Formación de marzo de 2025-Parroquia María Reina, Palacagüina-diócesis de Estelí
Gabriel Sánchez
Sobre la sinodalidad
¿Qué es la sinodalidad?
La sinodalidad denota el estilo particular que califica la vida y misión de la Iglesia, expresando su
naturaleza de Pueblo de Dios que camina y se reúne en asamblea, convocado por el Señor Jesús en
el poder del Espíritu Santo para anunciar el Evangelio. La sinodalidad debe expresarse en el modo
ordinario de vida y de trabajo de la Iglesia.
Todo el Pueblo de Dios comparte una dignidad y una vocación común a través del Bautismo. Todos
estamos llamados en virtud de nuestro Bautismo a ser participantes activos en la vida de la Iglesia
El Concilio Vaticano II revitalizó el sentido de que todos los bautizados, tanto la jerarquía como los
laicos, están llamados a ser participantes activos en la misión salvífica de la Iglesia (LG, 32-33). Los
fieles han recibido el Espíritu Santo en el bautismo y la confirmación y están dotados de diversos
dones y carismas para la renovación y edificación de la Iglesia, como miembros del Cuerpo de Cristo.
Así, la autoridad docente del Papa y de los obispos dialoga con el “sensus fidelium”, voz viva del
Pueblo de Dios. El camino de la sinodalidad busca tomar decisiones pastorales que reflejen lo más
fielmente posible la voluntad de Dios, basándolas en la voz viva del Pueblo de Dios, expresando la
realidad de la fe sobre la base de la experiencia vivida.
La palabra ‘Sínodo’ Indica el camino por el que el Pueblo de Dios camina unido. Igualmente, se
refiere al Señor Jesús, que se presenta como ‘el camino, la verdad y la vida’ (Jn 14, 6), y al hecho de
que los cristianos, sus seguidores, fueron originalmente llamados ‘seguidores del Camino’ (cf. Hch
9, 2).
Jesús entra en diálogo
Jesús escucha las apasionadas quejas de la mujer cananea (cf. Mt 15, 21-28), que no puede aceptar
ser excluida de la bendición que Él trae consigo; él, dialoga con la Samaritana (cf. Jn 4, 1-42), no
obstante, su condición de mujer comprometida social y religiosamente. Pide el acto de fe libre y
agradecido del ciego de nacimiento (cf. Jn 9), que la religión oficial había excluido del perímetro de
la gracia; algunos siguen más explícitamente a Jesús, experimentando la fidelidad del discipulado,
mientras a otros se les invita a volver a su vida ordinaria.
La elección de los apóstoles es la gracia de un ministerio inclusivo de bendición y de comunión.
Gracias al don del Espíritu del Señor resucitado, ellos deben custodiar el lugar que ocupa Jesús, sin
sustituirlo: no para poner filtros a su presencia, sino para que sea más fácil encontrarlo.
Jesús, la multitud y los apóstoles como imagen de la sinodalidad
Jesús, la multitud en su variedad, los apóstoles: he aquí la imagen y el misterio que ha de ser
contemplado y profundizado continuamente para que la Iglesia llegue a ser siempre más aquello
que es. Ninguno de los tres actores puede salir de la escena.
Si falta Jesús y en su lugar se ubica otro, la Iglesia se transforma en un contrato entre los apóstoles
y la multitud, cuyo diálogo terminará por seguir los intereses del juego político.
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Sin los apóstoles, autorizados por Jesús e instruidos por el Espíritu, el vínculo con la verdad
evangélica se interrumpe y la multitud queda expuesta a un mito o a una ideología sobre Jesús, ya
sea que lo acepte o que lo rechace.
Sin la multitud, la relación de los apóstoles con Jesús se corrompe en una forma sectaria y
autorreferencial de la religión y la evangelización pierde entonces su luz, que proviene sólo de Dios,
el cual se revela directamente a cada uno, ofreciéndole su salvación.
Las tres dimensiones del lema del sínodo
1. Comunión: Dios nos reúne como pueblos diversos en una misma fe. La comunión que
compartimos encuentra sus raíces más profundas en el amor y la unidad de la Trinidad.
Todos tenemos un papel que desempeñar para discernir y vivir el llamado de Dios para su
pueblo.
