República Bolivariana de Venezuela
Pontificia Universidad Católica Santa Rosa
Facultad de Ciencias Humanas y Sociales
Escuela de Comunicación Social
Cátedra: Formación Humano Cristiana VII
Sección: N09-O
José Gregorio Hernández: El Médico de los Pobres
Estudiante:
CRUZ B. MUÑOZ
C.I. 12.608.504
Profesora:
Nelly Aristigueta
Caracas, marzo 2025
Nacimiento e Infancia
José Gregorio Hernández Cisneros nació el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, un
pequeño pueblo del estado de Trujillo en Venezuela. Sus padres fueron Benigno
Hernández y Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros y Monsilla. Fue bautizado en
Escuque por el padre Victoriano Briceño, fueron sus padrinos Don Tomás Lobo y Doña
Perpetua Henríquez. Fue confirmado en 1867 por el señor arzobispo Juan Hilario Boset
y apadrinado por el presbítero Francisco de Paula Moreno en el pueblo de Betijoque.
A los trece años, José Gregorio manifestó a sus padres su deseo de estudiar derecho y
convertirse en abogado, pero su madre lo convenció de que en su lugar estudiara
medicina. A los catorce años viaja a Caracas a comenzar sus estudios en el Colegio
Villegas graduándose de Bachiller en Filosofía en 1884. Relata el Doctor Villegas, fiel
amigo de entonces y de siempre, que Hernández poseía un carácter taciturno y
callado, serio y reflexivo, poco jugaba con sus compañeros y en los recreos prefería
estudiar música y leer.
Estudios de Medicina
Ante la insistencia de sus padres decide estudiar medicina; una vez decidido enrumba
su mente por los caminos de la biología y no hay quien lo detenga, estudia con
voracidad, como impulsado por una fuerza interior, llegó a poseer una cultura
enciclopédica, era erudito y sabio, sometido a una recia disciplina; hablaba inglés,
alemán, francés, italiano, portugués, dominaba el latín, era músico, filósofo y poseía
profundos conocimientos de teología. Su formación científica fue sólida, labrada desde
los primeros años de estudios médicos por maestros de gran talla, entre los que se
contaban Adolfo Ernst y Adolfo Frydensberg.
Se doctoró en Medicina en la Universidad Central de Venezuela el 29 de junio de 1888;
en esos días en presencia del Rector, como era costumbre sacó dos temas o
ponencias que debía de desarrollar ante un jurado examinador, estos fueron:
1. La doctrina de Laennec, que asienta la unidad del tubérculo, frente a la escuela
de Virchow, que sostiene la dualidad.
2. La fiebre tifoidea típica de presentarse en Caracas.
Curiosamente estas estaban relacionadas con enfermedades bacterianas, campo en el
cual se verá centrada su profesión médica posteriormente, ya que es considerado el
fundador de la bacteriología en Venezuela. Al graduarse se va a su tierra natal a
prestar servicios médicos a los más necesitados. Estando allí recibe el llamado de uno
de sus profesores, Calixto Gonzáles, quien mucho lo distinguía y apreciaba, para que
regrese de inmediato a Caracas, pues lo había recomendado al gobierno para una
beca de estudios en Europa.
El presidente Rojas Paúl, por falta de médicos especialmente dedicados a la
experimentación en 1889, decreta que, por cuenta del gobierno, se nombre al joven
médico venezolano, de buena conducta y reconocidas aptitudes, para que se traslade a
Francia, a estudiar teoría y práctica en las especialidades de microscopia, histología
normal y patológica, bacteriología y fisiología experimental. José Gregorio Hernández
viajó a París y luego a Berlín donde estudió otras ramas de la medicina como:
bacteriología patología, microbiología, histología y fisiología. Tras su regreso a
Venezuela, se convirtió en médico principal del Hospital José María Vargas.
Docencia
Su obra cumbre en el terreno de la ciencia, aquella que lo coloca en el solio de los
grandes maestros de la medicina nacional, fue su obra docente, la de maestro insigne
que supo ser inspiración y símbolo para legiones de discípulos que enaltecieron su
memoria llevando sabiduría, decoro y honestidad a todos los rincones de Venezuela.
