Propiedad intelectual y
derechos de autor en España
1. ¿Qué es la propiedad intelectual?
La propiedad intelectual son los derechos otorgados a los creadores y titulares
de una obra para asegurarse que el autor se le reconozca por su obra y tenga un
beneficio económico. Estas pueden ser desde obras artísticas, a obras literarias y
científicas. En España, la protección de la propiedad intelectual está regulada por la
Ley de Propiedad Intelectual (LPI). Aparte de proteger las creaciones originales, esta
ley fomenta la creatividad al garantizar el control sobre la obra propia. También crea
sanciones dirigidas al plagio y uso no autorizado de la misma, con excepciones al uso
educativo o de investigación para un acceso equilibrado a la cultura.
La propiedad intelectual y la propiedad industrial son ramas del derecho que
protegen creaciones del intelecto, pero se aplican a contextos diferentes y tienen
características particulares. Una de sus principales diferencias es el campo de
aplicación ya que la propiedad intelectual abarca expresiones creativas y científicas
mientras que la propiedad industrial protege invenciones y elementos distintivos
utilizados en la industria y el comercio. Aparte, la propiedad industrial requiere un
registro para que se le otorguen sus derechos y para la propiedad intelectual no es
necesario aunque se recomienda. Por último los derechos de propiedad industrial son
limitados y suelen requerir renovaciones mientras que la propiedad intelectual tiene
una duración de la vida del autor + 70 años tras su muerte. Un ejemplo de propiedad
intelectual sería un personaje creado por un ilustrador mientras que uno de
propiedad intelectual sería el logo de una empresa.
2. Tipos de propiedad intelectual
Los derechos de autor protegen las obras originales de carácter creativo y los
derechos relacionados con su interpretación o difusión. Protegen: obras literarias
(libros, artículos), obras artísticas (pinturas ilustraciones, esculturas, música), obras
audiovisuales (películas, series), software y bases de datos. En España, los derechos
patrimoniales duran toda la vida del autor + 70 años tras su fallecimiento y los
derechos morales (reconocimiento y respeto a la obra) son perpetuos. Un ejemplo de
una obra protegida por los derechos de autor sería Quentin Blake, conocido por sus
ilustraciones en los libros de Roald Dahl, como Charlie y la fábrica de chocolate o
Matilda. Las ilustraciones originales de Blake están protegidas por los derechos de
autor, lo que significa que nadie puede reproducirlas, distribuirlas, modificarlas o
utilizarlas comercialmente sin su permiso o el de los titulares de los derechos (tras su
cesión o licencia).
La propiedad industrial incluye derechos relacionados con invenciones, signos
distintivos y diseños industriales. Aunque es una categoría separada dentro del
sistema global de propiedad intelectual, está estrechamente vinculada. Esta incluye:
Patentes que protegen invenciones técnicas o productos innovadores, duran hasta 20
años, no renovables. Marcas que protegen signos distintivos como nombres, logotipos
o slogans asociados a productos o servicios, tiene una duración renovable
indefinidamente cada 10 años. Diseños industriales que protegen la apariencia
estética de un producto, duran hasta 25 años. Modelos de utilidad que protegen
invenciones con menor nivel de innovación técnica que las patentes, duran 10 años.
Las indicaciones geográficas y denominaciones de origen protegen los
nombres que identifican productos con características vinculadas a su lugar de
origen. Esto incluye productos agrícolas, alimentos, vinos y licores como el "Queso
Manchego" o "Vino de Rioja". Tiene una duración indefinida, mientras se cumplan las
normas de producción.
Los secretos empresariales protegen información valiosa no divulgada que
otorga ventajas competitivas incluyendo fórmulas, procesos y estrategias comerciales.
Duran mientras se mantenga el secreto.
Aunque todos estos aspectos forman parte del sistema global de propiedad
intelectual, cada uno tiene una regulación específica dependiendo de su tipo
3. Obras protegidas por la Ley de Propiedad Intelectual
Obras literarias que incluyen textos escritos en cualquier formato como
novelas, artículos de prensa o ensayos, guiones cinematográficos. Los derechos se
generan automáticamente al momento de la creación y permiten controlar la
reproducción, distribución, traducción y adaptación del texto.
