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Don Amargo y la Lección de Compartir

Don Amargo, un ciruelo egoísta, se niega a compartir sus frutos con los demás árboles y un pajarito, lo que lo lleva a acumular ciruelas podridas y a la soledad. A través de la intervención de otros árboles y un loro, Don Amargo finalmente comprende que compartir es esencial para la felicidad y la salud. Al arrepentirse de su egoísmo, decide cambiar y ofrecer sus ciruelas a los demás, reconociendo el valor de la generosidad.
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Don Amargo y la Lección de Compartir

Don Amargo, un ciruelo egoísta, se niega a compartir sus frutos con los demás árboles y un pajarito, lo que lo lleva a acumular ciruelas podridas y a la soledad. A través de la intervención de otros árboles y un loro, Don Amargo finalmente comprende que compartir es esencial para la felicidad y la salud. Al arrepentirse de su egoísmo, decide cambiar y ofrecer sus ciruelas a los demás, reconociendo el valor de la generosidad.
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Don Amargo y sus Ciruelas. probó otros.

- ¡Ay qué me muero! Dijo un día. No he probado bocado hace semanas,


Don Manuel tenía un campo grande donde había plantado un montón de estoy deshidratado, necesito picotear una rica ciruela o moriré de hambre.
árboles, la mayoría de ellos, frutales. Eran árboles hermosos, grandes y Nada conmovió a Don Amargo. Quien ninguna ciruela ofreció al pajarito
llenos de las más ricas frutas. que supuestamente moría de hambre.
En este campo había ciruelos, naranjos, limoneros, árboles de mandarinas, - ¡Me muero, me muero, adiós mundo cruel! ¡Necesito una ciruela ya!
de higos y hasta nogales que son los árboles que nos dan las nueces. - Pues picotee otra fruta que será lo mismo. Dijo Don Amargo, yo no
Todos los arbolitos frutales eran amigos entre sí, y se entretenían en comparto mis frutos con nadie.
largas charlas. Cada uno sabía para qué había sido plantado y que, con la La cosa era realmente complicada, no había manera de hacerle entender
fruta que nacía de ellos, mucha gente se alimentaba y sólo eso les bastaba al ciruelo que su egoísmo no era nada bueno.
para vivir felices. Resignado a que su actuación de pájaro a punto de morir de hambre, no
Es cierto que cuando venía Don Manuel a sacar la fruta, les tironeaba un había hecho cambiar de opinión al ciruelo, Meterete se puso a pensar qué
poquito y eso les dolía, pero a la mayoría no les importaba. Es más, otra cosa podía hacer.
muchos esperaban el momento de la cosecha para sentir esas rosquillitas Quería hablar con Don Manuel, pero obviamente como era un pajarito,
que su dueño les hacía y reírse un poco. no podía hablar con los seres humanos, pero sí con otra ave. Fue allí
Sin embargo, no todos los árboles eran iguales. Había un ciruelo al que cuando pensó en Juanito, el lorito parlanchín que tenía Don Manuel.
todos llamaban Don Amargo y no porque sus ciruelas fueran amargas, sino Voló hasta la casa, y le contó todo al loro quien se preocupó mucho por la
porque él era distinto al resto. El ciruelo era realmente hermoso y sus actitud del ciruelo.
grandes y brillosas ciruelas llamaban la atención de todo el pueblo. - Yo decía que ese árbol no era de fiar, con razón no me gustan las
A Don amargo le molestaba mucho que le sacaran sus frutos. Decía que ciruelas, ni si quiera en mermelada, murmuró Juanito. Pero ¿qué puedo
no era justo, que eran de él y que no tenían por qué sacarle nada. hacer yo que no salgo de esta casa? Yo sí que estoy, lo que se dice “entre
- Nosotros estamos para alimentar a la gente. Le decía el arbolito de cuatro paredes”.
mandarinas, sino ¿para qué servimos? - Repetir todo lo que te conté a Don Manuel, que mucho no te va a costar,
- Servimos para hacer el campo más hermoso, para que nos miren, para dicho sea de paso. A este ciruelo hay que hacerlo entrar en razón.
que aprovechen nuestra sombra, pero eso no significa que nos tengan que Y así fue que Juanito le contó todo a su dueño, quien tomó una decisión:
sacar lo que es nuestro. darle al ciruelo un poco de su propia medicina.
- ¡Ay qué comentario tan ácido y eso que no es un árbol de cítricos! Dijo Fue a la plantación con su gran canasta bajo el brazo y empezó a arrancar
Meterete, que no era un frutal, sino un pajarito que se la pasaba las frutas de los arbolitos. Mientras hacía esta tarea y muy a propósito
sobrevolando los árboles, alimentándose de sus frutas y sobre todo decía:
metiéndose en las conversaciones ajenas. - He decidido no cosechar más ciruelas, a partir de ahora no arrancaré ni
- ¡Ud. habla así porque también se aprovecha de nosotros pajarraco!, una. En el pueblo me han dicho que es la mermelada que menos se vende,
contestó Don Amargo, más amargo que nunca. así que no gastaré más energías en arrancarlas.
- Yo antes que comer una ciruela suya, me meto dentro de una polenta, Meterete no entendía demasiado bien lo que Don Manuel quería hacer.
