Albinismo: Causas, Tipos y Síntomas
Albinismo: Causas, Tipos y Síntomas
HUMANAS
Escobar Arriaga
Shara Abigail
Jasso Hinojosa
Valery Sharik
Apreciación
artística
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INTRODUCCION
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Albinismo
El albinismo es un defecto hereditario que altera la producción y el metabolismo de la
melanina, lo que se traduce en una ausencia total o parcial de este pigmento
producido por unas células llamadas melanocitos y que es responsable del color de
la piel, cabello y ojos.
Los afectados por el albinismo son llamados albinos y carecen de pigmentos en el
cabello, la piel o el iris del ojo. La falta de pigmentación de la piel hace que los
albinos sean más susceptibles a las quemaduras solares y al cáncer de piel. Y es
que el papel fisiológico fundamental de la melanina es proteger la piel de los efectos
nocivos de la luz ultravioleta, es por ello que las personas que habitan cerca de los
trópicos son más oscuras, ya que su exposición al sol es mayor, en comparación con
las personas que viven en climas templados.
El patrón de herencia del albinismo es de tipo autosómico recesivo, lo cual significa
que la probabilidad de que el trastorno se transmita de una generación a otra es baja.
Las estadísticas muestran que alrededor de una de cada 17.000 personas sufren de
algún tipo de albinismo.
Así, a los problemas de salud que les puede ocasionar su condición de albinos –la
radiación solar daña su piel y sus ojos, que son mucho más sensibles que los del
resto de la población, y sin las medidas de prevención y el tratamiento adecuados
pueden desarrollar cáncer de piel desde niños
Causas y tipos
Los albinos tienen alterada la producción de melanina, por lo que los rayos
solares les pueden provocar cáncer de piel y ceguera.
Diversos defectos genéticos, transmitidos de padres a hijos, provocan en los albinos
una incapacidad del organismo para producir melanina. Para entender las causas del
albinismo tenemos que comprender que el proceso bioquímico por el cual se produce
la melanina se llama melanogénesis, y en este participan numerosas enzimas, entre
ellas una de las más importantes es la enzima tirosinasa que convierte la tirosina
(un aminoácido) en una sustancia llamada dopa y posteriormente en dopaquinona, y
es además la responsable del incremento en la pigmentación del iris, que se produce
en los bebés con albinismo durante los primeros seis meses de vida.
Si un individuo presenta una mutación en el gen de la tirosinasa, que se encuentra
ubicado en el brazo largo del cromosoma 11, esto puede traducirse en una ausencia
completa o parcial de la enzima o bien resultar en una enzima no funcional, lo que
trae como consecuencia un déficit en la producción del pigmento melanina y por
ende causar albinismo.
Tipos de albinismo
Signos y síntomas
La severidad de los síntomas y problemas clínicos asociados al albinismo varía de un
individuo a otro, dependiendo del tipo de defecto genético que padezcan. Sin
embargo, las patologías asociadas a esta condición se pueden agrupar en dos
grandes tipos de problemas: de la piel y de la visión.
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Problemas de la piel en albinos
Aunque la mayoría de las personas con albinismo son de tez blanca pálida, el color
de la piel o del cabello no son por si solos signos que indiquen un diagnóstico
fehaciente de albinismo
Entre los síntomas del albinismo tenemos que la escasa pigmentación de la piel
produce en estos individuos una alta sensibilidad a las quemaduras producidas por la
exposición al sol, así como una elevada susceptibilidad a padecer algún tipo
de cáncer de piel. Así mismo tienen riesgo de presentar un engrosamiento patológico
de la piel que se llama queratosis, o coloración rojiza de la piel, eritematosa.
Las personas con albinismo deben tomar precauciones para evitar daños en la piel
causados por el sol, tales como el uso de lociones con protección solar, sombreros,
camisas de manga larga, así como pantalones largos.
Las personas con albinismo siempre tienen problemas de la visión, por lo general no
corregibles con gafas. El grado de deterioro de la vista varía con los diferentes tipos
de albinismo y algunos pueden llegar a ser "legalmente ciegos", sin embargo, la
mayoría puede usar su visión para muchas tareas, incluyendo la lectura, por lo que
no utilizan el lenguaje Braille. Algunos albinos tienen la visión suficiente para
conducir un coche. Los problemas de visión son el resultado de un desarrollo
anormal de la retina y patrones anormales de conexiones nerviosas entre el ojo y el
cerebro. Es la presencia de estos problemas de los ojos lo que define el diagnóstico
de albinismo. Entre los problemas visuales más frecuentes en los albinos podemos
encontrar:
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Colesteatoma
El colesteatoma, a veces llamado queratoma, es un tipo de quiste o nódulo
recubierto por un epitelio escamoso parecido a las escamas (tejido formado por
capas de células unidas entre sí) en el oído medio y la apófisis mastoides (hueso
mastoideo del cráneo situado detrás del conducto auditivo externo). Este tipo de
quiste progresivamente puede extenderse y afectar a otras regiones del oído como la
cadena de huesecillos, dando lugar a la aparición de una sordera de
conducción (este tipo de sordera aparece cuando se altera la transmisión del sonido
en el oído externo o el oído medio)
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Oído externo: compuesto por el pabellón auricular y el conducto auditivo externo, que
tiene la función de amplificar el sonido.
