GEORGE HERBERT MEAD
¿Alguna vez te has preguntado cómo llegamos a ser quiénes somos? ¿Qué papel juegan los demás
en la formación de nuestra identidad? Estas fueron algunas de las preguntas que guiaron el
pensamiento de George Herbert Mead, un sociólogo y filósofo que revolucionó la forma en que
entendemos al individuo dentro de la sociedad. A través de sus ideas sobre el “yo”, el “otro” y la
interacción simbólica, Mead nos mostró que la mente humana no se desarrolla en aislamiento, sino
en constante diálogo con el entorno social.
BIOGRAFÍA
Mead nació el 27 de febrero de 1863 en South Hadley, Massachusetts, en el seno de una familia
intelectual y religiosa. Su padre, Hiram Mead, era pastor congregacionalista y profesor de teología,
lo que influyó en su formación académica y filosófica desde temprana edad. Su madre, Elizabeth
Storrs Billings Mead, también era educadora y posteriormente se convirtió en presidenta del Mount
Holyoke College.
Desde joven, Mead mostró interés por la filosofía y la literatura. Estudió en el Oberlin College,
donde se graduó en 1883 de bachiller en artes. Luego, asistió a la Universidad de Harvard, donde
se formó en psicología y filosofía bajo la influencia de William James y Josiah Royce.
Posteriormente, viajó a Alemania, donde estudió en la Universidad de Leipzig y la Universidad de
Berlín. Durante su estancia en Europa, fue influenciado por el pensamiento de Wilhelm Dilthey y
Wilhelm Wundt, quienes desarrollaron ideas sobre la psicología experimental y la hermenéutica
que impactarían sus futuras teorías.
En 1891, regresó a Estados Unidos y comenzó a enseñar en la Universidad de Michigan, donde
conoció a John Dewey, quien se convirtió en un colaborador cercano y reforzó su vínculo con el
pragmatismo filosófico. En 1894, se trasladó a la Universidad de Chicago, donde trabajó hasta su
fallecimiento en 1931. En esta institución desarrolló su trabajo más importante en sociología y
psicología social.
George Herbert Mead murió el 26 de abril de 1931 a la edad de 57 años, debido a una serie de
complicaciones relacionadas con una enfermedad que padecía, probablemente un tumor en el
sistema linfático, que nunca fue completamente diagnosticado. Su muerte fue relativamente
repentina, ya que estuvo en buena salud hasta poco antes de su fallecimiento.
OBRAS O ESCRITOS:
Mead en vida nunca publico ningún libro, pero sus ideas fueron recopiladas por sus estudiantes;
dando lugar a cuatro libros que fueron publicados póstumamente :
The Philosophy of the Present (1932), editado por Arthur E. Murphy: En esta obra, Mead habla
sobre cómo el "presente" es lo más importante para entender nuestra vida y nuestra identidad. Él
cree que vivimos y nos formamos como personas en el "ahora", y que nuestra experiencia depende
de lo que ocurre en el momento presente, más que de lo que pasó en el pasado o de lo que podría
pasar en el futuro. (Filosofía del Presente)
Mind, Self, and Society (1934), editado por Charles W. Morris: Este libro es una de las obras
más conocidas de Mead. Aquí explica cómo nuestra mente, nuestro "yo" y la sociedad están
conectados. Mead dice que lo que somos como personas se forma gracias a las interacciones con los
demás, y que el lenguaje y la comunicación son clave para entender cómo pensamos y nos
entendemos a nosotros mismos. (Mente, yo y Sociedad).
Movements of Thought in the Nineteenth Century (1936), editado por Merritt H. Moore: en este
libro, Mead analiza las ideas más importantes de la filosofía del siglo XIX. Habla sobre cómo
corrientes filosóficas como el idealismo, el empirismo y el materialismo influyeron en la forma en
que vemos la mente, la sociedad y el conocimiento. (Los Movimiento del Pensamiento en el siglo
XIX)
The Philosophy of the Act (1938), editadas por Charles W. Morris: Aquí, habla sobre cómo las
acciones humanas son lo más importante para entendernos. Según Mead, nuestras acciones, son
fundamentales para cómo pensamos y nos relacionamos con los demás. Para él, la acción conecta
nuestra mente, cuerpo y la sociedad en la que vivimos. (La Filosofía del Acto).
Teoría
Interaccionismo simbólico:
George Herbert Mead es ampliamente reconocido como uno de los principales precursores del
interaccionismo simbólico, ya que es una corriente sociológica que destaca cómo las interacciones
sociales y el uso de símbolos, especialmente el lenguaje, son fundamentales para la construcción de
la identidad y la realidad social.
