Fallo
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Relató que por padecer sinusitis crónica, producto de una
desviación septal, fue atendido por un médico especialista en
otorrinolaringología dependiente de la clínica demandada, quien
determinó que debía intervenirlo quirúrgicamente. Que la operación
se programó para el día 16 de octubre de 2013.
Sostuvo que en la fecha referida, cuando ya se hallaba
preparado para el acto quirúrgico, intubado y bajo los efectos de la
anestesia general, sufrió un broncoespasmo severo de compleja
resolución, a causa del cual se suspendió la intervención quirúrgica.
Sostiene el reclamante que el equipo médico que debía
realizar la operación incurrió en impericia por no haber adoptado los
recaudos tendientes a prevenir la ocurrencia del broncoespasmo
sufrido, teniendo en cuenta que el actor era un paciente asmático.
IV.-Como previo y antes de entrar en el tratamiento de
los agravios deducidos cabe precisar que el nuevo Código Civil y
Comercial de la Nación que entró en vigencia el 1 de agosto de 2015
aprobado por la ley 26.994 contempla de manera expresa lo relativo a
la “temporalidad” de la ley. Es menester interpretar coherentemente lo
dispuesto por su art. 7° sobre la base de la irretroactividad de la ley
respecto de las situaciones jurídicas ya constituidas, y el principio de
efecto inmediato de la nueva ley sobre las situaciones que acontezcan,
o relaciones jurídicas que se creen con posterioridad a su vigencia, así
como a las consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas
existentes. Las consecuencias son los efectos, -de hecho o de derecho
que reconocen como causa, una situación o relación jurídica por ende
atento que en los presentes obrados la situación de que se trata, ha
quedado constituida, con sus consecuencias devengadas, conforme a
la ley anterior, corresponde analizar la cuestión a la luz de la misma,
así como la doctrina y jurisprudencia a ella aplicable.
Por lo demás, adelanto que seguiré a los recurrentes en las
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c/ Raz y Cía S.A. s/ daños y perjuicios derivados de la vecindad” Cita:
MJ-JU-M-90231-AR | MJJ90231 | MJJ9023, entre otros).
Sabido es que el recurso de nulidad puede definirse
como el remedio tendiente a invalidar una resolución que se ha pro-
nunciado con omisión de los requisitos de lugar, tiempo y forma que
establece la ley, o que es la conclusión de un procedimiento viciado,
en la medida que el vicio se exteriorice en una resolución judicial (De
los Santos, Mabel, “El recurso de nulidad”, Revista de Derecho Proce-
sal N° 3, Medios de impugnación. Recursos II, p. 191 Ed. Rubenzal-
Culzoni).
Su finalidad, entonces, es obtener la invalidación de un
pronunciamiento cuando se han incumplido los requisitos que condi-
cionan la validez de las resoluciones judiciales o, cuando el procedi-
miento adolece de defectos que no pueden ser subsanados (arts. 34,
inc. 4°; 163 y 253 del Código Procesal), de manera que quedan ex-
cluidos del recurso los errores de juzgamiento de hecho y de derecho
de la resolución (errores in iudicando), pues se trata de materia propia
de los demás recursos, en especial del recurso de apelación (Arazi- De
los Santos, “Recursos ordinarios y extraordinarios”, Ed. Rubinzal-
Culzoni, 2005, p. 231 y sgtes.; CNCiv Sala “J”, 20/5/2019, “Expte N°
37824/2010 “Murciego Juna María s/ sucesión Ab-intestato”).
La nulidad de la sentencia sólo procede cuando adole-
ce de vicios o defectos de forma o construcción que la descalifican
como acto jurisdiccional, es decir, cuando ha sido dictada sin sujeción
a los requisitos prescriptos por la ley adjetiva, (arts. 34 y 163 CPCCN)
pero no en hipótesis de errores in iudicando. que de existir, pueden ser
reparados mediante el recurso de apelación, en el que el tribunal de al-
zada puede examinar los hechos y el derecho con plena jurisdicción.
En efecto la nulidad sólo es admisible si se invoca un perjuicio que
debe traducirse en una restricción a la garantía de la defensa. De allí
que si los vicios -en caso de existir- no son de tal magnitud que pue-
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Sarmiento, Cristina y otro c/ Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”;
Id., id., 17/08/2010, “Benítez Eduardo Aparicio c/ Sarrabayrouse Juan
Ignacio, y otros s/ daños y perjuicios”, E. D. 28/12/2010, Nº 12.657,
La Ley Cita online: AR/JUR/45017/201; Id., id., 31/5/2011, Expte.
