Monólogo: "Confesiones del Poeta"
Personaje: Pablo Neruda, el célebre poeta chileno, reflexiona en soledad en su estudio, rodeado de
libros, manuscritos y recuerdos de su vida.
Pablo Neruda:
(De pie, junto a una ventana abierta, mirando hacia el mar)
¿Qué es el tiempo sino un susurro en el viento, una sombra que se alarga y se desvanece?
Aquí, en la quietud de mi estudio, encuentro el eco de mi propia voz, resonando entre las paredes,
entre los libros que han sido mis compañeros fieles.
(Vuelve la mirada hacia la mesa, donde descansan varias plumas y papeles dispersos)
He escrito tanto y, sin embargo, las palabras no son suficientes para capturar la vastedad
del alma. Cada verso, cada línea, es un intento desesperado por aprisionar la belleza del mundo, por
entender el misterio de la existencia. La tinta de mi pluma es mi sangre, cada poema es una parte
de mí que entrego al universo.
(Camina lentamente, acariciando los lomos de los libros en la estantería)
Recuerdo los días de mi juventud, cuando el amor era una llama que ardía sin cesar, cuando
la esperanza vestía de colores mis sueños. Ah, cuánto amé y cuánto perdí. Las mujeres que pasaron
por mi vida, cada una un universo, un enigma. Sus risas, sus lágrimas, quedaron atrapadas en mis
versos, eternas e inmutables.
(Se detiene y observa una vieja fotografía enmarcada)
Aquí, en este retrato, está Matilde, mi musa, mi compañera. Sus ojos eran estrellas que
guiaban mis noches más oscuras. Sus manos, tiernas y fuertes, sostenían mi alma cuando el mundo
parecía desmoronarse. ¿Cómo olvidar sus caricias, sus susurros al oído? Escribí para ella, para
capturar su esencia, para que el tiempo no pudiera arrebatármela por completo.
(Se sienta en una silla, cierra los ojos por un momento y respira profundamente)
La naturaleza siempre ha sido mi refugio, mi consuelo. Los árboles, los ríos, las montañas...
en ellos encuentro la paz que el mundo humano me niega. Cada hoja, cada piedra, es un poema no
escrito, esperando ser descubierto. En la soledad de los bosques, en el murmullo del mar, escucho
la voz del universo, una voz que me llama, que me inspira.
(Abre los ojos y mira hacia el horizonte, a través de la ventana)
Pero el tiempo, implacable, sigue su curso. Los días se desvanecen como arena entre los
dedos. Y yo, con cada nuevo amanecer, siento la urgencia de escribir, de dejar un legado, de ser
recordado. Porque al final, ¿qué somos sino polvo y recuerdos? Pero mientras mis palabras vivan,
mientras alguien lea mis versos, una parte de mí seguirá existiendo.
(Toma una pluma y comienza a escribir en un papel en blanco)
Y así, con cada palabra, construyo un puente hacia la eternidad. Un poema es un susurro en
el viento, una chispa de luz en la oscuridad. Y yo, un simple poeta, seguiré escribiendo, seguiré
soñando, mientras haya aliento en mi pecho y estrellas en el cielo.
(Levanta la mirada, con una suave sonrisa en los labios)
Porque en cada verso, en cada rima, está la esencia de mi ser, el reflejo de mis sueños, la
voz de mi alma. Y eso, eso es lo que me da la fuerza para seguir adelante, para continuar este viaje
maravilloso y misterioso que llamamos vida.