0% encontró este documento útil (0 votos)
106 vistas26 páginas

Demanda por Accidente In Itinere a ART

Se presenta una demanda contra la aseguradora Galeno por un accidente de trabajo in itinere, solicitando indemnización y prestaciones médicas por un total de $169.230,14, además de plantear inconstitucionalidades en la Ley 24.557. El demandante, Juan David XXXXXX, alega que la aseguradora no cumplió con sus obligaciones, lo que ha resultado en graves secuelas físicas y psíquicas. Se solicita la declaración de inconstitucionalidad de ciertos artículos de la ley mencionada, argumentando que vulneran derechos constitucionales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
106 vistas26 páginas

Demanda por Accidente In Itinere a ART

Se presenta una demanda contra la aseguradora Galeno por un accidente de trabajo in itinere, solicitando indemnización y prestaciones médicas por un total de $169.230,14, además de plantear inconstitucionalidades en la Ley 24.557. El demandante, Juan David XXXXXX, alega que la aseguradora no cumplió con sus obligaciones, lo que ha resultado en graves secuelas físicas y psíquicas. Se solicita la declaración de inconstitucionalidad de ciertos artículos de la ley mencionada, argumentando que vulneran derechos constitucionales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como RTF, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

3.

DEMANDA CONTRA LA ASEGURADORA DE RIESGOS DEL TRABAJO (ART)

PROMUEVE DEMANDA ACCIDENTE DE TRABAJO IN ITINERE. PLANTEA


INCONSTITUCIONALIDADES. FORMULA EXPRESA RESERVA DE CASO
FEDERAL. AUTORIZA. SOLICITA SE RESERVEN LAS ACTUACIONES

Señor Juez Nacional del Trabajo:


FEDERICO GUSTAVO MÉNDEZ, Tº 121 Fº 388 CPACF, en mi condición de letrado
apoderado del Sr. JUAN DAVID XXXXXX, DNI XXXXXXXX, constituyendo domicilio
procesal en Av. Roque Sáenz Peña XXXXXX, piso 3, of. 304 (zona de notificación Nº
123), y domicilio electrónico Nº 20-XXXXXX-1, a VS respetuosamente me presento y
digo:

I. PERSONERÍA
Que, conforme el Acta-Poder Nº XXXX, la cual se acompaña a la presente, acredito
ser apoderado del actor JUAN DAVID XXXXXX, DNI XXXXXXXX, argentino, con
domicilio real en XXXXXXX, Provincia de Buenos Aires.

II. OBJETO
Vengo en legal tiempo y forma a promover demanda contra GALENO
ASEGURADORA DE RIESGOS DEL TRABAJO SA, con domicilio legal en Elvira
Rawson de Dellepiane 150, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por el cobro de la
suma de $169.230,14 (pesos ciento sesenta y nueve mil doscientos treinta con
14/100) o lo que en más o en menos resulte de la prueba a rendirse en autos, en virtud
de las reparaciones previstas por las leyes 20.744, 23.592, 24.557 y 26.773, más las
actualizaciones pertinentes en virtud del índice RIPTE, en lo pertinente a las
reparaciones por el accidente de trabajo sufrido in itinere, hasta la fecha en que
proceda su liquidación vía depósito judicial, con los respectivos intereses moratorios e
intereses punitorios ante el eventual incumplimiento de la orden judicial de pago, más
actualización monetaria, gastos y costas del presente juicio.
Asimismo, deberán otorgarse las prestaciones en especie conforme lo normado por
el artículo 20 de la LRT, prestaciones que poseen carácter de irrenunciable.

III. COMPETENCIA
a) En razón de la materia. De acuerdo con lo resuelto por la CSJN en los autos
“Castillo, Ángel Santos c/ Cerámica Alberdi SA” y “Venialgo, Inocencio c/Mapfre
Aconcagua Aseguradora de Riesgos del Trabajo”, es competencia de VS entender en
estas actuaciones.
Ello es así toda vez que en la presente demanda se pide, entre otros aspectos, la
declaración de inconstitucionalidad del artículo 46 de la Ley 24.557. Por ello, siendo el
asunto aquí tratado de naturaleza laboral, deberá tramitarse ante el fuero del trabajo.
b) En razón del territorio. Según lo prevé el artículo 24 de la Ley 18.345, en función
del domicilio legal de la sociedad comercial demandada, es competencia del fuero
laboral de la Capital Federal entender sobre el presente reclamo.

IV. CUMPLE REQUISITOS ARTÍCULO 65, LEY 18.345


Que en cumplimiento de lo dispuesto en la norma legal citada, denuncio los
siguientes datos:
Demandante: XXXXXX, JUAN DAVID
Fecha de ingreso: XX/XX/XX
Fecha de egreso: XX/XX/XX
DNI: XXXXXXXX
Categoría laboral: XXXXX
Estado civil: Soltero
Fecha de nacimiento: XX/XX/XX
Fecha del siniestro: XXXXXXXX
Fecha del alta médica: XXXXXXXXX
Edad al momento del accidente: XX años
Mejor salario percibido: $5787 (julio 2013)
CCT: 260/75 (UOM)
Demandada: GALENO ASEGURADORA DE RIESGOS DEL TRABAJO SA
Domicilio legal: Elvira Rawson de Dellepiane 150, Ciudad Autónoma de Buenos
Aires
Actividad: Aseguradora de Riesgos del Trabajo

V. NOTIFICACIÓN. OPTO POR COBRAR LA INDEMNIZACIÓN POR VÍA JUDICIAL Y


NO POR LA INSTANCIA ADMINISTRATIVA
Como luego se fundará, en razón de la inconstitucionalidad del procedimiento ante
las comisiones médicas previsto en los artículos 21, 22 y 46 de la Ley 24.557, la
instancia judicial es la única que otorga validez y legitimidad a la indemnización aquí
reclamada por el accidente sufrido. Por ello, solicito se tenga presente el ejercicio de la
opción judicial efectuada.
Sentado ello, es del caso mencionar que la audiencia ante el SECLO
oportunamente celebrada deberá considerarse como la notificación a la demandada
de la opción judicial ejercida o, en su defecto, bastará con el traslado de la presente
demanda para tenerse por cumplida dicha notificación, considerándose nula cualquier
actuación, pago o acuerdo que se efectúe bajo una órbita distinta de la presente
actuación.
Por lo expuesto, solicito a VS intime a la ART a abstenerse de efectuar cualquier
actuación o pago ante el inconstitucional procedimiento previsto en los artículos 21, 22
y 46 de la Ley 24.557, sin el debido control judicial, siendo este el único medio válido
para cumplir con cualquier obligación incumplida, bajo apercibimiento de considerarse
nulo (art. 277 LCT) cualquier tipo de arreglo que se me haga suscribir sin
asesoramiento jurídico.

