DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA
REVISTA DE
CIENCIAS SOCIALES
32 Cambios recientes
en la sociedad rural
ISSN 0797-5538 - ISSN Online 1688-4981
DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA
REVISTA DE
CIENCIAS SOCIALES
Vol. 26 - n.º 32 - JULIO 2013
Cambios recientes en la sociedad rural
Revista de Ciencias Sociales / Departamento de Sociología. - v.1 n 1 (1986) -
- Montevideo: Universidad de la República. Facultad de Ciencias Sociales,
Departamento de Sociología, 2013 -
Semestral. - V.26 n 32 (2013)
ISSN 0797-5538
ISSN On line 1688-4981
1. Sociología rural 2. Agricultura familiar 3. Género 4. Cambio social 5. Pobreza
SDD 300
Catalogación en la fuente realizada por Hemeroteca, Biblioteca FCS, UdelaR.
La REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES es una publicación semestral que difunde estudios sociológicos
y de ciencias sociales. Se dirige a un público académico, al sector político y organizaciones socia-
les, proporcionando resultados de investigaciones que informan sobre temas de la agenda política
y social contemporánea. Debe su nombre a que fue la publicación oficial del ex Instituto de Ciencias
Sociales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, fundado en el año 1958. Tiene como antece-
dentes los Cuadernos de Ciencias Sociales del Instituto, publicación que se produjo entre los años
1971 y 1973, momento en el que cierra el Instituto, debido a la dictadura cívico militar, clausurándose
también su publicación. A partir de la recuperación de la democracia en 1985, se reinstala el funcio-
namiento regular del Instituto de Ciencias Sociales, retomando su publicación seriada bajo el título de
Revista de Ciencias Sociales. En el año 1990 se funda la Facultad de Ciencias Sociales, trasladando
la estructura del ex Instituto de Ciencias Sociales transformada, bajo el estatus de Departamento de
Sociología en la Facultad.
El primer número se presentó en el año 1986, manteniéndose desde ese momento como una publi-
cación anual regular, varias veces salió en forma semestral. Cuenta con 32 números al año 2013. Se
presentan artículos del propio plantel docente del Departamento, así como de profesores del país
y extranjeros de múltiples universidades de América Latina y Europa. También posee una sección
destinada a las reseñas bibliográficas de libros publicados por docentes del Departamento y obras
de interés académico nacional o internacional. La Revista se edita en versión impresa y electrónica,
disponible on line: [Link]
Desde el año 2000 pasa a ser una Revista arbitrada con evaluación externa. A partir de 2010 se pu-
blica dos veces al año en forma regular.
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Vol. 26 - n.º 32 - JULIO 2013
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DOSSIER
DOSSIER
CAMBIOS RECIENTES EN LA SOCIEDAD RURAL
PRESENTACIÓN
Este dossier es el resultado parcial de un proceso de investigación colectiva
del Núcleo de Estudios Sociales Agrarios (nesa), sobre las transformacio-
nes del mundo agrario en este nuevo siglo, a partir de miradas disciplinarias
distintas y atendiendo en profundidad a diferentes aspectos de la vida rural,
de manera de contribuir a elaborar una descripción y comprender mejor los
nuevos paisajes agrarios. Las líneas de investigación del nesa en este pro-
grama se sustentan en una hipótesis general, que refiere al carácter similar
de las transformaciones que comienzan en el último cuarto del siglo xx, y se
profundizan en la primera década del nuevo siglo, con aquellas que marcaron
un tiempo a finales del siglo xix a través de la introducción del alambrado y
la mestización del ganado. En esta clave, el nesa trabaja sobre seis preguntas
relacionadas con: Las consecuencias sociales de los cambios en el uso del sue-
lo y en los modelos productivos; los efectos de la concentración y extranjeri-
zación de la tierra en la estructura agraria y social; los efectos de los cambios
tecnológicos y organizacionales; las derivaciones en la sociedad rural de un
uso intensivo de los recursos naturales; los procesos de precarización y de
segmentación de los mercados de trabajo agrario; y finalmente, cómo estos
cambios se relacionan con los modos de pensar, sentir y representar entre
quienes habitan el mundo rural.
A escala global, se hace evidente que existe una presión creciente para
que se produzcan alimentos y fibras, que se combina con una demanda
inusitada por materias primas para la producción de biocombustibles. Las
presiones del mercado mundial, producidas en particular por la incorpo-
ración como demandantes de economías emergentes, como las asiáticas y
algunas latinoamericanas, decantan en un alza de precios que se augura
que continuarán aumentando. Esta demanda de los productos agrícolas en
el mercado internacional se tradujo en los países periféricos como impulso
por expandir la frontera agrícola, para aquellos casos en que aún hubiese
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
8 PRESENTACIÓN
tierras que podían ser puestas en producción o aumentando la intensidad
en el uso de la tierra. Uruguay no estuvo ajeno a estas tendencias y así se
vislumbra, a partir de los años noventa, el incremento de varios fenómenos
que progresivamente se acumularon decantando en un “paisaje diferen-
te”. De un paisaje dominado por la ganadería extensiva a otro con vastas
extensiones de cultivos de granos y plantaciones forestales, producción
de biocombustibles, incorporación de grandes maquinarias, una gradual
expulsión de población dispersa hacia las ciudades y pueblos pequeños,
precios disparados de la tierra, extranjerización. Estos son algunos de los
fenómenos que se han adicionado para mostrar hoy un mundo agrario
radicalmente distinto del que había hace 50 años.
Este nuevo paisaje no podría haberse consolidado sin el auxilio de va-
rios procesos convergentes, que interactúan entre sí. En primer lugar, cam-
bios institucionales como la ley de promoción de la forestación de 1987; la
modificación de la ley de arrendamientos para facilitar la cesión de tierras
por períodos cortos; la eliminación de la ley que prohibía a las sociedades
anónimas ser propietarias de tierra; la ley de promoción de la inversión ex-
tranjera directa; la ley de creación de los fideicomisos, etcétera. En segundo
lugar, una creciente y abierta incorporación del capital financiero en el ne-
gocio agropecuario en las más diversas modalidades de operación. En tercer
lugar, cambios organizacionales en el ámbito empresarial, con la creación de
las “empresas en red”, que dotan al capital de una herramienta que permite
una extraordinaria flexibilidad contractual. En cuarto lugar, una creciente
tercerización del trabajo agropecuario en la que coexisten los contratistas
que venden servicios en diversas tareas agrícolas, basados en la inversión
que tienen en maquinaria y en su know-how para manejarlas, con los contra-
tistas de mano de obra que utilizan sus redes sociales para armar y manejar
cuadrillas de trabajadores rurales. En quinto lugar, cambios tecnológicos en
la agricultura y en la ganadería. En la primera, la llamada agricultura de pre-
cisión que combina semillas genéticamente modificadas con agroquímicos
y nuevas maquinarias, que distan mucho de ser incorporaciones inocuas.
Más bien, su difusión en forma de “paquetes” cuya efectividad queda sujeta
a su incorporación integral, refuerza la dependencia de los productores con
respecto al complejo agroindustrial de semillas y agroquímicos. En la gana-
dería, la trazabilidad vacuna, nuevos productos para la sanidad animal, el
engorde a corral, etcétera.
La interacción de estos procesos arriba mencionados ha permitido un
aumento extraordinario de las ganancias y la rentabilidad en la mayoría de
las cadenas de producción de valor. Un fuerte debate se ha instalado hoy, en
torno a la redistribución de estos beneficios y sobre su capacidad para abatir
los índices de pobreza e indigencia. Ya que, si bien dichos índices han dismi-
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CAMBIOS RECIENTES EN LA SOCIEDAD RURAL 9
nuido notablemente, no queda claro si (y cuánto) se debe a una redistribución
entre capital y trabajo o a una redistribución por vía de las políticas sociales
impulsadas desde el Estado.
Simultáneamente, las nuevas tecnologías de la información y la comu-
nicación (las computadoras, el acceso a Internet, el teléfono celular, etcéte-
ra) modificaron profundamente la operación de las empresas agropecuarias
habilitando el uso de las más modernas herramientas de gestión. Estas tec-
nologías, sumadas a las mejoras en la caminería y la popularización de las
motocicletas, impactaron en la demanda de trabajadores, en los modos de
organizar la fuerza de trabajo y en las posibilidades de los propios trabajado-
res de vincularse y comunicarse con el medio urbano, modificando la fron-
tera cultural campo-ciudad. Hoy es necesario redefinir “lo rural” si se quiere
comprender las nuevas relaciones que se establecen entre los que moran en el
campo y en la ciudad.
Así, el país combina la creciente explotación de nuevas tierras para la
producción agrícola, y en particular para el cultivo de granos y oleaginosas,
con el aumento de la productividad de la ganadería, que ha incrementado
su producción y las exportaciones a pesar de haber perdido dos millones de
hectáreas de su área. A esas producciones que se pueden concebir como más
tradicionales, se ha sumado el impulso forestal con la política de subsidios
iniciada en 1987 y que hoy supera el millón de hectáreas forestadas, a las que
se añade la reconstrucción de toda la cadena agroindustrial forestal que está
en proceso de consolidación en el país con la operación de dos plantas de
producción de celulosa. Una señal extra en el impacto sobre los rubros, pesos
relativos y modos de producción, lo constituye el impulso a la producción de
biocombustibles, liderado por la empresa estatal de petróleo. Por un lado, la
expansión de la caña de azúcar que, combinando un subsidio con fines de
equidad con un motivo productivo, ha aumentado la producción de materia
prima para la producción de etanol. Por otro lado, la construcción de una
planta de biodiesel por la misma empresa, que demandará granos oleaginosos
para su proyecto industrial.
En el centro de estas transformaciones, los precios de la tierra actúan
como un claro indicador de las modificaciones en el mundo agropecuario.
En la última década, el precio promedio de la tierra aumentó siete veces. Cu-
riosamente, los precios de la tierra aumentan más, cuánto más grande es el
predio que está siendo transado, sugiriendo claramente las características e
intenciones del comprador. Así, para los predios más grandes (arriba de las
2.500 hectáreas) el precio promedio aumentó doce veces en la década men-
cionada. Este incremento en el precio de la tierra se tradujo directamente en
modificaciones en la propiedad. Ante cotizaciones como las mencionadas,
un productor rural pequeño o medio, o aún un estanciero que se encontraba
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
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endeudado, terminaron ofreciendo su tierra en venta a quienes tenían la ca-
pacidad financiera para comprarla.
A esta encrucijada signada por una tierra que se revaloriza, por la
enorme presión de demanda de las materias primas y la expansión de
sus capacidades productivas, y un contingente de productores locales que
pierde la capacidad de detentarla, se adiciona un marco regional en el
cual Uruguay aparece en perspectiva relativa como un oferente de “tierra
barata”. Los precios de la tierra en Brasil son algo superiores, pero en la
llanura pampeana de Argentina estos llegan a triplicarse con respecto a
los de nuestro país.
El efecto es obvio y ampliamente conocido: concentración y extranjeri-
zación de la tierra. Los datos preliminares del reciente Censo Agropecuario
2011 muestran que si en el año 2000 había 57.131 explotaciones agropecua-
rias, once años después quedaban sólo 44.890. Pero el 91% de las 12.241 ex-
plotaciones que desaparecieron tenían menos de 100 hectáreas de superficie.
La imagen del proceso concentrador se acentúa cuando se advierte que, se-
gún el nuevo censo, las explotaciones con menos de 100 hectáreas siendo el
56% del total poseen sólo el 5% de la superficie, mientras que las explotacio-
nes de más de 1.000 hectáreas siendo el 9% del total acumulan el 60% de la
superficie.
Sin embargo, hay indicios que permiten sugerir que el efecto concen-
trador no se tradujo en el desplazamiento sólo de los pequeños productores,
como en las décadas de los setenta y ochenta, sino que posiblemente también
haya impactado en el desplazamiento de la burguesía terrateniente local. Así,
la presión concentradora de las empresas forestales internacionales y el quie-
bre en 2002 de la lógica de licuación de deudas agropecuarias, vía políticas
estatales de buena parte de los terratenientes nacionales, podría haber for-
zado a este sector a desprenderse de esas propiedades liberándose de sus no
condonadas deudas y aprovechando el alza de precios. El impacto cultural de
este cambio es indiscutible, estando en proceso de consolidación un nuevo
estrato de propietarios de la tierra.
Con respecto al proceso de extranjerización de la tierra, los datos pre-
liminares del Censo Agropecuario 2011 muestran que si en el año 2000
el 90% de la tierra estaba en manos de personas físicas de nacionalidad
uruguaya, once años después esa cifra se redujo al 54%. En 2011, el 43% de
la tierra estaba en manos de personas jurídicas, principalmente socieda-
des anónimas, por cuya razón no era posible saber la nacionalidad de sus
propietarios. Sin embargo, por otros indicios, es posible suponer que, sin
excluir la posibilidad de que en dichas sociedades haya accionistas de na-
cionalidad uruguaya, en su mayoría pertenezcan a ciudadanos y empresas
de otras nacionalidades.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
CAMBIOS RECIENTES EN LA SOCIEDAD RURAL 11
Esta reconfiguración de la estructura agraria posiblemente esté dando
paso a una estructura social rural diferente, con nuevos estratos y nuevas
alianzas, cuyo conocimiento es central para comprender el futuro de nuestra
sociedad. En primer lugar, es necesario pensar en una modificación del mapa
de actores en el campo uruguayo: tanto de los estancieros y de sus habituales
prédicas en busca de rentas extraordinarias que deriven de la posesión de
la tierra, como por la aparición de los sindicatos rurales, fortalecidos por el
crecimiento del trabajo asalariado en el campo, así como por la lenta y pro-
longada declinación de la producción familiar.
Por último, el debate ambiental se incorpora como una cuestión de agen-
da en todas estas discusiones. La puja por la explotación de los recursos na-
turales, en una lógica netamente utilitarista, tiene impactos directos sobre
estos recursos en el futuro. En esa clave, la rentabilidad de un sistema agroin-
dustrial basado en los paquetes agroquímicos parece confrontar un modelo
sustentable de “Uruguay natural”.
El Uruguay hoy transita ambos caminos: mientras algunos lo ven como
sistemas opuestos e irreconciliables otros buscan el camino del medio que
permita producir más y mejor sin impactar irreversiblemente nuestros re-
cursos naturales. ¿Existe ese camino? Esta es otra de las preguntas que nues-
tra sociedad tendrá que responder en los años futuros. (Moraes y Piñeiro,
2008, p. 109)
Los elementos señalados evidencian que el medio agropecuario está sufrien-
do cambios radicales y que estos impactan de manera directa en el proyecto
de desarrollo del país. En consecuencia, analizar las formas que están toman-
do estos cambios, así como su compatibilidad con estrategias que le den via-
bilidad al sector sin sacrificar los recursos naturales, la mano de obra ni los
fenómenos sociales que se dan en los territorios, parece un tema obligado
para quienes desde la academia quieren contribuir a su comprensión. En par-
ticular, lo que acaece con el uso de la tierra, en términos productivos y de su
propiedad, la sustentabilidad de los modelos, y los impactos sociales que tie-
nen sobre las estructuras sociales y las sociedades locales, son aspectos sobre
los que es necesario reflexionar.
Con el presente dossier se propone abordar algunas de las preguntas
formuladas, a partir de la experiencia empírica de procesos de investigación
desde distintas disciplinas, y sobre diversas realidades, en relación con las
grandes transformaciones mencionadas anteriormente.
Alejandra Gallo e Irene Peluso, apoyándose en bibliografía existente y
en un estudio propio realizado en establecimientos ganaderos familiares, bu-
cean en el complejo proceso que hace a la sucesión familiar (distinguiéndola
de la herencia de los activos), mostrando cómo dicho proceso se inicia desde
las primeras etapas de socialización de la nueva generación. Al introducir la
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
12 PRESENTACIÓN
perspectiva de género en su análisis, descubren la tendencia de los padres a
elegir a uno de los hijos varones como el sucesor, estimulando su interés en
las tareas productivas y desestimulando actividades fuera del establecimiento.
A la inversa proceden con las hijas mujeres, compensándolas en la medida
de lo posible con el apoyo a la continuación de los estudios que a la larga
conducirá a su inserción urbana y el abandono de la explotación. Este análisis
también permite realizar una lectura diferente para comprender el proceso
de desaparición gradual de las explotaciones de carácter familiar. Porque, si
bien este proceso se mira con más frecuencia desde el lado de la demanda
de tierra por parte de actores agrarios o extra agrarios, también es necesario
preguntarse por qué tantos productores familiares deciden desprenderse de
sus establecimientos. El artículo de Gallo y Peluso, al explicar la complejidad
del proceso de sucesión y su dilatada extensión en el tiempo (desde que nacen
los hijos hasta que la generación de los padres decide retirarse), sugiere que
podría ser una de las razones por las que podrían estar generándose fracasos
en los procesos sucesorios, que contribuirían a explicar la alta tasa de ventas
de los establecimientos familiares.
Carámbula, Figueredo y Bianco presentan un artículo basado en es-
tudios de caso en Paysandú y Soriano, en el cual reevalúan el papel de los
intermediarios entre capital y trabajo. Estos actores han recibido distintos
nombres en los estudios agrarios de América Latina, pero en nuestro país
se los conoce más bien como “contratistas”, ya sea de maquinaria o de tra-
bajadores rurales. Los autores sugieren que estos contratistas, en realidad,
deberían ser caracterizados como nuevos empresarios que realizan activi-
dades tercerizadas para las empresas madre, o sea, las empresas agropecua-
rias que contratan sus servicios. Al mismo tiempo, reconocen la existen-
cia de empresas de servicios muy distintas en tamaño, volumen de capital,
cantidad de trabajadores, las formas contractuales con las empresas madre,
en las formas contratación de los trabajadores, en el liderazgo tecnológico,
etcétera. El artículo sugiere que las empresas de servicios se crean por ne-
cesidad de las empresas agropecuarias, ya sea por su aversión a invertir en
capital fijo (maquinarias), por la necesidad de trasladar a las empresas de
servicios sus oscilaciones en la demanda de trabajo a lo largo del año o sus
desproporcionadas necesidades de trabajadores no calificados y calificados,
o por su necesidad de desplazar trabajadores a distintos puntos del territo-
rio, etcétera. De esta manera, el artículo también hace una contribución al
debate (muy necesario) de la nueva estructura social en el campo uruguayo.
En este caso, por la emergencia de un tipo social que es un empresario que
trabaja en actividades agropecuarias pero que no posee tierra. Su presencia
desdibuja y obliga a flexibilizar la mirada de una estructura social agraria
que ha estado basada principalmente en la posesión o no posesión del re-
curso tierra.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
CAMBIOS RECIENTES EN LA SOCIEDAD RURAL 13
Joaquín Cardeillac presenta un artículo que tiene como objetivo el aná-
lisis de los factores que inciden en que un hogar esté por debajo de la línea de
pobreza medida por ingresos. Este tema está en el centro de muchos debates
actuales en los cuales se interrogan acerca de cuánto del actual crecimiento
del sector agropecuario está revirtiendo en aquellos que viven y trabajan en
el campo. Para ello, basándose en los datos que arroja la Encuesta Nacional
de Hogares 2000, 2006 y 2009, lleva a cabo un exhaustivo y complejo análisis
de una serie de 26 indicadores y su relación con la probabilidad de que un
hogar fuera clasificado como pobre según el método de la línea de pobreza.
El modelo de efectos principales detectó que no existe relación entre cinco
variables (dependencia del hogar del sector primario, capacidad de usar redes
sociales y movilidad territorial, entre otros) y la probabilidad de estar bajo
la línea de pobreza. Para el resto de las variables estudiadas sí existe relación
con la probabilidad de que un hogar sea pobre: obtener ingresos de un predio
agropecuario, el tamaño del hogar, la ocupación del jefe del hogar, la posesión
de una vivienda, etcétera, lo que hace concluir al autor que las titularidades y
el acceso a capital físico tendrían mayor importancia en la disminución de la
pobreza que el acceso a alguna forma de capital social. El acceso a la educa-
ción, el trabajo femenino complementario, la percepción de ingresos por un
empleo público y una mayor edad promedio de los integrantes de la familia
son todos factores que influyen en disminuir la probabilidad de que un hogar
esté en situación de pobreza. En un segundo análisis, el autor relaciona la
posibilidad de los hogares agrodependientes de estar bajo la línea de pobreza,
según tres puntos en el tiempo: años 2000, 2006 y 2009. Estos tres momentos
son bien diferentes desde el punto de vista de los resultados económicos del
sector agropecuario. En el primer punto, se está bajo la presión de la devalua-
ción de la moneda brasilera (1999), siendo Brasil nuestro principal compra-
dor. En ese momento, el endeudamiento del sector agropecuario era ya más
grande que el pbi sectorial. Numerosas voces alertaban sobre una situación
comprometida. No en vano, ese fue el año en que se llevó a cabo lo que ha sido
posiblemente la mayor protesta pública de los productores agropecuarios en
la historia del país (Piñeiro, 2004). El segundo momento, pasada ya la brutal
crisis económica y social con epicentro en el año 2002, que abarcó a todos los
sectores económicos, el 2006 se corresponde con una situación en que el sec-
tor agropecuario lideraba la recuperación económica con excelentes tasas de
crecimiento. El tercer punto, año 2009, ya la economía en su conjunto crecía
a tasas sin precedentes, pero otros sectores crecían más rápido que el sector
agropecuario. Con este panorama, no resultan extrañas las conclusiones del
autor. En el primer punto, los hogares agrodependientes tenían mayores pro-
babilidades que los no agrodependientes de estar bajo la línea de pobreza. Esa
relación se invierte para el punto siguiente (año 2006) mientras que en el año
2009 los hogares agrodependientes tienen nuevamente una leve mayor posi-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
14 PRESENTACIÓN
bilidad de estar bajo la línea de pobreza que los hogares no agrodependientes.
Estos resultados refuerzan la idea de la importancia del contexto macroeco-
nómico (y no sólo el desempeño económico del sector), por su influencia
en la posibilidad de que un determinado sector de la población caiga bajo la
línea de pobreza.
Los organizadores del dossier invitaron a participar en él a destacados
académicos que estudian procesos similares que estarían ocurriendo en las
agriculturas de los dos países vecinos: Argentina y Brasil. Las similitudes de
nuestros ecosistemas, las mismas vocaciones agropecuarias, una historia ru-
ral en común hacen que sea lógico esperar situaciones similares a las relatadas
para el caso uruguayo en dichos ambientes. En esta clave, se presentan dos
artículos de investigadores de dichos países.
Como lo han hecho notar estudios previos (Gutiérrez, 2009; Errea et
al., 2011; Arbeleche y Carballo, 2007), la agricultura empresarial dedica-
da a la producción de granos en secano en Uruguay toma su modelo de
un desarrollo similar de las empresas de agronegocios de la agricultura
pampeana. En realidad, ese modelo es traído por empresarios argentinos
que, diversificando sus inversiones, se instalan tempranamente en el lito-
ral oeste de nuestro país. Es por ello que el artículo de Carla Gras cobra
mucha importancia para comprender y establecer comparaciones con el
desarrollo de los agronegocios en Uruguay. En dicho articulo, partiendo
de un estudio de caso de 26 empresas de agronegocios, Gras identifica dos
tipos de empresas distintos. En el paradigmático modelo de empresa en
red, se aúnan el conocimiento, el capital financiero, las grandes escalas y
un “management profesionalizado”, y se conjugan distintos actores vincu-
lados por sistemas contractuales formalizados. La propiedad efectiva de
la tierra juega un rol secundario. En este modelo se encuentra un numero
restringido de megaempresas que administran más de 100.000 hectáreas.
Por otro lado, las empresas agrícolas “tradicionales”, en las que la tierra
propia juega un papel más importante que en el modelo anterior, aunque
no suelen operar en red, sí aplican algunos de los conceptos y modalida-
des de la organización en red. Gras encuentra dos subtipos. Las empresas
“tradicionales” grandes, que tienen entre 10.000 y 20.000 hectáreas, y las
empresas “tradicionales” medianas, que tienen menos de 10.000 hectáreas
en propiedad. Las diferencias entre unas y otras no se restringen a la su-
perficie que poseen, sino que también hay modalidades diferentes de or-
ganización del trabajo, de vínculo con el capital financiero, de gestión de
la empresa, etcétera. Además, Gras encuentra que las empresas medianas
tienen mayores dificultades de acumulación de capital y una mayor vulne-
rabilidad ocasionada por el incremento en el precio de la tierra. En sínte-
sis, la autora rescata la idea de la heterogeneidad en los tipos de empresas
agrícolas, cuyo conocimiento y comprensión son necesarios para pensar
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
CAMBIOS RECIENTES EN LA SOCIEDAD RURAL 15
el rumbo futuro de la agricultura pampeana. La lectura de este artículo
permite extraer enseñanzas acerca de la forma de analizar al empresariado
agropecuario en nuestro país, con el que sin duda se encontrarán similitu-
des y diferencias.
El artículo de Neske, Almeida y Radomsky se inserta en este dossier des-
de una mirada más profunda y removedora. Cuestiona el mismo concepto
de desarrollo que está presente —aunque no necesariamente enunciado— en
los análisis de los cambios económicos, sociales y culturales que están ocu-
rriendo en la sociedad rural de nuestro país. Estos cambios, ¿traen desarro-
llo?, ¿o sólo producen crecimiento económico sin mejorar las condiciones
de equidad social? Los autores denuncian las teorías de la colonialidad del
poder: la idea del desarrollo ha sido construida a partir de las concepciones
dominantes de la modernidad. Afiliándose a la corriente de pensamiento de
los estudios poscoloniales, afirman que no hay (no tiene porqué haber) una
única forma de concebir el desarrollo, tal como fuera enunciado por la teoría
de Rostow —y continuada por otras versiones posteriores más elaboradas—,
sino que a él se puede llegar por múltiples formas y por distintos caminos. Al
analizar el caso del Alto Camaquã, en la región meridional del Estado de Rio
Grande do Sul, muestran cómo la forma única de concebir el desarrollo hace
que los territorios sean clasificados en desarrollados o subdesarrollados, exis-
tiendo para estos últimos una receta que se concibe y se aplica casi siempre
de la misma forma, cuando tal vez otros caminos sean posibles para lograr un
verdadero desarrollo.
Los artículos que el lector tiene en sus manos muestran también hasta
qué punto —como ha sido otras veces en la historia del país— estos cam-
bios son impulsados por vectores externos, provenientes de nuestros fuertes
vínculos con el mercado mundial, y hasta dónde por variables endógenas que
resisten o modifican su curso, o que proponen otros caminos. En síntesis,
este número de la Revista de Ciencias Sociales pretende ser un aporte para
una mejor comprensión de las transformaciones que están ocurriendo en la
sociedad rural.
Diego E. Piñeiro
Coordinador del dossier
Investigador responsable del Núcleo de Estudios Sociales Agrarios.
Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
16 PRESENTACIÓN
Referencias bibliográficas
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nuevo siglo en Uruguay y sus consecuencias. Montevideo: Facultad de Agronomía-
udelar.
Errea, Eduardo et al. (2011) Transformaciones en el agro uruguayo: nuevas instituciones y
modelos de organización empresarial. Montevideo: Facultad de Ciencias Empresaria-
les-Universidad Católica del Uruguay.
Gutiérrez, Gonzalo (2009) Análisis de las cadenas basadas en la producción de granos de se-
cano para la definición de lineamientos de políticas específicas, FAO - URU / TCP - 3103.
Montevideo: fao.
Piñeiro, Diego E. (2004) “Rentabilidad o muerte: la protesta rural en el Uruguay”, cap. iv,
en En Busca de la identidad: la acción colectiva en los conflictos agrarios de América
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Piñeiro, Diego E. y Moraes, María Inés (2008). “Los cambios en la sociedad rural durante
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Sociología-Facultad de Ciencias Sociales - udelar: Banda Oriental, pp. 105-136.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR
UN ENFOQUE DE GÉNERO
Alejandra Gallo e Irene Peluso
Resumen
En los últimos años, el campo uruguayo ha sufrido profundos cambios en el uso del suelo, las
formas de tenencia de la tierra y sus niveles de concentración. En este contexto, la agricultura
familiar sobrevive con serias dificultades.
Su disminución permanente, la creciente emigración de los jóvenes, y la tendencia a la masculi-
nización de la población rural demandan problematizar la reproducción social de esta modalidad
productiva. Una forma de hacerlo es indagar sobre la manera en la cual se procesa el traspaso de
los establecimientos. A su vez, incorporar la perspectiva de género al análisis permite contemplar
la diversidad de estrategias, desequilibrios de poder, capacidades y recursos que delinean las
formas que esta adopta y el lugar que ocupan los distintos sujetos sociales implicados.
Palabras clave: Género / sucesión / agricultura familiar.
Abstract
Strategies of succession in family farming: a gender perspective
In recent years the Uruguayan countryside has undergone profound changes in land use, forms
of tenure and land concentration levels. In this context, family farming survives with serious dif-
ficulties.
Its permanent decline, the increasing emigration of youth, and the tendency to masculinization
of the rural population, make it necessary to question the social reproduction of this productive
mode, for instance investigating the ways of farm ownership transfer. In turn, gender main-
streaming succession analysis allows us to contemplate the diversity of strategies, imbalances
of power, capabilities and resources that outline the forms succession takes and the place that
the various social actors involved occupy.
Keywords: Gender / succession / family farming.
Alejandra Gallo: Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad
de la República. Investigadora del Departamento de Sociología. Integrante del Núcleo de Es-
tudios Sociales Agrarios (CSIC-DS-UdelaR). E-mail: [Link]@[Link]
Irene Peluso Crespi: Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Sociales, Universi-
dad de la República. Integrante del Núcleo de Estudios Sociales Agrarios (CSIC-DS-UdelaR).
E-mail: irenepelusocrespi@[Link]
Recibido: 2 de abril de 2013.
Aprobado: 25 de junio de 2013.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
Introducción
El presente artículo aborda el problema de la sucesión de los establecimientos
ganaderos de tipo familiar desde una perspectiva de género y generaciones.
Para ello, articula los hallazgos de tres investigaciones, que conjuntamente
mostraron la estrecha vinculación entre las estrategias sucesorias que adop-
tan las familias y las relaciones de género que allí se establecen. Y de qué
manera, esta configuración de la sucesión genéricamente determinada incide
con fuerza en las trayectorias que adoptan las personas jóvenes que integran
estos establecimientos.1
De acuerdo a la información preliminar de la Dirección de Informa-
ción y Estadísticas Agropecuarias (diea), en base a datos del Censo General
Agropecuario, las explotaciones de tipo familiar se redujeron un 27,4% entre
el año 2000 y el 2011. Esta situación, que plantea una clara disminución de es-
tos establecimientos productivos, invita a reflexionar sobre la forma en la que
este modo de producción se reproduce y sostiene en el tiempo, o sea, sobre la
sucesión de las unidades de producción de una generación a la siguiente. Un
tema que contiene interesantes aristas como problema social, y que hasta el
momento ha sido ubicado como un asunto del ámbito privado que concierne
a las familias. Por un lado, implica pensar en el relevo generacional y la con-
tinuidad de un modo de producción específico. Por otro, estudiarlo desde la
perspectiva de género permite esclarecer aún más el proceso sucesorio, que,
como se verá a lo largo del trabajo, es marcadamente diferente para varones y
mujeres, enmarcando las trayectorias personales de la siguiente generación.
En la literatura referida al tema (ver, entre otros: Brumer, 2004; Piñeiro,
1998; Astori, 1982), existe un acuerdo bastante extendido en considerar la
agricultura familiar como un modo de producción específico, basado en
particulares relaciones de producción. Son justamente dichas relaciones las
que marcan su característica distintiva y excluyente, que se corresponde con
el predominio del trabajo familiar sobre el asalariado dentro del emprendi-
miento productivo. A la hora de analizar la estructura agraria, esta concep-
tualización presta particular atención a la organización social del trabajo
como uno de los factores centrales para el análisis. Para estos autores, la
agricultura familiar se caracteriza por el predominio del trabajo familiar
1 Se trata de tres estudios de caso realizados sobre establecimientos familiares ganaderos de los
departamentos de Canelones y Lavalleja, desarrollados en el período comprendido entre 2009
y 2011 (Peluso, 2009; Gallo y Peluso, 2011; y Gallo, Molinaro y Osorio, 2011). El primero de
ellos se enfocó en comprender la organización del trabajo productivo y reproductivo desde una
perspectiva de género. El segundo aborda el problema de la sucesión, y el tercero refiere a los
proyectos profesionales y laborales de los/as jóvenes hijos/as de familias productoras.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 19
sobre el asalariado; el control del recurso tierra y otros recursos productivos
(ya sea en propiedad o usufructo), la residencia en el predio —o muy cerca
de este—; y la estrecha vinculación con los mercados de insumos, bienes de
capital, dinero, trabajo y tierra (que lo diferencia de la modalidad campe-
sina que suele producir para autoconsumo y frecuentemente en relaciones
sociales provenientes de sistemas prehispánicos). Otro elemento que se des-
taca es que estos establecimientos suelen producir mayoritariamente para
el mercado interno.
Por las características mencionadas, las unidades productivas de tipo
familiar tienen algunas peculiaridades en la forma de organización del tra-
bajo y en la lógica que siguen en relación con la explotación de sus esta-
blecimientos. Se ha señalado que la lógica de los/as productores/as de tipo
familiar está orientada a satisfacer las necesidades familiares y no a maximi-
zar la tasa de ganancia (Schejtman, 1980). Esto implica que las necesidades
del establecimiento y de la familia se condicionen recíprocamente, dando
lugar a lo que Hamdan (1994) ha llamado “unidad familia-explotación”,
asumiendo que no existe una frontera claramente definida entre la econo-
mía de la empresa y la correspondiente al grupo familiar. El marcado con-
dicionamiento mutuo que existe entre el ámbito productivo y el doméstico
es observable, por una parte, en que la unidad doméstica depende funda-
mentalmente de la productiva para obtener sus recursos económicos. Pero,
al mismo tiempo, en que la fuerza de trabajo que se puede aportar a la pro-
ducción depende de las características del hogar, sus ciclos familiares y de
los arreglos domésticos que hagan las familias.
Por otra parte, si bien es posible distinguir con fines analíticos dos sub-
sistemas de producción diferenciados: la unidad productiva, cuya finalidad
es producir bienes para el mercado, y la unidad doméstica, en la cual el
objetivo reside en producir bienes y servicios para la subsistencia y repro-
ducción material y social del grupo familiar; las características específicas
que comporta este modo de producción hacen que en la realidad no exista
una frontera clara entre ambos ámbitos. Esto genera una superposición en
el mismo espacio físico, y a veces temporal, de las actividades productivas y
reproductivas. Un ejemplo que se ha podido observar de este constante so-
lapamiento es la función que ocupa, en cada unidad productivo-doméstica,
la producción para autoconsumo. Estudios realizados muestran como dicha
producción, tradicionalmente considerada parte de las labores domésticas,
muchas veces es intercambiada en el mercado, dependiendo de las bon-
dades de la cosecha, o al contrario, habiendo sido planificada para la ven-
ta, termina siendo consumida, al fallar la colocación del producto. Es muy
común que las familias planifiquen cierta producción para autoconsumo
pero previendo que “si sobra” se venderá en el mercado o se canjeará en un
comercio de la zona por otros productos.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
20 ALEJANDRA GALLO - IRENE PELUSO
Pese al fuerte condicionamiento mutuo de ambos espacios y a la dificul-
tad de delimitar en forma absoluta cada uno de ellos, ya que sus límites son
muy dinámicos, las familias distinguen simbólica y físicamente dichos espa-
cios. Se trata de “la casa” y “el campo”, dos universos de trabajo genéricamente
configurados. Como veremos más adelante, el campo es el espacio de trabajo
masculino por excelencia, independientemente del aporte de mano de obra
femenina, muchas veces importante en cantidad y calidad. La casa, en cam-
bio, es el universo de trabajo femenino.
En esta dinámica de funcionamiento existe una asignación diferen-
ciada de roles, que constituye una marcada división sexual del trabajo,
restringiendo el accionar de las mujeres a la órbita doméstica y el de los
varones a la producción para el mercado (Brumer, 2004). El traspaso de
la empresa a la siguiente generación, como veremos, no escapa a las con-
diciones y arreglos en relación con el mundo del trabajo que en ella tie-
nen lugar. Asimismo, en la medida en que la condición de agricultor/a
familiar es mayoritariamente hereditaria, la sucesión del control de los
establecimientos incide en forma directa en la reproducción social de la
agricultura familiar y en las características que esta adopta. Así como a
qué integrantes de esas familias absorbe y a quiénes expulsa de la empresa
familiar.
La organización social del trabajo
y las relaciones de género que esta expresa
Hemos mencionado que en la agricultura familiar, si bien las tareas vincula-
das a la producción para el mercado y a la reproducción de la familia no son
fácilmente separables temporal y espacialmente, estas se encuentran marca-
damente ordenadas a partir de una división sexual del trabajo que otorga
lugares claramente diferenciados para varones y mujeres.
Para Hirata y Kergoat (2007, p. 598), la división sexual del trabajo:
Tem como características a designação prioritária dos homens à esfera pro-
dutiva e das mulheres à esfera reprodutiva e, simultaneamente, a apropria-
ção pelos homens das funções com maior valor social adicionado (políticos,
religiosos, militares, etc.).
Las autoras completan al análisis al decir que esta forma de organiza-
ción de la carga de trabajo global de la sociedad contiene dos principios
ordenadores, el principio de separación y el principio jerárquico. Estos
principios organizadores operan como factores prioritarios para asegurar
las relaciones sociales entre los sexos. En el caso de los establecimientos
agropecuarios de tipo familiar, el principio de separación de la división
sexual del trabajo se observa marcadamente en la asignación prioritaria
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 21
de los varones a la producción para el mercado; mientras que las mujeres
suelen encargarse en exclusividad de las tareas domésticas y de cuidados
familiares.
Esta forma de organizar el trabajo familiar, que contiene variaciones se-
gún la composición de la familia, el ciclo vital, la situación económica de la
empresa, el rubro principal de producción, y es fruto de diversas experien-
cias y negociaciones, presenta, en los establecimientos familiares dedicados
a la ganadería, una importante homogeneidad en la asignación de los roles
femeninos y masculinos en relación con el trabajo. Más marcada aún que la
analizada para otros rubros de producción.
En los establecimientos ganaderos de tipo familiar, el involucramiento
femenino en las tareas vinculadas a la producción para el mercado es escasa
o eventual. Se hallaron muy pocas familias en las cuales la participación de
las mujeres en la labor productiva fuera activa o casi igualable, en cantidad,
a la de los varones. Cuando esto ocurre, es frecuente que dicho trabajo se
vincule mayormente a tareas productivas no ganaderas, en aquellos estable-
cimientos que han optado por la diversificación productiva como estrategia
de subsistencia.
La participación femenina en el trabajo productivo no sólo es menor
en cantidad o frecuencia diaria, sino también suele estar acotada a cierto
tipo de tareas. No se encontraron casos en los que las mujeres manejen
herramientas grandes o un tractor, o utilicen caballo, ni se registró una
significativa participación en las tareas contables y administrativas. Tam-
poco realizan tareas vinculadas a la producción que traspasen los límites
del predio: vender, comprar, participar de ferias, hacer trámites. En esta
marcada asignación por género de los distintos tipos de tareas que hacen
a la actividad productiva, vemos cómo se reserva a los hombres aquellas
actividades que implican el dominio de ciertas herramientas de trabajo
muy asociadas simbólicamente con el trabajo rural, aquellas que impli-
can una mayor elaboración intelectual o que están vinculadas a la esfera
de lo público.
Las mujeres, además de ocuparse de las tareas domésticas y de cui-
dados familiares, suelen tener a cargo la producción para autoconsumo.
Sin embargo, en aquellos establecimientos donde la estrategia de super-
vivencia familiar apunta a dar mayor importancia a la producción para
consumo interno, esta tiende a salir de la órbita femenina y pasa a ser
realizada por los varones conjuntamente con la producción para el mer-
cado. Es dable observar, entonces, cómo la participación femenina en las
tareas agropecuarias adquiere cierta variabilidad, según las necesidades y
estrategias que adopte cada unidad familia-explotación; no así la partici-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
22 ALEJANDRA GALLO - IRENE PELUSO
pación masculina en las tareas domésticas y de cuidados familiares, que es
prácticamente inexistente en todos los casos relevados.
Sin embargo, esa flexibilidad en la frontera que demarca los espacios
masculinos y femeninos, en la práctica cotidiana de las familias, opera so-
bre construcciones de género muy rígidas que naturalizan claramente las
tareas productivas como masculinas y las reproductivas como femeninas.
Estas construcciones determinan que el aporte femenino al trabajo produc-
tivo suela estar invisibilizado por quienes integran el grupo familiar, o sea,
significado como “ayuda” al trabajo masculino. Y en tanto las construccio-
nes simbólicas dominantes consideran como trabajo solamente el que tiene
valor económico de mercado, el trabajo femenino participa de una doble
invisibilidad: no se reconoce su aporte a la labor productiva como trabajo
legítimo y no se reconocen las tareas reproductivas como trabajo.2 Es en
este contexto donde se hace visible, en la producción familiar, el segundo
principio ordenador de la división sexual del trabajo. El principio jerárqui-
co refiere a la idea de que al trabajo realizado por los varones suele atribuír-
sele históricamente mayor valor que al trabajo realizado por las mujeres.
Para Hirata y Kergoat (2007), la jerarquía social entre los sexos se introduce
a partir del problema del valor. Consideran asimismo, que una constante
histórica, que atraviesa a todas las sociedades conocidas, es que la produc-
ción se ha valorado más que la reproducción.
Para Saltzman (1992, p. 55) la división sexual del trabajo, junto con la
existencia de “recursos masculinos de poder” superiores a los de las mujeres
son los elementos básicos a la hora de estudiar el sistema de estratificación
entre los sexos:
En la mayoría de las sociedades que presentan estratificación de los sexos,
la división sexual del trabajo ha situado desproporcionadamente a los hom-
bres, en comparación con las mujeres, en roles de trabajo que generan ac-
ceso directo a los recursos materiales, incluyendo pero no limitándose al
dinero. (Saltzman, 1992, p. 56)
En tanto que en la agricultura familiar, las decisiones en torno a si invertir en
el establecimiento o en la familia comportan un delicado equilibrio en torno
a necesidades contrapuestas y fuertemente imbricadas, el poder de decisión
tiende a concentrarse en los hombres, que son quienes realizan y controlan la
2 Dice Benería al respecto: “… puede ser difícil determinar los límites entre las faenas agrícolas y
las tareas domésticas, sobre todo tratándose de mujeres. En la medida en que el trabajo agrícola
no remunerado de la mujer está muy integrado en las actividades domésticas —por ejemplo,
los cultivos alimenticios, el acarreo de leña, el cuidado de los animales y otras muchas tareas—,
la distinción entre las clasificaciones tradicionales del trabajo familiar (en la agricultura) y el
trabajo doméstico es sutilísima y resulta difícil trazar una línea divisoria clara. En la práctica, se
suele infravalorar el trabajo que desempeña la mujer en la producción de subsistencia siempre
que se clasifica como trabajo doméstico” (Benería, 1999, p. 325).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 23
producción para el mercado y, por lo tanto, los ingresos prediales. Al mismo
tiempo que la invisibilidad del trabajo femenino legitima y naturaliza dicho
poder de decisión.
La organización social del trabajo en el interior de las unidades fa-
milia-explotación, y los significados que sobre dicho trabajo ahí se cons-
truyen, genera fuertes asimetrías entre los sexos, al naturalizar la perma-
nencia de los varones al frente de la tarea de producción para el mercado,
y haciendo girar en torno a ellos, la titularidad de los establecimientos
agropecuarios, las decisiones cotidianas en materia productiva y, como
veremos a continuación, la sucesión de los establecimientos y la tenencia
de la tierra.
Una característica particularmente importante que adopta la organi-
zación genéricamente condicionada del trabajo, en la agricultura familiar,
es que esta se transmite de una generación a la siguiente, a partir de la
articulación de dispositivos diferenciados de socialización, según se trate
de hijos varones o mujeres. De esta manera, se articula un proceso socia-
lizador, que promueve gustos y saberes distintos por la actividad produc-
tiva para hijos e hijas. Estos mecanismos se inician en los primeros años
de crianza y se fortalecen a medida que las hijas y los hijos crecen. Desde
muy pequeños, los hijos varones suelen ser estimulados para las tareas
de producción para el mercado. Así se les apoya e incentiva en las tareas
del campo por el traspaso directo de los saberes, a veces reforzado con
la adquisición de conocimientos “especializados”, como ir a una escuela
agraria. Por su parte, a las hijas mujeres se les valora positivamente la
participación en las tareas domésticas y el uso del tiempo fuera del es-
tablecimiento, estimulando el estudio y permitiendo el abandono de las
labores de campo. Así, se legitima dentro de las familias el rol masculino
asociado a la tarea de producción, y se cristaliza el rol femenino alejado
de las tareas productivas.
Separada desde un punto de vista analítico, pero obviamente relacionada
con la medida en que la generación adulta se encuentra sexualmente dife-
renciada, está la medida de la división sexual del trabajo. Cuando hombres y
mujeres llevan a cabo roles de trabajo profundamente distintos, ofrecen mo-
delos que sugieren a los niños los tipos de trabajo que pueden y no pueden
hacer cuando sean adultos. (Saltzman, 1992, p. 93)
Una aproximación al concepto de sucesión
En el presente trabajo, se entiende por sucesión de los establecimientos fa-
miliares el traspaso del control y la tenencia de la unidad productiva de
una generación a la siguiente. Esta idea implica hacer una distinción entre
herencia y sucesión efectiva. La primera comprendería las normas legales (y
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
24 ALEJANDRA GALLO - IRENE PELUSO
los consiguientes derechos) establecidas por cada sociedad, para el traspaso
de los activos a la siguiente generación. Es decir, las “normas del traspaso
del valor de la sociedad” (Ramos, 2004, p. 2). La segunda tiene que ver
con la transferencia del control efectivo de la explotación familiar. Hacer
énfasis en el traspaso del control y gerenciamiento efectivo de la explota-
ción tiene importantes implicancias, a juicio de este equipo de trabajo. En
primer lugar, tiene que ver con considerar que la capacidad de usufructo de
la tierra productiva implica su control efectivo por parte del o la sucesora.
En segundo lugar, hace énfasis en que el traspaso de activos y el traspaso del
gerenciamiento de la explotación no necesariamente suceden en un mismo
momento ni convergen con fluidez.3 Por último, propone distinguir las nor-
mas legales que regulan los procesos sucesorios del traspaso de activos, y la
legitimidad social que dichas normas tienen en la comunidad. Para Ferro
(2008, p. 20), no son las normas legales las causantes de la desigualdad en la
trasmisión generacional de los recursos productivos, sino “… el patrón con-
suetudinario de acceso diferencial basado sobre un orden de género fuerte-
mente asimétrico, que determina inequidades en perjuicio de las mujeres”.