Oído medio: formado por el tímpano, la cadena de huesecillos (martillo, yunque y
estribo), la trompa de Eustaquio y la apófisis mastoides. Su función es transmitir el
sonido hacia el oído interno.
Oído interno o laberinto: dividido en laberinto óseo y laberinto membranoso (alojado
este último dentro del anterior). Su función es convertir estímulos mecánicos en
eléctricos para así poder percibir los sonidos.
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Síntomas del colesteatoma y complicaciones
Supuración maloliente y fétida a través del oído (otorrea fétida). Ésta, que
suele ser poco abundante, puede incluso presentar mal olor sin llegar a
exteriorizarse. Generalmente no produce dolor (ausencia de otalgia), de tal
forma que cuando éste aparece puede ser debido a la infección de la piel del
conducto auditivo externo, junto con secreciones infectadas.
No se produce fiebre.
Los colesteatomas congénitos pueden crecer durante años sin ocasionar síntomas,
lo que aumenta la importancia de realizar una exploración cuidadosa del oído medio
durante las revisiones de rutina en los niños.
Esclerosis Múltiple
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La esclerosis múltiple forma parte de las enfermedades desmielinizantes. Es
una enfermedad neurológica que se caracteriza por la inflamación y la destrucción de
la mielina del sistema nervioso central, respetando el sistema nervioso periférico.
La mielina es una lipoproteína que rodea los nervios del sistema nervioso y permite
la transmisión rápida y eficiente de los impulsos a lo largo de las neuronas. La
mielina se encuentra en los nervios, tanto del sistema nervioso central (encéfalo y
médula espinal) como del sistema nervioso periférico (nervios de los miembros y de
los órganos), pero en la esclerosis múltiple se altera selectivamente el sistema
nervioso central (SNC) y no el periférico, de forma que se retrasa la transmisión de
los impulsos a ese nivel, originando la clínica de la enfermedad.
Es bastante habitual que los pacientes con esclerosis múltiple acaben por desarrollar
otras comorbilidades, y los trastornos de ansiedad y la depresión (22% y 24%,
respectivamente) son las más frecuentes. Además, un estudio presentado en la
Reunión Anual de la SEN de 2020, más de 5.500 pacientes, reveló que estos
pacientes no solo tienen más riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos, sino
otras patologías como ictus o epilepsia, y que estas pueden retrasar el diagnóstico
de la propia esclerosis múltiple, y aumentar la tasa de brotes y la discapacidad que
desarrollan los enfermos.
Este tipo de factores ambientales, a los que las mujeres podrían ser más
susceptibles, podrían explicar que la proporción de féminas afectadas sea mayor que
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la de varones. Los expertos creen que puede deberse a que suelen ser
más higiénicas, ya que el tener menos contacto con agentes infecciosos podría
favorecer las enfermedades autoinmunes; y a la vitamina D, ya que parece que se
dan más casos de afectados en aquellos países donde hay menos horas de sol.
Según la SEN, se han identificado más de 200 genes que parecen influir en que una
persona tenga un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad cuando se expone a los
mencionados factores ambientales.
El enfermo de esclerosis múltiple, puede apreciar que arrastra una pierna al caminar
o que ha perdido fuerza en una mano, o bien referir sensaciones de fatiga, pesadez o
rigidez de piernas, así como tropiezos o caídas frecuentes. En la exploración se
encontrarán los reflejos musculares aumentados y espasticidad, con espasmos
musculares dolorosos.
Síntomas sensitivos
Neuritis óptica
Producida por la inflamación del nervio óptico, es una manifestación muy frecuente
que puede dar lugar a visión borrosa, pérdida de la saturación del color, dolor con la
movilización del ojo, o incluso pérdida visual grave. La afectación suele ser en un
solo ojo.
Son frecuentes, pudiendo ser incluso el primer síntoma de la enfermedad (5% de los
casos). Los síntomas son variables de un caso a otro. Lo más frecuente es la
aparición de micciones frecuentes e incontinencia. Esta alteración a nivel de la vejiga
puede producir infecciones urinarias repetidas, y en el varón se acompaña a menudo
de impotencia sexual.
