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El Pirata Garrapata en Africa

El pirata Garrapata se embarca en una aventura hacia África para rescatar a Floripondia, quien ha sido secuestrada por la tribu de los tragaldabas. Con su tripulación, enfrenta diversos desafíos y situaciones cómicas mientras busca a su amiga. La historia está llena de personajes coloridos y momentos divertidos que resaltan la valentía y la amistad.
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El Pirata Garrapata en Africa

El pirata Garrapata se embarca en una aventura hacia África para rescatar a Floripondia, quien ha sido secuestrada por la tribu de los tragaldabas. Con su tripulación, enfrenta diversos desafíos y situaciones cómicas mientras busca a su amiga. La historia está llena de personajes coloridos y momentos divertidos que resaltan la valentía y la amistad.
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La terrible tribu

El pirata Garrapata
3

de los tragaldabas
+ 8 años
en África
amenaza con comerse
a la hermosa Floripondia,
a quien Pistolete había
secuestrado hacía años.
El pirata Garrapata Juan Muñoz Martín
no lo duda un segundo
y se hace a la mar… Ilustraciones
¡rumbo a África!

SERIE PIRATA GARRAPATA


18.ª EDI CI ÓN
de Antonio Tello

JUAN MUÑOZ MARTÍN


PIRATA GARRAPATA

¡Arriad las velas!


¡Levad anclas!

EL PIRATA GARRAPATA EN ÁFRICA


El pirata Garrapata
y su loca tripulación
están listos para partir
rumbo a la aventura.

172094
El pirata Garrapata
en África
Juan Muñoz Martín

Ilustraciones de Antonio Tello


Primera edición: octubre de 2001
Decimoctava edición: septiembre de 2018

Gerencia editorial: Gabriel Brandariz


Coordinación editorial: Carolina Pérez
Coordinación gráfica: Lara Peces

© del texto: Juan Muñoz Martín, 2001


© de las ilustraciones: Antonio Tello, 2018
© Ediciones SM, 2001, 2018
Impresores, 2
Parque Empresarial Prado del Espino
28660 Boadilla del Monte (Madrid)
www.grupo-sm.com

ATENCIÓN AL CLIENTE
Tel.: 902 121 323 / 912 080 403
e-mail: [email protected]

ISBN: 978-84-675-8587-2
Depósito legal: M-19541-2018
Impreso en la UE / Printed in EU

Cualquier forma de reproducción, distribución,


comunicación pública o transformación de esta obra
solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares,
salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO
(Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org)
si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Se busca al pirata Garrapata,
perdido en las tierras misteriosas de África.
Se recompensará con un millón
de carcajadas.

A Juan y Joaquín, mis hijos.


Buscadlos, buscadlos
debajo de la gota de cera
que sepulta la palabra de un libro...
Rafael Alberti

Terminaba yo mi segundo Garrapata en la taberna


del Sapo Verde cuando el capitán pirata, que se resis-
tía a morir, se levantó de la mesa y gritó:
–¡Posadero, una jarra de tinta para el autor!
Yo lo tomé a broma.
Mas ahora que se amontonan sobre mi mesa cartas
y cartas pidiendo su retorno, he vuelto a la taberna.
Pero estaba vacía.
Ya no había risas, ni gritos, ni juramentos. ¿Dónde
se habían ido?
Los busqué y no los encontraba. Nadie sabía de
ellos. Sobre la mesa quedaba la jarra, llena aún de tinta
fresca.
Entonces mojé la pluma, moví la mano y empezó
a surgir sobre el papel la alegre algarabía de mis per-
sonajes.
¡Qué alegría volver a oír sus viejos juramentos, sus
gritos, sus carreras...!
Y aquí los tenéis de nuevo si abrís las páginas del
libro.

7
Dramatis personae et animalia
(Por orden de aparición)

11.  Una paloma
12.  Un gato
13.  Sir Philis Morris (cónsul inglés)
14.  Los patacos de seis patas
15.  El león
16.  Las chinches
17.  El rinoceronte
18.  Un saltamontes
19.  Banana
10.  La hiena
11.  Los monos
12.  Mariposas gigantes
13.  El águila
14.  Los avestruces
15.  La hermosa Casilda
16.  Los búfalos
17.  La tribu de los peluqueros
18.  Moscas tsé-tsé
19.  El cocodrilo
20.  Pascasio, el orangután
21.  El hipopótamo

9
22.  El rey Katapumba
23.  Zambomba, el hechicero
24.  Los elefantes
25.  Los buitres y marabúes
26.  La pantera
27.  Los grillos salvajes
28.  La tribu de los pelagatos
29.  La tribu de los tragaldabas
30.  Los cangrejos gigantes
31.  El rey Mendrugo
32.  El rey de los hojalateros
33.  El hechicero de los tragaldabas
34.  El dios Rinoceronte
35.  Serpientes, arañas, escorpiones
y cucarachas
36.  El caracol gigantesco
100 porteadores exprisioneros,
150.000 guerreros, manadas de mosquitos,
búfalos y hormigas, etcétera
•1
Jugando al parchís • Una paloma •
Soy Floripondia • Rumbo a África •
¡Bugui, bugui! • El Salmonete I • La ballena
a cuestas • Dos mil kilómetros

Era una mañana de primavera. El sol lucía


en el cielo. Un hermoso velero surcaba las aguas
del océano.
En su bandera negra tenía pintada una cala-
vera. Carafoca vigilaba el mar con el catalejo del
revés.
–¡Qué pequeño se ve todo! –exclamó el pirata.
En la bodega, los piratas gritaban mientras ju-
gaban al parchís. En un rincón, el capitán Garra-
pata lloraba. Hacía años que Pistolete se había
llevado a la infeliz Floripondia en el Salmonete I.
–¿Dónde estará? –gemía Garrapata.
Miss Laurenciana hacía calceta en un taburete.
El teniente Lechuguino sacaba punta a su sable
con un sacapuntas.
–¡Enemigo a la vista! –chilló Carafoca desde
arriba.