Es decir, son las significaciones y prácticas familiares las que determinan la
modalidad del proceso sucesorio.4
A su vez, esta diferenciación entre herencia y sucesión (como transferen-
cia del gerenciamiento efectivo del establecimiento) permite desanclar el pro-
ceso sucesorio del momento en que se realiza la transferencia de los activos a
la muerte de los progenitores, y pensarlo como un proceso que se desarrolla
en el tiempo, a lo largo de todo el ciclo familiar. Este proceso que comienza a
gestarse muy tempranamente, con la aparición de la nueva generación, apun-
ta a la designación de un sucesor y culmina cuando este adquiere el control
efectivo de la explotación, para dar comienzo nuevamente con la aparición de
la siguiente generación.
Como veremos más adelante, dicho proceso de designación, de quién
o quiénes serán los/las sucesores/as que se quedarán con el control de la ex-
plotación, está fuertemente atravesado por las relaciones de género que allí
se establecen. La división sexual del trabajo, la socialización diferenciada
para hombres y mujeres en relación con la tarea productiva, la naturali-
3 Se retoma la conceptualización que hace Dirven (2002), para quien el proceso sucesorio incluye
dos elementos fundamentales: “… la transferencia legal de la propiedad de la tierra y de los
activos existentes”, y “la transferencia a la próxima generación del uso del patrimonio y de la
gerencia de la explotación”.
4 El régimen sucesorio en Uruguay preserva la transmisión de los bienes sucesorios en favor de
las/los hijas/os y de las/os ascendientes (si no existiera descendencia). Esta parte, denominada
porción legitimaria, de la que el titular no puede disponer libremente por testamento o do-
nación, asciende al 50% del patrimonio sucesorio si hay un hijo o sólo ascendientes, a las dos
terceras partes si hay dos hijos y a las tres cuartas partes si hay 3 o más. La ley no discrimina a
lo/as heredero/as según el sexo.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 25
zación del trabajo productivo como propiamente masculino determinan,
como veremos, que exista un fuerte consenso familiar acerca de la conve-
niencia de que sea un varón el que quede al frente de la explotación. Como
algunos estudios han demostrado (Malán, 2008), las tensiones y conflictos
que puedan suscitarse apuntan a las dificultades del titular actual de la ex-
plotación de ceder espacios en la toma de decisiones de la empresa al/los
sucesor/es designados, y su tendencia a posponer la transferencia del em-
prendimiento productivo.
La modalidad predominante: un único sucesor de filiación masculina
En la mayoría de los casos relevados en los estudios de caso que nutren este
trabajo, la forma en que se ha procesado el traspaso del control de los es-
tablecimientos de la generación anterior a la actual (entendiendo por esta
la que mantiene el gerenciamiento al momento del relevamiento), se dio de
padre a hijo varón bajo la forma de que uno de los hijos varones se queda a
trabajar con el padre y luego, cuando este se jubila, adquiere la titularidad
de la explotación y su control. Oportunamente, cuando los padres mueren,
el problema de la transmisión de los activos, fundamentalmente la tierra, se
resuelve comprando o arrendando la parte a sus hermanos. En algunas de
estas situaciones, el hijo adquiere la totalidad del control de la explotación
que tenía el padre, vía arrendamiento o compra de partes a sus hermanos.
En otros casos, la explotación se achica en parte, porque el sucesor no logra
hacerse con todos los activos familiares. En ningún caso encontramos que
coexistan varios hermanos, con explotaciones diferentes, haciendo usufructo
de los activos paternos.
Junto a esta modalidad dominante, encontramos una variedad de
arreglos sucesorios más o menos estables. Algunas veces, el dueño del es-
tablecimiento hace arreglos en vida para garantizar la continuidad de la
explotación en manos del sucesor designado, a modo de ejemplo, vía com-
pensación económica con bienes urbanos (en el caso de las mujeres), co-
laborando con algún emprendimiento laboral en el caso de los hermanos
varones del sucesor. Esta variada casuística, sin embargo, muestra las dife-
rentes estrategias que utilizan las familias para garantizar la concreción del
acuerdo sucesorio.
El carácter patrilineal del traspaso del establecimiento se confirma
analizando la situación de las cónyuges de los titulares de las explotaciones
relevadas. Si bien la mayoría son hijas de productores familiares, en escasí-
simas ocasiones poseen tierras propias y, cuando lo hacen, están arrendadas
a uno de sus hermanos o pasan a integrar el patrimonio de la explotación
que dirige el esposo.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
26 ALEJANDRA GALLO - IRENE PELUSO
Preservar la integridad del patrimonio
La forma en la cual se procesa la sucesión tiende a preservar la integridad
del establecimiento. Como dice Bourdieu “A todas las familias campesi-
nas se les plantean fines contradictorios: la salvaguarda de la integridad
del patrimonio y el respeto de la igualdad de derechos entre los hijos”
(2004, p. 56). Según lo relevado, esta dicotomía que atraviesan las familias
se resuelve por la vía de favorecer a un único sucesor, de filiación mascu-
lina, pero respetando los derechos de herencia de sus hermano/as. Es que
la necesidad de preservar la unidad del patrimonio tiene que ver con el
tamaño de los predios, en general pequeños, y la inviabilidad económica
de fraccionarlos aún más. Pero también con el valor simbólico y cultural
que ese pedazo de tierra tiene para sus propietarios. Se trata del lugar
donde nacieron y se criaron; en el cual la mayoría de las veces nacieron y
se criaron sus padres y abuelos. Significa legar lo que la familia adquirió y
sostuvo con mucho esfuerzo.
Existe, por lo tanto, un importante condicionamiento de género en la
forma en que se resuelve la sucesión de los establecimientos familiares, que
no sólo dificulta enormemente la posibilidad de las mujeres de hacer usufruc-
to y gerenciar un emprendimiento productivo, sino que más aún, por la vía
de los hechos y a través de las diversas estrategias familiares, bloquea también
el acceso de estas a la propiedad de la tierra. Esta es una situación que ha sido
observada por Deere y León para toda América Latina:
[La] discrepancia entre la igualdad formal de los hombres y las mujeres ante
la ley y el logro de una igualdad real entre ellos, [es] una brecha que se apre-
cia muy bien en la diferencia que existe entre los derechos de la tierra de las
mujeres y la propiedad real de las mismas. (Deere y León, 2002, p. 1)
Estas estrategias sucesorias, tendientes a preservar la integridad del patri-
monio, coadyuvan con prácticas socialmente legitimadas y que tienen ori-
gen en la división sexual del trabajo, obstaculizando el acceso y usufructo
de las mujeres de los bienes productivos. Es así que los derechos de herencia
(que garantizan la igualdad para todos los hijos e hijas sin discriminación por
sexo) y las prácticas socialmente legitimadas sufren un fuerte divorcio en la
agricultura familiar.
La construcción del sucesor a lo largo del ciclo familiar
La composición de la familia incide en la forma en que los actuales titu-
lares de los establecimientos proyectan la sucesión, fundamentalmente en
función de diferencias de género. Los únicos casos en que se planea la su-
cesión para hijas mujeres es cuando no existen hijos varones. Y aunque no
encontramos bloqueos a estos proyectos sucesorios femeninos, tampoco
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 27
encontramos un compromiso, de parte de los padres, con la sustentabilidad
y crecimiento de la empresa, ni con la participación de las hijas en esta. En
todos los casos relevados, el establecimiento se mantiene con el esfuerzo
casi exclusivo del padre y no se realizan inversiones. Como hemos visto,
en aquellas familias que cuentan con hijos varones, invariablemente el pro-
yecto recae sobre uno de ellos. Y mientras que las hijas mujeres no son
preparadas para la tarea del campo, los hijos varones son vinculados desde
pequeños. Cuando existe más de un hijo varón, se tiende a planificar la su-
cesión solamente para uno de ellos, en aras de la ya mencionada intención
de mantener la integridad del patrimonio.
La delimitación del sucesor está fuertemente relacionada a la vincu-
lación temprana a la tarea productiva de los posibles candidatos. Esto es
así porque la agricultura familiar es un cúmulo de saberes, usos y costum-
bres que se aprende por trasmisión intergeneracional en un entorno car-
gado de connotaciones simbólicas y afectivas. Entonces, la delineación del
sucesor tiene mucho que ver con su integración temprana al mundo del
trabajo del establecimiento y la adquisición de todos esos elementos que
lo validarán como el más capacitado para continuar la tarea paterna. En
esa integración a la tarea productiva, encontramos una fuerte diferencia-
ción de género que comenzará a dibujarse apenas los niños entran en edad
escolar. Mientras los varones acompañan desde muy temprano al padre
y se integran con naturalidad al mundo del trabajo productivo; las niñas
son formadas en las tareas del hogar y se vinculan más estrechamente con
la madre, realizando labores productivas sólo muy eventualmente.
A medida que los hijos crecen, los mecanismos socializadores diferen-
ciados se fortalecen, vinculando más estrechamente a los varones a las la-
bores de campo y alejando a las mujeres de estas. Hay en esto una fuerte na-
turalización del trabajo ganadero como trabajo masculino y una dificultad
de visualizar un proyecto femenino de trabajo dentro del establecimiento
productivo.
Cuando los hijos están en edad de ingresar al mundo del trabajo, co-
mienza a dibujarse más claramente el sucesor y eso implica una cristalización
de los roles familiares. Bajo la certeza de que las hermanas no son candida-
tas a continuar en la explotación, se realiza una valoración positiva de sus
proyectos fuera del establecimiento. Para el varón que es elegido sucesor, las
actividades fuera del establecimiento son residualmente valoradas o incluso
desestimuladas, a la vez que se fomenta su involucramiento creciente con la
tarea productiva.
Los casos relevados apuntan a establecer que la elección del sucesor,
cuando hay más de un hijo varón, tiende a recaer en el hijo menor de la
familia. Esta tendencia, que no constituye un patrón sucesorio establecido
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
28 ALEJANDRA GALLO - IRENE PELUSO
como norma socialmente legitimada, tiene que ver con que el traspaso tar-
dío del control de la explotación hace que cuando esta se procesa, los hijos
mayores ya abandonaron el hogar buscando independencia económica. Al-
gunas veces, puede observarse que la afinidad del padre con alguno de sus
hijos puede cobrar relevancia a la hora de definir al sucesor. Malán (2008),
estudiando la sucesión en establecimientos familiares dedicados a la leche-
ría, analiza la díada padre-hijo y cómo esta juega un papel determinante en
la selección del sucesor.
La díada padre-hijo suele ser la principal relación que se destaca al inte-
rior del grupo familiar. La misma se basa en el control generacional que
existe de padre a hijo, ya que es el varón el sucesor favorable para garan-
tizar la continuidad de la empresa. Esto implica, que durante un tiempo
ambos trabajen juntos y compartan las decisiones, y que se produzca así
el traspaso de gran parte de los conocimientos técnicos sobre la actividad.
(Malán, 2008, p. 13)
Un elemento que se puede inferir del relevamiento realizado es que está
tan naturalizada la vinculación de los varones a la actividad productiva y
las responsabilidades prediales, que la elección de un único sucesor entre
ellos no implica, para el resto de los varones, compensación de ningún
tipo. La elección del sucesor frente a sus hermanos varones es un mecanis-
mo implícito, que se construye casi inconscientemente en el imaginario
y las rutinas cotidianas de las familias. Durante la definición del sucesor
entran en juego:
… un complejo entramado de certidumbres, pautas culturales más o menos
explicitas, hábitos y comportamientos que se imponen por sí mismos, sin la
voluntad ni conciencia de los implicados, adoptando así la apariencia de una
manera natural de contemplar el mundo. (Graña, 1996, p. 106)
En el caso de las mujeres, en cambio, el supuesto, naturalizado por todos, de
que las mujeres no son candidatas a continuar con la explotación, hace que
se piensen para ellas alternativas. A modo de ejemplo, apoyarlas en la realiza-
ción de una carrera profesional.
Podríamos pensar, entonces, que existe un sistema diferencial de recom-
pensas para el sucesor y el resto de sus hermano/as según sean varones o mu-
jeres, permeado por las valoraciones implicadas en el sistema de género. La
continuidad con el proyecto familiar, para los varones, no es tanto un derecho
de herencia, como un deber social.
Cuando las familias se encuentran en la etapa de fisión, es decir, cuan-
do la siguiente generación empieza a independizarse para formar su propia
familia, la designación del sucesor suele estar sellada. A esta altura, por lo
general, ya se ha proyectado la continuidad de la empresa para un hijo varón.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 29
Ese delineamiento del sucesor se fortalece con el retiro temprano de los otros
hermanos, que inician su vida laboral fuera del establecimiento, optando por
otros oficios y tareas.
El deseo de continuidad, los bloqueos al proyecto sucesorio
y las trayectorias de los/as jóvenes
En todos los casos relevados, se manifestó un fuerte deseo, por parte de los
padres y las madres, de que la empresa continúe en manos de la familia. Ese
deseo es observable asimismo en que en todos los casos los hijos varones fue-
ron iniciados desde muy temprano en el aprendizaje de la tarea productiva,
previéndose su continuidad en la empresa familiar.
Se registran algunos casos en que dicho deseo no logra concretarse
en un proyecto de sucesión definido; situación que es vivida con pena y
algunas veces con resignación por parte de los/as progenitores/as. En al-
gunas situaciones, el bloqueo a un proyecto de sucesión tiene que ver con
el hecho de que los hijos, cuando adquirieron la edad de trabajar, tomaron
caminos propios que los alejaron del predio; y cuando los padres quieren
ceder la explotación ya están desvinculados de la tarea agropecuaria. En
otras, la dificultad de concretar un proyecto de sucesión tiene que ver con
el hecho de que los padres y las madres no consideran viable la conti-
nuidad de la explotación y tienen serias dudas acerca del valor de lo que
tendrían para legar. En esos casos, el estímulo dado a la siguiente genera-
ción aparece más relativizado. Esa convicción puede deberse a situaciones
económicas críticas, pero también puede llegar a vincularse a situaciones
sucesorias no resueltas por parte de la generación que detenta la titulari-
dad actual del establecimiento. La permanencia de progenitores/as con
vida que no han traspasado sus activos, sumado a la existencia de varios
herederos potenciales, puede hacer ver muy incierto, para el actual titu-
lar, la posibilidad de legarlo a la siguiente generación. En esos contextos,
puede valorarse el trabajo agropecuario como excesivamente duro, poco
rentable y demasiado plagado de inseguridades, como para convertirlo
en deseable para la siguiente generación. Estudios realizados en América
Latina (Brumer, 2006) han señalado que, en muchas ocasiones, el deseo de
transferir la explotación se prolonga tanto en el tiempo (por dificultades
de acceder a jubilaciones decentes, renuencia a dejar el control del em-
prendimiento productivo, el incremento de las expectativas de vida) que,
cuando se decide concretar, la generación siguiente ya alcanzó la adultez y
tomó caminos alternativos.
Asimismo, la posibilidad de concretar un proceso sucesorio exitoso
se encuentra en relación con los deseos y expectativas que la siguiente ge-
neración tenga sobre la empresa familiar, los cuales están condicionados
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
30 ALEJANDRA GALLO - IRENE PELUSO
por los patrones de género dominantes. En la división sexual del trabajo
que tiene lugar en las unidades doméstico-productivas y el proceso de
socialización diferenciado que allí se establece, se ponen en juego las de-
finiciones de masculinidad y feminidad que las familias sostienen y cons-
truyen. Como se ha visto, estas definiciones no sólo tienen que ver con
las tareas concretas que asume cada uno de los sexos y el valor que se le
asigna a cada tarea, sino con las normas sociales que regulan los modos
legítimos de ser varón y ser mujer, que habilitan modelos de feminidad
y masculinidad hegemónicos, donde se articulan derechos, obligaciones,
responsabilidades y privilegios diferenciados para cada sexo. Estas defi-
niciones de feminidad y masculinidad inciden en los proyectos profesio-
nales y laborales de los/as jóvenes hijos/as de productores/as. Mientras
en los hijos varones la preferencia por continuar con la actividad paterna
parece imponerse como norma ineludible, en las hijas se presenta con
claridad la ruptura con el modelo materno, proyectándose un destino ale-
jado de la producción agropecuaria familiar.
Como se ha mencionado, las jóvenes suelen recibir apoyo para con-
tinuar con sus estudios, al tiempo que se desestimula su involucramiento
en las tareas de producción para el mercado. Resulta interesante que to-
das las familias expresan el deseo de que sus hijas continúen el proceso
de formación, incluso aquellas en las que concretar este deseo supone un
esfuerzo económico significativo. Al momento del relevamiento, casi todas
las entrevistadas se encontraban cursando educación secundaria o terciaria,
alcanzando un nivel educativo mayor al logrado por sus padres, madres y
hermanos. Una consecuencia resultante de esta situación es la emigración a
los centros urbanos por parte de las jóvenes que no encuentran en su lugar
de origen la posibilidad de llevar adelante su proyecto. Como se ha men-
cionado, esta inversión en capital humano para las hijas podría considerar-
se una compensación para ellas, impedidas de heredar el emprendimiento
productivo. Así entendido, presenta sentidos encontrados. Por una parte,
implica la ruptura con el modelo de género heredado de sus madres, en tan-
to el capital educativo habilita el desarrollo de proyectos alternativos. Por
otra parte, significa la cristalización de que a las mujeres no les competen
las actividades de campo.
Por su parte, los jóvenes varones expresan con claridad su deseo de
constituirse como productores. Pero la rentabilidad de las unidades pro-
ductivas y la posibilidad de participación en la distribución de los benefi-
cios intervienen de manera determinante en la definición concreta de dicho
deseo, expresándose con mayor énfasis en aquellos pertenecientes a estable-
cimientos prósperos. En estas explotaciones, suele habilitarse una partici-
pación activa en la distribución de los beneficios del joven designado como
sucesor, recibiendo muchas veces un salario por su trabajo o accediendo a
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 31
tierra o animales para su laboreo. En los casos de establecimientos menos
solventes, el proyecto de continuidad se construye en un escenario tendien-
te a la dependencia e inestabilidad.
Como se ha analizado ut supra, los estudios realizados permiten afir-
mar que, en la mayoría de los casos, el hijo designado para continuar con
la actividad paterna suele ser el menor. Esto es consecuencia de las es-
trategias que se articulan a la interna de las familias con el objetivo de
garantizar la continuidad de los establecimientos, siempre asociadas a
mantener la integridad del patrimonio. Los hijos varones mayores se ven
incentivados a emanciparse para lograr sus propios ingresos, producto de
las dificultades de acceso a beneficios derivados de las unidades produc-
tivas y a la escasa participación que se les asigna en la toma de decisiones.
Cuando sucede la emancipación de los hermanos mayores, es entonces
que se articulan distintos mecanismos tendientes a promover la conti-
nuidad del hijo —aún residente— al frente de la explotación. Es así, que
comienza a tener mayor participación en los beneficios y en la toma de
decisiones sobre los recursos, adquiriendo más protagonismo en el mun-
do productivo. De este modo, se busca atenuar el costo de oportunidad
que le ocasiona al joven permanecer trabajando para sus progenitores/as,
al margen del mundo del empleo.
Consideraciones finales
Podemos concluir entonces, que el traspaso del establecimiento productivo
de una generación a la siguiente tiende a privilegiar la designación de un úni-
co sucesor de filiación masculina, generalmente el hijo menor. Esta tendencia,
más que un patrón cultural consuetudinariamente establecido, es el resultado
de diversas estrategias que realizan las familias para asegurar la continuidad
de la explotación manteniendo la integridad del patrimonio. Estrategias que
se encuentran constreñidas por las definiciones de género que asignan roles e
imponen expectativas diferentes para varones y mujeres y que atraviesan todo
el ciclo de vida familiar.5
5 Bourdieu, analizando el sistema de estrategias de reproducción en las sociedades campesi-
nas en el Bearne francés, considera que más que analizar patrones sucesorios como reglas
consuetudinarias, se trata de comprender cómo las familias construyen estrategias para ga-
rantizar la trasmisión del patrimonio en el marco de las prescripciones culturales existen-
tes. Dice al respecto: “Hay que romper, en efecto, con el juridicismo que impregna aún la
tradición etnológica […] que actúa como si las prácticas fueran directamente deducibles de
reglas jurídicas expresamente constituidas y legalmente sancionadas o de prescripciones con-
suetudinarias en las que se incluyen sanciones morales o religiosas”. Y agrega, refiriéndose
a las distintas estrategias matrimoniales: “Todo obliga, por el contrario, a plantearse que el
matrimonio no es fruto de la obediencia a una regla ideal, sino del producto de una estrate-
gia…” (Bourdieu, 2004, pp. 169-171).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
32 ALEJANDRA GALLO - IRENE PELUSO
Desde este punto de vista, el proceso sucesorio se inicia temprana-
mente. Se puede rastrear hasta los primeros años de crianza de los niños
y las niñas, en la asignación diferenciada de roles para uno y otro sexo en
las unidades familia-explotación. Estos mecanismos se incrementan y en-
durecen a lo largo del ciclo de vida familiar. La división sexual del trabajo,
dentro de la unidad productiva, cobra entonces un papel central a la hora
de determinar la dirección que adopta la sucesión y el lugar que ocupan
varones y mujeres en esta.
Esta construcción del proceso sucesorio, signado por inequidades de gé-
nero, está altamente naturalizada por todos los miembros del hogar. Situación
que favorece la construcción consensual del pacto sucesorio, al menos en lo
que respecta a la filiación masculina de la sucesión. Las tensiones y preocupa-
ciones que se han relevado tienen que ver más con el problema del traspaso
de los activos, con el temor, por parte del sucesor, a no poder acceder a la
totalidad del patrimonio familiar o no garantizar la viabilidad del emprendi-
miento. Situación que se torna especialmente crítica en aquellos predios muy
pequeños, llegando a cuestionar la continuidad del establecimiento e, incluso,
a bloquear el proyecto de sucesión.
En un contexto de fuertes expectativas familiares por mantener la explo-
tación, se observa una fuerte diferenciación por género, entre hijos e hijas, en
cuanto al deseo de continuar con la actividad familiar. Mientras que en los va-
rones se expresa fuertemente la intención de establecerse como productores,
las mujeres tienen intereses asociados a proyectos alternativos, vinculados,
muchas veces, a la adquisición de capital educativo. Situación que, por un
lado, implica la ruptura con el modelo materno, en tanto abre oportunida-
des distintas a las desarrolladas por sus madres. Por otro lado, implica una
continuidad con este modelo, en tanto cristaliza el rol de las mujeres lejos
del trabajo de campo. En estas expectativas fuertemente diferenciadas, se ex-
presan nuevamente las normas sociales que regulan los modos legítimos de
ser varón y ser mujer, que delinean modelos de masculinidad y feminidad
hegemónicos.
El proceso sucesorio pone en juego el problema del relevo generacional
y, con ello, la reproducción de esta modalidad productiva. Pero asimismo,
deja al descubierto un modelo de oportunidad que no logra cubrir las nece-
sidades de varones y mujeres, quienes encuentran fuertes obstáculos para el
acceso a la vida adulta en el medio rural. En el caso de los varones, las difi-
cultades se presentan por el retraso del proceso de relevo generacional y por
el hecho de que sea uno solo el que podrá continuar con la explotación. En el
caso de las mujeres, las frustraciones se encuentran asociadas a la necesidad
de migrar para poder llevar a cabo sus proyectos laborales.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ESTRATEGIAS SUCESORIAS EN LA GANADERÍA FAMILIAR 33
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Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL
DEL INTERMEDIARIO LABORAL
A LA EMPRESA DE SERVICIOS AGRÍCOLAS
Matías Carámbula, Soledad Figueredo y Mariela Bianco
Resumen
Durante las dos últimas décadas, se desarrolla en Uruguay un proceso de expansión y consolida-
ción de diferentes modalidades de contratación de trabajadores agrícolas suministrados por em-
presas de servicios. En este artículo, se examinan las características de este fenómeno en base
a estudios recientes sobre la forestación y la agricultura de secano. El objetivo es avanzar en la
comprensión de las características que asumen las modalidades de intermediación laboral y su ar-
ticulación con la expansión capitalista del agro uruguayo a inicios del siglo XXI. El artículo plantea
que la intermediación laboral se expande, buscando solucionar las necesidades generadas por el
capital, incorporando además otras dimensiones de la intermediación que se enmarcan en proce-
sos de flexibilización que las empresas agropecuarias comparten con otros sectores de actividad.
Palabras clave: Agricultura / forestación / trabajo / intermediación / servicios agrícolas.
Abstract
Meeting the needs of capital: from the labor intermediary to the agricultural services company
During the last two decades, there has been in Uruguay a process of expansion and consolidation
of different forms of labor contracts for agricultural workers supplied by service companies. This
paper examines this phenomenon based on recent studies on forestry and dry-land crop produc-
tion. Its objective is to contribute to the understanding of the characteristics of the different forms
of labor intermediation and its articulation with capitalist expansion in the Uruguayan rural space
at the beginning of this century. The article argues that labor intermediation expands in order to
solve the needs generated by the capital, adding new dimensions of the labor mediation framed in
the processes of labor flexibility which agricultural firms share with firms in other sectors.
Keywords: Agriculture / forestry / work / mediation / agricultural services.
Matías Carámbula: Ingeniero agrónomo. Magíster en Ciencias Agrarias, opción Ciencias So-
ciales. Profesor adjunto en Sociología Rural, Facultad de Agronomía, UdelaR.
E-mail: mcarambula@[Link]
Soledad Figueredo: Licenciada en Sociología. Magíster en Ciencias Agrarias, opción Ciencias
Sociales. Asistente en Sociología Rural, Facultad de Agronomía, UdelaR.
E-mail: sfigueredo@[Link]
Mariela Bianco: Licenciada en Sociología. PHD en Sociología Rural. Profesora agregada en
Sociología Rural, Facultad de Agronomía. Profesora agregada, Unidad Académica, Comisión
Sectorial de Investigación Científica, UdelaR. E-mail: mbianbo@[Link]
Recibido: 2 de abril de 2013.
Aprobado: 15 de mayo de 2013.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
Introducción
Uruguay experimenta desde hace dos décadas un proceso de transformacio-
nes agrarias basado en la expansión de la forestación, primero, y de la agri-
cultura de secano, después, de dimensión singular en la historia del agro uru-
guayo. De una u otra forma, este proceso impacta en la estructura productiva
y los actores involucrados, los territorios y el paisaje rural, las características
de la sociedad vinculada a la producción agropecuaria, las formas de organi-
zación de la producción y el trabajo, entre otros.
Una serie de estudios,1 más o menos recientes, abordan desde una pers-
pectiva sociológica la organización del trabajo en distintos ámbitos produc-
tivos, procurando caracterizar el trabajo y el empleo agrícola. De estos ante-
cedentes se desprende que la intermediación laboral es un fenómeno central
que permite comprender la asignación de trabajo en una serie amplia de pro-
cesos productivos primarios.
Este escrito, basado en estudios recientes sobre los sectores que lideran
el proceso de transformación del agro uruguayo, se posiciona como un es-
fuerzo por realizar un aporte mayor hacia la comprensión de los procesos de
intermediación laboral y su articulación con la expansión capitalista del agro
uruguayo a inicios del siglo xxi. En la siguiente sección, se presentan las ca-
racterísticas más salientes del proceso de transformación social y productiva
en curso, a partir de datos de los sectores forestal y de agricultura de secano.
En la tercera sección, se describen, a partir de información oficial, los cam-
bios operados en relación con el trabajo en los sectores referidos. La cuarta
sección discute el rol de la intermediación en el escenario de la transforma-
ción, para dar paso en la quinta parte a la metodología. En la sexta sección, se
integran las evidencias empíricas recogidas en estudios de campo realizados
en ambos sectores y, finalmente, en las dos últimas secciones, se esbozan res-
puestas a la interrogante planteada en este trabajo: ¿por qué el capital necesita
intermediarios?
1 Entre otros, véase Piñeiro (2008), Riella y Mascheroni (2009), Carámbula (2009), Figueredo
(2012), Fernández (2012).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 37
Reestructuración productiva y principales características del caso uruguayo
El campo uruguayo transita por un proceso de reestructuración productiva
que, por su velocidad e intensidad, se podría identificar como un período
histórico específico y que, como sostienen Piñeiro y Moraes (2008), sólo
sería comparable con el proceso de alambramiento2 de los campos de fines
del siglo xix.
Una de las señales y razones de este proceso es la expansión de la agri-
cultura de secano liderada por el cultivo de soja y de las plantaciones foresta-
les. En relación con la superficie sembrada con el cultivo de soja, el Anuario
Estadístico Agropecuario 2005 (diea,3 2006) muestra que la superficie sem-
brada para la zafra 1999-2000 fue de 8.900 hectáreas, mientras que el Anua-
rio Estadístico Agropecuario 2012 (diea, 2013a) registra que para la zafra
2010-2011 fue de 862.100 hectáreas, representando aproximadamente el 5,4%
de la superficie agrícola del país. Por otra parte, según la Dirección Forestal
(2013), las plantaciones bajo proyecto forestal pasaron de 509.491 hectáreas
acumuladas en el año 1999 a 934.050 hectáreas acumuladas en el año 2012
(aproximadamente 5,8% de la superficie agrícola del país). Si se suman estos
dos procesos en términos del uso de la tierra, en aproximadamente dos dé-
cadas cerca del 11% de la superficie agrícola del país cambió de rubros pro-
ductivos, de sistemas de producción y fundamentalmente de actores sociales.
Asociada a este cambio, se visualiza una creciente competencia por el
acceso a la tierra a través de los registros de compra/venta de tierra para el
período 2000-2011. Según diea (2012), durante este período cambiaron de
propiedad aproximadamente 6.923 millones de hectáreas, lo que representa
aproximadamente el 42% de la superficie agrícola del país. Según la misma
fuente, el precio de la hectárea de tierra en el período 2000-2011 se multiplicó
por siete, pasando de un precio promedio de 448 dólares, en el año 2000, a un
precio promedio de 3.196 dólares para el año 2011.
El cambio en la propiedad de la tierra se vincula además con tres fenó-
menos que operan en simultáneo: la concentración en el acceso y uso de la
tierra, la expansión de las sociedades anónimas como modalidad jurídica de
tenencia y el arrendamiento como modalidad de acceso a la tierra asociada a
la agricultura de secano.
El proceso de concentración mencionado se manifiesta en los resultados
preliminares del Censo General Agropecuario realizado en 2011 (diea, 2013b).
2 El alambramiento de los campos definió tempranamente la propiedad privada y las relaciones
salariales en el campo. Permitió la consolidación del latifundio ganadero como modo de pro-
ducción, comenzando el proceso de expulsión de población excedentaria (Fernández, 2008).
3 diea: Dirección de Información y Estadísticas Agropecuarias. Ministerio de Ganadería Agri-
cultura y Pesca.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
38 MATÍAS CARÁMBULA - SOLEDAD FIGUEREDO - MARIELA BIANCO
Según esta fuente, durante el período intercensal 2000-2011 se registró una
disminución de 12.241 explotaciones agropecuarias, de las cuales el 91% te-
nía una superficie menor a 100 hectáreas. La evolución del sector forestal es
un buen ejemplo del proceso de concentración en el uso de la tierra dentro
del mismo sector. En dicho sector, durante el período intercensal se registró
una disminución significativa del número de establecimientos que declaran
como rubro principal la forestación, pasando de 1.015 a 785. Si esta infor-
mación se analiza por estratos de superficie, se visualiza que la disminución
se registra en los estratos con superficies menores a 500 hectáreas, pero se
observa un incremento de 191 a 380 de los establecimientos con superficies
mayores a 500 hectáreas. Además, la distribución por estrato se enmarca en
un período en el cual la superficie total destinada a la forestación aumentó
significativamente, así pues, esta reestructuración concentradora adquiere
mayor significado.
La segunda característica del proceso es la expansión de las sociedades
anónimas como modalidad jurídica de acceso y tenencia de la tierra que se
registró en los últimos diez años. Según diea (2013b), el 43,1% de la super-
ficie agrícola del país se encuentra bajo el régimen de sociedades anónimas.
Si bien, por la modalidad jurídica de tenencia de la tierra (s. a.), no es posible
identificar el origen del capital, se estima que un porcentaje importante de
esta superficie se vincula con inversiones extranjeras.
La tercera característica del proceso es el crecimiento de la superficie
arrendada y el precio de arrendamiento. Según diea (2012), durante el pe-
ríodo 2000-2011 se registraron 22.501 contratos de arrendamiento, por un
total de casi 8,2 millones de hectáreas y un monto de más de 658 millones
de dólares por año. Como referencia para conocer la trayectoria de este pro-
ceso, la superficie arrendada para el año 2000 fue de 415.000 hectáreas a un
precio promedio de 28 dólares por hectárea, mientras que para el año 2011
fueron arrendadas 910.000 hectáreas a un precio promedio de 152 dólares
por hectárea. La misma fuente muestra que para el año 2011 se arrendaron
para la ganadería 403.657 hectáreas (44% del total) a un precio promedio
de 62 dólares por hectárea, para la agricultura de secano 231.226 hectáreas
(25% del total) a un precio promedio de 317 dólares por hectárea, y para
el destino agricultura de secano en rotación con ganadería 140.061 hectá-
reas (15% del total) a un precio promedio de 163 dólares por hectárea. La
suma de los tres destinos de arrendamiento representa el 85% del total de
la superficie arrendada. Tomando como comparación el mismo estudio de
la diea para el año 2007, los contratos de arrendamiento para destino ga-
nadero equivalían a 432.339 hectáreas (51% del total) a un precio promedio
de 34 dólares por hectárea; para la agricultura de secano eran arrendadas
105.979 (13% del total) hectáreas a un precio promedio de 137 dólares por
hectárea, y para la agricultura de secano en rotación con ganadería 12.7881
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 39
(15% del total) hectáreas a un precio promedio de 75 dólares por hectárea.
El crecimiento y la composición del arrendamiento por destino señala la
importancia creciente que tiene esta modalidad de acceso a la tierra, a la
vez que indica un escenario de crecimiento de la agricultura de secano y
estabilidad de la ganadería.
Este escenario de reestructuración social y productiva tiene su correlato
en el desarrollo del Producto Bruto Agropecuario, identificándose cambios
sustantivos en el aporte interno de cada subsector. Mientras que para el año
2005, el aporte sectorial de la actividad pecuaria (ganado bovino, leche y lana)
representaba el 57% del total, la agricultura el 37% y la forestación el 6%, para
el año 2011 la actividad pecuaria representaba el 46%, la agricultura el 47% y
la silvicultura el 7% (diea, 2013b).
En síntesis, el campo uruguayo, transita un escenario de cambios pro-
fundos que se expresa en las actividades económicas que se realizan, las mo-
dalidades de producción y los actores sociales involucrados. Estos forman
parte de un proceso económico, social y cultural diferente en la trayectoria
histórica del agro uruguayo, en el cual se reconoce un escenario social con-
vulsionado. Este trabajo focaliza su análisis en una de las identidades de este
proceso, la reconfiguración del mercado de trabajo, particularmente, la inter-
mediación y su papel resolviendo necesidades del capital.
El trabajo en la agricultura y la forestación en cifras
El período 2005-2011 se caracterizó por un crecimiento económico del sector
agropecuario y un aumento de la formalidad del empleo que tuvo su cara más
visible en el incremento de trabajadores inscriptos en Banco de Previsión So-
cial (bps).4 De acuerdo a los datos aportados por Tommasino y Bruno (2011),
la cantidad de asalariados rurales inscriptos5 ante el bps pasó de 70.036 en
2000 a 97.057 en 2009, con una cantidad de patrones que se ha mantenido en
el entorno de los 80.000.
Según Tommasino y Bruno (2011), en el año 2009 los asalariados per-
manentes representaban el 89,9% del total de asalariados (87.225), siendo
el resto trabajadores que se encuentran en la categoría jornalero o zafral
(9.727). Los mismos autores señalan que el sector en el cual se ha registrado
un mayor incremento en el número de trabajadores es el forestal, pasando
4 El bps es la entidad estatal encargada de la seguridad social a la que aportan todos los trabaja-
dores en actividad.
5 La fuente utilizada es la información que brinda el bps; la categoría que se asimila a asalariados
se denomina cotizantes dependientes rurales. Si bien esta fuente permite lograr una aproxima-
ción al número de asalariados, su valor debe relativizarse en función de que en esta categoría
pueden figurar familiares no remunerados del productor o repetición de asalariados que tienen
un vinculo laboral con más de una empresa.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
40 MATÍAS CARÁMBULA - SOLEDAD FIGUEREDO - MARIELA BIANCO
de 983 trabajadores en el año 2000 a 8.032 trabajadores en año 2009, lo que
significa un incremento en el registro de 7.049 trabajadores. El incremento
en el número de trabajadores registrados se manifiesta también en la ca-
tegoría agricultura y ganadería, pasando de 47.194 a 64.338 trabajadores
registrados. Si bien la información está agrupada, se puede suponer que una
parte sustantiva de este incremento se explique por el aumento del número
de trabajadores vinculados a la agricultura de secano.
Además del aumento del número de trabajadores y de la distribución
diferenciada por sector, uno de los cambios significativos del período ha sido
el aumento de los contratistas registrados6 ante el bps. Según Tommasino y
Bruno (2012), del año 2000 al 2009 el número de contratistas registrados pasó
de 1.097 a 2.704, y el de contratistas bajo modalidad de sociedades anónimas
pasó de 13 a 240; es decir, que en 10 años el número de contratistas, sumando
las dos modalidades jurídicas, pasó de 1.100 a 2.944. Este incremento respon-
dería a tres factores: el primero sería el aumento de empleo en el sector, el se-
gundo es la propia formalización del empleo operada en todas las categorías
de trabajadores, y el tercero, y sobre el cual trata este artículo, es el aumento
en la demanda de los servicios que brindan estos actores.
La calificación de los trabajadores es otro aspecto vinculado con los
procesos contemporáneos de intermediación que experimenta transforma-
ciones en estos sectores. Como se verá más adelante, la calificación además
de ser una cualidad para acceder al trabajo, en el sector agrícola y forestal
adquiere una relevancia sustantiva en relación con la estabilidad laboral.
Según Tommasino y Bruno (2011), en el año 2000, en un total de 68.115
trabajadores agropecuarios registrados, el 76% correspondía a mano de
obra no calificada. En ese año, los trabajadores calificados representaban el
28% en agricultura y ganadería y el 36% en la forestación. En el año 2009,
sobre un total de 96.690 trabajadores registrados, la mano de obra califi-
cada total aumentó 2 puntos porcentuales, y pasó a ser el 26% del total.
En la agricultura y ganadería los trabajadores calificados se mantuvieron
estables en 28%, mientas que en la forestación, los trabajadores calificados
aumentaron 9 puntos porcentuales (de 36 a 45%). Si bien la información
registra un pequeño incremento porcentual de los trabajadores calificados,
en términos absolutos el incremento de los trabajadores no calificados ex-
plica mayoritariamente el aumento total de trabajadores. Sobresale el caso
de la forestación, en el cual el incremento significativo de los trabajadores
calificados se vincula temporalmente con el proceso de mecanización de la
cosecha forestal, asociada a nuevas maquinarias (harvester, forwarders) con
demandas específicas de capacitación de los operarios. Si bien en la agricul-
6 Una empresa contratista es toda aquella que se dedica en forma independiente a ofrecer servicios
a terceros para tareas de esquila, alambramiento, silvicultura y trabajos agrícolas en general.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 41
tura también se registraría un incremento significativo de los trabajadores
calificados, asociados a la incorporación de maquinaria de gran porte, la
información sin desglosar entre ganadería y agricultura estaría ocultando
este proceso.
Nuevas formas de organización de la producción:
intermediación y descentralización productiva agraria
Las transformaciones que están ocurriendo en el sector agropecuario urugua-
yo no pueden explicarse y comprenderse desde una perspectiva local, es decir
que están enmarcadas y relacionadas con procesos globales. Según Reboratti
y Alvarado (2011), el proceso de expansión de la soja formó un verdadero te-
rritorio transnacional casi geográficamente continuo, en el cual la expresión
‘un mar de soja’ no está para nada alejada de la realidad.7 Entre los actores de
esta expansión se destacan los grandes productores argentinos, consolidados
en forma de fideicomisos y organizaciones empresariales en red, que comen-
zaron a principios de este siglo a buscar y obtener tierras en Uruguay. Los
nuevos grupos nacionales e internacionales operan desde la lógica del capital
financiero, especulación en tierras y en la producción de materia prima para
exportación y en algunos casos también, procesamiento (Figueredo, 2012).
Este territorio transnacional tiene sus expresiones en la reorganización del
trabajo en el sentido de lo que plantea Novick:
… por organización del trabajo puede definirse el conjunto de aspectos téc-
nicos y sociales que interviene en la producción de determinado objeto. Se
refiere a la división del trabajo entre las personas, así como entre las perso-
nas y las máquinas. Interviene el medio ambiente y la totalidad de las dimen-
siones presentes en cualquier prestación laboral. La organización del trabajo
es el resultado del conjunto de reglas y normas que determinan cómo se
ejecuta la producción en la empresa. Desde esta perspectiva es una construc-
ción social, histórica, modificable y cambiante. (Novick, 2000)
Una de las señales de la reorganización del trabajo contemporáneo es la des-
centralización productiva (Figueredo, 2012). Ella supone una forma de orga-
nizar el proceso productivo para obtener bienes y servicios, en virtud de la
cual una empresa (madre o principal) decide no realizar directamente ciertas
actividades, optando en su lugar por desplazarlas a otras empresas con las
que establece a tal efecto contratos de variado tipo. Según López (2007), la
descentralización productiva:
…es un fenómeno económico que comparte la redefinición del ciclo pro-
ductivo de la empresa para encomendar a terceras empresas la realización
7 Los autores enfatizan la idea, planteando que si se transita por los campos hacia fines del vera-
no, cuando este cultivo está cerca de su maduración, parece un verdadero mar verde.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
42 MATÍAS CARÁMBULA - SOLEDAD FIGUEREDO - MARIELA BIANCO
de una parte de su actividad de producción de bienes o servicios. No es un
fenómeno uniforme sino que acoge en su seno una tipología muy variada
de supuestos de gran complejidad, caracterizados porque en ellos se opera
una reducción o desmembramiento de la empresa como consecuencia de
decisiones de táctica empresarial. (López, 2007, p. 37)
Una de las dimensiones en la cual se expresan los procesos de reestructura-
ción y descentralización productiva es en el mercado de trabajo, en la históri-
ca y siempre vigente relación capital-trabajo. Para el caso de los mercados de
trabajo forestal y agrícola, esta relación se construye en un complejo entrama-
do de relaciones, donde confluyen interacciones y relaciones de la naturaleza,
el trabajo, la tecnología y el capital. Tomando como referencia a Quaranta y
Fabio (2011), en contextos de agriculturas reestructuradas, la intermediación
laboral modifica su perfil, asumiendo una diversidad de modalidades y fun-
ciones, permitiendo así a las empresas utilizar estrategias muy flexibles de
contratación y de registro de los trabajadores. Desde esta perspectiva, se plan-
tea este trabajo indagatorio sobre las necesidades del capital y su expresión en
la intermediación laboral.
Metodología
Este artículo surge de los resultados aportados por estudios recientes que
abordan las características que asumen los mercados de trabajo agrario para
los casos de la forestación y la agricultura de secano en el escenario de la rees-
tructuración productiva nacional. En términos generales, las investigaciones
que lo sustentan asumieron un abordaje cualitativo como forma de compren-
der la perspectiva, lógicas y racionalidades con las que operan los actores
sociales agrarios vinculados a los mercados de trabajo estudiados.
En el caso de la agricultura de secano, la investigación central constituyó
un estudio de caso múltiple como forma de abordar el carácter exploratorio
y descriptivo del fenómeno estudiado. Se identificaron dos territorios con
diferentes antecedentes históricos de producción en agricultura de secano.
Por un lado, Dolores, un territorio de trayectoria agrícola con más de treinta
años de actividad en agricultura. Y por otro lado, Durazno, un territorio de
reciente incorporación de la agricultura en el sistema productivo local. Se-
gún Yin (1989), los estudios de caso implican en su abordaje el uso de varias
fuentes de evidencia con datos que deben converger en un estilo de triangu-
lación. Para ello, la principal técnica de recolección de datos primarios fue
la entrevista. Se realizaron un total de 36 entrevistas de modo diferenciado
en un universo diverso de entrevistados; informantes calificados, técnicos de
empresas agrícolas, contratistas de maquinaria y mano de obra, asalariados
agrícolas. Con estas entrevistas se procuró profundizar en las características
del mercado de trabajo en la agricultura durante 2010 y 2011, fundamental-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 43
mente en términos de organización del empleo, demanda de mano de obra y
diversidad que asume este mercado. Además, se realizaron seis instancias de
observación en medias jornadas de trabajo acompañando a trabajadores du-
rante actividades de siembra y cosecha. Se registró en detalle las actividades
que se realizaban, como forma de triangular la información relevada en las
entrevistas y así maximizar la validez de los datos.
Para el caso de la forestación, la información proviene principalmen-
te de datos recogidos durante el desarrollo de un estudio de caso múltiple
longitudinal, desarrollado durante los años 2003 y 2009, en tres territorios
forestales vinculados a diferentes etapas de la expansión forestal. El territorio
de Piedras Coloradas, localizado en el departamento de Paysandú y cono-
cido como “capital nacional de la madera”, fue definido en la investigación
como el pueblo referente de la primera etapa forestal del país. Su principal
actividad económica es precisamente la forestación, la cual comprende acti-
vidades vinculadas al sector primario, secundario y terciario de la economía.
Se identificó el inicio de la actividad en la zona hacia finales de la década de
los sesenta, con las inversiones realizadas por la Caja de Jubilaciones Banca-
rias. El segundo territorio seleccionado fue Paso de la Cruz, ubicado en el
departamento de Río Negro. Su principal actividad económica es la foresta-
ción, pero a diferencia de Piedras Coloradas, esta se concentra en el sector
primario. También se mantiene como actividad económica la ganadería y la
agricultura relacionada a establecimientos ganaderos de gran envergadura y
a colonias de inmigrantes piamonteses que mantienen la agricultura como
principal actividad económica. Paso de la Cruz representa en la investigación
los nuevos territorios forestales, es decir, aquellos en los cuales la producción
forestal comienza a mediados de la década de los noventa, y están orientados
hacia la industria de la celulosa. El tercer territorio seleccionado fue Sarandí
de Navarro, ubicado también en el departamento de Río Negro. Su principal
actividad económica es la ganadería extensiva vacuna y ovina. Asumiendo
que la mayor parte de las plantaciones forestales se desarrollaron sobre tierras
ganaderas, este pueblo fue elegido como un caso adecuado para ejemplificar
la situación existente anterior a la forestación. En cada uno de los territorios
analizados se estudiaron las transformaciones en el mercado de trabajo, utili-
zando la entrevista como la principal técnica de recolección de información.
Durante el período (2003-2009) se realizaron más de 100 entrevistas a una
serie amplia de informantes, abarcando actores políticos, locales, sindicales,
asalariados forestales agrícolas, entre otros. Como forma de complementar
y validar la información recabada de primera mano, se relevó información
documental de diversa naturaleza obtenida de archivos de las diferentes ins-
tituciones públicas y privadas de los territorios analizados, así como datos
provenientes del bps y procesados por la Oficina de Planificación y Política
Agropecuaria (opypa) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
44 MATÍAS CARÁMBULA - SOLEDAD FIGUEREDO - MARIELA BIANCO
Es importante señalar que tanto los resultados como los análisis aquí
presentados no tienen pretensiones de ser generalizados a otros contextos,
por lo cual, las conclusiones derivadas de este estudio no serán extrapoladas
a otros escenarios. No obstante, se considera que es posible la transferencia
de las interpretaciones sobre los resultados entre contextos que experimen-
tan procesos semejantes, dependiendo del grado de similitud entre ellos
(Patton, 1990).
