ESTÉTICA FILOSÓFICA
ANÁLISIS DE LA BELLEZA Y DEL ARTE
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1. LA REFLEXIÓN ESTÉTICA
Los seres humanos pertenecemos a una especie que se caracteriza por ser
curiosa. Queremos saber y controlar todo. Y para ello hacemos muchas cosas.
Algunas de nuestras actividades nos permiten conocer mejor aspectos del mundo
que nos rodea y les damos el nombre de ciencias. Otras están orientadas
directamente a facilitarnos la vida y las llamamos técnicas, y aunque requieren
conocimiento su valor fundamental es la utilidad. Pero hay otras actividades con
las que buscamos el disfrute sensorial, una comunicación emocional, evadirnos
del mundo real y adentrarnos en la ficción; constituyen la actividad artística y su
resultado son las bellas artes, cuyo objetivo común es la producción de lo bello.
Esta actividad ha dado lugar a una nueva ciencia de lo bello y del arte que es la
estética, rama de la Filosofía que se ocupa de las artes y de las experiencias que
tienen relación con la obra de arte.
La estética, también conocida como filosofía del arte, es una parte de la
Filosofía que se ocupa de problemas como los siguientes:
La cuestión acerca de qué es lo bello y, en definitiva, la belleza.
La relación entre naturaleza y arte y, en un sentido más amplio, entre el
arte y la realidad.
La distinción entre los objetos estéticos y objetos no estéticos.
El modo de valorar una obra de arte como, por ejemplo, desde la
perspectiva del contextualismo frente a la del aislacionismo.
2. LA EXPERIENCIA ESTÉTICA
La experiencia como forma de conocimiento es el medio que tenemos de
entrar en contacto con el mundo que nos rodea. Se inicia a partir de una relación
sensible con las cosas. Pero por experiencia entendemos también la comprensión
de esas mismas cosas a través de nuestra reflexión sobre lo que se nos presenta.
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Experiencia estética significa lo mismo que experiencia, es decir, el conocimiento
que resulta del contacto con los objetos a través de la sensación.
En la actualidad el concepto de estética se entiende de un modo más
restringido, como la ciencia que trata de la belleza y de la teoría del arte, por lo
que experiencia estética expresa la relación del ser humano con las creaciones
artísticas y, en general, con todo lo relacionado con la belleza. Esta relación se
entiende como una relación contemplativa que genera algún tipo de emoción. Y, a
su vez, la emoción estética es una emoción desinteresada producida por los
valores estéticos, entre los cuales destaca la belleza.
Los valores estéticos están incorporados a la obra de arte y sólo se pueden
captar a través de ella. Por eso, la experiencia estética es siempre una experiencia
que tiene que ver con la sensación porque requiere la presencia del objeto que la
provoca; pero supone también una manera específica de contemplar el objeto sólo
por él mismo, sin ningún otro tipo de interés. Por otra parte, el objeto de la
experiencia estética sólo llega a ser tal cuando lo contemplamos de un modo
especial, como algo más interesante de lo que simplemente es como objeto real.
Un cuadro es un trozo de lienzo sujeto a unos listones de madera, embadurnado
de pintura y colgado de una pared. Pero estéticamente el cuadro no es eso,
porque cuando lo contemplamos como obra de arte, vemos algo muy distinto en
él. Lo mismo sucede al contemplar la belleza de la naturaleza. Para que la belleza
pueda ser objeto de contemplación estética, tenemos que transformarla en
espectáculo, es decir, que al observar estéticamente un paisaje no podemos
pensarlo como un terreno en el que se pueden sembrar patatas o construir pisos.
Si hiciésemos tal cosa estaríamos frente a una huerta o un solar. En este sentido,
podemos hablar de dos tipos de objetos estéticos:
Objeto artístico: Creado artificialmente por el hombre con la intención de
suscitar una experiencia estética, como por ejemplo una pintura, una sinfonía, una
representación teatral, etc.
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Objeto natural: En este caso no se trata de una creación humana, sino que
simplemente esta ahí, y el hombre se lo encuentra, como por ejemplo una flor, un
atardecer, un paisaje, etc.
Aunque se considera la experiencia estética como un placer agradable a los
sentidos, conviene señalar que no puede limitarse a esto, puesto que también
resulta placentero a los sentidos un baño caliente, una agradable comida o un
masaje eficaz. Ocurre, no obstante, que mientras que estos últimos placeres
provocan sensaciones físicas inmediatas bastante agradables, los objetos
estéticos van más allá. Y es que en el goce estético hay una dimensión
emocional e intelectual que no surge automáticamente por el simple hecho de
colocarnos ante un objeto estético. En determinadas ocasiones contemplar una
obra de arte o un paisaje produce en nosotros una experiencia especial que nos
resulta difícil de comunicar y que supera la simple satisfacción de los sentidos.
Precisamente un rasgo característico de los objetos estéticos es que logran
comunicar lo lingüísticamente incomunicable.
