SP2023 - Vt21 - Danielle Lins Lima Leal
Reflexiones preseminario
El sí de las niñas es una obra teatral neoclásica. El neoclasicismo tenía como visión el arte al
servicio de la cultura y de la educación, pretendiendo transformar la sociedad, contribuir para su
progreso (didactismo), con una vuelta al estilo más clásico de arte - más sereno, de buen gusto
(Platas Tasende, 2017:333, 451-452). En ese contexto, el teatro neoclásico tenía como rasgos la
visión de que (i) el teatro era para el deleite pero también la educación - el amor, la virtud y la
aversión al vicio eran temas constantes en la comedia, por ejemplo, según Luzán (Magrinyà,
2021:5) - y (ii) la verosimilitud es importante, la realidad se imita de modo creíble y se presenta
dentro de unidades estructurales: acción, lugar y tiempo deben seguir algunas reglas (Platas
Tasende, 2017:451-452). Los autores de la época suelen seguir la estética de la Ilustración,
incluido Moratín, ya que para ser buen dramaturgo era esencial cumplir las reglas de las
unidades, explicadas por Luzán (Magrinyà, 2021:4-5). La defensa de Moratín a las unidades,
según Martínez Mata (en Moratín, 2004:35-36), tiene que ver con la convicción de que ellas
posibilitan más verosimilitud a la obra, ya que vienen de la experiencia, de la observación. Para
él, es especialmente importante la acción, que sea solamente una, un enredo. Moratín tiene
consciencia de que las unidades solas no pueden producir arte, eso viene del talento. Pero ellas
son un buen camino para una obra teatral buena y creíble.
En la unidad de acción hay un tema principal en torno del que todo gira y todos los
acontecimientos son esenciales. En la unidad del lugar se habla del espacio donde todo pasa y él
debe ser solamente uno (una habitación, un lugar etc.), sin cambios durante la obra. Por fin, en la
unidad del tiempo hablamos del tiempo en que todo pasa y la recomendación es que no supere
las 24 horas. (Magrinyà, 2021:10). En El sí de las niñas, la unidad de acción se cumple bien, las
acciones que ocurren están bien conectadas y tienen sentido, siendo esenciales para el desarrollo
de la boda entre Paquita y Carlos: don Diego y Paquita se conocen, don Carlos es un familiar de
don Diego, don Carlos llega al lugar en que están. Todo es necesario y contribuye con el sentido
de la obra. La obra cumple también la regla de la unidad de espacio: todo se pasa en un mismo
lugar, aunque se haga referencia a otros. Moratín aclara que “la escena es en una posada en
Alcalá de Henares” (Moratín, 2006). Finalmente, la unidad del tiempo es también cumplida por
Moratín: "la acción empieza a las siete de la tarde y acaba a las cinco de la mañana siguiente"
(Moratín, 2006), estando dentro del límite de 24 horas.
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Cuando pensamos en el mundo que presenta Moratín en su comedia y en lo que sabemos
de la realidad social de la época en que fue escrita, vemos cómo el autor logra conectar con los
valores predicados en ese momento e iluminarlos profundamente con sus ideas de reforma. El
teatro del autor pone en primer plano la ética y las opciones individuales. Esto demuestra el
compromiso de Moratín con las ideas de la Ilustración, con el propósito educativo de El sí de las
niñas, que celebra la moral, la corrección, frente a los costumbres de sumisión del ser humano.
La crítica social en la obra apunta a uno de los pilares de la Ilustración: la libre crítica (Garcia
Lopez, 2009:391). En la época en que se escribió El sí de las niñas, era común que los
matrimonios fueran de conveniencia, entre hombres viejos y niñas de clase social más baja,
cuyas familias buscaban estabilidad financiera. Las familias presentaban a sus hijas como
sumisas, obedientes, puras (estas eran las cualidades importantes en estos matrimonios) y
obligaban a las niñas a fingir interés en sus prometidos. Esta realidad se refleja a la perfección en
El si de las niñas. Paquita, la niña, es completamente obediente y sumisa a los deseos de su
madre, Doña Irene, como lo demuestra la cita de la Escena IV: “No, señora. Créame usted. La
Paquita nunca se apartará de su madre, ni la dará disgustos” (Moratín, 2006). La madre tenía
plena convicción del beneficio económico del matrimonio y como eso arreglaría la vida de la
familia, confirmando las relaciones económicas entre clases:
DOÑA IRENE.- No es esto reñirte, hija mía; esto es aconsejarte. Porque como tú no tienes
conocimiento para considerar el bien que se nos ha entrado por las puertas... Y lo atrasada que me
coge, que yo no sé lo que hubiera sido de tu pobre madre... Siempre cayendo y levantando...
