Reseña de Coco, la película que nos recuerda lo importante que somos
cuando se nos para el corazóEl Día de Muertos es una de las fechas más
llamativas para los extranjeros. Desde la perspectiva convencional —aunque
no estrictamente occidental— la pregunta resuena como un cuestionamiento
elocuente: ¿por qué celebrar a los fallecidos? Simplemente se trata de un
gesto de remembranza que acerca a las personas con su pasado y evita el
desvanecimiento de los recuerdos de quienes han partido ya. Desde hace
seis años comenzó la aventura para producir Coco, la más reciente creación
de Disney y Pixar, la cual está basada en dicha tradición y cuyo objetivo es
enaltecer y compartir con el resto del mundo una celebración antiquísima
capaz de unir el mundo de los muertos con el de los vivos.
Coco gira en torno de Miguel (Anthony González), un niño con el sueño de
convertirse en músico y cuyo ídolo es Ernesto de la Cruz. Sin embargo, la
mala experiencia de su familia con este tipo de artistas alejan al pequeño de
su sueño, por lo que tiene que luchar contra la regla impuesta generaciones
atrás si quiere destacar por su talento. La historia se desarrolla en México,
durante la celebración del Día de Muertos, cuando los coloridos papeles
picados, las iluminadas ofrendas repletas de comida, objetos preciados por
los fallecidos, velas, el naranja vivo de la flor de cempasúchil y los rezos, la
música y la pirotecnia inundan las ciudades y los pueblos del país para
recordar a aquellos que ya no están en este mundo.
Coco es un homenaje a la tierra azteca, a su tradición y a la gente que hace
de esto una celebración. Cada detalle está cuidado meticulosamente. Desde
las casas del pueblo donde se desarrollan las acciones, hasta sus calles, la
plaza con quiosco del centro de la localidad, sin olvidar el panteón y las
ofrendas, lo que le da un toque de autenticidad a la animación.
La historia poco a poco se adentra en la representación de la vida y la muerte
acorde a la festividad, con folclor y diversión en ambas partes, además de
guardar una que otra sorpresa para el desenlace. Personajes icónicos de
México como Frida Kahlo, El Santo y Pedro Infante se ven retratados en su
forma esquelética como un homenaje, además de mostrar los coloridos y
excéntricos alebrijes, unos seres quiméricos producto de la mezcla de varios
animales.
Los diálogos tienen sus momentos de gracia y la personalidad de los
involucrados sin duda refleja a muchos pobladores en alguna forma, ya sea
como hijos o padres. La esencia principal de celebrar la vida después de la
muerte nunca se desvía, lo que significa que el trabajo de investigación fue
más que eficiente para tener elementos en los que inspirarse y crear la película.
En Coco además se tocan los temas de los valores, como la unión familiar y la
perseverancia, que tienen su clímax en momentos conmovedores. Sin embargo, no
se sienten forzados estos instantes para causar empatía, sino que se lo van
ganando los personajes con su carisma y se perciben con naturalidad.
La animación es estupenda. La calidad impresa a todos los elementos es plausible.
Coloridos escenarios, texturas definidas desde piel hasta agua, y los movimientos
naturales de los personajes al caminar o inclusive cuando tocan la guitarra. Hay una
parte contada con figuras en papel picado que simplemente es magnífica. Por otro
lado, la música tiene un papel importantísimo para representar al país. Desde los
acordes de una guitarra, hasta canciones como “La llorona”, la selección y mezcla
sonora estuvieron a la altura de lo demás para representar la variedad compositiva
que existe en México.