3. LA ACTITUD ESTÉTICA
La experiencia estética es una emoción que ciertos objetos pueden provocar
en nosotros, pero sólo si nos acercamos a ellos de una determinada forma.
Solamente una actitud desinteresada puede proporcionarnos el placer
característico de la experiencia estética. En este sentido, mantener una actitud
interesada supone acercarnos a algo fijándonos en su utilidad y en el beneficio
que podemos extraer, mientras que mantener una actitud desinteresada significa
apartar esa finalidad utilitarista, esto es, aproximarnos al objeto estético sin
convertirlo en un medio o instrumento para nuestro provecho, sino respetándolo
como un fin en sí mismo. Para sentir una experiencia estética debemos evitar las
siguientes actitudes que, sin ser propiamente estéticas, a menudo acompañan la
contemplación artística y natural:
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Actitud cognoscitiva: Es la que mantiene quien se acerca a algo con la
intención de aprender y ampliar su conocimiento. Por ejemplo, quien se
acerque a una catedral gótica para conocer detalles arquitectónicos de
dicha catedral y del estilo gótico en general, no está teniendo una
experiencia estética.
Actitud decorativista: Es la que mantiene quien valora un objeto
estético sólo por la función y utilidad decorativa que puede
proporcionarle. Por ejemplo, quien compra un cuadro porque el estilo y
los colores combinan bien con los muebles del salón y la tapicería del
sofá.
Actitud crematística: Es la que mantiene quien se acerca a algo
movido por el interés económico y especulativo o por el prestigio social y
económico que supone su posesión.
4. EL CONCEPTO DE BELLEZA
A lo largo de la historia, los filósofos han tratado de responder a cuestiones
relacionadas con la estética, tales como: ¿Qué es lo que hace estético a un
objeto? ¿En qué consiste la belleza? El resultado es el intento de responder a este
tipo de preguntas desde dos posturas diferentes: el objetivismo y el subjetivismo.
La belleza es objetiva: Para los filósofos pertenecientes a la escuela
pitagórica, allá por el siglo VI a.C., más que hablar de belleza hay que
hacerlo más bien de armonía. Para ellos belleza es una unidad de
elementos organizados con cierta proporción, la cual se ha de entender
de un modo matemático en el conjunto de una estructura que se capta
con la vista o con el oído. Surgen así los cánones de belleza del arte
griego. Dichos cánones consideran que la belleza es calculable
matemáticamente, por estar sometida a reglas que representan o
expresan una ley universal. Se trata de un concepto de belleza racional,
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perceptible e inteligible. Además, la belleza es considerada como una
propiedad de las cosas y que está relacionad con la bondad de las
mismas. Lo bello es bueno y lo bueno es bello. La naturaleza es el
modelo de belleza que el arte representa.
La belleza es subjetiva: A partir del siglo XVIII, se empiezan a tener en
cuenta el punto de vista del sujeto que contempla la belleza. Se atiende
cada vez más a la capacidad que tiene el hombre de emocionarse ante
la belleza. Surge así el concepto subjetivo de la belleza, que va
adquiriendo importancia a la vez que se rechazala idea de la belleza
como simple armonía matemática. Se piensa que es la fantasía, como
capacidad de combinar imágenes, la que hace posible la emoción y la
creación estética. La contemplación de la belleza produce placer en el
sujeto, precisamente porque la belleza depende de la relación entre el
sujeto que contempla y el objeto. En el arte se empieza a dar más
importancia a la creación imaginativa que a la puramente imitativa.
De igual manera que existen dos tipos de objetos estéticos (natural y
artístico), existen también dos clases de belleza:
Belleza natural: Es la que suscitan los objetos naturales.
Belleza artística: Es la que generan las creaciones artísticas del ser
humano, es decir, las obras de arte.
La relación entre estas dos clases de belleza ha variado a lo largo del
tiempo. Mientras la concepción estética fue naturalista y mimética, la belleza
artística se hizo depender de la belleza natural. Entonces, se consideraba que el
arte era bello en la medida en que lograba reproducir la armonía y perfección de
los objetos naturales. En la Modernidad, en cambio, se da un proceso de
independización del arte respecto de la naturaleza. El arte deja de concebirse
como espejo de la realidad y pasa a verse como una manifestación de la libertad y
la creatividad humanas, que no está obligada estéticamente a respetar las leyes
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de la naturaleza. Por ello, la belleza artística deja de valorarse según criterios
naturalistas y adquiere importancia y sentido en sí misma.
Kant establece otra clasificación de la belleza en cuanto que el tipo de
belleza no depende tanto del objeto que la suscita, sino de aquello que lo hace
bello. En este sentido podemos hablar de:
Belleza adherente: Es la que posee un objeto en función de las
ideas que tenemos de cómo debe ser ese objeto. No es, por tanto, una belleza
pura, sino que depende de la finalidad o función que se le atribuye. Así, un edificio
o un mueble antiguo sólo pueden ser bellos si se adecuan a nuestra idea de lo que
debe ser un mueble o un edificio. Dicho de otro manera,una silla de estilo rococó,
por muy elegante que sea, si sólo tiene tres patas y no sirve para sentarse, no
podría ser considerada bella, ya que no cumple la finalidad para la que ha sido
creada.
