Íñigo Fernández (2008). “El estudio de la historia y su construcción científica” pp.
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TEMA 1. EL ESTUDIO DE LA HISTORIA Y SU CONSTRUCCIÓN
CIENTIFÍCA
El concepto de Historia: carácter polisémico del concepto de Historia
La palabra “Historia” proviene del griego historien, que significa curiosear,
lo cierto es que resulta difícil contestar la pregunta ¿qué es Historia? Ya que se
trata de un concepto que, a través del tiempo, se ha entendido de diversas
formas.
De manera que, cualesquiera que sean las definiciones sobre el concepto
de Historia hoy en día, o las que surjan en el futuro, todas se remiten finalmente
al estudio de la humanidad, de sus actos, ideas y creaciones, en un lugar y
tiempo pasado determinados. Sin embargo, también es importante que, como
alumno, reflexiones y te cuestiones sobre tu concepto de Historia.
Historia ¿Para qué?
Dado que el historiador escribe acerca de hechos que ocurrieron en el
pasado y que no presenció, se ve obligado a consultar diversas fuentes, es decir,
acudir al conjunto de evidencias que le proporcionen información sobre los
acontecimientos pretéritos que le interesa estudiar.
Fue hasta el siglo XIX, cuando la Historia se constituyó en ciencia, que el
tema de las fuentes adquirió importancia. En ese entonces se consideraba que
la única fuente verídica para escribir la Historia eran los documentos
resguardados en archivos, ya que éstos eran testimonios redactados por quienes
presenciaron los hechos que ahí se refería.
Con el paso de los años, el concepto se fue ampliando hasta establecer
que todo aquello hecho por la humanidad que permita conocer su pasado puede
entrar en la categoría de fuente histórica: propaganda, documentos,
monumentos, fotografías, obras literarias, reglamentos, actas jurídicas, pinturas,
esculturas, vestimenta, etcétera. Todo tiene un valor intrínseco, ya que son
testimonios que permiten saber más acerca del pasado. Generalmente, las
fuentes históricas se clasifican en:
⎯ Fuentes primarias y secundarias: las fuentes primarias son aquellas
escritas por quienes presenciaron los hechos de los que se da cuenta
(informes militares, diarios, correspondencia, narraciones…); las fuentes
secundarias retoman las primarias, pero se escribieron algún tiempo
después (un libro sobre Historia de un país, un ensayo sobre el Imperio
Romano, etcétera).
Las fuentes que el historiador puede consultar para llevar a cabo su
investigación son tan diversas, que a veces necesita recurrir a otras ciencias, a
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estas se les conoce como “ciencias auxiliares”. Entre ellas destacan, sin que
el listado sea exhaustivo: la arqueología, la economía, la filología, la química, la
epigrafía, y la etnografía.
La consulta de fuentes y el trabajo con las ciencias auxiliares permiten al
historiador adentrarse en el pasado, investigarlo y escribir sobre él para
explicarlo. Historiar es un ejercicio que exige poner por escrito la narración de
los hechos para compartir con los demás los frutos del trabajo y así contribuir al
enriquecimiento del conocimiento histórico; de lo contrario, ¿qué sentido tendría
indagar en el pasado si no se comunica lo que se ha encontrado?
Más allá de tales consideraciones, lo cierto es que la Historia está sometida a
una revisión y reescritura constante. Si bien los datos y las fechas siguen
siendo los mismos, también surgen nuevas explicaciones del porqué de los
hechos y de los procesos históricos. En consecuencia, se puede afirmar que la
Historia es una actividad dinámica e inacabada pues se encuentra en constante
cambio, en un proceso permanente de escritura y reescritura.
A diferencia de los biólogos, físicos o químicos, el historiador no cuenta con
un laboratorio en el que pueda obtener resultados contundentes a través de la
experimentación. Resultaría imposible recrear y combinar las condiciones
anímicas culturales, económicas, políticas, religiosas y sociales que dieron
origen a los acontecimientos, entre otras razones porque se desconoce la
totalidad de factores que provocaron el hecho y, además, porque el hombre es
un ser libre que no se comporta igual en las mismas circunstancias. Entonces
¿cómo se desarrolla la investigación histórica?
El historiador recurre a un método, es decir, a un procedimiento
meticuloso, riguroso y ordenado, que le permita realizar su investigación y llegar
a conclusiones que brinden aportes en el campo del conocimiento histórico. El
método, pues, permite al investigador dar una visión plausible, jamás definitiva o
absoluta, de lo que ocurrió en el pasado.
Entre algunas de las metodologías utilizadas por los historiadores, destaca el
“método comparativo” por el que el investigador elige en varios hechos
históricos dos o más procesos que parecen compartir entre sí analogías que le
permiten explicar las similitudes y deferencias que prevalecen entre ellos.
Cierto es que la Historia carece de ese carácter práctico que caracteriza a las
ciencias exactas y biológicas, pero, no obstante, cumple con una función que
es fundamental para toda sociedad: enseñar lo que la humanidad ha hecho en
el tiempo y, en consecuencia, lo que es en la actualidad. En ese sentido, esta
disciplina nos brinda la oportunidad de conocernos más y mejor viendo nuestro
reflejo en el espejo del pasado. El pasado no está muerto, sobrevive en el
presente, pues no debemos olvidar que si bien somos quienes hemos querido
ser, también es cierto que somos lo que otros, nuestros antepasados, fueron.