117.079/2001, “Salguero de Fratte, Gladys c/ OSDE (Organización
Servicios Directos Empresarios) y otros s/daños y perjuicios” La Ley
Cita online: AR/JUR/21670/2011; Id., id.,11/9/2007, “Aguirre, Rene
Héctor c/ Lespada, Pedro y otros s/ daños y perjuicios”; Ídem id,
28/12/2020 Expte N° 89.402/2010 “Rojas José c/ Marpama y otros s/
daños y perjuicios”; Ídem id, 8/6/2021, Expte 30932/2013 “Rodríguez
Mario Adrián c/ Instituto de Maternidad y Cirugía S.A. y otros s/
daños y Perjuicios”; entre otros muchos).
A los efectos de apreciar la naturaleza de la actividad
médica se han señalado una serie de aspectos que configuran la lex
artis ad hoc como tener en cuenta el caso concreto en que se produce
la intervención médica y las circunstancias en que la misma se
desarrolle, así como las incidencias conexas al normal ejercicio
profesional, para lo que han de valorarse las especiales características
del autor del acto médico, de la profesión, de la complejidad y
trascendencia vital del paciente y, en su caso, la influencia de otros
factores endógenos –estado del paciente, de sus familiares y de la
misma organización sanitaria-, y así calificar el acto médico como
conforme o no a la técnica normal requerida; pero, dada la
trascendencia que para el paciente reviste en muchas ocasiones la
intervención médica, debe exigirse la diligencia que el derecho sajón
califica como propia de las obligaciones de mayor esfuerzo.
Sostiene Alonso Pérez que al médico, en el ejercicio de su
auctoritas artis, hay que exigirle un grado elevado de responsabilidad.
La diligencia particularmente esmerada forma parte en el pensamiento
clásico de la responsabilidad aquiliana. La diligencia exigible por el
art. 902 del Código Civil derogado (art. 1725 del actual ordenamiento
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dos Dalmacio Vélez Sarsfield y otros s/daños y perjuicios", E. D. 216-
548 y fallos allí citados, entre muchos otros).
La obligación asumida por el profesional no es a
obtener un resultado, sino tan sólo a poner los medios adecuados para
alcanzar esa finalidad, esto es, de prestar asistencia técnicamente
adecuada, poniendo al servicio del enfermo el caudal de
conocimientos científicos que su título acredita y prestándole la
diligente asistencia profesional que su estado requiere.
Es decir, que su conducta profesional debe representar un
actuar diligente y prudente de acuerdo a las circunstancias del caso, en
la que el galeno no se compromete a alcanzar un fin determinado, sino
que se obliga a cumplir una prestación eficaz e idónea, con ajuste a
los procedimientos que las respectivas técnicas señalan como más
aptas para el logro de los objetivos del paciente enfermo.
En consecuencia, la omisión de esta carga representa la base
fundamental de los llamados casos de “mala praxis”, en los que por un
error de diagnóstico o un inapropiado tratamiento clínico o quirúrgico,
nace la responsabilidad civil del médico con sustento en el elemento
subjetivo de la culpa (conf. Labombarda, Pablo M., “La responsabili-
dad del Estado por la mala praxis médica en hospitales públicos”, L.L.
07/12/2004, pág. 1).
La carga de la prueba pesa sobre quien alega el obrar ilícito,
y para que quede comprometida la responsabilidad de los médicos por
los hechos cometidos en ejercicio de su profesión, el paciente debe
demostrar la culpa en la realización de la atención médica prestada, la
existencia de daño que le hubiere sobrevenido a causa de ese hecho y
la relación de causalidad entre el incumplimiento y el daño
experimentado. Basta, que alguno de estos requisitos fracase para que
el deudor quede exento de responsabilidad por las consecuencias de
su actividad (Alsina Atienza, JA 1958-III-587; Bustamante Alsina,
nota en la LL l976-C,63; CNCiv. Sala "D", ED 95-302).
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antijurídica, según el orden natural y ordinario de las cosas conforme
lo establecía el art 901 del Código Civil derogado, y la determinación
de la existencia de tal nexo causal constituye una cuestión de hecho
que debe ser resuelta por los jueces, ameritándose las pruebas
arrimadas en autos (Conf. [Link]., sala “J”, 9/7/2005, Expte.
