Trabajo Practico para 4to 2da
Trabajo Practico para 4to 2da
Con el arribo de Hipólito Yrigoyen al gobierno en 1916 se generó una nueva relación
entre el Estado y el movimiento obrero orientado por el sindicalismo, caracterizada por la
predisposición al diálogo de las partes; sin embargo, no debe olvidarse que la conflictividad
obrera hacia finales de la década de 1910 fue una de las más altas de la historia argentina. En
1922, el sindicalismo revolucionario, incapaz de contener los conflictos con otras tendencias en
el seno de la FORA del IX Congreso, creó la Unión Sindical Argentina (USA), pero, al incluir en
sus estatutos la prohibición de intervención de los partidos políticos y proclamar la consigna de
«todo el poder a los sindicatos», encontró una fuerte oposición en aquellos gremios orientados
por los comunistas, como la Federación Gráfica Bonaerense y la Federación Obrera Local.En
1926, tras constantes conflictos, los gremios comunistas se marcharon de la USA que ahora
quedaba en manos del sindicalismo revolucionario, inaugurando un periodo de clara debilidad
del movimiento obrero organizado. La constitución, desde 1880, de un espectro político
compuesto por el Partido Socialista, creado en 1896, el movimiento anarquista, las
organizaciones sindicalistas o, desde 1918,los diversos grupos comunistas no sólo apuntó a
orientar políticamente a los trabajadores sino a dotarlos de una ideología claramente definida en
torno a la transformación de la sociedad y, en algunos casos, a la autoconciencia y la lucha de
clases. Si bien cada uno de estos sectores políticos compartía el sujeto de interpelación (los
trabajadores), sustentaban posturas diferentes sobre los caminos para transformar la sociedad
argentina. Así como los socialistas se inclinaron por motorizar una propuesta de lucha no
violenta, gradual y paulatina, en la cual los trabajadores extranjeros debían convertirse en
ciudadanos argentinos para integrarse al sistema político y transformarlo gradualmente desde
adentro, obteniendo, por ejemplo, una legislación laboral protectora; los anarquistas se opusieron
al sistema electoral, al parlamentarismo, y fueron partidarios de un trastrocamiento radical y
violento del sistema capitalista, pregonando la destrucción del Estado, aunque no aceptaban la
lucha de clases pues violentaba el principío de la libertad y la soberanía individual. Con estas
convicciones, los anarquistas se adaptaron bien a la sociedad cosmopolita de comienzos del siglo
xx y lideraron la protesta de unos sectores populares poco preocupados por las elecciones, e
incluso trascendieron el conflicto obrero al encabezar uno de los escasos movimientos de nuestra
historia vinculados al consumo: la huelga de inquilinos. En efecto, en 1907 se produjo, durante
dos meses, tanto en Buenos Aires como en Rosario, una singular protesta de los habitantes de los
conventillos, que exigían una rebaja en el precio de los alquileres y mejoras en las condiciones
de habitabilidad. Más de 200 mil inquilinos, alentados fervientemente por los activistas
libertarios, mientras de resto de los agrupamientos políticos sólo atinaba al apoyo discursivo,
dejaron de pagar los alquileres y realizaron varias movilizaciones compuestas por miles de
personas, especialmente mujeres y niños, por diversas calles de la ciudad, lo que causó un fuerte
impacto en el resto de la población. Por su parte, los sindicalistas revolucionarios planteaban que
la base de la organización y la acción era el sindicato. Como los anarquistas, rechazaban la
política parlamentaria aunque, a diferencia de aquéllos, no veían problemas en negociar con el
gobierno si ello favorecíaen última instancia a las organizaciones sindicales. Si los socialistas
abogaban por el gradualismo, los anarquistas por la destrucción violenta del sistema y los
sindicalistas revolucionarios por el fortalecimiento del gremio, los diversos grupos comunistas -
conformados a partir del estallido de la Revolución Soviética y producto de desprendimientos del
socialismo o del anarquismo, que en 1920 confluirían en la formación del Partido Comunista-,
aunque variaron sus tácticas en numerosas oportunidades y sufrieron los vaivenes de la política
externa de la Unión Soviética, plantearon la lucha de clases y la formación de un partido de clase
como objetivo básico. Fueron estos agrupamientos políticos, a partir de la convicción y la
perseverancia de sus militantes, quienes crearon una cultura de izquierda y dotaron al conjunto
de los trabajadores de sus ritos, símbolos y formas de organización y manifestación. Cientos de
activistas y propagandistas recorrían una y otra vez el país con el objeto de crear sociedades
gremiales y centros culturales allí donde no existían; decenas de periódicos gremiales e
ideológicos informaban sobre diversos aspectos del mundo del trabajo y ponían en locución la
cuestión obrera. Círculos culturales, centros de estudios y una amplia red asociativa se
