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Clase 2 Literatura 2025

La clase aborda teorías literarias y su didáctica, centrándose en el formalismo y el estructuralismo como enfoques críticos. Se discuten las contribuciones de autores como Roman Jakobson y Ferdinand de Saussure, destacando la importancia de estudiar la literariedad y los mecanismos lingüísticos en la literatura. Además, se plantea la necesidad de una comprensión objetiva y analítica de las obras literarias, diferenciando entre la interpretación subjetiva y el análisis estructural.

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Clase 2 Literatura 2025

La clase aborda teorías literarias y su didáctica, centrándose en el formalismo y el estructuralismo como enfoques críticos. Se discuten las contribuciones de autores como Roman Jakobson y Ferdinand de Saussure, destacando la importancia de estudiar la literariedad y los mecanismos lingüísticos en la literatura. Además, se plantea la necesidad de una comprensión objetiva y analítica de las obras literarias, diferenciando entre la interpretación subjetiva y el análisis estructural.

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INSTITUTO SUPERIOR N°24 “HÉROES DE MALVINAS”

Profesorado de Educación Primaria


Literatura y su didáctica (3°año TT/TV) 2025
Profesora: María Laura Serra

CLASE 2
Esta clase veremos bibliografía referida a cuestiones relacionadas con los aportes teóricos
para la enseñanza de la literatura. Haremos un recorrido por los distintos accesos
didácticos: La historia de la Literatura. El formalismo y el estructuralismo. El enfoque
comunicativo. La teoría de la recepción y la llamada, teoría empírica de la literatura.
La idea es plantear un inicio de recorrido, no podremos en este breve tiempo profundizar
en dichas corrientes, pero sí podremos trazar caminos posibles para que, con más tiempo,
puedan seguir de acuerdo a sus preferencias.
Como venimos viendo no existe nada certero en el campo de lo literario, y las diferentes
formas de consignar las clasificaciones teóricas no escapan a esta situación.

 Lectura Texto 0: Introducción a la teoría literaria. José Domínguez Caparrós


(cap.1)
Hay autores que ordenen cronológicamente escuelas y referentes, otras clasifican según
ubicación geográfica, otros por gustos propios y muchos por influencias que han tenido
unas sobre otras.
En este recorrido resumido que les propongo se abordan tres autores: Raman Selden en
Teoría Literaria Contemporánea (1989), Terry Eagleton en Una introducción a la teoría
Literaria (1998) y David Viñas Piquer en Historia de la crítica literaria (2002).

 Lectura Texto 1: “Introducción a la teoría contemporánea de la literatura” de José


Domínguez Caparrós en Teorías literarias del siglo xx. (fragmento)

l. FORMALISMO RUSO1
En palabras de Roman Jakobson, una de sus principales figuras, «el formalismo es una
etiqueta vaga y desconcertante que los detractores lanzaron para estigmatizar todo
análisis de la función poética del lenguaje, creó el espejismo de un dogma uniforme y
consumado» (Jakobson, 1965).
Efectivamente, en su origen, tal y como reconoce Tzvetan Todorov, «el formalismo fue el
nombre que designó, en la acepción peyorativa que le daban sus adversarios, la corriente
de crítica literaria que se afirmó en Rusia entre los años 1915 y 1930»
(Todorov, 1965).
El formalismo nace con la firme voluntad de reaccionar a las prácticas de crítica literarias
vigentes a comienzo del siglo XX, a juicio de sus fundadores, obsoletas
e ineficaces. Una imagen de la situación académica en Rusia a este respecto la ofrece
Eichembaum al describir la total ignorancia de los problemas teóricos por parte de las dos
corrientes históricas que por entonces hacían crítica literaria: la teoría simbolista y los
métodos de la crítica impresionista. En palabras de Eichembaum, «entramos en conflicto
con los simbolistas para arrancar de sus manos la poética, liberarla de sus teorías de

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Zamorano, M. A,El motivo en la ciencia literaria: del formalismo ruso al estructuralismo genético.2007.
TEATRO: revista de estudios teatrales. España.