Obras musicales que son composiciones con o sin letra como canciones y
bandas sonoras. Se aplica tanto a la partitura como a la grabación y las entidades de
gestión colectiva (como SGAE) administran los derechos de ejecución y reproducción
pública.
Obras audiovisuales y cinematográficas que incluyen películas, documentales,
series y videos. Se cubre el guión, dirección, diseño visual y música incluida y prohíbe
la reproducción o difusión sin autorización.
Obras artísticas y plásticas incluyen creaciones visuales como pinturas,
esculturas o ilustraciones. Se protege tanto la obra física como su representación
digital y se asegura que nadie puede reproducirlas o vender copias sin autorización
del titular. Por ejemplo, los cuadros de Dalí entrarían en esta clasificación.
Los programas de ordenador (Software) se consideran obras literarias bajo la
LPI. Esto incluye videojuegos desarrollados por una empresa española y software de
gestión empresarial. Se prohíbe la copia, distribución o modificación sin permiso e
incluye tanto el código fuente como el binario.
Obras fotográficas tanto artísticas como documentales. Un ejemplo serían las
imágenes utilizadas en revistas o portales web. Los fotógrafos retienen los derechos
de explotación de sus imágenes y se requieren permisos para su uso en campañas
publicitarias o publicaciones.
Obras dramáticas y coreográficas como guiones de teatro, danzas o
performances, garantizando el control sobre su representación pública o grabación.
4. Derechos de autor: sujetos y tipos
Sujetos de los derechos de autor:
Una obra independiente en ilustración es aquella creada por un único artista.
En este caso, el ilustrador es el único autor y tiene control total sobre los derechos
patrimoniales (como la reproducción, distribución o comercialización) y los derechos
morales (como el reconocimiento de su autoría). Por ejemplo, una ilustración
personal publicada en redes sociales o una portada de un libro creada
exclusivamente por un artista independiente es una obra de este tipo. El ilustrador
tiene el derecho exclusivo de decidir cómo y dónde se utiliza su obra.
En las obras colaborativas, varios autores trabajan juntos, aportando
elementos que pueden ser distinguibles o no. Por ejemplo, en un cómic, el ilustrador
crea los dibujos, el guionista desarrolla la historia y el colorista aporta los acabados y
el color. Todos estos participantes son considerados autores de la obra final. Los
derechos patrimoniales suelen dividirse entre los autores según su contribución o
mediante acuerdos previos, y cualquier explotación de la obra requiere generalmente
el consentimiento de todos ellos.
Las obras colectivas, en cambio, son coordinadas por una entidad, donde las
contribuciones individuales no pueden separarse y forman parte de un todo unitario.
En el ámbito de la ilustración, un ejemplo sería un libro infantil ilustrado por varios
artistas bajo la dirección de una editorial. Aunque cada ilustrador crea una parte
específica del proyecto, la autoría y los derechos patrimoniales pertenecen a la
editorial que organiza y publica la obra. Esto permite a la entidad gestionar la obra
como un todo, aunque los derechos morales de cada ilustrador sobre sus aportaciones
individuales siguen siendo reconocidos.
Por último, las obras compuestas en ilustración combinan elementos de una
obra preexistente con nuevas creaciones. Un ejemplo sería una ilustración basada en
un personaje literario como Sherlock Holmes. Si un ilustrador crea una nueva
interpretación visual del personaje, su obra estará protegida por los derechos de
autor, pero necesitará autorización del titular de los derechos originales si estos
todavía están vigentes. De manera similar, una adaptación ilustrada de una novela
requeriría acuerdos entre el ilustrador y el autor o los titulares de derechos del texto
original.
