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Características Del Pastor Como Líder Cristiano

El documento describe las características esenciales que debe poseer un pastor como líder cristiano, basándose en pasajes bíblicos como 1 Timoteo 3:1-7. Se enfatiza la importancia de la permanencia, pureza, dominio propio, y la capacidad de dar un ejemplo consistente, así como la necesidad de tener confianza en el llamado divino y una perspectiva enfocada en el futuro. Además, se destaca la importancia del aprendizaje continuo para ejercer efectivamente el ministerio.

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Características Del Pastor Como Líder Cristiano

El documento describe las características esenciales que debe poseer un pastor como líder cristiano, basándose en pasajes bíblicos como 1 Timoteo 3:1-7. Se enfatiza la importancia de la permanencia, pureza, dominio propio, y la capacidad de dar un ejemplo consistente, así como la necesidad de tener confianza en el llamado divino y una perspectiva enfocada en el futuro. Además, se destaca la importancia del aprendizaje continuo para ejercer efectivamente el ministerio.

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Tema: Características del pastor como líder

cristiano

Lectura: 1 Timoteo 3:1 al 7

Introducción
¿Cuáles son las características del líder cristiano? Cuando a mi mente viene la
palabra “líder” sobresalen tres textos bíblicos:
1 Timoteo 3:1-7
Palabra fiel es ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo [pastor, ministro, o
líder de la iglesia], buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues,
irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta
decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no
pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Que gobierne bien
su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no
sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de
Dios?); no un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la
condenación en que cayó el diablo. Debe gozar también de una buena
reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y
en el lazo del diablo.
2 Timoteo 1:7
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de
dominio propio.
1 Pedro 4:10-11
Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los
otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que
habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga
por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante
Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los
siglos. Amén.
A mi juicio, en estos tres textos se expresan algunos de los más importantes
requisitos bíblicos esenciales para una labor efectiva como pastor
Un buen y efectivo ministerio debe:

[Link] permanencia
La persona que persevera en su llamado es la que es admirada. Los años dan
testimonio de la nobleza de su carácter, y dan prueba de su legitimidad.
Aquel que se da por vencido cada vez que llega una prueba difícil es el que
nunca gana la confianza de una congregación. Pablo pide que los pastores
tengan una buena reputación entre los de afuera de la iglesia. Es decir,
líderes que son admirados por el mundo inconverso. Tal admiración viene a
consecuencia de largos años de servicio honorable. Comprende la honestidad
del siervo de Dios que es estable y formal, en contraste con los escándalos
tantas veces vistos en la comunidad secular. Tales líderes cristianos se ven y
se admiran por la fidelidad en su relación matrimonial. Su esposa y sus hijos
dan testimonio de un hombre íntegro. Contra viento y marea, año tras año,
han mostrado su transparencia. Cumplen lo que dicen, viven lo que predican,
y son estables como una roca. Difícil sería decir tales cosas del que se llama
líder, pero no se queda lo suficiente en un sitio para en verdad poder
conocerlo.

[Link] pureza en su vida privada


Quizás lo más importante en la vida de un pastor es su vida privada. Lo que hace cuando está solo
—y cree que nadie le observa— es lo que mejor define su carácter. Esto fue lo que se vio en la vida
de Natanael cuando estaba solo debajo de la higuera. A base de observarle en esos momentos
típicos, donde tantos se entregan a sus pasiones, fue que dijo Jesús: He aquí un verdadero
israelita, en quien no hay engaño (Jn 1:47). En la soledad ¿qué pienso?, ¿qué deseo?, ¿qué busco?,
¿qué hago?, ¿con qué me distraigo? Una predicación pública efectiva es el resultado de una vida
privada efectiva —que ha sabido en los tiempos solitarios comunicarse con Dios y dedicarse al
estudio de la Palabra y a la oración. Es a estos que Dios ha dado espíritu de poder, de amor y de
dominio propio (2 Ti 1:7).

