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Clase

El documento analiza la filosofía helenística, destacando su evolución desde las polis griegas hasta las monarquías helenísticas y su impacto en la subjetividad del ciudadano. Se exploran las principales corrientes filosóficas de la época, como el epicureísmo, estoicismo y cinismo, y su relevancia contemporánea en la búsqueda de una vida equilibrada y significativa. Finalmente, se compara la filosofía helenística con valores modernos, resaltando la importancia de la moderación, la autosuficiencia y la autenticidad.
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El documento analiza la filosofía helenística, destacando su evolución desde las polis griegas hasta las monarquías helenísticas y su impacto en la subjetividad del ciudadano. Se exploran las principales corrientes filosóficas de la época, como el epicureísmo, estoicismo y cinismo, y su relevancia contemporánea en la búsqueda de una vida equilibrada y significativa. Finalmente, se compara la filosofía helenística con valores modernos, resaltando la importancia de la moderación, la autosuficiencia y la autenticidad.
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Clase: La Filosofía Helenística y su Relevancia

Contemporánea
Introducción y Contexto Histórico

La Majestuosidad de Ser Ciudadano Griego

La antigua Grecia, antes del periodo helenístico, se caracterizaba por sus polis, o
ciudades-estado, como Atenas y Esparta. Estas polis no solo eran centros políticos y
militares, sino también culturales y sociales. Ser ciudadano griego significaba
pertenecer a una comunidad con una identidad cultural fuerte, un idioma común y la
creencia en la superioridad cultural frente a los "bárbaros", término que utilizaban para
referirse a quienes no compartían su lengua y costumbres.

La cultura griega valoraba enormemente la participación en la vida pública, el honor, la


virtud y el conocimiento. Los ciudadanos participaban activamente en la democracia,
contribuyendo en discusiones filosóficas, políticas y militares. La educación y el cultivo
del espíritu eran fundamentales.

La Hegemonía de Macedonia y el Declive de las Polis

Con la ascensión de Macedonia bajo el liderazgo de Filipo II y, posteriormente, de su


hijo Alejandro Magno, la estructura política de Grecia cambió radicalmente. Alejandro
Magno, a través de sus conquistas, creó un vasto imperio que se extendía desde Grecia
hasta Egipto y el noroeste de la India.

Tras la muerte de Alejandro en el 323 a.C., su imperio se fragmentó en varios reinos


helenísticos gobernados por sus generales. Estos nuevos reinos, como el Ptolemaico en
Egipto y el Seléucida en Asia, centralizaron el poder en grandes monarquías y
desplazaron la importancia política de las polis. Las ciudades-estado perdieron su
autonomía y, con ello, la identidad de los ciudadanos griegos comenzó a transformarse.

La Nueva Subjetividad del Ciudadano Helenístico

Transformación Política y Cultural

El fin de la autonomía de las polis y el surgimiento de grandes monarquías helenísticas


significaron un cambio profundo en la subjetividad de los ciudadanos griegos. La
participación política directa y la vida comunitaria fueron reemplazadas por un sentido
de pertenencia a vastos imperios multiculturales. Este cambio trajo consigo una mayor
introspección y una reorientación hacia la vida individual.

La mezcla racial, lingüística y artística, resultado de los matrimonios entre generales


macedonios y mujeres de diversas regiones, así como la expansión cultural helenística,
creó un cosmopolitismo inédito. El ciudadano helenístico vivía en una realidad donde
múltiples culturas coexistían y se influenciaban mutuamente.
Los Ideales del Sabio Helenístico

Epicureísmo: Placer y Ausencia de Dolor

El epicureísmo, fundado por Epicuro, promovía la búsqueda del placer moderado y la


eliminación del dolor como camino hacia la felicidad. Epicuro enseñaba que los
placeres más altos eran los intelectuales y que la verdadera felicidad se encontraba en la
tranquilidad del alma (ataraxia) y la ausencia de dolor físico (aponía).

Aplicación en la Consultoría Filosófica:

 Practicar la moderación en la búsqueda de placeres.