complementaban con la prensa y, aunque con dificultades, intentaban construir una cultura
alternativa a partir de la organización de conferencias, escuelas, bibliotecas y actos recreativos de
diversa índole. Allí, los trabajadores creaban sus espacios de sociabilidad: efectuaban
representaciones teatrales,bailaban, cantaban, se educaban, entonaban sus himnos, desplegaban
sus símbolos Pero, sin dudas, la construcción simbólica y ritual más significativa fue la
celebración del 1° de Mayo, fecha trascendental del calendario de la izquierda y motivo de la
protesta obrera con mayor grado de conciencia. Aunque con diferencias interpretativas, todas las
tendencias obreras adoptaron esta fecha como propia desde el mismo momento en que la
Internacional Socialista reunida en el Congreso de París la declaró, en 1889, como la celebración
de la clase obrera en homenaje a los lideres obreros ajusticiados en Chicago dos años antes. Este
acto se constituyó en una instancia propia de la clase obrera argentina y en una manifestación
deliberada que ponía en evidencia el costado voluntario de la construcción de la clase obrera. Era
un espacio de conquista ritual y simbólica, un lugar de cohesión de los intereses obreros, pues
allí se representaban todas las aspiraciones y reivindicaciones de los trabajadores, fueran
políticas, ideológicas, culturales o sociales. Claro que las corrientes ideológicas asignaban
diferentes sentidos al 1ero de Mayo. Para el socialismo se trataba de una jornada festiva en la que
los trabajadores se manifestaban pacíficamente y reclamaban sus mejoras. El anarquismo, en
cambio, demostró siempre una profunda aversión hacia esa concepción, pues la fecha no podía
tener un carácter festivo porque desviaba la verdadera significación de la protesta, considerada
una jornada de luto y dolor por los centenares de trabajadores encarcelados, muertos y heridos
por la «explotación capitalista». Desde comienzos del siglo XX, esta manifestación trascendió el
espacio cerrado para proyectarse en la geografía abierta de la ciudad. Todos los años, las
agrupaciones obreras realizaban movilizaciones callejeras en donde los diferentes gremios,
federaciones y organizaciones políticas se nucleaban con sus pancartas, banderas y símbolos
identificatorios en las plazas Lorea, Mazzim, Constitución o Miserere (Once) convertidas en
lugares paradigmáticos de concentración. Desde allí se recorrían calles y avenidas, mostrándose
a los otros como un actor social que centralizaba en ese acto todos sus reclamos, tanto las
reivindicaciones de carácter económico (mayores salarios, descanso dominical, jornada de ocho
horas, leyes protectoras) como las políticas (derogación de las leyes represivas, libertades,
derecho de asociación gremial y política). Esas manifestaciones reflejaban el grado de
organización y lucha del movimiento obrero; a veces fueron imponentes y en ocasiones
carecieron de significación. Pero nunca pasaron desapercibidas para las autoridades, que siempre
las controlaban desde cerca y, en numerosas oportunidades, reprimieron con dureza a los
trabajadores, como ocurrió en 1904 y, especialmente, en 1909, cuando la represión policial
provocó la muerte de varios manifestantes. La respuesta de las organizaciones obreras fue
inmediata: declararon la huelga general por tiempo indeterminado y llevaron adelante una de las
protestas solidarias más significativas del periodo, hecho conocido como la Semana Roja. Las
demandas incluían el esclarecimiento sobre los responsables de la represión y su castigo así
como la abolición del Código de Penalidades porteño. La huelga duró una semana, tuvo su
epicentro en la ciudad de Buenos Aires y se extendió hacia Rosario y a varias ciudades del
interior de la provincia de Buenos Aires. La capital quedó paralizada por el cese casi total de
actividades. Miles de trabajadores adhirieron espontáneamente y organizaron piquetes para
impedir que los sectores patronales utilizaran rompehuelgas. La policía volvió a reprimir a los
manifestantes en el sepelio de las víctimas del 1° de Mayo, lo que provocó nuevas muertes e
incrementó la indignación de los trabajadores. Finalmente, el gobierno decidió negociar con el
Comité de Huelga y cedió ante algunos de los reclamos: se abolió el Código de Penalidades, se
liberó a los detenidos durante esa semana y se reabrieron los locales y periódicos obreros. Si bien
algunos sectores estaban insatisfechos por no haber logrado el castigo a los responsables, otros
vivieron el desenlace como un triunfo. Tanto la celebración del 1°de Mayo como las
características de las instituciones obreras formaban parte de una cultura de izquierda
internacionalista acorde con el fuerte cosmopolitismo de la clase obrera argentina de entonces,
pero también vinculada a la convicción de que la transformación de la sociedad era un hecho en
el que debía estar involucrado el conjunto de los trabajadores del mundo. Por eso, por un fuerte
espíritu de solidaridad de clase y de convicciones políticas, fue frecuente la relación con