3. Ser caracterizado por el dominio propio


(Gal 5:22-23) Mas el fruto del Espíritu es… templanza…
(1 Ti 3:2) Pero es necesario que el obispo sea…sobrio…
(Tito 2:2) Que los ancianos sean sobrios…
(Tito 2:11-12) Enseñándonos que…vivamos en este siglo sobriamente
(1 Pe 1:13) Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento,
sed sobrios…
(2 Pe 1:6) añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al
conocimiento, dominio propio.
Se nos ha dicho repetidas veces que los tres peligros más grandes para un
pastor son:
Dinero
Mujeres
Orgullo
El dominio propio —el auto control de su dinero, su tiempo, su mente, su
sexo— es básico a la vida de un pastor. La palabra griega para dominio
propio es “enkrateia”, que quiere decir “fuerza”. Veamos textos donde en el
original se usa esta palabra “enkrateia”:
Tenemos que protegernos en cada una de estas áreas. ¿Cómo? Apelar a Dios
para recibir de él la fuerza y el poder para hacerlo. Esta es la única manera,
pero al hacerlo encontraremos que Dios es fiel para hacernos victoriosos .

4. Dar un ejemplo consistente


Josué tuvo de modelo a Moisés
David a Samuel
Eliseo a Elías
Los discípulos a Jesús
Saulo a Bernabé
Timoteo y Tito a Pablo
Por ser seres débiles y frágiles, todos necesitamos buenos modelos. Al
estudiar la Biblia, es fascinante ver como ella da ejemplo de esta verdad:
¿Nos atreveríamos, como pastores, a decirle a nuestra congregación lo que
dijo Pablo: Lo que también habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí,
esto practicad, ¿y el Dios de paz estará con vosotros? (Filipenses 4:9). ¡Qué
increíble modelo fue el que dio el apóstol! Y, ¿qué pasa con nosotros? ¿Acaso
no tenemos al mismo Cristo? ¿Acaso no tenemos el mismo evangelio?
¿Acaso no tenemos al mismo Espíritu Santo para darnos la fuerza y el poder?
“Sed imitadores de mí. ¡Así como yo sigo a Jesucristo, seguidme a mí!”. Este
sigue siendo el reto de cada pastor. Qué distintas serían nuestras iglesias si
realmente podríamos ser ejemplos de Cristo a nuestras congregaciones.

5. Tener una fuerte cualidad de


resistencia
Nunca ha sido fácil ser un seguidor del Dios de la Biblia. Si quieres verificar
esa verdad, pregúntale a Abel, a José, a Daniel, a Jeremías, a Pedro, a Martín
Lutero, pregúntale a cualquier miembro de tu congregación. Nuestra lucha
con el mundo, con el diablo y con nuestra carne no sólo es difícil, es
constante. El cristiano tiene que tener más que una calidad de fe, tiene que
tener una cualidad de carácter: esa habilidad para decir que, venga viento o
marea, nada me mueve de Cristo. Fíjense en Nehemías al edificar las murallas
caídas de Jerusalén, en una mano tenían una paleta llena de cemento, en la
otra una espada para detener y resistir a sus enemigos. Nuestro problema —
y la razón por la cual nos vence el mundo— es que no sabemos cómo
levantar la espada. En nuestra lucha constante nos cansamos y lo primero
que dejamos caer es la espada. Nos convencemos que si mantenemos la
paleta llena con actividades religiosas ya es suficiente y dejamos de batallar
contra el enemigo. Recordemos que hay dos cosas que necesitamos (una
paleta y una espada) para vencer al enemigo de nuestras almas. Como nos
dice la Biblia: (1) someteos a Dios. (2) Resistid al diablo y huirá de
vosotros (Santiago 4:7).

6. Poseer la condición de siervo


Jesús se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la
ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los
discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido… Entonces,
cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose a la mesa
otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y
Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé
los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he
dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. En
verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado
es mayor que el que le envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis.
su
Nos indica Pedro, Según cada uno ha recibido un don especial,
úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la
multiforme gracia de Dios. (1 Pedro 4:10). No importa el don, no importa el
título que hombres nos hayan dado, ni el puesto que esté ocupando, todos
esos títulos y honores —no importa cuáles sean— todos están subordinados
al título especial que Cristo me dio: ¡SIERVO! Mi deber, como el me enseñó,
es tomar una toalla y ser de espíritu y corazón un siervo a mis hermanos.
¡Qué autoengaño el pensarnos jefes y mandamás, o creernos superiores en
el reino de los cielos! Dios nos perdone por nuestro imperdonable orgullo.
¿Quién eres tú? ¿Quién soy yo? Tú y yo, miserables pecadores que
merecíamos el infierno, fuimos perdonados por nadie menos que Jesucristo.
Y, asombrosamente, de Él recibimos ese increíble llamado: el de apacentar
sus ovejas. Pregúntate: ¿Cuál es tu título? ¿Cuál es el título mío? Repítalo
lentamente y con énfasis; “¡Soy un siervo de Cristo!” Y por si acaso no
entendíamos lo que eso significaba, nuestro mismo Salvador nos enseñó:

7. Tener alta confianza en su llamado


divino
En el capítulo 10 de San Mateo leemos que Jesús llamó a los doce
(interesantemente lo hizo por nombre) y les dio las instrucciones y la
autoridad para su trabajo. Recordemos, como acabamos de apuntar, que los
que son llamados para apacentar las ovejas del rebaño de Dios son “siervos”.
A cada uno nos ha llamado por nombre (si es que en realidad él nos ha
llamado para servirle como pastores), por lo tanto, a cada uno nos ha dado la
autoridad para cumplir sus órdenes. Por esto es indispensable saber que
Jesucristo es el que nos ha apartado, nos ha llamado, nos ha colocado como
“siervo” suyo. Sin ese llamado, sin esa confianza, no podemos reclamar su
autoridad divina para ministrar. Solo al tener esa confianza de ese llamado
especial del Señor es que podemos lanzarnos confiadamente a la tarea que él
nos ha dado. Ese llamado no viene por herencia (de padre a hijo), ni por
relación (de esposo a esposa), ni por una congregación (que nombra a un
miembro como pastor), ni por una asociación de pastores (que impone sus
manos sobre una persona y la ordena como pastor). No, mis queridos
hermanos, todo ese llamado es único del Gran Pastor de la Ovejas, Jesucristo.
Él todavía viene, y como hizo con Abraham, Moisés, Josué, David, Isaías,
Jeremías, los Doce Discípulos, Pablo, Bernabé, Agustín, Lutero, Wesley, etc.,
Él sigue llamando por nombre a los que Él escoge para servirle. Como
indica Hechos 13:1-3, Dios llama al individuo por nombre, la iglesia lo
reconoce y aprueba, el Espíritu Santo los envía, y salen a servir con la
bendición de la iglesia. Un llamado tan sagrado no es por escogencia propia,
ni por nombramiento familiar. Por tanto, si en realidad Jesucristo nos ha
llamado, no es en nuestra habilidad que confiamos, no es en nuestro poder
que nos lanzamos. La confianza la tenemos en Él, ya que es Dios quien nos ha
apartado para servirle.

8. Poseer una perspectiva personal


especial
El apóstol Pablo ejemplificó esa correcta perspectiva que debe tener todo
pastor: “Una cosa hago”, dijo él, “olvidando ciertamente lo que queda atrás,
y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del
supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:13). Aunque
envuelto en todo el quehacer del presente, el pastor efectivo siempre está
mirando el futuro. Reconoce dónde la congregación está ahora en su andar
con Cristo, pero en su prédica, en sus instrucciones, en sus oraciones está
mirando a lo que espera que la iglesia llegue a ser en el futuro. Su trabajo, su
predicación, su expectativa está enfocada en ver un crecimiento espiritual
constante. Nunca está satisfecho con lo que ve hoy, puesto que la mirada la
tiene puesta en el progreso espiritual que espera de cada miembro en el
mañana. Lo de hoy es para edificar lo que viene mañana. Ve un futuro tan
prometedor como las gloriosas promesas de Dios. Así es que no deja que las
dificultades del presente le desanimen, que los fracasos diarios en las vidas
de miembros que luchan en su fe y en su obediencia le desalienten. Sus ojos
los tiene puestos en Cristo, el que le ha asegurado que todo lo puede en
Cristo que le fortalece (Filipenses 4:13). Realmente entra en las fronteras de
su llamado para actuar, no para discutir.
9. Estar abiertos al aprendizaje
Por cierto, si la vista está puesta en lograr todo lo que Dios tiene para
nosotros en el futuro, necesitamos estar preparados para no quedarnos
atrás. Reconocemos, entonces, nuestra capacidad para crecer
en conocimientos. El apóstol Pedro nos urge: con toda diligencia, añadid a
vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento (2 Pedro 1:5). Creámoslo o no,
un pastor es considerado como un especialista. Es, por decir, un profesional.
Su especialidad es Biblia y teología. Digamos, para ilustrar esto, que estamos
enfermos y vamos a un médico. Ya sabemos cuál es la enfermedad que nos
agobia, pues hemos ido a un buen médico. Pero al escucharle a este, al oírle
diagnosticar, al verle actuar, nos damos cuenta que no sabe de qué está
hablando; que el título que cuelga en la pared es comprado, que el hombre
nunca ha estudiado, que no conoce de medicina, que es un charlatán.
¿Qué haríamos? Seguramente de inmediato saldríamos de su oficina. Y, si
queremos proteger a los ciudadanos del pueblo, lo denunciaríamos ante las
autoridades. ¿Qué debemos decir de una persona que se declara ser pastor,
pero no tiene estudios? Llamarse pastor equivale a decir que uno es un
profesional, que ha estudiado, que conoce lo que dice, que es una una
persona preparada y con capacidad para enseñar. Es más, los profesionales
para mantener su licencia periódicamente tienen que tomar cursos
especiales para mantenerse al día con los avances de su profesión. ¿Por qué
ha de ser distinto con un pastor? Creemos que lo más importante en el
mundo es la relación de un alma con Dios y nosotros decimos ser los
guardianes de las almas. Si tú y yo no nos preocupamos por nuestros
conocimientos, ¿a dónde terminará la iglesia? Así pues, hagamos el hábito de
crecer, de estudiar, de leer libros sobre doctrina y teología, de estudiar
consejería, de estudiar los comentarios bíblicos, de mejorarnos en cada rama
de nuestra profesión. Dios nos puede usar solo cuando hemos aprendido.
Como dice Pedro: El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el
que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea
glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por
los siglos de los siglos. Amén (1 Pedro 4:11).