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Literatura y su didáctica (3°año TT/TV) 2025
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subjetivismo estético y filosófico y llevarla por la vía del estudio científico de los hechos»
(Eichembaum,1965). Y más adelante afirma: Los historiadores de la literatura utilizan de
todo: la vida personal, la psicología, la política, la filosofía. Se componía de un
conglomerado de pseudodisciplinas en lugar de una ciencia literaria,
corno si se hubiera olvidado que cada uno de esos objetos pertenece respectivamente a
una ciencia: la historia de la filosofía, la historia de la cultura, la psicología, etc., y que
estas últimas pueden utilizar los hechos literarios como documentos defectivos, de
segundo orden (Eichembaurn,1970).
Lo que postulaban como afirmación fundamental era que el objeto de la ciencia literaria
debe ser el estudio de las particularidades específicas de los objetos literarios que los
distinguen de toda otra materia. Roman Jakobson daba forma definitiva a esta idea al
afirmar que el objeto de la ciencia literaria no es la literatura sino la literariedad, es decir,
comprender los mecanismos lingüísticos que hacen de una obra dada una obra literaria.
Este estudio científico de la literatura llevó a los formalistas a buscar las propiedades
universales del texto literario. Al concentrar su atención en los mecanismos y propiedades
de la literatura, Jakobson y Eichembaum creyeron que se podría abstraer del texto
literario los elementos o factores que lo hacían funcionar de manera que pudieran
estudiarse independientemente del texto y del contexto. (Fokkema-Ibsch, 1992).
Uno de los objetivos del método formal consistía en describir lo que convierte a los
textos literarios en objetos, «construcciones artificiosas», según Shklovski, sometidos a
unos principios en los que la lengua se usa de una manera netamente diferenciada a
como se usa la lengua en situaciones corrientes: «nosotros llamamos objetos estéticos en
el sentido estricto de la palabra, a los objetos creados mediante procedimientos
particulares, cuya finalidad es la de asegurar para estos objetos una percepción estética»
(Shklovski, 1970: 57).
Es sobre esa oposición y sobre la base histórica de los textos literarios, sobre la práctica
de una tradición, sobre lo que cimentan sus esfuerzos.
La importancia de estas aplicaciones reside en que se inaugura un modo de referirse a la
obra literaria para poder adentrarse en sus mecanismos conformadores con un nuevo
aparato crítico. Ya no se trata, como venía siendo frecuente en la crítica de la época, de
reproducir el pensamiento de la obra, sino de explicar el modo en que la obra estaba
construida. Para ello hubo de inventar una terminología
que, al percibirse como nueva y extraña, suscitó arduas polémicas.
Básicamente el debate giraba en tomo a la afirmación de que el pensamiento que
contenía una obra literaria no podía ser parafraseado sin traicionarlo profundamente,
debido en parte a la íntima y singular interrelación entre forma y contenido. Los
formalistas aceptaron la tesis por la cual una forma nueva producía un nuevo contenido.
Tolstoi al comentar en una carta su Ana Karenina escribía lo siguiente:
“Si yo quisiera decir con palabras todo lo que traté de expresar en la novela, tendría que
rescribir la misma novela que ya he escrito. En todo o casi todo lo que he escrito, he
estado guiado por la necesidad de recoger los pensamientos que entrelacé unos con otros
para expresarme a mí mismo.
Todo pensamiento expresado en palabras pierde su sentido y llega a ser banal cuando
queda aislado de la cadena a que pertenece”. (Tolstoi, 1916).

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De la lingüística estructural al
estructuralismo en literatura2
De acuerdo con Viñas (2002), los métodos de la lingüística contemporánea fueron
determinantes en el surgimiento y la consolidación del movimiento estructuralista en
literatura. Para los precursores de esta corriente literaria, los planteamientos de
Ferdinand de Saussure se convierten en el soporte teórico que sustenta la validez de
aplicar los métodos lingüísticos al análisis de la obra. La validez del método es confirmada
por Roland Barthes en su libro Crítica y verdad (1972), cuando dice que solamente la
lingüística puede otorgarle a la literatura el rigor analítico que requiere, pues las reglas
que la identifican se convierten en el procedimiento más adecuado
para llevar a feliz término el análisis literario. Este método fue prolífico en el
estructuralismo literario y en otras ciencias y disciplinas como la antropología, la
sociología y otros ámbitos de la cultura. Así, para los defensores del estructuralismo
en literatura, el método lingüístico hace los siguientes aportes a la poética estructural o la
poética del texto: sus procedimientos permiten adelantar un estudio científico de la obra
con independencia de la historia literaria y la crítica biográfica; las categorías de análisis
que sustentan el método, como son: el significante, el significado, las relaciones
sintagmáticas y paradigmáticas, entre otras, se pueden utilizar en términos figurados para
explicar el análisis de la obra; sus procedimientos se pueden convertir en reglas generales
para el análisis semiótico del texto. De acuerdo con lo anterior, un análisis crítico de los
aportes en mención podría señalar el cientificismo del enfoque debido a su interés en
mostrar un análisis objetivo de la obra, independiente
del punto de vista del lector y de los códigos culturales que moviliza en su trayecto de
lectura. Esta visión convierte al analista en un tecnólogo literario, experto en poner en
funcionamiento una máquina conceptual que puede ser vista mas no alterada. Esta
mirada objetivista de la obra trae consigo un prejuicio para el estudiante de literatura y su
maestro, al insinuarles cierta sabiduría técnica, lo cual aumenta la distancia entre
los intereses del lector y la comprensión de la obra, y de paso se convierte en un
problema didáctico, pues el maestro de literatura olvida que las formas de interpretación
de la obra son tan diversas y complejas como sus lectores. De manera contraria, y
coincidiendo con Viñas, uno de los mayores aportes del análisis estructural
en literatura a las nuevas teorías estéticas reside en el tipo de relaciones que establece
con la semiótica y la semiología. Aquí el análisis del sistema de signos propuesto por la
lingüística estructural es bastante útil, pues le permite al lector comprender los diversos
niveles de sentido de la obra, desde su dimensión semiológica, abandonando el método
saussureano su carácter prescriptivo. Pero si bien este valor agregado del método
lingüístico al análisis de la obra es reconocido por la crítica literaria, es dable recordar de
la teoría de Saussure, las oposiciones binarias entre la lengua y el habla, lo funcional y lo
no funcional, el significante y el significado, entre otras, las cuales explican el porqué para
la lingüística la lengua es un sistema de relaciones
y oposiciones que debe ser analizado desde su carácter inmanente, a diferencia del
habla, la cual se ubica como un producto del sistema que es utilizado por el hablante para
expresar un conjunto de enunciados individuales. Esta diferencia entre lengua y habla es
2
Moreno Torres, M y Carvajal Córdoba, E. El Estructuralismo en literatura: Aportes y límites a las nuevas teorías
estéticas y a la investigación en Didáctica de la Literatura en REVISTA ENUNCIACIÓN N° 14, [Link]