 Enfocarse en placeres duraderos y significativos.
 Evitar los deseos innecesarios y dañinos.

Estoicismo: Virtud y Control Emocional

El estoicismo, fundado por Zenón de Citio, enfatizaba la importancia de vivir conforme


a la naturaleza y cultivar la virtud. Los estoicos creían que la felicidad se lograba
mediante la apatheia, o la ausencia de pasiones perturbadoras, y el control emocional.

Aplicación en la Consultoría Filosófica:

 Desarrollar la resiliencia ante las adversidades.


 Practicar la autoconciencia y el autocontrol.
 Buscar la virtud en cada acción y decisión.

Cinismo: Simplicidad y Desprecio de las Convenciones

El cinismo, liderado por Diógenes de Sinope, promovía una vida de simplicidad


extrema y rechazo de las convenciones sociales para alcanzar la virtud. Los cínicos
abogaban por vivir de acuerdo con la naturaleza, despreciando las riquezas y los lujos.

Aplicación en la Consultoría Filosófica:

 Simplificar la vida y centrarse en lo esencial.


 Cuestionar las normas y valores sociales.
 Buscar la autenticidad y la libertad personal.

El Helenismo Hoy: Comparación con Valores Contemporáneos

Ausencia de Dolor vs. Anestesia

La filosofía helenística valoraba la ausencia de dolor, pero esto no debe confundirse con
la anestesia moderna. La ausencia de dolor en el contexto helenístico implicaba una vida
equilibrada y moderada, no una evasión de las experiencias a través de medios
artificiales.

Autarquía vs. Individualismo Posmoderno


La autarquía, o autosuficiencia, promovida por los estoicos, no es equivalente al
individualismo contemporáneo. La autarquía estoica se basa en la autosuficiencia
emocional y la independencia de las circunstancias externas, mientras que el
individualismo posmoderno a menudo enfatiza la autonomía y el éxito personal a
expensas de la comunidad.

Hedoné vs. Adicción al Placer

El hedoné, o placer, en el epicureísmo se refiere a la búsqueda de placeres moderados y


significativos. Esto contrasta con la adicción moderna al placer, que busca la
gratificación inmediata y constante, a menudo a través de estímulos superficiales y
efímeros.

Conclusión

La filosofía helenística ofrece valiosas enseñanzas para la vida contemporánea. A través


del epicureísmo, el estoicismo y el cinismo, podemos encontrar herramientas prácticas
para vivir de manera más consciente y equilibrada. Al reflexionar sobre estos antiguos
ideales, podemos cultivar una vida plena y significativa, adaptando sus principios a las
complejidades del mundo moderno.

LA FILOSOFÍA HELENÍSTICA.

Introducción
El período helenístico abarca desde la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.)
hasta la invasión de Macedonia por los romanos (148 a.C.). Las ciudades griegas
pierden su independencia y Atenas su hegemonía comercial, política y en menor
medida la cultural. A las ciudades-Estado suceden las monarquías helenísticas. Hay
una situación continua de inestabilidad política. Se acentúan las diferencias entre
clases sociales.

• Rasgos de la filosofía en este período:

- Cambia el concepto de «hombre»: Aristóteles hablaba de un


«animal cívico», porque sólo la pólis era autosuficiente y sólo en ella
podía realizarse plenamente. Hundida la pólis, el ser humano es
entendido más bien como «animal social», cuyo marco de referencia
es la naturaleza y la humanidad, reclamando para sí la
autosuficiencia y autonomía que antes se reconocía a la ciudad.

- Por la inestabilidad de la época, la seguridad personal y


la felicidad individual se convierten en las grandes aspiraciones del
momento.

- Se busca la seguridad tomando como referencia las leyes


inalterables de la Naturaleza, del Cosmos. Se elabora una nueva
Física y una nueva Ética de carácter naturalista y cosmopolita.

- La filosofía estoica y epicúrea de la época sistematiza buena parte


de su doctrina, pero queda subordinada a los fines prácticos de la
existencia: «sabio» no es sólo el que sabe sino «el que sabe vivir».
- La filosofía ahora se concibe como un saber unitario, dividido en
lógica, física y ética, pero con una finalidad fundamentalmente
moral. La especulación abstracta carece de valor.