Belleza libre: Es la que posee un objeto por sí mismo, sin depender
de ninguna idea o finalidad a la que adaptarse. Es una belleza pura, puesto que no
tenemos ninguna idea preconcebida de cómo debiera ser ese objeto. Así una flor,
una cenefa o una melodía son bellas, precisamente porque no responden a
ninguna utilidad.
Ralacionada con la belleza está la fealdad, cuya definición comporta tantas
dificultades como definir en qué consiste la belleza. Tradicionalmente se ha
identificado lo feo con la negación de lo bello. Habitualmente se considera feo
todo aquello en lo que se da una disminución o ausencia total de belleza. Esta
oposición a la belleza puede entenderse desde una doble postura:
Postura formal: La fealdad consiste en la deformación y en la
desfiguración.
Postura material: la fealdad se asocia a lo éticamente negativo, es
decir, a la maldad, la depravación, a los comportamientos perjudiciales para el
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hombre. Tal relación se encuentra en el hecho de que muchos autores, a lo largo
de la tradición occidental, han querido ver los ámbitos estéticos y éticos
encontrados: el claro y puro ámbito de la belleza y la bondad, y el oscuro y
depravado ámbito de la fealdad y la maldad.
Con el Romanticismo se inicia un proceso de defensa de lo feo en el ámbito
del arte. Abundan,entre los artistas de este momento, los temas escabrosos, los
paisajes desolados, los sentimientos lúgubres. Ahora cobra protagonismo lo
terrible, lo feo y los monstruoso. Sin embargo, en esta época lo feo no es todavía
un valor y un fin en sí mismo, sino una forma de expresar ciertas emociones
vivenciales. La fealdad sigue siendo un recurso artístico de expresión de
sentimiento y no un valor en sí misma. Podría decirse que lo feo va adquiriendo
valor estético. Posteriormente, se da una radicalizacióndel gusto por lo feo que
lleva a algunas corrientes a reinvidicar lo feo como fin en sí mismo y no como
instrumento artístico. En el pintor perteneciente al siglo XX, Francis Bacon,
predomina obsesivamente el interés por la distorsión y la deformidad de la figura
humana; es decir, por la recreación de una fealdad capaz de provocar
repugnancia y rechazo.
5. EL ARTE
En la Antigüedad, y durante mucho tiempo, se consideró el arte como la
pericia y habilidad en la producción de algo. En este sentido, lo que hacía el
poeta y lo que hacía el carpintero constituían el mismo tipo de actividad. Se
trataba de produccir algo, ya se tratase de un poema o de una silla, y ello gracias
a ciertos conocimientos y siguiendo ciertas normas. En la Modernidad empieza
producirse una escisión en este ámbito y comienza a distinguirse entre artesanía,
que es lo propio del artesano, y bellas artes, que es lo que hace el artista. Y de
esta distinción se fundamentarán las características de entre la artesanía y el arte,
que vienen a ser las siguientes:
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1. Artesanía:
Se basa en la aplicación de ciertos conocimientos y habilidades.
Es muy importante la experiencia y la tradición.
Su producto debe adaptarse a una función y finalidad de carácter útil.
Su producto no tiene carácter único y suele ser fruto de la repetición.
Se trata siempre de una obra anónima.
2. Arte:
Aunque requiere ciertos conocimientos y habilidades, intervienen
también la imaginación y la creatividad.
Es muy importante la originalidad.
Su producto es autónomo, no se adapta a ninguna función y puede
ser perfectamente inútil.
Su producto es único e irrepetible.
Es una obra de autor.
Por las dificultades que entraña la definición del arte, han abundado a lo
largo de la historia distintas concepciones entre las que podemos destacar las
siguientes:
1. El arte como imitación: Defiende que el arte debe ser una copia o
imitación de la realidad o naturaleza, una especie de espejo que
reproduce fielmente la realidad. Por eso, al artista no se le valora por su
originalidad y creatividad, sino por su capacidad para reflejar
fidedignamente lo que le rodea. Sin embargo, esta concepción no es tan
radical y suele considerarse el arte, más que una copia, una
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representación de la realidad. Entre las corrientes artísticas que han
defendido esta postura tenemos el naturalismo y el realismo.
2. El arte como expresión: El arte deja de concebirse como reproducción
de la realidad y pasa a verse como espresión de emociones y
sentimientos vivenciales difícilmente expresables der otro modo. Para
los expresionistas, el arte se entiende como un modo que posee el
artista para expresar los sentimientos propios o ajenos. También es
considerado como un mecanismo que permite al espectador revivir o
vivenciar esos mismos sentimientos. Por eso, el arte vendría a ser un
tipo especial de lenguaje, capaz de transmitir y hacer entender
sentimientos incomunicables mediante el lenguaje común.
