Cebolla
En cuanto a su morfología, la cebolla presenta un sistema radicular formado por
numerosas raicillas fasciculadas, de color blanquecino, poco profundas, que salen a partir
de un tallo a modo de disco, o disco caulinar. Este disco caulinar presenta numerosos
nudos y entrenudos (muy cortos), y a partir de este salen las hojas. Las hojas tienen dos
partes claramente diferenciadas: una basal, formada por las vainas foliares engrosadas
como consecuencia de la acumulación de sustancias de reserva, y otra terminal, formada
por el «filodio», que es la parte verde (puede variar en los tonos) y activa de la planta. Las
vainas foliares engrosadas forman las "túnicas" del bulbo, siendo las más exteriores de
naturaleza apergaminada y con una función protectora, dando al bulbo el color
característico de la variedad. Los filodios presentan los márgenes foliares soldados, dando
una apariencia de hoja hueca. Las hojas se disponen de manera alterna.
En el primer año de cultivo tiene lugar la «bulbificación» o formación del bulbo. Dicha
bulbificación tiene lugar como consecuencia de un aumento del fotoperiodo (periodo de
iluminación diurna) acompañado de un ascenso de las temperaturas, ya que la cebolla es
una planta de día largo.
El segundo año, al producirse unas condiciones ambientales favorables, tiene lugar la fase
reproductiva. Esto se traduce en la emisión de un tallo o escapo floral que alcanza en torno
a 1 m de altura, hueco en su interior y abombado en su parte basal. Este escapo culmina
en un "capuchón" formado por tres brácteas que, en el momento de la floración, se abren
dejando al descubierto la inflorescencia. Esta es de tipo umbela y presenta numerosas
flores monoclamídeas de color blanco-verdoso. Las flores están formadas por 6 pétalos,
6 estambres y un gineceo tricarpelar sincárpico con ovario súpero y trilocular, con dos
primordios seminales por cada lóculo. La polinización es entomófila. El fruto es de tipo
cápsula, conteniendo semillas pequeñas (1 g = 250 semillas), de color negro, que
presentan una cara plana y la otra convexa. Su viabilidad desciende un 30 % el segundo
año, y un 100 % el tercero.