Pasa la vida
3
ANTOLOGÍA: UNA SELECCIÓN DE TEXTOS POR TÓPICOS Y TEMAS
Del S. XI a la 1.ª ½ S. XIX Intertextualidad y contextualización histórica y cultural
01. la vida por delante 3
Jorge Manrique «Copla I»
Ana de la Trinidad «Soneto VIII»
Francisco de Quevedo «Soneto LXXXIX»
Tempus fugit 'el tiempo huye irremediablemente'
Francisco de Quevedo «Soneto LXXXVIII»
Luis de Góngora «Que se nos va la pascua» ▪ Métrica: soneto
02. caminos de agua 8
Jorge Manrique «Copla III» y «Copla V» Vita flumen ''la vida como un río'
Homo viator 'el hombre viajero'
▪ Métrica: copla de pie quebrado
03. iguales 10
Jorge Manrique «Copla XIV»
Danza de la muerte
Miguel de Cervantes Don Quijote Omnia mors aequat 'la muerte iguala todo'
04. «días de rosas y vino» Ernest Dowson 11
Jorge Manrique «Copla XVII»
UBI SUNT? '¿dónde están?'
05. no queda nada 13
Jorge Manrique «Copla XI», «Copla XXXV» y «Copla
XXXVII»
Luis de Góngora «A una rosa» Vanitas vanitatum 'vanidad de vanidades'
José de Espronceda El diablo mundo
Antonio Ros Olano «En la soledad II» De contemptu mundo 'menosprecio del mundo'
06. vida mortal 15
Francisco de Quevedo ««Salmo XVIII»
Juan Meléndez Valdés «Oda VI. A Dorila»
Memento mori 'recuerda que has de morir'
07. «estos días azules y este sol de la infancia» antonio machado 16
Jorge Manrique «Copla XXXIII» y «Copla XXXVIII»
Félix Lope de Vega «Canción a la muerte de Carlos Félix»
▪ Subgéneros líricos: oda, égloga, sátira, elegía
08. falacias 21
Pedro Calderón de la Barca El gran teatro del mundo
Pedro Calderón de la Barca La vida es sueño
Juan Boscán «Soneto LXI»
Vita theatrum 'la vida como un teatro'
Baltasar Gracián El criticón
Gustavo Adolfo Bécquer «Rima LXXX» Vita somnium 'la vida como un sueño'
09. quejidos sordos 24
Rosalía de Castro «Yo no sé lo que busco eternamente»
Gustavo Adolfo Bécquer «Rima LVI»
10. disfruta el momento 30
Fernando de Rojas La Celestina
Garcilaso de la Vega «Soneto XXIII»
Luis de Góngora «Soneto CLXVI» Carpe diem 'aprovecha el momento'
Juana Inés de la Cruz ««Soneto VI»
Félix Lope de Vega «Soneto XXV» Collige, virgo, rosas 'coge, doncella, las rosas'
En la mitología griega la dimensión lineal e irreversible de la vida humana se
simboliza con el hilo de la vida de las tres Moiras. Un hilo con un principio y un
final que alude al tiempo acotado y finito del que disponemos los humanos. Un
tiempo que transcurre entre el nacimiento y la muerte y por el que nos deslizamos
con la certeza de que es infinito. Las tres Moiras1 —Cloto, Láquesis y Átropos— son
tres hermanas hilanderas engendradas en la oscuridad de Erebo en la noche.
Envueltas en túnicas blancas, son tres personas distintas pero una única deidad.
Ellas son las encargadas de trazar la incertidumbre de la existencia humana
mediante un hilo que sale de la rueda de croto cuando nacemos, es medido por la
vara de Láquesis mientras vivimos y sufre el corte de las impecables y temibles
tijeras de Átropos cuando llega la hora de la muerte.
Inmisericordes, ellas urden los hilos de todos y cada uno de nosotros, sus acciones
influyen en todo orden humano. Tejen hilos de cada existencia combinándolos
unos con otros, trenzándolos, mezclándolos, juntándolos o de parándolos para
siempre. Sus entramados son los vuelcos del destino que nos hacen fugazmente
felices o irremediablemente miserables.
Ramón Gener (2016): El amor te hará inmortal pp. 21-22
1. En la mitología romana son las Parcas y en la nórdica, las Nornas.
PASA LA VIDA
El ser deviene y las cosas se transforman en un
proceso continuo de nacimiento y destrucción que
afecta a objetos, animales y seres humanos. El
filósofo Heráclito de Éfeso decía que «Todo fluye,
somos y no somos». Todo cambia, nada
permanece.
Dentro del cambio incesante de las cosas,
Heráclito postula que existe una unidad o principio
eterno encarnado por el fuego. Pero esta llama
crepitante es una metáfora que se refiere al
movimiento y cambio constante en el que se
encuentra sumido el ser humano y el mundo.
3. 1. LA VIDA POR DELANTE
El tópico del TEMPUS FUGIT 'el tiempo huye irremediablemente' hace hincapié en la rapidez con la que transcurre el tiempo
y cómo la vida se pasa en un soplo. Es un tema recurrente en el Barroco (sobre todo en Quevedo).
Coplas por la muerte de su padre (1501), de Jorge Manrique
PATA NEGRA (1987): «Pasa la vida», de Blues de la
frontera
ENLACE
A la región do anhelas remontado
Recuerde el alma dormida, huye ligero en tu secreto nido,
avive el seso y despierte donde estarás seguro y escondido
contemplando de las tormentas de la mar airado,
cómo se pasa la vida, que siendo el crudo invierno ya pasado
cómo se viene la muerte cuando el campo de verde esté vestido,
tan callando; aunque de mar a mar la mar crecido,
cuán presto se va el placer; podrás entre las olas ir a nado;
cómo después de acordado
da dolor; o te traguen o suban hasta el cielo,
cómo a nuestro parecer quedarás como pluma levantada,
cualquiera tiempo pasado y el tiempo breve pasarás en flores
fue mejor. vestido del color de tus amores;
divisarás tu patria deseada,
si altivo permaneces en tu vuelo.
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla I», de Coplas por
[Sor] Ana DE LA TRINIDAD (2.ª 1⁄2 S. XVI): «Soneto
la muerte de su padre
VIII»
Fue sueño ayer, mañana será tierra: «¡Ah de la vida!»… ¿Nadie me responde?
poco antes nada, y poco después humo; ¡Aquí de los antaños que he vivido!
y destino ambiciones y presumo, La Fortuna mis tiempos ha mordido;
apenas punto al cerco que me cierra. las Horas mi locura las esconde.
Breve combate de importuna guerra, ¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
en mi defensa soy peligro sumo: la salud y la edad se hayan huido!
y mientras con mis armas me consumo, Falta la vida, asiste lo vivido,
menos me hospeda el cuerpo, que me entierra. y no hay calamidad que no me ronde.
Ya no es ayer, mañana no ha llegado, Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy pasa y es, y fue, con movimiento hoy se está yendo sin parar un punto:
que a la muerte me lleva despeñado. soy un fue, y un será, y un es cansado.
Azadas son la hora y el momento, En el hoy y mañana y ayer, junto
que a jornal de mi pena y mi cuidado, pañales y mortaja, y he quedado
cavan en mi vivir mi monumento. presentes sucesiones de difunto.
Francisco de QUEVEDO (1670): «Soneto LXXXIX», de Francisco de QUEVEDO (1670): «Soneto LXXXVIII», de
Parnaso español Parnaso español
El soneto tiene catorce versos endecasílabos, divididos en dos cuartetos con rima fija: ABBA ABBA. Y dos tercetos con La rima cambiable;
pero generalmente es de CDE CDE o CDC DCD. Los dos primeros cuartetos exponen una cuestión que los dos últimos tercetos resuelven.
El de la izquierda viene a significar la propia brevedad de la vida sin pensar y con padecer salteada la muerte, y el de la derecha, la
brevedad de lo que se vive y cuan nada parece lo que se vivió.
¡Que se nos va la pascua, mozas, Vuelan los ligeros años,
que se nos va la pascua! y con presurosas alas
nos roban, como arpías
Mozuelas las de mi barrio, nuestras sabrosas viandas.
loquillas y confiadas, La flor de la maravilla
mirad no os engañe el tiempo esta verdad nos declara,
la edad y la confianza. porque le hurta la tarde
No os dejéis lisonjear lo que le dio la mañana.
de la juventud lejana, ¡Que se nos va la pascua, mozas,
porque de caducas flores que se nos va la pascua!
teje el tiempo sus guirnaldas
¡Que se nos va la pascua, mozas, Luis de GÓNGORA (1628): «Que se nos va la pascua»,
que se nos va la pascua! de Manuscrito Chacón (fragmento)
Góngora en este romance apela a las mujeres con «la pascua» (metáfora de la vida) se va. La personificación «vuelan … días» recalca el
paso efímero de los años. El tiempo nos roba nuestra vida, nuestra vianda, como hacían las harpías con la comida de Fineo,. Con »La
flor de la maravilla», la vida, acentúa el tempus fugit, ya que la mañana le ha dado la vida, pero la tarde se la arrebata.
Juventud, divino tesoro, ¿Soy yo quien anda, esta noche,
¡ya te vas para no volver! por mi cuarto, o el mendigo
Cuando quiero llorar, no lloro… que rondaba mi jardín,
y a veces lloro sin querer… al caer la tarde…?
Plural ha sido la celeste Miro
historia de mi corazón. en torno y hallo que todo
Era una dulce niña, en este es lo mismo y no es lo mismo…
mundo de duelo y de aflicción. ¿La ventana estaba abierta?
¿Y no me había dormido?
Miraba como el alba pura; ¿El jardín no estaba verde
sonreía como una flor. de luna…?… El cielo era limpio
Era su cabellera obscura y azul… y hay nubes y viento
hecha de noche y de dolor. y el jardín está sombrío…
Yo era tímido como un niño.
Creo que mi barba era
Ella, naturalmente, fue,
negra… Yo estaba vestido
para mi amor hecho de armiño1,
de gris… Y mi barba es blanca
Herodías y Salomé2...
y estoy enlutado… ¿Es mío
Juventud, divino tesoro, este andar? ¿Tiene esta voz,
¡ya te vas para no volver! que ahora suena en mí, los ritmos
Cuando quiero llorar, no lloro... de la voz que yo tenía?
y a veces lloro sin querer... ¿Soy yo, o soy el mendigo
que rondaba mi jardín,
Rubén DARÍO (1905): «Canción de otoño
en primavera», de Cantos de vida y esperanza (fragmento) al caer la tarde…?