52.188/99, “Benito Sarmiento, Cristina y otro c/ Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires”; Ídem., id., 4/6/2009, Expte. 150.949/95
“Ávila Fernández, Basilia c/ Hospital General de Agudos J. M. Ramos
Mejía y otros s/ daños y perjuicios”; Ídem., id., 17/08/2010, “B., E. A.
c. S., J. I. y otros s/ daños y perjuicios”, E. D. 28/12/2010, Nº 12.657;
Id.., id., 31/5/2011, Expte. 117.079/2001 “Salguero de Fratte, Gladys
c/ OSDE (Organización Servicios Directos Empresarios) y otros
s/daños y perjuicios”; Id id, 31/5/2012, Expte N° 89.973/2007 “Lamas
c/ O.S.C.O.M.M y otro s/ daños y perjuicios responsabilidad Prof.
Médicos y Auxiliares”; Id id, 2/5/2019, Expte N° 30385/2007 “C L V
y otros c/ Clínica Privada Nuestra Señora del Carmen y s/ daños y
perjuicios”).
De ahí que en el reclamo de daños y perjuicios si no se
acreditó efectivamente que las condiciones en que se le prestó el
tratamiento fueron inadecuadas, debe considerarse que no se ha
demostrado el nexo adecuado de causalidad. El hecho antijurídico o el
incumplimiento, el factor de atribución, el nexo causal y el daño serán
motivo de esfuerzo demostrativo. (Lorenzetti, Ricardo. “Carga de la
prueba en los procesos de daños”. Revista Jurídica La Ley
Responsabilidad Civil. Doctrinas esenciales. Partes general y especial.
T. III. Bs. As. 2007. Pág.567 y ss.).
Asimismo y en cuanto a la responsabilidad de los
hospitales y clínicas recién surgirá, en principio, cuando se acredite la
culpa médica. Vale decir, que el incumplimiento de aquéllas
necesariamente va a estar ligado al incumplimiento previo de los
deberes que estaban en cabeza de los galenos.
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En atención a las consideraciones efectuadas se analiza-
rán los agravios y las pruebas aportadas a la causa en torno a la cues-
tión debatida en los presentes.
No puede soslayarse que, en procesos como el presente,
el dictamen pericial adquiere una especial significación desde que re-
sulta ser, en la generalidad de los casos, la "probatio probatissima"
(conf.: Rabinovich Berkman, R.D. "Responsabilidad del Médico",
pág. 239, núm. 52, ed. Astrea, 1999).
En materia de procesos de daños y perjuicios por mala
praxis médica, la prueba pericial resulta de particular relevancia en lo
que se refiere al análisis de la conducta desarrollada por el profesional
actuante, así como a la existencia y entidad de las lesiones por las que
se reclama.
Se ha dicho que en materia de responsabilidad médica se
acentúa el significado de la pericia, que es evaluada según las reglas
de la sana crítica. Cuanto mayor es la particularidad del conocimiento,
menor es la posibilidad de apartarse. Sin embargo, esa importancia no
implica aceptación lisa y llana. El juez no homologa la pericia, la ana-
liza, la examina, la aprecia con las bases que contiene el art. 477 del
Código Procesal (conf. Cipriano, Néstor A.,"Prueba pericial en los jui-
cios de responsabilidad médica (Finalidad de la prueba judicial)", en
LL, 1995-C-623).
Cierto es que las peritaciones médicas no son impera-
tivas para el juez, pero el magistrado debe rastrear la verdad, basado
en lo que dicen los médicos. No interpreta los principios ni los crite-
rios médicos, ni los discute bajo una óptica científica, pues ello sería
muy peligroso, en estos casos el juez no ingresará en el campo de la
ciencia médica para discutir lo que no sabe o no conoce, sino que ha
de aplicar criterios de orden procesal o sustancial, obviamente de rai-
gambre jurídica, que podrán conducirlo a admitir o desestimar la pre-
tensión intentada por el paciente (conf. Bueres, Alberto J., "Responsa-
bilidad civil de los médicos" ed. 1992, pág. 54, CNCiv., Sala C, 22-9-
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cesible para la intubación endotraqueal. Una vez en quirófano, se pro-
cedió a la preoxigenación y monitorización con Electrocardiograma de
5 derivaciones, Presión arterial no invasiva y Saturación de oxigeno
por pulsioximetría. La Dra. Sac realizó la inducción anestésica con
180 mg de propofol, 200 microgramos de Fentanilo y 3,5 mg de vecu-
ronio. Se efectuó la intubación orotraqueal con videolaringoscopio y
tubo del número 7,5. Se colocó en un circuito semicerrado con respira-
ción mecánica controlada. Luego de la inducción anestésica se com-
probó broncoespasmo motivo por el cual se administró hidrocortisona
500 mg, salbutamol en puff, cediendo el mismo. Teniendo en cuenta
el broncoespasmo la Dra. Sac y el Dr. Miranday, decidieron suspender
la cirugía que no era de carácter urgente, hasta ser valorado por clínica
médica y completar estudios. El paciente salió de quirófano despierto,
siendo dado de alta a las 19 hs. hemodinamicamente compensado con
buena entrada bilateral de aire sin ruidos agregados, para ser estudiado
por consultorio externo”.