3. El arte como forma: Lo propio del arte es la forma y no el contenido o
historia que pueda contener. Para los formalistas , el arte debe vaciarse
de todo contenido, porque lo específicamente artístico es la forma. Por
eso, reivindican la autonomía del arte respecto de toda intención
representativa de la realidad. El arte abstracto es el exponente más
claro de esta concepción.
4. El arte como realidad imaginativa: Sostiene que el arte no es una
realidad física como, por ejemplo, Las meninas de Velázquez, sino una
realidad imaginativa. La idea que tenía Velázquez al pintar Las meninas
y, también, la imagen mental que se forma cada espectador. Por lo
tanto, según estga concepción, es preciso diferenciar el arte en tanto
que imagen mental de su plasmación física que es en sí la obra de
arte.
6. SENTIDO Y FUNCIÓN DE LA OBRA DE ARTE
A la diversidad de concepciones acerca del arte, se le añade la pluralidad
de opiniones sobre cuál es el sentido y la función que éste ejerce en el seno de la
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cultura humana. Las posturas a este respecto son muchas y muy variadas, pero
conviene señalas entre las más importantes las siguientes:
El arte por el arte: Hay quienes manifiestan que la pregunta por la función
que desempeña el arte es una pregunta ilegítima. El arte no cumple ni debe
cimplir ninguna utilidad. Por ello, consideran rechazable cualquuier criterio
utilitarista que se imponga a la creación artística. Además, sostienen que es
injustificado valorarlo según determiandos aspectos, como los valores
éticos que entraña, lo que nos puede enseñar o la serenidad que puede
proporcionarnos. El arte debe tener como último criterio el arte mismo, en
otras palabras, que hay que defender la idea del arte por el arte para
alcanzar la exclusiva pureza del arte.
El arte como necesidad de la naturaleza humana: Los defensores de
esta postura coinciden con los partidarios de la anterior en que el arte no
cumple ni debe cumplir ninguna utilidad o función. Sin embargo, las razones
en las que se sustentan son algo distintas a las anteriores. El arte nodebe
justificarse pragmáticamente, pues su valor reside en la satisfacción de una
necesidad específicamenrte humana. El hombre, a diferencia de los
demoás seres vivientes, siente la necesidad de expresar su personalidad y
sus vivencias de forma artística, aunque de ello no extraiga aparentemente
ninguna compensación material ni ninguna ventaja para su superviviencia.
La producción de arte y su contemplación son actividades que deleitan por
sí mismas, porque respoden a una íntima y profunda inquietud
característica del ser humano.
El arte como evasión: Una de las utilidades que proporciona el arte, tanto
al artista como al espectador, es ser un medio para huir de una realidad
que no le satisface. Ante la fealdad,la miseria, la depravación, la rutina
que rodea la existencia cotidiana, el arte proporciona una manera de
escapar a otro mundo, a un mundo extraordinario y bello, capaz de hacer
olvidar al espectador su insignificante vida. De esta forma, al asistir a un
concierto, a un cine para ver una película…, el público se adentra e
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identifica tanto con lo que contempla que se olvida por unos instantes de
sus problemas y obligaciones.
El arte como purificación: Una de las funciones que cumple el arte es
purificar al artista y al espectador de ciertas pasiones que podrían ser
perjudiciales ni no se liberase indirectamente de ellas. Esta concepción
surgió con Aristóteles quien mantenía que en la tragedia y en la música, el
espectador se conmueve y revive las pasiones que mueven a los
poersonajes. Este contagio de sentimientos consigue liberarle de esas
mismas pasiones, que,vividas personalmente, serían desastrosas para el
que las padece. Esta reviviscencia purificadora de pasiones nocivas se
denomina catarsis.
El arte humanizador: Para algunos filósofos, el arte posee una función o
finalidad que va más allá de lo puramente artístico. Esta función, en la que
sí reside el auténtico valor y digniddad del arte, consiste en la transmisión
y promoción de valores éticos, sociales, culturales… que hacen del
hombre un auténtico ser humano. El artista no puede tener como única
intención crear formas bellas y sublimes que deleiten al espectador, sino
que debe intentar que esas mismas formas bellas logren educarlo moral,
social y humanamente. Precisamente, porque el arte logra agradar y divertir
por sí mismo, debe someter esa capacidad a un fin más elevado como es el
enseñar deleitando o educar divirtiendo. Los convencidos de esta postura
exigen del artista un compromiso más profundo que el exclusivamente
estético y le piden que pongan su arte al servicio de una sociedad más
humana y digna.
El arte como signo de poder y riqueza: Tanto en la Antigüedad como en
la Edad Media, el arte iba dirigido al pueblo, a las masas, precisamente por
la función educativa que debía cumplir. A partir del Renacimiento, las
creaciones artísticas se destinan a élites económicas, especialmente la
burguesía, con lo que se genera una ruptura con la masa popular, que
queda marginada del arte.