La intermediación laboral y su vínculo con los procesos de expansión capitalista
contemporáneos en el campo uruguayo: análisis comparado
Los trabajos de campo realizados nos permiten afirmar que la intermedia-
ción laboral ocupa un lugar central en el desarrollo de las actividades de las
empresas agrícolas y forestales, externalizándose el desarrollo de tareas que
en algunos casos eran desarrolladas en el interior de las empresas y ahora son
contratadas con terceros. En este apartado se analizan de modo comparado
los procesos vinculados a la tercerización laboral de los mercados de empleo
agrícola y forestal en base a los territorios estudiados.
Ciclos productivos más ciclos ocupacionales
En los dos estudios realizados es posible considerar que los procesos de inter-
mediación laboral aseguran, a las empresas madre, disponer de forma opor-
tuna tanto de trabajadores como de maquinaria para llevar a cabo las diferen-
tes tareas dentro de cada ciclo productivo.
Para el caso de la agricultura, estos procesos se asocian con cultivos que
utilizan mano de obra concentrada en períodos específicos del ciclo agrícola,
generalmente en la siembra y la cosecha. En Uruguay, los cultivos que aca-
paran la demanda de esta modalidad son la soja, como cultivo de verano, y
el trigo, como cultivo de invierno. El estudio realizado detectó que el auge
de estas actividades ha impactado en la estructura del empleo rural, que ac-
tualmente involucra a trabajadores agrícolas que tienden a desplazarse desde
zonas de tradición agrícola e instalarse en zonas que recientemente producen
agricultura y se convierten en polos de atracción (Figueredo, 2012).
En el caso de la forestación, si bien los ciclos productivos son mucho
más extensos en comparación con la producción agrícola, se analiza una
tendencia similar. Carámbula y Piñeiro (2006) plantean que la demanda de
mano de obra en un establecimiento forestal se concentra en las etapas ini-
ciales (preparación del suelo, viveros, trasplante, cuidados iniciales), y en la
etapa final de la cosecha, con algunas demandas intermitentes para la reali-
zación de podas y raleos. Dado que los turnos de corta (la cosecha) varían
entre 8 y 12 años según la especie cultivada y si son de primer corte o de
rebrote, es posible apreciar que la demanda es sumamente variable en canti-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 45
dad y calidad y, además, extendida en el tiempo. Esto es lo que ha llevado a
las empresas forestales a disponer de una plantilla reducida de trabajadores
permanentes para las tareas de cuidado y vigilancia de las plantaciones, sub-
contratando a empresas proveedoras de mano de obra para hacerse cargo de
las tareas que implican elevadas concentraciones de trabajadores en perío-
dos acotados de tiempo.
Inserción intermitente: permanencia
zafralizada y deszafralización del empleo
Una característica dominante en los rubros y territorios estudiados es la utili-
zación combinada de distintos tipos de trabajadores para el desarrollo de las
tareas en la fase agraria. Las empresas intermediarias que contratan asalaria-
dos permanentes para estas tareas son al mismo tiempo demandantes de tra-
bajadores transitorios para la ejecución de diferentes actividades específicas,
de mantenimiento, concentradas en el tiempo que requieren las producciones
agrícola y forestal. El trabajo de las empresas intermediarias se organiza en
cuadrillas de trabajadores, cuya composición varía de acuerdo a la dimensión
y las características del trabajo a realizar.
Para el caso de la agricultura, la tendencia general es a que las cuadrillas
de trabajadores estén compuestas por individuos que desarrollan tareas dife-
rentes: especializadas y no especializadas. En los dos territorios de agricultura
estudiados, se identificó un núcleo especializado de trabajadores con contra-
tos de trabajo permanente en una actividad que genera demandas diferentes
de trabajo a lo largo del año. Se constató, por parte de las empresas interme-
diarias, el desarrollo de estrategias para mantener al trabajador estable a lo
largo del ciclo anual de trabajo, a pesar de que el trabajo es estacional y, por lo
tanto, zafral. A este fenómeno lo denominamos permanencia zafralizada. Así,
los trabajadores especializados son trabajadores estables con contrato durante
todo el año y sueldo fijo. Este sueldo se ve reforzado utilizando remuneración
salarial incrementada por productividad durante el período de zafra. Esta es-
trategia se despliega vigorosamente en ambos territorios. En el discurso de los
contratistas es posible identificar la necesidad de mantener a los trabajadores
a lo largo del año, como estrategia para evitar que los recursos humanos for-
mados y especializados para el trabajo en la agricultura se vayan a trabajar a
otras empresas que compiten en el mismo territorio.
Para el caso de la forestación, la situación contractual es similar con al-
gunas particularidades. En primer lugar, la cosecha no se realiza en una fecha
determinada, es decir, no se vincula directamente a una estación del año sino
que gran parte de la cosecha se vincula a la demanda del sector industrial.
Esta flexibilidad en la fecha de cosecha, acentuada por la incorporación de
cosechadoras mecánicas y los períodos de corte flexibles que caracterizan las
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
46 MATÍAS CARÁMBULA - SOLEDAD FIGUEREDO - MARIELA BIANCO
plantaciones (entre los 8 y 10 años), ha promovido un proceso de deszafrali-
zación de la cosecha. A su vez, esta se vincula con un proceso de deszafraliza-
ción del empleo, es decir, una demanda de trabajadores que no responden a
una zafra determinada por ciclos productivos, sino que la cosecha pasa a ser
un trabajo anual pautado por las demandas del sector industrial. Este servicio
lo brindan algunas de las empresas de servicios forestales, contando para ello
con un grupo de empleados estables, que además tienen un saber técnico
muy valorado (relativo al manejo de equipamientos de cosecha), constitu-
yendo el sector de los trabajadores forestales con trabajo permanente, en una
situación similar a la de los trabajadores especializados de la agricultura. El
contingente más grande de trabajadores de la forestación se vincula al rubro
con contratos temporales a través de intermediarios que brindan una diversi-
dad de servicios a las empresas forestales (plantaciones, podas, raleos, control
de hormigas, arreglos de caminería, etcétera). Estos contratos registran parti-
cularidades, ya que en un proceso de creciente concentración de las empresas
de servicios (vinculado también a un proceso de concentración de las empre-
sas forestales) se identifican diferentes grados de intermediación laboral. Así
pues, algunas empresas de servicios subcontratan a otras más pequeñas o a
cuadrillas, generando una distancia aún mayor entre el asalariado y la firma
madre contratante; el vínculo asalariado se da con un jefe de cuadrilla o una
empresa de servicios que le brinda servicios a una empresa mayor.
El intermediario como actor
La capacidad de los contratistas para ajustarse a las diferentes etapas del pro-
ceso productivo se manifiesta en su importancia determinante en el control
de los mecanismos de acceso al mercado laboral agrícola, a la vez que se con-
forman como un eslabón clave en las estrategias productivas de las empresas
(Figueredo, 2012). Los estudios que sustentan este trabajo colocan al interme-
diario laboral como un actor que puede emplear desde unos pocos trabajado-
res que conforman una cuadrilla,8 hasta grandes contingentes de trabajadores
agrupados en varias cuadrillas.
En relación al rol de las empresas tercerizadas, se observó en todos los
casos que son actores que tienden a mediar entre las empresas madre y los
asalariados. Además de satisfacer la demanda de trabajo y maquinaria, el in-
termediario cumple funciones que naturalmente serían responsabilidad de
las empresas madre para asegurar la realización de las diferentes actividades,
ya sean estas zafrales, como en el caso de la agricultura, o no zafrales, como
fue señalado para el caso de la forestación. Las empresas madre tienden a
transferir las tareas especializadas del ciclo productivo a los intermediarios,
8 Aproximadamente entre 5 a 8 trabajadores conforman una cuadrilla en la forestación y en la
agricultura.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 47
quienes se convierten en actores de magnitud y complejidad en el suministro
y la organización del trabajo. Así, se traspasa a las empresas de servicio la
selección de trabajadores, la designación de tareas, la organización y super-
visión del trabajo en campo, incluso la provisión de alojamiento, transporte y
alimentación de los trabajadores.
Es posible reafirmar la asociación de estos procesos de intermediación
laboral a la actual etapa de expansión capitalista en el agro, ejemplificados en
la forestación y en la agricultura. Dentro de este escenario de intermediación
laboral, se identificaron tres características diferentes con los actores sociales
de intermediación tradicionales de la agricultura latinoamericana: el origen,
la formación y el vínculo con la empresa contratante. La realidad actual su-
giere que los intermediarios forestales y agrícolas pueden ser indistintamente
de origen rural, urbano, agrícola o industrial, planteando una ruptura con
la imagen de los intermediarios asociados a la ganadería (esquila, alambra-
dos, monteadores) que tenían un origen rural y agrícola. La experiencia en
el oficio no es el único requisito para convertirse en contratista, sino que la
formación en gestión, mecánica, informática o capacidad logística aparecen
como requisitos para la labor. La clientela se construye a través del relaciona-
miento con los cargos gerenciales y de supervisión de las empresas, ya que la
figura clásica de productor se desdibuja o no existe en estos rubros. El pasaje
de contratistas a empresarios, de intermediarios a empresas de servicios y la
sustitución de la relación contractual con los productores a los gerentes gra-
fican este proceso.
La perspectiva de la intermediación laboral permite ubicar el foco de
estudio en la relación capital y trabajo, renta y plusvalía, pero sería necesario
ampliar esta mirada integrando algunos de los procesos contemporáneos. En
este sentido, los procesos de intermediación laboral integran a nuevos actores
a la composición del tejido social agrario contemporáneo. El empresario de
servicios se posiciona como un nuevo actor, no es el asalariado ni el propie-
tario de la tierra, ni tampoco el capitalista ni el enganchador9 de otros mo-
mentos. Este nuevo actor media en dos planos de relación: El primero ante el
capitalista y el segundo ante el asalariado. Otros actores emergentes son los
supervisores y los gerentes; son actores que mantienen una relación asalaria-
da con el capitalista, pero a su vez son muchas veces los voceros en la relación
empresa-contratista, conformando una nueva relación social que, en todos
los casos mencionados, tiene al conflicto como variable latente.
9 El término ‘enganchador’ se utiliza en Argentina, Bolivia, México, y denomina a quien es res-
ponsable básicamente de unir la oferta con la demanda de mano de obra. En las distintas épocas
y regiones, se encuentran caracterizaciones un poco disímiles, aunque manteniendo el rasgo
común de actuar como intermediario laboral (Fernández, 2012, p. 21).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
48 MATÍAS CARÁMBULA - SOLEDAD FIGUEREDO - MARIELA BIANCO
Además, el escenario de la intermediación se caracterizaría por un pro-
ceso de competencia y concentración de las empresas de servicios. Este se
explicaría por tres aspectos. El primero sería la demanda de empresas de
servicios que puedan incorporar la tecnología que exigen las empresas con-
tratantes (sistema de cosecha forestal mecanizada, agricultura de precisión,
etcétera). El segundo sería el perfil técnico de quienes dirigen las empresas
de servicios. El tercero estaría dado por la flexibilidad y adaptación de las
empresas de servicios a oscilaciones de precios, de demanda de trabajo, de
regiones y territorios diferentes.
¿Por qué el capital necesita intermediarios?:
resolviendo las necesidades del capital
Al inicio de este documento se sugería que las transformaciones producidas
en los escenarios productivos nacionales habrían transformado las caracte-
rísticas del mercado de trabajo agrario. Este mercado se reestructura carac-
terizándose actualmente por altos grados de intermediación en un marco de
avance y expansión del capital agrario.
El trabajo realizado permite afirmar que la expansión y configuración
de la actividad de los intermediarios se relaciona con la caída de estructuras
más directas de contratación de personal y del mercado de empleo agrícola.
Este proceso resulta de la búsqueda, por parte de las empresas agrícolas, de
alternativas de uso de la fuerza de trabajo con mayor flexibilidad y menor
costo. Esto puede ser entendido a la luz de los aportes de Neffa (2010), quien
plantea que la externalización de la fuerza de trabajo hacia otras empresas,
por lo general más pequeñas, procura reducir los costos laborales directos e
indirectos, lo cual implica manejar una mayor libertad de contratación para
flexibilizar antiguos mecanismos de empleo de personal.
Los estudios realizados evidencian la consolidación de los intermedia-
rios en los mercados de trabajo en los territorios estudiados, ya sean de tra-
yectoria forestal o agrícola. Su presencia tiende a ser estructural, aumentan-
do las distancias que separan al asalariado de su fuente original de empleo.
Desde la perspectiva del empresario, este distanciamiento con los asalariados
contribuye al traspaso de su responsabilidad en la reproducción de la fuerza
de trabajo, y si bien en Uruguay las obligaciones del empleador están regula-
das por legislación, lo resguarda de posibles conflictos laborales.
En la transferencia de parte de los costos del trabajo fuera de la relación
contractual entre empresa agrícola y trabajadores, el capital agrario otorga
al intermediario la posibilidad de convertir esos costos en su propia ganan-
cia. De este modo, la fuerza de los contratistas como actores neurálgicos
del mercado de empleo, no sólo se define desde su dimensión económica
como señalaba López (2007), sino en la vigorosa combinación de disposi-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 49
tivos económicos y extraeconómicos de gestión y organización del trabajo.
Esto implica que las empresas agrícolas y forestales se desentiendan de la
ejecución directa de un conjunto de actividades, tanto especializadas como
no especializadas.
La función histórica del contratista en la agricultura fue asumiendo un
lugar central en la intermediación capital-trabajo, en un rol de vigilancia, re-
clutamiento y disciplinamiento de los trabajadores (Fernández, 2012). Si bien
esta función se mantiene, en el trabajo realizado se identificó que es cada vez
más frecuente el contratista como actor de intermediación tecnológica, cultu-
ral y logística de los procesos productivos. Como plantea Sánchez:
… lejos de constituir meras correas de transmisión de intereses y orientacio-
nes en una u otra dirección, los intermediarios culturales son agentes ideo-
lógicos que tienen su propia creatividad (Asseo, op. cit.), lo cual les confiere
un papel protagónico en la construcción, reproducción y apropiación del
sentido en el campo de interacción en que actúan. (Sánchez, 2012, p. 77)
La intermediación tecnológica es una de las funciones centrales en el nuevo
escenario. La tecnología utilizada no sólo se vincula con la disminución de
la cantidad de trabajo o con los cambios en la calificación de los trabajado-
res, sino que también tiene una relación muy estrecha con la idea de “just
in time” del toyotismo, es decir, flexibilidad no sólo con el trabajo sino con
la posibilidad de realizar un trabajo a demanda. A lo largo del siglo xx,
la tecnología ha servido a las estrategias de acumulación del capital en la
agricultura a través de procesos tales como el apropiacionismo y sustitucio-
nismo descriptos hace décadas por Goodman, Sorj y Wilkinson (1987) para
analizar la industrialización de la agricultura. En tiempos de globalización y
modernización tecnológica de la agricultura, nuevas estrategias del capital
se sustentan en mecanismos legales y organizativos, que permiten separar la
propiedad de la producción, de la responsabilidad y el control sobre ciertos
aspectos del proceso de producción asociados a tecnologías específicas. En
particular, para el caso de las biotecnologías que están imbricadas en los
procesos de transformación analizados, se ha propuesto el nuevo concepto
de expropiacionismo para dar cuenta de los mecanismos legales y el nuevo
marco regulatorio del que se sirve el capital para infiltrar la agricultura en
el presente (Pechlaner, 2010).
La intermediación actuaría entonces como instrumento del capital al ser
uno de los canales de vehiculación tecnológica y cultural. En este sentido y
tomando como referencia a Sánchez (2011), el concepto de mediador o bro-
ker propuesto por Eric Wolf alumbra la idea de la intermediación cultural en
el sentido de un actor que vincula, intercambia y articula grupos, económica,
política, social y culturalmente distintos, con el objetivo principal de ajustar y
compaginar esas diferencias.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
50 MATÍAS CARÁMBULA - SOLEDAD FIGUEREDO - MARIELA BIANCO
Otro creciente escenario de intermediación es el logístico, fundamental-
mente para el caso de la agricultura en la cual la racionalidad dominante en
las empresas es la aversión a la inversión en capital fijo, ya sea tierra, maqui-
naria, infraestructura. En este sentido, la intermediación también se plasma
en ese escenario de desarrollo y apoyo logístico que una empresa de servicios
puede brindar al capital.
La idea recogida en este trabajo es que las actividades y funciones que
desarrolla una parte de las empresas de servicios integran pero trascienden
la dimensión laboral, por lo que se propone una mirada diferente de es-
tos actores que han conformado gran parte de las imágenes más duras del
campo latinoamericano. Desde esta óptica, Castello (2004) sostiene que en
ciertos sectores de actividad, especialmente aquellos que utilizan alta tec-
nología, las empresas no solamente organizan su producción delegando en
proveedores formalmente externos parte de sus operaciones centrales, neu-
rálgicas o esenciales, sino que además, en ciertos casos, estas son ejecutadas
dentro del ámbito espacial (locales y establecimientos) de la propia empresa
principal. En definitiva, estos procesos se refieren fundamentalmente a la
expulsión de actividades o funciones que realizaba una empresa principal,
las cuales son cedidas a entidades externas que pasan a realizar las activi-
dades con sus propios recursos humanos, financieros, técnicos y materiales
(Figueredo, 2012).
Del intermediario laboral a la empresa de servicios
Uno de los elementos comunes de los trabajos que sustentan este artículo
es el acuerdo generado sobre la pertinencia de ampliar la mirada sobre las
necesidades de intermediación del capital. Si bien es cierto que se mantiene
la centralidad de la intermediación laboral, sus necesidades contemporáneas
la trascienden. En este sentido, se entiende que es más adecuado representar
el nuevo espacio de intermediación con la idea de empresas de servicios, que
excede la mera dimensión laboral.
Es decir, aún y en la mayoría de los casos sigue siendo central la permanen-
cia de estos actores en su rol de intermediación en la relación capital - trabajo,
en el reclutamiento, control, responsabilidad sobre el trabajo y los trabaja-
dores, y la racionalidad que guía esta relación. Sin embargo, las necesida-
des del capital también comienzan a tener expresión en la consolidación
y expansión de las empresas de servicios como intermediarios culturales,
tecnológicos, logísticos.
El tránsito de intermediarios laborales a empresas de servicios no sólo
implica una apertura de la imagen del enganchador o el contratista, en tan-
to actores característicos del campo latinoamericano, sino que requiere una
nueva mirada conceptual que contemple la complejidad del capital agrario
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESOLVIENDO LAS NECESIDADES DEL CAPITAL 51
y la emergencia de nuevos actores y necesidades de intermediación. Una
mirada parcial de estas empresas resulta insuficiente para comprender estos
procesos. La perspectiva de los trabajadores y las empresas contratantes de
estos servicios permite aproximarse de una forma más completa, a la vez que
compleja, a la idea preliminar e hipotética de que la intermediación viene a
resolver múltiples necesidades del capital.
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ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES
RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009
TRANSFORMACIONES Y CAMINOS DIVERGENTES
Joaquín Cardeillac Gulla
Resumen
El presente artículo estudia, para los hogares rurales de Uruguay y en el período 2000-2009, las
variaciones en la probabilidad de estar en situación de pobreza.
En un período de grandes transformaciones, se pregunta por la suerte que han tenido los hogares
rurales en función de su grado de vinculación con el sector agropecuario. Luego incorpora otras
variables determinantes de la pobreza y dotación de activos de los hogares para controlar el efec-
to de la agrodependencia.
Finalmente, considerando el tiempo como variable que especifica el impacto de los demás facto-
res, el trabajo permite constatar cambios en los determinantes de la pobreza y vincularlos a las
modificaciones que en los años que van de 2000 a 2009 se han dado, en el caso de los hogares
rurales de Uruguay.
Palabras Clave: Pobreza rural / estructura de determinantes / agrodependencia.
Abstract
Income poverty analysis of the Uruguayan rural households
from 2000 to 2009: changes and divergent paths
This paper examines changes in the probability of being in poverty for Uruguayan rural house-
holds in the period 2000-2009.
In a period of great change the article study the performance of rural households according to
their degree of connection with the agricultural sector. Then, other determinants of poverty are
incorporated as well as indicators of household assets to monitor the effect of agro-dependence.
Finally, considering the year as a variable that specifies the impact of other factors, the work
points out changes in determinants of poverty for Uruguayan rural households.
Keywords: Rural poverty / determinants / agro-dependence.
Joaquín Cardeillac Gulla: Integrante del Núcleo de Estudios Sociales Agrarios (NESA), do-
cente e investigador grado 2, dedicación total, del Departamento de Sociología de la Facul-
tad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. E-mail: joaquin@[Link]
Recibido: 2 de abril de 2013.
Aprobado: 15 de julio de 2013.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
Introducción
El objeto de este trabajo es estudiar los cambios en los determinantes de la
pobreza rural en la década de 2000 a 2009. Dado que la bibliografía relativa
a las limitaciones y distintas opciones para la medición de la pobreza ha sido
ya muy debatida y presentada en otros trabajos (Paolino, 2012; Buxedas et al.,
2012; Riella, 2010) no se realizará aquí un repaso de ella.1 En su lugar, se optó
por presentar los resultados que se obtienen al aplicar una de las alternati-
vas para medir la pobreza, procurando avanzar más allá de una descripción.
La estrategia consiste en especificar un modelo de regresión logística para
evaluar la evolución de los determinantes de la pobreza rural en el período
2000-2009.
Si bien es claro que la incidencia de la pobreza de ingresos en el espacio
social rural ha cedido en los últimos años, no resulta claro que dicho resulta-
do se deba sólo o principalmente al desempeño económico del sector agro-
pecuario. Así, el análisis simultaneo de varios de los factores que según la
bibliografía se relacionan con cambios en la incidencia de la pobreza, sobre
una matriz generada a partir de los registros obtenidos por la Encuesta de
Hogares Rurales (ehr) de 2000, la Encuesta Nacional de Hogares Ampliada
(enha) de 2006 y la Encuesta Continua de Hogares (ech) de 2009,2 permi-
tirá construir nueva evidencia sobre qué tan importante es el vínculo con el
sector primario de la economía en términos de los resultados sobre el bienes-
tar que obtienen los hogares rurales. Además, al incluir términos de interac-
ción entre los factores identificados y los distintos años para los que se posee
información (2000, 2006 y 2009), será posible visualizar hasta qué punto las
transformaciones del campo uruguayo se traducen en modificaciones en el
ámbito de los hogares y de su situación en relación con la pobreza.
1 Esta discusión se desarrolla en la tesis de maestría que da lugar al presente artículo y de la cual
fue tutor el profesor Diego Piñeiro, (Cardeillac, 2011).
2 ehr 2000, desarrollada en 1999-2000 por opypa-mgap; enha 2006, ampliación de la en-
cuesta continua de hogares del Instituto Nacional de Estadística, y ech 2009. En todos los ca-
sos, las muestras son representativas de hogares rurales de población dispersa y en localidades
de menos de 5.000 habitantes del interior del país.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 55
Contexto del análisis: cambios en el campo uruguayo,
población rural y dependencia del sector agropecuario
Piñeiro y Moraes (2008) plantean que el agro uruguayo atraviesa un proceso
de transformaciones importantes entre las que destacan:
… [una] fase expansiva y ascendente de la producción y la productividad del
sector agropecuario […] motorizado por una mayor demanda de alimentos
y materias primas […] en los mercados internacionales a impulsos de la
modernización de muchos países con economías emergentes especialmente
en el continente asiático aunque también en América Latina. (2008, pp. 105)
Según ellos, estos procesos impactan también en el mercado de trabajo, al
entrelazarse con otros cambios tecnológicos que contribuyen a que las dis-
tancias se acorten y a hacer más frecuente la situación de que el asalariado
agropecuario trabaje en un establecimiento y luego vuelva, diariamente, a
una localidad cercana a residir (2008, pp. 108-109).
Otros autores abordan el tema, centrándose algunos en el espacio social
rural, como Riella y Mascheroni (2008) y Crovetto (2010); y otros, en el merca-
do de trabajo agrícola y agropecuario, como Cortés, Fernández y Mora (2008),
y Domínguez (2008). Estos antecedentes conducen a incluir en el análisis de la
incidencia de la pobreza rural la dependencia del hogar de ingresos provenien-
tes de tareas vinculadas al sector primario, en lugar de dar esto por supuesto
sólo en función de la ubicación en el territorio. Piñeiro (2001) planteó una dis-
cusión que aporta en esta línea, a partir de combinar el criterio de la zona geo-
gráfica de residencia con el de la rama de actividad en la que se ocupa la mano
de obra. Aporte concordante con los planteos que realizan Cortés, Fernández y
Mora (2008) al discutir las estrategias de diversificación de los ingresos de los
hogares del México rural,3 y que será el que se adopte para este trabajo.
En resumen, desde el punto de vista operativo, la población sobre la que se
trabaja está compuesta por los hogares del Uruguay rural en un sentido amplio,
que incluye a los hogares de las localidades del país con menos de 5.000 habi-
tantes, así como de los que corresponden a población rural dispersa. Además,
dado que el vínculo de dichos hogares con el mercado de trabajo vinculado
al sector primario es un elemento central de la discusión, se optó por conser-
var en el análisis únicamente los hogares con al menos un integrante ocupado,
distinguiéndolos entre si sus integrantes ocupados trabajan sólo en el sector
primario, en el primario y en algún otro sector, o sólo fuera del sector primario.4
3 Aspectos discutidos por Piñeiro y Cardeillac (2010) al abordar el concepto de pluriactividad
para el caso uruguayo.
4 No se menciona la pluriactividad ya que este es un concepto apropiado para el estudio de produc-
tores familiares, Piñeiro y Cardeillac (2010). Por lo mismo, no se ha seguido el uso de la denomi-
nación de hogares agrícolas, pluriactivos, y no agrícolas (Riella y Mascheroni, 2006, 2008).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
56 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
Factores asociados a la probabilidad diferencial
de estar en condición de pobreza: la noción de activos
Una vez delimitada la población sobre la que se trabaja, y aclarada la relevan-
cia que tiene su grado de dependencia del sector primario, resulta relevante
incorporar otros factores identificados por los estudios que analizan el pro-
blema de la incidencia de la pobreza, ya sea en el ámbito rural o en general.5
Un antecedente al respecto es el trabajo de Kaztman (2000). De acuerdo
al autor, los factores que inciden para que un hogar caiga en una situación de
vulnerabilidad, y eventualmente de pobreza, remiten a tres tipos de activos o
capitales: el físico, el humano y el social. El físico puede dividirse en capital fi-
nanciero y físico propiamente dicho. El financiero comprende recursos como
ahorros, créditos, rentas, etcétera, y una de sus características es su elevada
liquidez. El capital físico refiere a bienes materiales, por lo que su liquidez
es menor aunque su estabilidad es más alta. En relación con el capital físico,
Kaztman destaca “la vivienda y la tierra…” (2000, p. 31). El segundo grupo es
el capital humano; un tipo con menor liquidez, expuesto a procesos de des-
valorización fuera del control de los individuos y que se traduce en atributos
como la salud, las calificaciones y destrezas, así como motivaciones, creencias
y actitudes, mientras que a escala colectiva, el activo más relevante es la can-
tidad de trabajo potencial.
El tercer grupo remite al capital social, el menos alienable de todos, ya
que se concreta en relaciones. Tres dimensiones distingue Kaztman en este
grupo: las normas, las instituciones y la confianza. Algunos indicadores de
capital social que identifica son: la presencia de trabajadores familiares no
remunerados en el hogar, la posibilidad de hacer usufructo de una vivienda
con permiso de su propietario, y la recepción de ayudas de otros hogares.6
Desde otro punto de vista, Kay (2009) reflexiona que este tipo de capital
no debe distraer la atención de las formas que son más importantes. Advierte
que no debería sorprender si entre los hogares con mayores niveles de capital
físico y humano, no es necesario hacer uso del capital social. La movilización
de este capital, tal como lo captan las encuestas, podría suponerse que aparece
sólo en situaciones de carencias en los otros tipos de capital.
5 Estrategia que permitirá levantar la restricción de analizar hogares con más de un activo, u
ocupado, tal como hacen Riella y Mascheroni (2006, 2008) en uno de los antecedentes más
relevantes sobre el tema.
6 Como advirtieron los revisores, este tipo de fuentes no han sido pensadas para medir capital so-
cial, por lo que, a lo sumo, puede considerarse que se dispone de indicadores indirectos no muy
sólidos, y los resultados que se derivan de incluir estos indicadores mal podrían considerarse
concluyentes acerca del papel del capital social. Se presentan de todos modos para indagar en
su comportamiento para el caso, aunque deben interpretarse con estos recaudos.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 57
Otros factores estudiados como determinantes
de la pobreza en el ámbito de los hogares
Además de los factores asociados a la noción de activos, es posible identificar
una serie adicional de variables cuya relación con la probabilidad de que un
hogar se encuentre en situación de pobreza debe ser estudiada.
Un primer bloque refiere a la estructura del hogar. Tanto el trabajo de
Cortés, Fernández y Mora (2008) para México, como de Fernández (2003) y
Boado y Fernández (2006) para Uruguay muestran que la presencia de me-
nores de edad se relaciona con un aumento en las probabilidades de pobreza.
El argumento es que la presencia de menores aumenta las necesidades sin
aumentar la capacidad de generar ingresos.
Otra dimensión relativa a la estructura del hogar es su tamaño. Se suele
argumentar que los hogares de mayor tamaño son más pobres, mientras que
otros autores argumentan que lo central es la tasa de dependencia, entendida
como la relación entre personas en el hogar y ocupados en el hogar (Cortés,
Fernández y Mora, 2008).
En suma, un primer bloque estará compuesto por tres factores: la pre-
sencia de menores, el tamaño del hogar y la tasa de dependencia.
Un segundo bloque de factores, remite al capital social de los ho-
gares en relación con su inserción en redes comunitarias, por un lado, y
a su relación con el mercado de trabajo, por otro. Un indicador de esta
última forma de ver el capital social es la categoría ocupacional del jefe
del hogar. Así, la categoría de ocupación puede verse de dos formas: en
tanto indicador de la posición ocupada en la estructura social, y en tanto
indicador del acceso a prestaciones estatales condicionadas a la inserción
en el mercado de trabajo. Para Uruguay, además, se aprecia un peso espe-
cífico del empleo público (Fernández y Longhi, 2002; Fernández, 2003, y
Boado y Fernández, 2006), por lo que se incluye la existencia de ocupa-
dos en ese sector.
Otro factor que la bibliografía maneja es que el hogar perciba remesas:
En primer lugar, los trabajos muestran la importancia que tienen en la su-
peración de la pobreza extrema otros ingresos, […]. Básicamente se hace
referencia a las transferencias gubernamentales y las remesas… (Graziano
de Silva, Gómez y Castañeda, 2009, p. 12)
Cortés, Fernández y Mora (2008) resaltan la importancia de este factor para
México, y si bien no ha sido resaltado para el caso de Uruguay, es posible
identificar los hogares que reciben ayudas voluntarias de otros.
Un tercer bloque de factores asociados con la pobreza lo constituyen las
variables que remiten al concepto de titularidades. En particular, la biblio-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
58 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
grafía ubica aquí la educación y la movilidad geográfica, Graziano de Silva,
Gómez y Castañeda (2009) y Weber et al. (2005).7
Dentro de este mismo bloque, pueden incluirse también los derechos
de propiedad, que además aproximan la dotación de capital físico del hogar.
Un último bloque de factores corresponde a atributos de los individuos:
el sexo y la edad. Según Cortés, Fernández y Mora (2008), las explicaciones
que subyacen a los efectos que generan remiten, en el caso del sexo, a patrones
culturales caracterizados por relegar a las mujeres a posiciones subordinadas,
y en el caso de la edad, a mecanismos derivados de la sobrevaloración de la
experiencia laboral.
Análisis de la relación entre los factores identificados en los antecedentes
y la pobreza de ingresos entre los hogares rurales
Para empezar, se analizó la relación de cada variable con el fenómeno, y luego
se estudió si mantenían efectos significativos actuando en conjunto. Luego, se
procedió a levantar la restricción de que los factores tuvieran que mantener
idéntico efecto en todos los años.
La estrategia consistió en estudiar la relación de los indicadores con la
probabilidad de que un hogar fuera clasificado como pobre de acuerdo al
método de la línea de pobreza (ver ine 2006), pero aplicando la opción de
no ajustar la Canasta Básica Alimentaria (cba) rural, sino una cba común
a los hogares en localidades de menos de 5.000 habitantes y rurales disper-
sas, tal como se realiza en Cardeillac (2013). Se tomó esta opción, en primer
lugar, porque se considera una mejor aproximación que la que se deriva de
la aplicación de la Línea de Pobreza (lp) 2006 rural, que arroja niveles de
pobreza de ingresos muy bajos. Resultados que se explican, en buena me-
dida, por el umbral de la cba rural, que es mucho menor a cualquiera de
los otros dos: el del interior de más de 5.000 y el de Montevideo. Segundo,
porque no incluir umbrales distintos evita problemas de endogeneidad en
el modelo: al aplicar una lp que no varía con la ubicación de los hogares, si
relacionamos el resultado de ser o no pobre por lp, con el grado de depen-
dencia de los hogares del sector primario —factor asociado con la ubicación
del hogar—, resulta posible distinguir el efecto que tiene ese factor sin con-
7 Weber et al. advierten que: “In fact, poverty models rarely control for geographic mobility, [...]
If mobility is negatively correlated with both poverty and rural residence, then the effect on
poverty of living in a rural area could be overstated if one does not include a proxy variable for
mobility in the empirical model” (2005, pp. 16-17).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 59
tar allí una asociación que sería más un producto de la construcción de los
indicadores8 que un hallazgo.9
A continuación se presenta un cuadro que compara el ajuste de los mo-
delos.10 Luego, se presentará otro en el que se consigna el coeficiente de cada
regresor en el contexto de cada uno de los modelos que interesa discutir aquí,
para terminar concluyendo en base a los resultados obtenidos.
Cuadro 1. Comparación de los estadísticos de ajuste del modelo de interacciones
con el modelo de efectos principales.
Modelo Modelo de interacciones Efectos principales Diferencia
Número de casos 27546 27546 0
Log-Lik Intercept Only -14154,6490 -14154,6490 0,0000
Log-Lik Full Model -9676,0970 -9887,8480 211,7510
D 19352,195(27507) 19775,696(27519) 423,501(12)
LR 8957,103(38) 8533,602(26) 423,501(12)
Prob > LR 0,0000 0,0000 0,0000
McFadden’s R2 0,3160 0,3010 0,0150
McFadden’s Adj R 2
0,3140 0,3000 0,0140
ML (Cox-Snell) R2 0,2780 0,2660 0,0110
Cragg-Uhler(Nagelkerke) R 2
0,4320 0,4150 0,0170
McKelvey & Zavoina’s R2 0,9300 0,9250 0,0040
Variance of y* 46,7240 44,0220 2,7030
Variance of error 3,2900 3,2900 0,0000
AIC 0,7050 0,7200 -0,0150
AIC*n 19430,1950 19829,6960 -399,5010
BIC -261868,7170 -261567,9000 -300,8180
BIC’ -8568,6060 -8267,7880 -300,8180
BIC used by Stata 19750,9160 20051,7330 -300,8180
AIC used by Stata 19430,1950 19829,6960 -399,5010
8 En el sentido que la mayoría de los hogares rurales no agrodependientes están en localidades
de más de 5.000 personas y el umbral de la lp oficial es más alto en esas localidades, mientras
que la mayoría de los agrodependientes son de población dispersa y el umbral de la lp oficial
es más bajo para la población dispersa.
9 De todos modos, los modelos resultantes de aplicar la metodología de la lp 2006 del ine sin
modificaciones son consistentes con los presentados aquí, tal como puede verse en Cardeillac
(2011), anexos L y M.
10 Ambos modelos fueron ajustados sobre un total de 27.546 casos efectivos, que corresponden
a hogares rurales de las encuestas de 2000, 2006 y 2009 y que representan (bases expandidas)
337.097 hogares.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
60 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
Gráfica 1. Estudio del punto de corte que maximiza la sensibilidad
y la especificidad del modelo.
1,00
Sensibilidad / Especificidad
0,75
0.50
0,25
0,00
0,00 0,25 0,50 0,75 1,00
Probabilidad punto de corte
Sensibilidad Especificidad
Cuadro 2. Porcentajes de clasificación y área bajo la curva de ROC.11
Punto de corte 0,23 Modelo de interacciones Efectos Principales
Sensibilidad 77,86% 77,83%
Especificidad 78,40% 78,19%
Acierto global % 78,28% 78,11%
Área bajo la curva de ROC 0,8642 0,8616
Como se observa, no existen diferencias marcadas entre el modelo de efectos
principales y el de interacciones. El Cuadro 2 presenta información basada en
comparar la capacidad para clasificar de modo correcto los casos en función
de las probabilidades estimadas, dado un punto de corte. Las proporciones
son un poco mejores en el modelo con interacciones que en el de efectos
principales. La última fila del Cuadro 2 presenta el área bajo la curva de roc,
que brinda una idea más precisa de la capacidad de discriminar del modelo.12
11 El área bajo la curva roc provee la probabilidad de que para los distintos puntos de corte, un
par de casos seleccionados al azar, uno positivo en la variable dependiente y otro negativo, sea
correctamente ordenado en base al modelo; es decir, que el modelo le asigne al positivo una
mayor probabilidad de sufrir el evento que al negativo.
12 La regla es que valores de roc igual a 0,5 implican que el modelo es tan bueno como una pre-
dicción al azar, mientras que si los valores superan el 0,8 se puede afirmar que la capacidad para
discriminar es excelente.
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ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 61
Cuadro 3. Coeficientes de los factores en los distintos modelos.
Efectos Modelo con interacciones
Coeficientes
principales 2000 2006 2009
Constante -0,37# -0,88** 0,54** 0,18**
Hogar agrodependiente 0,11# 0,66** -0,47** 0,21*
Hogar mixto 0,10# 0,48* -0,05* 0,48@
Hogar con ingresos prediales -0,88** -0,91** -0,91** -0,91**
Hogar de entre 3 y 5 personas 0,88** 0,94** 0,94** 0,94**
Hogar con 6 personas o más 1,85** 1,92** 1,92** 1,92**
Hogar con entre 2 y 3 personas por ocupado 0,61** 0,64** 0,64** 0,64**
Hogar con más de 3 personas por ocupado 1,65** 1,69** 1,69** 1,69**
Hogar con al menos 1 menor de 12 años 0,31** 0,30** 0,30** 0,30**
Hogar que recibe ayudas de otros hogares -0,12# -0,71** 0,33** 0,33**
El jefe de hogar es asalariado -0,09# 0,37* -0,14** -0,58**
El jefe de hogar es patrón o cooperativista -2,43** -2,42** -2,42** -2,42**
El jefe de hogar es cuenta propia -0,52** -0,48** -0,48** -0,48**
o trabajador familiar
Son propietarios de la vivienda -0,45** -0,44** -0,44** -0,44**
Son arrendatarios de la vivienda -0,51** -0,51** -0,51** -0,51**
Clima educativo hasta 9 años (primer ciclo) -0,45** -0,46** -0,46** -0,46**
Clima educativo hasta 12 años (segundo ciclo) -1,32** -1,41** -1,41** -1,41**
Clima educativo más de 12 años (universidad) -3,17** -3,26** -3,26** -3,26**
Algún ocupado del hogar se traslada de 0,14# 1,00** -0,19** -0,22**
departamento para trabajar
Hay un empleado público en el hogar -0,80** -0,55* -1,34** -0,55@
Hay al menos un jubilado en el hogar -1,75** -1,72** -1,72** -1,73**
Hay al menos un ocupado que recibe -1,52** -1,542** -1,54** -1,54**
beneficios
Promedio de edad de los mayores de edad -0,02** -0,02** -0,02** -0,02**
del hogar
Hasta la mitad de los ocupados son mujeres -0,37** -0,39** -0,39** -0,39**
Más de la mitad de los ocupados son mujeres 0,25** 0,23* 0,23* 0,23*
Año 2006 0,52**
Año 2009 0,34**
** p-valor < 0,05
* p-valor < 0,1
# p-valor > 0,1
@ p-valor interacción > 0,1
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62 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
Hasta este momento se han presentado estadísticos de ajuste. El Cua-
dro 3 presenta los coeficientes de cada uno de los factores considerados y
permitirá profundizar en el análisis sustantivo.
Primero se comentarán los resultados del modelo de efectos principales
(primera columna del Cuadro 3) y luego se analizará qué sucede con el im-
pacto de cada una de las variables en el contexto del modelo con interacciones
(últimas tres columnas).13
El modelo de efectos principales muestra los resultados de estimar 26
coeficientes de los cuáles 5 no resultan significativos para un p-valor14 de 0,1.
Sustantivamente, el modelo muestra que no existe alteración significativa de
las probabilidades de que un hogar se encuentre en situación de pobreza en
función de qué grado de dependencia tiene del sector primario. Del mismo
modo, informa que no hay diferencia significativa según el jefe sea asalariado
o no esté ocupado. Tampoco el coeficiente que representa la capacidad del
hogar de usar redes sociales para movilizar recursos es significativo. Por últi-
mo, el coeficiente que clasifica los hogares según si alguno de sus integrantes
se traslada de departamento para trabajar tampoco se muestra significativo,
indicando que la movilidad no representaría una diferencia.
El resto de los regresores sí son significativos y se relacionan con la po-
breza como sigue. Si el hogar posee ingresos por actividades relativas a la ex-
plotación agropecuaria del predio, o retira productos de este para autoconsu-
mo, las probabilidades de pobreza se reducen. Estos resultados muestran una
de las caras del crecimiento del sector agropecuario: la ventaja de los hogares
que producen bienes primarios, que se benefician de la evolución alcista de
los precios de dichos productos, ya sea porque los pueden vender o porque
no los tienen que comprar.
En el caso del tamaño del hogar, los resultados respaldan la idea de que
el tamaño se relaciona de modo directo con la pobreza, incluso si se involucra
la tasa de dependencia.
En cuanto a la presencia de menores, dado que su impacto se sostiene
a pesar de que el número de integrantes y la relación de dependencia están
presentes como control, se puede hipotetizar que el impacto no se debe
sólo a que implica más demandas, sino al aumento de trabajo intrafamiliar
13 Las interacciones no son más que el producto de las dos variables que las constituyen y que,
sumado a los términos de cada una por separado, “corrige” los efectos simples adicionando el
condicional.
14 El valor de p, valor p o en general p-value puede entenderse como la probabilidad de observar el
valor del coeficiente estimado en caso que la hipótesis nula “no existe efecto” (coeficiente igual
a cero) fuera cierta. Si esa probabilidad es baja, en general menor a 0,1, 0,05 o 0,01, se decide
rechazar la hipótesis nula (coeficiente igual a 0 en este caso) y aceptar la hipótesis alternativa:
“existe efecto”.
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ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 63
—casi siempre de las mujeres— que reduce la posibilidades de acceder a
empleos de calidad.
La variable que sigue, indica si el hogar recibe ayudas voluntarias de
otros. Este factor capta la existencia de ayudas enviadas desde el exterior y
también la capacidad del hogar para hacer uso de redes informales. En prin-
cipio, el efecto no es estadísticamente significativo.
Los tres coeficientes que siguen representan la categoría de ocupación
del jefe de hogar como aproximación a la forma en que se inserta en el
mercado, pero también en los círculos y conjuntos de relaciones a los que
es capaz de acceder, es decir, al capital social. En este caso, los asalariados
no muestran una situación favorable, ya que las probabilidades de un hogar
con jefe asalariado de estar en situación de pobreza no son diferentes que
las de un hogar con un jefe no ocupado. En cambio, sí muestran diferencias
significativas y favorables otras dos categorías, la primera —con un efecto
muy fuerte de disminución de las probabilidades de pobreza del hogar—,
es que el jefe sea patrón o cooperativista. Resultados que indican cómo el
acceso a capital físico o financiero es determinante de la suerte que corren
los hogares y sus integrantes. También las categorías de cuenta propia con
local o inversión, o trabajador familiar no remunerado,15 que acercan un
cierto acceso a capital físico, disminuyen las probabilidades de que el hogar
esté en situación de pobreza.16
Los siguientes dos coeficientes representan también un cierto grado de
acceso a capital físico, la vivienda, como también una de las formas de acercar
la idea de “titularidades” discutida antes. Tanto ser propietario de la vivien-
da como arrendarla disminuye la probabilidad de que el hogar sea pobre,
comparado con la situación de los hogares que ocupan la vivienda, que es
la categoría de referencia. Parece bastante claro que son las titularidades y el
acceso a capital físico los mecanismos que operan de modo más eficiente para
disminuir las probabilidades de pobreza, más que el acceso a alguna forma de
capital social, al menos dadas las limitaciones en como se ha podido opera-
cionalizar este concepto a partir de la información disponible.
Los tres coeficientes que siguen representan el efecto del clima educativo
del hogar. Los resultados son contundentes, cada umbral superado tiene un
impacto mayor para reducir las probabilidades de pobreza. Para el caso de
15 Por definición, si el jefe del hogar se declara como Trabajador Familiar no remunerado, en ese
hogar debe de existir un Patrón o Cuenta Propia que es el titular del negocio en el que el jefe se
ocupa como Trabajador Familiar.
16 Este resultado, menos obvio a priori que el anterior, es interesante, ya que muestra que en un
contexto rural los autoempleados no están en una situación de vulnerabilidad como la de aque-
llos que viven en contextos urbanos.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
64 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
los hogares rurales, el peso del capital humano es muy relevante en umbrales
relativamente bajos.
Luego, se ingresó un indicador de la capacidad de hogar de aprovechar
las oportunidades del mercado mediante los traslados de uno de sus inte-
grantes fuera del departamento. En principio, el factor no tiene incidencia
significativa, aunque veremos que aquí están jugando tendencias opuestas.
Más adelante, se ingresan otros tres factores: que el hogar cuente con
un jubilado, con un empleado público o con un empleado con beneficios so-
ciales, que son destacados por la bibliografía internacional y nacional como
“protecciones” frente a situaciones de pobreza y vulnerabilidad. En todos los
casos los factores operan como protección ante la pobreza.
La variable que sigue es la única que fue ingresada continua, ya que
mostró una relación lineal (inversa) con la variable independiente. Esa va-
riable es el promedio de las edades de los mayores de edad del hogar, que
intenta captar las diferencias que el mercado hace en función de la edad.
La relación observada es que disminuye la probabilidad de que un hogar
esté en situación de pobreza conforme aumenta el promedio de edad de los
integrantes adultos.