Síntomas mentales
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flexionar el cuello: se trata del denominado signo de Lhermitte, que también se
observa en otras enfermedades que cursan con afectación de los discos cervicales.
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Glaucoma
El glaucoma es el conjunto de procesos en los que una presión intraocular
elevada produce lesiones que afectan fundamentalmente al nervio óptico,
provocando una pérdida de campo visual que puede llegar a ser total si el proceso no
se detiene. De hecho, es la segunda causa de ceguera en el mundo, por detrás de
la diabetes. Se calcula que entre el 15-20% de las personas ciegas han perdido su
visión por glaucoma.
La incidencia del glaucoma aumenta con la edad. Se estima que dos de cada cien
personas de más de 45 años y casi el 4% de los mayores de 70 años lo padecen. En
total, la OMS calcula que afecta a más de 60 millones de personas en el mundo –en
torno a un millón de ellos en España–, y las previsiones de futuro apuntan que en
2020 la cifra podría acercarse a los 76 millones.
Hay que tener en cuenta que existen factores de riesgo que pueden incrementar las
opciones de sufrir glaucoma, por lo que llevar hábitos de vida saludables, como evitar
la obesidad, el tabaco, el alcohol, o la inactividad física ayudarán a reducir el riesgo
de desarrollar glaucoma, primera causa de ceguera irreversible en personas mayores
de 60 años.
En la parte anterior del ojo podemos distinguir (en su interior) dos cámaras: la
cámara anterior y la cámara posterior. Ambas cámaras son las que contienen el
humor acuoso. Están separadas por el cristalino, pero se comunican a través del iris.
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El aumento de la presión intraocular puede deberse a un aumento de la producción
de humor acuoso (poco frecuente), o bien a una alteración en su eliminación (es lo
más habitual).
Existen diversos factores que pueden incrementar las probabilidades de que una
persona sufra algún tipo de glaucoma, y muchos de ellos son controlables y
reversibles, por lo que conviene conocerlos para poder evitar en la medida de lo
posible este problema. Igualmente, hay diversos grupos de población que deben
tener aún más en cuenta la necesidad de acudir a una revisión oftalmológica para
detectar a tiempo su aparición:
Obesidad.
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Personas con altas miopías (mayor de 5 dioptrías) o como consecuencia de la
evolución de otras patologías, que pueden ser tanto oculares como
sistémicas. Entre las primeras, destaca la uveítis, alteraciones de la retina,
alteraciones del cristalino, tumores intraoculares, desprendimiento de tejido de
las diferentes estructuras del interior del ojo… El nervio óptico de los ojos
miopes es más susceptible a la lesión que el de los no miopes.
En caso de que te veas afectado por alguno de estos factores, los expertos
aconsejan que acudas a un óptico-optometrista para someterte a una tonometría sin
contacto, un examen sencillo, rápido e indoloro con el que se mide la presión
intraocular, junto con una campimetría y una exploración del fondo de ojo.
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Hemocromatosis
La hemocromatosis es un trastorno producido por la alteración del metabolismo del
hierro. El hierro es un elemento esencial para el organismo que, en concentraciones
fisiológicas normales, se encuentra en el cuerpo en una cantidad que ronda los 4 o 5
gramos, distribuidos en la hemoglobina, el sistema retículo endotelial y el hígado, la
mioglobina, y en diversos sistemas enzimáticas. Sin embargo, resulta muy perjudicial
cuando se encuentra en cantidades mayores, ya que genera radicales libres que
provocan un daño orgánico.
En la hemocromatosis se produce una absorción excesiva e inadecuada del hierro en
el tubo digestivo, que tiene como consecuencia que el metal se acumule en los
órganos y sistemas del paciente. Este depósito llega a ocasionar lesiones a los
órganos, en especial al hígado.
Incidencia de la hemocromatosis
En el caso de los hombres, suele manifestarse entre los 30 y los 50 años, mientras
que en las mujeres los síntomas aparecen a una edad superior a los 50 años. El
abuso del alcohol y tener algún familiar con hemocromatosis incrementa las
posibilidades de desarrollar la enfermedad.
Etapas de la hemocromatosis
Síntomas de la hemocromatosis
Los síntomas que presenta un paciente con hemocromatosis van a ser diferentes
dependiendo de en qué órgano se esté acumulando el hierro. Para producir daño a
los tejidos el hierro debe estar en una concentración superior a los 20 gramos.
En todos los casos, sin embargo, se observa la presencia de una hemosiderosis
generalizada. La hemosiderosis es un pigmento de color amarillo o pardo que deriva
de la hemoglobina, y que aparece cuando los niveles de hierro son superiores a los
fisiológicos.
