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Capitulo 21

Alfredo y su equipo reciben una misión del Consejo de Sabios, que los insta a compartir el conocimiento adquirido y unirse a otros pueblos para crear un futuro común. En un salón circular, se encuentran con figuras de grandes líderes de diversas civilizaciones, quienes les recuerdan que su responsabilidad es restaurar la conexión perdida con la sabiduría ancestral. El consejo concluye que el siguiente paso es recordar y enseñar, marcando el inicio de una tarea monumental para unificar a la humanidad.

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Capitulo 21

Alfredo y su equipo reciben una misión del Consejo de Sabios, que los insta a compartir el conocimiento adquirido y unirse a otros pueblos para crear un futuro común. En un salón circular, se encuentran con figuras de grandes líderes de diversas civilizaciones, quienes les recuerdan que su responsabilidad es restaurar la conexión perdida con la sabiduría ancestral. El consejo concluye que el siguiente paso es recordar y enseñar, marcando el inicio de una tarea monumental para unificar a la humanidad.

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Capítulo 21: El Consejo de Sabios

La luz de la esfera central comenzó a desvanecerse lentamente, pero no la sensación que había
dejado en sus corazones. Alfredo y su equipo permanecieron en el vasto salón de cristal, sus
mentes aún resonando con las palabras de los guardianes de Agartha. Aunque los seres
luminosos ya no estaban allí, algo persistía en el aire, una presencia reconociendo su papel en
un plan mucho más grande. Habían recibido una misión, pero también una advertencia: el
conocimiento no debía ser simplemente almacenado, sino integrado en la realidad del
presente.

La esfera flotante dejó de pulsar, y el silencio se hizo profundo. Después de un rato, Alfredo dio
un paso atrás, respirando profundamente. De repente, un suave resplandor comenzó a brillar
en las paredes del salón, donde antes solo había oscuridad. Los símbolos flotantes se alinearon,
formando un mapa astral que se extendía ante ellos. Un lugar desconocido apareció marcado
en el centro de ese mapa.

—Esto es… —empezó Alfredo, mirando fijamente el lugar señalado—. Esto es lo que debemos
hacer. No es solo Agartha lo que debemos entender, es el legado de la humanidad entero.

"Hay más, Alfredo", una voz resonó en su mente, la misma que había hablado anteriormente.
"El conocimiento no es solo para ustedes, es para todos los pueblos de la Tierra. Deben
compartir lo que han descubierto, pero también deben unirse a otros para crear un futuro
común."

Mariana, que había estado observando el mapa, levantó la vista.

—¿A qué se refiere? —preguntó. —¿Unirse a quién?

En ese instante, la esfera comenzó a emitir una luz blanca que se expandió por todo el salón,
envolviendo a todos los presentes en una vibración casi palpable. La escena cambió. Ya no
estaban en el salón de cristal de Agartha, sino en un vasto salón circular, cuyos muros estaban
adornados con tapices antiguos que representaban escenas de diversas culturas: egipcias,
mayas, sumerias, griegas, incas, e incluso pueblos que Alfredo nunca había visto antes. Un aire
solemne llenaba el espacio. Frente a ellos, una mesa redonda se encontraba rodeada por
figuras imponentes y luminosas.

A lo lejos, Alfredo vio a un hombre vestido con túnicas egipcias, a una mujer de rostro sereno
con los rasgos de una antigua sacerdotisa maya, un sabio de la India con ojos profundamente
sabios, un líder nórdico, un sabio sumerio, e incluso una figura de rostro ancestral que
representaba a los pueblos originarios del Amazonas. Todos ellos, aunque de diferentes épocas
y culturas, compartían una presencia que irradiaba autoridad y paz. Habían sido convocados al
mismo lugar, el mismo momento.

Era el Consejo de Sabios.

Alfredo sintió una mezcla de asombro y reverencia. Las figuras en la mesa no eran simples
humanos, sino representaciones espirituales de los grandes líderes y sabios de todas las
civilizaciones. Ellos también habían recibido el conocimiento que Alfredo y su equipo habían
hallado, y ahora estaban unidos por un propósito común.

Uno de los sabios, un hombre de aspecto majestuoso con la corona de los faraones egipcios,
habló con voz profunda y resonante.

"Bienvenidos, hijos de la Tierra. Ustedes, que han cruzado los umbrales del tiempo y el espacio,
tienen ahora la visión que solo unos pocos han tenido en las antiguas eras. El conocimiento que
poseemos no es solo un testamento de lo que fuimos, sino una guía para lo que deben ser."

