Daimōn
Daimōn (δαίμων) es una palabra del griego antiguo para "espíritu" o "poder divino", similar al numen o al genio de la
mitología romana. El Diccionario Merriam-Webster le otorga su origen etimológico a partir del verbo griego daiesthai
que significa "dividir, distribuir". La concepción griega de un daimon aparece claramente en las obras de Platón, en las
que se describe así a la inspiración divina de Sócrates. Para distinguir al concepto clásico griego de su posterior
interpretación cristiana, se usa normalmente el término daemon o daimon en vez de demonio.
El término griego no tiene connotaciones de maldad o malevolencia. De hecho, Eudaimonia (εὐδαιμονία), significa
literalmente "buen espíritu", así como también "felicidad". El término adquirió su actual connotación malévola en la
septuaginta (o Biblia de los 70 sabios) traducción al griego de la Biblia hebrea ordenada por Ptolomeo II para la
Biblioteca de Alejandría, pero basándose en la mitología de las antiguas religiones semíticas. Esta connotación fue
heredada por el texto en koiné del Nuevo Testamento.
La concepción medieval y neo-medieval de un "demonio" en Occidente deriva del ambiente de la cultura popular de la
antigüedad romana tardía. Actualmente, los conceptos greco-romanos de daemons que pasaron a la cultura cristiana
son discutidos, aunque debe ser debidamente anotado que el término se refiere solamente a una fuerza espiritual, no a
un ser sobrenatural malévolo. El "daemon" helenístico terminó por incluir a muchos dioses semíticos y del cercano
oriente, como fue evaluado por el cristianismo.
La existencia de demonios es un concepto importante en muchas religiones modernas y tradiciones ocultistas. En
algunas culturas actuales, los demonios son aún temidos por la superstición popular, debido en gran parte a los
mencionados poderes de posesión demoníaca en criaturas vivas.
En la tradición ocultista contemporánea occidental (quizá epitomizada en la obra de Aleister Crowley), un demonio -
como por ejemplo: "Choronzon, el demonio del abismo"- es una metáfora utilizada para denominar a ciertos procesos
psicológicos internos ("demonios internos"), aunque algunos consideran que pueden también ser tomados como un
fenómeno objetivamente real.
Respecto a estos seres, cabe mencionar que la naturaleza de los demonios así como su origen, varía según la tradición
religiosa o mitológica.
Características Comunes
Los demonios suelen ser considerados entidades espirituales, sin cuerpo físico.
Se les asocia con la maldad, la oscuridad y el caos.
En muchas tradiciones, los demonios se oponen a la voluntad de Dios o de las deidades.
Se les atribuyen poderes sobrenaturales, como la capacidad de poseer a las personas o de influir en los eventos del
mundo.
Los demonios pueden adoptar diversas formas, desde seres humanoides hasta criaturas monstruosas.
Tipos de Demonios
Ángeles que se rebelaron contra Dios y fueron expulsados del cielo.
Entidades que habitan en la Tierra y se alimentan de la energía negativa.
Seres que habitan en el infierno y se encargan de castigar a las almas condenadas.
El origen de los demonios varía según la tradición religiosa o mitológica.
Tradición Judía
En la tradición judía, se cree que los demonios son seres espirituales creados por Dios,
pero que se volvieron malvados debido a su propia elección.
Tradición Cristiana
En la tradición cristiana, se cree que los demonios son ángeles caídos que se rebelaron
contra Dios. Según la Biblia, Lucifer, el ángel más hermoso y poderoso, se convirtió en
Satanás después de su rebelión.
Tradición Islámica
En la tradición islámica, se cree que los demonios son seres creados por Alá a partir del
fuego, y que se oponen a la voluntad de Dios.
Otras Tradiciones
En otras tradiciones, como la hindú, la budista o la china, se cree que los demonios son
seres espirituales que pueden ser manifestaciones de la propia mente (dentro de esta
perspectiva se podría incluir a los egregores), o de fuerzas externas.
Mesopotamia
En la mitología caldea los siete dioses del mal fueron conocidos como Shedu, es decir,
demonios-tormenta. Ellos estaban representados en forma de toro alado, derivados de
los toros colosales utilizados como genios protectores de los palacios reales; el nombre
de "shed" asume también el significado de un genio propicio en la literatura mágica
babilónica.
