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HF U4 Aristóteles - Aramo

El documento aborda la obra de Aristóteles, destacando su enfoque empírico y su crítica a la teoría platónica de las ideas, así como su concepción del saber y la física. Se exploran sus principales obras y conceptos, incluyendo la metafísica, la ética y la política, así como su teoría del movimiento y la noción de acto y potencia. Aristóteles es presentado como un pensador fundamental cuya influencia se consolidó en la Edad Media y más allá.

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El documento aborda la obra de Aristóteles, destacando su enfoque empírico y su crítica a la teoría platónica de las ideas, así como su concepción del saber y la física. Se exploran sus principales obras y conceptos, incluyendo la metafísica, la ética y la política, así como su teoría del movimiento y la noción de acto y potencia. Aristóteles es presentado como un pensador fundamental cuya influencia se consolidó en la Edad Media y más allá.

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ARISTÓTELES

DE LA FÍSICA A LA METAFÍSICA / ÉTICA Y POLÍTICA

DICEN QUE EL REY ES JUSTO

El cetro del rey golpea el suelo


a ritmo cuaternario.
Los hay que llaman música a esta herida.
Bailan los siervos de palacio
adornando con yugos sus vestidos.
El rey es bueno, dicen,
porque nos deja asistir a sus banquetes
y, a veces, lanza al aire una moneda
para librar a un hombre de la horca.
Olvidan los siervos a los muchos
que la moneda encerró en los galeones.
Olvidan los cuellos cercenados
por no postrarse a tiempo ante su alteza.
Dicen que el rey es justo y bondadoso
sólo porque ellos aún conservan,
intactas, sus cabezas.

Olalla castro, La vida en los ramajes


ÍNDICE

CONTEXTO SOCIOPOLÍTICO ................................................... 3


Principales obras de Aristóteles

CONCEPCIÓN ARISTOTÉLICA DEL SABER:


LA CRÍTICA A LA TEORÍA PLATÓNICA DE LAS IDEAS ……………………. 4

LA FÍSICA DE ARISTÓTELES
El objeto de la Física
Teoría del movimiento …………………………………………………… 5
Acto y potencia
Tipos de cambio
Las causas del cambio …………………………………………………..… 6

UNA NUEVA CIENCIA: LA METAFÍSICA


La Filosofía primera o Metafísica
El concepto de ser ……………………………………………………..…… 7
Sustancia y accidentes
Las categorías
Tipos de sustancias ………………………………………………………… 8
La teoría hilemórfica
El motor inmóvil …………………………………………………………… 9

ANTROPOLOGÍA ARISTOTÉLICA: EL ALMA

ÉTICA: FELICIDAD Y VIRTUD ………………………………………………………… 10


El sumo bien: la felicidad (eudaimonía)
La virtud
Virtudes morales o éticas
Virtudes intelectuales o dianoéticas …………………………………. 11

EL HOMBRE COMO ANIMAL POLÍTICO


Los regímenes políticos

HISTORIA de la FILOSOFÍA / Aristóteles. De la Física a la Metafísica / Ética y Política. 2


CONTEXTO SOCIOPOLÍTICO
La obra de Aristóteles abarca una amplitud tal de temas que podemos decir
que la filosofía es, en él, un compendio de todo el saber humano conocido.
Su enfoque, más empírico, supone una novedad y un claro alejamiento del
método platónico de hacer filosofía.
A pesar de ser el gran pensador del siglo IV aC, su obra no tuvo un éxito tan
inmediato como el de Platón, ya que no fue plenamente conocida hasta su
traducción completa (ya en plena Edad Media), época en que será conocido
como “el Filósofo” por los pensadores árabes, judíos y cristianos, quienes
utilizarán la obra de Aristóteles como base de sus especulaciones metafísi-
cas.
Aristóteles nace en Estagira de Tracia, h. 384 aC. Su padre, Nicómaco, era
médico en la corte de los reyes de Macedonia. A los 17 años va a estudiar a
Atenas en la Academia de Platón, donde permanece hasta la muerte de
éste. Durante estos años mantiene estrecha relación con Platón como discípulo y amigo, lo que deja profunda
huella en su pensamiento, aunque su evolución intelectual y su inclinación a los estudios empíricos le alejaron en
cierta medida de las tesis más radicales del platonismo.
Al morir Platón (h. 348 aC), Aristóteles abandona Atenas, posiblemente por desacuerdos con Espeusipo –sobrino de
Platón–, que se quedó al frente de la Academia. Estuvo primero en Asos de Tróade, donde dirige una escuela
platónica. Unos años después pasa a Mitilene, en la isla de Lesbos, donde conoce a Teofrasto, que será su discípulo
más famoso. Este es un período muy interesante para su producción científica y filosófica. En 343 aC es invitado a
Pela por Filipo de Macedonia, para que se encargara de la educación de su hijo Alejandro, que tenía entonces 13
años. Alejandro sube al trono en 336 aC, y Aristóteles marcha a Estagira, su ciudad natal, donde actúa como
legislador, y un año después a Atenas donde funda una nueva escuela, el Liceo (que recibe este nombre por su
proximidad al templo de Apolo Licio), conocida también con el nombre de Peripato, pues sus miembros discutían
paseando por una galería cubierta. El Liceo era más parecido a una universidad, tal como las conocemos hoy en día,
que la Academia platónica. Disponía de una biblioteca, y de un cuadro de profesores que impartían clases con
regularidad y se dedicaban al estudio e investigación.
Al morir Alejandro Magno (323 aC) Aristóteles fue acusado de impiedad, y tuvo que huir de Atenas a Calcis, en la
isla de Eubea, donde tenía una propiedad heredada de su madre (“para que así los atenienses no pecaran por
segunda vez contra la filosofía”, según cuentan que dijo recordando la muerte de Sócrates). Allí muere a los 72 años
de edad.

