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Capitulo 17

Alfredo y su equipo regresan a Perú en busca de la conexión entre las civilizaciones antiguas, centrándose en los incas y su relación con fuerzas cósmicas. En Sacsayhuamán, descubren inscripciones que reflejan un lenguaje común entre culturas, sugiriendo un conocimiento interdimensional. Al activar una esfera misteriosa, los símbolos comienzan a brillar, revelando una profunda conexión entre lo físico y lo espiritual que une a todas las civilizaciones.

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Capitulo 17

Alfredo y su equipo regresan a Perú en busca de la conexión entre las civilizaciones antiguas, centrándose en los incas y su relación con fuerzas cósmicas. En Sacsayhuamán, descubren inscripciones que reflejan un lenguaje común entre culturas, sugiriendo un conocimiento interdimensional. Al activar una esfera misteriosa, los símbolos comienzan a brillar, revelando una profunda conexión entre lo físico y lo espiritual que une a todas las civilizaciones.

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Capítulo 17: La Conexión Inca

Después de la fascinante revelación en la selva maya, Alfredo y su equipo decidieron regresar a


Perú, con la mente llena de preguntas sin respuestas y la convicción de que algo mucho más
grande estaba esperando ser descubierto. La conexión entre las civilizaciones parecía estar
tomando forma, pero aún quedaba un eslabón por conectar: los incas.

La expedición había comenzado en Perú, donde el misterioso mapa había señalado un punto
específico en los Andes, cerca de una antigua ciudad inca. Los hallazgos que habían realizado
hasta ahora en Sumeria, Egipto y la selva maya no solo confirmaban sus sospechas sobre una
red de civilizaciones interconectadas, sino que también sugerían que el conocimiento perdido
de estas culturas no era solo un legado de sabiduría, sino también una herramienta poderosa
que podría tener implicaciones mucho más grandes de lo que imaginaban.

Alfredo miraba el horizonte desde la cima de las montañas andinas, donde el aire era más
delgado y las nubes parecían estar al alcance de la mano. La esfera, que aún llevaba consigo,
palpitaba ligeramente en su mochila, como si algo en su interior estuviera aguardando el
momento exacto para revelar su secreto final.

—Regresamos al origen de todo —dijo Alfredo en voz baja, mientras observaba la extensión de
la cordillera. Perú, un lugar que había sido testigo de una civilización extraordinaria, el Imperio
Inca, ahora se presentaba ante él como el último paso en una larga búsqueda. Pero Alfredo
sentía que aún había algo por descubrir, algo que uniría todas las piezas dispersas del
rompecabezas.

El equipo había estado explorando los alrededores de Cuzco y el Valle Sagrado durante varios
días, estudiando las antiguas estructuras y las enigmáticas huellas que los incas habían dejado
atrás. Los templos de piedra, las terrazas agrícolas y los vastos centros ceremoniales eran
testigos de una civilización que parecía estar conectada con fuerzas cósmicas y espirituales que
iban más allá de la comprensión humana.

Pero fue en el sitio de Sacsayhuamán donde encontraron la clave.

—Miren esto —dijo Mariana, señalando un conjunto de bloques de piedra en un rincón del
complejo de Sacsayhuamán. Las piedras, grandes y perfectamente alineadas, mostraban
inscripciones que parecían familiares. No eran los típicos grabados incaicos; estas marcas
tenían una fluidez que recordaba los símbolos de la esfera, una continuidad visual que unía las
figuras de Sumeria, Egipto y los mayas.
Alfredo se acercó rápidamente, su corazón latiendo con fuerza. Se agachó para estudiar los
grabados. Cada símbolo parecía estar relacionado con conceptos de la naturaleza: el sol, la
luna, las estrellas, pero también había formas geométricas complejas, espirales y círculos que
se repetían, igual que los patrones vistos en las ruinas de las otras civilizaciones.

—Es increíble… —murmuró Alfredo, tocando uno de los símbolos con la punta de los dedos,
como si de alguna manera pudiera activarlo. Los grabados parecían estar pidiendo ser
comprendidos, esperando a que alguien uniera los puntos.

Khaled se acercó, observando el mismo grabado.