Es entonces, cuando comienza la enorme y fecunda labor del Dr. Hernández. Sus
actividades son desde entonces múltiples, como variadas sus actuaciones. Supo ser a
la vez, sin dejar de ser él mismo, científico connotado, profesor erudito, médico
eminente y sapientísimo, investigador infatigable, filósofo profundo, artista de refinada
sensibilidad, ciudadano intachable y sobre todo, hombre, de envidiables cualidades y
excelsas virtudes.
Este bien logrado conjunto de su peculiar personalidad, lo llevaron con sobrada razón,
a ocupar puesto prominente entre sus contemporáneos y a dejar después de su
muerte, una luminosa estela de imperecedera recordación. Las diferentes y variadas
facetas de su proteiforme personalidad, hacen de su vida un raro complejo, preñado de
no pocas interrogantes; pero en medio de esa complejidad, Hernández se presenta
siempre uno mismo, en la fina agudeza de su ingenio y en la permanente ejemplaridad
de su conducta, sin cambios acomodaticios, hipocresías, ni mentiras.
Fue siempre adversario sincero y declarado de la doctrina evolucionista, cuyos
postulados, por demostrativos que fueren, no aceptó nunca como verdades
confirmadas. Adscrito fielmente a la tradición bíblica, no creyó nunca en la evolución y
transformación sucesiva de las especies; fue creacionista en el sentido más amplio de
la palabra y jamás admitió transacción alguna entre las demostraciones de la ciencia,
especulativa o experimental, y la palabra sagrada de los profetas, por cuya voz se
trasmitió a la humanidad la revelación divina y la historia original de los seres que hoy
viven en la tierra.
Vocación Religiosa
El 16 de julio de 1908, José Gregorio Hernández llegó a la Cartuja de Farneta. Allí se
instruyó al aspirante a novicio sobre los pormenores de su vida futura y de todos los
detalles de la orden en la que iba a ingresar, al mismo tiempo que se comprobaba si su
vocación era puramente religiosa o si simplemente se trataba de reacción pasajera
ante circunstancias adversas de la vida de este mundo.
El período de postulado habría de durar un mes. Al cabo de este mes de postulado,
probada una vez más la voluntad y la vocación de José Gregorio, el Prior lo propuso
ante los frailes de la comunidad para la toma del hábito. En la sala de la Cartuja, José
Gregorio arrodillado a los pies del Prior, y con las manos de este entre las suyas,
respondió a las preguntas que éste le formulaba en latín.
Una vez concluido el interrogatorio, los frailes debían votar con respecto a la
aceptación de José Gregorio como cartujo, mientras el futuro novicio se retiraba a la
capilla en espera del resultado. Al contarse los votos de los frailes se comprobó la
mayoría de y José Gregorio fue conducido nuevamente a la sala del capítulo, donde
hubo de escuchar una nueva alocución del Padre Prior. José Gregorio, de rodillas
repitió su solicitud de ingreso en la orden, a lo que el Padre Prior respondió:
“En el nombre de Dios y de la Orden, en mi nombre y el de mis Hermanos, yo os
admito entre nosotros; y os prevengo de que hasta vuestra profesión vos sois libre de
retiraos, pero nosotros también, de nuestra parte, podemos despediros si vuestra
conducta nos desagrada”. Inmediatamente después le dio el “beso de paz”. Era el 29
de agosto de 1908. Con el nombre de Fray Marcelo nacía José Gregorio a una nueva
vida de duras privaciones, pues las reglas de la orden obligan al novicio a familiarizarse
desde el principio con todos los rigores de la vida cartujana.
Todo parecía indicar que Fray Marcelo tomaría finalmente el hábito y seguiría sin
tropiezos el camino que se había trazado; sin embargo, el señor tenía deparado un
destino diferente al fervoroso cartujo, pues la salud de José Gregorio se vio
quebrantada ante las duras reglas de la orden. El padre superior D. Rene, considero
prudente el que Fray Marcelo volviera a ser el Dr. José Gregorio Hernández y que
regresara por unos años a Venezuela hasta que su salud se viera totalmente
restablecida. A su regreso a Venezuela se dedicó a la docencia y practicar la medicina
en pro de los más humildes.
Muerte
El domingo 29 de junio de 1919, alrededor de las 2 de la tarde, solicitaron los servicios
de José Gregorio Hernández, ya era conocido como el “Médico de los pobres”, para
atender a una anciana que vivía entre las esquinas de Amadores y Cardones, en
Caracas. Primero pasó por la Botica de Amadores para comprar los medicamentos de
la paciente que se encontraba grave.