PRINCIPALES OBRAS DE ARISTÓTELES


Las obras de Aristóteles, atendiendo al público al que se dirigen, se suelen dividir en dos grupos:
1. EXOTÉRICAS
Dirigidas al gran público, y escritas casi todas en forma de diálogos, en los que el mismo Aristóteles dirige la
conversación. De gran calidad literaria, conservamos únicamente algunos fragmentos.
2. ESOTÉRICAS
Llamadas también pedagógicas, son apuntes recogidos de las lecciones que Aristóteles daba en el Liceo. Muchas de
ellas se conservan y fueron dadas a conocer al público por primera vez en la edición que hizo Andrónico de Rodas
(60–50 aC). A éstas se debe la fama que tiene Aristóteles como escritor árido, de estilo poco literario.
Teniendo en cuenta la evolución de su pensamiento se suelen establecer tres períodos:
1. Comprende las escritas durante su permanencia en la Academia en relación con Platón. En ellas sus ideas
concuerdan con las de su maestro.
2. Las de la época de Asos y Mitilene, en que adopta ya una actitud más crítica respecto a las doctrinas de la
Academia. Es en esta época cuando desarrolla sus observaciones biológicas, la mayor parte de sus obras de
lógica y teoría de la ciencia, y un primer esbozo de su teoría metafísica.
3. Abarca el período del Liceo en el que Aristóteles se muestra como un observador empírico y como el
científico que conocemos. Termina la Política, escribe la Ética a Nicómaco, la Gran Moral, la Poética, la
Retórica y los libros de la Metafísica.

HISTORIA de la FILOSOFÍA / Aristóteles. De la Física a la Metafísica / Ética y Política. 3


CONCEPCIÓN ARISTOTÉLICA DEL SABER
Y CRÍTICA A LA TEORÍA PLATÓNICA DE LAS IDEAS
Aristóteles, cuya filosofía tiene su punto de partida en el platonismo, tomó pronto una postura crítica frente a su
maestro Platón. Admitiendo con éste que la ciencia verdadera es una ciencia de lo universal, se propone, sin em-
bargo, explicar la realidad de las cosas individuales, concretas y cambiantes.
Platón resolvió la antítesis formada por las teorías de Heráclito y Parménides recurriendo al dualismo ontológico.
La realidad se estructura en dos partes: por un lado, existe el mundo sensible, sometido a un incesante cambio, y
por otro la verdadera realidad, el mundo de las ideas. Aristóteles realiza una seria crítica de la teoría platónica de
las ideas, pues considera que el mundo físico –que para Platón es una copia, un reflejo del mundo de las ideas– es
la verdadera realidad. Aristóteles no aceptaba el carácter separado de las esencias o ideas platónicas, por lo que
cuestionó la doctrina de su maestro con los siguientes argumentos:
 Platón tiene razón cuando dice que la ciencia ha de fundamentarse en conceptos universales. Pero ello no
quiere decir que estos conceptos universales hayan de existir como ideas en otra esfera de la realidad.
 Con el mundo de las ideas se duplica de forma absurda la realidad, y por tanto la dificultad: de este modo, hay
que dar explicación de dos mundos.
 El mundo de las ideas no explica el mundo sensible. Si las esencias están separadas de las cosas, entonces no
son esencias de las cosas, ya que no están en las cosas mismas.
 Las ideas no pueden dar cuenta del devenir o el cambio de los seres sensibles, puesto que se caracterizan por
su inmutabilidad: son estáticas, de forma que no pueden dar razón de la existencia del movimiento.
Aristóteles no rechazó totalmente la teoría de las ideas, sino sólo la separación entre éstas y aquello de lo que son
esencia. La solución de Aristóteles propone que los principios universales del Ser están en el interior de los propios
seres individuales de la naturaleza, y son estos principios los que debe investigar la ciencia. A diferencia de Platón,
Aristóteles entiende la ciencia, el saber, articulado en diversas ciencias particulares, cada una de las cuales es
autónoma, y que en su conjunto abarcan todos los aspectos de la realidad.

LA FÍSICA DE ARISTÓTELES
EL OBJETO DE LA FÍSICA
Aristóteles perteneció a una familia de médicos, e hizo estudios de biología; tendió a ver todas las cosas con
mentalidad naturalista, y a resaltar los aspectos finalistas o teleológicos de la realidad. ¿A qué se debía esta
tendencia? Al hecho de que tal característica es propia y distintiva de los seres viso, pues éstos tienden, por sí
mismos, hacia su propio fin o perfeccionamiento, es decir, hacia su desarrollo completo y adecuado. En
consecuencia, como veremos, la física de Aristóteles posee un profundo sentido finalista o teleológico, en base al
cual reside la idea de que la naturaleza no hace nada en vano.
El término “física” se deriva del griego physis, naturaleza, que como ya vimos poseía una pluralidad de significados.
Entre ellos cabe distinguir los siguientes:
 Physis como el conjunto de los seres naturales. Además de los minerales, vegetales y animales, Aristóteles
añade los cuatro elementos simples de la filosofía presocrática: aire, fuego, agua y tierra.
 Physis como cambio o movimiento. La principal característica que comparten todos los seres naturales,
incluidos los seres inanimados, es que son capaces de generar su propio movimiento. Así, las plantas y los
animales, por naturaleza, crecemos y nos desarrollamos (aunque las plantas, de acuerdo con su naturaleza,
no pueden desplazarse, mientras los animales, de acuerdo con la nuestra, sí podemos hacerlo). Esto
diferencia a los seres naturales de los seres artificiales, cuyos cambios y movimientos son provocados
siempre por un agente externo a ellos.
 Physis como materia. Constituye el sustrato de todo cambio. Por ejemplo, la madera con que hacemos
mesas, el hierro con que hacemos ruedas, etc.
 Physis como forma. Al determinar a la materia, la forma hace que una cosa sea lo que es. Hace así mesa la
mesa, rueda la rueda, etc.
 Physis como fin al que tienden todos los seres naturales. Así, por naturaleza, el ser humano tiende a la
felicidad; por naturaleza, las plantas tienden a crecer y reproducirse; los cuerpos pesados, por naturaleza,
tienden “hacia el centro de la tierra”; etc.

