La Programación o Planificación de la Enseñanza
La programación o planificación de la enseñanza forma parte del intento sistemático por resolver problemas
relativos a la enseñanza y al aprendizaje. Se trata de un proyecto de acción, sabiendo que la enseñanza es una
actividad intencional y siempre tiene finalidades, entonces, es necesario asegurar de algún modo que estas
finalidades sean cumplidas. La enseñanza, aparte de tener propósitos y operar con restricciones, siempre opera
en ambientes complejos por la cantidad de factores intervinientes y por el ritmo en el cual esos factores
concurren. En una sala de clases no sólo pasan muchas cosas, a veces pasan muchas cosas al mismo tiempo.
Cuantas más variables están previstas dentro de la programación, más capacidad quedará disponible para
atender a otros sucesos.
La programación es frecuentemente definida por sus relaciones con el diseño curricular.
Jackson (Jackson, 1968) estableció hace tiempo que la tarea de enseñar comprende distintos momentos: la fase
preactiva (aquella en la cual tienen lugar los procesos de planeamiento y programación), la fase interactiva (que
tiene que ver con el desarrollo de las acciones previstas con los alumnos en el contexto escolar) y la fase posactiva
(en la cual se procede al análisis y evaluación de lo sucedido en fases anteriores). Desde el punto de vista de quien
enseña, la instancia preactiva implica un proceso de construcción personal o colectiva –cuando es llevada a cabo
por equipos docentes- orientado a convertir una idea o un propósito en un curso de acción; encontrar modos de
plasmar de algún modo nuestras previsiones, aspiraciones y metas en un proyecto que sea capaz de representar
en lo posible nuestras ideas. La programación define así un espacio “transicional”, de articulación entre las
intenciones y valores pedagógicos del/la profesor/a y las condiciones particulares de la tarea, entre la reflexión y
la acción. La posibilidad de anticiparse en el tiempo, de prever los elementos de la tarea, de considerar
conjuntamente propósitos, posibilidades y restricciones.
El programa o planificación constituye siempre una representación anticipada de un proceso y de cierto estado de
cosas que pueden preverse sólo en parte: la práctica presenta espacios de indeterminación (Schön, 1992),
situaciones y problemáticas que resulta imposible anticipar. Por eso se trata siempre de una hipótesis de trabajo
que expresa las condiciones en las que se desarrollará la tarea, ofreciendo una especie de cartografía a la que es
posible recurrir para buscar información o para reorientar el proceso. Así como el arquitecto acostumbra
replantear sus proyectos en obra, el/la buen profesor/a, es aquel, aquella que interpreta la marcha de los
acontecimientos, juzga los elementos en juego y toma decisiones que pueden incluir la revisión de su estrategia
de enseñanza.
La programación sitúa al profesor /a de cara a un curso o a un tramo determinado de éste. Desde este punto de
vista, su propósito central puede ser resumido del siguiente modo: el diseño de un conjunto de oportunidades –
contextos y actividades- para que un grupo de alumnos pueda tener encuentros fructíferos con determinados
contenidos educativos.
El proceso de programación o planificación está organizado en componentes, ellos son:
La Fundamentación:
En este apartado el/la docente explicita cuales son los fundamentos teóricos (enfoques y lineamientos para la
enseñanza del área) valorativos (propósitos institucionales) que justifican su propuesta de selección de
contenidos, objetivos y metodología, en ella se definen claramente los alcances del curso, el grupo sobre el que se
elabora la planificación. Se explicita la posible articulación con otros espacios curriculares, así como un análisis de
todos aquellos factores que puedan influir en el proceso.
Debe evidenciar la relevancia social y disciplinar del proyecto.
En la Fundamentación se integran:
Las intenciones educativas, manifestando la concepción de la enseñanza que sustenta la propuesta,
estableciendo en general las expectativas para la materia y las finalidades a alcanzar. El grupo infantil con que se
trabajará.
Los contenidos, competencias y capacidades que se busca enseñar con esa propuesta de clase y que están
establecidos en el Diseño Curricular.
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Las estrategias metodológicas, explicitando si se trata de un proyecto didáctico, una unidad didáctica, una
secuencia didáctica, los agrupamientos, recursos, actividades, evaluación.
Los temas transversales, vinculados con institución, acuerdos, formas de organizar la enseñanza que parten de la
institución.
Propósitos y Objetivos. Al proyectar un proceso de enseñanza es importante construir una representación acerca
de qué se desea y en qué dirección moverse. La clarificación de objetivos y propósitos constituye un modo de
resolver este problema. Los objetivos expresan adquisiciones posibles por parte de los/as alumnos/as al finalizar
un determinado curso o período y se resumen en expresiones del tipo: los/as alumnos/as serán capaces de…
Los propósitos tienen que ver con los rasgos que se desean priorizar en la propuesta de enseñanza; expresan las
intenciones y aspiraciones que la escuela y los profesores procuran concretar con el desarrollo del curso o tramo
de enseñanza. En este sentido, los propósitos enfatizan la responsabilidad de quien enseña: expresan ciertas
condiciones que la enseñanza aporta para promover determinadas experiencias formativas. Definen los principios
que orientan la enseñanza y describen un tipo de situación educativa en la que los/as alumnos/as deben
involucrarse. Mientras los propósitos remarcan la intención, los objetivos el logro posible.
