Sistema visualEl sentido de la vista tiene gran importancia en la práctica por la valiosa
información que proporciona del mundo que nos rodea. Los datos percibidos por la
vista maravi-llan porque alcanzan grados insustituibles de la dimensión física, espacial,
de la posición relativa y absoluta, del vo-lumen, de la distancia, o velocidad del
objeto. La vista complementa de modo determinante la función de otros sentidos y
sistemas sensoriales, como son el propiocepti-vo o el vestibular para mantener el
equilibrio. El análisis que realiza el sentido de la vista cuando percibimos los objetos
abarca aspectos cuantitativos y cualitativos como son su: a) configuración externa –
forma, textura, tama-ño–; b) gama cromática y de luminosidad –color, luz–; c)
situación estática o dinámica –referencia absoluta o rela-tiva a otros objetos– así
como sutiles matices necesarios para conseguir el significado conceptual y emotivo.El
sistema visual muestra una enorme cantidad de conexiones con muy variados
centros nerviosos. Esta dis-persión por todo el cerebro proporciona referencias alea-
torias que incrementan el contenido de la percepción sen-sorial. En efecto, identificando
estructuras o formas en su contexto es posible la lectura, el desenvolvimiento normal en
la sociedad, el lenguaje de los signos, y en definitiva la comunicación simbólica. De
hecho, lo que vemos aporta el 80% de lo que aprendemos, seguido por el sentido
del oído. Y los dos millones de axones que proceden de las dos retinas, suman
cerca de dos tercios de las fibras sen-sitivas que llegan al sistema nervioso central.
La percepción visual –como la auditiva, o la táctil y gustativa– no es un proceso
meramente pasivo. Por una parte, los ojos reciben el estímulo visual; pero
además, el ojo busca el estímulo, la mirada rastrea los detalles significativos.
Para ello, la posición del globo ocular está controlada de modo muy exacto
con el fin de orientar la parte central de la retina hacia el objeto de interés
y explorar el campo vi-sual. Cuando un estímulo incide en la retina perifé-rica,
el ojo se mueve hacia el estímulo para enfocar-lo con exactitud y presteza en
la fóvea donde se realiza la percepción fina, consciente y detallada del objeto.
Aunque la integridad de la vía visual sea una condi-ción indispensable para ver, no
pensemos que la visión es el resultado exclusivo de su función. Es claro que la vía
visual concluye anatómicamente en la corteza estriada; pero ¿quién ‘ve’ la imagen
allí proyectada? Dicho de otro modo, el fenómeno de la visión necesita la integridad
de las vías visuales, pero ‘ver’ no es su consecuencia necesa-ria. O sea, que llegan a la
retina y a la corteza visual mu-chas imágenes que ‘no vemos’. Por otra parte, lo que
ve-mos es ‘más’ que lo recibido por el globo ocular, hay un proceso de adición en el
que participa de manera crucial la memoria, lo aprendido y la experiencia adquirida
por otros sentidos. La identificación, la conciencia y el reco-nocimiento de las
imágenes supone además una elabora-ción muy sofisticada en la que intervienen
muchas áreas cerebrales y subcorticales que requieren la atención, pues ‘ver’ no
equivale a ‘mirar’ o calibrar detalles. Es un hecho general que los procesos de alcance
psíquico superan el sustrato estructural o meramente material, aunque lo pre-cisan de
modo necesario, como ocurre con la visión
La lesión del polo occipital, donde se encuentra la corteza visual, produce ceguera.
Sin embargo, el enfermo mantiene, en ciertos casos, algunos reflejos como el se-
guimiento de los objetos con la mirada, y los cambios pupilares por la luz. La
explicación es que la información procedente de la retina sigue dos caminos
separados: ge-niculada y extrageniculada.
A) La vía visual extrageniculada o que no pasa por el tálamo, tiene por finalidad
controlar simultáneamente los movimientos de los ojos, y coordinarlos con la posición y
motilidad del cuerpo y, sobre todo, de la cabeza, justo con la acomodación del aparato
dióptrico ocular. Es una vía que actúa sin el concurso de la conciencia, de
manera refleja e involuntaria. 1- Las conexiones de la retina que terminan en el
colículo superior del mesencéfalo explican los movimientos oculocefalogiros para seguir
con la vista un objeto a través de las proyecciones descendentes del colículo
superior que alcanzan las neuronas efectoras del tronco del encéfalo y del asta
anterior de la médula cervi-cal. 2- Las fibras de esta vía extrageniculada destinadas al
área pretectal del mesencéfalo rigen los cambios vegetati-vos oculares necesarios para
ajustar el diámetro pupilar, acomodar el cristalino y la secreción lacrimal.