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retomada por Chomsky, quien considera que la competencia puede entenderse a partir
de dos niveles básicos como son: conocimiento y uso. En el primero, el hablante-oyente
conoce las reglas que estructuran su lengua, y en el segundo, las utiliza para comunicarse
con los demás. Pero si bien esta acotación de Viñas (2002) es importante, es oportuno
ampliar las ideas del generativista relacionadas con el uso creativo del lenguaje. Al
respecto, se debe recordar que este lingüista, además de referirse a la creatividad del
hablante-oyente-ideal para dominar una lengua, considera que dicha capacidad puede ser
análoga con otras actividades humanas, que van desde el desarrollo cognoscitivo y
pragmático hasta la creación artística. Por ello, la creatividad se guía por un sistema de
reglas cuyos límites se orientan hacia un fin. Sus estudios sobre la competencia lingüística
han sido tomados como punto de partida para hablar de la existencia de otro tipo de
capacidades llamadas por algunos competencia literaria, competencia poética o
competencia
narrativa (De Aguiar e Silva, 1980).
A propósito de la competencia literaria, y regresando a Viñas, no es gratuita su alusión a
Jonathan Culler cuando comenta de este último su interés por el lenguaje binario como
una opción para explicar la producción de significados de la obra literaria. En concreto, se
refiere a uno de los textos más conocidos por la crítica literaria de Culler como es la
poética estructuralista. En palabras del mismo Culler, “quien no esté versado en absoluto
en literatura ni esté familiarizado con las convenciones por las cuales se lee la ficción se
sentirá completamente desconcertado ante un poema” (Culler,1987). En esta
perspectiva, la obra literaria es analizada como el producto de
un sistema en cuyo interior se encuentran una serie de códigos determinados por unas
leyes generales. De esta manera, otras ciencias afines a la lingüística, como la fonética y la
fonología, también retoman los postulados de Saussure, como lo hace
Trubetzkoy quien separa a esta última del estudio del fonema al considerar que un
elemento no puede ser analizado por fuera del sistema. Asimismo, Todorov plantea que
las obras literarias son la expresión de una estructura más general y abstracta, es decir,
cada una de ellas es sólo una expresión del sistema al que pertenecen. En este contexto,
recuérdese por ejemplo la categoría estructural de actante propuesta por Vladimir Propp
(1985) para el análisis de la tradición literaria rusa, y sobre la cual años más tarde volvería
A. Greimas para ampliar sus referentes. En el enfoque de Propp la categoría personaje(s)
es reconocida bajo el rótulo de actantes debido al carácter funcional de los mismos en la
historia narrada. Por ello, el perfil psicológico del actante es secundario al tener mayor
valor su función, pues ésta le otorga consistencia al sistema de oposiciones que soportan
la estructura del relato “(ayudante / opositor; sujeto / objeto, entre otros)”. En este
contexto, es importante advertir que el segundo Barthes va más allá del análisis categorial
del relato, pues para el semiólogo francés el lector debe enfrentarse a un proceso de
observación y descripción de la obra, con la idea de que pueda reconstruir el sentido del
texto. La reconstrucción del sentido funge como el elemento nuevo que le permite al
lector reconocer la inteligibilidad de la obra. Así, la idea de su descomposición –o la
máquina perezosa como diría Eco– permanece, pero su énfasis en el carácter indicial y
sígnico del relato comienza a otorgarle al análisis literario un matiz que lo irá
distinguiendo de sus homólogos y predecesores como el fundador del juego
intersemiótico entre el lector y la obra.

