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Geografía e Historia
TEMA 9: ¿CÓMO SE CONVIRTIÓ ROMA EN UN GRAN IMPERIO?
1. ORIGEN DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA. LA MONARQUÍA (753 a.C. – 509 a.C.).
Según el mito romano, Roma fue fundada por los gemelos Rómulo y Remo. Este
relato cuenta que Rómulo se convirtió en el primer rey al matar a su hermano en el
753 a.C.
Sin embargo, los verdaderos orígenes de Roma se sitúan en una pequeña aldea
habitada por latinos ubicada en la colina Palatina, a orillas del río Tíber, en el
centro de Italia. Esta aldea fue creciendo hasta convertirse en una ciudad que
ocupaba las siete colinas y se protegía con una muralla. En estos primeros tiempos
la península itálica estaba ocupada por diversos pueblos:
• Etruscos en el norte.
• Latinos en el centro.
• Griegos en el sur.
Al principio Roma fue una monarquía, donde el rey tenía máximos poderes civiles
y religiosos. Lo apoyaba un Senado compuesto por aristócratas o patricios. En el
509 a.C. una revuelta acabó con el último monarca, Tarquinio el Soberbio,
iniciándose la República.
2. LA REPÚBLICA (509 a.C. – 27 a.C.).
Para entender cómo funcionaba la República es importante conocer la organización
de la sociedad. Existían dos grupos que no tenían los mismos derechos: patricios
(aristocracia) y plebeyos (hombres libres: campesinos, comerciantes y esclavos).
Fuera de este sistema quedaban extranjeros, libertos1 mujeres y esclavos.
Las diferencias sociales provocaron el malestar de los plebeyos, iniciándose una
serie de luchas sociales. Gracias a ellas los plebeyos consiguieron tener un
representante político que defendiese sus intereses: el tribuno de la plebe. Más
adelante lograron una recopilación escrita de las leyes para evitar que los patricios se
aprovechasen de una legislación que solo conocían ellos (Ley de las Doce Tablas).
El gobierno de la República se basaba en tres instituciones:
• Senado. Asamblea en la que se trataban los asuntos más importantes.
Estaba formado por antiguos magistrados.
• Magistrados. Políticos elegidos durante un año que se encargaban de las
tareas del gobierno. Los más importantes eran los cónsules, pretores y
censores; seguidos de ediles, cuestores y tribuno de la plebe.
• Comicios. Asambleas populares de ciudadanos en las que se votaban las
leyes y se elegían los magistrados.
Durante la etapa republicana, Roma conquistó grandes territorios gracias a un
numeroso y eficaz ejército, organizado en legiones y centurias.
1 Esclavos que habían sido liberados.
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Roma se enfrentó a Cartago2 en las Guerras Púnicas por el control del Mediterráneo
(264-146 a.C.). Tras la victoria, completaron la ocupación de Hispania (península
ibérica), la Galia y Britania. También conquistaron numerosos territorios de Europa
oriental, como Grecia. De hecho, los romanos adoptaron la religión, el arte y la
cultura griegas, formándose así lo que llamamos cultura clásica. A todo esto hay que
sumar las conquistas de Asia Menor y el norte de África (Egipto).
Los territorios conquistados se organizaban en provincias y estaban liderados por
un gobernador. En ellos se fundaron numerosas ciudades con una estructura en
cuadrícula. Sus dos calles principales, cardo y decumano, se cruzaban en el foro.
Además, los romanos levantaron muchos edificios y obras de ingeniería, junto a un
avanzado sistema de calzadas. También era frecuente el uso del transporte
marítimo. Todo ello contribuyó a la romanización de los territorios: la difusión de la
lengua, las costumbres y las leyes romanas.