HISTORIA de la FILOSOFÍA / Aristóteles. De la Física a la Metafísica / Ética y Política. 4


Ahora bien, ¿en qué coinciden todos estos significados? Coinciden en referirse todos ellos, de alguna forma, a los
distintos modos o maneras de cambio o de movimiento. Pero, ¿qué es lo que cambia o se mueve? Lo que cambia
son los seres materiales. En consecuencia, para Aristóteles, la física es la ciencia que estudia los seres materiales,
en tanto en cuanto son móviles o cambiantes.

TEORÍA DEL MOVIMIENTO


El movimiento es algo intrínseco a los seres naturales, constitutivo de su mismo ser. Por eso dirá Aristóteles que la
física es la parte de la filosofía que estudia el ente móvil, la naturaleza entendida como principio de actividad. En
su libro de Física comienza presentando las distintas respuestas que los filósofos anteriores han dado al problema
del movimiento: Parménides (como paso del ser al no–ser, y que por tanto lo niega); Heráclito (que adoptó la
postura contraria: toda la realidad se encuentra sometida a cambio incesante); los pluralistas (que en lugar de
admitir una única realidad —el ser— admitieron la existencia de varias realidades e intentaron así conciliar las
posturas de los dos pensadores anteriores); Platón (que negó el movimiento en el mundo de las ideas pero admitió
que existía en el mundo de las cosas, de los sentidos).
Aristóteles rechazó estas posturas porque, según él, todas ellas separaban el cambio de las cosas que cambiaban, e
intentaban explicar el cambio como si no tuviera nada que ver con dichas cosas —o sea, como si una cosa fuera el
cambio y otra las cosas que cambian—. Procedió de modo diferente y, en lugar de explicar el cambio, intentó
explicar la realidad que cambia.
Aristóteles advierte que el movimiento siempre tiene lugar en el seno del ser, y que nada procede del no–ser ni se
convierte en no–ser. En la naturaleza, los movimientos más radicales no son procesos de creación y aniquilación
sino de generación y corrupción. En tales procesos aparece o desaparece una sustancia (nace un árbol, muere una
ardilla); pero nunca hay un salto del ser al no–ser, sino un cambio apoyado en un sustrato que permanece (el árbol
nace de una semilla, y la ardilla se descompone en elementos fisicoquímicos). Esto se ve más claro en los
movimientos accidentales, donde permanece la sustancia y sólo cambian los accidentes (la ardilla y el árbol crecen,
se mojan, se mueven..., pero siguen siendo la misma ardilla y el mismo árbol).
El movimiento, el cambio, es así definido por Aristóteles como el paso de la potencia al acto, como el acto de lo
que está en potencia en tanto que está en potencia. No es ni acto ni potencia, sino una realidad intermedia.

ACTO Y POTENCIA: LOS PRINCIPIOS DEL MOVIMIENTO


Aristóteles introduce, entre la noción de ser y la de no–ser, la noción de ser en potencia, y expone su teoría del acto
y la potencia. Según dicha teoría, los seres corpóreos se componen de acto y potencia. Acto (enérgeia) es lo que un
ser actualmente es, y potencia (dynamus) lo que puede llegar ser. Por ejemplo: la bellota es en acto bellota, pero en
potencia es encina; en un terreno puede edificarse una casa, aunque en este momento no esté construida; tú
puedes ser universitario, aunque en este momento no lo seas.
Si no hubiera potencialidad, el movimiento sería imposible. Los seres cambian, pero para ello es necesario que
exista capacidad de cambio (potencia). De la semilla surge la planta, y para que esto sea posible, la semilla deberá
tener esa capacidad. Pero también es necesario que un objeto que puede llegar a ser algo aún no lo sea, es decir,
que esté privado de la forma que vaya a adquirir.
Ese paso de la potencia al acto es precisamente el movimiento. Todo movimiento es la actualización de una
potencia, el tránsito mediante el cual el ser en potencia va convirtiendo en acto su potencia. En cuanto ser en acto,
la bellota es bellota y el estudiante, estudiante. Ahora bien, en tanto en cuanto ser en potencia, la bellota es encina
y el estudiante, matemático, médico, etc.
TIPOS DE CAMBIO
Los cambios sustanciales, en los que se produce la sustitución de una sustancia por otra. Son cambios sustanciales:
 La generación, o aparición de una nueva sustancia.
 La corrupción, o desaparición de una sustancia.
Los cambios accidentales son aquellos en los que una sustancia
se modifica en alguno de sus atributos o cualidades pero ella
sigue siendo la misma. Éstos pueden ser, a su vez:
 Locativos en los que la sustancia sufre un cambio de
lugar.
 Cuantitativos, que afectan a la cantidad de alguno de
los atributos de la sustancia (crecimiento y disminución).
 Cualitativos, en los que la sustancia adquiere o pierde alguna cualidad (alteración).