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En consonancia con lo anterior, Todorov retoma el enfoque binario del positivismo del
siglo XIX con el propósito de explicar las diferencias entre interpretar una obra y
describirla. En el primer caso, se trata de un proceso de subjetivación que puede caer en
la arbitrariedad, a diferencia del segundo, donde el análisis tiene un carácter objetivo,
preciso e inteligible. Este enfoque devela la presencia de un científico literario
encargado de calcular y verificar, con la ayuda del método estructuralista, las funciones
actanciales como elementos singulares del relato. Por tanto, al estructuralismo le interesa
construir una teoría del discurso literario o, en términos aún más precisos, crear una
teoría de la competencia literaria que explique cuáles interpretaciones son pertinentes y
por qué otras no lo son (Viñas, 2002). Esta intencionalidad, desde nuestro punto de vista,
incluye al lector quien debe desarrollar
su competencia literaria siguiendo los criterios arriba mencionados los cuales, de acuerdo
con Viñas, lo excluyen del proceso de interpretación crítica de la obra.
Al método analítico se une el inductivo. Esto quiere decir que al estructuralista le interesa
analizar un corpus de obras literarias con la idea de encontrar las leyes generales que las
rigen. En palabras de Todorov, se trata de identificar la literariedad, entendiéndose por
ello la búsqueda del sistema en el discurso literario (Viñas, 2002).
La literariedad deja de lado la presencia del autor de la obra y, por consiguiente, afecta el
papel del lector en su proceso de comprensión e interpretación. Este límite del
estructuralismo en literatura para los defensores de las nuevas teorías estéticas, quienes
valoran el papel del autor en el proceso de producción de la obra, se fundamenta en la
preexistencia del lenguaje. Es decir, para los estructuralistas el sujeto accede al lenguaje a
partir del conjunto de convenciones y códigos que previamente ha logrado asimilar de
otros hablantes. En este caso, la tradición se con-
vierte en un legado que al transmitirse de generación en generación tiene un valor
cultural que es superior al individuo. Esto es aún más claro cuando el crítico español
señala que para Culler la obra literaria no es un objeto autónomo, ya que su existencia es
producto de las relaciones que establece con otras del sistema literario. Y si el sistema es
el nicho donde las obras adquieren significado, al lector no le queda otra alternativa que
internarse en dicha lógica para, de esta manera, reconocer
las convenciones o las reglas que determinan su análisis.
Entre las figuras más destacadas del estructuralismo en literatura se encuentran:
Roman Jakobson (1984), Roland Barthes (1970a, 1970b, 1972).), Jonathan Culler (1987),
Tzvetan Todorov (1975) , Mijaíl Bajtín (1994), Gerard Genette (1989), Algirdas Greimas
(1976), entre otros.

 Lectura Texto 2: El motivo en la ciencia literaria: Del formalismo ruso al


estructuralismo gené[Link] Ángel Zamorano. (artículo)
 Lectura Texto 3: Historia de la crítica literaria del siglo xx: Del formalismo al
postestructuralismo. Raman Selden (reseña)
 Lectura Texto 4: Teoría de la literatura de los formalistas rusos. Tzvetan
Todorov(fragmento)
 Lectura Texto 5: El Estructuralismo en literatura. Mónica Moreno Torres y Edwin
Carvajal Córdoba. (artículo)

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 Lectura Texto 6: Historia de la crítica literaria. David Viñas Piquer (Cap. VI)
 Lectura Texto 7 y 7 A: Una introducción a la teoría literaria. Terry Eagleton
(introducción)
 Lectura Texto 8: La literatura en el aula. Miretti, M. L. (Cap. V)

Actividades:
1. Leer el material bibliográfico que se adjunta.
2. Realizar registros o anotaciones acerca de las dudas o consultas que vayan
surgiendo.
3. Crear material, resúmenes, listados de palabras claves, etc. que sirvan de
bibliografía para usar en las próximas clases.

Contenidos: Aportes teóricos para la enseñanza de la Literatura. Recorrido crítico de los


distintos accesos didácticos: La historia de la Literatura. El formalismo y el
estructuralismo. El enfoque comunicativo. La teoría de la recepción. Hacia una teoría
empírica de la Literatura.

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