1 armiño: mamífero carnívoro, de piel muy suave y delicada.// Cosa Miro
pura o limpia. en torno… Hay nubes y viento…
2 Herodías y Salomé: madre e hija, princesas de Judea en época del
Imperio romano que, según los Evangelios, tramaron la decapita ción El jardín está sombrío…
de San Juan Bautista.
…Y voy y vengo… ¿Es que yo
Verdor nuevo los espinos no me había ya dormido?
tienen ya por la colina, Mi barba está blanca… Y todo
toda de púrpura y nieve es lo mismo y no es lo mismo…
en el aire estremecida. Juan Ramón JIMÉNEZ (1904): «Soy yo quien anda
esta noche», de Jardines lejanos
Cuántos ciclos florecidos Vinieras y te fueras dulcemente,
les has visto; aunque a la cita de otro camino
ellos serán siempre fieles, a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
tú no lo serás un día.
Pasar por un puente a otro puente.
Antes que la sombra caiga, -El pie breve,
la luz vencida alegre-,
aprende cómo es la dicha
Muchacho que sería yo mirando
ante los espinos blancos
aguas abajo la corriente,
y rojos en flor. Ve. Mira. y en el espejo de tu pasaje
Luis CERNUDA (1941-1944): «Los espinos», fluir, desvanecerse.
de Cómo quien espera el alba
Vicente ALEIXANDRE (1928): «Adolescencia», de
Ámbito
Salvador DALÍ (1931): La persistencia de la
memoria, [Museo de Arte Moderno de Nueva
York, Nueva York]
Aquel tiempo
no lo hicimos nosotros
él fue quien nos deshizo.
Miro hacia atrás.
¿Qué queda
de esos días?
Restos,
vida quemada,
nada.
Historia: escoria
Ángel GONZÁLEZ (1971) «La ceniza de un sueño»,
de Biografía e historias
La vida dura demasiado poco.
No da tiempo a hacer nada.
No hay manera de reunir los suficientes días
para enterarte de algo.
Te levantas,
abrazas a tu novia, desayunas,
trabajas, comes, duermes, vas al cine,
y ni siquiera tienes un momento Pablo PICASSO (1903): La vie, [The Cleveland
Museum of Art, Cleveland (EE. UU.)]
para leer a Séneca y creerte
que todo tiene arreglo en este mundo.
Luis Eduardo AUTE (1978): «De paso», de Albanta
La vida es un instante. No me explico ENLACE
por qué esta noche no se acaba nunca.
(5’08”)
Luis Alberto de CUENCA (1993): «Insomnio»
de El hacha y la rosa
Decir espera es un crimen.
Decir mañana es igual que matar.
Ayer de nada nos sirve.
Las cicatrices
no ayudan a andar.
Solo morir permanece
como la más inmutable razón.
Vivir es un accidente,
un ejercicio
de gozo y dolor.
Qué no, qué no,
que el pensamiento no puede tomar
asiento,
que el pensamiento es estar
Siempre de paso.
Lukas GRAHAM (2015): «7 years», de Lukas
Graham (Blue Album).
ENLACE
(3’59”)
Gustav KLIMT (1915): Muerte y Vida,
[Leopold Museum, Viena]
3. 2. CAMINOS DE AGUA
El tópico del Vita flumen 'la vida como un río' se basa en el fluir del tiempo, en el continuo pasar de los ríos en dirección a
su desembocadura, una vez más asociada a la muerte. Es un tópico propio de la Edad Media.
Nuestras vidas, el yo poético y tú lírico
Nuestras vidas son los ríos
(nosotros)
que van a dar en la mar,
Métrica copla de pie quebrado o
que es el morir: manriqueña: estrofa de seis versos
allí van los señoríos, donde se combinan dos versos
derechos a se acabar octosílabos y un verso tetrasílabo en
y consumir; rima consonante a b c a b.
allí los ríos caudales, Normalmente el sentido pasa de una
allí los otros medianos copla a la siguiente.
y más chicos;
y llegados, son iguales PATA NEGRA (1987) «Pasa la vida», de
los que viven por sus manos Blues de la frontera
y los ricos. ENLACE
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla III»,
de Coplas por la muerte de su padre (3’51”)
Nuestras vidas son los ríos A esa luz que nos crea y nos destruye a un tiempo
que van a dar a la mar, bajan desde sus nidos a abrevar las palomas:
que es el morir. ¡Gran cantar! abaten en la orilla su cuello hasta las aguas
Entre los poetas míos y lo yerguen, y el río que se lleva su imagen
tiene Manrique un altar. viene a dar en la mar, en tanto que ellas vuelan,
Dulce goce de vivir: desnudas ya de sombra, hacia sus columbarios.
mala ciencia del pasar,
María Victoria ATENCIA (1979): «Manrique»,
ciego huir a la mar. de El coleccionista
Tras el pavor de morir
está el placer de llegar. Hace falta la noche para ver las estrellas.
¡Gran placer! […]
Mas ¿y el horror de volver? La vida,
¡Gran pesar! que fue un río,
es ahora un océano,
Antonio MACHADO (1907): «Glosa»,
de Soledades. Galerías. Otros poemas
el pasado es la arena y el agua es el futuro.
Y hace falta la noche.
Benjamín PRADO (2002): «Ecuador»,
de Ecuador (poesía 1986-2001 -recopilación) (fragmento)
Yo me senté en la orilla;
quería preguntarte, preguntarme tu secreto;
convencerme de que los ríos resbalan hacia un anhelo y viven;
y que cada uno nace y muere distinto (lo mismo que a ti te llaman Carlos).
Quería preguntarte, mi alma quería preguntarte
por qué anhelas, hacia qué resbalas, para qué vives.
Dímelo, río,
y dime, di, por qué te llaman Carlos.
[…]
Ha debido pasar mucho tiempo, amigos míos, mucho tiempo
desde que yo me senté aquí en la orilla, a orillas El poeta de la Generación del 27
de esta tristeza, de este Dámaso Alonso hace referencia al
río al que le llamaban Dámaso, digo, Carlos. Charles River en Massachusetts
(EE. UU.)
Dámaso ALONSO (1954): «A un río le llaman Carlos», de Hombre y Dios (fragmento)
Basado también en el fluir del tiempo, el tópico del HOMO VIATOR 'el hombre viajero' muestra una concepción de la vida humana
como un viaje que, inexorablemente, nos ha de conducir a la muerte, lo cual posibilita dos perspectivas:
la optimista, que nos llevaría a disfrutar de ese camino que es la vida
la pesimista, que iría ligada al pensamiento teocéntrico y a la idea de la muerte como destino
Este mundo es el camino Javier OLIVARES (dir.) (2013):
para el otro, que es morada Isabel
sin pesar; ENLACE
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada Temporada 2 Episodio 17 (1’44”)
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos MELENDI (2005): «Caminando por la
y llegamos vida», Que el cielo espere sentao
ENLACE
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos. (3’24”)
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla V», de Coplas por la muerte de su padre
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca SIBERIA, (2023)
se ha de volver a pisar. Caminando por la vida
Caminante no hay camino [spot de campaña publicitaria para
Caminos Naturales de Ministerio de
sino estelas en la mar. Agricultura, Pesca y Alimentación]
ENLACE
Antonio MACHADO (1907): «XXIX» de Proverbios y cantares
(30”)
Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.
Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de sueño y loco de armonía.
Ése es mi mal. Soñar. La poesía
es la camisa férrea de mil puntas cruentas DDB, (2018)
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas El viaje de tu vida
dejan caer las gotas de mi melancolía. [spot de campaña publicitaria para
compañía de seguros Ocaso]
ENLACE
Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;
a veces me parece que el camino es muy largo,
(1’)
y a veces que es muy corto...
Y en este titubeo de aliento y agonía,
cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?
Rubén DARÍO (1905): «Melancolía» de Cantos de vida y esperanza
3. 3. IGUALES
El tópico del omnia mors aequat ' la muerte iguala todo' se centra en la idea de que, ante la muerte, todos los seres humanos
son iguales, y que esta llega a todos, independientemente de la condición social o económica. Es un tópico muy característico
de periodos como la Edad Media y el Barroco, marcados por el pesimismo
Estos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas.
Así que no hay cosa fuerte,
que a Papas y Emperadores
y Prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganados.
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla XIV»,
de Coplas por la muerte de su padre
Yo soy la muerte, que a todas criaturas Edvard MUNCH (1899-1900): La danza de la vida
que hay y habrá en el mundo destroza y arrasa. [Museo Nacional de Arte, Arquitectura y Diseño, Oslo]
Hombre, te pregunto: di, ¿por qué procuras
tanto por vida que en un punto pasa?
La fuerza de un recio gigante es escasa
y de este mi arco no puede escapar:
segura es tu muerte si doy en tirar
con esta mi flecha cruel que traspasa.
¿Qué locura es esta tan manifiesta
que piensas tú, hombre, que otro morirá
y tú quedarás, por ser bien dispuesta
tu complexión y que, así, durará?
Danza de la Muerte (S. XIV)
—Pues lo mesmo —dijo don Quijote— acontece
en la comedia y trato deste mundo, donde
unos hacen los emperadores, otros los
pontífices, y finalmente todas cuantas figuras
se pueden introducir en una comedia; pero en
llegando al fin, que es cuando se acaba la vida,
a todos les quita la muerte las ropas que los
diferenciaban, y quedan iguales en la
sepultura. […]
Miguel de CERVANTES (1615) Don Quijote de la Mancha
II, cap. 12
Rafael SÁNCHEZ (2020): Naturaleza muerta 023 ,
de la exposición Omnia mors aequat (La muerte
iguala a todos)
3. 4. «DÍAS DE ROSAS Y VINO» Ernest Dowson
El verso del británico Ernest Dowson «No duran mucho, los días de vino y rosas» pertenece a un poema de 1896 que se basa
en la cita de Horacio: «La breve duración de la vida nos prohíbe albergar esperanzas largas».
El tópico del UBI SUNT? '¿dónde están?' pregunta retóricamente por todo aquello que en un pasado existió y que ha
desaparecido arrasado por la muerte.