mire lo que le digo. A ver si me contagio su amargura ¡hábrase visto! - Al final le está dando el gusto a este árbol amarrete. Pensó nuestro
Nadie podía hacerle entender al ciruelo que lo bueno de tener algo, es que pajarito. Iré a hablar con el loro, a ver si le dijo gato por liebre.
se comparta con los demás, que de nada vale tener lo que sea si lo Una vez que se aseguró que éste había repetido perfectamente sus
guardamos sólo para nosotros. palabras, se quedó más tranquilo y decidió esperar.
Meterete se había propuesto convencer a Don Amargo. Tarea nada fácil. Cada día Don Manuel se acercaba a la plantación con la canasta y repetía
Ninguno de los otros frutales lo había logrado. que ninguna ciruela arrancaría del árbol.
Le habló tanto que lo durmió. Como vio que este método no funcionaba, Don Amargo estaba feliz, ya no debía compartir lo suyo con nadie, pero
lo que parecía un sueño hecho realidad, pronto se convirtió en una Manuel que saque todas mis ciruelas, que no me deje morir?
pesadilla. - Déjelo por mi cuenta amigo, yo tengo mis informantes. Contestó
Pasó el tiempo y Don Amargo empezó a cargarse de ciruelas que, al no Meterete ya algo agrandadito y con cara de misterioso.
ser sacadas, se pudrían y olían muy feo. Una vez más habló con Juanito y le contó cuan arrepentido estaba el
Los otros frutales trataban de corres sus ramas para no contagiarse con el pobre ciruelo y le dijo que le pidiera a Don Manuel que lo siguiera
olor que salía del ciruelo. Los pájaros ya no se acercaban tampoco. cuidando como hasta ahora.
Las ciruelas caían al piso y ensuciaban las raíces del ciruelo. Todo en él El lorito contó todo a su dueño, quien realmente se puso muy feliz.
empezó a oler feo y sus raíces empezaron a pudrirse también. Limpió las raíces del ciruelo, le puso fertilizante y lo regó un poquito más
- ¿Y Don Amargo cómo anda todo? Lo veo lleno de ciruelas, lástima que que al resto.
están todas podridas. ¿No quiere un perfumito? No huele muy bien que Pronto fue el tiempo de la cosecha nuevamente, todos los frutales estaban
digamos. Dijo Meterete que seguía de cerca todo. esperando ver cómo reaccionaba el ciruelo cuando le arrancaran la
Don Amargo, molesto ya por la cantidad de ciruelas acumuladas en sus primera fruta.
raíces, el olor que salía y la soledad que sentía, ofreció a Meterete comer Demás está decir que Meterete estaba allí, presenciando toda la escena.
cuántas quisiera. Cuando Don Manuel se acercó a y tomó la primer ciruela, se escuchó algo
- ¡Ni loco Don Amargo! Si no las pude comer antes, menos ahora que que sólo los arbolitos y los pajaritos pudieron oír.
están podridas. Además no se olvide, son suyas y sólo suyas. Dejé no más, - ¡Alto allí! Dijo el ciruelo.
deje. Yo me arreglo con una mandarinita que picoteo por allí y que además - Sonamos… pensó Meterete, se arrepintió este árbol amarrete.
tienen más vitamina C. Pero para sorpresa de todos, Don Amargo agregó
Los días pasaban y el ciruelo estaba cada vez más solo, más sucio y - Que la primera ciruela sea para mi amigo Meterete, quien me enseñó el
empezaba a pudrirse por completo. valor de compartir.
Don Manuel seguía con su plan, todos los días iba a la plantación y Y como si Don Manuel hubiese podido escuchar esa conversación, cortó
pasaba de largo frente al ciruelo. la primera ciruela y lejos de ponerla en la canasta se la acercó al pico de
- Cuando este ciruelo termine de pudrirse, ya no plantaré otro. No vale la Meterete, quien la agarró feliz y fue a compartirla con su amigo Juanito
pena. Mintió un poquito. que mucho había ayudado. Meterete sabía que compartiendo la ciruela con
Meterete, que siempre andaba merodeando por ahí, no perdía la un amigo, su gusto, sin duda sería mucho más rico.
oportunidad de meterse donde no lo llamaban. Para pensar y conversar con papá y mamá:
- Vio Don Amargo, ahora tiene toda la fruta para Ud. solito y ¿de qué le ha - ¿Te gusta compartir tus cosas?
servido amigo? ¡Pensar que sus ciruelas eran una pinturita mire vea! ¿Y - ¿Prestas tus juguetes o útiles escolares a tus amigos?
ahora? ¿quién quisiera comer una de ellas? Le aseguro que nadie, sin - ¿Podés darte cuenta que cuando uno comparte lo que tiene con el otro,
ofender digo… todo es mejor?
Don Amargo de verdad entendió que lo que no se comparte se pudre, que - ¿Es mejor parecerse al ciruelo o a los demás personajes del cuentito?
el verdadero valor de lo que se tiene, sea lo que sea, está en compartirlo ¿Por qué?
con el otro. No quería seguir viviendo de esa manera, quería cambiar y ser
como todos los otros frutales del campo que generosamente ofrecían sus
frutos a quien los quisiera.
Tan mal y arrepentido por su actitud egoísta se sentía el ciruelo que no
sólo pidió perdón a sus amigos los frutales, sino que quiso hablar con
Meterete, a quien no hizo falta explicarle nada porque por supuesto ya
había escuchado todo.
- ¿Qué puedo hacer ahora? Sollozaba Don Amargo ¿Cómo le pido a Don

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