El interaccionismo simbólico es la base de su obra, Mente, yo y sociedad, esta intenta explicar
como la socialización conduce al surgimiento del yo humano como proceso social. Quiere decir,
que, El "yo" (la identidad de una persona) no nace con nosotros, sino que se forma a través de la
convivencia con otras personas.
Según Mead, aprendemos a ser quienes somos mediante la interacción con los demás,
especialmente por medio del lenguaje, las normas, los juegos y la manera en que nos relacionamos.
No somos “yo” solos, sino que nos construimos en sociedad
Ejemplo sencillo:
Cuando un niño juega a ser mamá, doctor o maestro, está aprendiendo a ver el mundo desde el
punto de vista de otros. Eso le ayuda a desarrollar su identidad. Ese proceso es lo que Mead llama la
formación del yo a través de la socialización.
Es así como Mead desarrollo su teoría paso a paso, comenzando desde como actuamos como seres
vivos, hasta como se forma nuestra mente y nuestro yo. Hare mención de lagunas ideas que mead
tenía sobre el interaccionismo simbólico.
1. El Acto: Para George Herbert Mead, el acto es lo más básico para entender cómo se
comportan las personas en la vida diaria. Es como el punto de partida de todo lo que
hacemos. Él no lo ve como algo automático, como si fuéramos máquinas que solo
reaccionan cuando algo pasa. Más bien, dice que cuando ocurre algo, no actuamos sin
pensar, sino que nos detenemos a reflexionar antes de hacer algo.
Por ejemplo, si alguien nos dice algo que no nos gusta, no necesariamente respondemos con
enojo de inmediato. En lugar de eso, muchas veces pensamos lo que sentimos, lo que
queremos decir, y luego decidimos cómo actuar. Ese proceso de pensar antes de
responder es lo que Mead llama el acto.
Entonces, para él, actuar no es solo moverse o reaccionar sin sentido. Es algo que involucra
nuestra mente y nuestras decisiones. Y esto es importante porque muestra cómo los
humanos usamos nuestra capacidad de pensar para decidir cómo comportarnos,
especialmente cuando estamos en sociedad.
A raíz de esto Mead identifica cuatro fases fundamentales del acto, las cuales son
interrelacionadas y no deben ser vistas como sucesos aislados, sino como un proceso continuo y
dinámico:
1. La fase del impulso: La fase del impulso, según George Herbert Mead, es cuando
sentimos una necesidad o algo nos llama la atención, como un ruido o una emoción. Es
el primer paso antes de actuar. Tanto los animales como las personas sienten estos
impulsos. Pero lo que George Herbert Mead quiere resaltar es que los humanos no
reaccionamos de forma automática como muchos animales. Nosotros no actuamos sin
pensar. En lugar de responder al instante, nos detenemos un momento a pensar qué
hacer.
2. La fase de la percepción: Después de sentir un impulso o una necesidad, viene la fase de
la percepción. En esta parte, la persona se da cuenta de lo que está pasando a su
alrededor. Es decir, empieza a observar, pensar y analizar lo que está sucediendo.
A diferencia de una reacción rápida, como la de un animal, los seres humanos no
actuamos de inmediato. En esta fase, elegimos a qué ponerle atención. Por ejemplo,
Marcos llega a una nueva comunidad. Percibe que las personas se saludan con un apretón
de manos y mantienen distancia. Entonces, entiende que esa es una norma social del lugar
y adapta su comportamiento.. Todo esto muestra que nuestra mente analiza diferentes
opciones antes de actuar. Esta fase es clave porque nos permite actuar con más
inteligencia y no solo por impulso.
3. La fase de la manipulación: En esta fase, la persona ya no solo observa lo que pasa, sino
que empieza a interactuar directamente con la situación o con un objeto, pero lo hace
de forma consciente y con cuidado.
Por ejemplo, si alguien tiene hambre y encuentra una seta (hongo) en el bosque, no se la
come de inmediato. En lugar de eso, la mira bien, la toca, la analiza y tal vez hasta se
pregunta si es venenosa o comestible. Esa forma de actuar muestra que las personas
piensan antes de actuar, en lugar de dejarse llevar solo por el instinto.
a. La fase de la consumación: La fase de la consumación es cuando, después de pensar y
considerar las opciones, la persona actúa según la decisión tomada. En el caso de la seta,
por ejemplo, la persona podría decidir no comerla debido a los riesgos, lo cual demuestra el
uso de la reflexión y la deliberación como base para la acción.