También fue incorporado otro factor estructural, el sexo. La estrategia
que se siguió para construir el indicador no es la más tradicional, que con-
sidera el sexo del jefe de hogar. Tal indicador no mostró capacidad de ge-
nerar diferencias. No obstante, siguiendo las recomendaciones de Cortés,
Fernández y Mora (2008) y también algunas de las inferencias que realizan
Cancela y Melgar (2004) respecto del mercado de trabajo rural uruguayo, se
construyó un indicador continuo que luego fue dividido en tres indicadores
ordinales. Se trata de la tasa de mujeres ocupadas sobre el total de ocupados
del hogar, y entra en el modelo dejando como categoría de referencia el caso
en el que no haya ningún ocupado femenino, mediante otras dos categorías
de contraste; la primera, que hasta la mitad de los ocupados del hogar sean
mujeres, y la segunda, que más de la mitad lo sean. Así, el modelo ajusta-
do muestra que las diferencias de género son significativas y operan en las
probabilidades de que un hogar sea pobre o no, algo que si era contrastado
mediante el sexo del jefe de hogar no se captaba. En concreto, así opera-
cionalizado el factor, se corrobora que las probabilidades de que un hogar
sea pobre disminuyen cuando hay hasta la mitad de ocupadas en el hogar,
en comparación con los hogares en los que no hay mujeres ocupadas, lo
cual es una conclusión concurrente con los hallazgos de Cancela y Melgar
(2004). No obstante, si se analiza lo que sucede cuando la tasa de ocupados
femeninos supera la mitad, resulta que el efecto se invierte y en esos casos
la probabilidad de que el hogar sea pobre aumenta, incluso en compara-
ción a la situación de los hogares que no tienen ninguna mujer ocupada. En
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 65
otras palabras, la evidencia muestra que el trabajo femenino actúa como un
mecanismo que evita la pobreza siempre que sea trabajo complementario,
mientras que si es la única o tiende a ser la única forma en que se vincula el
hogar con el mercado de trabajo, al menos entre los hogares rurales, la pro-
babilidad de estar en situación de pobreza aumenta.
Los últimos dos coeficientes representan el impacto sobre las probabi-
lidades de que un hogar sea pobre que tiene el año al que corresponden las
observaciones. Se observa que tanto en el 2006 como en el 2009, las probabi-
lidades de que un hogar sea pobre son mayores que las del año de referencia,
2000. En relación a 2006, los resultados no llaman la atención, ya que los
niveles de incidencia de la pobreza por ingresos para ese año aumentaron de
modo muy significativo. Por otro lado, los resultados para 2009 son menos
directos en la medida en que de acuerdo a la metodología usada aquí, la inci-
dencia de la pobreza por ingresos no es muy distinta a la del año de referencia,
2000. La explicación para estos resultados se encuentra en que si bien los
datos en relación con los niveles de incidencia de la pobreza son similares, la
situación de los hogares en relación con el resto de los factores ha mejorado.
Así, al mantener los niveles de pobreza un nivel similar en un contexto de
mejora de los indicadores de activos, el resultado es que la probabilidad de
un hogar con características idénticas en 2009 de ser pobre es mayor a la de
un hogar con iguales características en 2000. Visto de otra forma, el efecto
principal del año está indicando el proceso de “depreciación” de los activos,
producto de su relativa generalización.
Cambios en la sociedad rural a comienzos del siglo XXI:
algunas modificaciones en la estructura de determinantes de la pobreza rural
Hemos dado cuenta de los resultados del modelo de efectos principales, pero
el modelo más adecuado para nuestro problema de investigación es el de in-
teracciones. Corresponde, pues, analizar las diferencias o modificaciones que
se observan al moverse al modelo final, que muestra cambios en el impacto
de los factores sobre las probabilidades de que un hogar sea pobre en función
del año considerado.
Para comenzar, debe notarse que el análisis de los coeficientes no mues-
tra alteraciones llamativas de magnitud que pudieran cuestionar el resultado
del modelo complejo. Los coeficientes estimados se muestran estables al pa-
sar de un modelo al otro.
La primera diferencia significativa es que la constante del modelo para
los distintos años se modifica. Así, las probabilidades de que un hogar esté
por debajo de la línea de pobreza aumentan tanto para 2006 como para 2009,
resultados consistentes con el efecto que tenía el año en el modelo de efectos
principales.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
66 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
Los siguientes coeficientes que acusan una alteración son los dos que
diferencian los hogares en función del grado de dependencia de estos del
sector primario de la economía. En este aspecto, lo que se observa es que los
hogares que están integrados por ocupados que se insertan exclusivamen-
te en el sector primario de la economía tienen al inicio de la observación
(2000) más probabilidades que los hogares rurales no agrodependientes y
que los mixtos de estar en situación de pobreza. Ahora bien, dicha proba-
bilidad se invierte para el año 2006, es decir, el momento de la observación
para el que tenemos datos en el ámbito de los hogares en el que está más
presente el impacto de la crisis económica (2001-2003) en términos de in-
cidencia de la pobreza de ingresos.17
Lo que muestra el modelo es que los hogares que en 2006 dependían
más del sector primario, producto de que todos sus ocupados se insertaban
exclusivamente en ese sector, fueron los que comparativamente tuvieron me-
nor probabilidad de estar en situación de pobreza, revirtiendo la tendencia de
2000. Este mismo grupo —los hogares rurales agrodependientes—, en el año
2009, vuelve a cambiar en relación con su probabilidad de estar por debajo de
la lp, y retorna a una situación según la cual sus probabilidades de estar en
situación de pobreza, medida por ingresos, son levemente superiores que la
de los hogares rurales no agrodependientes y un poco menores que la de los
hogares mixtos. Estos últimos fueron en 2009 el grupo en peores condiciones,
invirtiendo lo que sucedía en 2000 y también las conclusiones a las que se
podría arribar de no recurrirse a un análisis que habilite múltiples controles
simultáneos, con los distintos factores.
Los resultados del modelo de interacciones en relación a la dimensión
de la dependencia de los hogares del sector primario son sugerentes. Así, las
reflexiones que hemos retomado, y que avanzan sobre las modificaciones
que habrían operado en el ámbito rural, parecerían tener un correlato en
términos de la suerte que corren en los distintos períodos distintos tipos de
hogares en función de su relación con el sector primario. A este respecto,
si bien los resultados son preliminares y sería mejor contar con series que
permitieran determinar si las tendencias se mantienen, lo que sugieren los
resultados es que el grado de dependencia del sector primario de la econo-
17 Si bien la serie de datos del pbi muestra que el período de recesión se inicia hacia 1998 y ter-
mina hacia 2003, los resultados de incidencia de la pobreza en base a las encuestas de hogares
de que se dispone para el ámbito rural muestran que para los hogares no agrodependientes en
2000 la incidencia de la pobreza era de un 18,2%, mientras que en 2006 era de un 28,9%; para
los mixtos, en 2000 era de un 17,3%, mientras que en 2006 era un 21,1%, y entre los agrode-
pendientes en 2000 era de un 20,9% y en 2006 de un 24,9%. Ya hacia 2009, la incidencia era
respectivamente de un 18,8%, 11,3% y 19,9%, siempre aplicando la cba correspondiente a
hogares de localidades de más de 5.000 habitantes. Dados estos resultados, cuando se discutan
resultados para el año 2006 se hablará de resultados que muestran el impacto de la crisis, más
allá de que la serie del pbi para ese año muestre una recuperación.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 67
mía ha tenido un impacto importante en relación con las probabilidades de
que un hogar sea pobre, pero de distinto signo según períodos de tiempo.
En el período 1999-2000, los hogares que dependían en mayor grado del
sector primario tuvieron mayores probabilidades de estar por debajo de la
línea de pobreza que los hogares rurales no agrodependientes. En cambio
en 2006, primera observación de la que disponemos luego del período de
la crisis (2001-2003), el que un hogar dependiera en mayor medida de ese
sector redundó en probabilidades menores de estar en situación de pobre-
za por ingresos si se los compara con los hogares no agrodependientes o
mixtos. Por último, hacia el año 2009, ya en un contexto de crecimiento del
pbi total y menor del pbi sectorial primario, la tendencia parece ser que
estos hogares vuelvan a tener alguna probabilidad más que los no agrode-
pendientes de estar en situación de pobreza, aunque no obstante, no es tan
marcado como en el año 2000.18
El siguiente factor que acusa lo que podríamos llamar una variación con-
textual recurriendo a la sugerente y tradicional terminología de los análisis
de Lazarsfeld, es la aproximación al capital social, realizada mediante la in-
clusión del indicador de si el hogar recibe o no ayudas voluntarias de otros
hogares. En este caso, se observa que el recibir ayuda en el año 2000 resultaba
en hogares con probabilidades menores de estar en situación de pobreza. En
los años más recientes, 2006 y 2009, la relación se invierte y más que como
factor que disminuye la probabilidad de que un hogar esté en situación de
pobreza, el hecho de que un hogar reciba ayudas voluntarias de otros hogares
más bien contribuye a identificar a los hogares en situación más vulnerable y
comprometida en términos de pobreza de ingresos.
El siguiente factor que tiene variaciones importantes en los distintos
años analizados es la categoría ocupacional del jefe de hogar. No obstante, no
son todas las categorías las que acusan modificaciones, sino que el cambio en
función del año se observa sólo para el caso de los asalariados, lo cual es con-
sistente con los planteos relativos a las modificaciones que se están viviendo
en el espacio social rural y en particular en los mercados de trabajo rurales.
En este sentido, si bien en el año 2000 la probabilidad de que un hogar estu-
viera en situación de pobreza aumentaba para el caso de los hogares cuyos
jefes eran asalariados, incluso en relación con hogares con jefes no ocupados,
cuando se considera la medición de 2006, la situación se revierte y los hogares
con jefes asalariados reducen su probabilidad de estar en situación de pobreza
18 Como bien nos advirtieran los revisores del trabajo, las afirmaciones referidas al papel de la
diversificación de ingresos sólo se sostienen, en tanto se entienda por tal combinar ingresos de
ocupaciones de la rama 1 y de fuera de la rama 1. A partir de estos datos, no se puede decir nada
respecto del papel de la diversificación de ingresos dentro de la rama 1, proceso que de haberse
dado incluso podría explicar el mejor desempeño de los hogares agrodependientes a medida
que avanzamos en el período.
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68 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
medida por ingresos. Estos resultados hacen al hecho de que la categoría de
jefe no ocupado para el 2006 creció de modo muy marcado, captando fun-
damentalmente a desempleados. No obstante, lo llamativo es que el efecto de
disminuir las probabilidades de estar en situación de pobreza cuando el jefe
es un asalariado se mantiene en 2009, en un contexto que justamente no se
caracteriza por altos niveles de desempleo sino más bien lo contrario. En este
sentido, los resultados estarían advirtiendo que los ingresos que logran captar
los asalariados, en 2009, son mejores que los que captaban en 2000, segura-
mente producto de varias políticas que se han promovido.
El siguiente factor que se modifica en el tiempo, con relación a su inci-
dencia sobre la variable dependiente, es que exista en el hogar al menos un
ocupado que se traslada de departamento para trabajar. Este factor, que no
era significativo en el modelo de efectos principales, estaba compensando
tendencias opuestas que se pueden liberar en la medida en que se agrega el
término de interacción. Así, el resultado en el modelo final permite obser-
var que, mientras a finales del siglo xx el que un ocupado tuviera que tras-
ladarse del departamento de residencia para trabajar identificaba a aquellos
hogares en peor situación relativa, ya avanzados en la primera década de
este siglo, y producto de los cambios que se han operado en el mercado de
trabajo con la instalación de nuevos emprendimientos productivos, y en
un contexto de formalización del trabajo asalariado, el que al menos un
ocupado se traslade de departamento para trabajar permite que el hogar
aproveche oportunidades de captar ingresos ubicando fuerza de trabajo en
mercados que están en otras zonas pero que son más dinámicos. Así, ob-
servamos que habilitar la variación en el tiempo de este factor redunda en
resultados consistentes con los antecedentes acerca de cómo incide la movi-
lidad de los trabajadores en el contexto de cambios productivos que se han
dado en el período.
El último factor que modifica o mejor “especifica” su impacto como “pro-
tección” frente a la pobreza de ingresos, es que el hogar cuente con al menos
un empleado público. En este caso, el cambio no parece estar muy vinculado
a las modificaciones verificadas en el mundo rural y entre los hogares rurales
a partir de su estructura de activos, sino que es una modificación que viene
a dar cuenta del preponderante papel que tiene como protección el empleo
público. Los resultados del modelo ajustado muestran que el coeficiente para
2006 —que resulta en una reducción de las probabilidades de que un hogar sea
pobre en los casos en que cuente con un empleado público— aumenta mucho
su magnitud para luego volver a descender en 2009. En consecuencia, si siem-
pre resulta ser un factor relevante para reducir las probabilidades de que un
hogar quede en situación de pobreza por ingresos, es claro que su principal rol
en el período analizado es como “seguro” para afrontar los impactos de la crisis.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 69
Conclusiones
Aunque las principales conclusiones corresponden a los resultados obtenidos
e interpretados en los dos apartados anteriores, es posible terminar este ar-
tículo con algunas reflexiones de carácter más general.
La primera de ellas es que no se pueden descartar ni el efecto principal
del año como factor que genera probabilidades de que un hogar rural esté en
situación de pobreza, ni tampoco el efecto que tiene el contexto macro sobre
varios de los factores que operan en el ámbito de los hogares, aumentando o
disminuyendo la probabilidad de que estos experimenten una situación de
pobreza. Tal conclusión tiene implicancias que es necesario resaltar, ya que
está brindando evidencia en contra de aquellos enfoques que consideran la
pobreza como consecuencia de atributos sólo en el ámbito de los hogares y
sus integrantes. Dicho de modo más directo, la dotación de activos de los
hogares, propiedades de colectivos en ese ámbito, o agregados de propieda-
des de sus integrantes individuales, se modifican en función de factores que
operan a escala macro. Esto se sostiene tanto en el período 2000-2006, que
incluye la crisis con crecimiento del sector primario, como en el que va de
2000 a 2009, período de recuperación del sector en un contexto de aumento
de su poder de compra (Cardeillac, 2013), por lo que el argumento de que
el efecto se debe al deterioro generalizado que se vivió en los años de crisis
no se sostiene.
Una segunda conclusión general que se impone, dados los objetivos de
la discusión presentada, remite al papel que tiene la dependencia de los ho-
gares del sector primario. Como se mostró, la probabilidad de que en el año
2000 un hogar agrodependiente fuera pobre por ingresos era mayor a que un
hogar mixto o no agrodependiente lo fuera. Ahora bien, esto se modifica, y
hacia 2006, año en que se hacen evidentes los efectos de la crisis económica,
al mismo tiempo que el sector primario logra buenas tasas de crecimiento
económico, se invierte, pasando a ser los hogares agrodependientes los que
tienen menor probabilidad de estar en situación de pobreza, seguidos de los
mixtos, y quedando en la peor situación relativa los no agrodependientes,
siempre dejando constantes el resto de los factores considerados en el mode-
lo. Los resultados son consistentes con las reflexiones de De Janvry y Sadoulet
(2000) quienes advierten que el crecimiento tiene un impacto menor, para
bien o mal, en la pobreza rural, lo cual de algún modo se sostiene, aunque es-
pecificándose: más que para la pobreza rural en general, cabría afirmar que es
para la pobreza de los hogares rurales agrodependientes. Los mismos autores
advierten que el crecimiento del sector primario no es tan relevante como el
del sector terciario en términos de aliviar la pobreza, y en este aspecto parece
claro que la tendencia de la pobreza está mucho más marcada por los vaivenes
del crecimiento de la economía en su conjunto que por la evolución particu-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
70 JOAQUÍN CARDEILLAC GULLA
lar del sector primario. Aquí, no obstante, también es posible especificar más
sus constataciones, en la medida en que sí se observa un impacto positivo
del sector primario, si se distinguen los hogares en función del sector de la
economía en el cual se insertan sus ocupados, ya que si se repara en lo que
sucedía hacia 2009, la situación se parece a la del año 2000, aunque ya no es
tan marcado el efecto negativo de que el hogar sea agrodependiente y, en su
lugar, son los hogares mixtos los que tienen mayor probabilidad de estar en
situación de pobreza.
Provisoriamente, es posible afirmar que se ha operado un cambio y sus
consecuencias podrían implicar rever la validez de la estrategia de diversi-
ficar ingresos en los hogares. Evidentemente, plantear lo anterior sin consi-
derar el costo de generar otros tipos de cambios en el ámbito de los hogares
no resulta muy sensato. Pero no es en este sentido que aquí se propone, sino
más bien, en el sentido de relativizar los efectos que es dable esperar del
recurso a dicha estrategia, así como también pretende ser un elemento más
a considerar en la discusión sobre qué tipos de medidas conviene adoptar
para lidiar con el problema de la pobreza rural. Conforme esto último, los
resultados obtenidos muestran que no es por diversificar ingresos que los
hogares mejoran su situación. Por el contrario, sucede que los hogares que
tienen ingresos diversificados poseen otra serie de características, repre-
sentadas por las demás variables incluidas en el modelo, que son las que
los colocan en mejor situación relativa en un análisis descriptivo. Pero una
vez controlados los efectos de esa serie de factores, lo que resulta es que
los hogares con esas características estarían en mejor situación relativa si
ocuparan a sus integrantes sólo fuera del sector primario, o sólo en el sector
primario. Es claro también que estas afirmaciones deben leerse atendiendo
a que la magnitud del efecto del grado de dependencia del hogar respecto
del sector primario parece estar disminuyendo su capacidad de discriminar
entre los hogares, sobre todo entre los no agrodependientes y los agrode-
pendientes, lo cual resulta consistente con los planteos que advierten acerca
de la profundización del capitalismo en el campo y en una creciente igua-
lación de las relaciones de producción en los distintos sectores y sus mer-
cados de trabajo.
La tercera conclusión es que los atributos de los hogares, no siendo los
únicos determinantes, tienen un peso específico y generan diferencias signi-
ficativas, más allá de las variaciones de los contextos estructurales en los que
operan y por lo tanto resulta relevante estudiar este aspecto.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ANÁLISIS DE LA POBREZA DE INGRESOS EN LOS HOGARES RURALES DE URUGUAY ENTRE 2000 Y 2009 71
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Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL
EL CASO ARGENTINO
Carla Gras
Resumen
En las últimas dos décadas, Argentina registra un fuerte crecimiento de la producción agrícola,
motorizado por importantes transformaciones productivas, económicas e institucionales, que
dio lugar a procesos de concentración empresarial.
Este aumento del papel del capital en la producción agropecuaria no puede comprenderse mera-
mente en términos de la expansión de la escala de las explotaciones, sino que su examen requie-
re considerar aspectos tales como las formas de control y organización de los factores y recursos
productivos, el origen del capital y las formas de acumulación desarrolladas. En este artículo,
se abordan estas cuestiones, indagando en el diversidad interna que caracteriza el movimiento
hacia la concentración empresarial.
Palabras clave: Agricultura empresarial / agronegocios / Argentina.
Abstract
Agriculture expansion and capitalist farming: the case of Argentina
In the past two decades, Argentina registered a strong growth of agricultural production, driven
by major productive, economic and institutional changes, which led to concentration processes.
This increased role of capital in agricultural production cannot be understood merely in terms of
the expansion of farms´scale. Its examination needs to consider the different forms of control of
productive resources, accumulation, and the organization of production or the origin of capitals
as well. In this paper, we address these issues, looking into the diversity that characterizes capi-
talist concentration.
Keywords: Capitalist agriculture / agribusiness / Argentina.
Carla Gras: Socióloga, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Tecnológicas, CONICET, Argentina. E-mail: carlagras@[Link]
Recibido: 2 de abril de 2013.
Aprobado: 8 de julio de 2013.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
Introducción
Las transformaciones en el agro argentino están ligadas a la profundización
de su conexión con la economía globalizada. Esta conexión no es nueva y
forma parte de un proceso histórico más amplio de penetración del capital
en el agro, y de integración y subordinación de la producción local a cir-
cuitos globales, que diferentes autores analizaron a partir de la noción de
“complejos agroindustriales” (véase Teubal, 1995 y 2001; Teubal y Rodrí-
guez, 2002; Gutman y Gatto, 1990; Lattuada, 1996; Gras, 2005).
Luego de una etapa de estancamiento relativo de la producción agropecua-
ria en la principal región del país, la Pampa Húmeda (entre 1940 y 1970), la
Argentina comenzó a registrar en la década de los ochenta un heterogéneo
y desparejo crecimiento agrícola, con el aumento de la producción de olea-
ginosas y algunos cereales (trigo y maíz) y el estancamiento de otros (sor-
go, cebada). El crecimiento agrícola se profundizó en las décadas siguientes,
acompañado por una creciente intensificación productiva, proceso que se vio
favorecido por una serie de cambios institucionales, tecnológicos, producti-
vos y financieros en la década de los noventa. A partir de 2002, una nueva tasa
de cambio (valor peso/dólar), el alza sostenida de los precios internacionales
de los commodities y la entrada de capitales externos al sector completaron la
reconfiguración del agro argentino.
Estos procesos no son ajenos a tendencias globales, entre las que autores
como McMichael (2000), Bonanno (2004), Friedland (2004) o Busch y Juska
(1997) subrayan el aumento de la transnacionalización de las cadenas pro-
ductivas y su vinculación a la economía global sobre la base de un número
reducido de productos. En ese contexto, se observa el pasaje de agriculturas
integradas al mercado mundial, a través de las producciones en las que tenían
ventajas comparativas, a agriculturas organizadas en función de la produc-
ción de commodities globales (McMichael, 1997).
Estos elementos están en la base de la emergencia y la consolida-
ción de un nuevo modelo agrario en Argentina —conocido como “agro-
negocio”—, basado en el empleo de biotecnologías, un intenso ritmo de
innovación tecnológica, altos requerimientos de capital, la participación
creciente del capital financiero, la reorganización del trabajo y de la pro-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 75
ducción. Sus consecuencias han sido notables y se registran en distintos
aspectos: la mayor concentración productiva; el espectacular aumento de
la producción; la intensificación agrícola (tanto en términos de la exten-
sión de la superficie sembrada como del aumento de la productividad); el
lugar excluyente del cultivo de soja en ese desempeño; la expansión de la
frontera agraria; la disminución sistemática de las explotaciones de me-
nor tamaño, y la constitución de escalas productivas desconocidas por su
inmensidad espacial.
En este escenario, se generaliza y amplía el papel del capital en la pro-
ducción agraria (Murmis, 1998; Murmis y Murmis, 2010). Este proceso de
concentración empresarial puede observarse, además de en las grandes es-
calas productivas, en la importancia que cobran aspectos como el origen de
los capitales, y las formas de control y manejo de los recursos productivos.
El tema de la agricultura empresarial en el actual modelo ha sido
poco explorado en los estudios rurales en Argentina. Uno de los apor-
tes más significativos proviene de autores como Roberto Bisang (2003;
Bisang y Kosakoff, 2006; Bisang, Anlló y Campi, 2010) y Martín Piñeiro
(2009; Piñeiro y Villarreal, 2005), entre otros. Sus trabajos indagan en el
impacto de las transformaciones tecnológicas y organizativas en la con-
formación de las empresas agropecuarias y en la importancia de las for-
mas de producción en red en la competitividad del agro argentino. Estos
trabajos ofrecen una fina descripción de las nuevas formas de organiza-
ción empresarial.
Sin embargo, una serie de cuestiones quedan soslayadas, las que pue-
den sintetizarse en la pregunta sobre cómo ha sido la apropiación de la ló-
gica del agronegocio en el interior de las capas empresariales. Los auto-
res señalados atribuyen una suerte de equivalencia entre la expansión del
agronegocio y su cristalización en un modelo empresarial determinado: la
empresa-red. El interrogante antes planteado implica reconocer, como ha
señalado Clara Craviotti, que:
… este se materializa en algunas de sus expresiones actuales, en una trama
de actores de diferente condición y posición social, más que en un actor
específico. (Craviotti, 2012, p. 3)
Para esta autora, esta apropiación por parte de diferentes grupos consti-
tuye un problema que refleja la ambigüedad de la noción de agronego-
cios. Por el contrario, en este artículo, intentamos abordar esos diferentes
modos de apropiación entendiendo que, más que un problema, consti-
tuyen aspectos centrales de las dinámicas socioeconómicas y de poder
que se generaron en torno de esta nueva lógica. Nuestra hipótesis es que
esa apropiación diferenciada ha dado lugar a una trama compleja en la
agricultura empresarial, que no puede entenderse a partir de distinguir
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
76 CARLA GRAS
franjas innovadoras o modernas de otras más “tradicionales”, sino de exa-
minar los rasgos y atributos que diferencian a las unidades empresariales
y aquellos que les dan unidad. Ello hace que el proceso de concentración
empresarial —entendido aquí como “aumento del papel del capital en la
producción” (Murmis y Murmis, 2010, p. 1)— no se traduzca únicamente
como un movimiento vertical (de aumento de las distancias entre la agri-
cultura empresarial y la agricultura familiar o campesina) sino también
como uno horizontal, de producción de nuevos cortes en el interior de las
clases capitalistas.
En los apartados que siguen, se hará una breve referencia a las caracte-
rísticas del reciente crecimiento agrícola, para luego retomar las cuestiones
planteadas precedentemente, tal como se expresan en el tamaño de las em-
presas, los formas de control y organización de los factores productivos, el
origen del capital y las formas de acumulación desarrolladas. Para ello, se
analiza un conjunto de firmas agropecuarias que hemos estudiado en los
últimos años.
Crecimiento agrícola y expansión del agronegocio
En las últimas dos décadas, el sector agropecuario argentino registró un
aumento sistemático de su pbi: entre 1993 y 2010 se multiplicó 7 veces.1
Esta evolución reconoce tres momentos: expansión entre 1993 y 1998, es-
tancamiento y leve retracción entre 1999 y 2002, y un posterior aumento, de
mayor ritmo desde 2003. El mayor aporte provino del complejo oleaginoso,
básicamente la soja y sus derivados industriales.2 Esta devino el cultivo “es-
trella” del crecimiento agrícola: el área sembrada pasó de poco menos de 5
millones de hectáreas a casi 19, entre 1990 y 2011. La producción tuvo un
crecimiento más intenso, pasando de 10.862.000 toneladas a 40.100.197.
Paralelamente, la superficie con trigo descendió de 6 millones de hectáreas
a 4,5, al igual que la de girasol (bajó de 2, 4 millones a 1,8). Mientras que el
área con maíz, si bien aumentó (pasó de 2 millones a 5), lo hizo a un ritmo
menor que la soja.3
La centralidad de la producción sojera en el crecimiento agrícola se advierte
también en el peso de las exportaciones de este complejo: en 2007 represen-
taron el 40% de las exportaciones agrícolas, mientras que las de trigo, maíz
y carne vacuna —producciones que durante décadas lideraron la matriz
agroexportadora— alcanzaron cada una cerca del 8% (Guibert, 2010). Otro
1 En millones de pesos, a precios de 1993. Fuente: indec
2 Aceites, harinas, alimentos balanceados, biodiesel y otros subproductos como mayonesa, mar-
garina y lecitina.
3 Datos del Sistema Integrado de Información Agropecuaria (siia), Ministerio de Agricultura, Ga-
nadería y Pesca. Disponible en: <[Link]
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 77
dato elocuente es la contribución del complejo sojero a las exportaciones to-
tales del país, que en los últimos años representó entre el 25 y 28% del valor
total de las exportaciones nacionales.
El crecimiento agrícola y el lugar predominante de la soja en él son
resultado de una serie de factores articulados, que combinan tendencias
globales y locales, y que resultaron en una intensificación de la producción
y un aumento de los índices de capitalización requeridos para asegurar una
rentabilidad mínima.
En ese marco, cabe destacar las transformaciones jurídico-institu-
cionales operadas en el sector agropecuario, que desde 1990 cambiaron
el escenario en el que este se había desarrollado hasta entonces. En ri-
gor, estos cambios se remontan a mediados de la década de los setenta,
cuando la dictadura militar puso en marcha un proceso de liberalización
económica y favoreció la orientación exportadora de la actividad. Pero
fue recién en los años noventa cuando ese proceso se consolidó y pro-
fundizó. Señalemos rápidamente algunas de las medidas que afectaron
especialmente al sector agropecuario: la eliminación de casi todos los im-
puestos a las exportaciones, lo que dio un nuevo impulso a la orientación
externa de la producción; la supresión de aranceles a la importación de
bienes de capital, que se tradujo en una importante renovación del parque
de maquinarias; la eliminación de casi todos los organismos reguladores,
lo que dejó a los productores más expuestos a los vaivenes del mercado
internacional; la privatización de los servicios públicos, lo que alteró la
estructura de costos de las explotaciones; y finalmente, la retracción del
Estado del mercado financiero, lo que redujo notablemente el acceso a
créditos baratos o a tasas subsidiadas e impulsó una mayor presencia de
entidades privadas, favorecida por la Ley 24.441 de fideicomisos en 1995.
Inicialmente orientada a la construcción de viviendas, los fideicomisos se
extendieron a la actividad agropecuaria, canalizando inversiones finan-
cieras hacia el sector.
A este conjunto de medidas, se sumaron una serie de leyes que en con-
junto impactaron sobre la disponibilidad de tierras. Así, nuevas normas de
arrendamiento excluyeron de la ley vigente (que establecía un plazo máxi-
mo de tres años para el alquiler de campos) a los llamados “contratos acci-
dentales” (para la realización de una o dos cosechas), que quedaron fuera
de las restricciones existentes respecto del congelamiento de precios y la
limitación de los plazos. Ello hizo que estos se propagaran, dando lugar a
un cambio en la matriz de contratación de la tierra (Cloquell, 2007) y fa-
voreciendo el aumento del arrendamiento. Se estima que entre el 70 y 60%
de la superficie agrícola del país se encuentra actualmente en esa situación
(Reboratti, 2010).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
78 CARLA GRAS
En cuanto a las tierras fiscales, la reforma constitucional de 1994 dejó
en manos de las provincias su manejo y adjudicación (Murmis y Murmis,
2010); ello resultó en una multiplicidad de situaciones de entrega de tierras
fiscales según la capacidad reguladora de cada estado provincial y sus ne-
cesidades financieras. Asimismo, si bien no hubo cambios en la legislación
sobre montes y bosques (hasta 2007), la debilidad de los estados provincia-
les se manifestó en el desmonte de grandes áreas para el cultivo de soja en el
norte del país, permitiendo la expansión de la frontera agraria.
Finalmente, son de destacar los efectos del recorte presupuestario a
los organismos de investigación y desarrollo tecnológico como el Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria (inta), que fue acompañado de
cambios en su modelo de investigación y extensión —hasta entonces ba-
sado en la planificación, la estabilidad de los investigadores y extensionis-
tas y el financiamiento público—. En sintonía con el modelo norteame-
ricano, en el cual las investigaciones se definen a partir de la obtención
de fondos y subsidios privados, los agentes del inta tuvieron que “salir a
prestar servicios” (Calandra, 2009), perdiendo terreno las iniciativas pú-
blicas de modernización tecnológica a favor de las desarrolladas por el
sector privado.
En el marco de estas profundas transformaciones, tuvo lugar un he-
cho que revolucionó los sistemas productivos: la liberalización del primer
evento transgénico en 1996: la soja resistente al glifosato. Su uso incrementó
exponencialmente el consumo de fertilizantes, pesticidas, y potenció el sis-
tema de siembra directa. La difusión local de las nuevas semillas y biocidas
fue rápida. Unas pocas firmas propietarias de las patentes de estas tecnolo-
gías estuvieron en posición de imponer un sistema de comercialización a
su medida. En un escenario de fuerte endeudamiento bancario de muchos
productores, los mecanismos de financiamiento promovidos por estas em-
presas fueron determinantes.
Estas innovaciones asumieron el carácter de un “paquete cerrado” —lo
que define de manera precisa el modo en que están concatenadas unas con
otras (la semilla transgénica con el glifosato, un conjunto de herbicidas y pes-
ticidas, un tipo de tecnología de siembra, etcétera)— y la capacidad de deter-
minar la organización productiva y las necesidades de capitalización de las
explotaciones (Bisang y Gutman, 2005). Desplegado en el contexto de una
estructura específica de relaciones de poder y de control sobre la producción
agrícola, el nuevo paquete tecnológico impulsó la concentración empresarial
dados sus altos requerimientos de capital y su asociación con grandes escalas
de producción (por sus características, los resultados productivos son más
altos cuanto mayor es la extensión trabajada).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 79
El sentido global de estas transformaciones no es el resultado unívoco de
un paquete tecnológico. La importancia de este factor encuentra su pleno sig-
nificado en la emergencia de una nueva lógica de producción que reconfiguró
las formas de acumulación de capital. Esta lógica, conocida como agronego-
cio, supuso una nueva manera de llevar adelante la producción, signada por
formas de organización del proceso productivo basadas en la tercerización
de tareas y en la gestión y control (más que en la propiedad) de activos de
terceros (tierra y capital).
Si bien la contratación de labores o el arrendamiento de campos no
son novedosos en Argentina, cabe destacar que estas tradicionales prácti-
cas no sólo se extendieron en el período reciente, sino que incorporaron
otros servicios (informática, consultorías financieras, de marketing, in-
mobiliarias, información climática). Además de reducir el empleo directo
en la explotación, esta forma de organización de la producción modifica
los modos de conducción empresarial y el rol profesional del empresario.
Este se despliega en la gestión, la cual no se limita a la toma de decisiones
y la supervisión, sino que implica la coordinación de múltiples actores
y el gerenciamiento de aspectos productivos, financieros, comerciales y
administrativos. Ello requiere altos grados de formación cuya posesión y
puesta en juego participa de la producción de excedentes, sean estos pro-
ductivos, financieros o económicos. A modo de ejemplo, un empresario
comentaba:
El productor agropecuario en general no saca bien las cuentas. Hay un mon-
tón de costos encubiertos, donde empezás a ver costos de transacción, de
diferenciación de tipo de cambio, cuando vos vendés a un precio, cuando
comprás a otro. Y no te das cuenta pero hay un montón de plata que se pier-
de en el medio […] Cuando vas sacando todas las cositas intermedias, podes
llegar a tener entre 30-35 dólares por hectárea de costo adicional. (M. R.,
entrevista, 2011)
Esta forma de organizar la producción conlleva cambios cualitativos en tér-
minos de la acumulación de capital, pues se trata de lograr la mayor veloci-
dad posible de rotación del capital. Este rasgo característico del agronego-
cio no puede comprenderse sin considerar su articulación con otro de sus
elementos constitutivos: la “financiarización” de la producción. En efecto,
el crecimiento agrícola fue acompañado de una participación creciente del
capital financiero. Si bien tampoco es novedosa, esta involucra en la actua-
lidad a nuevos actores que —a través de diversos y complejos instrumentos
financieros (swaps, forwards, opciones)— “entran” a los mercados de com-
modities agrícolas, atraídos por el alza sostenida de los precios y la menor
rentabilidad ofrecida por inversiones financieras clásicas (acciones, bonos,
etcétera), y que logran una gran influencia en la producción a través de los
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
80 CARLA GRAS
precios. De hecho, a escala mundial, el crecimiento agrícola se concentra en
unos pocos productos, que son aquellos en los cuales se producen las mayo-
res transacciones financieras: soja, maíz, palma de aceite, arroz, canola, gi-
rasol, caña de azúcar y forestales (Pereira Leite, 2012). De tal forma, el capi-
tal financiero contribuyó de manera sustantiva al aumento de la producción
en ciertos rubros, alterando la estructura de uso del suelo y promoviendo
procesos de intensificación. En Argentina, además, se observa su ingreso a
la producción de soja a través de fondos de inversión. En general, estos ca-
pitales buscan retornos rápidos, lo que lleva a los productores a privilegiar
los resultados financieros por encima de los productivos (Guibert, 2007).
Los elementos mencionados también impulsan la ampliación de las
empresas hacia otras actividades que no sólo responden a una lógica clásica
de integración técnica, sino también a lo que algunos entrevistados deno-
minaron la “multiplicación de espacios de transacción”, es decir, el desarro-
llo de diversos emprendimientos, tendientes a lograr una mayor valoriza-
ción del capital. Veremos algunos de estos ejemplos en el caso de las más
grandes empresas.
En síntesis, el agronegocio profundiza la lógica de los anteriores proce-
sos de expansión del capital e introduce nuevos rasgos relacionados con: a)
cambios en la estructura de tenencia de la tierra; b) novedosos arreglos finan-
cieros, comerciales y de organización para la producción; c) intensificación
del uso de la tierra y el capital junto con cambios tecnológicos en la calidad
de los insumos e innovaciones genéticas; d) importancia de las lógicas de va-
lorización financiera; e) participación de capitales no agrarios; f) ampliación
de la lógica del mercado en la asignación de recursos y políticas públicas que
favorecen la expansión del agronegocio.
Perfil de las empresas agropecuarias argentinas
La expansión del agronegocio modificó el perfil de las empresas agropecua-
rias. El argumento que aquí desarrollaremos es que lejos de cristalizar en la
configuración de un actor específico, esta lógica fue apropiada de manera
diversa por actores de distinta posición y trayectoria social, dando lugar a
una trama compleja,4 que contribuyó a dotarlo de un grado no menor de
legitimidad social.5
4 Sin contar con la complejidad que agrega la presencia de la agricultura familiar y campesina,
que no abordamos aquí.
5 Esto pudo observarse durante el conflicto de 2008 por las retenciones a las exportaciones agro-
pecuarias (Gras, 2011). El imaginario social sobre el aporte del sector al crecimiento económico
en los últimos años comenzó a problematizarse más entre grupos; un hito significativo en este
sentido fue el llamado Juicio de Ituzaingó en la provincia de Córdoba en 2012, por el impacto
del uso de agroquímicos en la salud de la población.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 81
En los puntos que siguen, retomamos estos ejes a través de la caracte-
rización de un conjunto de empresas agropecuarias. Los datos utilizados
provienen de entrevistas en profundidad a empresarios relevadas entre
2009-2012.6 Las empresas fueron contactadas en un relevamiento previo
por encuesta. El universo analizado no es estadísticamente representati-
vo del conjunto de explotaciones empresariales del país, por lo que no es
posible establecer su peso en ese total (lo que tampoco es un objetivo de
este trabajo). Cabe señalar que dicho universo fue recortado entre empre-
sas asociadas a una entidad técnico profesional, de larga trayectoria en el
agro argentino y con amplio predicamento entre el empresariado agrario. Si
bien ello introduce límites a la extensión de nuestras conclusiones, ofrece la
ventaja de enfocarnos en las empresas que más entusiasta y profundamente
encararon las demandas planteadas por la lógica del agronegocio. Asocia-
ciones como la que referimos acompañaron el cambio de modelo produc-
tivo y sirvieron de “plataforma para la conformación y difusión de nuevos
modelos empresarios” (Hora, 2010, p. 102).
Los “big players” del agronegocio
A partir de la década de los años dos mil, se consolida un grupo reducido
de megaempresas, término con el que Murmis aludió a aquellas que por sus
volúmenes de actividad se ubicaban en una posición que las diferenciaba del
conjunto de la agricultura empresarial (1998, p. 212). Su tamaño supera am-
pliamente las 100.000 hectáreas totales. Entre ellas puede mencionarse a Los
Grobo Agropecuaria, cresud, El Tejar, msu y Adecoagro.7 Algunas de estas
megaempresas son de ingreso reciente a la actividad, aunque la mayoría tiene
una larga trayectoria en el sector.
Estas megaempresas son las más grandes productoras de soja, maíz y
trigo del país, y ocupan posiciones relevantes en producciones como gana-
dería, arroz o algodón. Entre ellas suman alrededor de un millón y medio de
hectáreas sólo en Argentina, donde se ubica el grueso de las tierras en las que
operan. En la última década, se han extendido a Uruguay, Paraguay, Brasil y
Bolivia. Esta expansión habla de la estructuración global que alcanza su or-
ganización productiva, lo que constituye una diferencia significativa respecto
6 Realizamos un total de 26 entrevistas en profundidad a titulares de empresas agropecuarias
(personas físicas o miembros de sociedades). Los casos estudiados cubren distintas categorías
de tamaño y magnitud económica (medida en función del Valor Bruto de la Producción), que
habíamos identificado en el análisis de datos recogidos a partir de una encuesta relevada en
2009. Las más grandes empresas de siembra de soja del país (más de 60.000 hectáreas) fueron
consideradas de inclusión forzosa, logrando acceder a cuatro de ellas. Cabe señalar que queda-
ron excluidas de nuestro relevamiento grandes empresas vinculadas a producciones regionales.
7 Nos referimos en este artículo a las nombradas en el cuerpo del texto, debido a que son
aquellas a las que hemos podido acceder a entrevistar y sobre las que hemos reunido mayor
información.
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82 CARLA GRAS
del resto de las empresas. Según la información relevada, ello no sólo resultó
en una fenomenal expansión de su tamaño, sino en una diversificación terri-
torial que profundiza la que ya tenían en el país (con campos distribuidos en
toda la Pampa Húmeda y en las diferentes provincias del norte). La diversifi-
cación territorial forma parte de estrategias de manejo del riesgo, tendientes a
minimizar la influencia de condiciones climáticas, políticas y jurídicas. Estas
megaempresas consideran que estas estrategias de manejo del riesgo son uno
de sus “activos” fundamentales ante los mercados financieros. Como señaló
un entrevistado:
… si uno se fija en los que se fueron, son los grandes jugadores movidos
no por plata sino por los inversores que buscan diversificación geográfica y
política. Cuando yo me presento a vender el proyecto en Londres, no puedo
llevar una carpeta sólo con Argentina, porque me dicen: “Argentina, ines-
tabilidad política, no, traeme Sudamérica”. Le tengo que mostrar Uruguay,
Brasil, Paraguay, le tengo que mostrar oportunidades de la mano de la diver-
sificación política. (G. M., entrevista, 2012)
Además de su gran escala, el modelo empresarial desarrollado se apoya
en una organización corporativa altamente profesionalizada —con depar-
tamentos especializados estructurados desde el terreno hasta el nivel cen-
tral—; en conexiones estrechas con las principales empresas de insumos;
y en la centralidad del componente financiero en sus procesos de acumu-
lación. Recientemente, en consonancia con la expansión a otros países,
ese componente se complejizó a partir del ingreso de estos capitales en la
estructura societaria. El Tejar, Adecoagro y msu, por ejemplo, recibieron
aportes de grupos y fondos de inversión internacionales por una parte de
sus paquetes accionarios. Según surge de las entrevistas y la información
recogida en la prensa, la vinculación con estos capitales está asociada a los
procesos de capitalización que a partir de 2008-2009 han experimentado las
megaempresas con la compra de tierras.
Esta situación introduce cambios en el modelo empresarial desarro-
llado hasta ahora por la mayor parte de las megaempresas, cuya caracte-
rística principal fue el manejo de tierras de terceros: aun siendo dueñas
de importantes extensiones, el grueso de los campos trabajados son arren-
dados. La adquisición de tierras en los últimos años —y en casos como El
Tejar, la reducción del área arrendada— plantea un cambio en el enlace
con la tierra que, dada la intervención de capitales internacionales, no
puede comprenderse por fuera del fenómeno global de acaparamiento de
tierras para la producción en gran escala (Borras et. al, 2011). Así, en el
caso argentino, las megaempresas son uno de los principales puntos de
desembarco de estos capitales en el mercado de tierras local. Ello también
está presente en empresas como Adecoagro y cresud, que son propie-
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EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 83
tarias de toda o casi toda la tierra que operan, y que compraron tierras a
partir de capitalizaciones externas.
La mayor parte de las megaempresas desarrollan formas de producción
en red, de la cual algunas de ellas son exponentes paradigmáticos, tal es el
caso de El Tejar y Los Grobo. La estructura de estas megaempresas está fun-
dada en torno de la organización, coordinación, planificación y gestión de
un vasto entramado de recursos y actores. La competitividad que alcanzan
proviene de las ventajosas condiciones que se derivan de su escala: el traba-
jo en sus campos constituye casi un “mercado único” para los contratistas,
los cuales asumen las inversiones que requieren las innovaciones tecnológi-
cas; son los principales clientes de los proveedores de insumos, obteniendo
precios diferenciales; imponen condiciones a los dueños de la tierra, influ-
yendo en los valores de ella en las distintas zonas.
Sin embargo, el modelo de la red no es el único existente entre las me-
gaempresas, sino que también encontramos formas empresariales “clásicas”,
con un grado significativo de centralización del capital y de integración ver-
tical, como es el caso de Adecoagro. Propietaria de casi toda la tierra que
trabaja (alrededor de 200.000 hectáreas en Argentina), esta empresa integra
la producción de alimentos a través de la propiedad de molinos arroceros,
usinas lácteas e ingenios azucareros.
Más allá de su grado de centralización de recursos o de la medida
en que las formas de producción en red están presentes en las megaem-
presas, es posible encontrar entre ellas lo que los propios actores llaman
diferentes “modelos de negocios”, según cual sea el “foco” de acumulación
de la compañía. En tal sentido, encontramos que realizan diferentes acti-
vidades que, aunque complementarias, se articulan de distinta manera en
cada caso: a) la producción y venta de commodities; b) la adquisición de
inmuebles rurales en áreas marginales y su valorización agrícola para la
posterior venta; c) el gerenciamiento de cultivos y planteles ganaderos de
terceros; d) la oferta de servicios agrícolas, acopio, provisión de insumos
o exportación; e) el procesamiento industrial de las materias primas; f)
servicios de consultoría técnica y financieros (créditos y coberturas para
productores).
En los últimos años, la expansión de las megaempresas ha estado acom-
pañada por un aumento de relaciones entre ellas o con otras, tanto para una
integración horizontal como vertical. Ejemplos de esto son: la compra con-
junta de 31.000 hectáreas en Argentina por parte de El Tejar y Adecoagro; la
asociación de esta última con una empresa extranjera para la industrializa-
ción de lácteos; la producción ganadera intensiva y el procesamiento de carne
que cresud inició asociándose con una transnacional; o la participación de
Los Grobo en bioceres, empresa de biotecnología agrícola.
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84 CARLA GRAS
Estas integraciones comerciales y productivas, al igual que la articu-
lación con capitales financieros extrarregionales acompañan el proceso de
regionalización de las megaempresas. Murmis y Murmis señalan en tal sen-
tido que:
… en la expansión de las empresas puede verse cómo los arreglos original-
mente basados en el funcionamiento de redes de productores van siendo
sustituidos por integraciones financieras y comerciales nacionales e inter-
nacionales, unidas a la compra de tierra en países limítrofes. (2010, p. 17)
Esta tendencia parece conectarse con una etapa diferente, tanto en términos
del proceso de concentración como de las dinámicas de acumulación de las
megaempresas.
Las grandes y medianas empresas
La concentración empresarial no sólo se refleja en la conformación de es-
tas megaempresas, sino en la presencia de otras empresas de diverso tamaño
cuyo peso a escala nacional es significativo. Distinguimos dos franjas: gran-
des empresas (más de 10.000 hectáreas) y medianas empresas.8
Además de su menor volumen de actividad, las grandes empresas se dis-
tinguen de las megaempresas por su menor diversificación territorial, que no
incluye la regionalización. Estas grandes empresas se organizan a partir de un
núcleo inicial de tierras heredadas, usualmente en la región pampeana, a las
que luego sumaron otras mediante la contratación de campos.
Entre las grandes empresas estudiadas, tres trabajan más de 50.000 hec-
táreas. Además de su mayor tamaño, comparten ciertos rasgos en lo que refie-
re a su estructura y trayectoria empresarial y al desarrollo de formas de pro-
ducción en red, mediante “alianzas” y asociaciones con empresas de insumos,
comercializadoras y acopiadores. Según explican estos empresarios, parte
central de su expansión radica, por un lado, en su organización económico-
financiera que les permite reducir costos de transacción y, por otro lado, en
las redes que establecen poniendo a jugar esa estructura gerencial. Así, por
ejemplo, una de estas grandes empresas explota parte de los campos de ma-
nera asociada con una de las megaempresas: cada parte aporta capital y la
empresa de este entrevistado se encarga del gerenciamiento y el seguimiento
de los cultivos.