VI. HECHOS
El día XX/XX/2006 mi mandante comenzó a prestar labores para XXXXXX,
empresa dedicada a la fabricación de bicicletas y piezas metal-mecánicas,
desarrollando tareas generales (ya sea de transporte, depósito, producción, entre
otras); todo esto con una jornada de trabajo de lunes a viernes de 7:30hs a 17hs.
A) EL ACCIDENTE “IN ITINERE”
El día XX/XX/XXXX, mientras mi mandante regresaba desde su puesto de trabajo a
su hogar como todos los días a bordo de su vehículo Volkswagen Gacel, sufrió un
accidente de tránsito en la intersección de las calles XXXXX y XXXXX, partido de Gral.
San Martín, al ser embestido por un automóvil que transitaba a una mayor velocidad
de la reglamentaria y sin respetar la prioridad absoluta de paso (ya que el tenía la
derecha en una intersección de calles no semaforizada). Fue una embestida violenta
en el lateral izquierdo de su rodado.
Es en virtud de la mecánica del hecho que sufrió un fuerte golpe en la columna
cervical y lumbar producto del “latigazo” y posterior golpe con la butaca de su auto, lo
cual le produjo un dolor que se fue incrementando con el correr de los días.
Sin perjuicio de ello, al día siguiente del siniestro concurrió a su puesto de trabajo a
prestar tareas pero tuvo que retirarse media hora antes del horario de salida por su
deteriorado estado de salud.
En consecuencia, se informó tal circunstancia a GALENO ASEGURADORA DE
RIESGOS DEL TRABAJO SA, la cual le otorgó el primer turno médico recién para el
día XX/XX/XXXX.
Ante las deficiencias en la atención proporcionada por la ART a través de sus
prestadores (ya sea por un diagnóstico errado o por expedirse diciendo que su
patología no presentaba relación con el siniestro), tuvo que acudir a médicos del
Sanatorio XXXX perteneciente a su Obra Social (UOM), quienes le diagnosticaron
“cervicalgia en estudio” y convinieron en la necesidad de tratamiento médico
inmediato.
Esos estudios posteriores llegaron a la conclusión de que sufría de traumatismo
lumbo-cervical con hallazgo de dos hernias de disco cervicales y una hernia de disco
lumbar. Todo ello producto del accidente padecido.
A pesar de la claridad meridiana de los hechos y de su conexión directa con la
patología, GALENO ASEGURADORA DE RIESGOS DEL TRABAJO SA intentó otorgar
a mi representado el alta en el mes de XXXX de 2014.
Sin embargo, al volver a desempeñar sus tareas y con el desgaste del correr de los
días, el dolor persistió e incluso se intensificó, siendo imposible tolerarlo, por lo que
tuvo que suspender su labor e ingresar al tratamiento prestado por la ART, hasta que
se le otorgó el alta médica definitiva en fecha XX/XX de 2014.
No obstante, la realidad de los hechos –reflejada en el Informe de Resonancia de
Columna Cervical, Dorsal y Lumbar del Departamento de Imágenes del XXXXX de la
UOM, cuya copia se acompañará oportunamente–, es que mi representado se
encuentra en una situación de absoluto desamparo que lo obliga a continuar con el
tratamiento médico a través de su obra social y con las indicaciones de sus médicos
personales.
Observará VS que su lesión trae aparejado un intenso e insoportable dolor en la
zona afectada que hace imposible el normal movimiento de su cuerpo y el desempeño
de sus tareas tanto laborales como sociales, familiares y cotidianas. Asimismo padece
una notoria asimetría y desviación en su espalda.
Por ello, resulta incomprensible que la ART le haya otorgado el alta médica con el
consecuente regreso a su puesto de trabajo cuando sus condiciones de salud no lo
justifican.
Desde la fecha mencionada y hasta la actualidad, la ART demandada JAMÁS le ha
otorgado las prestaciones médicas correspondientes, como así tampoco ha calculado
su incapacidad laborativa ni realizado un diagnóstico claro y certero sobre las secuelas
fisicopsíquicas generadas por el siniestro, dejando en evidencia que ha actuado de
modo desaprensivo hacia su persona.
No obstante ello, tal como quedará acreditado en autos, la demandada resulta ser
la responsable por las consecuencias físicas que actualmente padece ante la falta de
otorgamiento de las prestaciones en especie, de acuerdo a lo normado en la Ley
24.557.
La Ley de Riesgos del Trabajo establece en su artículo 6° las contingencias
cubiertas por el mencionado cuerpo normativo: “Se considera accidente de trabajo a
todo acontecimiento súbito y violento ocurrido por el hecho o en ocasión del trabajo, o
en el trayecto entre el domicilio del trabajador y el lugar de trabajo, siempre y cuando
el damnificado no hubiere interrumpido o alterado dicho trayecto por causas ajenas al
trabajo” (el resaltado es propio).
Sobre esta cuestión la doctrina tiene dicho: “el concepto de accidente in itinere
sigue siendo el mismo: es una contingencia que sufre el trabajador al dirigirse de su
domicilio a la empresa o viceversa, del que se deriva un daño para su salud…”
(Ramírez, Luis Enrique, Riesgos del trabajo. Manual práctico, Ed. B de F, p. 97, el
resaltado es propio).
Conforme lo precedentemente mencionado, por tratarse de una contingencia
cubierta por la Ley de Riesgos del Trabajo, la aseguradora es directamente
responsable por las consecuencias que el accidente provocó sobre su salud.

VII. INCAPACIDAD FISICOPSÍQUICA. INDEMNIZACIÓN.


Tal como se mencionara a lo largo del presente escrito de demanda, mi mandante
sufrió un accidente in itinere en fecha XX/XX/XXXX mientras volvía a su hogar desde
su puesto de trabajo, recibiendo el alta médica el día XX/XX/XXXX.
Tal como se expuso y como consecuencia del infortunio acaecido, actualmente
padece graves secuelas físicas y psíquicas, las cuales se agravaron aún más por la
lamentable atención médica brindada por la aseguradora de riesgos aquí demandada.
De acuerdo al examen médico efectuado al que fue sometido, se obtuvo un
detallado diagnóstico del estado físico actual a partir del cual es posible afirmar
justificadamente la existencia de una incapacidad del 22% debida a un traumatismo
lumbo-cervical con hallazgo de dos hernias de disco cervicales y una hernia de disco
lumbar con manifestaciones neurológicas moderadas.
A su vez, padece en la actualidad un daño psíquico permanente ocasionado por el
accidente sufrido que consiste en un cuadro depresivo, con notoria disminución de su
salud, toda vez que en la actualidad se ve impedido de realizar las mismas actividades
sociales, deportivas y recreativas y demás labores generales que realizaba con
anterioridad al siniestro denunciado.
En este sentido, teniendo en cuenta su carácter permanente, debe ser resarcido
independientemente de los otros daños. Así lo ha dicho nuestro Máximo Tribunal en
los precedentes 312:752, 2412; 315:2834; 316:2774; 318:1715; 320:1361; 321:1124,
entre otros.
Atento a lo expuesto, el grado de incapacidad parcial, permanente y definitiva que
lo afecta alcanza el 22% de la total obrera.
Sin perjuicio de lo anteriormente expuesto, es de destacar que los diagnósticos,
lesiones y porcentaje de incapacidad indicados con anterioridad son enunciativos y no
taxativos, por lo que quedará a criterio de los galenos que intervengan en la presente
causa el análisis de lo descripto en los certificados adjuntos y placas y estudios a
realizar, como parte de los conceptos reclamados en la presente demanda, así como
también el diagnóstico que pudiera hacerse de otras afecciones y lesiones de
cualquier índole, en virtud de tratarse de afecciones que pueden agravarse con el
correr del tiempo y/o devenir en otras enfermedades o lesiones que no hayan sido
correctamente detectadas o individualizadas a la fecha.

VIII. OMISIÓN DE DETERMINACIÓN FEHACIENTE DEL GRADO DE INCAPACIDAD


POR PARTE DE LA ART. Y DE OTORGAMIENTO DE LAS PRESTACIONES
MÉDICAS PREVISTAS EN LA LRT. SOLICITO SE REMITA COPIA DE LAS
ACTUACIONES A LA JUSTICIA PENAL
Tal como se expuso a lo largo de los hechos, GALENO ASEGURADORA DE
RIESGOS DEL TRABAJO SA desconoció la verdadera naturaleza del accidente –en el
caso, de naturaleza laboral e in itinere– y en consecuencia omitió otorgar las
prestaciones en especie correspondientes al accidente denunciado por mi mandante,
recordando que mi mandante hubo intimado fehacientemente a la demandada por el
otorgamiento de las prestaciones dinerarias y en especie que por ley le corresponden,
no obteniendo respuesta alguna.
La aseguradora de riesgos incurrió en un claro incumplimiento de lo normado por el
artículo 20 de la LRT. Es decir, no le brindó las prestaciones en especie
correspondientes.
No obstante ello, por lo expuesto a lo largo de la presente demanda, solicitamos a
VS que estime la incapacidad que lo afecta conforme surja de todo lo actuado en la
presente causa.
Asimismo, y tal como se mencionara al inicio del presente, se reclama el
otorgamiento de las prestaciones en especie (art. 20 LRT) por parte de la ART
demandada hasta su curación definitiva.
A su vez, de acuerdo a lo previsto por el artículo 32 de la LRT, solicito a VS que
remita copia de las actuaciones a la justicia penal.