B) En cambio, el reconocimiento visual discriminativo y consciente depende de la
otra vía, la que es propiamente visual y geniculada, la vía óptica. Tiene en común
con otras vías sensoriales conscientes el característico relevo en el tálamo y que
alcanza la corteza. Esta vía ne-cesita de la corteza cerebral y de la conciencia. Su
organización estruc-tural viene determinada por la reti-notopía. Es decir, por el orden
exac-to en hacer la transferencia de la información desde la retina hasta la corteza
cerebral, fig. 27-2.
1. La retinaa) Descripción: Toda la vía visual depende en primer tér-mino de la
retina. En ella están los fotorreceptores, las únicas células del organismo capaces
de conseguir la transducción de la energía luminosa en impulsos nervio-sos. Actúa a
distancia del objeto, es un teleceptor. Su ori-gen neural diencefálico y su desarrollo
embrionario de-terminan la estructura laminada. La retina es una parte del sistema
nervioso periférico, pero tiene características que la asemejan a una estructura cerebral
por cuanto en ella se produce la primera elaboración de la información visual. Viene
a ser una parte móvil y externa del cerebro.
La vía visual comienza en la retina, pero no toda la retina que recubre el interior
del globo ocular sirve para ver. Su mitad anterior, por delante del ecuador del ojo, la
ora serrata, se denomina retina ciega porque carece de receptores visuales. Aquí el
espesor de la retina es míni-mo, cuenta con solo dos capas: nerviosa y
pigmentaria, pero la capa nerviosa solamente está formada por células gliales.
La retina visual, en cambio, está muy organizada, tie-ne células nerviosas y cuenta con
los receptores visuales, los conos y bastones. El lugar donde confluyen los axones de las
células ganglionares que forman el nervio óptico, es la papila o disco óptico (discus nervi
optici). Está situada medial y ligeramente caudal respecto al polo posterior del ojo, a 1.6
mm hacia el lado nasal. Este disco sirve de paso a la arteria central de la retina y a
su vena homónima. Como carece de receptores visuales, se denomina el punto ciego
porque con esa parte del ojo no vemos.
La visión discriminativa y de precisión fina se realiza en un área oval de la retina
dotada de estructura especial, notable por la gran abundancia de conos, es la
mácula lútea. Está desplazada hacia el lado temporal y ligeramen-te (1.8 mm) por
debajo del meridiano horizontal. Su eje mayor mide unos 6 mm y su parte central o
fóvea central, está hundida y mide 1.5 mm de diámetro; está separada 3 mm del disco
óptico. En la fóvea hay unas 4 000 neuronas ganglionares, y también es similar el
número de recepto-res neuroepiteliales (exclusivamente conos) y el de célu-las
bipolares.
La retina visual está dividida a partir del su centro, marcado por la fóvea de
la mácula, en cuatro cua-drantes: nasal superior, nasal inferior, temporal su-
perior y temporal inferior, fig. 27-4.
Es fácil de explorar la presencia del punto ciego, por ejemplo, del ojo
izquierdo y manteniendo el ojo derecho tapado. Para ello colocamos un papel en
el que se hayan dibujado dos signos (+ y O) separados entre sí 5 cm y un tercer
signo (•) a unos 2 cm más a la izquierda del signo izquierdo (+). Al mirar fi-
jamente el signo de la derecha marcado (O) y apro-ximar el papel despacio,
llega un momento en el que se deja de ver el signo (•) de la izquierda. A esa
distancia el ojo izquierdo coincide la imagen del signo (•) con el punto ciego y,
en consecuencia, ‘no lo ve’. Esto demuestra que la papila solo tiene fi-bras
nerviosas que parten de la retina para formar el nervio óptico.
A. Estructura de la retina y receptores
1- Los conos y bastones suponen el 70% de los recep-tores del organismo.