instituciones de otras latitudes así como que las federaciones se solidarizaran con causas lejanas,
no sólo a partir de declaraciones sino también de medidas concretas, como la huelga general
realizada en 1909 por la FORA en protesta por el fusilamiento del educador catalán Francisco
Ferrer en España o la formidable campaña en los años veinte para anular las condenas a muerte
que el gobierno norteamericano había impuesto a los obreros Nicola Sacco y Bartolomé
Vanzetti. En efecto, en el transcurso de cuarenta días, entre el 15 de julio y el 23 de agosto de
1927, se realizaron cuatro huelgas generales y varios mítines públicos en las plazas Congreso y
Once, que lograron el raro fenómeno de unir a comunistas, anarquistas, socialistas y sindicalistas
detrás de la infructuosa defensa de Sacco y Vanzetti. Las manifestaciones de carácter
internacionalista y de solidaridad de clase fueron, sin duda, importantes, pero sólo significaron
un segmento cuantitativamente pequeño de la protesta y movilizaron escasamente al conjunto de
los trabajadores. La gran mayoría de los conflictos estuvo vinculada a los reclamos estrictamente
gremiales. Fue en las grandes ciudades como Buenos Aires y Rosario, que en el lapso de medio
siglo habían modificado de manera radical su población original, o en decenas de ciudades
intermedias de la región pampeana -como Junín, Zárate, Campana, Pergamino, Berisso, Bahía
Blanca, Mar del Plata, La Plata- así como también en varias localidades del interior -Córdoba,
Tucumán, Santa Fe en donde se hicieron visibles las primeras protestas de trabajadores. A partir
de los años ochenta y por varias décadas, tales protestas se convirtieron en manifestaciones
inherentes al mundo del trabajo en la Argentina y fueron las expresiones del descontento e
insatisfacción de los trabajadores frente a las condiciones de trabajo (salarios, accidentes,
hacinamiento), de vida (vivienda y salud), la represión y por el derecho de agremiación. Junto a
esas expresiones, y del mismo modo que había ocurrido en numerosos países europeos, los
trabajadores locales, guiados por activistas libertarios y socialistas, conformaron sus primeras
instituciones de autodefensa y de lucha (sociedades mutuales, gremiales, culturales y de prensa).
Paralelamente, las organizaciones obreras manifestaron de diversas formas su descontento y sus
reclamos a través de una serie de repertorios de confrontación novedosos para el país, pero con
una larga tradición bien consolidada en el viejo continente desde fines del siglo XVIII y
comienzos del XIX: huelgas, boicots, sabotajes y manifestaciones callejeras. Todas estas formas
de protesta sirvieron para ejercer su presión sobre los empresarios y las autoridades del Estado
tanto para mejorar sus condiciones laborales como para exigir el derecho a la organización. De
todas las formas de protesta mencionadas,la huelga fue la herramienta de lucha más utilizada por
los trabajadores y sus organizaciones y se convirtió en la característica saliente de la protesta
popular durante todo el siglo XX, aunque en las últimas dos décadas su peso ha declinado
sensiblemente a causa de la notable desestructuración y reconversión del aparato productivo. Las
hubo parciales y generales, reivindicativas y solidarias, pacíficas y violentas, de carácter
meramente reivindicativo y políticas. De algún modo se fue definiendo una forma de exteriorizar
la protesta que tendría perdurabilidad. La huelga se iniciaba con la presentación de un petitorio
en el que se expresaban claramente las demandas; si la respuesta era negativa, los trabajadores
abandonaban las tareas. Si bien en numerosas ocasiones los conflictos se desarrollaron de manera
pacífica, en otras, el rechazo de los reclamos inducía a los trabajadores a apostarse en los al
rededores de las fábricas y a conformar piquetes de huelga para impedir la entrada de quienes no
adherían a la medida de fuerza o, en el caso de que los hubiera, atacar a los rompehuelgas
contratados por las empresas. Al mismo tiempo, la policía intensificaba la vigilancia; en no pocas
ocasiones impedía la reunión de los manifestantes y muchas veces la confrontación terminaba
con una vio lenta represión. Junto a la huelga, los gremios, especialmente aquellos orientados por
anarquistas, recurrieron frecuentemente al boicot, que implicaba el llamamiento de la población a
no consumir los productos de la empresa en conflicto. El boicot no se utilizó en el sentido de los
movimientos de consumo, sino como una herramienta de lucha que reforzaba las demandas y
complementaba la huelga. Esta táctica fue adoptada como medio de lucha durante el primer
congreso de la FOA en 1901, y ese mismo año se aplicó por primera vez por los obreros de la
fábrica de cigarrillos La Popular, en protesta por el maltrato patronal. Durante las dos primeras
décadas del siglo XX, las organizaciones obreras lo usaron con frecuencia en numerosas
empresas con las que mantenían enfrentamientos de carácter gremial. Así, cervecerías,