Médicos, botica... Que se dejaba pedir aquel caribe de Don Bruno (Dios le haya coronado de
gloria) los veinte y los treinta reales por cada papelillo de píldoras de coloquíntida y asafétida...
Mira que un casamiento como el que vas a hacer, muy pocas le consiguen. Bien que a las
oraciones de tus tías, que son unas bienaventuradas, debemos agradecer esta fortuna, y no a tus
méritos ni a mi diligencia... ¿Qué dices? (Moratín, 2006)
Don Diego, un personaje liberal para la época, plantea la idea de que mujeres (o más,
hijos e hijas en general) no tienen que obedecer a sus padres. Como es el caso de Paquita y
Carlos, dos personajes que curiosamente, aunque representen la rebeldía contra los costumbres,
son muy moderados y no terminan juntos porque hicieran una oposición a Dona Irene, sino por
cuenta del buen senso de Don Diego, que representa, por otro lado, una reforma razonable de los
costumbres proveniente del didactismo del arte (en línea con el Neoclasicismo).
La crítica hecha por El sí de las niñas, aunque más social, estaba también direccionada al
Estado-Eclesiástico de una forma moderada, pero bastante visível para generar problemas con la
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Inquisición. La crítica se hace de forma sutil por Moratín al desafiar la autoridad que la Iglesia
impone al individuo. La Iglesia calla y acepta los matrimonios y el autor va en contra de esa
autoridad. Además, critica en la obra de forma general la educación que se le da a las niñas, la
cual suele ser una educación religiosa - el hecho de que Paquita haya estado en un convento ha
inferido en su actuar: “yo me hago cargo, querida Paquita, de lo que habrán influido en una niña
tan bien inclinada como usted las santas costumbres que ha visto practicar en aquel inocente
asilo de la devoción y la virtud” (Moratín, 2006). La religión era el factor decisivo y el arma que
los padres usaban para dominar a las niñas y a las mujeres de la época. Pero para tomar un
ejemplo más concreto del libertinaje a la Iglesia, es una burla muy graciosa llamar a una madre
de Circuncisión. En la cita abajo ese hecho refleja el “hazmerir” criticado por el censor Fray
Muñoz (en Andioc, 1989: 154-155):
DON DIEGO: [...] Su hija de usted es una niña muy honrada, y no es capaz de deslizarse... Lo que
digo es que la madre Circuncisión, y la Soledad, y la Candelaria, y todas las madres, y usted, y yo
el primero, nos hemos equivocado solemnemente. La muchacha se quiere casar con otro, y no
conmigo… [...] (Moratín, 2006)
En todo caso, es cierta la relevancia que tuvo la condición de francmasón de Moratín para
la censura hecha por la Inquisición a El sí de las niñas. Cantarino (1999:233) relata la
importancia de las sociedades secretas, de que la más relevante era la francmasonería, en la
defensa de una religión humanitária y universal, más razonable, y de la libertad política y mismo
religiosa del individuo. Eso sí era algo que la Inquisición abominaba. Un francmasón tener
successo con una obra teatral que denigre la imagen de la Iglesia no era algo aceptable.
Por fin, toda la reflexión hecha en este trabajo puede ser resumida en el sentido del título
de la obra: El sí de las niñas no es una história sobre el sí duvidoso que Paquita dio a Don Diego
en relación a un matrimonio de conveniencia, sino una reflexión sobre el sí de todas las niñas de
la época (así el título se refiere a niñas en el plural). Tratase de un sí determinado por los
costumbres sociales y religiosos en un tiempo de opresión, en que el individuo y sus voluntades
no se valoraban para que tradiciones irracionales se perpetuasen. El título es la propia crítica y es
tan brillante cuanto la obra.
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Bibliografía
Andioc, R. (1989). Lectures inquisitoriales de El sí de las niñas. Cahiers de l’Université
[Coloquio Critique sociale et conventions théâtrales, Pau, 1-3 de diciembre de 1988], 20, pp.
145-164.
Cantarino, V. (1999). Civilización y cultura de España. Upper Saldde River (NJ): Prentice-Hall.
Fernández de Moratín, L. (2006). El sí de las niñas. [En línea]. Disponible en
[Link] [Fecha de consulta: 08 de marzo de 2021]
Fernández de Moratín, L. (2004). El sí de las niñas. Ed. de Emilio Martínez Mata. Madrid:
Cátedra.
García López, J. (2009). Historia de la literatura española. Barcelona: Editorial Vincen Vives.
Platas Tasende, A. M. (2017). Diccionario de términos literarios. Barcelona: Editorial Espasa.
Magrinyà, Carles (2021). Teatro del siglo de las luces. [diapositivas de PowerPoint, en línea].
Disponible el Learn, Sp2023 (VT21, 100%, distans, Falun) [Fecha de consulta: 8 de marzo de
2021].