Alfredo se acercó un paso, consciente de que no solo había sido un testigo, sino un participante
activo en algo mucho más grande.

—¿Por qué nosotros? —preguntó, con la voz que temblaba de la magnitud de la pregunta. —
¿Por qué hemos sido elegidos para esta misión?

La figura egipcia lo miró con ojos llenos de sabiduría.

"No han sido elegidos por azar, Alfredo Méndez. Ustedes son los guardianes de la próxima fase
de la humanidad. Han aprendido a ver los hilos invisibles que conectan a los pueblos de la
Tierra, las antiguas civilizaciones y el conocimiento olvidado. Ahora es su turno de recordar y
enseñar."

Otro miembro del consejo, una mujer maya con una capa adornada de símbolos astronómicos,
habló con serenidad.

"Pero no será fácil. El camino que deben recorrer es arduo, porque el mundo ha perdido la
capacidad de ver esos hilos. Las fuerzas del olvido han separado a los pueblos, han fomentado
la división y la ignorancia. No todos los corazones estarán dispuestos a escuchar. Sin embargo,
la verdad, aunque oculta, está siempre presente. El primer paso es unificar las mentes y los
corazones."

Alfredo miró a su equipo. Mariana, Isabel, Khaled, y los demás, todos parecían profundamente
tocados por la sabiduría que los rodeaba. Nadie dijo una palabra, pero todos comprendían que
el mensaje era claro: no estaban aquí solo para preservar el pasado, sino para restaurar la
visión perdida de la humanidad. Pero, como dijo la mujer maya, unificar los corazones sería una
tarea difícil.

Un hombre de rostro sabio y profundo, un sacerdote sumerio, levantó la voz.

"El conocimiento no es solo la clave de la comprensión, sino también de la acción. Ustedes


deben enseñar a los pueblos de la Tierra, pero deben hacerlo con paciencia. En cada cultura,
hay semillas de sabiduría, y estas deben ser regadas con respeto. No deben imponer un solo
camino, sino unir los caminos diversos, porque todos están conectados."

El anciano nórdico, quien llevaba una capa de piel que reflejaba la aurora boreal, habló a
continuación, con un tono grave pero cálido.

"Las historias y los mitos de nuestra gente no son solo relatos de tiempos pasados. Son
advertencias y lecciones que no debemos olvidar. La historia está viva. Ustedes, Alfredo y su
equipo, deben ayudar a recordar a la humanidad lo que ha sido olvidado. Pero también deben
guiar a los pueblos hacia un futuro que sea pacífico y sabio."

Las palabras del consejo resonaron en las almas de Alfredo y sus compañeros. Un futuro sabio,
pacífico. ¿Era eso posible? En la realidad actual, el mundo parecía estar fragmentado por
divisiones políticas, sociales y culturales. Pero ahí, en ese consejo ancestral, Alfredo sintió una
chispa de esperanza. Sabían que su misión era colosal, pero también comprendían que la única
forma de avanzar era recordar, reconstruir y unificar.

La mujer maya, levantando su mano delicadamente, cerró el círculo.

"El conocimiento que han adquirido no solo les pertenece a ustedes. Les pertenece a todos los
pueblos de la Tierra. El momento ha llegado para la humanidad de despertar, pero debe ser un
despertar que respete todas las culturas, todos los pueblos, y todas las formas de vida."

Alfredo se sintió abrumado por la profundidad de la responsabilidad que pesaba sobre él, pero
al mismo tiempo, algo en su corazón se despertó. Ya no era solo un arqueólogo buscando
secretos antiguos. Ahora, él y su equipo eran parte de algo mucho más grande: una misión
cósmica que uniría a la humanidad a través del conocimiento y el entendimiento, para
restaurar la conexión perdida con la sabiduría de las antiguas civilizaciones.

"Entonces, ¿cuál es el siguiente paso?" preguntó Alfredo, su voz firme.

El consejo se miró unos a otros, asintiendo lentamente. La respuesta, aunque evidente, era
ahora más clara que nunca.

"El siguiente paso es recordar. El siguiente paso es enseñar."

Con esas palabras, el Consejo de Sabios comenzó a disolverse en una suave luz dorada,
dejando a Alfredo y su equipo con la sensación de que, aunque la travesía había sido profunda,
lo más difícil y más importante aún estaba por venir.

Fin del capítulo.

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