A la pregunta sobre si la valoración anestésica fue correc-
ta, el perito respondió: “De acuerdo a sus antecedentes de enfermeda-
des según consta en su historia clínica fue correcta. De acuerdo a lo
observado en la historia clínica y según la clasificación ASA II se en-
cuentra correctamente valorada”.
Afirmó que los anestésicos utilizados fueron los de uso
habitual para una cirugía de esas características y señaló: “Según
consta en la historia clínica el paciente fue monitoreado, presentó un
broncoespasmo en la inducción que fue resuelto satisfactoriamente”.
Que “Según consta en el expediente presenta firmado el consentimien-
to” y que “fue dado de alta sin complicaciones”.
Seguidamente sostuvo: “Este perito considera que es un
paciente que pudo haberse realizado la cirugía con anestesia general y
monitoreo, sus antecedentes que constan en la historia clínica que po-
dría darle el trato de paciente de riesgo, como su asma de larga data
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El perito respondió a fs. 252/254, refiriendo: “El antece-
dente de broncoespasmo solamente no se considera patología de ries-
go si no se encuentra acompañado de episodios reiterados. Según sur-
ge de la entrevista el paciente estaba solamente medicado como medi-
cación de base con salbutamol, no refirió ningún episodio agudo que
lo haya llevado un servicio de emergencia. Respecto a la apnea del
sueño fue resuelta con la utilización del CIPAP y en la entrevista no
surgieron complicaciones de la misma”…. “En los estudios prequirúr-
gicos deben solicitarse aquellos que se relacionen con, la cirugía a rea-
lizar y los antecedentes del paciente. En este caso la falta de historial
médico de complicaciones de su asma o apnea del sueño y un examen
físico respiratorio normal amerita el pedido de estudios habituales.
Ante la complicación posterior es que luego debe solicitarse la inter-
consulta con un neumólogo y Rx de tórax”… “Este perito ratifica lo
dicho con anterioridad, el paciente no era considerado de riesgo dado
que no presentaba un historial de complicaciones, la cirugía no es con-
siderada de riesgo, la rinitis no es una patología de riesgo y la apnea
del sueño puede presentar riesgo si presenta complicaciones que fue-
ron evitadas con la utilización del CIPAP”… “Vuelvo a ratificar el pa-
ciente previo a la cirugía no tenía elementos para sospechar que era un
paciente de riesgo, frente a la complicación prevaleció la cordura,
dado que de haber continuado con la práctica quirúrgica podría haber
finalizado con complicaciones graves o bien el fallecimiento del pa-
ciente”.
Concluyó el experto expresando: “El Sr Bedini Guillermo
presentaba como antecedente Asma, Rinitis y Apneas del sueño. Res-
pecto al asma no presentó un historial de complicaciones, internacio-
nes o consultas urgentes a servicios de emergencia, tampoco se ve en
su historial médico pedido de espirometrías a repetición ni presenta
actualmente alguna complicación o secuela. Respecto a la rinitis no es
una patología de gravedad. Respecto a la apnea del sueño la complica-
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depende enteramente del profesional, sino que a veces se ve influen-
ciado por factores ajenos a él, como son el riesgo quirúrgico, el ade-
lanto de la ciencia, la caprichosa reacción corporal de cada individuo,
u otras circunstancias imposibles de controlar (Conf. CNCiv. Sala C,
30/9/2021, “ R. R. R. c/ G. R. F. s/ daños y perjuicios” Cita: MJ-JU-
M-134821-AR|MJJ134821| MJJ134821).
El fracaso o ausencia de éxito no significan incumpli-
miento, cabe tener presente que la índole de la ciencia médica no ad-
mite afirmaciones categóricas que permitan comprender la infinita va-
riedad que puede presentar la reacción del físico de los distintos suje-
tos (Sala G, L.L. 1985-C, pág. 548).
El sistema de determinación de la culpa conforme el an-
tes vigente ordenamiento civil - arts.512 y 902- adopta el régimen de
la culpa en concreto, en razón de la cual, la imputación de una con-
ducta reprochable deberá ser el resultado de una comparación entre lo
obrado por el autor del hecho y lo que habría debido obrar para actuar
correctamente, teniendo en cuenta la naturaleza de la obligación, las
circunstancias de tiempo y lugar y la prudencia y conocimiento de las
cosas que hacían a su condición.