- En esta época florecen numerosas escuelas. Hay muchas


influencias mutuas pero también muchas polémicas. Eso explica el
eclecticismo que vendrá a continuación.

I. EL ESTOICISMO

Fue fundado por Zenón de Kitión (Chipre, 336-264 a.C.), quien abrió en 306 su
escuela en Atenas, en un lugar llamado Stóa poikilé (Pórtico pintado, de ahí el
nombre de estoicismo). La doctrina estoica fue sistematizada por Crisipo (280-210),
uno de sus discípulos. El estoicismo tuvo diversos períodos después. El estoicismo
medio comenzó cuando Zenón de Tarso sucede a Crisipo. A partir del 135 el
estoicismo penetró en Roma e influyó en importantes personajes como Escipiano,
Pompeyo y Cicerón. El estoicismo de la época imperial tuvo como figuras
destacadas al cordobés Séneca (4a.C.-65 d.C.), tutor de Nerón; Epicteto (50-130) y
Marco Aurelio (121-180). Son autores fundamentalmente interesados en los temas
morales. Es en las obras de estos últimos autores donde encontramos las doctrinas
estoicas de toda la escuela, junto con textos de Cicerón, Plutarco, Diógenes Laercio
y otros. Aunque el estoicismo utiliza muchos materiales procedentes de filósofos
anteriores (Heráclito, Platón, Aristóteles, los cínicos...) también aporta muchos
elementos originales. Dio lugar a una síntesis nueva, muy sistemática y coherente,
cuya influencia se mantuvo durante muchos siglos. Volvió a ponerse de moda en los
siglos XVI y XVII en Europa, influyendo en Descartes, Kant y Hegel, por ejemplo.

1. La Física

Se inspira sobre todo en Heráclito. Habla del mundo como un todo


unitario (monismo) y armonioso, regido por la necesidad inflexible de la ley universal
(determinismo). El orden natural será así el único refugio capaz de proporcionar
racionalidad en un marco social caótico.

En vez de hablar de cuatro causas como Aristóteles, propusieron sólo dos


principios: la materia (pasivo) y el logos universal (activo, de naturaleza corpórea,
no inmaterial). Sólo lo que tiene cuerpo (lo material) es real. El estoicismo es una
doctrina estrictamente materialista. La materia carece de cualidades y es pasiva. Al
principio activo -Razón universal- le llaman Dios. El universo es un todo animado y
divino (panteísmo). Todos los acontecimientos están férreamente determinados por
una cadena causal inexorable. A esa necesidad que rige el cosmos le llaman los
estoicos «destino» o «providencia». Es un orden necesario, pero totalmente
racional.

El mundo es un ser animado y armonioso, que posee vida propia. Tiene un ciclo vital
que termina con una gran conflagración universal, envuelto en fuego, tras la cual todo
vuelve a comenzar de nuevo. Cada ciclo posterior repite exactamente el anterior:
habrá un nuevo Sócrates y un nuevo Platón, y cada uno tendrá los mismos amigos y
conciudadanos.

Sólo existen individuos concretos, todos diferentes. A cada individuo le caracteriza


una tensión interior, una estructura o manera de ser irrepetible. Lo universal carece
de realidad. Pero todos los individuos están ligados entre sí, y el mundo es una
gigantesca armonía de correlaciones e interdependencias.
Una misma ley lo rige todo. Los estoicos aportaron el concepto de «ley natural» y de
«providencia». Para quien acepta este concepto no tiene sentido hablar de mal en el
mundo: nada de lo que sucede puede ser un «mal», aunque lo parezca. Puede que
para considerarlo un bien haya que contemplarlo con más perspectiva, pero con la
suficiente distancia histórica incluso lo que ahora parece mal veremos que apunta
hacia un bien. Los neoplatónicos, S. Agustín, los escolásticos y Leibniz volverán
sobre este asunto afirmando algo parecido.