Mead también explica que estas fases no siempre siguen un orden rígido, como si fueran
pasos uno por uno. En realidad, se influyen entre sí. Por ejemplo, mientras estás
manipulando algo, como tocando la seta, podés darte cuenta de algo nuevo que cambia tu
percepción inicial, o incluso hacer que el impulso (como el hambre) se vuelva más fuerte o
desaparezca. Así, todas las fases están conectadas y trabajan juntas, haciendo que nuestras
acciones como seres humanos sean reflexivas, pensadas y adaptadas al entorno social.
1. Gestos: Los gestos son los mecanismos básicos a través de los cuales se inicia este acto
social.
Por ejemplo, si estoy interactuando con alguien, mi gesto provocará una respuesta en esa
persona, y esa respuesta a su vez provocará una nueva acción de mi parte.
Mead usa el ejemplo de una pelea de perros, donde un perro muestra una postura agresiva,
y eso genera una respuesta automática en el otro perro. Este es el principio de lo que llama
una "conversación de gestos".
Mead distingue entre dos tipos de gestos:
Gestos no significantes: Son los gestos automáticos, como una reacción instintiva en una
pelea o en deportes de combate. Por ejemplo, en un combate de boxeo, los luchadores
responden de manera automática a los movimientos del otro sin una reflexión consciente.
Gestos significantes: Son aquellos que requieren reflexión antes de actuar. Estos gestos
son comunicativos, ya que utilizan símbolos (como el lenguaje) que tienen un significado
compartido.
Este tipo de gesto es característico de los humanos, y es lo que nos permite tener
comunicaciones más complejas.
El gesto vocal y su importancia
Un gesto vocal es, por ejemplo, hablar o hacer sonidos que tienen significado. La
diferencia entre los gestos vocales y los gestos físicos (como una mueca facial) es que los
gestos vocales son percibidos tanto por el emisor como por el receptor. Esto genera un
proceso reflexivo en el emisor: al hablar, también escuchamos nuestra propia voz.
Esta capacidad de control sobre los gestos vocales es esencial para el desarrollo humano. El
lenguaje, como forma de gesto vocal, nos permite pensar antes de actuar, y organizar
nuestra sociedad de manera más compleja.
2. Los símbolos significantes: los símbolos significantes son gestos que los seres humanos
utilizan para comunicarse de manera efectiva. Estos gestos se convierten en símbolos
significantes cuando tanto el emisor como el receptor interpretan el gesto de la misma
manera, es decir, cuando provocan una respuesta similar en ambos. El lenguaje, en este
sentido, es un ejemplo claro de símbolos significantes, ya que las palabras generan las
mismas imágenes mentales tanto en la persona que las pronuncia como en la que las
escucha.
Mead destaca que la comunicación solo es posible cuando usamos símbolos significantes.
Los gestos físicos, como los movimientos de las manos o la expresión facial, pueden ser
simbólicos, pero son los gestos vocales, especialmente el lenguaje hablado, los que más
comúnmente se convierten en símbolos significantes.
Para Mead, el pensamiento también depende de estos símbolos significantes. Él lo define
como una "conversación implícita o interna" que tiene lugar dentro de la mente de una
persona. Pensar, en su concepto, es similar a hablar consigo mismo, utilizando los mismos
símbolos que usaríamos en la comunicación social. Además, los símbolos significantes no
solo permiten la comunicación y el pensamiento, sino que también facilitan la interacción
simbólica entre las personas, lo que posibilita una organización social mucho más compleja
que si solo se usaran gestos no significantes.
3. Self (El yo): El "yo" es la capacidad que tiene una persona de verse a sí misma, no solo
como alguien que actúa, sino también como alguien que reflexiona sobre sus acciones. Este
concepto se forma dentro de un proceso social, donde interactuar y comunicarse con otras
personas es clave para su desarrollo. A diferencia de los animales, que actúan por instinto,
los humanos desarrollan su "yo" a través de la interacción con los demás, aunque una vez
que lo tienen, puede seguir existiendo incluso si están solos. Un ejemplo de esto es
Robinson Crusoe, quien siguió teniendo su "yo" incluso estando solo en una isla desierta.
Mead explica que el "yo" está relacionado con la mente y es necesario para su desarrollo.