Jorge Manrique se pregunta dónde están los famosos galanes y damas de tiempos pasados, los reyes y nobles poderosos, la corte con sus
lujos…
¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas ¿Dónde está la valerosa
de los fuegos encendidos chusma que pisó esta tierra,
de amadores? la que doblar no pudieron
¿Qué se hizo aquel trovar, perra vida y muerte perra,
las músicas acordadas los que en duro arrabal
que tañían? vivieron como en la guerra,
¿Qué se hizo aquel danzar, los Muraña por el Norte
aquellas ropas chapadas y por el Sur los Iberra?
que traían?
¿Qué fue de tanto animoso?
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla XVII» de Coplas por la ¿Qué fue de tanto bizarro?
muerte de su padre A todos los gastó el tiempo,
a todos los tapa el barro.
Juan Muraña se olvidó
del Cadenero y del carro
¿Qué fue de aquellos días que cruzaron veloces y ya no sé si Moreira
ay, por el corazón? Infatigable, a ciegas, murió en Lobos o en Navarro.
es él por fin quien gana. ¡Cuántos últimos goces!
¡Oh tiempo: con tu fuga mi corazón anegas! —No se aflija. En la memoria...
Jorge GUILLÉN (1936): Cántico (fragmento) José Luis BORGES (1965): «¿Dónde se habrán
ido?», de Para las seis cuerdas (fragmento)
No es el mío, este tiempo.
Y aunque tan mío sea ese latir de pájaros
afuera en el jardín,
su profusión en hojas pequeñas, removiéndome
igual que intimaciones, CELTAS CORTOS (1991): «20 de abril», de
no dice ya lo mismo. Cuéntame un cuento
Me despierto ENLACE
como quien oye una respiración
obscena. Es que amanece.
(5’38”)
Amanece otro día en que no estaré invitado
ni a un instante feliz. Ni a un arrepentimiento
que, por no ser antiguo,
-ah, Seigneur, donnez-moi la force et le courage!-
invite de verdad a arrepentirme
con algún resto de sinceridad.
Y a nada temo más que mis cuidados.
De la vida me acuerdo, pero dónde está.
Jaime GIL DE BIEDMA (1968): «De senectute»
de Poemas póstumos
De todos aquellos amigos ¿Qué hace ahora pendulero,
que poblaron conmigo el mundo tan vacío y contrahecho,
solo me quedan eneasílabos. sin color,
aquel órgano certero
Una madrugada radiante,
que se puso tan derecho
mientras jugábamos al póquer,
en el amor?
nos dejó para siempre Jaime.
¿Qué se hizo Marilyn?
Luego le tocó el turno a Pablo. Aquellos Beatles de antaño,
Empezó a ponerse tan triste ¿qué se hicieron?
que tuvimos que rematarlo. ¿Qué fue de tanto sinfín
de galanes que en un año
José Luis se quedó sin sombra nos vendieron?
cuando más falta nos hacía.
Fue una zancadilla alevosa. Y los tunos, los toreros,
las cantantes de revista
Tarde de agosto, en los billares. en el olvido;
Juan Ignacio se derritió. las folklóricas primero,
Hacía un calor sofocante. el marqués y la corista
¿dónde han ido?
Peor fue aún lo de Ricardo:
¿Dónde están los generales,
se disfrazaba de corista.
sus medallas y su espada
Decidimos eliminarlo.
sin conciencia,
A Javier le dio por las drogas. sino esperando mortales
Estuvo metiéndose en líos a que les sea dictada
hasta que lo cazó la bofia. su sentencia?
Gonzalo no era ya el de antes. Luis GARCÍA MONTERO (1983): «Coplas a la muerte de
No pensaba más que en su alma su colega» de Rimado de ciudad
Terminó por morirse de hambre.
Pepe fue siempre un bicho raro.
Ingresó en una extraña secta Eduardo GUERRERO (5/4/202), «A los pies
de individuos que iban rapados. del Bosco», @museoprado
ENLACE
Y qué deciros de la broma
que Alfonso le gastó a Miguel
escapándose con su novia. (3’57”)
De todos aquellos amigos
que poblaron conmigo el mundo
solo me quedan eneasílabos. Jheronimus van Aken, el BOSCO (1490 -
1500): El jardín de las delicias, [Museo del
Luis Alberto de CUENCA (1983): «Ubi sunt?» de Memorabilia Prado]
3. 5. NO QUEDA NADA
No, no queda nada de la vida terrenal tras la muerte:
El tópico del Vanitas vanitatum 'vanidad de vanidades ' hace referencia al carácter engañoso de las apariencias y el
rechazo a la ambición humana: todo aquello que forma parte del mundo terrenal es puro vacío, puro engaño. Opone la
vida física a la vida espiritual que ofrece la religión.
El tópico del De contemptu mundo 'menosprecio del mundo' considera que las cosas terrenales son perecederas y, por tanto,
despreciables.
Los estados y riqueza, Ayer naciste, y morirás mañana.
que nos dejen a deshora Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿quién lo duda?, ¿Para vivir tan poco estás lucida,
no les pidamos firmeza. y para no ser nada estás lozana?
pues que son de una señora
que se muda, Si te engañó tu hermosura vana,
que bienes son de Fortuna bien presto la verás desvanecida,
que revuelven con su rueda porque en tu hermosura está escondida
presurosa, la ocasión de morir muerte temprana.
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda Cuando te corte la robusta mano,
en una cosa. ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla XI» de Coplas
por la muerte de su padre
No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.
Luis de GÓNGORA (1628): «A una rosa» de Manus-
crito Chacón
CAMILO (2021): «Vida de rico», de Mis
manos
El oro que famélico codicia
ENLACE
el hombre, y en montones lo atesora;
alimento infernal de la avaricia,
que hambre más siente cuanto más devora;
José de ESPRONCEDA (1841): «Canto I», de El
(3’14”) diablo mundo (fragmento)
Más precio en este valle y pobre aldea,
términos de mi vida peregrina,
despertar cuando el aura matutina
las copas de los árboles menea;
y al volver de mi rústica tarea,
hora, en la tarde, cuando el sol declina,
mirar, desde esta fuente cristalina
el humo de mi humilde chimenea,
que en la rodante máquina lanzado
cruzar como centella por los montes;
pasar como relámpago el poblado;
robar, en fin, el péndulo un segundo,
y en pos de los finitos horizontes,
sentir la nada al abarcar el mundo.
Antonio ROS OLANO (1886): «En la soledad II»,
de Poesías (fragmento)
Aquí aparece el tópico del AUREA MEDIOCRITAS donde se
menosprecian los bienes perecederos, de forma similar a la idea
bíblica del VANITAS VANITATUM.
En teniendo con qué alimentarnos y con qué cubrirnos, estemos con eso contentos. Los que quieren
enriquecerse caen en tentaciones, en lazos y en muchas codicias locas y perniciosas que hunden a
los hombres en la perdición y en la ruina, porque la raíz de todos los males es la avaricia, y por eso
mismo me será muy difícil perdonarte, cariño, por mil años que viva, el que me quitases el capricho
de un coche. Comprendo que a poco de casarnos eso era un lujo, pero hoy un Seiscientos lo tiene
todo el mundo, Mario, hasta las porteras si me apuras, que a la vista está. Nunca lo entenderás, pero
a una mujer, no sé cómo decirte, le humilla que todas sus amigas vayan en coche y ella a patita. […]
Y eso, ¿sabes lo que es, Mario? Egoísmo puro, para que te enteres, que ya sé que un catedrático de
Instituto no es un millonario, ojalá, pero hay otras cosas, creo yo, que hoy en día nadie se conforma
con un empleo. Ya, vas a decirme que tú tenías tus libros y El Correo, pero si yo te digo que tus libros
y tu periodicucho no nos han dado más que disgustos, a ver si miento, no me vengas ahora, hijo,
líos con la censura, líos con la gente y, en sustancia, dos pesetas.
Y no es que me pille de sorpresa, Mario, porque lo que yo digo, ¿quién iba a leer esas cosas tristes
de gentes muertas de hambre que se revuelcan en el barro como puercos? […] Tú mucho con que si
la tesis y el impacto y todas esas historias, pero ¿quieres decirme con qué se come eso? A la gente
le importan un comino las tesis y los impactos, créeme. […] ¡Con lo que a mí me hubiera gustado
que escribieras libros de amor! Ahí tienes un tema que llega, Mario, que el amor es un tema eterno,
pues porque sí, porque es muy humano, porque está al alcance de todas las mentalidades. ¡Si me
hubieras hecho caso! La historia de Maximino Conde, imagínate, un hombre maduro, casado en
segundas con la madre y enamorado de la hija era un argumento de película, bueno, pues ni ese
gusto, que el caso es llevar siempre la contraria. No quiero llorar, Mario, pero si echo la vista atrás y
reparo en las pocas veces que me has hecho caso en la vida, no puedo remediarlo. ¿Es que tanto
esfuerzo te hubiera costado ganar para un Seiscientos, di, pedazo de holgazán? Porque yo no digo
hace años, pero lo que es ahora, si parece que los regalan, Mario, lo que se dice todo el mundo, que
el mismo Paco el otro día, ya ves, «¿sabes conducir?», y yo, «muy poco, casi nada», a ver qué iba a
decirle, «no tenemos coche», y él venga de darse coscorrones. «¡No, no, no!», que no se lo creía,
fíjate.
Miguel DELIBES (1966): Cinco horas con Mario
No obstante, Jorge Manrique apunta ya el prerrenacimiento. Se habla de la existencia de tres tipos de vida: terrenal
(perecedera y despreciable), celestial (eterna) y la fama (perdurable). El carácter prerrenacentista de la obra se aprecia en
que la fama supera en cierta medida a la muerte, puesto que deja constancia de nuestros hechos.
(MUERTE)
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de fama tan gloriosa
acá dejáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal,
ni verdadera,
mas, con todo, es muy mejor
que la vida terrenal,
perecedera.
Y pues vos, claro varón, Sylvain SONNET (Getty Images): (2024): Paseo de la
tanta sangre derramasteis fama [Acera a lo largo de Hollywood Boulevard y Vine
de paganos, Street, en Hollywood, tomada para La Vanguardia]
esperad el galardón
que en este mundo ganasteis IRENE CARA (1980): «Fame», de la cabecera Fama
por las manos. ENLACE
Y con esta confianza
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza, (3’9”)
que esta otra vida tercera,
ganaréis.