IX. INCONSTITUCIONALIDAD DE LA LEY 24.557


Se solicita de VS que declare la inconstitucionalidad de los artículos que a
continuación se indican de la Ley 24.557, en tanto afectan irreparablemente derechos
del actor, vulnerando flagrantemente expresas garantías consagradas por la
Constitución Nacional.
En tal sentido se pide la declaración de inconstitucionalidad del artículo 1.1 de la
Ley 24.557 en tanto establece que “la reparación derivada de los daños del trabajo se
regirán por esta LRT y sus normas reglamentarias” en tanto esta norma resulta
violatoria de los derechos conferidos por los arts. 14bis, 16, 17 y 18 de la Constitución
Nacional.
Por otra parte, no puede soslayarse que dicha ley, por la insuficiencia de las
prestaciones que establece, también colisiona con el mandato constitucional que
dispone que la seguridad social debe tener carácter integral (art. 14bis).
En esta tesitura, los artículos 21, 22 y 50 también resultan violatorios de lo
dispuesto por los artículos 108 y 109 de la Constitución Nacional puesto que sustraen
del conocimiento de los jueces las cuestiones que están llamadas a decidir por imperio
de dichas normas, lo que a su vez vulnera el principio de división de poderes que
caracteriza a nuestro sistema de gobierno adoptado por el artículo 1° de la Ley
Fundamental, ya que tales controversias son sometidas al conocimiento de las
comisiones médicas y de la Comisión Médica Central, que –como señalará– son
organismos ajenos al Poder Judicial, vicios que no se purgan por la ulterior revisión
judicial que se prevé, ya que dichas comisiones tienen a su cargo dirimir cuestiones
ajenas a su ámbito de incumbencia, como es el carácter laboral del accidente y
cualquier controversia que pudiera surgir entre la ART y el damnificado o sus
derechohabientes.
Se peticiona también la declaración de inconstitucionalidad del artículo 46 LRT
debido a que afecta los principios del juez natural y el acceso a la justicia y vulnera la
exclusividad del Poder Judicial en el ejercicio de la jurisdicción, violentando el principio
de separación de poderes (art. 1º CN), el artículo 75 inciso 12 de la CN –en tanto
prescribe que la aplicación de la ley corresponde a los tribunales federales o
provinciales según las cosas o las personas recayeran en sus respectivas
jurisdicciones– y el artículo 116 de la CN –en tanto atribuye al Poder Judicial “el
conocimiento y decisión de todas las causas que versen sobre puntos regidos por la
Constitución Nacional”–.