Tipos de derechos de autor:
Los derechos morales protegen la conexión personal entre el autor y su obra,
siendo perpetuos e intransferibles, mientras que los derechos de explotación
permiten la explotación económica de la obra, pero son transferibles y limitados en el
tiempo. Por otro lado, los derechos conexos amparan a quienes participan en la
interpretación, producción o difusión de una obra, como actores, músicos o
productores. El derecho a la compensación equitativa por copia privada asegura una
retribución a los autores por el uso personal de sus obras mediante copias legales. En
conjunto, todos estos derechos trabajan para proteger tanto los intereses creativos
como los económicos de los creadores y otros participantes en el ciclo creativo y de
difusión cultural.
5. Cesión y límites de los derechos de explotación
La cesión de derechos de explotación permite al autor transferir a terceros el
uso económico de su obra (reproducción, distribución, comunicación pública y
transformación), siempre mediante contrato escrito y dentro de límites específicos
como la duración, el ámbito y los fines. En España, los derechos de explotación duran
hasta 70 años tras la muerte del autor, y no pueden cederse de forma ilimitada ni
perpetua.
La Ley de Propiedad Intelectual establece límites a los derechos de autor para
equilibrar la protección del autor con el acceso a la cultura. Ejemplos de estos límites
incluyen el derecho a copia privada, las citas con fines educativos o informativos, el
uso en bibliotecas y archivos, y la creación de parodias o adaptaciones para personas
con discapacidad. Estos límites garantizan tanto el respeto a la obra como el beneficio
colectivo.
6.Pasos que debe seguir un autor ante la vulneración de sus derechos de autor.
Cuando un autor descubre que sus derechos de autor han sido vulnerados,
como en el caso de un ilustrador que encuentra su obra siendo utilizada sin permiso
en productos comercializados, es importante actuar de manera estructurada para
proteger sus derechos. El primer paso es confirmar que se ha producido una
infracción. Esto implica verificar que la obra protegida se está utilizando sin
autorización o en condiciones contrarias a lo establecido por la ley. En este proceso, es
fundamental recopilar evidencias claras, como capturas de pantalla, enlaces a las
páginas implicadas, registros de ventas, facturas o cualquier documento que respalde
la reclamación.
Aunque no es obligatorio registrar la obra para que esté protegida por
derechos de autor, contar con un registro en el Registro de la Propiedad Intelectual
puede facilitar enormemente el proceso legal. Si la obra ya está registrada, el autor
debe disponer de una copia certificada como prueba de titularidad. Si no lo está, es
recomendable registrarla lo antes posible, incluso después de descubrir la infracción,
ya que esto fortalecerá su posición en futuras acciones legales.
Antes de recurrir a los tribunales, es aconsejable intentar resolver el conflicto
de manera amistosa mediante un requerimiento extrajudicial. Este documento,
enviado al infractor, debe explicar claramente la infracción cometida, exigir el cese
inmediato de la actividad ilícita y solicitar una compensación económica o la
regularización del uso de la obra. Es importante que este requerimiento se envíe
utilizando métodos que dejen constancia de su recepción, como un burofax o un
correo certificado.
Si esta notificación no lleva a un acuerdo, el autor puede proceder con
acciones judiciales. En España, las demandas relacionadas con derechos de autor se
tramitan en los Juzgados de lo Mercantil. Con la asesoría de un abogado especializado,
se presentarán las pruebas recopiladas junto con una solicitud de medidas como la
indemnización económica, calculada en función de los beneficios no percibidos y el
daño moral causado, o la restitución de los beneficios obtenidos por el infractor a
través del uso no autorizado de la obra. Además, se puede pedir la incautación y
destrucción de los productos ilícitos.
En los casos más graves, como infracciones dolosas o de gran escala, también
pueden iniciarse acciones penales. Estas pueden resultar en sanciones severas para el
infractor, incluyendo multas económicas, penas de prisión y otras medidas previstas
por la ley. Así, el autor cuenta con un conjunto de herramientas legales para proteger
sus derechos y buscar justicia frente a la explotación indebida de su obra.
7. Registro de la propiedad intelectual
El registro de la propiedad intelectual es una herramienta fundamental para
proteger los derechos de los creadores sobre sus obras. Aunque los derechos de autor
generalmente nacen de forma automática al crear una obra original, registrar una
creación proporciona una prueba legal de autoría que resulta invaluable en caso de
disputas legales. Este proceso refuerza las garantías legales y facilita la defensa de los
derechos del autor.