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla XXXV»
y «Copla XXXVII» de Coplas por la muerte
de su padre
3. 6. VIDA MORTAL
Unido a los tópicos anteriores, el tópico del Memento mori 'recuerda que has de morir' concentra aquí todo el pesimismo
medieval (más tarde retomado por el mundo barroco),
Todo tras sí lo lleva el año breve
de la vida mortal, burlando el brío
al acero valiente, al mármol frío,
que contra el tiempo su dureza atreve.
Aún no ha nacido el pie cuando se mueve
camino de la muerte, donde envío
mi vida oscura: pobre y turbio río
que negro mar con altas ondas bebe.
Cada corto momento es paso largo
que doy a mi pesar en tal jornada,
pues parado y durmiendo siempre aguijo.
Corto suspiro, último y amargo,
es la muerte forzosa y heredada;
mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?
Francisco de QUEVEDO (1613): «Salmo XVIII» de Salmos
El tema principal de este soneto es la muerte. En él, se reflejan
varios tópicos literarios, como Vita flumen. Sin embargo, el tópico
que tiene más importancia y que se repite a lo largo de todo el
poema es Memento mori. Se refleja ya en la primera estrofa, con el
oxímoron «vida mortal», donde contrapone los dos elementos
básicos de la existencia de un ser vivo: la vida y la muerte. Adjetiva
la vida como mortal, porque es caduca. En la siguiente estrofa
explica que «aún no ha nacido el pie cuando se mueve camino a la
muerte», es decir: que ya está predestinado a morir. A medida que
avanza el poema Quevedo reitera que, con cada paso, está más cerca Antoine Joseph WIERTZ (1847): Deux jeunes
filles (La Belle Rosine), [Wiertz Museum, Ixelles
del final.
(Bélgica)]
¡Cómo se van las horas, Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y tras ellas los días y más la piedra dura porque esa ya no siente,
y los floridos años pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
de nuestra dulce vida! ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Luego la vejez viene,
del amor enemiga, Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y entre fúnebres sombras y el temor de haber sido y un futuro terror…
la muerte se avecina, Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
con pálidos temblores y sufrir por la vida y por la sombra y por
aguándonos las dichas:
que escuálida y temblando, lo que no conocemos y apenas sospechamos,
fea, informe, amarilla, y la carne que tienta con sus frescos racimos,
nos aterra, y apaga y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
nuestros fuegos y dichas.
El cuerpo se entorpece, ¡y no saber a dónde vamos,
los ayes nos fatigan, ni de dónde venimos!…
nos huyen los placeres
Rubén DARÍO (1905): «Lo fatal» de Cantos de vida y esperanza
y deja la alegría.
Pues si esto nos espera, Marco A. CASTILLO y Fran PARRA
¿para qué, mi Dorila, (dirs.) (2023): Memento mori
son los floridos años ENLACE
de nuestra dulce vida?
TRÁILER (2’15”)
Juan MELÉNDEZ VALDÉS (1785): «Oda VI a
Dorila» de Odas anacreónticas (fragmento)
3. 7. «ESTOS DÍAS AZULES Y ESTE SOL DE LA INFANCIA» antonio machado
Antonio Machado parte al exilio. Llegado a Colliure (Francia) fallece. Se encuentran en sus bolsillos tres notas: las correcciones
de un poema a Guiomar: «Se canta lo que se pierde», una notita con el To be or not to be de Shakespeare y su último verso: «Estos
días azules y este sol de la infancia».
El viaje definitivo llega.
(D. RODRIGO contesta a la MUERTE)
Después de puesta la vida «No tengamos tiempo ya
tantas veces por su ley en esta vida mezquina
al tablero; por tal modo,
después de tan bien servida que mi voluntad está
la corona de su rey conforme con la divina
verdadero; para todo.
después de tanta hazaña Y consiento en mi morir
a que no puede bastar con voluntad placentera,
cuenta cierta, clara y pura,
en la su villa de Ocaña que querer hombre vivir
vino la Muerte a llamar cuando Dios quiere que muera,
a su Puerta. es locura».
Jorge MANRIQUE (1501): «Copla XXXIII» y «Copla XXXVIII» de Coplas por la muerte de su padre
Theresa FRARE (1990): Enfermo de sida
de la campaña de publicidad de Benetton.
En 1990, Therese Frare estaba documentando un hogar
de cuidados paliativos para personas que vivían con sida
cuando conoció a David Kirby (1957-1990), un activista.
Él aceptó ser fotografiado, con la condición de que ella
no usara las imágenes para beneficio personal. Cuando
Kirby estaba en su lecho de muerte, su familia le pidió a
Frare que registrara sus últimos adioses. Una de las
fotografías que tomó fue publicada en Life, donde
Oliviero Toscani, director creativo de Benetton, la vio por
primera vez. Conocido por emplear imágenes
provocativas en sus campañas publicitarias, Toscani
decidió usar una versión coloreada de este retrato
familiar.
¿Cómo será el momento?
Un irse lento
Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros ……….……como insecto que muere de espaldas.
cantando. Huracán de ternura
Y se quedará mi huerto con su verde árbol, ……….…….……..…….vencida por el suelo.
y con su pozo blanco.
¿Olvidar
Todas las tardes el cielo será azul y plácido, ……….…..tras tanto
y tocarán, como esta tarde están tocando, ……….…..……….…..dolor apaciguado?
las campanas del campanario.
No disminuye el dolor la belleza,
Se morirán aquellos que me amaron ……….…..pero rozado su acorde
y el pueblo se hará nuevo cada año; ……….…..………...se palpa el precio de su son.
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado, Hojarasca de vida volcada para nadie.
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado, Vida,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico... ……….cabalgata triunfal
……….……….sin broche alguno,
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol ……….calendario vastamente inmerso
verde, sin pozo blanco, ……….……….porque el mar es también portal de luz.
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.
Marta AGUDO (2004): «Pudiera la piel» de Fragmento.
Juan Ramón JIMÉNEZ (1910-1911): (fragmento)
«El viaje definitivo» de Poemas agrestes.
Quiero serenidad, me dije un día Si mi voz muriera en tierra
quiero serenidad para morirme. llevadla al nivel del mar
Yo, que afronté la vida sin rendirme y dejadla en la ribera.
aceptaré la muerte sin porfía.
Llevadla al nivel del mar
No quiero que me gane la impaciencia, y nombradla capitana
que este absurdo esperar sin esperanza de un blanco bajel de guerra.
no se me haga tortura, a semejanza
de un turbio agonizar de la conciencia. ¡Oh mi voz condecorada
Para pasar el ecuador temido con la insignia marinera:
quiero mi rebeldía, sosegada sobre el corazón un ancla
y el ímpetu domado y contenido. y sobre el ancla una estrella
Que, si al fin, a morir he de rendirme, y sobre la estrella el viento
no he de ser con la muerte porfiada. y sobre el viento la vela!
Quiero serenidad para morirme.
Rafael ALBERTI (1924): «Si mi voz muriera en tierra»,
Lucía SÁNCHEZ SAORNIL (1912): «Serenidad» de Marinero en tierra
Si muero, Estoy cansada de no saber dónde morirme. Esa es
dejad el balcón abierto. la mayor tristeza del emigrado. ¿Qué tenemos
nosotros que ver con los cementerios de los países
El niño come naranjas. donde vivimos? Habría que hacer tantas
(Desde mi balcón lo veo). presentaciones de los otros muertos, que no
acabaríamos nunca. Estoy cansada de hilarme
El segador siega el trigo.
hacia la muerte. Y sin embargo, ¿tenemos derecho
(Desde mi balcón lo siento).
a morir sin concluir la historia que empezamos?
¡Si muero, ¿Cuántas veces hemos repetido las mismas
dejad el balcón abierto! palabras, aceptando la esperanza, llamándola,
suplicándola para que no nos abandonase?
Federico GARCÍA LORCA (1924): «Despedida» de
M.ª Teresa de LEÓN (1970): Memoria de la melancolía
Canciones
¿Cómo es la dama?
ANDRÉS — ¡Ya han encendido la hoguera grande, y todo el pueblo está bailando alrededor!
DORINA — Vamos, Abuelo, que llegamos tarde.
FALÍN (Llegando junto a la Peregrina, con una corona de rosas y espigas) —Toma. La hice yo.
PEREGRINA — ¿Para mí?
FALÍN— Esta noche todas las mujeres se adornan así.
DORINA— ¿No vienes al baile?
PEREGRINA— Tengo que seguir camino al rayar el alba. Adela os acompañará. Y no se separará de
vosotros ni un momento. (Mirándola imperativa). ¿Verdad…?
ADELA (Baja la cabeza) —Sí. Adiós, señora… Y gracias.
ANDRÉS— ¿Volveremos a verte pronto?
PEREGRINA —No tengáis prisa. Antes tienen que madurar muchas espigas. Adiós, pequeños…
NIÑOS —¡Adiós, Peregrina!
(Salen con Adela. El Abuelo se queda un momento).
ABUELO —¿Por qué te daba las gracias Adela?… ¿Sabe quién eres?
PEREGRINA—Tardará muchos años en saberlo.
ABUELO —¿No era a ella a quien buscabas esta noche?
PEREGRINA —Eso creía yo también, pero ya he visto clara mi confusión.
ABUELO —Entonces, ¿por qué te quedas aquí? ¿Qué esperas?
PEREGRINA —No puedo regresar sola. Ya te dije que esta noche una mujer de tu casa, coronada de flores,
será mi compañera por el río. Pero no temas: no tendrás que llorar ni una sola lágrima que no hayas
llorado ya.
ABUELO (La mira con sospecha) —No te creo. Son los niños lo que andas rondando, ¡confiésalo!
PEREGRINA —No tengas miedo, abuelo. Tus nietos tendrán nietos, Vete con ellos. (Coge su bordón y lo
deja apoyado en la jamba de la puerta).
ABUELO —¿Qué haces…?
PEREGRINA —Dejar el bordón en la puerta en señal de despedida. Cuando vuelvas del baile, mi misión
habrá terminado. (Con autoridad terminante). Y ahora déjame. Es mi última palabra de esta noche.
(Sale el Abuelo. Pausa larga. La Peregrina, a solas mira con resbalada melancolía la corona de rosas. Al
fin sus ojos se animan; se la pone en los cabellos, toma un espejo del costurero de Adela y se contempla
con femenina curiosidad. Su sonrisa se desvanece; deja caer el espejo, se quita las rosas y comienza a
deshojarlas fríamente, con los ojos ausentes. Entre tanto se escuchan en el fogueral las canciones
populares de San Juan).