X. PLANTEA LA INCONSTITUCIONALIDAD DEL SISTEMA DE COMISIONES


MÉDICAS (ART. 8°, 21, 22 Y 50 DE LA LRT)
Vengo a solicitar se declare la inconstitucionalidad de los artículos 8°, 21, 22 y 50
de la Ley 24.557, conforme las consideraciones que se formularán a continuación.
Las normas invocadas establecen la obligatoriedad de una instancia previa de
trámite y duración incierta, así como también regulan el procedimiento para reclamar
ante las Comisiones Médicas en el caso de que las Aseguradoras de Riesgos de
Trabajo no reconozcan el daño que padece el damnificado o la graduación del mismo,
obviamente sin intervención del órgano jurisdiccional. Así, vedando al trabajador la
posibilidad de acceder a la justicia de trabajo a fin de reclamar la reparación de sus
infortunios y atribuyendo a un órgano administrativo facultades inherentes al Poder
Judicial, violentan gravemente normas de raigambre constitucional.
Este procedimiento que se efectúa ante el Organismo Público perteneciente a la
esfera del Poder Ejecutivo es sin duda inconstitucional, pues afecta el sistema federal
de gobierno adoptado por nuestra Constitución Nacional, las facultades no delegadas
por los gobiernos provinciales al Gobierno Nacional, la exclusividad del Poder Judicial
en el ejercicio de la jurisdicción, la división tripartita de los Poderes, el principio de
igualdad ante la ley y de no discriminación.
El artículo 75 inciso 12 de la CN dispone expresamente que el Congreso de la
Nación, al dictar normas referidas –entre otras materias– al Trabajo y la Seguridad
Social, no debe alterar las jurisdicciones locales, correspondiendo su aplicación a los
tribunales federales o provinciales según que las cosas o las personas cayeren bajo
sus respectivas jurisdicciones. Por ello, el Congreso, al acordar funciones
jurisdicciones al Poder Administrativo por medio de las Comisiones Médicas, ha
violentado lo dispuesto en la norma constitucional.
La violación del acceso a la justicia, imponiendo una instancia previa frente a la
autoridad administrativa representada por las Comisiones Médicas, investidas
inconstitucionalmente de facultades jurisdiccionales, implica una flagrante limitación
para el trabajador de acceder a sus jueces naturales, toda vez que se le impone una
instancia prejudicial de la cual el resto de los habitantes se encuentran eximidos de dar
cumplimiento a fin de reclamar el resarcimiento de daños y perjuicios.
Así se afecta uno de los pilares básicos del derecho del trabajo, cual es el principio
protectorio. Si los principios fundamentales del derecho de trabajo no son recogidos
durante el proceso, de nada valdría la característica tuitiva de aquel, quedando
constituida en un mero enunciado abstracto. La inferioridad del trabajador que las
leyes de fondo reconocen subsiste en el momento de discutir jurisdiccionalmente los
reclamos laborales.
Lo mismo ocurre respecto del Decreto 717/96 que fuera dictado por el Poder
Ejecutivo y que del mismo modo se arroga funciones legislativas en tanto regula y por
ende legisla el procedimiento ante las comisiones médicas, así como también su
apelación a la Comisión Médica Central y ante la Cámara Federal de la Seguridad
Social.
El Congreso Nacional no puede delegar una actividad que es propia de otro poder
del Estado, cual es el Poder Judicial, en otro poder que no es el delegado natural para
la actividad referente al servicio de justicia y prestación de la jurisdicción estatal sin
violentar lo dispuesto por el artículo 76 de la Constitución Nacional. De lo contrario se
entraría en colisión con la disposición establecida en el artículo 116 de la Norma
Fundamental.
Del mismo modo, los artículos 21, 22 y 50 de la LRT, así como también el Decreto
717/96 antes citado, resultan inconstitucionales, pues el Poder Ejecutivo se atribuyó
funciones judiciales que no son de su incumbencia al resolver sobre el origen de la
lesión, en clara violación de los artículos 108 y 109 de nuestra Carta Magna.
Se le otorgan indebidamente facultades jurisdiccionales a las Comisiones Médicas,
colocando a la víctima en un virtual estado de indefensión frente a las estructuras
jurídicas y administrativas del sistema.
Además, la irrazonabilidad aumenta por cuanto estas comisiones están solo
integradas por médicos designados por y dependientes del Poder Ejecutivo Nacional y
resuelven aspectos controvertidos de naturaleza jurídica en un verdadero juicio de
conocimiento que se desenvuelve sin las garantías del debido proceso y en abierta
violación de las normas constitucionales que imponen la obligación de no juzgar por
comisiones especiales.
Lo expuesto surge indubitadamente de lo dispuesto en el Decreto 717/96 que
establece un procedimiento contencioso sin asesoramiento letrado para el trabajador,
con desmedidas funciones para simples médicos, como por ejemplo: a) determinar la
naturaleza laboral del accidente o profesional de la enfermedad a solicitud del
trabajador cuando la ART negara tal carácter (función judicial); b) determinar el
carácter temporáneo o permanente de la incapacidad; c) determinar el contenido y
alcance de las prestaciones en especie; d) determinar la existencia de la relación
laboral de igual forma que el monto de las retribuciones; e) homologar, según el
artículo 19, el acuerdo a que hubieran arribado las partes sobre la base de “hechos”
pruebas que les fueran sometidos a su jurisdicción y a las restantes probanzas y
aclaraciones que puedan requerirse.
Tanto las comisiones médicas creadas por la Ley 24.557 como las oficinas de
homologación y visado dispuestas por resolución de la SRT son financiadas mediante
aportes de las aseguradoras y de los empleadores no asegurados, lo que conspira
contra su independencia de criterio.
En efecto, el artículo 36 del Decreto 717/96 autoriza a las dos Superintendencias a
establecer en forma conjunta el régimen arancelario para financiar el funcionamiento
de los organismos médicos. Por otra parte, la Resolución (SRT) 134/96, de fecha
04/07/96, dispuso constituir un fondo de reserva especial para financiar el
funcionamiento de las comisiones médicas, para lo cual se impone un aporte de
$80.000 a cada aseguradora habilitada a ese momento o que se autoricen en el futuro.
La violación de las garantías constitucionales se ve agravada por las facultades
homologatorias concedidas a las Comisiones Médicas, las que a su vez fueron
delegadas ante un nuevo ente. Así por Resolución Conjunta (SRT-SAFJP) 58-19098,
de fecha 12/06/98 (BO 19/06/98), se crearon las “Oficinas de Homologación y Visado”.
Si bien algunos autores invocan antigua jurisprudencia de la Corte Suprema que
determinó que los Tribunales Administrativos no son inconstitucionales en la medida
que habiliten el posterior recurso judicial, esta doctrina no resulta aplicable al caso de
las Comisiones Médicas.
En efecto, el procedimiento no está razonablemente concebido, no respeta los
lineamientos de la Ley de Procedimientos Administrativos, viola las garantías del
debido proceso, de la defensa en juicio y del órgano decisor administrativo y, como ya
se dijo, las comisiones están solo integradas por médicos carentes de aptitud
jurisdiccional. Asimismo, se vulnera la garantía del artículo 18 de la CN y, en especial,
la Convención Americana de Derechos Humanos que en su artículo 8° establece las
llamadas garantías judiciales: “toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas
garantías y dentro de un plazo razonable por un juez competente, independiente e
imparcial para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral,
fiscal o cualquier otro carácter”.
A lo dicho cabe agregar que los componentes de las Comisiones Médicas están
vinculados con la SRT no por una relación de empleo público sino de naturaleza
privada, circunstancia que conspira contra su estabilidad contractual (art. 38 ap. 3°
LRT).
Para otorgar competencias a órganos administrativos, es imprescindible que los
mismos sean idóneos para los fines que están asignados; de lo contrario, el desvío de
la jurisdicción hacia el PEN es irrazonable.
Dada la extrema necesidad por la que atraviesa un damnificado de un accidente de
naturaleza laboral –por el que se ponen en juego derechos subjetivos relevantes y un
dilatado e incierto proceso hasta llegar ante la jurisdicción–, la citada doctrina de la
Corte Suprema no es aplicable para legitimar el sistema procesal de la LRT.
Las garantías judiciales no son suplidas por la intervención tardía de la Cámara
Federal de la Seguridad Social, que además no es el órgano competente para
dilucidar en caso de accidentes y enfermedades laborales, ya que no se está en
ninguno de los supuestos previstos por el artículo 75 inciso 12 de la CN.
El Dr. Miguel Ángel Maza señala al respecto: “la atribución de competencia a los
organismos administrativos integrados exclusivamente por médicos para resolver
conflictos entre personas viola lisa y llanamente el derecho al debido proceso (…). [L]a
experiencia me ha mostrado a lo largo de los años que por lo general los trámites
administrativos desarrollados por las autoridades con carácter jurisdiccional no
garantizan el debido proceso, no garantizan eficacia, no resultan satisfactorios para los
administrativos y por lo general siempre termina poniendo punto final la justicia y en
sentido contrario a lo que la administración resuelve. Pero además en este caso nos
encontramos con un problema de sentido común (…). [P]ero lo que me parece
absolutamente repugnante a la CN y a las reglas del debido proceso que todos los
habitantes del país tenemos derecho a obtener es que la comisión médica, por
ejemplo, pueda resolver el carácter laboral de un accidente, perdón, la naturaleza
laboral de un accidente o el carácter profesional de una enfermedad (…). [L]o que
tenemos hoy es un régimen de responsabilidad individual con aseguramiento
obligatorio y un pequeño grupo de empresas beneficiarias de este sistema hasta hace
poco carente de todo control estatal. Entonces debería modificarse este sistema para
que sea a nivel local que se resuelvan este tipo de conflictos, para que en todo caso el
principio de legalidad, el derecho al debido proceso, esté por encima del de unión de
gestión, porque la unidad de gestión es una cuestión que me parece a mí es de rango
muy inferior a la garantía del debido proceso y en esto quiero ser claro: el
procedimiento establecido por el Decreto 717 y la Resolución 4596 de la SRT no sólo
no garantizan el debido proceso sino que desde su concepción lo violan de una
manera insalvable. El hecho de que se litigue ante una autoridad que va a resolver y
cuya resolución puede alcanzar el carácter de cosa juzgada sin patrocinio letrado me
parece que es indefendible. Curiosamente en mayo de este año la Superintendencia
de Riesgos de Trabajo había dictado una resolución, la Nº 305 si la memoria no me
falla, que establecía el patrocinio jurídico para algunas instancias. A mi modo de ver
esto no era conveniente porque introducía al abogado solamente en el momento del
recurso, y al momento del recurso ya el trabajador, si no había ofrecido prueba cuando
hizo el pedido de reintervención de la comisión médica, no tiene más nada que hacer,
por más que sea el mejor” (Maza, Miguel Ángel, en Jornadas “Qué hacer con los
Riesgos de Trabajo”).
En idéntico sentido se pronunció la Sala III de la CNAT: “los arts. 21, 22 y 50
también resultan violatorios de lo dispuesto por los arts. 108 y 109 de la CN, puesto
que sustraen del conocimiento de los jueces las cuestiones que estos están llamados
a decidir por imperio de dichas normas, lo que vulnera el principio de división de
poderes que caracteriza a nuestro sistema de gobierno adoptado por el art. 1° de la
Carta Magna, ya que tales controversias son sometidas al conocimiento de las
comisiones médicas y de la Comisión Médica Central que –como señalara– son
organismos ajenos al Poder Judicial…”. Luego, en los considerandos, aclara: “Estos
vicios no se purgan por la ulterior revisión judicial, que se prevé, aunque dichas
comisiones tienen a su cargo dirimir cuestiones ajenas a su ámbito de incumbencia,
como el carácter laboral del accidente y cualquier controversia que pudiera surgir entre
la ART y el damnificado o sus derechohabientes” (CNATr., Sala III, “Ibáñez, Ramón
Rosa c/ Ford Argentina SA y otro s/ Accidente - Acción Civil”, Sentencia 85.140 del 20
de agosto de 2003, voto preopinante del Dr. Guilbourg).
En este sentido también se ha señalado: “1) Pretender que sea la Comisión Médica
Central quien resuelva la naturaleza del accidente ocurrido y si el mismo reviste
carácter in itinere importa sustraer de los Tribunales de Justicia la resolución del
conflicto planteado y someterlo a jurisdicción administrativa. Esto vulnera los principios
del juez natural y del debido proceso y de división de poderes al haber delegado el
Congreso la actividad jurisdiccional en otro poder. 2) Al soslayar los procedimientos
judiciales se vulneran las facultades reservadas a las provincias (arts. 121, 122 y 123
CN) y se otorgan facultades jurisdiccionales a órganos administrativos en violación al
artículo 109 CN” ( C. 3a, Mendoza, 9 de junio de 1998, “Alacayaga Pereira de Olivares,
Evelina c/ Aperbuci y otro”, DT, 1999-A, p. 179).
Por todo ello, de conformidad con lo expuesto precedentemente, las normas cuyas
tacha de inconstitucionalidad se pretende son violatorias de los artículos 5º, 17, 18, 75
inc. 12, 108, 109 de la CN; del artículo 18 de la Declaración Americana de los
Derechos y Deberes del Hombre; de los artículos 8° y 25 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos; y del artículo 10 de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos.
Consecuentemente, solicito se declare la inconstitucionalidad de los artículos 21, 22
y 50 del citado cuerpo legal y se declare competente VS para entender en las
presentes actuaciones.