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El arte como forma de conocimiento: El ideal humanista del
Renacimiento, que entiende al hombre como conocedor de todos los
saberesde su tiempo, hace que las creaciones artísticas se consideten
también como manifestaciones del saber. Este saber es a la vez arte,
ciencia, filosofía, es decir, conocimiento de la realidad. La pintura, por
ejemplo, es entendida como un experimento intelectual, un intento de
comprensión y análisis de la realidad que asume también funciones de
ciencia y saber teóricos, filosófico y matemático. En el taller del pintor se
realizan estudios de perspectivas, análisis de las condiciones del espacio y
de los volúmenes de los cuerpos. En realidad, en toda contemplación
estética se actualiza el contenido de verdad que hay en la obra de arte.
El arte como conciencia crítica de la sociedad: El arte acentúa el
aspecto realista y pretende describir las condiciones reales de la vida desde
un punto de vista crítico. En contra de la teoría de la catarsis aristotélica
que pretende que el espectador se implique emocionalmente en la obra,
autores como Bertold Brecht sostienen la teoría del extrañamiento en el
teatro, según la cual, el espectador debe distanciarse del espectáculo para
poder reflexionar críticamente sobre lo expuesto en la obra. Para la Escuela
de Frankfurt, el arte debe realizar un análisis social de la realidad. Sartre,
por su parte, defiende la teoría del compromiso que mantiene que el
escritor debe estar al servicio de la lucha por la libertad. Sólo la
poesía,como algo creativo y experimental, se libra de esta exigencia.
7. LA INTERPRETACIÓN DE LA OBRA DE ARTE
Una vez que estamos ante una auténtica obra de arte, al espectador le
surge un problema sobre cómo debe acercarse a esa obra para aprehender de
ella lo artístico en toda su plenitud. Los críticos y los filósofos del arte señalan que
en la función estética se pueden diferenciar claramente dos momentos:
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1. Momento de la contemplación: Mantienen que hay que acercarse a la
obra de arte con una actitud desinteresada y , simplemente, gozar de ella,
sentir lo que comunica. Para sentir ese placer y vivir esta experiencia no es
necesario ningún conocimiento sobre arte. Todos podemos gozar de la
belleza y la sublimidad que porporciona la obra artística.
2. Momento de la reflexión: En este estadio es cuando se analiza y estudia
la obra de arte para poder interpretarla y entenderla. A este respecto
existen dos posturas:
a. Contextualismo: Para entendere interpretar correctamentela obra
artística de un autor, así como para poder apreciarla en su justa
medida, es encesario conocerel contexto global o el marco en el que
se inserta esa obra particular. Así, se hacen necesarios ciertos
conocimientos acerca de la vida del artista, la intención que
perseguía, el bagaje cultural y artístico que poseía, la época y el
lugar en el que desarrolló su actividad, los adelantos técnicos que
estaban al alcance… Todos estos datos se consideran
imprescindibles para entender esa obra en particular y poder,
también,enriquecer y hacer más plena su contemplación.
b. Aislacionismo: Para poder apreciar y entender una obra de arte no
esnecesario salir fuera de la obra misma. El arte sólo requiere una
contemplación abierta y una auténtica atención, pero no precisa de
ningún otro conocimiento externo. Si para valorar una obra es
necesario, por ejemplo, compararla con las demás producciones de
su época o tener en cuenta los medios técnicos que se han aplicado,
entonces es que ese objeto no es una verdadera obra de arte. Una
obra artística es autosuficiente y autónoma, no necesitamos saber
nada de su autor ni de su época para darnos cuenta de su
grandiosidad y belleza. El arte auténtico conmueve y deleita por sí
mismo.
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8. ANÁLISIS FILOSÓFICO SOBRE LAS ÚLTIMAS TEORÍAS ESTÉTICAS
SOBRE EL VALOR ESTÉTICO
Las obras de arte pueden impresionarnos profundamente, reorientar
nuestras ideas o nuestros sentimientos, conmovernos o aturdirnos, pero no
necesitamos encontrarlas agradables; y, sin embargo, es esta cualidad hedonista
la ordinariamente connotada cuando deniminamos a algo bello, pudiendo
considerar lo bello como sinónimo de valor estético. Ahora bien, qué se debe
entender por valor estético y cómo y en base a qué se debe atribuir el valor
estético a un objeto. En el deseo de clarificar esta cuestión existen especialmente
dos teorías acerca del valor estético:
Teoría subjetivista: El subjetivismo en teoría estética defiende tenazmente
que no se dan en los objetos estéticos propiedades realizadoras de belleza,
sino sólo diversas reacciones ante ellos; y que la atribución de valor
estético sóo puede hacerse válidamente cuadno el observador reacciona en
determinada forma al objeto. Con otras palabras, la belleza es siempre una
característica para ti o para mí. La expresión esto es bello para mí carecería
de sentido si la belleza fuese una característica objetiva de las cosas.
Cuando el especialista en arte denomina bella a un pintura, se está
refiriendo a alguna relación entre él mismo y el objeto estético;
generalmente, a la relación de gustarle o agradarle estéticamente.