HISTORIA de la FILOSOFÍA / Aristóteles. De la Física a la Metafísica / Ética y Política. 5


LAS CAUSAS DEL CAMBIO
Aristóteles concluye su análisis de la naturaleza y del movimiento con el examen de las causas. Además de explicar
cómo se produce el cambio, quiere determinar por qué se produce: cuáles son sus causas (aitía).Para que se
produzca el movimiento, el cambio, para que algo pase de la potencia al acto, es necesaria la intervención de una
causa exterior a la potencia. La causa es aquello de lo cual una cosa depende en su ser y en su hacerse. Esto lo
expresa en uno de sus principios fundamentales: “Todo lo que se mueve es movido por otro”.
Aristóteles distingue dos tipos de causas: las causas intrínsecas y las causas extrínsecas. Las causas intrínsecas son
aquellas que se encuentran en el propio ser, interiores a los seres que cambian: actúan desde dentro, conformán-
dolo. Las causas extrínsecas, en cambio, son aquellas exteriores a los seres que cambian que actúan sobre él desde
fuera. Y considera dos causas de cada tipo:
― Son causas intrínsecas:
 La causa material o la materia, es aquello de lo
que algo se hace.
 La causa formal o la forma (esencia), es lo que
hace que algo sea lo que es.
 Son causas extrínsecas:
 La causa eficiente o agente, lo que hace lo hecho,
lo que pone en marcha cualquier proceso de
cambio.
 La causa final es el objetivo o fin que persigue el
agente con su acción, el fin hacia el que va orientado el proceso de cambio, su meta o propósito.
Probablemente se comprenda mejor esta doctrina aristotélica si la aplicamos a uno de los cambios fundamentales
de la naturaleza, como es la generación de un nuevo ser vivo, por ejemplo el ser humano. En este caso concreto, la
causa material es la piel, los músculos, los huesos y los órganos del bebé recién nacido. La causa formal es la
esencia humana que hace que esa materia se ordene de un determinado modo para que sus órganos funcionen y el
recién nacido viva con una vida propia del ser humano. La causa eficiente son sus progenitores, su padre y su
madre, que lo engendraron e hicieron posible que haya nacido. Por último, la causa final consiste en convertirse en
un ser humano adulto y plenamente desarrollado.
De acuerdo con su concepción teleológica, Aristóteles otorgó la primacía a la causa final, ya que, para él, todo
agente obra por un fin. O sea, es el fin el que pone en marcha al resto de las causas. De acuerdo con esta concep-
ción, todos los seres conscientes tenderán hacia su fin en virtud de sus propias facultades intelectuales, como el
joyero que fabrica el anillo; mientras que los seres inconscientes lo harán en virtud de su propia naturaleza, como la
araña teje su tela, la planta da sus frutos o los graves —según Aristóteles— tienden hacia el centro de la tierra.

UNA NUEVA CIENCIA: LA METAFÍSICA


LA FILOSOFÍA PRIMERA O METAFÍSICA
Aristóteles dividió las ciencias en tres grandes sectores:
― Ciencias teóricas: aquellas que buscan el saber por sí mismo.
― Ciencias prácticas: aquellas que buscan el saber para lograr por su intermedio la perfección moral.
― Ciencias creadoras o productivas: aquellas ciencias que buscan el saber con vistas a un hacer, con el
propósito de producir determinados objetos.
Las que poseen una dignidad y un valor más elevados son las primeras. Y entre ellas considera la física, la matemá-
tica y la metafísica. Y dentro de ellas, la más elevada es la metafísica: todas las demás ciencias adquieren su cabal
significado gracias a ella y en función de ella.
La palabra metafísica no fue acuñada por Aristóteles. Se le atribuye a Andrónico de Rodas, o tal vez a algún
bibliotecario alejandrino, que la usó para designar los libros colocados después de los de física (pues el prefijo
meta significa más allá). En la mayoría de los casos Aristóteles utilizaba la expresión “filosofía primera”, en
oposición a la “filosofía segunda” o física; pero el término metafísica fue considerado más expresivo y fue el que
más se utilizó con posterioridad. En definitiva, la filosofía primera constituye precisamente la ciencia que se
ocupa de las realidades que están por encima de las realidades físicas. Así que, de manera constante y
definitiva, en la historia de la filosofía se ha denominado metafísica –siguiendo las huellas aristotélicas– a todo
intento del pensamiento humano que se propusiese llegar a una realidad “por encima del” mundo empírico.

HISTORIA de la FILOSOFÍA / Aristóteles. De la Física a la Metafísica / Ética y Política. 6


Aristóteles consideró que debía haber una ciencia general que se ocupara de los primeros principios que
proporcionan fundamento a toda la realidad. A esta ciencia la llamó “filosofía primera”, y consideró que su tema es
el ser, o más precisamente, el ser considerado como principio último de la realidad. Y definió la metafísica de
cuatro maneras diferentes, como disciplina que:
a) “indaga las causas y los principios primeros o supremos”;
b) “indaga el ser en cuanto ser”;
c) “indaga la substancia”;
d) “indaga a Dios y la substancia suprasensible”.

EL CONCEPTO DE SER
Aristóteles nos ofrece su segunda definición de metafísica de la manera siguiente: “Hay una ciencia que considera el
ser en cuanto ser y las propiedades que le corresponden en cuanto ser. No se identifica con ninguna de las ciencias
particulares. Ninguna de las demás ciencias considera el ser en cuanto a ser universal, sino que, después de haber
delimitado unas de sus partes, cada ciencia estudia las características de dicha parte”.
Según esta definición, las ciencias particulares investigan una determinada parcela del reino del ser, o los seres
desde diferentes puntos de vista: la psicología estudia la mente, la medicina las enfermedades, las sociología se
ocupa del hombre en sociedad, etc.; todas se ocupan del hombre, pero desde diferentes puntos de vista. En cambio
la metafísica estudia el ser en general, en cuanto es ser, es decir, los aspectos del ser que son comunes a todos los
seres.
SUSTANCIA Y ACCIDENTES
La noción fundamental de la metafísica de Aristóteles es la de sustancia. Y
distingue entre sustancia y accidentes:
 Sustancia (ousía). La define como aquello que existe por sí mismo, sin
necesidad de otra cosa para existir. Las sustancias, por tanto, sirven de
soporte a los accidentes. Algunos ejemplos de sustancias son este hombre,
aquel árbol, esa silla.
 Accidente. Es todo aquello que no existe por sí mismo, sino que siempre
es o existe en otro. Los accidentes son las características o cualidades que
pueden atribuirse a una sustancia, y por tanto la necesitan para existir (no
pueden existir con independencia de una sustancia). Aristóteles los llama
accidentes para resaltar el hecho de que pueden ser sustituidos unos por Para ilustrar los conceptos de sustancia y
accidente, podemos considerar una silla
otros sin que la sustancia cambie en lo esencial. Son ejemplos de marrón. La silla podría ser considerada la
accidentes rubio, frondoso, grande. sustancia, mientras que el color marrón
sería el accidente: algo de la silla que no
tiene existencia separado de ella.