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Claro está que cada generación es única e irrepetible y que realiza sus propios
aportes a la humanidad; de igual forma, este proceso de “construcción” tiene
como pilar la herencia o bagaje que se ha recibido de los anteriores y que, al
mismo tiempo, brinda a los miembros de un colectivo una identidad individual y
grupal.
Si, por el contrario, la historia fuera ruptura total, la humanidad hoy en día
sería incapaz de comprender a nuestros predecesores y carecería del interés de
hacerlo, dado que no compartiríamos con ellos absolutamente nada. Solo
cuando asumimos que entre los individuos del pasado y del presente hay
elementos en común, establecemos la condición fundamental para el
autoconocimiento y, entonces, podemos encontrar respuesta a la pregunta del
para qué de la historia.
El conocimiento histórico
Por naturaleza propia los datos y hechos históricos conforman la materia
prima del conocimiento histórico. En tal sentido el estudioso de la historia se
encuentra imposibilitado para ser testigo de ellos o, bien, conocerlos de manera
directa: así que se ve obligado, en primera instancia, a entrar en contacto con
los testimonios legados por quienes los vivieron o presenciaron. El trabajo del
historiador, en consecuencia, consiste en consultar dichas fuentes, analizarlas,
compartirlas entre sí, verificarlas a través de una metodología rigurosa para
poder trabajar con ellas, y enriquecer ese cúmulo de explicaciones que
conforman el conocimiento histórico.
Los historiadores lo van construyendo poco a poco en función de los
intereses de la sociedad en que viven, de las fuentes que se encuentran
disponibles, de las escuelas historiográficas a las que se encuentran adscritos,
y de los beneficios que los avances tecnológicos les ofrecen.
El conocimiento histórico tampoco es absoluto. Hay momentos y
episodios del pasado de los que poco o nada se sabe como consecuencia de la
escasez de fuentes que permitan documentarlos.
Sujeto histórico y diversidad del objeto histórico
El sujeto histórico por excelencia es el ser humano. El hombre/la
mujer, creadores y transformadores de la naturaleza, se han constituido en el
motor de la historia. ambos de manera individual o como sociedad, ocupan el
centro de la Historia por tratarse de ser los únicos seres vivos que tiene
conciencia de su pasado.
Así como el sujeto de la Historia es uno, el objeto histórico es diverso pues
comprende todo lo que la humanidad ha hecho a lo largo de los siglos desde la
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aparición de la escritura. Los historiadores se han visto en la necesidad de crear
categorías para agrupar los distintos objetos o temas históricos.
Una manera de organizarlos es por el ámbito geográfico en que han
ocurrido y que puede comprender desde la Historia Universal. Lo nacional, lo
local, hasta la microhistoria –lo que aconteció en un poblado, ciudad o barrio-.
Otro modo de estudiar estos objetos es atravesó de los ámbitos de la vida
humana de que se ocupa. Por ejemplo, la Historia política o económica; de las
mentalidades; demográfica; social, entre otros.
El tiempo histórico
Y nosotros ¿qué idea tenemos del tiempo? ¿Acaso es la misma que
tuvieron los griegos y romanos, mexicas e incas, godos y teutones, italianos y
españoles? ¿Existe un solo tiempo histórico?
Gracias a los estudios del historiador francés Fernand Braudel, hoy
sabemos que el tiempo histórico no es necesariamente lineal y que, de hecho,
no hay uno sino tres tiempos o “duraciones” que bien pueden coexistir
simultáneamente:
⎯ La larga duración: transcurre lenta y silenciosa y abarca generaciones
completas y siglos. Es el tiempo profundo, el de las estructuras que se
desgastan y transforman de manera tan paulatina que los cambios
resultan imperceptibles a simple vista. Esta es, también la temporalidad
de las permanencias y supervivencias.
⎯ La duración intermedia: es el tiempo de las coyunturas y de los periodos
cronológicos de decenas, veintenas o cincuentenas de años que carecen
de un valor absoluto per se, pero que ofrecen la perspectiva suficiente
para estudiar los movimientos demográficos o salariales a través de series
de datos cuantitativos.
⎯ La corta duración: es el tiempo de los acontecimientos, de la vida
cotidiana, de la toma de decisiones, de las trasformaciones violentas y
rápidas, de los hechos menudos que bien pueden ser singulares o
repetidos. Es, por inmediatez, el tiempo propio de los periodistas y de los
cronistas.
Ahora bien, dado que uno de los ejes en los que se desarrolla la Historia es
el tiempo –el otro es el espacio– y que éste es muy amplio, los historiadores lo
han sistematizado y divido para su análisis y comprensión, en épocas o periodos.
A partir de eventos importantes que ejercieron una gran influencia en la
humanidad. La periodización más reconocida y utilizada en la Historia Universal
es la siguiente:
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⎯ Edad Antigua: comprende desde la aparición de la escritura hasta la
caída del Imperio Romano Occidental en el año 476 d.C.
⎯ Edad Media: desde la caída del Imperio Romano Occidental en el año
476 hasta la caída del Imperio Romano Oriental en el año 1453
⎯ Edad Moderna: desde la caída del Imperio Romano Oriental en el año
1453 hasta la Revolución francesa en 1789
⎯ Edad Contemporánea: desde la Revolución francesa en 1789 hasta
nuestros días
En el caso de la historia de Honduras la periodización utilizada en el ámbito
académico es la siguiente: