LICENCIATURA EN EDUCACIÓN – C.C.
Nombre y apellido: Contreras Malena Ayelén
DNI: 38123338
Nombre y apellido: Pavicich Fiorella Jazmin
DNI: 40974736
Asignatura: Política Educacional
Docente: Miryam Graciela Farias
Comisión: 1
Año de cursada: 2024
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1. Elaboren un texto de 500 palabras como mínimo, desarrollando los
siguientes ejes:
La educación como acto político: lo educativo, lo social y el
conflicto en Freire.
La dimensión dialógica y el proceso de la liberación en
Freire.
Los arbitrarios culturales y la educación bancaria en la
reproducción de la desigualdad social.
La educación como acto político: lo educativo, lo social y el conflicto en
Freire
Según el autor, la educación no puede ser un proceso neutral; está siempre
impregnada de ideologías que reflejan y perpetúan las estructuras de poder en
la sociedad. Toda práctica educativa lleva consigo una visión del mundo y un
conjunto de valores que, consciente o inconscientemente, favorecen ciertos
intereses sobre otros. En este sentido, la educación se convierte en un campo
de conflicto donde se juegan las relaciones de poder y las luchas por la
hegemonía cultural.
Argumenta de manera contundente que la educación es un acto político. Esta
afirmación es fundamental para comprender su enfoque pedagógico y sus
propuestas para la transformación social. Así, lo educativo y lo social están
intrínsecamente ligados, y el conflicto es una parte inevitable de este proceso.
Freire sostiene que todo acto educativo está enmarcado dentro de un contexto
social específico y que, por lo tanto, no puede separarse de las condiciones
sociales, económicas y políticas que lo rodean. Explica que la educación debe
servir como una herramienta para la liberación de los oprimidos, ayudándoles a
desarrollar una conciencia crítica de su situación y a actuar para transformarla.
Esto implica que la educación no debe limitarse a la mera transmisión de
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conocimientos, sino que debe fomentar la reflexión crítica sobre la realidad y
promover la acción transformadora.
Para Freire, la educación tiene el potencial de ser un acto de liberación cuando
se enfoca en el desarrollo de la conciencia crítica, lo que él llama
"concientización". Este proceso permite a los individuos reconocer las
estructuras opresivas que los rodean y los empodera para cuestionarlas y
cambiarlas. De esta manera, la educación se convierte en un acto
profundamente social y político, destinado a transformar la sociedad en lugar
de simplemente adaptarse a ella.
La educación como acto político está inherentemente vinculada al conflicto.
Este conflicto surge porque la educación puede desafiar las estructuras de
poder y las ideologías dominantes que perpetúan la opresión y la desigualdad.
En una sociedad dividida por líneas de clase, raza, género y otras formas de
desigualdad, la educación que busca empoderar a los oprimidos
inevitablemente se enfrenta a la resistencia de aquellos que se benefician del
status quo.
Este conflicto es necesario y positivo, ya que la transformación social requiere
la confrontación de las injusticias y la lucha por una sociedad más equitativa.
En su visión, el conflicto no debe ser evitado, sino que debe ser entendido
como una oportunidad para el crecimiento y la emancipación. La educación
debe ser un espacio donde se debatan y cuestionen las ideologías dominantes,
promoviendo una cultura de diálogo y crítica constructiva.
La dimensión dialógica y el proceso de la liberación en Freire.
Establece que la educación auténtica es un acto de liberación que se
fundamenta en la práctica del diálogo. La dimensión dialógica no solo es
central para la educación, sino que también es esencial para el proceso de
liberación de los oprimidos. En este contexto, el diálogo es un proceso de
comunicación en el que los participantes se comprometen en una búsqueda
conjunta de comprensión y conocimiento, reconociéndose mutuamente como
sujetos.
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La dimensión dialógica de la educación en Freire se basa en la idea de que el
conocimiento se construye a través de la interacción y el intercambio entre
individuos. En lugar de ver a los estudiantes como recipientes pasivos que
deben ser llenados con información, él propone una pedagogía en la que tanto
los educadores como los educandos participan activamente en el proceso
educativo. Este enfoque reconoce la capacidad de los estudiantes para pensar
críticamente y contribuir al diálogo con sus propias experiencias y
conocimientos.
Además, critica la "educación bancaria", donde el maestro deposita
conocimientos en los estudiantes sin permitir su participación activa. En
contraposición, la educación dialógica implica un proceso de coinvestigación
donde todos los participantes se convierten en aprendices y maestros
simultáneamente. Este enfoque fomenta una relación horizontal entre educador
y educando, basada en el respeto mutuo y la colaboración.