LAS CATEGORÍAS
Las categorías son las diferentes clases de ser. Por ejemplo, cuando decimos “Julia es un ser humano”, “Julia pesa
55 kilos”, “Julia viste un bonito jersey”, “Julia está sentada en la silla de enfrente”, etcétera.
En el primer caso, el verbo “es” se refiere a una sustancia; en el segundo, a una cantidad; en el tercero, a una
pasión; y en el cuarto, a una situación. Como se puede apreciar, se trata de diferentes modos o grados de ser. Estos
grados o modos de ser los denominó Aristóteles “categorías”.
Según nuestro autor, existen diez categorías. Una
es la sustancia (el ser que existe por sí mismo,
como ya señalamos). Mientras que el resto de los
seres, en cambio, se dan —o existen— en la
sustancia como afecciones o accidentes de la
misma. Estas categorías serían las siguientes:
cantidad, cualidad (frío, sabio), relación (padre, a la
izquierda), lugar (en la esquina de la calle), tiempo
(en el año 408, al mediodía), situación (de pie,
sentado), posesión (armado, con dinero), acción
(leyendo, paseando) y pasión (vestido, enfermo).

HISTORIA de la FILOSOFÍA / Aristóteles. De la Física a la Metafísica / Ética y Política. 7


TIPOS DE SUBSTANCIAS
Hemos afirmado que la sustancia existe por sí misma; pero en la relación de las categorías la hemos incluido. Esto es
así porque se puede afirmar, por ejemplo, que Sócrates (sustancia/sujeto) es un hombre (sustancia/predicado).
Aristóteles resuelve esta aparente contradicción estableciendo una distinción dentro del concepto de sustancia:
 Sustancias primeras. Son los seres concretos, individuales, que existen de manera separada: Sócrates,
esta mesa, aquel árbol.
 Sustancias segundas. Son las definiciones de las sustancias primeras. Por ejemplo, hombre o árbol cuando
definimos las correspondientes sustancias primeras: “Sócrates es un hombre”, o “Este abeto es un árbol”.
La sustancia segunda es una de las categorías, pero no es un accidente ya que, como dijimos, los accidentes se
pueden adquirir o perder sin que la sustancia primera cambie en esencia. Pero en este caso, si perdiese la
categoría, la sustancia primera dejaría de ser lo que es: Sócrates ―sustancia primera― no puede dejar de ser un
hombre ―sustancia segunda― sin dejar de ser Sócrates.
La distinción aristotélica entre sustancia primera y sustancia segunda es fundamental para entender los motivos
por los que el filósofo no podía aceptar la teoría de las ideas de Platón. Tanto las ideas platónicas como las
sustancias segundas de Aristóteles son reales (no meros nombres para clasificar individuos semejantes). Pero
Aristóteles rechaza que las sustancias segundas existan separadas, como afirmaba Platón de las ideas: para
Aristóteles, sólo existen incorporadas en las sustancias primeras, de las que son su esencia.
LA TEORÍA HILEMÓRFICA
Aristóteles introduce en la sustancia el concepto de cambio. Sostiene que ésta se compone de materia (hylé) y de
forma (morphé). A esta teoría que se la ha denominado hilemorfismo.
― La MATERIA (hylé) es aquello de lo que está hecha una cosa. Por ejemplo, la materia de un manzano es la
madera de su tronco, sus raíces y sus ramas, la pulpa de sus frutos, etc.
La materia, por tanto, es sin duda un principio constitutivo de las realidades sensibles, porque sirve como
sustrato de la forma (la madera es el sustrato de la forma del manzano, la pulpa es el sustrato de la forma
del fruto, etc.). Si eliminásemos la materia, eliminaríamos todas las cosas sensibles.
No obstante, la materia es simplemente una posibilidad indeterminada, y únicamente puede transformarse
en algo determinado mediante una forma.
― La FORMA (morfé) es lo que hace que algo sea lo que es. Por ejemplo, la forma de un manzano es lo que
hace que sea precisamente un manzano y no otro tipo de árbol.
La forma no debe entenderse en el sentido de una figura (que es secundaria). En la medida en que es un
principio que realiza, que determina la materia, constituye aquello que es cada cosa, y por tanto es su
esencia.
Así, para Aristóteles, lo universal es la forma, pero ésta no está separada de las cosas, como las ideas plató-
nicas, sino presente en ellas, informándolas (dándoles forma). La forma de un manzano no está separada en
cada manzano particular, sino presente en todos y cada uno de los manzanos que existen.
Según el hilemorfismo, ni la materia ni la forma de los seres naturales pueden
existir por separado. Es posible distinguirlas mediante el pensamiento, para su
análisis, pero no dividirlas en la realidad. Ontológicamente, la forma es superior a
la materia. La materia proporciona individualidad: un pino se diferencia de otro
por la materia concreta con que está hecho cada uno. Pero lo que los hace ser
pinos, lo que les concede el ser, no es su materia, sino su forma.
Si nos fijamos nos daremos cuenta de que existe un paralelismo entre la teoría
hilemórfica y la distinción entre potencia y acto. La materia equivale a la potencia;
y la forma, al acto. Así, la materia sería potencia respecto a la forma, mientras que
la forma sería acto respecto a la materia. En otras palabras, los seres se encuentran
en potencia, en tanto constan de materia, y en acto, en cuanto adquieren una
forma.
Así pues, los principios aristotélicos del cambio son:
 La materia sujeto/sustancia que permanece a través del cambio.
 La forma nueva que adquiere dicho sujeto.
 La privación de esa forma.
La clave del planteamiento de Aristóteles está en la privación (el ser en potencia). El ser no puede proceder del no–ser, si
entendemos éste como sinónimo de la nada. Ahora bien, ello es posible si lo entendemos como falta o ausencia de algo,
de la nueva forma que adquiere con el cambio.