En España, el Registro de la Propiedad Intelectual, bajo la supervisión del
Ministerio de Cultura y Deporte, es la entidad principal encargada de este trámite. A
través de sus oficinas, es posible registrar una amplia variedad de obras, incluidas
creaciones literarias, artísticas, científicas, musicales, audiovisuales, programas de
ordenador y muchas otras. Para llevar a cabo el registro, el procedimiento incluye
presentar la solicitud de registro, acompañada de la obra en formato físico o digital, el
pago de una tasa correspondiente y la posterior obtención de un certificado oficial
que acredita el registro.
Además del registro en España, existen organizaciones europeas e
internacionales que amplían las posibilidades de protección. En el ámbito europeo, la
Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) ofrece servicios
relacionados, aunque está principalmente orientada al registro de marcas, diseños y
modelos industriales. Por su parte, a nivel internacional, la Organización Mundial de
la Propiedad Intelectual (OMPI/WIPO), una agencia de la ONU, coordina la protección
global de la propiedad intelectual y gestiona sistemas como el Tratado de Berna, que
garantiza el reconocimiento de derechos en más de 170 países.
Cada nivel de registro tiene sus propias particularidades. En España, el ámbito
de protección se limita al territorio nacional, mientras que en Europa cubre los países
de la Unión Europea y, a nivel internacional, abarca los estados firmantes de tratados
internacionales. Los costes y tiempos del procedimiento también varían: el registro
nacional suele ser más económico y rápido, mientras que los procedimientos
europeos e internacionales son más costosos y prolongados, pero ofrecen una
protección más amplia.
En resumen, el registro de la propiedad intelectual se adapta a las necesidades
y ambiciones de cada creador, ya sea que busque proteger su obra dentro de España,
en la Unión Europea o a nivel internacional. Cada opción tiene ventajas específicas en
términos de alcance, coste y tiempo, lo que permite a los autores elegir la modalidad
que mejor se ajuste a sus intereses y proyección.
8. Entidades de gestión de derechos en España
Las entidades de gestión de derechos son organizaciones que representan y
protegen los derechos de propiedad intelectual de los autores y demás titulares. Estas
entidades actúan como intermediarios entre los creadores y quienes desean utilizar
sus obras, garantizando que los autores reciban una compensación justa por la
explotación de sus trabajos.
Su labor incluye la gestión y recaudación de derechos económicos mediante la
concesión de licencias a terceros para el uso de obras protegidas, ya sea en medios
físicos, digitales, audiovisuales o musicales. Además, estas entidades se encargan de
proteger los derechos de autor al vigilar y denunciar posibles infracciones, tanto en
formatos tradicionales como en entornos digitales. También negocian de forma
colectiva con plataformas digitales, medios de comunicación y otras empresas para
asegurar que los derechos de los creadores sean respetados.
Otro servicio clave es el asesoramiento legal y administrativo, ayudando a los
autores en temas legales relacionados con la propiedad intelectual, como la gestión de
contratos y regalías. Esto permite a los creadores enfocarse en su obra mientras las
entidades se ocupan de los aspectos técnicos y legales de la explotación de sus
derechos.
En España, existen diversas entidades especializadas en distintos ámbitos. Por
ejemplo, la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) representa a creadores y
editores de música, teatro y obras audiovisuales, gestionando derechos de
reproducción, ejecución pública y comunicación pública. CEDRO (Centro Español de
Derechos Reprográficos) se centra en escritores, traductores y editores, gestionando
derechos de reproducción y distribución de libros, revistas y otras publicaciones.
Por su parte, AIE (Artistas Intérpretes o Ejecutantes) representa a músicos,
cantantes y actores, gestionando derechos relacionados con la reproducción y
comunicación pública de sus interpretaciones. AGEDI (Asociación de Gestión de
Derechos Intelectuales) representa a productores fonográficos, gestionando los
derechos derivados del uso de grabaciones sonoras.