Fernando Bustamante, era un joven de25 años de edad, había nacido en Mérida el 30
de mayo de 1894. Era de profesión mecánico dental, casado y padre de un niño.
Bustamante tenía la licencia de conducir número 444, certificada por la Gobernación de
Caracas. El Hudson Essex de 1918 que conducía, era uno de los, aproximadamente,
700 vehículos que había en la ciudad; en el resto del país, existían unos cuatro mil. El
Cadillac B 1904 sería el primero en llegar a Venezuela.
Hacía cosa de media hora, que ese 29 de junio, Bustamante había cerrado su taller
para ir a comer. El tranvía eléctrico era uno de los medios de transporte público en
Caracas. La unidad número 27 era conducida por Mariano Paredes, y rumbo a La
Pastora coincide con Bustamante en el lugar del accidente. En Amadores, el tranvía se
detuvo y Bustamante lo intentó rebasar según narra el chofer en el Expediente 32 del
Juzgado de Instrucción del Departamento Libertador del Distrito Federal, letra B, año
1919.
Bustamante pisó el acelerador para darle un poco de velocidad al carro y embragar la
tercera velocidad para poder rebasar el tranvía. Sin embargo, en el momento en que
Bustamante iba a operar el cambio, ocurrió lo siguiente: una persona que, al pretender
esquivar el automóvil y junto con su acción de hacerse hacia atrás perdió el equilibrio
hasta que cayó de espaldas.
La reacción del mecánico dental fue inmediata: Detuvo el auto y reconoció en el suelo
al Dr. José Gregorio Hernández. Eran amigos por lo que Bustamante se bajó del auto y
le recogió ayudado por una persona desconocida y le llevé al hospital Vargas. Llamó al
policía de guardia y le explicó lo ocurrido. Pero como en ese momento no se
encontraba ningún médico en el hospital, acudieron en el mismo auto por el Dr. Luis
Razetti, el cual, se encontraba en su casa, lo llevaron inmediatamente al Hospital. Al
regresar, un sacerdote que venía saliendo informó que ya el Dr. Hernández había
muerto.
Beatificación
Pasaron décadas hasta que se cumplió el anhelo de millones de católicos venezolanos.
El 30 de abril de 2021 se oficializó la beatificación del "médico de los pobres”, José
Gregorio Hernández (1864-1919), en un acto con acceso limitado debido a la pandemia
del coronavirus.
La declaración como Beato se oficializó en una celebración en la iglesia del colegio La
Salle y fue encabezada por el nuncio apostólico de Venezuela, Aldo Giordano. En esa
ceremonia, a la que asistieron otras autoridades eclesiásticas, se leyó un documento
aprobado por el papa Francisco, quien respondió así a una solicitud elevada por el
cardenal venezolano Baltazar Porras.
"Con nuestra autoridad apostólica concedemos que el venerable siervo de Dios José
Gregorio Hernández Cisneros, fiel laico, experto en la ciencia y excelente en la fe, que
reconociendo en los enfermos el rostro sufriente del Señor como el Buen Samaritano,
los socorrió con caridad evangélica curando sus heridas del cuerpo y del espíritu, de
ahora en adelante sea llamado beato".
Canonización
El Santo Padre Francisco ha estipulado la Canonización del beato venezolano José
Gregorio Hernández, por lo que será proclamado santo. Así lo indicó el Papa Francisco
en el comunicado publicado este martes 25 de febrero de 2025, tras la audiencia
concedida en el Hospital Policlínico Gemelli, donde se encuentra internado, al Cardenal
Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, y a Monseñor Edgar Peña
Parra, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.
El Pontífice aprobó los votos favorables de la Sesión Ordinaria de los Padres
Cardenales y Obispos miembros del Dicasterio para las Causas de los Santos para
esta canonización, así como para la del Beato Bartolo Longo, fiel laico, nacido en
Latiano (Italia) el 10 de febrero de 1841 y fallecido en Pompeya (Italia) el 5 de octubre
de 1926. Al mismo tiempo, el Papa Francisco ha decidido convocar a un consistorio
para definir la fecha de ambas canonizaciones.