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3 A ) Mariano Witis y Darío Riquelme

Hechos: A la salida de un asalto al banco Itaú-Buen Ayre de Béccar, en la mañana del 21 de septiembre de
2000, Darío Riquelme, de 16 años, y otro joven tomaron como rehenes a Mariano Witis y a Julieta Shapiro,
y huyeron en el auto de la chica. Luego de una persecución policial, los efectivos del Comando de Patrullas
de San Fernando acorralaron al vehículo y Champonois ejecutó por la espalda a Riquelme y a Witis, que se
encontraban en el asiento trasero del auto. Desde el momento en que ocurrieron los hechos, la policía
bonaerense procuró desvirtuar la responsabilidad de los funcionarios policiales por las muertes; plantó
pruebas falsas en la escena del crimen y buscó incriminar también a Witis.
Consecuencias: A lo largo de los tres años que duró la investigación, las familias de Witis y de Riquelme
unieron esfuerzos para exigir justicia por sus hijos y afirmaron que ambos habían sido víctimas de la
violencia policial.
En agosto de 2003 tuvo lugar el juicio contra Champonois por el doble homicidio de los jóvenes, en el cual
el CELS patrocinó a la familia de Riquelme. Luego de cinco días de audiencias en las que declararon más de
30 testigos y se presentaron pruebas que acreditaron la responsabilidad del ex policía por ambas muertes,
el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 3 de San Isidro condenó a Champonois a ocho años y medio de prisión
sólo por el asesinato de Witis. El tribunal consideró que el ex cabo no tenía responsabilidad por la muerte
de Riquelme y argumentó que había actuado en legítima defensa.
Un mes más tarde, tanto el fiscal como las querellas se presentaron en Casación para cuestionar la
sentencia por considerarla arbitraria y discriminatoria, en tanto diferenciaba entre la vida de ambas
víctimas. El 3 de marzo de 2005, la Sala I del Tribunal de Casación condenó al cabo también por el
homicidio de Riquelme, al que no consideró un acto de legítima defensa como había ocurrido en primera
instancia, y reenvió la causa a un nuevo tribunal para que fijase la pena por los dos asesinatos. Casi tres
años después, en diciembre de 2007, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 4 condenó a Champonois a 12 años
y 9 meses de prisión. El fallo fue apelado por la familia Witis y por el Ministerio Público Fiscal.
En agosto de 2009 se celebró una audiencia ante el Tribunal de Casación a la que asistieron todas las
partes. Dos años más tarde, la Sala I volvió a condenar a Champonois. El fallo incrementó el monto de la
pena a 15 años y tuvo en cuenta como agravantes la indefensión de ambas víctimas, el desmedido accionar
del policía y la edad de Riquelme.
B) Ezequiel Demonty
Hechos: La noche del 14 de septiembre de 2002, Ezequiel Demonty, de solo 19 años, regresaba de bailar
junto a un grupo de amigos en el barrio porteño de Constitución, Claudio Maciel, de entonces 14 años,
Julio Paz, de 18, y una adolescente llamada Gloria, de 17.
Los cuatro viajaron en taxi hasta el barrio Illia, en Pompeya. Allí, Ezequiel dejó una campera en su casa y los
cuatro caminaron hasta una remisería ubicada en la intersección de las calles Constancia y Cruz, donde
Claudio Maciel se iba a tomar un auto.
En ese momento arribó un patrullero de la seccional 34ª de la Policía Federal, al que minutos después se
les sumaron dos vehículos más. Con la excusa del robo de una bicicleta por la zona, los oficiales obligaron a
los jóvenes a tirarse al piso, los revisaron y los golpearon.
A Gloria la dejaron ir porque les hizo creer que estaba embarazada. Ezequiel Demonty y sus amigos se
llevaron la peor parte: los adolescentes fueron obligados a subir cada uno a un patrullero diferente y, con la
cabeza gacha, fueron trasladados a una calle que bordea el Riachuelo, en Pompeya.
Los oficiales, nueve en total, se colocaron en círculo alrededor de los chicos y los golpearon por segunda
vez al grito de "ahora van a sufrir" y "ahora los vamos a matar". Después, y como una práctica habitual por
esos años en el sur de la Ciudad, los obligaron a meterse al Riachuelo a punta de pistola.
Según consta en la causa, bajo las órdenes del entonces subinspector Gastón Somohano, el primero en
entrar a las oscuras aguas fue Ezequiel; el segundo Claudio; y el tercero Julio, que no sabía nadar. "¡Ahora
vas a aprender a nadar!", lo chicaneó uno de los policías. Todo, mientras los amenazaban y apuntaban con
sus armas.