10. Ser ejemplos de la fe


Nos dice hebreos 11:6 Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario
que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que es remunerador de los
que le buscan. Entonces ese gran capítulo nos da una lista de ejemplos de la
fe: Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, José, Moisés, Rahab, Josué
(por inferencia), Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, y Samuel. Sigue —sin
mencionar nombres— recordándonos a los mártires que murieron firmes en
la fe, y termina el capítulo con estas palabras: “todos éstos, aunque
alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido [la
venida del Mesías]; proveyendo Dios alguna cosa mejor para
nosotros [Jesucristo y el mensaje entero del Nuevo Testamento], para que no
fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. En otras palabras, los del
Antiguo Testamento, igual que nosotros del Nuevo, somos perfeccionados
por el mismo medio: por la fe. Y si por acaso no sabemos lo que es esta fe,
nos la define en el primer versículo del capítulo: Ahora bien, la fe es la
certeza de lo que se espera [la seguridad que se tiene en lo que Dios ha
prometido en cuanto al cielo], la convicción de lo que no se ve. La “fe” según
la Biblia, no es un sentimiento, no es algo que yo fabrico en mi mente, no es
algo que yo logro por un esfuerzo duro y difícil.
La “fe” de que habla la Biblia es la certidumbre que tenemos como hijos de
Dios que todo lo que Dios nos dice en su Santa Palabra es verdad. Y, es más: a
base de lo que nos dice esa Palabra y una convicción puesta en nuestros
corazones por el Espíritu Santo, estamos convencidos y seguros que, por un
favor inmerecido por parte de Dios, nosotros que creemos en lo que Cristo
obro en la cruz al morir por nuestros pecados, somos perdonados y al
nosotros morir, con toda seguridad iremos al cielo donde moraremos con
Dios para siempre. Al leer el capítulo entero vemos que es de esa clase de
“fe” que habla, como declara el versículo 13: Conforme a la fe [confianza en
la Palabra de Dios] murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido [es
decir el cielo], sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y
confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
Exactamente lo mismo que la fe nuestra, creyendo en lo que Dios nos ha
prometido en su Palabra, nos lanzamos por la fe a vivir una vida que le
agrada con la consecuencia que nos apartamos del mundo. Aquí en el ahora
vivimos para el cielo que nos espera. Esa “fe” nos hace diferentes, nos da
diferentes ambiciones, nos lleva a vivir distintos a los que creen que esta vida
aquí en la tierra es todo lo que hay. Como pastores, es esa fe la que no solo
predicamos, pero vivimos, pidiendo a todo el rebaño que siga nuestro
ejemplo.

Conclusión
Debo entender como ministro que las cualidades que me definen como líder
y como pastor soy muchas una tarea bastante ardua y difícil, aunque no
imposible cuando existe un llamado divino, aunque también es necesario
hacer la parte humana que en si nos corresponde para ejercer el ministerio
como Dios quiere.
Elaborado por el Rev Pastor Ismael Pérez

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