Ahora bien, la teoría subjetivista, aunque tiene un cierto atractivo
superficial, es indudablemente errónea. A una persona puede agradarle una
pintura sin considerarla buena; y puede también considerarla buena sin que
le agrade realmente. Por otro lado, hace inviable el desacuerdo en materia
estética. Si alguien dice X es bueno y otro replica X no es bueno,
pretendiendo el oprimero decir me gusta x y el segundo no me gusta X, no
hay ningún tipo de desacuerdo entre ambos. Las dos afirmaciones son
probablemente verdaderas; ninguno de ellos sobre su agrado o desagrado.
Ninguna de las dos afirmaciones es considerada por uno verdadera y por el
otro falsa.
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Para superar algunas de estas dificultades, cabría adoptar la postura
sociológica de que X es estéticamente bueno significa, no a quien lo afirma
le agrade estéticamente X, sino que agrada también a la mayoría de la
gente. Dicho sondeo establecería un genuino desacuerdo; pero,
desafortunadamente para la teoría, sería un desacuerdo relativo que no
serviría para encontrar una solución satisfactoria. Porque una cosa es
discutir sobre lo que prefiese la mayoría de la gente y otra muy distinta
hacerlo sobre si las obras de arte son buenas. Una persona que se
pronuncia con entusiasmo a favor de cierta obra de arte, no sería disuadida
de su entusiasmo por saber que la mayoría piensa lo contrario. El hecho de
que la mayoría prefiera A o B, no nos dice nada sobre A o B, sólo nos dice
que es más numerosa la gente que prefiere A que la que prefiere B. Pero la
mayoría puede estar equivocada, ya que en el concepto de la mayoría no
se encuentra implícito ni el concepto de la verdad ni la aplicación de la
verdad a un consenso mayoritario. En este sentido, se podría intentar
subsanar este defecto especificando que en el sondeo sociológico sólo se
tiene en cuenta las respuestas de cierta clases de personas. Así, X es
bueno significaría que a la mayoría de los mejores críticos les agrada. Pero
entonces habría que determinar y en función de qué quiénes son los
mejores críticos. Lo que sí parece estar claro es que parece haber una
diferencia de significado entre una afirmación sobre el mérito de una obra
de arte y otra afirmación sobre el veredicto de quienes la juzgan.
Teoría objetivista: Esta teoría postula que cuando atribuimos valor estético
a una obra de arte estamos atribuyendo valor a la obra mismo. Estamos
diciendo que tiene valor estético, y que este valor se basa en la misma
naturaleza del objeto, no en el hecho de que a la mayoría de los
observadores les guste o les agrade. El que les agrade sería consecuencia
del hecho de poseer valor est´ñetico; pero la atribución de valor no consiste
en elhecho de que la obra agrade a cualquier crítico u observador. Lo que
una obra de arte exige del observador, es un juicio ponderado de su mérito;
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y este juicio se basa únicamente en las propiedades de la obra, no en las
cualidades del observador o en su relación con ella.
Ahora bien, ¿hay alguna propiedad o serie de propiedades que
constituya valor estético? ¿Hay alguna serie finita de propiedades que si
están presentes, garantizan que el objeto estético es bueno, y si no lo están
garantizan que no lo es? Una postura en torno a esto asegura que existe
una propiedad común a todos los objetos estéticos que puede hallarse
presente en diversos grados de tal forma que el grado de su presencia
confiera a la obra el valor estético que posee. Esta propiedad se denomina
generalmente belleza.
Cabe, no obstante, preguntar: ¿Qué es lo que constituye la belleza y
cómo reconocer su presencia? A esto se responde a menudo que la belleza
es una propiedad simple, inanalizable, cuya presencia sólo puede ser
intuida, pero no determinada a través de test empíricos, ya que la propiedad
en cuestión no es empíricamente verificable, sino que sólo puede ser
intuida. Y es un hecho notorio que las personas tienen intuiciones
conflictivas.
9. ARTE Y VERDAD
Un juicio estético no es un juicio sobre la bondad o maldad de algl en
sentido moral, ni tampoco sobre la verdad o falsedad de las afirmaciones. Una
obra de literatura no se considera mejor o peor estéticamente por basarse en
hechos históricos, o por contener descrpciones verdaderas sobre diferentes tipos
de conocimientos como pudiesen ser, por ejemplo, la geología o la astronomía
entre otros muchos; ni incluso por presentarse en ella una concepción verdadera
de la vida. Sin embargo, las obras de arte tienen cierta relación con la verdad,
relación sobre la que sí se puede reflexionar filosóficamente a través de la
Estética, como rama de la Filosofía.
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Hay muchas proposiciones explícitamente formuladas en las obras de
literatura, y sólo en la literatura, porque sólo ella utiliza las palabras como medio.
Ahora bien, dado que toda proposición es verdadera o falsa y dado que la
literatura contiene muchas proposiciones, el arte literario debe contener verdad o
falsedad en este sentido. Por ejemplo, una novela sobre la vida de Napoleón
contiene sin duda muchas proposiciones supuestamente verdaderas acerca de su
vida, aunque es obvio que también podría contener proposiciones falsas bien por
falta de un riguroso estudio histórico por parte del novelista, o bien porque en el
novelista hubiese una malintecionada intención de mentir o tergiversar ciertos
aspectos biográficos de Napoleón.