A través del diálogo, los oprimidos pueden articular sus experiencias, identificar
las raíces de su opresión y explorar estrategias para su liberación.
Freire enfatiza que el diálogo debe ser una praxis, es decir, una combinación
de reflexión y acción. El diálogo auténtico no se limita a la mera conversación,
sino que conduce a la acción transformadora. La praxis es la esencia de la
educación liberadora: un proceso continuo de reflexión crítica sobre la realidad
y de acciones concretas para cambiarla. En este sentido, la educación
dialógica se convierte en una herramienta para la transformación personal y
social.
La praxis dialógica implica una constante evaluación y reevaluación de las
acciones emprendidas y sus efectos. A través de este proceso, los educandos
se convierten en agentes activos de su propia liberación, capaces de adaptarse
y responder a las cambiantes circunstancias de su lucha. Este enfoque
dinámico y flexible es crucial para enfrentar las complejas y variadas formas de
opresión en la sociedad.
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La dimensión dialógica de la educación tiene profundas implicaciones para la
práctica educativa. Los educadores deben crear un ambiente que promueva el
diálogo abierto y honesto, donde los estudiantes se sientan valorados y
escuchados. Esto requiere una pedagogía que respete y celebre la diversidad
de experiencias y conocimientos que los estudiantes traen al aula.
Además, los educadores deben estar dispuestos a cuestionar sus propias
posiciones de poder y aprender de sus estudiantes. La educación dialógica es
un proceso recíproco, donde todos los participantes tienen algo que aprender y
algo que enseñar. Este enfoque no solo enriquece el proceso educativo, sino
que también desafía las jerarquías tradicionales y promueve una cultura de
igualdad y respeto.
Los arbitrarios culturales y la educación bancaria en la reproducción de la
desigualdad social según Freire
Paulo Freire, en su crítica profunda del sistema educativo tradicional, expone
cómo la educación puede ser un instrumento de opresión y reproducción de la
desigualdad social. Dos conceptos clave en su análisis son los "arbitrarios
culturales" y la "educación bancaria". Ambos juegan un papel central en la
manera en que las estructuras educativas perpetúan las jerarquías y las
injusticias sociales.
Los arbitrarios culturales se refieren a los valores, normas y conocimientos que
una sociedad considera válidos y legítimos y que son transmitidos a través del
sistema educativo. Sin embargo, estos valores no son universales ni neutrales;
reflejan y sirven a los intereses de las clases dominantes.
En el contexto de la educación, los arbitrarios culturales determinan qué tipo de
conocimiento se considera valioso y qué comportamientos y actitudes se
recompensan. Esto significa que los estudiantes de clases sociales
privilegiadas, que ya están familiarizados con estos valores y normas, tienen
una ventaja inherente en el sistema educativo. Por otro lado, los estudiantes de
clases desfavorecidas, cuyos conocimientos y experiencias no se alinean con
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los arbitrarios culturales dominantes, son frecuentemente desvalorizados y
marginados.
Freire critica ferozmente la "educación bancaria", un modelo educativo en el
que el conocimiento se deposita en los estudiantes de manera unilateral. En
este modelo, los maestros actúan como depositarios de conocimiento, y los
estudiantes son meramente recipientes pasivos. La educación bancaria se
centra en la memorización y la reproducción de información, sin fomentar el
pensamiento crítico ni la participación activa.
Este modelo de educación, según Freire, es profundamente opresivo porque
refuerza las jerarquías y la pasividad. Al no alentar a los estudiantes a
cuestionar, analizar y relacionar el conocimiento con sus propias vidas y
contextos. Los estudiantes aprenden a adaptarse a las estructuras sociales
existentes, en lugar de desafiarlas o transformarlas.
Los arbitrarios culturales y la educación bancaria juntos forman una poderosa
combinación que perpetúa la desigualdad social. Los estudiantes de clases
sociales altas, que han internalizado los arbitrarios culturales dominantes,
navegan con mayor facilidad por el sistema educativo. Se benefician de un
entorno que valora sus experiencias y conocimientos, lo que les facilita obtener
credenciales educativas y acceder a oportunidades de movilidad social.
En contraste, los estudiantes de clases sociales bajas enfrentan un doble
obstáculo. No solo deben adaptarse a un sistema educativo que no valora sus
conocimientos y experiencias, sino que también deben hacerlo dentro de un
modelo de educación bancaria que no les permite desarrollar una comprensión
crítica de su situación. Esta dinámica refuerza la reproducción de la
desigualdad: los estudiantes de clases desfavorecidas no solo tienen menos
éxito en el sistema educativo, sino que también son menos capaces de
cuestionar y resistir las estructuras opresivas que los mantienen en desventaja.