Su número asciende a unos 120 mi-llones de bastones y a 6 millones de
conos. a) Los basto-nes responden a los niveles bajos del espectro
luminoso, en torno a la frecuencia de 497 nanómetros. Son sensibles a las
pequeñas diferencias en la cantidad luz (blanco-ne-gro), pero no
responden a los colores. De hecho basta la energía de un simple fotón
para activar un solo bastón. Abundan en las zonas periféricas de la retina
y son apro-piados para la visión nocturna (visión escotópica). b) En
cambio, los conos tienen diferente pigmento visual que permite apreciar los
colores en la visión diurna o con luz intensa o visión fotópica –entre los 500 y
700 nanómetros. Hay tres tipos de conos según su espectro de absorción:
azul, verde o rojo.
El daltonismo es la ceguera para alguno de los tres colores. Se caracteriza porque
esas personas care-cen de uno de los tres tipos de conos. Es más rara la carencia total
de conos que lleva a la visión sin co-lores o acromatopsia, el paciente solo percibe
tonos de grises.
2- Los receptores neuroepiteliales, conos y bastones, transmiten sus impulsos a las
células bipolares situadas inmediatamente profundas. Las células bipolares equiva-
len a las células de los ganglios raquídeos en las vías so-matosensoriales. Sus
cortos axones terminan en las gran-des células ganglionares situadas en la parte más
profunda de la retina, fig. 27-2 y 27-3. Hay alrededor de doce mi-llones de bastones
frente a los seis millones de conos de los que cien mil conos están en la fóvea central.
Ya se habló en la página 300 de las células gangliona-res de la retina
intrínsecamente fotosensitivas –un tercer tipo de receptor muy sensible a la luz azul–
que procesa y transmite información visual gracias a su fotopigmento melanopsina.
Es útil en el ciclo circadiano y en la codifi-car el brillo de la imagen.
3- Las células ganglionares de la retina se diversifican por el tamaño de su cuerpo, la
arborización de sus expan-siones y las propiedades del campo receptivo de sus den-
dritas, por el calibre y la velocidad de conducción de su axón, así como su diferente
terminación. Suelen ser clasi-ficadas en tres tipos, A, B y C, que corresponden a la divi-
sión de los fisiólogos en células M (Y), P (X) y W (o alfa, gamma, epsilon),
respectivamente. Los tres tipos de célu-las ganglionares son de gran importancia,
pues en ellas confluye la información de las restantes células de la reti-na y sus axones
llevarán los impulsos nerviosos hasta los centros visuales del encéfalo.
B. Esquema funcional de la retina
La retina cumple una misión privilegiada para elaborar las señales que deben llegar al
cerebro. La información que conduce cada axón del nervio óptico es el resultado de los
fenómenos sinápticos que ocurren en las células de las capas retinanas sucesivas
desde los receptores hasta el árbol dendrítico de las ganglionares, su campo
receptivo.La elaboración del estímulo visual en la retina presen-ta una notable
convergencia desde la recepción hasta la conducción en el nervio óptico. En efecto,
el número de receptores neuroepiteliales supera al número de células bipolares, y
éstas, a su vez, son más numerosas que las células ganglionares. En la fóvea no
existe esta conver-gencia pues la proporción entre células ganglionares y conos es
de 1:1. De aquí resulta que el campo receptivo de las neuronas ganglionares en la
fóvea es de unas 2 μm, mientras que en la retina periférica viene a ser de 1 mm.
2. Nervio óptico
Los axones de las células ganglionares se dirigen hacia el polo posterior del ojo para
confluir en la papila del nervio óptico. Solamente se rodean de la vaina de mielina
una vez que atraviesan la esclera para formar el nervio óptico. De otro modo, la capa
de mielina impediría la visión al formar un obstáculo para el paso de los rayos
luminosos hasta los receptores situados en la capa superficial de la retina.El millón
de fibras aproximado que componen cada nervio óptico aportan aproximadamente el
60% de la in-formación que llega al sistema nervioso central. Al prin-cipio sus
axones se agrupan perfectamente ordenados según su origen en la retina. Las
fibras maculares ocupan el sector medio de su parte temporal; pero luego cambian de
posición para formar el tallo o núcleo central del ner-vio óptico, figs. 27-2 y 27-3. La
cantidad de neuronas del núcleo geniculado lateral del tálamo es semejante al nú-
mero de fibras del nervio óptico.