XI. SOLICITA APLICACIÓN DEL 20% ADICIONAL AL MONTO INDEMNIZATORIO


PREVISTO EN EL ARTÍCULO 3° DE LA LEY 26.773. SUPLETORIAMENTE SE PIDE
SU INCONSTITUCIONALIDAD
Es del caso recordar que el artículo 3º de la Ley 26.773 señala que “cuando el daño
se produzca en el lugar de trabajo o lo sufra el dependiente mientras se encuentre a
disposición del empleador, el damnificado (trabajador víctima o sus derechohabientes)
percibirá, junto a las indemnizaciones dinerarias previstas en este régimen, una
indemnización adicional de pago único en compensación por cualquier otro daño no
reparado por las fórmulas allí previstas, equivalente al veinte por ciento (20%) de esa
suma…” (lo subrayado nos pertenece).
La primera visión que podría llegar a tenerse sobre este artículo es que hubo un
error o una deficiente técnica legislativa, ya que la denominación “disposición” resulta
un tanto confusa. Sin embargo, del análisis que podemos hacer sobre la historia de
este tipo de infortunios dentro del derecho del trabajo argentino, es posible llegar a la
conclusión de que aquella alocución es inescindible del accidente in itinere en tanto se
cumplan los requisitos necesarios para considerar ese infortunio como tal.
En este sentido, es preciso destacar que el plenario nº 21 estableció como doctrina
obligatoria para el fuero del trabajo de la Capital Federal que “constituyen accidentes
del trabajo indemnizables (…) los denominados in itinere, o sea lo que puede sufrir el
obrero en el trayecto del lugar de prestación de sus tareas hasta su domicilio y
viceversa” (el resaltado es propio).
Es decir, en el plenario se impuso mayoritariamente la comprensión del riesgo del
trayecto como un riesgo específicamente laboral, en el entendimiento de que si el
obrero no se hubiese visto obligado a efectuar el trayecto para realizar su labor, no
habría estado expuesto a sufrir el accidente.
Así es que debe distinguirse el tiempo a disposición a los fines salariales del tiempo
a disposición a los fines de la imputación de riesgos, imputación que es regulada por la
teoría del riesgo de autoridad. Dicho esto, queda claro que el trabajador puede estar a
disposición del empleador antes de comenzar la jornada de trabajo y aun luego de
concluirla. Eso es justamente lo que ocurre con el tiempo de trayecto.
Por ello, es óbice reseñar que la atribución de responsabilidad por los accidentes
ocurridos en ese trayecto “se basa entonces en que el trabajador puso su tiempo a
disposición del empleador sometiéndose a su autoridad, genéricamente considerada
(…). [L]o que debe acreditarse desde el punto de vista causal es que el accidente se
produjo porque el trabajador puso su tiempo al servicio de la autoridad del empleador;
si no lo hubiera hecho, no se habría producido” (Lorenzetti, Ricardo, La
responsabilidad por daños y los accidentes de trabajo, Buenos Aires, Abeledo Perrot,
pp. 95-96, el resaltado es propio).
Por todo lo expuesto, deberá VS calcular la indemnización por el accidente in itinere
sufrido, adicionándole el 20% previsto por el artículo 3º de la Ley 26.773, toda vez que
el infortunio ha ocurrido durante el tiempo en que el trabajador ha estado a disposición
del empleador.
Supletoriamente, para el caso en que VS tenga un criterio de interpretación distinto
al mencionado, se solicita la declaración de inconstitucionalidad del artículo 3° de la
Ley 26.773 en cuanto discrimina arbitrariamente los accidentes ocurridos dentro del
trabajo de los ocurridos de modo in itinere, violando de este modo los artículos 16, 17
y 28 de la Constitución Nacional. Solicito pues a VS que, al momento del dictado de la
sentencia de fondo, decrete aplicable el incremento del 20% establecido por ley al
monto indemnizatorio respecto del accidente ocurrido en autos.
Del texto de la ley podemos observar que se efectúa una discriminación en la
reparación de los infortunios acaecidos in itinere, excluyéndose en estos casos del
20% el monto resultante del cálculo de ley. Todo ello sin ningún tipo de justificación
legal.
Esta norma es un inadmisible retroceso incluso respecto de la propia Ley 24.557,
dado que pone “por debajo”, en términos indemnizatorios, los infortunios ocurridos en
el trayecto que une el hogar del trabajador y su lugar de trabajo.
Nótese que, sin justificación o fundamento alguno, frente a una misma contingencia
–como es el daño a la salud, la integridad o la vida del trabajador– la reparación
estipulada por la ley es diferente.
No existen razones que justifiquen tal medida. Frente a un daño laboral, se impone
–sin diferencia alguna– una reparación por lo daños sufridos, independientemente de
que esté directamente vinculado a la prestación laboral o se hubiere producido en
ocasión de esta, o en el trayecto de ida y vuelta al lugar de trabajo.
La discriminación efectuada por el legislador resulta arbitraria e irrazonable y afecta
de manera directa las garantías constitucionales de igualdad ante la ley y el derecho
de propiedad del actor y razonabilidad que debe contener toda norma legal. Es por ello
que el único medio de corregir dicha violación a las garantías constitucionales es
declarando la aplicabilidad del 20% de aumento indemnizatorio, independientemente
de que el accidente sufrido fuera en ocasión de trabajo o in itinere.
Históricamente se ha interpretado que no puede ponerse en una situación de
igualdad al ciudadano que sufre accidentalmente un daño causado por un tercero con
la situación del trabajador que lo sufre como consecuencia de cumplir una función
específica. Difícilmente puedan hoy apoyarse en estos mismos argumentos para
justificar las pretendidas desigualdades que, en lugar de proteger la especial situación
del trabajador, lo obligan a renuncias y a opciones que no existen en otros regímenes
tuitivos.
Nuestra Constitucional Nacional sostiene y afirma el principio protectorio del
derecho del trabajo, ya que este responde al objetivo de establecer un amparo
preferente a una de las partes: el trabajador. Responde al propósito fundamental de
nivelar desigualdades, y el procedimiento lógico para corregirlas es lograr una igualdad
sustantiva y real entre las partes.
Asimismo, impedir que el actor acceda a la plena indemnización establecida por la
ley por el sólo hecho de haber sufrido su accidente durante el trayecto hogar- trabajo
resulta carente de toda razonabilidad y genera un perjuicio patrimonial directo al
trabajador, quien se ve impedido de percibir su justa reparación.
Cabe destacar que la responsabilidad emergente de la ART en la Ley 24.557 y
26.773 no posee discriminación alguna en todos sus textos. En este sentido el
legislador ha tratado de manera idéntica todas aquellas contingencias cubiertas por ley
en relación con las prestaciones dinerarias a percibir.
Así las cosas, debemos preguntarnos: ¿por qué se discrimina a quien sufrió un
infortunio reconocido por la ley y se impide su total reparación? No encontramos
respuestas que justifiquen tamaña desigualdad en el trato legal.
El derecho a ser indemnizado por un infortunio responde al principio de reparación
del daño sufrido. Es por ello que si se encuentra acreditada debidamente la causalidad
del daño, el monto indemnizatorio no debe responder al modo en el cual acaeció el
siniestro, sino, únicamente, debe tener en miras la reparación del daño a la salud
sufrido.
Por lo expuesto, solicitamos a VS declare la inconstitucionalidad de la
discriminación efectuada por el artículo 3° de la Ley 26.773 en cuanto establece un
adicional del 20% del cálculo legal indemnizatorio únicamente para los accidentes
ocurridos en el lugar de trabajo y se declare que dicho adicional deberá aplicarse a
todos los supuestos de accidentes laborales contemplados por ley, entre los cuales se
encuentran, tal es el caso de autos, los ocurridos de manera in itinere.