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EL MOTOR INMÓVIL
Para completar el conocimiento del edificio metafísico de Aristóteles queda por examinar cómo explica la sustancia
suprasensible. Las sustancias son las realidades primeras, en el sentido de que todos los demás modos de ser
dependen de la sustancia. Por lo tanto, si todas las substancias fuesen corruptibles, no existiría absolutamente nada
que fuese incorruptible.
Sin embargo, dice Aristóteles, el tiempo y el movimiento son sin duda incorruptibles. El tiempo no ha sido engen-
drado ni tampoco se corromperá. Antes de la generación del tiempo, tendría que haber existido un “antes”, y con
posterioridad a la destrucción del tiempo, debería haber un “después”. Empero, “antes” y “después” no son otra
cosa que tiempo. En otras palabras, el tiempo es eterno.
El mismo razonamiento es válido también en el caso del movimiento, porque según Aristóteles el tiempo no es más
que determinación del movimiento. En suma, la eternidad del primero servirá para postular también la eternidad
del segundo.
¿Con qué condición podrá subsistir un movimiento (o un tiempo) eterno? Fundándose en los principios establecidos
por él al estudiar las condiciones del movimiento en la Física, Aristóteles responde: sólo en el caso de que subsista
un primer principio que sea su causa. ¿Y cómo debería ser este primer principio, para ser causa de un movimiento
eterno?
― En primer lugar, el Principio tiene que ser eterno: si el movimiento es eterno, también debe serlo su causa.
― En segundo lugar, el Principio debe ser inmóvil: sólo lo inmóvil es “causa absoluta” de lo móvil. En la Física
demostró Aristóteles este punto con todo rigor: irse remontando de motor a motor hasta el infinito no
explica.
― Por último, debe estar exento de potencialidad, es decir, debe ser Acto Puro. Si tuviera potencialidad,
resultaría que no siempre sería movimiento en acto.
¿Cómo puede mover este primer motor, si permanece inmóvil? En el ámbito de las cosas que conocemos, ¿existe
acaso algo que logre mover sin moverse él mismo? Aristóteles responde señalando como ejemplo de ello el objeto
del deseo. El objeto del deseo (lo bello y bueno) atrae la voluntad del hombre sin moverse para nada ellos mismos.
El primer motor mueve igual que el objeto de amor atrae a un amante, y en cuanto tal, permanece absolutamente
inmóvil. La causalidad del primer motor es, pues, una causalidad final (atrae y mueve como perfección que es).

ANTROPOLOGÍA ARISTOTÉLICA: EL ALMA


El estudio aristotélico del ser humano se basa en la teoría hilemórfica. Al igual que los seres inertes, los seres vivos
son un compuesto de materia y forma: la forma se identifica con el alma, que es el principio vital. No existen el
alma por un lado y el cuerpo por otro (el alma no se encuentra accidentalmente en el cuerpo, ni es una realidad
separada del cuerpo); ambos están unidos y existen exclusivamente en la sustancia “hombre”. La distinción entre
alma y cuerpo es real, pero sólo puede ser pensada.
La concepción hilemórfica supone que un ser vivo está compuesto por una materia que adopta una forma
determinada. Gracias a esta forma específica, cada ser vivo cumple unas funciones y tiene unas capacidades, que
pueden ordenarse de forma jerárquica. En su tratado De Anima distingue así Aristóteles tres tipos de alma: la
vegetativa, la sensitiva y la racional.
El alma vegetativa ejerce las funciones de alimentación y reproducción, y es el tipo de alma propio de las plantas.
Asume, por lo tanto, las funciones propias del mantenimiento de la vida en lo que podríamos considerar su escala
más baja, ya que son ajenas a ella todas las funciones sensitivas así como el control del movimiento local. Dado que
estas funciones vitales son comunes a todos los seres vivos, todos han de poseer este tipo de alma.
El segundo tipo de alma, superior al alma vegetativa, es el
alma sensitiva, y es propia de los animales. No sólo está
capacitada para ejercer las funciones vegetativas o nutri-
tivas, sino que controla la percepción sensible, el deseo
y el movimiento local. Ello que permite a los animales
disponer de todas las sensaciones, así como de imagina-
ción y memoria, dos facultades que, para Aristóteles,
derivan directamente de la capacidad sensitiva de los
animales.

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El tercer tipo de alma, superior a las dos anteriores, es el alma racional. Además de las funciones propias de las
almas inferiores, la vegetativa y la sensitiva, el alma racional está capacitada para ejercer funciones intelectivas. Es
el tipo de alma propia del hombre. Las funciones racionales o intelectivas son: el conocimiento de la verdad en sí
misma (la capacidad del conocimiento científico), y el conocimiento de la verdad con fines prácticos (la capacidad
deliberativa).
Aristóteles definirá el hombre como animal racional, atendiendo precisamente al tipo de alma que le es propia;
aunque en la Política lo defina, atendiendo también a las características de su naturaleza, como animal social o
político.