Para los estoicos, el ser humano es una parte del universo sometido al mismo orden
que las restantes cosas del cosmos. El alma humana es corpórea, mortal y procede
de los padres.

En contra de Platón y de acuerdo con Aristóteles, los estoicos afirman que la única
fuente de conocimiento son los sentidos (empirismo) y que la representación
sensible es una copia de la realidad (realismo ingenuo). Sólo las representaciones
«claras y distintas» (Diógenes Laercio) nos garantizan un conocimiento verdadero.

2. La Ética

Constituye el núcleo fuerte de la doctrina estoica. Mientras la Física enseña


a conocer la Naturaleza, la Ética enseña a vivir de acuerdo con la naturaleza.

«El fin supremo del hombre es vivir conforme a la naturaleza, que es lo


mismo que vivir según la virtud, ya que la naturaleza nos conduce a la virtud.
[...] La virtud del hombre feliz y el buen orden de la vida nacen de la armonía
del genio propio de cada uno con la voluntad del que todo lo gobierna.
Diógenes dice expresamente que el fin supremo consiste en obrar con
prudencia en la elección de las cosas conformes a la naturaleza. [...] La
virtud es una disposición del ánimo conforme a la razón y elegible por sí
misma, no por medio o deseo de algún bien exterior. En ella consiste la
felicidad...» (Diógenes Laercio, VII, 85-90).

El bien moral del ser humano, por lo tanto, consiste en vivir de acuerdo con la
Naturaleza global y con la propia naturaleza (que es una parte de la primera). Esto
equivale a vivir de acuerdo con la razón, porque así descubrimos la Razón
universal que rige todo el orden natural. Es sinónimo de vivir en armonía con el
conjunto del universo. Hacer lo que exige la razón no es otra cosa que realizar
el deber. Kant será quien mejor articule filosóficamente esta ética de la razón y el
deber.

La virtud es la disposición permanente a vivir de acuerdo con la razón y el deber.


Para los estoicos la virtud no admite grados: o se es virtuoso o no; y quien tiene una
virtud las tiene todas.

Toda tendencia natural es buena, porque la propia naturaleza es norma de conducta.


Cuando la naturaleza humana se desvía, entonces surge la pasión (p??o?, páthos),
que Zenón define como una conmoción del alma contraria a la recta razón y a la
Naturaleza. Cicerón la entiende como «una tendencia demasiado vehemente, que se
aleja del equilibrio natural. Crisipo señaló cuatro pasiones básicas: dolor (ante un
mal presente), temor (ante un mal futuro), placer (ante un bien presente)
y deseo sensual (ante un bien futuro). Ante la pasión, el deber
exige autodominio (_p??e?a, apátheia = impasibilidad). Los estoicos entendían la
pasión sobre todo como un error del juicio, que nace de una falsa opinión. Proponían
un estadio de imperturbabilidad, de serenidad intelectual, conocido
como ataraxía estoica. En palabras de Epicteto: «No te dejes dominar por la
imaginación. Si aguardas y te contienes, serás más fácilmente dueño de ti mismo».
Para los estoicos, el sabio (, sophós) es el que vive según la razón y está libre
de pasiones. Pero lo consideraban un ideal prácticamente inalcanzable, al que sólo
Sócrates, Antístenes y Diógenes se aproximaron. Para facilitar la aproximación, al
menos, a ese ideal del sabio desarrollaron los estoicos una teoría de las conductas
convenientes, o deberes de aquellos que no han alcanzado la sabiduría y tienen
que contentarse con una virtud menos excelente. La libertad consiste en el
sometimiento y aceptación de la necesidad, en la abstinencia absoluta ante las
pasiones y los placeres.

II. EL EPICUREÍSMO

Epicuro fue uno de los grandes filósofos de la antigüedad, aunque sus ideas fueron
poco o mal comprendidas fuera de su círculo de discípulos y apenas se han
conservado fragmentos de sus más de cincuenta obras (las conocemos a través de
Diógenes Laercio, Cicerón y Séneca). Fuera de Roma, el epicureísmo tuvo uno de
sus más ilustres representantes en Lucrecio, autor del poema filosófico De rerum
natura. El epicureísmo alcanzó su máxima difusión durante los primeros siglos del
cristianismo, atrayendo enormemente a pensadores como San Agustín. Después fue
cayendo paulatinamente en el olvido, rodeado de malentendidos. Sólo en el s. XVII
se volverían a poner de moda algunas de sus ideas, a través de Pedro Gassendi
(1592-1655).

