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Época de La Dependencia (Resumen)

La época de la dependencia en América, marcada por el dominio español, transformó profundamente la sociedad, economía y cultura de los pueblos indígenas a través de la conquista y la imposición de sistemas como la encomienda y la evangelización. A pesar de la resistencia indígena y la persistencia de creencias andinas, la colonización consolidó una jerarquía social desigual y una economía basada en la explotación de recursos. El legado de este período sigue presente en las desigualdades sociales y culturales en la sociedad peruana actual, evidenciando la lucha por la autonomía y la autodeterminación de los pueblos americanos.

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Época de La Dependencia (Resumen)

La época de la dependencia en América, marcada por el dominio español, transformó profundamente la sociedad, economía y cultura de los pueblos indígenas a través de la conquista y la imposición de sistemas como la encomienda y la evangelización. A pesar de la resistencia indígena y la persistencia de creencias andinas, la colonización consolidó una jerarquía social desigual y una economía basada en la explotación de recursos. El legado de este período sigue presente en las desigualdades sociales y culturales en la sociedad peruana actual, evidenciando la lucha por la autonomía y la autodeterminación de los pueblos americanos.

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Época de la dependencia (resumen)

El establecimiento del dominio español en América marcó un cambio fundamental en la


organización de la sociedad, la economía y la cultura de los pueblos originarios. La
conquista del Perú no solo implicó la imposición de un nuevo orden político y económico,
sino también la transformación profunda de las estructuras sociales mediante
mecanismos como la encomienda y la evangelización. En este contexto, el proceso de
colonización estuvo determinado por factores tanto internos como externos, en un marco
de cambios globales impulsados por la expansión europea. A finales del siglo XV y
principios del XVI, Europa experimentaba profundas transformaciones. El Renacimiento
propició avances en la navegación y el conocimiento geográfico, mientras que el
surgimiento de los estados modernos consolidó monarquías centralizadas. En este
escenario, los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, impulsaron la
unificación territorial de España y la expansión ultramarina, financiando los viajes de
exploración y conquista. La mentalidad de cruzada, arraigada en la lucha contra los
musulmanes, influyó en la forma en que los españoles percibieron a los pueblos indígenas,
a quienes consideraron infieles que debían ser convertidos. El mercantilismo, con su
énfasis en la acumulación de metales preciosos, impulsó la búsqueda de nuevas fuentes
de riqueza en América. La necesidad de encontrar rutas comerciales alternativas hacia
Asia, debido al control de las rutas tradicionales por otras potencias europeas, fue un
factor clave en la financiación de los viajes de Colón. El descubrimiento de América en
1492 por Cristóbal Colón inició un período de dominación colonial que se consolidó con la
fundación de virreinatos, entre ellos el del Perú en 1542. La llegada de Francisco Pizarro y
sus expediciones entre 1524 y 1532 marcaron el inicio de la conquista del Imperio Inca.
Con el respaldo de la Corona española, Pizarro capturó a Atahualpa en Cajamarca en 1532,
consolidando su control tras su ejecución. La toma de Cusco en 1533 y la fundación de
Lima en 1535 sellaron el dominio español en la región. Sin embargo, la resistencia incaica
persistiría por varias décadas, con figuras como Manco Inca, quien organizó una rebelión
en Vilcabamba hasta su caída en 1572. Para consolidar el control sobre la población
indígena y garantizar la explotación de recursos, se instauró el sistema de encomiendas.
Este modelo otorgaba a los encomenderos derechos sobre el trabajo y tributo de los
nativos a cambio de su evangelización y protección. En la práctica, la encomienda se
convirtió en una herramienta de explotación que debilitó las estructuras tradicionales y
favoreció la jerarquía colonial. Los encomenderos a menudo exigían tributos excesivos y
sometían a los indígenas a trabajos forzados en las minas y haciendas. A pesar de las
reformas introducidas por las Leyes Nuevas de 1542, los abusos persistieron, generando
conflictos entre la Corona y los encomenderos. Uno de los pilares del dominio español fue
la imposición del cristianismo a través de la evangelización. La Iglesia Católica, con el
apoyo de la Corona, organizó misiones religiosas lideradas por franciscanos, dominicos y
jesuitas, quienes buscaron erradicar las prácticas religiosas autóctonas. La "extirpación de
idolatrías" llevó a la destrucción de templos y santuarios andinos, así como a la
persecución de sacerdotes indígenas. La destrucción del Coricancha, el templo principal
del Imperio Inca en Cusco, y la construcción de iglesias católicas sobre sus ruinas
simbolizan la imposición del cristianismo. Además, según el libro "La transformación
religiosa peruana" de Manuel M. Marzal se adentra en el complejo proceso de
evangelización en los Andes, desvelando una realidad que trasciende la simple imposición
de una religión sobre otra. Se argumenta que la evangelización no condujo a la sustitución
total de las creencias andinas, sino a una profunda transformación, un entrelazamiento de
elementos cristianos y andinos que dio origen a un "cristianismo andino" con identidad
propia. Este nuevo sistema religioso se caracteriza por la persistencia de prácticas y
creencias prehispánicas, aunque estas se ven modificadas y adaptadas al nuevo contexto.