En el ámbito de las artes visuales, VEGAP (Visual Entidad de Gestión de Artistas
Plásticos) protege los derechos de artistas como pintores, escultores, fotógrafos e
ilustradores. Por ejemplo, un ilustrador que venda su obra para portadas de libros o
juegos de rol podría recurrir a VEGAP para gestionar los derechos de publicación y
explotación comercial. Finalmente, DAMA (Derechos de Autor de Medios
Audiovisuales) está especializada en la gestión de derechos de directores y guionistas
de obras audiovisuales.
Cada una de estas entidades ofrece servicios especializados que aseguran que
los autores y titulares puedan beneficiarse de la explotación de sus obras, mientras
sus derechos son respetados y protegidos.
9. Copyright y copyleft: diferencias y aplicaciones
El copyright y el copyleft son dos enfoques opuestos en la protección y gestión
de los derechos de autor, y cada uno tiene sus propias características y aplicaciones.
El copyright es el sistema tradicional que otorga a los creadores derechos
exclusivos sobre sus obras, permitiéndoles decidir cómo se utilizan, reproducen y
distribuyen. Por ejemplo, un ilustrador que diseña portadas de libros puede firmar
contratos bajo copyright para limitar el uso de su obra exclusivamente a la editorial
contratante. Del mismo modo, las imágenes subidas a plataformas como Shutterstock
están protegidas por copyright, y cualquier uso requiere el pago de una licencia. Este
sistema es particularmente valioso para proteger la monetización de las obras en un
entorno digital, donde copiar y distribuir contenido sin autorización es muy sencillo.
Sin embargo, presenta desafíos, como la dificultad de hacer cumplir las leyes de
copyright en plataformas globales y los conflictos que surgen entre la protección de
obras y el acceso al conocimiento, especialmente en países con menos recursos.
Por otro lado, el copyleft es un modelo que permite a los autores compartir sus
obras con mayor libertad, bajo condiciones específicas que suelen incluir la
atribución del autor y, en algunos casos, la prohibición de usos comerciales. Por
ejemplo, un ilustrador podría subir su trabajo a plataformas como Pixabay,
permitiendo su uso gratuito siempre que se le reconozca como creador y no se utilice
con fines comerciales. El copyleft es especialmente popular en movimientos como el
software de código abierto y la cultura libre, ya que facilita la colaboración y la
difusión de las obras en la era digital. Sin embargo, también tiene limitaciones, como
el menor incentivo económico para los creadores en ciertos contextos y la posibilidad
de que las licencias abiertas sean mal interpretadas o mal utilizadas.
En resumen, el copyright ofrece control y protección económica a los autores,
mientras que el copyleft fomenta la libre distribución y colaboración, adaptándose a
diferentes necesidades y valores en la gestión de derechos de autor en la era digital.
Ambos sistemas tienen ventajas y desventajas, y su elección depende de los objetivos
del creador y del contexto en el que se quiera utilizar su obra.
10. Obras con licencia copyleft y otras cesiones
Existen diversas plataformas donde se pueden encontrar obras con licencias Copyleft
y Creative Commons, ideales para quienes buscan recursos libres para usar y
compartir.
Entre las opciones más destacadas está Creative Commons Search, ahora
integrada en Openverse, que actúa como un motor de búsqueda para imágenes,
música y textos con licencias Creative Commons. Otra gran herramienta es
Wikimedia Commons, que ofrece millones de recursos, incluidos imágenes y videos,
con licencias abiertas. En Flickr, también es posible buscar fotografías filtrándolas
por licencias Creative Commons. Plataformas como Unsplash y Pixabay se
especializan en imágenes libres de derechos, aunque no todas están bajo licencias CC.
Además, redes creativas como Behance y Dribbble son lugares donde muchos artistas
e ilustradores comparten sus obras con licencias abiertas para proyectos
colaborativos o personales.
