2.1. ¿Cómo se da la relación analéctica entre Totalidad y Exterioridad?
La dialéctica occidental de origen griego piensa el ser como lo mismo. El mundo,
que siempre es mi mundo, es una totalidad de sentido. Es una totalidad pero nunca
totalmente inmóvil, acabada. Se encuentra en movimiento, en constante fluir dialectico. La
totalidad en cuanto que es totalidad es siempre lo mismo. La totalidad contiene el fluir y
sus diferentes manifestaciones. “Lo Mismo indica que desde dentro, desde la interioridad,
desde la propia identidad brotan los momentos diferenciales”1. Por tanto lo mismo se
diferencia de lo igual, porque en lo igual no hay diferencia alguna, mientras que en lo
mismo hay diferencias pero contenidas en una identidad originaria. Tanto en la
comprensión griega como en la hegeliana el ser aparece como una totalidad cerrada,
donde toda novedad y aparición queda encerrada dentro de lo mismo.
Ser y razón son lo Mismo -principio de razón suficiente- según la dialéctica onto-
lógica. “Pensar y ser se pertenecen a lo mismo y se refieren mutuamente desde lo
mismo”2 .
Heidegger abre paso al ad-venimiento de lo distinto a lo mismo expresando un
mas allá del ser y tiempo. Si comprender es representarse cosas de tal modo que sean
contenidas como lo ya conocido, entonces es imposible trascender el “horizonte
trascendental de representación”, el mundo en cuanto mi mundo. Todo lo que se
comprende entra dentro de lo Mismo, es encerrado en la Totalidad, que es mi mundo en
cuanto pensado. El pensar se vuelve circular, es un pensar que se piensa. Pero
Heidegger habla de la apertura al ámbito, que tiene que ver con un encuentro con lo que
adviene. “Intenta en cambio salir del círculo por un pensar que piense el horizonte como el
momento que nos enfrenta de una apertura en cuyo seno el ser es diferencia y no
Totalidad”3. Ante este advenimiento de lo diferente el pensar es espera que se abre al
ámbito. El ámbito para Heidegger es “lugar de conciliación entre los diferentes” 4, por tanto
sigue pensando el ser desde la dialéctica, desde lo diferente que se manifiesta desde lo
Mismo.
Dussel piensa que es necesario un nuevo comienzo, una nueva perspectiva desde
donde pensar el ser. Es posible pensar el ser no desde lo mismo, ni desde una identidad
originaria a partir de la cual se diferencia lo otro dialécticamente y en la cual se ve
contenido. Puede ser pensado desde la distinción radical con lo otro. “La di-ferencia
1
E. Dussel, Para una Ética de la Liberación Latinoamericana, versión digital, Capítulo III, p. 97.
2
Ibíd., p.100
3
Ibíd., p. 101
4
Ibíd., p. 101
supone la unidad: lo Mismo. Mientras que lo dis-tinto, indica mejor la diversidad y no
supone la unidad previa”5. Dussel propone una superación de Heidegger mediante pensar
a “el Otro (no ya “lo” otro neutro) como lo dis-tinto, sin un “lo mismo” idéntico, originario,
ámbito de donde procede la diferencia”6. El otro no es ya parte de la totalidad, sino que
es exterior, lo auténticamente metafísico es lo ético. La relación entre la totalidad y lo
exterior, entre lo mismo y el otro no es ya dialéctica, porque el uno no contiene al otro
como momento, sino analéctica, el uno es distinto al otro. La relación entre ellos está
marcada por una decisión ética: o se elige el dialogo, en el cual se acepta al otro distinto y
no se lo intenta englobar en la propia mismidad, o se elige la aversión que desemboca en
un solipsismo.
La experiencia originaria de esta concepción analéctica es la del “cara a cara”,
presente en la revelación judeocristiana. El cara a cara significa “la inmediatez del
encuentro no mediado todavía: frente a frente sin mundo que signifique todavía: raíz
misma de toda significación posible”7. El “cara a cara” es el primerísimo encuentro de dos
personas en el cual la experiencia del otro es tan evidente que entre el tu y el yo no media
ningún mundo de significado, ninguna interpretación posible que permita un encerrar al
otro en mi mundo. El otro permanece enteramente otro, libre y misterioso, como persona.
Así como en la revelación divina el otro se encuentra con el yo permaneciendo totalmente
exterior a mi totalidad, también en el “cara a cara” el otro aparece como revelación, como
lo absolutamente inesperado. “Son dos exterioridades que se tocan” 8. El otro es en mi
mundo creación, no parte diferenciada de lo mismo, sino creada desde la nada, desde lo
distinto de mi mundo. Por tanto la dinámica por la cual entra en relación conmigo no es la
de la comprensión sino la del don. Porque viene de lo exterior a mi totalidad. Y permanece
totalmente libre. La relación entre totalidad y exterioridad es entonces como el “cara a
cara”, un encuentro en el cual no hay comprensión de lo uno por lo otro sino dialogo, en el
cual el otro permanece como persona libre y misteriosa, no determinada por mi mundo.
5
Ibíd., p. 102
6
Ibíd., p. 119
7
Ibíd., p. 120
8
Ibíd., p. 121