11
Los piratas cogieron los sables y subieron la es-
calera a empujones. Miss Laurenciana subió con
el rodillo de la cocina.
–¡Zafarrancho de combate! –ordenó Garrapata.
Los marinos limpiaron las telarañas de los ca-
ñones. Lechuguino trajo dos barriles de pólvora.
El Chino subió los cuchillos de picar carne. Todo
era ruidos, carreras y pisotones.
–¿Dónde está el enemigo? –preguntó Garra-
pata.
–Allí. Cinco grados a estribor.
Garrapata miró y rechinó los dientes.
–Cobardes. ¡Pero si es una paloma!
–Ya lo sé. ¿Y si nos pica?
Garrapata dio un bofetón a Carafoca. La pa-
loma llegó y se posó en el mástil.
–¡Tiene una calta en el pico! –gritó el Chino.
–Sube a por ella –ordenó Garrapata a Carafoca.
–No, que me pica.
Ningún pirata se atrevía a subir. Por fin subió
el Chino y cogió la paloma del pescuezo. El capi-
tán leyó la carta y cayó desmayado; la leyó Cara-
foca y cayó desmayado. El doctor Cuchareta se
agarró al palo mayor y la leyó en voz alta:
–«Soy Floripondia. Estoy en África, en la tribu
de los tragaldabas. Me van a comer. Venid pronto».
–¡Yo no voy! –chilló Carafoca dando un salto.

12
–¡Cobarde! –gritó Garrapata levantándose.
–¿Cobarde yo? ¡Allá voy! –aulló entonces Cara­
foca, lanzándose de cabeza al agua.
Garrapata lo agarró de una pierna y lo metió
otra vez en el barco.
–¡Espera! Iremos todos.
–¡Hurra! –gritaron los piratas dando saltos.
Miss Laurenciana lloraba de alegría. La ba-
llena que acababan de pescar empezó a dar cole-
tazos alegremente.
–¡Rumbo a África! –chilló Garrapata.
–¡Rumbo a África! –gritaron todos, muy con-
tentos.
–Sí... ¿Y dónde está África? –preguntó el ti-
monel.
Garrapata se rascó la cabeza.
–Pues no lo sé.
Carafoca se dio una palmada en la frente y ex-
clamó:
–¡Preguntaremos a un guardia!
–Bueno... ¿Y dónde está el guardia?
En esto, la paloma echó a volar.
–¡Que se va la paloma! –lloraba Carafoca.
–¡Seguidla! –ordenó Garrapata.
–¡Es verdad! ¡Nos llevará a África!
El Salmonete II largó todas las velas y persiguió
a la paloma. El viento era favorable, y el barco
corría velocísimo cuesta abajo.
–¿Qué velocidad llevamos?
–Cien kilómetros por hora.

14
–¿Qué tierra es esa?
Calabacín miró por el anteojo y leyó en un car-
tel con letras muy grandes.
–«África».
–¡Hurra! –gritaron los marineros.
–Mirad. Allá está el Salmonete I.
Era Zanzíbar. Una ciudad bellísima. Hom-
bres de piel negra vestidos de blanco y hombres
de piel blanca vestidos de negro paseaban por las
calles.
–Enfilad el puerto –ordenó Garrapata.
El barco, que llegaba lanzado cuesta abajo,
se dio contra un bergantín cargado de huevos de
avestruz.
–¡Tortilla a babor! –gritó Carafoca.
El bergantín se fue a pique. El Salmonete II fue
a embarrancar al lado de un almacén de botijos,
y no quedó uno sano.
–¡Bugui, bugui! –gritaba la exaltada muche-
dumbre que abarrotaba el puerto.
–¡Cha, cha, cha! –chilló Carafoca bajando por
la escalerilla.
Los nativos se abalanzaron sobre él, dando
aullidos. Hermosas mujeres llevaban coronas de
flores.
–¡Que me aplastan! –chilló Carafoca corriendo.

15
Garrapata quiso levar anclas, pero alguien le
dijo:
–Aguarde un momento.
Los nativos alcanzaron a Carafoca. Uno muy
alto frotó su nariz en la nariz de Carafoca, en se-
ñal de respeto.
–¡Cochino! ¿No tienes pañuelo? –gritó Cara-
foca.
Una hermosa joven, llamada Casilda, le dio un
beso en una oreja, y el pobre pirata se puso como
un pimiento.
–Vamos al Salmonete I –ordenó, riendo, Garra-
pata.
Abrazaron con lágrimas los palos, las puertas
y las sillas.
–¿Hay alguien? –preguntó Garrapata.
–¡Sí! –gritó Carafoca en la bodega.
–¿Quién es?
–Un gato.
–Es el de Floripondia –exclamó Chaparrete.
El gato fue subido con todos los honores. Los
marineros lo abrazaron, y Garrapata, enternecido,
le dio un beso en el hocico. El gato, a cambio, le
soltó un arañazo.
–Metedlo en un saco –ordenó Garrapata.

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