Las licencias Creative Commons ofrecen diferentes niveles de libertad y restricciones,
dependiendo de las necesidades del autor y los usos permitidos:
1. CC BY (Reconocimiento): Permite cualquier uso, incluso comercial, siempre que
se reconozca al autor. Por ejemplo, un ilustrador podría compartir su obra y
requerir que se le mencione si se usa en un cartel publicitario.
2. CC BY-SA (Reconocimiento-Compartir Igual): Similar a CC BY, pero exige que
cualquier obra derivada se comparta con la misma licencia. Por ejemplo, un
ilustrador de cómics podría permitir modificaciones a su obra siempre que las
versiones derivadas también sean libres.
3. CC BY-ND (Reconocimiento-Sin Derivadas): Permite el uso comercial o no
comercial, pero no se pueden realizar modificaciones. Por ejemplo, una
ilustración creada para una portada puede ser utilizada tal como está, pero no
editada para otros fines.
4. CC BY-NC (Reconocimiento-No Comercial): Permite usos libres con atribución,
pero prohíbe el uso comercial. Un diseñador gráfico, por ejemplo, podría
compartir recursos gratuitos para proyectos personales, pero no para
empresas.
5. CC BY-NC-SA (Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual): Similar a CC
BY-NC, pero requiere que las obras derivadas se compartan con la misma
licencia. Un ilustrador podría permitir que su obra se utilice en proyectos
educativos, siempre y cuando las versiones derivadas también sean de uso
libre y no comercial.
6. CC BY-NC-ND (Reconocimiento-No Comercial-Sin Derivadas): Es la licencia más
restrictiva, que permite compartir la obra en su forma original pero no
alterarla ni usarla con fines comerciales. Por ejemplo, una pintura digital
podría compartirse en blogs educativos, pero no editarse ni venderse.
Estas plataformas y tipos de licencias ofrecen a los creadores y usuarios
opciones flexibles para usar y compartir contenido, respetando los derechos y
condiciones definidos por sus autores.
11. Propiedad industrial: signos distintivos y objetos protegidos
La propiedad industrial es una rama del derecho de la propiedad intelectual
que protege legalmente las creaciones relacionadas con la industria, el comercio y las
actividades productivas. Su principal objetivo es fomentar la innovación, promover la
competencia leal y proteger los derechos de los creadores frente a usos no
autorizados.
Dentro de este ámbito, se encuentran las invenciones, que incluyen patentes,
otorgadas a inventos novedosos y útiles, y modelos de utilidad, que amparan mejoras
técnicas en productos o procesos existentes. Los diseños industriales también forman
parte de esta categoría, cubriendo los dibujos y modelos que otorgan exclusividad
sobre la apariencia de un producto, protegiendo su diseño estético y funcional.
Los signos distintivos son fundamentales para identificar y diferenciar
productos, servicios o empresas en el mercado. Estos incluyen las marcas, que son
cualquier signo perceptible como nombres, símbolos, colores o sonidos que
distinguen productos o servicios, así como los nombres comerciales, que identifican a
una empresa en su actividad económica. También están los rótulos o enseñas, que son
signos visibles asociados a establecimientos comerciales, vinculándolos con su
identidad.
Además, la propiedad industrial abarca los secretos industriales, que
comprenden información confidencial con valor comercial por ser desconocida para
el público y que otorgan ventajas competitivas. También se incluyen las
denominaciones de origen e indicaciones geográficas, que relacionan productos con
su lugar de origen, garantizando su calidad y características únicas.
En la industria, los signos distintivos juegan un papel clave al facilitar la
identificación de productos y servicios, diferenciándolos de los de la competencia y
asegurando la confianza de los consumidores. Un ejemplo es la marca Studio Ghibli,
que utiliza el logotipo de Totoro para distinguirse en el mercado global. Otro caso es el
Museo ABC de Dibujo e Ilustración, que emplea su logotipo como rótulo visible,
combinando un diseño moderno con elementos visuales ligados a la tradición de la
ilustración.