panaderías, confiterías, dulcerías, fábricas de cigarrillos y de fósforos, entre otras, se vieron
perjudicadas por la aplicación del boicot obrero. La falta de datos al respecto no ayuda a
determinar el éxito o el fracaso de esta medida de lucha. Aunque hay indicios en las memorias
empresariales que permiten suponer que a veces los gremios lograron imponer sus demandas,
parecería que en la mayoría de los casos pasaron inadvertidos para la población. Por otra parte,
esta medida sufrió bastante desprestigio, pues en algunas oportunidades la utilizaron algunos
gremialistas para extorsionar a las empresas con el objeto de obtener dinero para sus
organizaciones y por otros inescrupulosos para obtener beneficios personales. El boicot fue
condenado por el Partido Socialista en su congreso de 1919, que recomendó el control y
reglamentación de su aplicación y la propia FORA anarquista decidió en su X Congreso en 1928
abolirlo como arma de lucha debido a su manipulación ya los inconvenientes creados alas
organizaciones gremiales. Con las huelgas hay menos dudas en cuanto a sus resultados. Existen
cifras de número de huelgas, de huelguistas, de jornadas perdidas, de acuerdos y de convenios
firmados. y también están las estadísticas y memorias oficiales, los boletines empresariales o los
informes de prensa para confirmar la mayor o menor importancia y la magnitud de los conflictos.
En la Argentina se produjeron numerosas huelgas parciales y generales, notoriamente menos en
el campo que en las áreas urbanas. En el espacio rural bonaerense pampeano las diversas
organizaciones gremiales, impulsadas por anarquistas y sindicalistas, intentaron organizar a los
trabajadores rurales, lo cual hicieron con relativo éxito debido tanto al carácter estacional del
empleo rural, que hacia muy dificultoso construir sindicatos y mantener las redes de solidaridad,
como a la diversidad de labores y los intereses entrecruzados que podían manifestar los peones,
los carreros y los propios chacareros. En efecto, cuando estos últimos protestaron en 1912 por el
alto precio de los arrendamientos, no se aliaron con los peones quienes, a su vez, cuando
protagonizaron sus conflictos se vieron enfrentados a los chacareros. Las protestas rurales fueron
escasas durante la primera década del siglo XX y recién en el conflictivo ciclo de 1917 -1921 se
produjeron algunas luchas importantes que se focalizaron en zonas y oficios determinados.
Peones de máquinas trilladoras, estibadores y carreros realizaron huelgas en el norte fluvial
bonaerense (Baradero, San Pedro); peones y braceros, en el sur de la provincia (Tres Arroyos);
peones, braceros, estibadores y carreros, en el este y sur de Córdoba y en el sur de Santa Fe.
(…)En la Patagonia, la característica dominante era el alto grado de concentración de la tierra y
la explotación extensiva del ganado ovino en las grandes estancias diseminadas por el amplio
territorio patagónico. Se explotaba la lana y la carne para la exportación y se faenaba en los
frigoríficos costeros. La mano de obra (peones, trabajadores de frigorífico, empleados de
comercio) provenía de Chile, de diversas provincias y también de Europa. Las labores rurales
eran de carácter estacional y se concentraban en la primavera, cuando se realizaba la esquila y,
en el verano, con la marcación y la selección de animales. Durante el resto del año sólo se
necesitaban grupos de peones para cuidar las majadas. Las condiciones de vida y de trabajo eran
pésimas: precarias viviendas, escasa alimentación, salarios bajos, uso de vales, malos tratos. Esta
situación empeoró durante la Primera Guerra Mundial, debido al descenso de los precios
internacionales de la lana y de la demanda. Los estancieros recurrieron a la reducción de costos,
contratando menos peones y bajando los salarios, con lo que generaron un profundo malestar. La
protesta irrumpió en la primavera de 1920 como una extensión del conflicto mantenido por
carreros y marítimos y por la propaganda de la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Río
Gallegos, adherida ala FORA del IX Congreso, que organizó a los peones. Presentación de
petitorios, huelgas parciales, actos violentos de represalia y la intervención del ejército
caracterizaron la protesta durante un largo año en el que no se obtuvieron resultados positivos
para los trabajadores. En la primavera de 1921 estalló finalmente la huelga general, apoyada por
anarquistas y sindicalistas, que paralizó el trabajo en toda la región y contó con una activa
participación de sus actores, que, en ocasiones, recurrieron a la violencia (ocupación de
estancias) ante la arbitrariedad patronal y gubernamental. (…)
El primero comprende el período entre los años 1902 y 1907, en el que se realizaron más
de 1.300 huelgas, las más importantes protagonizadas por portuarios, carreros, cocheros y
ferroviarios. Estas huelgas se originaron en causas diversas, algunas fueron de carácter solidario
