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LA VIA DEL TAROT, Alejandro Jodorowsky

El libro 'Yo, el Tarot' de Alejandro Jodorowsky explora el Tarot de Marsella como un espejo de nuestra esencia y un camino hacia la comprensión espiritual. A través de los Arcanos Mayores, se invita al lector a confrontar sus miedos y defectos, trascendiendo el aprendizaje intelectual para conectar con su Dios Interior. La obra destaca la importancia de la poesía y el lenguaje simbólico en la interpretación del Tarot, sugiriendo que este puede ser un medio para la resurrección espiritual y la integración de opuestos.

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LA VIA DEL TAROT, Alejandro Jodorowsky

El libro 'Yo, el Tarot' de Alejandro Jodorowsky explora el Tarot de Marsella como un espejo de nuestra esencia y un camino hacia la comprensión espiritual. A través de los Arcanos Mayores, se invita al lector a confrontar sus miedos y defectos, trascendiendo el aprendizaje intelectual para conectar con su Dios Interior. La obra destaca la importancia de la poesía y el lenguaje simbólico en la interpretación del Tarot, sugiriendo que este puede ser un medio para la resurrección espiritual y la integración de opuestos.

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YO, EL TAROT

Alejandro Jodorowsky (Ediciones Quintaesencia)

PREFACIO
El Tarot de Marsella es el libro de nuestra vida. Su lenguaje es, al mismo tiempo, visual
y poético. Su origen es anónimo como toda gran obra sagrada y su función es la de ser un
espejo en el cual podamos abismarnos y contemplar la esencia de nuestro ser: el Dios
Interior que nos une a la danza astral que todos conformamos.
La comprensión total del Tarot va más allá del aprendizaje intelectual, su adaptación a
nuestro ser, requiere de una sincera comunicación espiritual, un ir más allá de la razón.
La presente obra es una confrontación con los Arcanos Mayores. Al internarse entre
sus herméticos muros, el viajero acepta verse y aceptarse con todos sus temores y defectos.
El Tarot, a pesar de la belleza sagrada que posee, puede resultar un camino terrible y
doloroso, pues, para recorrer el laberinto de sus formas, es necesario ir desprendiéndose de
todo aquello que nos define hasta quedar completamente desnudos ante la omnipresencia
de su abismo.
***
PRÓLOGO
Cuando los Arcanos del Tarot se memorizan, línea a línea, color a color, se inscriben
como un tatuaje en el inconsciente y pasan a formar parte de esas imágenes cargadas de
incontables sentidos que Jung denominó «Arquetipos», representando las facetas de nuestra
misteriosa intimidad. Al cabo de cierto tiempo, independientes del yo individual, se
manifiestan como seres, nos hacen encarar la realidad a su manera, nos imponen su
particular forma de sentir. Los adeptos al vudú conocen esto: creen en divinidades que,
gracias al ritmo de tambores e invocaciones, los poseen, usando sus cuerpos cual jinetes
cabalgando un equino.
Aun cuando se esté desprovisto de esta primitiva fe religiosa y no se considere a los
Arcanos del Tarot como dioses, a pesar de que sepamos que sólo son aspectos profundos
de nuestro espíritu, ellos adquieren voz. Siendo manifestaciones que surgen del
inconsciente, rechazan los límites del pensamiento racional negándose a manifestar sus
secretos de otra forma que no sea un lenguaje poético. Pero es una poesía que excluye por
completo el ego del escritor. Los Arcanos, para hablar, nos exigen un olvido de nosotros
mismos. Ni nuestras ideas, ni nuestras emociones, ni nuestros deseos deben inmiscuirse en
el habla de estas entidades.
Ciertos iniciados traducen la palabra hebrea qabbalah por «lo que es recibido».
Desaparecer por completo y dejar que hablen las figuras –a veces de forma tan sutil que se
hace difícil comprender lo que se está escribiendo, es decir «lo que es dictado» –, es una
labor que sobrepasa a la razón humana.
Sin embargo, a pesar de esto, si el lector trata de desentrañarlo con el espíritu de un
buscador de tesoros, podrá despertarle las regiones más valiosas de su alma.
En la magia, la alquimia, la cábala, los diferentes ritos iniciáticos, estos Arquetipos,
adoptando otras formas, dan los mismos mensajes con que nos sorprende el Tarot. Hablan
esencialmente de nuestra eterna resurrección.
El Tarot, semejante al Tao con su yin y yang, es un canto a la complementariedad de
los opuestos: materialización del espíritu, espiritualización de la materia.
Alejandro Jodorowsky
Formentera, julio de 2004
NOTA
El Tarot de Marsella es francés. Para comodidad del lector he llamado a los Arcanos
con los nombres con que han sido traducidos al español. Sin embargo, hay algunas cartas
donde la traducción les limita el contenido:
El loco es Le Mat, palabra que en francés no existe, pero a la que si se le agrega un acento
circunflejo se convierte en «mât»: mástil.
El Mago es Le Bateleur: vendedor callejero, ilusionista.
El Ermitaño, que podría ser L'Ermite, lleva una h inicial (conservada de la ortografía
medieval), es decir L'Hermite. Los que se dicen iniciados lo justifican porque creen que el
personaje encarna al dios Hermes.
La Muerte en francés no lleva nombre y se suele llamar L'Arcane sans nom [El Arcano sin
nombre] o simplemente L'Arcane Treize [El Arcano Trece].
La Torre se llama La Maison Dieu, es decir «La Casa Dios» (no La Casa de Dios, sino
La casa que es Dios).
ANEXO
Con los Arcanos Mayores en su coloración original propuesta por Jodorowsky y
Camoin a partir de los trabajos de restauración del Tarot de Marsella.
A RCANOS MAY ORES
ARCANOS MAYORES
La primera serie de los arcarlos mayores (del I al X) representa a
personajes humanos o animales en situaciones reconocibles.

La parte alta de la carta coincide en la mayoría de los casos con la cabeza


del o de los personajes, salvo en el caso del Arcano VI (El Enamorado), donde
el cielo ampara a un sol y a un cupido.
Podríamos definir esta serie como «clara», pues representa imágenes con
una connotación histórica o social.

En la segunda serie de los arcanos mayores (del XI al XX), los personajes


y las situaciones adoptan un carácter más alegórico y menos realista. Se podría
calificar de más «oscura», ya que parece desarrollarse en un universo psíquico
y espiritual próximo al sueño.

Aparecen personajes míticos, ángeles y diablos; a partir del Arcano XVI el


cielo está presente con manifestaciones energéticas, astros, emisarios divinos.

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