el periódico sendas
fotografías emitiendo su voto del presidente, de Evita, del gobernador y del
candidato bonaerense –de menor tamaño que el resto-, todos ellos con epígrafes
por demás sugestivos que mostraban el contraste entre los conceptos elogiosos de
los primeros y la ausencia de adjetivos en este último. En forma textual, el del
presidente decía:
El general Juan D. Perón, abanderado del movimiento justicialista argentino, da
el ejemplo en la jornada democrática, depositando su voto en la urna. Una vez
más la palabra del líder se ha cumplido y la justa electoral de ayer se caracterizó
por la limpieza comicial, la garantía ofrecida a los sufragantes y la tranquilidad
ejemplar con que se desarrolló en todos sus aspectos.
El de la Primera Dama:
La señora Eva Perón, líder del movimiento peronista femenino en el país, no
podía estar ausente en la primera jornada electoral de la mujer argentina y,
postrada en cama aún, tras la reciente intervención quirúrgica a la que fue
sometida, emite su voto, que encierra el simbolismo del sacrificio y la lealtad al
partido gobernante.
El del mandatario provincial:
El gobernador de la Provincia, Domingo A. Mercante, deposita el sufragio en la
mesa 275 ubicada en la escuela Nº 12 de la localidad de City Bell. El primer
mandatario bonaerense, de sólida personalidad democrática, concurrió al
comicio como un elector más, confundido entre las filas del pueblo.
Y el del candidato: «Luego de haber esperado turno para votar, vemos en la nota
gráfica al candidato a gobernador de la provincia por el Partido Peronista, mayor
Carlos V. Aloé, emitiendo su voto en la urna instalada en la Facultad de Ciencias
Fisicomatemáticas de nuestra ciudad» (El Argentino, 12/11/1951, p. 1).
En el editorial del día siguiente, titulado «La jornada democrática», el diario
enfatizaba la circunstancia de que en la elección se había hecho realidad el régimen
de sufragio universal, «antes más teórico que positivo», pues habían podido
sufragar los habitantes de los territorios nacionales, que hasta el momento «solo

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intervenían en sus comicios municipales», como así también la mujer, que
representaba a «la mitad del pueblo»”, lo cual ponía fin a una situación
«manifiestamente anacrónica» (El Argentino, 13/11/1951, p. 3). Más adelante
comparaba esta elección con la de 1946 en el sentido de que la voluntad del pueblo
«libremente expresada», se había pronunciado por la candidatura del general
Perón, quien, en el ejercicio del gobierno había llevado adelante una obra
trascendente, por lo que entendía lógico el resultado de las urnas. Concretamente
entonces:
La renovación del mandato presidencial asegura, como bien lo sintió y
comprendió el pueblo sufragante, la continuidad de la magna obra que,
extremando las posibilidades del tiempo y salvando todos los escollas internos
o externos ha conquistado tan notables avances en pro del engrandecimiento
de la Nación y de las condiciones de vida, trabajo y bienestar de ciudadanos y
habitantes (El Argentino, 13/11/1951, p. 3).
Se percibe que El Argentino otorgó una significación notable al triunfo de Perón en
la Nación, en contraposición al tratamiento dispensado al ocurrido a nivel provincial.
En esta línea, el acontecimiento político de mayor relevancia luego de las elecciones
fue la inauguración de la República de los Niños, prevista para el 19 de noviembre,
aniversario de la fundación de la capital bonaerense, que debió postergarse una
semana para asegurar la presencia del presidente de la República.
El título de la primera plana de El Argentino del 26 de noviembre no pudo ser más
elocuente: «Prestigiará el General Perón los actos celebratorios del 69º aniversario
de la fundación de nuestra ciudad» (El Argentino, 26/11/1951, p. 1). Se detallaban
allí una serie de inauguraciones de obras, además de la República, como el acceso
a la ciudad por la avenida 7, el de la diagonal 74 a Punta Lara y el pabellón central
de traumatología y ortopedia del Hospital Policlínico. Al día siguiente el diario
reportaba la crónica de lo sucedido con otro título alusivo: «En celebración del 69º
aniversario de esta ciudad, el presidente habilitó grandes obras» (El Argentino,
27/11/1951, p. 1), con la consiguiente crónica de su actividad en la ciudad junto al
gobernador y también al gobernador electo. Cuatro fotos que ocupaban más de un
tercio de la superficie de la página mostraba a Mercante con Perón ingresando a la
Catedral para la celebración del Tedeum, con Aloé en el transcurso del mismo, otro
junto a la multitud que se acercó al encuentro del presidente a la salida del templo,
y otra con Perón en el balcón de la Casa de Gobierno de la República de los Niños.
Precisamente en el acto central de esta inauguración adquirieron significación los
discursos del presidente y del gobernador. En el suyo, Perón lamentó la ausencia de
Evita debido a su estado de salud, agradeció a Mercante la obra y a que con la
misma se había hecho realidad el apotegma de su gobierno: «en la Nueva
Argentina los únicos privilegiados son los niños» (El Argentino, 26/11/1951, p. 1).