Alejandro CASONA (1944): La dama del alba
El criado, en estado de intenso azoramiento, llegó al mediodía a casa de su amo, un rico comerciante, y
con las siguientes palabras le vino a explicar el trance por el que había pasado:
—Señor, esta mañana mientras paseaba por el mercado de telas para comprarme un nuevo sudario, me
he topado con la Muerte, que me ha preguntado por ti. Me ha preguntado también si acostumbras a estar
en casa por la tarde, pues en breve piensa hacerte una visita. He pensado, señor, si no será mejor que
lo abandonemos todo y huyamos de esta casa a fin de que no nos pueda encontrar en el momento en
que se le antoje.
El comerciante quedó muy pensativo.
—¿Te ha mirado a la cara, has visto sus ojos? –preguntó el comerciante, sin perder su habitual aplomo.
—No, señor. Llevaba la cara cubierta con un paño de hilo, bastante viejo por cierto.
—¿Y además se tapaba la boca con un pañuelo?
—Sí, señor. El pañuelo era barato y bastante sucio, por cierto.
—Entonces no hay duda, es ella –dijo el comerciante, y tras recapacitar unos minutos añadió—: Escucha,
no haremos nada de lo que dices; mañana volverás al mercado de telas y recorrerás los mismos
almacenes y si te es dado encontrarla en el mismo o parecido sitio procura saludarla a fin de que te
aborde. En modo alguno deberás sentirte amedrentado. Y si te aborda y pregunta por mí en los mismos
o parecidos términos, le dirás que siempre estoy en casa a última hora de la tarde y que será un placer
para mí recibirla y agasajarla como toda dama de alcurnia se merece.
Hízolo así el criado y al mediodía siguiente estaba de nuevo en casa de su amo, en un estado de
irreprimible zozobra.
—Señor, de nuevo he encontrado a la Muerte en el mercado de telas y le he transmitido tu recado que,
por lo que he podido observar, ha recibido con suma complacencia. Me ha confesado que suele ser recibida
con tan poca alegría que nunca logra visitar a una persona más de una vez y que por ser tu invitación
tan poco común piensa aprovecharla en la primera ocasión que se le ofrezca. Y que piensa corresponder
a tu amabilidad demostrándote que hay mucha leyenda en lo oído de ella. ¿No será mejor que nos
vayamos de aquí sin que nos demuestre nada?
—¿Lo ves? — repuso el comerciante, con evidente satisfacción—. La hemos ahuyentado; puedo
asegurarte que ya no vendrá en mucho tiempo, si es que un día se decide a venir. Tiene a gala esa dama
presumir que ella no busca a nadie, sino que todos –voluntaria o involuntariamente- la requieren y
persiguen. Y, por otra parte, nada le gusta tanto como las inesperadas sorpresas y nada detesta como el
emplazamiento a fecha fija. Debes de conocer esta historia de la Antigüedad que narra el encuentro que
tuvo con ella un hombre que trataba de huir de una cita que ella no había preparado. Pues bien, me
atrevo a afirmar que ahora que la hemos invitado no acudirá a esta casa, a no ser que cualquiera de
nosotros dos pierda el aplomo y se deje arrastrar a alguna de sus astutas estratagemas.
Aquella tarde, la Muerte —con un talante sinceramente amistoso y desenfadado— acudió a la casa del
comerciante para, aprovechando un rato de ocio, testimoniarle su afecto y disfrutar de su compañía y de
su conversación... Pero el criado al abrir la puerta no pudo reprimir su espanto al verla en el umbral, la
cara cubierta con un paño de hilo muy viejo y protegida la boca con un pañuelo sucio, y sospechando que
se trataba de una añagaza compuesta entre su amo y la dama para perderle, se precipitó ciego de ira en
el gabinete donde descansaba aquel y, sin siquiera anunciarle la visita, lo apuñaló hasta matarle y huyó
por otra puerta.
Cuando la Muerte, extrañada del silencio que reinaba en la casa y de la poca atención que le demostraba
aquel hombre que ni siquiera le invitaba a entrar, por sus propios pasos se introdujo en el gabinete del
comerciante, al observar su cuerpo exánime sobre un charco de sangre, ante el apuñalamiento, no pudo
reprimir un gesto de asombro que pronto quedó subsumido en un pensamiento habitual y resignado:
—En fin, lo de siempre. Otra vez será.
Juan BENET (1981): «Fábula novena», de Trece fábulas y media
Marianne STOKES (hacia 1908): La
jeune fille et la Mort, [Musée d’Orsay,
Paris]
Dentro de los subgéneros líricos tenemos:
La oda. Poema solemne que expresa un intenso sentimiento del poeta ante la contemplación de algo, con un tono de
exaltación.
La égloga. Poema cuyos protagonistas son pastores que comparten sus penas amorosas, en un entorno de naturaleza
idealizada.
La sátira. Composición poética en clave de humor donde se ridiculizan los vicios y defectos de un personaje o un colectivo.
La elegía. Poema de dolor ante la muerte o pérdida de un ser querido
Con el planto (llanto) de Pleberio de La Celestina se ha visto el subgénero elegía. Aquí en Las coplas por la muerte de su padre y en
los poemas que siguen vuelve a aparecer.
Este de mis entrañas dulce fruto, Dani MARTÍN (2020): «Cómo me gustaría
con vuestra bendición, ¡oh Rey Eterno!, contarte», de Lo que me da la gana
ofrezco humildemente a vuestras aras, ENLACE
que si es de todos el mejor tributo (4’33”)
un puro corazón humilde y tierno
y el más precioso de las prendas caras,
no las aromas raras
entre olores fenicios
y licores sabeos,
os rinden mis deseos,
por menos olorosos sacrificios,
sino mi corazón, que Carlos era,
que en el que me quedó menos os diera..
Félix LOPE DE VEGA (1614): «Canción a la muerte de Carlos Félix» de Rimas sacras (fragmento)
Lope de Vega tuvo, fruto de sus dos matrimonios y de las relaciones con sus amantes, diecisiete hijos: doce hijas y cinco hijos. Diez de
ellos murieron en la infancia. Tuvo una estrecha relación con los hijos nacidos de su matrimonio con Juana de Guardo: Carlos Félix,
cuya prematura muerte le dejó profundamente apenado, y Feliciana, su única heredera. También tuvo un trato próximo con Marcela y
Lope Félix, que con ocho y seis años respectivamente, fueron a vivir con él y con Feliciana a la casa de la calle de Francos.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como el rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano Quiero escarbar la tierra con los dientes,
de la tierra que ocupas y estercolas, quiero apartar la tierra parte a parte
compañero del alma, tan temprano. a dentelladas secas y calientes.
Alimentando lluvias, caracolas Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y órganos mi dolor sin instrumento, y besarte la noble calavera
a las desalentadas amapolas y desamordazarte y regresarte.
daré tu corazón por alimento. Volverás a mi huerto y a mi higuera:
Tanto dolor se agrupa en mi costado, por los altos andamios de las flores
que por doler me duele hasta el aliento. pajareará tu alma colmenera
Un manotazo duro, un golpe helado,
de angelicales ceras y labores.
un hachazo invisible y homicida,
Volverás al arrullo de las rejas
un empujón brutal te ha derribado.
de los enamorados labradores.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos Alegrarás la sombra de mis cejas,
y siento más tu muerte que mi vida. y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo Tu corazón, ya terciopelo ajado,
voy de mi corazón a mis asuntos. llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada, A las aladas almas de las rosas
temprano estás rodando por el suelo. del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
No perdono a la muerte enamorada, compañero del alma, compañero.
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
Miguel HERNÁNDEZ (24 de diciembre 1935): «Elegía»
En mis manos levanto una tormenta
de El rayo que no cesa
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Giovanni Battista PERGOLESI (1736):
«Stabat Mater dolorosa», de Stabat Mater
ENLACE
(4’47”)
MIGUEL ÁNGEL (1499): La piedad,
[Basílica de San Pedro, Roma (Ciudad del
Vaticano]
No me quejo de todo lo que hicimos después,
del cuerpo poco a poco tan vencido,
Como las narraciones de la lluvia de las ventanas de los hospitales,
o los cuadernos de bitácora, de la silla de ruedas en 2021,
tuvo la enfermedad sus argumentos. penumbras fatigadas de noviembre,
No me quejo de nada. Hoy sostengo ocho de la mañana en el rumor del Clínico
el optimismo amargo con el que respondimos, con resultados últimos en la sala de espera.
septiembre, 2020, No me quejo del miedo a la caída,
cuando las citas médicas y el mar de los análisis de la ducha difícil,
se mezclaron de un día para otro de los duros transbordos para llegar al baño.
con las arenas de la vida. No me quejo tampoco
de los cuidados paliativos,
Nunca me quejaré de la disciplinada la memoria con gasas
manera que tuviste de contar nuestros pasos y la conversación inevitable.
para ver la ciudad con otros ojos, No me quejo de verte morir entre mis brazos.
la resistencia física y mental
que exigía la quimio. Comprendí que los viajes y los libros
No me quejo de las debilidades con sus dedicatorias
o de la Navidad sin cabellera siempre han sido maneras de cuidarnos.
o de la extraña forma de despedir el año Comprendí las raíces de nuestra militancia,
cuando el amor pasó por el quirófano. comprendí la factura de querer
de un modo tan completamente viernes.
La pandemia prohibía las visitas.
Comprendí el argumento de esta historia
Disfrazado de médico sin bata,
en la noche estrellada,
subí para esconderme hasta la habitación
una historia de amor,
5427.
este año y tres meses,
Dividimos por dos las uvas de tu postre,
estos días finales que ya son,
oyendo de la mano aquellas campanadas
ahora, recordados,
de la televisión
los más felices de mi vida.
que no sonaban todavía a muerto.
Luis GARCÍA MONTERO (2022): «Un año y tres meses» de Un año tres meses
3. 8. FALACIAS
El tópico del Vita theatrum 'la vida como un teatro ' .Igualmente muy común en el Barroco, el tópico identifica la vida con
un teatro, con una representación que se encuentra a mitad de camino entre lo real y lo ficticio, y cuya duración es, por
naturaleza, bastante breve..
MUNDO — ¿Quién me llama, que desde el duro centro de aqueste globo que me esconde dentro
alas viste veloces? ¿Quién me saca de mí? ¿Quién me da voces?