La expansión de estas grandes empresas está basada en la obtención de
condiciones favorables de financiamiento y en la captación de aportes de ca-
pital externos:
8 Retomamos este umbral de Murmis y Murmis (2010). Los casos estudiados en estos grupos
fueron 22, correspondiendo 9 a grandes empresas y 13 a medianas.
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EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 85
… personas, sociedades o fondos que aportan capital (dinero, tierra, etcéte-
ra) y que buscan obtener la mayor renta posible. De esta forma se genera una
productiva sinergia entre las habilidades gerenciales y el aporte de capital.
(M. R., entrevista, 2011)
Estos capitales buscan un rédito más o menos rápido y, a diferencia de
las megaempresas, no se han dirigido a capitalizaciones. De tal forma, su
crecimiento parece haber requerido que el capital así integrado logre una
mayor velocidad de circulación y no se “entierre” en la compra de tierras.
Esta lógica impulsa la ampliación sostenida de la escala, pero los retornos
obtenidos se dirigen a mantener la estructura de gerenciamiento y ase-
gurar las ganancias comprometidas con los inversores, antes que a una
acumulación genuina:
… si queríamos facturar más teníamos que trabajar cada vez más, porque
los costos también nos subían. Cuando vos te empezás a organizar tenés que
tener un contador, un auditor, tenés que tener más gente, más oficinas. Todo
eso te va subiendo un costo adicional que te exige mayor facturación. (M. R.,
entrevista, 2011)
Este tipo de expansión, sustentada básicamente en la gestión de activos de
terceros, se encuentra tensionada por la lógica financiera en la que se basa
el gerenciamiento. En tal sentido, es necesario observar la evolución de estas
grandes empresas frente a la valorización de la tierra y la mayor competencia
por ella.
Las otras grandes empresas estudiadas presentan un perfil diferente. Su
tamaño es menor (se ubican entre 10.000 y 20.000 hectáreas), y si bien com-
binan tierras propias y arrendadas, en general, la mayor proporción corres-
ponde a las primeras. Su expansión reciente se ha basado en el alquiler de
campos,9 pero esta estrategia no tiene la magnitud que alcanza en las grandes
empresas antes descriptas. Esto se relaciona con la concepción que los en-
trevistados refirieron respecto del riesgo que implica el pago de altos valores
pactados en quintales fijos (modalidad predominante en las últimas déca-
das). Asimismo, la lógica de selección de los campos alquilados no se corres-
ponde claramente con una estrategia de diversificación territorial, en tanto
está limitada por la posibilidad de organizar estructuras (trabajadores, admi-
nistradores, etcétera), que puedan ser gestionadas eficientemente a distancia.
De allí que privilegien la búsqueda de tierras cercanas a las propias.
9 Encontramos entre este grupo a dos empresarios que compraron tierras en los últimos años:
uno en zonas marginales, reinvirtiendo recursos propios, y el otro en Uruguay, con dinero de
un familiar. Un tercer caso, que cuenta con la mayor superficie de este grupo (20.000 hectáreas
propias) fue adquiriendo campos en distintos momentos, aunque cabe señalar que las compras
se efectuaron a lo largo de varias décadas y no como resultado del “boom” de los commodities,
dado que el último campo lo adquirieron hace casi 30 años.
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86 CARLA GRAS
Persiste en ellas el carácter familiar de la propiedad, aun cuando adop-
ten distintas formas jurídicas. En general, han separado el patrimonio en
tierras de su explotación, mediante la conformación de sociedades diferen-
tes, lo que les ha permitido profesionalizar la gestión y redefinir antiguas
lógicas de acumulación que tenían un fuerte componente patrimonial. Los
dueños de estas grandes empresas asumen el rol económico tradicional de
la burguesía: son empresarios que controlan la gestión del capital y la for-
mación de ganancias, y concentran su trabajo en los aspectos financieros
y comerciales —funciones que no delegan, a diferencia de las relacionadas
con las tareas agronómicas—.
De larga trayectoria en el agro, estas grandes empresas pasaron de sis-
temas mixtos, en los cuales la ganadería era la principal producción, a desa-
rrollar agricultura exclusivamente, o bien, a hacer de esta su actividad fun-
damental, desplazando la ganadería a tierras marginales. Se observa también
la implementación de cambios orientados a reducir el peso del capital fijo: la
mayoría tenía una estructura propia, que luego reorganizaron con la venta de
las maquinarias. Aunque pueden mantener algunas que consideran esencia-
les para no depender de prestadores en momentos críticos, delegan en con-
tratistas buena parte de las labores.
Si bien no encontramos aquí modalidades de funcionamiento en red,
cabe señalar que algunas de estas grandes empresas desarrollan asociacio-
nes con terceros. La situación más frecuente es la producción conjunta (con
otros empresarios, con asesores técnicos o exportadores) en campos alqui-
lados. Como plantean Díaz Hermelo y Reca, estas asociaciones productivas
reúnen:
… individuos o empresas que aportan los diferentes recursos […] y capa-
cidades […] necesarios para la producción agrícola. Los aportes se realizan
bajo variadas estructuras de participación, conllevando diferentes riesgos y
retornos. (2010, p. 207)
Por debajo de las 10.000 hectáreas, encontramos otro grupo de empresas
que oscilan entre 1.000 y 5.000 hectáreas, y que englobamos en la catego-
ría de “medianas”. Podemos distinguir dos situaciones en cuanto al volu-
men de tierras trabajadas: entre 1.000 y 2.000 hectáreas, y entre 2.000 y
5.000. Una segunda distinción refiere a las trayectorias sociales: los que
continúan una empresa familiar y los ingresantes recientes. Estos oríge-
nes diferentes se expresan en la tenencia de la tierra, la organización del
trabajo y en la posesión o no de una estructura, más que en el tamaño de
las empresas.
Las empresas de larga trayectoria combinan la propiedad y el arriendo
de tierras. Esta estrategia no ha resultado en su diversificación territorial
(los campos alquilados se ubican en general en un radio menor de 200 ki-
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EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 87
lómetros de distancia del propio), lo que se relaciona con el modo en que
acceden a las tierras contratadas: a través de vínculos de vecinos y conoci-
dos. El conocimiento y la confianza previa constituyen un activo para estos
empresarios; en las entrevistas fue común la referencia a que los dueños
“saben cómo trabajamos y que les vas a cuidar el campo”, “saben que pagan
y cumplen los compromisos”. Entre las tierras arrendadas, hay un conjunto
que alquilan de modo “permanente” y que pertenecen a familiares que com-
parten el patrimonio heredado pero se han dedicado a otras actividades.
A diferencia de las grandes empresas, donde el patrimonio familiar se ha
integrado en una sociedad anónima o de hecho, separada de la sociedad de
explotación, en las medianas empresas los herederos dan su parte a quienes
continúa en la actividad, a un valor menor a los pactados en el mercado,
para que estos “la trabajen”.
Buena parte de estas empresas arrendaba entre 2003 y 2008 una su-
perficie mayor que actualmente. Los problemas climáticos de esa última
campaña las dejaron con pérdidas importantes, por lo que redujeron la
superficie sembrada. La disminución de la cantidad de campos arrenda-
dos también es resultado del incremento de los precios y la competencia
de empresas más grandes. Al respecto un entrevistado comentaba: “Acabo
de perder dos campos. Yo los acomodo y cuando están acomodaditos vie-
ne alguien y ofrece algo más” (A. L., entrevista, 2011). Estas dificultades
para sostener un ritmo de expansión también se hacen evidentes en el
hecho de que estos empresarios no han adquirido tierras desde que se
hicieron cargo de sus empresas, a excepción de situaciones puntuales en
las que vendieron un campo para comprar otro mejor ubicado o con me-
jor aptitud agrícola (lo que en general, llevó a reducir el número total de
hectáreas propias).
Las asociaciones productivas también están presentes en este grupo,
aunque con menor alcance respecto de las grandes empresas, y están orien-
tadas a mantener una escala mínima en condiciones de menor riesgo. Estos
vínculos se establecen “entre pares” —otro productor— y buscan constituir el
capital necesario para aumentar la producción. Se trata en general de asocia-
ciones informales, con poca estabilidad en el tiempo, que responden a opor-
tunidades coyunturales.
Estas medianas empresas registran un proceso similar al de las grandes
en cuanto a los sistemas productivos: dejaron la ganadería y se volcaron a la
agricultura (soja, trigo y maíz) en la década de los noventa. Pero la estructura
en maquinarias fue conservada en la mayoría de los casos, y recurren a con-
tratistas para tareas puntuales. Otra diferencia con las grandes empresas radi-
ca en el tipo de trabajo que desarrollan los responsables. Además de ocuparse
de los aspectos administrativos, financieros y comerciales, estos empresarios
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88 CARLA GRAS
están a cargo del seguimiento y control de las labores productivas. La admi-
nistración de la empresa no está separada de la economía familiar; varios
empresarios se refirieron a la “mala política de retiros” que llevaban a cabo,
en función de las necesidades de sus hogares.
La segunda situación es la de los ingresantes recientes que entran a la
producción desde actividades conexas. El caso más frecuente es el de ingenie-
ros agrónomos que asesoran o administran empresas agropecuarias, y el de
dueños de negocios de venta de insumos y semillas.
Trabajan exclusivamente en campos de terceros (en los casos estudiados,
entre 1.500 y 2.000 hectáreas) y es frecuente que hagan producir esas tierras
asociados con otros productores. Los arreglos se asemejan a las aparcerías, en
los cuales cada uno aporta la mitad del capital necesario. En algunos casos, el
socio aporta su tierra y los entrevistados la supervisión y el gerenciamiento
de la producción. Al no disponer de maquinaria ni de mano de obra, contra-
tan la totalidad de las labores. Según la información relevada, aprovechan un
capital propio: la red de contactos que han construido a través de sus activi-
dades previas y su formación profesional.
También estas empresas conocieron una expansión rápida entre 2003 y
2005, y posteriormente una reducción de sus márgenes que los llevaron a
achicarse. Explican esa reducción como consecuencia del “recalentamiento”
del mercado de alquileres. En tal sentido, un entrevistado refería:
… los productores que como yo alquilan todo, somos el eslabón más frágil
de la cadena productiva, no tenés capacidad de error. No así los que tienen
campo propio y le anexan el alquiler. (M. B., entrevista, 2011)
Para estos empresarios, la producción agropecuaria es claramente un “nego-
cio” en el cual invertir los ahorros de otra actividad. La compra de campos es
evaluada en función de su rentabilidad frente a otras inversiones o alternati-
vas de organización productiva.
Comprar campo en la zona es imposible, para mí, además ilógico. Yo estoy
manejando alrededor de 500.000 dólares por año y eso en tierras propias
son 40 ó 50 hectáreas, que me representarían unos 20.000 dólares por año.
Lo que sale amortizar la tierra en estos momentos lleva entre 30 y 50 años.
(L. B., entrevista, 2011)
Más allá de su origen, el conjunto de las medianas empresas evidencia una
relativa inestabilidad relacionada con las dificultades para mantener una
escala adecuada para los parámetros tecnológicos vigentes. El aumento de
la superficie trabajada se realiza a través del arrendamiento, lo que, como
expresaba un entrevistado, les da “poco margen de error”, entre otros fac-
tores por el alto peso de la renta en sus costos. Si se considera que utilizan
financiamiento de las compañías y de bancos, que no pocas veces inyectan
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EXPANSIÓN AGRÍCOLA Y AGRICULTURA EMPRESARIAL: EL CASO ARGENTINO 89
recursos de otras actividades, y que no han realizado inversiones sustanti-
vas en los últimos años, puede concluirse que no han logrado una capitali-
zación genuina.
A modo de conclusión
El tema de la concentración empresarial ha sido relativamente poco explora-
do en los estudios rurales recientes en Argentina. Si bien existen trabajos que
indagan en el impacto del agronegocio en la conformación de las empresas,
una serie de cuestiones restan por ser abordadas. En efecto, estos trabajos
atribuyen una suerte de equivalencia entre la expansión del agronegocio y su
cristalización en un modelo empresarial determinado: la empresa-red. Ello
soslaya el hecho de que la lógica del agronegocio ha sido apropiada de ma-
neras diferentes por diversos actores. Así, este artículo retoma esa cuestión
como un aspecto central de la concentración empresarial. Nuestro argumen-
to es que esa apropiación diferenciada ha dado lugar a una trama empresarial
heterogénea, y procuramos demostrar que el crecimiento agrícola argentino
de las últimas dos décadas estuvo acompañado de una significativa reconfi-
guración de la agricultura empresarial, que incluye la presencia del gran capi-
tal y de capitales de diversos tamaños.
Un elemento destacable es la conformación de la cúpula, compuesta por
empresas que superan las 100.000 hectáreas. La posición alcanzada por estas
megaempresas está estrechamente vinculada con las conexiones horizontales
y verticales que generan con otras grandes empresas, incluyendo las asocia-
ciones con capitales financieros extrarregionales. Otro elemento que explica
su posición dominante es la creciente transnacionalización de sus estructuras
y la adquisición de tierras en otros países del Cono Sur.
Por debajo de esta cúpula, encontramos otras grandes empresas que,
si bien con un volumen menor de tierras operadas, presentan en líneas ge-
nerales un funcionamiento similar a aquellas. Pero se diferencian por su
dimensión “nacional” y por el hecho de que se vinculan con otro tipo de
inversores. Distinguimos asimismo una franja “inferior” entre las grandes
empresas, de menor tamaño (10.000 a 20.000 hectáreas). Estas empresas
conservan su carácter familiar, si bien han puesto en marcha formas de se-
paración entre familia y empresa, y profesionalizaron la gestión. En el con-
junto de las grandes empresas observamos la importancia del desarrollo
de esquemas contractuales o redes con proveedores, dueños de la tierra,
contratistas, inversores, etcétera.
Los medianos productores presentan una situación bien diferente en
cuanto a sus capacidades de acumulación. Encontramos aquí casos de “re-
tracción” y una creciente vulnerabilidad vinculada al aumento del valor de la
tierra y del volumen de capital necesario para producir.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
90 CARLA GRAS
En definitiva, el agronegocio involucra una trama diversa, no sólo por
sus diferentes escalas sino también por la estabilidad de las empresas, los me-
canismos y grado de acumulación alcanzada y su mayor o menor capacidad
para hacer frente a cambios en los niveles de precios, afectados por las ten-
dencias globales de la economía mundial, tanto en los mercados agrícolas
como financieros.
La expansión del agronegocio no sólo invita a interrogarse sobre la ex-
pulsión de la agricultura familiar, sino que también introduce otras hendi-
duras. Por un lado, la situación de las medianas empresas —significativas
por su inserción territorial—, afectadas por la concentración empresarial a
favor de las grandes escalas. Por otro, la situación de las empresas ubicadas
más “nacionalmente” —grandes o medianas— frente al fortalecimiento de
las megaempresas y a sus crecientes dificultades para negociar precios, en
especial, con los dueños de la tierra. También es necesario considerar en
qué medida ante el agotamiento de tierras agrícolas, las megaempresas de-
ban enfrentarse a reorganizar sus redes. Y, finalmente, cuáles serán las im-
plicancias de la creciente injerencia de grandes capitales financieros sobre
su autonomía.
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Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL
EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL
A CONTRIBUIÇÃO DOS ESTUDOS PÓS-COLONIAIS
Márcio Zamboni Neske, Jalcione Almeida
e Guilherme F. W. Radomsky
Resumo
Esse artigo analisa, a partir da perspectiva dos estudos pós-coloniais, a genealogia, as represen-
tações e os discursos do desenvolvimento das chamadas “zonas de agricultura marginal” no sul
do Brasil, ou seja, zonas rurais que, por não disporem de um conjunto de condições necessárias à
consolidação dos padrões de desenvolvimento ditos modernos, permanecem à margem do projeto
modernizante. Além disso, tendo por base um caso empírico, a região denominada de “Alto Cama-
quã”, no estado do Rio Grande do Sul, Brasil, se analisa as formas como a colonialidade do poder
permanecem operando nessas zonas impondo uma concepção hegemônica do desenvolvimento.
Palavras chave: Desenvolvimento rural / modernidade / pós-colonialidade / sul do Brasil.
Abstract
Rethinking rural development in “marginal zones” in southern Brazil:
the contribution of postcolonial studies
This article analyzes, from the perspective of postcolonial studies, genealogy, representations
and discourses of development of so-called “marginal agriculture zones” in southern Brazil, ie
rural areas, because they lack a set conditions necessary for the consolidation of the so-called
modern development models, remain outside the modernizing project. Based on a specific empiri-
cal case, the region called “High Camaquã” in the state of Rio Grande do Sul, Brazil, we analyze the
forms of expressions as the coloniality of power remains operating in these areas by imposing a
hegemonic conception of development.
Keywords: Rural development / modernity / post-coloniality / southern Brazil.
Márcio Zamboni Neske: Biólogo, mestre em Desenvolvimento Rural (PGDR/UFRGS), douto-
rando em Desenvolvimento Rural (PGDR) pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul
(UFRGS), Brasil. E-mail: [Link]@[Link].
Jalcione Almeida: Professor e pesquisador dos programas de pós-graduação em Desenvol-
vimento Rural (PGDR/UFRGS) e Sociologia (PPGS/UFRGS). Pesquisador CNPq. Coordenador do
grupo de pesquisa em Tecnologia, Meio Ambiente e Sociedade ([Link]/pgdr/temas).
E-mail: jal@[Link]
Guilherme F. W. Radomsky: Professor e pesquisador dos programas de pós-graduação em
Desenvolvimento Rural (PGDR/UFRGS) e Sociologia (PPGS/UFRGS).
E-mail: [Link]@[Link].
Recibido: 22 de abril de 2013.
Aprobado: 12 de julio de 2013.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
Introdução
Nas últimas décadas, as ciências sociais têm se ocupado com afinco na compre-
ensão e revisitação crítica dos postulados da modernidade e do desenvolvimen-
to. Diferentes escolas do pensamento têm explorado criticamente as nuanças
adjacentes à modernidade, tendo em vista o conjunto de “crises” dela decor-
rentes. Algumas importantes correntes críticas da modernidade, mesmo evi-
denciando e rechaçando os paradoxos e as patologias sociais e ambientais a ela
associadas, bem como alertando para os riscos e incertezas globais associados à
imprevisibilidade das suas consequências, não desvinculam seus pensamentos
e proposições de uma perspectiva que considera o projeto moderno como sen-
do uma condição imprescindível à sobrevivência das sociedades.
O núcleo operativo do desenvolvimento tem sido fortemente centrado
em uma “teologia da modernidade” e, portanto, ambos (modernidade e de-
senvolvimento) têm historicamente representado uma tentativa de ordenar
o mundo de acordo com certos princípios ocidentais com pretensões uni-
versalizantes. Essa perspectiva da modernidade (e do desenvolvimento) tem
sido amplamente questionada e criticada, já que muitas insuficiências socio-
antropológicas permanecem incontornadas e insuperadas na explicação do
mundo supostamente ordenado e previsível por ela prognosticado.
Desse modo, as inconformidades da modernidade sob o prisma da
constituição de uma realidade totalizante têm sido refutadas por abordagens
teóricas que procuram oferecer outras formas de compreensão da realidade
social. É nesse sentido que insurgências teórico-epistêmicas têm se ampliado
vertiginosamente no campo da teoria social como movimento contestatório
da “teorização generalizante” oriunda do eixo euroamericano da modernida-
de e do desenvolvimento.
O alcance da crítica à modernidade e ao desenvolvimento se estende
ao campo dos estudos pós-coloniais, uma diversificada gama de interpreta-
ções sociais que apresenta como objetivo comum a tentativa de estabelecer
epistemologias alternativas para pensar a modernidade e o desenvolvimento.
Trata-se, desse modo, de um processo que está relacionado ao que Mignolo
(2010) classifica como “desobediência epistêmica”, no sentido atribuído ao
movimento de pensamento e ação que percorre diferentes espaços acadêmi-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 95
cos e políticos visando romper com as formas de controle teórico-epistêmico
que ao longo do tempo têm nutrido e legitimado as concepções dominantes
da modernidade.
Com isso, a refutação das crenças modernistas pela perspectiva pós-co-
lonial vem consagrando desde a periferia uma nova geopolítica do conheci-
mento por meio da consolidação de formas de enunciação particulares sobre
as noções de modernidade e desenvolvimento. Conforme Escobar (2008), é
necessário questionar os limites espaciais e temporais do projeto moderno e
considerar a existência de “modernidades múltiplas”, euro-americocêntricas
e não euro-americocêntricas, o que torna possível re-imaginar a diversidade
de outras formas possíveis de desenvolvimento.
Nesse sentido, esse artigo analisa, tendo como base a perspectiva dos es-
tudos pós-coloniais, a genealogia, as representações e os discursos do desen-
volvimento das chamadas “zonas de agricultura marginal” no sul do Brasil,
ou seja, zonas rurais que, por não disporem de um conjunto de condições
necessárias à consolidação dos padrões de desenvolvimento ditos modernos,
permanecem à margem do projeto modernizante. O que se evidenciará no
artigo é a existência de um processo permanente de legitimação da colonia-
lidade do poder na região investigada, mas por outro lado, se versará sobre o
desafio em identificar a existência de movimentos contestatórios que possam,
eles próprios, configurar “contratendências” capazes de interpelar os discur-
sos e práticas imputados pela colonialidade do poder.
A discussão empírica faz parte de uma pesquisa em andamento intitula-
da “A reinvenção do lugar: a emergência de ‘modernidades alternativas’ em ter-
ritórios subalternos no sul do Rio Grande do Sul”.1 Desse modo, os dados apre-
sentados neste artigo são compilações de dados secundários, além de dados
primários obtidos por meio de entrevistas e percursos etnográficos a campo.
O “deslocamento” da história na modernidade: a enunciação pós-colonial
Os estudos pós-coloniais são projetos epistemológicos variados que, no seu
conjunto, remetem a uma categoria de análise crítica que surge nos anos de
1980, tendo como ponto de partida a tentativa de reinterpretação das cate-
gorias epistemológicas euro-americocêntricas, denunciando a parcialidade
da produção do saber dessas categorias sobre o chamado “Terceiro Mundo”.
Para Santos (2010), o pós-colonialismo procura dar primazia teórica e políti-
ca às relações desiguais entre o Norte e Sul na explicação e também na com-
preensão do mundo contemporâneo. Desse modo, os estudos pós-coloniais
surgem como uma forma de questionar a maneira como a história moderna
1 Pesquisa desenvolvida junto ao Programa de Pós-Graduação em Desenvolvimento Rural
(pgdr) da Universidade Federal do Rio Grande do Sul (ufrgs), Porto Alegre, Brasil.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
96 MÁRCIO ZAMBONI NESKE - JALCIONE ALMEIDA - GUILHERME F. W. RADOMSKY
está sendo constituída a partir das concepções dominantes de modernidade
e atua de modo precípuo nas estruturas do conhecimento. Por isso, questio-
nar as metanarrativas da modernidade legitimadora de dominação e poder
encontra-se no centro desses estudos, ensejando reflexões e experiências em
um conjunto de temas e áreas do conhecimento como o desenvolvimento,
literatura, história e ciências sociais.
Para Bhabha (2010), a perspectiva pós-colonial emerge do testemunho colo-
nial dos países do Terceiro Mundo e dos discursos das “minorias” dentro das
divisões geopolíticas de Leste-Oeste e Norte-Sul. No entanto, de acordo com
Hall (2003), o termo não sinaliza simplesmente uma sucessão cronológica do
tipo “antes/depois”, pois o período que vai da colonização aos tempos pós-
-coloniais não implica que os problemas do colonialismo foram resolvidos ou
sucedidos por uma época livre de conflitos, ao contrário, a perspectiva pós-
-colonial marca a passagem de uma configuração ou conjuntura histórica de
poder para outra. Segundo Hall, problemas de dependência e marginalização,
típicos do período colonial, persistem no pós-colonial, porém essas relações
se dão a partir de novas configurações.
De acordo com Mezzadra e Rahola (2008), ao propor uma confronta-
ção na releitura entre “história” e as “histórias” como um elemento essencial
do tempo histórico moderno, a crítica pós-colonial evidencia a heterogenei-
dade constitutiva da própria história. Nesse sentido, como argumenta Hall
(2003, p. 109), o pós-colonialismo:
… relê a colonização como parte de um processo global essencialmente trans-
nacional e transcultural, e produz uma transcrita descentrada, diaspórica ou
‘global’ das grandes narrativas imperiais do passado, centradas na nação.
Os estudos dentro da perspectiva pós-colonial têm oferecido uma importante
contribuição crítica para uma renovação sobre a concepção de modernidade.
Nesse contexto, têm procurado desconstruir a história hegemônica da moderni-
dade, demonstrando a maneira como a história dos colonizados foi escrita por
um ponto de vista dominante colonialista euro-americocêntrico, denunciando
que, ao contrário, a maior parte dessa história foi constituída por grupos subal-
ternos2 (Chakrabarty; 2000; Mignolo, 2003; Quijano, 2005; Spivak, 2010).
A colonialidade do poder representa para os autores latino-americanos dos
estudos subalternos uma espécie de “guarda-chuva” que abriga diferentes
conceitos e categorias de análise da modernidade. Segundo Quijano (1992),
a colonialidade do poder caracteriza um modelo hegemônico de dominação
global próprio do sistema-mundo moderno/capitalista que se originou com
o colonialismo europeu no século xvi, e mesmo após o fim do colonialismo
político (independência dos Estados-nação), a ordem capitalista colonizado-
2 Para diferenças e relações entre estudos pós-coloniais e subalternos, ver Prakash (1992).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 97
ra permanece exercendo uma relação de dominação colonial. Mignolo (2010)
considera a colonialidade do poder como uma complexa matriz que incor-
pora controles específicos, tais como o controle da economia, da natureza, do
político, da subjetividade e do conhecimento.
Como afirma Maldonado-Torres (2007, p. 131), “respiramos a coloniali-
dade na modernidade cotidianamente”, e nesse sentido, a unidade analítica da
modernidade é a modernidade/colonialidade, ou seja, não existe modernidade
sem colonialidade, sendo essa última constitutiva da primeira (Mignolo, 2003;
Escobar, 2005; Quijano, 2005). De acordo com Mignolo, a “diferença colonial”
é o espaço físico e imaginário onde emerge e atua a colonialidade do poder.
A noção de diferença colonial envolve práticas de negociação ou mesmo
de negação da colonialidade do poder. Visto da perspectiva subalterna, uma
das consequências da diferença colonial, e também de reação a ela, é o “pen-
samento liminar”. Desse modo, segundo Mignolo (2003), o pensamento limi-
nar somente pode existir na condição de uma perspectiva subalterna, sendo
uma reação à diferença colonial.
O pensamento liminar é, assim, um “outro pensamento” que se produz
na margem, sendo potencialmente capaz de criar práticas de descolonização
intelectual, política e econômica. No entanto, o pensamento liminar pres-
supõe consciência e sensibilidade em relação à diferença colonial, pois, em
meio ao exercício da colonialidade do poder, evidencia a diferença entre uma
epistemologia denotativa ancorada em um desejo de verdade universal de
uma epistemologia liminar, cujo desejo de verdade é precedido pelo desejo
de mudança. (Mignolo, 2003).
Ainda de acordo com Mignolo (2003), o pensamento liminar do ponto
de vista histórico se situa nas fronteiras (interior + exterior) do sistema co-
lonial/moderno. Considerando dessa maneira, o pensamento liminar é tam-
bém um pensamento fronteiriço, ou seja, aquele conhecimento construído
nas fronteiras da diferença colonial. O pensamento fronteiriço, nesse sentido,
é um instrumento heurístico importante para entender a emergência de “mo-
dernidades alternativas”, considerando que essas, segundo Escobar (2005),
acontecem no encontro com o moderno. Mas conforme adverte Grosfoguel
(2010), o pensamento de fronteira não significa um fundamentalismo anti-
moderno, representando uma resposta transmoderna do subalterno perante
a colonialidade do poder.
A “outra face” da modernidade: “modernidades alternativas”
como locus de enunciação de regiões subalternas
Ao se observar práticas e comportamentos sociais, econômicos, culturais
e políticos que caracterizam as sociedades atuais, há um consenso entre os
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
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estudiosos pós-coloniais que a noção de desenvolvimento que domina tais
processos globais ainda permanece circunscrita a uma estreita relação que
associa essa noção à ideia de modernidade. No ideário ocidental, a moder-
nidade projetou à noção de desenvolvimento normas e valores universais
positivos que deveriam se expandir por todo o mundo em uma tentativa de
homogeneização de tais sociedades sob os moldes dos preceitos modernos
(Ferguson, 1990; Quijano, 1992; Esteva, 2000; Mignolo, 2003; Escobar, 2008;
Almeida, 2009).
O subdesenvolvimento teve data, lugar e ocasião pré-definida para “vir
ao mundo”. De acordo com Esteva (2000), de maneira cautelosa e oportuna,
no dia 20 de janeiro de 1949 o presidente norte-americano Harry Truman,
durante o discurso de posse, anunciava ao mundo a era do desenvolvimen-
to. Esse autor transcreve parte do discurso do então presidente norte-ame-
ricano:
É preciso que nos dediquemos a um programa ousado e moderno que
torne nossos avanços científicos e nosso progresso industrial disponíveis
para o crescimento e para o progresso das áreas subdesenvolvidas. (Esteva,
2000, p. 59; grifo dos autores)
Na avaliação de Esteva, a partir desse momento criou-se uma era do “eu”
desenvolvido e do “outro” subdesenvolvido, e naquele momento, como em
um passe de mágica, dois bilhões de pessoas no mundo passaram a ser con-
sideradas subdesenvolvidas. Não somente o subdesenvolvimento foi inven-
tado, mas também nessa ocasião o “terceiro mundo” também é inventado
(Escobar, 2005). A ideia da existência de um primeiro mundo desenvol-
vido, em oposição a um terceiro mundo subdesenvolvido, tem balizado e
motivado até os dias atuais importantes discussões no campo das ciências
sociais e políticas envolvendo diferentes teorias, temáticas e processos do
desenvolvimento rural.3
Escobar avança nessa discussão para além da crítica ao paradigma mar-
xista e da modernização e propõe uma via alternativa de análise crítica do
desenvolvimento, por meio do que chama de “pós-desenvolvimento”. De
orientação pós-estruturalista, o pós-desenvolvimento se refere à possibilida-
de de atenuar e descontruir o discurso moderno das representações desen-
volvimentistas sobre a Ásia, África e América Latina, reafirmando o valor das
experiências alternativas e os modos de conhecimento distintos, pois permite
“abrir novos espaços para outros pensamentos, para ver outras coisas, para
escrever em outras linguagens” (Escobar, 1997, p.11).
3 A discussão opondo um primeiro mundo desenvolvido e um terceiro mundo subdesenvolvido
se aprofundou ainda mais com o enfraquecimento das controvérsias entre o “mundo desenvol-
vido” e o “mundo socialista-comunista” a partir de meados da década de 1990.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 99
Acreditando na possibilidade de uma “era do pós-desenvolvimento”, Es-
cobar desenvolve análises críticas do desenvolvimento tendo como pontos
centrais os seguintes questionamentos: como foi construído o “terceiro mun-
do” como uma realidade aos olhos do conhecimento especializado? Qual foi
a ordem de conhecimento (regime de representação) que surgiu junto com a
linguagem do desenvolvimento? Quais suas relações tanto nas histórias lo-
cais como nos processos globais? Como se processam as condições globais
em âmbitos locais, incluindo aquelas de desenvolvimento e modernidade?
Até que ponto essa linguagem tem colonizado a realidade social? (Escobar,
1997, pp. 7 e 11).
Sob a égide do discurso moderno, segundo Escobar (1997), as represen-
tações da Ásia, África e América Latina, como terceiro mundo e como sub-
desenvolvidas, seriam herdeiras de uma genealogia de concepções ocidentais
sobre essas partes do mundo. Porém, como discutido ao longo da segunda
seção do presente texto, os estudos pós-coloniais têm refutado o reducionis-
mo histórico e oferecido uma nova reinterpretação da modernidade.
Ao propor uma reinterpretação crítica da história, procurando entender
novas formas de representação sobre a noção de desenvolvimento, Escobar
(2005) também questiona como é possível pensar sobre e pensar diferente des-
de uma “exterioridade” do sistema mundial moderno.
Ainda para Escobar (2008), somente negando as origens espaciais e tem-
porais da modernidade e do desenvolvimento sob a lente da colonialidade
será possível pensar a diferença e propor a constituição de “mundos locais
alternativos”. Assim, corroborando com seus colegas pós-coloniais, o autor
(Escobar, 2005) denuncia que a grande maioria dos teóricos europeus tem
sido “cegos” em identificar a diferença colonial e a implicada subalternização
do conhecimento e das culturas.
Ao procurar estabelecer uma reorientação teórica e epistemológica da
modernidade para pensar o desenvolvimento, Escobar (2005; 2008) desen-
volve as noções de alternativas à modernidade e modernidades alternativas.
Esta última noção se refere, fundamentalmente, às práticas de desenvolvi-
mento envolvendo uma negociação contínua com a modernidade desde o
lugar, no encontro com instituições e projetos modernos; são modernidades
produzidas como contratendências (Escobar, 2008; Radomsky, 2011b). Estes
elementos permitem refletir e analisar sob outras referências a “metade sul”
do Rio Grande do Sul e, especialmente, a região do Alto Camaquã, conforme
será tratado na próxima seção.
As modernidades alternativas e as alternativas à modernidade seriam
consideradas projetos parcialmente opostos, porém, potencialmente comple-
mentares. Nesse sentido, podem criar as condições para a criação de alterna-
tivas à modernidade.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
100 MÁRCIO ZAMBONI NESKE - JALCIONE ALMEIDA - GUILHERME F. W. RADOMSKY
Significados e representações do (sub)desenvolvimento
em “zonas de agricultura marginalizadas”:
o caso do Alto Camaquã no estado do Rio Grande do Sul, Brasil
Ao se analisar o desenvolvimento rural no estado do Rio Grande do Sul, o
processo de modernização da agricultura aparece como um dos principais
pontos de referência teórico-analíticos para explicar as dinâmicas sociais de-
senvolvidas à medida que o capitalismo foi avançando sobre os diferentes
espaços agrários. De fato, muitas das premissas e dos objetivos orientadores
da modernização da agricultura, que visavam, mediante o ideário do progres-
so técnico-científico, à transformação das sociedades ditas tradicionais em
sociedades “modernas”, foram atingidos.
A modernização da agricultura foi responsável por criar padrões pro-
dutivos que estabeleceram ao longo do tempo dinâmicas que marcaram dife-
renças internas abissais quando analisado o desenvolvimento socioeconômi-
co entre diferentes regiões neste estado brasileiro. Essas diferenças regionais
foram responsáveis por instituir uma geopolítica do desenvolvimento no Rio
Grande do Sul que até os dias atuais se mantém hegemônica no campo so-
ciopolítico e tecnocientífico, dividindo o estado de maneira polarizada entre
uma metade norte (eixo norte/nordeste) “rica” (desenvolvida), e uma metade
sul “pobre” (subdesenvolvida) - Figura 1.
Há evidências de que o capitalismo agrário se consolidou a passos acele-
rados na chamada metade norte do estado a partir, sobretudo, de uma agricul-
tura especializada e integrada aos mercados globais de commodities agrícolas,
bem como por meio da constituição de diversos setores industriais vinculados
diretamente à agricultura. Porém, em muitas regiões, como é o caso do Alto
Camaquã (Figura 1), as representações e os discursos do desenvolvimento não
tiveram grandes impactos na transformação produtiva, e, por não disporem
de um conjunto de condições necessárias à consolidação dos padrões de de-
senvolvimento ditos modernos, essas regiões são consideradas como zonas de
agricultura marginalizada (Borba, 2002). Entretanto, os efeitos da representa-
ção sentidos na construção discursiva apresentam-se potentes também pelo
que não criam fisicamente, consolidando um imaginário de “falta”, de subal-
ternidade, de marginalidade e incompletude do projeto moderno.
Localizado no extremo sul do Rio Grande do Sul,4 dentro da instituída
metade sul pobre, até os dias atuais a região do Alto Camaquã mantém sua
base produtiva e econômica centralizada na atividade secular da pecuária
de corte extensiva de base familiar, tendo ao longo do tempo incorporado
4 De acordo com o Ministério da Integração, a Mesorregião da metade sul do Rio Grande do Sul
compreende 154.099 km², com 105 municípios fazendo fronteira com o Uruguai e a Argentina
(Figura 1).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 101
poucas inovações produtivas e tecnológicas. Os pecuaristas familiares consti-
tuem-se na principal representação social e produtiva da região, sendo que as
propriedades rurais com até 50 hectares ocupam 60% do total de estabeleci-
mentos, perfazendo apenas 10% do total da área geográfica dos municípios, o
que corresponde a 65% da população rural local (ibge, 2006).
Figura 1. Mapa de localização da mesorregião denominada de metade sul
e da região Alto Camaquã, Rio Grande do Sul, Brasil.
Paraguai Santa Catarina
Argentina
Uruguai
Oceano
Atlântico
Legenda
Alto Camaquã N 1 0 1 2 3 Km
Metade Sul
Compilação cartográfica: Márcio Zamboni Neske. Base de dados: Mapa digital dos municípios brasileiros (IBGE, 2010).
As interpretações da evolução do capitalismo sul-rio-grandense entre os
historiadores agrários a partir das décadas de 1970 e 1980 deram origem aos pri-
meiros registros que apontavam a metade sul do Rio Grande do Sul como sendo
uma região com pouco dinamismo econômico, tendo em vista que sua estrutura
produtiva se consolidou no período colonial com a atividade da pecuária de
corte e pouco se alterou ao longo do tempo (Freitas, 1980; Pesavento, 1980). Esta
rara mudança econômico-produtiva usualmente é interpretada como fracasso
ou fraqueza da dinâmica social regional. No entanto, foi durante a década de
1990 que teve início um movimento acadêmico e político que se mantém até o
período atual e que tem se ocupado com intensidade em buscar explicações e
alternativas para o desenvolvimento da metade sul do Rio Grande do Sul.
Consensuados por diferentes perspectivas teóricas das ciências sociais,
econômicas e da política, termos como subdesenvolvimento, declínio e estag-
nação econômica, desigualdade regional, pobreza extrema fazem parte do re-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
102 MÁRCIO ZAMBONI NESKE - JALCIONE ALMEIDA - GUILHERME F. W. RADOMSKY
pertório conceitual e analítico que compõe e regula a pauta dessa discussão
(Bandeira, 1994; Alonso, 2006; Coronel, 2007). Desse modo, invariavelmente
o desenvolvimento da metade sul tem sido aprisionado e inventariado por
discursos e práticas que direcionam os diagnósticos antes descritos a serem
acoplados a estratégias tipicamente modernas: crescer economicamente, o
que se constitui como uma espécie de “mais do mesmo” das políticas estatais.
Sob esse prisma, as comparações com outras regiões tornaram-se inevitáveis
em anos recentes, e o Alto Camaquã tem sido testemunha de uma situação
sui generis onde o desenvolvimento é mensurado a partir de estatísticas que
revelam índices e indicadores de desempenho social e econômico.
Em meio às abordagens que se dedicam a legitimar a polarização social
e econômica do Rio Grande do Sul, a “geração” dos indicadores e dos índices
ainda não resolveu algumas contradições que estão presentes nos parâmetros
criados para medir e monitorar o desenvolvimento. Os estudos que incorpo-
ram variáveis econômicas “puras” (ex. Produto Interno Bruto (pib), renda,
valor agregado) têm sido os responsáveis por demonstrar a existência de uma
metade sul pobre e subdesenvolvida.
Nesse sentido, na Tabela 1 a seguir evidencia-se que os municípios da
região Alto Camaquã, de modo geral, possuem na sua estrutura econômica
produtiva uma baixa participação do setor industrial, muito abaixo da média
do estado do Rio Grande do Sul, que é de 29,2%. A incapacidade de sustentar
ao longo do tempo um processo de industrialização diversificado tem sido
apontada como o principal fator responsável pela estagnação e atraso econô-
mico da região sul (Bandeira, 1994; Alonso, 2006; Coronel, 2007).
Tabela 1. Estrutura do Valor Agregado Bruto (VAB) dos municípios do Alto Camaquã, Rio
Grande do Sul, Brasil - 2010.
VAB Agropecuária VAB Indústria VAB Serviços
Municípios do Alto Camaquã
(%) (%) (%)
Bagé 8,7 14,8 76,5
Caçapava do Sul 17,3 21,8 60,9
Encruzilhada do Sul 28,8 8,8 62,4
Lavras do Sul 54,4 5,1 40,6
Pinheiro Machado 22,9 24,5 52,5
Piratini 32,3 8,7 59,0
Santana da Boa Vista 37,4 6,4 56,2
Média 28,8 12,9 58,3
Média do Rio Grande do Sul 8,7 29,2 62,1
Fonte: FEE (2010).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 103
Embora existam divergências e também contradições entre as aborda-
gens teóricas e analíticas que procuram dar respostas às desigualdades, dis-
paridades, pobreza, subdesenvolvimento etc. do Alto Camaquã, fica evidente
que o desenvolvimento tem representado uma fronteira rígida a partir de
sistemas classificatórios de acordo com os cânones da modernidade. Desse
modo, a obsessão pelo desenvolvimento tem criado seus mecanismos de fun-
cionamento, e a normatização no uso de indicadores, rankings e índices de
desenvolvimento servem como instrumento para legitimar constantemente
discursos e práticas de tal modo que seja possível traçar e atingir objetivos de
desenvolvimento padronizados.5
Essas classificações dicotômicas do desenvolvimento (desenvolvido/
subdesenvolvido, superior/inferior, pobreza/riqueza, atrasado/moderno) es-
tão incrustadas no sistema-mundo moderno colonial, e são herdeiras de tra-
dições teóricas que têm seus centros geoistóricos no sistema mundo europeu/
norte-americano (Mignolo, 2003; Quijano, 2005; Grosfoguel, 2010), supondo
uma estrutura espaço-tempo universal e vitalícia.
Dessa maneira, da mesma forma que ocorre na grande maioria das regi-
ões periféricas do mundo, a região do Alto Camaquã permanece sendo sub-
metida às influências e sofrendo os efeitos da colonialidade do poder. De que
modo? Se durante muitas décadas a orientação demarcou que a região pos-
suía uma espécie de história lenta incompatível com os padrões de mudança
social típicos do mundo moderno, nos últimos anos um conjunto de ferra-
mentas metodológicas se constitui como um sistema que recupera o mesmo
problema sob a ótica quantitativa e mensurável em índices complexos. O que
é resultado de um processo em que as noções de estagnação e subdesenvolvi-
mento são superadas por outros diagnósticos matematicamente elaborados,
contudo não deixam de se conduzir por um viés que deseja ocultar o aspecto
colonizador/colonizante da modernidade universalista.
Desse modo, as ações de desenvolvimento rural atuantes no Alto Ca-
maquã têm posicionado os atores locais como pertencentes a um movimen-
to histórico que considera essa região como sendo socioeconomicamente
subdesenvolvida. Ou seja, o desenvolvimento como grande metanarrativa
orientada pela noção de progresso e pelo etapismo, tal como a perspectiva
teleológica de Rostow (1974), até os dias atuais ainda permanece sem grandes
repercussões no Alto Camaquã.
Como forma de contornar a situação de “atraso” e “subdesenvolvimen-
to”, um conjunto diverso de atores sociais pertencentes ao campo político e
tecnocientífico tem assumido posicionamentos onde seus regimes, tanto dis-
5 Para uma análise sobre o uso de indicadores, rankings e índices como estrutura de planejamen-
to do desenvolvimento, ver Radomsky (2011a).
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cursivos como de ação, estão comprometidos em “alavancar” o desenvolvi-
mento do Alto Camaquã. Existe uma institucionalidade moderna enraizada
nas ações políticas do Estado e dos municípios, nas organizações da socie-
dade civil (sindicatos, cooperativas), nos órgãos de ensino (universidades) e
nas agências de desenvolvimento (pesquisa e extensão rural) que se posiciona
como comprometida com o desenvolvimento da região.
A esse respeito, toma-se como exemplo emblemático o Plano de Desen-
volvimento Econômico (pde) 2011-2030 da Prefeitura Municipal de Bagé
(2011). Lançado em 2011 neste que é o maior município da região, como o
próprio nome sugere, propõe ações de desenvolvimento econômico para os
próximos 20 anos, e trata de uma tentativa de constituir um marco referencial
para o desenvolvimento econômico da região. De acordo com o pde (Prefei-
tura Municipal de Bagé, 2011), a região de Bagé tem encontrado dificuldade
em acompanhar o crescimento do conjunto do estado do Rio Grande do Sul,
já que a região vivencia uma situação de retração da economia nos últimos
anos. Observe-se como isto aparece na construção textual do Plano: um dos
elementos cruciais é o dinamismo econômico, pois tal como antes apontado,
ele seria o indicador de uma história letárgica. No discurso, aparece o qualifi-
cativo “baixo”, que estaria atrasando o sonho do progresso. Além disto, o bai-
xo dinamismo da região é apontado como a expressão de uma “performance”
insatisfatória da agropecuária. Segundo aponta o documento,
Não parece haver espaço para dúvidas, pois, que existem estrangulamentos
no processo de modernização da produção da agropecuária em Bagé e o que
enfrentamento dos mesmos deve ser um dos focos prioritários em qualquer
política pública de desenvolvimento econômico (Prefeitura Municipal de
Bagé, 2011, p. 218).
Conforme aponta o documento acima, ele próprio oferece as condições que
podem construir um novo período de desenvolvimento para a região ofe-
recendo as possibilidades de reversão da situação histórica de empobreci-
mento em que se encontra, algo que requer a exigência de uma institucio-
nalidade operativa de gestão e governança das ações de desenvolvimento
econômico previstas no plano. A interpretação que pode ser realizada está
na possível inadequação não apenas de aspectos econômico-produtivos,
mas na própria racionalidade dos sujeitos, que não caminhou conforme as
etapas do desenvolvimento econômico postuladas (de modo simplista e su-
perficial) por Rostow.
A matriz produtiva agropecuária do Alto Camaquã é fortemente estru-
turada na pecuária de corte, a qual tem se mostrado ao longo do tempo uma
atividade com pouca capacidade de incorporação e inovação tecnológica na
região. Essa é uma característica produtiva que desperta enorme desconfor-
to aos agentes de políticas públicas e do desenvolvimento, pois conforme o
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 105
próprio pde (Prefeitura Municipal de Bagé, 2011) aponta, a incapacidade de
inovação tecnológica é considerada como “ponto de estrangulamento” da
produção pecuária, além da baixa vocação empreendedora, incapacidade de
competitividade e a rejeição ao risco dos pecuaristas de corte.