El epicureísmo tenía una finalidad claramente práctica: los epicúreos entendían la


filosofía como una medicina del alma. La filosofía no se estudiaba para adquirir
cultura, sino para ser feliz.

1. La Física epicúrea se inspira en Demócrito y es materialista. Los dos principios


básicos en esta física son: «nada nace de la nada» y «el Todo consiste en átomos y
vacío, y es infinito». Los cuerpos son «sistemas de átomos». El número de átomos
es infinito, como lo es el espacio vacío, por lo que admitían la posibilidad de que
existiera un número también infinito de mundos como el nuestro, que nacen y
perecen, aunque el conjunto del universo es eterno e imperecedero.

• Los átomos sólo tienen propiedades: tamaño (variable, pero siempre invisibles e
indivisibles) y peso. Se mueven en el vacío por su peso, aunque entre ellos pueden
producirse choques y desviarse de su trayectoria, por lo que resulta muy difícil
predecir su posición. Su doctrina, por lo tanto, es menos determinista que la de
Demócrito, pero sigue siendo mecanicista: nada en la naturaleza sucede en orden a
un fin. Todo es causa del movimiento al azar de los átomos, sin que haya
intervención divina alguna en el origen o funcionamiento de los mundos.
Los cuerpos, resultado de la agregación de átomos, poseen cualidades
reales (color, textura, etc.), resultado de su estructura atómica.

• El alma es material y mortal. Es un agregado de átomos muy sutiles que se


extiende por todo el cuerpo. La percepción sensible se reduce al tacto (percibir es
entrar en contacto con una emanación de átomos por parte del objeto que
percibimos) y el pensamiento es una especie de sensación reflexiva producida por
la superposición de sensaciones inmediatas. El alma sigue al cuerpo en su destino, y
por eso es mortal.

• Epicuro admite la existencia de los dioses; los considera seres inmortales y


antropomorfos, que viven en los espacios intermundanos, felices y sin intervenir parta
nada en la marcha del mundo. Para Epicuro, blasfemar no es negar que los dioses
existan, sino aceptar los caracteres que la gente común les atribuye. Todas las
teorías de Epicuro tienen una intención ética. Intentaba eliminar los mitos y las
supersticiones para conseguir que los hombres pudieran vivir felices y sin miedo.
Por eso polemizó contra la religión popular y la teología astral de Platón. Negaba
que la Naturaleza tuviese carácter «divino» o que hubiera sido creada por los dioses
para provecho del ser humano. No creía que los dioses pudieran intervenir en los
acontecimientos naturales. Consideraba que los fenómenos de la naturaleza podían
ser explicados por causas naturales, más verosímiles y aceptables que los mitos.
Afirmó que los dioses no tienen por qué inspirar miedo: «es absurdo pensar que
seres tan perfectos y felices puedan experimentar sentimientos de ira o venganza. Y
nada hay detrás de la muerte: el alma se disipa con el cuerpo y no debe sentirse
amenazada por los horrores de ultratumba».

• Respecto al conocimiento, Epicuro sólo considera reales las cosas que pueden
ser captadas por los sentidos, única forma válida de conocimiento. Se hicieron
famosos sus tres criterios de verdad:

1. La sensación: Es una especie de contacto directo con los objetos


o cuerpos que percibimos, pues mediante los sentidos captamos los
átomos que proceden de los objetos exteriores. Siempre es
verdadera y posee una evidencia absoluta. El error no procede de la
sensación, sino del juicio sobre la sensación, que puede ser
corregido por sensaciones posteriores.