Daño hepático
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Lo más común es que ante un exceso de hierro el hígado sea el órgano más
afectado. El signo más característico es la hepatomegalia (hígado demasiado
grande), sobre todo del lóbulo izquierdo, y la consistencia firme a la palpación.
Signos menos frecuentes son la esplenomegalia (inflamación del bazo),
la ascitis (acumulación anormal de líquido en el abdomen), el edema y la ictericia
(aumento del nivel de bilirrubina en la sangre).
Daño pancreático
Daño cardíaco
El 30–40% de los casos presenta este tipo de afecciones en las articulaciones. Las
alteraciones se pueden dar a nivel de la membrana sinovial, del cartílago y del
hueso.
Daño en la piel
Otros síntomas menos corrientes son la afección de los ganglios basales, que
pueden provocar movimientos involuntarios.
Diagnóstico de la hemocromatosis
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Examen físico: para detectar cambios en el color de la piel, la hinchazón del
bazo o del hígado.
Bioquímica: se deben estudiar tres parámetros: saturación de transferrina,
ferritina y hierro séricos.
Pruebas para determinar daños orgánicos: como ecocardiografía,
electrocardiograma, ecocardiograma, tomografía computarizada o resonancia
magnética.
Test genético: se realiza una prueba de ADN para observar la presencia de
mutaciones en los genes relacionados con esta enfermedad.
Biopsia del hígado: es el método más invasivo, y permite conocer qué grado
de sobrecarga férrica tiene el paciente, su localización, y la lesión hepática
que presenta. Con esta prueba se puede determinar el pronóstico de la
enfermedad y descartar otros trastornos.
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Leucemia
Las leucemias agudas son un tipo de cáncer, de origen desconocido en la mayoría
de los casos, que afecta a las células sanguíneas, generalmente a los glóbulos
blancos. La enfermedad se produce a consecuencia de un error en el proceso de
maduración de una célula madre a glóbulo blanco, que supone una alteración
cromosómica que provoca que las células afectadas se vuelvan cancerosas y se
multipliquen sin cesar, infiltrándose en la médula ósea, donde sustituyen a las células
que producen las células sanguíneas normales.
Estas células cancerosas se diseminan por la sangre, y además pueden invadir otros
órganos, como el hígado, los riñones, los ganglios linfáticos, el bazo y el cerebro.
A medida que la enfermedad progresa, las células malignas interfieren en la
producción de otro tipo de células sanguíneas, como los glóbulos rojos y
las plaquetas, lo que tiene como consecuencia el desarrollo de anemia y el
incremento del riesgo de contraer infecciones.
Las leucemias tienen una incidencia aproximada de dos o tres casos por cada
100.000 habitantes y año. Son las neoplasias más frecuentes en la infancia
(alrededor del 25% de los cánceres infantiles son leucemias), y afectan con más
frecuencia a los varones.
Causas de la leucemia
Genéticos.
Inmunodeficiencias.
Factores ambientales.
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han sufrido un trasplante de órganos), también son más susceptibles de desarrollar
leucemia.
Uno de los factores más estudiados son los factores ambientales, sobre todo la
exposición a radiaciones ionizantes, sustancias químicas como el benceno y
ciertos fármacos, y los virus.
También ciertos virus están asociados con el desarrollo de las leucemias, en especial
el virus de Epstein-Barr, relacionado con el linfoma de Burkitt africano o los linfomas
en pacientes inmunodeprimidos.
Tipos de leucemia
Existen varios criterios para clasificar las leucemias. Una forma de clasificación se
basa en su historia natural:
De novo: cuando ocurren sin que exista un proceso previo que desencadene
la enfermedad.
Secundarias: cuando existe un proceso previo que desemboca en leucemia,
como por ejemplo una enfermedad sanguínea.
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donde siguen proliferando, y provocan enfermedades
como meningitis, anemia, insuficiencia renal y hepática, etc. Se trata del cáncer más
frecuente en niños.
La leucemia mieloide aguda se caracteriza porque son los mielocitos (las células que
deberían convertirse en granulocitos) los que se vuelven cancerosos y sustituyen a
las células normales de la médula ósea. Como en el caso anterior, las células
leucémicas viajan por el torrente sanguíneo y se instalan en otros órganos, donde
siguen creciendo y dividiéndose, causando diversas afecciones (tumores, anemia,
meningitis...) y dañando otros órganos. Este tipo de leucemia afecta a personas de
cualquier edad, pero sobre todo a los adultos, y se relaciona con la exposición a
grandes dosis de radiación y con el empleo de quimioterapia para tratar otras
afecciones.
