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El documento detalla la liturgia de Laudes para el Martes de la V Semana de Cuaresma, incluyendo invocaciones, himnos, salmos y oraciones. Se enfatiza la misericordia de Dios y la importancia de la conversión y la alabanza en la vida de los fieles. Además, se presentan preces y una oración conclusiva para consagrar el día y el trabajo a Dios.

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MARTES DE LA V SEMANA DE CUARESMA, feria

Laudes
Si las Laudes empiezan con el Invitatorio se omite la siguiente invocación y se
dice el himno.
Invocación inicial
[Link] mío, ven en mi auxilio.
[Link]ñor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Himno
I [II]
Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos


ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,


nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores


y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!


¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.
II [II]
En tierra extraña peregrinos,
con esperanza caminamos,
que, si arduos son nuestros caminos,
sabemos bien a dónde vamos.

En el desierto un alto hacemos,


es el Señor quien nos convida,
aquí comemos y bebemos
el pan y el vino de la Vida.

Para el camino se nos queda


entre las manos, guiadora,
la cruz, bordón, que es la venera
y es la bandera triunfadora.

Entre el dolor y la alegría,


con Cristo avanza en su andadura
un hombre, un pobre que confía
y busca la Ciudad futura. Amén.
Himno latino
Iam, Christe, sol iustítiæ,
mentis dehíscant ténebræ,
virtútum ut lux rédeat,
terris diem cum réparas.

Dans tempus acceptábile


et pǽnitens cor tríbue,
convértat ut benígnitas
quos longa suffert píetas;

Quiddámque pæniténtiæ
da ferre, quo fit démptio,
maióre tuo múnere,
culpárum quamvis grándium.

Dies venit, dies tua,


per quam reflórent ómnia;
lætémur in hac ut tuæ
per hanc redúcti grátiæ.

Te rerum univérsitas,
clemens, adóret, Trínitas,
et nos novi per véniam
novum canámus cánticum. Amen.
Salmodia
Ant. 1.
El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Cuando en el Invitatorio se ha dicho el salmo 23, aquí se dice el salmo 94, que se
encuentra más abajo.
Salmo 23
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

— ¿Quién puede subir al monte del Señor?


¿Quién puede estar en el recinto sacro?

— El hombre de manos inocentes


y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
— Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,


que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

—¿Quién es ese Rey de la gloria?


—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,


que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

—¿Quién es ese Rey de la gloria?


—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien, si el salmo 23 se ha dicho en el Invitatorio, se dice el
Salmo 94
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy» (Heb 3, 13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,


soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,


bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:


«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años


aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso”».

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Ant. 2.
Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.
Cántico
Tob 13, 2-8
Dios castiga y salva
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia
nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva (1 Pe 1, 3).
Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.

Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,


porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzadlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los siglos.

Él nos azota por nuestros delitos,


pero se compadecerá de nuevo,
y os congregará de entre las naciones
por donde estáis dispersados.

Si volvéis a él de todo corazón


y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

Veréis lo que hará con vosotros,


le daréis gracias a boca llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los siglos.

Yo le doy gracias en mi cautiverio,


anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.

Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.

Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,


y me alegraré de su grandeza.
Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos.
Ant. 3.
El Señor merece la alabanza de los buenos.
Salmo 32
Himno al poder y a la providencia de Dios
Por medio de la Palabra se hizo todo (Jn 1, 3).
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,


tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones:

que la palabra del Señor es sincera,


y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;


el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera,


tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó, y surgió.

El Señor deshace los planes de las naciones,


frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,


el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo,


se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,


no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,


en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:


él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,


como lo esperamos de ti.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor merece la alabanza de los buenos.
Lectura breve
Zac 12, 10-11a
Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un
espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán
llanto como llanto por el hijo único, y llorarán como se llora al primogénito.
Aquel día será grande el luto de Jerusalén.
Responsorio
V.Él me librará de la red del cazador.
R.Él me librará de la red del cazador.
[Link] cubrirá con sus plumas.
[Link] la red del cazador.
[Link] al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.Él me librará de la red del cazador.
Cántico evangélico
Ant.
«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy», dice el Señor.
Benedictus
Lc 1, 68-79
El Mesías y Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado
y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra


de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró
a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,


arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta


del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia


de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
«Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy», dice el Señor.
Preces para consagrar a Dios el día y el trabajo
[Link] a Cristo, pan vivo bajado del cielo, y digámosle:
[Link], pan de las almas y salvación de los hombres, fortalece nuestra debilidad.
[Link]ñor, sacia nuestra hambre en el banquete de tu eucaristía

y haz que participemos plenamente de los bienes de tu sacrificio pascual.
[Link]édenos, Maestro bueno, escuchar tu palabra con corazón noble

y haz que perseveremos hasta dar fruto.
[Link] con nuestro trabajo, Señor, cooperemos contigo para mejorar el mundo,

para que así, por la acción de tu Iglesia, crezca en él la paz.
[Link], Señor, que hemos pecado;

perdona nuestras faltas por tu gran misericordia.
Pueden añadirse intenciones particulares que concluyen con la respuesta propuesta
más arriba.
Oración dominical
[Link] nuestras alabanzas y peticiones, con las mismas palabras de Cristo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Oración conclusiva
[Link]édenos, Señor, perseverar en el fiel cumplimiento de tu voluntad, para que,
en nuestros días, crezca en santidad y en número el pueblo dedicado a tu servicio.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
[Link]én.
Conclusión
[Link] la recitación individual, o si el que preside no es un ministro ordenado, se
concluye:
[Link] Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
[Link]én.
[Link] el que preside es un ministro ordenado, bendice al pueblo con la oración sobre
el pueblo propia del día.
[Link] Señor esté con vosotros.
R.Y con tu espíritu.
[Link], Dios, que prefieres compadecerte de quienes confían en ti antes que enojarte,
concede a tus fieles llorar justamente los pecados cometidos y merecer así la
gracia de tu consuelo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
[Link]én.
V.Y la bendición
de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo
V.+
V.y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros
y os acompañe siempre.
[Link]én.
Si se despide a la asamblea se añade:
Podéis ir en paz.
[Link] gracias a Dios.
[Link] puede utilizar también la bendición solemne propia del tiempo de Cuaresma.
[Link] Señor esté con vosotros.
R.Y con tu espíritu.
[Link], Padre misericordioso, os conceda a todos vosotros, como al hijo pródigo, el
gozo de volver a la casa paterna.
[Link]én.
[Link], modelo de oración y de vida, os guíe a la auténtica conversión del
corazón a través del camino de la Cuaresma.
[Link]én.
[Link] Espíritu de sabiduría y de fortaleza os sostenga en la lucha contra el
maligno, para que podáis celebrar con Cristo la victoria pascual.
[Link]én.
V.Y la bendición
de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo
V.+
V.y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros
y os acompañe siempre.
[Link]én.
Si se despide a la asamblea se añade:
Podéis ir en paz.
[Link] gracias a Dios.

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