AUTOR — Es tu Autor Soberano. De mi voz un suspiro, de mi mano un rasgo es quien te informa,
y a su obscura materia le da forma.
MUNDO —Pues ¿qué es lo que me mandas? ¿Qué me quieres?
AUTOR — Pues soy tu Autor, y tú mi hechura eres, hoy, de un concepto mío la ejecución a tus
aplausos fío. […] Seremos, yo el Autor, en un instante, tú el teatro, y el hombre el recitante.
MUNDO —Autor generoso mío, a cuyo poder, a cuyo acento obedece todo, yo, el gran Teatro del
mundo, para que en mí representen los hombres, y cada uno halle en mí la prevención que le
impone al papel suyo, como parte obediencial, que solamente ejecuto lo que ordenas, que aunque
es mía la obra, es milagro tuyo. […] ¡Venid, mortales, venid a adornaros cada uno para que
representéis en el Teatro del mundo!
Pedro CALDERÓN DE LA BARCA (1655): El gran teatro del mundo
Todo cuanto inventó la industria humana ha sido perniciosamente fatal y en daño de sí misma:
la pólvora es un horrible estrago de las vidas, instrumento de su mayor ruina, y una nave no
es otro que un ataúd anticipado. Parecíale a la muerte teatro angosto de sus tragedias la tierra
y buscó modo cómo triunfar […] ¡Oh suerte oh cielo oh fortuna!, aun creería que soy algo, pues
así me persigues; y cuando comienzas no paras hasta que apuras: válgame en esta ocasión el
valer nada para repetir de eterno.
Baltasar GRACIÁN (1651-1657): El criticón
Andreas SOLARO (AFP via Getty Images)
(2023): Teatro San Carlo, [Nápoles,
tomada para El Viajero.El País ]
Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
Federico GARCÍA LORCA (1929-1930) «Ciudad sin sueño (Nocturno de Brooklyn Bridge)»,
de Poeta en Nueva York (fragmento)
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime GIL DE BIEDMA (1968) «No volveré a ser joven», de Poemas póstumos
El tópico del Vita somnium 'la vida como un sueño ' . Se asocia la existencia humana a la inconsistencia de los sueños, a la
irrealidad que parece moverlos. Tan fugaz y huidiza se presenta que parece como si en realidad no existiera. Es un concepto
muy propio del Barroco, donde lo encontramos, por ejemplo, en La vida es sueño, de Calderón de la Barca.
LINIERS (2018): «Los sueños, sueños son»,
de Macanudo El País semanal
Didier LOURENÇO (2022): Busy Dreaming
SEGISMUNDO — Dulce soñar y dulce congojarme,
Es verdad, pues: reprimamos cuando estaba soñando que soñaba;
esta fiera condición, dulce gozar con lo que me engañaba,
esta furia, esta ambición, si un poco más durara el engañarme;
por si alguna vez soñamos.
dulce no estar en mí, que figurarme
Y sí haremos, pues estamos
podía cuanto bien yo deseaba;
en mundo tan singular,
dulce placer, aunque me importunaba
que el vivir sólo es soñar;
que alguna vez llegaba a despertarme:
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña ¡oh sueño, cuánto más leve y sabroso
lo que es, hasta despertar. me fueras si vinieras tan pesado
Sueña el rey que es rey, y vive que asentaras en mí con más reposo!
con este engaño mandando,
Durmiendo, en fin, fui bienaventurado,
disponiendo y gobernando; y es justo en la mentira ser dichoso
y este aplauso, que recibe quien siempre en la verdad fue desdichado.
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte Juan BOSCÁN (1543): «Soneto LXI: Dulce soñar y dulce
la muerte (¡desdicha fuerte!): congojarme», de Las obras de Boscán con algunas de
Garcilaso de la Vega
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
Es un sueño la vida,
en el sueño de la muerte! pero un sueño febril que dura un punto.
Sueña el rico en su riqueza, Cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo…
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
¡Ojalá fuera un sueño
su miseria y su pobreza; muy largo y muy profundo,
sueña el que a medrar empieza, un sueño que durara hasta la muerte…!
sueña el que afana y pretende, Yo soñaría con mi amor y el tuyo.
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión, Gustavo Adolfo BÉCQUER (1868): «Rima LXXX», de Rimas
todos sueñan lo que son, Bécquer reunió sus rimas en El libro de los gorriones. La obra póstuma,
Rimas, editada en 1871 tiene 76 rimas. La edición considerada definitiva
aunque ninguno lo entiende. contiene diez más.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Pedro CALDERÓN DE LA BARCA (1635):
«Monólogo de Segismundo» Jornada 3,
escena 19, de La vida es sueño
La vida es sueño (2012)
ENLACE
MONÓLOGO DE SEGUISMUNDO (2’18”)
Alfonso RUIZ DE AGUIRRE (12/09/2024)
Calderón. La vida es sueño
ENLACE
Frederic LEIGHTON (1895): Sol ardiente de junio,
(14` 32”) [Museo de Arte de Ponce, Puerto Rico]
3. 9. quejidos sordos
A veces nos ahogan las anclas del dolor y esperamos remontar el vuelo con las alas de la esperanza. Isabel Allende en
Paula (1994) escribe: «el dolor es inevitable en el paso per esta vida, pero dicen que casi siempre es tolerable si no se le
opone resistencia y no se agregan miedo y angustia». Y también dice que «cuanto más profunda es la herida, más privado
es el dolor.»
Yo no sé lo que busco eternamente
El yo poético de Rosalía de Castro busca esa felicidad
en la tierra, en el aire y en el cielo;
que llegó a experimentar en el pasado y, finalmente,
yo no sé lo que busco; pero es algo
acepta que tal dicha es irrecuperable. Se manifiesta
que perdí no sé cuándo y que no encuentro,
el choque entre los deseos (de felicidad) y la realidad,
aun cuando sueñe que invisible habita
lo que da lugar al desengaño.
en todo cuanto toco y cuanto veo.
Métricamente, se trata de silva arromanzada con
rima asonante en los versos pares: 11- 11A 11- 11A 11- 11A
Felicidad, no he de volver a hallarte // 11- ,11A, 7- 7a,
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
¡aun cuando sé que existes
y no eres vano sueño!
Rosalía de CASTRO (1884): «Yo no sé lo que busco eternamente», de En las orillas del Sar
Hoy como ayer, mañana como hoy, Voz que, incesante, con el mismo tono,
¡y siempre igual! canta el mismo cantar,
Un cielo gris, un horizonte eterno gota de agua monótona que cae
y andar... andar. y cae, sin cesar.
Moviéndose a compás, como una estúpida Así van deslizándose los días,
máquina, el corazón. unos de otros en pos;
La torpe inteligencia del cerebro, hoy lo mismo que ayer...; y todos ellos,
dormida en un rincón. sin gozo ni dolor.
El alma, que ambiciona un paraíso, ¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
buscándole sin fe, del antiguo sufrir!
fatiga sin objeto, ola que rueda Amargo es el dolor, ¡pero siquiera
ignorando por qué. padecer es vivir!
Gustavo Adolfo BÉCQUER (1868): «Rima LVI», de
Rimas
Fue una clara tarde, triste y soñolienta —No sé qué me dice tu copla riente
tarde de verano. La hiedra asomaba de ensueños lejanos, hermana la fuente.
al muro del parque, negra y polvorienta... Yo sé que tu claro cristal de alegría
ya supo del árbol la fruta bermeja;
La fuente sonaba. yo sé que es lejana la amargura mía
Rechinó en la vieja cancela mi llave; que sueña en la tarde de verano vieja.
con agrio ruido abrióse la puerta
Yo sé que tus bellos espejos cantores
de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
copiaron antiguos delirios de amores:
golpeó el silencio de la tarde muerta.
mas cuéntame, fuente de lengua encantada,
En el solitario parque, la sonora cuéntame mi alegre leyenda olvidada.
copia borbollante del agua cantora
me guió a la fuente. La fuente vertía —Yo no sé leyendas de antigua alegría,
sobre el blanco mármol su monotonía. sino historias viejas de melancolía.
Fue una clara tarde del lento verano...
La fuente cantaba: ¿Te recuerda, hermano, Tú venías solo con tu pena, hermano;
un sueño lejano mi canto presente? tus labios besaron mi linfa serena,
Fue una tarde lenta del lento verano. y en la clara tarde dijeron tu pena.
Respondí a la fuente: Dijeron tu pena tus labios que ardían;
la sed que ahora tienen, entonces tenían.
No recuerdo, hermana,
mas sé que tu copla presente es lejana. —Adiós para siempre la fuente sonora,
del parque dormido eterna cantora.
Fue esta misma tarde: mi cristal vertía
Adiós para siempre; tu monotonía,
como hoy sobre el mármol su monotonía. fuente, es más amarga que la pena mía.
¿Recuerdas, hermano?... Los mirtos talares,
que ves, sombreaban los claros cantares Rechinó en la vieja cancela mi llave;
que escuchas. Del rubio color de la llama, con agrio ruïdo abrióse la puerta
el fruto maduro pendía en la rama, de hierro mohoso y, al cerrarse, grave
sonó en el silencio de la tarde muerta.
lo mismo que ahora. ¿Recuerdas, hermano?...
Fue esta misma lenta tarde de verano. Antonio MACHADO (1903): «Poema VI», de Soledades
En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo! Antonio Machado habla de su tristeza, de su melancolía,
Abierto en mil heridas, cada instante, recordando que esta no es nueva, que es la de siempre. establece
cual mi frente, con la “fuente” un diálogo, que le hace volver la mirada hacia
tus olas van, como mis pensamientos, dentro de sí, hacia el pasado, y encontrar un momento análogo
y vienen, van y vienen, al presente. El diálogo se convierte en un monólogo.
El tema es la soledad del poeta, Juan Ramón Jiménez (similar
besándose, apartándose,
a la soledad del mar). Se establece un paralelismo entre el poeta
en un eterno conocerse,
(sus contradicciones, la lucha por encontrarse a sí mismo) y el
mar, y desconocerse. mar (la lucha interna de las olas).
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente...
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!
Juan Ramón JIMÉNEZ (1916): «Soledad», de Diario de un poeta recién casado
Mi presente una isla
rodeada de amor por todas partes,
sin esperanzas, sin recuerdos,
donde todas las aves
son besos que se esconden
en las frondas sangrientas.
Estoy tan insensible,
que el mundo inexistente
es como un doble sueño
que no me sobresalta.
El espacio está en fuga
y el tiempo lo persigue.
