Hay pocas experiencias tan dolorosas para los seres humanos como
separarnos de alguien que alguna vez amamos. No es algo que pueda
tomarse a la ligera, porque cuando una relación de pareja termina nos
enfrentamos con el final de una historia, y nos expone a un proceso de
duelo de aquello que alguna vez nos permitió sentir que la vida tiene
un fuerte sentido y experimentar felicidad.
Lo primero que debemos entender es que el dolor es la respuesta sana y
esperable frente a una ruptura. Si nos vemos frente a la pérdida de alguien
que amamos, NOS VA A DOLER. Esperar el dolor es esperar el desenlace
HABITUAL del proceso.
Una ruptura amorosa requiere de un proceso de asimilación de la muerte
de todo esto que quedará atrás.
¿Por qué hablamos de duelo?
Una ruptura amorosa es, aunque simbólica, una muerte. Con el final de esa
relación se dan sucesivas muertes que nos estrujan el corazón: Mueren los
proyectos que teníamos con esa persona, muere nuestro rol de pareja y el
rol que sea que se lleva consigo la otra persona, mueren las rutinas
compartidas.
«En términos del cerebro, las zonas que registran el dolor físico se activan de
la misma manera con el dolor psíquico. También se pueden generar síntomas
de abstinencia, muy similares a los que sufren los adictos a las drogas».
Nuestro cerebro necesita tiempo para destejer y tejer nuevas conexiones
neuronales; tiempo para asimilar que las cosas cambiaron y permitirse cada
una de las emociones que el duelo trae consigo.
Las etapas del duelo
Cuando vivimos una ruptura, lo habitual es atravesar las diferentes etapas
del duelo. Eso significa que experimentaremos todas las emociones propias
de un duelo habitual: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
Si atravesaste o estás en medio de una ruptura amorosa,
INEVITABLEMENTE atravesarás estas etapas: dependerá de ti aceptarlas y
atravesarlas de manera sana, o no.
Conocer estas fases nos ayudará a entender el proceso por el que pasamos,
y es muy importante prestar atención, ya que, si nos estancamos en alguna
etapa, o si el duelo no se realiza de forma correcta, puede traducirse en un
gran bloqueo y llevarnos a vivir un duelo patológico en el que sería necesario
solicitar ayuda de un profesional de la psicología.
5 fases del duelo por una ruptura amorosa:
Negación: “Esto no me puede estar pasando a mí”, “dime que no es verdad,
no es posible”. Esta es la primera etapa y es el principio de todo. En esta
fase cuesta creer que se ha producido la ruptura y es común negarse a
aceptar que la relación terminó.
Ira: “¿Cómo pudo hacerme esto a mí? ¡Le odio con todas mis ganas!” Una
vez asimilada la situación, solemos pasar al enojo por pensar que nos han
tratado de forma injusta y/o traicionado. Solemos experimentar una
profunda tristeza y puede haber agresividad y ansiedad.
Negociación: En este punto es habitual actuar de manera mucho más
impulsiva enviando mensajes, llamando, forzando encuentros sorpresa,
entre otras conductas que intentan buscar soluciones y forzar acuerdos
para que la situación cambie y “reparar” la pérdida.
Depresión: Es la fase en que comenzamos a comprender que la relación de
verdad ha terminado y la pareja se ha roto para no volver. La tristeza es la
emoción más presente en esta etapa y es totalmente habitual dejar de comer,
dormir mal y sentir desgano.
Aceptación: Es la última etapa del duelo. Los recuerdos de la pareja (fotos,
regalos, fechas o lugares que nos recuerdan a esa persona) ahora generan
nostalgia y no el sufrimiento de etapas anteriores. Al aceptar que la relación
terminó recuperamos energía, y es habitual retomar actividades que
parecían imposibles.
¿Te identificas atravesando alguna de estas fases? ¿Siente que te estancaste
en una de ellas?
Si no poseemos una buena autoestima de base, podemos caer en conductas
autodestructivas o en relaciones tóxicas, involucrándonos con otra persona
cuando quizás no sea lo más adecuado para el proceso que estamos
viviendo. Si esto es así, lo mejor es recurrir a una terapeuta.
9 recomendaciones para atravesar duelos por
rupturas de pareja.
Dee Holmes -experto en relaciones de pareja- sugiere recomendaciones para
recomponerse y avanzar luego de una ruptura amorosa, haciendo del duelo
una experiencia no menos dolorosa, pero sí más llevadera.
1- Acepta la pérdida. Asumir aquello que pasó es fundamental. Date tiempo
para descansar; permítete la soledad y el no hacer nada. Si está a tu alcance,
incluso tomarte un día libre en el trabajo puede ser una buena decisión.
2- Expresa lo que sientes. Habla con tus amig@s o personas de confianza
sobre el tema; lleva un diario de cómo te sientes y no te apresures. Expresa
tus sentimientos tantas veces como sea necesario.
3- Cambia algo de la rutina que tenías con esa persona. Tal vez piensas
que no puedes vivir en la casa sin tu ex, en ese espacio que compartían.
Pero un cambio (como un nuevo color en las paredes) puede transformarla
en un lugar diferente, un lugar tuyo.
4- Reconecta. Dee Holmes recomienda reconectarte con esas actividades
que disfrutabas hacer antes de tu relación. Conectarte nuevamente con la
soledad y el tiempo contigo mismo/a.
5- Elimina todo lo que te despierte recuerdos dolorosos. Al menos hasta
que vayas sintiendo que tu proceso de duelo avanza, es recomendable dejar
de seguir a tu ex en las redes sociales, eliminar fotos y mensajes. Suena
drástico, pero ayuda a sanar.
6- Suelta la esperanza. El objetivo de nuestras acciones no es que la
persona con la que rompimos vuelva a nuestra vida. Quitar esas
expectativas es necesario para continuar con el proceso de duelo.
7- Perdona. Cuando alguien nos hizo daño, perdonar es difícil. Sin embargo,
trabajar en el perdón nos ayuda a soltar ese vínculo, dejar atrás el rencor, e
ir recuperándonos. Si no puedes hacerlo sol@, consulta a un profesional de
la salud mental.
8- No le escribas a tu ex. Ya mencionamos cuánto puede ayudar dejar de
seguir a esa persona, y otra recomendación de Dee Holmes es no llamar ni
enviar mensajes. Ante el impulso, escribe borradores y elimínalos, o si lo
preferís opta por un diario.
9- Establece metas propias. Plantearnos proyectos a corto, mediano, y
largo plazo contribuye en el camino hacia la mejoría dándonos objetivos
claros a los cuales dirigirnos.