XII. INCONSTITUCIONALIDAD DE LOS ARTÍCULOS 12, 14 Y 15 DE LA LEY 24.557.


SOLICITA QUE SE SUPLA POR ARTÍCULO 245 DE LA LCT
Conforme las cuestiones de hecho y derecho que a continuación se exponen,
dejamos planteada y peticionamos se declare la inconstitucionalidad del artículo 12 de
la Ley 24.557 en cuanto rige el modo en el cual debe calcularse el Ingreso Base
Mensual, parámetro éste fundamental para determinar la indemnización a percibir por
parte del trabajador, ya que el mismo conculca los principios constitucionales básicos
contemplados en los artículos 14bis, 16, 17, 18, 19, 28, 75 inciso 23 y 72 inciso 22 de
nuestra Carta Magna, disminuyendo de modo irrazonable y arbitrario los montos
percibidos por el trabajador que deberán tenerse en cuenta para el cálculo
indemnizatorio.
El artículo 12 de la LRT dispone en relación al Ingreso Base Mensual: “a los efectos
de determinar la cuantía de las prestaciones dinerarias se considera ingreso base la
cantidad que resulte de dividir la suma total de las remuneraciones sujetas a aportes y
contribuciones, con destino al Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones,
devengadas en los DOCE (12) meses anteriores a la primera manifestación
invalidante, o en el tiempo de prestación de servicio si fuera menor a UN (1) año, por
el número de días corridos comprendidos en el período considerado” (el resaltado es
propio).
Evidentemente, la disposición legal deja en evidencia que la formulación del módulo
económico no computa toda la retribución que percibe el trabajador. Es fácil colegir,
entonces, que las prestaciones a calcular no reflejarán el auténtico ingreso que el
trabajador recibe en actividad y que, en caso de probarse en autos la existencia de
incapacidad laborativa, perderá de ganar en el futuro.
Ello por cuanto el artículo 12 tachado de inconstitucionalidad dispone que solo se
tendrán en cuenta las remuneraciones sujetas a aportes y contribuciones, las cuales
son sujetas a cotización (misma inteligencia sigue el art. 23 ap. 2º LRT).
Tal como lo dispone el artículo 12 de la LRT, el salario sobre cuya base se calculan
las reparaciones tarifadas no es el real, auténtico y completo ingreso que percibe el
trabajador cuando presta servicios.
Ahora bien, la inconstitucionalidad de esta norma ha sido recepcionada por la Corte
Suprema y ratificada reiteradamente por nuestros tribunales, ya sean topes que
afecten de modo directo la indemnización –tal como era el art. 14 LRT antes de su
modificación por Decr. 1694/09– o aquellos que afecten al salario a considerarse a
efectos del cálculo indemnizatorio, tales como el contenido en el artículo 12 de la LRT.
Así es que en los precedentes “Ascua, Luis Ricardo c/ Somisa” y “Lucca de Hoz,
Mirta Liliana c/ Taddei, Eduardo” el Alto Tribunal cuestionó constitucionalmente
aquellos sistemas tarifarios que poseen mecanismos de cálculo que se apartan de la
remuneración completa del trabajador, toda vez que ello vulnera el artículo 14bis en
cuanto no garantiza condiciones equitativas de valor.
Por ello, la Corte efectúa un señalamiento más general y abarcador que propone
como pauta interpretativa la prevalencia de los cálculos aritméticos basados
principalmente en el salario, a lo que se suma el coeficiente de edad, el porcentaje de
incapacidad y demás coeficientes, sin limitación alguna, de modo que el esquema
tarifado pueda cumplir con la finalidad de resarcir las pérdidas de aptitud productiva
que el daño laboral le produce a la víctima.
Por todo lo expuesto, solicito a VS se sirva declarar la inconstitucionalidad del
artículo 12 de la Ley 24.557 en cuanto impone un límite irrazonable y arbitrario a los
salarios que percibe el trabajador a efectos del cómputo del cálculo indemnizatorio y
solicito además se tome como base salarial la totalidad de las remuneraciones
devengadas por el trabajador en los períodos correspondientes, sin discriminación,
restricción o tope alguno.
Asimismo, declarado inconstitucional el artículo 12 de la LRT, deberá reemplazarse
al ingreso base mensual previsto en la fórmula del artículo 15 de la LRT por las reglas
previstas en el artículo 245 de la LCT. Es decir, la mejor remuneración mensual,
normal y habitual.