pero la mayoría se relacionó con la demanda de aumentos salariales; el resto exigía la jornada de
ocho horas, el descanso dominical, la libertad de los presos obreros, el derecho de asociación o la
oposición a la ley de Residencia, a los despidos, a la aplicación de multas, al maltrato patronal, al
trabajo a destajo, al trucksystem (sistema de vales). Si bien con matices, las huelgas y la protesta
obrera en términos generales así como sus manifestaciones ideológicas, fueron percibidas como
una amenaza contra el orden social y político por parte de la elite gobernante. En un primer
momento, reaccionó con la represión policial y la instrumentación de medidas destinadas a
combatir al anarquismo, como la sanción de la Ley de Residencia y la aplicación del estado de
sitio. Sin abandonar estas políticas, lentamente comenzaron a articularse respuestas que buscaban
integrar a los trabajadores a mecanismos institucionales, entre los que debería agregarse la
sanción del sufragio obligatorio y secreto masculino en 1912. Esos mecanismos buscaban regular
las acciones colectivas de los trabajadores y marcar ciertos límites al poder de los empresarios.
Así se sancionaron las primeras leyes de carácter laboral y, en 1907, se creó el Departamento
Nacional del Trabajo, destinado a investigar las causas de los conflictos así como a regularlos.
Estas medidas eran sólo leves paliativos puesto que, además de insuficientes, sólo tenían
vigencia limitada en la ciudad de Buenos Aires y en los territorios nacionales, mientras el resto
del país, y en especial las áreas rurales, quedaba fuera de su alcance. Más allá de estas
restricciones, las primeras políticas sociales fueron en buena medida una respuesta a la protesta
obrera. El segundo periodo de auge de la protesta comprende los años 1917 a 1921; sin duda, el
de mayor conflictividad en toda esta etapa. Si bien abarcó diversas zonas del territorio del país, la
mayor parte se desarrolló en Buenos Aires. La protesta obrera de estos años se enmarcó en una
coyuntura particular relacionada con la Primera Guerra Mundial, que derivó en la existencia de
saldos migratorios negativos desde 1913. Este hecho acabó con la oferta excedente de mano de
obra y fortaleció las demandas gremiales.(…)
. El gran problema del mundo gremial seguía radicando en la persistencia de la división
ideológico-política y tanto anarquistas como comunistas, sindicalistas y socialistas privilegiaban
sus diferencias a sus posibles puntos en común. Esta tendencia a la dispersión del movimiento
obrero significó un impedimento para encarar acciones comunes. En segundo término es de
destacar el nuevo rol desempeñado por el Estado. Si bien el gobierno de Yrigoyen no profundizó
demasiado la legislación social iniciada por los conservadores, introdujo un cambio importante
en la forma de conducir los conflictos. El presidente impulsaba la intervención del Departamento
Nacional del Trabajo o participaba como mediador personalmente. De esta forma,obligó en
varias ocasiones a los empresarios a ceder ante las presiones sindicales; esto ocurrió con las
huelgas marítimas y en algunas ferroviarias. Sin embargo, cuando no podia resolver los
conflictos debido a la intransigencia patronal persistía en actitudes represivas hacia los
trabajadores, como ocurrió con las huelgas municipales, en los frigoríficos, en algunas
ferroviarias o en la ya mencionada huelga de los peones patagónicos. Por último, es importante
señalar la fuerte intolerancia de las organizaciones patronales, que actuaban como verdaderas
entidades de clase ante las reclamaciones obreras y la acción del gobierno. En cada gremio en
lucha creían percibir las avanzadas del maximalismo y en cada oportunidad en que el gobierno
decidía laudar de manera favorable a los reclamos gremiales, las entidades empresarias lo
rechazaban tajantemente y lo acusaban de estar en connivencia con los sindicatos. Fue en este
clima de turbulencia social -agravado por un contexto internacional en el que la Revolución
Soviética y los estallidos en Alemania y Hungría en marcaban una coyuntura revolucionaria-, de
contradicciones militantes, de ambigüedades gubernamentales y de temores e intolerancia
patronales en donde estalló el conflicto conocido como la Semana Trágica que, quizás, fue la
protesta obrera más importante hasta el Cordobazo en 1969. En enero de 1919, mientras se
desarrollaba una huelga en demanda de aumento de salarios y reducción de la jornada laboral en
los talleres metalúrgicos Vasena, se produjo un incidente entre huelguistas y rompehuelgas, que
finalizó con una represión policial que provocó varios muertos. Inmediatamente, la FORA del V
Congreso (anarquista) llamó a la huelga general para el día 9 de enero, a la que se incorporó de
manera ambigua la FORA del IX Congreso (sindicalista). Durante todo el dia se produjeron
incidentes entre piquetes de huelguistas y la policía, hasta que esta última reprimió el cortejo
fúnebre de las víctimas obreras anteriores, provocando nuevas muertes entre los manifestantes.
El impacto de los acontecimientos fue notable y se agravó con la ola de rumores injustificados
lanzados por los sectores de la derecha conservadora sobre un inminente «complot maximalista».
El ejército intervino de manera unilateral y el gobierno primero intentó hallar una salida
negociada para luego optar por la represión no sólo estatal sino también paraestatal, en tanto que
alentó ala acción a grupos de civiles a los que dejó actuar libremente. Estos grupos saquearon
locales obreros, golpearon a manifestantes y atacaron el barrio judío del Once. Por su parte, el
movimiento obrero manifestó durante el conflicto posturas diferentes. Mientras los anarquistas
vinculados a la FORA del V Congreso intentaban sin éxito empujar el conflicto hacia un
movimiento insurreccional, los sindicalistas de la FORA del IX Congreso trataban, como habían
hecho siempre, de evitar actos de violencia y encausar la negociación con los empresarios y el
Estado. Los socialistas, por su parte, usaban la tribuna parlamentaria para denunciar la represión
e intentaban también encaminar el enfrentamiento por canales pacíficos así como impulsar una
legislación laboral que evitara este tipo de estallidos. De hecho, el impacto del movimiento
huelguístico acaecido entre 1917 y 1921 así como los sucesos de la Semana Trágica empujaron
al gobierno a profundizar su política laboral. En principio, amplió las atribuciones del
Departamento Nacional de Trabajo al otorgarle funciones de arbitraje y de policía laboral más
definidas. Por otro
GUIA DE LECTURA
El partido socialista fue fundado en 1890 como consecuencia de una serie de divisiones del
partido Radical. Dicho partido ejerció una notable influencia sobre la clase obrera durante sus
primeros cuarenta años. Estaba controlado por grupos de clase media, rasgo que tendió a
acentuarse hacia 1912. También la gran mayoría de los miembros del partido eran de clase
media, solo un 20% eran trabajadores pertenecientes a los sectores populares, el resto eran
oficinistas y pequeños comerciantes. A esto se le sumaba que en su mayoría eran inmigrantes,
por eso entre sus reivindicaciones se menciona la nacionalización de los inmigrantes.
El jefe principal del partido era Juan B Justo, un médico de la ciudad de Buenos Aires, Justo se
había sumando a la revolución del 90 con la Unión cívica y tomo parte en la rebelión en contra
de Juárez Celman. La gran aspiración de justo era crear un sistema de democracia
parlamentaria. las luchas por los cargos públicos según Justo se daban a través de distintas
facciones clientelares, a eso le llamaba política criolla. En su lugar, pensaba Justo, debían
existir partidos organizados con programas y un electorado instruido. Lucharon por el sufragio
universal para acceder al Congreso y presentar proyectos parlamentarios El PS era un partido
jerárquico, las decisiones eran tomadas por un pequeño grupo, con una centralización estricta
de autoridad que conspiraban contra el consenso dentro del partido y de algún modo cerraban
el paso a las bases1 en la participación
Eran internacionalistas, por lo tanto no hacían distingo alguno entre capital nacional y
extranjero. Se decían liberales porque defendían el librecambio, ya que si este se prohibía los
productos incrementarían su costo y ellos se decían defensores de los consumidores. Al no
distinguir entre capital nacional y extranjero aceptaban las inversiones extranjeras (como si lo
habían hecho los partidos socialistas europeos) Lo socialistas limitaron en gran medida sus
demandas a la jornada de ocho horas. El partido era anticlerical y antimilitarista. Propugnaba la
separación de la Iglesia y el estado y la formación de milicias populares para reemplazar a l
ejército nacional.
En 1912 lograron una banca en el Congreso nacional, su único triunfo importante fueron las
leyes estableciendo el domingo como día de descanso obligatorio y regulando el trabajo de
mujeres y niños, el partido socialista no hablaba de propiedad colectiva ni cuestionaba el
1Cuando dice: Las bases se refiere a las personas que estaban afiliadas al partido o que participaban en
el mismo y no pertenecían a ese grupo que tomaba las decisiones
2 Revolucionario se refiere a grupos y movimientos que plantean una sociedad diferente, para ello es
necesario la trasformación total de la misma con el fin de que no exista la desigualdad social(pobreza)
sistema de producción y distribución ni el régimen de propiedad. Recibió muchas críticas por
ellos y sobre todo por su acercamiento a la Oligarquía.
El resultado fue que el PS atrajo en su seno a obreros que gozaban a de un status aristocrático
como los maquinistas y fogoneros ferroviarios de la Fraternidad, o a otros grupos muy
especializados, que contaban con mejores condiciones para la movilidad social y el
aburguesamiento. Jamás pudo controlar las entidades claves de la organización obrera: los
Sindicatos. En 1912 crearon una federación la UGT que en contra por su partido. Su órgano de
difusión fuel el periódico La Vanguardia.
La prioridad de los obreros y las mujeres como educandos se reflejó en el conjunto del
pensamiento y la obra socialista. Al detenerse a analizar algunas características profundas del
sujeto pedagógico que construyó el socialismo oficial, se pone en evidencia la postura
educacionista que poco se diferencia del modelo sarmientino de la "Instrucción Pública". Justo,
negaba la desiguladad del desarrollo y afirmaba la universalidad de los modelos sociales y las
estrategias de transformación, encontró en en el educacionismo sarmientino el modelo
educador.Los socialistas construían, a la manera de Sarmiento, un sujeto de la educación que
abarcaba en particular los nuevos sectores de las clases populares, obreros e inmigrantes
agregando las mujeres y los niños, en particular los hijos trabajadores. Luchadoras feministas
del socialismo unieron su preocupación la situación de la mujer a la investigación y
denunciaron las condiciones de vida del niño trabajador, luchando por una legislación que los
protegiera.
Para los socialistas, el Estado educador, anticlerical, laico, que defendendiera la lengua
nacional como factor de unidad y garantizara la instrucción pública, no agotaba los contenidos
del educador. Dos líneas de educadores complementarios se abrían: el partido y las sociedades
populares. La diferencia con los anarquistas estriba en la primaciia que sigue teniendo el
Estado.Las sociedades populares de educación canalizaron las iniciativas educacionales
socialistas, que o tenían cabida dentro del sistema estatal, y se hicieron cargo de las demandas
que el Estado no cubría. También contituyeron una importante fuerza dentro del sistema
educativo, que impulsó una educación democrática, luchando contra la normalización
represiva.Con la ley 1420, el Estado se convierte en el generador, promotor o apoyo de
sociedades populares de educación de cooperadoras, asociaciones de padres, etc. Los
socialistas participan de todas ellas, a diferencia (insisto) de los anarquistas. Pero en realidad,
las asociaciones populares son anteriores a la sanción de dicha por lo que se desprende que en
ella se recoge una tradición ya instalada de acción de la sociedad civil. Lo mismo ocurre con la
fundación de bibliotecas populares; si bien Sarmiento redactó en 1870 una ley de creación de
Bibliotecas Populares, Según Carli y De Luca hay registro de sociedades populares de
educación que datan de 1850 a cargo de colectividades italianas.Una experincia de difusión del
socialismo se realizó a través de Federación Obrera Socialista mediante la edición del periódico
"El Obrero". "La Vanguardia", fue el órgano encargado de realizar una tarea pedagógica. Su
prédica era a favor de la creación de escuelas públicas y la formación de bibliotecas, y de que
cada centro obrero fuera un centro de instruccción donde se dictaran conferencias y cursos y
se alfabetizara.En 1896 se realizó el primer Congreso Socialista. Entre las prioridades que se
planteaba cada entro grupo o seccional partidaria socialista, estaba la difusión de la cultura y la
enseñanza. Consideraban esa tarea no solamente indispensable para poder desarrollar una
eficiente acción política, sino su condición. Los trabajadores analfaberos, de continuar
ignorando la cultura política moderna de izquierda, carecerian de la capacidad de comprensión
necesaria para defender sus intereses.
EL ANARQUISMO
Los anarquistas ofrecían la acción directa y la revolución clasista ( aunque sus reivindicaciones
no se limitaban a los obreros como clases sociales sino que utilizaban los conceptos de
oprimidos, refiriéndose también a mujeres, inquilinos consumidores, niños etc) como medios
para lograr mejoras inmediatas y beneficios en gran escala.