Se destaca el siglo XVII como un período crucial en la "cristalización" de esta nueva forma
de religiosidad. Durante este siglo, un proceso dinámico en el que elementos cristianos y
andinos coexistieron y compitieron, dando forma a un sistema religioso híbrido y
complejo. A pesar de la evangelización, muchas creencias y prácticas andinas lograron
persistir, adaptándose ingeniosamente al nuevo contexto religioso. El culto a la
Pachamama, los Apus y otras divinidades andinas se mantuvo vivo, aunque impregnado
de sincretismos y modificaciones que reflejaban la influencia del cristianismo. Desde los
primeros años de la colonización, las poblaciones indígenas protagonizaron diversas
formas de resistencia, tanto armada como cultural. La rebelión de Manco Inca en
Vilcabamba, la insurrección de Túpac Amaru I en 1572 y, más adelante, el levantamiento
de Túpac Amaru II en 1780, evidencian la oposición al dominio español. Estas rebeliones
fueron sofocadas con violencia, pero sentaron las bases para los movimientos
independentistas del siglo XIX. El período colonial configuró una sociedad estratificada y
desigual, sustentada en la explotación económica y la imposición cultural. La encomienda
y la evangelización fueron instrumentos clave en la consolidación del poder español,
mientras que la resistencia indígena y los movimientos anticoloniales demostraron la
persistencia de las luchas por la autonomía y la preservación de las tradiciones
ancestrales. Estos procesos históricos no solo explican la configuración de la sociedad
colonial, sino que también marcan el inicio de la lucha por la independencia y la
autodeterminación de los pueblos americanos. El período colonial configuró una sociedad
profundamente estratificada y desigual, donde los españoles peninsulares ocupaban los
puestos más altos de la jerarquía social, seguidos por los criollos, mestizos e indígenas. La
explotación de los recursos naturales, especialmente la plata y el oro, fue un pilar
fundamental de la economía colonial, generando una gran riqueza para la Corona
española. El legado del período colonial sigue presente en la sociedad peruana actual,
manifestándose en las desigualdades sociales, la discriminación racial y la persistencia de
las culturas indígenas. Además, el período colonial configuró una sociedad estratificada y
desigual, sustentada en la explotación económica y la imposición cultural. La encomienda
y la evangelización fueron instrumentos clave en la consolidación del poder español,
mientras que la resistencia indígena y los movimientos anticoloniales demostraron la
persistencia de las luchas por la autonomía y la preservación de las tradiciones
ancestrales. Estos procesos históricos no solo explican la configuración de la sociedad
colonial, sino que también marcan el inicio de la lucha por la independencia y la
autodeterminación de los pueblos americanos. La reforma agraria y sus limitaciones:
Fernando Eguren señala que, a pesar de la redistribución de tierras, la reforma no abordó
problemas estructurales como la falta de acceso a crédito, tecnología y mercados. El
fracaso de las empresas asociativas (CAP y SAIS) evidencia la falta de un modelo de gestión
adecuado y de apoyo técnico. La mera redistribución de la propiedad no garantiza el
desarrollo. Se requiere un enfoque integral que incluya apoyo técnico, financiero y de
mercado. La falta de una visión a largo plazo y de una estrategia de desarrollo rural
sostenible limitó el impacto positivo de la reforma. El impacto de las políticas neoliberales:
Las políticas neoliberales favorecieron la agroindustria de gran escala, orientada a la
exportación, lo que generó concentración de tierras y capital. La desigualdad se manifiesta
en la priorización de la costa sobre la sierra y la selva, donde el gasto público se enfoca en
transferencias en lugar de desarrollo productivo. Las políticas de libre mercado, sin
regulación adecuada, pueden exacerbar las desigualdades existentes. La falta de inversión
en la pequeña agricultura y en las comunidades rurales limita su potencial de desarrollo y
perpetúa la pobreza. El cambio en el "problema de la tierra": El problema ya no es solo la
redistribución, sino la protección de los derechos de las comunidades rurales vulnerables
frente a la expansión de actividades extractivas y la competencia desigual en el mercado.
Las amenazas a las tierras comunales y nativas por parte de empresas mineras y
madereras, así como la migración, generan conflictos y vulnerabilidad. La seguridad
jurídica de la propiedad de la tierra es fundamental para el desarrollo rural sostenible. Es
necesario proteger los derechos de las comunidades rurales y garantizar su participación
en la gestión de los recursos naturales. La necesidad de intervención estatal: El mercado,
por sí solo, no puede corregir las desigualdades estructurales ni proteger los derechos de
las comunidades rurales. Se requiere una intervención estatal sólida para orientar la
modernización agrícola hacia un modelo de desarrollo inclusivo y equitativo. El Estado
debe desempeñar un papel activo en la promoción del desarrollo rural, mediante la
implementación de políticas que fomenten la inversión en la pequeña agricultura, la
protección de los derechos de las comunidades rurales y la promoción de la sostenibilidad
ambiental. Es necesario un cambio en el paradigma de las políticas agrarias, pasando de
un enfoque centrado en la agroexportación a uno que priorice el desarrollo integral de las
comunidades rurales. Es importante recordar que la historia de la colonización es una
historia de violencia, explotación y resistencia. Al estudiar este período, es fundamental
tener en cuenta las perspectivas de los pueblos indígenas y reconocer su papel activo en la
lucha por su supervivencia y su dignidad.

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