Pero con las conquistas crecieron las desigualdades sociales entre patricios y
plebeyos. Además, estallaron guerras civiles por el poder y el control de las
regiones conquistadas. Los generales del ejército se aprovecharon de las legiones
para fortalecer su posición. Uno de ellos fue Julio César, que derrotó a sus
enemigos y fue nombrado dictador, acumulando todo el poder. Los senadores, que
no querían perder su autoridad, conspiraron para asesinarle en el año 44 a.C.
Los asesinos de Julio César fueron derrotados por Octavio, su hijo adoptivo, y
Marco Antonio. Poco después, ambos se enfrentaron por el control de Roma.
Octavo venció a Marco Antonio y se hizo con el poder.
3. EL IMPERIO ROMANO (27 a.C. – 476 d.C.).
En el 27 a.C., el Senado dio a Octavio los títulos de augusto y emperador,
convirtiéndolo en la máxima autoridad religiosa, política y militar. El emperador
gobernaba mediante edictos3, aprobaba leyes y nombraba a los magistrados.
Además, decidía quién iba a sucederle. Las instituciones de la época republicana
se mantuvieron solo de manera simbólica.
La época imperial se dividió en dos grandes periodos:
3.1. ALTO IMPERIO (SIGLOS I – II).
En esta etapa, conocida como pax romana, el imperio alcanzó su máxima
expansión y prosperidad. A Octavio lo sucedieron varios miembros de su familia
(dinastía Julio-Claudia). Posteriormente, otras dinastías ocuparon el poder, como
la dinastía Flavia o la Antonina. En el siglo II el imperio alcanzó su máxima
expansión bajo los reinados de Trajano y Adriano, los dos primeros emperadores
de origen hispano.
2 Poderosa ciudad-estado fenicia que se convirtió en una gran potencia comercial y militar en el Mediterráneo
occidental.
3 Anuncio o comunicado oficial que emite una autoridad para dar a conocer una norma o decisión importante.
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3.2. BAJO IMPERIO (SIGLOS III – V).
En el siglo III, el Imperio sufrió una crisis política y económica. Los pueblos
bárbaros (extranjeros) atacaban las fronteras del imperio, había guerras civiles por
el poder y la gente empezó a abandonar las ciudades, donde cada vez era más
difícil conseguir alimento.
De esta etapa destacaremos el reinado de cuatro emperadores:
▪ Caracalla concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes del
imperio. Así acabó con las desigualdades sociales que había entre los
ciudadanos, los habitantes de los primeros territorios conquistados y resto.
▪ Diocleciano intentó estabilizar el imperio repartiéndose el poder con otros
tres generales (tetrarquía).
▪ Posteriormente, Constantino volvió a unificarlo y permitió el cristianismo.
Además, estableció la capital del imperio en Bizancio, renombrándola como
Constantinopla.
▪ Por último, Teodosio convirtió el cristianismo en la religión oficial y
dividió el imperio entre sus dos hijos: Arcadio recibió el Imperio romano de
Oriente y Honorio, el Imperio romano de Occidente.
Finalmente, en el año 476, un líder militar germano llamado Odoacro destronó a
Rómulo Augústulo, el último emperador romano de Occidente. A raíz de esto, se
formaron varios reinos germánicos en el territorio que antes pertenecía al Imperio
romano de Occidente. La caída del Imperio romano de Occidente marcó el final
de la Edad Antigua y el comienzo de la Edad Media. Mientras tanto, el Imperio
romano de Oriente, también conocido como Imperio bizantino, continuó existiendo
durante casi mil años más.
4. LAS CREENCIAS RELIGIOSAS.
Los romanos adoptaron los dioses griegos. Por tanto, la religión romana también
era politeísta. Se realizaban tanto cultos públicos (templos) como privados (lararios).
En la época imperial, se empezó a divinizar a algunos emperadores y se les rindió
culto de manera obligatoria en los templos. Era el llamado culto imperial.