XIII. PLANTEA APLICACIÓN DE LA LEY DE DEFENSA DEL CONSUMIDOR Y DE LA


NORMATIVA PROTECTORIA CONSUMERIL EN EL MARCO DEL DIÁLOGO DE
FUENTES IMPUESTO POR EL CCCN
En primer lugar, y antes de adentrarme en lo que refiere a aplicación normativa,
cabe reiterar que mi mandante ES BENEFICIARIO FINAL –destinatario final y para
uso final– del seguro de riesgos de trabajo contratado por su empleador, por lo que
resulta inobjetable la aplicación directa de todo el corpus iuris que tutela a los
consumidores y usuarios, en tanto –claro está– se aplique la norma más beneficiosa
para el consumidor en cada aspecto en particular.
Es que el Código Civil y Comercial de la Nación ha previsto su propio régimen
general de prelación normativa (art. 963) y de integración (art. 964), que deberá
tamizarse con el contrato de consumo (art. 1093) y las propias reglas generales del
derecho del consumidor (arts. 1094 y 1095) y sobre todo las propias reglas del
régimen especial (Ley 24.240). Ergo, toda ley y artículo aplicable al caso debe ser
sometida a la interpretación más favorable al consumidor, pues por encima de
cualquier norma interna se encuentra el precepto ineludible y directo del artículo 42 de
la CN y de los tratados internacionales de raigambre constitucional que receptan los
principios de progresividad y no regresividad en materia de derechos económicos,
sociales y culturales. Ello sin dejar de advertir que nos encontramos ante un régimen
de orden público (art. 65 LDC) que recepta el principio in dubio pro consumatore ya
sea en materia de prelación normativa, interpretación normativa, diálogo de fuentes,
principio de realidad (casi idéntico al que protege a la parte más débil en las relaciones
laborales) y cargas probatorias.
Así pues, ante el incumplimiento de la obligación por parte de la empresa
aseguradora del contrato celebrado, me veo facultado a exigir el cumplimiento forzado
de la obligación, como así también el resarcimiento por todos los daños y perjuicios
causados por los incumplimientos y violaciones a la Ley de Defensa del Consumidor.
Ello, toda vez que la Ley 24.240 establece en su artículo 19: “Modalidades de
Prestación de Servicios. Quienes presten servicios de cualquier naturaleza están
obligados a respetar los términos, plazos, condiciones, modalidades, reservas y
demás circunstancias conforme a las cuales hayan sido ofrecidos, publicitados o
convenidos”.
Por su parte reza el artículo 37: “Interpretación. Sin perjuicio de la validez del
contrato, se tendrán por no convenidas: a) Las cláusulas que desnaturalicen las
obligaciones o limiten la responsabilidad por daños; b) Las cláusulas que importen
renuncia o restricción de los derechos del consumidor o amplíen los derechos de la
otra parte; c) Las cláusulas que contengan cualquier precepto que imponga la
inversión de la carga de la prueba en perjuicio del consumidor. (…) La interpretación
del contrato se hará en el sentido más favorable para el consumidor. Cuando existan
dudas sobre los alcances de su obligación, se estará a la que sea menos gravosa”.
Aquí se entiende como consumidor a aquel sujeto que recibe el bien o el servicio –
incluyendo al expuesto o bystander– y que se posiciona frente a su contratante en una
situación que encierra dos aspectos centrales: 1) debilidad negocial; y 2) relativa
desigualdad respecto de la información concerniente al producto o servicio objeto de la
contratación. Esta última asimetría importa que el producto o servicio no pertenece a la
esfera de la competencia profesional de quien lo recibe o utiliza e implica que la parte
“débil” en la contratación carece de posibilidad de solventar tal déficit informativo con
sus propios recursos en virtud de la estructura técnica y económica con la que se
presenta y se desenvuelve en el mercado.
Nótese VS que mi mandante ha padecido una debilidad negocial que le impidió
discutir el contenido, alcance y extensión de los derechos, obligaciones y cargas
derivadas del contrato de seguro, careciendo de conocimientos específicos en la
materia asegurativa que resultaron evidentemente ajenos a su competencia
profesional, sin que esa asimetría de la información pudiera considerarse imputable a
su persona.
Asimismo, y en el marco del emplazamiento a XXXX ART SA (profesional en la
materia) a cumplir con el contrato de seguro y ante su carencia de fundamentos en
ocasión de INCUMPLIR con sus prestaciones tras el alea establecido en el contrato de
seguro, colocándose en una situación ventajosa respecto de su asegurado, asistimos
claramente a una desnaturalización abusiva del contrato.
A su vez, en materia consumeril siempre debe estarse a la interpretación normativa
y prelación normativa más favorable al consumidor, en tanto parte débil en la relación
de consumo. Y esa interpretación debe hacerse conforme el diálogo de fuentes, no
solo entre la LDC y el CCCN, sino también incluso con el CCiv derogado, todo bajo el
paraguas protectorio del artículo 42 de la CN. Es que, como sabiamente se pregunta el
Dr. Andrés Gil Domínguez, “¿por qué si los jueces deben aplicar el Código según el
caso que tengan que resolver realizando interpretaciones conforme a la Constitución y
a los Instrumentos Internacionales de derechos humanos o bien aplicándolos
directamente ante las lagunas del derecho secundario, estarían inhabilitados para
realizar el mismo procedimiento frente a una antinomia normativa entre el viejo y el
nuevo Código? Si por imperio del art. 7 los jueces deben aplicar las normas más
favorables al consumidor en las relaciones de consumo en los contratos en curso de
ejecución, ¿por qué van a estar inhibidos para aplicar la norma que mayor tutela
constitucional y convencional otorgue a la persona respecto de las normas de
transición?” (agrego yo, aplicando el principio de progresividad).
Es decir, no hubo una ruptura total entre el CCCN y la normativa vigente hasta su
entrada en vigencia (CCiv, CCom, LDC antes de su modificación, etc.), lo cual no se
colige solo a partir de la interpretación constitucional del Derecho Privado, sino del
propio artículo 1° del CCCN. Este artículo utiliza el vocablo “prácticas”, lo cual puede
llegar a significar la ultraactividad de aquellas normas que hoy no tienen
correspondencia (o incluso sí la tienen, pero en sentido regresivo), expresa o implícita,
en el nuevo régimen legal. Ello no surge solo del análisis hermenéutico de la norma,
sino también del teleológico (v. gr., no se usó tal vocablo en la norma similar que regía
conforme lo prescripto por el Código Civil de Vélez: art. 22). De este modo, toda la
doctrina y jurisprudencia que se desarrolló al calor del Código Civil de Vélez sería no
solo aplicable, sino que también tendría carácter vinculante, en la medida en que las
partes se refirieran a ella y siempre que no fueran “contrarias a derecho”, máxime
cuando ellas emerjan de la interpretación constitucional y convencional que debe
efectuarse al presente caso.
Cabe resaltar, en este punto, que la Ley de Defensa del Consumidor resulta una
LEY ESPECIAL Y POSTERIOR A LA LEY DE RIESGOS DEL TRABAJO, LA LCT y LA
LEY DE SEGUROS, así como también respecto de la normativa general civil y
comercial, por lo que en principio y en tanto cada precepto en particular de dicha ley
resulte más beneficioso para el consumidor, es esta normativa bajo la cual debe
subsumirse el hecho de marras. Esto es así toda vez que NO TODO BENEFICIARIO
DE UN SEGURO ES NECESARIAMENTE CONSUMIDOR, por lo que el consumidor
damnificado –o expuesto a prácticas comerciales abusivas y a relaciones de consumo,
que para los fines de la ley aplicable es indistinto– tiene una tutela especial y
preferente en todos los ámbitos que prevé la Ley 24.240.
Toda la noción se construye y fundamenta también en la publicidad que realizan
los proveedores, que generan en el consumidor expectativas legítimas que luego
deben cumplirse, como será reseñado luego con más detalle.
Se debe aplicar entonces la Ley de Defensa del Consumidor en su artículo 3°: “las
relaciones de consumo se rigen por el régimen establecido en esta ley y sus
reglamentaciones sin perjuicio de que el proveedor, por la actividad que desarrolle,
esté alcanzado asimismo por otra normativa específica”; sus artículos 37 y 53; y el
principio in dubio pro consumatore, que reglamentan el artículo 42 de nuestra Ley
Fundamental, pues “la hermenéutica del ordenamiento infraconstitucional debe ser
llevada a cabo con ‘fecundo y auténtico sentido constitucional’” (“Municipalidad de
Laprida c/ Universidad de Buenos Aires”, Fallos: 308:647, 653).
Así, del carácter de orden público de la Ley 24.240 (en especial tras su
modificación en el año 2008 mediante Ley 26.361) juntamente con lo preceptuado por
el Protocolo de San Salvador y en materia de DESC en general, se colige que la
misma ha fijado pisos mínimos de derechos que no pueden ser vulnerados por una ley
posterior (tal cual sucede con otras normas de orden público que protegen a la parte
débil, como aquellas que componen el ordenamiento laboral, penal, leyes
antidiscriminatorias, entre otras). Pues como corolario de ello, cualquier otra
interpretación que se hiciera al respecto conculcaría derechos constitucionales
amparados no solo por el artículo 42 de nuestra Carta Magna, sino también por los
artículos 16, 17, 75 inciso 22 y Pactos Internacionales de jerarquía Constitucional; en
particular, por violación al principio de Progresividad y no Regresividad de los Derecho
Humanos (dentro de los cuales sin duda alguna se encuentran los derechos de los
consumidores y usuarios).
Por último, es dable resaltar a modo de conclusión en el marco de lo expuesto en
el presente acápite que el artículo 1094 in fine de nuestro CCCN reza: “En caso de
duda sobre la interpretación de este Código o las leyes especiales, prevalece la más
favorable al consumidor”. Es por ello que, en el caso de marras, deben prevalecer las
prerrogativas insertas en la LDC, entre las cuales están:
- Gratuidad del procedimiento (art. 53 Ley 24.240) sin necesidad de BLSG y con
alcances mayores a los de la gratuidad de la LCT y del BLSG.
- Publicación de las condenas a las empresas (art. 47 Ley 24.240).
- Aplicación de las Cargas Probatorias Dinámicas (art. 53 Ley 24.240) e inversión
de las cargas probatorias pro consumatore.
- Acción Directa –pudiendo ser Autónoma o no, conforme el principio pro
consumatore– contra cualquiera de los integrantes de la cadena de comercialización.
- Interpretación del contrato, de la ley, del diálogo de fuentes y de los hechos a favor
del consumidor en tanto víctima (art. 37 Ley 24.240).
- Inaplicabilidad del principio de la relatividad de los contratos (art 1º Ley 24.240).
- Interpretación y aplicación de la prueba y de las cargas probatorias en favor del
consumidor.
- Interpretación y aplicación de los plazos de caducidad y prescripción en favor del
consumidor.
Para el remoto e hipotético caso de que VS no interprete la normativa o los hechos
del modo antes expuesto (es decir, favor debilis y favor consumatore, sujeto de
preferente tutela), solicito declare la INCONSTITUCIONALIDAD de los artículos del
CCCN, LS, LRT, LCT, LDC y/o CCiv por amparo de la tutela específica otorgada por el
artículo 42 de la CN y pactos internacionales de jerarquía constitucional (en particular,
referentes a los DESC).