2. La anticipación: Es una especie de imagen general producida por


la acumulación de sensaciones semejantes. Podemos evocarla
mediante las palabras, para anticipar así objetos lejanos o futuros.
Para ser verdadera, la anticipación debe estar confirmada por la
sensación, aunque algunas expresiones sugieren que podía incluir
anticipaciones de cosas bastante alejadas de la sensación
(«proyecciones»).

3. La afección: Placer y dolor son las respuestas inmediatas del


cuerpo a la sensación, y por eso fiables.

2. La Ética: La ética epicúrea es una ética hedonista, absolutamente novedosa


en el mundo griego.

«Parte de nuestros deseos son naturales, y otra parte son vanos deseos;
entre los naturales, unos son necesarios y otros no; y entre los necesarios,
unos lo son para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo y otros para
la vida misma. Conociendo bien estas clases de deseos es posible referir
toda elección a la salud del cuerpo y a la serenidad del alma, porque en ello
consiste la vida feliz. Pues actuamos siempre para no sufrir dolor ni pesar, y
una vez que lo hemos conseguido ya no necesitamos de nada más. [...]

Por eso decimos que el placer es el principio y fin del vivir feliz. Pues lo
hemos reconocido como bien primero y connatural, y a partir de él hacemos
cualquier elección o rechazo, y en él concluimos cuando juzgamos acerca
del bien, teniendo la sensación como norma o criterio. Y puesto que el placer
es el bien primero y connatural, no elegimos cualquier placer, sino que a
veces evitamos muchos placeres cuando de ellos se sigue una molestia
mayor. Consideramos que muchos dolores son preferibles a los placeres si,
a la larga, se siguen de ellos mayores placeres. Todo placer es por
naturaleza un bien, pero no todo placer ha de ser aceptado. Y todo dolor es
un mal, pero no todo dolor ha de ser evitado siempre. Hay que obrar con
buen cálculo en estas cuestiones, atendiendo a las consecuencias de la
acción, ya que a veces podemos servirnos de algo bueno como de un mal, o
de algo como de un bien.
La autosuficiencia la consideramos como un gran bien, no para que siempre
nos sirvamos de poco, sino para que cuando no tenemos mucho nos
contentemos con ese poco; ya que más gozosamente disfrutan de la
abundancia quienes menos necesidad tienen de ella, y porque todo lo natural
es fácil de conseguir y lo superfluo difícil de obtener. Los alimentos sencillos
procuran igual placer que una comida costosa y refinada, una vez que se
elimina el dolor de la necesidad. [...]

Por ello, cuando decimos que el placer es el objetivo final, no nos referimos a
los placeres de los viciosos -como creen algunos que ignoran, no están de
acuerdo o interpretan mal nuestra doctrina-, sino al no sufrir dolor en el
cuerpo ni estar perturbado en el alma. Porque ni banquetes ni juergas
constantes [...] dan la felicidad, sino el sobrio cálculo que investiga las
causas de toda elección o rechazo y extirpa las falsas opiniones de las que
procede la gran perturbación que se apodera del alma.

El mayor bien es la prudencia, incluso mayor que la filosofía. De ella nacen


las demás virtudes, ya que enseña que no es posible vivir placenteramente
sin vivir sensata, honesta y justamente, ni vivir sensata, honesta y justamente
sin vivir con placer. Las virtudes están unidas naturalmente al vivir
placentero, y la vida placentera es inseparable de ellas» (Carta a Meneceo).

Las ideas de Epicuro fueron mal comprendidas por diversos motivos, entre ellos la
ambigüedad inherente al término «hedoné», cuya mejor traducción sería «gozo», en
lugar de «placer», puesto que Epicuro no entendía por placer sólo el meramente
corporal. Cuando afirmaba que «la raíz de todo bien es el placer del vientre» (Us., fr.
409), simplemente daba a entender que las necesidades básicas deben estar
mínimamente cubiertas. En otros fragmentos parece identificar el placer con la
ausencia de dolor. Y cuando afirma: «Salto de gozo alimentándome de pan y agua»
mostraba su verdadera actitud, consistente en saber gozar de lo que es natural y
moderado, sin pretender ir más allá.