4.1. EL CRISTIANISMO.
Esta religión apareció en el siglo I d.C. a partir de las enseñanzas de Jesús de
Nazaret, un judío crucificado en tiempos del emperador Tiberio. Jesús no dejó
ningún escrito, y su mensaje fue transmitido en los Evangelios.
Durante su vida, Jesús estuvo acompañado de doce apóstoles y unos pocos miles
de seguidores. Tras su muerte, Pablo de Tarso (San Pablo) difundió su mensaje
en otras provincias del Imperio. Así, el cristianismo fue atrayendo cada vez más
más seguidores.
Las autoridades consideraban peligrosas algunas de sus ideas, sobre todo el
monoteísmo (los cristianos se negaban a rendir culto a los emperadores
divinizados) y igualdad de todas las personas ante Dios. Por este motivo los
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cristianos fueron perseguidos. Tenían que reunirse en secreto y utilizar símbolos
para que no los reconocieran. Sin embargo, a pesar de las persecuciones, el
cristianismo siguió expandiéndose.
5. EL ARTE ROMANO.
El arte romano recibió la influencia de los pueblos que conquistaron,
especialmente los griegos, cuyos modelos siguieron tanto en la arquitectura como
en la escultura.
5.1. LA ARQUITECTURA.
Tenía las siguientes características:
▪ Búsqueda de la utilidad práctica, además de la función decorativa.
▪ Incorporación de elementos curvos, como el arco y la bóveda.
▪ Uso de materiales pobres, como el ladrillo, el cemento y el hormigón, que
luego se recubrían con mármol.
Los romanos construyeron una gran variedad de edificios civiles y religiosos:
▪ Religiosos. Los templos, muy parecidos a los griegos. El más famoso es el
Panteón de Roma.
▪ Administrativos. Destacan la basílica, sede de los tribunales de justicia, y la
curia, donde las autoridades celebraban sus reuniones.
▪ Conmemorativos. Los arcos de triunfo, como el de Tito o el de Constantino,
y las columnas conmemorativas, como la de Trajano o la de Marco Aurelio.
▪ Recreativos. Destacan los teatros, como el de Marcelo en Roma; los
anfiteatros, como el Coliseo, y los circos, como el Circo Máximo de Roma.
También construían termas, baños públicos que contaban con agua fría,
templada y caliente, como las de Caracalla o Diocleciano.
Entre las principales obras de ingeniería romanas cabe citar puentes, acueductos,
calzadas, alcantarillado, pantanos, murallas y faros.
5.2. LA ESCULTURA.
La escultura romana no solo tenía una finalidad artística, ya que en muchas
ocasiones era utilizada como propaganda política. Los principales tipos de
escultura fueron:
▪ Relieves conmemorativos, que recordaban victorias y hazañas. Eran de un
gran realismo y precisión.
▪ Retratos. En un principio se caracterizaron por un estricto realismo que
reflejaba fielmente el original, pero durante el Alto Imperio se hicieron más
idealistas para engrandecer al emperador y a las personas importantes.
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5.3. LA PINTURA Y EL MOSAICO.
La pintura romana era mural y se caracterizó por:
▪ La policromía (uso de muchos colores).
▪ La variedad de temas (vida cotidiana, mitología, paisajes, retratos).
▪ La representación de elementos arquitectónicos para crear una sensación
de espacio real.
También se desarrolló el mosaico, una técnica que consiste en decorar los suelos
formando dibujos con la unión de pequeñas piezas, llamadas teselas.
6. LA ROMANIZACIÓN.
Roma extendió su cultura y costumbres a los territorios conquistados. En el
proceso de romanización tuvieron importancia los siguientes factores:
▪ El latín. Era la lengua romana. Fue evolucionando en los distintos territorios y
dio lugar a las lenguas romances, como el castellano, el italiano o el francés.
▪ El ejército, que fue desplazándose por los territorios conquistados,
construyendo obras como puentes, acueductos o calzadas. Muchas ciudades
de origen romano nacieron de los campamentos militares, como León.