ÉTICA: FELICIDAD Y VIRTUD


EL SUMO BIEN: LA FELICIDAD (EUDAIMONIA)
La ética aristotélica aparece recogida, sobre todo, en los diez libros que componen su Ética a Nicómaco. Como en el
resto de su filosofía, la ética de Aristóteles es netamente teleológica. Afirma así que toda acción humana busca
siempre algún fin: el médico busca la salud; el soldado, la victoria; el marino, la buena navegación; el comerciante,
la riqueza… Y constata que todo el mundo llama felicidad (eudaimonía) al máximo bien que se puede conseguir,
puesto que la felicidad se busca por sí misma, mientras que las demás cosas se buscan para intentar conseguirla a
ella. Pero reconoce que nadie sabe exactamente en qué consiste. Unos creen que es el placer, la riqueza o los
honores. Otros piensan que es otra cosa. A menudo la misma persona cambia de opinión, y cuando está enferma
piensa que la felicidad es la salud; si es pobre, la riqueza; si es inculta, la cultura.
Para responder a la pregunta sobre qué es la felicidad, Aristóteles señala que debemos atender a las características
de la naturaleza humana, para determinar cuál es la actividad más propia del hombre y, por tanto, la que mayor
felicidad puede proporcionarle. Las funciones propiamente humanas son muchas, pero algunas de éstas —comer,
correr, recordar—son comunes con individuos de otras especies —el perro, la cebra, etc.—. Por el contrario, otras
—pensar, amar o querer— son propias y exclusivas de los seres humanos.
Como ya vimos, Aristóteles señala que lo que verdaderamente distingue al hombre de otros seres vivientes es el
alma. Y de las actividades del alma, la específicamente humana es la intelectiva o racional. Por tanto, la vida del
hombre deberá consistir en vivir conforme a la razón.
LA VIRTUD
La felicidad consiste esencialmente, señala Aristóteles, en el ejercicio de la virtud. Por tanto, si el hombre desea
conquistar la felicidad, el camino es la práctica de la virtud. Y define la virtud un hábito.
Los hábitos, como las técnicas, se adquieren mediante la práctica. Entiende así por hábito una disposición a obrar
de un modo determinado que se adquiere mediante la repetición de actos. Así, si repetimos el acto de estudiar,
adquiriremos el hábito de estudiar.
Los hábitos pueden ser buenos o malos. Son hábitos malos los que alejan al hombre del cumplimiento de la función
que le corresponde según su naturaleza, y Aristóteles los denomina vicios. Por el contrario, son hábitos buenos los
que llevan a un hombre a cumplir bien su función, y Aristóteles los llama virtudes.
Las virtudes residen en el alma, y hay distintos tipos de virtudes que corresponden a las distintas funciones del
alma. Si se excluyen las funciones vegetativas, se puede afirmar que a las funciones intelectivas desarrolladas por el
entendimiento les corresponden las virtudes intelectuales, mientras que a las funciones sensitivas o volitivas,
desempeñadas por la voluntad, les corresponden las virtudes morales.
► VIRTUDES MORALES O ÉTICAS
Las virtudes morales consisten en el justo medio entre dos extremos o dos vicios, entre el exceso y el defecto. En
palabras de Aristóteles: la virtud “es un hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros,
determinado por la razón tal y como lo determinaría una persona prudente”. Y cita algunos ejemplos: el valor es el
término medio entre la temeridad y la cobardía; la templanza es el término medio entre el libertinaje y la
insensibilidad.
El término medio, idea central de la ética aristotélica, es el camino que conduce a la eudaimonía. Consiste en
aplicar la razón a los sentidos y a las emociones, de modo que una emoción no nos desborde, ni que la falta de
emociones vuelva insulsa la vida. La virtud se alcanza cuando se encuentra el término medio.

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No es una noción aritmética: el término medio no es el medio exacto entre dos extremos; y no es el mismo para
todos, sino relativo a cada persona. No aparece prefijado e inmutable, sino “relativo a nosotros, pues si para uno
es mucho comer diez, y poco comer dos, lo correcto será que coma seis, pero seis será poco para el atleta Milón, y
mucho para el que se inicia en los ejercicios corporales. Por tanto, todo conocedor evita el exceso y el defecto, y
busca el término medio y lo prefiere; pero no el término medio de la cosa, sino el relativo a nosotros”.
Aristóteles deja la determinación del justo medio a la experiencia y al juicio prudente de un varón sensato que
discurra rectamente. No hay una forma de comportamiento universal que pueda decirse que determina la virtud.
Es a través de la experiencia, de nuestra experiencia, como podemos ir forjando ese hábito, mediante la
persistencia en la adopción de decisiones correctas. Nuestras características personales, las condiciones en las que
se desarrolla nuestra existencia, las diferencias individuales, son elementos a considerar en la toma de una
decisión, en la elección de nuestra conducta. Lo que para uno puede ser excesivo, para otro puede convertirse en
el justo término medio; la virtud mantendrá su nombre en ambos casos, aunque actuando de dos formas
distintas. No hay una forma universal de comportamiento y sin embargo tampoco se afirma la relatividad de la
virtud.
► VIRTUDES INTELECTUALES O DIANOÉTICAS
Si para determinar las virtudes éticas partía Aristóteles del análisis de la acción humana, para determinar las
virtudes dianoéticas partirá del análisis de las funciones de la parte racional o cognitiva del alma: la función
productiva, la función práctica y la función contemplativa o teórica. A cada una de ellas le corresponderá una
virtud propia que vendrá representada por la realización del saber correspondiente.
Las virtudes relacionadas con la función productiva se reflejan en las actividades que el hombre realiza por medio
del arte y de la técnica.
A la función práctica, la actividad del pensamiento que reflexiona sobre la vida ética y política del hombre
tratando de dirigirla, le corresponde la virtud de la prudencia (phrónesis) o racionalidad práctica. Mediante ella
estamos en condiciones de elegir las reglas correctas de comportamiento por las que regular nuestra conducta.
No es el resultado, pues, de la adquisición de una ciencia, sino más bien el fruto de la experiencia. La prudencia es
una virtud fundamental de la vida ética del hombre, sin la cual difícilmente podremos adquirir las virtudes éticas.
A la función contemplativa o teórica le corresponde la virtud de la sabiduría (sophía). La sabiduría representa el
grado más elevado de virtud, ya que tiene por objeto la determinación de lo verdadero y lo falso, del bien y del
mal. El hábito de captar la verdad a través de la sabiduría representa el nivel más elevado de virtud al que puede
aspirar el hombre, y Aristóteles la identifica con la verdadera felicidad.