Epicuro distingue entre placeres naturales y necesarios, placeres naturales pero no


necesarios, y placeres que no son ni naturales ni necesarios. Pensaba que sólo los
primeros hacen realmente feliz a un ser humano, y que las personas prudentes
intentan escapar de los demás. Con estos matices a sus ideas Epicuro se opone a
doctrinas hedonistas como la de Aristipo de Cirene, quien proponía buscar placeres
«en movimiento», activos, y que no consideraba placer la mera ausencia de dolor.
Pero Aristipo ya sufrió las críticas de Platón y Aristóteles -consideraban placeres
supremos los intelectuales, propios del alma- y Epicuro no quiso merecer los mismos
reproches.

Epicuro habla de un nuevo hedonismo: la felicidad está en los placeres -goces-


del cuerpo, siempre que sean naturales, moderados y sin excesos, disfrutados
con serenidad. También da mucha importancia a los placeres del alma (la amistad y
los recuerdos agradables, p.ej.), e incluso afirma que pueden ser superiores a los del
cuerpo, porque los corporales sólo se disfrutan en el presente, mientras que los del
alma abarcan el pasado, el presente y el futuro.

Epicuro tiene una concepción del «sabio» muy distinta de la que tienen los estoicos:
"sabio" no es quien se abstiene de todo placer, sino el que sabe gozar
moderadamente de lo natural y necesario. Prefería la soledad o la compañía de unos
pocos amigos íntimos en lugar del ambiente cosmopolita que los estoicos
consideraban ideal para desenvolverse. Entendía que los procesos naturales no
estaban sometidos a un determinismo férreo, como pensaban los mecanicistas,
porque los átomos se mueven libremente en el vacío y esta ausencia de necesidad
hace posible que cada persona pueda ser dueña de su destino. No temía a la muerte
ni vivía angustiado pensando en el final de la vida. Creía que los dioses no
intervienen para nada en la vida de los hombres y que por esa razón era absurdo
pensar en la posibilidad de un castigo presente o futuro, resultado de la cólera divina.
Los placeres naturales, que eran lo importante para él, eran fáciles de conseguir y
también el dolor podía ser vencido con la actitud adecuada. Un ideal de vida así
resultaba especialmente atractivo en una época de terrores e histerias colectivas
como la de Epicuro.

III. EL PIRRONISMO

Pirrón de Elis (360-270) fundó una escuela que tuvo escasa duración pero que dio
origen a una corriente de pensamiento, el escepticismo, representativa de muchas
posiciones y planteamientos posteriores en filosofía. Aunque ya en los sofistas había
pensadores típicamente escépticos -Gorgias, por ejemplo-, fue Pirrón quien asumió
el escepticismo como posición filosófica radical. Se oponía así a los filósofos que él
consideraba «dogmáticos», aquellos que se creían seguros de haber encontrado la
verdad, porque él entendía la filosofía como una búsqueda o indagación (s??
ps??, sképsis) continua, que nunca termina, porque la búsqueda filosófica es una
lucha permanente contra los dogmáticos que creen haber hallado la verdad definitiva
("fundamentalistas").

Pirrón atribuye a nuestras sensaciones sólo un valor relativo (sólo nos muestran «el
modo como aparecen» las cosas ante nuestros sentidos, pero no las cosas tal como
son en sí mismas. Todas nuestras opiniones se basan en la tradición y son
convencionales. Por eso no hay razones para considerar a una más verdadera que
su contraria. La única actitud sensata sería suspender el juicio (_po??, epoché) y
no decir nada (_fas?a, aphasía). Desde esta concepción de la verdad, Pirrón propone
una ética de la imperturbabilidad (ataraxía): ya que no podemos saber nada con
certeza acerca de las cosas del mundo, lo apropiado es mantener una absoluta
indiferencia ante las cosas, para que ninguna percepción o vana opinión perturbe
nuestro ánimo. Intentando responder a los mismos problemas que afrontó el
estoicismo y el epicureísmo, Pirrón propuso que sólo el escéptico puede ser feliz y
substraerse a las angustias de la vida.

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