Judaísmo
Según algunas fuentes rabínicas, se creía que los demonios estaban bajo el dominio de un rey o jefe, ya sea
Asmodai o —según el antiguo Haggadah— "Samael, el ángel de la muerte" (que "mata con su veneno mortal" y es
llamado "jefe de los demonios"). Ocasionalmente algún demonio es llamado "Satanás".[
La demonología nunca se convirtió en una característica esencial de la teología judía. La realidad de los
demonios nunca fue cuestionada por los talmudistas y rabinos posteriores, más bien se aceptaba su existencia
como un hecho. Tampoco la mayoría de los pensadores medievales los tenían en duda. Solo los racionalistas
como Maimónides y Abraham Ibn Ezra, claramente negaban su existencia. Eventualmente, su punto de vista se
convirtió en la comprensión judía dominante.
La demonología rabínica tiene tres clases de demonios, aunque apenas son separables una de otra. Allí estaban
los shedim, los mazziḳim ("dañadores"), y los ruḥin ("espíritus"). Además de estos había: lilin ("espíritus de la
noche"), ṭelane ("sombra" o "espíritus de la tarde"), ṭiharire ("espíritus del mediodía") y los ẓafrire ("espíritus de la
mañana"), así como los "demonios que traen hambre" y "que causan la tormentas y terremotos" (Deuteronomio
32:24, Números 6:24, Cantares 3:8, 4:6. Eclesiastés 2:5. Salmos 9:5,6.)
Israel
A partir de los caldeos, el nombre "Shedu" llegó a los israelitas, por lo que los escritores de la Tanaj aplicaron la palabra
como dialogismo a los dioses cananeos en los dos pasajes citados. Pero también hablaron de "el destructor" (Éxodo
12:23) como un demonio maligno, cuyo efecto sobre las casas de los israelitas había de ser rechazado por la sangre del
sacrificio pascual rociada en el dintel de la puerta y la puerta posterior (un correspondiente talismán pagano se
menciona en Isaías 57:6). En 2 Samuel 24:16 y 2 Crónicas 21:15 al demonio que esparce la pestilencia se le llama "El ángel
exterminador" (se puede comparar "el ángel del Señor" en 2 Reyes 19:35; Isaías 37:36), porque, a pesar de que son
demonios, estos "mensajeros del mal" (Salmos 78:49 y A. V. "ángeles del mal") no siguen solo las órdenes de Dios, son los
agentes quienes aplicaban su ira divina.
Hay indicios de que la religión hebrea popular atribuye a los demonios de una cierta independencia, un carácter
malvado propio, porque se cree que vienen no de la morada celestial de Dios, sino del mundo inferior.
Los demonios hebreos eran los hacedores de daño. A ellos se atribuyen las diversas enfermedades, sobre todo, por
como afectan el cerebro y las partes internas. Por lo tanto, existía el temor de "Shabriri" (literalmente, "el resplandor
deslumbrante"), el demonio de la ceguera, que descansa sobre el agua descubierta en la noche y afecta a las personas
con ceguera que beben de esa agua.También se mencionó el espíritu de la catalepsia y el espíritu del dolor de cabeza,
el demonio de la epilepsia, y el espíritu de la pesadilla.
Estos demonios se supone que entran en el cuerpo y provocan la enfermedad, mientras abruman o se "apoderan" de la
víctima (como si "incautaran" el cuerpo). Para curar dichas enfermedades era necesario sacar los demonios por ciertos
encantamientos y rituales con talismanes, en los que sobresalían los esenios. Tito Flavio Josefo, que menciona a los
demonios como "espíritus de los malvados que entran en los hombres que están vivos y los matan", pero que pueden
ser expulsados por cierta raíz, fue testigo de un ritual en presencia del emperador Vespasiano, y atribuye su origen al
rey Salomón.
Los que están en la Biblia Hebrea son de dos clases: se'irim y shedim. Los se'irim ("seres peludos"), a los que algunos
israelitas ofrecían sacrificios en los campos abiertos, son criaturas parecidas a los sátiros, se describen como danzantes
en el desierto y que son idénticos a los genios, como por ejemplo: Dantalion, el 71.º espíritu de Salomón.