Vivo para olvidar,
perdida la esperanza,
surcado por un río
que brota de mi pecho,
que crece para ahogarme,
borrándome del mundo con sus aguas.
Manuel ALTOLAGUIRRE (1936): «Mi presente», de
Nuevos poemas de las islas invitadas
Me busco y no me encuentro. Edvard MUNCH (1893): El grito,
Rondo por las oscuras paredes de mí misma, [Galería Nacional de Oslo, (Noruega)]
interrogo al silencio y a este torpe vacío
y no acierto en el eco de mis incertidumbres.
No me encuentro a mí misma.
Robert CAPA (1937): Mujer anciana llorando
Y ahora voy como dormida en las tinieblas,
junto a una niña, [International Center of
Tanteando la noche de todas las esquinas. Photography, Nueva York]
Y no pude ser tierra, ni esencia, ni armonía,
que son fruto, sonido, creación, universo.
No este desalentado y lento desgranarse
que convierte en preguntas todo cuanto es herida.
Y rondo por las sordas paredes de mí misma esperando el momento de descubrir mi sombra.
Josefina de la TORRE (1968): «Me busco y no me encuentro»,
de Marzo incompleto
Domènec TERRADELLAS (1743): «Qui non
senti al mio dolore», de la ópera Merope
ENLACE
(8`)
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.
Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.
Jaime GIL DE BIEDMA (1959): «Noches del mes de junio», de Compañeros de viaje
Con el nomadismo del dolor alterno, sin más columna vertebral que el reposabrazos del sueño inducido,
respiro la jactancia de la bestia y sus escamas. Dedicatoria sin oración ni sangre vertida, así la ofrenda
que su lengua de sable desdeña. Poco le importa la humildad del que se cede con manos de luz, de quien
le marca el camino de las no efemérides, cruces de sal que no tuve…
Marta AGUDO (2021): «32», de Sacrificio
Es un retrato de la soledad en la gran ciudad (en este caso Nueva
Edward HOPPER (1942): Noctámbulos, York). El espectador espía desde la calle esta cafetería sin puerta.
[Art Institute of Chicago, Chicago] Los personajes en silencio, perdidos en sus pensamientos no
interactúan entre ellos.
La angustia vital se incrementa con la Guerra Civil. La contienda, los muertos. Vencidos y vencedores han perdido. La demografía calcula
que el conflicto causó casi unos 540.000 muertos, pero su perjuicio sobre la población española no se limitó a los fallecidos.
Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años -que eran
(LA JUNQUERA) la quinta parte de toda mi vida-,
Carretera en huida, yo había experimentado sensaciones distintas.
cómo lloran los niños Imaginé más tarde
junto a ese baúl, mundo lo que es la lucha en calidad de hombre.
abierto en la cuneta. Pero como tal niño,
Ya no hay sitio en la casa, la guerra, para mí, era tan sólo:
¿La única esta noche? suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
Un caballo se ha muerto cementerios de coches, pisos
al borde del camino abandonados, hambre indefinible,
y no lo han devorado sangre descubierta
solamente las moscas. en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
Pronto llegará el día lo que el frágil rumor de los cristales
con sus incertidumbres, después de la explosión,
hay alguien que regresa y el casi incomprensible
a lo que no se sabe. dolor de los adultos,
Otros siguen caminos sus lágrimas, su miedo,
Que nadie les señala. su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
Allá en la frontera entraban en mi alma
se alza una línea oscura… para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
Ernestina de CHAMPOURCIN (1978):
«Carretera de huida», de Primer exilio prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
Aquellos interminables -papeles y retratos
¡Treinta y dos meses de «Cruzada»! en medio de la calle...
(Ni «Cruzada» ni guerra ¡degollina!) Todo pasó,
Para mí, lo peor del siglo veinte. todo es borroso ahora, todo
Fue el crimen a sangre fría, menos eso que apenas percibía
duró tres años, en aquel tiempo
ese horror lo viví día a día, y que, años más tarde,
en plena juventud resurgió en mi interior, ya para siempre:
tuve hambre y frío este miedo difuso,
muriendo y conviviendo esta ira repentina,
con el cadáver de mi alegría. estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.
Gloria FUERTES (1995): «Memoria del 36», Ángel GONZÁLEZ (1967): «Ciudad Cero»,
de Mujer de verso en pecho de Tratado de urbanismo
Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la
leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
Dámaso ALONSO (1944): «Insomnio», de Hijos de la ira
O también Los atentados del 11 de marzo de 2004, conocidos por el numerónimo 11M, fueron una serie de ataques terroristas producidos en
España en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid en Atocha. Fallecieron 192 personas y alrededor de dos mil resultaron heridas
aquel día.
1. Ana, madre, el once de marzo
Estamos en Madrid. Y es jueves, once de marzo de dos mil cuatro.
Enfermería de Residencia de Ancianos. ANA, una anciana con principio de demencia senil, está
sentada haciendo murmuraciones. Habla para una silla de cuyo respaldo cuelga una chaqueta de
hombre.
ANA — Te tengo dicho que vengas los martes a verme. Los martes me dan pastas buenas, de esas
de chocolate, para merendar. Esas que a ti te gustan tanto. Y yo quiero que te las comas tú. Pero que
te las comas los martes. Luego, hijo, se van secando. Y, aunque te las guardo en la mesilla de noche,
se van secando, con el tiempo, se quedan hechas un asco, un asco. (De súbito, triste.) A veces el
chocolate viejo parece sangre. Sangre inocente. (Hace un gesto como si se quitara un pájaro de la
cabeza.) Mira, esto es lo malo de parir de vieja. Si te hubiera tenido con veinte años ahora podría
estar cuidándote la hija. Pero, claro, Angelito, que yo te tuve con treinta y nueve, que se dice pronto.
Porque treinta y nueve de mi época son como cuarenta y nueve de esta. Vamos, que fue como un
milagro. Un milagro de Dios. Por eso te puse Ángel.
2. Ana, amante, el once de marzo
En una sala de estar, una mujer, con un teléfono apretado entre sus manos, escucha y mira
estremecida las desoladoras imágenes que transmite en directo la televisión. La mano le tiembla
cuando decide volver a marcar el número. Un gesto de decepción se apodera de su rostro inquieto y
delicado. Habla con el contestador.
ANA — ¡Maldito contestador! (Vuelve a marcar y otra vez sale el contestador.) Perdona, no me he
podido aguantar y te he llamado al trabajo. Ya sé que no te gusta, pero … compréndelo, estoy muy
preocupada. Ángel, me han dicho que no habías llegado y ya son las diez… tengo miedo. Ángel, ¿por
qué no me llamas?, ¿qué pasa? Estoy … estoy viendo las imágenes del atentado por televisión y es
horrible. Ya sé que tú sales antes de casa, que esa no es tu hora de coger el tren, pero… ¿Hola? ...
¡Maldito contestador!
El teléfono se corta. La mujer hace un gesto de fastidio. Sube el volumen de la televisión. Oímos
sirenas de ambulancias y policías que atraviesan a ritmo frenético la ciudad. La mujer deambula
aturdida por la habitación sin dejar de mirar la pantalla. Los diferentes sonidos suenan en los bolsos
y en las chaquetas de los heridos, de los muertos que yacen en los andenes de las estaciones
atacadas.
3. Ana, esposa, el once de marzo
En una pequeña sala de hospital. Al frente dos puertas con sendos números. Puerta número 1. Puerta
número 2.
ANA, una mujer delgada y joven, espera trémula a que la llamen. A los pies tiene una bolsa grande
de plástico verde medio llena. De vez en cuando, de dentro de la bolsa, suena un teléfono móvil. ANA
se sobresalta, intenta abrir la bolsa para cogerlo, pero se arrepiente y lo deja sonar. Coge su propio
teléfono móvil y marca un número.
ANA —Mamá, soy yo. (…) No, no sé todavía nada, pero ya me han hecho pasar a la salita, ahora me
van a llamar. (…) Ya te he dicho que no sé nada, solo me han dicho que está aquí. Está aquí, mamá,
le están …atendiendo. (…) Me han dado su ropa y sus cosas en una bolsa. No, no te preocupes por
eso, a todos nos dan la bolsa con la ropa para que no se pierda nada. (…) ¿Cómo está la niña? (…)
Por favor, no le digas nada. Ponle los dibujos animados, que la niña vea los dibujos animados (…)
¿Yo? No, déjalo, prefiero estar sola. Mamá, te tengo que colgar, van a llamarme enseguida. Aquí solo
pasan a los que van a informar inmediatamente. Te llamaré en cuanto me digan algo. Te llamaré.
(Cuelga.)
Suena el teléfono móvil de dentro de la bolsa de plástico. ANA, en un impulso, va a tomarlo, luego se
arrepiente. Parece no ser capaz de meter la mano en el saco.
Paloma PEDRERO (2013): «Ana el once de marzo», de Pájaros en la cabeza
3.10. disfruta el momento
En el tópico del Carpe diem 'aprovecha el momento', procedente de Horacio, el poeta anima al lector a disfrutar el día, a gozar
del presente.
Relacionado con el tópico anterior, Collige, virgo, rosas 'coge, doncella, las rosas' invita a la mujer a gozar del amor antes de
envejecer. Procede del poeta latino Ausonio. Aparece en el soneto de Garcilaso mencionado anteriormente y también en
Góngora y otros poetas renacentistas y barrocos.
CELESTINA — […] Goza tu mocedad, el buen día, la buena noche, el buen comer y beber. Cuando
pudieres haberlo, no lo dejes. Piérdase lo que se perdiere. No llores tú la hacienda que tu amo heredó,
que esto te llevarás de este mundo, pues no le tenemos más de por nuestra vida. ¡Oh hijo mío Pármeno,
que bien te puedo decir hijo, pues tanto tiempo te crié! Toma mi consejo, pues sale con limpio deseo de
verte en alguna honra. ¡Oh cuán dichosa me hallaría en que tú y Sempronio estuvieseis muy conformes,
muy amigos, hermanos en todo, viéndoos venir a mi pobre casa a holgar, a verme y aun a desenojaros
con sendas muchachas!