Pero de mayor interés e importancia son aquellas proposiciones que se
hallan implícitas, en vez de ser explícitamente formuladas. Esto plantea de
inmediato la siguiente cuestión: ¿Cuál es el sentido de implicar en el que las obras
de literatura pueden contener proposiciones implícitas? El sentido en cuestión de
implicar o dejar entrever es probablemente el mismo en que lo utilizamos en la
vida ordinaria cuando decimos, por ejemplo: Él no dijo que ella le había
rechazado, pero lo dio a entender. La afirmación explícita ni implicaba lógicamente
la proposición, pero sí contextualmente. Esto significa que el empleo de ciertas
afirmaciones, no tanto por las afirmaciones en sí mismas, acompañadas de ciertos
gestos y tonos de voz especiales, implican una proposición en el sentido de que
nos permiten deducir su auténtico y verdadero significado. En otras palabras, que
la manifestación implícita que no aparece objetivamente en la expresión artística
se capta por medio de una inferencia a partir de unas proposiciones que sí están
explícitamente presentes en dicha expresión artística. Y, sin embargo, la
objetividad de lo que está explícito no es el auténtico sentido ni significado de lo
que se pretende comunicar. De una manera más compleja, aunque no distinta en
principio, muchas concepciones sobre la vida del hombre, la muerte, el amor y el
entorno cósmico de la vida humana se hallan implicadas en innumerables obras
de arte literarias.
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Leyendo obras de literatura se pueden a veces inferir proposiciones acerca
del autor: sus intenciones, sus motivos conscientes o inconscientes, su mentalidad
general, sus deseos y simpatías, etc. Estas inferencias son a menudo peligrosas,
aunque la inferencia puede ser perfectamente válida: en una novela puede
inferirse qué tipo humano considera más favorablemente el autor, partiendo de la
simpatía con que describe sus caracteres; o qué temas le preocupan
especialmente, partiendo de la frecuencia con que los trata. Las deducciones
relacionadas con los móviles del autor, especialmente con los inconscientes, son
mucho menos seguras; pero con el avance de los conocimientos psiquiátricos, no
hay razón alguna para que no podamos lograrlo.
10. ARTE Y MORALIDAD
El juicio estético no es un juicio moral; y el valor de una obra de arte en
cuanto objeto estético no tiene nada que ver consu valor de edificar a los lectores
o mejorar su carácter moral, que pueden ser efectos de la lectura de obras
artísticas, pero sin que los tengamos en cuenta al juzgar buena una obra de arte.
Se han dado varias posturas históricas diferenciables sobre la relación entre los
valores estético y moral y entre las que conviene señalar las siguientes:
A. La concepción moralista del arte se remonta a la República de Platón. En
esta obra se considera que el arte es la criada de la moralidad: admisible e
incluso deseable cuando promueve la moralidad, presumiblemente la
moralidad verdadera o aceptable, pero inadmisible e indeseable en caso
contrario. El arte puede transmitir al pueblo ideas heterodoxas, puede
turbarlo e intranquilizarlo y puesto que acentúa la individualidad y el
desviacionismo más que la conformidad, puede resultar peligroso y socavar
las creencias que sirven de base a una sociedad. En consecuencia, el arte
es y debería ser algio que deberían mirar siempre con recelo los guardianes
del orden establecido. Cuando el arte no afecta mayormente al pueblo, se
considera un placer inocuo, un lujo, una evasión; pero cuando le afecta, se
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convierte en algo insidioso y hasta subversivo, que perjudica a la
infraestructura de nuestras creencias y actitudes sociales más estimables.
B. El esteticismo considera que es la moralidad quien debe ser la criada del
arte y no al revés. Para esta concepción la experiencia del arte es la
suprema experiencia accesible a la humanidad, y nada debería interferirla.
Si entra en conflicto con la moralidad, tanto peor para la moralidad; y si las
masas no saben apreciarlo o no admiten la experiencia que les ofrece,
tanto peor para las masas (cuando el yerno de Mussolini se entregaba a
exaltaciones líricas en su descripción de la belleza de una bbomba que
explota entre una multitud de etíopes inermes, estaba llevando a su último
extremo la concepción esteticista del arte). La intensidad vital de la
experiencia estética es el supremo objetivo de la vida; por encima de todo.
De ahí, si se dan algunos efectos en el arte moralmente indeseables, esto
no supone nada en comparación con la suprema experiencia que sólo el
arte puede darnos.
Muy pocas personas se arriesgarían a ir tan lejos. Incluso los más
ardorosos y entusiastas amantes del arte no se atreverían a decir que el
valor del arte es exclusivo, o que tiene el monopolio sobre todos los demás
valores. Puede ocurrir que la experiencia de las obras de arte sea la
suprema experiencia accesible a los seres humanos; pero no es la única
accesible y tenemos que considerar otras. Los valores estéticos, aunque
muy superiores a los que la mayoría de la gente piensa, son no obstante
unos pocos entre muchos. Siendo así, difícilmente podemos comportarnos
como si los demás valores no existiesen. Por eso, debemos considerar la
relación de los valores estéticos con los otros valores que nos ofrece la
vida.