Posiblemente, pertenezcan a la misma clase: el demonio Azazel, los demonios parecidos a cabras del desierto, el jefe de
los se'irim, y Lilith. Es posible que "las gacelas y las ciervas del campo" sean espíritus parecidos a los faunos y similares
a los se'irim, aunque de carácter inofensivo. El nombre Lilith procede de lilû, lilîtu y ardat lilî). La palabra acadia lilû
está relacionada con la palabra hebrea lilit de Isaías 34:14, que algunos estudiosos modernos, como Judit M. Blair,
consideran se refiere a un ave nocturna. En la religión de la antigua Mesopotamia, que se encuentra en textos
cuneiformes de Sumeria, Asiria y Babilonia, Lilith significa espíritu o demonio. En la religión mesopotámica, Lilith es el
demonio femenino asociado a las tempestades, del que se creía era portadora de desgracia, enfermedad y muerte. La
figura de Lilith aparece inicialmente en un conjunto de demonios y espíritus asociados a los vientos y las tormentas,
como ocurre de la religiosidad sumeria de Lilitu, hacia el año 3000 a. C.
El espíritu del mal que molestaba a Saúl (1 Samuel 16:14) puede haber sido un demonio, aunque el Texto masorético nos
dice que el espíritu fue enviado por Dios.
Algunos shedim benevolentes se usaron en ceremonias cabalísticas (como el famoso "gólem de Praga"), y los shedim
maléficos (mazzikin, de la raíz que significa "daño") fueron a menudo acreditados con posesión. Del mismo modo, un
"shed" podía habitar o deshabitar una estatua inanimada.
Cristianismo
"Demonio" tiene varios significados, todos ellos relacionados con la idea de un espíritu que habita
un lugar, o que acompaña a una persona. Si bien un daemon era benéfico o malévolo, la palabra
griega significa algo diferente de las nociones medievales posteriores de 'demonio', y los estudiosos
debaten el momento en que judíos y cristianos cambiaron el sentido griego para obtener luego su
sentido medieval. Algunas denominaciones afirmativas de la fe cristiana también incluyen —
exclusivamente o no— a los ángeles caídos como demonios de facto. Esta definición también abarca
a los Nephilim, los "hijos de Dios" descritos en el Génesis, que abandonaron sus puestos en el Cielo
para aparearse con mujeres en la Tierra, antes del diluvio.
En el Evangelio de Marcos, Jesús echa fuera muchos demonios, o espíritus malignos, de aquellos que
estaban afligidos por diversas enfermedades. El poder de Jesús se demostró muy superior al que
tenían los demonios sobre las personas que poseían, liberando eficazmente a las víctimas que
estaban sujetos a ellos, echándolos fuera y prohibiéndoles regresar. Jesús también le dio este poder
a algunos de sus discípulos, los cuales se alegraron de su nueva habilidad.
Los demonios eran expulsados mediante la fe y por la pronunciación de su nombre, de acuerdo con
Mateo 07:22. Algunos grupos más fundamentalistas insisten, para este efecto, en el uso de la
pronunciación de la forma original del nombre de Jesús, es decir Yahshua / Josué, que significa
"Yahvé es salvación".
Por el contrario, en el libro de los Hechos de los Apóstoles (cap. 19), un grupo de exorcistas judíos,
conocidos como los hijos de Esceva, tratan de echar fuera de una persona poseída a un espíritu muy
poderoso sin creer o conocer a Jesús, aunque usando su nombre a modo de sortilegio mágico, lo que
trae consecuencias desastrosas (el endemoniado los ataca y los vence). Sin embargo, Jesús nunca se
dejó vencer por un demonio, no importa cuán poderoso fuera, e incluso derrotó a Satanás en el
desierto cuando este intentó tentarlo.
Hay una descripción en el libro de Apocalipsis 12:7-17 de una batalla entre el ejército de Dios y los
seguidores de Satanás, y su posterior expulsión del Cielo a la Tierra, los cuales vagan por su
superficie haciendo la guerra a los seres humanos, en especial a los creyentes en Cristo. En Lucas
10:18 se menciona nuevamente el poder otorgado por Jesús a sus discípulos para expulsar
demonios; Jesús declara en este texto que ve a Satanás "caer como un relámpago del cielo."