Modernizar a base produtiva do setor agropecuário parece não ser mais
a única solução viável para incrementar o desenvolvimento da região na óti-
ca dos formuladores de políticas. Diversificar a matriz produtiva, sim, tor-
nando-se praticamente uma questão de ordem e uma estratégia amplamente
aceita entre os atores do desenvolvimento. Nesse sentido, a região do Alto
Camaquã vivencia um cenário que evidencia dois processos aparentemente
contraditórios: primeiro, a aposta na modernização da agropecuária, já diag-
nosticada ela mesma como um entrave para o dinamismo da região; segundo,
quando este cenário parece pouco provável devido às resistências locais à in-
corporação de hábitos e inovações externas, um conjunto de ações, projetos
e programas de diversificação ligados ao desenvolvimento do setor primário
sugerem a permanência de superação do atraso da modernização agropecu-
ária. Dentro deste planejamento da diversificação produtiva se pode destacar
algumas ações e projeto importantes.
Nesse sentido, o projeto Olivais do Pampa6 está entre algumas das
ações de desenvolvimento recentes que compõem o “portfólio” da diversifi-
cação produtiva da região. Trata-se de projeto que integra ações dos gover-
nos federal, estadual e municipal, juntamente com a colaboração e parcerias
das agências de pesquisa (Embrapa) e extensão rural (Emater/rs). Durante
algumas reuniões relacionadas à implantação do projeto, o secretário da
Agricultura, Pecuária e Agronegócio do estado do Rio Grande do Sul, ao
se manifestar publicamente, justificou a importância do projeto Olivais do
Pampa para a região:
A diversificação produtiva é necessária para mudar a realidade do desen-
volvimento da região. Temos que nos libertar da cultura do medo que está
enraizada nessa região e que tem impedido o crescimento. É necessário des-
bravar novas oportunidades.
Esta região, uma das mais pobres do país, precisa encontrar alternativas de
diversificação das actividades produtivas, a partir do clima e do solo. (Jornal
Diário Popular, 18/3/2013)
No entanto, a aposta na diversificação pode ter como resultado um aspecto
curioso: a consolidação de monocultivos que antes eram impensados para a
6 Esse projeto faz parte de um programa de cooperação entre Brasil e Itália, denominado Brasil
Próximo, atualmente integrando os municípios de Bagé, Pinheiro Machado, Caçapava do Sul,
Lavras do Sul, Hulha Negra, Dom Pedrito, Quaraí, Candiota e Santana do Livramento. (Fonte:
Jornal Diário Popular, 18/3/2013). Disponível em: <[Link]
php?n_sistema=3056&id_noticia=NTQ5Ng==&id_area=MTA=> [acesso 4/4/2013].
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106 MÁRCIO ZAMBONI NESKE - JALCIONE ALMEIDA - GUILHERME F. W. RADOMSKY
região e cujo vetor pode ser entendido como um projeto concorrente aos an-
tes analisados. Este é o caso do avanço intenso do cultivo da soja em áreas que
historicamente eram ocupadas pela atividade pastoril. Conforme se verifica
na Tabela 2, no período de 2000 a 2011 houve um aumento de 768% da área
plantada com soja no Alto Camaquã.
Tabela 2. Evolução da área (hectares) cultivada com soja na região do Alto Camaquã,
Rio Grande do Sul, Brasil, no período de 2000 a 2011.
Municípios 2000 2005 2011 Aumento no período (%)
Bagé 670 12.000 6.000 796
Caçapava do Sul 800 9.000 7.000 775
Encruzilhada do Sul 550 4.000 3.600 555
Lavras do Sul 600 8.000 6.500 983
Pinheiro Machado 220 800 1.000 355
Piratini 7.000 9.000 12.500 79
Santana da Boa Vista 440 7.000 8.500 1832
Média 768
Fonte: IBGE (2011).
O que chama a atenção é o fato do município de Santana da Boa Vista,
apontado como o 8º município mais pobre do Rio Grande do Sul (Wink Jr. et
al, 2013), ter um aumento de mais de 1800% da sua superfície cultivada com
soja nos últimos dez anos. Seria esse um indicativo de que o subdesenvolvi-
mento estaria “caminhando” a passos acelerados em direção ao crescimento
econômico? Não há dúvidas que desde a perspectiva do desenvolvimento an-
corado na noção de progresso, a evolução do cultivo da soja em zonas “mar-
ginais” define propósitos que visam à superação do que é considerada pela
narrativa moderna uma situação de subdesenvolvimento e de pobreza.
Se em um passado recente o cultivo de soja sobre áreas de pecuária era
visto como uma tendência, assumindo muitas vezes um caráter especulativo,
atualmente trata-se de uma realidade consumada. A soja não vem ocupar
somente áreas de pecuária, na forma de arrendamento ou compra de terras,
mas também representa uma possibilidade de consorciação produtiva com
o arroz irrigado. Porém, no campo tecnocientífico, o avanço da soja no Alto
Camaquã está abrindo uma “agenda endógena” de pesquisa até então inexis-
tente, que tem desencadeado e legitimado regimes de ação que visam à supe-
ração do atraso tecnológico e produtivo que se encontra a região. O relato a
seguir de um pesquisador da Embrapa evidencia o desafiante cenário que se
apresenta para a pesquisa científica:
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REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 107
… o plantio da soja na região é um caminho sem volta. Fala-se até de uma
nova fronteira agrícola na região do pampa. O desafio da pesquisa é justa-
mente pensar soluções tecnológicas em meio à diversificação produtiva pela
qual a região vem passando.
Outro fenômeno das “etapas do desenvolvimento” no Alto Camaquã se refere
aos empreendimentos florestais de empresas nacionais e multinacionais. Na
última década, a exemplo do Uruguai e Argentina, o estado do Rio Grande
do Sul tem protagonizado ações intensas de desenvolvimento ligadas ao reflo-
restamento, centralizado na metade sul do estado e diretamente relacionado
ao baixo dinamismo econômico da região (Binkowski, 2009). De acordo com
Brena (2011), entre 2001 e 2010 houve um aumento da área plantada com
acácia, eucalipto e pinus no Rio Grande do Sul, de 80,7%, 170,1% e 71,5%,
respectivamente. Os municípios do Alto Camaquã também estão inseridos
nos projetos florestais, e mesmo não havendo até o momento estatísticas ofi-
ciais sobre a área plantada nos municípios da região, o principal plantio é o
de eucalipto (Neske, 2009).
Mesmo em meio a tantas controvérsias sociopolíticas e tecnocientíficas a res-
peito do setor florestal no estado do Rio Grande do Sul (Binkowski, 2009),
a silvicultura desperta interesses e “encanta” quando o que está em jogo são
significados do desenvolvimento que apontam para possibilidades de ganhos
econômicos. Abaixo é apresentado o posicionamento do vice-prefeito do mu-
nicípio de Santana da Boa Vista em relação à silvicultura:
A silvicultura hoje é boa para o desenvolvimento do município, antigamente
era um produto bruto que saía do município e não se agregava valor. Hoje
não! já temos uma empresa no município, uma madeireira que está ven-
dendo eucalipto beneficiado. Temos aproximadamente 70 empregos diretos.
Então estamos gerando emprego e renda para pessoas daqui do município.
Também merece destaque o posicionamento do campo científico favorável ao
setor florestal, o que parece evidenciar a reprodução da colonialidade da natu-
reza no Alto Camaquã. A seguir, destaca-se um registro favorável da Embrapa:
Mesmo havendo por vezes posicionamentos contraditórios em relação à sil-
vicultura, o debate está em aberto. Se expôs muitos dados imprecisos, cientí-
ficos, não reais, não comprovados para defender a entrada e não entrada da
silvicultura. Perdemos com isso a oportunidade de dialogar com a iniciativa
privada a forma como o plantio deveria ocupar os territórios. Perdemos uma
oportunidade, e acho que a atividade florestal seria, e ainda é, importante para
o desenvolvimento do estado do Rio Grande do Sul, pensando, como disse,
a ocupação dos territórios e a integração com outras atividades produtivas.7
7 Entrevista realizada com um pesquisador da Embrapa do município de Bagé, Rio Grande do
Sul, Brasil (Novembro de 2012).
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108 MÁRCIO ZAMBONI NESKE - JALCIONE ALMEIDA - GUILHERME F. W. RADOMSKY
Essas transformações produtivas recentes no Alto Camaquã, como as ativida-
des florestais, da olivicultura e de expansão do cultivo da soja, são represen-
tativas de um processo que evidencia as transformações, os deslocamentos
e a mobilidade do capitalismo global contemporâneo em direção às zonas
rurais consideradas deprimidas economicamente. Desse modo, o Alto Ca-
maquã vem ingressando paulatinamente no circuito do capitalismo global,
ganhando destaque e sendo pressagiado como um “berço de oportunidades”
sem precedentes na história da região. Acredita-se, por parte do conjunto de
atores locais posicionados em diferentes esferas de atuação, que definitiva-
mente o desenvolvimento socioeconômico local será alavancado, e o atrativo
maior está nas possibilidades “inéditas” de apropriação e uso do meio natural.
Ou seja, a biodiversidade local, que se mantive conservada ao longo do tempo
em razão da relação estabelecida entre as formas de ocupação socioculturais
e dos sistemas produtivos praticados por meio da atividade pastoril, é agora
considerada ociosa aos “olhares” do capitalismo global e, portanto, das polí-
ticas de desenvolvimento.
Assim, a implantação das dinâmicas recentes de desenvolvimento está di-
retamente relacionada à condição geopolítica que denuncia a existência de
“recursos naturais” pouco “explorados” pela atividade produtiva pastoril. Em
outras palavras, o que têm ocorrido é um processo intenso e acelerado de
mercantilização da natureza na região do Alto Camaquã, pois, conforme afir-
mam Borba e Trindade (2009), as estratégias recentes de desenvolvimento
nessa região têm sido desenhadas, implantadas e controladas de “fora para
dentro”, e são justificadas pela necessidade de que é preciso obter níveis de
produção capazes de superar a improdutividade dos “recursos naturais”. Esse
é um fenômeno que está relacionado à colonialidade da natureza, já que a
mercantilização do meio natural no Alto Camaquã tem produzido “efeitos
de verdade”, que tendem a redefinir uma disposição simbólica e material de
representação espacial sobre a natureza, atribuindo a essa uma condição de
improdutiva. Portanto, as “velhas” e as “novas” estratégias de desenvolvimen-
to do Alto Camaquã, e a interface entre elas, definem um processo de reafir-
mação da colonialidade do poder sobre a região.
Considerações finais
O desenvolvimento pode ser entendido como um regime de representação e
significados, e em uma perspectiva pós-colonial a condição de subdesenvol-
vimento atribuída à região do Alto Camaquã se refere a uma invenção e cons-
trução históricas que permanecem sendo legitimadas por práticas e discursos
ancorados e subordinados à colonialidade do poder.
Assim, conforme mostrado na última seção deste artigo, a colonialidade do
poder atuante no Alto Camaquã está ancorada em regimes representativos
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REINTERPRETANDO O DESENVOLVIMENTO RURAL EM “ZONAS MARGINALIZADAS” NO SUL DO BRASIL 109
que possuem significados e propósitos bem conhecidos em relação ao de-
senvolvimento, ou seja, se tem buscado a criação das condições para elevar
o nível de industrialização, modernização e o crescimento econômico ao
nível do desenvolvimento das regiões brasileiras consideradas avançadas.
A consolidação como fronteira da produção de commodities agrícolas e os
empreendimentos florestais são exemplos emblemáticos que evidenciam
a plasticidade e reconfiguração do desenvolvimento, mas, além disso, de-
monstram a ampliação e cristalização da colonialidade do poder no Alto
Camaquã.
No entanto, é possível imaginar outros regimes de representação e sig-
nificados a respeito do desenvolvimento dessa região? É possível identificar
o outro subalternizado, e verificar como esse tem negociado e confrontan-
do sua subjetividade (não moderna?) diante da subjetividade moderna? É
possível pensar o desenvolvimento das “zonas marginalizadas” renuncian-
do perspectivas teóricas ancoradas no “núcleo duro” da modernidade? E,
mais do que isso, como identificar e alinhar categorias e noções do desen-
volvimento ao lado de categorias e noções atribuídas pelo subalternizado,
procurando, desse modo, entender o desenvolvimento desde a perspectiva
do outro excluído? Cabe afirmar que os projetos em curso são caminhos e
estratégias propostos pelos agentes sociais, no entanto, resta saber se eles
se constituirão como rotas diferenciadas ou ficarão situados no âmbito de
uma narrativa moderna.
Entre os desafios contemporâneos dos estudos rurais, se encontra a ne-
cessidade de ampliar os espaços epistemológicos e teóricos para identificar
outras ontologias que representem, elas próprias, o lado oculto das concep-
ções homogeneizantes da modernidade e do desenvolvimento. O desafio está
justamente em identificar nos espaços subalternos práticas sociais diferentes
capazes de desessencializar as concepções hegemônicas do desenvolvimento.
Em pesquisa que se encontra em andamento, mencionada no início deste
artigo, o objetivo é justamente o de identificar e analisar esses espaços de con-
testação da colonialidade do poder na região do Alto Camaquã, e, em textos
futuros, os autores deverão tratar disso.
Portanto, reinterpretar o desenvolvimento do Alto Camaquã a partir de
outras representações e significados desde a gramática da descolonização do
desenvolvimento, significa compreender que o desenvolvimento continua
sendo produzido localmente sob certas condições históricas particulares re-
guladas por práticas socioeconômicas, culturais e ecológicas contingentes.
Igualmente importante é compreender que o Alto Camaquã não é uma região
constituída por um “povo sem história”, mas de um território que teve sua
história reapropriada pelo sistema-mundo moderno ao permanecer sendo
julgado e considerado como um lugar subdesenvolvido.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
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ARTÍCULO
CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL
LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY
Alberto Riella, Mauricio Tubío y Rosario Lombardo
Resumen
En este trabajo, se intenta explorar en qué medida la instalación de las empresas vinculadas a la cadena
global de distribución del arándano en fresco ha producido en nuestro país la emergencia de nuevos
procesos de trabajo ya observados en otras regiones del mundo donde operan estas cadenas globales.
En particular, el objetivo del artículo se enfoca en el surgimiento de un nuevo tipo de jornalero con ca-
racterísticas distintas a los trabajadores tradicionales del sector rural, y la aparición de nuevas formas
de reclutamiento y contratación de la mano de obra. Ambos fenómenos parecen derivar de las formas
de gestión y organización del trabajo que adoptan las empresas ligadas a las cadenas globales de dis-
tribución y comercialización de productos frescos para poder afrontar la competencia a escala global.
Palabras clave: Jornaleros agrícolas / sociología rural / cadenas agroalimentarias / trabajadoras
rurales / mercados de empleo rural.
Abstract
Global chains and rural work: the blueberries production in Uruguay
This paper tries to develop an explanation about the relation between the installation of compa-
nies in Uruguay linked to the global distribution chain of fresh blueberries and the raising of new
work processes observed in many regions of the world where this global chain already operates.
In particular, the aim of this article focuses on the emergence of a new type of part time laborer
with different characteristics from the traditional workers of the rural sector and the use of new
ways of recruiting and hiring working force. Both aspects appear as a derivation from the man-
agement and organization of work adopted by companies linked to global chains of distribution
and marketing of fresh products in order to face a global competition.
Keywords: Agricultural laborers / rural sociology / agrifood chains / rural women workers / rural
employment markets.
Alberto Riella: Doctor en Sociología por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Brasil.
Profesor titular del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales en régi-
men de dedicación total. E-mail: albertoriella@[Link]
Mauricio Tubío: Doctor en Sociología por la Universidad de Granada. Magíster en Sociología
por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul. Profesor adjunto del Departamento de Cien-
cias Sociales de la Universidad de la República-Regional Norte en régimen de dedicación
total. E-mail: mtubio@[Link]
Rosario Lombardo: Candidata a magíster en Economía y Gestión del Turismo Sustentable
por la Universidad de la República-Universidad de Siena. Licenciada en Ciencias Sociales por
la Universidad de la República. Profesora asistente del Departamento de Ciencias Sociales
de la Universidad de la República-Regional Norte. E-mail: rlombard@[Link]
Recibido: 24 de junio de 2013.
Aprobado: 7 de agosto de 2013.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
Introducción
La instalación de dos grandes empresas de producción de arándanos en el
Litoral Norte de Uruguay ha puesto de relieve en la región los efectos que
las cadenas globales de producción de alimentos en fresco producen en los
mercados de empleo locales. Su irrupción “rápida” en los territorios muestra
las características más salientes de las transformaciones que imponen estos
procesos en el ámbito local. Para entender el sentido y la profundidad de estos
cambios, es necesario recurrir a los marcos conceptuales que han abordado
esta problemática desde la lógica de las cadenas globales y sus efectos en los
mercados de empleo locales (Bendini y Steimbreger, 2007; Friedland, 2001;
Pedreño, 1999; Bonanno, 1994).1
En este artículo interesa explorar si la instalación de estas empresas ha pro-
ducido la emergencia de los mismos fenómenos que se han observado en
otras regiones del mundo donde operan estas cadenas globales. En particu-
lar, interesa centrarse en el surgimiento de un nuevo tipo de jornalero con
características distintas a los trabajadores tradicionales del sector rural, y la
aparición de nuevas formas de reclutamiento y contratación de la mano de
obra. Ambos fenómenos parecen derivar de las formas de gestión y organi-
zación del trabajo que adoptan las empresas ligadas a las cadenas globales
de distribución y comercialización de productos frescos.
En el trabajo se presenta un primer apartado, donde se hace una breve
descripción de la producción de arándanos en el país. En el segundo, se descri-
be el proceso de trabajo en la producción y, en el tercer apartado, se muestra
la organización social del mercado de trabajo, poniendo de relieve la figura de
los contratistas y sus adaptaciones a las nuevas condiciones impuestas por estas
empresas globales. En el cuarto, se hace referencia a las características de los
trabajadores de la cosecha y a la emergencia de un nuevo perfil de jornaleros
que está emergiendo en la región en este rubro. Finalmente, se presentan en
un último apartado los principales hallazgos de la investigación, reflexionando
sobre las características del mercado de empleo construidos alrededor de estas
empresas globales de producción de arándanos.
1 Este trabajo es parte de un proyecto mayor desarrollado en el año 2010, que contó con el apoyo
de la Fundación Carolina para desarrollar una investigación comparada entre países europeos
y latinoamericanos sobre las condiciones de trabajo en las cadenas globales de producción de
alimentos frescos.
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CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 115
La producción de arándanos en Uruguay
La instalación de las plantaciones de arándanos en Uruguay, a mediados
de 2001, es parte de la configuración de una cadena global, integrada por
varios países y regiones de diferentes continentes, impulsada por el capital
comercial que domina las cadenas de distribución en Europa y Norteamé-
rica. El objetivo de estas empresas comercializadoras transnacionales es
obtener, al menor costo posible y con el menor grado de riesgo, una oferta
continua del producto para abastecer a sus mercados durante todos los
meses del año.
Con este objetivo, el capital comercial, utilizando su conocimiento del
mercado mundial de alimentos frescos y su control sobre el acceso a los mer-
cados de los países centrales, promueve la instalación de nuevos abastecedo-
res de arándanos en distintas partes del mundo, y les impone una lógica de
organización de la producción agrícola basada en la idea de producción “just
in time” (Marsden, 1997), trasladando así a las empresas abastecedoras los
riesgos de instalación y de las posibles variaciones del mercado. Esta forma
de organizar la producción, distribución y venta de la fruta está basada en
una red en la cual el núcleo de poder está centrado en el capital comercial que
posee estructuras flexibles que le permiten adaptar de manera rápida y ágil
sus productos a las preferencias de los mercados de consumo de mayor poder
adquisitivo.
En el marco de esta lógica global, es que se instalan en Uruguay las dos
grandes empresas para la producción de arándanos en fresco. Desde sus ini-
cios dichas empresas están sujetas a estas presiones del capital comercial y se
presentan como buen ejemplo de cómo opera esta lógica global del sistema
agroalimentario, en especial del subsistema de producción de alimentos y
frutos frescos (Friedland, 1994 y 2001).
En 2010, existían 850 hectáreas plantadas, de las cuales la mayor con-
centración de plantaciones se daba en la región Litoral Norte, especialmente
en las cercanías de Salto y Paysandú, donde se instalaron estas dos grandes
empresas que controlan la exportación y concentran la mayor cantidad de
puestos de trabajo del sector.2
El crecimiento de la producción de arándanos en el país se refleja en
la evolución que han tenido sus exportaciones, que en pocos años se han
transformado en uno de los principales rubros frutícolas de exportación.
Actualmente, la exportación de estos frutos se posiciona en segundo lugar
2 Uruguay se incluye entre las nuevas regiones de producción de arándanos, a partir del año 2001;
las primeras exportaciones del fruto se realizaron en el año 2003. El área cultivada alcanzó su
máximo en el período 2005-2008, con 850 hectáreas. Desde dicho período la superficie cultiva-
da ha comenzado a disminuir, llegando en la zafra de 2012 a 450 hectáreas.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
116 ALBERTO RIELLA - MAURICIO TUBÍO - ROSARIO LOMBARDO
en las exportaciones frutícolas del país, luego de los cítricos —principal
actividad exportadora en este sector—, lo que da una idea de la impor-
tancia que ha adquirido este cultivo en tan breve lapso para la región
(Ozer Ami, 2010).
La producción del arándano, desde sus orígenes, está moldeada y organi-
zada en base a los requerimientos del capital comercial y su cadena de distri-
bución, lo que determina los tiempos, volúmenes y calidad de la producción.
Ello, sumado al control de los distintos sistemas de certificación3 y la aplica-
ción de tecnologías para controlar los procesos biológicos de la producción a
las necesidades del mercado, ha implicado una alteración en los procesos de
trabajo que traen aparejados cambios en las características de nuevos empleos
creados en el sector y en el mercado de trabajo local.
Por estas razones, la organización social de la producción de arándanos
presenta, como se verá más adelante, una fuerte tendencia a la racionali-
zación del trabajo, de forma tal que mediante distintos mecanismos y dis-
positivos permite maximizar el rendimiento y la productividad del trabajo
de una mano de obra cada vez más difícil de disponer para trabajar en esas
condiciones.
El proceso de trabajo en el arándano
El arándano, por ser un fruto para exportar en fresco y por su caracterís-
tica biológica de alta velocidad de maduración, hace necesaria su rápida
conservación en frío. Además, este proceso debe hacerse con sumo cuida-
do para que la fruta no pierda sus propiedades en el enfriado y empaque,
pudiendo soportar su traslado a los mercados centrales en las condiciones
de calidad exigidas por las empresas distribuidoras. Para poder garantizar
estas cualidades de la fruta, es necesaria una abundante utilización de
mano de obra en tiempos muy precisos y una logística de producción muy
ajustada.
Estas características del producto dan origen a un proceso de trabajo en el
cual es necesario un uso muy elevado de trabajadores por hectárea en el mo-
mento de su cosecha. Las estimaciones de las empresas señalan que en esa
etapa se necesitan entre 15 y 20 trabajadores por hectárea. En la región Litoral
Norte (departamentos de Salto y Paysandú), se ha evaluado que se emplean
más de 3.500 trabajadores en el mes de octubre y principios de noviembre.
Esta cifra es muy alta para la región, ya que significa una demanda de casi un
10% de toda su población económicamente activa (pea) concentrada en sólo
3 Por ejemplo, en el caso uruguayo las empresas estudiadas se encuentran certificadas por Global-
gap, haccp, brc, Tesco Nature’s Choice (Reino Unido), costco, usa-gap, iso y bpm.
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CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 117
50 días al año, lo que hace difícil encontrar tantos trabajadores disponibles
para trabajar en esas condiciones.
En el proceso de producción se distinguen tres fases: la siembra, la co-
secha y la poscosecha. La siembra corresponde a la preparación del terreno
y plantación. Las plantas de arándano provienen de viveros de las propias
empresas. En esta fase, los puestos de trabajo son muy pocos por hectárea
y en general estas tareas son realizadas por trabajadores que tienen mayor
estabilidad en la empresa.
La fase de cosecha se realiza de forma manual dado que, como ya ha
sido expresado, se exporta en fresco. La fruta que se recoge es depositada
en bandejas que posteriormente son llevadas a la planta de empaque. En
esta etapa es cuando se distinguen cuatro puestos de trabajos bien dife-
renciados: los trabajadores cosecheros, quienes se encargan de recolectar
la fruta y son el 80% del total de la fuerza de trabajo usada en la cosecha y
poscosecha. En un segundo momento, se pueden distinguir a los bande-
jeros que registran las bandejas de fruta recolectadas por los trabajadores
en cada jornada y los capataces de cuadrilla, quienes controlan el trabajo
de los cosecheros. Además, participan en el proceso los supervisores de
la empresa y de los contratistas que son quienes distribuyen el trabajo en
las chacras y se encargan de controlar el rendimiento y la calidad de cada
cuadrilla. Estos últimos tres puestos de trabajo representan menos del 5%
de los puestos de cosecha.
Luego de recolectada la fruta, la producción se destina a la planta de em-
paque (poscosecha). Esta se localiza en el propio predio y lo que se cosecha de
día es enfriado y empacado para ser embarcando hacia su destino en la mis-
ma noche. Las plantas de empaque de las dos grandes empresas de las región
tienen una capacidad de producción de 2.100 kilos por hora,4 y demandan
400 trabajadores por turno, representando aproximadamente del 15 al 20 %
de los trabajadores zafrales.
Además de las tareas de siembra, cosecha y poscosecha, como ya ha sido
mencionado, durante todo el año se realizan actividades de mantenimiento,
como poda, fertilización y tratamiento de enfermedades y malezas. Estas ta-
reas no demandan más que a un grupo muy pequeño de trabajadores y, en
general, estos puestos de trabajo junto a los de siembra son ocupados por
unos pocos empleados permanentes y trabajadores eventuales, estrechamen-
te ligados a los mandos medios de las empresas.
4 En Uruguay, las empresas que cuentan con planta de empaque son las grandes. De este modo, las
pequeñas empresas deben derivar su producción a las plantas de empaque de las grandes.
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118 ALBERTO RIELLA - MAURICIO TUBÍO - ROSARIO LOMBARDO
La organización social del trabajo
Una de las mayores particularidades que presenta la producción del arán-
dano para el trabajo rural en la región es que, al igual que otras cadenas
agroalimentarias globales, combina el uso de una sofisticada tecnología
con una fuerte racionalización del trabajo bajo un tipo de organización
taylorista,5 con un uso de mano de obra abundante, poco calificada y muy
estacional.
Para entender las formas peculiares en las que se da la construcción del
mercado de trabajo en este sector, no sólo deben considerarse los aspectos
propios de la producción y los condicionantes a las que está sometida por
ser un eslabón de una cadena global. También es necesario remitirse a dos
componentes locales que terminan influyendo de manera importante en
esa construcción y dándole muchas de sus características singulares. Uno
de ellos es la creciente formalización del empleo rural que se dio en los
últimos años en el país, y el segundo es la relativa baja oferta de trabaja-
dores debido a los altos índices de empleo existente en la región. La com-
binación de estos componentes con los factores propios de la producción
de arándanos permite comprender mejor las principales características de
la organización del mercado de empleo y las acciones y comportamientos
de sus distintos agentes.
En primer término, es necesario considerar entonces el contexto eco-
nómico nacional. Desde hace casi una década, el país vive un ciclo eco-
nómico de crecimiento que redujo de forma considerable la tasa de des-
empleo, la cual se ubica hoy en torno al 6% en promedio anual. A su vez,
la tasa de actividad del país y la región ha alcanzado índices muy altos, lo
que ha llevado a lo largo de los años a un aumento de los salarios reales en
todas las ramas de actividad, aunque todavía son relativamente bajos en
la región. Este proceso ha cambiado las condiciones iniciales del mercado
de empleo en las que se instalaron las grandes empresas de arándanos en
el año 2005. Para responder a esta nueva situación, las empresas tuvieron
que recurrir a un sistema de contratistas para poder cubrir los puestos
de trabajo vacantes, aunque aún persisten dificultades para lograr, en las
condiciones de salario y zafralidad ofrecidas, una mano de obra abundan-
te que les permita bajar los costos salariales y poder imponer una mayor
productividad del trabajo.
Por otra parte, el contexto político nacional resulta fundamental para
entender los determinantes de la construcción del mercado de trabajo en el
arándano. Desde la asunción del gobierno de izquierda en el año 2005, se ha
5 Para la conceptualización del trabajo taylorista en la agricultura recurrimos al artículo de Pe-
dreño (1998).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 119
creado en el país una nueva legislación para buscar combatir la precarización
del empleo rural mediante la fijación de salarios mínimos por categoría y
rama de actividad en negociaciones colectivas, la mejora de las condiciones
de trabajo y el reconocimiento de los derechos de sindicalización y una po-
lítica más enérgica para el contralor del cumplimento de estas nuevas nor-
mativas laborales. Además, a esto hay que sumarle la presión que ejercen las
certificadoras para el cumplimento de los requisitos formales vigentes a la
hora de la contratación de los trabajadores.
Esto ha dado como resultado, sumado al citado contexto de bajo des-
empleo, que las empresas se vean obligadas al cumplimiento de las norma-
tivas de formalización de los contratos, al acatamiento de las ocho horas
de la jornada laboral rural, al otorgamiento de la media hora de descanso,
al pago de los salarios mínimos establecidos por categorías y el pago de las
horas extras dobles.
La formalización legal de los empleos rurales, si bien tiende a reducir las
asimetrías entre trabajadores y empresarios en el ámbito rural,6 también ha
llevado a un cambio en la organización del trabajo en las empresas que pro-
ducen para la cadena global del arándano en fresco. Dadas estas restricciones,
las empresas han generado nuevos mecanismos para aumentar la productivi-
dad de los trabajadores y la tasa de explotación, mediante un riguroso control
de la jornada de trabajo y una mayor disciplina en el cumplimento de los
procedimientos técnicos.
La formalización de los empleos permite a las empresas instrumentar
dispositivos de racionalización y sistemas de monitoreo que redundan en una
organización más industrial del trabajo, que derivan posiblemente en un ma-
yor excedente por hora trabajada.
El control de la jornada, antes muy poco usado en el medio rural, per-
mite la reducción de los tiempos muertos y el estricto cumplimiento de los
tiempos de descanso, lo que produce el aumento de la producción del traba-
jador durante la jornada. Los variados dispositivos que se utilizan hoy para
estos fines permiten a la empresa maximizar el rendimiento y la productivi-
dad de una fuerza de trabajo cada vez más difícil de disponer en los tiempos
necesarios.
De igual forma, esta modernización en la organización del trabajo y el
desarrollo de algunos derechos fundamentales del trabajador siguen convi-
viendo con las viejas formas de pago por cantidad o a destajo, ahora más
controladas y exigentes que antes.
6 A causa de la falta de organización sindical en los lugares de trabajo, estos avances formales no
redundan en todos los casos en beneficios crecientes para este tipo de trabajadores rurales.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
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El dilema para las empresas en el presente es cómo lograr mayor discipli-
namiento de la mano de obra para este tipo de trabajo. La región cuenta con
una larga tradición de sectores de jornaleros rurales dedicados a las cosechas
de citrus, caña de azúcar y horticultura, entre otros, que conforman el grueso
de los trabajadores rurales de la región, pero no se han integrado plenamente
a la cosecha de arándanos, aunque esta permita unos meses más de trabajo al
año con una remuneración similar a la del citrus. La principal razón de este
comportamiento parece estar dada por el rechazo de este sector de jornaleros
a la organización del trabajo y la corta duración de la zafra, lo que los lleva a
buscar otros empleos temporales en aéreas urbanas, dando paso así a la con-
tratación de un nuevo tipo de jornaleros.
Por otra parte, ante la tensión existente en la organización del tra-
bajo entre el pago por cantidad o por calidad, los empresarios pretenden
resolverla mediante una mayor incorporación de mujeres, dado que ellas
muestran mayor disciplina de trabajo y más compromiso con las metas de
cantidad y calidad exigidas por la empresa, hecho que se verá más ade-
lante. En este sentido, también han buscado una nueva forma de contrato
basado en el pago de un jornal con una producción obligatoria, al que se
le suman además premios por productividad, dando como resultado un
pago por destajo encubierto. En la práctica, este tipo de remuneración no
da los beneficios esperados, produciendo más bien un doble perjuicio,
tanto en la calidad de la fruta como en el agotamiento físico de la mayoría
de los trabajadores.
Los contratistas y sus enganchadores
Al igual que otros sectores frutícolas de la región, dada la alta demanda de
mano de obra y la fuerte estacionalidad (Bendini y Radonich, 1999), las em-
presas recurren mayormente a contratistas para poder cubrir su demanda.
La figura del contratista en el agro uruguayo no es reciente, pero se ha
ido transformando a partir de los requerimientos de las empresas contratan-
tes y la legislación imperante en el país. Para el caso del arándano, en la ac-
tualidad esta figura se ha ido complejizando y ha adoptado nuevas formas de
funcionamiento y organización.
El reclutamiento de la fuerza de trabajo necesaria para la cosecha del
arándano es cada vez más intermediada por contratistas. Estos pueden ser
empresas de diferente tamaño y grado de formalización que suministran
fuerza de trabajo a las grandes empresas del sector para estas labores. Los ser-
vicios son pagados por la empresa al contratista, en forma global, quien a su
vez paga a los trabajadores el salario que ha pactado con ellos en el momen-
to de reclutarlos. Este tipo de mercado es muy poco transparente, y no fue
posible durante la investigación determinar cuál es el monto del excedente
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CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 121
que estas empresas de intermediación captan, ni el grado de explotación al
que están sometidos los trabajadores que ellos reclutan. Si bien la mayoría de
los contratistas más importantes cumplen con las normas laborales vigentes
para el sector en el país, esta modalidad puede ocultar el pago de salarios
muy bajos o someter a los trabajadores a condiciones de productividad muy
exigentes y agotadoras.
Al igual que en el citrus, que es la principal actividad zafral de la
región, la participación directa que tienen los contratistas en la produc-
ción es creciente. Además de aportar la mano de obra y la organización
del trabajo durante la zafra, cada vez tienen mayor responsabilidad por
la calidad del producto que cosechan. Los contratistas también, debido a
la legislación y los sistemas de certificación, han alcanzado un grado de
formalización de sus trabajadores, hecho que ha obligado a una gestión
contable y fiscal muy estricta. Al mismo tiempo, los requerimientos de las
empresas han aumentado, ya que estas demandan cada vez más cantidad
de mano de obra mediante el privilegio de la opción de contratación, vía
los contratistas más grandes, que les permite acceder a la cantidad de tra-
bajadores que necesitan para cumplir con los requerimientos de calidad de
la producción. A su vez, para poder alcanzar grandes volúmenes de mano
de obra, los contratistas deben profundizar en el reclutamiento, intensifi-
cando la capilaridad en la búsqueda de fuerza de trabajo, lo que hace que
estos actores del mercado de empleo tengan cada vez más enganchadores
a su cargo. A su vez, dichos enganchadores están repartidos en muchas
localidades, conformando una red cada vez más compleja de captación de
trabajadores. Como hecho derivado de estas tres condiciones menciona-
das, se ha producido una nueva organización de los contratistas, pasando
a estar centrada en el reclutamiento y formación de enganchadores. La red
de cuadrillas organizadas por el contratista le permite un conjunto de ven-
tajas, dándole más flexibilidad para responder a las demandas y exigencias
de las empresas contratantes; además, le posibilita un mejor manejo, con-
trol y disciplinamiento de sus trabajadores. Es importante aquí resaltar lo
ambiguo de esta situación, ya que el contratista es el empleador formal de
todos los trabajadores de las cuadrillas, pero ellos responden a las órde-
nes de su enganchador, quien es responsable de pagar a los trabajadores,
darles las indicaciones durante la jornada de trabajo y, en caso de incum-
plimiento o indisciplina, aplicar la sanción que entienda conveniente en
cada situación.
Esta forma de contratista juega un papel central en la configuración mo-
derna del agro en general y, particularmente, en el arándano uruguayo, en el
marco de una escasez relativa de trabajadores dispuestos a trabajar en con-
diciones tan precarias como las que ofrece el arándano en relación con otras
oportunidades de empleos más estables.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
122 ALBERTO RIELLA - MAURICIO TUBÍO - ROSARIO LOMBARDO
Durante el período de la cosecha, el contratista y sus enganchadores/
capataces operan bajo las estrictas condiciones y el control de las empresas
contratantes para lograr la producción en cantidad, calidad y en el tiempo re-
querido por las cadenas globales y las certificadoras de los mercados centra-
les. Para ello, año tras año, las empresas productoras convocan a las empresas
contratistas para estipular un contrato en el cual se establecen (de acuerdo
a las cantidades de fruta a cosechar) los requerimientos de mano de obra
necesaria, las normas técnicas y fitosanitarias establecidas por las agencias
certificadoras y, sobre todo, se estipulan las formas de pago. Una vez que los
contratistas cuentan con toda esta información, convocan a sus enganchado-
res y comienzan a organizar sus actividades.
El contratista, además de coordinar a sus enganchadores/capataces, po-
see la responsabilidad de la articulación logística de la cuadrilla, haciéndose
cargo del transporte, comunicación con sus capataces y gestión de la fuerza
de trabajo (liquidación de sueldos, altas y bajas en la seguridad social y cargas
sociales). Por un lado, este empresario contratista debe dominar los aspectos
productivos del cultivo en cuestión, además de articular las especificidades
del trabajo con los requerimientos de la empresa contratante y, por otro, debe
poseer la capacidad de gestión y administración para formalizar la contra-
tación, registro y pago a varias centenas de trabajadores, así como contratar
o contar con empresas de transporte capaces de movilizar cotidianamente
durante dos meses altos volúmenes de fuerza de trabajo.
Estas formas de trabajo han ido especializando la función del contra-
tista, restringiendo su número y haciendo crecer el volumen de fuerza de
trabajo contratada por cada uno de ellos. Para el caso estudiado en 2010,
una de las empresas operó con doce contratistas, para lograr un volumen
cercano a los 1.500 trabajadores para cosechar 7.500 kilos de arándanos en
planta. De los doce contratistas, sólo cuatro de ellos manejan un volumen
promedio de 350 personas, representado el 90% de la mano de obra reque-
rida por la zafra de ese año.
Una de las causas que también ha contribuido en este proceso de con-
centración son los mecanismos flexibles de pago al trabajador; si bien las
formas de pago que establece la empresa para los contratistas es quincenal,
los de mayor poder optan por formas más flexibles, algunas semanales e
inclusive diarias, para tener así una ventaja relativa y conseguir fuerza de
trabajo en un mercado de empleo muy poco institucionalizado y con traba-
jadores con urgencias diarias de ingresos. Este mecanismo, sumado a que
los empresarios contratistas han ido especializando su función y, sobre todo,
han adquirido un cierto capital económico que les permite este mecanismo
de pago por adelantado, les da una posibilidad más para un manejo flexible
de su fuerza trabajo.
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CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 123
En la construcción de este mercado ha ido emergiendo la figura del
enganchador/capataz, que va transformado su rol tradicional de organizar y
controlar a los trabajadores en el campo para cumplir las órdenes que daba
el patrón o los técnicos de la empresa, para ahora encargarse de reclutar
a los trabajadores y formar su propia cuadrilla, recibiendo las órdenes de
un contratista que a su vez las recibe de la empresa que lo contrata. Estos
capataces son generalmente hombres, con baja educación formal, que tie-
nen una trayectoria extendida en las distintas cosechas de la región y su
capacitación para esta función la han adquirido en el trabajo. A esto se le
suma la capacidad de liderazgo que la tarea requiere, dado que tienen que
reclutar, mandar y organizar a una veintena de personas que ellos mismos
seleccionan.
En el arándano, cada capataz controla aproximadamente a 25 trabajado-
res de la cosecha y a un “bandejero” con funciones de contralor y conteo de
las bandejas cosechadas. Tanto el capataz como el bandejero reciben premios
por productividad de parte del contratista.
Como bien expresa uno de los contratistas entrevistados, el capataz tiene
en sus manos la tarea de enganche y sobre todo de control cotidiano de la
fuerza de trabajo. Los trabajadores a su cargo son sus conocidos y estos res-
ponden ante sus requerimientos:
… yo creo que el capataz es un tipo que tiene muy buena visión, porque él
sabe que tiene que armar su grupo bueno porque él gana de eso, entonces,
él no acepta a cualquiera. Y es una cosa, es como una ley que me puse yo: el
capataz, el problema con la gente, lo arregla él… Él ‘ta todo el día con ellos…
El trabajo de él es ese y si él me dice “mirá que voy a sacar a fulano porque no
está andando”, no hay problema, está bien. (Empresario contratista)
El capataz tiene además en la cuadrilla al “bandejero” que es un empleado de
su plena confianza.
El bandejero se encarga de que las cosas te salgan bien […] tenés que tener
un buen bandejero porque es el que lleva los números. Es la persona que te
tiene que defender, porque hoy por hoy ustedes saben que el trabajo por un
tanto es bastante delicado y él te tiene que llevar el número, el número tiene
que dar. (Empresario contratista)
Si bien la mayoría de los bandejeros son hombres, hay algunas mujeres que
despeñan esa función y en estos casos, en general, tienen lazos de parentesco
con el capataz. Se observa en este testimonio la importancia del trabajo a
destajo y el control que ejercen el capataz y el bandejero sobre los trabajado-
res, con el doble fin de alcanzar los estándares de productividad establecidos
por la empresa y permitir a los trabajadores lograr un jornal apropiado a sus
expectativas.
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124 ALBERTO RIELLA - MAURICIO TUBÍO - ROSARIO LOMBARDO
El control de la fuerza de trabajo por parte del capataz no sólo se realiza me-
diante la vigilancia sobre la intensidad del trabajo y del control de calidad
visual de las frutas cosechadas por cada trabajador. También hay otro aspecto
importante, centrado en el mantenimiento del clima de trabajo en el interior
de la cuadrilla; en este sentido el capataz posee la función de controlar la
conducta de los trabajadores y suspender a aquel que no está aportando ren-
dimientos superiores a los estipulados.
Acá se le avisa una o dos veces, a la tercera vez se va. Y no queda adentro del
predio… El capataz toma las medidas; por eso le digo, las clases de apoyo,
estas son muy importantes, porque vos sabes lo que la empresa exige y el que
ya hace…, tiene dos o tres zafras, ya sabe muy bien lo que exige la empresa.
(Empresario contratista)
Esto hace que las exigencias y controles del contratista sobre los capataces y,
a su vez, de estos sobre los trabajadores sea muy alta, aunado a otro punto
central del trabajo en el arándano, que es el de la disciplina que se exige al
trabajador durante la cosecha para alcanzar los umbrales de calidad y canti-
dad pactados con las empresas, lo que hace muy rigurosos y controlados los
tiempos en la jornada de trabajo. Este factor es tan importante, que si bien
el esfuerzo físico de este rubro es mucho menor que en otras cosechas de la
región, muchos cosecheros “tradicionales” no se ven atraídos a trabajar en
el arándano.
En resumen, si bien este tipo de organización tiene similitudes con el
subcontratismo informal que se ha ido extendiendo a otros sectores agríco-
las del país, como lo es en el caso de la forestación, la mayor diferencia está
dada por el control del trabajo y la relación contractual que se da siempre
directamente con el contratista, quien es el responsable por la calidad del
trabajo y legalmente ante la empresa por las sanciones correspondientes por
incumplimiento. Esta forma moderna de trabajo combina antiguas lógicas
de trabajo rurales con las urbanas: parecería que se está ante la emergen-
cia de una nueva modalidad de contratismo, que si bien se moderniza y
amplía sus funciones, esconde formas de reclutamiento muy tradicionales
(enganchadores/capataces). Aun cuando el empresario contratista domina
los aspectos “modernos” o “avanzados” en la esfera de lo productivo, de la
logística y gestión, delega el reclutamiento y control social del trabajo a los
capataces, reproduciendo los viejos modelos de dominación y control de la
fuerza de trabajo rural.
Los jornaleros del arándano
La forma de organización espacial de la producción, que imponen las
cadenas globales de comercialización, implica cambios en las formas de
incorporación de las poblaciones locales al mercado de empleo. La mano
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 125
de obra requerida por las empresas locales de la cadena produce cambios
importantes en el perfil y origen social de estos nuevos jornaleros. Estas
plantaciones intensivas de exportación son, en general, difícilmente me-
canizables7 dada las características biológicas de estos productos, agre-
gando además un proceso de poscosecha y empaque que también deman-
da importantes volúmenes de fuerza de trabajo. Como se ha visto, en el
caso del arándano se generan unos 3.000 nuevos puestos de trabajo que
no podrían ser cubiertos con facilidad por la mano de obra excedente en
la región. Por estas razones, buena parte del éxito de las empresas y su
rentabilidad depende de que puedan contar con trabajadores disponibles
y dispuestos a emplearse en las condiciones que ofrecen estas empresas en
el momento de la cosecha.
Como ya ha sido señalado, esto ha provocado que las estrategias de
reclutamiento produzcan una búsqueda intensiva de mano de obra en toda
la región, que alcanza a localidades a más de cien kilómetros del lugar de
trabajo, procurando incorporar al mercado de trabajo a un contingente
importante de sectores que está en condición de inactividad, como mu-
jeres que realizan tareas y cuidados en el hogar, jóvenes que aún están
insertos en el sistema educativo e incluso personas ya retiradas. Estos nue-
vos sectores, sumados a los trabajadores eventuales de empleos urbanos y
rurales, conforman la base de los jornaleros del arándano que se analizará
a continuación.
Trayectorias de los jornaleros
Si se analiza la trayectoria de los trabajadores del arándano, se puede ver
que, en general, desde el ingreso al mercado de trabajo, estos se caracte-
rizan por tener empleos estacionales, que no requieren de mayor califi-
cación, y de muy baja remuneración. Sin embargo, si se consideran sus
trabajos anteriores y las actividades que realizan antes y después de la
cosecha, es posible distinguir tres tipos de trayectorias entre los jornaleros
que confluyen en la zafra del arándano, en las cuales se puede también
diferenciar por género.
Por un lado, hay jornaleros que provienen principalmente de ocu-
paciones en el medio rural, que trabajan en cosechas de diferentes varie-
dades de frutas y verduras, y, en algunos casos, de la forestación. En este
grupo tienen un peso importante los hombres, que provienen de rubros
como la caña de azúcar, fruticultura y forestación, y unas pocas mujeres
que se han ocupado en el medio rural pero en la cosecha de diferentes
rubros hortícolas de la región, principalmente en la frutilla y el tomate.
7 La mecanización se da en la producción de arándanos destinada a la industria.
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126 ALBERTO RIELLA - MAURICIO TUBÍO - ROSARIO LOMBARDO
Entre ellos, algunos conservan su vivienda en el medio rural, en pequeñas
parcelas familiares que ya no tienen fines productivos sino meramente
residenciales.
Por otro lado, se distingue la trayectoria de los que vienen de las ocupa-
ciones consideradas más urbanas: entre las mujeres las ocupaciones que se
destacan son las de cuidados personales y de empleo doméstico; los varones
por su parte, se han empleado principalmente en la construcción, y también
algunos han pasado por el ejército como soldados rasos. En estas trayecto-
rias se combinan cada vez más los empleos agrícolas y no agrícolas durante
el año, en su mayoría eventuales y precarios. Pasan de las zafras rurales a la
construcción, como peón de albañil, o a servicios de vigilancia, en el caso de
los hombres, y del servicio doméstico o empresas de limpieza o comercio, en
el caso de las mujeres. En general, estos jornaleros residen en las zonas peri-
féricas de las ciudades mayores, cercanas a las áreas de producción hortícolas
y frutícolas de la región.