▪ El derecho romano. Los romanos crearon un sistema legal racional y preciso,
que garantizaba el orden y la seguridad jurídica. Muchos sistemas legales
actuales se basan en el derecho romano, que estableció conceptos clave.
7. LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA.
7.1. PUEBLOS PRERROMANOS Y COLONIZADORES.
Hace más de dos mil años la península ibérica era una tierra habitada por diversos
pueblos. Estos pueblos prerromanos incluían a los íberos, los celtas y los
tartesios. Además, hubo pueblos colonizadores como los fenicios, los griegos
y los cartagineses, que también influyeron en la región. Cada uno tenía sus propias
costumbres, lenguas y formas de vida.
A. PUEBLOS PRERROMANOS.
▪ Íberos. Vivían en la costa este y el sur de la península. Eran conocidos por su
habilidad en la agricultura, la artesanía y el comercio. Dominaban la escritura y
usaban moneda.
▪ Celtas. Se encontraban principalmente en el norte y el oeste. Eran pastores y
guerreros, y vivían en poblados fortificados llamados castros.
▪ Tartesios. Estaban ubicados al sur, entre Andalucía y Extremadura. Aunque
contamos con muy poca información sobre ellos, se trata del primer Estado
conocido de la península ibérica. Estaba gobernado por reyes y contaba con
leyes propias. La abundancia de metales les permitió desarrollar un intenso
comercio con los pueblos colonizadores. Los tartesios destacaron en orfebrería
(realización de objetos con metales preciosos, como el oro y la plata).
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B. PUEBLOS COLONIZADORES.
▪ Fenicios. Procedían del este del Mediterráneo, y establecieron colonias en la
costa sur, como Gadir (Cádiz). Eran grandes comerciantes y navegantes.
▪ Griegos. Fundaron colonias en la costa noreste, como Emporion. Trajeron
consigo su cultura y su comercio. Llamaron a esta región Iberia por estar situada
en torno al río Íber (Ebro).
▪ Cartagineses. Originarios de Cartago, en el norte de África, ocuparon partes
del sur y el este de la península. Querían expandir su poder y compitieron con
Roma por el control de la región.
7.2. FASES DE LA CONQUISTA ROMANA.
Primera fase (218-197 a.C.). Durante la Segunda Guerra Púnica, Roma llegó a la
península ibérica para luchar contra los cartagineses, quienes también querían
controlarla. Los romanos, liderados por Escipión el Africano, lograron derrotar a
los cartagineses y establecerse en la península.
Segunda fase (197-29 a.C.). Roma tuvo que enfrentarse a las tribus indígenas
que no querían someterse. Los pueblos que mostraron mayor resistencia fueron los
lusitanos y los celtíberos. Los lusitanos, liderados por Viriato, dieron muchos
problemas a los romanos antes de ser derrotados. Numancia, una ciudad celtíbera,
resistió heroicamente un asedio romano durante años antes de caer en el 133 a.C.
Tercera fase (29-19 a.C.). En esta etapa se desarrollaron las guerras cántabras.
Los pueblos del norte, como los cántabros y los astures, fueron los últimos en ser
sometidos. El emperador Augusto dirigió personalmente esta campaña, que
finalmente llevó a la pacificación de toda la península.
7.3. ORGANIZACIÓN POLÍTICA.
A medida que la conquista de Hispania fue avanzando, Roma dividió el territorio en
provincias. Al frente de cada una de ellas se hallaba un gobernador.
▪ Durante la República se establecieron dos provincias: Hispania Citerior e
Hispania Ulterior.
▪ Tras completar la conquista de Hispania a finales del siglo I a.C., el
emperador Augusto la dividió en tres provincias: Bética, Lusitania y
Tarraconense.
▪ Durante la etapa final del imperio, a las provincias anteriores se añadieron
otras tres: Baleárica, Gallaecia y Cartaginense.