Era diverso, heterogéneo, abrazaba más bien una serie de actitudes comunes que una posición
ideológica y doctrinaria bien elaborada, eran una confederación informal, más que una
estructura jerárquica y centralizada, lo que permitía un acercamiento a las bases y mayor
participación y comunicación
Los anarquistas tenían mas adeptos en los pequeños talleres en las ocupaciones de servicios
que en las grandes empresas, como los ferroviarios o frigoríficos, aunque una excepción era el
apoyo que recibían de los portuarios, otros gremios importantes en las asambleas eran el de
los mecánicos, albañiles, panaderos zapateros y constructores de carruajes. Lo anarquistas
también tenían bastante apoyo entre los grupos de obreros no calificados cumplieron un
importante papel en la organización de sindicatos, aquí radica la importantica del movimiento
anarquista
Las huelgas hasta 1890 tendían a ser parciales por lo que los patrones las quebraban
fácilmente con la contrataciones de rompehuelgas, para superar ese obstáculo los anarquistas
comenzaron a difundir la consigan de la huelga general a forma en que esta consigan gano
aceptación entre los obreros ilustra la intima relación existente en entre el auge del
anarquismo y la necesidad de nuevas tácticas en la lucha de clases : la gran ventaja de la
huelga general es que con ella poda fomentarse la solidaridad entre los trabajadores
restringiendo la posibilidad en contratar rompehuelgas por los patrones. La acción basada en
la huelga general la movilización de los obreros, y el uso de la violencia, tenían como objetivos
la destrucción del estado y la desaparición de las clases sociales. Una vez conseguido ese fin
impondrían un orden diferente basado en la federación de comunas autónomas donde se
socializaría la propiedad.
La educación
Consideraba que la educación que brindaba el estado oprimía aún más a los oprimidos /das ,
que esa educación preparaba para reproducir el orden y no para criticar la realidad social
injusta. Por ello abogaban por una educación emancipadora que no estuviera dirigida y
controlada por el Estado. De esta manera el núcleo educador fundamental era la comunidad.
La familia y la comunidad tienen derechos propios y naturales sobre la educación de sus hijos
potenciando la autogestión la administración de los establecimientos estaría en manos de los
padres, docentes y comunidad Propugnaban la apertura de la escuela al medio ambiente, al
resptpor las infancias y la educación sexual. Llevada a un extremo la posición anarquista, se
identificaban educador y educando, el proletariado, el pueblo, se educa a sí mismo. No
obstante esto, la figura del maestro es vista como la figura que es capaz de liberar los espíritus
y propiciar la actividad creadora del alumno. El maestro y la estrategia pedagógica juegan un
papel predominante, ya que parte de la igualdad de condiciones innatas de los educandos y
otorga gran importancia al ambiente y la educación. Las masas populares no eran
necesariamente buenas, como sostenían algunos anarquistas, o puramente malas como las
consideraba el positivismo; el ambiente podía estimular caracterísitcas positivas y negativas. El
naturalismo no racista podría haber permitido al anarquismo construir un sujeto pedagógico y
político integrado por los inmigrantes y los nativos que pudiera diferir del concebido por el
Discurso de la Instrucción pública, perodos grandes limitaciones impedían tal construcción,
una de ellas era la visión descalificadora de los nativos y los obreros analfabetos, ya que
mientras en las escuelas se intentaba un vínculo horizontal (igualdad entre educador y
educando), fuera del ámbito escolar, en la sociedad en su conjunto, se planteaba la
universalidad del sujeto desde una posición ilustrada que se identificaba con el modelo de una
pedagogía bancaria coincidente con el de la Instrucción Pública. Esta visión universalista tenía
la finalidad de disolver las particularidades.
En otras palabras, su finalidad no era construir sujetos particulares, con especificidad histórica
que concurrieran a la construcción de lo nacional, sino disolver lo nacional y lo particular en el
sujeto universal, para lo cual era necesario ilustrarlo. Para el anaquismo la educación oficial
constituía una de las principales herramientas de dominación para someter a las masas
trabajadoras. El estado para ellos reproducía las desigualdades sociales con la escuela y
difundía una educación nacionalista y patriótica
Desde esta perspectiva uno de los representantes del anarquismo en nuestro país, Renato
Ghía sostenía que el sujeto de la educación es el pueblo, pues de él salen los grandes hombres
de la historia, el pueblo era para él el gran poeta de la acción, por lo tanto hay que capacitarlo
para que sea su propio liberador, para lo cual era necesario crear en él capacidad literaria para
luchar contra la oligarquía y poder armarse en contra de la opresión de ésta.Por esto, fundó
escuelas inspiradas en la pedagogía racionalista, como la escuela del Sindicato de los obreros
del Ferrocarril de Rosario. La burguesía se entregó a los sectores populares como limosna la
instrucción primaria con maestros impagos, y se reservó para ella la educación secundaria y
superior, laboratorios, cines, teatros, prensa etc.; también esta misma burguesía les cerraba a
los anarquistas tanto sindicatos como escuelas, y los maestros se encontraron juntos en la
cárcel con los obreros.
Las infancias para el anarquismo eran portadoras de derechos y su voz tenía que