2. Participación: Llamada a la implicación de todos los que pertenecen al Pueblo de Dios,
laicos, consagrados y ordenados, para que se comprometan en el ejercicio de la escucha
profunda y respetuosa de los demás. La participación se basa en el hecho de que todos los
fieles están capacitados y están llamados a servirse unos a otros a través de los dones que
cada uno ha recibido del Espíritu Santo. En una Iglesia sinodal toda la comunidad, en la libre
y rica diversidad de sus miembros, está llamada a rezar, escuchar, analizar, dialogar,
discernir y ofrecer consejos para la toma de decisiones pastorales que se correspondan lo
más posible con la voluntad de Dios.
3. Misión: La Iglesia existe para evangelizar. Nuestra misión es dar testimonio del amor de Dios
en medio de toda la familia humana. La sinodalidad es un camino por el cual la Iglesia puede
cumplir más fructíferamente su misión evangelizadora en el mundo, como levadura al
servicio de la venida del Reino de Dios.
¿Quién puede participar en la sinodalidad de la Iglesia?
Los principales sujetos de esta experiencia sinodal son todos los bautizados. Se debe tener especial
cuidado para involucrar a las personas que pueden correr el riesgo de ser excluidas: mujeres,
discapacitados, refugiados, migrantes, ancianos, personas que viven en la pobreza, católicos que
raramente o nunca practican su fe, etc. También deben buscarse medios creativos con el fin de
involucrar a niños y jóvenes. Juntos, todos los bautizados son objeto del “sensus fidelium”, la voz
viva del Pueblo de Dios.
Objetivos del proceso sinodal
1. Escuchar, como todo el Pueblo de Dios, lo que el Espíritu Santo dice a la Iglesia, escuchando
juntos la Palabra de Dios en la Escritura y la Tradición viva de la Iglesia, y luego
escuchándonos unos a otros, discerniendo los signos de los tiempos. De hecho, todo el
Proceso sinodal tiene como objetivo propiciar una experiencia vivida de discernimiento,
participación y corresponsabilidad, donde se conjugan una diversidad de dones para la
misión de la Iglesia en el mundo.
2. Inspirar a las personas a soñar con la Iglesia que estamos llamados a ser, hacer florecer las
esperanzas de las personas, estimular la confianza, vendar heridas, tejer relaciones nuevas
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y más profundas, aprender unos de otros, construir puentes, para iluminar mentes, calentar
corazones y restaurar la fuerza en nuestras manos para nuestra misión común: realiza un
camino de crecimiento auténtico hacia la comunión y misión que Dios llama a la Iglesia a
vivir en el tercer milenio.
3. Este camino juntos nos llamará a renovar nuestra mentalidad y nuestras estructuras
eclesiales para vivir la llamada de Dios a la Iglesia en medio de los signos actuales de los
tiempos. Este Proceso sinodal busca avanzar hacia una Iglesia más fructífera al servicio de
la venida del reino de los cielos.
La escucha sinodal está orientada al discernimiento personal y comunitario. Nos escuchamos unos
a otros, a nuestra experiencia de fe y a los signos de los tiempos para discernir lo que Dios nos está
diciendo a todos.
El discernimiento comunitario ayuda a construir comunidades florecientes y resilientes para la
misión de la Iglesia hoy. El discernimiento es una gracia de Dios, pero requiere nuestra participación
humana de formas sencillas: rezar, reflexionar, prestar atención a la disposición interior de uno,
escuchar y hablar unos a otros de una manera auténtica, significativa y acogedora.
La participación es el camino. Fomentar la participación nos lleva a salir de nosotros mismos para
involucrar a otros que tienen puntos de vista diferentes a los nuestros. El diálogo implica unir
opiniones diversas. De hecho, Dios a menudo habla a través de las voces de aquellos que fácilmente
podemos excluir, dejar de lado o descartar. Debemos hacer un esfuerzo especial para escuchar a
aquellos que podemos sentirnos tentados de ver como poco importantes y aquellos que nos obligan
a considerar nuevos puntos de vista que pueden cambiar nuestra forma de pensar.
Referencias
• https://www.accioncatolicageneral.es/documentos/sinodo21-23/QUE-ES-LA-
SINODALIDAD-refle-ACG.pdf