Freire propone una alternativa radical a la educación bancaria y a la imposición
de arbitrarios culturales: la educación problematizadora. Este enfoque se basa
en el diálogo y la reflexión crítica. En lugar de ver a los estudiantes como
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recipientes pasivos, la educación problematizadora los reconoce como sujetos
activos capaces de analizar y transformar su realidad.
En un entorno de educación problematizadora, los estudiantes y los
educadores trabajan juntos para explorar problemas y desafíos reales que
enfrentan en sus vidas. Este proceso no solo enriquece el aprendizaje, sino
que también empodera a los estudiantes para cuestionar las estructuras
sociales y económicas que perpetúan la opresión. La educación se convierte
así en un acto de liberación y transformación, en lugar de un medio para la
reproducción de la desigualdad.
2. Relacione el análisis realizado con el contexto actual de nuestro
país, señalando similitudes y diferencias, si las hubiera. (mínimo
200 palabras).
El análisis de Paulo Freire sobre los arbitrarios culturales y la educación
bancaria tiene una resonancia significativa en el contexto actual, donde las
desigualdades sociales y económicas son prominentes y afectan
profundamente al sistema educativo.
Similitudes
Desigualdad social y educativa: hoy en día la desigualdad social sigue siendo
una realidad en muchos países latinoamericanos. El acceso a una educación
de calidad está fuertemente influenciado por factores socioeconómicos. Los
estudiantes de familias más ricas tienen acceso a mejores escuelas, recursos y
oportunidades, mientras que los estudiantes de familias pobres enfrentan
barreras significativas para obtener una educación de calidad.
Arbitrarios culturales: los sistemas educativos actuales a menudo siguen
valorando y perpetuando los conocimientos y normas culturales de las clases
dominantes. Esto se observa en los currículos que pueden estar
desconectados de las realidades y necesidades de las provincias, favoreciendo
una visión eurocéntrica y urbana del mundo.
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Educación bancaria: a pesar de las reformas educativas, el modelo de
educación bancaria descrito por Freire sigue prevaleciendo en muchas aulas.
La enseñanza sigue siendo mayormente unidireccional, enfocada en la
memorización y la repetición de información, sin fomentar suficientemente el
pensamiento crítico ni la participación activa de los estudiantes.
Desigualdad en resultados educativos: las pruebas estandarizadas y los
resultados educativos muestran disparidades significativas entre diferentes
grupos socioeconómicos. Los estudiantes de bajos ingresos, a menudo con
menos acceso a recursos educativos adecuados, tienden a tener peores
resultados académicos, perpetuando un ciclo de pobreza y falta de
oportunidades.
Diferencias
Acceso a la educación: en muchos países, ha habido un aumento significativo
en el acceso a la educación básica y secundaria. Las tasas de matriculación
han mejorado considerablemente. Sin embargo, la calidad de la educación y el
acceso equitativo a una educación de calidad siguen siendo problemas
importantes.
Tecnología y educación: la tecnología tiene el potencial de democratizar el
acceso al conocimiento y proporcionar nuevas oportunidades de aprendizaje
interactivo y personalizado. Sin embargo, también existe una brecha digital que
afecta desproporcionadamente a los estudiantes de bajos ingresos y de zonas
rurales.
Reformas educativas y políticas públicas: en nuestro país ha habido esfuerzos
por parte de los gobiernos para reformar los sistemas educativos con el
objetivo de reducir la desigualdad. Estas reformas incluyen programas de
becas, refrigerio escolar, formación docente y actualización de currículos. Sin
embargo, la implementación y efectividad de estas reformas varían y enfrentan
desafíos significativos.
Conclusión
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El análisis de Paulo Freire sigue siendo relevante para entender las dinámicas
educativas contemporáneas en nuestro país. La educación sigue siendo un
campo de batalla para la justicia social, donde las desigualdades y los
arbitrarios culturales continúan perpetuando la opresión. Sin embargo, también
hay diferencias significativas, como el mayor acceso a la educación y el
impacto de la tecnología, que presentan tanto desafíos como oportunidades
para transformar el sistema educativo.
Para avanzar hacia una educación más equitativa y liberadora, es crucial
continuar promoviendo prácticas educativas que fomenten el pensamiento
crítico, el diálogo y la participación activa de los estudiantes, reconociendo y
valorando la diversidad cultural y social de nuestra sociedad. Las ideas de
Freire ofrecen una guía valiosa para este proceso, recordándonos que la
educación es un acto profundamente político y que tiene el poder de
transformar tanto a individuos como a comunidades.