EL HOMBRE COMO ANIMAL POLÍTICO


Aristóteles insiste con relativa frecuencia en que las virtudes éticas solo se pueden conseguir en el seno de una
adecuada organización política. Para él, el ser humano es un animal político.
A la hora de justificar este principio, recurre una vez más a la naturaleza (physis): “La naturaleza no hace nada en
vano y el ser humano es el único animal dotado de palabra”. Otros animales tienen voz, con la que expresan el
dolor o el placer; pero el ser humano tiene la palabra. La palabra sirve para manifestar lo conveniente y lo
perjudicial, lo justo y lo injusto, además del resto de los valores. Esta comunicación fundamenta la sociedad.
Aristóteles distingue tres niveles de relación social entre los individuos: el hombre se agrupa, primero, en familias;
luego, en aldeas (conjunto de familias); y, por último, en polis o ciudades-estado, que es donde adquiere el hombre
el desarrollo completo.
 La comunidad primitiva es la familia. Está formada, de forma natural, por la mujer, el hombre, la descen-
dencia y los esclavos, en caso de que los haya. La finalidad de la casa es la satisfacción de las necesidades
cotidianas: el núcleo familiar permite al ciudadano ser autárquico, es decir, autónomo y autosuficiente.
 La aldea nace a partir de la unión de varias familias, y tiene como fin la resolución de las necesidades más
complejas de sus habitantes.
 La polis o ciudad-estado es la comunidad social por excelencia, y la unidad política natural. Es la organiza-
ción social más significativa para Aristóteles, y consiste en la agrupación de aldeas, organizadas bajo un
mismo gobierno.
Aunque la casa y la aldea anteceden a la ciudad cronológicamente, la polis es anterior a ellas en cuanto a perfección
y excelencia (el todo es anterior a la parte), ya que es el fin al que tienden tanto los individuos como las otras dos
comunidades naturales. Por esta razón, la polis es la comunidad perfecta y autosuficiente, es decir, el mejor modo
de organización social.

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La polis tiene una primera finalidad: solventar las necesidades materiales de los ciudadanos; pero no se detiene ahí.
Su fin principal y último es ayudarles a vivir bien, esto es, a lograr una vida feliz mediante la promoción de las
virtudes, principalmente las virtudes intelectuales, y la justicia, que es la virtud básica de la sociedad política.
La ciudad se define, por tanto, como la comunidad de seres humanos libres orientada a una vida virtuosa y feliz. El
fin último del individuo y de la comunidad coinciden: si los individuos son buenos, la polis alcanzará la justicia y
viceversa. También en la política aristotélica se aprecia un planteamiento teleológico.
LOS REGÍMENES POLÍTICOS
Aristóteles estudió los diferentes regímenes políticos que se habían dado a lo largo de la historia, y los clasificó
según el número de gobernantes. Consideró que la mejor organización política es aquella en la que quienes gobier-
nan buscan el bien común. Ahora bien, existen diferentes modos de conseguir dicho bien, por lo que podrá haber
diversos regímenes políticos justos. A este propósito, Aristóteles distinguió entre regímenes justos o correctos y
regímenes injustos o degenerados.
 La monarquía es el gobierno de un individuo que trata de alcanzar el bien común. Cuando el monarca
emplea el poder despóticamente y lo pone exclusivamente al servicio de sus propios intereses, la
monarquía se degrada y degenera en tiranía, la peor forma de gobierno de todas las conocidas.
 La aristocracia es el gobierno de unos pocos hombres selectos, también con vistas al bien común. Degenera
en la oligarquía, forma de gobierno en la que el poder está en manos de un grupo de ciudadanos ricos que
se despreocupan del bien de la comunidad.
 La politeia (“república”) es el gobierno de muchos hombres buenos. Su corrupción lo convierte en
democracia o demagogia: mantenerse en el poder por medio del halago al pueblo.
Cada forma de gobierno presenta ventajas e inconvenientes. Una persona excelente podría ser un buen monarca
para todos, aunque esa misma persona también puede degenerar en un despiadado tirano. Con la aristocracia
puede ocurrir algo similar, pues sus miembros podrían ocuparse por su satisfacción personal.
Ante este abanico de posibilidades, parece que Aristóteles defiende un régimen mezcla de aristocracia y democra-
cia en el que se pueda contar con un amplio número de ciudadanos libres, con capacidad para distribuir las magis-
traturas —es decir, el gobierno— entre los mejores. Se trata, pues, de un tipo de aristocracia moderada sometida a
cierto control del pueblo.
Ahora bien, ¿por qué Aristóteles elige este tipo de gobierno? Según él, porque se evitarían los extremos. Vemos,
pues, que la virtud política consiste también en un término medio entre dos extremos.

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