No se evidenció en el curso del proceso que haya
existido culpa o negligencia alguna en los profesionales que
asistieron al actor durante la cirugía en cuestión, pues el perito
médico fue concluyente al afirmar que la actuación médica fue acorde
a lo habitualmente protocolizado y que el paciente previo a la cirugía
no presentaba elementos para sospechar que era un paciente de riesgo.
Señaló que “el examen médico en la pre anestesia no reveló la
posibilidad de un broncoespasmo en la anestesia” y que los estudios
prequirúrgicos solicitados fueron acordes a los antecedentes del
paciente
La prueba pericial resulta ser explicativa y concluyente.
Es así que analizada en su conjunto y armónicamente de acuerdo con
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circunstancias del caso concreto. Dicen los autores citados en este
párrafo: "sólo se genera responsabilidad del médico si su conducta
implica un abuso, sometiendo al paciente a un riesgo ilegítimo o que
implique una desviación de la finalidad curativa" (ob. citada, pág.
432) Lo que ha quedado evidenciado que no ocurrió en el caso.
El derecho no resuelve las cuestiones médicas divididas y
mientras lo obrado no desnude un accionar arbitrario, ilógico o
abusivo no habrá responsabilidad (MORELLO, Augusto M. -
MORELLO, Guillermo C., El derecho y las opciones médicas, JA
2002-III-641).
En virtud de las consideraciones vertidas en los
presentes, no resulta posible achacar responsabilidad al profesional
actuante cuando su conducta no ha merecido reproche alguno y no
existe relación causal entre el daño final que dice haber sufrido el
actor y el acto médico (Calvo Costa, Daños ocasionados por la
prestación médico – asistencial, Ed. Hammurabi, pág. 157, pág. 157)
Sabido es que en materia de responsabilidad médica, la
variedad y complejidad de situaciones que pueden plantearse impide
establecer soluciones unívocas, pero cabe recordar que el daño no es,
en todos los casos, revelador de culpa y de causalidad adecuada; ello
así, puesto que no siempre los daños que experimente el paciente
pueden ser imputados al obrar del médico (Calvo Costa, op. cit. pág.
195 y ss).
En los presentes si bien no hubo una imputación concreta
del yerro atribuible al demandado, de la prueba antes producida no se
puede tener por configurada la necesaria relación de causalidad
exigida por la normativa legal.
Por ello, las imputaciones a los demandados, con las
secuelas que presenta el actor, aún dentro de una razonable aplicación
de la carga del onus probandi, no permite, a mi juicio, sostener una
condena, que siempre debe estar asentada en una razonable certeza de
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Obrera Metalúrgica de la República Argentina y otros s/ daños y
perjuicios” ; idem 22/2/2022 Expte. N° 74.106/2015 “Martin, Sandra
Analía c/ Milito, Mónica y otros s/ Daños y perjuicios”; entre otros).
No es ocioso recordar que el consentimiento informado
es la posibilidad del paciente de elegir el tratamiento a seguir, tras
haber recibido información suficiente y adecuada a su comprensión
sobre el diagnóstico y el pronóstico de la afección que sufre y de las
alternativas terapéuticas.
Sobre la insuficiencia del consentimiento informado, la
jurisprudencia de esta Excma. Cámara ha dicho que "no pueden
adoptarse decisiones generales o criterios simplificadores debiendo
examinarse la cuestión en cada caso en particular y estarse finalmente
a la teoría de la causalidad adecuada" (CNCiv, Sala "K", Castiglioni c/
Cosentino, 31/08/2012; Ídem 30/11/2021 Sala C “ R. R. R. c/ G. R.
F. s/ daños y perjuicios”, Cita: MJ-JU-M-134821-AR|MJJ134821|
MJJ13482)
Bajo tal prisma cabe mencionar que el perito médico ha
dictaminado que en el caso se ha firmado el consentimiento, sin
existir prueba idónea tendiente a demostrar su insuficiencia ni
tampoco se ha probado la incidencia causal que -en la mejor de las
hipótesis para el actor- podría haber existido entre aquel supuesto
defecto y el daño invocado. Las meras manifestaciones no bastan al
efecto.
Como antes señalara, en el caso, no se puede tener por
configurada la necesaria relación de causalidad exigida por la
normativa legal, pues no surge de las probanzas arrimadas al proceso
ningún elemento que permita establecer o vislumbrar, con el grado de
certeza requerida, negligencia, impericia, o error del procedimiento
que debía ser el indicado al caso.
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