Fernando de ROJAS (1499) La Celestina. «Acto VII»
CELESTINA — […] Gozad vuestras frescas mocedades, que quien tiempo tiene y mejor le espera, tiempo
viene que se arrepiente. Como yo hago ahora por algunas horas que dejé perder cuando moza, cuando
me preciaban, cuando me querían. Que ya, ¡mal pecado!, caducado he, nadie no me quiere. ¡Que sabe
Dios mi buen deseo! Besaos y abrazaos, que a mí no me queda otra cosa sino gozarme de verlo. Mientras
a lamesa estáis, de la cintura arriba todo se perdona. Cuando seáis aparte, no quiero poner tasa,pues
que el rey no la pone.
Fernando de ROJAS (1499) La Celestina. «Acto IX»
El cultivo del Carpe diem y del Collige, virgo, rosas en la Edad Media está vinculado a la concienciación con la realidad de la muerte y
de la fragilidad humana, esencialmente por las numerosas epidemias que se dan en este periodo.
En el Renacimiento, el tópico del Collige, virgo, rosas aparece muy desarrollado en la poesía debido a que es uno de los topoi más
importantes de esta época, propio del hedonismo vitalista renacentista que percibe la mudanza del tiempo y la vertiginosa rapidez de
su tránsito.
En el Barroco, la literatura hereda los topoi de la antigüedad, de la Edad Media y del Renacimiento, pero intensificados con las nuevas
perspectivas del S. XVII, donde la existencia humana se concibe como un camino hacia la muerte. El del Carpe diem y el Collige, virgo,
rosas se vinculan con la fugacidad de la vida y de la belleza, la presencia inexorable de la muerte, el paso irremediable del tiempo y la
inestabilidad de todas las cosas.
William-Adolphe BOUGUEREAU (1884): La juventud de Baco, [Colección particular]
En tanto que de rosa y azucena Mientras por competir con tu cabello,
se muestra la color en vuestro gesto, oro bruñido, el sol relumbra en vano
y que vuestro mirar ardiente, honesto, mientras con menosprecio en medio el llano
enciende al corazón y lo refrena; mira tu blanca frente el lilio bello;
y en tanto que el cabello, que en la vena del oro mientras a cada labio, por cogello,
se escogió, con vuelo presto, siguen más ojos que al clavel temprano,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto, y mientras triunfa con desdén lozano
el viento mueve, esparce y desordena; del luciente cristal tu gentil cuello;
coged de vuestra alegre primavera goza cuello, cabello, labio y frente,
el dulce fruto, antes que el tiempo airado antes que lo que fue en tu edad dorada
cubra de nieve la hermosa cumbre. oro, lirio, clavel, cristal luciente,
Marchitará la rosa el viento helado, no sólo en plata o víola troncada
todo lo mudará la edad ligera, se vuelva, mas tú y ello, juntamente,
por no hacer mudanza en su costumbre. en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Garcilaso de la VEGA (entre 1533-1536):
Luis de GÓNGORA (1628): «CLXVI. Mientras por
«Soneto XXIII», de Las obras de Boscán
competir con tu cabello», de Manuscrito Chacón
con algunas de Garcilaso de la Vega
La obra de Garcilaso se publicó póstumamente, en un
Miró Celia una rosa que en el prado
principio bajo la supervisión de su amigo Juan Boscán, pero
ostentaba feliz la pompa vana al fallecer este es su viuda quien las publica en cuatro
y con afeites de carmín y grana volúmenes en Barcelona con el título de Las obras de Boscán
bañaba alegre el rostro delicado; y algunas de Garcilasso de la Vega.
Desde el año 1619 y hasta 1628, un año después de la muerte
y dijo: «Goza, sin temor del Hado, de Góngora, Antonio Chacón y Ponce recopila en tres
el curso breve de tu edad lozana, volúmenes las obras de Góngora en un códice manuscrito con
pues no podrá la muerte de mañana la guía del propio autor. Es Chacón quien asigna el número
quitarte lo que hubieres hoy gozado; romano al soneto.
y aunque llega la muerte presurosa
y tu fragante vida se te aleja,
no sientas el morir tan bella y moza: En estos sonetos aparecen los tópicos del Descriptio puellae, del
Carpe diem , del Collige, virgo, rosas y del Tempus fugit.
mira que la experiencia te aconseja Garcilaso y Góngora se dirigen a una muchacha. El
que es fortuna morirte siendo hermosa renacentista advierte a la joven que coja el dulce fruto de tu
y no ver el ultraje de ser vieja.» alegre primavera. El barroco, que goce su edad dorada antes de
que llegue la vejez y la muerte.
[Sor] Juana Inés de LA CRUZ (1689): «Soneto VI», Juana Inés de la Cruz habla de Celia. La muchacha dice en voz
de Inundación castálida alta sus pensamientos. «La rosa» es ella misma. Se propone
gozar sin temor a la muerte.
Lope se dirige a Laura para que aprecie la belleza juvenil, sino
Antes que el cierzo de la edad ligera que en los vv. 13-14, para apreciarse a uno mismo. Con «no te
seque la rosa que en tus labios crece esquives», le llama la atención sobre la importancia de
y el blanco de ese rostro, que parece encontrar el valor que tiene en sí misma, independientemente
cándidos grumos de lavada cera, del amor que los demás le dirijan. Urge a Laura, a aprovechar
su juventud antes de que el paso del tiempo la arruine.
estima la esmaltada primavera,
Peter WEIR (dir.) (1989) El club de los poetas
Laura gentil, que en su beldad florece,
muertos (fragmento)
que con el tiempo se ama y se aborrece, ENLACE
y huirá de ti quien a tu puerta espera.
(3’52”)
No te detengas en pensar que vives,
oh Laura, que en tocarte y componerte
se entrará la vejez, sin que la llames.
Estima un medio honesto, y no te esquives,
que no ha de amarte quien viniere a verte,
Laura, cuando a ti misma te desames.
Félix LOPE DE VEGA (1609): «Soneto XXV»,
de Rimas
Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligra
la sandalia viva de la primavera.
Ahora que mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
Después..., ¡ah, yo sé
que ya nada de eso mas tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
¡Tómame ahora que aun es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no mas tarde. Antes que anochezca Ouka LEELE (1997): La voluptuosidad
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
Juana de IBARBOUROU (1919): «La hora» de Las lenguas de diamante
IZAL (2015) «Copacabana», de Copacabana FUNZO & BABY LOUD, (2022): «Inmortales»,
de Inmortales
ENLACE
ENLACE
(3’18”) (3’12”)
Emilio del RÍO (28/7/2023) «Collige, virgo, rosas», del pódcast Locos por los clásicos
ENLACE
(24’08”)
«Sobre las rosas que nacen» es un poema latino de autor anónimo y de fecha incierta, en torno al IV d.C. Es un poema sobre la
fugacidad del tiempo que se plasma en la duración de la vida de las rosas. Termina con el famoso verso «collige virgo rosas», «coge,
muchacha, las rosas» que reivindica aprovechar la primavera de la vida, porque la juventud es tan breve como la efímera vida de las
rosas. El verso ha tenido una fortuna extraordinaria en la literatura europea. En la literatura castellana ha sido recreado por los
más grandes poetas, desde el inolvidable soneto «En tanto que de rosa y azucena» de Garcilaso de la Vega hasta el poema titulado
con el verso latino «Collige, virgo, rosas» de Luis Alberto de Cuenca, pasando por Góngora.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora de este poema está
formada por: «Lift me up» de Rihanna; «Lucky» de Ryam Adams y «As time goes by» por Dooley Wilson.
Estás ya con quien quieres. Ríete y goza. Ama.
Y enciéndete en la noche que ahora empieza,
y entre tantos amigos (y conmigo)
abre los grandes ojos a la vida
con la avidez preciosa de tus años.
La noche, larga, ha de acabar al alba,
y vendrán escuadrones de espías con la luz,
se borrarán los astros, y también el recuerdo,
y la alegría acabará en su nada.
Mas, aunque así suceda, enciéndete en la noche,
pues detrás del olvido puede que ella renazca,
y la recobres pura, y aumentada en belleza,
si en ella, por azar, que ya será elección,
sellas la vida en lo mejor que tuvo,
cuando la noche humana se acabe ya del todo,
y venga esa otra luz, rencorosa y extraña,
que antes que tú conozcas, yo ya habré conocido.
Francisco BRINES (1987): «Collige, virgo, rosas» de El otoño de las rosas
Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.
Luis Alberto de CUENCA (1996): «Collige, virgo, rosas» de Por fuertes y fronteras
Eres joven y todavía no eres consciente
de que ese regalo, esa energía,
cuando menos te lo esperas se acaba.
Doblará un día la esquina el autobús de la juventud
y no lo verás más, al menos no de esa manera.
Te encontrarás entonces
con las fuerzas justas
para buscar una alegría de bolsillo,
no habrá ya lugar para cometer viejos excesos.
Así que aprovecha ahora que el tiempo es tuyo
y no conoces los dolores
y ábrele las piernas a la vida.
No hace falta que te explique exactamente
lo que hay que hacer después.
MARWÁN (2018): «Eres joven» de Los amores imparables
PASA LA VIDA…
Sí, con buena salud y mala memoria
y, no te olvides, una amplia sonrisa.
.
Eric IDLE (1979): «Always Look on the Bright Emilio del RÍO (29/9/2023)
Side of Life Sing-Along », de B.S.O. La vida de «Sobre la brevedad de la vida. Séneca», del pódcast Locos
Brian por los clásicos
ENLACE ENLACE
(3’ 38”) (21’48”)
Nos quejamos de que la vida es corta, pero, como señala Séneca, la hacemos corta al desaprovecharla. En
su diálogo Sobre la brevedad de la vida, el filósofo hispanorromano defiende que «nuestra vida es
suficientemente larga si se invierte bien toda entera. Nuestra vida es muy extensa para quien se organiza
bien». ¿Cómo hacerlo? Debemos enforcarnos en actividades que enriquezcan nuestra mente en lugar de
perderlo en distracciones frívolas. Insiste en no postergar, que es uno de los principales males para vivir
una vida plena. También enfatiza la importancia de no aferrarse a las posesiones materiales ni
preocuparse demasiado por cosas efímeras.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora
de «Sobre la brevedad de la vida» de Séneca está formada por: «What a wonderful world» de Louis Armstrong;
«Forever ypung» de Rod Stewart y «Beatiful that way de Noa» (Achinoam Nini) de la película La vita è bella.
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Frida KAHLO (1954): Viva la vida
Me legaron valor. No fui valiente.
[Museo Frida Kahlo, Ciudad de México] No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
José Luis BORGES (1975): «El remordimiento»
de La moneda de hierro