—Esto es similar a lo que vimos en Egipto, en los relieves de la pirámide de Dendera. Los
círculos, las espirales… el mismo tipo de geometría sagrada. Es como si todas las civilizaciones
compartieran este lenguaje común, que va más allá del simple arte. Son símbolos que
transmiten un conocimiento profundo sobre la estructura del cosmos.

Alfredo asintió, su mente trabajando a toda velocidad.

—Los incas entendían la conexión entre la Tierra, el sol y las estrellas. Para ellos, el Inti, el dios
sol, era el eje del universo. Pero este conocimiento no se limitaba a la astronomía. Los incas
comprendían las fuerzas invisibles que conectaban el mundo físico con el mundo espiritual.
Estos símbolos… —dijo, levantando la mirada—. Estos símbolos son la clave para descifrar lo
que la esfera nos está diciendo.

Mientras analizaban los grabados, Isabel, que había estado observando en silencio,
interrumpió.

—¿Y si los incas usaron estos símbolos para conectar con el conocimiento que compartían otras
culturas? Piensen en los quipus. Ellos no solo eran sistemas de registro, también eran formas
de codificar información sagrada, una manera de comunicarse con el cosmos. ¿Y si estos
símbolos aquí son algo similar? Un sistema de información interdimensional, por decirlo de
alguna manera.

La idea de Isabel encendió una chispa en Alfredo. El quipu, el sistema de cuerdas anudadas que
los incas usaban para almacenar información, podría ser una manifestación del mismo
principio subyacente que habían encontrado en la esfera. Los incas, como las demás
civilizaciones, habían buscado maneras de traducir el conocimiento cósmico en un formato que
pudieran entender y preservar. Y ahora, las piedras en Sacsayhuamán, con sus símbolos
geométricos y espirituales, parecían ser una extensión de esa misma red de información.
Alfredo se volvió hacia la esfera, que descansaba en su mochila.

—Es hora de probar algo —dijo, decidido. Reunió al equipo alrededor y comenzó a sacar la
esfera de su mochila. Cuando la tocó, algo sucedió. La esfera brilló, su luz creciente reflejando
la intensidad de lo que acababan de descubrir. Los símbolos tallados en las piedras de
Sacsayhuamán comenzaron a brillar débilmente, como si respondieran a la energía de la esfera.

El aire alrededor de ellos se volvió más denso, como si el tiempo mismo estuviera suspendido.
Alfredo miró a sus compañeros, que lo observaban con los ojos abiertos de asombro.

—Esto… —dijo Mariana, apenas capaz de articular palabras—. Esto es… ¿una conexión? ¿Cómo
puede estar respondiendo la esfera a las piedras?

Alfredo miró la esfera con fascinación. El patrón de símbolos que había estudiado en las otras
civilizaciones ahora parecía estar tomando forma ante ellos, y la esfera, al igual que las antiguas
civilizaciones, parecía estar conectando todas esas piezas dispersas.

—Lo que estamos viendo aquí es más que un conjunto de símbolos —dijo Alfredo con voz
solemne—. Es un lenguaje cósmico. Las civilizaciones antiguas, los incas incluidos, sabían algo
sobre la energía del universo, sobre cómo conectar lo físico con lo espiritual. Y ahora, al activar
la esfera, estamos comenzando a entender esa conexión.

Los símbolos de la esfera se alinearon con los grabados de las piedras de Sacsayhuamán, y ante
los ojos del equipo, comenzaron a girar, como si los mismos hilos del tiempo estuvieran siendo
tirados y tejidos nuevamente. Alfredo sintió una presencia en el aire, como si las voces del
pasado, de los pueblos que una vez habitaron estas tierras, estuvieran susurrando un mensaje
antiguo.

—Todo esto nos lleva a un solo punto —dijo Alfredo, su voz firme pero llena de asombro—. La
conexión entre las civilizaciones no es solo física, ni solo espiritual. Es una unión profunda,
basada en un entendimiento común del cosmos. Y ahora estamos al borde de comprenderlo
completamente.

En ese momento, Alfredo y su equipo sabían que su búsqueda había alcanzado un nuevo nivel.
Las respuestas que tanto habían buscado estaban al alcance de sus manos. Y todo comenzaba
a encajar: el conocimiento, el cosmos, las civilizaciones antiguas y la esfera que los conectaba.
El viaje de descubrimiento estaba lejos de terminar, pero las piezas del rompecabezas
finalmente empezaban a encajar.

Fin del capítulo.

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