C. El interaccionismo considera que los valores estéticos y morales tiene
distintas funciones que realizar en el mundo, pero no actúan
independientemente unos de otros. De hecho, el arte y la moralidad, están
íntimimamente relacionados, pero no actúan independientemente unos de
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otros: de hecho, el arte y la moralidad están íntimamente relacionados, y
ninguno de los dos actúa plenamente sin el otro. Entre los principales
ejemplos de interaccionismo podríamos señalar especialmente los
siguientes:
A veces la literatura da una lección, señala una línea moral o transmite
un mensaje que nos es muy importante aprender; y así, puede ponerse
al servicio de la moralidad. Incluso el gran arte puede didáctico: Quienes
elogian el arte por sus lecciones morales no siemre están equivocados;
pero si ésta es la única razón de su elogio, están sacando del arte
mucho menos de lo que puede ofrecerles. El arte puede sin duda
enseñar, pero generalmente no de forma explícita. El arte enseña como
enseñan los amigos y la vida: no con palabras, simplemente siendo. La
diversidad de situaciones presentadas, las caracterizaciones humanas,
las crisis y luchas por las que atraviesan los personajes, estas solas
cosas, cuando se presentan ante nosotros en toda su viveza y
complejidad, son suficientes para producir efectos morales.
Pero, ¿cómo puede entonces el arte producir efectos morales si
no formula ninguna afirmación moral concreta? Lo hacer
presentándonos personajes en situaciones, generalmente de conflicto y
de crisis, a menudo más complejas que nuestras propias experiencias
cotidianas. Reflexionando sobre los problemas y conflictos de tales
personajes, podemos enriquecer nuestras propias perspectivas morales;
podemos aprender de ellos sin necesidad de experimentar en nuestra
vida personas esos mismos conflictos y sin tener que tomar las mismas
decisiones; porque en el arte podemos contemplar sus situaciones con
un desprendimiento que raras veces conseguimos en la vida real,
cuando nos vemos inmersos en la corriente de la acción. La literatura es
a menudo un poderoso estímulo de la reflexión moral, porque presenta
la situación ética en su contexto total, sin omitir nada importante, siendo
esto de todo punto necesario para tomar las propias decisiones morales.
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El principal efecto moral de la literatura radica sin duda en su
capacidad única de estimular la imaginación. A través de la literatura nos
sentimos transportados más allá de los confines de nuestra vida diaria,
a un mundo de pensamientos y sentimientos más profundo y variado
que el nuestro, donde podemos participar en las experiencias,
reflexiones y sentimientos de personas muy alejadas de nosotros en el
tiempo y en el espacio. Mediante el ejercicio de la imaginación
comprensiva, el arte, más que predicar o moralizar, tiende a revelar la
común naturaleza humana que existe en todos los hombres tras la
fachada de doctrinas divisorias, y por este camino tiende a unir a la
humanidad más eficazmente que las propias doctrinas. Es lo que se
conoce como la influencia fermentadora del arte.
Para que una obra de arte produzca, por tanto, efectos morales,
no es necesario que nos presente un sistema de moralidad. No precisa
hacerlo en absoluto; de hecho, su fuerza moral es probablemente mayor
cuando nos presenta, no sistemas, sino personajes y situaciones
caracterizados convincentemente y descritos con viveza, de suerte que
a través de la imaginación podamos observar sus ideas y compartir sus
experiencias.
De acuerdo con la teoría aristotélica de la catarsis, el arte actúa como
catarsis emocional, como purga de las emociones. En el transcurso de
nuestra vida diaria se generan ciertas emociones contra nuestra
voluntad y que desearíamos eliminar; pues bien, el arte es el agente que
nos ayuda a lograrlo. Presenciando un drama fuerte o escuchando un
concierto coral, podemos deshacernos de esas emociones, en vez de
dejarlas enconarse dentro de nosotros o desviarlas hacia nuestros
compañeros.
Esta concepción de algo grosera a la luz de la psicología moderna,
porque considera el efecto del arte como una liberación de algo
indeseable, más que como resultado positivo de algo deseable. Sin
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embargo, apenas puede negarse que la experiencia de leer, contemplar
u oir una obra de arte produce un desahogo y descanso especial, una
liberación de internas turbulencias. El gran arte no sólo proporciona al
hombre un descanso o interrupción en el curso de su vida trepidante, al
término del cual sentirá lo mismo que antes: en el acto mismo de
concentrar nuestras energías sobre un objeto estético, nuestro estado
espiritual mejora; hay un alivio en la tensión y una especie de
iluminación interior que no existía anteriormente. El efecto incluye una
agudización de nuestras sensibilidades, un refinamiento de nuestras
capacidades de cara a la discriminación perceptiva y emotiva, una
facilidad para reaccionar más sensiblemente al mundo que nos rodea.
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