El Jardín de los Deseos
En el patio de la escuela había un pequeño jardín olvidado donde nadie entraba.
Sara, una niña nueva en la escuela, descubrió que las flores de ese jardín
susurraban secretos cuando las regabas con agua de lluvia.
Una tarde de primavera, Sara recogió agua de lluvia en una regadera azul y la
vertió sobre una rosa marchita. Para su sorpresa, la flor no solo revivió, sino que
comenzó a brillar y a susurrar sus deseos más profundos.
Pronto, Sara comenzó a visitar el jardín regularmente, regando diferentes flores y
escuchando sus historias. Cada flor tenía un deseo diferente: la margarita quería
que todos los niños tuvieran un amigo con quien jugar, el girasol deseaba que
hubiera más risas en el patio, y la violeta soñaba con un mundo sin tristeza.
Sara descubrió que cuando escuchaba atentamente los deseos de las flores y actuaba
para cumplirlos, sucedían cosas maravillosas. Los niños solitarios encontraban
amigos, el patio se llenaba de juegos y risas, y la tristeza se transformaba en
esperanza.
El jardín se convirtió en un lugar especial donde los estudiantes compartían sus
propios deseos y sueños. Las flores florecían más brillantes que nunca, alimentadas
por la alegría y la amistad que las rodeaba.
Y aunque nadie más podía escuchar los susurros de las flores, todos sentían la
magia especial de aquel pequeño jardín donde los deseos se hacían realidad.