Hay una tercera trayectoria, que reviste cada vez más importancia, y
que es singular: la de aquellos que sólo trabajan durante el año en la cosecha
del arándano. En esta trayectoria se encuentran tanto mujeres como hom-
bres, aunque predominan las mujeres casadas y con hijos. Una vez finaliza-
da la cosecha, este grupo vuelve a su condición de inactividad, formando un
ejército de reserva cautivo para la próxima cosecha. Las mujeres regresan
a sus actividades domésticas, abandonando la búsqueda de empleo, o algu-
na de ellas realiza esporádicamente trabajo domiciliario como “costuras”
o “comidas”. En el caso de los hombres jóvenes, al año siguiente pueden
retomar sus estudios o incorporarse definitivamente al mercado de trabajo.
En tanto, los hombres mayores se mantienen fuera del mercado, sostenidos
con su pensión y alguna changa durante el invierno. Las localidades donde
residen estos jornaleros quedan más bien alejadas de los centros principales
y casi no hay empleos disponibles, pero en sus hogares, en general, hay un
ocupado permanente que con su ingreso permite la subsistencia de la fami-
lia entre zafra y zafra.
Un efecto importante de esta forma de estructuración del mercado
de empleo que sufre este grupo de jornaleros son los desplazamientos dia-
rios. Debido a que buena parte del reclutamiento de los contratistas y en-
ganchadores se realiza en poblados distantes, es necesario realizar largos
traslados para llegar al lugar donde se lleva a cabo la cosecha. En algunos
casos, los traslados pueden llegar a ser de cuatro horas diarias, entre ida
y vuelta, incrementando notoriamente la jornada de trabajo. Para un país
pequeño como Uruguay, un traslado diario de tantos kilómetros, para ir
a trabajar, representa una jornada laboral extremadamente larga. Estos
traslados obligan a estar todo el día fuera del hogar, produciendo impor-
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CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 127
tantes alteraciones en el sistema de labores y cuidados en el hogar y en la
comunidad, afectando a todo el tejido social de esas pequeñas localidades
durante la cosecha. De igual forma que las migraciones estacionales,8 esto
provoca la desprotección de los miembros más débiles del hogar, que son
aquellos que requieren más tiempo de cuidados, como el caso de los ni-
ños, ancianos o enfermos.
Son muchas veces las mujeres que se incorporan al mercado de trabajo
sólo para la cosecha del arándano las que sufren estos largos traslados. Lo
que hace que en sus hogares sea más acentuado el problema que genera la
movilidad, dado que son ellas durante todo el año quienes realizan casi to-
das las actividades de cuidados y reproducción familiar. Para mitigar esta
situación durante la zafra, otros miembros del hogar o de la comunidad se
ven obligados a alterar o recargar sus tareas para sustituir el trabajo faltante
en el hogar.
Parte de este tiempo de traslado se debe a que los medios de transporte
no son siempre los más adecuados y que las rutas por las que debe transitar-
se no están muchas veces acondicionadas para un traslado ágil de este tipo
de vehículos y con tantas frecuencias diarias. Por otra parte, los aspectos de
seguridad también son un problema para estos transportes y en varias ocasio-
nes han ocurrido accidentes durante estos largos trayectos.
Este desmedido tiempo de movilidad de algunos de los trabajadores apa-
rece como un problema “oculto” y los contratistas como las empresas no se
hacen responsables por los perjuicios que les ocasionan a los trabajadores.
Según los contratistas, su responsabilidad es sólo trasladarlos de forma gra-
tuita y en buenas condiciones, pero no se hacen responsables por el tiempo
excesivo que pierden los trabajadores por el traslado.9
Las jornaleras del arándano
Uno de los fenómenos más salientes de las características de los nuevos em-
pleos rurales del arándano es su alta feminización. Esto derivado en parte,
como ya ha sido visto, de las formas de organizar el trabajo y de las modali-
dades de reclutamiento. Pero, como se ha señalado en estudios para situacio-
nes similares (Lara Flores, 1995), es parte de las estrategias estructurales que
8 En los países centrales estos cultivos siempre aparecen vinculados a procesos migratorios in-
ternacionales para poder cubrir su demanda de trabajo, pero la figura del migrante no está
presente en la agricultura intensiva de los países del Sur, ya que estos países tienen excedentes
de mano de obra, y lo que se produce mayoritariamente son migraciones internas estacionales
o permanentes. En el caso uruguayo, dado el tamaño del país, la forma que adquiere este ajuste
sería el de largos traslados diarios más que la migración temporal.
9 En otros rubros, como en la forestación en la cual se da esta misma situación, se ha provocado
un conjunto de medidas gremiales y judiciales por parte de los trabajadores para reclamar que
las empresas contratantes paguen parte de esas horas de traslado.
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128 ALBERTO RIELLA - MAURICIO TUBÍO - ROSARIO LOMBARDO
llevan las empresas en la búsqueda de reducción de sus costos de producción,
aprovechando las necesidades de los hogares más pobres de generar mayores
ingresos, mediante la incorporación de más miembros de su unidad domés-
tica al mercado de empleo.
Pero también, para explicar la feminización, se sostiene que hay una marca-
da preferencia de los empresarios a contratar mujeres, en tanto se presentan
como una mano de obra menos organizada y sindicalizada que la masculina,
y su incorporación representa una disminución de la conflictividad sindical.
Pero en el caso del arándano, esta hipótesis no explicaría la preferencia de los
empresarios por las mujeres, ya que dado el control que ejercen los contra-
tistas, la actividad reivindicativa y sindical es muy baja tanto en las mujeres
como en los hombres.
En cambio, parece cumplirse otra hipótesis manejada al respecto, la cual
indica que los empresarios prefieren a las mujeres por un conjunto de cua-
lidades y habilidades que les permitirían adaptarse mejor a las actividades y
ritmos de trabajo de la cosecha del arándano.
Los empresarios prefieren en realidad a la mujer no sólo por su ‘idonei-
dad’ ni porque sea una mano de obra necesariamente más barata que la del
hombre, sino fundamentalmente por su disciplina en el trabajo y su mayor
disponibilidad a realizar este tipo de trabajos zafrales.
Las mujeres son más responsables, sobre todo si son amas de casa. Son cons-
cientes de que tienen que llevar el jornal […] Las mujeres son más responsa-
bles, disciplinadas, que los hombres. (Empresario)
Como ya ha sido señalado, uno de los mayores retos para los empresarios es
transformar a los nuevos jornaleros en una mano de obra disciplinada para el
trabajo, ya que dada las condiciones de los empleos que ofrecen, los trabaja-
dores rurales disponibles, mayoritariamente hombres, no están acostumbra-
dos a un ritmo y control de tareas como la que pretende tener la organización
del trabajo. Este tipo de organización impone una fuerte disciplina y jerarqui-
zación en el trabajo, y, en este sentido, los empresarios reconocen que la mano
de obra femenina se adapta mejor a esta organización.
Pero también hay una inclinación de los empresarios, contratistas y en-
ganchadores del arándano, hacia la contratación de mujeres, tanto para la
cosecha como para el empaque, por su ‘idoneidad’ para las tareas ‘delicadas y
cuidadosas’. Según declara un empresario del sector:
… la tarea que se realiza en la fase de cosecha es más “idónea” para la parti-
cipación de la fuerza de trabajo femenina, por el cuidado que se debe tener
al manipular la fruta. (Empresario)
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 129
En la mayoría de los casos, estos atributos asociados a las mujeres llevan a
una diferenciación de las tareas que implica una posición más vulnerable de
la mujer con respecto al hombre en el mercado de trabajo rural. Por ejemplo,
los puestos de mayor jerarquía o calificación, y los más estables en la fase de
producción, son ocupados mayoritariamente por hombres.
Por tanto, sus “habilidades” las ponen siempre en puestos de trabajo más
eventuales y precarios. De esta forma, son siempre más sometidas a la alta
estacionalidad de la cosecha y a las condiciones de extrema flexibilidad de
horario que se exige durante este tiempo, para adaptarse a las necesidades de
las empresas y a las condiciones climáticas (cosechas nocturnas o en la ma-
drugada, pérdida de jornales por las condiciones climáticas, etcétera). Esto
confirma las relaciones de subordinación a las que son sometidas las mujeres
en esta configuración social del mercado de empleo en el arándano, como un
caso particular de lo que es sostenido por Reigada (2009) para los mercados
de trabajo de las agriculturas intensivas.
Reflexiones finales
En síntesis, este trabajo ha intentado dar cuenta de cómo la triple tensión que
enfrentan las empresas, compuesta por las exigencias de las cadenas globales,
la escasez relativa de mano de obra en la región y el avance de la legislación la-
boral, han modelado la construcción social del mercado de empleo del arán-
dano, dando forma a las instituciones, procesos y actores que lo conforman.
Las nuevas formas de organización del trabajo propuestas por las empre-
sas, para dar respuesta a las necesidades de las cadenas globales de distribu-
ción, han implicado una taylorización del trabajo rural, combinada con una
lógica de producción flexible para llegar en “tiempo justo” a los canales de
distribución global.
Esto ha incidido en un mayor control sobre los trabajadores, que es ejer-
cido mediante avanzadas tecnologías de producción y gestión, pero mante-
niendo de forma solapada las viejas formas de contrato a destajo. Esto ha
generado un cambio cualitativo en las formas de trabajar en el medio rural,
que implica un giro en las modalidades tradicionales de trabajo en las zafras
en la región, al combinar las dos formas de control del trabajador al mismo
momento: tiempo y productividad. Estos nuevos empleos rurales también
modifican las características de los jornaleros, ya que muchos de ellos, espe-
cialmente los de mayor antigüedad, resisten estas formas de control y buscan
otro tipo de zafras donde no sean tan exigentes los controles disciplinarios y
del tiempo de trabajo.
Por otra parte, dada la escasez relativa de mano de obra, las empresas
utilizan una estrategia de reclutamiento centrada en la utilización de contra-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
130 ALBERTO RIELLA - MAURICIO TUBÍO - ROSARIO LOMBARDO
tistas. Estas empresas de intermediación también han logrado, al menos las
más grandes, articular modernas formas de gestión de recursos humanos y
formalización del empleo con lógicas tradicionales de reclutamiento de mano
de obra. De esta forma, se puede afirmar que se está asistiendo a la emergen-
cia de un contratismo de nuevo tipo, que tiene una gestión empresarial a gran
escala pero en el ámbito local, en el enganche de sus trabajadores, reproduce
los antiguos modelos de dominación y control predominantes en los territo-
rios rurales del continente.
En base a esta estrategia, las empresas para tener mano de obra abun-
dante han logrado ir incorporando a un nuevo sector de trabajadores en las
épocas de cosecha, que tienen características distintas a las del tradicional
jornalero de la región. Estos nuevos jornaleros tienen entre sus características
principales: la fuerte presencia de mujeres; la combinación cada vez mayor de
empleos agrícolas y no agrícolas durante el año; la incorporación de sectores
inactivos al mercado de trabajo sólo para los momentos de cosecha y estar
sujetos a largos traslados para llegar al lugar de trabajo.
El análisis de la feminización de la mano de obra en el arándano con-
firma una vez más que la incorporación de las mujeres a los mercados de
empleo de enclaves de agriculturas intensivas se da de forma subordinada, y
si bien ellas cumplen un papel central para viabilizar la producción, dada la
naturalización de sus habilidades, su posición en la estructura ocupacional
es siempre en los estratos más bajos, llevando a que ocupen los puestos más
estacionales y peor remunerados.
También es interesante señalar, que las características generales de es-
tos nuevos jornaleros del arándano no son ajenas a los rasgos básicos que
acompañan los cambios en el mercado de empleo rural en el continente.
Como señala Kay (2001), el mercado de empleo rural ha venido transitan-
do por un cambio estructural que está marcado por la urbanización de los
trabajadores rurales, el aumento de la participación de la mujer y un incre-
mento de la zafralidad. Pero, lo peculiar en el caso que ha sido presentado es
que la instalación de las plantaciones de arándano ha acelerado estos cam-
bios en un período muy corto de tiempo en la región, elevando la tasa de
participación femenina en el empleo por encima del 50% de los ocupados
en la zafra, teniendo a todos sus nuevos trabajadores con residencia urbana
y produciendo una estacionalidad que es una de las más altas del país en
relación con la demanda de trabajo que implica por hectárea.
En este sentido, también se constató que las condiciones materiales de
vida y de trabajo de estos nuevos jornaleros, si bien están amoldadas a las
nuevas características y modalidades de organización del trabajo en las ca-
denas globales de valor, no se diferencian en forma sustantiva de las con-
diciones estructurales del empleo en el medio rural. Si bien son colectivos
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
CADENAS GLOBALES Y TRABAJO RURAL: LA PRODUCCIÓN DE ARÁNDANOS EN URUGUAY 131
con características propias, como ya ha sido indicado, su situación laboral
presenta características similares a las observadas en el resto del continen-
te décadas atrás, en otras formas de trabajo eventual como los “bóias frias”
en Brasil, los “peludos” en Uruguay o los trabajadores “golondrina” en Ar-
gentina. Todas estas ocupaciones muestran una fuerte discontinuidad en el
mercado de trabajo, con formas de empleo precarias y de muy baja calidad.
Tienen además, al igual que ellos, salarios insuficientes y sujetos a destajo,
y una escasa capacidad de organización colectiva y poca visibilidad política
y social. En este sentido, la única modificación sustantiva es el avance en la
legislación que les ha otorgado nuevos derechos a estos trabajadores en los
países de la región, aunque no se han traducido en avances reales en su bien-
estar y el de sus familias.
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Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
ARTÍCULO
EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY
RESPUESTAS GUBERNAMENTALES CUANDO
EL ESTADO NO ALCANZA SUS METAS
Altaïr Jesica Magri
Resumen
El Plan Juntos se instala en la Presidencia de la República, adoptando un perfil político-técnico,
y al igual que otros planes y programas tiene escaso contacto con la estructura institucional del
área de la vivienda. Se distingue de la mayoría de estos en que no depende de la cooperación
internacional, tiene recursos nacionales que provienen de aportes que provee la ley y apela fun-
damentalmente a la solidaridad social y de la empresa para su implementación. Es una iniciativa
personal del presidente y de él depende el escaso grupo técnico que lo compone. En este artículo,
se analizan sus estrategias y resultados, alcances y límites, a la fecha. Se examinan datos socia-
les que justifican su emergencia y el marco de gobernanza que se recrea en esta forma especial
de entender la hechura de una política pública, observando finalmente el umbral de sustentabi-
lidad que plantea.
Palabras clave: Vivienda social / focalización / política.
Abstract
The emerrgency housing Plan Juntos in Uruguay:
gobernment response when the state fails to meet its goals
The Plan Juntos is installed in president of the republic, adopting a political-technical profile and
like other plans and programs, have little contact with the institutional structure of the housing
area. It differs from most of those that does not depend on international cooperation has turned-
national resources of contributions provided by law and appeals mainly to social solidarity and
company for implementation. It is a personal initiative of the president and it depends on the
small technical group that composes it. In this paper we analyze their strategies and outcomes,
scope and limits to date. Social data are analyzed to justify its emergence and governance frame-
work that is recreated in this special way of understanding the making of public policy, finally
watching the sustainability offered.
Keywords: Housing / targeting / policy.
Altaïr Jesica Magri: Doctora en Ciencias Sociales. Docente e investigadora del Instituto de
Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. Investigadora del
Sistema Nacional de Investigadores de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación
(ANII). E-mail: altairmagri@[Link]
Recibido: 2 de abril de 2013.
Aprobado: 24 de junio de 2013.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
Introducción
Juntos es un plan de vivienda social para familias indigentes, impulsado por
el presidente de la República1 a comienzos de su mandato en el año 2010. Su
fundamento constituye una meta de este gobierno: “… combatir la pobreza y
la indigencia y recomponer el tejido social en las zonas más postergadas del
país” (Presidencia de la República, 2011, p. 14), partiendo del bien vivienda
como factor de afincamiento socioterritorial de las familias. Fue instalado en
el seno del Poder Ejecutivo, quedando por fuera de la institucionalidad formal
del Ministerio de Vivienda, dejando al descubierto la diferente velocidad en-
tre la política y las instituciones. En este artículo, analizo la estrategia política
que sustenta al Plan Juntos en cuanto a sus objetivos de inserción social de los
grupos objetivo, el proceso y los resultados recorridos a la fecha, y los nexos
de articulación con la institucionalidad sectorial del área social. Observo su
potencialidad y límites en el marco de políticas de derecho social. Analizo
los riesgos latentes que conlleva este modelo de asignación, al cual catalogo
como un producto híbrido, con componentes asistencialistas, filantrópicos y
residuales que conviven con concepciones sobre calidad de ciudadanía y for-
talecimiento democrático, dando pie a discernir sobre su esencia y dirección
desde una perspectiva de derechos de ciudadanía. El artículo presenta un aná-
lisis de los cambios acaecidos en la matriz de la política social y el panorama
que hereda un gobierno de izquierda en cuanto a orientación y acción insti-
tucional y realidad social. En la aparición de programas focalizados, analizo
la residualidad de estas políticas y cómo en el nuevo siglo los gobiernos de
izquierda tratan de solucionar los déficits cualitativos y cuantitativos. Abordo
el Plan Juntos sobre lo expresado anteriormente, analizando el universo que
justifica su aparición, sus sustentos teóricos, las estrategias políticas y comuni-
cacionales, y recursos y modalidades de intervención. Finalmente, reflexiono
sobre la relación entre el alcance esperado como herramienta de integración
ciudadana y los límites que por sus características focalizadas se autoimpone.
La vivienda en el proceso de auge y declive del bienestar
El acceso a la vivienda es un derecho constitucional en gran parte de las cartas
magnas de América Latina. Políticas de vivienda social son aquellas acciones
gubernamentales que conllevan una desagregación intencional de los grupos
1 Sr. José Mujica Cordano, del partido Frente Amplio, electo para el período 2010-2015.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 135
sociales, donde la capacidad de los ingresos familiares condiciona el acceso
por propios medios, que debe ser subsidiado porque las familias no pueden
ahorrar ni convenir en el mercado. La vivienda social es un tipo de bien que
necesita ser distribuido según las características que reúnen los grupos.
En la historia temprana del sector de la vivienda en América Latina
(1920-1960), parte de los países desarrollaron una actividad inclusiva en este
derecho del bienestar ciudadano (Hidalgo, 2002; Lecuona, 2001; Sepúlveda y
Fernández Wagner, 2006; Lorenzetti, 2001; Oliveira de Araújo y Braga Fer-
nandes, 2010; Rubio, 2006; Ranincheski, 2007). Los bancos hipotecarios y las
cajas de ahorro públicas asumieron la institucionalización de actividades pro-
ductivas, financieras y sociales con el objetivo de intermediar directamente
con la población. Las políticas apuntaron a desmercantilizar las condiciones
de acceso (Esping-Andersen, 1993), fomentando el ahorro social y finan-
ciando el crédito a tasas de interés bajas, aislando de hecho al mercado. El
imaginario social de la vivienda propia se constituyó alrededor de un Estado
protector al que confluían casi todos los segmentos sociales, solidificando la
idea de que “lo que el Estado da no lo quita”, y generando diversos efectos:
gasto sin control, normativas de acceso de cuño corporativo, deudas inco-
brables, acceso desmercantilizado a grupos altos, fortalecimiento de buro-
cracias prebendarias y clientelismos partidarios. En los sesenta, el sistema
de sustentación de importaciones comenzó su declive, acotando los recursos
del Estado. Las sociedades iniciaron un cambio en su estructura, en la cual
la pirámide social formada sobre sólidas clases medias comenzó a aplanarse
alimentada con el pasaje de los grupos medios hacia los grupos pobres. El
sistema de cobertura de bienestar por el empleo comenzó a decaer, produc-
to principalmente de dos factores: el desempleo que excluía del sistema y la
simultánea retracción de las instituciones proveedoras de bienes sociales. En
el caso de los bancos hipotecarios, disminuyeron su operativa (Uruguay) o
fueron privatizados (Argentina), dejando por el camino soluciones al déficit
de vivienda que comenzaba a visualizarse como problema social y político.
El nuevo orden mundial del Consenso de Washington, en 1989, dicta-
minó una profunda transformación en este sector. Las críticas a la estructura
pública de la vivienda apuntaron a la disciplina presupuestaria antideficitaria,
a la priorización del gasto público, a la desregulación de los mercados y a la
protección de la propiedad privada. Bertrand Renaud (quien formó parte del
Banco Mundial) ha comentado que:
… muy pocos sectores importantes de la economía han estado tan plagados
de torpezas injustificadas en cuanto a política pública como el sector vivien-
da de los países en vías de desarrollo. (Jha, 2007, p. 2)
Renaud argumentaba que la política autorreferida de los organismos buro-
cráticos condujo a tasas de interés negativas para los ahorristas del sistema
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
136 ALTAÏR JESICA MAGRI
formal, y aumento de precios de suelos y viviendas por estar registradas las
viviendas informales (Renaud y Buckley, 1989, p. 74).
El Estado neoliberal de la década de los ochenta, transformó las rutas
del bienestar social cultivadas durante más de seis décadas. El pasaje desde
un Estado de bienestar, con un desarrollo burocrático mal encaminado y en
crisis, hacia un Estado mínimo que privilegió el mercado mostró la reorien-
tación en las instituciones y en sus políticas públicas. Estas modificaciones
se observaron en dos campos: en las primeras, se recrearon nuevas normas
en competencias y organización, con el objetivo de desarmar el entramado
burocrático y volver más eficiente al Estado. La privatización y la descentra-
lización sectorial y territorial y el nuevo gerencialismo público constituye-
ron mecanismos eficaces para desprender competencias cuasi monopólicas
acumuladas en la esfera pública. Las políticas públicas se reorientaron hacia
segmentos sociales considerados insolventes para acceder por sus propios
medios al bienestar. Al igual que en el liberalismo de fines del siglo xix, el
Estado se convirtió en asistencialista de la pobreza, dejando librado al merca-
do otros segmentos sociales medios. En las décadas siguientes, la pobreza y la
indigencia mostraron sus grados más altos en América Latina, como ha sido
suficientemente demostrado.
Cambios en la matriz social que abonaron la emergencia social en vivienda
En los años noventa, la naturaleza social de las políticas de vivienda fue per-
diendo terreno frente a la concepción financiera y productiva, dejando de-
finitivamente la orientación universalista. Desde una perspectiva “residual
social” (Esping-Andersen, 1993), las políticas de vivienda se tradujeron en
criterios restrictivos del gasto social en la calidad y las rutas de acceso al bien.
Estos beneficios no siguieron relacionados con la inserción laboral, como en
el anterior modelo de bienestar, sino que seleccionaron beneficiarios “pobres”
medidos por la capacidad de ingreso de las familias, exigiendo en algunos
casos contrapartidas al beneficio (horas de trabajo comunitario, inserción en
otros servicios de prestación) y, en otros, estos aspectos fueron obviados. Se
suponía que una distribución ordenada del gasto hacia sectores específicos
propendería a la superación de situaciones de vulnerabilidad social, porque
la vivienda constituía la canasta de oportunidades de las familias, dado que:
… el aislamiento (residencial y social) contribuye al agotamiento de activos
de los pobres en la medida que afecta su capacidad de acumulación de capi-
tal social. (Kaztman, 2000b, p. 25)
Por activos se entendía:
… el conjunto de recursos, materiales e inmateriales, sobre los cuales los in-
dividuos y los hogares poseen control, y cuya movilización permite mejorar
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 137
su situación de bienestar, evitar el deterioro de sus condiciones de vida, o
bien disminuir su vulnerabilidad. (Kaztman, 2000b, p. 27)
Midaglia identifica esta conceptualización como una segunda etapa, a fines
de los años noventa, que evoluciona hacia una visión integral de las políticas
de la cual la vivienda formaba parte. En estos años, se reclamaban “… estrate-
gias públicas que se sostuvieran en el tiempo y que, a la vez, abordaran diversos
aspectos de la vulnerabilidad social” (Midaglia, 2012, p. 82). Diversos planes dise-
ñados y financiados por organismos internacionales (bid, pnud) comenzaron
a ligar vivienda e infraestructura de servicios, introduciendo la noción de hábitat
sostenible, donde se propendía a la mejora de los asentamientos irregulares a tra-
vés de refacción de vivienda, transporte, comunicación vial y otros rubros socia-
les, incluyendo la participación de la población beneficiaria en la reconstrucción
del entorno.2
El advenimiento de otras orientaciones políticas de izquierda se produ-
ce enfrentando la salida de la crisis económica y social de fin y principio de
siglo y comienza una reformulación de las políticas sociales. En Uruguay y
Argentina, la crisis de 2001-2002; en Brasil en 1999-2000, mostró indicadores
promedio de pobreza que superaron el 30%, y de indigencia, que alcanzaron
al 15% de la población. La protección social en la perspectiva de los gobier-
nos progresistas (Brasil, Chile, Argentina, Uruguay) se incrementó y, en cier-
ta medida, adquirió matices de cambio de rumbo ideológico. Considerada
como una tercera etapa que se muestra en el aumento de las rutas de acceso
a la integración y cohesión social, se incluyeron subsidios directos y paquetes
de ayuda en servicios (Cohen y Barba, 2011; Midaglia, 2012).3 Se reconoció la
responsabilidad del Estado con una provisión garantizada por ley, mínimos
de calidad en las prestaciones y utilización de sistemas de información para
acercar a la sociedad, impulsando criterios de participación y organización
en la ejecución de las prestaciones. Sin embargo, en esta refundación de la
responsabilidad estatal —que se aboca a campos sociales como la salud, la
educación y las transferencias directas de rentas—, el sector de la vivienda y
particularmente la vivienda social no tiene un lugar de privilegio en las agen-
das oficiales. Aun cuando se manifiesta discursivamente su importancia, este
sector continúa siendo residual en la medida en que el área pública, si bien
mantiene programas de mejoramiento o de acceso a nuevas viviendas socia-
les, no ataca el problema con una perspectiva definida —ni la perspectiva que
reclamaba una década atrás la vivienda como activo económico de las fami-
lias, ni como solución de la reproducción humana e integración y cohesión
2 En Uruguay se implementó el Proyecto de Integración de Asentamientos Irregulares (piai)
iniciado en el año 1999 y financiado por el bid.
3 Cabe destacar que se excluye a Chile que tenía en marcha desde la década de los ochenta planes
de este tipo.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
138 ALTAÏR JESICA MAGRI
social en la visión progresista—. En el Cono Sur, los gobiernos progresistas
de la década atacaron con planes y programas de emergencia, manteniendo
una mezcla entre la orientación liberal de la focalización e intermediación del
Estado, con el mercado para la provisión de viviendas de bajo costo, a la vez
que adaptaban estos mismos programas a la nueva concepción de respon-
sabilidad pública hacia los vulnerables. Bajo conceptos de cohesión social e
integración, se propendió a integrarlos a la ciudad, fortaleciendo la consoli-
dación de áreas metropolitanas con conjuntos habitacionales que sustituían
a los asentamientos irregulares, los cantegriles, las villas miseria y otras deno-
minaciones a la pobreza con residencia informal. La integración al contexto
urbano significó crear cinturones suburbanos dependientes de la ciudad, pero
sin formar parte de ella. “Cerca pero no juntos” (Geisse, 1988) siguió siendo
una consigna solapada, que estableció a grupos segregados en reductos peri-
féricos. El déficit cuantitativo se redujo relativamente, al contrario del déficit
cualitativo4 que mantuvo la tendencia creciente en los noventa, y continuó en
ascenso en las siguientes décadas del nuevo siglo.
La vivienda social en el Uruguay del siglo XXI
La vivienda social tuvo un rol relativamente residual en las políticas urugua-
yas, ya que desde 1921 primó la orientación de la universalidad en las polí-
ticas públicas,5 durante cuatro décadas, que convirtió en propietarias al 66%
de las familias de distintos estratos sociales.6 Los programas denominados de
vivienda social fueron instrumentados a través de arreglos corporativos, en
los cuales los entes, empresas y organismos públicos y privados establecían
convenios con el Banco Hipotecario del Uruguay para la compra de casas a
sus funcionarios y empleados, mediante préstamos accesibles en precios e
intereses, y reaseguros de trasmisión de la propiedad por factores no previstos
a futuro. A fines de los años sesenta, el impulso cooperativista de vivienda
por ayuda mutua se constituyó en un paradigma de organización social en
el cual la calidad de las viviendas se acercó a estándares medios en zonas ur-
banizadas, algunas incluso de costo alto.7 De este modo, la vivienda social no
fue un estigma entre 1921 y 1960,8 sino que respondió a arreglos en los cuales
primaba la pertenencia política —sindicatos y gremios— o social —coopera-
tivas de ayuda mutua—, dando cuenta de un estado de demanda organizada
4 Definido como malas condiciones de infraestructura, hacinamiento, salubridad y confort.
5 Ley de la Vivienda en 1921 y Art. Constitucional (n.º 45) como derecho a la vivienda en 1934.
6 Barrios obreros montevideanos en La Teja, Cerro, Casabó, Paso Molino, Peñarol, Aguada y
Reducto.
7 Las cooperativas de los barrios Malvín y Punta Gorda en el este costero montevideano.
8 El bhu y el Ministerio de Industria fomentaron escasos planes focalizados en las primeras
décadas: leyes 7211/1915; 9618 y 9723/1937. Posteriormente esta tendencia fue residual, al pre-
valecer los arreglos corporativos que alcanzaron a empleados públicos y privados.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 139
con capacidad de generar arreglos entre Estado, mercado y sociedad corpo-
rativizada.
En la década de los noventa, la corporativización social entró en declive,
producto de la crisis económica, y el Estado uruguayo asumió la tendencia
liberal dominante. En políticas sociales, y en especial en vivienda, se retrajo,
seleccionando beneficiarios por ingresos (primer y segundo quintiles), a los
cuales otorgaba subsidios totales y parciales, y no participó ya en arreglos con
organismos públicos y privados de tipo corporativo. La demanda por vivien-
da se establecía en la época en aproximadamente 80.000 familias ubicadas en-
tre grupos de ingresos bajos y medio bajo. El Ministerio de Vivienda, Ordena-
miento Territorial y Medio Ambiente (mvotma), creado con una impronta
liberal, no respondió a la solución del déficit habitacional contabilizado en
60.000 a 80.000 hogares, de los cuales más de la mitad correspondía a grupos
de bajos ingresos. En esta etapa, el destino social fue residual y estuvo asocia-
do a la intervención del mercado como proveedor financiero y constructivo.
Con la asunción del primer gobierno del Frente Amplio (fa) en 2005, la
propuesta del Uruguay Social9 reivindicó la vocación universalista e integral
de las políticas públicas, sin desconocer que el componente de emergencia
social que se abatía sobre el país requería una intervención urgente y focaliza-
da (Vázquez, 2004, p. 19). Pero entre el programa que pretendía la inmediata
solución a la demanda consolidada por vivienda calculada en 80.000 familias
y la práctica de abatimiento del déficit no se produjeron resultados. En este
sentido, se entró en un proceso de recomposición institucional que empezó
a cambiar a mitad del período la orientación social del área. Hasta marzo de
2010 fueron muy escasas las acciones que se implementaron con destino so-
cial por parte del mvotma. La tensión social alertó a la política partidaria,
que reclamó desde el Parlamento soluciones urgentes, para paliar una situa-
ción en franco crecimiento a partir de la crisis económica de 2002.
Plan Juntos de emergencia habitacional
En el segundo gobierno del fa (2010-2015), presidido por José Mujica, la
vivienda social se convirtió en la nave insignia del gobierno. Su entrada en
agenda se materializa con el plan quinquenal del mvotma que anuncia la
drástica reducción del déficit a través de planes que asocian al Estado, el mer-
cado y la sociedad. Pero la dinámica ministerial no acompasó los tiempos
políticos del presidente, que a fines del primer año de su mandato anuncia
la puesta en práctica de una iniciativa que no depende de la institucionali-
dad formal del sector. El plan Juntos (pj) emerge como una iniciativa política
frente a la inercia del área institucional (Magri, 2011).
9 Programa social del Frente Amplio propuesto en 2004 en la campaña electoral.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
140 ALTAÏR JESICA MAGRI
El universo que justifica el plan
A fines de la primera década del siglo xxi, la indigencia10 en caída sostenida
desde el año 2004 (ine, 2012a)11 se manifestaba en un 0,6% de la población, y
la pobreza,12 en un 12,6% de la población uruguaya. Estos indicadores alcan-
zaron sus valores más altos en la capital y su área metropolitana y en las prin-
cipales capitales departamentales del interior del país. El déficit de vivienda
en situación de indigencia alcanzó al 100%, en la cual la mayoría no alquila
ni es propietaria de terreno o vivienda. El techo para las familias indigentes
y muy pobres se constituye de casillas de madera, cartón u otros materiales
livianos y se sitúan en el entorno laboral de estas familias que subsisten de
la recolección y clasificación de residuos domiciliarios u otras tareas de baja
calificación y remuneración.
Los hogares potencialmente participantes del pj exceden el concepto
de indigencia registrado, involucrando segmentos de pobreza. El pj aspira
a cubrir un déficit de 15.686 hogares en todo el país, donde el área metro-
politana de Montevideo y los departamentos linderos con Brasil manifiestan
los porcentajes más altos (Montevideo el 42,9% del total de los hogares del
Departamento; Canelones, el 16%; Rivera, Artigas y Tacuarembó promedian
el 5%).13 En la composición familiar predomina la familia uniparental con je-
fatura femenina (el 39,9%), y la población infantil y adolescente en condición
de pobreza e indigencia representa el 59,9% de estos segmentos de población
(ine 2011 y 2012b).
Respecto a la vivienda en materia de condición, el 21,4% de la población
habita con o sin permiso, el 7,5% carece de servicio sanitario en la vivienda y
el 3,5% está en condiciones de hacinamiento,14 el 98% tiene conexión eléctrica
y el 90% tiene acceso al agua potable en condición formal o informal (los lla-
mados colgados). En relación con la calidad de la vivienda, el 41,6% presenta
algún tipo de problema estructural y el 11% problemas múltiples. El número
de asentamientos irregulares en todo el país asciende a 562, con aproxima-
damente 61.500 viviendas, donde habitan casi 257.000 personas. En el 76,8%
de los asentamientos predominan las viviendas construidas con materiales
durables —principalmente bloques—, mientras que en el resto, la mayor
cantidad de viviendas son de materiales de desecho, como madera y chapas
10 Definida como personas que no superan el ingreso mínimo que les permite cubrir sus necesi-
dades básicas, principalmente las alimentarias.
11 En números, la indigencia se manifiesta en el entorno de 15.000 personas y la pobreza sobre un
universo de aproximadamente 40.000 personas, sobre un total de tres millones trescientos mil
habitantes.
12 Pobreza define a aquellas personas que tienen más de una necesidad básica insatisfecha.
13 El ine registra 1.061.559 hogares en el total del país, de los cuales 15.686 (1,5%) entrarían en el pj.
14 Más de tres personas por dormitorio.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 141
(ine, 2012a). De estas cifras, casi la mitad son consideradas objetivo por el
pj. Cabe acotar que existen planes con similares objetivos como el Programa
de Integración de Asentamientos Irregulares (piai), constituido en 1999, o el
Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (mevir), fun-
dado en 1966, que siguen suministrando soluciones a través del mvotma.
Los sustentos teóricos
El objetivo principal del pj es proveer vivienda, apuntando al desarrollo la-
boral, la inserción social y la participación ciudadana. Dos grandes líneas ar-
gumentan esta propuesta. Por un lado, se apela a la regeneración de vínculos
deteriorados por la pobreza y la marginación: ciudadanía, familia y barrio. La
noción del barrio es fundamental en la concepción del pj, invoca la noción
de pertenencia e identidad territorial como valores de construcción humana
y del nosotros ciudadano, porque en situaciones de segregación territorial y
habitacional los lazos sociales y políticos se manifiestan débilmente o no se
construyen. Los asentamientos irregulares por lo general no suponen organi-
zación previa, las familias ocupan por sus propios medios un espacio de tierra
ajena, en un ambiente donde las instituciones sociales no tienen historia pre-
via. Las condiciones de relacionamiento son rudimentarias y distintas a las
convencionales. Sin certezas de permanencia, los lazos de vecindad no pesan,
desmotivando la organización de base para demandas. La participación de
los beneficiarios es vista como propiciador de la integración familiar y social
de los individuos y como herramienta de capacitación laboral.
Por otro lado, el Estado no ha sabido reconocer el cambio social en sus
expresiones más extremas. Omiso en políticas sociales e infraestructura, en
la periferia urbana marginal, no actúa a su favor como motor legitimador
de obligaciones y derechos de ciudadanía, haciendo depender de sus propias
fuerzas a los ciudadanos “irregulares”.
En el pj el relacionamiento es visto a través de la participación y la soli-
daridad, apelando a la sociedad a integrarse como técnicos y mano de obra;
trata de sensibilizar a la opinión pública acerca de las condiciones de supervi-
vencia de sus conciudadanos. Al sector productivo se lo convoca a través de la
razón social de la empresa, con donaciones monetarias y materiales de obra.15
La fundamentación de la necesidad del pj, en palabras del presidente y
su entorno, apela a elementos subjetivos del relacionamiento intrasocietal y
socioinstitucional, introduciendo un concepto de solidaridad que reclama al
15 El presidente Mujica declaraba que “… si en dos años, medio millón de uruguayos aportan $100
por mes, los más carenciados tendrán una casa que no se llueva y buscará la forma de que eso
ocurra” (Semanario Búsqueda, 25/5/2011). A este respecto, el presidente dona al pj el 70% de
su sueldo y se reclama de la corporación política partidaria el mismo camino.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
142 ALTAÏR JESICA MAGRI
individualismo dominante y a las propias tendencias de desprendimiento de
responsabilidades del Estado actual.
La estrategia política
Establecer un plan público dependiente de la solidaridad privada requiere de
diferentes estrategias para consolidarlo. El presidente apuntó a varias líneas:
apoyos eventuales del aparato estatal, legitimación normativa, sustento civil,
innovación en el perfil comunicacional, que fueron conformando un estilo
particular de gobernanza participativa y autogestionaria.
Soportes institucionales
Instaurar un proyecto por fuera del ministerio correspondiente necesitaba
de mediaciones con los partidos y con la propia arquitectura burocrática. Las
aspiraciones a partir del pj son amplias, porque van mas allá de la mera cons-
trucción de viviendas, apuntando al entorno de la vulnerabilidad individual y
social. Cumplir estas metas globales, por su amplitud sectorial, necesita de la
integración institucional en un Estado centralista como el uruguayo.
Según sus objetivos, el pj aspira a la coordinación interinstitucional de
todos los organismos competentes o que tienen que ver con la problemática
(gobierno central, departamentales, municipales; entes autónomos; empresas
y servicios descentralizados públicos). Sin embargo, plantea en los hechos
una coordinación puntual y parcial, no dando cabida cierta a otros organis-
mos públicos en el proceso de decisión y planificación del programa. Con
baja dependencia con el aparato público, deliberadamente evita entrar en re-
lación con prácticas ya instaladas con fuerza suficiente como para absorber
cualquier probable éxito o en contrario bloquear el plan. La coordinación
interinstitucional encuentra obstáculos por esta opción política de aislamien-
to sectorial, situando a las instituciones como proveedoras de materiales y
cuerpos técnicos.16 Esto resulta contradictorio, visto desde los objetivos plan-
teados, porque si bien pj apunta a una intervención integral —vivienda y há-
bitat—, no promueve ningún tipo de gestión compartida y no tiene capacidad
de controlar todas las variables que componen sus metas.
La dirección está a cargo de los ministros de Vivienda y de Desarrollo
Social, apoyados por tres académicos y técnicos reconocidos que planifica-
ron, implementan y dirigen el proyecto. Los ministros actúan como nexos
políticos, tienen capacidad de orientar y decidir acciones, así como relacio-
16 ancap, con chatarra y cemento portland; el Ejército, con hierro proveniente de fundición
de armas; el Banco de la República, con venta de inmuebles estatales; antel, con telefonía
celular; los gobiernos departamentales, con maquinaria, entre otros. En dólares americanos se
recolectaron en dos años 958.924, más donaciones en materiales o trabajo, por ejemplo, presi-
diarios que construyeron bloques.
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EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 143
narlo con otros recursos probables. Los técnicos deciden sobre implementa-
ción (infraestructura y entorno social). En el año 2011, se conformó la Fun-
dación Juntos en la órbita civil, como mecanismo de captación de recursos
extra presupuestales y como herramienta de apoyo para la implementación
de los programas. En 2012, se creó un fideicomiso con la Corporación Na-
cional para el Desarrollo que como agente fiduciario se responsabiliza de la
contratación de bienes y servicios y de recursos humanos. El control de las
acciones está a cargo de la Auditoría Interna, que rinde cuentas a la Audito-
ría General de la Nación.
Cuadro 1. Estructura político-técnica del Plan Juntos.
Presidencia
ministros
Equipo técnico
y auditoría
interna
Fundación Fideicomiso
Juntos Juntos
Estrategias comunicacionales
La comunicación pública hasta finales de 2011 fue exclusiva del presiden-
te y muy escasos parlamentarios de su partido (Presidencia de la República,
2011). Al contrario de otros planes desarrollados por el mvotma, su ex-
posición es oficial. La comunicación con el universo objetivo se realiza con
técnicos sociales que llegan a los barrios y se comunican con los vecinos in-
volucrados y con el entorno social que convivirá con el emprendimiento de
realojo. Uno de sus objetivos es que la vivienda y el territorio actúen como
fundadores de identidad y pertenencia, para lo cual es preciso proveer a la
vivienda de terrenos e infraestructura. El plan prevé la relocalización o la
mejora del sitio de acuerdo a sus condiciones de habitabilidad y salubridad.
Los asentamientos irregulares se localizan en terrenos fiscales, municipales o
privados. A los efectos de esta última modalidad, la ley prevé en su articulado
la posibilidad de expropiación del terreno. Si el terreno es público, se dispone
su transferencia al plan como cartera de viviendas de interés social.
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144 ALTAÏR JESICA MAGRI
Recursos
La financiación del pj es baja en comparación con la de otros programas aná-
logos (el programa mevir que cuenta con 45 millones de dólares por año y
el piai está asociado a la cooperación internacional). El pj depende del pre-
supuesto nacional asignado al mvotma, que aporta el 70%, y del recupero
de deudas y donaciones en un 30%. En 2011 y 2012, operó con cinco millones
de dólares, y está previsto para 2013 un incremento que le otorgará diez mi-
llones. Los bajos recursos inciden en la continuidad del plan, que sobrevivió
con escasos aportes individuales. La aprobación del proyecto de ley que lo
legitimaba, en reiteradas oportunidades encontró en principio poco eco en
los partidos. La oposición tenía desconfianza17 por la precariedad y el volun-
tarismo con que se desarrollaba el plan: la multiplicidad de similares progra-
mas existentes; la contratación directa de recursos humanos y materiales sin
control administrativo y político parlamentario;18 las compras sin licitación;
la partidización militante de un problema social al alentar el voluntarismo.19
Sin embargo, oponerse tampoco era buena inversión política ante un tema
de alta sensibilidad social, por lo que a fines del año 2011 se reglamentó su
existencia a través de la Ley n.º 18.829 con votación parlamentaria unánime
en lo general, y parcial en lo particular.20
Modalidades de intervención
Se establecieron varias modalidades de intervención: oferta de vivienda nue-
va, mejora de las ya existentes, y relocalización de asentamientos no regula-
rizables por factores diversos. En todas se apunta a relacionar la zona con el
barrio preexistente en el entorno y a facilitar la infraestructura de servicios
de comunicación (calles, transporte). De acuerdo a los datos aportados por el
propio pj, en dos años se han realizado intervenciones en 19 asentamientos
irregulares que involucran a 2.000 hogares y 10.000 ciudadanos (13% del total
previsto). La selección se realizó por las condiciones de localización (zonas
inundables, hacinamiento, construcciones deficientes y carencia de servicios
17 “La explosión de las excepciones […] constituye un crecimiento pernicioso de la discrecionali-
dad del Estado, lo que debilita las garantías en lugar de fortalecerlas.” Senador Chiruchi, Partido
Nacional (Cámara de senadores, 2011, p. 124).
18 “… se está creando una unidad que va a manejar millones de dólares y que estará ajena al con-
tralor parlamentario; nos parece que esto constituye un decaimiento de los controles parlamen-
tarios que deben existir en un ordenamiento jurídico.” Senador Bordaberry, Partido Colorado
(Cámara de senadores, 2011, p. 125).
19 “… la situación y la calidad de vida de los más humildes, donde el Uruguay debe demostrar
mayor madurez y compromiso político, descartando toda posibilidad de que sean objeto de
maniobra o especulación electoral.” Senador Chiruchi, Partido Nacional (Cámara de senadores,
2011, p. 125).
20 Legisladores de los partidos Nacional y Colorado votaron en contra de los artículos referentes
al control del gasto.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 145
esenciales como agua y electricidad), de acuerdo a los registros preexistentes
del ine y del mides. En este sentido, entre 2010 y 2012, se cubrió un 11%
del universo objetivo del plan (15.686 hogares), en el cual predominó amplia-
mente la línea de vivienda nueva.
Cuadro 2. Plan Juntos: proyectado y en ejecución (2010-2012).
Vivienda Total n.º de asentamientos
Mejoras
nueva hogares intervenidos
Área Metropolitana de Montevideo 928 490 17
Interior país 279 71 12
Total de soluciones 1.207 561 1.768 29
Fuente: Memoria anual 2012, Plan de Integración Socio-Habitacional Juntos, Presidencia de la República.
Estrategias con el voluntariado
Se apeló con relativo éxito a gremios obreros y estudiantiles, y cooperativas,
para el aporte de mano de obra voluntaria, y la relación con el mercado se re-
dujo al aporte económico desde la perspectiva de la razón social de la empre-
sa. La apuesta a la solidaridad ciudadana, empresarial y gremial no ha resul-
tado la esperada. De acuerdo al informe 2011, las donaciones empresariales
y particulares cubren el 50% de los aportes realizados, con montos altos de
pocos empresarios, correspondiendo la otra mitad al sueldo del presidente,
donaciones de empresas estatales y venta de inmuebles públicos. La participa-
ción de mano de obra voluntaria se nutre fundamentalmente de los gremios
estudiantiles, sindicatos de la construcción y cooperativas de ayuda mutua,
que de acuerdo a los datos aportados contribuyen con mano de obra u otros
aportes. Estos resultados, menores a lo esperado, pueden estar dando cuenta
de que la estrategia de silencio comunicacional a que se llamó el pj desde
un comienzo resultó en la desinformación de la población en su conjunto,
acostumbrada a recibir insumos informativos motivacionales a través de los
medios de comunicación.
Selección, autoayuda y posesión
Una condición para acogerse al plan es la existencia previa de organización
barrial, y las iniciativas comienzan por la selección de los beneficiarios a par-
tir de contactos con técnicos que promueven previamente el interés en una
nueva solución y la participación. La asistente social Delia Soria, una de los
directores del plan, relata que “Los vecinos identifican a quienes se hallan
en situaciones familiares de mayor fragilidad” (Presidencia de la República,
2011, p. 14) y aportan a la labor de los técnicos en la información acerca de las
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
146 ALTAÏR JESICA MAGRI
familias. Según el arquitecto Carlos Acuña, presidente de la comisión direc-
tiva del pj, se “Trata de construir la demanda” (Presidencia de la República,
2011, p. 14), en un tejido social casi inexistente, generando confianza en los
técnicos. El rol de los beneficiarios es la autoconstrucción del núcleo del cual
son parte y tienen derecho a la posesión y al entorno generando espacios co-
munes (parques y salones comunales).