La leucemia mieloide crónica, que afecta a personas de todas las edades y sexos
(aunque no es frecuente en niños pequeños), cursa con anemia y trombocitopenia
(escasez de plaquetas en sangre). Se calcula que supone entre el 15 y el 20% de los
casos de leucemias en adultos. Las células leucémicas se originan sobre todo en la
médula ósea, pero también en el bazo y el hígado. Con el avance de la enfermedad,
los pacientes suelen presentar fiebre, fatiga, debilidad, pérdida de apetito y peso,
aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y hemorragia.
Síntomas de leucemia
La clínica de la leucemia depende, por un lado, de la insuficiencia medular provocada
por el crecimiento de las células cancerosas, que impide el crecimiento del resto de
células, y, por otro lado, de la infiltración de estas células anómalas en órganos y
tejidos. Este tipo de cáncer de la sangre compromete a los glóbulos blancos,
encargados de combatir las infecciones, impidiendo que funcionen correctamente.
El comienzo es casi siempre agudo, de forma brusca (excepto en los tipos crónicos),
y el tiempo que transcurre entre la aparición de los síntomas de leucemia y el
momento del diagnóstico generalmente no sobrepasa los tres meses.
Lo normal es que los pacientes presenten síntomas en el momento del diagnóstico,
pero a veces permanecen asintomáticos (sin síntomas) y la leucemia se diagnostica
al realizar una analítica de sangre. Aunque depende del tipo de leucemia que
padezca el paciente, con frecuencia refieren astenia (cansancio
persistente), anorexia (falta de apetito) y pérdida de peso. La mitad de los pacientes
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presentan fiebre o escalofríos y sudoración, sobre todo nocturna. En el 50% de los
enfermos se aprecia diátesis hemorrágica cutánea o mucosa (predisposición a
presentar hemorragias y cardenales en la piel o las mucosas).
Puede haber dolores articulares y óseos, sobre todo en los niños. Lo más frecuente
es que las células leucémicas invadan el hígado, el bazo y los ganglios linfáticos,
produciendo hepatoesplenomegalia (aumento del tamaño de hígado y bazo) y
adenopatías. En ocasiones puede afectarse el sistema nervioso, con parálisis de
nervios o aumento de la presión intracraneal (dentro del cráneo). La afectación de
otros órganos es rara, aunque en las recaídas pueden afectarse las mamas, los
testículos y la piel o las mucosas
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Microcefalia
La palabra microcefalia tiene etimología griega: viene de mikrós, que significa
‘pequeño’ y kephalé, que significa ‘cabeza’. Literalmente, la microcefalia significa
tener la cabeza pequeña, o, mejor dicho, más pequeña de lo que a un niño le tocaría
por edad y sexo. El crecimiento de la cabeza viene determinado por el crecimiento
del cerebro, por lo que una cabeza pequeña significa que el cerebro es más pequeño
de lo normal. La excepción a esto es la craneosinostosis, en la que los huesos del
cráneo están fusionados y no permiten el crecimiento del cerebro.
La microcefalia se define como una cabeza en la que la circunferencia craneal u
occipitofrontal está más de dos desviaciones estándar por debajo de la media (hay
quien considera que serían tres desviaciones estándar). Es decir, el perímetro de la
cabeza está por debajo del percentil 3 para la edad y el sexo del niño. En el caso de
los niños prematuros hay tablas especiales para hacer la determinación del percentil.
Se podría considerar que un perímetro craneal entre dos y tres desviaciones
estándar por debajo de la media sería una microcefalia límite o un límite bajo de la
normalidad. Entre 3 y 5 desviaciones estándar se trataría de una microcefalia
moderada, y la microcefalia grave se correspondería a una medida más de 5
desviaciones estándar por debajo de la media. Habría que distinguir también si se
trata de una microcefalia armónica (en la que se asocia también a retraso en el
crecimiento en cuanto a peso y talla) o no.
No obstante, cabe puntualizar que hay personas que tienen la cabeza algo pequeña
de forma constitucional sin que les suponga un problema. Al evaluar una posible
microcefalia en un niño, hay que tener en cuenta el tamaño de la cabeza de los
padres. Por otro lado, no todas las razas tienen el mismo tamaño de cabeza, con lo
que si se utilizan las curvas estándares de la Organización Mundial de la Salud,
habría algunas poblaciones o grupos étnicos en los que se realizarían diagnósticos
de micro o macrocefalia por exceso o por defecto.
La microcefalia puede ser un problema aislado, sin otras malformaciones asociadas,
pudiendo tener el cerebro una estructura e incluso un funcionamiento normal. No hay
que confundir una cabeza pequeña, pero dentro de los límites de la normalidad, con
esta entidad. Lo más habitual en cualquier caso es que el niño con microcefalia tenga
otros problemas del desarrollo, algún síndrome neuroanatómico asociado o
enfermedades del metabolismo.
La microcefalia se puede llegar a diagnosticar antes del parto en las revisiones
rutinarias de la gestación, aunque muchas veces no es aparente hasta el tercer
trimestre. En muchas ocasiones no se diagnostica hasta después del parto o en las
revisiones periódicas que se van realizando. La microcefalia puede aparecer hasta
los tres años. Así, se distingue la microcefalia congénita, presente ya al nacimiento o
en la semana 36 de gestación, de la microcefalia posnatal, que es la detención del
crecimiento del cerebro que tenía un tamaño normal al nacer.
Causas de la microcefalia
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La microcefalia puede ser un problema aislado, presente desde el nacimiento
y sin otras complicaciones ni problemas asociados. También se llama
‘microcefalia vera o verdadera’, o ‘microcefalia primaria’. Es un trastorno muy
raro de causa genética. Hay una forma autosómica recesiva, otra dominante, y
se ha descrito otra forma ligada al cromosoma X.
La microcefalia sindrómica es la que está asociado a diversos síndromes en
los que la microcefalia es uno de los signos del síndrome. Los síndromes en
los que la microcefalia es característica son, entre otros: el síndrome de Down,
la trisomía del cromosoma 18, la trisomía del cromosoma 13, el síndrome de
Seckel, el síndrome de Smith-Lemli-Opitz, el síndrome de Williams-Beuren, el
síndrome de Cornelia de Lange, la lisencefalia de Miller-Dieker, el síndrome
de Wolf-Hirschhorn, el síndrome del maullido de gato, la monosomía 1p36, el
síndrome de Mowat-Wilson, el síndrome de Rubinstein-Taybi y el síndrome de
Aicardi-Goutières.
Por otro lado, múltiples anomalías neuroanatómicas se asocian a microcefalia,
como los defectos del tubo neural (anencefalia, hidranencefalia, encefalocele),
holoprosencefalia, atelencefalia, lisencefalia, esquizencefalia, polimicrogiria,
macrogiria o paquigiria, y secuencia disruptiva del cerebro fetal. Todas ellas se
asocian a alteraciones del coeficiente intelectual y el desarrollo del niño, y
pueden afectar al pronóstico vital en mayor o menor medida según el grado de
afectación. Muchas son incompatibles con la vida.
Además del retraso mental, según la causa puede haber otros síntomas asociados:
Pronóstico de la microcefalia
El pronóstico de estos bebés también suele ser malo si ha habido una infección
intrauterina, como la rubéola, el toxoplasma o el citomegalovirus, y en los casos de
malformaciones graves como la anencefalia (en las que el niño a menudo nace
muerto o fallece a las pocas horas de nacer).
Respecto al retraso mental, en un estudio de 680 casos de niños con microcefalia, el
65% tenía retraso mental y el 43% epilepsia. En otros dos estudios el coeficiente
intelectual era tanto menor como lo fuera el tamaño de la cabeza. En un estudio en el
que se siguió a 57 niños con diagnóstico postnatal de microcefalia, sólo el 23% tenía
un desarrollo cognitivo dentro de lo normal a los 4 años. En cualquier caso, si se
mantiene el crecimiento de la cabeza, aunque sea en percentiles bajos, el pronóstico
es mejor que si la cabeza no crece.
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Síndrome de Tourette
El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico (afecta al cerebro y los nervios)
que empuja al que lo sufre a realizar movimientos y sonidos de forma involuntaria y
sin un objetivo concreto, que se repiten irregularmente y aumentan con
las situaciones de estrés. Se considera que la enfermedad de Gilles de la Tourette es
una forma grave y crónica de tics múltiples.
Los primeros síntomas del síndrome de Tourette suelen aparecer entre los siete y los
diez años de edad, y su intensidad es muy variable, incluso en el mismo paciente, ya
que puede haber periodos con muchos tics, que se repiten con frecuencia, y otros en
que prácticamente desaparecen. Es habitual que los tics tiendan a empeorar entre
los 10 y 14 años y que, a partir de los 16 años, tiendan a mejorar. Según datos de la
Sociedad Española de Neurología (SEN), afecta a un 0,3%-0,8% de la población
menor de 18 años en España.
Los niños tienen más posibilidades que las niñas tanto de padecer la enfermedad,
como de desarrollar síntomas. Los pacientes no pueden controlar los tics y, si lo
intentan, esto puede incrementar sus niveles de estrés. Por el contrario, cuando
están muy concentrados en una tarea a veces los tics pueden perder intensidad o no
manifestarse mientras realizan esa actividad.