XIV. LIQUIDACIÓN SEGÚN LRT


Sin perjuicio del pedido de inconstitucionalidad del sistema de valuación de la
prestación dineraria de pago único que se efectuó en los acápites pertinentes,
conforme lo estipulado por el artículo 14 inciso 2.a de la LRT, y considerando que a la
fecha del accidente el actor tenía 31 años de edad, su grado de incapacidad es del 22
% TO y la mejor remuneración devengada ha sido de $5787, esta parte solicita que se
determine el monto de condena en base al siguiente cálculo:
Fórmula: 53 x 245 LCT x 65 x % de incapacidad
Debe calcularse además el Coeficiente de Edad, que se obtiene de dividir 65 por la
edad del actor al momento del accidente (31 años), lo que da como resultado un
coeficiente de 2,09.
Asimismo, el porcentaje de incapacidad, como se dijo, sería del 22%. Por lo tanto,
el cálculo es el siguiente:
53 x $5787 x 2,09 x 22%, lo que arroja la suma de $141.025
Por ello, hasta aquí, la demandada estaría obligada al pago de la suma de
$141.025 (pesos ciento cuarenta y un mil veinticinco), que surge de este apartado,
actualizada a la fecha de su efectivo cobro, con intereses y costas o lo que VS
entienda correspondiente.

XV. ARTÍCULO 3° LEY 26.773


Al importe resultante en el acápite anterior deberá adicionársele un monto
equivalente al 20% previsto en la norma precitada, lo que desde ya solicito.
A tales fines, se señala que el 20% de la suma obtenida en el acápite anterior
asciende a $28.205 (pesos veintiocho mil doscientos cinco).
En tal sentido, y hasta aquí, la suma peticionada en concepto de indemnización
asciende a $169.230,14 (pesos ciento sesenta y nueve mil doscientos treinta con
14/100).

XVI. ARTÍCULO 17 INCISO 6° LEY 26.773. ACTUALIZACIÓN CONFORME RIPTE.


La ley de referencia prevé en su artículo 17 inciso 6° que “las prestaciones en
dinero por incapacidad permanente, previstas en la Ley 24.557 y sus modificatorias, y
su actualización mediante el decreto 1694/09, se ajustarán a la fecha de entrada en
vigencia de la presente ley conforme al índice RIPTE (Remuneraciones Imponibles
Promedio de los Trabajadores Estables), publicado por la Secretaría de Seguridad
Social, desde el 1° de enero del año 2010”.
De acuerdo al texto de la nueva norma, la indemnización prevista en el artículo 14
de la Ley 24.557 debe actualizarse conforme índice RIPTE. Es por ello que se solicita
que al monto de $541.190 le sea aplicada la actualización contemplada en la norma
transcripta, con más los intereses reales sobre el capital demandado desde el 1º de
enero de 2010 y hasta la fecha de liquidación de la sentencia.
La Excma. Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo se pronunció en sentido
favorable a la aplicación de las mejoras dispuestas por la Ley 26.733 a un supuesto en
el cual se pretendía una indemnización establecida en el artículo 14 apartado 2º de la
LRT y prestación de pago único del artículo 11 apartado 4° inciso b) de la misma ley
(“Cruceño Santos Martín c/ Mapfre Argentina ART SA s/ Accidente”, SD 18.543 DE
14/05/2013; en igual sentido “Rodríguez Píriz Miguel Ángel c/ Mapfre Argentina ART
SA s/ Accidente - Ley especial”, SD 18.514 del 30/04/2013; y finalmente “Corriente
Darío Pablo c/ QBE ART SA s/ Accidente - Acción Civil”, Expte. 233.338/201, Sala III
de la CNAT).

XVII. LIQUIDACIÓN
Sin perjuicio de la presente liquidación, de acuerdo a las facultades contenidas en
el artículo 56 LO, VS deberá suplir alguna involuntaria omisión en la que se pudiera
haber incurrido.
Sentado ello, a los efectos prácticos, dejo plasmada la liquidación correspondiente
a la reparación por el accidente de trabajo in itinere:
Reparación LRT $169.230,14
Total: $169.230,14
(pesos ciento sesenta y nueve mil doscientos treinta
con 14/100)

XVIII. TASA DE INTERÉS APLICABLE


Por imperio del Acta CNAT Nº 2601, deberá aplicarse la tasa de interés prevista por
el Banco de la Nación Argentina para los préstamos personales libre destino con plazo
de 49 a 60 meses, lo que se justifica en razón de la extensión promedio de los juicios.
Sabido es que, de acuerdo al principio general que prevé el artículo 622 CCiv, los
intereses deben computarse desde que cada suma fue debida y hasta el momento de
su efectivo pago. Por ello, deberá distinguirse el momento por el cual cada suma fue
debida y, en consecuencia, desde allí deberá adicionarse el respectivo interés
moratorio.
Dicho criterio encuentra fundamento constitucional, así como también dentro de la
esfera del derecho internacional, por cuanto se intenta proteger tanto el crédito salarial
como la propiedad del trabajador.

XIX. OFRECE PRUEBA


Ofrezco la siguiente prueba, sin perjuicio de realizar su ampliación en el momento
procesal oportuno:
A) DOCUMENTAL
Se ofrece toda la siguiente documental acompañada junto con la demanda, a saber:
- Un Acta de cierre de procedimiento de conciliación obligatoria SECLO.
B) DOCUMENTAL EN PODER DE LA DEMANDADA
Solicito que se intime a la accionada GALENO ASEGURADORA DE RIESGOS DEL
TRABAJO SA en los términos del artículo 388 del CPCCN y por el plazo que VS fije y
bajo apercibimiento de ley a acompañar en autos:
- Copia debidamente certificada de todos los estudios y tratamientos efectuados,
indicando fecha en que se atendió a la actora; asimismo, se solicita historia clínica y
toda otra documentación en su poder vinculada con el accidente de trabajo
denunciado en estos autos.
C) CONFESIONAL
Se cite a absolver posiciones y reconocer documentos bajo apercibimiento de ley al
representante legal de la demandada. Desde ya se formula expresa reserva de
proceder en el acto de la respectiva audiencia a interrogar al absolvente en los
términos del artículo 415 del CPCC.

XX. DERECHO. CASO FEDERAL


El que asiste a mi mandante se sustenta en lo dispuesto por las normas citadas en
la presente demanda, Constitución Nacional, Tratados Internacionales, Ley de Riesgos
de Trabajo y demás normas y jurisprudencia citadas que hacen al derecho de mi parte.
Por ello, hacemos expresa reserva en esta primera oportunidad procesal de ocurrir
ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación por vía del recurso pertinente en caso
de desestimación de lo solicitado en esta presentación mediante el dictado de una
sentencia arbitraria o la conculcación de alguna garantía constitucional. La
consideración que precede responde al indeclinable celo que nos imponemos en la
defensa de los legítimos intereses de la parte actora y no mengua la alta consideración
que VS nos merece por su investidura y mérito.

XXI. AUTORIZACIÓN
Se autoriza a correr con cualquier diligencia relacionada a las presentes
actuaciones al señor XXXXXXXX.

XXII. ACORDADA
Declaro bajo juramento que la presente no tiene radicación anterior en el fuero.

XXIII. SOLICITA SE INICIALICEN LAS ACTUACIONES


Dada la gravedad de las cuestiones ventiladas en las presentes actuaciones,
solicito a VS que se mantengan inicializadas y reservadas.

Proveer de conformidad
ES JUSTO

También podría gustarte