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Mercante por su parte, elogió las figuras de Perón y de Evita, lamentando también
su ausencia en el acto, para pasar luego a referirse a la inauguración de una obra
que consideraba «patrimonio de esta provincia de Buenos Aires», cuyo sentido
pedagógico era uno de sus fundamentos, el que sería expresado en función de «
un contacto directo con las responsabilidades ciudadanas», dentro de un clima de «
comprensiva alegría». Por ello, afirmaba, «creo en el porvenir de este centro
educativo que desde hoy queda en manos de sus beneficiarios para goce de todos y
bajo la tutela de la Fundación Eva Perón» (El Argentino, 27/11/1951, p. 3).
Es decir que una obra construida con fondos públicos provinciales y para disfrute de
los habitantes de la Provincia, no sería administrada por el gobierno bonaerense
sino por una institución de alcance nacional que no se relacionaba
administrativamente con el mismo. En otros términos, no estuvo en el ánimo de
Mercante dejar el usufructo de la obra a su sucesor, como seguramente podía
esperarse de haber primado la armonía y no el distanciamiento entre un
gobernante que dejaba el cargo en manos de otro de su misma fuerza política.

Conclusiones
Si un desprevenido consultara las ediciones del diario El Argentino de los meses de
la campaña electoral de 1951 no tendría dudas de que el candidato a presidente de
la nación por el justicialismo fue el general Juan Perón. Pero le surgirían
interrogantes sobre el candidato a gobernador bonaerense por la misma fuerza
política. En efecto, el tratamiento otorgado por el periódico a la figura del
gobernador en ejercicio, Domingo Mercante, fue tan disímil en relación a las del
candidato al cargo, Carlos Aloé, que solo se explica por la orientación política del
periódico, que respondía sin fisuras al primero de los mencionados.
En el marco del enfrentamiento solapado entre Perón y Mercante, en el cual Aloé
fue el elegido por aquel para limar el poder del gobernador, el periódico tuvo un
margen de maniobra por demás estrecho para elaborar un discurso que no
colisionase con el candidato del presidente, que era el líder político indiscutido del
movimiento. El mismo consistió en ponderar significativamente la gestión
gubernativa de Mercante en línea con la del gobierno nacional, acotando lo más
posible la cobertura de la campaña proselitista de Aloé. Así, el espacio otorgado en
las páginas de El Argentino a las actividades y obra del gobierno mercantiano, con
un tratamiento fotográfico acorde, fue notablemente superior de la destinada al
candidato a gobernador, aunque sin punto de comparación con el brindado a la
oposición política, apenas visible.

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Referencias
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1945-1955. Buenos Aires: Pueblo Heredero/EDUNTREF.

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