Los tics motores suelen ser el primer síntoma de este trastorno y afectan con mayor
preferencia a las áreas de la cara, cuello, hombros.
Es importante destacar que no todas las personas con algún tipo de tic –ya sea por
un breve periodo de tiempo, o de larga duración– tienen este síndrome, ya que para
que se diagnostique deben presentar como mínimo dos tics motores diferentes y por
lo menos un tic vocal, y que estos se hayan mantenido durante más de un año.
Cuando los pacientes alcanzan la edad adulta, los tics sólo se mantienen con la
misma frecuencia e intensidad en el 5-10% de los casos, en aproximadamente el
50% de los pacientes los tics remiten y en el 40-45%, mejoran.
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Causas del síndrome de Tourette
Actualmente no se conoce la causa del síndrome de Tourette, aunque se cree que
puede estar relacionada con problemas en algunas zonas del cerebro y alteraciones
en las sustancias químicas que transmiten impulsos nerviosos (serotonina, dopamina
y norepinefrina) que facilitan la comunicación entre las neuronas.
Se sabe que este trastorno es hereditario y que una persona con el síndrome tiene
un 50% de posibilidades de transmitírselo a uno de sus hijos, aunque heredar la
predisposición genética no significa padecer todos los síntomas de la enfermedad. El
hijo o hijos afectados pueden presentar una serie de tics de carácter leve,
un comportamiento obsesivo-compulsivo, un déficit de atención sin tics, o podrían
incluso no desarrollar ningún síntoma apreciable.
Por otro lado, se estima que los hombres pueden tener alrededor de tres veces más
probabilidades de desarrollar el síndrome de Tourette que las mujeres.
Tal y como señala el Dr. Diego Santos, coordinador del Grupo de Estudio de
Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología, "puesto que aún
no está claro cuál es el origen de este trastorno, continúa considerándose un
síndrome, pero la mayoría de los pacientes presentan un cuadro clínico tan típico
que todo parece apuntar a que surja como resultado del efecto de la interacción entre
múltiples genes y factores ambientales, como complicaciones durante el embarazo o
infecciones. Es, además, frecuente encontrar antecedentes familiares: algunos
estudios han señalado la presencia de antecedentes familiares en hasta el 52% de
los pacientes”.
La intensidad y frecuencia de los tics puede empeorar o mejorar a lo largo del día, y
varía con el tiempo, pero normalmente la enfermedad suele mejorar tras la
adolescencia, que es la peor época (principalmente por los trastornos de conducta);
así, la frecuencia de tics graves y coprolalia suele reducirse al llegar a la edad adulta.
Los pacientes con síndrome de Tourette tienen una inteligencia normal, pero pueden
tener dificultades de aprendizaje durante la infancia a consecuencia de los tics, o por
los trastornos asociados a esta enfermedad, como el trastorno obsesivo-
compulsivo o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). De hecho,
según afirman desde la Sociedad Española de Neurología (SEN) "el 90% de
pacientes con síndrome de Tourette presentan algún trastorno neuropsiquiátrico,
siendo los más frecuentes la ansiedad, el trastorno por déficit de atención e
hiperactividad (TDAH) y el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): la comorbilidad de
los tics con el trastorno obsesivo-compulsivo llega al 50% de los pacientes, y su
comorbilidad con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad hasta al
menos el 40%".
También pueden presentar alteraciones de conducta (agresividad, ataques de rabia o
ira, aislamiento social) y de los patrones de sueño, problemas para controlar sus
impulsos o conductas autolesivas, depresión y ansiedad, y rasgos leves de
trastornos del espectro autista. Estas complicaciones tienen un alto impacto en la
calidad de vida, en ocasiones más importante que el generado por los propios tics.
En ocasiones, los afectados por el síndrome pueden inhibir los tics durante periodos
de tiempo, pero al final estos reaparecen de forma involuntaria y, normalmente, con
mayor intensidad, por lo que es importante que las personas de su entorno
comprendan su problema y se comporten con normalidad cuando se presentan los
tics. Algunos pacientes tienen síntomas muy leves, que no precisan tratamiento. En
algunos casos los tics desaparecen por completo con el tiempo, pero la mayoría
presenta recaídas.
Toxicodermias
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Las toxicodermias o reacciones de la piel adversas son dermatosis (afecciones de la
dermis) que pueden aquejar a la piel, las mucosas o los anejos (estructuras situadas
cerca de dicho órgano).
Desde la SEMI apuntan que también podemos encontrar otras formas específicas
"como el exantema fijo medicamentoso o formas graves como el síndrome de
Steven-Johnson o la necrólisis epidérmica tóxica". El primero hace su aparición,
siempre en la misma zona, como una o varias lesiones circulares violáceas, y
también puede afectar a mucosas. Mientras que el síndrome de Steven-Johnson y la
necrólisis epidérmica tóxica son cuadros graves, que afectan principalmente al tronco
o las extremidades, y pueden suponer el despegamiento de la piel, requiriendo la
atención en una Unidad de Cuidados Intensivos.
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Polimedicación.
Alteraciones inmunológicas.
Exposición al sol.
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VPH
La infección por el virus del papiloma humano (VPH) constituye actualmente
la enfermedad de transmisión sexual (ETS) más prevalente en el mundo. Esta
infección es causada por más de 150 tipos de virus, y sus síntomas principales son la
aparición de verrugas en las manos, los pies y los genitales, donde se las conoce
también con el nombre de condiloma acuminado.
El VPH fue descrito por primera vez en el año 1935 por el Dr. Francis Peyton Rous,
quien había demostrado la existencia de un virus con poder oncogénico (es decir,
capaz de inducir la formación de tumores) que causaba cáncer en la piel de los
conejos, y cuya descripción coincidía con el papilomavirus.
Se utilizan los términos de virus de alto o bajo riesgo para clasificar a los diversos
serotipos de papilomavirus según la mayor o menor capacidad que tienen de
provocar la transformación maligna de las células que infectan, degenerando en una
neoplasia o cáncer.
La actividad transformadora del virus se debe a la acción de dos proteínas
constitutivas llamadas oncoproteínas E6 y E7, que interactúan con una gran variedad
de receptores que participan en diversos procesos biológicos, como la muerte celular
programada o apoptosis, y la división, proliferación y diferenciación celular, entre
otros.
Los serotipos de virus de papiloma humano de alto riesgo incluyen el 16 y el 18, que
causan aproximadamente el 70% de los cánceres cervicales. Otros virus de alto
riesgo son 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58, 59, 68, 73 y 82.
Los serotipos considerados de bajo riesgo son los papilomavirus 6 y 11, que causan
alrededor del 90% de las verrugas genitales, que rara vez se convierten en cáncer.
Las verrugas genitales pueden parecer protuberancias o crecimientos que a veces
tienen forma de coliflor. Pueden aparecer semanas o meses después de la
exposición a una pareja sexual infectada.
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por las membranas mucosas del cuerpo, como las capas húmedas alrededor de
las zonas anales y genital.
Entre los factores que aumentan el riesgo de infectarse con una enfermedad de
transmisión sexual como el papilomavirus encontramos:
Tener alto riesgo social por mantener relaciones con parejas promiscuas.
Mantener contacto sexual sin protección o sin utilizar condones. Sin embargo,
hay que aclarar que el papilomavirus puede infectar la piel que normalmente
no está cubierta por el condón, por lo que el uso del mismo no protege al cien
por cien. Además, muchas personas son portadores asintomáticos, por lo que
la pareja sexual no puede darse cuenta del riesgo de propagación del virus.
Tener un sistema inmunológico deprimido.
Verrugas genitales
Fases de la Infección
Infección latente: el papilomavirus se encuentra infectando las células o
tejidos, los cuales son aun aparentemente normales y el paciente carece de
manifestaciones clínicas; aun así el virus está presente y solo puede ser
detectado mediante técnicas de biología molecular como la reacción en
cadena de la polimerasa (PCR).
Infección subclínica: el papilomavirus ha causado pequeños cambios
microscópicos en las células epiteliales del cuello uterino o cérvix; esto se
conoce como cambios coilocíticos o displasia, que se pueden evidenciar en
las citologías de rutina o en una biopsia del tejido afectado. En esta fase de la
infección la presencia del virus se puede detectar también macroscópicamente
en un examen ginecológico de rutina mediante el empleo de una solución con
yodo o con ácido acético; si se observan cambios de coloración es altamente
probable la presencia de una lesión premaligna.
Infección clínica: caracterizada por la presencia de tumores malignos; el virus
es capaz de multiplicarse rápidamente, pudiendo causar infección de otros
tejidos vecinos.
Cáncer de vulva
Entre los signos y síntomas del cáncer de vulva destaca la presencia de una lesión
tipo nódulo o úlcera, prurito o escozor, irritación, sangrado, e hipersensibilidad en el
área vulvar; así mismo pueden presentarse síntomas más característicos de
las infecciones urinarias bajas, como la disuria.
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Diagnóstico de la infección por VPH
El diagnóstico de la infección por VPH (virus del papiloma humano) se realiza con las
siguientes pruebas:
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Conclusión
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