A principios del siglo V, Apuleyo, de Agustín de Hipona, es ambiguo en cuanto a si los demonios se
habían "demonizado". También declara que los bendecidos se llaman en griego eudaimones, porque
son almas buenas; es decir, demonios buenos, confirmando su opinión de que las almas de los
hombres son demonios.
La Iglesia católica enseña que los ángeles y los demonios son seres reales y personales, de carácter
absolutamente espiritual, no solo representaciones simbólicas de fuerzas naturales o tendencias
psíquicas humanas. La Iglesia dispone de un grupo de exorcistas con aprobación oficial que realizan
exorcismos, muchos cada año. Los exorcistas de la Iglesia católica enseñan que los demonios atacan
a los seres humanos de forma continua, pero que las personas afectadas pueden ser efectivamente
curadas y protegidas por el rito formal de exorcismo. Estos ritos, para ser realizados, deben ser
autorizados únicamente por un obispo y ejecutados por las personas que ellos designen.
Sobre la base de las pocas referencias a los demonios en el Nuevo Testamento, especialmente en la
poesía visionaria del Apocalipsis de Juan, los escritores cristianos apócrifos, del siglo II en adelante,
crearon un tapiz más complejo de creencias acerca de los demonios, que fue en gran medida
independiente de las escrituras cristianas oficiales.
En varios momentos de la historia cristiana se han hecho intentos para clasificar a estos seres de
acuerdo con diversas jerarquías demoníacas propuestas.
De acuerdo a la demonología cristiana los demonios fueron castigados eternamente, pues nunca se
reconciliarán con Dios. Otras teorías postulan una reconciliación universal, en la que Satanás, los
ángeles caídos, y las almas de los muertos que están condenados al infierno, se reconciliarán
finalmente con Dios; esta doctrina es asociada a menudo con las creencias de la Iglesia de la
Unificación. En el pasado, Orígenes, Jerónimo y Gregorio de Nisa también mencionaron esta
posibilidad.
En el cristianismo contemporáneo los demonios son, generalmente, considerados como los ángeles
que cayeron de la gracia al rebelarse contra Dios. Sin embargo, otras escuelas de pensamiento en el
cristianismo o en el judaísmo enseñan que los demonios o espíritus malignos son el resultado de las
relaciones sexuales entre ángeles caídos y mujeres. Cuando estos híbridos (Nephilim) murieron,
dejaron sus espíritus desencarnados "vagar por la tierra en busca de descanso" (Lucas 11:24). Muchos
textos históricos no canónicos describen en detalle esto último y sus consecuencias. Esta creencia
se repite en otras grandes religiones y mitologías antiguas. Los cristianos que rechazan este punto
de vista atribuyen la descripción narrada en Génesis 6 acerca de los "Hijos de Dios" como
correspondiente a los hijos de Seth (uno de los hijos de Adán) que se habrían juntado con los "hijas
de los hombres"(tal vez las descendientes de Caín).
Hay algunos que dicen que el pecado de los ángeles fue el orgullo y la desobediencia frente a alguna
prueba suprema que Dios les puso y que no pudieron pasar (algunos teólogos han propuesto la
adoración a Jesús-hombre en visión, una criatura que ellos consideraron inferior), pecados que
causaron la caída de Satanás (Ezequiel 28) y sus seguidores. Si este es el punto de vista verdadero,
entonces hay que entender las palabras "bienes" o "principado" en San Judas 6 ("Y a los ángeles que
no guardaron su principado, sino que abandonaron su propia morada, los ha encadenado en
prisiones eternas, bajo tinieblas, para el juicio del gran día.") como una indicación de que, en lugar
de estar satisfechos los demonios con la dignidad que Dios les asignó, aspiraban a escalar más alto
que el propio Hijo de Dios, actitud que habría provocado su caída irrevocable.
Islam
La mitología preislámica no diferencia entre dioses y demonios. Los genios (o "djinn") son
considerados como divinidades de rango inferior con muchos atributos humanos: comen, beben y
procrean, a veces también con seres humanos. Los genios huelen y lamen cosas, y tienen gusto por
los restos de comida. Para comer usan la mano izquierda. Por lo general, rondan ruinas, desiertos y
lugares abandonados, sobre todo en los matorrales, donde transcurren las bestias salvajes. Los
cementerios y lugares sucios son sus moradas favoritas. Cuando se aparecen al hombre, los genios a
veces asumen las formas de los animales y -ocasionalmente- de hombres.