Se cree que, una vez dentro del Riachuelo, Ezequiel Demonty braceó en dirección diagonal al puente,
mientras que Claudio Maciel fue en línea recta hacia el margen contrario y logró salir a la superficie. Julio
Paz, por su cuenta, llegó aferrarse a unas ramas hasta que notó que todos los policías se habían ido. Al cabo
de unos minutos, logró ver que Claudio le hacía señas en la orilla de en frente. Ambos se reencontraron en
el puente y, con una crisis de nervios, buscaron a su amigo sin éxito.
Al enterarse del episodio, los familiares del joven recorrieron la zona de inmediato. A los días, se les
sumaron buzos tácticos de la Federal y de Prefectura, medios de comunicación y decenas de allegados que
rogaban para que apareciera. Entre ellos, se encontraba Jessica, su novia, que por entonces estaba
embarazada de cuatro meses.
La olla del caso se destapó cuando el sargento primero Luis Funes, que también había participado del
hecho, pidió hablar con el jefe máximo de la Policía Federal y le contó lo que había pasado. Rápidamente, la
cúpula de la comisaría 34ª fue destituida.
Los restos de Ezequiel Demonty fueron finalmente encontrados siete días más tarde, el 21 de septiembre
de 2002. Su cuerpo había sido tragado por el agua al hundirse por el peso de su propia ropa.
Consecuencias: En 2004, fueron condenados a prisión perpetua el subinspector Gastón Somohano, a cargo
del operativo; el inspector Gabriel Alejandro Barrionuevo; y el cabo Alfredo Ricardo Fornasari, por los
delitos de tortura seguida de muerte, privación abusiva de la libertad y torturas reiteradas.
C) Gastón Galvan y Miguel Burgos
Hechos: En la madrugada del 25 de abril de 2001 los cuerpos de dos adolescentes aparecieron bajo un
puente en la localidad de José León Suárez, partido de San Martín, casi en el límite con San Isidro. Estaban
atados de pies y manos. Uno tenía once balazos y una bolsa en la cabeza, al otro le habían disparado siete
veces.
Luego se supo que uno de ellos era Gastón "El Monito" Galván, de 14 años, y el otro Miguel "Piti" Burgos, de
16 años. Los dos eran parte de un grupito de chicos recurrentemente detenidos por policías de Don
Torcuato. Precisamente allí habían estado detenidos la noche anterior y la corroboración de este dato fue la
que destapó la trama de persecuciones y aprietes policiales que habría terminado con el fusilamiento de los
dos chicos.
Aunque el caso de "El Monito" y "Piti" no fue el primero cronológicamente, ya que se habían registrado otros
en el año 2000, sí fue el primero en ser encarado como un posible fusilamiento policial. Y los datos reunidos
en la causa impulsaron la investigación de otros episodios similares anteriores y posteriores.
Según pudieron reconstruir los fiscales Héctor Scebba y Carlos Insaurralde —del Departamento Judicial de
San Martín— Galván y Burgos habían sido detenidos por policías de la comisaría de Don Torcuato la noche
del 24 de abril. Estaban cerca de una estación de servicio en la colectora de Panamericana y la Ruta 202
cuando dos policías de la seccional se acercaron a ellos y los llevaron detenidos.
Por testimonios de otros presos se corroboró que los dos llegaron a la seccional y fueron esposados a las
rejas de los calabozos durante varias horas. Pasada la medianoche, otros dos policías los sacaron de allí con
la excusa de trasladarlos a un instituto de menores. No se supo nada más de ellos hasta que aparecieron
muertos.
Los elementos de la causa indican que esos policías fueron Marcos Bressán (hoy detenido) y Marín Ferreira
(prófugo) y que llevaron a Galván y a Burgos a un descampado. Allí los habrían atado, fusilado y luego
cruzaron a San Martín para tirar los cuerpos debajo de un puente.
Consecuencias: Por lo ocurrido, otros seis suboficiales de Don Torcuato (investigados ahora por casos
similares) fueron procesados por privación ilegal de la libertad, pero luego lograron la excarcelación.
Los fiscales de San Marín allanaron la comisaría y lograron confirmar que los chicos habían sido detenidos
ilegalmente y que los habían llevado luego con rumbo desconocido. También descubrieron que los
proyectiles encontrados en el lugar del crimen eran de origen austríaco, de gran poder, e idénticos a los que
usaba en su arma, y solía mostrar, el policía Bressán.

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