El Contenido. El contenido es aquello que se enseña. Se trata de las porciones del saber que han sido
seleccionadas para ser enseñadas en la escuela. El término contenido es el nombre que reciben los conocimientos
al ingresar a la escuela. Decir contenido, saber o conocimiento, es lo mismo, sólo que el término contenido es
específicamente escolar. El contenido es todo lo que se tiene intención de enseñar, todo lo que se programa para
ser enseñado.
¿De qué cosas se habla cuando se habla de contenido? El contenido puede consistir en, por ejemplo,
informaciones, teorías o conceptos. Un tipo de objetos que entran en la categoría de “contenido” y que,
comúnmente se denominan “saber que”. También pueden ser metodologías o procedimientos, habilidades o
técnicas. Lo que habitualmente se llama “saber cómo”. Hay un último grupo de componentes del contenido que
está formado por disposiciones. Es posible proponer que la tarea educativa genere ciertas disposiciones o que
los/as alumnos/as desarrollen ciertas actitudes.
Las Tareas y Materiales de enseñanza. Las tareas y actividades enfrentan a los alumnos con experiencias y modos
de apropiación del conocimiento y desarrollo de competencias. No son solo un vehículo. Ellas mismas tienen valor
formativo. Las actividades relevantes para un curso dependen de sus propósitos y de la manera en que sean
definidos los contenidos. Para ejemplificar con una conocida frase: es muy difícil aprender a investigar si no es
investigando. Y este contenido complejo define un conjunto de tareas y prácticas que comportan “actividades”
que deben ser realizadas por los/as alumnos/as en el proceso de aprendizaje acerca de la investigación.
La Evaluación. Para concretar oportunidades de formación una propuesta educativa necesita establecer en qué
medida la enseñanza y el aprendizaje se adecuan a los propósitos planteados. Esta apreciación es necesaria para
introducir modificaciones y para tomar decisiones didácticas. La evaluación cumple estas funciones en la
enseñanza. Una de ellas relacionadas con la marcha de la enseñanza y del proceso de aprendizaje y otra con la
acreditación de saberes y competencias para otorgar certificaciones.
La evaluación proporciona información que permite tomar decisiones de manera más racional (pensada) y
fundamentada. Esto requiere ocuparse, tanto de lo que ocurre con los aprendizajes de los alumnos, como
también de las formas en que se enseña.
Algunos tipos de evaluación:
Diagnóstica: La evaluación diagnóstica es aquella que se realiza previamente al desarrollo de un proceso
educativo. Es aquella que se realiza con la intención de obtener información precisa que permita identificar qué
saben los/as estudiantes, en relación a un contenido determinado.
Formativa: Es aquella que se realiza durante el proceso de enseñanza-aprendizaje por lo que debe considerarse,
más que las otras, como una parte reguladora y consustancial del proceso. La finalidad de la evaluación formativa
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es regular el proceso de enseñanza- aprendizaje para adaptar o ajustar las estrategias y actividades durante el
aprendizaje de los/as alumnos/as. Este tipo de evaluación, parte de la idea de que se debe supervisar el proceso
del aprendizaje, considerando que éste es una actividad continua de reestructuraciones producto de las acciones
del alumno y de la propuesta pedagógica. Por tanto, no importa tanto valorar los resultados, sino comprender el
proceso, supervisarlo e identificar los posibles obstáculos o fallas que pudiera haber en el mismo, y en qué
medida es posible remediarlos con nuevas propuestas didácticas. En la evaluación formativa interesa cómo está
ocurriendo el progreso de la construcción de las representaciones logradas por los/as alumnos/as conocer las
representaciones, la significatividad de los aprendizajes, la profundidad y complejidad de las mismas en referencia
a los conocimientos previos sobre determinado contenido.
Sumativa: Es aquella que se realiza al término de un proceso instruccional o ciclo educativo (trimestre,
cuatrimestre) Su fin principal consiste en verificar el grado en que las intenciones educativas han sido alcanzadas.
Por medio de la evaluación sumativa el/la docente conoce si los aprendizajes estipulados en las intenciones
(propósitos, objetivos) fueron cumplimentados. Mediante la evaluación sumativa se establece un balance general
de los resultados conseguidos al finalizar un proceso de enseñanza-aprendizaje. En la evaluación sumativa las
decisiones que se toman a partir de esta evaluación son aquellas asociadas con la calificación, la acreditación y la
certificación. Al finalizar un ciclo escolar o un cierto nivel educativo, la institución y el/la docente tienen la
responsabilidad y el compromiso de expedir ciertos juicios, para acreditar el grado y el supuesto nivel de
aprendizaje logrado en él. Por medio de calificaciones finales, certificados o títulos, se pretende avalar que
un/una estudiante tiene las competencias necesarias para acceder a otros grados o niveles educativos.
(Fuentes del texto: Estela Cols. Daniel Feldman. Ángel Diaz Barriga)