Los diseños industriales también tienen un impacto significativo, como se ve
en los productos basados en personajes de Studio Ghibli, como Totoro o Chihiro, que
están protegidos legalmente y se comercializan como parte del merchandising. De
igual manera, nombres comerciales como “El Roto”, utilizado por el ilustrador
español Andrés Rábago, son un ejemplo de cómo la propiedad industrial ayuda a
identificar y proteger el trabajo de creadores en sus respectivas actividades
económicas.
12.Modelos y dibujos industriales, patentes y requisitos
Los modelos y dibujos industriales son creaciones relacionadas con la
apariencia estética de un producto industrial. Incluyen aspectos como la forma, el
diseño, la textura, los patrones o cualquier elemento decorativo que, aunque no
influye en la funcionalidad del producto, lo hace más atractivo visualmente.
El dibujo industrial se enfoca en las características bidimensionales del diseño,
como los patrones, líneas o colores aplicados a un producto. Por otro lado, el modelo
industrial abarca las características tridimensionales, como la forma o configuración
del producto. Un ejemplo claro es el diseño de la mascota Cobi para los Juegos
Olímpicos de Barcelona 1992, creado por Javier Mariscal.
Estos modelos y dibujos industriales son fundamentales en la propiedad
industrial porque añaden un valor diferencial a los productos, ayudándolos a
destacarse en el mercado. Protegen el esfuerzo creativo de diseñadores e ilustradores,
a la vez que fomentan la innovación en el ámbito de la estética industrial.
En cuanto a las patentes, estas son derechos exclusivos que otorga el Estado
para proteger una invención técnica. Dicha invención puede ser un producto, un
proceso o una mejora que ofrezca una solución nueva y útil a un problema técnico.
Para obtener una patente, se deben cumplir ciertos requisitos:
● Novedad: La invención debe ser completamente nueva y no haber sido
divulgada anteriormente.
● Actividad inventiva: No debe ser evidente para un experto en el área.
● Aplicación industrial: Debe ser susceptible de fabricación o uso en la industria.
● Divulgación clara: La solicitud debe describir la invención de manera que un
experto pueda reproducirla.
Un ejemplo interesante es el sistema de bloques LEGO, que inicialmente fue
protegido por patente. Más tarde, los diseños industriales también se utilizaron para
garantizar el monopolio tanto en la apariencia como en la funcionalidad de los
bloques.
13. Registro y protección internacional
El registro de innovaciones, como patentes y marcas, es un proceso que otorga
derechos exclusivos sobre el uso y explotación de estas creaciones. Para las patentes,
el procedimiento comienza con una solicitud en la que se debe demostrar que la
invención es nueva, tiene aplicación industrial y actividad inventiva. Esta solicitud
incluye una descripción detallada, dibujos y las reivindicaciones que delimitan la
protección. Tras un examen técnico y la publicación de la solicitud, la patente puede
ser concedida, otorgando derechos de exclusividad durante 20 años, renovables
anualmente. En el caso de las marcas, el registro protege signos distintivos como
nombres o logotipos mediante un proceso que incluye la búsqueda de antecedentes,
la publicación, la posibilidad de oposiciones y la concesión del registro, válido por 10
años y renovable indefinidamente.
A nivel internacional, los innovadores pueden extender la protección mediante
sistemas como el Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) y el Sistema de
Madrid para marcas, gestionados por la Organización Mundial de la Propiedad
Intelectual (OMPI). Estas herramientas permiten presentar una única solicitud para
proteger la innovación en varios países, facilitando la gestión y reduciendo costos. En
Europa, la Oficina Europea de Patentes (OEP) gestiona las patentes mediante el
Convenio de la Patente Europea, mientras que la Oficina de Propiedad Intelectual de
la Unión Europea (EUIPO) centraliza el registro de marcas y diseños para todos los
países miembros de la Unión Europea.
En la práctica, el proceso comienza en una oficina nacional, como la Oficina
Española de Patentes y Marcas (OEPM), y puede ampliarse internacionalmente según
los objetivos comerciales del solicitante. Aunque los sistemas internacionales
simplifican el proceso, la concesión final depende de las oficinas nacionales de los
países designados, lo que permite a los innovadores diseñar estrategias de protección
adaptadas a sus mercados.