Complejidades intrínsecas al plan
El pj se ha presentado como una original manera de resolver en forma de
asistencialismo voluntario problemas que hacen a la responsabilidad del Es-
tado. Planteamos algunas observaciones, con el objetivo de abrir un ausente
debate público.
En primer lugar, su planteamiento interpela al Estado desde la políti-
ca y la sociedad acerca de valores y principios que hacen a la naturaleza del
bienestar y del republicanismo. Si bien es cierto que la esfera estatal no ha
dado respuestas consistentes en este aspecto, tal planteo se da de bruces con
la concepción de que la misma fuerza política en el gobierno trata de recrear
acerca del concepto de ciudadanía política y social, y del rol estatal como
puntales de la democracia republicana. Ciudadanía y Estado dan forma a un
concepto y práctica de la gobernanza legítima, donde el Estado tiene la res-
ponsabilidad de proveer bienes con formas de relacionamiento aceptadas por
todos. La gobernanza es una orientación del Estado hacia la sociedad que
regula, en la cual la visión que tome de los problemas sociales da la pauta de
los mecanismos y hasta qué punto se inmiscuye. Por lo que, esta estrategia del
pj, de relacionamiento directo entre política y sociedad, se convierte en un
arma de doble filo para los objetivos de base propuestos, porque la ciudadanía
y los derechos se ejercen en sociedad con el resguardo del Estado, de lo que
se deduce que, si este no está, poco espacio de amparo aporta a futuro. En
este estilo de conducción aislado del contexto institucional debilita la esfera
pública en dos sentidos de lo que Evans (2007) identifica como dos soportes
del Estado moderno: el control democrático participativo de:
La participación democrática “de base”, que asegura que los fines administra-
tivos reflejen las necesidades y los deseos de los ciudadanos comunes, y que
el proceso administrativo sea transparente y esté sujeto al control público.
Y la oportunidad de generar capacidad en la burocracia para responder a los
problemas sociales.
Respecto a la solidaridad social, la intención de regenerar lazos y remo-
ver las tendencias de segregación y autosegregación entre grupos sociales se
identifica con el modelo de gobernanza autogestionaria, depositada en los
grupos - objetivo. Trata de involucrar a grupos marginales de la sociedad, en
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 147
una labor que estos por sí mismos no tienen capacidad de desarrollar y nece-
sitan del concurso externo. A la vez, provee las herramientas para relacionar-
se e integrarse con otros grupos sociales y de mercado (valores y habilidades
cognitivas, confianza y experiencia personal y grupal). Estos principios son
positivos porque propenden a reducir brechas sociales, pero la duda surge
acerca de los mecanismos aplicados.
La estrategia política es un primer mecanismo para generar umbrales
mínimos de bienestar en grupos que escapan a la atención del Estado. Esta-
blece una complicada relación de cuasi asistencialismo político-público —la
ayuda depende de voluntades personales y no de funciones públicas—; y de
filantropía social. Esto deja alta precariedad en su sostenibilidad por su fal-
ta de institucionalización pública (aún con ley mediante) y por la capacidad
de movilizar voluntad privada. Estos dos conceptos que se manejan tienen
distinto significado aunque en el discurso del plan no se aprecian fronteras
definidas: la solidaridad apela al nosotros ciudadano, intenta integrar al cuer-
po social en un fin común aun reconociendo las diferencias entre grupos; la
filantropía en cambio invoca concepciones subjetivas que escapan al concep-
to de cuerpo social y de ciudadanía de derechos.
El segundo mecanismo de convocatoria promueve la organización en
dos planos: por un lado, la generación de redes autogestionarias de los aportes
públicos y privados; y por otro lado, la generación de redes civiles de ayuda
dirigidas a la recomposición del tejido social. La pregunta surge acerca de
la factibilidad de congeniar planos distintos de interés: el interés individual
o grupal por acceder a un bien con el interés de integrarse entre distintos
colectivos a través de la voluntad social. Esto tendría que ver más con el con-
cepto de ciudadanía que con el de voluntad. Porque la brecha social que se
manifiesta en la exclusión de unos por la autoexclusión de otros en el terri-
torio hace a una serie de debilidades manifiestas desde hace décadas en las
sociedades urbanas, y dice de incapacidades del Estado para zurcir la trama
social. Pero aun incapaz, el rol es de la institucionalidad estatal mediada por
la orientación política que coyunturalmente ocupe el centro político. Sin este
soporte, la organización es precaria y sin sustentabilidad cierta. En este caso,
guiado por un liderazgo político, se pretende, soslayando el peso del aparato
estatal, recomponer las fracturas que el sistema de acumulación y el propio
Estado promovieron décadas atrás.
Un tercer mecanismo tiene que ver con las nuevas tendencias sociales
del progresismo de izquierda. En tanto acción política con pretensión dis-
tributiva, el pj se sitúa como una solución híbrida entre el asistencialismo
tradicional y la filantropía finiseculares, y nuevas tendencias de atención a
la vulnerabilidad social en perspectiva política de cuño progresista del siglo
xxi, porque, por un lado, subsidia el total de la solución habitacional exi-
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
148 ALTAÏR JESICA MAGRI
giendo contrapartidas (concepto liberal) de construcción; y por otro lado, se
apoya en criterios de lo que llamamos anteriormente tercera etapa del bienes-
tar: promueve la organización social, la ayuda mutua y el conocimiento de los
derechos de ciudadanía con eje en la posesión de la vivienda y el uso del há-
bitat. Sin embargo, aun tomando la segunda interpretación, esta intención in-
tegradora continúa siendo funcional a la segregación y segmentación social,
porque acota el desarrollo social y ciudadano a territorios periféricos de las
ciudades, espacios segregados del movimiento urbano y social de la ciudad
consolidada. Puede considerarse como una acción que mantiene su rasgo de
residualidad, porque a pesar de estar volcada a generar bienes individuales y
colectivos no tiene relación con otros factores que ligaron históricamente las
políticas sociales con el sistema de previsión: derecho a la vivienda e inserción
plena en el sistema.
A modo de reflexiones finales
La distribución de bienes por parte de la esfera pública está fundamentada en
el cumplimiento de los derechos sociales de la ciudadanía y la potenciación
de los derechos políticos. El bien colectivo universal es el pilar que sostiene el
concepto del Estado de bienestar. La distribución tiene como cometido gene-
rar en la ciudadanía la asunción del derecho a través de los diferentes frentes
de demanda que se forman en su entorno y a los cuales tiene posibilidad de
integrarse, la organización gremial o corporativa. La distribución en el caso
del pj no estaría apuntando plenamente hacia esta orientación. Si bien aporta
una solución inmediata, no tiene por sí mismo potencia transformadora para
el desarrollo social, necesitando ser parte de un plan más amplio, integrándo-
se a la arquitectura estatal, lugar de resguardo de prácticas y controles a través
de la institucionalización.
Es reconocido que la balcanización institucional inhibe acciones de ca-
rácter integral, propiciando la aparición de programas que atacan la vulne-
rabilidad desde distintos sectores, solapándose entre sí las más de las veces.
Sin embargo, estas soluciones ad hoc que escapan a la trama institucional
tampoco tienen perspectivas de sustentabilidad en el mediano o largo plazo,
porque elaboran sus acciones sobre grupos pequeños que son inducidos a
organizarse para acceder a un bien, donde la garantía de cobertura está aco-
tada a las posibilidades de inversión del plan. Puede suceder como expresa
Midaglia (2012, p. 85) que:
… la singularización y el aislamiento de propuestas públicas no hacen más
que propiciar la fragmentación del sistema de provisión de bienes sociales y
facilitan así la instalación de programas pobres para grupos pobres.
Cabe preguntarse qué tipo de gobernanza predomina o si conviven lógicas
diferentes entre el Estado y el gobierno con orientación progresista, donde
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EL PLAN JUNTOS DE EMERGENCIA HABITACIONAL EN URUGUAY 149
el segundo no puede domesticar al primero y se justifican entonces en cierta
manera las iniciativas personales que intentan, a pura voluntad, recuperar
sectores de la sociedad.
Por otro lado, su ubicación en el seno del Poder Ejecutivo se convierte en
otro factor de vulnerabilidad del plan. Como ha sucedido en diversas ocasiones,21
los programas focalizados en este entorno, que depende exclusivamente del in-
terés y voluntad del mandatario de turno, terminan siendo desarmados ante la
aparición de nuevas agendas en el natural recambio gubernamental. La falta de
institucionalización del pj se convierte así en un factor de riesgo principal para
su continuidad. De hecho, como hemos observado, la financiación del plan
marca una diferencia importante respecto a otros programas de vivienda social
focalizada que se desarrollan en la trama ministerial.
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21 En la década de los noventa, programas impulsados por los gobiernos con cooperación inter-
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Metropolitana de Montevideo son los casos más visibles de corta vida de programas ejecutados
sin institucionalidad sectorial.
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RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
LA MAYORÍA DE LAS PERSONAS SON
OTRAS PERSONAS
UN ENSAYO SOBRE
MULTICULTURALISMO EN OCCIDENTE
Felipe Arocena
Estuario Editora. Montevideo, 2012,
310 pp. ISBN 978-9974-699-03-8
Por Martín Gamboa1
El fenómeno del multiculturalismo y el de las sociedades multiculturales co-
menzó hace algunos años a ser foco de discusión, no sólo en el ámbito acadé-
mico, sino también dentro de la esfera pública y política. Si bien las primeras
investigaciones tienen su origen en el mundo anglosajón, actualmente la mul-
ticulturalidad ha pasado a ser moneda corriente en casi todas las metrópolis
de Europa, ee. uu. y Sudamérica.
En ese sentido, el multiculturalismo tiene como principal foco de estu-
dio y atención la interacción entre “culturas” distintas dentro de un mismo
territorio, lo que en la literatura antropológica se conoce con el nombre de
relaciones interculturales.
No obstante, Felipe Arocena, en las primeras páginas del libro, comien-
za realizando una división de corte metodológico y epistemológico en torno
a las nociones de sociedad multicultural y multiculturalismo. Basándose en
diversos autores que abordan el fenómeno del multiculturalismo en la actua-
lidad (Will Kymlicka, Bhikhu Parekh, Charles Taylor), escinde la existencia
de un Estado o sociedad multicultural del multiculturalismo como política.
Para Arocena, una sociedad puede ser multicultural en los hechos, pero esto
no significa que el Estado en cuestión practique el multiculturalismo como
1 Antropólogo. Área de Estudios Turísticos - Unidad Regional Norte. Facultad de Humanidades y
Ciencias de la Educación, Universidad de la República. E-mail: martingamboa10@[Link]
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152 RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
política cultural y nacional. La diferencia radica en que la noción de multi-
culturalidad hace alusión únicamente a la diversidad cultural y a la existencia
de grupos etnoculturales, mientras que el multiculturalismo constituye una
política de reconocimiento de esa diversidad.
Según el autor: “… casi todos los países en la actualidad son multicultu-
rales, pero unos pocos incluyen el multiculturalismo como política” (p. 51).
De esta manera, pasa a enumerar el estado actual de las políticas culturales en
relación con los países que analiza a lo largo del libro: Canadá y Bolivia (paí-
ses multiculturales que adoptaron el multiculturalismo), Uruguay y Francia
(países multiculturales que no adoptaron el multiculturalismo como políti-
ca), España (país que adoptó el multiculturalismo de acuerdo a sus regiones)
y Brasil (Estado multicultural que aún no ha resuelto las políticas culturales a
desarrollar en relación con la población afrobrasileña e indígena).
Multiculturalismo: ¿Teoría de la cultura en construcción o política de Estado?
Una de las principales disyuntivas del multiculturalismo consiste en que los
grupos etnoculturales sean reconocidos y aceptados en un Estado, sin ser
discriminados o segregados. Para ello, existen tres modalidades de derecho:
el autogobierno, los derechos étnicos y los derechos de representación. Con
respecto al primero, este consiste en que el grupo étnico pueda dirigir su vida
política, social y cultural por algún tipo de organización que quede fuera de
la institución Estado. Los derechos étnicos sirven para la protección contra
cualquier forma de racismo y la defensa de ciertos símbolos que son impor-
tantes para la reproducción de esa cultura (por ejemplo, kipá judía, fular mu-
sulmán). El último tipo de derecho asegura una cierta representación para
el grupo etnocultural —como puede ser el federalismo o la representación
proporcional— en el plano político.
En relación con la cuestión de los denominados “derechos culturales”,
Arocena extrae dos conclusiones generales. La primera señala que no existe
una contradicción entre las nuevas demandas de reconocimiento de la diver-
sidad cultural y la institucionalidad del Estado. La segunda conclusión hace
alusión a una aparente incompatibilidad que se generaría entre los derechos
colectivos de las minorías étnicas y los derechos individuales del ciudadano
en una democracia liberal. De esta forma, esta aparente contradicción sería
una falsa oposición, ya que no se puede hablar de un antagonismo entre am-
bos tipos de derechos, sino de una cierta tensión.
De ahí la necesidad de pensar lo que Arocena denomina una “ciudadanía
compartida”, conformada por individuos de diferentes naciones y etnias. Esta
ciudadanía de carácter multicultural permitiría la posibilidad de expresar al
mismo tiempo un sentir ciudadano vinculado al Estado, sin que los grupos
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS 153
etnoculturales sean asimilados por este. Tal posibilidad generó una transfor-
mación conceptual y legal del concepto ciudadanía.
En varios países de Occidente actualmente se comienza a admitir la do-
ble ciudadanía (sin la necesidad de elegir forzosamente una de las dos), lo que
repercutió en forma inmediata en la identidad de las minorías étnicas. Quizás
sin proponérselo, la doble ciudadanía trajo consigo la aparición de las nociones
de doble identidad o identidad guionada. Uno de los principales aportes que
aparece en el libro establece una relación entre la ampliación del concepto de
ciudadanía y la apertura de la noción de identidad. Individuos que anterior-
mente estaban obligados a realizar una elección forzosa entre dos identidades
hoy expresan su “pertenencia a dos culturas simultáneamente” (p. 52).
Actualmente es frecuente leer en periódicos y escuchar en informativos
a personas que se autodefinen como cubano-americana, sueco-uruguaya, íta-
lo-argentina, etcétera. La aparición de estas identidades guionadas desembo-
có en lo que se conoce como el “giro multicultural”. Este giro ha contribuido
a redefinir y replantear la noción clásica de democracia, y la oportunidad de
construir “nuevas democracias multiculturales”.
A su vez, ha puesto sobre la mesa la ilusión de concebir una identidad
“única” —homogénea y cristalizada—, lo que en muchas ocasiones ha deve-
nido en conductas racistas y actitudes xenófobas.
“La mayoría de las personas son otras personas”
La famosa frase del escritor y dramaturgo británico Oscar Wilde atraviesa
todo el libro de Arocena, siendo parte constitutiva de los principales aborda-
jes de la investigación. De esta manera, no sólo da origen al título del libro: La
mayoría de las personas son otras personas. Un ensayo sobre multiculturalismo
en Occidente, sino que además tiene la virtud de sintetizar la principal idea-
fuerza del trabajo.
En tal sentido, la creencia de que es posible categorizar a una persona
según su origen étnico y religión en una identidad cristalizada y monolítica
comienza a ser deconstruida. Según el autor: “… la frase de Wilde nos re-
mite a varias posibles interpretaciones” (p. 39), lo que implica que existe un
abanico de perspectivas plausibles en relación con lo que significa “ser una
persona”. Una de las posibles interpretaciones de la frase de Wilde remite a la
construcción especular de la identidad. Se sabe que parte de la identidad se
encuentra tamizada por lo que los otros piensan de nosotros. Toda identidad
se constituye a través y mediante un Otro, lo que implica que también seamos
otras personas debido a la imagen que incorporamos desde afuera. Otra in-
terpretación es la sugerida por Amartya Sen, quién señala que un sujeto tiene
muchas facetas, lo que posibilita que una persona pueda ser en su vida varias
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
154 RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
personas, incluso al mismo tiempo. La tercera interpretación se focaliza en la
conexión entre identidad y subjetividad. Este vínculo (que muchas veces ha
sido pasado por alto) es lo que relanza la pregunta acerca de “saber quién es
uno realmente”.
Los enfoques actuales sobre el concepto “identidad” critican las visiones
sustancialistas que perduraron durante mucho tiempo, entendiendo que no
se la puede concebir como algo permanente y estático en una persona. En el
transcurso de la vida, una persona va cambiando sus opiniones, valores, pa-
receres, sexualidad, gustos, metas, etcétera, lo que impide congelar de una vez
y para siempre ciertos rasgos en un momento determinado de su existencia.
Como señala Arocena: “… a lo largo de una vida vamos cambiando constan-
temente, la pregunta por saber quién es uno realmente acompañará a toda
persona que tenga una mente abierta y receptiva” (p. 39).
La subjetividad de un sujeto nunca podrá ser imantada a su identidad, ya
que una persona puede ser muchas personas incluso al mismo tiempo. El no
isomorfismo entre subjetividad e identidad ha sido señalado en varios traba-
jos por el analista en movimientos sociales Alberto Melucci, quien ha investi-
gado la semántica del término identidad. Según Melucci: “… le mot identité…
est sémantiquement inséparable de l’idée de permanence”,2 lo que nos lleva a
pensar en las propias limitaciones internas que tiene este concepto. Tales limi-
tantes son desarrolladas por Arocena, cuando exhibe una gama de ejemplos
y situaciones en los cuales resulta imposible inmovilizar a un sujeto en una
categoría determinada. Por ello, a través de la circulación por diversos gru-
pos y contextos, ninguna persona podrá ser cristalizada y congelada de una
vez y para siempre. Incluso, una persona puede sentir que pertenece a varios
grupos al mismo tiempo, sin implicar que su identidad se encuentre en crisis
o genere una contradicción interna. Una de las tesis que aparece desplegada
en el libro sostiene que el sentido de pertenencia de un sujeto transita por
las vías de la subjetividad, es decir, constituye siempre “materia de elección”.
Sin embargo, en algunas ocasiones, la pertenencia a un grupo determinado
no depende de la libre elección del sujeto. En estos casos la identidad de una
persona se ve constreñida por el poder y la dominación.
En el mismo orden, la identidad no constituye una extensión del yo de-
bido a la pertenencia a una comunidad (como sostiene Charles Taylor y los
comunitaristas), sino que en la mayoría de los casos el sujeto posee un espacio
autónomo para decidir con qué grupos se sentirá identificado. En este punto
es donde se produce un distanciamiento entre los comunitaristas y la postura
de Amartya Sen. Según Sen, los teóricos del comunitarismo comenten un
2 La cita de Alberto Melucci se encuentra en el artículo de Rogers Brubaker: “Au-delà de
l’«identité»” en Actes de la recherche en Sciences Sociales, (139)1, setiembre 2001. Francia: Ed.
Seuil, p. 73.
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RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS 155
error al pensar que la identidad de la comunidad constituye la identidad do-
minante de una persona.
Las críticas de Sen deconstruyen esta tesis, exhibiendo la múltiples va-
riaciones que existen en el seno de una comunidad, en la dimensión religiosa,
política, étnica, etcétera. Esas variaciones justamente dan lugar a diferencias
significativas de la identidad.
Para Arocena, la flexibilización de la noción de identidad y su concep-
ción no esencialista habilitaría el diálogo intercultural.
Nuevos horizontes de subjetividad
La relevancia de la frase de Wilde reside no sólo en su ambigüedad, como
afirma Arocena, sino también en la concepción pluralista y en la multiplici-
dad de modos de existencia que puede adquirir una persona a lo largo de la
vida. Esto determina que en el fondo: “… nunca estaremos del todo seguros
de quiénes somos” (p. 42).
De esta manera, una persona nunca llega a cerrarse sobre sí misma, lo
que garantiza de antemano la posibilidad de incorporar otras formas de sentir
y pensar que no se encuentran insertas en su comunidad natal. En ese senti-
do, el autor vuelve a poner sobre la mesa la cuestión del nexo entre identidad
y subjetividad, y su relación con la diversidad. En ciertos contextos, la iden-
tidad y la subjetividad de una persona son isomórficas, en otros pueden ser
lo opuesto. El isomorfismo y el no-isomorfismo incluso pueden manifestarse
al mismo tiempo. Esto significa que nunca seremos sólo “una” persona, sino
que siempre somos múltiples personas.
En su homenaje a Gilles Deleuze, el filósofo Jean-François Lyotard3 se-
ñalaba esa parte de todo ser humano que nunca llega a ser conocida por los
demás. Según Lyotard, el derecho al no-man’s land constituye uno de los pila-
res fundamentales de los derechos del hombre. Incluso va más allá, y sostiene
que: “… el derecho a este no man’s land se halla en los albores de los derechos
del hombre” (Lyotard, ob. cit., p. 83).
Esta región desconocida de todo ser humano es mencionada por la es-
critora Nina Berberova en su novela Le Roseau Révolté (1988). En esta obra la
narradora distingue una existencia aparente y una existencia inaparente o no
conocida.4 Para la autora de Le Roseau Révolté, sería la existencia inaparente la
más dulce y singular de toda persona. Aun en situaciones de intolerancia extre-
ma, como en un régimen totalitario o fundamentalista, esta existencia secreta
continúa sin ser oprimida o aniquilada. Al respecto, Berberova escribía lo si-
3 Jean-François Lyotard. “Línea general” en Moralidades posmodernas. Madrid: Tecnos, 1998.
4 “Está la existencia aparente y la otra, por todos desconocida, que nos pertenece por completo”
(Berberova en Lyotard, ob. cit., p. 83).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
156 RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
guiente: “Sea dicho de paso, la Inquisición o el Estado totalitario no sabrían ad-
mitir esta segunda existencia que escapa a su control” (Lyotard, ob. cit., p. 83).
George Orwell describía, en su novela 1984, la resistencia de un hombre ante el
intento de sojuzgar la “segunda existencia” a cargo de los dispositivos del poder.
Es en la “segunda existencia” (como la llama Lyotard) donde no sólo po-
demos encontrarnos a nosotros mismos, sino también a las demás personas
que son parte constitutiva de nuestro yo. Dentro de esta existencia secreta,
gravitan y tienen lugar las reflexiones de Oscar Wilde en De Profundis. Cuan-
do Arocena, en las últimas páginas del libro, se dedica a analizar cómo en el
fondo no somos más que: “… un conjunto de yoes a veces en armonía a veces
en guerra” (p. 292), nos está remitiendo a una región de las personas que
nunca será conocida por las demás e incluso quizás por el propio sujeto. Tal
concepción queda resumida en su frase: “Y como si esto fuera poco, además
nos cuesta enormemente saber cómo y quiénes somos realmente” (p. 292).
Esta oración sintetiza la imposibilidad de saber quiénes somos, quiénes cree-
mos que somos y quiénes somos para los demás.
Si “la mayoría de las personas son otras personas”, como escribió Wil-
de alguna vez, toda persona constituye varias personas y es constitutiva de
otras personas. De esta manera, la creencia de ser uno mismo en sí y para sí
queda derribada. La llamada integración cultural y gestión de la diversidad
(tan en boga en la actualidad) no pueden entenderse sino es a partir de una
concepción antiesencialista de las personas. Esto determina que no existen
culturas, identidades y personas que sean inmutables y estáticas en el tiempo.
Como decía Lyotard: “No se trata de uno mismo, sino de encontrar algo. Se-
guramente sea no man porque no son necesarios esos ratos para encontrar al
man” (Lyotard, ob. cit., p. 84).
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
UNIVERSALIZAR LA EDUCACIÓN MEDIA
EN URUGUAY
AUSENCIAS, TENSIONES Y DESAFÍOS
Verónica Filardo y María Ester Mancebo
Universidad de la República, Comisión
Sectorial de Investigación Científica.
Montevideo, 2013,
248 pp. ISBN 978-9974-0-0932-5
Por Gustavo De Armas1
La publicación del libro Universalizar la educación media en Uruguay, en el
que se presentan los resultados y conclusiones de la investigación sobre el
tema que coordinaron Verónica Filardo y María Ester Mancebo, y en la cual
también participaron Cecilia Llambí, Julia Pérez y Anaclara Planel, constituye
una muy buena noticia para todos los actores interesados en el cumplimiento
efectivo del derecho a la educación y en las contribuciones que esta pueda
realizar al desarrollo del país, la integración social y la valores democráticos.
Se trata de un trabajo pertinente, en tanto aborda uno de los asuntos prin-
cipales —sino el más relevante en estos momentos— para el país, y también
oportuno, en la medida que se suma al debate sobre los desafíos que debe en-
frentar la educación en tiempos de inevitable proyección programática, como
son los últimos años de todo período gubernamental: en suma, se trata de
un trabajo que debe ser bienvenido, abordado con atención y considerado en
el momento de reflexionar sobre los posibles cursos de acción política para
lograr ese objetivo que nos provoca desde su título.
Universalizar la educación media constituye un objetivo exigente (la ex-
periencia de los países que lo han alcanzado así lo avala), en tanto implica
1 Especialista en Política Social de la Oficina en Uruguay del Fondo de las Naciones Unidas para
la Infancia. Profesor adjunto de la Universidad de la República. Los contenidos de esta reseña
bibliográfica sólo comprometen la opinión de su autor.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
158 RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
que todos accedan a la educación media —lo que, obviamente, supone haber
logrado antes la universalización del egreso de la educación primaria—, que
todos logren aprendizajes significativos, desarrollen competencias y logren
avanzar dentro de este nivel de enseñanza, y, por último, que todos logren
culminar el ciclo. Por cierto, la universalización del acceso, la permanencia y
el egreso —en términos estadísticos— no significa la absoluta inexistencia de
adolescentes que no logran estas metas, pero sí que su peso es poco significa-
tivo y decreciente. De hecho, sólo algunos pocos países entre los más desarro-
llados han logrado, en forma efectiva, universalizar el egreso de la educación
media, con tasas de graduación superiores al 90% o 95%. ¿Cuán lejos se halla
Uruguay de esa meta? Bastante, si se tiene en cuenta que entre 1991 y 2011 el
porcentaje de jóvenes de 21 a 23 años de edad que culminaron la educación
media superior fue en promedio el 35%, con un mínimo de 31% en 1998 y un
máximo de 42% en 2011, de acuerdo a los datos de las Encuestas de Hogares
del ine, procesados por anep.
Teniendo en cuenta la complejidad del tema —esto es, el carácter multi-
dimensional que debe tener cualquier intento serio de explicación de los altos
grados de desvinculación y los bajos índices de graduación en la educación
media que exhibe Uruguay—, el libro se propone examinar sus principales
aristas: entre otras, el sentido de la obligatoriedad de la educación media y
los factores socioeconómicos y estrictamente educativos que determinan las
trayectorias escolares, así como las percepciones y opiniones de los adoles-
centes acerca de las razones por las cuales han abandonado los estudios. Este
es uno de los principales méritos o virtudes de este libro: sin pretender una
comprensión exhaustiva del tema, logra abordar sus principales dimensiones
desde miradas disciplinarias complementarias. En los primeros capítulos, el
lector podrá encontrar desde una mirada normativa e institucional (el primer
capítulo sobre El derecho a la educación y la obligatoriedad escolar), hasta en-
foques propios de la sociología de la educación (el segundo capítulo dedicado
a examinar el acceso a la educación media, las trayectorias educativas y los
resultados, o el tercero destinado a analizar las opiniones de los adolescentes
y los jóvenes). Precisamente entre las contribuciones que esa mirada propia
de la sociología de la educación realiza, una que merece especial destaque es
haber colocado el foco en las trayectorias educativas como prisma para expli-
car el —anunciado, predecible y, por lo tanto también, prevenible— gradual
proceso de desvinculación educativa, que a menudo comienza en la educa-
ción primaria —o incluso antes— y siempre culmina o se cristaliza al llegar a
la educación media. La desvinculación en este segundo tramo de la educación
básica es el producto de trayectorias escolares, que en muchos casos han esta-
do signadas o jalonadas por experiencias de repetición en la escuela, por una
asistencia irregular a clase, e incluso por episodios intermitentes de abandono
escolar. Otra de las contribuciones que este trabajo realiza es el análisis de la
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS 159
información disponible acerca de las opiniones de los adolescentes y jóvenes
sobre el abandono, explorando los datos de la Encuesta Nacional de Adoles-
cencia y Juventud que realizó el Ministerio de Desarrollo Social en 2008. El
examen de estos datos no sólo permite construir una explicación más integral
de estos fenómenos, sino también dar voz al principal sujeto social del que-
hacer educativo.
Si bien el libro no está dividido en secciones, el lector podrá advertir
un conjunto de capítulos finales que, en cierto sentido, gozan de unidad y
conforman una suerte de segunda parte de este volumen. Los últimos cinco
capítulos —a saber, Los desafíos sociales de la obligatoriedad; ¿Qué educación
media queremos?; Los desafíos pedagógicos en el marco de una oferta homo-
génea; Los desafíos institucionales, y Los desafíos económicos— identifican
cinco tensiones, cinco “nudos críticos”, cinco campos o áreas en las que se
plantean dilemas o alternativas. Algunos de los interrogantes y dilemas que
recogen esos capítulos son los siguientes: ¿la sociedad uruguaya y su sistema
educativo —no sólo su subsistema mayor, el dependiente de anep que reúne
a más del 80% del alumnado, sino también el subsistema privado— podrá
afrontar los retos que entraña la construcción de una educación inclusiva,
con capacidad de albergar las diversidades que necesariamente la universali-
zación del acceso determina, o mantendrá formatos concebidos para una po-
blación reducida, homogénea y uniforme? ¿La educación tendrá la capacidad
de incorporar efectivamente una vocación universalista —especialmente en
el tramo medio—, o intentará preservar o restaurar un modelo originalmente
concebido a comienzos del siglo pasado para los sectores altos y medios? ¿Los
programas destinados a la inclusión educativa que han sido ensayados en los
últimos años podrán impactar hondamente en el diseño de las instituciones,
en las prácticas docentes y en los imaginarios prevalecientes, o estarán conde-
nados a la periferia de sistemas resistentes a la innovación?
Por último, este trabajo brinda al lector —especialmente a los hacedores
de políticas, pero también a quienes bregan por una mayor dotación de recur-
sos fiscales para la educación pública— un último capítulo que atiende a los
desafíos económicos que plantea la efectiva universalización del acceso a —y
la permanencia en— la educación media. Los ejercicios planteados en esas
últimas páginas —proyecciones, simulación de escenarios, estimaciones, et-
cétera— resultan especialmente útiles en tanto aportan información impres-
cindible acerca del esfuerzo fiscal y macroeconómico que el Estado uruguayo
y todos sus contribuyentes deberían realizar para lograr —o al menos para
generar las condiciones que permitan— que todos los adolescentes accedan
a la educación media. Empero, quizás el aporte más novedoso de este último
capítulo es mostrar los efectos positivos que en términos de eficiencia interna
depararía la reducción de los muy altos índices de repetición que la educación
media registra, amén del impacto (más importante aún) que este abatimiento
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
160 RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
produciría en la vida de miles de adolescentes que terminan abandonando la
educación tras reiteradas —e infructuosas— experiencias de repetición (rei-
teración) de cursos. Los altos índices de repetición —contemplados desde
una perspectiva económica— tornan menos eficiente el sistema, en tanto lo
obligan a destinar recursos a la repetición de grados, en perjuicio de una am-
pliación cuantitativa y una mejora cualitativa de la educación.
Como cierre, un reconocimiento a la apuesta institucional que respal-
dó la realización de esta investigación y la difusión de sus resultados a través
de esta publicación. El debate sobre la efectiva universalización de la edu-
cación media en Uruguay, o más en general sobre la mejora de la calidad
educativa, la reducción de las disparidades en los aprendizajes y la inclusión
de todos respetando los rasgos particulares y las señas de identidad —en
suma, el debate sobre cómo construir una buena educación— demanda mi-
radas constructivas, rigurosas y sistemáticas, aunque no por ello exentas de
legítima pasión. Nada menos fecundo para tal debate que asumir posturas
maniqueas, que no sean capaces, siguiendo a Jürgen Habermas, de recono-
cer las pretensión de validez de los enunciados de todos los que intervienen
en una discusión pública. Este aporte de la Universidad de la República se
inscribe, a nuestro juicio, en esa postura constructiva, imprescindible para
propiciar un buen debate público sobre el ejercicio efectivo del derecho a
la educación.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
NORMAS EDITORIALES PARA LA PRESENTACIÓN DE ARTÍCULOS
ORIGINALES PARA LA REVISTA DE CIENCIAS SOCIALES
Reglas generales El/la editor/a de la Revista hace llegar al
autor las evaluaciones, quien tendrá dos
La Revista de Ciencias Sociales del De-
semanas para realizar las modificaciones
partamento de Sociología, Facultad de
al artículo, en caso de que corresponda. Si
Ciencias Sociales de la Universidad de la
alguno de los evaluadores emite el fallo “Pu-
República, es una publicación semestral y
blicable, sujeto a modificaciones mayores”, al
arbitrada. Recibe artículos inéditos de cien-
recibir la evaluación, el/los autor/es deberán
cias sociales, que no hayan sido enviados ni
considerar las sugerencias aportadas y espe-
se encuentren en proceso de evaluación en
cificar, en carilla aparte, las modificaciones
otras publicaciones. Los trabajos originales
que realizan en el artículo. Posteriormente,
deben ser enviados a la siguiente dirección:
los árbitros confirmarán que sus observa-
<revista@[Link]>. Se deberá adjuntar
ciones y sugerencias han sido contempladas.
CV del/la o los autores.
Una vez iniciado el proceso de evalua-
Selección y Arbitraje ción por árbitros externos, en el caso de que
el/los autor/es decidan retirar el artículo
El Comité Editorial decide, sin conocer al presentado, el Comité Editorial no aceptará
autor del artículo, si el tema del trabajo se trabajos de su autoría para los tres números
encuentra dentro de la temática de la Revis- siguientes de la Revista.
ta. En caso de ser aceptado, el autor deberá
firmar una carta en la cual declara que el
El texto
artículo es inédito y no está siendo evalua-
do por otra publicación. Una vez recibida Es requisito que las páginas del trabajo es-
la carta, el artículo se envía en forma anó- tén numeradas secuencialmente y configu-
nima, para su evaluación, al menos a dos radas en tamaño A4 (21 x 29,7 cm) a inter-
árbitros externos (nacionales o extranjeros) lineado sencillo, fuente Times New Roman,
de trayectoria reconocida en la temática que en cuerpo 12.
se plantea. Los árbitros no conocen la iden-
tidad del autor y el autor ignora la identidad La presentación
de los árbitros, de acuerdo al sistema cono-
cido como “doble ciego”. En un plazo de tres La primera página del texto deberá incluir el
semanas, los árbitros hacen sus observacio- título del artículo (en español e inglés) y el/
nes, mediante un formulario con diversos los nombre/s de el/los autor/es, con una nota
ítems (propósito del artículo, análisis y dis- al pie con la referencia de cada uno de ellos,
cusión teórica, metodología, lenguaje, con- indicando titulación, cargo docente, área de
clusiones, bibliografía, etcétera) y un juicio investigación y dirección electrónica.
final de acuerdo a estas posibilidades: El texto deberá tener una extensión total
Q
Publicable. máxima de 50.000 caracteres (con espacios).
Q
Publicable con cambios mínimos. El artículo deberá incluir un resumen
Q
Publicable sujeto a modificaciones mayores. en castellano y en inglés de un máximo de
Q
No publicable. 800 caracteres (con espacios) y hasta cinco
palabras clave, en los dos idiomas.
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
162 NORMAS DE PUBLICACIÓN
Títulos doctor) y eclesiásticos (obispo, arzo-
bispo, cardenal).
Q
En negrita, tamaño 12, Times New Ro-
man. Q
Los nombres de los días de la semana y
los meses del año.
Extensión máxima medida en caracteres
con espacios:
Q
Título principal: 50. Porcentajes
Q
Título secundario o “colgado”: 45. Se deben usar cifras seguidas del símbolo de
porcentaje (%) para indicar un valor por-
Q
Subtítulos: 60. centual, excepto cuando este se encuentre al
Se recomienda incluir un subtítulo cada principio de una frase. En tal caso, hay que
4.000 caracteres, aproximadamente. (Esto escribirlo en letras (por ejemplo. Treinta y
permitirá que aparezca por lo menos un cinco por ciento…).
subtítulo por página).
Cuadros, gráficas e ilustraciones
Uso de itálicas Dado que el interior de las publicaciones se
El uso de itálicas se reservará para desta- imprime en blanco y negro, todos los cua-
car aquellos conceptos o ideas-fuerza que dros, gráficas e ilustraciones que se incluyan
el autor quiera resaltar. En ningún caso en el texto deberán estar elaborados utili-
deberá usarse negrita o subrayado a estos zando tonos de grises contrastados, rayados
efectos. Las itálicas se aplicarán también o punteados. Las tablas y las gráficas deben
a todos los términos en idioma extranje- entregarse en formato editable (Word o Ex-
ro. En este caso, deberán ir seguidos de la cel) sin incrustar.
traducción entre paréntesis la primera vez Los cuadros o gráficas deberán ir nu-
que aparecen en el texto. merados correlativamente con números
arábigos antes del título, como por ejem-
Uso de mayúsculas y minúsculas plo: Cuadro 1: Tasas de escolarización por
Se escribirá mayúscula inicial en los si- edades y nivel de ingresos per cápita de los
guientes casos: hogares. Año 2006.
Q
Después de punto seguido o punto y En cada cuadro, gráfica o ilustración
aparte, o al principio de un escrito. deberá indicarse la fuente, como por ejem-
plo: Fuente: Encuesta Continua de Hogares
Q
En los nombres propios, incluyendo del ine, setiembre 2007.
aquellos que designan instituciones
y que es necesario diferenciar de la En el caso de que el texto incluya mapas,
misma palabra pero con significado estos deberán contener solamente los elemen-
diferente, como por ejemplo: Gobier- tos imprescindibles, evitando aquellos que es-
no/gobierno, Iglesia/iglesia, Estado/ tén excesivamente recargados de dibujo o de
estado. texto. Siempre se deberá indicar la fuente.
Se escribirá con minúscula inicial: Citas textuales
Q
Los nombres que designan cargos Las citas textuales deben figurar entre co-
políticos (ministro, presidente, jefe, millas, y no se utilizará negrita ni itálica
secretario), grados militares (gene- para resaltarlas. Las citas bibliográficas se
ral, comandante) o títulos nobiliarios indicarán en el texto, o al final del párrafo
(marqués, duque, conde), académicos correspondiente, de la siguiente forma: en-
(catedrático, ingeniero, licenciado, tre paréntesis, con apellido del autor, año de
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
NORMAS DE PUBLICACIÓN 163
la edición, y página/s citada/s, si correspon- Referencia a un artículo de revista:
de. En el caso de que se cite a más de tres Quinteros, Ángela María (2008) “Trabajo social,
autores, se incluirá el apellido del primero familias y dilemas éticos”, en Trabajo Social:
seguido por “et al.”. Revista Regional de Trabajo Social, 44(22),
setiembre-diciembre, pp. 52-62.
Ejemplo de cita textual incluyendo cita
bibliográfica al finalizar el párrafo: Referencia a un capítulo:
Caetano, Gerardo (1991) “Notas para una revi-
“… y requerirá de una cohesión de las sión histórica sobre la ‘cuestión nacional’ en
fuerzas políticas muy fuerte, que impli- el Uruguay”, en Achugar, Hugo. Cultura(s) y
cará seguramente la constitución de un nación en el Uruguay de fin de siglo. Monte-
frente político con raíces muy amplias video: Fesur, pp. 17-45.
en la sociedad, y con un decidido apoyo Cuando el libro, artículo o capítulo tenga
popular”. (Gambina et al., 2002, p. 119) cuatro o más autores, se debe mencionar el
Siempre que en una cita se omita parte del primero que aparece, seguido por “et al.”.
texto se escribirán tres puntos entre cor- Para los recursos tomados de la web:
chetes, de la siguiente manera: […]. Del
Citar los datos según se trate de un libro, ar-
mismo modo, cualquier aclaración que no
tículo de libro, revista o artículo de diario o
pertenezca al texto citado se escribirá entre
periódico. Incluir la fecha en que se accedió
corchetes.
al sitio web y se tomó la cita, así como la di-
Notas al pie de página: no se usarán para rección electrónica o url entre < >. Ejemplo:
referencias bibliográficas, sino sólo para
PNUD Informes sobre desarrollo humano [on-
aclaraciones terminológicas. Por razones de line] (actualizado febrero 2011) Disponi-
diagramación, debe señalarse con números ble en: <[Link] [acceso
superíndices consecutivos en el texto. 15/2/2011].
Referencias bibliográficas Ilustraciones
Se debe prestar atención a la puntuación y a El/los autor/es del artículo podrá/n propo-
los espacios en las referencias. ner imágenes (dibujos, fotos, obras de arte,
etcétera) que estime/n interesantes para
Ejemplos de referencias en el texto ilustrar su artículo.
Para un solo autor:
Q
Touraine (1980) o ‘ver Touraine (1980)’ Otras consideraciones
Q
Touraine (1980, p. 250) o ‘ver Touraine Los plazos máximos de entrega se dan a co-
(1980, p. 250)’ nocer cuando se realizan los llamados para
la presentación de propuestas de dossier o
Q
Touraine (1980, 1989; 2000, p. 25) o ‘ver artículos temáticos.
Touraine (1980, 1989; 2000, p. 25)’
Los autores de los artículos publicados en
Para varios autores: la Revista deberán firmar una carta de cesión
Q
Touraine (1980); Delgado (1982); Ga- de los derechos de propiedad intelectual.
rretón, (1999, p. 13) Los autores de artículos publicados re-
Q
(Touraine, 1980, p. 10; 1989, p. 232; cibirán dos ejemplares de la revista.
Delgado 1982a, 1982 b)
Ejemplos de referencias en la bibliografía Comité Editorial
Revista de Ciencias Sociales
Referencia a un libro:
Departamento de Sociología
Bourdieu, Pierre (2002) El oficio de sociólogo. Facultad de Ciencias Sociales
Buenos Aires: Siglo XXI. Universidad de la República
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
INDEX
Dossier
Recent changes in rural society
Presentation .................................................................................................................... 7
Diego E. Piñeiro
Strategies of succession in family farming
A gender perspective...................................................................................................... 17
Alejandra Gallo and Irene Peluso
Meeting the needs of capital
From the labor intermediary to the agricultural services company ....................... 35
Matías Carámbula, Soledad Figueredo and Mariela Bianco
Income poverty analysis of the Uruguayan
rural households from 2000 to 2009
Changes and divergent paths ....................................................................................... 53
Joaquín Cardeillac Gulla
Agriculture expansion and capitalist farming
The case of Argentina ..................................................................................................... 73
Carla Gras
Rethinking rural development in “marginal zones”
in southern Brazil
The contribution of postcolonial studies ..................................................................... 93
Márcio Zamboni Neske, Jalcione Almeida and Guilherme F. W. Radomsky
Articles
Global chains and rural work
The blueberries production in Uruguay ....................................................................... 113
Alberto Riella, Mauricio Tubío and Rosario Lombardo
The emerrgency housing Plan Juntos in Uruguay
Gobernment response when the state fails to meet its goals ................................. 133
Altaïr Jesica Magri
Book reviews
Most people are other people:
an essay on multiculturalism in the West
By Felipe Arocena............................................................................................................ 151
Martín Gamboa’s review
Universal secondary education in Uruguay: absences, tensions and challenges
By Verónica Filardo and María Ester Mancebo............................................................. 157
Gustavo De Armas’s review
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
DOSSIER
ÍNDICE
Dossier
Cambios recientes en la sociedad rural
Presentación ................................................................................................................... 7
Diego E. Piñeiro
Estrategias sucesorias en la ganadería familiar
Un enfoque de género .................................................................................................... 17
Alejandra Gallo e Irene Peluso
Resolviendo las necesidades del capital
Del intermediario laboral a la empresa de servicios agrícolas................................. 35
Matías Carámbula, Soledad Figueredo y Mariela Bianco
Análisis de la pobreza de ingresos en los hogares rurales
de Uruguay entre 2000 y 2009
Transformaciones y caminos divergentes .................................................................. 53
Joaquín Cardeillac Gulla
Expansión agrícola y agricultura empresarial
El caso argentino ............................................................................................................ 73
Carla Gras
Reinterpretando o desenvolvimento rural
em “zonas marginalizadas” no sul do Brasil
A contribuição dos estudos pós-coloniais .................................................................. 93
Márcio Zamboni Neske, Jalcione Almeida e Guilherme F. W. Radomsky
Artículos
Cadenas globales y trabajo rural
La producción de arándanos en Uruguay ................................................................... 113
Alberto Riella, Mauricio Tubío y Rosario Lombardo
El Plan Juntos de emergencia habitacional en Uruguay
Respuestas gubernamentales cuando el Estado no alcanza sus metas ............... 133
Altaïr Jesica Magri
Reseñas bibliográficas
La mayoría de las personas son otras personas:
un ensayo sobre multiculturalismo en Occidente
De Felipe Arocena............................................................................................................ 151
Por Martín Gamboa
Universalizar la educación media en Uruguay: ausencias, tensiones y desafíos
De Verónica Filardo y María Ester Mancebo ................................................................. 157
Por Gustavo De Armas
Revista de Ciencias Sociales, DS-FCS, vol. 26, n.º 32, julio 2013.
REVISTA DE
CIENCIAS SOCIALES 32
Dossier
Cambios recientes en la sociedad rural
Presentación
Diego E. Piñeiro
Estrategias sucesorias en la ganadería familiar
Un enfoque de género
Alejandra Gallo e Irene Peluso
Resolviendo las necesidades del capital
Del intermediario laboral a la empresa de servicios agrícolas
Matías Carámbula, Soledad Figueredo y Mariela Bianco
Análisis de la pobreza de ingresos en los hogares rurales
de Uruguay entre 2000 y 2009
Transformaciones y caminos divergentes DEPARTAMENTO DE
Joaquín Cardeillac Gulla SOCIOLOGÍA
Expansión agrícola y agricultura empresarial
El caso argentino
Carla Gras
Reinterpretando o desenvolvimento rural
em “zonas marginalizadas” no sul do Brasil
A contribuição dos estudos pós-coloniais
Márcio Zamboni Neske, Jalcione Almeida e Guilherme F. W. Radomsky
Artículos
Cadenas globales y trabajo rural
La producción de arándanos en Uruguay
Alberto Riella, Mauricio Tubío y Rosario Lombardo
El Plan Juntos de emergencia habitacional en Uruguay
Respuestas gubernamentales cuando el Estado no alcanza sus metas
Altaïr Jesica Magri
Reseñas bibliográficas
La mayoría de las personas son otras personas:
un ensayo sobre multiculturalismo en Occidente
De Felipe Arocena
Por Martín Gamboa
Universalizar la educación media en Uruguay:
ausencias, tensiones y desafíos
De Verónica Filardo y María Ester Mancebo ISSN 0797-5538
Por Gustavo De Armas