TEMA 2: TEORÍA FEMINISTA COMO
TEORÍA CRÍTICA (POSADA)
PUNTO 1: PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA Y MARCO CONCEPTUAL
La pretensión de la autora es, a partir de la lectura del feminismo de los años sesenta,
reconstruir una teoría feminista como una teoría crítica. Estaría definida por el modo por
el cual se estudia la violencia de género, pues solo desde ahí puede ser leída como un
discurso de poder, frente a las lecturas que equiparan ésta a cualquier otro tipo de
violencia, o a los discursos que abstraen la violencia de género a la desigualdad; o a las
que, aun haciéndolo, reducen el rechazo social a la condena pública. La base de su teoría
será la propuesta de Catherine MacKinnon que, como vimos en la lectura de Butler, es
una feminista radical de finales del siglo pasado.
PUNTO 2: EL CONCEPTO DE GÉNERO. ANÁLISIS DEL DISCURSO DE LA
VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
Uno de los grandes relatos de la modernidad que no han caído (porque se sigue
produciendo, no porque sean falsos) es el de la violencia contra las mujeres. El primer
punto por el cuál puede establecerse una teoría feminista como teoría crítica es señalar el
“gran relato” en el que está inserta. Para Posada, el gran concepto en el que está inserta
es lo que Michel Foucault llamo “dispositivo de la sexualidad”. Esto quiere decir que la
sexualidad humana responde a una compleja relación reticular que conforma de antemano
un discurso de poder. Por tanto, se trata de una concepción de la sexualidad que se
entiende como constructo de una red discursiva que forma los saberes y los poderes en
cada momento histórico.
Como otras autoras, Posada entiende que el género viene a designar que lo femenino y lo
masculino responden a construcciones culturales, políticas y sociales, que van más allá
de lo puramente biológico, sino que es necesario revisarla a la luz de esta nueva variable.
Así, será necesario estudiar el reparto de roles, la estratificación político-económco, etc…
para tratar de desvelar críticamente la pervivencia contemporánea de las relaciones de
poder de un sexo sobre otro.
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Así pues, estas teorías feministas, es posible partir de esta concepción de género, para
hacer reflexiones más concretas sobre la violencia de género. Y, para ello, de nuevo, hay
que decir también que hay que revisar en qué discurso está inserta esta violencia. Para
hacer ello, la autora hace una serie de consideraciones, que después desarrollará:
1. La violencia de género no es una patología, sino que es un problema político: es
necesario centrar que el punto nodal de esta violencia es la violencia de género,
es decir, un problema que remite de manera directa al problema de género como
constructo político, es decir, que responde a una construcción social.
2. La violencia de género no debería observarse desde un atomismo de parcelas:
desde diversas ópticas, por así decirlo, de las ciencias positivas o sociales, aunque
puedan dar luz en algunos aspectos concretos, pueden conducir a una atomización
del problema mismo, y que se acaba con ello sustituyendo la causa del hecho
violento por la descripción del mismo.
3. La violencia de género obedece a una causalidad que está inserta en un discurso
sobre la sexualidad y el poder: por ello, no podemos asimilar la violencia de
género insertándola dentro del discurso general sobre la violencia. Esto lo hacen
aquellos que quieren entender la violencia de género desde una óptica
“biologicista”, en la que se apela al carácter violento de chimpancés y orangutanes
o, también sobre lo que hay de innato o genético en la conducta violenta.
Es necesario separar la violencia de género de otros hechos categorizados como
violentos. Siguiendo a Carole Sheffield, no se trata de “violencia” en general, sino
que estaríamos hablando de una forma de agresión que está enraizada en la cultura
de tal manera que es percibida como el orden natural de las cosas. Esta forma se
caracteriza por ser “poder sexualmente expresado”.
Así pues, para poder entender donde hemos de situar la violencia de género para poder
cumplir todas estas condiciones, podemos decir: que la violencia de género es una
práctica de dominio que se establece en un tipo de sistema de dominación concreta, y ese
sistema de dominación socio-sexual que impone la dominación de un sexo sobre otro se
llama patriarcado.
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PUNTO 3: LA VIOLENCIA DE GÉNERO DESDE UN FEMINISMO COMO
TEORÍA CRÍTICA
Con esta idea, entonces resultará aún más fácil convenir en que la violencia de género no
es sólo una lacra que afecta al conjunto de la vida político-social, como se nos dice a
menudo, sino también un efecto que esta misma vida político-social sigue generando.
Esto es tanto como decir que la misma estructura social que, a través de diversos vehículos
de expresión (y también individualmente), condena el hecho en sí de esta violencia y sus
manifestaciones luctuosas, sin embargo, perpetúa a la vez las condiciones de dominio de
un sexo sobre otro como estructura central de relación; y, con ello, sigue haciendo posible
esa violencia.
Para mirar hacia esas causas, la perspectiva crítico-feminista lo que hace es situar los
datos de violencia contras las mujeres en una teoría de la desigualdad sexual, con lo que
hablar de esta violencia se entiende que es a ala vez hablar de igualdad y reivindicar
políticas públicas que la fomenten. Con este prisma, hay que establecer tres requisitos
para un análisis de violencia de género que quiere sustraerse en la órbita de un discurso
crítico-feminista:
1. En primer lugar, que este análisis trate la violencia contra las mujeres desde una
perspectiva teórica que persiga la transformación efectiva de las condiciones de
sumisión femenina, que todavía hoy perviven en nuestro mundo.
2. En segundo lugar, que inscriba la violencia sexual en el más amplio contexto
teórico de la desigualdad socio-sexual entre los sexos, que también sigue
perviviendo en la actualidad.
3. Por último, que no haga de la sexualidad femenina algo así como una esencia,
como si esa cosa hubiera existiendo siempre y fuera a existir al margen de ese
orden sexual desigualitario (a criticar esta posición se dedican las últimas páginas
del artículo).
Esta triple consideración parece claro que un discurso feminista sobre la violencia sexual
estará en la órbita de un discurso crítico, por el que la violencia contra las mujeres ha de
ser entendida siempre como violencia estructural. Es decir, que puede ser leída como un
acto sexual violento, pero que responde a causas que no lo hacen “violento sin más”.