Aunque el "yo" es un proceso mental, comienza en las experiencias sociales. No se puede
desarrollar sin las interacciones y respuestas de los demás. Esto ocurre cuando una persona
se pone en el lugar de otra y piensa sobre su propia conducta. Al reflexionar, las personas se
ven a sí mismas como un objeto
Reflexionar es muy importante para el desarrollo del "yo", ya que nos permite pensar cómo
los demás nos ven, y así, podemos evaluar y cambiar nuestra forma de comportarnos para
adaptarnos a las expectativas de los demás. Esta capacidad también nos ayuda a ser
conscientes de lo que decimos y cómo debemos responder cuando hablamos con otros.
Mead divide el desarrollo del "yo" en dos etapas importantes cuando somos niños: la etapa
del juego y la etapa del deporte. En la etapa del juego, el niño imagina que es otra persona
(como un médico, un papá, o un superhéroe). Así empieza a entender cómo piensan y
actúan los demás. Pero en esta etapa, todavía no se ve a sí mismo desde afuera, así que su
identidad aún no está del todo formada.
Después, cuando el niño juega deportes en equipo, el proceso va más allá. Ya no solo actúa
como otro, sino que empieza a entender que tiene un rol dentro de un grupo. Los
compañeros esperan que él haga ciertas cosas, y él también espera algo de ellos. Así
empieza a entender mejor cómo funciona una organización y se fortalece su personalidad.
En la etapa del deporte, los niños desarrollan un "yo" más completo porque ya no solo actúa
como otro, sino que empieza a entender que tiene un rol dentro de un grupo. Los
compañeros esperan que él haga ciertas cosas, y él también espera algo de ellos. Así
empieza a entender mejor cómo funciona una organización y se fortalece su personalidad.
En esta etapa, aparece el concepto de "otro generalizado", que es la actitud del grupo o
comunidad a la que pertenecemos. Esta capacidad es clave para formar un "yo" coherente.
El “otro generalizado” es clave para que las personas se integren en la sociedad, porque les
ayuda a entender y cumplir con lo que los demás esperan de ellas. Cuando alguien actúa
pensando en esas expectativas, se vuelve más capaz de convivir y participar en la vida
social.
Aunque podría parecer que el sistema de Mead hace que las personas solo se adapten a lo
que quieren los demás, él también dice que cada persona sigue siendo única. Esto se debe a
que cada uno vive experiencias diferentes y forma parte de distintos grupos, lo que hace que
cada “yo” sea distinto.
Finalmente, Mead introduce los conceptos de "yo" y "mí". El “yo” es la parte creativa,
espontánea e impredecible. No se puede saber exactamente cómo va a actuar alguien desde
su “yo”, y por eso Mead dice que es esta parte la que permite que haya cambios en la
sociedad.
Además, el “yo” es importante por otras tres razones:
1. Es donde están nuestros valores más profundos.
2. Es la parte del “self” que muestra mejor cómo somos realmente.
3. Mientras que en las sociedades antiguas dominaba el “mí” (lo tradicional), en las
sociedades modernas domina el “yo”, que busca innovación y cambio.
En cambio, el “mí” representa la parte de nosotros que se adapta a las normas y
costumbres sociales. Es cuando actuamos pensando en lo que la sociedad espera de
nosotros. Eso lo hace predecible y responsable, pero también significa que la sociedad
tiene mucho control sobre la persona.
4. La sociedad: Para George H. Mead, la sociedad existe antes que la mente y el “yo”
(self). Es decir, primero está la sociedad, y luego, a través de ella, las personas desarrollan
su forma de pensar y su identidad. La sociedad nos moldea y también nos regula, porque
aprendemos a controlarnos al interiorizar las normas y costumbres de la comunidad en la
que vivimos. Este proceso, llamado socialización, ocurre sobre todo a través de la
educación, y es clave para que una persona forme un “yo” completo.
Mead también habla sobre el papel de las instituciones sociales, como la familia, la
escuela, la religión, etc. Él dice que estas instituciones surgen de las costumbres y hábitos
compartidos por una comunidad, y que sirven para regular el comportamiento de las
personas, ya que nos enseñan lo que se espera de nosotros. Pero Mead no ve a las
instituciones como algo rígido o autoritario. Al contrario, cree que pueden ser flexibles y
dejar espacio para la creatividad y la individualidad. Aunque reconoce que algunas pueden
volverse opresivas, no todas tienen que serlo.
Para George Herbert Mead, no nacemos siendo quienes somos: nos construimos en relación
con los demás. Nuestra identidad, mente y forma de actuar surgen de la interacción social.
Gracias a conceptos como el “yo”, el “mí” y el “otro generalizado”, entendemos que la
sociedad no solo nos forma, sino que también nos da la oportunidad de cambiarla. En pocas
palabras, somos sociales por naturaleza… y también creativos por elección.