En general, los genios son pacíficos y bien dispuestos para con los hombres. Más de un poeta
preislámico se cree que ha sido inspirado por un buen djinn. Pero también hay genios malignos, que
se las idean para herir a los hombres.
El islam reconoce la existencia de los genios (yinn), que son seres con libre albedrío, que pueden
coexistir con los humanos. No todos son malos como los demonios descritos en el cristianismo. En
el islam, a los genios del mal se les conoce como a los shaiatín, o demonios, e Iblis (Satanás) es su
jefe. Iblis fue el primer yinn que desobedeció a Dios . Según el islam, los genios se hicieron a partir
del fuego (mientras que los ángeles se hicieron con luz y a la humanidad se la hizo con arcilla).
Según el Corán, cuando Dios creó a Adán con arcilla, se les ordenó a todos los ángeles y a Iblis a
inclinarse ante Adán, ya que los humanos eran superiores a cualquier otra creación de Dios. Iblis,
celoso, afirmó que no eran los humanos las creaciones superiores sino los genios, ya que estos eran
de fuego y los seres humanos de arcilla y desobedeció a Dios.
Adán fue el primer profeta y diputado de la raza humana, y como tal fue la mayor creación de Dios.
Iblis no podía soportar esto, y se negó a reconocer a una criatura hecha de "barro" (el hombre). Dios,
por lo tanto, condenó a Iblis a arder en el infierno. Iblis pidió tregua hasta el día del juicio final, día
en el prometió destruir a la humanidad y negar la existencia de su creador. Allah respondió diciendo
que Iblis solo sería capaz de engañar a los creyentes deshonestos y advirtió que Iblis y todo aquel
que le siguiera sería castigado en el infierno.
Adán y Eva (Hawwa en árabe) fueron los dos juntos engañados por Iblis en comer del fruto
prohibido, y por lo tanto cayó el jardín del Edén (alegórica) en un estado de degeneración.
Los genios no son los "genios" de la tradición moderna. La palabra "genio" viene del francés "genio"
de genio en la traducción del texto en árabe y solo suena por casualidad, como el genio árabe. Esto
no es sorprendente teniendo en cuenta la historia de `Ala 'al-Din, (anglicismo como Aladdin), pasa a
través de los comerciantes árabes en el camino a Europa.
Hinduísmo
La mitología hinduista incluye numerosas variedades de espíritus que se clasifican como
demonios, incluyendo vetalas, yakshas, bhutas y pishachas. A menudo los rakshasas y los
asuras se entienden como demonios.
En la religión hinduista existe el concepto de "asura" para designar aquellos entes que la
tradición occidental identifica como demonios. Originalmente, el término asura, en los
primeros himnos del Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II
milenio a. C.), significa cualquier espíritu sobrenatural, tanto bueno como malo. Debido al
hecho que la rama índica del indoeuropeo está emparentada con las lenguas iranias, la
palabra asura, que representa una categoría de seres celestiales, se convirtió en la palabra
Ahura (Mazda), el dios supremo de los zoroastrianos monoteístas. El antiguo hinduismo
afirma que los llamados "devas"(espíritus del bien) y los asuras son medio-hermanos, hijos
del mismo padre, Kasiapa, pero algunos de los devas, como Varuna, de igual forma se les
llama Asuras. En una evolución posterior de la religión hinduista el término asura llegó a
significar exclusivamente a seres de una raza antropomorfa, poderosos y posiblemente
malignos. Sin embargo, todas las palabras, tales como asura (no sura), daitia (literalmente,
hijos de la madre Diti), Rakshasa (literalmente, ‘que no protege’) son incorrectamente
traducidas al Inglés como "demons" (demonios).
El hinduismo defiende la teoría de la reencarnación y la transmigración de las almas de
acuerdo a su Karma. Las almas de los muertos se adjudican por el Yama y se otorgan
diversos castigos como purga antes de volver a nacer. Los seres humanos que han
cometido errores extraordinarios están condenados a vagar por el mundo tan solo como
espíritus, a menudo malignos, por un período de tiempo determinado antes de volver a
nacer. Muchos tipos de tales espíritus (vetalas, pishachas, bhutas) se pueden reconocer, a
partir de los textos hindúes, y en un sentido limitado, como verdaderos demonios.